martes, 24 de febrero de 2026

Palabra de Vida: Vivir la conversión con actos. Lucas 11,29-32.

Miércoles de la primera semana de Cuaresma.
25 de febrero de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

lunes, 23 de febrero de 2026

Palabra de Vida: Orar al Padre con confianza. Mateo 6,7-15.


Martes de la primera semana de Cuaresma.
24 de febrero de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

“Vengan, benditos de mi Padre”. Mateo 25,31-46

Lunes de la primera semana de Cuaresma.
23 de febrero de 2026.

sábado, 21 de febrero de 2026

Palabra de Vida: “Jesús ayunó durante cuarenta días” (Mateo 4,1-11).


 

Primer Domingo de Cuaresma.
22 de febrero de 2026.
(Papa León XIV, mensaje de Cuaresma 2026)
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

viernes, 20 de febrero de 2026

Palabra de Vida: Renovar la vida viviendo la misericordia. Lucas 5,27-32.


Sábado después de Ceniza.
21 de febrero de 2026.
(Papa Francisco, Audiencia General, 11 de enero de 2023)
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

Las tentaciones: palabra contra Palabra. Mateo 4,1-11. Domingo I de Cuaresma

El miércoles pasado iniciamos la Cuaresma con la imposición de las cenizas. Para ayudarnos a vivir este tiempo de conversión, el Papa León XIV nos ha entregado un mensaje que nos invita a colocar nuevamente “el misterio de Dios en el centro de nuestras vidas”.

En este primer domingo, el evangelio presenta las tentaciones que sufre Jesús, cuyas respuestas nos muestran cómo Dios ocupa el lugar central en su corazón.

“Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio.” (Mateo 4,1)

Para los Israelitas, el desierto evoca el Éxodo: cuarenta años de camino, lugar de la Alianza y los Mandamientos, pero también lugar de tentación y desconfianza en Dios. Así lo expresa la reclamación a Moisés y Aarón:

«Ojalá el Señor nos hubiera hecho morir en Egipto, cuando nos sentábamos delante de las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos. Porque ustedes nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta asamblea». (Éxodo 16,3)

Tras ayunar cuarenta días, Jesús tiene hambre. El tentador hace su primer intento:

 «Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes.» (Mateo 4,3)

El tentador propone algo aparentemente razonable. No empieza a tentarnos con pecados graves. Si logra vencernos en lo poco, pronto vendrá por mucho más. Pero Jesús tiene su respuesta:

«Está escrito: "El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios"». (Mateo 4,4 -- Deuteronomio 8,3)

Alimentados por la Palabra de Dios, nosotros pedimos el alimento cotidiano y el Pan de Vida como un don del Padre: “Danos hoy nuestro pan de cada día”

El demonio hace un cambio de escenario. No es la ciudad lejana donde el hijo pródigo cayó en toda tentación y malgastó su herencia. No, el tentador es astuto y audaz.

Llevó a Jesús a la Ciudad santa y lo puso en la parte más alta del Templo. (Mateo 4,5)

La Ciudad santa es Jerusalén y allí está el templo, presencia de Dios en medio de su pueblo. Desde tiempos de Salomón, que construyó el primer templo, ésa es la Casa donde habita el Nombre de Dios, es decir, donde Dios mismo se hace presente (cf. 1 Reyes 8,29).

Jesús había respondido a la tentación citando la Palabra de Dios. Eso parece entusiasmar al tentador, que intenta convertir lo que Jesús ha tomado como escudo, en su arma de ataque.

«Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito:
 "Dios dará órdenes a sus ángeles,
 y ellos te llevarán en sus manos
 para que tu pie no tropiece con ninguna piedra"». (Mateo 4,6 -- Salmo 91,12) 

En la Liturgia de las Horas, este salmo se reza los domingos y solemnidades en Completas, última oración del día, como acto de abandono y confianza en Dios. Pero eso, por supuesto, no es lo que propone Satanás, sino que Jesús, en forma caprichosa, ponga a prueba a Dios, como hizo tantas veces el Pueblo en el desierto.

Jesús contrasta ese intento de instrumentalizar la Palabra de Dios con otra cita de la Escritura:

«También está escrito: "No tentarás al Señor, tu Dios"». (Mateo 4,7 -- Deuteronomio 6,16)

Al rezar el Padrenuestro, nosotros pedimos “Hágase tu voluntad en la Tierra como en el Cielo”, dispuestos a aceptar y cumplir la voluntad del Padre; no la nuestra: la del Padre.

