jueves, 27 de agosto de 2026
28 de agosto: San Agustín. Palabra de Vida: “Predicamos a un Cristo crucificado” (1 Corintios 1,17-25).
“El que quiera seguirme... cargue con su cruz y me siga”. (Mateo 16, 21-27). XXII Domingo durante el año. Santa Rosa de Lima.
Santa Rosa de Lima: nuestra diócesis tiene tres parroquias que están bajo el patrocinio de la primera santa de América y entre ayer y hoy celebran sus respectivas fiestas patronales: Empalme Olmos, Balneario El Pinar en Ciudad de la Costa y la ciudad de Santa Rosa.
Rosa de Santa María vivió su tránsito de esta vida terrena a la vida junto a Dios en la noche del 24 de agosto de 1617, hace más de 400 años. Era tal la fama de santidad de la joven limeña, que el proceso de canonización se inició inmediatamente. Se recogieron muchísimos testimonios, sobre todo de milagros atribuidos a su intercesión. Se envió todo a Roma antes de que pasara un año. Allá, la Sagrada Congregación de Ritos, que se ocupaba de las causas de los santos, ordenó una investigación más completa, con nuevas declaraciones de testigos. Pasaron unos 15 años y cuando todo parecía estar pronto, el papa Urbano VIII cambió las normas: los procesos no podían realizarse antes de pasados cincuenta años luego de la muerte de los posibles santos. Todo se enlenteció por décadas, pero la devoción siguió difundiéndose por medio de estampas y grabados.
Luego de Urbano VIII vino el papa Alejandro VII, que dispensó de tiempos no cumplidos y apuró el proceso; pero no llegó a decretar la beatificación, porque falleció antes. La beatificó el papa Clemente IX, el 15 de abril de 1668, en la basílica de San Pedro. Al año siguiente fue declarada patrona de Lima y del Perú. Recordemos que no estamos hablando del país actual, sino del Virreinato del Perú, que abarcaba casi toda Sudamérica y parte de América Central, incluyendo los actuales territorios de Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia y Panamá, así como Chile, Argentina, Paraguay y Uruguay... Pero en aquellos tiempos, como decía el poeta, todavía “el Uruguay y el Plata vivían su salvaje primavera” (Tabaré, Juan Zorrilla de San Martín). Con esto se quiere decir que los españoles (ni los portugueses) habían fundado todavía ninguna ciudad en lo que hoy es Uruguay.
En 1670, la beata fue nombrada patrona de todo el Nuevo Mundo (es decir, toda América) y las Filipinas.
Finalmente, el papa Clemente X la proclamó santa el 12 de abril de 1671, 54 años después de su muerte.
Es así que llegó a los altares la primera santa nacida en tierra americana, criolla, hija de criollos.
Sus padres tuvieron entre diez y trece hijos. La familia pasaba por muchas dificultades económicas. Esa era una razón para querer casar a Rosa lo antes posible. Los padres ubicaron un candidato, pero ella se opuso firmemente. Se quedó en la casa paterna casi toda su vida, contribuyendo a la economía doméstica con labores de cosido y bordado. Llevó una vida de santidad y recogimiento en una ermita que se construyó en el huerto familiar. No ingresó en ningún convento de clausura, sino que decidió hacerse beata de la Orden Tercera de Santo Domingo, y es allí que tomó el nombre de Rosa de Santa María.
No es difícil conectar su vida con el Evangelio de hoy, en el que Jesús hace a sus discípulos un llamado exigente: seguirlo, llevando la propia cruz. Esto viene a propósito de un previo desencuentro con Pedro. Recordemos el pasaje anterior, que leímos el domingo pasado. Pedro reconoció en Jesús al
“Mesías, el Hijo de Dios vivo” (Mateo 16,16)
Eso le valió un especial reconocimiento de Jesús:
“Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mateo 16,18)
Estamos en el centro del evangelio de san Mateo. La profesión de fe de Pedro y la misión que Jesús le encomienda, son un punto de inflexión, es decir, punto de llegada y de partida. Los discípulos han llegado a reconocer en Jesús al Mesías y Pedro ha tenido la gracia de expresarlo. Pero… ¿comprenden realmente ellos qué es lo que significa para Jesús ser el Mesías? Hay muchos indicadores en los Evangelios de que los discípulos veían delante de ellos un camino triunfal, por el que el Mesías restablecería el Reino de Israel y algunos de ellos ocuparían en el mismo destacados puestos… Por eso, es necesario para Jesús anunciar que el camino será muy diferente a lo que ellos se figuran:
Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día. (Mateo 16,21)
Es aquí donde Pedro pretendió reprender a Jesús y terminó siendo él severamente reprendido:
Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: «Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá».
Pero Él, dándose vuelta, dijo a Pedro: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres». (Mateo 16,22-23)
Aquí Simón Pedro se muestra preocupado por la suerte de Jesús. No parece haber registrado el anuncio de la resurrección; es el anuncio de la condena a muerte lo que nubla su entendimiento. En su reacción se mezclan sentimientos: por un lado, su amor al Maestro… pero por otra parte, tal vez su propio instinto de conservación. Si eso es lo que va a suceder con Jesús, ¿qué le sucederá a quienes lo siguen? Lo que Jesús dice a continuación responde a esa posible inquietud:
«El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará». (Mateo 16,24-25)
Jesús no está preocupado por él mismo, sino por la reacción de sus discípulos ante el misterio del seguimiento, el misterio de la vida en seguimiento de Cristo. Por eso, Jesús no les habla de su cruz, que ya aparece en el horizonte, sino de aquella que cada uno de los discípulos -y cada uno de nosotros- está llamado a cargar.
