viernes, 7 de agosto de 2026

Del viento huracanado a la brisa suave. (1 Reyes 19,9.11-13a / Mateo 14,22-33). XIX Domingo durante el año.

Nuestra reflexión de hoy viene con coloración “meteorológica”, coincidiendo con los temporales que hemos pasado y los que todavía nos puede traer Santa Rosa. Las fuerzas de la Naturaleza fueron en la antigüedad asimiladas a potencias divinas. Aún hoy, en nuestro mundo secularizado, nos damos cuenta de que hay fenómenos que escapan a nuestro control y nos someten, incluso llevándose vidas y bienes.

En la primera lectura de hoy, con el profeta Elías nos encontramos frente a una expresión de esas fuerzas, que culmina con una revelación de Dios. 

Para entender el significado de lo que vivió Elías, necesitamos recordar brevemente el contexto. El rey Ajab se había casado con Jezabel, una fenicia que promovía el culto de Baal y perseguía ferozmente a los creyentes del Dios de Israel. Elías, según sus propias palabras “lleno de celo por el Señor, Dios de los Ejércitos” (1 Reyes 19,10.14), mató con la espada a cientos de profetas de Baal. Haciéndolo, creía estar observando escrupulosamente la Ley de Dios, que prohíbe el culto a otros dioses. Eso encendió inmediatamente la ira de Jezabel, que decidió tomar venganza. Elías huyó para salvar su vida.

“Caminó un día entero por el desierto, y al final se sentó bajo una retama. Entonces se deseó la muerte y exclamó: «¡Basta ya, Señor! ¡Quítame la vida, porque yo no valgo más que mis padres!».” (1 Reyes 19,4)

Elías dirige a Dios una oración desesperada… no puede soportar lo que está viviendo y le ruega “quítame la vida”; al mismo tiempo, hace una confesión: “no valgo más que mis padres”. Pero es ahora, fatigado y débil, cuando está realmente preparado para el encuentro con Dios, que le da fuerzas para que camine “cuarenta días y cuarenta noches” hasta la montaña santa, donde se le manifestará. Prestemos ahora atención a la manifestación de Dios:

El Señor pasaba. Sopló un viento huracanado que partía las montañas y resquebrajaba las rocas delante del Señor. Pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, hubo un terremoto. Pero el Señor no estaba en el terremoto. Después del terremoto, se encendió un fuego. Pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego, se oyó el rumor de una brisa suave. Al oírla, Elías se cubrió el rostro con su manto, salió y se quedó de pie a la entrada de la gruta. (1 Reyes 19,11-13)

Elías cubre su rostro porque reconoce al Señor en la brisa suave. Después de haber desatado su ira, Elías llega a comprender que Dios no quiere imponer su presencia de manera violenta y agresiva, como el viento, el fuego o el terremoto. Dios desea ser creído y recibido en libertad. Dios se manifiesta en el silencio, en una mezcla de presencia y ausencia que solo la fe puede intuir y acoger. Esta experiencia purifica el corazón de Elías, que se despoja de la pesada imagen de una divinidad poderosa e intolerante. A través de un largo camino, sobre todo dentro de sí mismo, Elías llega a descubrir y aceptar que Dios llega como una brisa suave y no como el viento huracanado.

También los discípulos, siguiendo a Jesús, llegan a un similar encuentro con Dios, en la persona de Jesús. Esto sucede después de la multiplicación de los panes, que leímos el domingo pasado. Sorprende la forma en que el Maestro pone fin a ese episodio:

Jesús obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que Él a la otra orilla, mientras Él despedía a la multitud. (Mateo 14,22)

¿Cuál es la prisa de Jesús? Hay algo que él necesita mucho en ese momento:

Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo. (Mateo 14,23)

Vale anotar que, fuera de la oración en Getsemaní, este es el único momento en que Mateo menciona que Jesús se retira a orar. Eso habla de una especial necesidad de encuentro con el Padre, de discernimiento sobre la propia misión y sobre los signos que Jesús realiza, de modo que no se vuelvan un espejismo para quienes esperan un Mesías triunfante. 

