lunes, 27 de abril de 2026
Palabra de Vida: Saber escuchar viviendo la Palabra. Juan 10,22-30.
Santo Toribio de Mogrovejo, patrono de los obispos de América Latina.
domingo, 26 de abril de 2026
El descubrimiento interior del Don de Dios. Mensaje del Papa en la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones 2026.
El descubrimiento interior del don de Dios
MENSAJE DEL SANTO PADRE LEÓN XIV PARA LA LXIII JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES
IV Domingo de Pascua - 26 de abril de 2026
Queridos hermanos y hermanas, queridos jóvenes:
Guiados y custodiados por Jesús Resucitado, en el IV domingo de Pascua, llamado “domingo del buen Pastor”, celebramos la LXIII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Es un momento de gracia para compartir algunas reflexiones sobre la dimensión interior de la vocación, entendida como descubrimiento del don gratuito de Dios que florece en lo profundo del corazón de cada uno de nosotros. Recorramos pues juntos el camino de una vida verdaderamente hermosa, que el Pastor nos muestra.
El camino de la belleza
En el Evangelio de Juan, Jesús se define literalmente el «pastor bello» (ὁ ποιμὴν ὁ καλός) ( Jn 10,11). La expresión hace referencia a un pastor perfecto, auténtico, ejemplar, en cuanto está dispuesto a dar la vida por sus ovejas, manifestando de ese modo el amor de Dios. Es el Pastor que cautiva; quien lo mira descubre que la vida es realmente hermosa si lo sigue. Para conocer esta belleza no son suficientes los ojos del cuerpo o criterios estéticos; se necesita contemplación e interioridad. Sólo quien se detiene, escucha, reza y acoge su mirada puede decir con confianza: “Me fío, con Él la vida puede ser verdaderamente hermosa, quiero recorrer el camino de esta belleza”. Y lo más extraordinario es que, convirtiéndonos en sus discípulos, a su vez nos volvemos “bellos”; su belleza nos transfigura. Como escribe el teólogo Pável Florenski, la ascética no hace al hombre “bueno”, sino al hombre “bello”. [1] El rasgo que distingue a los santos, además de la bondad, es la belleza espiritual deslumbrante que irradia quien vive en Cristo. Así, la vocación cristiana se revela en toda su profundidad: participar de su vida, compartir su misión y resplandecer de su misma belleza.
Esta comunicación interior de vida, de fe y de sentido fue también la experiencia de san Agustín, el cual, en el libro tercero de las Confesiones, mientras declara y confiesa sus pecados y errores juveniles, reconoce a Dios «más interior que lo más íntimo mío». [2] Más allá de la conciencia de sí mismo, descubre la belleza de la luz divina que lo guía en la oscuridad. Agustín atisba la presencia de Dios en lo más interior de su alma, y eso implica haber comprendido y vivido la importancia del cuidado de la interioridad como espacio de relación con Jesús, como camino para experimentar la belleza y la bondad de Dios en su propia vida.
Dicha relación se construye en la oración y en el silencio y, si se cultiva, nos abre a la posibilidad de acoger y vivir el don de la vocación, que nunca es una imposición o un esquema prefijado al que simplemente hay que adherir, sino un proyecto de amor y de felicidad. En la pastoral vocacional y en el compromiso siempre nuevo de la evangelización es urgente volver a partir del cuidado de la interioridad.
En este espíritu, invito a todos —familias, parroquias, comunidades religiosas, obispos, sacerdotes, diáconos, catequistas, educadores y fieles laicos— a comprometerse cada vez más a crear contextos favorables con el fin de que este don pueda ser acogido, alimentado, custodiado y acompañado para dar fruto abundante. Sólo si nuestros ambientes brillan por la fe viva, la oración constante y el acompañamiento fraterno, la llamada de Dios podrá surgir y madurar, convirtiéndose en camino de felicidad y salvación para cada uno de nosotros y para el mundo. Recorriendo el camino que Jesús, el Pastor bello, nos indica, aprendemos entonces a conocernos mejor a nosotros mismos y a conocer más de cerca a Dios que nos ha llamado.
