jueves, 20 de agosto de 2026

“Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo". (Mateo 16,13-20). XXI Domingo durante el año.

Hoy celebramos en Uruguay, y también en otros países, el Día Nacional de la Catequesis, por ser el domingo más cercano al 21 de agosto, memoria de San Pío X, “el papa de la catequesis”. Es una buena ocasión para dar gracias por tantos catequistas que, semana a semana, ayudan a niños, jóvenes y adultos a conocer a Jesús y a crecer en la fe.

El Evangelio de hoy nos pone ante dos preguntas del Maestro. Preguntas sencillas, pero decisivas; interpelan a todo cristiano y, de modo especial, a quienes tienen la misión de educar en la fe:

«¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?» (Mateo 16,13)

«Y ustedes ¿quién dicen que soy?» (Mateo 16,15)

Podríamos pensar que la segunda pregunta es la que realmente importa. Efectivamente, la respuesta de Pedro a esa pregunta tiene consecuencias muy importantes para él y para toda la comunidad eclesial que Jesús está conformando con el grupo de los Doce.

Sin embargo, la respuesta a la primera también es importante; lo es para el catequista y lo es para todo cristiano, llamado a participar en la misión evangelizadora de toda la Iglesia. De allí surge qué se comenta, qué se espera, qué imágenes de Dios y del Mesías circulan entre la gente.

«Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas». (Mateo 16,14)

A lo largo de veinte siglos de cristianismo, la respuesta a la pregunta sobre Jesús ha pasado por los más diversos enfoques. Basta seguir los debates de los primeros Concilios que convocó la Iglesia para discernir la verdadera fe y el contraste con las tendencias que se fueron alejando de la verdad que Pedro expresó. La verdad sobre Jesucristo no es solo una cuestión histórica, sino que en ella está enraizada la verdad sobre Dios y la verdad sobre el hombre, puesto que, como enseña el Concilio Vaticano II:

“El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado. (…) Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación” (Gaudium et Spes, 22)

En nuestro tiempo, es verdad, esa respuesta es muchas veces la indiferencia y aún la ignorancia… pero a veces ese desconocimiento libera de prejuicios y hace que el encuentro con Jesús pueda tener una increíble frescura, como lo han experimentado muchas veces los catequistas con niños y aún con adultos.

Cuando Jesús hace la segunda pregunta, para que ver qué dicen de él sus discípulos, Pedro responde:

«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo» (Mateo 16,16)

Jesús es el “Mesías”, es decir, el Ungido. En la tradición de Israel, la unción con óleo expresaba una elección especial de Dios y la entrega de los dones necesarios para una misión. Los profetas, los sacerdotes y especialmente los Reyes, fueron reconocidos como “ungidos”. David, futuro rey de Israel, perseguido por el rey Saúl, se negó a levantar la mano contra el que Dios había elegido previamente:

«¡Dios me libre de hacer semejante cosa a mi señor, el ungido del Señor!». (1 Samuel 24,7 cf. 26,9)

Mesías, en hebreo, “ungido”, se traduce en griego como “Cristo”. Jesús es el Cristo, el Ungido por excelencia. Él no recibe simplemente un don más: en Él habita la plenitud del Espíritu, y ese Espíritu lo comunica a quienes creen en Él. 

La respuesta de Pedro tiene otro elemento: “el Hijo de Dios vivo”. Si toda criatura humana puede llegar a ser hijo o hija de Dios, nadie lo es en el sentido que lo es Jesucristo. Así como Él es “el” ungido, en una forma única, es también “el” hijo, con la misma unicidad. Es el Hijo, la Palabra Eterna del Padre que se ha hecho hombre…

La respuesta de Pedro le vale recibir de Jesús una bienaventuranza:

«Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo». (Mateo 16,17)

Jesús aprecia que esa respuesta no es únicamente humana. Pedro ha madurado en el encuentro personal con Cristo, pero, más aún, ha recibido del Padre el don de la fe.

Ahora bien, ¿ya está todo dicho? ¿Pedro ve todo lo que significan sus propias palabras? La continuación de la narración evangélica nos muestra que la fe de Pedro tendrá que seguir purificándose. Pedro participa de las expectativas de su gente, que tiene sus ideas sobre lo que debe ser y lo que debe hacer el Mesías… y sin embargo, no es así como Jesús entiende la misión que ha recibido del Padre… pero eso ya lo veremos el próximo domingo.