San Pablo, en la segunda lectura, se hace de algún modo intérprete de esas palabras de Jesús y de sus consecuencias en la vida del discípulo y anima a asumirlas en profundidad:
Hermanos, yo los exhorto por la misericordia de Dios a ofrecerse ustedes mismos como una víctima viva, santa y agradable a Dios: este es el culto espiritual que deben ofrecer. (Romanos12,1)
El culto espiritual al que se refiere Pablo debe pasar continuamente a través del crisol purificador de un compromiso existencial que hace que la vida de cada día se vaya haciendo, no según los pensamientos de los hombres, como reprocha Jesús a Pedro, o tomando de modelo a este mundo, como llama a no hacer san Pablo (Romanos 12,2). La vida y el camino del cristiano se construye “según los pensamientos de Dios”.
Ese culto espiritual supo realizarlo Santa Rosa en su vida de terciaria dominica, plenamente consagrada a Dios, pero cercana al sufrimiento de los más pobres de su tiempo en aquella aristocrática Lima. Esos pobres eran para ella rostros de Cristo, “Cristos azotados”. Como cuenta una testigo, en el proceso de canonización:
“… era la bendita virgen de grande caridad y amor al prójimo, curaba a todos los que podía y para este efecto, los traía a su casa doliéndose de sus enfermedades, sin reparar que fuesen negros o indios, ni de enfermedades asquerosas. Cuando sabía que alguno estaba en pecado, hacía diligencia para sacarlo de él”. (Testimonio de la india Mariana)
Santa Rosa, encendida en el amor de Dios, cargó con su propia cruz y reconoció la presencia de Jesús en los crucificados de su tiempo, a los que ella ayudó a llevar su cruz.
Nos encomendamos a su intercesión para aprender a llevar en nosotros los sufrimientos de Cristo y esforzarnos en vivir unidos solamente a Él.
En esta semana
- Lunes 31, San Ramón Nonato, patrono de la parroquia de San Ramón, Canelones.
- Martes 1 de septiembre, Jornada mundial de oración por el cuidado de la creación, comienza el “tiempo de la Creación”, hasta el 4 de octubre.
- Jueves 3, San Gregorio Magno, Papa y doctor de la Iglesia.
- Sábado 5, Santa Teresa de Calcuta, fundadora de las Misioneras de la Caridad. Fiesta en Hogar San José, Municipio de 18 de Mayo.
- Domingo 6 de septiembre, primer domingo de mes, en Uruguay, la 47 Jornada Nacional de la Juventud, convocada bajo el lema “Que sean uno para que el mundo crea”.
Gracias, amigas y amigos. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.
miércoles, 26 de agosto de 2026
27 de agosto: Santa Mónica. Palabra de Vida: “Él los mantendrá firmes hasta el fin” (1 Corintios 1,1-9)
Palabra de Vida: “Trabajábamos... con tal de no ser carga para ninguno de ustedes” (2 Tesalonicenses 3,6-10.16-18)
lunes, 24 de agosto de 2026
Palabra de Vida: “Conserven fielmente las tradiciones que aprendieron de nosotros” (2 Tesalonicenses 2,13a.14-17)
¡Escribile al Papa! (últimos dos días)
¿Sabías que le podés dejar tu mensaje al papa León XIV?
Antes de su llegada a Uruguay, queremos acercarle un retrato de nuestro país construido entre todos: nuestras preocupaciones y esperanzas, nuestros valores, experiencias y realidades.
Completá el siguiente formulario y participá del documento colectivo que los obispos del Uruguay le entregarán al santo padre durante su próximo encuentro de setiembre. ¡Tenés tiempo hasta el 1 de setiembre a las 23:59!
domingo, 23 de agosto de 2026
Día de la Catequesis: ¿Qué dice la gente acerca de Jesús?
sábado, 22 de agosto de 2026
22 de agosto: María Reina
jueves, 20 de agosto de 2026
“Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo". (Mateo 16,13-20). XXI Domingo durante el año.
Hoy celebramos en Uruguay, y también en otros países, el Día Nacional de la Catequesis, por ser el domingo más cercano al 21 de agosto, memoria de San Pío X, “el papa de la catequesis”. Es una buena ocasión para dar gracias por tantos catequistas que, semana a semana, ayudan a niños, jóvenes y adultos a conocer a Jesús y a crecer en la fe.
El Evangelio de hoy nos pone ante dos preguntas del Maestro. Preguntas sencillas, pero decisivas; interpelan a todo cristiano y, de modo especial, a quienes tienen la misión de educar en la fe:
«¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?» (Mateo 16,13)
«Y ustedes ¿quién dicen que soy?» (Mateo 16,15)
Podríamos pensar que la segunda pregunta es la que realmente importa. Efectivamente, la respuesta de Pedro a esa pregunta tiene consecuencias muy importantes para él y para toda la comunidad eclesial que Jesús está conformando con el grupo de los Doce.
