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martes, 16 de septiembre de 2014
Mons. Daniel Gil en el recuerdo del P. Guillermo Buzzo
El 7 de setiembre se cumplieron seis años del fallecimiento de Mons. Daniel Gil Zorrilla, obispo emérito de Salto. Este blog tuvo su comienzo en homenaje a él, con el título de "Dar y Comunicar", que era su lema episcopal.
El P. Guillermo Buzzo, del clero de Salto, recuerda en dos trazos la figura de este pastor.
(Publicado en "El Octavo Día", Diócesis de Salto).
sábado, 7 de septiembre de 2013
A cinco años de la Pascua de Mons. Daniel Gil
El domingo 7 de setiembre de 2008, mientras iba culminando la 30ª Jornada Nacional de la Juventud, celebrada en Tacuarembó, fallecía en Salto Mons. Daniel Gil Zorrilla, Obispo emérito de esa Diócesis y antes Obispo de Tacuarembó.
Hoy se cumplen, pues, cinco años de su Pascua. Betel, gran amiga de Mons. Daniel, nos comparte esta foto suya en Roma, donde él siempre supo encontrar lo que llamaba "consolación romana".
En este día en que el Papa Francisco ha convocado a que en todo el mundo nos unamos, en el ayuno y la oración en el ruego por la Paz, recordamos también a Daniel, que habría sus cartas siempre con el mismo saludo: PAX!, es decir "PAZ", en latín.
En este día de oración y silencio, vienen bien recordar estas palabras de Juan Pablo II, a propósito de la oración por la paz:
"La paz es ante todo un don de Dios —no hay que olvidarlo jamás— y siempre debe ser implorada de su misericordia.
Tal convicción parece haber animado a los hombres de todas las civilizaciones que han puesto la paz en el primer lugar de sus oraciones. Referencias de ello se encuentran en todas las religiones.
¡Cuántos hombres, teniendo la experiencia de combates mortales y de campos de concentración, cuántas mujeres y niños desamparados a causa de las guerras, se han vuelto antes que a nosotros hacia el Dios de la paz!
Hoy, cuando las amenazas adquieren una gravedad particular por su extensión y su carácter radical, cuando las dificultades para construir la paz presentan un cariz nuevo y a menudo confuso, muchas personas, incluso poco familiares con la oración, pueden encontrar espontáneamente el camino hacia ella.
Sí, nuestro futuro está en las manos de Dios, el único que nos da la verdadera paz.
Y mientras los corazones humanos proyectan sinceramente acciones de paz, es la gracia de Dios la que inspira y fortalece sus sentimientos.
Todos están invitados a repetir en este sentido la oración de San Francisco de Asís:
Señor, haz de nosotros artífices de paz;
donde domina el odio, que nosotros proclamemos el amor;
donde hay ofensas, que nosotros ofrezcamos el perdón;
donde abunda la discordia, que nosotros construyamos la paz."
(Juan Pablo II, Mensaje para la XV Jornada Mundial de la Paz, 1º de enero de 1982)
viernes, 7 de septiembre de 2012
Recuerdo de Mons. Daniel Gil, a cuatro años de su Pascua
| Celebrando Misa en la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús, Montevideo |
| Días de descanso en los lagos del sur de Argentina y Chile |
| En Roma, con el Hermano Villa |
| En días de lo que el llamaba "consolación romana" |
miércoles, 7 de septiembre de 2011
Mons. Daniel Gil... Tres años.
Fue hace tres años. Era domingo. En Tacuarembó estábamos concluyendo la Misa en la Jornada Nacional de la Juventud, la 30ª, última que ha habido de concentración nacional de Pastoral Juvenil.
Durante la celebración, llegó la noticia del fallecimiento de Mons. Daniel Gil, Obispo emérito de Salto. Antes había sido Obispo de Tacuarembó.
Me tocó comunicarlo a los jóvenes. Me impresionó ver como los que estaban de gorra (había sol) se la sacaron y todos guardaron un respetuoso silencio. La mayor parte de ellos seguramente no lo había conocido.
Queda una familia espiritual de Daniel, que trasciende fronteras. Muchos disfrutamos de su amistad, nos beneficiamos de su escucha y de sus consejos... Muchos extrañamos las conversaciones con él. Las conversaciones con alguien que ejerció con cada uno de nosotros su paternidad espiritual.
No puedo menos que recordarlo en acción de gracias.
Durante la celebración, llegó la noticia del fallecimiento de Mons. Daniel Gil, Obispo emérito de Salto. Antes había sido Obispo de Tacuarembó.
Me tocó comunicarlo a los jóvenes. Me impresionó ver como los que estaban de gorra (había sol) se la sacaron y todos guardaron un respetuoso silencio. La mayor parte de ellos seguramente no lo había conocido.
Queda una familia espiritual de Daniel, que trasciende fronteras. Muchos disfrutamos de su amistad, nos beneficiamos de su escucha y de sus consejos... Muchos extrañamos las conversaciones con él. Las conversaciones con alguien que ejerció con cada uno de nosotros su paternidad espiritual.
No puedo menos que recordarlo en acción de gracias.
+ Heriberto
martes, 7 de septiembre de 2010
Recordando a Mons. Daniel Gil SJ
En esta fecha, nuestro querido Daniel Obispo, pasó a vivir eternamente en el amor de Dios Padre.
Siempre supo vivir en el amor al Sagrado Corazón y por Él dar su amor a todos los que se acercaron.
Sus brazos abiertos, estaban dispuestos a darse a los que le pedían su ayuda.
También ahora podemos tratar de imitar a ese Corazón de Jesús que ama tanto a los hombres y no siempre recibe respuesta.
Siempre supo vivir en el amor al Sagrado Corazón y por Él dar su amor a todos los que se acercaron.
Sus brazos abiertos, estaban dispuestos a darse a los que le pedían su ayuda.
También ahora podemos tratar de imitar a ese Corazón de Jesús que ama tanto a los hombres y no siempre recibe respuesta.
Betel
sábado, 19 de junio de 2010
Pastor Bueno
Evocación de Mons. Carlos Nicolini
Se cumplen hoy 22 años del fallecimiento del Obispo Coadjutor de Salto, Mons. Carlos Nicolini. En 1991, en ocasión del traslado de sus restos a la cripta de la Catedral de Salto, Mons. Daniel Gil Zorrilla, obispo de Salto, lo evocaba de esta forma.
Salto, Mayo 22 de 1991
A todos los sacerdotes y Pueblo de Dios de Dios de la Diócesis:
¡Salud y Paz en el Señor!
