sábado, 24 de octubre de 2026

“Amarás al Señor, tu Dios (…) y a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22,34-40). 30° domingo durante el año.

Creo que todos habremos pasado al menos una vez, posiblemente muchas, por una situación de examen, aunque más no fuera una prueba escolar. En esas situaciones, quien pregunta conoce la respuesta y espera que nosotros demos la respuesta correcta, la que el docente sabe.

El evangelio de este domingo nos cuenta que un fariseo, que era Doctor de la Ley, le planteó a Jesús una pregunta “para ponerlo a prueba”:

«Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?» (Mateo 22,36)

Seguramente, el Doctor de la Ley tenía una respuesta; pero es posible que no tuviera “la” respuesta, la única considerada válida. El Doctor de la Ley presentó a Jesús lo que en latín se llamaría una quaestio disputata, una cuestión discutida, sobre la que los sabios elaboran sus respuestas, no siempre coincidentes. Entre los fariseos, el orden jerárquico entre los diferentes mandamientos y las costumbres relacionadas con ellos era uno de los problemas más importantes. 

Por ejemplo, del respeto al Sábado, que muchos consideraban el mandamiento más importante, se derivaban otras cuestiones… ¿qué es lo que se puede y lo que no se puede hacer en sábado? Esto toca aspectos muy prácticos de la vida: ¿qué distancia se puede caminar en sábado? Esto es tan serio que todavía Lucas, en los Hechos de los Apóstoles, después de la ascensión de Jesús, cuenta que los discípulos regresaron desde el monte de los Olivos a Jerusalén y anota: “la distancia entre ambos sitios es la que está permitida recorrer en día sábado” (Hechos 1,12).

Estos detalles nos muestran la lógica que está detrás de la cuestión que se plantean los fariseos: es la lógica del cumplimiento estricto, que, en el ejemplo, se hace midiendo escrupulosamente las distancias. Caminé menos: cumplí la ley; caminé de más, falté a la ley.

La respuesta de Jesús sale de esa lógica. No se trata solo del cumplimiento exterior, sino también de una profunda adhesión interior, que la Ley de Dios esté escrita en el corazón, como había anunciado el profeta Jeremías. 

Pondré mi Ley dentro de ellos, y la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi Pueblo. (Jeremías 31,33)

Veamos la respuesta de Jesús al Doctor de la Ley:

«Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas». (Mateo 22,37-40)

Notemos como se repite muchas veces el “tu”, como adjetivo: tu Dios, tu corazón, tu alma, tu espíritu… tu prójimo. La gramática dice que ese “tu” tiene carácter posesivo. Pero cuando se trata de “tu” Dios, “tu” prójimo, el “tu” no expresa propiedad; expresa una relación. Es tu Dios, no un Dios cualquiera, no un dios abstracto, sino un Dios con quien hay una relación. Es tu prójimo, no “el” prójimo, sino el que está realmente cerca de ti, el que vas encontrando por la vida. Más todavía, decir “tu” Dios, “mi” Dios no expresa que Él nos pertenezca, sino que pertenecemos a Él… lo mismo podríamos decir respecto a mi prójimo: no es “mío”, no es mi propiedad, sino aquel que Dios ha puesto en mi camino y me llama a amar y servir.

Comentando este pasaje del Evangelio, Chiara Lubich señalaba: 

“Jesús sabe, como ninguno, quién es el Dios al que verdaderamente debemos amar y sabe cómo tiene que ser amado: es su Padre, y Padre nuestro, su Dios y nuestro Dios (cf Jn 20, 17). Es un Dios que ama a cada uno personalmente; me ama, te ama: es mi Dios, tu Dios. (Palabra de Vida, Octubre 2002).

Otra clave la encontramos en la primera lectura, que nos presenta algunas de “las normas que el Señor dio a Moisés”. Junto con ellas, se anuncia un severo castigo para quien no las cumpla… en una lectura descuidada, podríamos pensar en un Dios controlador que amenaza con pasarnos al filo de la espada si lo desobedecemos… pero prestemos atención a lo que nos está revelando: es el Señor que cuida del extranjero, la viuda y el huérfano (Éxodo 22,23), y no solo pide que hagamos lo mismo, sino que convierte la atención al más débil en el criterio absoluto para discernir si somos o no fieles a Él. 

