sábado, 9 de mayo de 2026

Razón de nuestra esperanza. 1 Pedro 3,15. VI Domingo de Pascua.

En Uruguay y otro países hoy se festeja el Día de la Madre: empecemos, entonces, por agradecer y recordar a todas las mamás: las que nos gestaron y nos dieron a luz o a las mamás del corazón o a las que han vivido o viven la maternidad espiritual. Feliz día a todas ellas.

Vamos llegando al final de este tiempo Pascual. El próximo domingo celebraremos la Ascensión y el siguiente Pentecostés. En las lecturas de hoy, algo me ha llamado la atención; no porque no conociera este pasaje, que muchos habremos oído citar más de una vez, sino porque está ubicado aquí, mirando hacia la venida del Espíritu Santo. Está tomado de la primera carta de Pedro y dice así:

Estén siempre dispuestos a defenderse delante de cualquiera que les pida razón de la esperanza que ustedes tienen. (1 Pedro 3,15)

“Dar razón de nuestra esperanza”. Es una expresión que da fundamento a lo que llamamos la apologética, palabra que surge precisamente de este pasaje de Pedro, que utiliza la palabra griega ἀπολογίαν (apologian) que traducimos como “defensa”. Se trata de defender y justificar la fe y la verdad del cristianismo por medio de la razón.

Entre los padres de la Iglesia que tomaron a su cargo esa tarea, destaca la figura de San Justino, en el siglo II. De sus muchos escritos, se conservan dos Apologías dirigidas al Emperador Antonino Pío y el Diálogo con el judío Trifón, en el que defiende la fe cristiana frente a las objeciones del judaísmo. En estas obras, además de razonamientos filosóficos, San Justino explica la fe y la forma de vida a la que están llamados quienes han creído en Cristo.

Sin embargo, notemos que Pedro no habla de dar razón de la fe, sino de dar razón de la esperanza. Lo primero nos llevaría a explicar en qué creemos, por qué creemos, lo que no deja de ser útil y necesario; pero lo segundo nos pone en otra proyección, porque la esperanza está puesta en lo invisible. Podemos tener en nuestra vida muchas esperanzas, metas razonables, que podremos alcanzar poniendo los medios necesarios; pero la esperanza cristiana va mucho más allá de nuestras fuerzas. Va más allá de esta vida que conocemos, porque es una esperanza de vida eterna, de participación en la vida de Cristo Resucitado, que solo podemos recibir de Él.

En el Evangelio, Jesús habla de la venida del Espíritu Santo:

Yo rogaré al Padre, y Él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes. (Juan 14,16)

Paráclito, lo hemos dicho otras veces, puede traducirse como “abogado”, especialmente en el rol de defensor. Si se trata de defensa de la fe y de la esperanza, de hacer apologética en ese sentido, el Espíritu Santo está a nuestro lado para darnos luz y fortaleza en los momentos de prueba.

Pero la fe y al esperanza no son solo virtudes que tenemos que defender de ataques ajenos. A veces, la mayor batalla que tenemos que presentar es contra nosotros mismos, contra las tentaciones de la desesperanza y del desencanto. La desesperanza es esa manera de mirar la vida como algo en lo que ya nada puede cambiar. Algo así como decir “está todo mal… y así va a seguir, indefinidamente…” La desesperanza es desmovilizadora. La desesperación -que es otra cosa- es el sentimiento de que “esto no puede seguir así” y nos lleva a hacer algo, lo que sea. Bien encauzada, la desesperación tiene una gran fuerza… y, en este día, que nos lo cuenten las madres desesperadas que lucharon contra viento y marea con tal de salvar a sus hijos. La desesperanza, en cambio, nos deja en la apatía, la indiferencia, el resentimiento.

¿Qué nos trae el Espíritu Santo? Jesús subraya su presencia. A los discípulos, el Padre les dará otro Paráclito; otro, porque el que los discípulos tenían era Jesús, y Jesús se va, ya no va a estar con ellos. A ellos y a nosotros, Jesús nos promete:

Él permanece con ustedes y estará en ustedes. (Juan 14,17)

El Espíritu, entonces, no solo estará -está- junto a nosotros, sino también en nosotros.

Dentro de quince días, al celebrar Pentecostés, vamos a escuchar el relato de ese acontecimiento en que el Espíritu Santo se manifiesta como viento y fuego.

