miércoles, 3 de junio de 2020

Santísima Trinidad: el Dios del amor. (Éxodo 34,4b-6.8-9; 2 Corintios 13,11-13; Juan 3,16-18)







Los números ocupan un lugar importante dentro de nuestra vida y no solo los que hacemos cuando llega fin de mes. Hay quienes adoran las matemáticas y quienes no las soportan. Pero los números no dejan de ser sugestivos… muchos de nuestros dichos están en relación con ellos:
-    más solo que el uno,
-    no hay dos sin tres,
-    tres es multitud. Pero también es San Cono.
-    Cuatro: cuarteto… de tango,
-    Cinco: el pentágono,
-    Seis: media docena,
-    Siete: los días de la semana, los sacramentos…
con los quinieleros podríamos seguir hasta el cien, pero quedémonos con el 33, Cristo, 40 el cura, 84 la Iglesia y 88 el Papa (y eso ya era así antes de la visita de san Juan Pablo II al Uruguay, que vino en el año 88).

Números, números… uno y tres. Esos son nuestros números de hoy: un solo Dios, tres personas… pero ¿cómo llegamos ahí?
Las grandes civilizaciones de la antigüedad tuvieron religiones politeístas, es decir, creían en muchos dioses, que eran a veces centenares.
En el siglo IV antes de Cristo el filósofo Aristóteles llegó, por medio de la razón, a la convicción acerca de la existencia de un Dios único… no exactamente un único Dios, pero sí un Dios totalmente diferente, un ser realmente superior a todo otro ser. Pero no se trata de un Dios personal… una de las formas en que lo caracteriza el filósofo es como “motor inmóvil”, es decir, el que mueve todo y no es movido por nadie.
Ya desde muchos siglos antes, en otro lugar del mundo antiguo, un pequeño pueblo de pastores creía también en un Dios único: Yahveh. Al comienzo, pensaban que había o podía haber otros dioses: pero para ellos Yahveh era el único. No querían otros dioses sino a su Dios. Ese Dios era un Dios presente en su vida, en su historia. Lo fueron conociendo a través de sus intervenciones, liberándolos de la esclavitud y luego de varios peligros y amenazas. El pueblo no siempre fue fiel a su Dios. También pasó ese pueblo por momentos muy críticos que hicieron que muchos perdieran la fe; pero siempre permaneció un resto fiel, que expresaba así su convicción:
“Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón que Yahveh es el único Dios allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro.” (Deuteronomio 4:35.39)
Cuando Jesús de Nazaret comenzó a recorrer su tierra con un grupo de discípulos, predicando de pueblo en pueblo y haciendo curaciones milagrosas, algo que también hacían otros maestros, sorprendió, sin embargo, la familiaridad con la que se refería a Dios, al que llamaba “mi padre”. Esa manera de hablar de Dios, provocó rechazo de parte de las autoridades, que
…trataban con mayor empeño de matarlo, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios. (Juan 5,18)
Y en una ocasión llegaron a decírselo en la cara:
«No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino por una blasfemia y porque tú, siendo hombre, te haces a ti mismo Dios». (Juan 10,33)
Jesús se va revelando como el Hijo de Dios. Y al revelarse como Hijo, también revela el rostro paterno de Dios, el Padre de la Misericordia.
“Quien me ve a mí, ve al Padre” (Juan 14,9)
dice Jesús, manifestando que sus palabras y sus acciones comunican el mensaje del Padre Dios, cuya voluntad ha venido a cumplir el Hijo. La resurrección de Jesús de entre los muertos confirma sus palabras. Hubo en Él algo tan especial, que, incluso en el momento de su muerte, alguien llegó a afirmar:
“Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios”. (Mateo 27,54)
La revelación de un Hijo de Dios planteó muchas dificultades… ¿cómo entender esto? Padre e hijo son palabras humanas. En un primer sentido, padre es el hombre que engendra un hijo. Decimos que el Hijo de Dios ha sido “engendrado” por el Padre. Pero ¿qué significa eso en la realidad de Dios? ¿quiere decir que el Hijo ha sido “creado” por el Padre, que es una criatura especial, única, diferente, pero, al fin y al cabo, una criatura? No es eso lo que creemos. En el Credo decimos que el Hijo fue
“engendrado, no creado; de la misma naturaleza que el Padre”. 
El Hijo es Dios: no fue creado ni adoptado.

