viernes, 22 de octubre de 2021

"¡Ánimo, levántate! Él te llama" (Marcos 10,46-52). Domingo 30° durante al año.

 

“Sentados al cordón de la vereda… vimos pasar coquetos carnavales…” A veces, como evoca esta vieja canción, puede ser lindo sentarse frente a la calle o frente al camino, para mirar lo que va pasando. Pero ¿qué significa sentarse al costado del camino, cuando uno no ve? Esa es la situación que nos plantea este pasaje del evangelio:

Cuando Jesús salía de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud, el hijo de Timeo -Bartimeo, un mendigo ciego- estaba sentado junto al camino.
Bartimeo está fuera del camino, detenido en el espacio y en el tiempo, marginado a causa de su ceguera. Sin embargo, no ha perdido la esperanza de encontrar una salida. Al escuchar el rumor de la multitud y enterarse de que es Jesús quien pasa, el ciego grita:
«¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!»
Muchos tratan de callarlo, pero él grita más fuerte, hasta que Jesús manda llamarlo. Esto es lo que le transmiten:
«¡Animo, levántate! Él te llama».
“Él te llama”. Jesús ha llamado a muchas personas, empezando por los discípulos que van siempre con Él. Ahora llama a este ciego para que se acerque. Aparentemente, no lo llama para que lo siga, para que siga a Jesús, sino para curarlo; pero la curación verdadera será seguir a Jesús.
En este momento, seguir a Jesús es especialmente dramático. Jesús va hacia Jerusalén, donde sufrirá su pasión y su cruz.
La insistencia de Bartimeo en llamar a Jesús muestra que lo necesita de verdad. Su súplica no sale únicamente de su deseo de recuperar la vista, sino de algo más profundo, posiblemente más profundo que lo que sienten muchos que acompañan a Jesús sin percibir hacia dónde va.
Jesús le pregunta qué quiere y complace su deseo. El ciego recupera la vista, pero su mirada va más allá de las cosas, descubriendo un mundo de fe y esperanza. No vuelve al costado del camino ni se interna en Jericó; no se queda en la alegría del momento, sino que toma una decisión: seguir a Jesús. Lo hará profundamente agradecido, en una actitud muy distinta de la de los discípulos que habían estado discutiendo sobre quién era el más grande.
Este relato nos introduce en el momento más importante de la vida de Jesús: su pasión y muerte en Jerusalén. Hacia allí va también Bartimeo. Ahora que puede ver: ¿será testigo de los acontecimientos del calvario? ¿Verá a Jesús resucitado? No lo sabemos; pero el hecho de que su nombre haya quedado escrito en el evangelio sugiere que su seguimiento de Jesús continuó a partir de allí y por eso su memoria fue guardada por la comunidad.
También nosotros, llamados hoy por Jesús, contemplemos la decisión con la que Bartimeo arrojó su manto y animémonos a desprendernos de las falsas seguridades a las que nos aferramos, para marchar al encuentro de Jesús y seguirlo durante toda nuestra vida.

San Antonio María Claret

Todos los años, en el cuarto domingo del mes de octubre, la Iglesia Católica celebra en todo el mundo la Jornada Mundial de las Misiones, conocida como el DOMUND. Este año coincide con el recuerdo de un santo misionero, Antonio María Claret, patrono de la parroquia de Progreso en nuestra diócesis, fundador de los Hijos del Inmaculado Corazón de María, conocidos como claretianos, congregación que tiene a su cargo la parroquia de Progreso. Vale la pena, entonces, acercarnos hoy a la vida de este obispo misionero.
San Antonio María Claret nació en 1807 y murió en 1870. En 1835 fue ordenado sacerdote para la diócesis de Vic, una ciudad de Cataluña que ha sido llamada “la ciudad de los santos” (*). Allí nacieron varias congregaciones femeninas y masculinas fundadas por santas y santos. Entre ellos destaca Claret.
Muy pronto comenzó su actividad misionera. Primero en su tierra y luego en las Islas Canarias.
En 1850 fue nombrado arzobispo de Santiago de Cuba. La sede llevaba vacante 14 años. Su espíritu misionero encontró un amplio campo de labor. Cuba era todavía colonia española y allí seguía vigente la esclavitud para numerosos afrodescendientes. Claret se dolió de la situación de los esclavos y luchó por cambiar sus condiciones de vida, lo que le trajo fuertes resistencias. Intercedió también por un grupo de cubanos sublevados que habían sido condenados a muerte. En ese marco, sufrió un atentado contra su vida. Aunque no disminuyó por eso su entrega pastoral, debió renunciar y regresó a España.
En Madrid, la reina Isabel II le pidió que fuera su confesor. Claret aceptó, con algunas condiciones: no vivir en palacio, no ser enredado en política y gozar de libertad para seguir misionando.
En 1868 una revolución desterró a la reina y su familia. Claret marchó con ellos a Francia. Casi al final de su vida participó en el Concilio Vaticano I, donde estuvo también nuestro Jacinto Vera. Murió en Francia, en la abadía cisterciense de Fontfroide el 24 de octubre de 1870.
En 1934 fue beatificado por el papa Pío XI y canonizado por Pío XII en 1950.
A comienzos del siglo XX los Claretianos llegaron a Uruguay. En septiembre de 1944 asumieron la parroquia de Progreso que acababa de ser creada. A pedido del arzobispo Mons. Barbieri la parroquia fue dedicada al todavía “Beato Padre Claret”, siendo la primera parroquia del mundo que llevó el nombre del fundador de los claretianos.

Domingo Mundial de las Misiones (DOMUND)

Este domingo se realiza en las parroquias la colecta destinada a las Obras Misionales Pontificias, con sobres que fueron entregados previamente.
Un mensaje sobre esta jornada, a cargo del P. Leonardo Rodríguez, director de OMP y secretario ejecutivo del Departamento de Misiones de la CEU puede verse y escucharse en el video.

Novena de ánimas

Este domingo 24, en muchas de nuestras parroquias comienza la novena de ánimas, que culminará con la recordación de todos los fieles difuntos, el 2 de noviembre.

Asume nuevo obispo de Melo

El sábado 30, a las 16 horas, en la catedral de Melo, Mons. Pablo Jourdan asumirá la conducción pastoral del Pueblo de Dios que peregrina en Cerro Largo y Treinta y Tres. Oremos por la diócesis y su nuevo pastor.

Gracias, amigas y amigos por su atención. Cuídense mucho. Que los bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

* Algunos santos, beatos y un venerable de la diócesis de Vic:
San Bernardo Calbó, obispo de Vic (1180-1243),
Santa Joaquina Vedruna (1783-1854), fundadora,
San Francisco Coll, fundador Dominicas de la Anunciata (1812-1875),
Santa Carmen Sallés, concepcionista (1848-1911),
Venerable Juan Collel Cuatrecasas (1864-1921), fundador,
quince Beatos mártires claretianos de Vic (+1936).

martes, 19 de octubre de 2021

Encuentro Diocesano de Canelones - Sínodo 2021-2023 - Santa Misa

 

Apertura de la fase diocesana en Canelones del Sínodo 2021-2023: "Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión".
Eucaristía con la que se cerró el encuentro diocesano realizado en Villa Guadalupe, Canelones, el domingo 17 de octubre.
Fueron invitados delegados de todas las parroquias de la diócesis.
Laicas y laicos, personas consagradas, diáconos, presbíteros, sacerdotes, así como integrantes de distintos servicios y movimientos diocesanos se hicieron presentes.
Se informó sobre el proceso sinodal y se hizo un ejercicio de participación como anticipo de lo que se hará más adelante en cada comunidad.

Homilía: caminando con Jesús (Marcos 10,35-45)

Jesús y sus discípulos van de camino a Jerusalén. Jesús ha hecho el anuncio de su pasión y van caminando juntos. Pero… ¿qué tan juntos? Porque aquí hay dos que parecen estar haciendo un camino un poco distinto del camino de Jesús… y tal vez los otros diez, también. 

Santiago y Juan se acercan a Jesús y le dicen: “Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir” y lo que piden es los primeros puestos en el Reino: uno a la derecha y otro a la izquierda.

Jesús les pregunta si saben lo que piden o, más bien, les dice que “no saben lo que piden”. Les pregunta si pueden beber el cáliz que el beberá y recibir el bautismo que él recibirá y ellos contestan “podemos”.
Uno se pregunta si realmente eran conscientes de lo que estaban diciendo, si sabían hacia dónde se dirigía Jesús, a pesar de todo lo que él ya había anunciado. 

Se sentarán a la derecha y a la izquierda… bueno, no exactamente, pero habrá dos hombres: uno a la derecha y otro a la izquierda de Jesús: crucificados, como él. No es ése el puesto en el que pensaban los discípulos; pero Jesús les anuncia, que sí, efectivamente, ellos beberán el cáliz que Jesús beberá y recibirán su mismo bautismo; en su momento pasarán también por la pasión, en la forma que les toque y en el momento que les corresponda; pero no tendrán esos puestos. Eso lo decidirá el Padre.