El próximo miércoles 19 de junio, al cumplirse tres años del fallecimiento de Mons. Carlos A. Nicolini, celebraremos una Misa en la Catedral, y a continuación colocaremos sus restos mortales en la cripta de los Obispos de la Diócesis, debajo de la Capilla del Santísimo Sacramento.
Esta fecha, esta ceremonia sagrada, nos trae la oportunidad de considerar la persona tan querida de Mons. Nicolini.
El Concilio Vaticano II nos recordó que Jesús edificó su Iglesia enviando a sus Apóstoles como Él mismo había sido enviado por su Padre; y quiso que los Obispos, sucesores de los Apóstoles, fuesen los pastores de su Iglesia hasta el fin de la historia.
Por eso nuestra Diócesis, que es una Iglesia particular en la cual opera y vive verdaderamente la Iglesia de Cristo, ha sido confiada desde su creación a un Obispo.
Mons. Camacho y Mons. Viola organizaron la diócesis, con mil sacrificios y fuerte Fe.
Mons. Mendiharat fue el encargado por la Providencia para realizar el aggiornamento o renovación de la Diócesis, poniéndola de acuerdo a las exigencias y directivas impartidas desde el Concilio Vaticano II, y las asambleas generales de los obispos latinoamericanos en Medellín y Puebla.
Fue entonces, en tiempos muy difíciles, en que estando injustamente ausente muchos años nuestro Obispo diocesano, centro de unidad de la Iglesia particular, el nombramiento de Mons. Nicolini trajo apoyo y consuelo a toda la Diócesis.
Los años en que colaboró con Mons. Mendiharat conocieron un resurgimiento notable de las vocaciones sacerdotales, así como un admirable crecimiento de la pastoral juvenil.
La calma y la paz que irradiaba en todo momento, transmitía serenidad en todos los ámbitos de la Diócesis. Son muchísimos los que recuerdan su exquisita atención personal, a cada uno, en toda circunstancia, mostrando siempre su caridad pastoral en el trato a las personas de toda condición.
Junto a Mons. Mendiharat su presencia juvenil, calma y atenta, sabía ser muy íntima sin molestar jamás; su pensamiento profundo, su reflexión iluminadora supo animar y dinamizar sin imposiciones.
En los misteriosos planes de la Providencia MOns. Nicolini fue llamado al Padre a una edad muy temprana. Su total dedicación a nuestra diócesis y a cada uno de sus hermanos, desgastó muy pronto su sensible corazón. Tuvo finalmente el consuelo inmenso de ver al Papa Juan Pablo II en nuestra ciudad. Un mes después, la muerte se lo llevó.
Sacerdotes y pueblo de la Diócesis celebraremos la Eucaristía en la Catedral el miércoles 19 de junio a las 19 horas y, evocándolo, recibiremos del Señor las gracias que necesitamos para reavivar nuestro amor a la Iglesia y la comunión fraterna entre nosotros.
Los bendigo de todo corazón
A todos los sacerdotes y Pueblo de Dios de Dios de la Diócesis:
¡Salud y Paz en el Señor!
El próximo miércoles 19 de junio, al cumplirse tres años del fallecimiento de Mons. Carlos A. Nicolini, celebraremos una Misa en la Catedral, y a continuación colocaremos sus restos mortales en la cripta de los Obispos de la Diócesis, debajo de la Capilla del Santísimo Sacramento.
Esta fecha, esta ceremonia sagrada, nos trae la oportunidad de considerar la persona tan querida de Mons. Nicolini.
El Concilio Vaticano II nos recordó que Jesús edificó su Iglesia enviando a sus Apóstoles como Él mismo había sido enviado por su Padre; y quiso que los Obispos, sucesores de los Apóstoles, fuesen los pastores de su Iglesia hasta el fin de la historia.
Por eso nuestra Diócesis, que es una Iglesia particular en la cual opera y vive verdaderamente la Iglesia de Cristo, ha sido confiada desde su creación a un Obispo.
Mons. Camacho y Mons. Viola organizaron la diócesis, con mil sacrificios y fuerte Fe.
Mons. Mendiharat fue el encargado por la Providencia para realizar el aggiornamento o renovación de la Diócesis, poniéndola de acuerdo a las exigencias y directivas impartidas desde el Concilio Vaticano II, y las asambleas generales de los obispos latinoamericanos en Medellín y Puebla.
Fue entonces, en tiempos muy difíciles, en que estando injustamente ausente muchos años nuestro Obispo diocesano, centro de unidad de la Iglesia particular, el nombramiento de Mons. Nicolini trajo apoyo y consuelo a toda la Diócesis.
Los años en que colaboró con Mons. Mendiharat conocieron un resurgimiento notable de las vocaciones sacerdotales, así como un admirable crecimiento de la pastoral juvenil.
La calma y la paz que irradiaba en todo momento, transmitía serenidad en todos los ámbitos de la Diócesis. Son muchísimos los que recuerdan su exquisita atención personal, a cada uno, en toda circunstancia, mostrando siempre su caridad pastoral en el trato a las personas de toda condición.
Junto a Mons. Mendiharat su presencia juvenil, calma y atenta, sabía ser muy íntima sin molestar jamás; su pensamiento profundo, su reflexión iluminadora supo animar y dinamizar sin imposiciones.
En los misteriosos planes de la Providencia MOns. Nicolini fue llamado al Padre a una edad muy temprana. Su total dedicación a nuestra diócesis y a cada uno de sus hermanos, desgastó muy pronto su sensible corazón. Tuvo finalmente el consuelo inmenso de ver al Papa Juan Pablo II en nuestra ciudad. Un mes después, la muerte se lo llevó.
Sacerdotes y pueblo de la Diócesis celebraremos la Eucaristía en la Catedral el miércoles 19 de junio a las 19 horas y, evocándolo, recibiremos del Señor las gracias que necesitamos para reavivar nuestro amor a la Iglesia y la comunión fraterna entre nosotros.
Los bendigo de todo corazón
+ Daniel Gil Zorrilla
Obispo de Salto
Obispo de Salto
lunes, 7 de septiembre de 2009
Un año sin Daniel...