Así, pues, creemos en un solo Dios, que es Padre, Hijo… pero nos falta una tercera persona. Jesús revela a Dios como Padre, se manifiesta como su Hijo y anuncia la presencia de esa persona divina que él llama con diferentes nombres o títulos: el Espíritu Santo, el paráclito… el espíritu de la verdad.
Jesús dice a sus discípulos:
Todavía tengo mucho que decirles, pero ahora no pueden con ello. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, los guiará hasta la verdad completa. (Juan 16,12-13)
El Espíritu Santo llevará a los discípulos al conocimiento de la verdad más profunda sobre Dios.
La revelación de que hay un solo Dios, pero tres personas, no es simplemente un dato, un detalle que hay que conocer o saber sobre Dios.
La revelación acerca de la Santísima Trinidad nos dice que Dios no es un ser solitario: Dios es comunidad de amor.
Las tres lecturas de este domingo hacen referencia al amor de Dios:
Esa es la experiencia de Moisés, cuando sube al monte Sinaí a encontrarse con Dios:
«El Señor es un Dios compasivo y bondadoso, lento para enojarse, y pródigo en amor y fidelidad.»
Eso es lo que Jesús confirma en forma definitiva cuando dice:
“Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.”
Tanto amó Dios al mundo… Estamos muy lejos del Dios de Aristóteles… Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo es un Dios que ama a sus criaturas, que quiere establecer un pacto de amor, una alianza con la humanidad.
La verdad que nos presenta la Palabra de Dios no es solo una verdad para conocer, para saber; es, sobre todo, una verdad para obrar, para poner en práctica. En eso será fundamental la guía del Espíritu Santo:
Él les enseñará todo y les recordará todo lo que yo les he dicho. (Juan 14,26)
Él les anunciará lo que ha de venir (Juan 16,13)
Es con ese guía que será posible lo que Pablo le dice a los corintios:
“Alégrense, trabajen para alcanzar la perfección, anímense unos a otros, vivan en armonía y en paz. Y entonces, el Dios del amor y de la paz permanecerá con ustedes.”
La revelación de Dios como comunidad de amor sacude nuestro individualismo. Estamos llamados a entrar en esa comunión de las tres personas divinas… pero no individualmente, sino como comunidad: comunidad de discípulos de Jesús, templo de piedras vivas, cuerpo místico de Cristo, Pueblo de Dios…
Pablo escribe a las primeras comunidades y anima a sus miembros a llevar una verdadera vida comunitaria, animándose y sosteniéndose unos a otros.
A lo largo de la historia de la Iglesia esa vida comunitaria ha tenido diferentes expresiones. La realidad que hoy estamos atravesando nos ha puesto en distanciamiento físico, pero no tiene que romper la comunidad ni la comunión. De distintas maneras podemos hacernos cercanos unos a otros, acompañándonos y animándonos.

Gracias, amigas y amigos, por su atención. Que el Señor los bendiga. Sigamos cuidándonos y hasta la próxima semana si Dios quiere.

martes, 2 de junio de 2020

El 4 de junio, a las 16:30 se celebrará la Misa Crismal en la Catedral de Melo. Será transmitida en vivo desde una red social.

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La Misa Crismal es una celebración presidida por el Obispo y concelebrada con los presbíteros de la Diócesis.

Su nombre se debe a que en ella se consagra el Santo Crisma y se bendicen los óleos (aceites) para la unción de los catecúmenos y el sacramento de la Unción de los enfermos.
En esta Misa los sacerdotes y los diáconos hacen la renovación de las promesas de sus respectivas ordenaciones.

La palabra crisma proviene del griego, pasa después al latín, y significa "unción". El santo crisma se utiliza para ungir a los nuevos bautizados, signar a los que reciben la confirmación y en la ordenación de los obispos y sacerdotes.

En la Diócesis de Melo es costumbre celebrar esta Misa en la tarde del miércoles Santo. Habiendo sido suspendidas todas las celebraciones de Semana Santa por causa de la actual pandemia, también fue suspendida esta Misa.

El próximo jueves la Iglesia celebra la fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Es por ello que se eligió ese día para esta Misa en la que los sacerdotes renuevan sus promesas.

En el marco de las medidas actuales, la Misa se celebrará sin presencia de fieles y solo con algunos de los sacerdotes y diáconos, que permanecerán adecuadamente distanciados.

Con el deseo de que los fieles de la Diócesis puedan unirse espiritualmente a esta celebración particularmente importante y única, la Misa será transmitida por Facebook, desde la página "Fazenda de la Esperanza Uruguay".

jueves, 28 de mayo de 2020

"Soplo de Dios viviente" (Hch 2,1-11; Jn 20,19-23). Solemnidad de Pentecostés.







Las posibilidades que tenemos hoy de comunicación instantánea nos hacen olvidar algunos lejanos comienzos… Las cartas manuscritas, enviadas de una persona a otra tienen ya muchos siglos. Pero no quiero remontarme tan atrás en el tiempo.
En el año 1837 aparecieron en Inglaterra y Estados Unidos los primeros servicios de telegrafía por cable, que llegaron en 1855 a Montevideo. Cables submarinos comenzaron a comunicar países y luego continentes, en mensajes emitidos con el código Morse.
Ya en el siglo XIX se aspiraba a una comunicación que hoy llamaríamos inalámbrica.
El italiano Guillermo Marconi logró desarrollar en 1894 un transmisor y un receptor que permitían enviar y recibir las señales telegráficas por medio de ondas de radio. Durante tres décadas, antes de que comenzara la transmisión de voz y de música, la radio se utilizaba únicamente para transmitir esas señales cortas y largas del sistema telegráfico.
Hoy el aire está inundado de todo tipo de señales. La radio fue desarrollando distintos sistemas de ondas como la amplitud modulada y la frecuencia modulada, las viejas y queridas AM y FM, que todavía escuchamos en receptores de radio. Vino luego el despliegue de la televisión, colocando en el aire otras ondas, hasta el vertiginoso desarrollo de la telefonía móvil.
Sí, el aire está inundado de mensajes, sonidos, imágenes… pero ninguno de nuestros sentidos los percibe. No oímos, no vemos, sin la mediación del receptor, sea este el aparato de radio, el televisor o el teléfono móvil.

