jueves, 13 de agosto de 2026

MUJER ¡QUÉ GRANDE ES TU FE! (Mateo 15,21-28). XX Domingo durante el año.

Amigas y amigos: la semana pasada tuvimos la confirmación oficial de la visita del Papa a Uruguay, Argentina y Perú, en ese orden. Uruguay será el primer país de toda América en recibir a León XIV como sucesor de Pedro y -perdonen que lo diga- el primer pedacito de tierra donde pondrá su pie será nuestra diócesis, ya que el aeropuerto, no lo olvidemos, está en el departamento de Canelones. Preparémonos a recibir a nuestro visitante, no solo con gestos de hospitalidad, sino también con el corazón abierto a un mensaje que, como ya hemos tenido oportunidad de ver, siguiendo sus diferentes discursos, toca todas las cuerdas de la experiencia humana, no solo en la relación con Dios, sino entre nosotros, con la Creación y de cada uno consigo mismo, porque nada de lo humano es ajeno a la fe.

Alguien podría pensar que esta visita es solo para los católicos, pero no es así. Todos estamos invitados a participar. Como en la primera lectura, donde el profeta Isaías transmite la promesa de Dios de reunir a todos los pueblos:

Yo los conduciré hasta mi santa Montaña
y los colmaré de alegría en mi Casa de oración (Isaías 56,7)

La misma llamada universal está reflejada en la carta de San Pablo a los Romanos. 

Porque Dios sometió a todos a la desobediencia, para tener misericordia de todos. (Romanos 11,32)

Suena extraña la expresión de Pablo. ¿Qué quiere decir con que Dios sometió a todos a la desobediencia? Pablo no quiere decir que Dios empuje a nadie a hacer el mal. Se refiere a la desobediencia a la Ley de Dios: la Ley que Israel recibió por medio de Moisés, pero también esa ley interior que todo ser humano lleva en su conciencia, como lo recuerda el mismo Pablo cuando habla de que los paganos tienen 

“el testimonio de su propia conciencia, que unas veces los acusa y otras los disculpa” (Romanos 2,15).

El someter a todos significa que Dios entrega al hombre a las consecuencias de sus propias decisiones. Dios deja que el ser humano constate su propia incapacidad de salvarse a sí mismo. 

Esto vale también para los israelitas que hacían del cumplimiento de la Ley una especie de seguro, obtenido por su propio esfuerzo, sin dar lugar a la intervención de la Gracia divina. Pero la salvación no se compra ni se conquista. Es un regalo de la Misericordia de Dios, porque Él quiere “tener misericordia de todos”, puesto que su voluntad es que todos se salven.

Sin embargo, cuando llegamos al evangelio nos desconcierta la actitud de Jesús, que, precisamente, está moviéndose en tierra extranjera:

Jesús partió de Genesaret y se retiró al país de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: 

«¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio». Pero Él no le respondió nada. (Mateo 15,21-23)

Silencio de Jesús, silencio de Dios, ante la petición angustiada de una madre, que llega con el dolor de su hija en su corazón. Tal vez alguna vez nos hemos sentido así: rezamos, pedimos, esperamos… y no percibimos una respuesta de Dios. 

Pero ese silencio desconcertante no desanima a la mujer. No se encierra en su dolor ni abandona la confianza. Sigue detrás de Jesús y de los discípulos. Su oración no es elegante, no es tranquila, no es cómoda para los demás. Es el grito de una madre. Los discípulos se cansan y le dicen a Jesús:

«Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos». (Mateo 15,23)

En contraste con la apertura universal a la salvación de las primeras dos lecturas, Jesús responde con una frase que parece cerrar la puerta: 

«Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel» (Mateo 15,24). 

Pero ella no se retira. Se acerca más. Se postra delante de Él y vuelve a pedir: 

«¡Señor, socórreme!» (Mateo 15,25). 

Y todavía escucha una palabra más dura: 

«No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros» (Mateo 15,26). 

Ante esas palabras, ella podría haberse retirado herida y resentida. Podría haberse quejado con desilusión y amargura. Pero no lo hace. Con humildad y con una confianza enorme, encuentra una respuesta ingeniosa… y profunda: 

«¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!» (Mateo 15,27).

Ahí aparece la grandeza de su fe. Esta mujer no exige. No se impone. No se aleja. Se aferra a la bondad de Jesús. Cree que alcanza con una migaja de su misericordia. Tiene razón: una miguita de la misericordia de Dios alcanza para levantar una vida, para sanar una herida, para abrir una esperanza.

Jesús ha recogido lo que él deseaba encontrar: una fe que no vacila. Una fe que hizo que la extranjera se acercara con más confianza que la de muchos de los que estaban cerca. 