El "deber" de mirar al otro como a un hermano, con quien compartir penas y alegrías, nace del hecho de que Dios es «compasivo» (Éxodo 22,26) con todos. Y nosotros no debemos cansarnos de parecernos a él en esta forma de atención a la debilidad humana que todos compartimos. No es un amor solo de buenos sentimientos, de hermosas palabras, sino de hechos concretos. Es el amor que desafía a la creatividad. Existen, tanto entre personas creyentes como no creyentes, tanto en instituciones seculares como en comunidades de fe, muchas y buenas iniciativas en favor del prójimo. Todas ellas corren el riesgo de perder su sentido, si se convierten en programas burocráticos donde las acciones se vuelven mero cumplimiento y las personas asistidas en puros resultados numéricos. 

El aspecto más difícil del amor al prójimo -a mi parecer- está en el amor, no digamos ya a quienes se nos declaran enemigos, sino a esas personas que nos han tratado con indiferencia, menosprecio o, incluso, que nos han lastimado… 

Cuando hemos sido heridos, tendemos a replegarnos sobre nosotros mismos, a centrarnos en nuestro dolor y a no pensar en quien nos ha hecho daño más que como alguien a quien acusar y, si es posible, hacerle pagar de algún modo lo que nos ha hecho. Amar al prójimo, en esas situaciones, supone un acto de descentramiento, de salir de sí mismo, tomar distancia, especialmente en los conflictos entre personas que se quieren: familia, amigos, comunidad. Si me pregunto “¿Qué haría Cristo en mi lugar?” la única respuesta posible es “amar”. Amar primero, amar siempre, volver a amar. Tengo que encontrar la forma concreta de expresar ese amor, que puede empezar por dejar de acusar, calificar y juzgar y buscar caminos de acercamiento y diálogo.

Por eso, el amor a Dios y el amor al prójimo son inseparables. Intentar donar nuestra vida a los demás, sin aprender antes a recibirla de Dios, es un salto que puede costarnos caro. Pero es igualmente ilusorio cerrarse a un amor hacia Dios incapaz de concretarse en formas de atención y disponibilidad hacia el prójimo. Para amar en profundidad se necesita sabiduría pero también un poco de inconsciencia, sabiendo que algo tan hermoso, humano y divino, no puede ser vivido sino como dice san Pablo en la segunda lectura: 

“… en medio de muchas dificultades, con la alegría que da el Espíritu Santo.” (1 Tesalonicenses 1,6)

En esta semana

Miércoles 28 – fiesta de san Simón y san Judas, apóstoles. Simón, llamado también el Cananeo o el Zelota. Judas, llamado también Tadeo, fue el que en la última cena preguntó al Señor acerca de su manifestación, recibiendo esta respuesta: “El que me ama, guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él”.

Jueves 29 – Beata Chiara Luce Badano, que a los 18 años entregó su alma a Dios, después de sobrellevar con fe y paciencia una grave enfermedad. 

Encuentros decanales en el camino sinodal.

Del miércoles al sábado, en la Diócesis de Canelones, se reúnen sucesivamente los consejos pastorales decanales de Canelones, Playas, Piedras y Pando. El decanato Centro lo hará más adelante. De esta forma damos un paso dentro del camino sinodal en el que está comprometida toda la Iglesia.

RIFA: UNA GRAN ALEGRÍA

Finalmente, les recuerdo la necesidad de reunir fondos para cubrir los gastos por la visita del Papa. Poder realizar eventos costosos con entrada gratuita, es posible si todos colaboramos, cada uno en la medida de sus posibilidades, ahora con la rifa que está circulando. Gracias por colaborar y difundir.

Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

24 de octubre: San Antonio María Claret. “Encender a todo el mundo en el fuego del divino amor”.