Hace un año, mientras en Tacuarembó culminaba la 30ª Jornada Nacional de la Juventud, Mons. Daniel Gil Zorrilla, antiguo Obispo de Tacuarembó y Obispo emérito de Salto vivía su Pascua. El último de una serie de infartos truncó la vida de Mons. Daniel, y dejó a muchos, entre quienes me incluyo, con una terrible sensación de orfandad. "Gracias!", dice este sencillo dibujo que dejara estampado en la tapa de una libreta de nuestra común amiga Betel. "¡Gracias!" es también la palabra que nos brota del corazón a todos los que de él recibimos aliento, orientación, consejo, con un gran respeto por la libertad de cada uno y de cada una ante Dios.
¿Qué es lo que no llegó, Daniel? ¿Qué es lo que hay que reenviar? En este tiempo en que recibimos centenares de publicaciones impresas o virtuales, miles de mails y sms, no todos útiles ni necesarios, en fin, "muchas cosas" que nos ocupan y afanan, hay que reenviar siempre "una sola cosa" que es la realmente necesaria... reenviar la invitación que nos trae Jesús, reenviar su Palabra, que sigue interpelando, llamando, convirtiendo, consolando, fortaleciendo...¡Gracias, Daniel!
viernes, 10 de julio de 2009
Allá por el '94....
viernes, 13 de marzo de 2009
Daniel Gil - Reflexiones sobre la alabanza
Reflexiones sobre la alabanza
1-Introducción
El hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor, como nos lo enseña el catecismo y el principio y fundamento de San Ignacio, y aún antes de nuestra creación, hemos sido elegidos “para alabanza de la gloria de su gracia” como nos repite San Pablo, (Ef.1-6.12.14)
¿Por qué, pues, nuestra generación experimenta dificultad en vivir esta grande y noble palabra de alabanza? ¿Qué es lo que en nuestra actitud interior habitual nos hace extranjeros al dinamismo espiritual de la alabanza? La dificultad viene de muy adentro de nosotros mismos y de nuestro tiempo, va más lejos en consecuencias de lo que a primera vista podría parecer.
¿De donde viene esta molestia y esta sorda repugnancia a la alabanza?
Alabar es inútil, en primer lugar veamos el aspecto más aparente y superficial del problema; en nuestro mundo actual da la impresión de algo gratuito y superfluo.
Se admite más fácilmente el servicio, palabra que gusta a todos y encuentra cierto favor. El servicio supone un resultado constatable, visible. El resultado del servicio se escribe positivamente en las cuentas del mundo. El servicio deja una huella patente y positiva en la figura de las cosas, en la Historia, en el sentido del bienestar y crecimiento humano.
Por lo contrario, con el telón de fondo de esa exaltación del servicio práctico, la alabanza aparece como algo vacío, vano, inútil... en otras palabras: la alabanza suena a algo que no tiene ya razón de existir, e incluso parece que no tiene justificación moral posible en un mundo todo el esforzado, según dicen (¡pero no es verdad!), en construir una tierra más acogedora y una sociedad más humanista. En este colosal esfuerzo del servicio, la alabanza es tiempo perdido, gasto indebido...
Alabar es irritante. En segundo lugar podemos profundizar lo que hay por debajo de ese primer estridente reproche contra la alabanza.
El reproche supone que se está mirando a la alabanza como algo separado de todo un conjunto. Y entonces sí, se hace aparecer como un gesto incoherente, como “una canción divertida”, pero fuera de oportunidad, como la ocupación del desocupado, en consecuencia como un lujo inútil, como el decorado barroco de la nulidad.
Por eso cuando escuchamos que el hombre es creado para alabar a DIOS, inmediatamente aparece el temor. La imagen de una humanidad cantando tonterías como arrorró en torno a un Dios somnoliento pero que quiere estar en el centro de la atención, como un antiguo monarca en su corte. Pensamos vagamente que esa vocación para la alabanza es “cosa de carmelitas descalzas” o gente mística.
El problema del malestar que nos produce la alabanza a Dios, como vemos, no es sólo un choque con la mentalidad de servicio: hay por debajo también, una concepción de Dios y de la vida, del sentido de nuestra vocación terrena / eterna. Pero es preciso todavía profundizar más.
¿Por qué alabar?. En tercer lugar llegamos al corazón del problema: ¿es que acaso hemos tomado real y absolutamente en serio la consistencia personal de Aquél a quién la alabanza se dirige y para quien estamos viviendo?
Si a mis ojos no tiene sentido ya alabar a Dios ¿es que tiene sentido entonces Dios mismo para mí?
La desaparición de la alabanza divina de mis labios ¿no manifiesta claramente que Dios no es ya el Dios viviente que me acompaña cada día y me salva a través de las maravillosas hazañas de su misericordia?
La mudez de mi lengua, paralizada e imposibilitada para la alabanza ¿no muestra a las claras que mi corazón no escucha ya la palabra de Dios?
El sentido de la alabanza a Dios. Las dificultades en alabar a Dios nos llevan a vislumbrar el resultado final; el vacío y la ausencia de alabanza. Esta ausencia nos dibuja, como un molde hueco el significado de la alabanza a Dios ¿por qué alabarlo? Porque la alabanza expresa, manifiesta, y es la celebración justa de un acontecimiento: el reconocimiento personal.
Es por eso la afirmación de una existencia: ¡Él existe junto a mí y vive su existencia apuntando hacia mí! El es Yahveh, es decir, ¡el que está acá ahora existiendo al lado mío y para ayudarme en todo!
La confesión es una deuda: yo soy un pecador, me olvido de Él, tiendo a la idolatría y a esperar mi felicidad de manos lejanas; por eso en su presencia aparece mi vergonzosa falta de amor hacia Él.
Finalmente la alegría de su amor; porque a pesar de mi pecado, ¡¡Él me ama!! Y me ofrece convertir mi corazón estúpido en un corazón sabio y lleno de amor perdurable... ¡Qué alegría no estar entregado a mi taradez, sino contemplar su deseo de darme amor para amar sin medida y sin fin!
En otras palabras: la alabanza que brota de la lengua y el corazón manifiesta que la Buena Noticia y la Realidad Nueva han sido recibidas en nosotros, y por eso brota la alabanza, porque ¿quién no alaba cuando tiene la fuerza que hará cantar a las piedras?
Conclusión: vayamos terminando esta profundización en las raíces cancerosas de nuestra dificultad para la alabanza, que nos ha mostrado también las raíces vivificantes de la alabanza misma. Raíz del pecado y raíz de Dios en nuestro corazón. Raíces entrelazadas también, como las de la cizaña y el trigo. ¿Ha llegado para cada uno la hora de poder arrancar la cizaña sin perjudicar el trigo?