Sin embargo, la respuesta a la primera también es importante; lo es para el catequista y lo es para todo cristiano, llamado a participar en la misión evangelizadora de toda la Iglesia. De allí surge qué se comenta, qué se espera, qué imágenes de Dios y del Mesías circulan entre la gente.
«Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas». (Mateo 16,14)
A lo largo de veinte siglos de cristianismo, la respuesta a la pregunta sobre Jesús ha pasado por los más diversos enfoques. Basta seguir los debates de los primeros Concilios que convocó la Iglesia para discernir la verdadera fe y el contraste con las tendencias que se fueron alejando de la verdad que Pedro expresó. La verdad sobre Jesucristo no es solo una cuestión histórica, sino que en ella está enraizada la verdad sobre Dios y la verdad sobre el hombre, puesto que, como enseña el Concilio Vaticano II:
“El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado. (…) Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación” (Gaudium et Spes, 22)
En nuestro tiempo, es verdad, esa respuesta es muchas veces la indiferencia y aún la ignorancia… pero a veces ese desconocimiento libera de prejuicios y hace que el encuentro con Jesús pueda tener una increíble frescura, como lo han experimentado muchas veces los catequistas con niños y aún con adultos.
Cuando Jesús hace la segunda pregunta, para que ver qué dicen de él sus discípulos, Pedro responde:
«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo» (Mateo 16,16)
Jesús es el “Mesías”, es decir, el Ungido. En la tradición de Israel, la unción con óleo expresaba una elección especial de Dios y la entrega de los dones necesarios para una misión. Los profetas, los sacerdotes y especialmente los Reyes, fueron reconocidos como “ungidos”. David, futuro rey de Israel, perseguido por el rey Saúl, se negó a levantar la mano contra el que Dios había elegido previamente:
«¡Dios me libre de hacer semejante cosa a mi señor, el ungido del Señor!». (1 Samuel 24,7 cf. 26,9)
Mesías, en hebreo, “ungido”, se traduce en griego como “Cristo”. Jesús es el Cristo, el Ungido por excelencia. Él no recibe simplemente un don más: en Él habita la plenitud del Espíritu, y ese Espíritu lo comunica a quienes creen en Él.
La respuesta de Pedro tiene otro elemento: “el Hijo de Dios vivo”. Si toda criatura humana puede llegar a ser hijo o hija de Dios, nadie lo es en el sentido que lo es Jesucristo. Así como Él es “el” ungido, en una forma única, es también “el” hijo, con la misma unicidad. Es el Hijo, la Palabra Eterna del Padre que se ha hecho hombre…
La respuesta de Pedro le vale recibir de Jesús una bienaventuranza:
«Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo». (Mateo 16,17)
Jesús aprecia que esa respuesta no es únicamente humana. Pedro ha madurado en el encuentro personal con Cristo, pero, más aún, ha recibido del Padre el don de la fe.
Ahora bien, ¿ya está todo dicho? ¿Pedro ve todo lo que significan sus propias palabras? La continuación de la narración evangélica nos muestra que la fe de Pedro tendrá que seguir purificándose. Pedro participa de las expectativas de su gente, que tiene sus ideas sobre lo que debe ser y lo que debe hacer el Mesías… y sin embargo, no es así como Jesús entiende la misión que ha recibido del Padre… pero eso ya lo veremos el próximo domingo.
La respuesta de Jesús tiene una segunda parte:
Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo». (Mateo 16,18-19)
Estas palabras de Jesús son el fundamento del ministerio de Pedro, que continuará en sus sucesores. Entre los muchos títulos del Papa, tal vez el más importante sea el de “sucesor de Pedro”, porque remite a la misión recibida de Jesús: ser fundamento, fortalecer la fe de los hermanos, servir a la unidad de la Iglesia. No es la única referencia a esa misión, pero es la primera, fundante; y, precisamente, Pedro es colocado en los cimientos, como piedra sobre la que se construye la comunidad, aunque no debemos olvidar que la piedra angular es Cristo mismo (cf. Salmo 117, 22).
Esta designación de Pedro viene preparada por la primera lectura de hoy, del libro de Isaías, donde Dios anuncia la sustitución del antiguo mayordomo de palacio, por otro que recibirá la llave como símbolo de su autoridad y tendrá la misión de ser “un padre para los habitantes de Jerusalén”, es decir, no tanto alguien que está para vigilar propiedades y contabilizar riquezas, sino para velar por el bien de aquellos que le han sido confiados.
En esa clave podemos leer el poder de atar y desatar que recibe Pedro. Entre otras interpretaciones, que son también válidas, podemos entenderlos como dos formas diferentes de velar por el bien. Porque todos necesitamos de "lazos", de vínculos, de comunidad. Nadie se inicia en la fe en solitario: es la comunidad cristiana la que acoge, transmite, celebra y acompaña el camino de quienes descubren a Jesucristo.
Pero también necesitamos la Misericordia que nos "desata", que nos desencadena de lo que nos mantiene en esclavitud y recorta nuestra vida. Pedro no recibe poder para hacer el bien o el mal, sino solamente para hacer el bien en todas sus formas: atando, fortaleciendo vínculos y desatando, liberando.
En este Día Nacional de la Catequesis, pidamos por nuestros catequistas y por toda la comunidad cristiana. Que sepamos escuchar de nuevo la pregunta de Jesús: “Y ustedes ¿quién dicen que soy?”. Y que, con la ayuda del Padre, podamos responder no solo con palabras, sino con una vida unida a Cristo, atada por el amor y desatada por la misericordia.
