viernes, 31 de agosto de 2012

La historia de las Jornadas Nacionales de la Juventud en Uruguay

En vísperas de la XXXIV Jornada Nacional de la Juventud, me parece oportuno este artículo de uno de los sacerdotes que acompañó una gran parte de esos 34 años de Jornadas. El P. Horacio Penengo, salesiano, ya fallecido, lo escribiò para el Boletìn Salesiano en 2008.



¡Hay motivos para celebrar!
30 AÑOS JUNTO A LOS JÓVENES


El 6 y 7 de septiembre, en Tacuarembó, la Comisión Nacional de Pastoral Juvenil de la Conferencia Episcopal Uruguaya convoca la 30a. Jornada Nacional de la Juventud, una propuesta original, creativa, motivadora que, desde sus inicios, abrió a los jóvenes un espacio de encuentro, participación, protagonismo y expresión de fe juvenil que marcó a múltiples generaciones, en las cambiantes realidades políticas, sociales, económicas y eclesiales que vivió Uruguay desde 1979. Por eso, realmente, ¡hay motivos para celebrar!
     

UNA DECISIÓN AUDAZ

El Uruguay y la Iglesia vivían momentos muy especiales. Hacía seis años que la Dictadura se había instalado en el país. Se había reprimido todos los intentos de oposición, se había acallado todas las disidencias, se había depurado los opositores de todos los organismos públicos, se había dividido en categorías a los ciudadanos. Y hoy sabemos, que se había asesinado y hecho desaparecer a decenas de compatriotas.

Desde 1976, la Dictadura impulsaba el proyecto ideológico, económico y social de la Doctrina de la Seguridad Nacional que, en sus inicios, tuvo algunos éxitos económicos. Y preparaba la adaptación del esquema jurídico del país a la nueva ideología a través de la reforma constitucional que se plebiscitaría en 1980. No se avizoraban salidas. El régimen estaba, aparentemente, muy firme. No era posible hacer oposición. No se permitían ámbitos de disidencia. Para muchos, no había esperanzas...

La Iglesia Uruguaya había vivido los 100 años de la creación de la Diócesis de Montevideo, oportunidad para una excelente Carta Pastoral de Mons. Carlos Parteli y para algunos actos públicos, las únicas concentraciones callejeras que se pudieron hacer en muchos años. Se había preparado con dedicación y expectativa, la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano que se iba a celebrar en Puebla, México, del 27 de enero al 20 de febrero de 1979, que terminó proclamando, entre otras decisiones muy importantes, la “opción preferencial por los jóvenes”. Y dentro de la Conferencia Episcopal, había comenzado a funcionar el 21 de octubre de 1978, el Equipo Nacional de Pastoral Juvenil, un ámbito de encuentro, coordinación y participación de jóvenes delegados de las diócesis, asesorado por los pbros. Jorge Techera y Narciso Renom, y presidido por Mons. Carlos A. Nicolini, Administrador Apostólico Sede Plena de Salto.

Animado por la respuesta que tuvo y el entusiasmo que generó la celebración juvenil realizada con motivo de los 100 años de la creación de la Diócesis de Montevideo, el Equipo Nacional de Pastoral Juvenil se propuso realizar una Jornada Nacional de la Juventud con participación de jóvenes de todas las diócesis del país. Para expresar la fuerza y la unidad de los jóvenes cristianos, la Jornada tendría un tema, un tiempo y un material de preparación previa, un lema, una canción y un afiche comunes que la identificaría. Siguiendo las orientaciones de la Conferencia de Puebla y tratando de evitar las posibles suspicacias de las autoridades, se eligió el tema de la vocación, con una fuerte insistencia en su dimensión de servicio y compromiso con los demás: “La vocación es una actitud de servicio, incorporada a la propia existencia como estado de vida, como respuesta permanente, encarnada en las propias condiciones y circunstancias”, señalaba el material preparatorio.

La Jornada se realizó el 9 de septiembre de 1979, en Montevideo, y concluyó con la Eucaristía presidida por el Arzobispo Mons. Carlos Parteli que, en su homilía, alentó abiertamente el camino que iniciaban los jóvenes: “Hoy comprobamos con alegría que son los jóvenes, otra vez, los que sacuden las inercias, contagian a todos con su sana alegría y provocan una vida de esperanza en tantos corazones abatidos por el temor y el desaliento”. Y agregó: “Todo esto demuestra la importancia que los Obispos les asignan a Uds, queridos jóvenes, en este momento en que la Iglesia mira hacia adelante, ansiosa de llevar y encarnar el Evangelio en la entraña viva del mundo nuevo que se está gestando, en estas vísperas del tercer milenio. Cada uno personalmente y todos juntos como comunidad cristiana, trataremos de descubrir lo que el Señor espera de Uds. y la tarea que les asigna a los jóvenes en la construcción del nuevo Uruguay que todos soñamos”.