 

Breve semblanza tomada de la carta del papa Benedicto XVI a los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, Claretianos. 8 de diciembre de 2007, Solemnidad de la Inmaculada concepción de la Virgen María.

viernes, 23 de octubre de 2026

Palabra de Vida: “Con mucha humildad, mansedumbre y paciencia, sopórtense mutuamente por amor” (Efesios 4,1-6)


 

Viernes de la XXIX semana durante el año, 23 de octubre de 2026.
San Juan de Capistrano, presbítero. Memoria libre.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.

jueves, 22 de octubre de 2026

22 de octubre: San Juan Pablo II


 

Desde su primera visita a México, en 1979, la Virgen de Guadalupe ganó el corazón de San Juan Pablo II.
Reconociéndola como "Patrona de toda América y Estrella de la primera y de la nueva evangelización" estableció que el 12 de diciembre se celebrara su fiesta en todo el continente.
En 2031 se celebrarán los 500 años del acontecimiento guadalupano. Nuestra diócesis de Canelones, que tiene como patrona a Nuestra Señora de Guadalupe deberá tener parte activa en esa conmemoración.

martes, 20 de octubre de 2026

Palabra de Vida: “Al que se le dio mucho, se le pedirá mucho” (Lucas 12,39-48)


 

Miércoles de la XXIX semana durante el año, 21 de octubre de 2026. Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.

Palabra de Vida: “Somos miembros de la Familia de Dios” (Efesios 2,12-22)


 
Martes de la XXIX semana durante el año, 20 de octubre de 2026.

Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.

domingo, 18 de octubre de 2026

DIOS RICO EN MISERICORDIA. Efesios 2,1-10.


Lunes de la XXIX semana durante el año, 19 de octubre de 2026.
Santos Juan de Brébeuf e Isaac Jogues, presbíteros y compañeros mártires. Memoria libre.
San Pablo de la Cruz, presbítero. Memoria libre.

sábado, 17 de octubre de 2026

Domingo Mundial de las Misiones. «Den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios» (Mateo 22,15-21). Domingo XXIX durante el año.

Amigas y amigos:

Como les decía el domingo pasado, quiero dedicar este programa al centenario del Domingo Mundial de las Misiones, establecido en 1926 por el papa Pío XI. En 1943 se creó en España el acrónimo Domund, formado a partir de «Domingo Mundial». Desde entonces, así se lo conoce en los países de habla castellana.

Todos sabemos que este domingo se realiza una colecta para las misiones, pero el Domund es mucho más que eso. Su celebración busca despertar y fortalecer la conciencia misionera de la Iglesia, agradecer por los misioneros que cada diócesis recibe y envía, y promover la participación de las comunidades en el sostenimiento de las misiones, tanto mediante la oración como con la colaboración económica.

Cuando hablamos de las misiones, pronto aparece la expresión «Obras Misionales Pontificias», las OMP. Sin embargo, no todos conocen cuáles son ni la historia de cada una.

La primera es la Obra de la Propagación de la Fe. Surgió en 1822 por iniciativa de una joven francesa, la beata Paulina Jaricot. Ella promovió una red de pequeños grupos en las fábricas de su padre, cuyos integrantes ofrecían cada semana una oración y un pequeño donativo para los misioneros.

En 1843, el obispo de Nancy, monseñor Charles de Forbin-Janson, creó, también en Francia, la segunda: la Obra de la Santa Infancia o Infancia Misionera. Su lema inicial fue «Los niños ayudan a los niños», y animaba a los más pequeños a colaborar con la oración y pequeñas ayudas para los niños necesitados de los territorios de misión.

La Obra de San Pedro Apóstol fue fundada en Francia en 1889 por Jeanne Bigard y su madre, Stéphanie Bigard. Se dedicó a apoyar la formación y el sostenimiento de las vocaciones sacerdotales nativas en los territorios de misión.

Estas tres iniciativas fueron reconocidas como Obras Pontificias por el papa Pío XI. A ellas se sumó una cuarta: la Unión Misional, fundada en Italia por el beato Paolo Manna, sacerdote misionero en Birmania, hoy Myanmar. Su propósito era reavivar el ardor misionero de los sacerdotes para que ellos, a su vez, inspiraran a toda la comunidad. Fue reconocida como Obra Pontificia por el papa Pío XII. Hoy las cuatro obras trabajan coordinadamente y forman una unidad.

El papa Pío XI fue conocido como «el Papa de las Misiones». Su pontificado se extendió desde febrero de 1922, poco más de tres años después del final de la Primera Guerra Mundial, hasta febrero de 1939, ocho meses antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial.

En aquel período de relativa paz y crecientes tensiones, mientras surgían o se afianzaban los totalitarismos que desencadenarían la guerra, la Iglesia vivió un tiempo de renovación y de impulso misionero bajo la guía de este papa.