En esta semana:
- Lunes 24, San Bartolomé, apóstol.
- Martes 25, Independencia del Uruguay, Nuestra Señora de la Fundación. Fiesta patronal en Solymar.
- Miércoles 26, beato Ceferino Namuncurá.
- Jueves 27, santa Mónica, madre de San Agustín.
- Viernes 28, San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia. En la tradición de este gran sabio ha bebido la Orden Agustiniana, familia espiritual del papa León XIV. La orden se fundó en el siglo XIII tomando como base la regla escrita por el santo obispo, que murió en el siglo V, y el tesoro de su espiritualidad.
- Sábado 29, martirio de san Juan Bautista.
- Domingo 30, Santa Rosa de Lima. Patrona de tres parroquias de nuestra diócesis: El Pinar, Empalme Olmos y ciudad de Santa Rosa.
Amigas y amigos, nos despedimos con el agradecimiento a todos los catequistas por su entrega generosa. Pidamos que perseveren siempre en la oración y en la misión, bajo el manto de nuestra Señora de Guadalupe.
Que a ellos y ellas y a cada uno de ustedes los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.
miércoles, 19 de agosto de 2026
Palabra de Vida. “Les daré un corazón nuevo y un espíritu nuevo” (Ezequiel 36,23-28)
martes, 18 de agosto de 2026
Palabra de Vida. “Vayan ustedes también a mi viña” (Mateo 19,30-20,16)
Palabra de Vida. “Muchos de los primeros serán los últimos” (Mateo 19,23-30)
domingo, 16 de agosto de 2026
viernes, 14 de agosto de 2026
15 de agosto: Asunción de María. Palabra de Vida: “El Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas” (Lucas 1,39-56)
14 de agosto: san Maximiliano Kolbe.
jueves, 13 de agosto de 2026
MUJER ¡QUÉ GRANDE ES TU FE! (Mateo 15,21-28). XX Domingo durante el año.
Amigas y amigos: la semana pasada tuvimos la confirmación oficial de la visita del Papa a Uruguay, Argentina y Perú, en ese orden. Uruguay será el primer país de toda América en recibir a León XIV como sucesor de Pedro y -perdonen que lo diga- el primer pedacito de tierra donde pondrá su pie será nuestra diócesis, ya que el aeropuerto, no lo olvidemos, está en el departamento de Canelones. Preparémonos a recibir a nuestro visitante, no solo con gestos de hospitalidad, sino también con el corazón abierto a un mensaje que, como ya hemos tenido oportunidad de ver, siguiendo sus diferentes discursos, toca todas las cuerdas de la experiencia humana, no solo en la relación con Dios, sino entre nosotros, con la Creación y de cada uno consigo mismo, porque nada de lo humano es ajeno a la fe.
Alguien podría pensar que esta visita es solo para los católicos, pero no es así. Todos estamos invitados a participar. Como en la primera lectura, donde el profeta Isaías transmite la promesa de Dios de reunir a todos los pueblos:
Yo los conduciré hasta mi santa Montaña
y los colmaré de alegría en mi Casa de oración (Isaías 56,7)
La misma llamada universal está reflejada en la carta de San Pablo a los Romanos.
Porque Dios sometió a todos a la desobediencia, para tener misericordia de todos. (Romanos 11,32)
Suena extraña la expresión de Pablo. ¿Qué quiere decir con que Dios sometió a todos a la desobediencia? Pablo no quiere decir que Dios empuje a nadie a hacer el mal. Se refiere a la desobediencia a la Ley de Dios: la Ley que Israel recibió por medio de Moisés, pero también esa ley interior que todo ser humano lleva en su conciencia, como lo recuerda el mismo Pablo cuando habla de que los paganos tienen
“el testimonio de su propia conciencia, que unas veces los acusa y otras los disculpa” (Romanos 2,15).
El someter a todos significa que Dios entrega al hombre a las consecuencias de sus propias decisiones. Dios deja que el ser humano constate su propia incapacidad de salvarse a sí mismo.
Esto vale también para los israelitas que hacían del cumplimiento de la Ley una especie de seguro, obtenido por su propio esfuerzo, sin dar lugar a la intervención de la Gracia divina. Pero la salvación no se compra ni se conquista. Es un regalo de la Misericordia de Dios, porque Él quiere “tener misericordia de todos”, puesto que su voluntad es que todos se salven.
Sin embargo, cuando llegamos al evangelio nos desconcierta la actitud de Jesús, que, precisamente, está moviéndose en tierra extranjera:
Jesús partió de Genesaret y se retiró al país de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar:
«¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio». Pero Él no le respondió nada. (Mateo 15,21-23)
Silencio de Jesús, silencio de Dios, ante la petición angustiada de una madre, que llega con el dolor de su hija en su corazón. Tal vez alguna vez nos hemos sentido así: rezamos, pedimos, esperamos… y no percibimos una respuesta de Dios.
Pero ese silencio desconcertante no desanima a la mujer. No se encierra en su dolor ni abandona la confianza. Sigue detrás de Jesús y de los discípulos. Su oración no es elegante, no es tranquila, no es cómoda para los demás. Es el grito de una madre. Los discípulos se cansan y le dicen a Jesús:
«Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos». (Mateo 15,23)
En contraste con la apertura universal a la salvación de las primeras dos lecturas, Jesús responde con una frase que parece cerrar la puerta:
«Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel» (Mateo 15,24).