Conocimiento mutuo
«El Señor de la vida nos conoce e ilumina nuestro corazón con su mirada de amor». [3] Toda vocación, en efecto, surge de la conciencia y la experiencia de un Dios que es Amor (cf. 1 Jn 4,16). Él nos conoce profundamente, ha contado los cabellos de nuestra cabeza (cf. Mt 10,30) y ha pensado un camino único de santidad y de servicio para cada uno. Pero este conocimiento debe ser siempre mutuo; estamos llamados a conocer a Dios por medio de la oración, de la escucha de la Palabra, de los sacramentos, de la vida de la Iglesia y de la entrega a los hermanos y a las hermanas. Como el joven Samuel que, durante la noche, quizá de manera inesperada, oyó la voz del Señor y aprendió a reconocerla con la ayuda de Elí (cf. 1 Sam 3,1-10), así también nosotros debemos crear espacios de silencio interior para intuir lo que el Señor tiene en su corazón para nuestra felicidad. No se trata de un saber intelectual abstracto o de un conocimiento académico, sino de un encuentro personal que transforma la vida. [4] Dios habita en nuestro corazón; la vocación es un diálogo íntimo con Él, que nos llama —a pesar del ruido en ocasiones ensordecedor del mundo— y nos invita a responder con verdadera alegría y generosidad.
« Noli foras ire, in te ipsum redi, in interiore homine habitat veritas – No quieras derramarte fuera; entra dentro de ti mismo, porque en el hombre interior reside la verdad». [5] Una vez más, san Agustín nos recuerda lo importante que es aprender a detenerse y a construir espacios de silencio interior para poder escuchar la voz de Jesucristo.
Queridos jóvenes, ¡escuchen esa voz! Escuchen la voz del Señor que los invita a vivir una vida plena, realizada, haciendo fructificar los propios talentos (cf. Mt 25,14-30) y clavando en la cruz gloriosa de Cristo los propios límites y debilidades. Por lo tanto, dediquen tiempo a la adoración eucarística, mediten asiduamente la Palabra de Dios para vivirla cada día, participen activa y plenamente en la vida sacramental y eclesial. De este modo conocerán al Señor y, en la intimidad propia de la amistad, descubrirán cómo entregarse a los demás, en el camino del matrimonio, o del sacerdocio, o del diaconado permanente, o en la vida consagrada, religiosa o seglar: toda vocación es un don inmenso para la Iglesia y para quien la acoge con alegría. Conocer al Señor significa sobre todo aprender a confiar en Él y en su Providencia, que sobreabunda en toda vocación.
Confianza
Del conocimiento nace la confianza, actitud que es hija de la fe, esencial tanto para acoger la vocación como para perseverar en ella. La vida, en efecto, se revela como un continuo confiar y encomendarse al Señor, aun cuando sus planes cambien los nuestros.
Pensemos en san José, que, a pesar del inesperado misterio de la maternidad de la Virgen, confió en el sueño divino y acogió a María y al Niño con corazón obediente (cf. Mt 1,18-25; 2,13-15). José de Nazaret es un icono de confianza total en el designio de Dios: confió incluso cuando todo a su alrededor parecía ser tiniebla y negatividad, cuando las cosas parecían andar en dirección opuesta a lo previsto. Él se fio y confió, seguro de la bondad y la fidelidad del Señor. «En cada circunstancia de su vida, José supo pronunciar su “ fiat”, como María en la Anunciación y Jesús en Getsemaní». [6]
Como nos ha enseñado el Jubileo de la Esperanza, es necesario cultivar una confianza firme y estable en las promesas de Dios, sin ceder nunca a la desesperación, superando miedos e incertidumbres, con la certeza de que el Resucitado es Señor de la historia del mundo y de nuestra historia personal. Él no nos abandona en las horas más oscuras, sino que viene a disipar todas nuestras tinieblas con su luz. Y precisamente gracias a la luz y a la fuerza de su Espíritu, también atravesando pruebas y crisis, podemos ver madurar nuestra vocación, reflejar cada vez más la belleza de Aquel que nos ha llamado, una belleza hecha de fidelidad y confianza, a pesar de las heridas y las caídas.
