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| De izquierda a derecha: Nacho, Irene y un servidor. |
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El vuelo de Iberia a Milán salía 12:10. Nacho me llevó hasta el aeropuerto. Juntos miramos el tablero sin encontrar mi vuelo. Él leyó más adelante y fue quien dijo "su vuelo fue cancelado".
En el mostrador de Iberia me pasaron a otro vuelo que salía cuatro horas más tarde, pero recibieron mi valija y me dieron la tarjeta de embarque.
Así que fuimos a la Universidad y pude participar en la reunión del grupo pastoral que se reúne los lunes, esta vez para escuchar el testimonio de Irene, miembro de las Auxiliares del Apostolado, una forma de consagración de mujeres en la Iglesia, al servicio directo del Obispo. Fueron fundadas en Bélgica o en Francia, y están en varios países del mundo, inclusive la Argentina. Tienen un centro internacional de formación en Lourdes, pero no hay una gran estructura, sino que en cada Diócesis se van dando su forma.
La reunión incluía la comida, de modo que todo salió redondo, y a las 16:10, hora de salida del avión estaba... esperando... y esperando... para embarcar. Salimos con un retraso.
En Milán me esperaba un matrimonio, Lino y Marina, que estuvieron dos veces en Uruguay, para llevarme hasta Borghetto Santo Spirito, donde está la parroquia del P. Francesco, Diócesis de Albenga-Imperia.
+ Heriberto

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