Entonces Jesús le dijo: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!» Y en ese momento su hija quedó sana.  (Mateo 15,28)

“Mujer, qué grande es tu fe”. El domingo pasado escuchamos al Maestro llamar a Pedro “hombre de poca fe”. Es inevitable la comparación. Pedro, un israelita, uno de los primeros discípulos, queda en la penumbra frente a la mujer cananea que ha vencido la aparente reticencia de Jesús con humildad y perseverancia.

La insistencia de la mujer en invocar la intervención de Jesús nos muestra un camino de oración a recorrer sin desalentarnos, sin desesperar ni siquiera ante las pruebas más duras de la vida. Dios no cierra los ojos ante nuestras peticiones; y si a veces parece insensible, es solo para ponernos a prueba y templar nuestra fe, para que nos apoyemos en su misericordia.

Y si acaso nos sentimos más cerca de la poca fe de Pedro que de la fe grande de la mujer cananea, no nos olvidemos que todos estamos llamados a crecer en la fe. Por la fe llegamos a conocer a Jesús en su identidad real de Hijo de Dios, en su novedad única y absoluta. Por la fe llegamos a recibir su Palabra como fuente de vida, para vivir con Él una relación personal que nos transforma, que puede hacer de cada día una experiencia de conversión. Cada día puede hacernos pasar de ser un individuo encerrado en sí mismo a la persona abierta que se deja interpelar por la Palabra de Dios y que abre la propia vida a su Amor.

En esta semana:

  • Domingo 16: Nacimiento de san Juan Bosco. La fiesta litúrgica del santo se ubica en enero, pero los salesianos suelen también festejar este aniversario, que en el hemisferio sur cae dentro del año lectivo.
  • Ese mismo domingo, este año se celebra la Fiesta patronal en la parroquia de San Jacinto.
  • Lunes 17: San Jacinto de Cracovia, presbítero.
  • Martes 18: Santa Elena, buscadora de la Cruz de Cristo.
  • Patrona de una capilla de catedral y de uno de los Colegios de Ciudad de la Costa.
  • Jueves 20, San Bernardo, abad y doctor de la Iglesia.
  • Viernes 21, San Pío X, “el papa de la catequesis”. 
  • Sábado 22, Bienaventurada Virgen María, Reina.

Celebración del Día de la catequesis 2026: 

El domingo 23, el más cercano a la fiesta de San Pío X, se celebra el Día Nacional de la Catequesis con el lema “El corazón habla al corazón”.

Los catequistas se reunirán por decanato: Centro, Playas, Piedras y Canelones, el sábado 22, mientras que Pando lo hará el domingo 30.

  • Decanato Centro, de 9 a 14, en San Bautista
  • Decanato Playas, 15 horas, capilla V. de los Treinta y Tres - S. Francisco
  • Decanato Piedras, 18 horas, San Antonio
  • Decanato Canelones, 18 horas, Catedral
  • Decanato Pando, Domingo 30 de agosto, de 10 a 16 horas, en capilla Ma. Auxiliadora, Barrio Estadio, Pando.

Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.


miércoles, 12 de agosto de 2026

Palabra de Vida. Perdonar de corazón. Mateo 18,21-19,1.


 

Jueves de la XIX semana durante el año, 13 de agosto de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.

Palabra de Vida. “Si tu hermano peca contra ti, ve y corrígelo en privado” (Mateo 18,15-20)


 

Miércoles de la XIX semana durante el año, 12 de agosto de 2026. Santa Juana Francisca Chantal, religiosa.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.

martes, 11 de agosto de 2026

11 de agosto: Santa Clara de Asís.


De una catequesis del Papa Benedicto XVI, 15 de septiembre de 2010.

Palabra de Vida. SER COMO UN NIÑO. Mateo 18,1-5.10.12-14.


 

Martes de la XIX semana durante el año, 11 de agosto de 2026. Santa Clara de Asís.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.

domingo, 9 de agosto de 2026

10 de agosto: San Lorenzo, diácono y mártir.


Deseó ardientemente acompañar al papa Sixto II en su martirio. Según cuenta san León Magno, recibió del tirano la orden de entregar los tesoros de la Iglesia, y él, burlándose, le presentó a los pobres en cuyo sustento y abrigo había gastado abundantes riquezas. Por la fe de Cristo, tres días más tarde superó el tormento del fuego, y el instrumento de su tortura se convirtió en distintivo de su triunfo, siendo enterrado su cuerpo en el cementerio de Campo Verano, que desde entonces fue llamado con su nombre (año 258).

viernes, 7 de agosto de 2026

Del viento huracanado a la brisa suave. (1 Reyes 19,9.11-13a / Mateo 14,22-33). XIX Domingo durante el año.

Nuestra reflexión de hoy viene con coloración “meteorológica”, coincidiendo con los temporales que hemos pasado y los que todavía nos puede traer Santa Rosa. Las fuerzas de la Naturaleza fueron en la antigüedad asimiladas a potencias divinas. Aún hoy, en nuestro mundo secularizado, nos damos cuenta de que hay fenómenos que escapan a nuestro control y nos someten, incluso llevándose vidas y bienes.