El próximo domingo recordamos la venida del Espíritu Santo, el acontecimiento que es conocido como Pentecostés. Tal vez esta imagen de la comunicación que hemos evocado nos ayude a comprender esa presencia del Espíritu de Dios en el mundo y nuestra posibilidad de relación con Él.

De todas las imágenes que nos aproximan al Espíritu Santo, que son muchas, la primera es el viento. De hecho, eso es lo que sugiere la palabra espíritu. En hebreo se dice ruah, que se puede traducir como viento o como espíritu. El espíritu de Dios, el soplo de Dios… En la primera lectura que escuchamos este domingo, se cuenta que, estando los discípulos de Jesús reunidos,
De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban.

En el evangelio, se nos cuenta que Jesús sopló sobre sus discípulos diciéndoles
“Reciban el Espíritu Santo”.

Dios entrega su Espíritu. No está en el aire… habla al corazón de cada persona que viene a este mundo. Está presente… pero su señal no siempre es recibida. En este caso, no se necesita ningún aparato. La posibilidad de recibir las señales del Espíritu Santo está dentro de cada uno de nosotros, si nos abrimos a una vida espiritual, a una vida interior.

La cultura del mundo de hoy nos invita a vivir hacia fuera, hacia la superficie. Mario Vargas Llosa escribió hace algunos años un libro titulado “La civilización del espectáculo”, en el que afirma que vivimos en una “cultura del entretenimiento”, donde la vida ya no se vive, sino que se representa.
Nos convertimos en consumidores de ilusiones que no pueden llenar nuestro vacío espiritual. No estamos saboreando la vida desde dentro, precisamente porque hemos perdido la interioridad.

Aún la oración de una persona creyente se puede vaciar de contenido, si no brota desde lo profundo del corazón. Podemos pronunciar plegarias con nuestros labios, pero quedan huecas si nuestro corazón está ausente.

Estos días de confinamiento han sido, tal vez no para todos, pero sí para muchos, la oportunidad de un reencuentro con la propia interioridad, la posibilidad de mirar la vida desde otra perspectiva, la ocasión para un momento de auténtica vida espiritual…
Hay gente que habrá encontrado esos momentos. Habrá quienes ni buscaron, ni encontraron; pero, mientras hay vida siempre hay tiempo. Los invito a que hagamos ese intento, a que encendamos el corazón, a que invoquemos a ese Espíritu Santo que hoy, tal vez sin saberlo, podemos estar necesitando en nuestras vidas.

Ven, Espíritu Santo. Enséñanos a invocar a Dios con ese nombre entrañable de "Padre" que nos enseñó Jesús. Si no sentimos su presencia buena en medio de nosotros, viviremos como huérfanos. Recuérdanos que sólo Jesús es el camino que nos lleva hasta él. Que sólo su vida entregada a los últimos nos muestra su verdadero rostro. Sin Jesús nunca entenderemos su sed de paz, de justicia y dignidad para todos sus hijos e hijas.

Ven, Espíritu Santo. Haznos conocer y caminar en la verdad de Jesús. Con tu luz y tu aliento, conoceremos y nos uniremos a su Proyecto del reino de Dios. Viviremos con profunda alegría y esperanza. Sabremos por qué y para qué seguir a Jesús. Sabremos por qué vivir y, aún, por qué sufrir. Y nos encontraremos trabajando en el Reino.

Ven, Espíritu Santo. Infunde en nosotros la experiencia religiosa de Jesús. Ayúdanos a no perdernos en trivialidades y a vivir de verdad la justicia, la misericordia y la fe. Que nada ni nadie nos distraiga de seguirlo como único Señor.

Ven, Espíritu Santo. Aumenta nuestra fe para experimentar la fuerza de Jesús en el centro mismo de nuestra debilidad. Enséñanos a alimentar nuestra vida del conocimiento interno de su Persona. Que nos dejemos guiar siempre por su Espíritu audaz y creador, no por nuestro instinto de seguridad.

Ven, Espíritu Santo. Atrapados por nuestros miedos e incertidumbres, no somos capaces de escuchar la voz de Jesús ni sentir su aliento. Defiéndenos del riesgo de olvidarlo o desconocerlo. Despierta nuestra adhesión pues, si perdemos el contacto con él, seguirá creciendo en nosotros el nerviosismo y la inseguridad. Ven Espíritu Santo, transforma nuestros corazones y conviértenos a Jesús. (*)


Amigas y amigos, gracias por su atención. Sigamos cuidándonos. Que el Señor los bendiga y hasta la próxima semana si Dios quiere.

