sábado, 21 de febrero de 2026

Palabra de Vida: “Jesús ayunó durante cuarenta días” (Mateo 4,1-11).


 

Primer Domingo de Cuaresma.
22 de febrero de 2026.
(Papa León XIV, mensaje de Cuaresma 2026)
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

viernes, 20 de febrero de 2026

Palabra de Vida: Renovar la vida viviendo la misericordia. Lucas 5,27-32.


Sábado después de Ceniza.
21 de febrero de 2026.
(Papa Francisco, Audiencia General, 11 de enero de 2023)
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

Las tentaciones: palabra contra Palabra. Mateo 4,1-11. Domingo I de Cuaresma

El miércoles pasado iniciamos la Cuaresma con la imposición de las cenizas. Para ayudarnos a vivir este tiempo de conversión, el Papa León XIV nos ha entregado un mensaje que nos invita a colocar nuevamente “el misterio de Dios en el centro de nuestras vidas”.

En este primer domingo, el evangelio presenta las tentaciones que sufre Jesús, cuyas respuestas nos muestran cómo Dios ocupa el lugar central en su corazón.

“Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio.” (Mateo 4,1)

Para los Israelitas, el desierto evoca el Éxodo: cuarenta años de camino, lugar de la Alianza y los Mandamientos, pero también lugar de tentación y desconfianza en Dios. Así lo expresa la reclamación a Moisés y Aarón:

«Ojalá el Señor nos hubiera hecho morir en Egipto, cuando nos sentábamos delante de las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos. Porque ustedes nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta asamblea». (Éxodo 16,3)

Tras ayunar cuarenta días, Jesús tiene hambre. El tentador hace su primer intento:

 «Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes.» (Mateo 4,3)

El tentador propone algo aparentemente razonable. No empieza a tentarnos con pecados graves. Si logra vencernos en lo poco, pronto vendrá por mucho más. Pero Jesús tiene su respuesta:

«Está escrito: "El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios"». (Mateo 4,4 -- Deuteronomio 8,3)

Alimentados por la Palabra de Dios, nosotros pedimos el alimento cotidiano y el Pan de Vida como un don del Padre: “Danos hoy nuestro pan de cada día”

El demonio hace un cambio de escenario. No es la ciudad lejana donde el hijo pródigo cayó en toda tentación y malgastó su herencia. No, el tentador es astuto y audaz.

Llevó a Jesús a la Ciudad santa y lo puso en la parte más alta del Templo. (Mateo 4,5)

La Ciudad santa es Jerusalén y allí está el templo, presencia de Dios en medio de su pueblo. Desde tiempos de Salomón, que construyó el primer templo, ésa es la Casa donde habita el Nombre de Dios, es decir, donde Dios mismo se hace presente (cf. 1 Reyes 8,29).

Jesús había respondido a la tentación citando la Palabra de Dios. Eso parece entusiasmar al tentador, que intenta convertir lo que Jesús ha tomado como escudo, en su arma de ataque.

«Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito:
 "Dios dará órdenes a sus ángeles,
 y ellos te llevarán en sus manos
 para que tu pie no tropiece con ninguna piedra"». (Mateo 4,6 -- Salmo 91,12) 

En la Liturgia de las Horas, este salmo se reza los domingos y solemnidades en Completas, última oración del día, como acto de abandono y confianza en Dios. Pero eso, por supuesto, no es lo que propone Satanás, sino que Jesús, en forma caprichosa, ponga a prueba a Dios, como hizo tantas veces el Pueblo en el desierto.

Jesús contrasta ese intento de instrumentalizar la Palabra de Dios con otra cita de la Escritura:

«También está escrito: "No tentarás al Señor, tu Dios"». (Mateo 4,7 -- Deuteronomio 6,16)

Al rezar el Padrenuestro, nosotros pedimos “Hágase tu voluntad en la Tierra como en el Cielo”, dispuestos a aceptar y cumplir la voluntad del Padre; no la nuestra: la del Padre.

