viernes, 9 de octubre de 2026

“Mi banquete está preparado. Vengan a las bodas” (Mateo 22,1-14). XXVIII Domingo durante el año.

En este día, el domingo más próximo al 12 de octubre, normalmente estaríamos celebrando nuestra fiesta diocesana. Este año la hemos suspendido para facilitar la participación de todos en la visita del Papa León, especialmente el domingo 8 de noviembre, en la peregrinación nacional a la Virgen de los Treinta y Tres, en su santuario de Florida.

“¡Todos, todos, todos…!” Solía repetir el Papa Francisco. Estamos todos invitados. El evangelio de hoy nos presenta una invitación y varios acontecimientos que se desencadenan a partir de ella.

Las lecturas se abren con un pasaje del profeta Isaías en el que se hace un extraordinario anuncio.

El Señor (…) ofrecerá a todos los pueblos sobre esta montaña
un banquete de manjares suculentos,
un banquete de vinos añejados… (Isaías 25,6)

En tiempos conflictivos y difíciles, Isaías comunica este mensaje de esperanza. Es una imagen del final de los tiempos: la humanidad al fin reconciliada con Dios y entre sí. Todos los pueblos sentados a una misma mesa, compartiendo una comida y festejando juntos. Imagen poética; Isaías no busca describir de manera realista lo que acontecerá, pero sí transmitirnos que finalmente terminarán las guerras, sufrimientos e injusticias y toda la tierra podrá celebrarlo.

De este banquete multitudinario, el salmo 22 nos lleva a un espacio más íntimo: una tienda de pastores. Allí el Señor, pastor de su pueblo, prepara la mesa para el huésped que ha recibido. Cada uno de nosotros es parte de la multitud pero también está llamado a una relación personal con Dios.

Todo eso nos prepara a escuchar la parábola que presenta Jesús, que comienza con la referencia a una fiesta. 

El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo.
Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir. (Mateo 22,2-3)

Esta primera negativa ya puede sorprendernos, pero, en realidad, se corresponde con ciertas reglas sociales del lugar y la época. Los invitados se niegan a ir un poco en el estilo de cuando nos traen algo de regalo y decimos “pero… no te hubieras molestado”. Es una especie de cortesía, como diciendo “no he hecho nada que merezca esta atención de tu parte”.

Sin embargo, la segunda negativa de los invitados cambia totalmente. Es un franco rechazo y un desprecio hacia el rey:

De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: «Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas».
Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio; y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron. (Mateo 22,4-6)

Este rechazo tendrá sus consecuencias. El rey se indignó y les envió su ejército. Pero el banquete está preparado y el rey ordena invitar a otros, quienesquiera que fueran:

«Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren». 
Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados. (Mateo 22,8-9)

Esta invitación es exitosa. Es un eco de la universalidad a la que nos abría la visión de Isaías: el banquete ofrecido a todos los pueblos.

Aquí aparece un primer mensaje de esta parábola. Jesús es el novio que viene a desposarse con la humanidad. 

Toda persona humana está invitada a esa fiesta; pero, sorprendentemente, aunque estén todos invitados, hay condiciones que, de no cumplirse, pueden llevar a algunos a ser excluidos…

Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta. "Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?." El otro permaneció en silencio. Entonces el rey dijo a los guardias: «Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes».
Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos. (Mateo 22,11-14)

Puede parecer incongruente la exigencia, ya que las personas fueron invitadas en los cruces de caminos, tal como estaban. Seguramente nadie estaba vestido con un “traje de fiesta”. Si fuéramos sorprendidos con una inesperada invitación que nos encuentra con ropa sucia, nuestra reacción sería “déjame cambiarme”, cambiarme de ropa, ponerme al menos algo que esté limpio… Pero no se trata de eso, sino de cambiar interiormente. Jesús mira más allá de las apariencias, al interior de las personas.

El traje de fiesta es una actitud espiritual, una disposición personal. Es la respuesta libre a la gracia, a la misericordia que ha mostrado Dios, representado en la figura del rey. Todos fueron invitados: buenos… y malos: “publicanos y pecadores”.