Los otros diez, entonces, se indignan por el pedido de estos dos discípulos, que -muchos dicen- se han adelantado a lo que los otros hubieran querido hacer antes que ellos.

Pero, entonces: ¿estamos caminando con Jesús o estamos haciendo nuestro propio camino, pensando que vamos con él, pensando que él tiene reservado para nosotros exactamente lo que nosotros queremos… y, sin embargo, no entramos en lo que él realmente quiere? Lo que quiere, no para sí, sino para nosotros.

Ahí está la dificultad permanente de los discípulos. A veces nos asombra el realismo del Evangelio en esto, que no nos esconde, ni nos adorna, ni endulza todas estas dificultades que los discípulos tuvieron en el seguimiento de Jesús. Y no lo hace porque no se trata simplemente de hacer una crónica de lo que fue pasando, sino, precisamente, de mostrarnos como caminar con Jesús y como tenemos permanentemente la tentación de tomar nuestro propio camino, seguir con nuestros propios criterios, con nuestros prejuicios o con nuestra mundanidad, como suele decir el Papa Francisco. 

Entonces, este pasaje del Evangelio nos está invitando a mirar la forma en que caminamos; a caminar realmente con el Señor que nos conduce hacia su Pascua, que nos conduce hacia la vida en Él; sabiendo que la Pascua no es sólo resurrección. La Pascua pasa por la cruz, pasa por la muerte. Pasa por el sepulcro antes de llegar a la vida y abrirnos a la vida para todos.

Jesús corona esta enseñanza con estas palabras; por un lado, habla de los poderosos del mundo: “Ustedes saben que aquéllos a quienes se considera gobernantes, dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad”. Uno piensa en todo el poder acumulado por el emperador romano o, incluso, el poder que detentaban algunos reyezuelos, que no eran más que vasallos del Imperio Romano, como Herodes. Pero si miramos al mundo de hoy vemos, lamentablemente, muchos ejemplos de quienes se consideran dueños de la vida de los pueblos que dominan, más que gobiernan. Actúan como si fueran sus dueños y hacen sentir su autoridad.

Y aquí viene la enseñanza de Jesús: “Entre ustedes no debe suceder así… el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos.” Por ahí va nuestro caminar con Jesús, en ese servicio. Y sí, servidor, pues podemos pensar en todo el servicio de Jesús. Podemos pensar en cada momento en que él se acerca a alguien en necesidad; el momento en que hace andar a un paralítico, que sana a un enfermo, que devuelve la vista a un ciego, que abre los oídos de un sordo, limpia a un leproso, resucita a un muerto, perdona los pecados. Pero cada uno de esos momentos, además, no es un hecho aislado, sino que es esa entrega constante de Jesús, hecha servicio.
Y por eso corona sus palabras con éstas: “el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud”.

Servir y dar su vida. No son dos cosas distintas. Dar la vida es la culminación del servicio de Jesús.
Todo ese “darse”, permanentemente, se hace definitivo en su entrega en la cruz. Da su vida, el Padre la recibe y le vuelve a dar la vida; pero ahora, ya, una vida nueva, su vida de resucitado que Él quiere comunicarnos a nosotros. Renovamos, entonces, nuestro deseo de seguir caminando con Jesús. 
 
Buscamos cada día ver cómo vamos haciendo ese camino con él, buscando escuchar su Palabra, para que Él nos vaya guiando, dejándonos guiar por el Espíritu Santo; alimentándonos con el Pan de Vida que Jesús nos dejó, alimento de la marcha para el Pueblo de Dios que camina en este mundo que ya no es aquel desierto, pero que es también lugar de prueba, lugar de tentación; pero también lugar de encuentro con el Señor.

jueves, 14 de octubre de 2021

“Servidor de todos” (Marcos 10,35-45) - Domingo XXIX durante el año - Sínodo 2021-2023

«Ustedes saben que aquéllos a quienes se considera gobernantes, dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos. Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud». (Marcos 10,35-45)
Solemnes palabras de Jesús. Toda una definición de vida. “No he venido a ser servido sino a servir”.  Más aún; “servir” no significa simplemente -si es que eso es simple- atender a los demás en sus necesidades, prestarles auxilio… Jesús define el servir como “dar su vida en rescate por una multitud”. El servicio fundamental de Jesús es su sacrificio, dar su vida en la cruz. Es la culminación de una vida de entrega, de donación de sí mismo, en la que ha curado enfermos, ha dado la vista a los ciegos, ha hecho andar a los paralíticos, ha limpiado leprosos, ha resucitado a muertos y ha perdonado pecados.
Decir que la muerte de Jesús fue un sacrificio nos hace pensar en sufrimiento, dolor. Sin embargo, Jesús no utiliza esa la palabra. Habla de “dar su vida”. Lo que hace el sacrificio no es el dolor, aunque el dolor pueda estar presente, y mucho. Lo que hace el sacrificio es la entrega, darse, dar su vida. En ese sentido, podemos decir que toda la vida de Jesús ha sido ya un continuo sacrificio, un darse cada día: a su Padre Dios y a las personas que encontró en su caminar por este mundo.

Jesús dice también que da su vida “en rescate por una multitud”. Hablar de rescate sugiere que se paga, que se entrega algo valioso para liberar a un esclavo, un prisionero, alguien que ha sido secuestrado.
Jesús da lo más valioso que tiene: su propia vida. No está pagando ningún precio. El Padre Dios recibe la vida de su Hijo y se la vuelve a dar. No necesita cobrar ningún rescate.
Si pensamos que es Satanás quien tiene aprisionados a los hombres, es de él de quien son rescatados, pero el diablo no recibe ningún pago. Dios no cobra ni paga rescates con la vida de su Hijo. Al contrario, lo ofrece como don gratuito de su amor. Amor a esa humanidad que no encuentra a Dios, que no sabe reconocerlo en Jesús. Jesús va a la muerte por amor a esa humanidad extraviada, esclavizada por el pecado.
Los seres humanos no podemos librarnos solos de la ambición de poder y posesión que nos domina. No podemos hacernos servidores de todos si no somos liberados. La muerte de Cristo en la cruz tiene esa fuerza liberadora. Así lo entendieron finalmente los apóstoles y por eso pudieron enseñarlo, como lo hizo San Pedro y como lo hace la Iglesia hasta hoy:

«Ustedes han sido redimidos de la conducta necia heredada de sus padres; no con algo perecible, oro o plata, sino con una sangre preciosa, la del Cordero inmaculado e intachable: Cristo» (1 Pedro 1,18-19).

Caminando juntos: sínodo 2023

“Por una iglesia sinodal: comunión, participación y misión”. Con ese lema ha sido convocado el sínodo de los Obispos para el año 2023, un proceso al que está llamada a involucrarse toda la Iglesia, todos sus miembros: los laicos y laicas, las personas consagradas, los diáconos, los presbíteros, los obispos y el Papa.
El domingo pasado, el papa Francisco celebró en Roma la inauguración de este camino; este domingo, en todas las diócesis, abrimos la fase diocesana, la etapa que realizará cada diócesis.
Al decir “Sínodo de los Obispos” nos estamos refiriendo a una institución que se creó a partir del Concilio Vaticano II. Cada cierto tiempo, Obispos de todo el mundo, representando a sus conferencias episcopales, se reúnen en Roma a reflexionar y buscar caminos para dar una respuesta desde la Iglesia sobre distintos aspectos de la fe y de la vida.

Sin embargo, los Obispos no llegan allí con su opinión personal. Hay siempre un trabajo previo en el que se busca que participen los miembros de la Iglesia que están más directamente relacionados con el tema a tratar. El momento en que se reúnen los Obispos es un punto de convergencia de ese proceso de escucha y reflexión, llevado a todos los ámbitos de la vida de la Iglesia. Ese camino culmina en la escucha al Obispo de Roma, es decir, al Papa. El Papa es el garante de la obediencia y la conformidad de la Iglesia a la voluntad de Dios, al Evangelio de Cristo y a la Tradición de la Iglesia. El Papa, por voluntad de Dios, es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la multitud de los fieles.

El tema del sínodo de 2023 toca a toda la Iglesia. ¿Qué es una Iglesia sinodal? Sínodo es una palabra griega que significa “caminar juntos”. La pregunta fundamental que queremos hacernos es ésta:

  • ¿Cómo se realiza hoy, a diversos niveles (desde el local al universal) ese “caminar juntos” que permite a la Iglesia anunciar el Evangelio, de acuerdo con la misión que le fue confiada?
  • ¿Qué pasos nos invita a dar el Espíritu Santo para crecer como Iglesia sinodal?
En su homilía del domingo pasado, el papa Francisco nos señalaba tres verbos, tres acciones que son clave en el camino sinodal: encontrar, escuchar, discernir.