La tercera tentación ocurre en una alta montaña, lugar de encuentro con Dios, como en la transfiguración:

Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado. (Mateo 17,1)

De lo más alto del templo, a la montaña más alta. Más y más arriba, esperando que mayor sea la caída de Jesús hacia el abismo. El propio Jesús, más adelante, hará esta dura advertencia a la ciudad que se ha remontado y se ha dejado ganar por la soberbia:

Y tú, Cafarnaúm, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno. (Mateo 11,23)

No es lo mismo que Dios te haga subir con su amor y su gracia, que pretendas trepar con tu ambición humana de poder, tener y gozar sin que importe más nada. La peregrinación humana está jalonada de poderosos que se elevaron de esa forma a lo más alto y luego fueron precipitados. Como dice el salmo: El sepulcro es su morada perpetua (…) aunque hayan dado nombre a países. (Salmo 49,12)

Mostrándole todos los reinos del mundo, el tentador ofrece a Jesús poder a cambio de adoración:

«Te daré todo esto, si te postras para adorarme.» (Mateo 4,9)

Jesús responde de manera definitiva:

«Retírate, Satanás, porque está escrito: "Adorarás al Señor, tu Dios, y a Él solo rendirás culto"». (Mateo 4,10 -- Deuteronomio 6,13)

Decimos en el Padrenuestro:  “Santificado sea tu nombre” (Kidush Hashem)

Kidush Hashem, en hebreo, expresa la santificación del nombre de Dios, mediante una vida que refleje su santidad. Es el fundamento de la respuesta de Jesús: “adorarás al Señor tu Dios…”

Con las dos últimas peticiones del Padrenuestro nos colocamos exactamente en la situación de Jesús en el desierto: “No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal”

El Padrenuestro, la oración por excelencia, rezada con plena conciencia de lo que estamos diciendo, nos fortalece ante los embates del tentador, que busca desorientar nuestro camino llevándonos por la dirección contraria o al menos haciéndonos confundir.

Mirando el caminar de la Iglesia y nuestra propia comunidad diocesana, recordamos las tentaciones del Pueblo de Dios en el desierto. Jesús venció al tentador, pero él sigue trabajando para romper la comunión, hacernos desistir de participar y transformar la misión en dimisión, es decir, en abandono.

Por eso, volvemos a pedir al Padre: “Venga a nosotros tu Reino”, pues solo Él puede establecerlo en los corazones, aunque nuestra misión es anunciarlo y ayudar a que los corazones se abran.

Retiro de Cuaresma

Sábado 28, en Villa Guadalupe, de 9 a 18 horas, retiro de Cuaresma. Habrá sacerdotes disponibles para confesiones y concluirá con la Misa.

Gracias, amigas y amigos, por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

jueves, 19 de febrero de 2026

Palabra de Vida: Practicar el ayuno y hacer el bien. Isaías 58,1-9a


Viernes después de Ceniza.
20 de febrero de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.


miércoles, 18 de febrero de 2026

Palabra de Vida: Abrazar la cruz de cada día. Lucas 9,22-25.


 

Jueves después de Ceniza.
19 de febrero de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

Palabra de Vida: “Vuelvan a mí de todo corazón” (Joel 2,12-18). Miércoles de Ceniza.



Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

martes, 17 de febrero de 2026

Cuaresma 2026. Escuchar y ayunar: La Cuaresma como tiempo de conversión. Mensaje del Papa León XIV.



Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma es el tiempo en el que la Iglesia, con solicitud maternal, nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas.

Todo camino de conversión comienza cuando nos dejamos alcanzar por la Palabra y la acogemos con docilidad de espíritu. Existe, por tanto, un vínculo entre el don de la Palabra de Dios, el espacio de hospitalidad que le ofrecemos y la transformación que ella realiza. Por eso, el itinerario cuaresmal se convierte en una ocasión propicia para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección.

Escuchar

Este año me gustaría llamar la atención, en primer lugar, sobre la importancia de dar espacio a la Palabra a través de la escucha, ya que la disposición a escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro.

Dios mismo, al revelarse a Moisés desde la zarza ardiente, muestra que la escucha es un rasgo distintivo de su ser: 
«Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor» (Ex 3,7). 
La escucha del clamor de los oprimidos es el comienzo de una historia de liberación, en la que el Señor involucra también a Moisés, enviándolo a abrir un camino de salvación para sus hijos reducidos a la esclavitud.

Es un Dios que nos atrae, que hoy también nos conmueve con los pensamientos que hacen vibrar su corazón. Por eso, la escucha de la Palabra en la liturgia nos educa para una escucha más verdadera de la realidad.