La respuesta de Jesús tiene una segunda parte:

Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo». (Mateo 16,18-19)

Estas palabras de Jesús son el fundamento del ministerio de Pedro, que continuará en sus sucesores. Entre los muchos títulos del Papa, tal vez el más importante sea el de “sucesor de Pedro”, porque remite a la misión recibida de Jesús: ser fundamento, fortalecer la fe de los hermanos, servir a la unidad de la Iglesia. No es la única referencia a esa misión, pero es la primera, fundante; y, precisamente, Pedro es colocado en los cimientos, como piedra sobre la que se construye la comunidad, aunque no debemos olvidar que la piedra angular es Cristo mismo (cf. Salmo 117, 22).

Esta designación de Pedro viene preparada por la primera lectura de hoy, del libro de Isaías, donde Dios anuncia la sustitución del antiguo mayordomo de palacio, por otro que recibirá la llave como símbolo de su autoridad y tendrá la misión de ser “un padre para los habitantes de Jerusalén”, es decir, no tanto alguien que está para vigilar propiedades y contabilizar riquezas, sino para velar por el bien de aquellos que le han sido confiados.

En esa clave podemos leer el poder de atar y desatar que recibe Pedro. Entre otras interpretaciones, que son también válidas, podemos entenderlos como dos formas diferentes de velar por el bien. Porque todos necesitamos de "lazos", de vínculos, de comunidad. Nadie se inicia en la fe en solitario: es la comunidad cristiana la que acoge, transmite, celebra y acompaña el camino de quienes descubren a Jesucristo.

Pero también necesitamos la Misericordia que nos "desata", que nos desencadena de lo que nos mantiene en esclavitud y recorta nuestra vida. Pedro no recibe poder para hacer el bien o el mal, sino solamente para hacer el bien en todas sus formas: atando, fortaleciendo vínculos y desatando, liberando.

En este Día Nacional de la Catequesis, pidamos por nuestros catequistas y por toda la comunidad cristiana. Que sepamos escuchar de nuevo la pregunta de Jesús: “Y ustedes ¿quién dicen que soy?”. Y que, con la ayuda del Padre, podamos responder no solo con palabras, sino con una vida unida a Cristo, atada por el amor y desatada por la misericordia.

En esta semana:

  • Lunes 24, San Bartolomé, apóstol.
  • Martes 25, Independencia del Uruguay, Nuestra Señora de la Fundación. Fiesta patronal en Solymar.
  • Miércoles 26, beato Ceferino Namuncurá.
  • Jueves 27, santa Mónica, madre de San Agustín.
  • Viernes 28, San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia. En la tradición de este gran sabio ha bebido la Orden Agustiniana, familia espiritual del papa León XIV. La orden se fundó en el siglo XIII tomando como base la regla escrita por el santo obispo, que murió en el siglo V, y el tesoro de su espiritualidad.
  • Sábado 29, martirio de san Juan Bautista.
  • Domingo 30, Santa Rosa de Lima. Patrona de tres parroquias de nuestra diócesis: El Pinar, Empalme Olmos y ciudad de Santa Rosa.

Amigas y amigos, nos despedimos con el agradecimiento a todos los catequistas por su entrega generosa. Pidamos que perseveren siempre en la oración y en la misión, bajo el manto de nuestra Señora de Guadalupe.

Que a ellos y ellas y a cada uno de ustedes los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

miércoles, 19 de agosto de 2026

Palabra de Vida. “Les daré un corazón nuevo y un espíritu nuevo” (Ezequiel 36,23-28)


  

Jueves de la XX semana durante el año, 20 de agosto de 2026. S. Bernardo, abad.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.

martes, 18 de agosto de 2026

Palabra de Vida. “Vayan ustedes también a mi viña” (Mateo 19,30-20,16)


 

Miércoles de la XX semana durante el año, 19 de agosto de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.

18 de agosto: San Alberto Hurtado. La Fe y las obras (Santiago 2,14-18).


 

Un pasaje del testamento espiritual de San Alberto Hurtado.

