jueves, 25 de junio de 2026

"El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí”. (Mateo 10,37-42). Domingo XIII durante el año.

El evangelio de hoy nos lleva desde esta palabra tan fuerte que hemos tomado como título, hasta algo tan sencillo como dar un vaso de agua, comenzando por algunas exigencias que pueden sonarnos incluso más duras que las de la cruz:

El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. (Mateo 10,37)

Jesús no dice que los hijos no deben amar a sus padres, ni los padres amar a sus hijos. No se trata de eso. El problema está cuando los dos amores entran en conflicto, cuando dentro de la familia alguien no acepta que su padre o su hijo crea en Jesús y lo siga; y presiona para que el creyente abandone su fe, incluso amenazando o realizando un rechazo total. Jesús no pide a sus discípulos que olvide o dejen totalmente de lado su familia natural, sino todo lo contrario. El mandamiento del amor abarca a todas las personas y no hay nadie más cercano -y por lo tanto, más prójimo- que aquellos con los que compartimos nuestro hogar. Pero Jesús propone el ingreso en una nueva familia. La Iglesia es la familia de los hijos de Dios. Jesús mismo vivió esa situación de conflicto. Hubo en su propia familia quienes no lo comprendieron, como atestigua el evangelio de Marcos:

Jesús regresó a la casa, y de nuevo se juntó tanta gente que ni siquiera podían comer. Cuando sus parientes se enteraron, salieron para llevárselo, porque decían: «Es un exaltado». (Marcos 3,20-21)

Cuando le avisan a Jesús que su familia vino a buscarlo, él responde, mirando a los que estaban sentados alrededor de él:

«Estos son mi madre y mis hermanos. Porque el que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre». (Marcos 3,34-35)

Ésa es la nueva familia. El amor por la familia natural no debe ser impedimento para ingresar en la nueva familia. Tampoco el hecho de entrar en la familia de Jesús debe significar la ruptura con los propios. Jesús no ha formado una secta que se apodera de las personas y les hace cortar todos sus vínculos, para encerrarlos en un estrecho círculo. Sin embargo, los primeros cristianos vivieron, en tiempos de persecución, aquello que Jesús dijo:

El hermano entregará a su hermano para que sea condenado a muerte, y el padre a su hijo; los hijos se rebelarán contra sus padres y los harán morir. (Mateo 10,21)

Esa división de la familia por motivo de la fe; más aún, la persecución de parte de la propia familia hacia el que sigue a Jesús, es parte de esa cruz que Jesús llama a llevar. En nuestros tiempos, el rechazo no suele ser tan drástico, pero se expresa en indiferencia, burlas, cuestionamientos, reproches. Ser digno de Jesús -como él mismo nos pide- significa ponerlo primero en nuestro amor, ponerlo en el centro de nuestra vida; pero no como una insignia o un adorno que intenta engrandecernos a nosotros mismos, sino buscando de corazón poner en práctica su Palabra, con la fortaleza y la luz que nos da el Espíritu Santo. El vínculo con Jesús es más fuerte que cualquier otro vínculo y en Él las demás relaciones, las de familia y amistad, encuentran su sentido.

En ese marco, Jesús da también una palabra de consuelo. Sí, habla de una cruz que hay que cargar; sí, habla de “perder la vida”; pero también nos anuncia:

“… el que pierda su vida por mí, la encontrará.” (Mateo 10,39)

De todos estos anuncios inquietantes que hablan de rechazo, de cruz, de perder la vida -pero también de encontrar la vida en Jesús- pasamos al final del discurso misionero, que habla de aquellos que reciben a los enviados de Jesús.

El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a Aquél que me envió. (Mateo 10,40) 

Hermosa secuencia: ustedes, yo, el Padre. Jesús está hablando a los discípulos, enviándolos en misión. Ustedes, que han decidido tomar su cruz y seguirme, van llevando mi presencia; yo voy con ustedes; por eso, quien los recibe, me recibe a mí y recibe al Padre. 