Encontrar los rostros, cruzar las miradas, compartir la historia de cada uno; esta es la cercanía de Jesús. Él sabe que un encuentro puede cambiar la vida. Y en el Evangelio abundan encuentros con Cristo que reaniman y curan.
También nosotros, que comenzamos este camino, estamos llamados a ser expertos en el arte del encuentro. No en organizar eventos o en hacer una reflexión teórica de los problemas, sino, ante todo, en tomarnos tiempo para estar con el Señor y favorecer el encuentro entre nosotros.

Escuchar. Un verdadero encuentro sólo nace de la escucha. Cuando escuchamos con el corazón sucede esto: el otro se siente acogido, no juzgado, libre para contar la propia experiencia de vida y el propio camino espiritual.
El Espíritu nos pide que nos pongamos a la escucha de las preguntas, de los afanes, de las esperanzas de cada Iglesia, de cada pueblo y nación. Y también a la escucha del mundo, de los desafíos y los cambios que nos pone delante.
Discernir. El encuentro y la escucha recíproca no son algo que acaba en sí mismo, que deja las cosas tal como están. Al contrario, cuando entramos en diálogo, iniciamos el debate y el camino, y al final no somos los mismos de antes, hemos cambiado.
El sínodo es un camino de discernimiento espiritual, de discernimiento eclesial, que se realiza en la adoración, en la oración, en contacto con la Palabra de Dios.
Jesús nos llama en estos días a vaciarnos, a liberarnos de lo que es mundano, y también de nuestras cerrazones y de nuestros modelos pastorales repetitivos; a interrogarnos sobre lo que Dios nos quiere decir en este tiempo y en qué dirección quiere orientarnos.  

Recemos juntos esta oración por el sínodo:

Estamos ante ti, Espíritu Santo,
reunidos en tu nombre.
Tú que eres nuestro verdadero consejero:
ven a nosotros,
apóyanos,
entra en nuestros corazones.
Enséñanos el camino,
muéstranos cómo alcanzar la meta.
Impide que perdamos
el rumbo como personas
débiles y pecadoras.
No permitas que la ignorancia
nos lleve por falsos caminos.
Concédenos el don del discernimiento,
para que no dejemos que nuestras acciones se guíen
por prejuicios y falsas consideraciones.
Condúcenos a la unidad en ti,
para que no nos desviemos del camino de la verdad y la justicia,
sino que en nuestro peregrinaje terrenal
nos esforcemos por alcanzar la vida eterna.
Esto te lo pedimos a ti,
que obras en todo tiempo y lugar,
en comunión con el Padre y el Hijo
por los siglos de los siglos. Amén.

Santos de la semana

Hoy domingo 17, recordamos a San Ignacio de Antioquía, obispo y mártir; el 18, san Lucas Evangelista; el 19 los mártires Juan de Brébeuf e Isaac Jogues y en el mismo día, San Pablo de la Cruz.

Gracias, amigas y amigos, por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

viernes, 8 de octubre de 2021

Heredar la vida eterna. (Marcos 10,17-30). Domingo XXVIII durante el año.

 

A veces nos encontramos con una persona a la que tenemos que decirle o pedirle algo importante, pero no nos animamos. Hablamos de cosas sin importancia, se producen algunos silencios y no sale de nosotros lo que queríamos plantear. Y cuando el otro comienza a despedirse, nos damos cuenta de que tal vez no haya otra oportunidad y nos apresuramos a hablar. Tal vez así estaba planteada la situación con la que comienza el evangelio de este domingo:

Jesús se puso en camino. Un hombre corrió hacia Él y, arrodillándose, le preguntó:
«Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?»
El hombre corrió hacia Jesús. Correr no era considerado digno de una persona respetable. Tampoco era adecuado arrodillarse. En nuestra fe de hoy, Jesús es el Hijo de Dios; pero en ese momento era un Maestro; con cierta fama, sí, pero no para tanto. El hombre lo llamó “maestro bueno”. Jesús lo corrigió: “sólo Dios es bueno”. Finalmente, respondió la pregunta:
«Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre».
El hombre le contestó que todo eso lo había cumplido desde su juventud. En realidad, eso era suficiente. Entonces ¿qué le faltaba? ¿Qué es lo que lo hizo salir corriendo hacia Jesús antes de que el Maestro se fuera? El evangelio nos dice que Jesús lo miró con afecto. Jesús vio la búsqueda interior de ese hombre. Ese hombre quería algo más en su relación con Dios. Y eso es lo que le ofreció Jesús. Jesús le dijo “sígueme”. En otras oportunidades Jesús dijo lo mismo a otros hombres, que dejándolo todo, lo siguieron (cf. Marcos 1,16-20).

Pero Jesús veía un obstáculo para que ese hombre pudiera seguirlo. Ese hombre estaba atado a sus bienes. Tenía que desprenderse de esos apegos para seguir a Jesús. Por eso, Jesús le dijo:
«Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme».

Sin embargo, al oír estas palabras, “el hombre se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes”. Desde este final decepcionante, podemos releer la primera lectura de hoy, de la que solo tomo algunos versículos, pero que vale la pena leer detenidamente:

supliqué, y descendió sobre mí el espíritu de la Sabiduría.
La preferí a los cetros y a los tronos,
y tuve por nada las riquezas en comparación con ella.
No la igualé a la piedra más preciosa,
porque todo el oro, comparado con ella, es un poco de arena;
y la plata, a su lado, será considerada como barro.
Seguir a Jesús es desprenderse de las seguridades humanas que dan los muchos bienes y la observancia de la Ley. Jesús ofrece otra manera de ver la vida, de ver las riquezas y de ver la misma religión. Jesús nos llama a seguirlo para entrar con Él en el Reino de Dios y en la Vida Eterna: algo infinitamente más valioso que el oro, la plata, los cetros y los tronos.

Red mundial de oración del Papa

Discípulos misioneros: esa es la intención de oración que nos propone el Papa en octubre, mes de las misiones. Recemos para que cada bautizado participe en la evangelización y esté disponible para la misión, a través de un testimonio de vida que tenga el sabor del Evangelio.

Noticias

Sábado 9 de octubre

Ayer celebró sus bodas de oro sacerdotales en Las Piedras el P. Carlos Díaz, salesiano. Nos unimos a su acción de gracias por esos años de servicio y fidelidad.

Domingo 10 de octubre

Hoy se celebra en Roma la apertura del camino hacia el Sínodo de los Obispos de 2023. Se abre para toda la Iglesia un tiempo de reflexión en el que todos estamos llamados a participar: “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”. El domingo 17, en nuestra diócesis y en todo el mundo, se abrirá la fase diocesana del sínodo. Nosotros lo haremos con un encuentro diocesano en Villa Guadalupe.

No nos olvidemos de felicitar a nuestro Obispo emérito, Mons. Alberto Sanguinetti, que está cumpliendo 76 años.

Martes 12 de octubre

Rodó y Dios: aproximaciones a posiciones de José Enrique Rodó ante Dios. Se trata de un foro organizado por la Comisión de Cultura de la Conferencia Episcopal, con dos paneles moderados por el periodista Jaime Clara, en el Club Católico, Cerrito 475, Montevideo, a partir de las 18:30.

16 de octubre

Día mundial de la alimentación, propuesto por las Naciones Unidas y la FAO, organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura. Desde la Santa Sede suele emitirse un mensaje con motivo de esta jornada. En uno de ellos, el Papa Francisco ha señalado que “el hambre no es sólo una tragedia sino una vergüenza” (2020) y que “Los alimentos que se tiran a la basura son alimentos que se roban de la mesa del pobre, del que tiene hambre” (2013). Unos 1.300 millones de toneladas de comida, la tercera parte de lo que se produce para el consumo humano, se pierde o se desperdicia cada año, según la agencia de alimentos de Naciones Unidas.

Santos de la Semana:

Sábado 9 de octubre

Se celebró la Beatificación de la Madre María Lorenza Longo, que murió en Nápoles en 1542. Fue terciaria franciscana y fundó el primer monasterio de Clarisas Capuchinas, siguiendo la regla de Santa Clara. Saludamos y felicitamos a las Clarisas Capuchinas del Monasterio Santa Clara de Asís, en Etcheverría, Canelones.

Domingo 10 de octubre

San Daniel Comboni es un santo italiano, gran misionero en África. Fundó los padres combonianos para la misión en ese continente. Sin embargo, algunos de esos misioneros llegaron también a América. Uno de ellos, el P. Luis Butera, fundó allí el Movimiento Apostólico de los Misioneros Servidores de la Palabra. Sacerdotes, religiosas y laicas de este movimiento están presentes en nuestra diócesis en las parroquias de Shangrilá, San José de Carrasco y Colonia Nicolich.