Por la situación política que se vivía, por ser la primera Jornada Nacional, y por no haber alcanzado todavía la dimensión que llegó a tener con el tiempo, se reunieron unos 1.000 jóvenes, entre integrantes de grupos juveniles de Montevideo y delegaciones de jóvenes de las diócesis de Florida, Melo, Mercedes, Minas, Salto y San José. Obviamente, las circunstancias del país impidieron promocionarla en los medios de comunicación. Todo se hizo “boca a boca”, grupo a grupo, parroquia a parroquia, y casi en voz baja... El mismo Equipo Nacional de Pastoral Juvenil había decidido que “únicamente aparecerá publicado en la prensa, el horario de la Misa”.

LA SEMILLA PLANTADA...

Pero la semilla estaba plantada... La Jornada entusiasmó a los jóvenes y respondió a sus inquietudes, generó numerosas actividades en los grupos juveniles de todo el país, abrió un espacio de Iglesia para hacer oír su voz y promover su participación, infundió una fuerte dosis de esperanza, reafirmó el valor de los grupos juveniles como espacios semanales de encuentro con los demás para mirar juntos la realidad, descubrir la vocación a la que Jesús llama y abrirse al compromiso para transformar la realidad social. Para los tiempos que se vivían, y para las posibilidades que existían, el fruto fue muy generoso.
En aquel momento, muy pocos pensaron que estaban iniciando un camino que en este mes celebra treinta años... El entusiasmo generado puso en marcha, casi de inmediato, la preparación de la 2a. Jornada Nacional de la Juventud, y tras ella, la tercera, y la cuarta, y la quinta... Y así, hasta la actual 30a. Jornada Nacional de la Juventud.

Las circunstancias políticas, sociales, económicas, culturales y eclesiales del Uruguay fueron cambiando. Y las formas de realización de las Jornadas Nacionales se fueron adaptando a esas nuevas realidades. Pero desde hace ya mucho tiempo, el primer domingo de septiembre es el “día señalado” para el encuentro juvenil que cada año vuelve a remover inquietudes, renovar esperanzas, y sacar a la calle la fuerza del Evangelio de Jesús en la vida y la voz de los jóvenes, que los sigue motivando a encontrar en Él el sentido de sus vidas y a construir, siguiendo sus enseñanzas, un proyecto de vida para hacer posible la Civilización del Amor.

LO PERMANENTE Y LO CAMBIANTE

Tras las dos primeras realizadas en Montevideo, la Jornada Nacional de la Juventud se trasladó al Interior, llegando a Paysandú en 1981, a Mercedes en 1982, a Minas en 1983 y a Canelones en 1984, generando masivas concentraciones juveniles, como la que se dio en Minas -la mayor de la historia- con una participación de más de 9.000 jóvenes.

Con las características propias de cada una de sus instancias, las Jornadas Nacionales tuvieron siempre un esquema básico de organización, que proponía un momento inicial de acogida, encuentro y oración en común, un tiempo de trabajo en grupos para posibilitar el diálogo y el intercambio entre los jóvenes, un momento de esparcimiento con espacios para la música, las representaciones y otras manifestaciones juveniles; un signo a la ciudad que los recibía, la Celebración de la Eucaristía, y la proclama de un “Mensaje Final”.
 
Los cambios producidos con el regreso a la Democracia, la reapertura de instancias de participación a nivel estudiantil, sindical, político y social -a los que se lanzaron muchos jóvenes que se habían formado en los grupos juveniles y tenían clara conciencia del compromiso social que implicaba su fe- y la propia complejidad de la organización anual de estos eventos, llevaron a que en 1985 se tomara la decisión de mantener la realización anual de las Jornadas Nacionales de la Juventud, pero dejando la realización de una concentración final única, a nivel nacional, para momentos significativos de la vida del país, de la Iglesia o de la propia Pastoral Juvenil.