Jesús pone una gran confianza en nosotros; nos considera dignos de él. “El que los recibe a ustedes, me recibe a mí”… es estremecedor pensar eso. No podemos traicionar esa presencia. El misionero no se lleva a sí mismo, no se anuncia a sí mismo: lleva y anuncia a Jesucristo.

A continuación Jesús agrega algo que nos lleva a la primera lectura, del segundo libro de los reyes, en la que se cuenta como una mujer y su esposo alojaron al profeta Eliseo e hicieron lo necesario para que él tuviera todas las comodidades que podían ofrecerle.

Eliseo intercede por ellos, que no podían tener hijos y les anuncia que dentro de un año volverá y el niño habrá nacido. En el evangelio, tal vez recordando textos como ése, Jesús anuncia:

El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, tendrá la recompensa de un justo. (Mateo 10,41)

Aquellos esposos de la primera lectura reconocieron a Eliseo como “hombre de Dios”. Al recibir al profeta, al recibir al justo, se está recibiendo su mensaje y al colaborar con él, al alojarlo, se da apoyo a la misión; se es parte de la misión.

No se trata de hacer obras extraordinarias. Se trata de atender a las personas en su realidad, en su fragilidad, en sus necesidades cotidianas más sencillas:

Les aseguro que cualquiera que dé a beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa». (Mateo 10,42)

Cuando yo era un joven sacerdote, iba desde Fray Bentos a Nuevo Berlín a celebrar Misa el domingo por la mañana. Había allí una señora llamada Blanca que siempre me decía: “después de la Misa venga por casa, que un vaso de agua va a encontrar”… y me esperaba con un churrasco, papas y un huevo frito.

Los pequeños de los que habla aquí Jesús, son sus discípulos. Puede llamarnos la atención esa manera de calificarlos. Para nosotros, ellos son hoy “los apóstoles”, grandes santos… ¡mañana celebramos nada menos que San Pedro y San Pablo! Nosotros podemos verlos grandes, enormes, pero Jesús supo ver su ser de “pequeños” y ellos también llegaron a reconocerse así ante Jesús.

Un pequeño gesto hacia los pequeños que tienen la misión de anunciar el Reino de Dios; así se entra en la historia de la salvación, en la que Dios se ha valido no solo de grandes emprendimientos, sino también de esos gestos sencillos, como dar un vaso de agua al enviado de Jesús.

En esta semana

Sábado 27 y domingo 28, se realiza la colecta del óbolo de San Pedro, que permite al Santo Padre hacer algunas intervenciones caritativas en los lugares más necesitados del mundo.

Lunes 29: celebramos a san Pedro y san Pablo, las dos grandes columnas de la Iglesia.

Viernes 3, celebramos a santo Tomás, apóstol y recordamos el nacimiento de nuestro beato Jacinto Vera, en 1813.

Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

Palabra de Vida: “Si quieres, puedes purificarme”. Mateo 8,1-4.


Viernes de la XII semana durante el año, 26 de junio de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar algún provecho de ellas.

CEU: SOLIDARIDAD CON VENEZUELA


Montevideo, 25 de junio de 2026

Mons. Jesús González de Zárate Salas
Arzobispo de Valencia
Presidente de la Conferencia Episcopal de Venezuela

Estimada Excelencia: 

En estos momentos de dolor por las consecuencias del terremoto acaecido en el día de ayer le hacemos llegar nuestra solidaridad y cercanía. 
Nos unimos en la oración por la Iglesia en Venezuela y por todas las víctimas rogando al Señor el don del consuelo y la fortaleza para todos. 
Imploramos para ello la intercesión maternal de la Virgen María, Nuestra Señora de Coromoto, patrona de Venezuela. 
Fraternalmente en Cristo. 

Consejo Permanente

+ Milton Tróccoli
Obispo de Maldonado – Punta del Este - Minas
Presidente

Cardenal + Daniel Sturla sdb
Arzobispo de Montevideo
Vicepresidente

+ Heriberto Bodeant
Obispo de Canelones
Secretario General

Palabra de Vida: Edificar la casa sobre la roca. Mateo 7,21-29.