Lunes 11 de octubre

Recordamos a San Juan XXIII, el Papa bajo cuyo pontificado fue creada nuestra diócesis, el 25 de noviembre de 1961. Fue también él quien nombró a nuestro primer Obispo, Mons. Orestes Nuti, el 2 de enero de 1962.

Martes 12 de octubre

Saludamos a la Diócesis de Melo, en la fiesta de su patrona, Nuestra Señora del Pilar.

14, 15 y 16 de octubre

No podemos dejar de mencionar, aunque sea rápidamente, a tres grandes santos: el 14, San Calixto, Papa y mártir; el 15, Santa Teresa de Jesús, virgen y doctora de la Iglesia, gran mística y reformadora de la Orden carmelitana. El 16, Santa Margarita María Alacoque, monja salesa que trabajó para propagar el culto al Sagrado Corazón de Jesús, del que era muy devota. Saludamos con motivo de esta fiesta a las hermanas Salesas del Monasterio de la Visitación, en Progreso.

Amigas y amigos, esto es todo por hoy. Gracias por su atención. Sigamos cuidándonos unos a otros. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

sábado, 2 de octubre de 2021

Octubre, Mes de las Misiones. Mensaje del Papa Francisco para el DOMUND 2021.

 «No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído» (Hch 4,20)

Queridos hermanos y hermanas:

Cuando experimentamos la fuerza del amor de Dios, cuando reconocemos su presencia de Padre en nuestra vida personal y comunitaria, no podemos dejar de anunciar y compartir lo que hemos visto y oído. La relación de Jesús con sus discípulos, su humanidad que se nos revela en el misterio de la encarnación, en su Evangelio y en su Pascua nos hacen ver hasta qué punto Dios ama nuestra humanidad y hace suyos nuestros gozos y sufrimientos, nuestros deseos y nuestras angustias (cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 22). Todo en Cristo nos recuerda que el mundo en el que vivimos y su necesidad de redención no le es ajena y nos convoca también a sentirnos parte activa de esta misión: «Salgan al cruce de los caminos e inviten a todos los que encuentren» (Mt 22,9). Nadie es ajeno, nadie puede sentirse extraño o lejano a este amor de compasión.

La experiencia de los apóstoles

La historia de la evangelización comienza con una búsqueda apasionada del Señor que llama y quiere entablar con cada persona, allí donde se encuentra, un diálogo de amistad (cf. Jn 15,12-17). Los apóstoles son los primeros en dar cuenta de eso, hasta recuerdan el día y la hora en que fueron encontrados: «Era alrededor de las cuatro de la tarde» (Jn 1,39). La amistad con el Señor, verlo curar a los enfermos, comer con los pecadores, alimentar a los hambrientos, acercarse a los excluidos, tocar a los impuros, identificarse con los necesitados, invitar a las bienaventuranzas, enseñar de una manera nueva y llena de autoridad, deja una huella imborrable, capaz de suscitar el asombro, y una alegría expansiva y gratuita que no se puede contener. Como decía el profeta Jeremías, esta experiencia es el fuego ardiente de su presencia activa en nuestro corazón que nos impulsa a la misión, aunque a veces comporte sacrificios e incomprensiones (cf. 20,7-9). El amor siempre está en movimiento y nos pone en movimiento para compartir el anuncio más hermoso y esperanzador: «Hemos encontrado al Mesías» (Jn 1,41).

Con Jesús hemos visto, oído y palpado que las cosas pueden ser diferentes. Él inauguró, ya para hoy, los tiempos por venir recordándonos una característica esencial de nuestro ser humanos, tantas veces olvidada: «Hemos sido hechos para la plenitud que sólo se alcanza en el amor» (Carta enc. Fratelli tutti, 68). Tiempos nuevos que suscitan una fe capaz de impulsar iniciativas y forjar comunidades a partir de hombres y mujeres que aprenden a hacerse cargo de la fragilidad propia y la de los demás, promoviendo la fraternidad y la amistad social (cf. ibíd., 67). La comunidad eclesial muestra su belleza cada vez que recuerda con gratitud que el Señor nos amó primero (cf. 1 Jn 4,19). Esa «predilección amorosa del Señor nos sorprende, y el asombro —por su propia naturaleza— no podemos poseerlo por nosotros mismos ni imponerlo. […] Sólo así puede florecer el milagro de la gratuidad, el don gratuito de sí. Tampoco el fervor misionero puede obtenerse como consecuencia de un razonamiento o de un cálculo. Ponerse en “estado de misión” es un efecto del agradecimiento» (Mensaje a las Obras Misionales Pontificias, 21 mayo 2020).

Sin embargo, los tiempos no eran fáciles; los primeros cristianos comenzaron su vida de fe en un ambiente hostil y complicado. Historias de postergaciones y encierros se cruzaban con resistencias internas y externas que parecían contradecir y hasta negar lo que habían visto y oído; pero eso, lejos de ser una dificultad u obstáculo que los llevara a replegarse o ensimismarse, los impulsó a transformar todos los inconvenientes, contradicciones y dificultades en una oportunidad para la misión. Los límites e impedimentos se volvieron también un lugar privilegiado para ungir todo y a todos con el Espíritu del Señor. Nada ni nadie podía quedar ajeno a ese anuncio liberador.

Tenemos el testimonio vivo de todo esto en los Hechos de los Apóstoles, libro de cabecera de los discípulos misioneros. Es el libro que recoge cómo el perfume del Evangelio fue calando a su paso y suscitando la alegría que sólo el Espíritu nos puede regalar. El libro de los Hechos de los Apóstoles nos enseña a vivir las pruebas abrazándonos a Cristo, para madurar la «convicción de que Dios puede actuar en cualquier circunstancia, también en medio de aparentes fracasos» y la certeza de que «quien se ofrece y entrega a Dios por amor seguramente será fecundo» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 279).

Así también nosotros: tampoco es fácil el momento actual de nuestra historia. La situación de la pandemia evidenció y amplificó el dolor, la soledad, la pobreza y las injusticias que ya tantos padecían y puso al descubierto nuestras falsas seguridades y las fragmentaciones y polarizaciones que silenciosamente nos laceran. Los más frágiles y vulnerables experimentaron aún más su vulnerabilidad y fragilidad. Hemos experimentado el desánimo, el desencanto, el cansancio, y hasta la amargura conformista y desesperanzadora pudo apoderarse de nuestras miradas. Pero nosotros «no nos anunciamos a nosotros mismos, sino a Jesús como Cristo y Señor, pues no somos más que servidores de ustedes por causa de Jesús» (2 Co 4,5). Por eso sentimos resonar en nuestras comunidades y hogares la Palabra de vida que se hace eco en nuestros corazones y nos dice: «No está aquí: ¡ha resucitado!» (Lc 24,6); Palabra de esperanza que rompe todo determinismo y, para aquellos que se dejan tocar, regala la libertad y la audacia necesarias para ponerse de pie y buscar creativamente todas las maneras posibles de vivir la compasión, ese “sacramental” de la cercanía de Dios con nosotros que no abandona a nadie al borde del camino. En este tiempo de pandemia, ante la tentación de enmascarar y justificar la indiferencia y la apatía en nombre del sano distanciamiento social, urge la misión de la compasión capaz de hacer de la necesaria distancia un lugar de encuentro, de cuidado y de promoción. «Lo que hemos visto y oído» (Hch 4,20), la misericordia con la que hemos sido tratados, se transforma en el punto de referencia y de credibilidad que nos permite recuperar la pasión compartida por crear «una comunidad de pertenencia y solidaridad, a la cual destinar tiempo, esfuerzo y bienes» (Carta enc. Fratelli tutti, 36). Es su Palabra la que cotidianamente nos redime y nos salva de las excusas que llevan a encerrarnos en el más vil de los escepticismos: “todo da igual, nada va a cambiar”. Y frente a la pregunta: “¿para qué me voy a privar de mis seguridades, comodidades y placeres si no voy a ver ningún resultado importante?”, la respuesta permanece siempre la misma: «Jesucristo ha triunfado sobre el pecado y la muerte y está lleno de poder. Jesucristo verdaderamente vive» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 275) y nos quiere también vivos, fraternos y capaces de hospedar y compartir esta esperanza. En el contexto actual urgen misioneros de esperanza que, ungidos por el Señor, sean capaces de recordar proféticamente que nadie se salva por sí solo.

