En este día, el domingo más próximo al 12 de octubre, normalmente estaríamos celebrando nuestra fiesta diocesana. Este año la hemos suspendido para facilitar la participación de todos en la visita del Papa León, especialmente el domingo 8 de noviembre, en la peregrinación nacional a la Virgen de los Treinta y Tres, en su santuario de Florida.
“¡Todos, todos, todos…!” Solía repetir el Papa Francisco. Estamos todos invitados. El evangelio de hoy nos presenta una invitación y varios acontecimientos que se desencadenan a partir de ella.
Las lecturas se abren con un pasaje del profeta Isaías en el que se hace un extraordinario anuncio.
un banquete de manjares suculentos,
un banquete de vinos añejados… (Isaías 25,6)
En tiempos conflictivos y difíciles, Isaías comunica este mensaje de esperanza. Es una imagen del final de los tiempos: la humanidad al fin reconciliada con Dios y entre sí. Todos los pueblos sentados a una misma mesa, compartiendo una comida y festejando juntos. Imagen poética; Isaías no busca describir de manera realista lo que acontecerá, pero sí transmitirnos que finalmente terminarán las guerras, sufrimientos e injusticias y toda la tierra podrá celebrarlo.
De este banquete multitudinario, el salmo 22 nos lleva a un espacio más íntimo: una tienda de pastores. Allí el Señor, pastor de su pueblo, prepara la mesa para el huésped que ha recibido. Cada uno de nosotros es parte de la multitud pero también está llamado a una relación personal con Dios.
Todo eso nos prepara a escuchar la parábola que presenta Jesús, que comienza con la referencia a una fiesta.
El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo.
Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir. (Mateo 22,2-3)
Esta primera negativa ya puede sorprendernos, pero, en realidad, se corresponde con ciertas reglas sociales del lugar y la época. Los invitados se niegan a ir un poco en el estilo de cuando nos traen algo de regalo y decimos “pero… no te hubieras molestado”. Es una especie de cortesía, como diciendo “no he hecho nada que merezca esta atención de tu parte”.
Sin embargo, la segunda negativa de los invitados cambia totalmente. Es un franco rechazo y un desprecio hacia el rey:
De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: «Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas».
Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio; y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron. (Mateo 22,4-6)
Este rechazo tendrá sus consecuencias. El rey se indignó y les envió su ejército. Pero el banquete está preparado y el rey ordena invitar a otros, quienesquiera que fueran:
Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados. (Mateo 22,8-9)
Esta invitación es exitosa. Es un eco de la universalidad a la que nos abría la visión de Isaías: el banquete ofrecido a todos los pueblos.
Aquí aparece un primer mensaje de esta parábola. Jesús es el novio que viene a desposarse con la humanidad.
Toda persona humana está invitada a esa fiesta; pero, sorprendentemente, aunque estén todos invitados, hay condiciones que, de no cumplirse, pueden llevar a algunos a ser excluidos…
Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta. "Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?." El otro permaneció en silencio. Entonces el rey dijo a los guardias: «Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes».
Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos. (Mateo 22,11-14)
Puede parecer incongruente la exigencia, ya que las personas fueron invitadas en los cruces de caminos, tal como estaban. Seguramente nadie estaba vestido con un “traje de fiesta”. Si fuéramos sorprendidos con una inesperada invitación que nos encuentra con ropa sucia, nuestra reacción sería “déjame cambiarme”, cambiarme de ropa, ponerme al menos algo que esté limpio… Pero no se trata de eso, sino de cambiar interiormente. Jesús mira más allá de las apariencias, al interior de las personas.
El traje de fiesta es una actitud espiritual, una disposición personal. Es la respuesta libre a la gracia, a la misericordia que ha mostrado Dios, representado en la figura del rey. Todos fueron invitados: buenos… y malos: “publicanos y pecadores”.
El Bautismo nos ha revestido de Cristo. La gracia nos ha unido a Él; pero es necesaria nuestra respuesta. El vestido de fiesta es una vida según el Evangelio, con todas sus exigencias.
En el fondo, el hombre sin el traje de fiesta tiene algo en común con quienes rechazaron la invitación del rey: el don ofrecido no provocó ningún cambio en su vida. Aquellos siguieron con sus negocios, éste se presentó sin prestar atención, sin ningún movimiento en su interior… sin cambio, sin conversión.
En nuestra diócesis tenemos dos experiencias de retiros que se ofrecen periódicamente: los Cursillos de Cristiandad, ya con un largo camino y, más recientemente, los Retiros Parroquiales Juan XXIII. Muchas personas han vivido en ellos su encuentro con Cristo; más que aceptar la invitación que les llegó de parte de un amigo, aceptaron la invitación de Jesús a redescubrir o, a veces, lisa y llanamente a descubrir el tesoro de su gracia y de su misericordia. Son dos caminos posibles, pero el Señor tiene muchos otros, que convergen en Él, que es “el camino, la verdad y la vida” por quien llegamos al Padre.
La visita del Papa León a Uruguay, Argentina y Perú nos invita a un encuentro con Cristo y a una mayor participación en la Iglesia. En algunos esto encontrará indiferencia o aún rechazo; otros tal vez se queden solo en lo exterior, en el evento. Quiera Dios que podamos recibirlo y escucharlo con la mejor disposición de nuestro corazón para cambiar, para ponernos el verdadero “traje de fiesta”.
En esta semana:
Lunes 12: Nuestra Señora del Pilar y, en Brasil, Nuestra Señora Aparecida. También en este día se celebra la memoria de San Carlo Acutis, este joven santo que ha ganado el corazón de muchos.
Jueves 15: Santa Teresa de Jesús, virgen y doctora de la Iglesia.
Viernes 16: Santa Margarita María de Alacoque. Fiesta en el monasterio de las Hermanas Salesas, en Progreso.
Sábado 17: san Ignacio de Antioquía, Obispo y mártir.
Domingo mundial de las misiones
El próximo domingo, antepenúltimo de octubre, es el domingo mundial de las Misiones, conocido como DOMUND, una convocatoria que cumple cien años, en la que se realiza una colecta destinada a las Obras Misionales Pontificias. Estas obras serán el tema de nuestro próximo programa.
Gracias, amigas y amigos, por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