La tercera tentación ocurre en una alta montaña, lugar de encuentro con Dios, como en la transfiguración:

Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado. (Mateo 17,1)

De lo más alto del templo, a la montaña más alta. Más y más arriba, esperando que mayor sea la caída de Jesús hacia el abismo. El propio Jesús, más adelante, hará esta dura advertencia a la ciudad que se ha remontado y se ha dejado ganar por la soberbia:

Y tú, Cafarnaúm, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno. (Mateo 11,23)

No es lo mismo que Dios te haga subir con su amor y su gracia, que pretendas trepar con tu ambición humana de poder, tener y gozar sin que importe más nada. La peregrinación humana está jalonada de poderosos que se elevaron de esa forma a lo más alto y luego fueron precipitados. Como dice el salmo: El sepulcro es su morada perpetua (…) aunque hayan dado nombre a países. (Salmo 49,12)

Mostrándole todos los reinos del mundo, el tentador ofrece a Jesús poder a cambio de adoración:

«Te daré todo esto, si te postras para adorarme.» (Mateo 4,9)

Jesús responde de manera definitiva:

«Retírate, Satanás, porque está escrito: "Adorarás al Señor, tu Dios, y a Él solo rendirás culto"». (Mateo 4,10 -- Deuteronomio 6,13)

Decimos en el Padrenuestro:  “Santificado sea tu nombre” (Kidush Hashem)

Kidush Hashem, en hebreo, expresa la santificación del nombre de Dios, mediante una vida que refleje su santidad. Es el fundamento de la respuesta de Jesús: “adorarás al Señor tu Dios…”

Con las dos últimas peticiones del Padrenuestro nos colocamos exactamente en la situación de Jesús en el desierto: “No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal”

El Padrenuestro, la oración por excelencia, rezada con plena conciencia de lo que estamos diciendo, nos fortalece ante los embates del tentador, que busca desorientar nuestro camino llevándonos por la dirección contraria o al menos haciéndonos confundir.

Mirando el caminar de la Iglesia y nuestra propia comunidad diocesana, recordamos las tentaciones del Pueblo de Dios en el desierto. Jesús venció al tentador, pero él sigue trabajando para romper la comunión, hacernos desistir de participar y transformar la misión en dimisión, es decir, en abandono.

Por eso, volvemos a pedir al Padre: “Venga a nosotros tu Reino”, pues solo Él puede establecerlo en los corazones, aunque nuestra misión es anunciarlo y ayudar a que los corazones se abran.

Retiro de Cuaresma

Sábado 28, en Villa Guadalupe, de 9 a 18 horas, retiro de Cuaresma. Habrá sacerdotes disponibles para confesiones y concluirá con la Misa.

Gracias, amigas y amigos, por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

jueves, 19 de febrero de 2026

Palabra de Vida: Practicar el ayuno y hacer el bien. Isaías 58,1-9a


Viernes después de Ceniza.
20 de febrero de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.


miércoles, 18 de febrero de 2026

Palabra de Vida: Abrazar la cruz de cada día. Lucas 9,22-25.


 

Jueves después de Ceniza.
19 de febrero de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

Palabra de Vida: “Vuelvan a mí de todo corazón” (Joel 2,12-18). Miércoles de Ceniza.



Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

martes, 17 de febrero de 2026

Cuaresma 2026. Escuchar y ayunar: La Cuaresma como tiempo de conversión. Mensaje del Papa León XIV.



Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma es el tiempo en el que la Iglesia, con solicitud maternal, nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas.

Todo camino de conversión comienza cuando nos dejamos alcanzar por la Palabra y la acogemos con docilidad de espíritu. Existe, por tanto, un vínculo entre el don de la Palabra de Dios, el espacio de hospitalidad que le ofrecemos y la transformación que ella realiza. Por eso, el itinerario cuaresmal se convierte en una ocasión propicia para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección.

Escuchar

Este año me gustaría llamar la atención, en primer lugar, sobre la importancia de dar espacio a la Palabra a través de la escucha, ya que la disposición a escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro.

Dios mismo, al revelarse a Moisés desde la zarza ardiente, muestra que la escucha es un rasgo distintivo de su ser: 
«Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor» (Ex 3,7). 
La escucha del clamor de los oprimidos es el comienzo de una historia de liberación, en la que el Señor involucra también a Moisés, enviándolo a abrir un camino de salvación para sus hijos reducidos a la esclavitud.