Al igual que los apóstoles y los primeros cristianos, también nosotros decimos con todas nuestras fuerzas: «No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído» (Hch 4,20). Todo lo que hemos recibido, todo lo que el Señor nos ha ido concediendo, nos lo ha regalado para que lo pongamos en juego y se lo regalemos gratuitamente a los demás. Como los apóstoles que han visto, oído y tocado la salvación de Jesús (cf. 1 Jn 1,1-4), así nosotros hoy podemos palpar la carne sufriente y gloriosa de Cristo en la historia de cada día y animarnos a compartir con todos un destino de esperanza, esa nota indiscutible que nace de sabernos acompañados por el Señor. Los cristianos no podemos reservar al Señor para nosotros mismos: la misión evangelizadora de la Iglesia expresa su implicación total y pública en la transformación del mundo y en la custodia de la creación.

Una invitación a cada uno de nosotros

El lema de la Jornada Mundial de las Misiones de este año, «No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído» (Hch 4,20), es una invitación a cada uno de nosotros a “hacernos cargo” y dar a conocer aquello que tenemos en el corazón. Esta misión es y ha sido siempre la identidad de la Iglesia: «Ella existe para evangelizar» (S. Pablo VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 14). Nuestra vida de fe se debilita, pierde profecía y capacidad de asombro y gratitud en el aislamiento personal o encerrándose en pequeños grupos; por su propia dinámica exige una creciente apertura capaz de llegar y abrazar a todos. Los primeros cristianos, lejos de ser seducidos para recluirse en una élite, fueron atraídos por el Señor y por la vida nueva que ofrecía para ir entre las gentes y testimoniar lo que habían visto y oído: el Reino de Dios está cerca. Lo hicieron con la generosidad, la gratitud y la nobleza propias de aquellos que siembran sabiendo que otros comerán el fruto de su entrega y sacrificio. Por eso me gusta pensar que «aun los más débiles, limitados y heridos pueden ser misioneros a su manera, porque siempre hay que permitir que el bien se comunique, aunque conviva con muchas fragilidades» (Exhort. ap. postsin. Christus vivit, 239).

En la Jornada Mundial de las Misiones, que se celebra cada año el penúltimo domingo de octubre, recordamos agradecidamente a todas esas personas que, con su testimonio de vida, nos ayudan a renovar nuestro compromiso bautismal de ser apóstoles generosos y alegres del Evangelio. Recordamos especialmente a quienes fueron capaces de ponerse en camino, dejar su tierra y sus hogares para que el Evangelio pueda alcanzar sin demoras y sin miedos esos rincones de pueblos y ciudades donde tantas vidas se encuentran sedientas de bendición.

Contemplar su testimonio misionero nos anima a ser valientes y a pedir con insistencia «al dueño que envíe trabajadores para su cosecha» (Lc 10,2), porque somos conscientes de que la vocación a la misión no es algo del pasado o un recuerdo romántico de otros tiempos. Hoy, Jesús necesita corazones que sean capaces de vivir su vocación como una verdadera historia de amor, que les haga salir a las periferias del mundo y convertirse en mensajeros e instrumentos de compasión. Y es un llamado que Él nos hace a todos, aunque no de la misma manera. Recordemos que hay periferias que están cerca de nosotros, en el centro de una ciudad, o en la propia familia. También hay un aspecto de la apertura universal del amor que no es geográfico sino existencial. Siempre, pero especialmente en estos tiempos de pandemia es importante ampliar la capacidad cotidiana de ensanchar nuestros círculos, de llegar a aquellos que espontáneamente no los sentiríamos parte de “mi mundo de intereses”, aunque estén cerca nuestro (cf. Carta enc. Fratelli tutti, 97). Vivir la misión es aventurarse a desarrollar los mismos sentimientos de Cristo Jesús y creer con Él que quien está a mi lado es también mi hermano y mi hermana. Que su amor de compasión despierte también nuestro corazón y nos vuelva a todos discípulos misioneros.

Que María, la primera discípula misionera, haga crecer en todos los bautizados el deseo de ser sal y luz en nuestras tierras (cf. Mt 5,13-14).

Roma, San Juan de Letrán, 6 de enero de 2021, Solemnidad de la Epifanía del Señor.

FRANCISCO


Santa Teresa del Niño Jesús, Patrona de las Misiones.

jueves, 30 de septiembre de 2021

Casarse en el Señor (Mc 10,2-16; cf. 1 Corintios 7,39). Domingo XXVII durante el año.

“Casarse en el Señor” es una expresión que utiliza san Pablo para referirse al matrimonio cristiano. Mirando a través de los siglos y en las diferentes culturas, pueden observarse numerosas variaciones sobre lo que significa el matrimonio. Sin embargo, hay elementos comunes: el bien de los cónyuges y la generación y la educación de los hijos. Esa realidad humana es convertida por Jesús en un sacramento que se da entre bautizados.
De eso habla el evangelio de este domingo a partir de algunos fariseos que se acercan a Jesús y, para ponerlo a prueba, le preguntan:

«¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?»
Lo de ponerlo a prueba hace pensar que se consideraba a Jesús un disidente, alguien que se apartaba de la práctica oficial. Sin embargo, la respuesta de Jesús los remite al fundamento de la vida de su pueblo:
«¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado?»
Los fariseos respondieron:
«Moisés permitió redactar una declaración de divorcio y separarse de ella».
Esa respuesta se refiere a un pasaje del Deuteronomio que dice:
«Si un hombre toma una mujer y se casa con ella, y resulta que esta mujer no halla gracia a sus ojos, porque descubre en ella algo que le desagrada, le redactará una declaración de divorcio, se la pondrá en su mano y la despedirá de su casa.» (Deutoronomio 24,1)
Jesús no niega que exista ese texto, pero explica su porqué:
«Moisés les dio esta prescripción debido a la dureza del corazón de ustedes».
A continuación, Jesús indica dónde quería llegar:
«Desde el principio de la creación, "Dios los hizo varón y mujer". "Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre, y los dos no serán sino una sola carne". De manera que ya no son dos, "sino una sola carne"».
Jesús va al principio, al momento de la creación, al plan original de Dios para el hombre y la mujer, tal como aparece en el libro del Génesis. Varón y mujer son complementarios. Uniéndose en cuerpo y alma alcanzan una plenitud que no tiene ninguno de ellos por separado. A las palabras del Génesis, Jesús agrega su ley, la que debe observar todo cristiano:
«Que el hombre no separe lo que Dios ha unido»
La discusión con los fariseos quedó cerrada allí; pero los discípulos tenían dudas y, ya en la casa, volvieron a preguntar sobre el tema. En su respuesta, Jesús introduce el concepto de adulterio:
«El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra aquella; y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete adulterio».
El sacramento del matrimonio no es una simple ceremonia, una especie de servicio que se contrata para dar marco a un acontecimiento social. El esposo y la esposa que se casan “en el Señor” intercambian un consentimiento, un compromiso de por vida; aquello de “hasta que la muerte nos separe”. Ese “sí” solo puede darse en forma verdadera con plena libertad y conciencia de lo que se está asumiendo. Pero no son solamente los novios quienes se unen. Hay una acción de Dios: Dios los une. Por eso dice Jesús: lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre.
Es verdad, muy poca gente se casa hoy, no solo en la Iglesia, sino también en el registro civil. Muchas parejas viven una especie de pacto para convivir, acompañarse, quererse… mientras todo esté bien. El camino que Jesús propone a los esposos es diferente y así lo expresa el consentimiento que se dan mutuamente, en el que cada uno manifiesta que quiere recibir al otro como esposo, a la otra como esposa y promete “serle fiel en lo favorable y en lo adverso, en salud o enfermedad, amarle y respetarle durante todos los días de su vida”.
Parece imposible… pero nada es imposible para Dios si lo dejamos actuar en nuestros corazones.

Mes de las Misiones

Octubre es el Mes de las Misiones. Próximamente tendremos la posibilidad de colaborar con esta actividad esencial de la vida de la Iglesia en la colecta del DOMUND, día de la Jornada Mundial de las Misiones, que se celebra el Domingo 24 de octubre, con un lema tomado del libro de los Hechos de los Apóstoles: «No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído» (Hechos 4,20)

En esta semana

El lunes 4 recordamos a San Francisco de Asís. Después de una juventud despreocupada, encontró a Cristo, sobre todo en los pobres y necesitados y comenzó a vivir tomando el evangelio como regla. Fundó la orden de los Frailes Menores y, junto con Santa Clara, la Orden de las Hermanas Pobres, es decir, las Clarisas. En nuestra diócesis hay dos parroquias que lo tienen como patrono: la de Joaquín Suárez y la de ciudad Líber Seregni, en el municipio de Colonia Nicolich, en la que se recuerda con cariño a sacerdotes franciscanos que estuvieron allí en otro tiempo. Hay también una capilla en la Ciudad de La Costa. De la espiritualidad franciscana nos dan testimonio los monasterios de las Hermanas Clarisas de San José de Carrasco y las Clarisas Capuchinas de Echeverría, cerca de la ciudad de Canelones.