Jueves de la XII semana durante el año, 25 de junio de 2026.

Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar algún provecho de ellas.


miércoles, 24 de junio de 2026

Palabra de Vida: Estar abiertos al llamado de Dios. Isaías 49,1-6.


 

Natividad de San Juan Bautista, 24 de junio de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar algún provecho de ellas.

lunes, 22 de junio de 2026

Palabra de Vida: “Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos”. (Mateo 7,6.12-14)


 

Martes de la XII semana durante el año, 23 de junio de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar algún provecho de ellas.

22 de junio: Santos Tomás Moro y Juan Fisher, mártires.


De una carta de Santo Tomás Moro a su hija Margarita, enviada desde la prisión.

viernes, 19 de junio de 2026

“No teman”. (Mateo 10,26-33). XII Domingo durante el año.

El domingo pasado nos detuvimos en las conocidas palabras de Jesús: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha».

Ese pasaje del evangelio de Mateo continuaba con el llamado y envío de los doce discípulos, con las siguientes instrucciones:

«No vayan a regiones paganas, ni entren en ninguna ciudad de los samaritanos. Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente». (Mateo 10,5-8)

Con esas indicaciones, Jesús inicia lo que ha sido llamado “el discurso misionero”, que continúa hasta el fin del capítulo 10.

En el evangelio de hoy, de ese mismo capítulo, tres veces dice Jesús a sus discípulos: “no teman”.

El miedo, es verdad, tiene una función importante. Es la alarma, la reacción ante el peligro, que impide tomar decisiones equivocadas o realizar gestos imprudentes o tan temerarios que pueden costarnos la vida. Pero si la alarma se sale de control, como esas que cada tanto se suelen oír por un tiempo interminable, el miedo se convierte en un obstáculo que paraliza e impide realizar acciones tan valientes como necesarias. Y es ese miedo paralizante el que Jesús quiere remover.

En la primera de sus intervenciones, el Maestro dice:

No teman a los hombres. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido. Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas. (Mateo10,26-27)

Jesús está advirtiendo a sus discípulos que encontrarán oposición cuando proclamen el mensaje del Evangelio. Él ya ha encontrado resistencias al anunciar la Misericordia, al mostrar el rostro de Dios como Padre entrañable. Ahora, envía a los discípulos a llevar a todos ese mensaje. Esos hombres a los que los discípulos no deben temer son los que quieren silenciar la palabra de Dios. En el libro de los Hechos se nos narra la decisión del Sanedrín de prohibir a los apóstoles predicar el Evangelio de Jesucristo:

«A fin de evitar que la cosa se divulgue más entre el pueblo, debemos amenazarlos, para que de ahora en adelante no hablen de ese Nombre».
Los llamaron y les prohibieron terminantemente que dijeran una sola palabra o enseñaran en el nombre de Jesús. (Hechos 4,17-18)

“No teman a los hombres”, había dicho Jesús; y los apóstoles recordaron esa enseñanza y no desistieron, sino que, desoyendo la prohibición, continuaron predicando abiertamente al pueblo. Volvamos a nuestro evangelio de hoy. Continúa diciendo Jesús:

No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo al infierno.
¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre de ustedes que está en el cielo. También ustedes tienen contados todos sus cabellos. No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros. (Mateo 10,28-31)

Jesús sigue diciendo “no teman”, ahora para alentar a sus discípulos ante persecuciones más drásticas; ya no es solamente una prohibición, unos azotes, una detención en el calabozo… ahora la amenaza viene de “los que matan el cuerpo”. Ese anuncio de Jesús se ha cumplido en toda época y lugar del mundo donde los cristianos encontraron un rechazo radical. Sin embargo ¡cuántos testimonios de fidelidad a Jesús y a su Palabra! Innumerables hombres y mujeres llegaron a dar su vida movidos por una fe extraordinaria,  comenzando por san Esteban, en los comienzos mismos de la evangelización y continuando con los mártires que ha habido y sigue habiendo a lo largo de los siglos. 

