miércoles, 30 de septiembre de 2026
Palabra de Vida: Poner la mano en el arado y mirar para adelante. Lucas 9,57-62
lunes, 28 de septiembre de 2026
EL MÁS PEQUEÑO: EL MÁS GRANDE. Lucas 9,46-50.
viernes, 25 de septiembre de 2026
“Los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios”. (Mateo 21, 28-32). Domingo XXVI durante el año.
40 años de ordenación sacerdotal y 23 de ordenación episcopal
Amigas y amigos: este domingo es muy especial para mí. Se cumplen cuarenta años de mi ordenación sacerdotal, recibida de manos de Mons. Carlos Nicolini, obispo coadjutor de Salto, en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Young, y veintitrés años de mi ordenación episcopal, por la imposición de manos de Mons. Daniel Gil Zorrilla, obispo de Salto; Mons. Marcelo Mendiharat, obispo emérito de Salto; y Mons. Carlos Collazzi, entonces obispo de Mercedes y presidente de la Conferencia Episcopal del Uruguay. Lo celebraré sencillamente en la acción de gracias por excelencia: la Eucaristía, este domingo a las 18 horas, en la catedral de Canelones. Todos aquellos que tengan la posibilidad de venir, siéntanse muy cordialmente invitados.
Comentario al Evangelio de este domingo
El evangelio de este domingo es breve: comienza con la parábola de los dos hijos y concluye con la fuerte expresión que da título a esta reflexión. Para comprender mejor cualquier pasaje bíblico, nos ayuda el revisar su contexto. El domingo pasado, el evangelio terminaba con esta tajante y misteriosa sentencia de Jesús:
“Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos” (Mateo 20,16)
Del capítulo 20 de Mateo pasamos casi al final del capítulo 21. ¿Qué sucede entre el evangelio del domingo pasado y el de este domingo?
Después de la palabra sobre “los primeros y los últimos”, a continuación, en el mismo capítulo 20, se nos cuenta que Jesús, en camino a Jerusalén, anuncia por tercera vez su pasión, muerte y resurrección (Mateo 20,18-19).
Este anuncio es decisivo: es el último y está muy cerca de cumplirse. Al comienzo del capítulo 21, Jesús entrará en Jerusalén, acontecimiento que recordamos el Domingo de Ramos. Estamos ya ante la culminación de su misión, su Pascua.
Ubicados en ese contexto general, vayamos ahora al contexto más inmediato, a lo que sucede precisamente antes de lo que nos cuenta el evangelio de hoy, la parábola de los dos hijos.
Llegado al Templo, mientras enseñaba se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo diciendo: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Y quién te ha dado tal autoridad?» (Mateo 21,23)
Este pasaje nos recuerda que Jesús estaba enseñando en el Templo de Jerusalén, un espacio público, con grandes patios donde la gente podía agruparse.
Los sumos sacerdotes y los ancianos eran los integrantes del Sanedrín, los jefes del pueblo. Precisamente, por ser “autoridad”, ellos le preguntaron a Jesús de dónde venía esa autoridad con la que él hablaba. Jesús les responde con una pregunta:
El bautismo de Juan, ¿de dónde era?, ¿del cielo o de los hombres?» (Mateo 21,25)
La repregunta los pone en apuros. Si responden que sí, entonces deberían haber hecho caso de Juan; si responden que no, van contra el sentir del pueblo que había visto en Juan a un profeta. Por eso responden: “no sabemos”. Jesús replica:
«Tampoco yo les digo con qué autoridad hago esto». (Mateo 21, 27)
Dichas estas palabras, Jesús pronuncia la parábola que escuchamos en el evangelio de hoy.
«¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos y, dirigiéndose al primero, le dijo: "Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña". El respondió: "No quiero". Pero después se arrepintió y fue. Dirigiéndose al segundo, le dijo lo mismo y este le respondió: "Voy, Señor", pero no fue.
¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre?» (Mateo 21,28-31)
Cuando los sumos sacerdotes y los ancianos le respondieron -ahora sí, respondieron- a la pregunta final de Jesús, reconociendo que quien hizo la voluntad del Padre es el hijo que primero dijo que no iba a trabajar, pero después fue, Jesús agrega:
«Les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios. En efecto, Juan vino a ustedes por el camino de la justicia y no creyeron en él; en cambio, los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Pero ustedes, ni siquiera al ver este ejemplo, se han arrepentido ni han creído en él». (Mateo 21,31-32)
Los publicanos y las prostitutas eran considerados públicamente pecadores. Representan al hijo que dijo «no voy» y, sin embargo, cambió: creyeron en el anuncio de Juan, que llamaba a la conversión, al arrepentimiento y al cambio de vida, expresados en el bautismo para el perdón de los pecados.
El hijo que dijo “sí”, pero después no fue, representa a los sumos sacerdotes y los ancianos que no se arrepintieron ni creyeron en la palabra de Juan. Ese rechazo de las autoridades, primero hacia Juan y luego hacia Jesús, se mantendrá hasta el final.
Aunque fue dirigida inicialmente a las autoridades judías, la parábola también nos interpela. En primer lugar: ¿Creemos posible la conversión de personas que llevaron por mucho tiempo una vida equivocada y ahora dan su sí a Dios? Por otra parte ¿Cómo está nuestro propio Sí, nuestra fidelidad a Dios, al Evangelio? En definitiva, ¿buscamos cada día la voluntad de Dios y procuramos cumplirla con la ayuda de su gracia?
Un «sí» o un «no» ponen en juego nuestra libertad, pero no son equivalentes frente al bien. Ante el llamado de Dios Padre, el sí nos realiza: nos ayuda a reconocer que somos criaturas y nos abre el camino para llegar a ser hijos e hijas de Dios. El no, en cambio, nos desfigura y se opone a nuestra vocación humana más profunda; nos pone en conflicto con Dios, con los demás y con nosotros mismos. La parábola nos recuerda que estamos en camino: mientras vivimos, podemos renovar nuestro sí o cambiar nuestro no, como hicieron los publicanos y las prostitutas y como el hijo que finalmente cumplió la voluntad del padre. También nos advierte que podemos cambiar el sí por el no; por eso debemos cuidar nuestra elección.
Pongamos la mirada en Jesucristo, el único Hijo que dijo “Sí, Señor” y cumplió fielmente la voluntad del Padre. La segunda lectura, tomada de la carta a los Filipenses, nos invita de esta manera:
Vivan con los mismos sentimientos que hay en Cristo Jesús. (Filipenses 2,5)
Con Jesús y con María, nuestra Señora del Sí, y mientras nos preparamos para recibir a quien viene a confirmarnos en la fe, renovemos nuestra comunión con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
En esta semana
- Este es el Domingo de la Palabra de Dios, que nos invita a meditar y a vivir la Palabra.
- Martes 29, Santos Arcángeles. Fiesta patronal en la parroquia San Miguel de Los Cerrillos
- Miércoles 30, San Jerónimo, gran estudioso y divulgador de la Sagrada Escritura.
- Jueves 1, Santa Teresita, patrona de Juanicó. Fiesta patronal.
- Viernes 2, Santos Ángeles Custodios
- Sábado 3, Encuentro Nacional de Laicos y Familia · “Misioneros de Esperanza”
- Sábado 3, Misa en capilla V. de los Treinta y Tres – San Francisco. Celebración jubilar.
- Domingo próximo, 4 de octubre, fiesta patronal – jubilar en las dos parroquias San Francisco de Asís. Culminación del tiempo de la creación.
Amigas y amigos, gracias por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.
miércoles, 23 de septiembre de 2026
martes, 22 de septiembre de 2026
Palabra de Vida: “El Señor pesa los corazones” (Proverbios 21,1-6.10-13)
domingo, 20 de septiembre de 2026
“Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros." (Mateo 19,30 – 20,16). Domingo XXV durante el año
Amigas y amigos: estoy grabando esta reflexión el jueves 17, todavía en Roma, con los demás obispos del Uruguay, en visita Ad Limina. Ya hemos tenido la mayor parte de nuestros encuentros en los distintos organismos de la Iglesia, con muy buenos intercambios en todos ellos. Nos queda mañana la culminación, con la visita a la Secretaría de Estado y al Papa León, al que le transmitiremos el saludo de todos aquellos que esperan vivir en Uruguay nuestro encuentro con él. El domingo, Dios mediante, estaré volviendo a Uruguay en la tardecita, para descansar y el lunes reencontrarme con sacerdotes y diáconos en nuestro retiro anual, que comienza a mediodía. Rezaremos por toda nuestra diócesis; recen también ustedes por nosotros.