En la primera lectura de hoy, con el profeta Elías nos encontramos frente a una expresión de esas fuerzas, que culmina con una revelación de Dios. 

Para entender el significado de lo que vivió Elías, necesitamos recordar brevemente el contexto. El rey Ajab se había casado con Jezabel, una fenicia que promovía el culto de Baal y perseguía ferozmente a los creyentes del Dios de Israel. Elías, según sus propias palabras “lleno de celo por el Señor, Dios de los Ejércitos” (1 Reyes 19,10.14), mató con la espada a cientos de profetas de Baal. Haciéndolo, creía estar observando escrupulosamente la Ley de Dios, que prohíbe el culto a otros dioses. Eso encendió inmediatamente la ira de Jezabel, que decidió tomar venganza. Elías huyó para salvar su vida.

“Caminó un día entero por el desierto, y al final se sentó bajo una retama. Entonces se deseó la muerte y exclamó: «¡Basta ya, Señor! ¡Quítame la vida, porque yo no valgo más que mis padres!».” (1 Reyes 19,4)

Elías dirige a Dios una oración desesperada… no puede soportar lo que está viviendo y le ruega “quítame la vida”; al mismo tiempo, hace una confesión: “no valgo más que mis padres”. Pero es ahora, fatigado y débil, cuando está realmente preparado para el encuentro con Dios, que le da fuerzas para que camine “cuarenta días y cuarenta noches” hasta la montaña santa, donde se le manifestará. Prestemos ahora atención a la manifestación de Dios:

El Señor pasaba. Sopló un viento huracanado que partía las montañas y resquebrajaba las rocas delante del Señor. Pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, hubo un terremoto. Pero el Señor no estaba en el terremoto. Después del terremoto, se encendió un fuego. Pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego, se oyó el rumor de una brisa suave. Al oírla, Elías se cubrió el rostro con su manto, salió y se quedó de pie a la entrada de la gruta. (1 Reyes 19,11-13)

Elías cubre su rostro porque reconoce al Señor en la brisa suave. Después de haber desatado su ira, Elías llega a comprender que Dios no quiere imponer su presencia de manera violenta y agresiva, como el viento, el fuego o el terremoto. Dios desea ser creído y recibido en libertad. Dios se manifiesta en el silencio, en una mezcla de presencia y ausencia que solo la fe puede intuir y acoger. Esta experiencia purifica el corazón de Elías, que se despoja de la pesada imagen de una divinidad poderosa e intolerante. A través de un largo camino, sobre todo dentro de sí mismo, Elías llega a descubrir y aceptar que Dios llega como una brisa suave y no como el viento huracanado.

También los discípulos, siguiendo a Jesús, llegan a un similar encuentro con Dios, en la persona de Jesús. Esto sucede después de la multiplicación de los panes, que leímos el domingo pasado. Sorprende la forma en que el Maestro pone fin a ese episodio:

Jesús obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que Él a la otra orilla, mientras Él despedía a la multitud. (Mateo 14,22)

¿Cuál es la prisa de Jesús? Hay algo que él necesita mucho en ese momento:

Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo. (Mateo 14,23)

Vale anotar que, fuera de la oración en Getsemaní, este es el único momento en que Mateo menciona que Jesús se retira a orar. Eso habla de una especial necesidad de encuentro con el Padre, de discernimiento sobre la propia misión y sobre los signos que Jesús realiza, de modo que no se vuelvan un espejismo para quienes esperan un Mesías triunfante. 

Cruzando el lago los discípulos se encuentran pronto en medio de una verdadera tormenta, que describen los cuatro evangelios. Marcos, incluso, habla de dos tormentas:

  • La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra. (Mateo 14,24)
  • Se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que se iba llenando de agua. (Marcos 4,37)
  • Remaban muy penosamente, porque tenían viento en contra (Marcos 6,48)
  • Se desencadenó sobre el lago un fuerte vendaval; la barca se iba llenando de agua, y ellos corrían peligro. (Lucas 8,23)
  • El mar estaba agitado, porque soplaba un fuerte viento. (Juan 6,18)

Aquella noche angustiosa quedó en el recuerdo de la primera comunidad cristiana (Mateo 14,22-33 / Marcos 4,35-41 y 6,47-52 / Lucas 8,22-25 / Juan 6,16-21). En ella encontraron una imagen del camino de fe de todo creyente, en el que Jesús aparece, finalmente, caminando sobre el océano de nuestros miedos (o despertando de su sueño dentro de la barca, como cuentan Lucas y también Marcos, en su primer relato). Sin embargo, en los relatos de Mateo y de Marcos, la visión de Jesús no acaba de inmediato con la angustia; al contrario, la hace estallar:

Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. «Es un fantasma», dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar.