Quizás vamos ahora por el camino a recorrer, quizás vemos también la urgencia de decidirme a caminarlo. ¡Nada más útil que esa ocupación aparentemente inútil! Y el esfuerzo que exige de nosotros, no es diverso en absoluto del esfuerzo de recibir nuestra propia salvación.
2- El movimiento de la alabanza
Es el momento ahora de presentar algunos puntos sobre la realidad de la alabanza que debe ir creciendo en nuestra vida. Superadas, o al menos descubiertas las inhibiciones que nos paralizan ¿qué pasos dar hacia el crecimiento del encuentro con el Dios vivo?
Hablar, cantar y “hacer” silencio. En primer lugar comprendamos que la alabanza está hecha esencialmente de PALABRA. Es imposible que una persona llena de alabanza hacia Dios no experimente la irresistible necesidad de decir, proclamar, incluso cantar esa alabanza que la posee como una ola interior levantada por el soplo del Espíritu. Es lo que sucede a la comunidad reunida por el Padre: “¡Gloria a Dios en el cielo!.... ¡Santo! ¡Santo! Santo, es el Señor...”
Sin embargo cuando la proximidad de Dios se hace culminante y pura, y la admiración llega al colmo, al éxtasis, entonces la palabra culmina también sus posibilidades de alabanza y de transforma en silencio “silencio sonoro”, “silencio viviente”.
Vida laudatoria: comprendemos también que la alabanza supera totalmente el ejercicio de oración explícita, litúrgica o no y se derrama en toda la vida. La oración explícita es una forma de irrupción de la alabanza, que al mismo tiempo que la expresa, la mantiene, la cultiva, la educa, la hace crecer desde el centro viviente de toda alabanza cristiana, que es Cristo, el principal celebrante y el principal orante de toda reunión eucarística. Pero para quien Dios existe, toda la vida se irá impregnando de alabanza, como una oración implícita.
Sacrificio de alabanza, sacrificio fecundo.
No deberíamos sorprendernos, por lo tanto, de que aquellos que han hecho de la alabanza el núcleo irradiante de sus vidas hayan edificado en la historia, más que otros que aparentemente trabajaron más. La “acción inútil” del servicio ¿No fue este el caso de San Francisco de Asís?, poco produjo, poco construyó, poco escribió. Pero en torno de su alabanza de Dios se fue construyendo una reforma radical. Contaba la mitología que al sonido de la flauta de Orfeo se iría construyendo una ciudad. ¿No ha ocurrido eso al sonido de la alabanza que San Francisco cantaba a Dios? El mundo y la Iglesia tenían necesidad de eso. Y siguen teniendo esa necesidad.
3. Dejémosle la palabra a la liturgia.
Un cristiano, un religioso, un sacerdote, debe inquietarse santamente cuando no siente ya más necesidad de alabar o, lo que es más grave, cuando se da cuenta que de hecho no alaba ya más a Dios y sus grandezas.
Para reencontrar el sentido de la alabanza será necesario volver a la escuela de toda oración cristiana: la santa liturgia, donde orando con nuestros hermanos y con quienes oran en todos el Espíritu y el único Sacerdote, podremos nuevamente intentar “arrojar como una flecha” nuestro corazón hacia Dios Padre, desde la cuerda del “Gloria”, el “Sanctus” y esos “Laudamus”, “Laudate” y “Te alabamos Señor ¡Aleluya!”, que a cada momento sacuden de alegría a los pecadores esperanzados.
P. Daniel Gil SJ
Agradecemos a Betel por digitalizar estos viejos pero valiosos apuntes, de cuando Mons. Gil atendía el Centro de Espiritualidad Ignaciano, en Montevideo, hace ...ta y tantos años...
jueves, 8 de enero de 2009
Carta a una consagrada, 1976

Montevideo, 28 de julio, 1976
Querida [consagrada] Pax Christi!
A veces tenemos problemas. Hay que solucionarlos, o intentarlo.
A veces, con los problemas, emerge el fondo mismo de todo problema.
Es como enfrentarnos con la madriguera de toda angustia.
No es un problema más en la serie.
Es la fuente del desgaste, del temor, de la amenaza, de la ansiedad, de las arrugas en la frente.
Entonces, ante ese fondo del abismo, no se trata de solucionar un problema,
ni de poner manos a la obra. Es otra cosa.
Un cazador viaja miles de kilómetros para cazar un tigre.
Mil problemas también tiene que solucionar.
Pero cuando el tigre avanza hacia él, en la soledad de la selva, no tiene ante sí un problema más.
Tiene el tigre que andaba buscando.
No se trata de arreglar un problema.
Tiene que hacerse el valiente y cazarlo.
Una chica se enamora, se ennovia, se casa, es madre, nuera, esposa, vecina, hermana y prima.
Muchos problemas que arreglar.
Hacer las compras, pagar cuentas, educar críos, visitar velorios, estar bonita sin ganas de estarlo.
Son problemas.
Un día, sola en la casa, se pregunta: "¿y todo esto para qué?". Llora.
Le preguntan si es por problemas con el marido o con los hijos o con los acreedores o qué.
No sabe.
Pero no es un problema más, uno de esos que se arreglan con sólo ponerse y listo.
Y que si no se arreglan, paciencia.
No. Esto se arregla o se descompone todo.
La [consagrada] también. Problemas tiene. No importa.
Pero junto a ellos emerge el fondo.
Angustia, pataleta, presentimientos: "¿y no será todo inútil? ¿no me estaré engañando?"
No es un problema más.
O se arregla o se descompone la vida misma.
No es verdad que nunca haya estado enamorada.
Pocas mujeres han llegado a enamorarse tanto, como Ud. de nuestro Señor.
Y con tanto riesgo.
Y con tan poca perspectiva de recompensa terrena.
Hay que saber proteger el amor.
Cuidarlo, como al niño chico.
No dejarlo morder por el mal espíritu, amoricida.
Mirando al tigre a los ojos, mirando a la muerte a los ojos, apunte al corazón y tire:
"en tus manos, Señor, pongo mi vida".
Sin condiciones. Consagrada, toda.
Un gesto como el de María.
Apunte algo cada día. Aprenda a defenderse de los demonios.
[firmado]
Affmo.
P. Gil
miércoles, 7 de enero de 2009
Daniel: recuerdos de una consagrada

Hace unos 30 años, cuando hacía poco que había empezado el acompañamiento con él, viene una consagrada y me dice:
- Estoy buscando un cura para que me acompañe y me dijeron de Gil, pero también me dijeron que es un santo pero medio loco. Vos que lo conocés ¿que te parece?