Para introducirnos al evangelio de este domingo, quiero empezar recordando el final del evangelio según san Juan, que es un pasaje un poco curioso. Tenemos primero un momento muy importante, aquel en el que Jesús por tres veces le pregunta a Pedro «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» y le encomienda el cuidado de sus ovejas. A continuación, Pedro se da vuelta y ve que lo seguía “el discípulo que Jesús amaba” (Juan 21,20), ese discípulo que manifiesta ser “el que da testimonio de estas cosas y el que las ha escrito” (Juan 21,24), es decir el autor del evangelio que la tradición identifica como el apóstol Juan.
Cuando Pedro lo vio, preguntó a Jesús:
«Señor, ¿y qué será de éste?».
Jesús le respondió:
«Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué importa? Tú sígueme».
(Juan 21,21-22)
¿Por qué traigo esto a propósito del evangelio de este domingo, la historia de los trabajadores de la viña? Pedro y Juan, así como los demás apóstoles, fueron obreros de la viña del Señor. En el final del Evangelio de Juan, Pedro recibe su misión y también, de una forma velada, el anuncio de su muerte martirial. Pero Pedro quiere saber qué va a pasar con el otro discípulo: “¿Qué será de éste?”, a lo que Jesús, como hemos escuchado, no responde. ¿Por qué no responde Jesús? Aquí puede hacerse una relación con la parábola de los trabajadores de la viña.
Esta parábola es muy conocida… El dueño del viñedo sale en varios momentos del día a buscar operarios. Con los de la primera hora hace un contrato muy formal y muy concreto:
Trató con ellos un denario por día y los envío a su viña. (Mateo 20,2)
Quedó establecido un tiempo de trabajo: la jornada y el pago correspondiente: el denario, una moneda de plata.
Con los siguientes, a media mañana, a mediodía y a la tarde, hay una promesa de pago, pero no tan precisa:
"Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo" (Mateo 20,4)
Finalmente, el dueño de la viña sale -ya al caer la tarde- y todavía encuentra algunos desocupados, a los que pregunta:
"¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada?" Ellos le respondieron: "Nadie nos ha contratado". Entonces les dijo: "Vayan también ustedes a mi viña". (Mateo 20,6-7)
Notemos que aquí no hay ninguna promesa de pago. Ni el denario, ni “lo que sea justo”. Sin embargo, terminada la jornada, el dueño ordena a su capataz:
"Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros".
Fueron entonces los que habían llegado al caer la tarde y recibieron cada uno un denario. (Mateo 20,8-9)
¿Se ganaron ese denario? ¿Cuánto tiempo trabajaron realmente? ¿Es eso justo? No; no es justicia; es gratuidad. Retengamos esa palabra: gratuidad. Pero ese gesto motiva la protesta de los obreros de la primera hora:
"Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda la jornada". (Mateo 20,12)
La queja es ¿por qué reciben lo mismo que nosotros? La respuesta del dueño es un recordatorio:
¿acaso no habíamos tratado en un denario? (Mateo 20,13)
La respuesta es un llamado a respetar la experiencia diferente del hermano (ése, que llegó en la última hora) para estar más atentos a nuestra propia relación con Dios, a lo que tenemos acordado con Dios y aceptar nuestra ignorancia, ya que en realidad no sabemos ni tenemos porqué saber qué es lo que Dios trató con el otro. Por eso la referencia a Pedro y Juan qué hacíamos al principio. Hay una relación de Dios con su Pueblo y hay una relación personal de Dios con cada uno de nosotros. No siempre es fácil entender ese camino que condujo a la fe a alguien que parece haber encontrado a Dios a última hora. No sabemos los caminos de la Gracia. Gracia, gratuidad.
Aceptando que hay cosas que no nos corresponde saber, de lo que se trata, como decíamos, es de ver cómo está nuestra propia relación con el Señor. Pensemos en la respuesta de Jesús a Pedro: ¿qué va a pasar con el otro discípulo? “¿Qué importa? Tú sígueme”. Tú, sígueme. De lo primero que te tienes que ocupar es de tu respuesta a la Gracia.