(*) Adaptado de una oración formulada por el P. José Antonio Pagola.

Vuelven a suspenderse las Misas con presencia de fieles en Cerro Largo


Frente al surgimiento del primer caso de COVID-19 en nuestro departamento, a la grave situación en el vecino departamento de Rivera y a nuestra propia realidad de frontera, luego de consultar a los sacerdotes, desde la Diócesis de Melo hemos decidido suspender las Misas con presencia de fieles que se habían iniciado en el departamento de Cerro Largo, a partir de hoy mismo, jueves 28 y hasta nuevo aviso. Exhortamos a los católicos a seguir las celebraciones que se transmiten diariamente a través de diferentes medios.

+ Heriberto, Obispo de Melo (Cerro Largo y Treinta y Tres)



De lunes a sábado, a las 16:30 (salvo excepciones) se transmite la Misa desde la página
Fazenda de la Esperanza Uruguay

Los Domingos a las 11 horas:
- Canal 12 de Melo (aire)
- Canal 9 de Melo TV Cable
- Canal 97 de Cable 1 de MeloA
- VERA TV Canal 12 Melo
Desde las 12 horas:
Disponible en el YouTube, en el canal:
Es cuestión de Fe Diócesis de Melo

sábado, 23 de mayo de 2020

"Para que puedas contar y grabar en la memoria" (cf. Exodo 10,2). Mensaje del Papa Francisco para la Jornada de los MCS.


En el video, una reflexión sobre el mensaje. A continuación, el texto del mismo.

 

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA 54 JORNADA MUNDIAL
DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES

Para que puedas contar y grabar en la memoria (cf. Ex 10,2)
La vida se hace historia

Quiero dedicar el Mensaje de este año al tema de la narración, porque creo que para no perdernos necesitamos respirar la verdad de las buenas historias: historias que construyan, no que destruyan; historias que ayuden a reencontrar las raíces y la fuerza para avanzar juntos. En medio de la confusión de las voces y de los mensajes que nos rodean, necesitamos una narración humana, que nos hable de nosotros y de la belleza que poseemos. Una narración que sepa mirar al mundo y a los acontecimientos con ternura; que cuente que somos parte de un tejido vivo; que revele el entretejido de los hilos con los que estamos unidos unos con otros.

1. Tejer historias
El hombre es un ser narrador. Desde la infancia tenemos hambre de historias como tenemos hambre de alimentos. Ya sean en forma de cuentos, de novelas, de películas, de canciones, de noticias…, las historias influyen en nuestra vida, aunque no seamos conscientes de ello. A menudo decidimos lo que está bien o mal hacer basándonos en los personajes y en las historias que hemos asimilado. Los relatos nos enseñan; plasman nuestras convicciones y nuestros comportamientos; nos pueden ayudar a entender y a decir quiénes somos.
El hombre no es solamente el único ser que necesita vestirse para cubrir su vulnerabilidad (cf. Gn 3,21), sino que también es el único ser que necesita “revestirse” de historias para custodiar su propia vida. No tejemos sólo ropas, sino también relatos: de hecho, la capacidad humana de “tejer” implica tanto a los tejidos como a los textos. Las historias de cada época tienen un “telar” común: la estructura prevé “héroes”, también actuales, que para llevar a cabo un sueño se enfrentan a situaciones difíciles, luchan contra el mal empujados por una fuerza que les da valentía, la del amor. Sumergiéndonos en las historias, podemos encontrar motivaciones heroicas para enfrentar los retos de la vida.
El hombre es un ser narrador porque es un ser en realización, que se descubre y se enriquece en las tramas de sus días. Pero, desde el principio, nuestro relato se ve amenazado: en la historia serpentea el mal.

2. No todas las historias son buenas
«El día en que comáis de él, […] seréis como Dios» (cf. Gn 3,5). La tentación de la serpiente introduce en la trama de la historia un nudo difícil de deshacer. “Si posees, te convertirás, alcanzarás...”, susurra todavía hoy quien se sirve del llamado storytelling con fines instrumentales. Cuántas historias nos narcotizan, convenciéndonos de que necesitamos continuamente tener, poseer, consumir para ser felices. Casi no nos damos cuenta de cómo nos volvemos ávidos de chismes y de habladurías, de cuánta violencia y falsedad consumimos. A menudo, en los telares de la comunicación, en lugar de relatos constructivos, que son un aglutinante de los lazos sociales y del tejido cultural, se fabrican historias destructivas y provocadoras, que desgastan y rompen los hilos frágiles de la convivencia. Recopilando información no contrastada, repitiendo discursos triviales y falsamente persuasivos, hostigando con proclamas de odio, no se teje la historia humana, sino que se despoja al hombre de la dignidad.
Pero mientras que las historias utilizadas con fines instrumentales y de poder tienen una vida breve, una buena historia es capaz de trascender los límites del espacio y del tiempo. A distancia de siglos sigue siendo actual, porque alimenta la vida. En una época en la que la falsificación es cada vez más sofisticada y alcanza niveles exponenciales (el deepfake), necesitamos sabiduría para recibir y crear relatos bellos, verdaderos y buenos. Necesitamos valor para rechazar los que son falsos y malvados. Necesitamos paciencia y discernimiento para redescubrir historias que nos ayuden a no perder el hilo entre las muchas laceraciones de hoy; historias que saquen a la luz la verdad de lo que somos, incluso en la heroicidad ignorada de la vida cotidiana.