- Que es un santo loco o un loco santo. A mí me ayuda a buscar la voluntad de Dios y es lo que quiero. Me cuesta entender algunas cosas, pero veo que me ayuda a caminar en mi vocación y es lo que busco.
Hoy puedo afirmar que era un "santo" también loco, pero ¿a qué santo no lo acusaron en algún momento de loco? a esta altura estoy convencida que el ser santo no equivale a ser perfecto, sino a seguir las huellas que Jesús nos dejó para llegar a la plenitud de la felicidad en el encuentro con el Padre. Creo que algo voy aprendiendo.
También me consoló muchísimo cuando, al fallecimiento de un sacerdote jesuita que él quería mucho y yo no conocí, me dijo:
- Era un santo desordenado.
Y me abrió la puerta para que yo creyera que podía transitar por el camino de la santidad... aunque fuera desordenada.
lunes, 5 de enero de 2009
Descanso, contemplación y gratuidad
Una foto tomada por Daniel en San Martín de los Andes, enero 2007, nos introduce a este escrito suyo sobre un tema sobre el que frecuentemente volvía, y que viene bien para este tiempo de vacaciones ¡Cortito y sin desperdicio!Descanso, Contemplación y Gratuidad
El Señor nos ha enseñado, más aún, nos ha invitado: el que esté abrumado, cansado, etc. “venga a Mí y yo lo recrearé” (cfr. Mt 11,28). Esta actitud de descanso en el Señor, es sicológicamente la misma que la actitud de contemplación de la Palabra de Dios, y de la gratuidad de las relaciones personales. Descanso, contemplación y gratuidad, pues, crecen juntas o disminuyen juntas.
Por eso, el que descansa en el Señor también contempla, y también es gratuito en sus relaciones personales. El que, por causa voluntaria u omisión, no descansa en el Señor tampoco contempla, y es sólo funcional en sus relaciones personales.
En esas tres actitudes del discípulo de Jesús hay un descaecimiento de la actividad “útil” del sujeto, y un parejo aumento de la actividad o presencia del Señor:
- en el caso del sujeto que descansa, el Señor lo re-crea
- cuando el sujeto contempla, el Señor nos entra en su comunión
- en el caso de la gratuidad interpersonal, el Señor hace crecer la caridad.
Esa particular acción del Señor, “Yo os recrearé”, tiene un primer sentido de recreo, de alivio festivo que hace descansar gozosamente; pero también tiene otro sentido, de re-crear, volver a crear, reponer o recomponer, hacer surgir el hombre nuevo, la nueva creación. El texto de Mateo 11,28 dice anapáuso , que puede leerse como re-facere, volver a hacer, re-crear.
Tal vez pueda ya ver el lector la importancia de obedecer a la invitación del Maestro: venga a Mí y Yo lo recrearé.
Por último una advertencia sobre lo que el mundo llama “descansar” o hacer turismo, o sea, una inflación de consumos exquisitos, distracciones, excitaciones, sensualidades, extravagancias etc. que dejan al sujeto más cansado que antes y más vacío (pero con menos plata...) El descanso del que habla el Señor, por supuesto, ¡no es ése! Conviene subrayar que dice “el que viene a MÍ”, y continúa “YO lo recrearé”. El descanso está, pues, en una actitud que nos dirige hacia el encuentro y nos abandona en el Señor.
Siendo esto así ¿por qué hay tanta resistencia entre algunos a descansar en el Señor? ¿Por qué si Dios descansó el séptimo día y Jesús nos invita a descansar en Él hay una especie de desconfianza al descanso como algo pecaminoso, o desordenado, o menos perfecto? ¿No habrá alguna relación entre el carácter agriado (neura), la superficialidad espiritual y las dificultades para la vida comunitaria? (Es decir: sin descanso se acaba en el estrés, sin contemplación se acaba en superficialidad, y sin gratuidad se termina con relaciones meramente funcionales).
Volvamos pues a Mateo 11,28 y pidamos la gracia contenida en esa vocación que nos hace el SEÑOR.
+ Daniel Gil Zorrilla
24 de mayo de 2005
24 de mayo de 2005
sábado, 6 de diciembre de 2008
Carlos Mullin y Daniel Gil
sábado, 18 de octubre de 2008
Más saludos y condolencias...
Mons. Daniel con la Hna. Analía Vergara RSCJDe la Provincial de las Religiosas del Sagrado Corazón de Jesús
Nuestra cercanía y nuestra oración por Daniel, quien siempre ha estado tan cercano a nuestras hermanas de la comunidad de Salto, a lo largo de todos estos años. Rezamos por él, que Jesús lo tenga en su Corazón y allí descanse en su Paz y Gozo pleno. Rezamos también por esa querida Diócesis en este momento que vive.
En nombre de todas las Hermanas de Uruguay y de Argentina, Analía Vergara, rscj
Desde Verona, del P. Ottavio Todeschini
Mi primer encuentro con Daniel Gil fue en Manresa, en el mes de Ejercicios ignacianos. Fue una esperiencia de Dios hermosa, profunda, exaltante. Pude apreciar su gran capacidad como guia espiritual, de escucha, de intuiciòn. Me ayudò a descubrir el movimiento de los espìritus para discernir el espìritu del bien y del mal y lograr la mejor disponibilidad interior para realizar la voluntad de Dios. Los EE. EE. son una verdadera hermosura espiritual. Allì naciò mi profunda amistad con Daniel. Me quedè siempre agradecido por la experiencia de Dios que pude realizar con èl. En lo pastoral no tuvo la misma genialidad pero su amor para el pueblo de Dios y para los sacerdotes y los consagrados ha sido siempre muy grande. Ahora que Dios lo ha llamado a contemplar de cerca su rostro, quiero acompañarlo con mi oraciòn para que encuentre en la misericordia del Padre la plenitud de la vida. Gracias Daniel por tu fuerte espiritualidad, por todo lo que has regalado a los que se han encontrado contigo.
De la Hna. Silvia Napias, Capuchina de la Madre Rubatto
Para mí Monseñor Gil fue una persona muy especial. Recuerdo cuando me enviaron a Salto: esa misma tarde que llegue, una persona golpeó muy fuerte la puerta, la tiraba abajo, abro y lo encuentro parado diciéndome "tú sos Silvia, esto es para tí," y me alcanza un licor con la botella toda dibujada y con mensajitos. Yo seguia sin saber quien era, hasta que la hermana Anita dice "Buenas tardes Monseñor, pase por favor".