Entre las muchas voces que atraviesan nuestra vida personal y social, las Sagradas Escrituras nos hacen capaces de reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta. Entrar en esta disposición interior de receptividad significa dejarnos instruir hoy por Dios para escuchar como Él, hasta reconocer que 
«la condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia».[1]

Ayunar

Si la Cuaresma es tiempo de escucha, el ayuno constituye una práctica concreta que dispone a la acogida de la Palabra de Dios. La abstinencia de alimento, en efecto, es un ejercicio ascético antiquísimo e insustituible en el camino de la conversión. Precisamente porque implica al cuerpo, hace más evidente aquello de lo que tenemos “hambre” y lo que consideramos esencial para nuestro sustento. Sirve, por tanto, para discernir y ordenar los “apetitos”, para mantener despierta el hambre y la sed de justicia, sustrayéndola de la resignación, educarla para que se convierta en oración y responsabilidad hacia el prójimo.

San Agustín, con sutileza espiritual, deja entrever la tensión entre el tiempo presente y la realización futura que atraviesa este cuidado del corazón, cuando observa que: 
«es propio de los hombres mortales tener hambre y sed de la justicia, así como estar repletos de la justicia es propio de la otra vida. De este pan, de este alimento, están repletos los ángeles; en cambio, los hombres, mientras tienen hambre, se ensanchan; mientras se ensanchan, son dilatados; mientras son dilatados, se hacen capaces; y, hechos capaces, en su momento serán repletos».[2] 
El ayuno, entendido en este sentido, nos permite no sólo disciplinar el deseo, purificarlo y hacerlo más libre, sino también expandirlo, de modo que se dirija a Dios y se oriente hacia el bien.

Sin embargo, para que el ayuno conserve su verdad evangélica y evite la tentación de enorgullecer el corazón, debe vivirse siempre con fe y humildad. Exige permanecer arraigado en la comunión con el Señor, porque 
«no ayuna de verdad quien no sabe alimentarse de la Palabra de Dios».[3] 
En cuanto signo visible de nuestro compromiso interior de alejarnos, con la ayuda de la gracia, del pecado y del mal, el ayuno debe incluir también otras formas de privación destinadas a hacernos adquirir un estilo de vida más sobrio, ya que 
«sólo la austeridad hace fuerte y auténtica la vida cristiana».[4]
Por eso, me gustaría invitarles a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz.  

Juntos

Por último, la Cuaresma pone de relieve la dimensión comunitaria de la escucha de la Palabra y de la práctica del ayuno. También la Escritura subraya este aspecto de muchas maneras. Por ejemplo, cuando narra en el libro de Nehemías que el pueblo se reunió para escuchar la lectura pública del libro de la Ley y, practicando el ayuno, se dispuso a la confesión de fe y a la adoración, con el fin de renovar la alianza con Dios (cf. Ne 9,1-3).

Del mismo modo, nuestras parroquias, familias, grupos eclesiales y comunidades religiosas están llamados a realizar en Cuaresma un camino compartido, en el que la escucha de la Palabra de Dios, así como del clamor de los pobres y de la tierra, se convierta en forma de vida común, y el ayuno sostenga un arrepentimiento real. En este horizonte, la conversión no sólo concierne a la conciencia del individuo, sino también al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de reconocer lo que realmente orienta el deseo, tanto en nuestras comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y reconciliación.

Queridos hermanos, pidamos la gracia de vivir una Cuaresma que haga más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados. Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás. Y comprometámonos para que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde el grito de los que sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más dispuestos y diligentes para contribuir a edificar la civilización del amor.

Los bendigo de corazón a todos ustedes, y a su camino cuaresmal.

Vaticano, 5 de febrero de 2026, memoria de santa Águeda, virgen y mártir.

LEÓN XIV PP.
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[1] Exhort. ap. Dilexi te (4 octubre 2025), 9.
[2] S. Agustín, La utilidad del ayuno, 1, 1.
[3] Benedicto XVI, Catequesis (9 marzo 2011).
[4] S. Pablo VI, Catequesis (8 febrero 1978).

jueves, 12 de febrero de 2026

La letra y el corazón. Mateo 5,17-37. VI domingo durante el año.

