jueves, 3 de agosto de 2017

P. Miguel Hutchings (9.10.1963 – 1.8.2017)




Cuando yo estaba por venir a Melo, recién nombrado Obispo, Mons. Luis Del Castillo me hizo una rápida semblanza de la Diócesis. Al hablarme del clero, mencionó el nombre del P. Michael Hutchings, nacido en Inglaterra. Con ese nombre y con ese dato yo me hice la idea de un hombre alto, rubio y de ojos celestes… Poco después de llegar, me encontraba yo cenando en la parroquia del Carmen, cuando alguien dijo “llegó Miguel”. Entró al comedor un hombre bajito, moreno, con rasgos asiáticos, vestido de negro, con clergyman… “¿Quién es éste…?” me pregunté. Cuando oí su particular acento, me di cuenta de que Miguel era Michael, el sacerdote inglés.

Ahí descubrí que Michael tenía raíces profundas que venían de la India. Un pueblo con una tradición religiosa milenaria y muy plural, donde también la fe cristiana llegó, según la tradición, desde el comienzo de la predicación apostólica, por medio del apóstol Santo Tomás. También esas raíces se reflejaban en otros detalles de su vida, desde las cosas que le gustaba comer (el curry) o los colores y decorados de su parroquia.

Pero, aún con esas raíces espirituales profundas, Michael venía de Inglaterra. Nació allí el 9 de octubre de 1963 y fue bautizado con el nombre de Miguel, por el arcángel San Miguel. Miguel significa “¿Quién como Dios?”, un nombre que nos recuerda que Dios está por sobre todas las cosas. Miguel es el arcángel que encabeza la lucha de los ángeles contra los demonios: “se entabló una batalla en el cielo: Miguel y sus Ángeles combatieron con el Dragón. También el Dragón y sus Ángeles combatieron, pero no prevalecieron y no hubo ya en el cielo lugar para ellos” (Apocalipsis 12,7-8). Nuestro Padre Miguel sintió la cercanía de su santo patrono en su propia lucha contra el misterio del mal, buscando su ayuda para sanar las heridas más profundas del alma.

Miguel era un católico inglés. Como dijo una vez George Weigel, autor de una extensa biografía de Juan Pablo II, “los católicos somos como los helados: hay de distintos sabores”. Un católico inglés no deja de ser un católico con un sabor especial… es heredero de una larga tradición de santos que alcanzaron allí la santidad o que proyectaron su fe y su misión más allá de la isla. Muchos fueron mártires en tiempos de división de la Iglesia. Hay algunas decenas de ellos, muchos totalmente desconocidos para nosotros, pero recordemos algunos:
San Beda el Venerable (+ 735), de una de cuyas homilías tomo su lema el Papa Francisco.
San Anselmo de Canterbory (+ 1109) benedictino, nacido en Italia, gran filósofo y teólogo.
Santo Tomas Becket (+ 1170) obispo y mártir.
San Simón Stock (+ 1265) general de los carmelitas, que recibió en una visión el escapulario de la Virgen del Carmen.
Santo Tomás Moro (+ 1535) laico y mártir y John Fisher (+ 1535) obispo y mártir.

Viviendo en ese mundo donde ser católico es pertenecer a una minoría y en algunas épocas significó ser considerado como ciudadano de segunda categoría, un católico inglés como Miguel acentuaba aquellos aspectos que son propios de la fe católica, sin olvidar que es ante todo fe cristiana.

Creía profundamente en la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Rezaba y recomendaba  rezar de rodillas ante el sagrario.
Creía en la Gracia que conllevan los Sacramentos, que Cristo nos dejó para que nos encontráramos con Él y distribuía generosamente el agua del bautismo.
Veneraba a los santos y a su Reina, la Madre del Señor. Su ordenación sacerdotal fue el 8 de noviembre de 2008, fiesta de Nuestra Señora de los Treinta y Tres. Jugó con el nombre de Melo, tomando la M para decir María y agregando luego “Eterna Luz Oriental”, con el deseo de que ella fuera para todos los que vivimos en esta ciudad “capitana y guía”, “estrella del mar”, como la Virgen del Carmen, luz que nos guíe en el viaje de nuestra vida.
Guardaba con cariño las reliquias de santos y beatos (“en Londres tengo todavía reliquias como para una basílica”, decía). Las ponía también a disposición de los demás cuando era necesario y en más de un altar de nuestras iglesias están presentes. Tenía especial devoción por algunos, como Santa Faustina Kowalska y a San Pío de Pietrelcina, pero no dejaba de sorprendernos un día sí y otro también con la evocación de algunos desconocidos para nosotros.
Estaba interesado por el proceso de beatificación y canonización de Mons. Jacinto Vera, el primer Obispo del Uruguay y compartía el deseo de los católicos uruguayos de que un día tuviéramos en los altares a este pastor misionero y santo.

Alguien me ha recordado que tenía una voz maravillosa. Maravillosa y, como suele decirse, cultivada. Sabía cantar muy bellamente.