Pero ella no se retira. Se acerca más. Se postra delante de Él y vuelve a pedir:
«¡Señor, socórreme!» (Mateo 15,25).
Y todavía escucha una palabra más dura:
«No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros» (Mateo 15,26).
Ante esas palabras, ella podría haberse retirado herida y resentida. Podría haberse quejado con desilusión y amargura. Pero no lo hace. Con humildad y con una confianza enorme, encuentra una respuesta ingeniosa… y profunda:
«¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!» (Mateo 15,27).
Ahí aparece la grandeza de su fe. Esta mujer no exige. No se impone. No se aleja. Se aferra a la bondad de Jesús. Cree que alcanza con una migaja de su misericordia. Tiene razón: una miguita de la misericordia de Dios alcanza para levantar una vida, para sanar una herida, para abrir una esperanza.
Jesús ha recogido lo que él deseaba encontrar: una fe que no vacila. Una fe que hizo que la extranjera se acercara con más confianza que la de muchos de los que estaban cerca.
Entonces Jesús le dijo: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!» Y en ese momento su hija quedó sana. (Mateo 15,28)
“Mujer, qué grande es tu fe”. El domingo pasado escuchamos al Maestro llamar a Pedro “hombre de poca fe”. Es inevitable la comparación. Pedro, un israelita, uno de los primeros discípulos, queda en la penumbra frente a la mujer cananea que ha vencido la aparente reticencia de Jesús con humildad y perseverancia.
La insistencia de la mujer en invocar la intervención de Jesús nos muestra un camino de oración a recorrer sin desalentarnos, sin desesperar ni siquiera ante las pruebas más duras de la vida. Dios no cierra los ojos ante nuestras peticiones; y si a veces parece insensible, es solo para ponernos a prueba y templar nuestra fe, para que nos apoyemos en su misericordia.
Y si acaso nos sentimos más cerca de la poca fe de Pedro que de la fe grande de la mujer cananea, no nos olvidemos que todos estamos llamados a crecer en la fe. Por la fe llegamos a conocer a Jesús en su identidad real de Hijo de Dios, en su novedad única y absoluta. Por la fe llegamos a recibir su Palabra como fuente de vida, para vivir con Él una relación personal que nos transforma, que puede hacer de cada día una experiencia de conversión. Cada día puede hacernos pasar de ser un individuo encerrado en sí mismo a la persona abierta que se deja interpelar por la Palabra de Dios y que abre la propia vida a su Amor.
En esta semana:
- Domingo 16: Nacimiento de san Juan Bosco. La fiesta litúrgica del santo se ubica en enero, pero los salesianos suelen también festejar este aniversario, que en el hemisferio sur cae dentro del año lectivo.
- Ese mismo domingo, este año se celebra la Fiesta patronal en la parroquia de San Jacinto.
- Lunes 17: San Jacinto de Cracovia, presbítero.
- Martes 18: Santa Elena, buscadora de la Cruz de Cristo.
- Patrona de una capilla de catedral y de uno de los Colegios de Ciudad de la Costa.
- Jueves 20, San Bernardo, abad y doctor de la Iglesia.
- Viernes 21, San Pío X, “el papa de la catequesis”.
- Sábado 22, Bienaventurada Virgen María, Reina.
Celebración del Día de la catequesis 2026:
- Decanato Centro, de 9 a 14, en San Bautista
- Decanato Playas, 15 horas, capilla V. de los Treinta y Tres - S. Francisco
- Decanato Piedras, 18 horas, San Antonio
- Decanato Canelones, 18 horas, Catedral
- Decanato Pando, Domingo 30 de agosto, de 10 a 16 horas, en capilla Ma. Auxiliadora, Barrio Estadio, Pando.
Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.
miércoles, 12 de agosto de 2026
Palabra de Vida. Perdonar de corazón. Mateo 18,21-19,1.
Palabra de Vida. “Si tu hermano peca contra ti, ve y corrígelo en privado” (Mateo 18,15-20)
martes, 11 de agosto de 2026
Palabra de Vida. SER COMO UN NIÑO. Mateo 18,1-5.10.12-14.
domingo, 9 de agosto de 2026
10 de agosto: San Lorenzo, diácono y mártir.
Deseó ardientemente acompañar al papa Sixto II en su martirio. Según cuenta san León Magno, recibió del tirano la orden de entregar los tesoros de la Iglesia, y él, burlándose, le presentó a los pobres en cuyo sustento y abrigo había gastado abundantes riquezas. Por la fe de Cristo, tres días más tarde superó el tormento del fuego, y el instrumento de su tortura se convirtió en distintivo de su triunfo, siendo enterrado su cuerpo en el cementerio de Campo Verano, que desde entonces fue llamado con su nombre (año 258).
viernes, 7 de agosto de 2026
Del viento huracanado a la brisa suave. (1 Reyes 19,9.11-13a / Mateo 14,22-33). XIX Domingo durante el año.
