En el Ángelus del día de ayer, 11 de octubre, el Papa León XIV anunció que deberá ser sometido a una intervención quirúrgica en un pulmón. Lo hizo con serenidad y confianza. Con la misma actitud, los Obispos del Uruguay invitan a la oración por el Santo Padre.
Del Consejo Permanente de la Conferencia Episcopal del Uruguay
Los Obispos del Uruguay nos unimos en la oración por la salud del Santo Padre e invitamos a todos los fieles de nuestra patria a orar por él.
A la oración que ya se está realizando en las parroquias y comunidades preparando la visita del Papa León, unamos nuestra plegaria por su pronta recuperación y para el que Señor le conceda Su fortaleza espiritual.
Que nuestra Señora, la Virgen de los Treinta y Tres, interceda por él.
Fraternalmente en Cristo.
+ Milton Tróccoli, Obispo de Maldonado-Punta del Este-Minas, presidente de la CEU
+ Cardenal Daniel Sturla SDB, Arzobispo de Montevideo, vicepresidente de la CEU
+ Heriberto Bodeant, Obispo de Canelones, secretario general de la CEU
Extractado de la Homilía de la Misa de beatificación de Carlo Acutis, presidida por el Cardenal Agostino Vallini, 10 de octubre de 2020, basílica de San Francisco de Asís.
En este día se celebra también la fiesta de Nuestra Señora del Pilar y en Brasil, Nossa Senhora Aparecida.
12 de octubre de 2026, Lunes de la XXVIII semana durante el año.
En este día, el domingo más próximo al 12 de octubre, normalmente estaríamos celebrando nuestra fiesta diocesana. Este año la hemos suspendido para facilitar la participación de todos en la visita del Papa León, especialmente el domingo 8 de noviembre, en la peregrinación nacional a la Virgen de los Treinta y Tres, en su santuario de Florida.
“¡Todos, todos, todos…!” Solía repetir el Papa Francisco. Estamos todos invitados. El evangelio de hoy nos presenta una invitación y varios acontecimientos que se desencadenan a partir de ella.
Las lecturas se abren con un pasaje del profeta Isaías en el que se hace un extraordinario anuncio.
El Señor (…) ofrecerá a todos los pueblos sobre esta montaña un banquete de manjares suculentos, un banquete de vinos añejados… (Isaías 25,6)
En tiempos conflictivos y difíciles, Isaías comunica este mensaje de esperanza. Es una imagen del final de los tiempos: la humanidad al fin reconciliada con Dios y entre sí. Todos los pueblos sentados a una misma mesa, compartiendo una comida y festejando juntos. Imagen poética; Isaías no busca describir de manera realista lo que acontecerá, pero sí transmitirnos que finalmente terminarán las guerras, sufrimientos e injusticias y toda la tierra podrá celebrarlo.
De este banquete multitudinario, el salmo 22 nos lleva a un espacio más íntimo: una tienda de pastores. Allí el Señor, pastor de su pueblo, prepara la mesa para el huésped que ha recibido. Cada uno de nosotros es parte de la multitud pero también está llamado a una relación personal con Dios.
Todo eso nos prepara a escuchar la parábola que presenta Jesús, que comienza con la referencia a una fiesta.
El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo. Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir. (Mateo 22,2-3)
Esta primera negativa ya puede sorprendernos, pero, en realidad, se corresponde con ciertas reglas sociales del lugar y la época. Los invitados se niegan a ir un poco en el estilo de cuando nos traen algo de regalo y decimos “pero… no te hubieras molestado”. Es una especie de cortesía, como diciendo “no he hecho nada que merezca esta atención de tu parte”.
Sin embargo, la segunda negativa de los invitados cambia totalmente. Es un franco rechazo y un desprecio hacia el rey:
De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: «Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas». Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio; y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron. (Mateo 22,4-6)
Este rechazo tendrá sus consecuencias. El rey se indignó y les envió su ejército. Pero el banquete está preparado y el rey ordena invitar a otros, quienesquiera que fueran:
«Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren». Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados. (Mateo 22,8-9)
Esta invitación es exitosa. Es un eco de la universalidad a la que nos abría la visión de Isaías: el banquete ofrecido a todos los pueblos.
