viernes, 17 de abril de 2026

“Quédate con nosotros” (Lucas 24,13-35). III Domingo de Pascua.

18 y 19 de abril: peregrinación a la Virgen del Verdún

Muchos serán los peregrinos que este sábado y domingo subirán rezando hasta la cumbre del cerro Verdún, en el departamento de Lavalleja, venerando a María Inmaculada. Ella, desde lo alto de su templete, los recibirá con su cariño de Madre. Esta devoción a la Virgen del Verdún, propia de Uruguay, comenzó con el siglo XX y se ha mantenido hasta nuestros días. La fecha del 19 de abril ha querido relacionar esta devoción mariana con un acontecimiento que, tras muchos avatares, desembocó en la independencia de nuestro país: el desembarco de los Treinta y Tres orientales, en 1825. Al frente de esos patriotas estuvo Juan Antonio Lavalleja, nacido en Minas, la ciudad que se ve desde lo alto del cerro. Nos unimos espiritualmente a nuestros hermanos y hermanas en su peregrinación, orando especialmente por la paz, fuerte anhelo de toda la humanidad en estos tiempos de guerra.


Los peregrinos de Emaús

El Evangelio de hoy es muy conocido: es la historia de aquellos dos discípulos que caminan hacia el pueblo de Emaús, alejándose así de Jerusalén, donde ha quedado el resto de la comunidad, después de la muerte y resurrección de Jesús.

Pero, antes de comentar el Evangelio, quiero invitarlos a detenernos en algunos pasajes del primer libro de los Macabeos, que cuenta la guerra de los israelitas contra la tiranía del rey Antíoco Epífanes, uno de los sucesores de Alejandro Magno.

El gran héroe del primer libro es Judas Macabeo, que organiza las fuerzas que enfrentan al invasor. Antes de entrar en batalla con el ejército del rey, Judas motiva la oración de sus soldados diciendo:

Invoquemos ahora al Cielo para que tenga piedad de nosotros.
Así reconocerán todas las naciones que hay Alguien que libera y salva a Israel».
(1 Macabeos 4,10-11)

La oración pide que sea Dios quien libere y salve, dando el triunfo a los que entrarán en batalla. Un eco de esta plegaria podemos encontrarlo en las palabras de los peregrinos de Emaús, que expresan su desilusión ante la muerte de Jesús, sin saber que es con él mismo con quien están hablando:

Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. (Lucas 24,21)

Podríamos pensar que esa referencia a la liberación de Israel es mera coincidencia… pero ocurre que una de las primeras acciones del Macabeo sucedió, precisamente en aquel lugar al que se dirigían los discípulos:

Judas (…) salió con sus soldados para derrotar al ejército real que estaba en Emaús (1 Macabeos 4,3)

Con todo, a la larga, Judas será vencido y morirá; su vencedor establecerá en Emaús una de las fortalezas con las que buscará seguir asegurando el dominio de Antíoco (1 Macabeos 9,50). 

Las palabras de los dos discípulos y el lugar hacia donde se dirigen, parecen recordar aquella gesta de Israel, ese camino de lucha… esperábamos que él librara a Israel… dicen, decepcionados, los caminantes... esperábamos que él fuera otro Judas Macabeo que, ahora, con la ayuda de Dios, los llevara al triunfo; pero fue entregado, condenado y crucificado. 

Cuando la desilusión entra en el corazón lo vacía de esperanza.

Es desde ese telón de fondo sobre el que resaltan las palabras de Jesús:

«¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?» Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él. (Lucas 24,25-27)

Era difícil aceptar la visión de un Mesías que realiza su misión liberadora por medio de su propio sufrimiento; sin embargo, el profeta Isaías, en sus cuatro cánticos dedicados al servidor sufriente lo estaba anunciando.

Más aún: Lucas dice que Jesús interpretó para estos dos discípulos lo que se refería a él “en todas las Escrituras”. Es en Cristo que toda la Escritura alcanza su pleno cumplimiento. Todo en ella apunta hacia Él. En Él la Palabra de Dios se cumple en plenitud.