Cruzando el lago los discípulos se encuentran pronto en medio de una verdadera tormenta, que describen los cuatro evangelios. Marcos, incluso, habla de dos tormentas:

  • La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra. (Mateo 14,24)
  • Se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que se iba llenando de agua. (Marcos 4,37)
  • Remaban muy penosamente, porque tenían viento en contra (Marcos 6,48)
  • Se desencadenó sobre el lago un fuerte vendaval; la barca se iba llenando de agua, y ellos corrían peligro. (Lucas 8,23)
  • El mar estaba agitado, porque soplaba un fuerte viento. (Juan 6,18)

Aquella noche angustiosa quedó en el recuerdo de la primera comunidad cristiana (Mateo 14,22-33 / Marcos 4,35-41 y 6,47-52 / Lucas 8,22-25 / Juan 6,16-21). En ella encontraron una imagen del camino de fe de todo creyente, en el que Jesús aparece, finalmente, caminando sobre el océano de nuestros miedos (o despertando de su sueño dentro de la barca, como cuentan Lucas y también Marcos, en su primer relato). Sin embargo, en los relatos de Mateo y de Marcos, la visión de Jesús no acaba de inmediato con la angustia; al contrario, la hace estallar:

Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. «Es un fantasma», dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar.

Pero Jesús les dijo: «Tranquilícense, soy Yo; no teman». (Mateo 14,26-27)

La presencia de Dios en nuestra vida es discreta, suave; se reconoce con la mirada atenta de la fe. Como llegó a entenderlo el profeta Elías, Dios se hace sentir como brisa suave, que rodea suavemente nuestra vida. Cuesta creer que Dios esté tan cerca y presente de una forma tan tenue. Por eso la necesidad de poner a prueba a Dios, pidiendo más señales:

Pedro le respondió: «Señor, si eres Tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua». (Mateo 14,28)

Tratando de caminar sobre las aguas, Pedro descubre que si nos detenemos en la furia del viento, nos hundimos bajo el peso de nuestras angustias; pero si mantenemos la mirada en el Señor y, de último, gritamos y nos agarramos de su mano, el viento se calma y volvemos a creer.

Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?» (Mateo 14,31)

Esta expresión, que suena como un reproche, hay que leerla desde el Evangelio de Mateo, que suaviza expresiones más duras que encontramos en el evangelio de Marcos (4,40; 8,17) y señala el valor de una fe aún tan pequeña como un grano de mostaza (Mateo 17,20). Aún desde nuestra pequeña fe, podemos percibir la suave brisa que nos trae la presencia de Dios y abrir el corazón a su Presencia.

En esta semana

  • El Sábado 8 y Domingo 9 se realiza en nuestra Diócesis la Colecta para el Hogar Sacerdotal. Agradezco a todos su generosa colaboración.
  • Este domingo, 9 de agosto, es el día de Santa María Francisca Rubatto, virgen y fundadora, la primera santa uruguaya. Nacida en Italia, eligió vivir entre nosotros la etapa final de su vida y ser sepultada, como ella dijo, “cerca de sus pobres”.
  • Lunes 10, recordamos a San Lorenzo, diácono y mártir. Saludamos en este día a todos los diáconos permanentes, agradecidos por su ministerio.
  • Martes 11, Santa Clara de Asís. Fiesta en los monasterios de las Clarisas capuchinas y franciscanas. Fecha especialmente importante en este año jubilar franciscano.
  • Miércoles 12, Santa Juana Francisca de Chantal, co fundadora de las hermanas Salesas. Fiesta en el monasterio de la Visitación, en la ciudad de Progreso.
  • El Viernes 14, recordamos a san Maximiliano Kolbe, presbítero y mártir.
  • El Sábado15, celebramos la solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María.

Gracias, amigas y amigos, por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

7 de agosto: San Cayetano, Presbítero


 

De una carta de San Juan Pablo II al superior general de los Teatinos, 7 de agosto de 1980, en el quinto centenario del nacimiento de San Cayetano.

jueves, 6 de agosto de 2026

Los Obispos del Uruguay invitan a participar activamente del encuentro con el Papa León XIV


CARTA DE LOS OBISPOS DEL URUGUAY CON MOTIVO DE LA VISITA DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV

Montevideo, 5 de agosto de 2026

Queridos hermanos y hermanas: 

Con inmensa alegría en el corazón nos dirigimos a ustedes luego de recibir una de las noticias más esperadas para nuestra Iglesia y nuestra patria, la visita apostólica de Su Santidad, el Papa León XIV, que estará en Montevideo, Florida y Paysandú.  

Esta visita es un acontecimiento histórico y un regalo providencial para nuestro país, que nos llena de un profundo gozo. Recibimos al pastor que viene en nombre del Señor a confirmarnos en la fe y a traer un mensaje de paz y de esperanza a todos los uruguayos y a todos los que habitan en nuestra tierra. 

Los convocamos a cada uno de ustedes —niños, adolescentes, jóvenes, adultos, ancianos, familias, comunidades parroquiales y educativas, movimientos, y personas de buena voluntad— a participar activamente de este gran encuentro donde será importante el trabajo y la colaboración de todos.   