3. La Historia de las historias
La Sagrada Escritura es una Historia de historias. ¡Cuántas vivencias, pueblos, personas nos presenta! Nos muestra desde el principio a un Dios que es creador y narrador al mismo tiempo. En efecto, pronuncia su Palabra y las cosas existen (cf. Gn 1). A través de su narración Dios llama a las cosas a la vida y, como colofón, crea al hombre y a la mujer como sus interlocutores libres, generadores de historia junto a Él. En un salmo, la criatura le dice al Creador: «Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno. Te doy gracias porque son admirables tus obras […], no desconocías mis huesos. Cuando, en lo oculto, me iba formando, y entretejiendo en lo profundo de la tierra» (139,13-15). No nacemos realizados, sino que necesitamos constantemente ser “tejidos” y “bordados”. La vida nos fue dada para invitarnos a seguir tejiendo esa “obra admirable” que somos.
En este sentido, la Biblia es la gran historia de amor entre Dios y la humanidad. En el centro está Jesús: su historia lleva al cumplimiento el amor de Dios por el hombre y, al mismo tiempo, la historia de amor del hombre por Dios. El hombre será llamado así, de generación en generación, a contar y a grabar en su memoria los episodios más significativos de esta Historia de historias, los que puedan comunicar el sentido de lo sucedido.
El título de este Mensaje está tomado del libro del Éxodo, relato bíblico fundamental, en el que Dios interviene en la historia de su pueblo. De hecho, cuando los hijos de Israel estaban esclavizados clamaron a Dios, Él los escuchó y rememoró: «Dios se acordó de su alianza con Abrahán, Isaac y Jacob. Dios se fijó en los hijos de Israel y se les apareció» (Ex 2, 24-25). De la memoria de Dios brota la liberación de la opresión, que tiene lugar a través de signos y prodigios. Es entonces cuando el Señor revela a Moisés el sentido de todos estos signos: «Para que puedas contar [y grabar en la memoria] de tus hijos y nietos […] los signos que realicé en medio de ellos. Así sabréis que yo soy el Señor» (Ex 10,2). La experiencia del Éxodo nos enseña que el conocimiento de Dios se transmite sobre todo contando, de generación en generación, cómo Él sigue haciéndose presente. El Dios de la vida se comunica contando la vida.
El mismo Jesús hablaba de Dios no con discursos abstractos, sino con parábolas, narraciones breves, tomadas de la vida cotidiana. Aquí la vida se hace historia y luego, para el que la escucha, la historia se hace vida: esa narración entra en la vida de quien la escucha y la transforma.
No es casualidad que también los Evangelios sean relatos. Mientras nos informan sobre Jesús, nos “performan[1] a Jesús, nos conforman a Él: el Evangelio pide al lector que participe en la misma fe para compartir la misma vida. El Evangelio de Juan nos dice que el Narrador por excelencia —el Verbo, la Palabra— se hizo narración: «El Hijo único, que está en el seno del Padre, Él lo ha contado» (cf. Jn 1,18). He usado el término “contado” porque el original exeghésato puede traducirse sea como “revelado” que como “contado”. Dios se ha entretejido personalmente en nuestra humanidad, dándonos así una nueva forma de tejer nuestras historias.

4. Una historia que se renueva
La historia de Cristo no es patrimonio del pasado, es nuestra historia, siempre actual. Nos muestra que a Dios le importa tanto el hombre, nuestra carne, nuestra historia, hasta el punto de hacerse hombre, carne e historia. También nos dice que no hay historias humanas insignificantes o pequeñas. Después de que Dios se hizo historia, toda historia humana es, de alguna manera, historia divina. En la historia de cada hombre, el Padre vuelve a ver la historia de su Hijo que bajó a la tierra. Toda historia humana tiene una dignidad que no puede suprimirse. Por lo tanto, la humanidad se merece relatos que estén a su altura, a esa altura vertiginosa y fascinante a la que Jesús la elevó.
Escribía san Pablo: «Sois carta de Cristo […] escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en las tablas de corazones de carne» (2 Co 3,3). El Espíritu Santo, el amor de Dios, escribe en nosotros. Y, al escribir dentro, graba en nosotros el bien, nos lo recuerda. Re-cordar significa efectivamente llevar al corazón, “escribir” en el corazón. Por obra del Espíritu Santo cada historia, incluso la más olvidada, incluso la que parece estar escrita con los renglones más torcidos, puede volverse inspirada, puede renacer como una obra maestra, convirtiéndose en un apéndice del Evangelio. Como las Confesiones de Agustín. Como El Relato del Peregrino de Ignacio. Como la Historia de un alma de Teresita del Niño Jesús. Como Los Novios, como Los Hermanos Karamazov. Como tantas innumerables historias que han escenificado admirablemente el encuentro entre la libertad de Dios y la del hombre. Cada uno de nosotros conoce diferentes historias que huelen a Evangelio, que han dado testimonio del Amor que transforma la vida. Estas historias requieren que se las comparta, se las cuente y se las haga vivir en todas las épocas, con todos los lenguajes y por todos los medios.