La interpretación de Jesús no es la de un Maestro estudioso y erudito; su autoridad viene de ser Aquel en quien la Escritura se ha cumplido en su propia carne: en su pasión, muerte y resurrección. Todo eso era necesario para mostrar que ante tanta violencia y maldad, también el bien existe; y el bien es más fuerte que el mal y lo derrota.

Pasado ese encuentro con Jesús, cuando queden solos, los discípulos recordarán lo que habían sentido al escucharlo:

«¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?» (Lucas 24,32)

Jesús fue finalmente reconocido por los discípulos cuando estando a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio (Lucas 24,30). Pero, inmediatamente, desapareció de la vista de ellos.

Poco antes, al llegar a Emaús, Jesús había hecho ademán de continuar su camino, pero los discípulos le rogaron:

«Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba». (Lucas 24,29)

Jesús no solo fue reconocido al partir el pan: en el pan dejó su cuerpo; dejó su presencia real.

La petición “Quédate con nosotros” es la primera oración de los discípulos al Resucitado. La motiva no solo el deseo de que Él se quede, sino la necesidad de su presencia cuando las tinieblas comienzan a envolvernos.

El Padre Pío, San Pío de Pietrelcina, desarrolló ese ruego en forma personal, con la oración que rezaba después de comulgar y que comenzaba diciendo “Quédate conmigo, Señor”. Ese hombre, que en su vida atravesó dos guerras mundiales que tocaron directamente su propio país y que en medio de ambas presenció sangrientos enfrentamientos entre sus ciudadanos, sentía la necesidad de pedir al Señor que siguiera presente, que permaneciera entre nosotros, con cada uno de nosotros, en tiempos oscuros. Recemos con él:

Quédate conmigo, Jesús,
porque en esta noche de vida y de peligro, te necesito.
Que en la fracción del pan
te reconozca como discípulo tuyo,
es decir, que la Comunión Eucarística
sea la Luz que disipe las tinieblas,
la Fuerza que me sostenga
y la única Alegría de mi corazón.

Tres invitaciones

Tres invitaciones muy interesantes y diferentes nos llegan para el próximo fin de semana:

1) Conferencia sobre “El Espíritu Santo, nuestra esperanza”, con prestigiosos invitados internacionales, en tres instancias:

  • Para obispos y sacerdotes, el viernes 24, desde las 8 de la mañana hasta el almuerzo, en el seminario interdiocesano Cristo Rey, Juan Rodríguez Correa 1361 casi Millán.
  • Para sacerdotes, diáconos, consagrados y seminaristas desde las 15 hasta las 20 horas, el mismo viernes y el mismo lugar
  • Para público en general, el sábado 25, desde las 8:30, culminando con la Misa a las 18:30, en Talleres Don Bosco, Maldonado 2125, Montevideo.

2) Una nueva edición de los Retiros Parroquiales Juan XXIII, que se desarrollará en Villa Guadalupe, desde el Viernes 24 al domingo 26.

3) El Movimiento de Cursillos de Cristiandad convoca, no solo a cursillistas sino a todos los interesados, a la Ultreya Diocesana en Tala, el sábado 25, desde las 15 horas.

Gracias, amigas y amigos por su atención: que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

jueves, 16 de abril de 2026

Palabra de Vida: Perseverar en el anuncio del Evangelio. Hechos 5,34-42


Viernes de la segunda semana de Pascua, 17 de abril de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

miércoles, 15 de abril de 2026

Palabra de Vida: Tener el valor de obedecer a Dios. Hechos 5,27-33


 

Jueves de la segunda semana de Pascua, 16 de abril de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

Palabra de Vida: “El que obra conforme a la verdad se acerca a la luz”. (Juan 3,16-21)


 

Miércoles de la segunda semana de Pascua, 15 de abril de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

martes, 14 de abril de 2026

Palabra de Vida: “Todo era común entre ellos” (Hechos 4,32-37)


 
Martes de la segunda semana de Pascua, 14 de abril de 2026.

Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

domingo, 12 de abril de 2026

“Es eterno su amor” – Salmo 117, 2-4. 13-15. 22-24. Domingo de la Divina Misericordia.



“¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor!” (Salmo 117,1.29)
Así comienza y termina el Salmo 117, o 118 en la numeración hebrea. Este salmo nos ha acompañado desde la Vigilia Pascual hasta este segundo domingo de Pascua.
Del él se ha tomado el versículo que se canta o se lee antes del evangelio, junto con el canto del aleluia y que es el mismo para cada uno de los días de la Octava de Pascua:
Este es el día que hizo el Señor: alegrémonos y regocijémonos en él. (Salmo 117,24)
La Octava son los ocho días que van del primero al segundo domingo de Pascua, es decir, del domingo de la Resurrección al domingo de la Misericordia. La Octava quiere ser como la prolongación del domingo de la resurrección, como si esos ocho días fueron el uno y mismo: por eso cada día se repiten esas palabras “este es el día que hizo el Señor”, destacando la intervención máxima del amor y de la misericordia de Dios en nuestra historia: la resurrección de su Hijo. Así, se nos invita a celebrar y alegrarnos en el día del Señor, reconociendo su acción salvadora.

En este salmo aparece la imagen de Cristo como la piedra descartada por los constructores que ha llegado a ser la piedra angular. Esa piedra se colocaba en una esquina para unir dos paredes y alinear toda la estructura:
La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular. 
Esto ha sido hecho por el Señor
y es admirable a nuestros ojos.
(Salmo 117,22)
Esa piedra desechada es Cristo, rechazado por los sumos sacerdotes. Jesús, en los evangelios, cita este pasaje para llamar la atención sobre el rechazo que recibe de las autoridades, anunciando que Dios pondrá todo en su lugar. 
¿No han leído este pasaje de la Escritura: "La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos"?». (Marcos 12,10-11; cf. Mateo 21,42; Lucas 20,17)
Tanto Pedro como Pablo interpretan este salmo como anuncio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo.

San Pablo, en su carta a los Efesios, desarrolla la imagen de la piedra angular, mostrando cómo estamos incorporados al edificio, es decir, a la comunidad, a la Iglesia:
Ustedes están edificados sobre los apóstoles y los profetas, que son los cimientos, mientras que la piedra angular es el mismo Jesucristo. En él, todo el edificio, bien trabado, va creciendo para constituir un templo santo en el Señor. En él, también ustedes son incorporados al edificio, para llegar a ser una morada de Dios en el Espíritu. (Efesios 2,20-22)
Pedro, en su primera carta, utiliza también esta imagen; pero no habla de piedra angular, sino de la “piedra viva” que es Cristo, a partir de la cual se edifica la comunidad a la que somos incorporados también nosotros como “piedras vivas”. 
[Ustedes] han gustado qué bueno es el Señor. Al acercarse a él, la piedra viva, rechazada por los hombres pero elegida y preciosa a los ojos de Dios, también ustedes, a manera de piedras vivas, son edificados como una casa espiritual, para ejercer un sacerdocio santo y ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios por Jesucristo. (1 Pedro 2,3-5)
Pero volvamos a lo que decíamos al principio, a este versículo que señalábamos como comienzo y final del salmo. En las lecturas de hoy, lo encontramos como antífona del salmo:
“¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor!” (Salmo 117,1.29)
“Den gracias al Señor” es una fuerte exhortación, no solo a que hagamos un gesto externo sino a que agradezcamos de corazón. Dar gracias es lo que hacemos en la celebración de la Eucaristía, palabra que significa precisamente “acción de gracias”.
Se trata de dar gracias a Dios porque es bueno, porque es eterno su amor; pero no como algo abstracto que conocemos de Dios, sino porque hemos experimentado su bondad, su amor, su misericordia a través de su acción “en este día” en que ha resucitado a su Hijo.