Nuestra reflexión de hoy viene con coloración “meteorológica”, coincidiendo con los temporales que hemos pasado y los que todavía nos puede traer Santa Rosa. Las fuerzas de la Naturaleza fueron en la antigüedad asimiladas a potencias divinas. Aún hoy, en nuestro mundo secularizado, nos damos cuenta de que hay fenómenos que escapan a nuestro control y nos someten, incluso llevándose vidas y bienes.
En la primera lectura de hoy, con el profeta Elías nos encontramos frente a una expresión de esas fuerzas, que culmina con una revelación de Dios.
Para entender el significado de lo que vivió Elías, necesitamos recordar brevemente el contexto. El rey Ajab se había casado con Jezabel, una fenicia que promovía el culto de Baal y perseguía ferozmente a los creyentes del Dios de Israel. Elías, según sus propias palabras “lleno de celo por el Señor, Dios de los Ejércitos” (1 Reyes 19,10.14), mató con la espada a cientos de profetas de Baal. Haciéndolo, creía estar observando escrupulosamente la Ley de Dios, que prohíbe el culto a otros dioses. Eso encendió inmediatamente la ira de Jezabel, que decidió tomar venganza. Elías huyó para salvar su vida.
“Caminó un día entero por el desierto, y al final se sentó bajo una retama. Entonces se deseó la muerte y exclamó: «¡Basta ya, Señor! ¡Quítame la vida, porque yo no valgo más que mis padres!».” (1 Reyes 19,4)
Elías dirige a Dios una oración desesperada… no puede soportar lo que está viviendo y le ruega “quítame la vida”; al mismo tiempo, hace una confesión: “no valgo más que mis padres”. Pero es ahora, fatigado y débil, cuando está realmente preparado para el encuentro con Dios, que le da fuerzas para que camine “cuarenta días y cuarenta noches” hasta la montaña santa, donde se le manifestará. Prestemos ahora atención a la manifestación de Dios:
El Señor pasaba. Sopló un viento huracanado que partía las montañas y resquebrajaba las rocas delante del Señor. Pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, hubo un terremoto. Pero el Señor no estaba en el terremoto. Después del terremoto, se encendió un fuego. Pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego, se oyó el rumor de una brisa suave. Al oírla, Elías se cubrió el rostro con su manto, salió y se quedó de pie a la entrada de la gruta. (1 Reyes 19,11-13)
Elías cubre su rostro porque reconoce al Señor en la brisa suave. Después de haber desatado su ira, Elías llega a comprender que Dios no quiere imponer su presencia de manera violenta y agresiva, como el viento, el fuego o el terremoto. Dios desea ser creído y recibido en libertad. Dios se manifiesta en el silencio, en una mezcla de presencia y ausencia que solo la fe puede intuir y acoger. Esta experiencia purifica el corazón de Elías, que se despoja de la pesada imagen de una divinidad poderosa e intolerante. A través de un largo camino, sobre todo dentro de sí mismo, Elías llega a descubrir y aceptar que Dios llega como una brisa suave y no como el viento huracanado.
También los discípulos, siguiendo a Jesús, llegan a un similar encuentro con Dios, en la persona de Jesús. Esto sucede después de la multiplicación de los panes, que leímos el domingo pasado. Sorprende la forma en que el Maestro pone fin a ese episodio:
Jesús obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que Él a la otra orilla, mientras Él despedía a la multitud. (Mateo 14,22)
¿Cuál es la prisa de Jesús? Hay algo que él necesita mucho en ese momento:
Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo. (Mateo 14,23)
Vale anotar que, fuera de la oración en Getsemaní, este es el único momento en que Mateo menciona que Jesús se retira a orar. Eso habla de una especial necesidad de encuentro con el Padre, de discernimiento sobre la propia misión y sobre los signos que Jesús realiza, de modo que no se vuelvan un espejismo para quienes esperan un Mesías triunfante.
Cruzando el lago los discípulos se encuentran pronto en medio de una verdadera tormenta, que describen los cuatro evangelios. Marcos, incluso, habla de dos tormentas:
- La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra. (Mateo 14,24)
- Se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que se iba llenando de agua. (Marcos 4,37)
- Remaban muy penosamente, porque tenían viento en contra (Marcos 6,48)
- Se desencadenó sobre el lago un fuerte vendaval; la barca se iba llenando de agua, y ellos corrían peligro. (Lucas 8,23)
- El mar estaba agitado, porque soplaba un fuerte viento. (Juan 6,18)
Aquella noche angustiosa quedó en el recuerdo de la primera comunidad cristiana (Mateo 14,22-33 / Marcos 4,35-41 y 6,47-52 / Lucas 8,22-25 / Juan 6,16-21). En ella encontraron una imagen del camino de fe de todo creyente, en el que Jesús aparece, finalmente, caminando sobre el océano de nuestros miedos (o despertando de su sueño dentro de la barca, como cuentan Lucas y también Marcos, en su primer relato). Sin embargo, en los relatos de Mateo y de Marcos, la visión de Jesús no acaba de inmediato con la angustia; al contrario, la hace estallar:
Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. «Es un fantasma», dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar.