El Espíritu Santo es el “soplo de Dios viviente”. El viento del Espíritu es el que puede llevar “mar adentro” la barca de la Iglesia para que siga realizando su misión de anunciar el Evangelio. Pero la misión de la Iglesia no se realiza únicamente con los mensajes y los viajes del Papa; la misión de la Iglesia se realiza en el día a día, en la vida de nuestras comunidades… y ahí, pronto nos preguntamos a quién, cómo, dónde, llevar el Evangelio.

Allí juega otro rol el Espíritu Santo: ayudarnos en el discernimiento. El libro de los Hechos de los Apóstoles nos cuenta, entre otras intervenciones del Espíritu Santo, el momento en que dos miembros de la comunidad son enviados en misión:

Un día, mientras celebraban el culto del Señor y ayunaban, el Espíritu Santo les dijo: «Resérvenme a Saulo y a Bernabé para la obra a la cual los he llamado».
Ellos, después de haber ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron.
(Hechos 13,2-3)

Para cumplir su misión, con la ayuda del Espíritu Santo, el Pueblo de Dios, 

… procura discernir en los acontecimientos, exigencias y deseos, de los cuales participa juntamente con sus contemporáneos, los signos verdaderos de la presencia o de los planes de Dios. (Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes, 11)

Hoy la Iglesia nos propone un método de discernimiento: la conversación en el Espíritu. Sus pasos son sencillos; pero su efectividad está basada en realizarlos en un clima de oración y de apertura al Espíritu. Los Consejos pastorales, las pequeñas comunidades, los grupos podrán encontrar muchas luces del Espíritu poniéndolo en práctica de esa forma.

No pienso solamente en comunidades que tienen vida y movimiento, sino también en comunidades que se han ido reduciendo y envejeciendo… El Espíritu Santo no deja de acudir donde lo invoquemos, llevando su fuego que devuelve ardor al corazón y abre impensados caminos de misión. Él se hace así razón de nuestra esperanza.

En esta semana

Miércoles 13, Nuestra Señora de Fátima

Jueves 14, San Matías, apóstol

Viernes 15, San Isidro Labrador, quien junto a su esposa María Toribia vivió en santidad la vida de trabajo y familia. Un santo muy querido en nuestra Diócesis.

Cuidado y prevención

Sábado 16, San Luis Orione, uno de los santos que plantó sus pies en nuestra Diócesis. A él está dedicada la parroquia de La Floresta.

El sábado 16 y el domingo 17, tendremos en Montevideo el segundo encuentro nacional de cultura del cuidado, para la prevención de abusos en la Iglesia. Oremos por todos los participantes y sobre todo, por la sanación de quienes han sido víctimas y para que nadie más tenga que sufrir esas dolorosas situaciones.

Gracias, amigas y amigos, por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Palabra de Vida: Abrazar la Palabra viviendo la Esperanza. Juan 15,18-21


9 de mayo de 2026, sábado de la V semana de Pascua.

Reflexión tomada del discurso del papa Benedicto XVI en la Casa Madre de la Fazenda de la Esperanza, Guaratinguetá, Estado de San Pablo, Brasil, 12 de mayo de 2007.

Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

viernes, 8 de mayo de 2026

Los Obispos uruguayos saludan al Papa León XIV en el primer aniversario de su elección y le manifiestan su comunión y apoyo.


Montevideo, 8 de mayo de 2026.

Su Santidad León XIV
Santa Sede

Santidad:

En el primer aniversario de su elección a la Cátedra de San Pedro, los obispos del Uruguay queremos hacerle llegar nuestro más afectuoso saludo.

Al mismo tiempo, queremos manifestarle nuestra adhesión y confianza en su servicio de confirmarnos en la fe, particularmente en el anuncio de la Paz que el Señor nos ofrece, tal como lo ha expresado Ud. en su saludo inicial y en numerosos gestos y palabras.

Dios mediante, nos estaremos encontrando con Ud. en la visita Ad Limina Apostolorum de nuestra Conferencia Episcopal, prevista para septiembre. Asimismo, esperamos tener la alegría de recibirlo en nuestra tierra.