“Es eterno su amor” se va repitiendo como una breve letanía en la estrofa que ha quedado como primera para el salmo de hoy:
Que lo diga el pueblo de Israel:
¡es eterno su amor!
Que lo diga la familia de Aarón:
¡es eterno su amor!
Que lo digan los que temen al Señor:
¡es eterno su amor! (Salmo 117,2-4)
“Es eterno su amor” puede ser traducido también como “es eterna su misericordia”.
Ahora ¿qué quiere decir que el amor de Dios es eterno? ¿Por qué se repite eso?
Después de todo, si Dios es eterno, también su amor es eterno ¿verdad?
Si hablamos de eternidad, salimos de la historia. 
Lo eterno no es algo que dura en el tiempo. En la eternidad no hay tiempo… Sin embargo, la experiencia del pueblo creyente en el que nace y se canta este salmo es la experiencia de la misericordia de Dios en su historia. El amor eterno, la misericordia eterna entran en nuestra historia humana, actúan aquí, en el tiempo, en el pasado, en el futuro y ahora, en el presente…
Pero, aún dentro de la historia, Dios no cambia. Aún haciéndose hombre, aún muriendo y resucitando, no cambia el amor de Dios. Es eterno su amor. Es eterna su misericordia.
Más aún: tenemos que reconocer en la Encarnación y en la Pascua la manifestación de ese amor y esa misericordia eternos.

Dios no cambia. “Dios no se muda” decía santa Teresa, con esa expresión que hoy usamos para un cambio de domicilio, pero que para ella significaba un cambio en el ser. 
Dios no cambia, pero su misericordia produce cambios. “La misericordia cambia el mundo” solía repetir el Papa Francisco desde su primer Ángelus (17 de marzo de 2013). “Un poco de misericordia hace al mundo menos frío y más justo”… pero en la segunda lectura de hoy, la carta de Pedro nos pone ante un cambio radical en nuestra humanidad:
“… el Padre de nuestro Señor Jesucristo, (…) en su gran misericordia, nos hizo renacer, por la resurrección de Jesucristo, a una esperanza viva, a una herencia incorruptible, incontaminada e imperecedera, que ustedes tienen reservada en el cielo.” (1 Pedro 1,3-4)
Esa es nuestra esperanza: resucitar en Cristo, por la misericordia de Dios, “porque es eterno su amor”.

Noticias

P. Miguel Lemos QEPD

En esta fe en la resurrección, junto a las comunidades a las que él sirvió durante muchos años, despedimos al P. Miguel Lemos, fallecido el Viernes Santo, párroco de San Ramón y San Bautista, así como de otras parroquias de nuestra diócesis. Damos gracias por la entrega de vida del P. Miguel y oramos por su descanso eterno.


Retiro de Pascua en Villa Guadalupe

Después del concurrido retiro de Cuaresma, Villa Guadalupe vuelve a invitar a los fieles de Canelones, ahora para un retiro de Pascua, con el lema “la vida y la esperanza tienen la victoria”. Esto será el sábado 18 de abril. Se ruega hacer la inscripción previa hasta el 12 de este mes.

Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

Palabra de Vida: “¡Felices los que creen sin haber visto!” (Juan 20,19-31)


II Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia, 12 de abril de 2026.

sábado, 11 de abril de 2026

Palabra de Vida: Anunciar la vida revestidos de esperanza. Marcos 16,9-15.


 

Sábado de la Octava de Pascua, 11 de abril de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

viernes, 10 de abril de 2026

Retiro de Pascua en Villa Guadalupe. Sábado 18 de abril.


Después del exitoso retiro de Cuaresma, Villa Guadalupe vuelve a ofrecer un retiro, ahora en el tiempo de Pascua.
El mismo será animado por la Hna. Adriana Silva, Hija de María Auxiliadora.
Se requiere inscripción previa por el teléfono 099 618 224.