Palabra de Vida. “Muchos de los primeros serán los últimos” (Mateo 19,23-30)


  

Martes de la XX semana durante el año, 18 de agosto de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.

viernes, 14 de agosto de 2026

15 de agosto: Asunción de María. Palabra de Vida: “El Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas” (Lucas 1,39-56)


 

Tomado de Chiara Lubich: María humanidad realizada, publicado en la revista Ciudad Nueva.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.

14 de agosto: san Maximiliano Kolbe.


Breve semblanza de este sacerdote y mártir de la caridad.
(De una homilía de san Juan Pablo II, 18 de febrero de 1979)

jueves, 13 de agosto de 2026

MUJER ¡QUÉ GRANDE ES TU FE! (Mateo 15,21-28). XX Domingo durante el año.

Amigas y amigos: la semana pasada tuvimos la confirmación oficial de la visita del Papa a Uruguay, Argentina y Perú, en ese orden. Uruguay será el primer país de toda América en recibir a León XIV como sucesor de Pedro y -perdonen que lo diga- el primer pedacito de tierra donde pondrá su pie será nuestra diócesis, ya que el aeropuerto, no lo olvidemos, está en el departamento de Canelones. Preparémonos a recibir a nuestro visitante, no solo con gestos de hospitalidad, sino también con el corazón abierto a un mensaje que, como ya hemos tenido oportunidad de ver, siguiendo sus diferentes discursos, toca todas las cuerdas de la experiencia humana, no solo en la relación con Dios, sino entre nosotros, con la Creación y de cada uno consigo mismo, porque nada de lo humano es ajeno a la fe.

Alguien podría pensar que esta visita es solo para los católicos, pero no es así. Todos estamos invitados a participar. Como en la primera lectura, donde el profeta Isaías transmite la promesa de Dios de reunir a todos los pueblos:

Yo los conduciré hasta mi santa Montaña
y los colmaré de alegría en mi Casa de oración (Isaías 56,7)

La misma llamada universal está reflejada en la carta de San Pablo a los Romanos. 

Porque Dios sometió a todos a la desobediencia, para tener misericordia de todos. (Romanos 11,32)

Suena extraña la expresión de Pablo. ¿Qué quiere decir con que Dios sometió a todos a la desobediencia? Pablo no quiere decir que Dios empuje a nadie a hacer el mal. Se refiere a la desobediencia a la Ley de Dios: la Ley que Israel recibió por medio de Moisés, pero también esa ley interior que todo ser humano lleva en su conciencia, como lo recuerda el mismo Pablo cuando habla de que los paganos tienen 

“el testimonio de su propia conciencia, que unas veces los acusa y otras los disculpa” (Romanos 2,15).

El someter a todos significa que Dios entrega al hombre a las consecuencias de sus propias decisiones. Dios deja que el ser humano constate su propia incapacidad de salvarse a sí mismo. 

Esto vale también para los israelitas que hacían del cumplimiento de la Ley una especie de seguro, obtenido por su propio esfuerzo, sin dar lugar a la intervención de la Gracia divina. Pero la salvación no se compra ni se conquista. Es un regalo de la Misericordia de Dios, porque Él quiere “tener misericordia de todos”, puesto que su voluntad es que todos se salven.

Sin embargo, cuando llegamos al evangelio nos desconcierta la actitud de Jesús, que, precisamente, está moviéndose en tierra extranjera:

Jesús partió de Genesaret y se retiró al país de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: 

«¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio». Pero Él no le respondió nada. (Mateo 15,21-23)

Silencio de Jesús, silencio de Dios, ante la petición angustiada de una madre, que llega con el dolor de su hija en su corazón. Tal vez alguna vez nos hemos sentido así: rezamos, pedimos, esperamos… y no percibimos una respuesta de Dios. 

Pero ese silencio desconcertante no desanima a la mujer. No se encierra en su dolor ni abandona la confianza. Sigue detrás de Jesús y de los discípulos. Su oración no es elegante, no es tranquila, no es cómoda para los demás. Es el grito de una madre. Los discípulos se cansan y le dicen a Jesús:

«Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos». (Mateo 15,23)

En contraste con la apertura universal a la salvación de las primeras dos lecturas, Jesús responde con una frase que parece cerrar la puerta: 

«Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel» (Mateo 15,24). 