Próximamente les estaremos compartiendo los detalles del itinerario oficial, los lugares de los encuentros masivos y las pautas para las inscripciones. 

Los invitamos a prepararnos sobre todo con el corazón. Que la oración ferviente sea el cimiento que disponga nuestra alma para recibir los frutos espirituales que el paso del Papa dejará en nuestra tierra.

Que María, Virgen de los Treinta y Tres, nos acompañe en este camino y nos ayude a disponer el espíritu para recibir al Santo Padre con los brazos abiertos.

Con nuestra bendición y fraterno afecto en el Señor,
Los obispos del Uruguay

miércoles, 5 de agosto de 2026

Transfiguración del Señor. Palabra de Vida. Transfigurar la vida con el amor de Dios. Mateo 17,1-9.


 

6 de agosto de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.

martes, 4 de agosto de 2026

Palabra de Vida. “¡Señor, socórreme!”. Mateo 15,21-28.


 

Miércoles de la XVIII semana durante el año, 5 de agosto de 2026. Dedicación de la Basílica de Santa María, Roma. Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.

Palabra de Vida. Limpia el alma y el corazón. Mateo 15,1-2.10-14.


 

Martes de la XVIII semana durante el año, 4 de agosto de 2026.
San Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars, patrono de los sacerdotes.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.

lunes, 3 de agosto de 2026

San Juan María Vianney: una ordenación complicada.

Con un obispo que no era el suyo, sin presencia de familiares, compañeros y amigos, tras una marcha a pie de varios días, Juan Bautista María Vianney, el futuro "Santo Cura de Ars", recibió la ordenación sacerdotal, el 13 de agosto de 1815.

Algunas de sus peripecias las cuenta Francis Trochu, en su obra "El Santo Cura de Ars", relato que hemos tomado como base, complementado con algunas notas históricas de la época.

sábado, 1 de agosto de 2026

"Denles de comer ustedes mismos" (Mateo 14,13-21). Domingo XVIII durante el año.

2 de agosto: el perdón de Asís.

Como muchos de ustedes saben, en este año 2026 se cumplen ochocientos años de la muerte —o, como decimos en la tradición cristiana, del tránsito— de san Francisco de Asís: su paso de la vida terrena a la vida junto a Dios. Por ese motivo estamos celebrando un año jubilar que toca, en primer lugar, a la familia franciscana, pero que también alcanza a toda la Iglesia.

En ese marco, no podemos dejar pasar la fecha de hoy, en la que la familia franciscana celebra la fiesta de Santa María de los Ángeles. 

A los veintipocos años, Francisco, hijo de un rico comerciante de telas de la ciudad de Asís, sintió el llamado de Jesús a dejar todo lo que el mundo le ofrecía, para vivir en una pobreza radical y dedicarse al anuncio del Evangelio como predicador itinerante. En esos tiempos iniciales, los benedictinos le cedieron un pequeño terreno, que pasó a ser conocido como “la Porciúncula”, palabra que significa, precisamente, una pequeña porción de tierra. Allí había una iglesita muy deteriorada, que Francisco restauró y que llegó a ser la Iglesia Madre de la Orden Franciscana. Un 2 de agosto, aquella humilde iglesia fue dedicada a Santa María de los Ángeles.

En la Porciúncula Francisco recibió a sus primeros seguidores y fundó con ellos la Orden de los Hermanos Menores. En la pequeña iglesia entregó el hábito a Santa Clara, fundando la Orden de las “Damas Pobres”, las Clarisas. Allí se celebraron los primeros capítulos, reuniones de todos los frailes de la Orden y desde allí salieron los franciscanos en misión hacia todos los lugares de la tierra. 

En la Porciúncula, según la tradición, Cristo se apareció a Francisco y le concedió, por intercesión de María, la extraordinaria indulgencia del Perdón de Asís: un privilegio especial que fue reconocido por el papa Honorio III y que quedó unido para siempre a la fecha del 2 de agosto.

Finalmente, muy cerca de la pequeña Iglesia, donde hoy se levanta la capilla del tránsito, Francisco recibió, cantando, a la “hermana muerte corporal”, en la noche del 3 al 4 de octubre de 1226.

Mucho más tarde, en los siglos XVI y XVII se construyó en la Porciúncula la actual basílica Santa María de los Ángeles, dentro de la que quedó albergada la pequeña iglesia.