El Bautismo nos ha revestido de Cristo. La gracia nos ha unido a Él; pero es necesaria nuestra respuesta. El vestido de fiesta es una vida según el Evangelio, con todas sus exigencias. 

En el fondo, el hombre sin el traje de fiesta tiene algo en común con quienes rechazaron la invitación del rey: el don ofrecido no provocó ningún cambio en su vida. Aquellos siguieron con sus negocios, éste se presentó sin prestar atención, sin ningún movimiento en su interior… sin cambio, sin conversión.

En nuestra diócesis tenemos dos experiencias de retiros que se ofrecen periódicamente: los Cursillos de Cristiandad, ya con un largo camino y, más recientemente, los Retiros Parroquiales Juan XXIII. Muchas personas han vivido en ellos su encuentro con Cristo; más que aceptar la invitación que les llegó de parte de un amigo, aceptaron la invitación de Jesús a redescubrir  o, a veces, lisa y llanamente a descubrir el tesoro de su gracia y de su misericordia. Son dos caminos posibles, pero el Señor tiene muchos otros, que convergen en Él, que es “el camino, la verdad y la vida” por quien llegamos al Padre.

La visita del Papa León a Uruguay, Argentina y Perú nos invita a un encuentro con Cristo y a una mayor participación en la Iglesia. En algunos esto encontrará indiferencia o aún rechazo; otros tal vez se queden solo en lo exterior, en el evento. Quiera Dios que podamos recibirlo y escucharlo con la mejor disposición de nuestro corazón para cambiar, para ponernos el verdadero “traje de fiesta”.

En esta semana:

Lunes 12: Nuestra Señora del Pilar y, en Brasil, Nuestra Señora Aparecida. También en este día se celebra la memoria de San Carlo Acutis, este joven santo que ha ganado el corazón de muchos.

Jueves 15: Santa Teresa de Jesús, virgen y doctora de la Iglesia.

Viernes 16: Santa Margarita María de Alacoque. Fiesta en el monasterio de las Hermanas Salesas, en Progreso.

Sábado 17: san Ignacio de Antioquía, Obispo y mártir.

Domingo mundial de las misiones

El próximo domingo, antepenúltimo de octubre, es el domingo mundial de las Misiones, conocido como DOMUND, una convocatoria que cumple cien años, en la que se realiza una colecta destinada a las Obras Misionales Pontificias. Estas obras serán el tema de nuestro próximo programa.

Gracias, amigas y amigos, por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

miércoles, 7 de octubre de 2026

7 de octubre: Nuestra Señora del Rosario. “Todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración” (Hechos 1,12-14)


 

Palabra de Vida: “Todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración”. Hechos 1,12-14
Miércoles 7 de octubre de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.

martes, 6 de octubre de 2026

Palabra de Vida: RECONSTRUCCIÓN. Gálatas 1,13-24


Martes de la XXVII semana durante el año, 6 de octubre de 2026. 
San Bruno, presbítero, fundador de los Cartujos (memoria libre).
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.

viernes, 2 de octubre de 2026

4 de octubre: San Francisco de Asís en diez palabras (Domingo XXVII durante el año)

No vamos a referirnos esta vez a las lecturas de hoy, como solemos hacer, sino al santo que recordamos cada 4 de octubre: San Francisco de Asís. Y lo hacemos, aunque sea domingo, porque se están cumpliendo los 800 años de su tránsito, es decir, del paso de su alma de esta tierra al cielo, en la noche del 3 al 4 de octubre de 1226.

Este aniversario motivó la convocatoria de un año jubilar franciscano, que puede celebrarse en toda iglesia dedicada al santo o a integrantes de la familia franciscana, como Santa Clara o San Antonio. En varias iglesias de nuestra diócesis ya hubo celebraciones. El jubileo culminará el 10 de enero de 2027.