Pero ella no se retira. Se acerca más. Se postra delante de Él y vuelve a pedir: 

«¡Señor, socórreme!» (Mateo 15,25). 

Y todavía escucha una palabra más dura: 

«No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros» (Mateo 15,26). 

Ante esas palabras, ella podría haberse retirado herida y resentida. Podría haberse quejado con desilusión y amargura. Pero no lo hace. Con humildad y con una confianza enorme, encuentra una respuesta ingeniosa… y profunda: 

«¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!» (Mateo 15,27).

Ahí aparece la grandeza de su fe. Esta mujer no exige. No se impone. No se aleja. Se aferra a la bondad de Jesús. Cree que alcanza con una migaja de su misericordia. Tiene razón: una miguita de la misericordia de Dios alcanza para levantar una vida, para sanar una herida, para abrir una esperanza.

Jesús ha recogido lo que él deseaba encontrar: una fe que no vacila. Una fe que hizo que la extranjera se acercara con más confianza que la de muchos de los que estaban cerca. 

Entonces Jesús le dijo: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!» Y en ese momento su hija quedó sana.  (Mateo 15,28)

“Mujer, qué grande es tu fe”. El domingo pasado escuchamos al Maestro llamar a Pedro “hombre de poca fe”. Es inevitable la comparación. Pedro, un israelita, uno de los primeros discípulos, queda en la penumbra frente a la mujer cananea que ha vencido la aparente reticencia de Jesús con humildad y perseverancia.

La insistencia de la mujer en invocar la intervención de Jesús nos muestra un camino de oración a recorrer sin desalentarnos, sin desesperar ni siquiera ante las pruebas más duras de la vida. Dios no cierra los ojos ante nuestras peticiones; y si a veces parece insensible, es solo para ponernos a prueba y templar nuestra fe, para que nos apoyemos en su misericordia.

Y si acaso nos sentimos más cerca de la poca fe de Pedro que de la fe grande de la mujer cananea, no nos olvidemos que todos estamos llamados a crecer en la fe. Por la fe llegamos a conocer a Jesús en su identidad real de Hijo de Dios, en su novedad única y absoluta. Por la fe llegamos a recibir su Palabra como fuente de vida, para vivir con Él una relación personal que nos transforma, que puede hacer de cada día una experiencia de conversión. Cada día puede hacernos pasar de ser un individuo encerrado en sí mismo a la persona abierta que se deja interpelar por la Palabra de Dios y que abre la propia vida a su Amor.

En esta semana:

  • Domingo 16: Nacimiento de san Juan Bosco. La fiesta litúrgica del santo se ubica en enero, pero los salesianos suelen también festejar este aniversario, que en el hemisferio sur cae dentro del año lectivo.
  • Ese mismo domingo, este año se celebra la Fiesta patronal en la parroquia de San Jacinto.
  • Lunes 17: San Jacinto de Cracovia, presbítero.
  • Martes 18: Santa Elena, buscadora de la Cruz de Cristo.
  • Patrona de una capilla de catedral y de uno de los Colegios de Ciudad de la Costa.
  • Jueves 20, San Bernardo, abad y doctor de la Iglesia.
  • Viernes 21, San Pío X, “el papa de la catequesis”. 
  • Sábado 22, Bienaventurada Virgen María, Reina.

Celebración del Día de la catequesis 2026: 

El domingo 23, el más cercano a la fiesta de San Pío X, se celebra el Día Nacional de la Catequesis con el lema “El corazón habla al corazón”.

Los catequistas se reunirán por decanato: Centro, Playas, Piedras y Canelones, el sábado 22, mientras que Pando lo hará el domingo 30.

  • Decanato Centro, de 9 a 14, en San Bautista
  • Decanato Playas, 15 horas, capilla V. de los Treinta y Tres - S. Francisco
  • Decanato Piedras, 18 horas, San Antonio
  • Decanato Canelones, 18 horas, Catedral
  • Decanato Pando, Domingo 30 de agosto, de 10 a 16 horas, en capilla Ma. Auxiliadora, Barrio Estadio, Pando.

Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.


miércoles, 12 de agosto de 2026

Palabra de Vida. Perdonar de corazón. Mateo 18,21-19,1.


 

Jueves de la XIX semana durante el año, 13 de agosto de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.