Aquí aparece un primer mensaje de esta parábola. Jesús es el novio que viene a desposarse con la humanidad.
Toda persona humana está invitada a esa fiesta; pero, sorprendentemente, aunque estén todos invitados, hay condiciones que, de no cumplirse, pueden llevar a algunos a ser excluidos…
Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta. "Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?." El otro permaneció en silencio. Entonces el rey dijo a los guardias: «Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes». Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos. (Mateo 22,11-14)
Puede parecer incongruente la exigencia, ya que las personas fueron invitadas en los cruces de caminos, tal como estaban. Seguramente nadie estaba vestido con un “traje de fiesta”. Si fuéramos sorprendidos con una inesperada invitación que nos encuentra con ropa sucia, nuestra reacción sería “déjame cambiarme”, cambiarme de ropa, ponerme al menos algo que esté limpio… Pero no se trata de eso, sino de cambiar interiormente. Jesús mira más allá de las apariencias, al interior de las personas.
El traje de fiesta es una actitud espiritual, una disposición personal. Es la respuesta libre a la gracia, a la misericordia que ha mostrado Dios, representado en la figura del rey. Todos fueron invitados: buenos… y malos: “publicanos y pecadores”.
El Bautismo nos ha revestido de Cristo. La gracia nos ha unido a Él; pero es necesaria nuestra respuesta. El vestido de fiesta es una vida según el Evangelio, con todas sus exigencias.
En el fondo, el hombre sin el traje de fiesta tiene algo en común con quienes rechazaron la invitación del rey: el don ofrecido no provocó ningún cambio en su vida. Aquellos siguieron con sus negocios, éste se presentó sin prestar atención, sin ningún movimiento en su interior… sin cambio, sin conversión.
En nuestra diócesis tenemos dos experiencias de retiros que se ofrecen periódicamente: los Cursillos de Cristiandad, ya con un largo camino y, más recientemente, los Retiros Parroquiales Juan XXIII. Muchas personas han vivido en ellos su encuentro con Cristo; más que aceptar la invitación que les llegó de parte de un amigo, aceptaron la invitación de Jesús a redescubrir o, a veces, lisa y llanamente a descubrir el tesoro de su gracia y de su misericordia. Son dos caminos posibles, pero el Señor tiene muchos otros, que convergen en Él, que es “el camino, la verdad y la vida” por quien llegamos al Padre.
La visita del Papa León a Uruguay, Argentina y Perú nos invita a un encuentro con Cristo y a una mayor participación en la Iglesia. En algunos esto encontrará indiferencia o aún rechazo; otros tal vez se queden solo en lo exterior, en el evento. Quiera Dios que podamos recibirlo y escucharlo con la mejor disposición de nuestro corazón para cambiar, para ponernos el verdadero “traje de fiesta”.
En esta semana:
Lunes 12: Nuestra Señora del Pilar y, en Brasil, Nuestra Señora Aparecida. También en este día se celebra la memoria de San Carlo Acutis, este joven santo que ha ganado el corazón de muchos.
Jueves 15: Santa Teresa de Jesús, virgen y doctora de la Iglesia.
Viernes 16: Santa Margarita María de Alacoque. Fiesta en el monasterio de las Hermanas Salesas, en Progreso.
Sábado 17: san Ignacio de Antioquía, Obispo y mártir.
Domingo mundial de las misiones
El próximo domingo, antepenúltimo de octubre, es el domingo mundial de las Misiones, conocido como DOMUND, una convocatoria que cumple cien años, en la que se realiza una colecta destinada a las Obras Misionales Pontificias. Estas obras serán el tema de nuestro próximo programa.
Gracias, amigas y amigos, por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.
Palabra de Vida: “Todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración”. Hechos 1,12-14
Miércoles 7 de octubre de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.
Martes de la XXVII semana durante el año, 6 de octubre de 2026.
San Bruno, presbítero, fundador de los Cartujos (memoria libre).
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.
No vamos a referirnos esta vez a las lecturas de hoy, como solemos hacer, sino al santo que recordamos cada 4 de octubre: San Francisco de Asís. Y lo hacemos, aunque sea domingo, porque se están cumpliendo los 800 años de su tránsito, es decir, del paso de su alma de esta tierra al cielo, en la noche del 3 al 4 de octubre de 1226.
Este aniversario motivó la convocatoria de un año jubilar franciscano, que puede celebrarse en toda iglesia dedicada al santo o a integrantes de la familia franciscana, como Santa Clara o San Antonio. En varias iglesias de nuestra diócesis ya hubo celebraciones. El jubileo culminará el 10 de enero de 2027.
Evocaremos, pues, la figura del poverello, el pobrecito, mediante diez palabras clave. Y, como Uruguay espera la visita del Santo Padre, comenzaremos con otro Papa, Inocencio III, que también interviene en esta historia.
En el año 1207 Inocencio soñó que la basílica de San Juan de Letrán, catedral del Papa, iglesia madre de todas las iglesias, se derrumbaba; pero un pequeño fraile la sostuvo sobre sus hombros. Ese mismo año recibió a unos hermanos que solicitaban el reconocimiento de su nueva orden y reconoció en Francisco al religioso insignificante que, en el sueño, había salvado la Iglesia.
1. Primera palabra: JESÚS
Seguir a Jesús, vivir como Él, unirse profundamente a Él es el ideal de Francisco. Al despojarse de sus vestiduras, expresó su renuncia a cuanto le impedía seguirlo. Hacia el final de su vida, recibió los estigmas —llagas semejantes a las de la pasión de Cristo— como sello de su empeño por vivir como Jesús, en obediencia al Padre, sin morada fija, sirviendo a pobres y enfermos, especialmente a los leprosos, predicando el Evangelio y llamando a la «verdadera fe y penitencia, porque de otro modo nadie se puede salvar» (1 R 23,7).
2. Segunda palabra: POBREZA
Francisco quiere seguir a Jesús pobre y crucificado, a quien reconoce en los marginados de su tiempo. Su beso al leproso es el beso a Jesús presente en ese hombre desfigurado, el prójimo más pobre y necesitado de su tiempo.
Los caballeros del tiempo de Francisco solían servir a una dama noble —que no era su novia o esposa—, comprometiéndose a protegerla y defender su honor. Como señal de ese vínculo, llevaban en la armadura un distintivo con los colores de la dama.
El joven Francisco participó en los conflictos bélicos de su tiempo con el deseo de ser armado caballero, pero esa experiencia de guerra lo llevó a conocer la derrota, la prisión y la enfermedad, circunstancias en las que comenzó su conversión.
Aunque no llegó a ser caballero, Francisco eligió a «Dama Pobreza» para servirla y defenderla, haciendo del desapego de los bienes su propio combate.
3. Tercera palabra: RENOVACIÓN
En el crucifijo de la iglesita de San Damián, Cristo cobra vida tres veces y dice: «Ve, Francisco, y repara mi iglesia en ruinas». Francisco y sus hermanos restauran primero el edificio; pero esas ruinas simbolizan una Iglesia de fe superficial, con un clero poco atento a los fieles, el amor debilitado y la unidad amenazada por movimientos heréticos.
Aquí cobra sentido el sueño de Inocencio III: no es el Papa, sino un fraile pequeño e insignificante, quien sostiene a la Iglesia que amenaza derrumbarse.
El movimiento generado por el Espíritu en la persona de Francisco y sus hermanos trajo a la Iglesia una profunda renovación. Pero esto no se hizo sin el Papa ni contra él, sino en comunión con él.
4. Cuarta palabra: VERDAD
En los siglos XIX y XX algunos historiadores pretendieron encontrar un Francisco diferente: según ellos, no habría sido un hombre de Iglesia, sino un hombre unido inmediatamente solo a Cristo, que habría querido promover una renovación del pueblo de Dios sin formas canónicas ni jerarquía.
Aunque unido directamente a Jesús y a la Palabra, Francisco sabía que Cristo nunca es «mío», sino «nuestro», y que la renovación del Pueblo de Dios exige escuchar su Palabra y vivir en comunión con la Iglesia.
Al principio, Francisco no pretendía crear una Orden con regla y formas canónicas; luego comprendió que el derecho eclesial daba cauce a la renovación y la integraba plenamente en la comunión de la Iglesia.
El verdadero Francisco histórico es el Francisco de la Iglesia y precisamente de este modo habla también a los no creyentes y a los creyentes de otras confesiones y religiones.
5. Quinta palabra: DIÁLOGO
Durante la Quinta cruzada, Francisco viajó a Egipto para encontrarse con el sultán al-Malik al-Kamil, quien lo recibió cordialmente. El sultán, cercano al sufismo —corriente mística musulmana que destaca la unicidad de la existencia, la inmanencia y misericordia de Dios, la contemplación, la fraternidad y la pobreza espiritual—, pudo encontrar con Francisco un terreno común que hizo posible el diálogo.
Tiempo después, el sultán llegó a un acuerdo de paz con los cruzados.
Al cumplirse los 800 años de este encuentro, el papa Francisco visitó la península arábiga y a su regreso nos pidió oraciones “para que el diálogo entre el cristianismo y el islam sea un factor decisivo para la paz en el mundo de hoy” (6 de febrero de 2019)
6. Sexta palabra: PALABRA
Inicialmente, Francisco quería que la única regla de la nueva orden fuera el Evangelio “sin glosa”, es decir, en toda su radicalidad, en toda su verdad, sin ningún tipo de rebaja o dilución.
Se acercaba a la Sagrada Escritura con el anhelo vital de encontrar de continuo al Señor en su Palabra revelada a nosotros.
La Palabra de Dios es presencia de Cristo, al igual que la presencia eucarística. Así lo expresaba Francisco: «Y a nadie de nosotros quepa la menor duda de que ninguno puede ser salvado sino por las santas palabras y la sangre de nuestro Señor Jesucristo, que los clérigos pronuncian, proclaman y administran».
7. Séptima palabra: EUCARISTÍA
En Francisco el amor a Cristo se expresó de modo especial en la adoración del Santísimo Sacramento.
Así decía de la presencia de Jesús en la Eucaristía: "Diariamente viene a nosotros Él mismo en humilde apariencia; diariamente desciende del seno del Padre al altar en manos del sacerdote" (Adm 1,17-18)
Y a los sacerdotes nos pide: "Siempre que quieran celebrar la misa ofrezcan purificados, con pureza y reverencia, el verdadero sacrificio del santísimo Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo" (Francisco de Asís, Escritos, Editrici Francescane, Padua 2002, p. 399)
8. Octava palabra: CREACIÓN
Del amor a Cristo nace el amor al prójimo, a toda persona y también hacia todas las criaturas de Dios, a las que Francisco dedica su célebre Cántico de las Criaturas.
Francisco recuerda que la creación manifiesta la sabiduría y la bondad del Creador: es un lenguaje en el que Dios nos habla y la realidad se vuelve transparente a su presencia. En Laudato sii’, el papa Francisco retoma el mensaje del santo cuyo nombre eligió y nos llama a cuidar la Casa común.
9. Novena palabra: HERMANOS
El Papa Francisco inició una de sus encíclicas con las mismas palabras con las que San Francisco encabezaba los mensajes dirigidos a todos sus hermanos y hermanas: “Fratelli Tutti”, “hermanos todos”.
Esos mensajes, recogidos bajo el título «Admoniciones», fueron transmitidos en los capítulos generales de la Orden, pero su alcance va más allá de los miembros allí reunidos. Se dirigen a ellos, a todos los fieles y aun a cada persona que vive en este mundo, porque expresan el llamado a encontrar una fraternidad universal en Cristo, «el buen Pastor, que por salvar a sus ovejas soportó la pasión de la cruz» (Adm 6,1).
10. Décima palabra: ALEGRÍA
Francisco fue un gran santo y un hombre alegre. Su sencillez, humildad, fe, amor a Cristo y bondad con todos sostuvieron esa alegría en cualquier circunstancia, porque santidad y alegría están íntimamente unidas. León Bloy, un gran escritor francés, afirmó que solo hay una tristeza: la de no ser santos, es decir, no estar cerca de Dios. El testimonio de san Francisco nos hace comprender que el secreto de la verdadera felicidad es precisamente llegar a ser santos, cercanos a Dios. Nos confiamos hoy a su intercesión para que podamos encontrar el camino que Dios nos tiene preparados para llegar a Él.
Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.
30 de septiembre de 2026. San Jerónimo, memoria obligatoria.
Miércoles de la XXVI semana durante el año.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.