Evocaremos, pues, la figura del poverello, el pobrecito, mediante diez palabras clave. Y, como Uruguay espera la visita del Santo Padre, comenzaremos con otro Papa, Inocencio III, que también interviene en esta historia.

En el año 1207 Inocencio soñó que la basílica de San Juan de Letrán, catedral del Papa, iglesia madre de todas las iglesias, se derrumbaba; pero un pequeño fraile la sostuvo sobre sus hombros. Ese mismo año recibió a unos hermanos que solicitaban el reconocimiento de su nueva orden y reconoció en Francisco al religioso insignificante que, en el sueño, había salvado la Iglesia.

1. Primera palabra: JESÚS

Seguir a Jesús, vivir como Él, unirse profundamente a Él es el ideal de Francisco. Al despojarse de sus vestiduras, expresó su renuncia a cuanto le impedía seguirlo. Hacia el final de su vida, recibió los estigmas —llagas semejantes a las de la pasión de Cristo— como sello de su empeño por vivir como Jesús, en obediencia al Padre, sin morada fija, sirviendo a pobres y enfermos, especialmente a los leprosos, predicando el Evangelio y llamando a la «verdadera fe y penitencia, porque de otro modo nadie se puede salvar» (1 R 23,7).

2. Segunda palabra: POBREZA

Francisco quiere seguir a Jesús pobre y crucificado, a quien reconoce en los marginados de su tiempo. Su beso al leproso es el beso a Jesús presente en ese hombre desfigurado, el prójimo más pobre y necesitado de su tiempo.

Los caballeros del tiempo de Francisco solían servir a una dama noble —que no era su novia o esposa—, comprometiéndose a protegerla y defender su honor. Como señal de ese vínculo, llevaban en la armadura un distintivo con los colores de la dama.

El joven Francisco participó en los conflictos bélicos de su tiempo con el deseo de ser armado caballero, pero esa experiencia de guerra lo llevó a conocer la derrota, la prisión y la enfermedad, circunstancias en las que comenzó su conversión.

Aunque no llegó a ser caballero, Francisco eligió a «Dama Pobreza» para servirla y defenderla, haciendo del desapego de los bienes su propio combate.

3. Tercera palabra: RENOVACIÓN

En el crucifijo de la iglesita de San Damián, Cristo cobra vida tres veces y dice: «Ve, Francisco, y repara mi iglesia en ruinas». Francisco y sus hermanos restauran primero el edificio; pero esas ruinas simbolizan una Iglesia de fe superficial, con un clero poco atento a los fieles, el amor debilitado y la unidad amenazada por movimientos heréticos.

Aquí cobra sentido el sueño de Inocencio III: no es el Papa, sino un fraile pequeño e insignificante, quien sostiene a la Iglesia que amenaza derrumbarse.

El movimiento generado por el Espíritu en la persona de Francisco y sus hermanos trajo a la Iglesia una profunda renovación. Pero esto no se hizo sin el Papa ni contra él, sino en comunión con él.

4. Cuarta palabra: VERDAD

En los siglos XIX y XX algunos historiadores pretendieron encontrar un Francisco diferente: según ellos, no habría sido un hombre de Iglesia, sino un hombre unido inmediatamente solo a Cristo, que habría querido promover una renovación del pueblo de Dios sin formas canónicas ni jerarquía.

Aunque unido directamente a Jesús y a la Palabra, Francisco sabía que Cristo nunca es «mío», sino «nuestro», y que la renovación del Pueblo de Dios exige escuchar su Palabra y vivir en comunión con la Iglesia.

Al principio, Francisco no pretendía crear una Orden con regla y formas canónicas; luego comprendió que el derecho eclesial daba cauce a la renovación y la integraba plenamente en la comunión de la Iglesia.

El verdadero Francisco histórico es el Francisco de la Iglesia y precisamente de este modo habla también a los no creyentes y a los creyentes de otras confesiones y religiones.