Pero Jesús les dijo: «Tranquilícense, soy Yo; no teman». (Mateo 14,26-27)
La presencia de Dios en nuestra vida es discreta, suave; se reconoce con la mirada atenta de la fe. Como llegó a entenderlo el profeta Elías, Dios se hace sentir como brisa suave, que rodea suavemente nuestra vida. Cuesta creer que Dios esté tan cerca y presente de una forma tan tenue. Por eso la necesidad de poner a prueba a Dios, pidiendo más señales:
Pedro le respondió: «Señor, si eres Tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua». (Mateo 14,28)
Tratando de caminar sobre las aguas, Pedro descubre que si nos detenemos en la furia del viento, nos hundimos bajo el peso de nuestras angustias; pero si mantenemos la mirada en el Señor y, de último, gritamos y nos agarramos de su mano, el viento se calma y volvemos a creer.
Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?» (Mateo 14,31)
Esta expresión, que suena como un reproche, hay que leerla desde el Evangelio de Mateo, que suaviza expresiones más duras que encontramos en el evangelio de Marcos (4,40; 8,17) y señala el valor de una fe aún tan pequeña como un grano de mostaza (Mateo 17,20). Aún desde nuestra pequeña fe, podemos percibir la suave brisa que nos trae la presencia de Dios y abrir el corazón a su Presencia.
En esta semana
- El Sábado 8 y Domingo 9 se realiza en nuestra Diócesis la Colecta para el Hogar Sacerdotal. Agradezco a todos su generosa colaboración.
- Este domingo, 9 de agosto, es el día de Santa María Francisca Rubatto, virgen y fundadora, la primera santa uruguaya. Nacida en Italia, eligió vivir entre nosotros la etapa final de su vida y ser sepultada, como ella dijo, “cerca de sus pobres”.
- Lunes 10, recordamos a San Lorenzo, diácono y mártir. Saludamos en este día a todos los diáconos permanentes, agradecidos por su ministerio.
- Martes 11, Santa Clara de Asís. Fiesta en los monasterios de las Clarisas capuchinas y franciscanas. Fecha especialmente importante en este año jubilar franciscano.
- Miércoles 12, Santa Juana Francisca de Chantal, co fundadora de las hermanas Salesas. Fiesta en el monasterio de la Visitación, en la ciudad de Progreso.
- El Viernes 14, recordamos a san Maximiliano Kolbe, presbítero y mártir.
- El Sábado15, celebramos la solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María.
Gracias, amigas y amigos, por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
7 de agosto: San Cayetano, Presbítero
De una carta de San Juan Pablo II al superior general de los Teatinos, 7 de agosto de 1980, en el quinto centenario del nacimiento de San Cayetano.
jueves, 6 de agosto de 2026
Los Obispos del Uruguay invitan a participar activamente del encuentro con el Papa León XIV
miércoles, 5 de agosto de 2026
Transfiguración del Señor. Palabra de Vida. Transfigurar la vida con el amor de Dios. Mateo 17,1-9.
martes, 4 de agosto de 2026
Palabra de Vida. “¡Señor, socórreme!”. Mateo 15,21-28.
Miércoles de la XVIII semana durante el año, 5 de agosto de 2026. Dedicación de la Basílica de Santa María, Roma. Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.
Palabra de Vida. Limpia el alma y el corazón. Mateo 15,1-2.10-14.
lunes, 3 de agosto de 2026
San Juan María Vianney: una ordenación complicada.
Con un obispo que no era el suyo, sin presencia de familiares, compañeros y amigos, tras una marcha a pie de varios días, Juan Bautista María Vianney, el futuro "Santo Cura de Ars", recibió la ordenación sacerdotal, el 13 de agosto de 1815.
Algunas de sus peripecias las cuenta Francis Trochu, en su obra "El Santo Cura de Ars", relato que hemos tomado como base, complementado con algunas notas históricas de la época.
domingo, 2 de agosto de 2026
sábado, 1 de agosto de 2026
"Denles de comer ustedes mismos" (Mateo 14,13-21). Domingo XVIII durante el año.
2 de agosto: el perdón de Asís.
Como muchos de ustedes saben, en este año 2026 se cumplen ochocientos años de la muerte —o, como decimos en la tradición cristiana, del tránsito— de san Francisco de Asís: su paso de la vida terrena a la vida junto a Dios. Por ese motivo estamos celebrando un año jubilar que toca, en primer lugar, a la familia franciscana, pero que también alcanza a toda la Iglesia.
En ese marco, no podemos dejar pasar la fecha de hoy, en la que la familia franciscana celebra la fiesta de Santa María de los Ángeles.
A los veintipocos años, Francisco, hijo de un rico comerciante de telas de la ciudad de Asís, sintió el llamado de Jesús a dejar todo lo que el mundo le ofrecía, para vivir en una pobreza radical y dedicarse al anuncio del Evangelio como predicador itinerante. En esos tiempos iniciales, los benedictinos le cedieron un pequeño terreno, que pasó a ser conocido como “la Porciúncula”, palabra que significa, precisamente, una pequeña porción de tierra. Allí había una iglesita muy deteriorada, que Francisco restauró y que llegó a ser la Iglesia Madre de la Orden Franciscana. Un 2 de agosto, aquella humilde iglesia fue dedicada a Santa María de los Ángeles.
En la Porciúncula Francisco recibió a sus primeros seguidores y fundó con ellos la Orden de los Hermanos Menores. En la pequeña iglesia entregó el hábito a Santa Clara, fundando la Orden de las “Damas Pobres”, las Clarisas. Allí se celebraron los primeros capítulos, reuniones de todos los frailes de la Orden y desde allí salieron los franciscanos en misión hacia todos los lugares de la tierra.
