viernes, 25 de septiembre de 2026

“Los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios”. (Mateo 21, 28-32). Domingo XXVI durante el año.

40 años de ordenación sacerdotal y 23 de ordenación episcopal

Amigas y amigos: este domingo es muy especial para mí. Se cumplen cuarenta años de mi ordenación sacerdotal, recibida de manos de Mons. Carlos Nicolini, obispo coadjutor de Salto, en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Young, y veintitrés años de mi ordenación episcopal, por la imposición de manos de Mons. Daniel Gil Zorrilla, obispo de Salto; Mons. Marcelo Mendiharat, obispo emérito de Salto; y Mons. Carlos Collazzi, entonces obispo de Mercedes y presidente de la Conferencia Episcopal del Uruguay. Lo celebraré sencillamente en la acción de gracias por excelencia: la Eucaristía, este domingo a las 18 horas, en la catedral de Canelones. Todos aquellos que tengan la posibilidad de venir, siéntanse muy cordialmente invitados.

Comentario al Evangelio de este domingo

El evangelio de este domingo es breve: comienza con la parábola de los dos hijos y concluye con la fuerte expresión que da título a esta reflexión. Para comprender mejor cualquier pasaje bíblico, nos ayuda el revisar su contexto. El domingo pasado, el evangelio terminaba con esta tajante y misteriosa sentencia de Jesús:

“Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos” (Mateo 20,16)

Del capítulo 20 de Mateo pasamos casi al final del capítulo 21. ¿Qué sucede entre el evangelio del domingo pasado y el de este domingo?

Después de la palabra sobre “los primeros y los últimos”, a continuación, en el mismo capítulo 20, se nos cuenta que Jesús, en camino a Jerusalén, anuncia por tercera vez su pasión, muerte y resurrección (Mateo 20,18-19).

Este anuncio es decisivo: es el último y está muy cerca de cumplirse. Al comienzo del capítulo 21, Jesús entrará en Jerusalén, acontecimiento que recordamos el Domingo de Ramos. Estamos ya ante la culminación de su misión, su Pascua.

Ubicados en ese contexto general, vayamos ahora al contexto más inmediato, a lo que sucede precisamente antes de lo que nos cuenta el evangelio de hoy, la parábola de los dos hijos.

Llegado al Templo, mientras enseñaba se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo diciendo: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Y quién te ha dado tal autoridad?» (Mateo 21,23)

Este pasaje nos recuerda que Jesús estaba enseñando en el Templo de Jerusalén, un espacio público, con grandes patios donde la gente podía agruparse. 

Los sumos sacerdotes y los ancianos eran los integrantes del Sanedrín, los jefes del pueblo. Precisamente, por ser “autoridad”, ellos le preguntaron a Jesús de dónde venía esa autoridad con la que él hablaba. Jesús les responde con una pregunta:

El bautismo de Juan, ¿de dónde era?, ¿del cielo o de los hombres?» (Mateo 21,25)

La repregunta los pone en apuros. Si responden que sí, entonces deberían haber hecho caso de Juan; si responden que no, van contra el sentir del pueblo que había visto en Juan a un profeta. Por eso responden: “no sabemos”. Jesús replica:

«Tampoco yo les digo con qué autoridad hago esto». (Mateo 21, 27)

Dichas estas palabras, Jesús pronuncia la parábola que escuchamos en el evangelio de hoy.

«¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos y, dirigiéndose al primero, le dijo: "Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña". El respondió: "No quiero". Pero después se arrepintió y fue. Dirigiéndose al segundo, le dijo lo mismo y este le respondió: "Voy, Señor", pero no fue.
¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre?» (Mateo 21,28-31)

Cuando los sumos sacerdotes y los ancianos le respondieron -ahora sí, respondieron- a la pregunta final de Jesús, reconociendo que quien hizo la voluntad del Padre es el hijo que primero dijo que no iba a trabajar, pero después fue, Jesús agrega:

«Les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios. En efecto, Juan vino a ustedes por el camino de la justicia y no creyeron en él; en cambio, los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Pero ustedes, ni siquiera al ver este ejemplo, se han arrepentido ni han creído en él». (Mateo 21,31-32)

Los publicanos y las prostitutas eran considerados públicamente pecadores. Representan al hijo que dijo «no voy» y, sin embargo, cambió: creyeron en el anuncio de Juan, que llamaba a la conversión, al arrepentimiento y al cambio de vida, expresados en el bautismo para el perdón de los pecados.