Después de meditar las lecturas de este domingo, pensé que esta reflexión se podría titular “la letra y el espíritu”, por aquello de que no solo hay que cumplir la letra de la ley sino también la intención del legislador, el espíritu de la ley. Suele hacerse esa distinción en el mundo civil. En un Estado de derecho, allí donde tiene vigencia la ley -lo que no siempre ocurre- nunca faltan quienes buscan dentro de las lagunas, contradicciones y recovecos de la ley escrita la forma de burlar su espíritu, “cumpliendo la letra” pero sacando ventaja de sus fallas.

¿Por qué cambié el título? Espero que eso se descubra a lo largo de esta charla.

Este domingo continuamos leyendo el sermón del monte, con el que ya no nos volveremos a encontrar este año, porque el próximo domingo será el primero de la Cuaresma.

Sin embargo, especialmente en el evangelio de hoy, la palabra de Jesús se convierte en exhortación y orientación para la vida de cada día y hasta de cada momento, lo que puede llevarnos a entrar ya con un examen de conciencia en el camino cuaresmal.

Mateo presenta a Jesús sentado en la montaña, no solo como maestro, sino como un nuevo Moisés. Los cinco primeros libros de la Biblia son llamados la Torah, que significa la Ley y la tradición judía los atribuye a Moisés. Se le considera el gran legislador de Israel.

A Moisés correspondió entregar al Pueblo de Israel los Diez Mandamientos dictados por Dios en el marco de la primera alianza. 

En paralelo a aquel gran acontecimiento, Mateo presenta a Jesús entregando las Bienaventuranzas, como un nuevo código para el Pueblo de Dios.

¿Significa eso que la Ley de Moisés ya no tendrá vigencia? Jesús lo aclara enfáticamente:

No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: Yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Les aseguro que no quedarán ni una “i” ni una coma de la Ley sin cumplirse, antes de que desaparezcan el cielo y la tierra. (Mateo 5,17-18)

La expresión “la ley y los profetas” designa toda la Palabra de Dios del primer testamento. No se trata, entonces, solamente del cumplimiento de los centenares de preceptos allí contenidos, sino del cumplimiento de todo lo que la Ley y los Profetas (y los demás escritos sagrados) han anunciado acerca de Jesús. También hay que decir que los numerosos preceptos rituales -por ejemplo, los referidos a sacrificios de animales- caerán, porque en el sacrificio de Jesús en la cruz todo ese culto llega a su plenitud y queda superado de una vez para siempre. La carta a los Hebreos, que abunda en ese tema, nos dice que Cristo, como Sumo Sacerdote…

"... entró de una vez por todas en el Santuario, no por la sangre de chivos y terneros, sino por su propia sangre, obteniéndonos así una redención eterna." (Hebreos 9,12)

Pero no es esto lo que sucede con los mandamientos. Jesús los retoma y los comenta en el sermón del monte, con un criterio aplicable a todos ellos.

Jesús abre sus comentarios con una fórmula que se va repitiendo en cada ocasión: “se dijo… pero Yo les digo”. 

Esa manera de expresarse suele usarse para plantear una oposición: se dijo esto, pero yo les digo lo contrario. Pero no es eso lo que presenta Jesús. Recordemos: Él no ha venido a abolir sino a dar cumplimiento. Y no se trata solo del cumplimiento de la letra. Jesús quiere revelar la anchura y profundidad de la ley.

Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: «No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal». Pero Yo les digo que todo aquél que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquél que lo insulta, merece ser castigado por el Tribunal. Y el que lo maldice, merece el infierno. (Mateo 5,20-21)

Frente a quienes quieren reducir al mínimo los deberes que señala la Ley, Jesús, en cambio, los amplía. Enseñando que irritarse contra el hermano ya es matarlo, que una mirada lasciva es ya adulterio, que el juramento está de más si se es veraz, Jesús no está estableciendo una nueva ley, más exigente que la antigua.

Con el anuncio del Reino de Dios, Jesús manifiesta que ha llegado un tiempo nuevo, en el que la Ley puede vivirse en su plenitud, en su profundidad. 

Desde luego, ya tiene su valor cumplir la letra de la ley: “no matarás”. Hay personas que no cumplieron esta ley, porque le han quitado la vida a alguien y en adelante cargarán con esa culpa. Muchos, en cambio, pueden decir con verdad “nunca maté a nadie”, ni siquiera por negligencia o colaborando en un aborto o en la práctica de la eutanasia. Han cumplido la letra. ¿Han ido más lejos?