Y seguir a Jesús es entrar en la lógica del Reino de Dios, que es muy distinta a la de este mundo. Así Isaías, en la primera lectura, describe la distancia entre el mundo y el Reino:
Como el cielo se alza por encima de la tierra,
así sobrepasan mis caminos y mis pensamientos
a los caminos y a los pensamientos de ustedes. (Isaías 55,9)
Entre Dios y el hombre, de acuerdo al profeta, hay una gran distancia, un abismo. Sin embargo, aún desde lo alto, desde lo inaccesible, Dios sigue acompañando y custodiando el camino de los hombres, incluso cuando se presentan dificultades en las relaciones de ellos con Él.
Esa distancia la ha cruzado el Hijo de Dios hecho hombre, Jesucristo. Por medio de Él, por su mediación, se hace más fácil hacer lo que Isaías nos pide:
¡Busquen al Señor mientras se deja encontrar,
llámenlo mientras está cerca! (Isaías 55,6)
Cuando el hombre tiene la valentía de abandonar su camino para volver al Señor, sabe bien que él «tendrá misericordia de él» porque «perdonará ampliamente» (Is 55,7). Para nosotros, los creyentes, esta experiencia de búsqueda y conocimiento de la ternura misericordiosa de Dios puede tener lugar siempre en la escucha de su Palabra contenida en las Escrituras, a la que podemos inclinarnos con amor, esperando ser alcanzados por la suave persuasión del Espíritu Santo que se nos da en forma personal y comunitaria en el seguimiento de Jesús.
En esta semana
Lunes 21, fiesta de San Mateo, Apóstol y evangelista.
Miércoles 23, San Pío de Pietrelcina.
Jueves 24, Nuestra Señora de las Mercedes, patrona de la Diócesis que abarca los departamentos de Soriano y Colonia.
Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
jueves, 17 de septiembre de 2026
Palabra de Vida: “Sus numerosos pecados, le han sido perdonados. Por eso demuestra mucho amor” (Lucas 7,36-50)
martes, 15 de septiembre de 2026
Palabra de Vida: “Si no tengo amor, no me sirve para nada” 1 Corintios 12,31-13,13.
15 de septiembre: Nuestra Señora de los Dolores. Permanecer de pie junto a la cruz. Juan 19,25-27.
domingo, 13 de septiembre de 2026
14 de septiembre: Exaltación de la Santa Cruz. Levantado en alto. Juan 3,13-17.
sábado, 12 de septiembre de 2026
12 de septiembre: Santísimo nombre de María.
jueves, 10 de septiembre de 2026
Palabra de Vida: “Me hice todo para todos... y todo esto por causa del Evangelio” (1 Corintios 9,16-19.22b-27)
"¿Cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga?” (Mateo 18,21-35) – XXIV Domingo durante el año
Amigas y amigos:
En el día que escribo estas líneas (jueves 10) sigo en Ariccia, Italia, junto al lago Albano, en la Casa Divino Maestro, de los Paulinos, una de las congregaciones fundadas por el beato Santiago Alberione. Mañana 11, estaremos terminando un encuentro de Obispos amigos del Movimiento de los Focolares, donde estamos 80 obispos de 40 países. El viernes 4 visitamos el Centro Internacional del Movimiento y pudimos allí rezar junto a la tumba de los fundadores, ubicada en la capilla de la casa. Ayer fuimos recibidos en audiencia por el Papa León.
En fin, mirando al Evangelio de este domingo, pensé que sería interesante compartirles la reflexión sobre el mismo, escrita por Chiara Lubich, la fundadora del Movimiento de los Focolares. A lo largo de varias décadas, todos los meses, Chiara ofrecía el comentario de un versículo tomado de alguna de las lecturas del Mes. Ese versículo es la “Palabra de Vida”, es decir, la Palabra de Dios que nos comunica su vida y, a la vez, la Palabra que el mismo Jesús nos ha llamado a poner en práctica.
El versículo que eligió Chiara para octubre de 1981 es la respuesta de Jesús a una pregunta de Pedro:
Se acercó Pedro y dijo a Jesús: «Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?»
Jesús le respondió: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete». (Mateo 18,32)
Chiara comenta que “Pedro, bueno y generoso como era, influenciado por la predicación del Maestro, había pensado ponerse a vivir de esta nueva forma, haciendo algo excepcional: llegando a perdonar hasta siete veces. De hecho, en el judaísmo se admitía el perdón dos, tres veces, al máximo cuatro. Pero cuando Jesús responde: "...hasta setenta veces siete", dice que para Él, el perdón tiene que ser ilimitado; es necesario perdonar siempre”.