El miércoles 6 se recuerda a San Bruno, fundador de los monjes cartujos. Los cartujos toman su nombre de Chartreuse, el lugar donde san Bruno se instaló con sus primeros seguidores, en los Alpes franceses. Los monjes cartujos siguen la regla de san Benito con algunos añadidos propios que la hacen aún más austera, conjugando tiempos fuertes de soledad con momentos de vida comunitaria, siempre dando prioridad al silencio, la contemplación y la oración.

El jueves 7 de octubre celebramos a la Virgen del Rosario. La celebración de este día es una invitación para todos a meditar los misterios de Cristo, en compañía de la Virgen María, que estuvo asociada de un modo especialísimo a la encarnación, la pasión y la gloria de la resurrección del Hijo de Dios. Cuando rezamos el Rosario, es bueno seguir la invitación que nos hace quien lo guía, cuando dice, con estas o similares palabras “en el primer misterio… contemplamos”. De eso se trata: mientras vamos desgranando las avemarías, contemplar, meditar, pasar por el corazón la acción salvadora de Dios que se manifiesta en cada uno de los misterios.
Decía hace años san Juan Pablo II en su carta apostólica “el Rosario de la Virgen María”

“el motivo más importante para volver a proponer con determinación la práctica del Rosario es por ser un medio sumamente válido para favorecer en los fieles la exigencia de contemplación del misterio cristiano (…)
El Rosario forma parte de la mejor y más reconocida tradición de la contemplación cristiana. Iniciado en Occidente, es una oración típicamente meditativa y se corresponde de algún modo con la «oración del corazón», u «oración de Jesús», surgida sobre el humus del Oriente cristiano.”
No puedo imaginar hoy mejor manera de cerrar nuestro programa que invitarlos a rezar juntos:
Dios te salve, María,
llena eres de gracia.
El Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

viernes, 24 de septiembre de 2021

Los pequeños y el escándalo. (Marcos 9, 38-43. 45. 47-48). Domingo XXVI durante el año.

El domingo pasado, el evangelio que escuchamos se cerraba con esta acción y estas palabras de Jesús:
Tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo:

«El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a aquel que me ha enviado». (Marcos 9,30-37)
Tal vez hoy no nos llame la atención la actitud cariñosa de Jesús. Sin embargo, en la cultura del Antiguo Testamento, niños y niñas eran educados con severidad:
“No ahorres corrección al niño, que no se va a morir porque lo castigues con la vara” (Proverbios 23,13)
Realmente, Jesús pone en muy alto valor a los niños. Si en el evangelio de Mateo nos dice

"En verdad les digo que cuanto hicieron a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron" (Mateo 25,40), 

identificándose con quien está hambriento, sin abrigo, preso o enfermo, aquí Jesús va más lejos, porque nos dice que recibir a un niño es aún más que recibirlo a Él: es recibir a aquel que lo ha enviado, es decir, al Padre.

En el pasaje que escuchamos este domingo, Jesús continúa su referencia a los pequeños, con una fuerte advertencia:

Si alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que tienen fe, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar. (Marcos 9, 38-48)
Escandalizar viene de skándalon, que es una piedra con la que se tropieza, hace caer e impide llegar a la meta hacia la que se camina. Cuando la meta del camino es Dios, el escándalo es más grave, porque puede causar que alguien abandone ese camino. Es aún más grave, si el escándalo lo provoca quien tiene la misión de guiar en el camino hacia Dios. Por eso dice Jesús algo tan drástico: “sería mejor que le ataran al cuello una piedra de molino y lo arrojaran al mar”.

Hoy llamamos escándalo a dichos y hechos que causan gran indignación e impacto públicos.
Al regreso de uno de sus viajes, decía el Papa Francisco a los periodistas:
“Los jóvenes se escandalizan por la hipocresía de los poderosos… las guerras… la incoherencia… la corrupción … los abusos sexuales. … hay una acusación a la Iglesia … conocemos las estadísticas... Pero, aunque hubiera sido un solo sacerdote el que haya abusado de un niño, de una niña, sería igualmente monstruoso, porque ese hombre fue elegido por Dios para llevar al niño a Dios. Yo entiendo que los jóvenes se escandalicen de esta corrupción tan grande. -sigue diciendo Francisco- Saben que está por todos lados, pero en la Iglesia es más escandaloso, porque se debe llevar a los niños a Dios, y no destruirlos.”(1)
Muchos creen que la Iglesia sigue negando esta realidad tan deplorable y no hace nada. Sin embargo, aunque hay que seguir avanzando y profundizando, sobre todo por el sufrimiento de las víctimas, hemos dado muchos pasos en el mundo y también en el Uruguay, en tres direcciones:
  • la investigación de las denuncias y la condena de quienes efectivamente cometieron abusos;
  • la atención de las víctimas
  • y la prevención y cuidado de menores y personas vulnerables creando un ambiente seguro en parroquias, colegios y obras sociales.
El abuso sexual cometido por personas consagradas es para la Iglesia un delito gravísimo; a las penas de cárcel que impone la justicia estatal cuando se comprueba que los delitos ocurrieron, la Iglesia agrega sus propias sanciones.
Decía el Papa Francisco en esa conferencia de prensa:
“en los últimos tiempos yo he recibido muchas, muchas condenas … y he dicho: “Adelante, adelante”. Nunca, nunca he firmado, después de una condena, una petición de gracia. Sobre esto no se negocia.

La Iglesia creó en Roma una institución que se llama Centro de Protección de Menores, para dar formación a sacerdotes, religiosos, religiosas, educadores y demás agentes pastorales de todo el mundo, sobre prevención de abusos. Las personas que integran la Comisión de Prevención de Abusos que existe en nuestra diócesis se formaron en uno de esos cursos.
La Iglesia en el Uruguay cuenta con un Protocolo de actuación ante denuncias de abusos y una Guía de prevención de abusos. La actuación corresponde a los Obispos y a los superiores religiosos. La prevención es tarea de toda la comunidad cristiana. La atención a las víctimas es el paso más delicado y por eso aún más difícil. Se les escucha cuando presentan su denuncia, un relato en el que ponen de manifiesto sus sufrimientos a veces soportados durante mucho tiempo. Sin embargo, no siempre esperan o desean ser acompañados desde la Iglesia en su proceso de sanación, aunque algunos sí lo piden.

El problema de los abusos sexuales ha hecho pensar a algunas personas que estos hechos dolorosos ponen de manifiesto una corrupción generalizada de la Iglesia que se arrastra desde mucho tiempo atrás. 

Algunas familias se preguntan si enviar o no sus hijos a catequesis… Perdónenme ahora por hablar un poco de mí mismo, de lo que viví como niño y como joven en la parroquia de mi pueblo. Concurrí a la Iglesia desde niño. Al principio iba a Misa con mis primas; después empecé a ir solo. Me confesaba frecuentemente. En mi adolescencia me acerqué mucho más. Entraba con naturalidad a la casa parroquial. No recuerdo ni remotamente haber vivido una situación incómoda en el ámbito parroquial, como las que, en cambio, si pude vivir alguna vez -nada más que eso, alguna situación incómoda, alguna burla con connotaciones sexuales- las que pude vivir en el patio de la escuela, en el recreo…

Como joven, en tiempos de la dictadura, encontré en la parroquia un espacio de libertad, un espacio donde podíamos decir sin miedo lo que pensábamos, donde podíamos confiar en los demás, incluidos los sacerdotes. Más aún, eran ellos los que ayudaban a formar ese ambiente donde encontré a Jesús, donde empecé a leer el evangelio y la enseñanza de la Iglesia y donde nació mi vocación. Por eso soy sacerdote, hoy obispo y mi mayor alegría la vivo cuando alguien encuentra a Jesús, cree en Él y encuentra en Él un sentido nuevo y definitivo a su vida. Dios quiera que eso pueda seguir siendo el fruto de una vida de comunidad parroquial como la que pude vivir yo y tantos hermanos obispos, sacerdotes y diáconos que compartimos hoy el servicio en nuestras comunidades diocesanas y parroquiales en el Uruguay.

En esta semana:

El lunes 27 recordamos a San Vicente de Paúl. Este santo es el patrono del Hogar de Ancianas de Las Piedras, que llevan adelante las Hermanas de la Sagrada Familia de Urgel. Felicitaciones a esta casa en su fiesta patronal.

Miércoles 29 – San Miguel Arcángel, patrono de la parroquia de Los Cerrillos, que celebrará en este día su fiesta patronal.

Jueves 30 – San Jerónimo, un santo estudioso de la Biblia, que tradujo los textos hebreo y griego a la lengua que se hablaba en su tiempo, el latín popular o vulgar, entregándonos la Biblia conocida como “Vulgata”. Es en su recuerdo que celebramos en septiembre el Mes de la Palabra de Dios.