Maduración
La vocación, en efecto, no es una meta estática, sino un proceso dinámico de maduración, favorecido por la intimidad con el Señor. Estar con Jesús, dejar actuar al Espíritu Santo en los corazones y en las situaciones de la vida y releer todo a la luz del don recibido significa crecer en la vocación.
Como la vid y los sarmientos (cf. Jn 15,1-8), así toda nuestra existencia debe constituirse como un vínculo fuerte y esencial con el Señor, para convertirse en una respuesta cada vez más plena a su llamada, a través de las pruebas y las podas necesarias. Los “lugares” donde se manifiesta mayormente la voluntad de Dios y se hace experiencia de su amor infinito son a menudo los vínculos auténticos y fraternos que somos capaces de instaurar durante nuestra vida. Qué valioso es tener un buen guía espiritual que acompañe el descubrimiento y el desarrollo de nuestra vocación. Qué importantes son el discernimiento y el seguimiento a la luz del Espíritu Santo, para que una vocación pueda realizarse en toda su belleza.
La vocación, por tanto, no es una posesión inmediata, algo “dado” de una vez por todas; es más bien un camino que se desarrolla análogamente a la vida humana, en el cual el don recibido, además de ser cuidado, debe alimentarse de una relación cotidiana con Dios para poder crecer y dar fruto. «Esto es valioso, porque sitúa toda nuestra vida de cara al Dios que nos ama, y nos permite entender que nada es fruto de un caos sin sentido, sino que todo puede integrarse en un camino de respuesta al Señor, que tiene un precioso plan para nosotros». [7]
Queridos hermanos y hermanas, queridos jóvenes, los animo a cultivar su relación personal con Dios a través de la oración cotidiana y la meditación de la Palabra. Deténganse, escuchen, confíen; de ese modo, el don de su vocación madurará, los hará felices y dará frutos abundantes para la Iglesia y para el mundo.
Que la Virgen María, modelo de acogida interior del don divino y maestra de la escucha orante, los acompañe siempre en este camino.
Vaticano, 16 de marzo de 2026
LEÓN PP. XIV
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[1] «Y de hecho la ascética no está dirigida a formar un hombre “bueno”, sino bello; el rasgo característico de los santos ascetas no es en modo alguno la “bondad”, que se encuentra también en hombres carnales, incluso en pecadores habituales: es la belleza espiritual, la belleza deslumbradora de una persona resplandeciente, portadora de luz. Esta belleza es inaccesible para la inercia del hombre carnal» (P. Florenski, La columna y el fundamento de la verdad, Salamanca 2010, 113).
[2] S. Agustín, Confesiones, III, 6, 11: CSEL 33, 53.
[3] Carta ap. Una fidelidad que genera futuro (8 diciembre 2025), 5.
[4] Cf. Benedicto XVI, Carta enc. Deus caritas est (25 diciembre 2005), 1.
[5] S. Agustín, De la verdadera religión, XXXIX, 72: CCSL 32, 234.
[6] Francisco, Carta ap. Patris corde (8 diciembre 2020), 3.
[7] Francisco, Exhort. ap. postsin. Christus vivit (25 marzo 2019), 248.
sábado, 25 de abril de 2026
La voz y la puerta. Juan 10,1-10. IV Domingo de Pascua - El Buen Pastor.
Seguimos avanzando en nuestro camino en este tiempo de Pascua y nos encontramos con el Buen Pastor, figura de Jesús que marca cada año este cuarto domingo, que es también la jornada mundial de oración por las vocaciones.
La expresión “buen pastor” está profundamente arraigada y es difícil que la cambiemos, pero es bueno saber que la traducción más exacta sería “el pastor bello”, “el pastor hermoso”. Así lo ha recordado León XIV en su mensaje para esta jornada de oración en el que dedica varios párrafos al camino de la belleza para el encuentro con Dios. Dice el Papa:
El “pastor bello” (…) hace referencia a un pastor perfecto, auténtico, ejemplar, en cuanto está dispuesto a dar la vida por sus ovejas, manifestando de ese modo el amor de Dios. Es el Pastor que cautiva; quien lo mira descubre que la vida es realmente hermosa si lo sigue. (León XIV, Mensaje LXIII jornada de las vocaciones)
En la iconografía cristiana de los primeros tiempos, esa idea del pastor bello aparece reflejada en las pinturas y esculturas que representan de esa forma a Jesús. La imagen es plasmada en una figura joven, ideal. Recordemos que llevó algunos siglos llegar a representar a Jesús crucificado y no fue desde el principio que la imagen de su sufrimiento incorporara verdadero realismo.