Pero, nos podemos preguntar nosotros, ¿por qué Jesús no dice, simplemente, “perdonar siempre” y, en cambio, propone ese “setenta veces siete”. Chiara nos remite al libro del Génesis, donde nos encontramos con Lamec, un violento personaje, que proclama:
«Caín será vengado siete veces, pero Lamec lo será setenta y siete» (Génesis 4,24)
¡Once veces siete! Y comenta la fundadora de los Focolares: “Así empieza a extenderse el odio en las relaciones entre los hombres del mundo: es un mar que se ensancha como un río en crecida. Al mal que se extiende Jesús opone el perdón sin límites, sin condiciones, capaz de romper el círculo de la violencia. El perdón es la única solución para contrarrestar el desorden y abrirle a la humanidad un futuro que no sea la autodestrucción.”
490 veces: ése es el número de Jesús. El número no es más que una imagen para expresar un perdón sin límite. Pero ¿Qué significa ese perdón? ¿Qué es y qué no es? Escuchemos de nuevo a Chiara Lubich:
El perdón no es debilidad, es decir, no tener en cuenta la ofensa, porque el que la ha cometido es más fuerte y se le tiene miedo.
El perdón no consiste en decir que no tiene importancia algo grave o que está mal.
El perdón no es indiferencia.
El perdón es un acto de voluntad y de lucidez, y por tanto, de libertad, que consiste en recibir al hermano tal como es, a pesar del daño que nos haya hecho, del mismo modo que Dios nos recibe a nosotros pecadores, a pesar de nuestros defectos.
El perdón consiste en no responder a la ofensa con la ofensa, sino en hacer como dice Pablo:”
"No te dejes vencer por el mal. Por el contrario, vence al mal, haciendo el bien". (Romanos 12,21)
“El perdón, sigue diciendo Chiara, consiste en abrir a quien te ofende
la posibilidad de una nueva relación contigo, la posibilidad, por tanto, para
él y para ti, de volver a empezar la vida, de tener un porvenir en el cual el
mal no tenga la última palabra.”
Hasta aquí vamos tratando de entender algo de lo que implica esta palabra de Jesús, ese perdón que Él quiere extender sin límite. No olvidemos que, al enseñarnos el Padrenuestro, en el mismo evangelio de Mateo, Jesús nos ha dejado una petición al Padre que conlleva un compromiso nuestro:
“Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden” (Mateo 6,12)
La pregunta de Pedro era sobre cuántas veces perdonar al
hermano. Y al decir “hermano” nos pone en primer lugar en el ámbito de la
comunidad, del perdón entre cristianos, hermanos en la fe; pero se extiende a
todos aquellos con los que nos encontramos cada día o incluso apenas por un
momento. Porque, como me dijo una vez un niño “todos somos hermanos por parte
de Dios”.
Así, habiendo avanzado en la comprensión de la Palabra, tenemos que dar un paso más, un paso fundamental. Chiara nos pone ante la pregunta:
¿Qué harás entonces para vivir esta
Palabra?
Y ella responde:
“debes comportarte así ante todo con
tus hermanos en la fe: en la familia, en tu lugar de estudio, en el trabajo y
en tu comunidad, si formas parte de alguna. Sabes que a menudo se quiere responder
a la ofensa sufrida con un gesto o una palabra ofensiva.
Sabes que por la diversidad de
caracteres, o por nerviosismo, o por otras causas, las faltas de amor son frecuentes
entre personas que viven juntas. Pues bien, recuerda que sólo una actitud de
perdón, renovada continuamente, puede mantener la paz y la unidad entre los
hermanos.
Siempre tendrás tendencia a pensar en
los defectos de tus hermanos, a recordar su pasado, a quererlos distintos de
como son... Es necesario que te acostumbres a verlos con ojos nuevos y verlos nuevos
también a ellos, aceptándolos siempre, enseguida y hasta el fondo aunque no se
arrepientan”. (Sí, aunque no
se arrepientan).
Dirás: "Pero eso es difícil" Es verdad. Pero ahí está la belleza del cristianismo. No por nada formas parte de los seguidores de un Dios que, al morir en la cruz, pidió a su Padre el perdón para aquellos que le habían dado muerte.