5. Una historia que nos renueva
En todo gran relato entra en juego el nuestro. Mientras leemos la Escritura, las historias de los santos, y también esos textos que han sabido leer el alma del hombre y sacar a la luz su belleza, el Espíritu Santo es libre de escribir en nuestro corazón, renovando en nosotros la memoria de lo que somos a los ojos de Dios. Cuando rememoramos el amor que nos creó y nos salvó, cuando ponemos amor en nuestras historias diarias, cuando tejemos de misericordia las tramas de nuestros días, entonces pasamos página. Ya no estamos anudados a los recuerdos y a las tristezas, enlazados a una memoria enferma que nos aprisiona el corazón, sino que abriéndonos a los demás, nos abrimos a la visión misma del Narrador. Contarle a Dios nuestra historia nunca es inútil; aunque la crónica de los acontecimientos permanezca inalterada, cambian el sentido y la perspectiva. Contarse al Señor es entrar en su mirada de amor compasivo hacia nosotros y hacia los demás. A Él podemos narrarle las historias que vivimos, llevarle a las personas, confiarle las situaciones. Con Él podemos anudar el tejido de la vida, remendando los rotos y los jirones. ¡Cuánto lo necesitamos todos!
Con la mirada del Narrador —el único que tiene el punto de vista final— nos acercamos luego a los protagonistas, a nuestros hermanos y hermanas, actores a nuestro lado de la historia de hoy. Sí, porque nadie es un extra en el escenario del mundo y la historia de cada uno está abierta a la posibilidad de cambiar. Incluso cuando contamos el mal podemos aprender a dejar espacio a la redención, podemos reconocer en medio del mal el dinamismo del bien y hacerle sitio.
No se trata, pues, de seguir la lógica del storytelling, ni de hacer o hacerse publicidad, sino de rememorar lo que somos a los ojos de Dios, de dar testimonio de lo que el Espíritu escribe en los corazones, de revelar a cada uno que su historia contiene obras maravillosas. Para ello, nos encomendamos a una mujer que tejió la humanidad de Dios en su seno y —dice el Evangelio— entretejió todo lo que le sucedía. La Virgen María lo guardaba todo, meditándolo en su corazón (cf. Lc 2,19). Pidamos ayuda a aquella que supo deshacer los nudos de la vida con la fuerza suave del amor:

Oh María, mujer y madre, tú tejiste en tu seno la Palabra divina, tú narraste con tu vida las obras magníficas de Dios. Escucha nuestras historias, guárdalas en tu corazón y haz tuyas esas historias que nadie quiere escuchar. Enséñanos a reconocer el hilo bueno que guía la historia. Mira el cúmulo de nudos en que se ha enredado nuestra vida, paralizando nuestra memoria. Tus manos delicadas pueden deshacer cualquier nudo. Mujer del Espíritu, madre de la confianza, inspíranos también a nosotros. Ayúdanos a construir historias de paz, historias de futuro. Y muéstranos el camino para recorrerlas juntos.

Roma, junto a San Juan de Letrán, 24 de enero de 2020, fiesta de san Francisco de Sales.

Franciscus

[1] Cf. Benedicto XVI, Carta enc. Spe salvi, 2: «El mensaje cristiano no era sólo “informativo”, sino “performativo”. Eso significa que el Evangelio no es solamente una comunicación de cosas que se pueden saber, sino una comunicación que comporta hechos y cambia la vida».

jueves, 21 de mayo de 2020

Regresan las Misas con presencia de fieles en Cerro Largo. Carta del Obispo.

A los fieles laicos, personas consagradas, diáconos y sacerdotes de la Diócesis de Melo:

Me alegra poder comunicar que nuevamente se estará celebrando la Misa en forma pública en las parroquias y algunas capillas del departamento de Cerro Largo, con autorización del Gobierno departamental, que así lo comunicó el 15 de mayo a representantes de distintas confesiones religiosas, en reunión en la que estuve presente.

Son muchos los fieles que han sentido profundamente el hecho de no poder participar en las celebraciones y recibir la comunión y que ahora tendrán la posibilidad de hacerlo.

No volvemos todavía a lo que conocíamos. La pandemia continúa y eso obliga a adoptar medidas preventivas, que se encuentran en un protocolo que el Gobierno de Cerro Largo presentó en la reunión ya mencionada a las diferentes comunidades o congregaciones religiosas, a efectos de poder tener de nuevo actos de culto y otras actividades en los templos o lugares de reunión. Ese protocolo se corresponde fundamentalmente con el que la Conferencia Episcopal del Uruguay presentó y que fue aprobado por el Ministerio de Salud Pública.