Un paso de otra calidad es la adhesión interior a la ley. Muchas veces cumplimos con la ley porque sabemos que si no lo hacemos, habrá consecuencias; pero si pudiéramos evitar cumplirla, lo haríamos. Haríamos lo que está prohibido. Muy diferente a eso es hacer de la ley una convicción, una convicción profunda que me llevará a respetar la vida del otro y a no desear la muerte a nadie. Sin embargo, esa adhesión interior a la ley aún depende de nuestras fuerzas… y de nuestras fragilidades.

La enseñanza de Jesús nos llama a vivir hasta el fondo como seres creados “a imagen y semejanza de Dios” de modo que el bien sembrado en nuestro corazón por el Creador se haga visible en nuestra vida. Eso lo hace posible la presencia del Espíritu Santo. Dice san Pablo en la segunda lectura:

“El Espíritu lo penetra todo” (1 Corintios 2,10)

Solo con el don del Espíritu podemos encontrar la fuerza y la fidelidad para vivir en la ley de Dios. Con el don del Espíritu ya es posible, sin esperar un tiempo mejor, entrar en “el Reino de los Cielos”. Podemos acceder al Reino allí mismo, donde ahora nos encontramos, sin falsas ilusiones y sin resignación. Confiados en la promesa del Señor, queremos hacer verdad en nuestra vida su Palabra:

Cuando ustedes digan «sí», que sea sí (Mateo 5,37)

Mirando hacia la Cuaresma, tiempo de conversión y de volver al Señor de corazón, estamos llamados a renovar nuestro “sí” a la Palabra de Jesús. Así, su mensaje puede hacerse vida en nosotros.

Miércoles de Ceniza

Recordemos que el 18 es Miércoles de Ceniza, inicio de la Cuaresma, día de ayuno y abstinencia.

Gracias, amigas y amigos, por su atención. Que la Palabra de Jesús llene sus corazones, con toda su fuerza y que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.


miércoles, 11 de febrero de 2026

jueves, 5 de febrero de 2026

“Despuntará tu luz como la aurora” (Isaías 58,7-10). V Domingo durante el año.

Más de una vez he escuchado a alguien referirse a otra persona como “un ser de luz”. En el lenguaje corriente, esa expresión se suele aplicar a quienes se destacan por su amabilidad, optimismo y por irradiar actitudes que hacen sentir bien a quienes los rodean.

En ciertas corrientes de espiritualidad se habla así de aquellos de los que se dice que irradian energía positiva, bondad y paz, y son fuente de inspiración para otros.

La cita de Isaías utilizada como título de esta reflexión —“despuntará tu luz como la aurora”— puede llevar a pensar que esa luz es algo propio. Sin embargo, esta idea se matiza al leer la frase en su contexto, especialmente a la luz del evangelio de este domingo, tal como propone la liturgia.

Desde el domingo pasado, en que escuchamos las bienaventuranzas, estamos leyendo el “sermón de la montaña”. ¿A quién se dirige Jesús cuando habla? Mateo menciona una gran multitud, pero también señala que los discípulos de Jesús “se acercaron a él.” Las palabras de Jesús parecen más bien dirigidas a éstos, porque suponen un compromiso ya asumido de seguirlo, de estar con él. Pero la multitud escucha y las palabras de Jesús a sus discípulos se hacen una invitación para cada uno de los que está escuchando. Así pues, dice Jesús a sus discípulos:

Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa. (Mateo 5,14-15)

En otro evangelio, Jesús proclama:

“Yo soy la luz del mundo” (Juan 8,12). 

Esto hace que sea asombrosa esa afirmación: “ustedes son la luz del mundo”. Surge entonces la pregunta: ¿esa luz es propia, o los discípulos reflejan la luz de Cristo como la luna refleja la del sol?

Cuando buscamos una lamparilla eléctrica miramos cuántos Watts marca, porque eso determina la intensidad de la luz. La lámpara está preparada para esa intensidad y no puede dar más ni menos que eso, sea mucho o sea poco. ¿Estará también así limitada nuestra capacidad de ser luz?