Le pedimos su bendición y encomendamos su ministerio, nuestro encuentro y esa esperada visita, a Nuestra Señora, la Virgen de los Treinta y Tres y al Beato Jacinto Vera, nuestro primer obispo, infatigable misionero.

Con filial afecto,

Los Obispos del Uruguay.

+ Milton Tróccoli, Obispo de Maldonado-Punta del Este-Minas
Presidente de la CEU
+ Cardenal Daniel Sturla, Arzobispo de Montevideo
Vicepresidente de la CEU
+ Heriberto Bodeant, Obispo de Canelones
Secretario General de la CEU

Palabra de Vida: Permanecer en el amor recíproco. (Juan 15,12-17)


 

8 de mayo de 2026, viernes de la V semana de Pascua.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

jueves, 7 de mayo de 2026

Palabra de Vida: Permanecer en el amor de Dios. Juan 15,9-11.


 

7 de mayo de 2026, jueves de la V semana de Pascua.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

miércoles, 6 de mayo de 2026

Palabra de Vida: Permanecer en la Palabra. Juan 15,1-18.


 

6 de mayo de 2026, miércoles de la V semana de Pascua.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar

lunes, 4 de mayo de 2026

Palabra de Vida: Permanecer en paz. Juan 14,27-31a.


 

5 de mayo de 2026, martes de la V semana de Pascua.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

El Paráclito les enseñará todo (Juan 14,21-26)


 

4 de mayo de 2026, lunes de la V semana de Pascua.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

domingo, 3 de mayo de 2026

Palabra de Vida: “No se inquieten”. (Juan 14,1-12)


 


3 de mayo de 2026, V Domingo de Pascua.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

viernes, 1 de mayo de 2026

"En la Casa de mi Padre" (Juan 14,1-12). V Domingo de Pascua.

Seguimos avanzando en nuestro tiempo pascual y tanto hoy como el domingo que viene -y esto puede parecernos extraño- volvemos a la última Cena, con dos pasajes del evangelio según san Juan.

¿Por qué volver ahora a ese acontecimiento? Porque desde la resurrección de Jesús, podemos comprender el sentido profundo de sus palabras y sus acciones, sus signos.

San Juan dedica cinco capítulos a la última cena de Jesús con sus discípulos.

El relato comienza en el capítulo 13, con el lavatorio de los pies, el anuncio de la traición de Judas, y el comienzo del discurso de despedida, en coloquio con los discípulos, que se prolonga abarcando todo el capítulo 14. De ese capítulo han sido tomados el evangelio de hoy y el del próximo domingo.

A continuación, el capítulo 15 se abre con la parábola de la Vid y los sarmientos, seguida por la advertencia a los discípulos sobre el rechazo que encontrarán en el mundo y el testimonio que habrán de dar. Esto termina en el capítulo 16, que presenta, además, el anuncio de la venida del Espíritu Santo y el anuncio de un pronto retorno del mismo Jesús, que será el de su aparición como resucitado, antes de volver al Padre. La oración de Jesús, conocida como la oración sacerdotal, ocupa todo el capítulo 17.

Volvamos a nuestro pasaje de hoy. Las primeras palabras de Jesús salen al encuentro del estado de ánimo que él percibe en sus discípulos:

«No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí.»  (Juan 14,1)

Otras traducciones expresan mucho más que una inquietud: “no se turbe su corazón”, “no se angustien”. ¿Por qué están así los discípulos? En los versículos anteriores, Jesús había anunciado: “uno de ustedes me entregará” y a Pedro, que le asegura a Jesús que está dispuesto a dar la vida por él, le anuncia que no cantará el gallo antes de que lo haya negado tres veces.

Aunque se nieguen a aceptarlo y no puedan comprenderlo, los discípulos están viendo que algo terrible está por suceder. Los sueños a los que se aferraban, de un Mesías glorioso, triunfante, que liberaría a Israel, se están desmoronando. Al llamarlos a la fe, Jesús les está pidiendo que tengan otra mirada sobre los acontecimientos que están por producirse. Una mirada de fe, que vaya más allá de las apariencias. Después de la resurrección, todo tendrá sentido; pero ahora, “crean en Dios y crean también en mí”.

Los discípulos vislumbran que Jesús va a morir… pero Él quiere que empieces a ver más allá de la muerte, porque quiere llevarlos con Él a la Vida, la Vida en abundancia que ha prometido como buen Pastor.