El viernes 1 de octubre, Santa Teresa del Niño Jesús o Santa Teresita, patrona de las Misiones. En nuestra diócesis es patrona de la parroquia de Juanicó, de una capilla de Catedral y otra de Santa Lucía.

El sábado 2, recordamos a los Santos Ángeles Custodios.

Amigas y amigos: esto es todo por hoy. Gracias por su atención. Hasta la próxima semana y que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

(1)  Conferencia de prensa del Santo Padre durante el vuelo de regreso a Roma desde Estonia. Martes, 25 de septiembre de 2018.

viernes, 17 de septiembre de 2021

17 de octubre: Encuentro Diocesano en Villa Guadalupe. Sínodo 2021-2023.

Canelones, 10 de septiembre de 2021

Al Pueblo de Dios que peregrina en Canelones: fieles laicos, personas consagradas y clérigos.

Queridas hermanas, queridos hermanos:

¡Que la Paz del Señor esté con todos ustedes!

Desde que llegué a la Diócesis he estado visitando las comunidades parroquiales. Todavía no he llegado a todas, pero espero hacerlo en los próximos meses. Agradezco la apertura y el afecto con que me han recibido en cada lugar que he visitado.

Ahora estoy invitándolos a participar de un

Encuentro Diocesano
el domingo 17 de octubre,
de 10 a 17 horas,
en Villa Guadalupe.

Este encuentro tiene como motivación un pedido del Papa Francisco: iniciar, en ese día, en cada una de las diócesis del mundo, la fase diocesana del Sínodo de los Obispos que culminará en 2023.

El Sínodo tiene como tema “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión”. Ya está disponible un Documento Preparatorio para que se trabaje en cada diócesis.

Siendo esta fecha cercana a aquélla en la que solía celebrarse la Fiesta Diocesana, reflexionando con los sacerdotes, nos ha parecido oportuno convocar a este encuentro que permitirá vivir un momento diocesano de reflexión y celebración.

El tiempo de pandemia en el que aún estamos nos lleva a no hacer una convocatoria abierta a todo el que quiera participar, como a todos nos gustaría, sino limitada a cinco delegados por parroquia. En hoja aparte daremos más detalles sobre los participantes y el desarrollo del encuentro.

Nos encomendamos a Nuestra Señora de Guadalupe, esperando vivir bajo su manto un hermoso encuentro de la comunidad diocesana.

Los bendice de corazón,

+ Heriberto, Obispo de Canelones

Participantes:

•    5 delegados por parroquia
•    Vida consagrada: si alguna comunidad de vida consagrada no está ya incluida en la delegación parroquial, la comunidad puede enviar a una persona delegada.
•    Movimientos y servicios diocesanos: el mismo criterio anterior. Si ningún miembro de equipos responsables de servicios y movimientos está incluido en alguna delegación parroquial, el servicio o movimiento puede enviar un delegado que asegure su presencia.
•    Clérigos: diáconos permanentes, presbíteros, obispos: quienes quieran y puedan participar de todo el encuentro están invitados a hacerlo. Sería bueno que estén al menos en la Misa.

Programa

10:00 Recepción
10:30 Bienvenida y oración
11:00 Presentación del Sínodo y del tema.
12:00 Preparación almuerzo
12:30 Almuerzo
14:00 Trabajo en 15 grupos / entrega de síntesis por parte de los secretarios
15:30 Preparación a la Misa
16:00 MISA

Para tener en cuenta:

•    Traer comida y bebida (no habrá venta)
•    Quien pueda, traiga su silla plegable
•    Las delegaciones se organizarán para compartir el almuerzo entre quienes han venido juntos (“burbuja parroquial”)
•    Mantendremos las medidas sanitarias: uso de mascarillas, alcohol en gel, distancia física

Importante:

Sería muy bueno que, en el tiempo previo al encuentro, todos los participantes podamos leer dos documentos, que están fácilmente disponibles en formato digital:
-    Documento Preparatorio:
http://www.synod.va/es/documents/versione-desktop-del-documento-preparatorio.html
-    Vademécum:
https://www.synod.va/content/dam/synod/document/common/vademecum/ES-Vademecum.rtf
Consultas:
Referente para la Fase Diocesana del Sínodo: P. Pedro Antón
Vicario Pastoral: P. Wáshington Cabrera

Domingo XXV durante el año (Marcos 9,30-37). Beatas Dolores y Consuelo Aguiar-Mella Díaz.

 

El domingo pasado escuchamos a Jesús en el evangelio anunciar a sus discípulos lo que sucedería con él. Les dijo que el Hijo del hombre

debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar después de tres días.
Ese mismo domingo, en la clausura del Congreso Eucarístico Internacional de Budapest, el Papa Francisco nos decía en su homilía:
La Eucaristía está ante nosotros para recordarnos quién es Dios. No lo hace con palabras, sino de forma concreta, mostrándonos a Dios como Pan partido, como Amor crucificado y entregado.
el Señor permanece allí, en la sencillez de un Pan que se deja partir, distribuir y comer.
En este domingo, el evangelio nos cuenta que Jesús continúa enseñando a sus discípulos que él debía morir y resucitar. Sin embargo:
los discípulos no comprendían esto y temían hacerle preguntas.
No es sorprendente que los discípulos no comprendieran. Como decía también Francisco, los discípulos piensan “como piensan los hombres”;
es la lógica del mundo, de la mundanidad, apegada al honor y a los privilegios, encaminada al prestigio y al éxito. Lo que cuenta es la consideración y la fuerza, lo que atrae la atención de la mayoría y sabe hacerse valer ante los demás.
Conociendo el corazón de sus discípulos, Jesús les pregunta de qué hablaban en el camino:
Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande.
Inútil silencio. Jesús conoce aquello que está agitando sus corazones. Sin reproches, les enseña:
«El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos».
Ese es el camino de Jesús. No está pidiendo a sus discípulos algo que no realizara él mismo.
Decía también, Francisco, el domingo pasado:
Cuando se perfila la cruz, la perspectiva del dolor, el hombre se rebela.
La cruz no está nunca de moda, ni hoy ni en el pasado.
La lógica de Dios … es la del amor humilde. El camino de Dios rehúye cualquier imposición, ostentación y todo triunfalismo; está siempre dirigido al bien del otro, hasta el sacrificio de sí mismo.

Dolores y Consuelo, beatas uruguayas

El seguimiento de Jesús crucificado fue el camino que tomaron dos hermanas uruguayas a las que en este domingo 19 recordamos: son las beatas y mártires Dolores y Consuelo Aguiar-Mella Díaz, que sufrieron su martirio en Madrid en 1936, al comienzo de la guerra civil española.
Habían nacido en Montevideo, en 1897 y 1898, respectivamente. En 1899 la familia se trasladó a España.
Aunque Dolores se sintió llamada a la vida religiosa, las dos hermanas permanecieron como laicas, vinculadas a la Hermanas de las Escuelas Pías o Escolapias. La vida de ambas fue expresión de su amor a Dios y a los hermanos, como discípulas de Jesús, servidor de todos.
El 19 de septiembre a las 8 de la mañana, fue detenida Dolores, en el momento que cruzaba la calle para llevar a otro grupo de hermanas, la leche que necesitaban. Al mediodía, llegó un miliciano con un papel escrito por Dolores, en el que pedía que María de la Yglesia, superiora de las Escolapias, concurriera a declarar, acompañada de otra persona.
Esa otra persona fue Consuelo.
Los cadáveres de las tres fueron encontrados por la cuñada de las dos uruguayas en el depósito municipal de difuntos.
La noticia tuvo gran impacto en Uruguay. El hecho fue calificado de verdadero martirio.

Hna. María Isabel Araújo (+QEPD)

El 13 de septiembre falleció en Canelones la Hna. María Isabel Araújo, salesa del Convento de la Visitación de María, en Progreso. Nos unimos a las hermanas en su dolor y en su oración.

Nuevo Obispo de Melo

Mons. Pablo Jourdan, hasta ahora obispo auxiliar de Montevideo, ha sido nombrado por el Papa Francisco nuevo Obispo de Melo. Me uno a la alegría de mi anterior comunidad diocesana y expreso mis mejores augurios al nuevo pastor de Cerro Largo y Treinta y Tres. Recemos todos por él y por su diócesis.

En esta semana

Lunes 20 - Memoria de los santos Andrés Kim Tae-gön, presbítero, Pablo Chöng Ha-sang y compañeros, mártires en Corea. Se veneran este día en común celebración los ciento tres mártires que en aquel país dieron la vida en testimonio de su fe. La fe cristiana fue introducida en Corea por un grupo de laicos que habían conocido en China el libro de los evangelios. Esa fe fue después alimentada y reafirmada por la predicación y celebración de los sacramentos por medio de los misioneros. Los ciento tres mártires, niños, jóvenes, laicos casados y solteros, ocho sacerdotes y tres obispos, unidos en el suplicio, consagraron con su sangre preciosa los inicios de la Iglesia en Corea (1839-1867).