Año a año, las Obras Misionales Pontificias recogen los nombres e historias de misioneros y agentes pastorales que han muerto asesinados, no especialmente por haber realizado acciones extraordinarias sino por dar testimonio de Cristo en su vida cotidiana, incluso en contextos marcados por la violencia y los conflictos. El año pasado, fueron 17 los misioneros y misioneras (sacerdotes, religiosas, seminaristas y laicos) que dieron su vida por Cristo en África, Asia, América y aún en la vieja Europa cristiana.

Entonces, la advertencia sobre “los que matan el cuerpo” no es una figura literaria, sino una realidad que pronto enfrentaron los discípulos. Jesús exhorta a no temer, porque si el Padre consiente en que sus hijos caigan en tierra, no es porque su vida no tenga valor, sino -precisamente- para que encuentren junto a Él y en Él la plenitud de la vida que han buscado y anunciado. Por eso la conclusión: “no teman”, ustedes valen más que muchos pájaros. 

La última advertencia de Jesús llama al discípulo a una radicalidad y a una entrega totales:

Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo. Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres. (Mateo 10,32-33)

La primera lectura, del libro de Jeremías, donde el profeta habla en primera persona, es un canto de confianza en Dios del profeta ultrajado y perseguido, acechado hasta por quienes parecían ser sus amigos más íntimos. Con plena confianza en aquel que lo ha llamado, el profeta manifiesta “el Señor está conmigo”. El salmo 68 también refleja esa confianza inquebrantable de quien ha sufrido por su fe pero no ha renegado de su Dios:

Que lo vean los humildes y se alegren,
que vivan los que buscan al Señor:
porque el Señor escucha a los pobres
y no desprecia a sus cautivos. (Salmo 68 [69],33-34)

El evangelio de hoy es una respuesta para aquellos que, como Jeremías, han sufrido persecución y han llegado a sentirse abandonados por Dios; pero que, sin embargo, han encontrado en Él su consolación más profunda, aún en medio de las más duras pruebas. Han sido reconocidos por Jesús ante el Padre del Cielo.

Pensando en una generación posterior de cristianos, que puede ser la nuestra, que no pasó por los momentos más difíciles de la persecución, el autor de la Carta a los Hebreos nos invita a fijar la mirada en Jesús, que soportó la cruz y está sentado a la derecha del Padre, porque, dice el autor: Después de todo, en la lucha contra el pecado, ustedes no han resistido todavía hasta derramar su sangre. (Hebreos 12,4)

P. Javier Galdona (QEPD)

El miércoles pasado falleció en Montevideo, de forma inesperada, el Padre Javier Galdona, con quien compartimos todos nuestros años de Seminario, desde el comienzo al final. Me uno en el dolor y la esperanza a su comunidad de Santa Elena y a los muchos grupos, movimientos e instituciones en las cuales el puso brazos, cabeza y corazón; pero, sobre todo, coherencia de vida y fidelidad al Evangelio.

En esta semana

Miércoles 24: Natividad de San Juan Bautista. Una fiesta muy querida, que en el hemisferio sur marca el comienzo del invierno, con sus hogueras que invitan a reunirse y a compartir historias… sin olvidar el origen de la fiesta, el nacimiento de ese niño que asombró a todos y les hizo preguntarse qué llegaría a ser. Fiesta de las parroquias de las localidades de San Bautista y Santa Lucía.

Sábado 27: Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, una advocación unida a la congregación redentorista que en Roma custodia este hermoso ícono. Patrona de la parroquia de Barros Blancos y del colegio de Sauce.

Gracias, amigas y amigos por su atención; que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén. 


Palabra de Vida: “Acumulen tesoros en el cielo”. (Mateo 6,19-23)


Viernes de la XI semana durante el año, 19 de junio de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar algún provecho de ellas.

miércoles, 17 de junio de 2026

Palabra de Vida: “El Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta”. (Mateo 6,7-15)


 

Jueves de la XI semana durante el año, 18 de junio de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar algún provecho de ellas.