Y en momentos muy duros de fraternidad, no se cómo lo sabía, pero hacía esa llamada para decir "antes de ir por el hospital pasa por la curia, quiero hablar contigo".
Acompaño desde Montevideo, con la oración este momento de dolor, pues tenemos fe, pero el dolor se siente igual. Con mucho cariño y pidiéndole al Dios de la Vida por Daniel, y su familia biológica y por todos los que nos hermanamos en El.
Desde Filipinas, Liliana Salas, Hermanita de la AsunciónDoy gracias por su presencia sencilla de Padre y Pastor en medio de nosotros, segura de que seguirá velando por la Diócesis.
De la Hna. Glaides Austria, Hermanita de la AsunciónMuy unida en la oración a toda la Diócesis ante la partida a la casa del Padre de Monseñor Gil. Nos queda el testimonio de su vida entregada en la alegría y en la sencillez. Podemos decir "Amigo de todos", cercano, fraterno, siempre con un chiste para que la comunicación fuera fluida.
Hna. Cristiana Robaina, Compañía de Santa Teresa,
Secretaria adjunta de la Conferencia Episcopal del UruguayAgradezco la vida fecunda e intensa que vivió al servicio del Reino y especialmente su cariño y apoyo incondicional a la Vida Religiosa femenina.
De las Hnas. Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús y de María
El Padre Gil fue para nosotras una gran mediación de Dios con su testimonio y su palabra. Por ello, damos gracias a Dios confiando esté disfrutando de su AMOR y que desde allí nos siga acompañando.
Hna. Beatriz Ferreiro, Religisosa del Buen Pastor, PaysandúAparte de una tanda de ejercicios espirituales de un mes me unía a él un profundo cariño y una gran amistad. Difícil encontrar un verdadero asceta unido a una personalidad chistosa, alegre y muy especialmente tan enraizada en la auténtica doctrina católica, apostólica y romana. Que el Señor lo tenga en la gloria.
Hna. Marie, Caridad de Santa María, desde Angers, Francia
Fue un Padre para mí y para nuestra comunidad de francesas en Salto. El padre Daniel era un hermano, con mucha sencillez y alegría en su manera de encontrarnos, de compartir una comidita con nosotras, o simplemente tocar a nuestra puerta. Le debo mucho por su manera de hablar de Dios que era para él tan bueno, amoroso como si lo hubiera visto o encontrado de cerca. Tenía palabras sencillas con los niños, era un niño en medio de los niños. El Padre Dios lo ha acogido bien, así como la Virgen María, que él amaba muchísimo.
El testimonio de un joven sacerdote salesiano
Si de algo sirve, me sumo a decir algo en homenaje a Daniel.
Por mi parte lo conocí ya en estos últimos años en los cuales su quebranto de salud lo había "disminuido".
Lo que quiero compartir es una anécdota sencilla de cuando llegué a Salto hace cuatro años.
No hacía una semana que estaba aquí en la ciudad de Salto cuando recibo una llamada desde el Obispado diciéndome que Daniel, el Obispo, quería conocerme, que fuera un día hasta allí.
Es así que combinamos un día y una hora. Mi sorpresa fue grande en ese momento, y más ha crecido en admiración por ese gesto conforme pasan los años y a la vista de un mayor conocimiento de su persona.
Mi sorpresa se debía a que yo era un salesiano que hacía apenas unos meses había sido ordenado y llegaba a esta ciudad como mi primer destino pastoral. ¿Qué tendré yo de especial para que el Obispo mande decir que quiere verme, si ni me conoce, recién llego y además soy apenas un chiquilín en el ministerio?
Esa era mi pregunta de sorpresa.
El hecho es que fui al Obispado el día y fecha pactado. Allí estaba Daniel y junto a su Auxiliar conversamos un rato. Sólo quería conocerme, saber quien era, como me encontraba en mi nuevo lugar. Luego, me acompañó a un paseo por el obispado, por el palacio episcopal (aquel que yo había estudiado con el Padre Villegas y que deseaba conocer) y terminamos sentados en su habitación, conversando muy sencillamente.
Me contó de sus inicios salesianos, de su cercanía con los PP. Mossman y Fagalde, y muchas anécdotas de su vida. Me contó y mostró un cuadro de "Jesús a caballo" que colgaba de una pared de su cuarto, junto a un cuadro de María Auxiliadora.
Luego de un buen rato de charla de hermano a hermano, nos despedimos y yo volví a casa.
Han pasado cuatro años. Daniel ha partido a la eternidad. En mi memoria se agiganta aún más este sencillo gesto, de ese padre obispo, pastor, que quiso conocer a aquel novel sacerdote que llegaba a su diócesis. Ese novel sacerdote que hoy reza con cariño por su eterno descanso.
P. Raúl García SDB
Por mi parte lo conocí ya en estos últimos años en los cuales su quebranto de salud lo había "disminuido".
Lo que quiero compartir es una anécdota sencilla de cuando llegué a Salto hace cuatro años.
No hacía una semana que estaba aquí en la ciudad de Salto cuando recibo una llamada desde el Obispado diciéndome que Daniel, el Obispo, quería conocerme, que fuera un día hasta allí.
Es así que combinamos un día y una hora. Mi sorpresa fue grande en ese momento, y más ha crecido en admiración por ese gesto conforme pasan los años y a la vista de un mayor conocimiento de su persona.
Mi sorpresa se debía a que yo era un salesiano que hacía apenas unos meses había sido ordenado y llegaba a esta ciudad como mi primer destino pastoral. ¿Qué tendré yo de especial para que el Obispo mande decir que quiere verme, si ni me conoce, recién llego y además soy apenas un chiquilín en el ministerio?
Esa era mi pregunta de sorpresa.
El hecho es que fui al Obispado el día y fecha pactado. Allí estaba Daniel y junto a su Auxiliar conversamos un rato. Sólo quería conocerme, saber quien era, como me encontraba en mi nuevo lugar. Luego, me acompañó a un paseo por el obispado, por el palacio episcopal (aquel que yo había estudiado con el Padre Villegas y que deseaba conocer) y terminamos sentados en su habitación, conversando muy sencillamente.
Me contó de sus inicios salesianos, de su cercanía con los PP. Mossman y Fagalde, y muchas anécdotas de su vida. Me contó y mostró un cuadro de "Jesús a caballo" que colgaba de una pared de su cuarto, junto a un cuadro de María Auxiliadora.