Hablar de belleza, sobre todo si nos referimos a una persona, parece algo superficial, trivial… nos hace pensar en maquillajes o en gimnasios; sin embargo, no se trata de la belleza física. En todo caso, la hermosura exterior tiene sentido si es reflejo de una belleza interior, que no se puede apreciar con los ojos ni con criterios estéticos, si no por medio de la contemplación y de la interioridad. El seguimiento fiel de Jesús no solo puede hacernos buenos, sino también “bellos”. Sigue diciendo el Papa León:
El rasgo que distingue a los santos, además de la bondad, es la belleza espiritual deslumbrante que irradia quien vive en Cristo. Así, la vocación cristiana se revela en toda su profundidad: participar de su vida, compartir su misión y resplandecer de su misma belleza. (León XIV, Mensaje LXIII jornada de las vocaciones)
Es interesante recordar la dificultad que sienten los discípulos, hombres y mujeres, para reconocer a Jesús resucitado, a pesar de que sigue llevando en sus manos, sus pies y su costado las marcas de la pasión. No es suficiente la mirada que solo puede ver lo exterior: es necesaria la mirada de la fe.
Tenemos todavía en la memoria el evangelio de la mañana de Pascua, en el que María Magdalena toma a Jesús por el jardinero.
Digamos, de paso, que esa confusión nos recuerda el jardín del Edén y el hombre colocado allí “para que lo cultivara y lo cuidara” (Génesis 2,15). Jesús resucitado es el jardinero y el pastor de nuestras almas (Cf. 1 Pedro 2,25).
Pero lo que nos interesa aquí es cómo, finalmente, María reconoce a Jesús: es cuando él la llama por su nombre: “¡María!”. A continuación, la Magdalena recibe la misión de anunciar a los discípulos que Jesús ha resucitado (Juan 20,16-17).
Con esta referencia, nos encontramos con nuestro evangelio de hoy:
(El pastor de las ovejas) llama a las suyas por su nombre y las hace salir. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz.» (Juan 10,3-5)
María se sintió llamada por su nombre y reconoció la voz. El evangelio de Juan tiene otros dos momentos en que alguien es llamado por su nombre. El primero, en verdad, es Lázaro, llamado, nada menos, que a salir del sepulcro:
(Jesús) gritó con voz fuerte: «¡Lázaro, ven afuera!» (Juan 11,43)
La otra instancia la encontramos al final del evangelio y es el llamado a Pedro a continuar la misión de Jesús como pastor. Tres veces Jesús se dirige a él, llamándolo por su nombre, Simón, preguntándole si lo ama y encomendándole su rebaño:
Le preguntó por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?». Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas». (Juan 21,17)
Lázaro, María y Simón Pedro reconocen la voz de Jesús y lo siguen. Distinguen esa voz de cualquier otra y siguen al pastor. ¿Hacia dónde? Aquí aparece la otra imagen de este pasaje del evangelio:
Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento. El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero Yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia.» (Juan 10,9-10).
Vida en abundancia… esa es la promesa del Pastor bello. Una vida que responda a nuestros anhelos más profundos de felicidad, de plenitud. A esa promesa se contrapone la amenaza de la violencia del “ladrón” que roba, mata y destruye. El comportamiento del pastor es lo opuesto: viene a dar vida y vida en abundancia.
En el evangelio de Mateo, Jesús trae también la imagen de la puerta.
Es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que van por allí. (Mateo 7,13)
Jesús nos advierte sobre esas puertas anchas que parecen tan atractivas, pero que no son sino trampas, agujeros que se abren sobre abismos de muerte.