La decisión procuraba promover las Pastorales Juveniles diocesanas, permitir que la Jornada Nacional llegara a realidades más sencillas y a poblaciones más pequeñas, favorecer una mayor creatividad en la elaboración del programa y de la propuesta de trabajo, y permitir una mayor dedicación a los contenidos y a la preparación de los jóvenes que a atender las exigencias de la infraestructura y la organización. Con todo, para no perder la dimensión nacional, las Jornadas Nacionales de la Juventud se seguirían realizando siempre el mismo día -el primer domingo de septiembre- y tendrían un lema, un tema, un afiche, una canción, una oración inicial y un mensaje final común para todas.

A lo largo de los años, esta nueva modalidad fue generando una gran variedad de expresiones juveniles. El número no tan masivo de participantes permitió promover, por ejemplo, diversos tipos de encuentro con las comunidades, acciones sociales de servicio en barrios y organizaciones, trabajos comunitarios, talleres, etc.

Cada tanto, hechos o fechas significativas generaron nuevamente convocatorias nacionales. Así, en 1988, en Durazno, para celebrar los 10 años de la Pastoral Juvenil Nacional; en 1991, en Paso de los Toros, para preparar el aporte del país y formalizar el envío de la delegación uruguaya al I Congreso Latinoamericano de Jóvenes, a realizarse en Cochabamba, Bolivia, del 28 de diciembre de 1991 al 5 de enero de 1992, en el marco de las celebraciones de los 500 años de la llegada del Evangelio al Continente; en 1994 en Treinta y Tres, y en 1996, en Carmelo. Más recientemente, la Comisión Nacional de Pastoral Juvenil adoptó el criterio de realizar una Jornada Nacional con concentración final única, en el marco de cada período de Orientaciones Pastorales Nacionales propuesto por la Conferencia Episcopal. De ahí, las Jornadas Nacionales realizadas en San José, en 2001; en Melo, en 2005; y ahora, en Tacuarembó, en 2008, coincidiendo con la celebración de los 30 años.

UNA HISTORIA A CONTINUAR

Como todo instrumento pastoral, la Jornada Nacional de la Juventud -que también lo es- tiene sus luces y sus sombras, que dependen en parte de su propia estructura y, mucho más, de la manera concreta en que cada realidad pastoral -juvenil y comunitaria- asume su realización. Señalar los motivos que justifican y validan su celebración, no implica desconocer limitaciones y errores. Algunos provenientes de la misma Pastoral Juvenil que en algún momento pudo haber privilegiado en exceso estos eventos, descuidando la necesaria preparación y la atención a los procesos de educación en la fe y maduración de los jóvenes, o pudo haber pecado de falta de creatividad y de tendencia a la rutina; y otros provenientes de la incomprensión, la falta de apoyo y las críticas -muchas veces infundadas- de otros ámbitos de la misma realidad eclesial.

A los pies de la Virgen del Verdún, donde culminó con una peregrinación la 5a. Jornada Nacional de la Juventud, Mons. Carlos Nicolini decía: “La Jornada es un momento fuerte de expresión de nuestra Pastoral Juvenil... Una voz que queremos hacer sentir a todos los jóvenes del Uruguay... Con la Jornada Nacional, la Pastoral Juvenil alienta esa expresión de comunión y participación que son los grupos juveniles de las parroquias, movimientos y comunidades. La Jornada Nacional es la jornada de los jóvenes. Y la Jornada Nacional de la Juventud se hace porque los jóvenes la quieren”.

Es frecuente encontrar hoy, muchos años después, personas adultas que al reconocer amigos o conocidos de aquellas épocas se identifican con un “Yo empecé en la de Mercedes”, “Yo estuve en la de Minas y en la de Canelones”, “Yo fui en el tren a la de Paso de los Toros” o “Yo debuté en la de Carmelo”... Y muchos padres que, con alegría y con algo de nostalgia, reviven aquellas instancias para motivar la participación de sus hijos en las Jornadas Nacionales que se siguen realizando... Y muchos asesores que tratan de transmitir a los jóvenes que acompañan en sus grupos, la vivencia y la mística que experimentaron ellos mismos, cuando en sus tiempos juveniles, participaron en una o más Jornadas Nacionales... Signos inequívocos de la marca que dejaron en su caminar y en su crecimiento en la fe.
Esta humilde creación uruguaya se trasladó luego, a través de los intercambios generados en los Encuentros Latinoamericanos de Responsables Nacionales de Pastoral Juvenil, a otros países del continente, que fueron creando también, a su manera y con las características propias de cada realidad, sus Días Nacionales de la Juventud. Tampoco son ajenas a este proceso continental, las Jornadas Mundiales de la Juventud, iniciadas en 1986, cuando las Jornadas Nacionales de Uruguay estaban ya en su octava celebración.