En el tiempo de cuarentena que ha transcurrido, la actitud de los fieles y de las comunidades ha sido muy variada. Algunas personas optaron por mantenerse en sus hogares, cuidándose y, muchas veces, cuidando también de otros. Muchos colaboraron, en la medida de sus posibilidades, con diferentes iniciativas solidarias que se fueron multiplicando en la sociedad. En algunas comunidades se organizaron servicios de visita a personas solas para ofrecerles asistencia, una línea telefónica de escucha, entrega de canastas. Las obras sociales mantuvieron personal de guardia y entregaron alimentos a niños y familias. Los colegios católicos, al igual que las demás instituciones de enseñanza, mantuvieron por diferentes medios la actividad educativa. Varios sacerdotes y el obispo transmitimos celebraciones a través de las redes sociales o de la televisión.

Poco a poco, al irse reencontrando, las comunidades podrán reflexionar acerca de lo que viene aconteciendo y lo que el Señor nos pide en este momento, sobre todo desde su Presencia entre quienes estén pasando las situaciones más difíciles: “cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo” (Mateo 25,31-46). Eso permitirá consolidar las buenas iniciativas y dar lugar a otras nuevas.

Aliento a todos los fieles que deseen volver a participar en las Misas a hacerlo concurriendo con mascarilla, respetando el necesario distanciamiento y otras normas que se les pedirá seguir durante la celebración. A las personas que consideren que todavía no es prudente salir o no se encuentren bien para hacerlo, las aliento también a seguir la transmisión de las Misas a través de diferentes medios que la ofrecen.

Este domingo es 24 de mayo: celebraremos la Ascensión de Jesús, pero es también el día de María Auxiliadora. A ella nos encomendamos, pidiéndole que interceda por nosotros para que en esta hora escuchemos a su Hijo y sepamos hacer lo que Él nos diga.

Los bendice de corazón:

+ Heriberto, Obispo de Melo (Cerro Largo y Treinta y Tres)

Horarios de Misas de este fin de semana
en el Departamento de Cerro Largo.


Sábado 23

Noblía.
17:00 Capilla Ntra. Sra. de Fátima.

Melo.
09:00 Catedral
16:00 Capilla Ntra. Sra. de Lourdes, Barrio Sóñora (celebración)
16:00 Capilla Virgen de los Treinta y Tres, Barrio Ruiz
18:00 Parroquia Santo Domingo Savio
18:30 Parroquia del Carmen
19:00 Catedral

Transmisiones.
16:30 desde la página de Facebook "Fazenda de la Esperanza Uruguay"



Domingo 24

Aceguá. 
09:30 Parroquia Cristo Rey

Fraile Muerto.
17:00 Parroquia Santísimo Redentor

Río Branco.
09:00 Iglesia de la Inmaculada
11:00 Capilla San José

Tupambaé.
10:00 Parroquia San José

Melo.
08:00 Capilla Sagrada Familia
09:00 Buen Pastor y San Antonio
10:00 Parroquia San José Obrero
10:30 Parroquia del Carmen
11:00 Catedral
17:00 Parroquia San José Obrero
18:00 Parroquia Santo Domingo Savio (celebración)
19:00 Catedral
19:30 Parroquia del Carmen

Transmisiones.
11:00
Canal 12 de Melo
Canal 9 (analógico) u 11 (digital) de Melo TV cable
Canal 97 de Cable 1 de Melo
Vera TV

A partir de las 12:00 la Misa estará disponible en el canal de YouTube:
"Es cuestión de Fe Diócesis de Melo".

“Yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo” (Mateo 28,16-20). Ascensión de Jesús.





Cuando una persona joven sale por primera de su casa y del pueblo o del barrio donde ha vivido hasta ese momento y se ausenta por un cierto tiempo, no es raro que vuelva cambiada. Ha conocido otra gente, otras costumbres, otra manera de hablar, otros puntos de vista… se ha situado en otro paisaje, en otro mundo… y, también, ha podido observar desde la distancia lo que hasta ahora era el mundo que conocía. Si la experiencia ha sido positiva -no siempre lo es, pero suele serlo- significa para el joven o la joven un crecimiento como persona, una transformación pequeña o grande que lo prepara para otros descubrimientos que la vida le traerá.

Este domingo es 24 de mayo y, aunque esta es la fecha en que se celebra María Auxiliadora, en esta ocasión, por ser el séptimo domingo de Pascua, corresponde celebrar la Ascensión de Jesús, a la que seguirá el acontecimiento de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo, que recordaremos el próximo domingo 31.

¿Qué significa la Ascensión de Jesús? Para entender, no solo este, sino cualquier acontecimiento de la vida de Jesús la clave nos la da el credo Niceno-Constantinopolitano, el “credo largo”, que dice así: “por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación”.

Si “por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo” como dice el credo, por la misma causa, Cristo subió al cielo, volvió a la Casa del Padre: por nosotros y por nuestra salvación.

Vamos a reflexionar sobre dos grandes significados de la ascensión: una nueva forma de presencia de Dios entre nosotros y el fortalecimiento de nuestra esperanza de una vida futura en Dios.