Al contrario, Jesús llama a buscar y reconocer la puerta de la vida:
Entren por la puerta estrecha (…) es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva a la Vida, y son pocos los que lo encuentran. (Mateo 7,13-14)
En definitiva, Jesús es la puerta: la puerta estrecha. Por allí se entra renunciando a sí mismo y viviendo el amor desinteresado por los demás. Pero es la puerta que conduce a la vida, a la vida, que es el mismo Jesús.
Primero de mayo: San José Obrero, Día de los Trabajadores.
El próximo viernes es primero de mayo, día de los trabajadores, fiesta de San José Obrero. Como cada año en esta fecha, los obispos saludamos a todas las personas que participan en el mundo del trabajo.
En estos tiempos de inteligencia artificial, que no deja de ser una oportunidad pero que también amenaza muchos puestos de labor, vale la pena recordar una expresión del papa León XIII en su encíclica Rerum Novarum. Él habla de “una a modo de huella” (RN 7) que la persona deja impresa cuando aplica su habilidad intelectual y sus fuerzas corporales para transformar el mundo.
Décadas después, san Juan Pablo II tomaría y desarrollaría esa intuición en su encíclica sobre “el trabajo humano” (Laborem Excercens). Creemos que siempre habrá “trabajo humano”. Aunque la máquina pueda aprender y producir con gran perfección, nada puede sustituir totalmente a cada persona humana, completamente única, que viene a este mundo y que está llamada -para bien- a dejar en él su propia huella.
Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.
Palabra de Vida: Revestirnos de humildad en nuestras relaciones. 1 Pedro 5,5b-14. San Marcos Evangelista.
jueves, 23 de abril de 2026
Palabra de Vida: “El que coma de este pan vivirá eternamente” (Juan 6,51-59).
Palabra de Vida: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo”. Juan 6,44-51.
martes, 21 de abril de 2026
Palabra de Vida: “El que viene a mí jamás tendrá hambre”. (Juan 6,35-40)
Nuestra Señora del Verdún, 1901-2026 - 125 años de una devoción uruguaya.
125 años de peregrinaciones (1901-1926)
Desde hace más de un siglo, cada 19 de abril, la Virgen del Verdún convoca a miles de peregrinos que acuden desde todo el Uruguay a subir al cerro en cuya cima se encuentra un templete coronado por la imagen de María Inmaculada.El Verdún es un cerro que se encuentra en proximidades de la ciudad de Minas, capital del departamento de Lavalleja. Este año 2026, en que el 19 de abril coincide con el domingo, es una buena ocasión para conocer algo más de esta expresión de fe que puede resultar sorprendente en un país muy marcado por su laicidad y a veces hasta por lo que parece una actitud de indiferencia ante lo religioso.
La Iglesia en el Uruguay
Para ubicarnos en el marco de la Iglesia en el Uruguay, recordemos brevemente algunos momentos históricos.En 1878 el santo padre León XIII creó la diócesis de Montevideo, que abarcaba todo el Uruguay, siendo su primer obispo el beato Jacinto Vera.
En 1897 el mismo papa creó la provincia eclesiástica del Uruguay. Montevideo, como cabeza, pasó a ser arquidiócesis y se separaron de ella las diócesis de Salto y Melo. Mons. Mariano Soler, discípulo de Vera, fue el primer arzobispo.
Las circunstancias políticas de la época no permitieron que se nombraran los obispos de Melo y de Salto, de modo que Mons. Soler siguió al frente del conjunto de la Iglesia en el Uruguay.
En todo caso, el departamento de Lavalleja seguía siendo parte de la arquidiócesis de Montevideo.
El P. De Luca y la primera imagen
Y aquí corresponde introducir a una importante figura en esta historia, que fue el P. José de Luca, párroco de Minas desde noviembre de 1891 a abril de 1906.Su espíritu innovador y entusiasta concibió la idea, en el año 1900, de colocar una estatua de la Virgen en uno de los cerros que rodean la ciudad.