5. Quinta palabra: DIÁLOGO

Durante la Quinta cruzada, Francisco viajó a Egipto para encontrarse con el sultán al-Malik al-Kamil, quien lo recibió cordialmente. El sultán, cercano al sufismo —corriente mística musulmana que destaca la unicidad de la existencia, la inmanencia y misericordia de Dios, la contemplación, la fraternidad y la pobreza espiritual—, pudo encontrar con Francisco un terreno común que hizo posible el diálogo.

Tiempo después, el sultán llegó a un acuerdo de paz con los cruzados.

Al cumplirse los 800 años de este encuentro, el papa Francisco visitó la península arábiga y a su regreso nos pidió oraciones “para que el diálogo entre el cristianismo y el islam sea un factor decisivo para la paz en el mundo de hoy” (6 de febrero de 2019)

6. Sexta palabra: PALABRA

Inicialmente, Francisco quería que la única regla de la nueva orden fuera el Evangelio “sin glosa”, es decir, en toda su radicalidad, en toda su verdad, sin ningún tipo de rebaja o dilución.

Se acercaba a la Sagrada Escritura con el anhelo vital de encontrar de continuo al Señor en su Palabra revelada a nosotros.

La Palabra de Dios es presencia de Cristo, al igual que la presencia eucarística. Así lo expresaba Francisco: «Y a nadie de nosotros quepa la menor duda de que ninguno puede ser salvado sino por las santas palabras y la sangre de nuestro Señor Jesucristo, que los clérigos pronuncian, proclaman y administran».

7. Séptima palabra: EUCARISTÍA

En Francisco el amor a Cristo se expresó de modo especial en la adoración del Santísimo Sacramento. 

Así decía de la presencia de Jesús en la Eucaristía: "Diariamente viene a nosotros Él mismo en humilde apariencia; diariamente desciende del seno del Padre al altar en manos del sacerdote" (Adm 1,17-18)

Y a los sacerdotes nos pide: "Siempre que quieran celebrar la misa ofrezcan purificados, con pureza y reverencia, el verdadero sacrificio del santísimo Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo" (Francisco de Asís, Escritos, Editrici Francescane, Padua 2002, p. 399)

8. Octava palabra: CREACIÓN

Del amor a Cristo nace el amor al prójimo, a toda persona y también hacia todas las criaturas de Dios, a las que Francisco dedica su célebre Cántico de las Criaturas.

Francisco recuerda que la creación manifiesta la sabiduría y la bondad del Creador: es un lenguaje en el que Dios nos habla y la realidad se vuelve transparente a su presencia. En Laudato sii’, el papa Francisco retoma el mensaje del santo cuyo nombre eligió y nos llama a cuidar la Casa común.

9. Novena palabra: HERMANOS

El Papa Francisco inició una de sus encíclicas con las mismas palabras con las que San Francisco encabezaba los mensajes dirigidos a todos sus hermanos y hermanas: “Fratelli Tutti”, “hermanos todos”.

Esos mensajes, recogidos bajo el título «Admoniciones», fueron transmitidos en los capítulos generales de la Orden, pero su alcance va más allá de los miembros allí reunidos. Se dirigen a ellos, a todos los fieles y aun a cada persona que vive en este mundo, porque expresan el llamado a encontrar una fraternidad universal en Cristo, «el buen Pastor, que por salvar a sus ovejas soportó la pasión de la cruz» (Adm 6,1).

10. Décima palabra: ALEGRÍA

Francisco fue un gran santo y un hombre alegre. Su sencillez, humildad, fe, amor a Cristo y bondad con todos sostuvieron esa alegría en cualquier circunstancia, porque santidad y alegría están íntimamente unidas. León Bloy, un gran escritor francés, afirmó que solo hay una tristeza: la de no ser santos, es decir, no estar cerca de Dios. El testimonio de san Francisco nos hace comprender que el secreto de la verdadera felicidad es precisamente llegar a ser santos, cercanos a Dios. Nos confiamos hoy a su intercesión para que podamos encontrar el camino que Dios nos tiene preparados para llegar a Él.

Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.


jueves, 1 de octubre de 2026

miércoles, 30 de septiembre de 2026

Palabra de Vida: Poner la mano en el arado y mirar para adelante. Lucas 9,57-62


 

30 de septiembre de 2026. San Jerónimo, memoria obligatoria.
Miércoles de la XXVI semana durante el año.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.

lunes, 28 de septiembre de 2026

EL MÁS PEQUEÑO: EL MÁS GRANDE. Lucas 9,46-50.


 

Lunes de la XXVI semana durante el año.
San Wenceslao, mártir. Memoria libre.
San Lorenzo Ruiz y compañeros, mártires. Memoria libre.

viernes, 25 de septiembre de 2026

“Los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios”. (Mateo 21, 28-32). Domingo XXVI durante el año.

40 años de ordenación sacerdotal y 23 de ordenación episcopal

Amigas y amigos: este domingo es muy especial para mí. Se cumplen cuarenta años de mi ordenación sacerdotal, recibida de manos de Mons. Carlos Nicolini, obispo coadjutor de Salto, en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Young, y veintitrés años de mi ordenación episcopal, por la imposición de manos de Mons. Daniel Gil Zorrilla, obispo de Salto; Mons. Marcelo Mendiharat, obispo emérito de Salto; y Mons. Carlos Collazzi, entonces obispo de Mercedes y presidente de la Conferencia Episcopal del Uruguay. Lo celebraré sencillamente en la acción de gracias por excelencia: la Eucaristía, este domingo a las 18 horas, en la catedral de Canelones. Todos aquellos que tengan la posibilidad de venir, siéntanse muy cordialmente invitados.

Comentario al Evangelio de este domingo

El evangelio de este domingo es breve: comienza con la parábola de los dos hijos y concluye con la fuerte expresión que da título a esta reflexión. Para comprender mejor cualquier pasaje bíblico, nos ayuda el revisar su contexto. El domingo pasado, el evangelio terminaba con esta tajante y misteriosa sentencia de Jesús:

“Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos” (Mateo 20,16)

Del capítulo 20 de Mateo pasamos casi al final del capítulo 21. ¿Qué sucede entre el evangelio del domingo pasado y el de este domingo?

Después de la palabra sobre “los primeros y los últimos”, a continuación, en el mismo capítulo 20, se nos cuenta que Jesús, en camino a Jerusalén, anuncia por tercera vez su pasión, muerte y resurrección (Mateo 20,18-19).

Este anuncio es decisivo: es el último y está muy cerca de cumplirse. Al comienzo del capítulo 21, Jesús entrará en Jerusalén, acontecimiento que recordamos el Domingo de Ramos. Estamos ya ante la culminación de su misión, su Pascua.

Ubicados en ese contexto general, vayamos ahora al contexto más inmediato, a lo que sucede precisamente antes de lo que nos cuenta el evangelio de hoy, la parábola de los dos hijos.

Llegado al Templo, mientras enseñaba se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo diciendo: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Y quién te ha dado tal autoridad?» (Mateo 21,23)

Este pasaje nos recuerda que Jesús estaba enseñando en el Templo de Jerusalén, un espacio público, con grandes patios donde la gente podía agruparse. 

Los sumos sacerdotes y los ancianos eran los integrantes del Sanedrín, los jefes del pueblo. Precisamente, por ser “autoridad”, ellos le preguntaron a Jesús de dónde venía esa autoridad con la que él hablaba. Jesús les responde con una pregunta:

El bautismo de Juan, ¿de dónde era?, ¿del cielo o de los hombres?» (Mateo 21,25)

La repregunta los pone en apuros. Si responden que sí, entonces deberían haber hecho caso de Juan; si responden que no, van contra el sentir del pueblo que había visto en Juan a un profeta. Por eso responden: “no sabemos”. Jesús replica:

«Tampoco yo les digo con qué autoridad hago esto». (Mateo 21, 27)

Dichas estas palabras, Jesús pronuncia la parábola que escuchamos en el evangelio de hoy.

«¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos y, dirigiéndose al primero, le dijo: "Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña". El respondió: "No quiero". Pero después se arrepintió y fue. Dirigiéndose al segundo, le dijo lo mismo y este le respondió: "Voy, Señor", pero no fue.
¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre?» (Mateo 21,28-31)

Cuando los sumos sacerdotes y los ancianos le respondieron -ahora sí, respondieron- a la pregunta final de Jesús, reconociendo que quien hizo la voluntad del Padre es el hijo que primero dijo que no iba a trabajar, pero después fue, Jesús agrega:

«Les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios. En efecto, Juan vino a ustedes por el camino de la justicia y no creyeron en él; en cambio, los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Pero ustedes, ni siquiera al ver este ejemplo, se han arrepentido ni han creído en él». (Mateo 21,31-32)

Los publicanos y las prostitutas eran considerados públicamente pecadores. Representan al hijo que dijo «no voy» y, sin embargo, cambió: creyeron en el anuncio de Juan, que llamaba a la conversión, al arrepentimiento y al cambio de vida, expresados en el bautismo para el perdón de los pecados.

El hijo que dijo “sí”, pero después no fue, representa a los sumos sacerdotes y los ancianos que no se arrepintieron ni creyeron en la palabra de Juan. Ese rechazo de las autoridades, primero hacia Juan y luego hacia Jesús, se mantendrá hasta el final.

Aunque fue dirigida inicialmente a las autoridades judías, la parábola también nos interpela. En primer lugar: ¿Creemos posible la conversión de personas que llevaron por mucho tiempo una vida equivocada y ahora dan su sí a Dios? Por otra parte ¿Cómo está nuestro propio Sí, nuestra fidelidad a Dios, al Evangelio? En definitiva, ¿buscamos cada día la voluntad de Dios y procuramos cumplirla con la ayuda de su gracia?

Un «sí» o un «no» ponen en juego nuestra libertad, pero no son equivalentes frente al bien. Ante el llamado de Dios Padre, el sí nos realiza: nos ayuda a reconocer que somos criaturas y nos abre el camino para llegar a ser hijos e hijas de Dios. El no, en cambio, nos desfigura y se opone a nuestra vocación humana más profunda; nos pone en conflicto con Dios, con los demás y con nosotros mismos. La parábola nos recuerda que estamos en camino: mientras vivimos, podemos renovar nuestro sí o cambiar nuestro no, como hicieron los publicanos y las prostitutas y como el hijo que finalmente cumplió la voluntad del padre. También nos advierte que podemos cambiar el sí por el no; por eso debemos cuidar nuestra elección.

Pongamos la mirada en Jesucristo, el único Hijo que dijo “Sí, Señor” y cumplió fielmente la voluntad del Padre. La segunda lectura, tomada de la carta a los Filipenses, nos invita de esta manera:

Vivan con los mismos sentimientos que hay en Cristo Jesús. (Filipenses 2,5)

Con Jesús y con María, nuestra Señora del Sí, y mientras nos preparamos para recibir a quien viene a confirmarnos en la fe, renovemos nuestra comunión con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

En esta semana

  • Este es el Domingo de la Palabra de Dios, que nos invita a meditar y a vivir la Palabra.
  • Martes 29, Santos Arcángeles. Fiesta patronal en la parroquia San Miguel de Los Cerrillos
  • Miércoles 30, San Jerónimo, gran estudioso y divulgador de la Sagrada Escritura.
  • Jueves 1, Santa Teresita, patrona de Juanicó. Fiesta patronal.
  • Viernes 2, Santos Ángeles Custodios
  • Sábado 3, Encuentro Nacional de Laicos y Familia · “Misioneros de Esperanza”
  • Sábado 3, Misa en capilla V. de los Treinta y Tres – San Francisco. Celebración jubilar.
  • Domingo próximo, 4 de octubre, fiesta patronal – jubilar en las dos parroquias San Francisco de Asís. Culminación del tiempo de la creación.

Amigas y amigos, gracias por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.