Su primer gesto misionero tuvo lugar el mismo día de su elección. Hoy estamos acostumbrados a ver al papa recién elegido salir al balcón de San Pedro para impartir la bendición. En aquel tiempo no era así. Tras la unificación de Italia, en 1870, dejaron de existir los Estados Pontificios y el papa había quedado confinado en el Palacio Apostólico, con escasa libertad de movimientos.

Hacía mucho tiempo que no se abría el balcón de San Pedro; de hecho, se había convertido en una especie de depósito. Al ser elegido, Pío XI mandó despejarlo y limpiarlo para impartir desde allí la bendición «urbi et orbi», es decir, a la ciudad y al mundo. Fue el signo de una Iglesia dispuesta a salir al encuentro de todos.

En los años siguientes, otros signos mostraron el énfasis que el papa puso en la misión de la Iglesia.

En 1922, durante su primera celebración de Pentecostés, recordó los trescientos años de la Congregación para la Propagación de la Fe, fundada en 1622 por el papa Gregorio XV  hoy continúa hoy como Dicasterio para la Evangelización. En su homilía, Pío XI señaló que hasta el último de los fieles podía y debía preguntarse: «¿Qué puedo ofrecerle al Señor por todas las gracias que he recibido de Él?». Ese mismo año dio reconocimiento pontificio a las dos primeras obras misioneras.

En 1925 se realizó en el Vaticano una gran exposición misionera. Al año siguiente promulgó la encíclica Rerum Ecclesiae, «las cosas de la Iglesia», considerada la carta magna de las misiones. En ella afirmó la independencia de la acción misionera de la Iglesia frente a los intereses políticos, coloniales y culturales de las potencias europeas, así como la corresponsabilidad de todos los obispos y fieles del mundo en la misión.

Al año siguiente estableció el Domingo Mundial de las Misiones y fijó su celebración para el penúltimo domingo de octubre. En 1927 nombró a santa Teresita del Niño Jesús, a quien había canonizado dos años antes, copatrona de las misiones junto con san Francisco Javier.

En su empeño por impulsar un clero propio en cada país, ordenó a los primeros seis obispos chinos de la era moderna y al primer obispo nativo de Japón. También continuó ordenando obispos y promoviendo seminarios locales en la India, el sudeste asiático y África.

Dispuso, además, que las congregaciones religiosas, tanto masculinas como femeninas, asumieran activamente un territorio o un compromiso misionero.

Amigas y amigos: el papa León XIV, por cuya pronta y firme recuperación estamos rezando, nos ha entregado un mensaje para este Domund con el lema «Uno en Cristo, unidos en la misión». El mensaje concluye con esta oración:

Padre santo, concédenos ser uno en Cristo, 
arraigados en su amor que une y renueva. 
Haz que todos los miembros de la Iglesia 
estén unidos en la misión, 
dóciles al Espíritu Santo 
y valientes para dar testimonio del Evangelio, 
anunciando y encarnando cada día 
tu amor fiel por cada criatura.
Bendice a los misioneros y misioneras, 
apóyalos en su esfuerzo y presérvalos en la esperanza.
María, Reina de las misiones, 
acompaña nuestra labor evangelizadora 
en todos los rincones de la tierra. 
Haznos instrumentos de paz 
y haz que el mundo entero 
reconozca en Cristo la luz que salva. Amén.

En esta semana:

El jueves 22 recordamos a san Juan Pablo II, el primer papa que visitó Uruguay, en 1987 y 1988.

El sábado 24 celebramos a san Antonio María Claret, obispo misionero y fundador de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, conocidos como misioneros claretianos. Es la fiesta patronal de la parroquia de la ciudad de Progreso.

Gracias a todos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.


viernes, 16 de octubre de 2026

Palabra de Vida: “No teman” (Lucas 12,1-7)

Viernes de la XXVIII semana durante el año, 16 de octubre de 2026.

Santa Eduvigis, religiosa. Memoria libre. Santa Margarita María Alacoque, virgen. Memoria libre.

Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.

jueves, 15 de octubre de 2026

Palabra de Vida: “En Él... hemos recibido el perdón de los pecados” (Efesios 1,1-10)


 

Jueves de la XXVIII semana durante el año, 15 de octubre de 2026.
Santa Teresa de Ávila, virgen y doctora de la Iglesia.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.