Es un Dios que nos atrae, que hoy también nos conmueve con los pensamientos que hacen vibrar su corazón. Por eso, la escucha de la Palabra en la liturgia nos educa para una escucha más verdadera de la realidad.

Entre las muchas voces que atraviesan nuestra vida personal y social, las Sagradas Escrituras nos hacen capaces de reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta. Entrar en esta disposición interior de receptividad significa dejarnos instruir hoy por Dios para escuchar como Él, hasta reconocer que 
«la condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia».[1]

Ayunar

Si la Cuaresma es tiempo de escucha, el ayuno constituye una práctica concreta que dispone a la acogida de la Palabra de Dios. La abstinencia de alimento, en efecto, es un ejercicio ascético antiquísimo e insustituible en el camino de la conversión. Precisamente porque implica al cuerpo, hace más evidente aquello de lo que tenemos “hambre” y lo que consideramos esencial para nuestro sustento. Sirve, por tanto, para discernir y ordenar los “apetitos”, para mantener despierta el hambre y la sed de justicia, sustrayéndola de la resignación, educarla para que se convierta en oración y responsabilidad hacia el prójimo.

San Agustín, con sutileza espiritual, deja entrever la tensión entre el tiempo presente y la realización futura que atraviesa este cuidado del corazón, cuando observa que: 
«es propio de los hombres mortales tener hambre y sed de la justicia, así como estar repletos de la justicia es propio de la otra vida. De este pan, de este alimento, están repletos los ángeles; en cambio, los hombres, mientras tienen hambre, se ensanchan; mientras se ensanchan, son dilatados; mientras son dilatados, se hacen capaces; y, hechos capaces, en su momento serán repletos».[2] 
El ayuno, entendido en este sentido, nos permite no sólo disciplinar el deseo, purificarlo y hacerlo más libre, sino también expandirlo, de modo que se dirija a Dios y se oriente hacia el bien.

Sin embargo, para que el ayuno conserve su verdad evangélica y evite la tentación de enorgullecer el corazón, debe vivirse siempre con fe y humildad. Exige permanecer arraigado en la comunión con el Señor, porque 
«no ayuna de verdad quien no sabe alimentarse de la Palabra de Dios».[3] 
En cuanto signo visible de nuestro compromiso interior de alejarnos, con la ayuda de la gracia, del pecado y del mal, el ayuno debe incluir también otras formas de privación destinadas a hacernos adquirir un estilo de vida más sobrio, ya que 
«sólo la austeridad hace fuerte y auténtica la vida cristiana».[4]
Por eso, me gustaría invitarles a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz.  

Juntos

Por último, la Cuaresma pone de relieve la dimensión comunitaria de la escucha de la Palabra y de la práctica del ayuno. También la Escritura subraya este aspecto de muchas maneras. Por ejemplo, cuando narra en el libro de Nehemías que el pueblo se reunió para escuchar la lectura pública del libro de la Ley y, practicando el ayuno, se dispuso a la confesión de fe y a la adoración, con el fin de renovar la alianza con Dios (cf. Ne 9,1-3).

Del mismo modo, nuestras parroquias, familias, grupos eclesiales y comunidades religiosas están llamados a realizar en Cuaresma un camino compartido, en el que la escucha de la Palabra de Dios, así como del clamor de los pobres y de la tierra, se convierta en forma de vida común, y el ayuno sostenga un arrepentimiento real. En este horizonte, la conversión no sólo concierne a la conciencia del individuo, sino también al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de reconocer lo que realmente orienta el deseo, tanto en nuestras comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y reconciliación.

Queridos hermanos, pidamos la gracia de vivir una Cuaresma que haga más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados. Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás. Y comprometámonos para que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde el grito de los que sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más dispuestos y diligentes para contribuir a edificar la civilización del amor.

Los bendigo de corazón a todos ustedes, y a su camino cuaresmal.

Vaticano, 5 de febrero de 2026, memoria de santa Águeda, virgen y mártir.

LEÓN XIV PP.
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[1] Exhort. ap. Dilexi te (4 octubre 2025), 9.
[2] S. Agustín, La utilidad del ayuno, 1, 1.
[3] Benedicto XVI, Catequesis (9 marzo 2011).
[4] S. Pablo VI, Catequesis (8 febrero 1978).