«La imagen se traerá de Montevideo y se colocará sobre una columna de seis metros de alto…»
El 2 de Setiembre decía el periódico local La Paz Católica:
«La estatua de la Virgen que se pensaba colocar en el cerro Arequita, será puesta sobre la cumbre del Verdún. Se proyecta una romería, una gran peregrinación para el día de la inauguración».El mismo diario, algunos días después, especifica el motivo inspirador de la colocación de la imagen en la cumbre del Cerro Verdún:
«Será un cristiano recuerdo del siglo XIX y en los albores del XX, será un homenaje a Cristo Redendor y a su Inmaculada Madre y el primer acto de esta índole que se realiza en la República y que honra mucho a nuestro Departamento» (7.10.1900).
Juan Bautista Berdum y los esposos Dartayete
El cerro del Verdún tomó su nombre del primer poblador del paraje: un vasco francés de nombre Juan Bautista Berdum, que recibió esos campos en 1801.En el año 1900 eran propietarios del Cerro Doña María Ariza de Dartayete y su esposo Don Pedro Dartayete.
El Padre De Luca les solicitó permiso para colocar una estatua de la Virgen en la cumbre. Doña María Ariza secundó y ayudó la Obra del Verdún, facilitando su casa para dejar la estatua conseguida en Montevideo, hasta su colocación. Prestó además su carreta para subir los materiales para el pedestal.
El mismo día que en la plaza principal de Minas se abrían los cimientos del grandioso monumento a Lavalleja, del Escultor Ferrari, sobre la cumbre del Cerro del Verdún se colocaban las primeras piedras del sencillo pedestal en honor de María Inmaculada.
La Inauguración: 21 de abril de 1901
En 1901, antes de la inauguración, en la revista «Industria y Comercio» de Montevideo figuraba lo siguiente:“Uno de los panoramas más hermosos que ofrece la ciudad de Minas es, sin duda alguna, la vista del cerro del Verdún, con sus 360 metros de altitud. Desde la cima se contempla la más hermosa vista de la ciudad de Minas y las sierras que la circundan.Desde el comienzo la festividad se programó para el día 19 de Abril por ser el día del desembarco de los Treinta y tres Orientales, dirigidos por Juan A. Lavalleja (nacido en Minas). La fiesta vincula así la gesta-patria de la independencia (1825) con el patrocinio de la Virgen María.
Por iniciativa del Cura Párroco, Don José De Luca, el 19 de Abril próximo se inaugurará una hermosa estatua de la Virgen, sobre un pedestal. La importante iniciativa está llamada a influir muy favorablemente en el progreso moral y material de la capital minuana…”
Sin embargo, debido a la gran lluvia del día 19, la inauguración se realizó el domingo 21 de Abril de 1901. Vino una gran peregrinación de Montevideo en tren expreso. Entonces no existían carreteras ni autos.
La peregrinación fue presidida por Mons. Mariano Soler. Después de la Misa campal, el Arzobispo bendijo el pedestal. Asistieron más de 3.000 peregrinos. Desde entonces, con algunas interrupciones, se siguieron las peregrinaciones hasta nuestros días.
El Papa León XIII concede indulgencia plenaria
El año siguiente el Papa León Xlll concedía a los peregrinos del Verdún la Indulgencia Plenaria:«Habiéndose colocado, según hemos sabido, la imagen de la Bienaventurada Virgen María Inmaculada en su Concepción, sobre la cumbre del cerro “Verdún” que mira a la ciudad de Minas en la jurisdicción de la Arquidiócesis de Montevideo…
Nos, para aumentar la religión de los fieles y salud de las almas, con piadosa caridad, usando los celestes tesoros de la Iglesia concedemos misericordiosamente en el Señor, “indulgencia plenaria y remisión de todos sus pecados a todos y a cada uno de los fieles cristianos de ambos sexos que visitaren dicha imagen en un día del año elegible al arbitrio de cada cual…” (Dado en Roma el 10-12-1902).
El proyecto de Mons. Soler
El año 1906, Mons. Soler encargó al Arquitecto Cayetano Bringas un proyecto de Monumento a la Virgen en la cumbre del Verdún. Proyectó tres grandes pilastrones que representarían las tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. Iban rematados por ángeles con los símbolos de las virtudes. El todo formaba una pirámide de base triangular, símbolo de la plegaria que asciende y encima, un globo terráqueo de cinco metros, sostenido por tres ángeles cuyas alas abiertas medían siete metros, y la estatua de la Inmaculada de nueve metros de alto. Total altura del monumento: 45 metros.El fallecimiento inesperado del Arzobispo hizo que la obra se detuviera.