Una nueva presencia.
En el evangelio de Juan, capítulo 16, Jesús habla muchas veces de su partida, más aún, de la necesidad de su partida, de su regreso a la Casa del Padre. Ese regreso es necesario, dice Jesús,
“porque si no me voy, el Paráclito no vendrá a ustedes. Pero si me voy, se lo enviaré”.
Varias veces Jesús anuncia esa venida del Espíritu Santo y todo lo que el espíritu obrará en sus discípulos.

Jesús nota que los discípulos se entristecen cuando él habla de partir. Siempre nos apena separarnos de alguien con quien hemos compartido momentos importantes, tal vez los más importantes de nuestra vida, porque son como el cimiento de lo que somos y de lo que vamos a ser. Pero Jesús es el Hijo de Dios que ha asumido nuestra condición humana, menos en el pecado. Dejando ésa, tiene todas nuestras otras limitaciones humanas, empezando por la realidad corporal que hace que no podamos estar más que en un único lugar al mismo tiempo. Jesús ha preparado a sus discípulos para enviarlos por todo el mundo, pero él no irá con ellos; al menos, no irá en la misma forma en que los ha acompañado hasta ahora. El evangelio de Mateo que leemos este domingo, aunque no nos relata la ascensión, como hace Lucas, nos trae estas palabras de despedida de Jesús en su último encuentro con los discípulos:
«Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo.»

Al principio del evangelio de Mateo, como lo recordamos en el primer domingo de esta cuaresma, el tentador llevó a Jesús a lo alto de un monte y le ofreció el poder sobre todos los reinos de la tierra. Ahora Jesús está en lo alto de otro monte y anuncia a sus discípulos que ha recibido todo poder “en el cielo y en la tierra”, y lo ha recibido del Padre Dios. Con ese poder, Jesús los envía a “todos los pueblos”. Necesariamente, los discípulos deben dispersarse para realizar esa gran misión. Sin embargo, Jesús concluye anunciando: “Yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo”. Ésa será la nueva presencia de Jesús: la presencia que hace posible el Espíritu Santo. Ya no hay límites de lugar ni de tiempo. El Espíritu llevará a los discípulos la presencia de Jesús dondequiera que vayan, acompañándolos y animándolos en la misión.

Así, la ascensión abrirá el camino a una nueva presencia de Jesús mientras peregrinamos en este mundo.
Ahora veamos lo que se refiere a la esperanza de una vida futura en Dios.
Igual que el joven del que hablábamos al principio, que regresa cambiado a la casa de sus padres, el Hijo de Dios que bajó del cielo, no vuelve al cielo tal como se fue. El Hijo se encarnó, se hizo hombre. Sin dejar de ser verdadero Dios, se hizo hombre verdadero. El hombre Jesús resucita. Vuelve a la Casa del Padre transformado, llevando algo nuevo: su humanidad, su cuerpo transformado, glorioso, en el que resplandecen sus cinco llagas, como signo de su victoria sobre el dolor y la muerte. Con su ascensión, decía el Papa Benedicto XVI, el Hijo de Dios “que se ha hecho carne y permanece Hombre sin cesar” “ha inaugurado para siempre en Dios el puesto del ser humano”.
Así Jesús cumple su promesa: “Voy a prepararles un lugar”.

Pero esta esperanza de nuestra vida futura en Dios está relacionada también con nuestra fe en el retorno de Cristo: “de nuevo vendrá con Gloria” decimos en el credo.

La primera lectura de este domingo, de los Hechos de los Apóstoles, que nos trae el relato de la ascensión, termina con los discípulos mirando hacia el cielo, y las palabras de “dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron:
«Hombres de Galilea, ¿por qué siguen mirando al cielo? Este Jesús que les ha sido quitado y fue elevado al cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto partir.»”

“Vendrá”. Volvamos al comentario del Papa Benedicto, y concluyo: Cristo “llama a todo el mundo a entrar en los brazos abiertos de Dios, para que al final Dios se haga todo en todos, y el Hijo pueda entregar al Padre el mundo entero asumido en Él. Esto implica la certeza en la esperanza de que Dios enjugará toda lágrima, que nada quedará sin sentido, que toda injusticia quedará superada y establecida la justicia. La victoria del amor será la última palabra de la historia del mundo”.

Jesús cumple su promesa. Sigue haciéndose presente entre nosotros y sigue animando nuestra esperanza de una vida plena en Dios. Así, en un mundo a menudo acosado por las fuerzas del mal y en un camino lleno de vicisitudes y dificultades, podemos seguir con confianza nuestro peregrinar de cada día, dejándonos guiar por el Espíritu de Dios para actuar en la bondad y en la justicia.

Amigas, amigos: más que nunca, en este tiempo de pandemia, nos confiamos hoy a María, a quien invocamos como auxilio de los cristianos, María auxiliadora. Ella, que concibió al hijo de Dios “por obra y gracia del Espíritu Santo” nos ayude a escuchar la voz del Espíritu que nos guía en el seguimiento de su Hijo Jesús.

Gracias por su atención. Que el Señor los bendiga y hasta la próxima semana si Dios quiere.