El hijo que dijo “sí”, pero después no fue, representa a los sumos sacerdotes y los ancianos que no se arrepintieron ni creyeron en la palabra de Juan. Ese rechazo de las autoridades, primero hacia Juan y luego hacia Jesús, se mantendrá hasta el final.

Aunque fue dirigida inicialmente a las autoridades judías, la parábola también nos interpela. En primer lugar: ¿Creemos posible la conversión de personas que llevaron por mucho tiempo una vida equivocada y ahora dan su sí a Dios? Por otra parte ¿Cómo está nuestro propio Sí, nuestra fidelidad a Dios, al Evangelio? En definitiva, ¿buscamos cada día la voluntad de Dios y procuramos cumplirla con la ayuda de su gracia?

Un «sí» o un «no» ponen en juego nuestra libertad, pero no son equivalentes frente al bien. Ante el llamado de Dios Padre, el sí nos realiza: nos ayuda a reconocer que somos criaturas y nos abre el camino para llegar a ser hijos e hijas de Dios. El no, en cambio, nos desfigura y se opone a nuestra vocación humana más profunda; nos pone en conflicto con Dios, con los demás y con nosotros mismos. La parábola nos recuerda que estamos en camino: mientras vivimos, podemos renovar nuestro sí o cambiar nuestro no, como hicieron los publicanos y las prostitutas y como el hijo que finalmente cumplió la voluntad del padre. También nos advierte que podemos cambiar el sí por el no; por eso debemos cuidar nuestra elección.

Pongamos la mirada en Jesucristo, el único Hijo que dijo “Sí, Señor” y cumplió fielmente la voluntad del Padre. La segunda lectura, tomada de la carta a los Filipenses, nos invita de esta manera:

Vivan con los mismos sentimientos que hay en Cristo Jesús. (Filipenses 2,5)

Con Jesús y con María, nuestra Señora del Sí, y mientras nos preparamos para recibir a quien viene a confirmarnos en la fe, renovemos nuestra comunión con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

En esta semana

  • Este es el Domingo de la Palabra de Dios, que nos invita a meditar y a vivir la Palabra.
  • Martes 29, Santos Arcángeles. Fiesta patronal en la parroquia San Miguel de Los Cerrillos
  • Miércoles 30, San Jerónimo, gran estudioso y divulgador de la Sagrada Escritura.
  • Jueves 1, Santa Teresita, patrona de Juanicó. Fiesta patronal.
  • Viernes 2, Santos Ángeles Custodios
  • Sábado 3, Encuentro Nacional de Laicos y Familia · “Misioneros de Esperanza”
  • Sábado 3, Misa en capilla V. de los Treinta y Tres – San Francisco. Celebración jubilar.
  • Domingo próximo, 4 de octubre, fiesta patronal – jubilar en las dos parroquias San Francisco de Asís. Culminación del tiempo de la creación.

Amigas y amigos, gracias por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

martes, 22 de septiembre de 2026

Palabra de Vida: “El Señor pesa los corazones” (Proverbios 21,1-6.10-13)


 


12 de septiembre de 2026, martes de la XXV semana durante el año.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.

domingo, 20 de septiembre de 2026

“Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros." (Mateo 19,30 – 20,16). Domingo XXV durante el año

Amigas y amigos: estoy grabando esta reflexión el jueves 17, todavía en Roma, con los demás obispos del Uruguay, en visita Ad Limina. Ya hemos tenido la mayor parte de nuestros encuentros en los distintos organismos de la Iglesia, con muy buenos intercambios en todos ellos. Nos queda mañana la culminación, con la visita a la Secretaría de Estado y al Papa León, al que le transmitiremos el saludo de todos aquellos que esperan vivir en Uruguay nuestro encuentro con él. El domingo, Dios mediante, estaré volviendo a Uruguay en la tardecita, para descansar y el lunes reencontrarme con sacerdotes y diáconos en nuestro retiro anual, que comienza a mediodía. Rezaremos por toda nuestra diócesis; recen también ustedes por nosotros.