No era fácil entender a Miguel cuando hablaba. Ya habíamos tenido la experiencia con el P. Thomas, (sacerdote escocés que estuvo más de 25 años en nuestra diócesis y que está ahora en su tierra). El primer contacto de Miguel con una lengua latina había sido con el italiano, cuando estudiaba en Roma, y le quedó mucho de la lengua del Dante. Por ejemplo, no decía "bautismo" sino battesimo. En los verbos en infinitivo, agregaba una "e": celebrare, en vez de "celebrar"... Una vez le dije “Tú hablas un italiano castellanizado con acento inglés”. Él tomó mis palabras con su habitual buen humor. Se rio y me dijo that’s right, correcto.

Santo Tomás Moro, que he mencionado antes, fue un santo con un marcado sentido del humor. Él pedía a Dios “la gracia de no dejar de entender un chiste” y proclamaba “bienaventurados a los que saben reírse de sí mismos porque nunca tendrán ocasión de aburrirse”.

Miguel tenía ese toque de humor; esa capacidad de reírse de sí mismo y ese humor inglés con el que prohibía a sus feligresas mayores morirse mientras él estuviera de vacaciones. Dos horas antes de su fallecimiento me envió un mensaje, su último mensaje, con ese tono tan suyo… “Hola Monseñor. Estoy en el Americano. Tengo un infarto. Hmm, qué linda vacación. Obvio no voy al aeropuerto”.

No, no fue al aeropuerto, pero levantó un vuelo más alto. No se fue de vacaciones. O sí: encontró las vacaciones más maravillosas. Se fue a descansar en la Casa del Padre, contemplando para siempre el rostro luminoso del resucitado, el rostro que él supo ver en cada Hostia consagrada.

Miguel me contó de cuando estuvo solo en Aceguá, parroquia en la frontera con Brasil, supliendo al P.  Thomas. Visitó casa por casa la gente, ofreciendo con sencillez la pobreza de no poder expresarse en la lengua con que lo recibían. Pero como dijo una vez Mons. Cáceres, hablando de Thomas, hay algo en ellos que hace posible entenderlos en un nivel más profundo, hablan el lenguaje de la amistad.

No es por otra cosa que el 2 de agosto, en la Misa de cuerpo presente que precedió a su entierro, la Catedral de Melo estuvo completamente llena: porque encontramos en el Padre Miguel alguien que vivió con integridad y entrega el amor a Dios y el amor al prójimo.

Allí estuvieron quienes lo fueron a buscar y lo encontraron, los que recibieron paz y consuelo, los que recibieron el agua del bautismo, los que recibimos –porque yo también me confesé con él- la absolución de nuestros pecados, en fin… todos los que encontramos en él alguien profundamente querible, que nos hacía sentir la cercanía de Dios.

Unidos, todos rezamos para que Miguel estuviera ya en la feliz compañía del Señor, de su Madre y de sus queridos santos. Todos esperamos que nos recuerde allí, que interceda por nosotros, mientras aquí lo seguiremos recordando.
+ Heriberto, Obispo de Melo

6 comentarios:

Luis Nolasco dijo...

Es cierto, también los sacerdotes son como los helados: hay de todos los sabores. ¡Vaya si lo sabré yo! Pero así como entre los helados hay sabores preferidos...y más vendidos, así también entre los sacerdotes. siempre hay unos mas buscados, más carismáticos, más "acariciantes" con la oveja herida. Así me imagino al padre Miguel. En el cielo seguramente, Jesucristo ya se fijó en él y tendrá largas conversaciones con él. ¡Dichoso el tal Michael!

MatiasCou dijo...

El padre miguel, mi sacerdote,amigo,guia,lider,luz...un sacerdote de cristo. Siempre son una serenidad admirable. Ejemplo para todos.
Me gustaria que publicara la carta de su hermana. Abrazo

Anónimo dijo...

La paz sea contigo.
Hace muchos años estoy viviendo fuera Del
pais .
Soy educada en la religion católica,católica por la gracia de Dios .feliz católica confirmada..
En fin lo que quiero decir es que no conical Padre Michael pero en estos dias en Facebook me he dado cuenta cuando querido es..porque aunque no esté mas con nosotros estara en el recuerdo de quienes tuvieron la suerte de conocerlo.
Hermoso su mensaje Monseñor.
Gracias.🌺

Susana Oyarbide dijo...

¡Qué joven era! Su obra fue tan grande que el Señor lo llamó a muy pocos años de ser ordenado. Lo habrán recibido todos los Santos a los que él tanto admiró.

Anónimo dijo...

El Padre Miguel vino para quedarse con su comunidad. Ahora nos seguirá aconsejando, y bendiciendo con abundancia de agua bendita mientras sonreía y lo disfrutaba. Sólo que lo hará desde el cielo, con la fuerza de la Santísima Trinidad y nuestra madre Maria. Estará siempre en los corazones de quienes lo conocimos personalmente.

Anónimo dijo...

Asi Sea luis y flia