Y así concluye
Chiara Lubich:
¡Ánimo! Empieza una vida así. Te aseguro que encontrarás la paz y la alegría. Una paz que jamás habías experimentado y una alegría desconocida.” La paz y la alegría que nacen del perdón.
En esta semana:
· Les recuerdo que este fin de semana se
hace en las parroquias del Uruguay la Colecta nacional para los gastos de la
visita del Papa León: escenarios, amplificación, pantallas y varios etcéteras.
·
Lunes 14, Exaltación de la Santa Cruz. En este
día los Obispos uruguayos iniciamos la visita Ad Limina, con varias reuniones
en la mañana y tarde de cada día. Al fin de esta jornada tendremos Misa con los
uruguayos que viven en Roma, en la basílica de los Doce Apóstoles, en cuya
cripta está la Virgen de los Treinta y Tres.
·
Martes 15, Nuestra Señora de los Dolores.
Seguimos la visita comenzando por la Misa en la Basílica de San Pedro.
·
Miércoles 16, Santos Cornelio, papa y Cipriano,
obispo, mártires. Empezamos la jornada con la Misa en Santa María la Mayor,
donde está la tumba del Papa Francisco.
·
Jueves17, San Roberto Belarmino, obispo y doctor
de la Iglesia. Tendremos la Misa en la Basílica de San Pablo extramuros.
·
El Viernes 18 tendremos el encuentro con el Papa
León, culminando así nuestra visita.
·
Sábado 19, beatas Dolores y Consuelo
Aguiar-Mella Díaz, nacidas en Uruguay, mártires de la persecución religiosa en
España. Algunos obispos comenzamos nuestro regreso y otros siguen en algunas
gestiones en el Viejo Mundo.
Gracias, amigas y amigos por su atención: que los bendiga Dios Todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.
miércoles, 9 de septiembre de 2026
Palabra de Vida: “Hagan por los demás lo que quieren que los hombres hagan por ustedes”. (Lucas 6,27-36)
martes, 8 de septiembre de 2026
Palabra de Vida: “Alégrense... porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo”. (Lucas 6,20-26)
lunes, 7 de septiembre de 2026
8 de septiembre: Natividad de María.
viernes, 4 de septiembre de 2026
Palabra de Vida: NO JUZGAR. 1 Corintios 4,1-5.
jueves, 3 de septiembre de 2026
“Donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos". (Mateo 18,15-20) Domingo XXIII durante el año.
Amigas y amigos: un cordial saludo desde Italia, en la Casa del Divino Maestro, en Ariccia, cerca de Roma, de la que pueden ver este entorno.
Aquí estoy participando de un encuentro de Obispos amigos del Movimiento de los Focolares, que se prolongará todavía en parte de la semana que viene. Aquí hemos venido desde los cinco continentes.
Luego, del 14 al 18, los Obispos del Uruguay nos encontraremos en Roma, para hacer la visita Ad Limina Apostolorum, que es, a la vez, una peregrinación a la tumba de los apóstoles, como indica su nombre en latín, pero también un encuentro con los diferentes organismos de la Santa Sede y una audiencia con el Santo Padre… pero de todo eso les contaré más cerca de la fecha.
Del Evangelio de hoy, en el que Jesús promete hacerse presente en medio de aquellos que se reúnan en su nombre, aunque sean apenas dos o tres, surge la expresión “Jesús en medio”, que es recurrente en el Movimiento de los Focolares. En este encuentro de Obispos amigos del movimiento, en el que estoy participando, vuelve frecuentemente. Es un aspecto muy importante de esta espiritualidad, sin dejar de serlo también de la espiritualidad cristiana, en general. Escuchemos las palabras de Jesús:
También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá. Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos. (Mateo 18,19-20)
“Yo estoy presente en medio de ellos”. Lo primero que me recuerda a mí esa palabra es la tendencia que a veces tenemos a ponernos en el medio, a pretender ser el centro de atención de los demás. Es bueno recordar que yo no soy el centro del mundo. Cada uno de nosotros tendría que preguntarse si no ha pretendido eso al menos alguna vez, si no se ha colocado él mismo, o ella misma, en el medio…
Reconocer a “Jesús en medio” es sentir el llamado a salir de esa posición, a salir del centro, para que allí solo quede Jesús y así él sea el centro de todo: el centro para mí, para ti y para cada uno de los que nos hemos reunido en su nombre.