Para introducirnos al evangelio de este domingo, quiero empezar recordando el final del evangelio según san Juan, que es un pasaje un poco curioso. Tenemos primero un momento muy importante, aquel en el que Jesús por tres veces le pregunta a Pedro «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» y le encomienda el cuidado de sus ovejas. A continuación, Pedro se da vuelta y ve que lo seguía “el discípulo que Jesús amaba” (Juan 21,20), ese discípulo que manifiesta ser “el que da testimonio de estas cosas y el que las ha escrito” (Juan 21,24), es decir el autor del evangelio que la tradición identifica como el apóstol Juan. 

Cuando Pedro lo vio, preguntó a Jesús:
«Señor, ¿y qué será de éste?».
Jesús le respondió: 
«Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué importa? Tú sígueme». 
(Juan 21,21-22)

¿Por qué traigo esto a propósito del evangelio de este domingo, la historia de los trabajadores de la viña? Pedro y Juan, así como los demás apóstoles, fueron obreros de la viña del Señor. En el final del Evangelio de Juan, Pedro recibe su misión y también, de una forma velada, el anuncio de su muerte martirial. Pero Pedro quiere saber qué va a pasar con el otro discípulo: “¿Qué será de éste?”, a lo que Jesús, como hemos escuchado, no responde. ¿Por qué no responde Jesús? Aquí puede hacerse una relación con la parábola de los trabajadores de la viña.

Esta parábola es muy conocida… El dueño del viñedo sale en varios momentos del día a buscar operarios. Con los de la primera hora hace un contrato muy formal y muy concreto:

Trató con ellos un denario por día y los envío a su viña. (Mateo 20,2)

Quedó establecido un tiempo de trabajo: la jornada y el pago correspondiente: el denario, una moneda de plata.

Con los siguientes, a media mañana, a mediodía y a la tarde, hay una promesa de pago, pero no tan precisa:

"Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo" (Mateo 20,4)

Finalmente, el dueño de la viña sale -ya al caer la tarde- y todavía encuentra algunos desocupados, a los que pregunta:

"¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada?" Ellos le respondieron: "Nadie nos ha contratado". Entonces les dijo: "Vayan también ustedes a mi viña". (Mateo 20,6-7)

Notemos que aquí no hay ninguna promesa de pago. Ni el denario, ni “lo que sea justo”. Sin embargo, terminada la jornada, el dueño ordena a su capataz:

"Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros".
 Fueron entonces los que habían llegado al caer la tarde y recibieron cada uno un denario. (Mateo 20,8-9)

¿Se ganaron ese denario? ¿Cuánto tiempo trabajaron realmente? ¿Es eso justo? No; no es justicia; es gratuidad. Retengamos esa palabra: gratuidad. Pero ese gesto motiva la protesta de los obreros de la primera hora:

"Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda la jornada". (Mateo 20,12)

La queja es ¿por qué reciben lo mismo que nosotros? La respuesta del dueño es un recordatorio:

¿acaso no habíamos tratado en un denario? (Mateo 20,13)

La respuesta es un llamado a respetar la experiencia diferente del hermano (ése, que llegó en la última hora) para estar más atentos a nuestra propia relación con Dios, a lo que tenemos acordado con Dios y aceptar nuestra ignorancia, ya que en realidad no sabemos ni tenemos porqué saber qué es lo que Dios trató con el otro. Por eso la referencia a Pedro y Juan qué hacíamos al principio. Hay una relación de Dios con su Pueblo y hay una relación personal de Dios con cada uno de nosotros. No siempre es fácil entender ese camino que condujo a la fe a alguien que parece haber encontrado a Dios a última hora. No sabemos los caminos de la Gracia. Gracia, gratuidad.