En la Porciúncula, según la tradición, Cristo se apareció a Francisco y le concedió, por intercesión de María, la extraordinaria indulgencia del Perdón de Asís: un privilegio especial que fue reconocido por el papa Honorio III y que quedó unido para siempre a la fecha del 2 de agosto.
Finalmente, muy cerca de la pequeña Iglesia, donde hoy se levanta la capilla del tránsito, Francisco recibió, cantando, a la “hermana muerte corporal”, en la noche del 3 al 4 de octubre de 1226.
Mucho más tarde, en los siglos XVI y XVII se construyó en la Porciúncula la actual basílica Santa María de los Ángeles, dentro de la que quedó albergada la pequeña iglesia.
El 2 de agosto, día del “perdón de Asís”, es posible recibir la indulgencia plenaria, visitando una iglesia franciscana y cumpliendo las condiciones habituales: confesión, comunión y oración por el Santo Padre. En este año jubilar, esta fecha adquiere particular relieve. En nuestra diócesis tenemos una parroquia y un monasterio dedicados a Santa María de los Ángeles; la parroquia, en Ciudad de la Costa y el monasterio de las Clarisas Capuchinas en paraje Echevarría, cerca de Canelones. En esos lugares, así como en otros sitios vinculados a San Francisco y a los santos y santas de la Orden, es posible recibir, durante todo el año jubilar, la indulgencia plenaria.
Domingo XVIII - Denles de comer
Pasemos ahora al Evangelio. En los domingos anteriores veníamos escuchando una sección de parábolas con las que Jesús anuncia el Reino de Dios. Siguiendo la forma en que Mateo organiza su evangelio, después de la enseñanza viene una sección narrativa, donde a la Palabra sigue la acción, acción por la que el Reino se hace visible.
El evangelio de hoy comienza diciéndonos que Jesús sentía necesidad de alejarse y estar a solas. Esto sucede inmediatamente después de que el rey Herodes mandara matar a Juan el Bautista. No sabemos exactamente qué pasaba por el corazón de Jesús, pero sin duda la muerte de Juan lo había afectado hondamente. Por eso buscaba la soledad, ese lugar de sus más profundos encuentros con el Padre. Sin embargo, su intento de tomar distancia se verá interrumpido:
Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie. Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, sanó a los enfermos. (Mateo 14,13-14)
La compasión que siente Jesús es ese movimiento imparable de atención al prójimo que nos impide encerrarnos en nosotros mismos y nos impulsa a ir hacia el otro, dispuestos a auxiliarlo compartiendo los bienes que tenemos. La actitud compasiva de Jesús toca también a sus discípulos, que parecen asustados ante la idea de tener que hacerse cargo de tantas personas hambrientas y desearían despedirlas:
Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: «Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos». (Mateo 14,15)
Pero Jesús quiere hacer realidad la promesa de Dios que escuchamos en la primera lectura, por boca del profeta Isaías:
¡Vengan a tomar agua, todos los sedientos,
y el que no tenga dinero, venga también!
Coman gratuitamente su ración de trigo,
y sin pagar, tomen vino y leche. (Isaías 55,1)
No se trata de comprar. Se trata de compartir. Y es así que Jesús dice a sus discípulos:
«No es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos». (Mateo 14,16)
Los discípulos señalan que sus recursos son completamente insuficientes: “cinco panes y dos pescados”; pero Jesús les pide que los pongan en sus manos. A continuación, realiza un gesto que anticipa el sacramento de la Eucaristía:
"... después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud." (Mateo 14,19)
El milagro consiste en que unos pocos panes, compartidos fraternalmente y confiados al poder de Dios, no solo alcanzan para todos, sino que incluso sobran, hasta llenar doce canastos.
El pan nuestro de cada día, el alimento que cada persona necesita para saciar su hambre y continuar caminando en esta vida, no debería faltarle a nadie. Jesús sigue diciéndonos hoy, como discípulos suyos, “denles de comer ustedes mismos”, haciendo nuestro su sentimiento de compasión por el hermano que sufre.
A la vez, el pan cotidiano es también el signo bajo el cual Jesús quiso quedarse presente en el Sacramento de la Eucaristía, donde él mismo se ofrece como “pan vivo bajado del Cielo”. Es también ese pan, alimento verdadero, pan de vida eterna, el que cada persona que viene a este mundo está llamada a recibir. A quienes creemos en Jesucristo nos toca transmitir a todos la invitación del Señor a participar, desde ahora, en el Banquete del Reino: “Dichosos los invitados a la cena del Señor”.
En esta semana:
- Martes 4: San Juan María Vianney, el santo Cura de Ars, patrono de los sacerdotes.
- Miércoles 5: reunión de la Conferencia Episcopal del Uruguay. Los obispos estamos preparando nuestra visita Ad Limina, es decir la visita a la Santa Sede, que haremos en septiembre y la visita del Papa León XIV a quien recibiremos en noviembre.
- Jueves 6: Fiesta de la Transfiguración del Señor. En ese día, celebración del Santo Cura de Ars en el Seminario Interdiocesano.
- Viernes 7: San Cayetano, presbítero, cuya intercesión es tantas veces invocada pidiendo pan y trabajo. Patrono de la capilla de Cella.
- Sábado 8: Santo Domingo, fundador de la Orden de los Predicadores, los frailes dominicos.
Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.