La construcción del actual templete
Al año siguiente del fallecimiento de Mons. Soler, el día 4 de Junio de 1907 se colocó la piedra fundamental, pero no hubo luego ningún avance. En 1909 se decidió construir el monumento, tomando como base el citado proyecto, pero reduciéndolo a un tercio.Fue encomendado al ingeniero Andrés Rius, radicado en Minas.
El 18 de Noviembre de 1909 una numerosa peregrinación en tren expreso trajo la estatua actual que mide 3 metros 15 de alto, costó 7000 pesos y fue traída de Francia.
Mons. Ricardo Isasa, administrador apostólico de la arquidiócesis, bendijo la imagen.
El 19 de Abril de 1910 se inauguró el Templete actual con una grandiosa fiesta.
En 1915 la imagen de la Virgen fue coronada y en 1926 se agregó al templete la protección de un pararrayos.
El Padre Oscar Andrade colocó la piedra fundamental de la primitiva capilla en la falda del cerro, en enero de 1943.
El Via Crucis y la tumba del P. Olegario María Núñez
Siendo Párroco el Padre Andrade, la sucesión Dartayete ofreció en venta la parte que ocupa actualmente el camino, adquisición que felizmente se llevó a cabo. El año 1947 por su iniciativa se construyeron las estaciones del Via Crucis, costeado por familias y comercios de Minas.La Diócesis de Minas
En 1960 fue creada la diócesis de Minas y Mons. José María Cavallero fue su primer obispo.Con el mismo entusiasmo que los anteriores, el Párroco Mons. Meny y Mons. Cavallero comenzaron a construir el camino de ascensión. Se llevó a cabo la instalación eléctrica y se perforó un pozo artesiano.
La obra de Mons. Mullin
Mons. Carlos Mullin, tercer Obispo de Minas, dio un paso gigante en todo lo que se refiere a convertir el Verdún en un centro de oración. Primero hizo construir una nueva Capilla mirando hacia la cumbre del Cerro (1975). Desde ella se contempla a la Virgen mientras se celebra y en caso de grandes peregrinaciones, la cuesta sirve de anfiteatro y al aire libre se puede seguir la Misa.Mons. Fuentes y la capilla de la Misericordia
Mons. Jaime Fuentes, último obispo de Minas, agregó una capilla a un costado de la cumbre del cerro. Construida en piedra, está presidida por una hermosa imagen de la piedad y está dedicada a María, Madre de la Misericordia.La celebración anual de la fiesta, el 19 de Abril, reúne más de 80 000 peregrinos. Muchas veces han participado en pleno los Obispos del Uruguay
A lo largo del año, sobre todo en los domingos de verano, son muchos los peregrinos que suben a la cumbre del Verdún para venerar a la Virgen.
Santuario Nacional y nueva Diócesis
Por la afluencia ininterrumpida de peregrinos desde 1901, la Conferencia Episcopal del Uruguay, mediante un Decreto del 15 de abril de 2010, erigió el santuario del Verdún, hasta entonces de carácter diocesano a la categoría de Santuario Nacional de Nuestra Señora del Verdún.En 2020 la diócesis de Minas fue unida a la diócesis vecina, tomando la nueva diócesis el nombre oficial de “Maldonado – Punta del Este – Minas” y abarcando en su territorio la totalidad de los departamentos de Lavalleja, Maldonado y Rocha.
Oración a María Inmaculada
Santísima Virgen:
Yo creo y confieso
tu santa e Inmaculada Concepción
pura y sin mancha.
¡Oh, purísima Virgen!
Por tu pureza virginal,
tu Inmaculada Concepción
y tu gloriosa cualidad
de Madre de Dios,
alcánzame de tu amado Hijo,
la humildad, la caridad,
una gran pureza de corazón,
de cuerpo y de espíritu;
una santa perseverancia en el bien,
el don de la oración,
una buena vida
y una santa muerte.
Así sea.
Oh, María, concebida sin pecado,
ruega por nosotros
que recurrimos a ti.
Amén.