“¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor!” (Salmo 117,1.29)
Así comienza y termina el Salmo 117, o 118 en la numeración hebrea. Este salmo nos ha acompañado desde la Vigilia Pascual hasta este segundo domingo de Pascua.
Del él se ha tomado el versículo que se canta o se lee antes del evangelio, junto con el canto del aleluia y que es el mismo para cada uno de los días de la Octava de Pascua:
Este es el día que hizo el Señor: alegrémonos y regocijémonos en él. (Salmo 117,24)
La Octava son los ocho días que van del primero al segundo domingo de Pascua, es decir, del domingo de la Resurrección al domingo de la Misericordia. La Octava quiere ser como la prolongación del domingo de la resurrección, como si esos ocho días fueron el uno y mismo: por eso cada día se repiten esas palabras “este es el día que hizo el Señor”, destacando la intervención máxima del amor y de la misericordia de Dios en nuestra historia: la resurrección de su Hijo. Así, se nos invita a celebrar y alegrarnos en el día del Señor, reconociendo su acción salvadora.
En este salmo aparece la imagen de Cristo como la piedra descartada por los constructores que ha llegado a ser la piedra angular. Esa piedra se colocaba en una esquina para unir dos paredes y alinear toda la estructura:
La piedra que desecharon los constructoreses ahora la piedra angular.Esto ha sido hecho por el Señory es admirable a nuestros ojos.(Salmo 117,22)
Esa piedra desechada es Cristo, rechazado por los sumos sacerdotes. Jesús, en los evangelios, cita este pasaje para llamar la atención sobre el rechazo que recibe de las autoridades, anunciando que Dios pondrá todo en su lugar.
¿No han leído este pasaje de la Escritura: "La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos"?». (Marcos 12,10-11; cf. Mateo 21,42; Lucas 20,17)
Tanto Pedro como Pablo interpretan este salmo como anuncio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo.
San Pablo, en su carta a los Efesios, desarrolla la imagen de la piedra angular, mostrando cómo estamos incorporados al edificio, es decir, a la comunidad, a la Iglesia:
Ustedes están edificados sobre los apóstoles y los profetas, que son los cimientos, mientras que la piedra angular es el mismo Jesucristo. En él, todo el edificio, bien trabado, va creciendo para constituir un templo santo en el Señor. En él, también ustedes son incorporados al edificio, para llegar a ser una morada de Dios en el Espíritu. (Efesios 2,20-22)
Pedro, en su primera carta, utiliza también esta imagen; pero no habla de piedra angular, sino de la “piedra viva” que es Cristo, a partir de la cual se edifica la comunidad a la que somos incorporados también nosotros como “piedras vivas”.
[Ustedes] han gustado qué bueno es el Señor. Al acercarse a él, la piedra viva, rechazada por los hombres pero elegida y preciosa a los ojos de Dios, también ustedes, a manera de piedras vivas, son edificados como una casa espiritual, para ejercer un sacerdocio santo y ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios por Jesucristo. (1 Pedro 2,3-5)
Pero volvamos a lo que decíamos al principio, a este versículo que señalábamos como comienzo y final del salmo. En las lecturas de hoy, lo encontramos como antífona del salmo:
“¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor!” (Salmo 117,1.29)
“Den gracias al Señor” es una fuerte exhortación, no solo a que hagamos un gesto externo sino a que agradezcamos de corazón. Dar gracias es lo que hacemos en la celebración de la Eucaristía, palabra que significa precisamente “acción de gracias”.
Se trata de dar gracias a Dios porque es bueno, porque es eterno su amor; pero no como algo abstracto que conocemos de Dios, sino porque hemos experimentado su bondad, su amor, su misericordia a través de su acción “en este día” en que ha resucitado a su Hijo.
“Es eterno su amor” se va repitiendo como una breve letanía en la estrofa que ha quedado como primera para el salmo de hoy:
Que lo diga el pueblo de Israel:¡es eterno su amor!Que lo diga la familia de Aarón:¡es eterno su amor!Que lo digan los que temen al Señor:¡es eterno su amor! (Salmo 117,2-4)
“Es eterno su amor” puede ser traducido también como “es eterna su misericordia”.
Ahora ¿qué quiere decir que el amor de Dios es eterno? ¿Por qué se repite eso?
Después de todo, si Dios es eterno, también su amor es eterno ¿verdad?
Si hablamos de eternidad, salimos de la historia.
Lo eterno no es algo que dura en el tiempo. En la eternidad no hay tiempo… Sin embargo, la experiencia del pueblo creyente en el que nace y se canta este salmo es la experiencia de la misericordia de Dios en su historia. El amor eterno, la misericordia eterna entran en nuestra historia humana, actúan aquí, en el tiempo, en el pasado, en el futuro y ahora, en el presente…
Pero, aún dentro de la historia, Dios no cambia. Aún haciéndose hombre, aún muriendo y resucitando, no cambia el amor de Dios. Es eterno su amor. Es eterna su misericordia.
Más aún: tenemos que reconocer en la Encarnación y en la Pascua la manifestación de ese amor y esa misericordia eternos.
Dios no cambia. “Dios no se muda” decía santa Teresa, con esa expresión que hoy usamos para un cambio de domicilio, pero que para ella significaba un cambio en el ser.
Dios no cambia, pero su misericordia produce cambios. “La misericordia cambia el mundo” solía repetir el Papa Francisco desde su primer Ángelus (17 de marzo de 2013). “Un poco de misericordia hace al mundo menos frío y más justo”… pero en la segunda lectura de hoy, la carta de Pedro nos pone ante un cambio radical en nuestra humanidad:
“… el Padre de nuestro Señor Jesucristo, (…) en su gran misericordia, nos hizo renacer, por la resurrección de Jesucristo, a una esperanza viva, a una herencia incorruptible, incontaminada e imperecedera, que ustedes tienen reservada en el cielo.” (1 Pedro 1,3-4)
Esa es nuestra esperanza: resucitar en Cristo, por la misericordia de Dios, “porque es eterno su amor”.
Noticias
P. Miguel Lemos QEPD
En esta fe en la resurrección, junto a las comunidades a las que él sirvió durante muchos años, despedimos al P. Miguel Lemos, fallecido el Viernes Santo, párroco de San Ramón y San Bautista, así como de otras parroquias de nuestra diócesis. Damos gracias por la entrega de vida del P. Miguel y oramos por su descanso eterno.
Retiro de Pascua en Villa Guadalupe
Después del concurrido retiro de Cuaresma, Villa Guadalupe vuelve a invitar a los fieles de Canelones, ahora para un retiro de Pascua, con el lema “la vida y la esperanza tienen la victoria”. Esto será el sábado 18 de abril. Se ruega hacer la inscripción previa hasta el 12 de este mes.
Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

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