Aceptando que hay cosas que no nos corresponde saber, de lo que se trata, como decíamos, es de ver cómo está nuestra propia relación con el Señor. Pensemos en la respuesta de Jesús a Pedro: ¿qué va a pasar con el otro discípulo? “¿Qué importa? Tú sígueme”. Tú, sígueme. De lo primero que te tienes que ocupar es de tu respuesta a la Gracia.

Y seguir a Jesús es entrar en la lógica del Reino de Dios, que es muy distinta a la de este mundo. Así Isaías, en la primera lectura, describe la distancia entre el mundo y el Reino:

Como el cielo se alza por encima de la tierra,
así sobrepasan mis caminos y mis pensamientos
a los caminos y a los pensamientos de ustedes. (Isaías 55,9)

Entre Dios y el hombre, de acuerdo al profeta, hay una gran distancia, un abismo. Sin embargo, aún desde lo alto, desde lo inaccesible, Dios sigue acompañando y custodiando el camino de los hombres, incluso cuando se presentan dificultades en las relaciones de ellos con Él.

Esa distancia la ha cruzado el Hijo de Dios hecho hombre, Jesucristo. Por medio de Él, por su mediación, se hace más fácil hacer lo que Isaías nos pide:

¡Busquen al Señor mientras se deja encontrar,
llámenlo mientras está cerca! (Isaías 55,6)

Cuando el hombre tiene la valentía de abandonar su camino para volver al Señor, sabe bien que él «tendrá misericordia de él» porque «perdonará ampliamente» (Is 55,7). Para nosotros, los creyentes, esta experiencia de búsqueda y conocimiento de la ternura misericordiosa de Dios puede tener lugar siempre en la escucha de su Palabra contenida en las Escrituras, a la que podemos inclinarnos con amor, esperando ser alcanzados por la suave persuasión del Espíritu Santo que se nos da en forma personal y comunitaria en el seguimiento de Jesús.

En esta semana

Lunes 21, fiesta de San Mateo, Apóstol y evangelista.

Miércoles 23, San Pío de Pietrelcina.

Jueves 24, Nuestra Señora de las Mercedes, patrona de la Diócesis que abarca los departamentos de Soriano y Colonia.

Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

jueves, 17 de septiembre de 2026

Palabra de Vida: “Sus numerosos pecados, le han sido perdonados. Por eso demuestra mucho amor” (Lucas 7,36-50)


 

San Roberto Belarmino, onomástico del Papa León XIV (Robert Prevost)
17 de septiembre de 2026, jueves de la XXIV semana durante el año.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.

martes, 15 de septiembre de 2026

Palabra de Vida: “Si no tengo amor, no me sirve para nada” 1 Corintios 12,31-13,13.


16 de septiembre de 2026, miércoles de la XXIV semana durante el año.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.

15 de septiembre: Nuestra Señora de los Dolores. Permanecer de pie junto a la cruz. Juan 19,25-27.


 

Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.

domingo, 13 de septiembre de 2026

14 de septiembre: Exaltación de la Santa Cruz. Levantado en alto. Juan 3,13-17.

Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.

sábado, 12 de septiembre de 2026

12 de septiembre: Santísimo nombre de María.


 

Palabra de Vida: Construir la casa sobre la roca. 
12 de septiembre de 2026, Sábado de la XXIII semana durante el año. (Papa Francisco, 5 de Diciembre 2019, homilía Casa Santa Marta)
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.

jueves, 10 de septiembre de 2026

Palabra de Vida: “Me hice todo para todos... y todo esto por causa del Evangelio” (1 Corintios 9,16-19.22b-27)


 

11 de septiembre de 2026, Viernes de la XXIII semana durante el año.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.