Luego de un buen rato de charla de hermano a hermano, nos despedimos y yo volví a casa.
Han pasado cuatro años. Daniel ha partido a la eternidad. En mi memoria se agiganta aún más este sencillo gesto, de ese padre obispo, pastor, que quiso conocer a aquel novel sacerdote que llegaba a su diócesis. Ese novel sacerdote que hoy reza con cariño por su eterno descanso.
P. Raúl García SDB
viernes, 17 de octubre de 2008
De Jesuitas...
Del Provincial de los Jesuitas en Argentina.
He recibido la noticia del fallecimiento de Mons. Daniel Gil SJ, a quien los jesuitas argentinos guardamos un gran afecto.
Sé que junto al dolor de la despedida nos queda no sólo el consuelo cristiano de la fe en la resurrección, sino también la fuerza que deja el testimonio de entrega de Mons. Gil.
P. Alfonso José Gómez SJ
Del P. Marcelo Coppetti Abadie SJ
Ante la noticia de su partida a la casa del Padre, sólo me queda darle gracias a Dios por su vida, por su vocación, y por su ministerio, al que se entregó con tanta dedicación y cariño.
Hoy estará viendo cumplido el deseo de toda su vida, el que animó el peregrinar de San Ignacio: ser “puesto con el Hijo”, por mediación de María, nuestra Madre. Que a la hora de despedirnos de él, lo hagamos con la alegría y la tranquilidad de saber que está gozando ya de la presencia de Dios y rezando por todos nosotros, aunque de un modo especial, por su querida diócesis de Salto.
Del P. Guillermo Randle SJ
Siento que he perdido un amigo inspirador de varias cosas que escribí y publiqué sobre teología espiritual. En fin: tantos recuerdos de momentos tan buenos vividos también en Europa.
Inolvidable "Negro" que goces mucho con el conocimiento del Padre y del Hijo en el Espíritu Santo por los siglos de los siglos.
He recibido la noticia del fallecimiento de Mons. Daniel Gil SJ, a quien los jesuitas argentinos guardamos un gran afecto.
Sé que junto al dolor de la despedida nos queda no sólo el consuelo cristiano de la fe en la resurrección, sino también la fuerza que deja el testimonio de entrega de Mons. Gil.
P. Alfonso José Gómez SJ
Del P. Marcelo Coppetti Abadie SJ
Ante la noticia de su partida a la casa del Padre, sólo me queda darle gracias a Dios por su vida, por su vocación, y por su ministerio, al que se entregó con tanta dedicación y cariño.
Hoy estará viendo cumplido el deseo de toda su vida, el que animó el peregrinar de San Ignacio: ser “puesto con el Hijo”, por mediación de María, nuestra Madre. Que a la hora de despedirnos de él, lo hagamos con la alegría y la tranquilidad de saber que está gozando ya de la presencia de Dios y rezando por todos nosotros, aunque de un modo especial, por su querida diócesis de Salto.
Del P. Guillermo Randle SJ
Siento que he perdido un amigo inspirador de varias cosas que escribí y publiqué sobre teología espiritual. En fin: tantos recuerdos de momentos tan buenos vividos también en Europa.
Inolvidable "Negro" que goces mucho con el conocimiento del Padre y del Hijo en el Espíritu Santo por los siglos de los siglos.
domingo, 12 de octubre de 2008
Saludos y condolencias

Han sido muchos los saludos y condolencias de Obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos y laicas que han llegado a nuestra diócesis con motivo de la partida de Daniel. Aquí comienzo a transcribir algunos, precisamente aquéllos que nos permitan recordar algún rasgo de la personalidad de nuestro obispo emérito.
De Pe. Alex - Paroquia Nossa Sra do Patrocinio (Dom Pedrito)
Nossa solidariedade à Diocese de Salto e nossas preces por este grande homem de Deus... Certamente está fazendo seus "dibujos" dos anjos e santos. Cremos na ressurreição. Sejaz momento de muita piedade e oração.
De D. Laurindo Guizzardi - Bispo de Foz do Iguaçu
Dom Daniel era meu amigo. Nos encontramos várias vezes nos Encontros de Dioceses de Fronteira, inclusive em Salto. Sempre admirei sua vitalidade e sua sabedoria. Que Deus o tenha em sua glória!
De Mons. Héctor Cardelli, Antiguo obispo de Concordia, Obispo de San Nicolás
Recibí compungido la noticia por la partida de este gran hombre de la Iglesia y me alegra haya sido para compartir el Cumpleaños de María, allá en la Casa del Padre! Unido en la oración y en la sintonía de sentimientos. ¡Saludos a toda la querida diócesis de Salto!
Del Superior general de los Cooperadores Parroquiales de Cristo Rey.
P. Hernán Pereda CPCR
P. Hernán Pereda CPCR
Desde Madrid, mi más profundo y sentido pésame ante el fallecimiento del queridísimo Monseñor Daniel Gil Zorrilla. me uno a los Cooperadores y Cooperatrices Parroquiales de Cristo Rey aquí presentes y en nombre de toda la congregación, para manifestar mi unión de corazón a esa querida diócesis de Salto, cuna del pequeño mundo de los CPCR.
No puedo menos que manifestar en esta ocasión, mi amistad personal con Mons. Gil, iniciada cuando realizaba yo mis estudios de espiritualidad en la Universidad Gregoriana de Roma y tuve la oportunidad de asistir a la defensa de su tesis doctoral. En muchas ocasiones me recibió en la Casa de Ejercicios de Montevideo y me introdujo especialmente en el conocimiento de los orígenes patrísticos de la vida religiosa.
Los Cooperadores y Cooperatrices Parroquiales nos hemos sentido siempre muy vinculados a sus enseñanzas y no olvidaremos nunca su proverbial simpatía.
Se une a mí, presente en Madrid para el Consejo General, la Hna, María Verónica Couget CPCR, una de las primeras uruguayas de la congregación con quien celebraré hoy mismo la eucaristía en sufragio y gratitud a dios por el don que fue Monseñor Daniel Gil en nuestra vida.
No puedo menos que manifestar en esta ocasión, mi amistad personal con Mons. Gil, iniciada cuando realizaba yo mis estudios de espiritualidad en la Universidad Gregoriana de Roma y tuve la oportunidad de asistir a la defensa de su tesis doctoral. En muchas ocasiones me recibió en la Casa de Ejercicios de Montevideo y me introdujo especialmente en el conocimiento de los orígenes patrísticos de la vida religiosa.