Pero Jesús les dijo: «Tranquilícense, soy Yo; no teman». (Mateo 14,26-27)

La presencia de Dios en nuestra vida es discreta, suave; se reconoce con la mirada atenta de la fe. Como llegó a entenderlo el profeta Elías, Dios se hace sentir como brisa suave, que rodea suavemente nuestra vida. Cuesta creer que Dios esté tan cerca y presente de una forma tan tenue. Por eso la necesidad de poner a prueba a Dios, pidiendo más señales:

Pedro le respondió: «Señor, si eres Tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua». (Mateo 14,28)

Tratando de caminar sobre las aguas, Pedro descubre que si nos detenemos en la furia del viento, nos hundimos bajo el peso de nuestras angustias; pero si mantenemos la mirada en el Señor y, de último, gritamos y nos agarramos de su mano, el viento se calma y volvemos a creer.

Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?» (Mateo 14,31)

Esta expresión, que suena como un reproche, hay que leerla desde el Evangelio de Mateo, que suaviza expresiones más duras que encontramos en el evangelio de Marcos (4,40; 8,17) y señala el valor de una fe aún tan pequeña como un grano de mostaza (Mateo 17,20). Aún desde nuestra pequeña fe, podemos percibir la suave brisa que nos trae la presencia de Dios y abrir el corazón a su Presencia.

En esta semana

  • El Sábado 8 y Domingo 9 se realiza en nuestra Diócesis la Colecta para el Hogar Sacerdotal. Agradezco a todos su generosa colaboración.
  • Este domingo, 9 de agosto, es el día de Santa María Francisca Rubatto, virgen y fundadora, la primera santa uruguaya. Nacida en Italia, eligió vivir entre nosotros la etapa final de su vida y ser sepultada, como ella dijo, “cerca de sus pobres”.
  • Lunes 10, recordamos a San Lorenzo, diácono y mártir. Saludamos en este día a todos los diáconos permanentes, agradecidos por su ministerio.
  • Martes 11, Santa Clara de Asís. Fiesta en los monasterios de las Clarisas capuchinas y franciscanas. Fecha especialmente importante en este año jubilar franciscano.
  • Miércoles 12, Santa Juana Francisca de Chantal, co fundadora de las hermanas Salesas. Fiesta en el monasterio de la Visitación, en la ciudad de Progreso.
  • El Viernes 14, recordamos a san Maximiliano Kolbe, presbítero y mártir.
  • El Sábado15, celebramos la solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María.

Gracias, amigas y amigos, por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

7 de agosto: San Cayetano, Presbítero


 

De una carta de San Juan Pablo II al superior general de los Teatinos, 7 de agosto de 1980, en el quinto centenario del nacimiento de San Cayetano.

jueves, 6 de agosto de 2026

Los Obispos del Uruguay invitan a participar activamente del encuentro con el Papa León XIV


CARTA DE LOS OBISPOS DEL URUGUAY CON MOTIVO DE LA VISITA DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV

Montevideo, 5 de agosto de 2026

Queridos hermanos y hermanas: 

Con inmensa alegría en el corazón nos dirigimos a ustedes luego de recibir una de las noticias más esperadas para nuestra Iglesia y nuestra patria, la visita apostólica de Su Santidad, el Papa León XIV, que estará en Montevideo, Florida y Paysandú.  

Esta visita es un acontecimiento histórico y un regalo providencial para nuestro país, que nos llena de un profundo gozo. Recibimos al pastor que viene en nombre del Señor a confirmarnos en la fe y a traer un mensaje de paz y de esperanza a todos los uruguayos y a todos los que habitan en nuestra tierra. 

Los convocamos a cada uno de ustedes —niños, adolescentes, jóvenes, adultos, ancianos, familias, comunidades parroquiales y educativas, movimientos, y personas de buena voluntad— a participar activamente de este gran encuentro donde será importante el trabajo y la colaboración de todos.   

Próximamente les estaremos compartiendo los detalles del itinerario oficial, los lugares de los encuentros masivos y las pautas para las inscripciones. 

Los invitamos a prepararnos sobre todo con el corazón. Que la oración ferviente sea el cimiento que disponga nuestra alma para recibir los frutos espirituales que el paso del Papa dejará en nuestra tierra.

Que María, Virgen de los Treinta y Tres, nos acompañe en este camino y nos ayude a disponer el espíritu para recibir al Santo Padre con los brazos abiertos.

Con nuestra bendición y fraterno afecto en el Señor,
Los obispos del Uruguay

miércoles, 5 de agosto de 2026

Transfiguración del Señor. Palabra de Vida. Transfigurar la vida con el amor de Dios. Mateo 17,1-9.


 

6 de agosto de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.