En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, ¿les habría dicho a ustedes que voy a prepararles un lugar? Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde Yo esté, estén también ustedes. Ya conocen el camino del lugar adonde voy.» (Juan 14,2-4)

Jesús se ha hecho uno de nosotros, ha tomado nuestra humanidad para llevarla a un nuevo lugar, un lugar definitivo, en la eternidad, para que allí donde esté Él estemos también nosotros.

En el Evangelio de Lucas, el buen ladrón pide a Jesús que se acuerde de él cuando viniese a establecer su Reino. Jesús le promete 

“hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23,42-43). 

En nuestro Evangelio de hoy Jesús no habla ni de paraíso ni de Reino. Utiliza otra expresión: “la Casa de mi Padre”. 

En el evangelio de Juan, Jesús se ha referido de ese modo al templo de Jerusalén: “la Casa de mi Padre”, lo ha llamado (Juan 2,16 / Juan 14,2) . Pero ya no está hablando del templo de piedra, sino del templo de piedras vivas, cuya piedra angular es él mismo: el Hijo de Dios. Un templo que se va construyendo desde aquí, desde nuestra vida terrena, para realizarse plenamente como la Jerusalén celeste, que no tiene templo 

“porque su Templo es el Señor Dios todopoderoso y el Cordero.” (Apocalipsis 21,22). 

La segunda lectura, de la primera carta de Pedro lo expresa de este modo:

Al acercarse al Señor, la piedra viva, rechazada por los hombres pero elegida y preciosa a los ojos de Dios, también ustedes, a manera de piedras vivas, son edificados como una casa espiritual, para ejercer un sacerdocio santo y ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios por Jesucristo. (1 Pedro 2,4-5)

No se trata solamente del culto que ofrece la Iglesia aquí en la tierra, sino también la participación en la liturgia del cielo, “donde la celebración es enteramente comunión y fiesta”. (Catecismo I.C, 1136).

Más que un discurso, este pasaje del Evangelio es un coloquio, un diálogo de Jesús con sus discípulos, que le presentan al Maestro todo lo que les inquieta. Es así que Tomás pregunta: 

«Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?» (Juan 14,5)

Y recibe de Jesús una respuesta verdaderamente reveladora:

«Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto.» (Juan 14,6-7)

Jesús es el camino hacia el Padre, hacia la vida eterna. Hay otros caminos en el mundo, pero no son los que llevan a la vida. El camino de Jesús es el camino del amor humilde, de la oración, de la mansedumbre, de la confianza, del servicio. No es el camino que yo hago, a mi manera, para llegar al Padre, sino el camino que Jesús ha preparado para todos nosotros, ese camino que es Él mismo.

El que me ha visto, ha visto al Padre. (Juan 14,9)

Así responde Jesús al pedido de Felipe, otro de los discípulos que interviene en ese diálogo.

En el rostro de Jesús se manifiesta la misericordia del Padre. A la luz de la resurrección, los discípulos podrán comprender y dar su verdadero valor a los signos que Jesús fue realizando y que quedaron estampados en los Evangelios.

Llevará tiempo, pero en el mismo escándalo de la cruz se verá que allí se ha dado la revelación mayor del amor de Dios por la humanidad. En el rostro del Crucificado también es posible ver el rostro del Padre. “Crean en Dios, crean en mí” vuelve a decirnos Jesús. Viendo en Él al Padre, ponemos, con toda confianza, nuestra vida en sus manos, pidiéndole que nos haga instrumentos de su obra, de su paz, de su misericordia, preparándonos para habitar un día en la Casa de su Padre.

Noticias

El sábado 2, en la capilla San José de Progreso, celebraremos los 50 años de las Pequeñas Hermanas de la Sagrada Familia en esa localidad. Misa a las 17 horas y luego evento cultural.

Delegados de las Conferencias Episcopales del Cono Sur (Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay) estarán reunidos en Montevideo desde el lunes 4 al viernes 8, en un encuentro convocado por el Consejo Episcopal de América Latina y el Caribe, CELAM. Durante esos días los asistentes compartirán experiencias de Iglesia de sus respectivos países y buscarán formas de ayudar a avanzar en el camino sinodal, especialmente en lo que se refiere a Participación.

Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.