Martes 21 - Fiesta de san Mateo, apóstol y evangelista, llamado antes Leví, que al ser invitado por Jesús para seguirlo, dejó su oficio de publicano o recaudador de impuestos. En la comunidad por él formada y siguiendo la inspiración divina, se escribió un evangelio en el que se proclama que Jesucristo es hijo de David e hijo de Abrahán, dando plenitud al Antiguo Testamento.

El miércoles 22 es el Día del maestro. Una jornada para recordar con gratitud a quienes nos guiaron en nuestros primeros pasos en la adquisición de los conocimientos básicos para desempeñarse en la vida.

El Padre Pío, San Pío de Pietrelcina, fraile y sacerdote Capuchino murió el 23 de septiembre de 1968. En el convento de San Giovanni Rotondo, en Italia, se dedicó a la dirección espiritual de los fieles y a la reconciliación de los penitentes, mostrando una atención particular hacia los pobres, necesitados y enfermos. Fundó en San Giovanni la Casa del alivio del Sufrimiento, un gran hospital que prolonga hoy su obra.

Recordamos también el 23 de septiembre el fallecimiento de José Artigas (1850), en su exilio en Paraguay y el del primer arzobispo de Montevideo, Mons. Mariano Soler (1908).

Finalmente, el viernes 24, celebramos a Nuestra Señora, la Virgen de las Mercedes, patrona de la diócesis que abarca Soriano y Colonia. Es también el día de la Pastoral Carcelaria y el recuerdo de un acontecimiento de la guerra de independencia: la Batalla del Rincón, en 1825.

Gracias, amigas y amigos, por su atención. Hasta aquí llegamos por hoy. Sigamos cuidándonos. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

miércoles, 8 de septiembre de 2021

Domingo 12 de septiembre de 2021, XXIV durante el año. Clausura del LII Congreso Eucarístico Internacional.

Este domingo, en Budapest, capital de Hungría, tendrá lugar la clausura del quincuagésimo segundo Congreso Eucarístico Internacional. A las 6:30 de la mañana, hora de Uruguay, el Papa Francisco presidirá la santa Misa, que será posible seguir a través de diferentes medios.
Creo que vale la pena, en nuestra reflexión de hoy, detenernos un poco sobre este acontecimiento.

Este Congreso tiene como lema un versículo del Salmo 86: “Todas mis fuentes están en ti” (Salmo 86,7) y un tema: “La Eucaristía, fuente de la vida y de la misión cristiana”.
Después vamos a ver qué abarca todo eso.

Primero, una palabra sobre estos eventos. Los Congresos Eucarísticos Internacionales comenzaron a celebrarse a fines del siglo XIX. El primero fue en Francia, en la ciudad de Lille, en 1881. El vigésimo segundo, en el año 1934, en Buenos Aires, fue el primero que se celebró en América Latina. Como delegado pontificio estuvo allí el Cardenal Eugenio Pacelli, futuro Papa Pío XII. Tuvo así una visión de la Iglesia en nuestro continente que lo animó a promover la creación del Consejo Episcopal Latinoamericano, el CELAM, en 1955.

El Congreso Eucarístico Internacional es, básicamente, una gran asamblea de la Iglesia Católica que, convocada por el Papa y presidida por el mismo o un delegado, reúne durante algunos días a multitudes de fieles para dar culto a la Eucaristía y reflexionar sobre distintos aspectos de la vida y misión de la Iglesia.

Los Congresos son una de las grandes manifestaciones públicas de la Iglesia que subrayan y valorizan el papel de la Eucaristía en la vida de los cristianos y en la acción de la Iglesia. Nacidos para glorificar a Jesucristo realmente presente en la Eucaristía y dar testimonio de su infinito amor al mundo, han generado procesos de crecimiento de las comunidades cristianas para responder a las esperanzas de los hombres y contribuir a la construcción de un mundo más humano, justo y pacífico, a partir de la celebración eucarística.

El versículo del salmo que inspira este congreso, “todas mis fuentes están en ti”, nos invita a contemplar a Dios mismo como fuente de vida. A Dios, que ama incondicionalmente a cada una de sus criaturas. Decir “Dios, fuente de vida” es reconocer que de Él viene nuestra vida misma y también todo lo que necesitamos tanto para la vida natural, para desarrollar nuestra vida en este mundo, como para nuestra vida sobrenatural, la vida eterna que Él nos ha prometido.

El agua, la hermana agua, como cantaba San Francisco de Asís, está profundamente asociada a toda la vida en la tierra. Donde hay agua hay vida y donde escasea o falta totalmente, los seres vivos disminuyen o desaparecen. En el evangelio de Juan el agua está muy presente, como símbolo de los bienes espirituales, de la vida de Dios que colma todos los anhelos del ser humano. Como dice Jesús a la samaritana:

«Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: "Dame de beber", tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva» (Juan 4,10).
Y agrega:
«el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna» (Juan 4,14).
A partir de esta contemplación de Dios como fuente de vida, es posible meditar sobre distintos aspectos de la Eucaristía:
La Eucaristía, fuente de vida cristiana: en este sacramento no solo está contenida la gracia, como en los demás sacramentos, sino al mismo autor de la Gracia, Jesucristo y su sacrificio de salvación, su Pascua, que se hace presente en la santa Misa, nuestra Pascua dominical.

La celebración de la Eucaristía, fuente y culmen de la vida eclesial. En ella recibimos a Cristo, Palabra de Vida y Pan de Vida, alimentando nuestra fe y nuestra unión con Él que nos hace Iglesia: “La Eucaristía hace la Iglesia” (Henri De Lubac).

La creciente preocupación por el cuidado de la Casa Común, el mensaje de Francisco en Laudato Sii’ nos hace redescubrir otro aspecto de la Eucaristía, como fuente de transformación de lo creado. La Eucaristía tiene una dimensión cósmica que lo abraza todo. Prestemos atención a algunas de las expresiones que reza el sacerdote en la plegaria eucarística:
“con razón te alaban todas tus criaturas”
“… también nosotros, llenos de alegría, y por nuestra voz las demás criaturas, aclamamos tu nombre cantando”
“que todos tus hijos nos reunamos en la heredad de tu reino […] y allí, junto con toda la creación libre ya del pecado y de la muerte, te glorifiquemos…”
Cuántas cosas tendríamos que comentar y profundizar. Y quedan muchos otros aspectos que apenas voy a mencionar: la Eucaristía, fuente de la santidad; la Eucaristía, fuente de la misión y del servicio y, como conclusión, contemplar a María, mujer eucarística, de la que nace el Cuerpo de Cristo. Les invito a unirnos en la oración del Congreso.

Te damos gracias,
Señor Jesucristo,
que en la Eucaristía, fuente del amor,
invitas a tu pueblo a alimentarse
del Pan de la vida
y del Cáliz de la salvación,
memorial de tu pasión, muerte y resurrección.
Que la fuerza que nos comunicas
con tu sacrificio y tu presencia,
nos ayude a ser para los demás
pan que nutre y vino que alegra,
servidores humildes de la reconciliación
entre las Iglesias y los pueblos,
para anunciar con gestos y palabras,
que tú eres el único Señor,
la fuente de toda vida.

En esta semana

El lunes 13 recordamos a San Juan Crisóstomo, obispo de Constantinopla y doctor de la Iglesia. Crisóstomo era su sobrenombre y hace referencia a su gran elocuencia.

El martes 14 es la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, seguida el miércoles 15 por la memoria de Nuestra Señora de los Dolores, en la que recordamos a María, de pie junto a la cruz de su Hijo, asociada íntima y fielmente a su pasión salvadora.

El jueves 16 recordamos a dos santos mártires: el papa Cornelio y el obispo Cipriano, muertos en las persecuciones de mediados del siglo III.

El viernes 17 hacemos memoria de san Roberto Belarmino, jesuita, obispo y doctor de la Iglesia.

En este mes de septiembre el Papa Francisco nos propone rezar para que todos tomemos decisiones valientes a favor de un estilo de vida sobrio y ecosostenible, alegrándonos por los jóvenes que están comprometidos con él.

Y hasta aquí llegamos hoy, amigas y amigos. A quienes miren este video antes del domingo, los invito a seguir las celebraciones finales del Congreso Eucarístico

En horarios de Uruguay: 

  • sábado 11, al mediodía, misa y procesión de antorchas; 
  • domingo, a las 6:30 de la mañana, Misa de clausura con el Papa Francisco. 

Gracias por su atención. Hasta la próxima semana, si Dios quiere. Cuídense mucho y que los bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.