Los Cooperadores y Cooperatrices Parroquiales nos hemos sentido siempre muy vinculados a sus enseñanzas y no olvidaremos nunca su proverbial simpatía.
Se une a mí, presente en Madrid para el Consejo General, la Hna, María Verónica Couget CPCR, una de las primeras uruguayas de la congregación con quien celebraré hoy mismo la eucaristía en sufragio y gratitud a dios por el don que fue Monseñor Daniel Gil en nuestra vida.
Del P. Juan Barlottini
Manifiesto en la oración mi cercanía y dolor, por el regreso a la casa del Padre, del obispo emérito Mons. Daniel Gil. El ha guiado por muchos años al pueblo de Dios. La diócesis, cuando él dejo la conducción pastoral de la misma, lo ha acompañado con una asistencia fraterna y afectuosa. Dios lo recompense y acoja en la vida nueva. Cristo resucitado, que él testimonió con mucha fe, lo reciba ahora como siervo bueno y fiel. Tuve la suerte de ser miembro del presbiterio de Salto por muchos años: viví con él la comunión eclesial que no siempre fue serena, pero siempre sincera y fraterna. Desde Verona a los obispos Pablo y Heriberto, a los compañeros sacerdotes, llegue mi recuerdo, cercanía y oración.
viernes, 10 de octubre de 2008
Desde Río de Janeiro, Bárbara Bucker
Es con pesar que quiero hacer llegar mis condolencias a toda la diócesis de Salto por las "saudades" que deja Mons. Daniel Gil. Pero también, creo que en el Cielo, desfrutará de las alegrías sin ocaso en la comunión y visión beatífica. Dios, en Su Bondad será su recompensa y herencia. Digo con todos los que hemos tenido la Gracia de conocerle: ¡Gracias Padre bueno, por habernos regalado la vida de este Buen Pastor! Su dedicación, firmeza y capacidad de hacer camino de diálogo. Para mí, lo más admirable han sido los tres años de asesoría a la Comisión Nacional del Clero y su presencia fiel, enriqueciendo y interviniendo con sus inteligentes preguntas y sabias reflexiones. Su capacidad de vivir la relación de género con profundo respeto y dejándose tocar intelectualmente por los nuevos tiempos de Acción de la Ruah de Dios en la Historia. Mons. Daniel Gil es parte de mis alegrías como cristiana y teóloga de la Iglesia y referencia para mi camino hasta que también yo sea llamada para la pascua definitiva. Gracias por todo y con lágrimas en los ojos le escribo para comunicarles mi comunión y aprecio por tu amistad filial y tan bella de hijo en el ministerio de pastor. Gracias Heriberto por el testimonio de cariño y amistad con Daniel. Fuerte abrazo,
Bárbara Bucker
La Hna. Bárbara Bucker, Mercedaria de la Caridad, es doctora en teología y profesora de ética cristiana en la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro, Brasil. También ha sido profesora de eclesiología en el Instituto Teológico-Pastoral para América Latina (ITEPAL-CELAM). Ha publicado varios libros y escrito artículos en revistas de espiritualidad y teología. Su tesis doctoral está publicada bajo el título "Eclesiología de la esposa de Cristo - Su relevancia como modelo eclesiológico ante los conflictos", Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro, Setiembre 1992.
jueves, 9 de octubre de 2008
Vivir como Dios manda - Los Diez Mandamientos

A comienzos de los '80, el P. Daniel Gil SJ inició una colección de pequeños folletos, titulada "Dar y Comunicar". La idea era poner en lenguaje sencillo, en textos breves, de costo mínimo, algunas ayudas para el camino espiritual de los fieles.
El primer título de esa colección es el que aquí les ofrecemos.
A continuación, la introducción de "Vivir como Dios manda".
Cada mandamiento es una palabra de Dios; con esas Diez palabras Dios crea al hombre. Por eso los Diez Mandamientos son las diez verdades más íntimas de la naturaleza humana, los diez pilares que Dios puso como cimiento del hombre.
La fábrica que hace una máquina, hace también las indicaciones para su uso más adecuado. Dios es el Creador del hombre, y con sus Mandamientos nos indica como llegar a ser “hombres como Dios manda”, hombres de verdad.
Jesucristo fue quien cumplió perfectamente los Mandamientos: amó al Padre con todo su corazón y a nosotros más que a su propia vida. Para entender, pues, los Mandamientos y cumplirlos bien, miremos siempre como los entendió y cumplió Jesús.
El que vive como estos mandamientos ordenan, se hace cada día más hombre, cada día más cerca de Dios, por la pura gracia de Dios; el que no los cumple vuelve para atrás, hacia la ley de la selva: cada día más abajo y más lejos de Dios y de los hombres.
Dios no niega a nadie la gracia para poder vivir cumpliendo los Diez Mandamientos. Conocerlos, amarlos, admirarlos, meditarlos y cumplirlos ha sido característico de los pueblos sanos. Aquel que los lleve a la práctica vivirá con sabiduría, morirá en paz y Dios le dará la gloria eterna.
DANIEL
*Como un profeta de Cristo, del Señor, del Salvador,
como un caballero andante, es él, obispo y pastor.
-Caballero, afable amigo, con temple y también pasión
Conquista los corazones para su Rey y Señor.
*Andando por esos cerros con mucha vida interior
La mirada siempre en alto, es testimonio de Dios.
-No son los discursos largos los que trasmites Amor
Frases clara y sencillas son las del Verbo de Dios.
*En la lucha de los días se forja «el hombre de Dios»
En el servicio a los otros, es Cristo en al Comunión.
-Plenitud del sacerdocio, del magisterio Señor
Es la presencia sensible del Hijo de Dios, Pastor.
*Es la ternura del Padre y es cariño fraternal
Con amor apasionado por su Iglesia y la Verdad.
como un caballero andante, es él, obispo y pastor.
-Caballero, afable amigo, con temple y también pasión
Conquista los corazones para su Rey y Señor.
*Andando por esos cerros con mucha vida interior
La mirada siempre en alto, es testimonio de Dios.
-No son los discursos largos los que trasmites Amor
Frases clara y sencillas son las del Verbo de Dios.
*En la lucha de los días se forja «el hombre de Dios»
En el servicio a los otros, es Cristo en al Comunión.
-Plenitud del sacerdocio, del magisterio Señor
Es la presencia sensible del Hijo de Dios, Pastor.
*Es la ternura del Padre y es cariño fraternal
Con amor apasionado por su Iglesia y la Verdad.
BTL 19-10-1986
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