La comparación que hace Jesús con la lámpara nos hace ver dos cosas. Primero: la lámpara no se enciende ella misma, sino que es encendida por alguien. Segundo: la lámpara no se ubica por sí misma en algún sitio, sino que es colocada por alguien en el lugar adecuado, para que ilumine a todos. Eso significa que la luz que Jesús nos llama a ser y a dar, no nos pertenece y su fuente no está en nosotros. Esa luz viene de una conexión profunda, como ocurre con el sistema eléctrico. Esta conexión se da con la presencia de Dios en nosotros, por medio del Espíritu Santo, cuya luz ilumina y hace luminosa nuestra vida.

Volviendo a Isaías, el profeta señala que la luz de Dios brilla en nuestra vida cuando se cumplen ciertas condiciones. Al contrario de una falsa espiritualidad centrada en sí mismo, en el yo, donde Dios y el prójimo quedan en la periferia, Isaías -digámoslo así- conecta la sensibilidad religiosa auténtica con una capacidad y voluntad de involucrarse verdaderamente en la vida y sobre todo en el sufrimiento del hermano.

Si compartes tu pan con el hambriento
y albergas a los pobres sin techo;
si cubres al que veas desnudo
y no te despreocupas por tu propia carne,
entonces despuntará tu luz como la aurora
y tu llaga no tardará en cicatrizar. (Isaías 58,7-8).

Es llamativa la referencia final a la sanación de una herida. Puede haber muchas formas de alivio, de curación superficial, pero no hay sanación profunda sin apertura al amor a Dios y al hermano.

Finalmente, san Pablo, sin referirse directamente a la luz, aporta una perspectiva importante. La comunidad de Corinto tenía cierta inclinación a buscar manifestaciones extraordinarias, como si hoy  metiéramos luces estroboscópicas, bola de espejos, rayos de láser, luz negra y otros ingenios de discoteca. En ese contexto, Pablo nos sorprende diciendo a los corintios:

Me presenté ante ustedes débil, temeroso y vacilante. (1 Corintios 2,3)

¿Por qué hace eso Pablo? Él mismo se explica:

Mi palabra y mi predicación no tenían nada de la argumentación persuasiva de la sabiduría humana, sino que eran demostración del poder del Espíritu, para que ustedes no basaran su fe en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios. (1 Corintios 2,4-5)

Pablo había vivido la experiencia de haber estado enceguecido, cuando perseguía a los cristianos y luego la de haber quedado ciego ante la visión de Jesús resucitado. Ahora, viendo todo bajo la luz de Cristo, él ha aceptado la misión de ser lámpara que Dios enciende y coloca allí donde pueda iluminar a todos. Esa luz no enceguece, sino que permite ver la realidad más profunda de cada ser humano: su realidad de ser creado y amado por Dios y llamado a compartir con Él su eternidad. En el día de nuestro bautismo recibimos personalmente, o por medio de nuestros padrinos, la luz de Cristo, que se nos confió, no solo para que ilumine nuestra vida sino también para entregarla con todo amor a los demás, especialmente a quienes están en la mayor necesidad de encontrar al Dios de la misericordia y el Consuelo.

Noticias

La semana pasada, la comunidad de las Hermanas de la Mínima congregación de Siervas del Sagrado Corazón de Jesús, que está en el Barrio del Estadio de Pando, recibió a sus hermanas del Cono Sur para su encuentro periódico y celebraron los 25 años de vida consagrada de la Hermana Paola y los 135 años de la fundación de la congregación.

Desde hace ya dos años, se encuentran en nuestra diócesis, en la parroquia de Toledo, tres misioneros de la Comunidad Dios Proveerá. Esta asociación de fieles nació en Brasil hace 20 años y en estos días celebra ese aniversario. El P. Fabián y yo hemos viajado para acompañarlos. Los felicitamos y damos gracias por su presencia entre nosotros.

Martes 10: santa Escolástica, la hermana de San Benito. Recordemos a nuestras hermanas benedictinas del monasterio Santa María, Madre de la Iglesia, en El Pinar.

Miércoles 11: Nuestra Señora de Lourdes. Jornada mundial del enfermo, que se celebra este año con el lema “La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro”. Ese día, a las 19:00 presidiré la Eucaristía en nuestra Gruta de Lourdes de Echeverría, Canelones.

Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.