Sin duda, las Jornadas Nacionales de la Juventud van a continuar... Quienes hemos tenido la gracia de ser parte activa del proceso de preparación y realización de muchas de ellas, seguimos creyendo hoy en su potencial evangelizador, porque abre espacio a los jóvenes en comunidades eclesiales conformadas mayoritariamente por adultos, porque permite expresar “las nuevas formas celebrativas de la fe propias de la cultura de los jóvenes” y porque son una manera concreta de seguir renovando “de manera eficaz y realista la opción preferencial por los jóvenes y dar un nuevo impulso a la Pastoral Juvenil en las comunidades eclesiales”.

P. Horacio G. Penengo SDB



LOS LEMAS DE ESTOS 34 AÑOS

Tenemos la esperanza de construir el mañana unidos
1a. Jornada Nacional - Montevideo - 1979

Nuestro pueblo necesita nuestra fuerza
2a. Jornada Nacional - Montevideo - 1980

Joven, familia y sociedad: desafíos y esperanzas
3a. Jornada Nacional - Paysandú - 1981

Joven, servidor de la verdad, constructor de la justicia, obrero de la paz
4a. Jornada Nacional - Mercedes - 1982

Solidarios, llenos de esperanza, vamos sembrando el futuro
5a. Jornada Nacional - Minas - 1983

No podemos dejar de anunciar lo que hemos visto y oídp
6a. Jornada Nacional - Canelones - 1984

Con Cristo y nuestro pueblo hacia la nueva sociedad
7a. Jornada Nacional - 1985

Testigos de Cristo entre el pueblo para construir la paz
8a. Jornada Nacional - 1986

Civilización del Amor, tarea y esperanza
9a. Jornada Nacional - 1987

Fiesta joven para un pueblo nuevo
10a. Jornada Nacional - Durazno - 1988

Tiempo joven, tiempo nuevo, tiempo de resurrección
11a. Jornada Nacional - 1989

Creemos en la vida
12a. Jornada Nacional - 1990

Jóvenes, con Cristo, construyamos una nueva América Latina
13a. Jornada Nacional - 1991

¡Urgente! Se necesitan ejemplos de vida que convenzan
14a. Jornada Nacional - 1992

¡Anímate! Hay un camino a continuar y un mensaje a anunciar
15a. Jornada Nacional - 1993

Joven uruguayo: ¡Levántate y anda!
16a. Jornada Nacional - Treinta y Tres - 1984

Tus ganas de vivir tienden puentes de esperanza
17a. Jornada Nacional - 1995

Denles ustedes de comer
18a. Jornada Nacional - Carmelo - 1996

Todo es posible para el que cree
19a. Jornada Nacional - 1997

¡No tengan miedo. La vida vale la pena!
20a. Jornada Nacional - 1998

¡Arriésgate! Construyamos el mundo que queremos
21a. Jornada Nacional - 1999

Quédate con nosotros porque anochece
22a. Jornada Nacional - 2000

Anímate. Vamos juntos por un mundo mejor
23a. Jornada Nacional - San José - 2001

Él hace nuevas todas las cosas
24a. Jornada Nacional - 2002

Yo soy el camino, la verdad y la vida
25a. Jornada Nacional - 2003

Sembrando futuro al estilo de Jesús
26a. Jornada Nacional - 2004

Pan de vida, vida para compartir
27a. Jornada Nacional - Melo - 2005

Ven y sígueme, cuento contigo
28a. Jornada Nacional - 2006

Jugáte... Él nos llama. También es tu lugar
29a. Jornada Nacional - 2007

Con Jesús, Misión y Vida en abundancia
30a. Jornada Nacional - Tacuarembó - 2008

En la Vida encontramos a Jesús
31a. Jornada Nacional - 2009

Vamos a tu casa, Jesús nos espera
32a. Jornada Nacional - 2010

¡Soy cristiano: creo, vivo y anuncio!
33a. Jornada Nacional - 2011

¡Encontrate con Cristo: tu vida cambiará!
34a. Jornada Nacional - Maldonado - 2012


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