El 2 de agosto, día del “perdón de Asís”, es posible recibir la indulgencia plenaria, visitando una iglesia franciscana y cumpliendo las condiciones habituales: confesión, comunión y oración por el Santo Padre. En este año jubilar, esta fecha adquiere particular relieve. En nuestra diócesis tenemos una parroquia y un monasterio dedicados a Santa María de los Ángeles; la parroquia, en Ciudad de la Costa y el monasterio de las Clarisas Capuchinas en paraje Echevarría, cerca de Canelones. En esos lugares, así como en otros sitios vinculados a San Francisco y a los santos y santas de la Orden, es posible recibir, durante todo el año jubilar, la indulgencia plenaria.

Domingo XVIII - Denles de comer

Pasemos ahora al Evangelio. En los domingos anteriores veníamos escuchando una sección de parábolas con las que Jesús anuncia el Reino de Dios. Siguiendo la forma en que Mateo organiza su evangelio, después de la enseñanza viene una sección narrativa, donde a la Palabra sigue la acción, acción por la que el Reino se hace visible. 

El evangelio de hoy comienza diciéndonos que Jesús sentía necesidad de alejarse y estar a solas. Esto sucede inmediatamente después de que el rey Herodes mandara matar a Juan el Bautista. No sabemos exactamente qué pasaba por el corazón de Jesús, pero sin duda la muerte de Juan lo había afectado hondamente. Por eso buscaba la soledad, ese lugar de sus más profundos encuentros con el Padre. Sin embargo, su intento de tomar distancia se verá interrumpido:

Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie. Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, sanó a los enfermos. (Mateo 14,13-14)

La compasión que siente Jesús es ese movimiento imparable de atención al prójimo que nos impide encerrarnos en nosotros mismos y nos impulsa a ir hacia el otro, dispuestos a auxiliarlo compartiendo los bienes que tenemos. La actitud compasiva de Jesús toca también a sus discípulos, que parecen asustados ante la idea de tener que hacerse cargo de tantas personas hambrientas y desearían despedirlas:

Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: «Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos». (Mateo 14,15)

Pero Jesús quiere hacer realidad la promesa de Dios que escuchamos en la primera lectura, por boca del profeta Isaías:

¡Vengan a tomar agua, todos los sedientos,
y el que no tenga dinero, venga también!
Coman gratuitamente su ración de trigo,
y sin pagar, tomen vino y leche. (Isaías 55,1)

No se trata de comprar. Se trata de compartir. Y es así que Jesús dice a sus discípulos:

«No es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos». (Mateo 14,16)

Los discípulos señalan que sus recursos son completamente insuficientes: “cinco panes y dos pescados”; pero Jesús les pide que los pongan en sus manos. A continuación, realiza un gesto que anticipa el sacramento de la Eucaristía:

"... después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud." (Mateo 14,19)

El milagro consiste en que unos pocos panes, compartidos fraternalmente y confiados al poder de Dios, no solo alcanzan para todos, sino que incluso sobran, hasta llenar doce canastos.

El pan nuestro de cada día, el alimento que cada persona necesita para saciar su hambre y continuar caminando en esta vida, no debería faltarle a nadie. Jesús sigue diciéndonos hoy, como discípulos suyos, “denles de comer ustedes mismos”, haciendo nuestro su sentimiento de compasión por el hermano que sufre.

A la vez, el pan cotidiano es también el signo bajo el cual Jesús quiso quedarse presente en el Sacramento de la Eucaristía, donde él mismo se ofrece como “pan vivo bajado del Cielo”. Es también ese pan, alimento verdadero, pan de vida eterna, el que cada persona que viene a este mundo está llamada a recibir. A quienes creemos en Jesucristo nos toca transmitir a todos la invitación del Señor a participar, desde ahora, en el Banquete del Reino: “Dichosos los invitados a la cena del Señor”.

En esta semana:

  • Martes 4: San Juan María Vianney, el santo Cura de Ars, patrono de los sacerdotes.
  • Miércoles 5: reunión de la Conferencia Episcopal del Uruguay. Los obispos estamos preparando nuestra visita Ad Limina, es decir la visita a la Santa Sede, que haremos en septiembre y la visita del Papa León XIV a quien recibiremos en noviembre.
  • Jueves 6: Fiesta de la Transfiguración del Señor. En ese día, celebración del Santo Cura de Ars en el Seminario Interdiocesano.
  • Viernes 7: San Cayetano, presbítero, cuya intercesión es tantas veces invocada pidiendo pan y trabajo. Patrono de la capilla de Cella.
  • Sábado 8: Santo Domingo, fundador de la Orden de los Predicadores, los frailes dominicos.

Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

Palabra de Vida. Encontrar la presencia del Amor en el dolor. Mateo 14,1-12.


 

Sábado de la XVII semana durante el año, 1 de agosto de 2026.
S. Alfonso María de Ligorio. 
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.