Estas palabras de Jesús son una promesa, pero al mismo tiempo nos involucran, porque Él se hará presente si al menos dos o tres discípulos nos unimos para pedir algo. Y lo primero que podemos pedir es que Él se haga presente, que Él se ponga en medio de nosotros.
Los versículos anteriores a esta promesa de Jesús no necesariamente están relacionados con ella, pero también podemos leerlos con la clave de “Jesús en medio”. Se refieren a la corrección fraterna:
Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos. Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano. (Mateo 18,15-17)
¿Qué pasa si buscamos hacer esto, dar estos pasos, confiando en la promesa de Jesús? Si voy a hablar con mi hermano por algo tan delicado como hacerle una corrección, el resultado puede ser muy distinto si lo invito a que nos reunamos en el nombre de Jesús, a que juntos invoquemos su nombre… pero si hay que dar el segundo paso, con dos o tres testigos, hacer lo mismo… y más aún, si se trata de una reunión de toda la comunidad.
Jesús no se pone en medio para separar, como a veces podemos hacer nosotros, poniéndonos donde no nos toca o actuando sin la menor delicadeza… Jesús en medio abre el camino para la unidad y la realiza cuando todos nos abrimos a su presencia.
En el evangelio de san Juan, Jesús deja a la comunidad un mandamiento nuevo:
Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros. (Juan 13,34)
Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. (Juan 15,12-13)
Esto vale para esa búsqueda de reconciliación que veíamos antes, pero va mucho más allá.
Jesús nos llama a amarnos los unos a los otros como Él nos ha amado, y él nos amó hasta dar la vida. Como dice Jesús “no hay amor más grande”. Humanamente es posible y hay muchas personas que han llegado a ese amor extremo. Pero antes de que Jesús dijera que el amor más grande es dar la vida por los amigos, Pedro le había asegurado a Jesús: “Yo daré mi vida por ti” (Juan 13,37). Y sin embargo, cuando Jesús fue arrestado, Pedro lo negó tres veces. Aunque tengamos la voluntad de amar, está también nuestra fragilidad, nuestro propio instinto de conservación, que nos detiene en ese paso riesgoso. Pero, a su tiempo, Pedro llegó a dar la vida por Cristo.
Cuando una comunidad intenta vivir entre sus miembros el “mandamiento nuevo” de Jesús: “ámense unos a otros como yo lo he amado”, con más razón Jesús se hace presente. Y ahí podríamos pensar cómo es que ocurren las cosas:
- o si es posible amarnos realmente porque Jesús se hace presente y de Él viene la fuerza del amor.
En realidad, Jesús no pide tanto para cumplir su promesa. Basta que nos reunamos en su nombre; pero si lo hacemos en serio, si ponemos todo de nuestra parte, Jesús pondrá todo lo que falte y su presencia nos llevará más lejos y nos hará crecer en el amor. En Él, se hace posible una unidad que no se puede encontrar en ninguna otra forma y que supera cualquier unidad que podamos alcanzar humanamente.
En nuestra Iglesia diocesana, que quiere crecer en comunión, participación y misión, creemos en la promesa de Jesús y queremos, personalmente y en cada comunidad, abrir nuestro corazón a su presencia, para que seamos Uno en Cristo.
En esta semana:
- Este mes de septiembre, que concluye con la memoria de San Jerónimo, gran estudioso de la Biblia, es el “Mes de la Palabra de Dios”.
- En este primer domingo de septiembre se celebra en Uruguay la 47 Jornada Nacional de la Juventud, convocada bajo el lema “que sean uno para que el mundo crea” (cf. Juan 17,21). En nuestra diócesis esto será en el Colegio del Rosario, en Estación Atlántida, de 9:30 a 17:30.
- Martes 8, Natividad de la Virgen María.
- 11 al 13, en Canelones, Cursillo de Cristiandad de Mujeres en Villa Guadalupe. Acompañémoslas con nuestra oración.
- Sábado 12, Dios mediante, espero poder visitar al P. Marcelo De León, que está haciendo un año de formación en Loppiano, en el norte de Italia.
Colecta nacional para financiar la visita del Papa.
Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo.