jueves, 30 de abril de 2026
Palabra de Vida: Y Dios bendijo al hombre y a la mujer. (Génesis 1,26 - 2,3)
1º de mayo: trabajo digno, esperanza compartida. Mensaje de los Obispos del Uruguay.
En este nuevo Día de los Trabajadores, los Obispos del Uruguay queremos hacernos cercanos a tantas personas de nuestro país que, con su esfuerzo cotidiano, sostienen la vida de sus familias y de nuestra sociedad. El trabajo no es solo una fuente de ingresos: es un espacio de dignidad, de realización personal, de encuentro y de construcción del bien común.
Vivimos tiempos de profundas transformaciones. La irrupción de la inteligencia artificial y de nuevas tecnologías genera incertidumbres legítimas. Muchas personas temen por la pérdida de empleo o por la precarización de sus condiciones laborales. Sin desconocer estos riesgos, creemos necesario abrir también una mirada de esperanza: estamos llamados a discernir esos cambios con inteligencia y creatividad. Estas herramientas pueden convertirse en aliadas para mejorar la calidad del trabajo, generar nuevas y diferentes oportunidades, ampliando las capacidades. Los documentos recientes del magisterio de la Iglesia nos dicen que la tecnología debe estar al servicio del ser humano y no sustituirlo ni descartarlo, promoviendo el trabajo digno sin dejar a nadie atrás. El desafío es colectivo: formar, acompañar y generar oportunidades para que vayamos incluyendo a más personas.
Al mismo tiempo, el mundo atraviesa conflictos bélicos cuyas consecuencias se sienten más allá de las fronteras. Las guerras no solo destruyen vidas y comunidades; también impactan en la economía global, encarecen el costo de vida, afectan el empleo y agravan las desigualdades dejando huellas profundas y duraderas en la economía y en los ámbitos laborales. En contextos como el nuestro, estas repercusiones se traducen en mayor vulnerabilidad para quienes ya estaban en situación frágil y nuevas vulnerabilidades que percibimos a través de la falta de oportunidades. Nos preocupa especialmente cómo estas dinámicas pueden consolidar formas de exclusión profundas y duraderas.
En Uruguay, si bien contamos con derechos laborales establecidos, persisten desafíos significativos: el desempleo y el subempleo, la informalidad, la desigualdad de oportunidades, la situación de los jóvenes que buscan su primer trabajo y las dificultades de quienes han quedado fuera del mercado laboral, las condiciones de trabajo que muchas veces no garantizan estabilidad ni protección suficiente. Todo esto nos interpela como sociedad.
Queremos también visibilizar el trabajo no remunerado, especialmente el que se realiza en el ámbito del cuidado. Miles de personas, en su mayoría mujeres, sostienen la vida cotidiana desde tareas como el cuidado de la familia, hijos, adultos mayores. Revalorizar el cuidado y la gratuidad es clave para una sociedad más justa y humana.
Desde nuestra misión, reafirmamos que el trabajo debe estar al servicio de la persona y no la persona al servicio del trabajo. Por eso, hacemos un llamado a fortalecer una economía que ponga en el centro la dignidad humana, que promueva la inclusión, la solidaridad y la justicia social. Una economía que no descarte, que integre, que genere oportunidades reales.
Queremos destacar y alentar iniciativas que apuestan por la inclusión real. Experiencias de reinserción laboral de personas privadas de libertad o liberadas, impulsadas por empresas comprometidas, son un ejemplo concreto de responsabilidad social y de construcción de oportunidades. Estas acciones muestran que es posible generar caminos de integración cuando existe voluntad de acompañar y confiar y se apuesta por la dignidad de cada persona.
Invitamos a todos los actores sociales —Estado, empresas, organizaciones y ciudadanía— a renovar el compromiso por el trabajo digno en un mundo profundamente vinculado al cuidado de la casa común. Por ello alentamos modelos productivos y laborales que sean sostenibles, cuiden los recursos naturales promoviendo una ecología integral. Apostamos por la formación, por el acompañamiento a quienes más lo necesitan, por políticas públicas que protejan y promuevan el empleo de calidad y por prácticas empresariales y sindicales responsables. Es el camino para construir un futuro más justo. Cuidar la casa común también es generar condiciones de trabajo que respeten la vida, la salud y el futuro de las próximas generaciones.
En este 1° de mayo, queremos decir con fuerza que el trabajo es esperanza y que esta esperanza se construye juntos, reconociendo la dignidad de cada persona y comprometiéndonos como sociedad.
A san José Obrero, que enseñó a trabajar a Jesús, le pedimos que nos acompañe en este camino e interceda por todo nuestro pueblo.
Los Obispos del Uruguay
1° de mayo de 2026
Palabra de Vida: Conocer y practicar la Palabra. Juan 13,16-20
martes, 28 de abril de 2026
Palabra de Vida: Seremos juzgados por la Palabra. Juan 12,44-50.
lunes, 27 de abril de 2026
Palabra de Vida: Saber escuchar viviendo la Palabra. Juan 10,22-30.
Santo Toribio de Mogrovejo, patrono de los obispos de América Latina.
domingo, 26 de abril de 2026
El descubrimiento interior del Don de Dios. Mensaje del Papa en la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones 2026.
El descubrimiento interior del don de Dios
MENSAJE DEL SANTO PADRE LEÓN XIV PARA LA LXIII JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES
IV Domingo de Pascua - 26 de abril de 2026
Queridos hermanos y hermanas, queridos jóvenes:
Guiados y custodiados por Jesús Resucitado, en el IV domingo de Pascua, llamado “domingo del buen Pastor”, celebramos la LXIII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Es un momento de gracia para compartir algunas reflexiones sobre la dimensión interior de la vocación, entendida como descubrimiento del don gratuito de Dios que florece en lo profundo del corazón de cada uno de nosotros. Recorramos pues juntos el camino de una vida verdaderamente hermosa, que el Pastor nos muestra.
El camino de la belleza
En el Evangelio de Juan, Jesús se define literalmente el «pastor bello» (ὁ ποιμὴν ὁ καλός) ( Jn 10,11). La expresión hace referencia a un pastor perfecto, auténtico, ejemplar, en cuanto está dispuesto a dar la vida por sus ovejas, manifestando de ese modo el amor de Dios. Es el Pastor que cautiva; quien lo mira descubre que la vida es realmente hermosa si lo sigue. Para conocer esta belleza no son suficientes los ojos del cuerpo o criterios estéticos; se necesita contemplación e interioridad. Sólo quien se detiene, escucha, reza y acoge su mirada puede decir con confianza: “Me fío, con Él la vida puede ser verdaderamente hermosa, quiero recorrer el camino de esta belleza”. Y lo más extraordinario es que, convirtiéndonos en sus discípulos, a su vez nos volvemos “bellos”; su belleza nos transfigura. Como escribe el teólogo Pável Florenski, la ascética no hace al hombre “bueno”, sino al hombre “bello”. [1] El rasgo que distingue a los santos, además de la bondad, es la belleza espiritual deslumbrante que irradia quien vive en Cristo. Así, la vocación cristiana se revela en toda su profundidad: participar de su vida, compartir su misión y resplandecer de su misma belleza.
Esta comunicación interior de vida, de fe y de sentido fue también la experiencia de san Agustín, el cual, en el libro tercero de las Confesiones, mientras declara y confiesa sus pecados y errores juveniles, reconoce a Dios «más interior que lo más íntimo mío». [2] Más allá de la conciencia de sí mismo, descubre la belleza de la luz divina que lo guía en la oscuridad. Agustín atisba la presencia de Dios en lo más interior de su alma, y eso implica haber comprendido y vivido la importancia del cuidado de la interioridad como espacio de relación con Jesús, como camino para experimentar la belleza y la bondad de Dios en su propia vida.
Dicha relación se construye en la oración y en el silencio y, si se cultiva, nos abre a la posibilidad de acoger y vivir el don de la vocación, que nunca es una imposición o un esquema prefijado al que simplemente hay que adherir, sino un proyecto de amor y de felicidad. En la pastoral vocacional y en el compromiso siempre nuevo de la evangelización es urgente volver a partir del cuidado de la interioridad.
En este espíritu, invito a todos —familias, parroquias, comunidades religiosas, obispos, sacerdotes, diáconos, catequistas, educadores y fieles laicos— a comprometerse cada vez más a crear contextos favorables con el fin de que este don pueda ser acogido, alimentado, custodiado y acompañado para dar fruto abundante. Sólo si nuestros ambientes brillan por la fe viva, la oración constante y el acompañamiento fraterno, la llamada de Dios podrá surgir y madurar, convirtiéndose en camino de felicidad y salvación para cada uno de nosotros y para el mundo. Recorriendo el camino que Jesús, el Pastor bello, nos indica, aprendemos entonces a conocernos mejor a nosotros mismos y a conocer más de cerca a Dios que nos ha llamado.
Conocimiento mutuo
«El Señor de la vida nos conoce e ilumina nuestro corazón con su mirada de amor». [3] Toda vocación, en efecto, surge de la conciencia y la experiencia de un Dios que es Amor (cf. 1 Jn 4,16). Él nos conoce profundamente, ha contado los cabellos de nuestra cabeza (cf. Mt 10,30) y ha pensado un camino único de santidad y de servicio para cada uno. Pero este conocimiento debe ser siempre mutuo; estamos llamados a conocer a Dios por medio de la oración, de la escucha de la Palabra, de los sacramentos, de la vida de la Iglesia y de la entrega a los hermanos y a las hermanas. Como el joven Samuel que, durante la noche, quizá de manera inesperada, oyó la voz del Señor y aprendió a reconocerla con la ayuda de Elí (cf. 1 Sam 3,1-10), así también nosotros debemos crear espacios de silencio interior para intuir lo que el Señor tiene en su corazón para nuestra felicidad. No se trata de un saber intelectual abstracto o de un conocimiento académico, sino de un encuentro personal que transforma la vida. [4] Dios habita en nuestro corazón; la vocación es un diálogo íntimo con Él, que nos llama —a pesar del ruido en ocasiones ensordecedor del mundo— y nos invita a responder con verdadera alegría y generosidad.
« Noli foras ire, in te ipsum redi, in interiore homine habitat veritas – No quieras derramarte fuera; entra dentro de ti mismo, porque en el hombre interior reside la verdad». [5] Una vez más, san Agustín nos recuerda lo importante que es aprender a detenerse y a construir espacios de silencio interior para poder escuchar la voz de Jesucristo.
Queridos jóvenes, ¡escuchen esa voz! Escuchen la voz del Señor que los invita a vivir una vida plena, realizada, haciendo fructificar los propios talentos (cf. Mt 25,14-30) y clavando en la cruz gloriosa de Cristo los propios límites y debilidades. Por lo tanto, dediquen tiempo a la adoración eucarística, mediten asiduamente la Palabra de Dios para vivirla cada día, participen activa y plenamente en la vida sacramental y eclesial. De este modo conocerán al Señor y, en la intimidad propia de la amistad, descubrirán cómo entregarse a los demás, en el camino del matrimonio, o del sacerdocio, o del diaconado permanente, o en la vida consagrada, religiosa o seglar: toda vocación es un don inmenso para la Iglesia y para quien la acoge con alegría. Conocer al Señor significa sobre todo aprender a confiar en Él y en su Providencia, que sobreabunda en toda vocación.
Confianza
Del conocimiento nace la confianza, actitud que es hija de la fe, esencial tanto para acoger la vocación como para perseverar en ella. La vida, en efecto, se revela como un continuo confiar y encomendarse al Señor, aun cuando sus planes cambien los nuestros.
Pensemos en san José, que, a pesar del inesperado misterio de la maternidad de la Virgen, confió en el sueño divino y acogió a María y al Niño con corazón obediente (cf. Mt 1,18-25; 2,13-15). José de Nazaret es un icono de confianza total en el designio de Dios: confió incluso cuando todo a su alrededor parecía ser tiniebla y negatividad, cuando las cosas parecían andar en dirección opuesta a lo previsto. Él se fio y confió, seguro de la bondad y la fidelidad del Señor. «En cada circunstancia de su vida, José supo pronunciar su “ fiat”, como María en la Anunciación y Jesús en Getsemaní». [6]
Como nos ha enseñado el Jubileo de la Esperanza, es necesario cultivar una confianza firme y estable en las promesas de Dios, sin ceder nunca a la desesperación, superando miedos e incertidumbres, con la certeza de que el Resucitado es Señor de la historia del mundo y de nuestra historia personal. Él no nos abandona en las horas más oscuras, sino que viene a disipar todas nuestras tinieblas con su luz. Y precisamente gracias a la luz y a la fuerza de su Espíritu, también atravesando pruebas y crisis, podemos ver madurar nuestra vocación, reflejar cada vez más la belleza de Aquel que nos ha llamado, una belleza hecha de fidelidad y confianza, a pesar de las heridas y las caídas.
Maduración
La vocación, en efecto, no es una meta estática, sino un proceso dinámico de maduración, favorecido por la intimidad con el Señor. Estar con Jesús, dejar actuar al Espíritu Santo en los corazones y en las situaciones de la vida y releer todo a la luz del don recibido significa crecer en la vocación.
Como la vid y los sarmientos (cf. Jn 15,1-8), así toda nuestra existencia debe constituirse como un vínculo fuerte y esencial con el Señor, para convertirse en una respuesta cada vez más plena a su llamada, a través de las pruebas y las podas necesarias. Los “lugares” donde se manifiesta mayormente la voluntad de Dios y se hace experiencia de su amor infinito son a menudo los vínculos auténticos y fraternos que somos capaces de instaurar durante nuestra vida. Qué valioso es tener un buen guía espiritual que acompañe el descubrimiento y el desarrollo de nuestra vocación. Qué importantes son el discernimiento y el seguimiento a la luz del Espíritu Santo, para que una vocación pueda realizarse en toda su belleza.
La vocación, por tanto, no es una posesión inmediata, algo “dado” de una vez por todas; es más bien un camino que se desarrolla análogamente a la vida humana, en el cual el don recibido, además de ser cuidado, debe alimentarse de una relación cotidiana con Dios para poder crecer y dar fruto. «Esto es valioso, porque sitúa toda nuestra vida de cara al Dios que nos ama, y nos permite entender que nada es fruto de un caos sin sentido, sino que todo puede integrarse en un camino de respuesta al Señor, que tiene un precioso plan para nosotros». [7]
Queridos hermanos y hermanas, queridos jóvenes, los animo a cultivar su relación personal con Dios a través de la oración cotidiana y la meditación de la Palabra. Deténganse, escuchen, confíen; de ese modo, el don de su vocación madurará, los hará felices y dará frutos abundantes para la Iglesia y para el mundo.
Que la Virgen María, modelo de acogida interior del don divino y maestra de la escucha orante, los acompañe siempre en este camino.
Vaticano, 16 de marzo de 2026
LEÓN PP. XIV
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[1] «Y de hecho la ascética no está dirigida a formar un hombre “bueno”, sino bello; el rasgo característico de los santos ascetas no es en modo alguno la “bondad”, que se encuentra también en hombres carnales, incluso en pecadores habituales: es la belleza espiritual, la belleza deslumbradora de una persona resplandeciente, portadora de luz. Esta belleza es inaccesible para la inercia del hombre carnal» (P. Florenski, La columna y el fundamento de la verdad, Salamanca 2010, 113).
[2] S. Agustín, Confesiones, III, 6, 11: CSEL 33, 53.
[3] Carta ap. Una fidelidad que genera futuro (8 diciembre 2025), 5.
[4] Cf. Benedicto XVI, Carta enc. Deus caritas est (25 diciembre 2005), 1.
[5] S. Agustín, De la verdadera religión, XXXIX, 72: CCSL 32, 234.
[6] Francisco, Carta ap. Patris corde (8 diciembre 2020), 3.
[7] Francisco, Exhort. ap. postsin. Christus vivit (25 marzo 2019), 248.
sábado, 25 de abril de 2026
La voz y la puerta. Juan 10,1-10. IV Domingo de Pascua - El Buen Pastor.
Seguimos avanzando en nuestro camino en este tiempo de Pascua y nos encontramos con el Buen Pastor, figura de Jesús que marca cada año este cuarto domingo, que es también la jornada mundial de oración por las vocaciones.
La expresión “buen pastor” está profundamente arraigada y es difícil que la cambiemos, pero es bueno saber que la traducción más exacta sería “el pastor bello”, “el pastor hermoso”. Así lo ha recordado León XIV en su mensaje para esta jornada de oración en el que dedica varios párrafos al camino de la belleza para el encuentro con Dios. Dice el Papa:
El “pastor bello” (…) hace referencia a un pastor perfecto, auténtico, ejemplar, en cuanto está dispuesto a dar la vida por sus ovejas, manifestando de ese modo el amor de Dios. Es el Pastor que cautiva; quien lo mira descubre que la vida es realmente hermosa si lo sigue. (León XIV, Mensaje LXIII jornada de las vocaciones)
En la iconografía cristiana de los primeros tiempos, esa idea del pastor bello aparece reflejada en las pinturas y esculturas que representan de esa forma a Jesús. La imagen es plasmada en una figura joven, ideal. Recordemos que llevó algunos siglos llegar a representar a Jesús crucificado y no fue desde el principio que la imagen de su sufrimiento incorporara verdadero realismo.
Hablar de belleza, sobre todo si nos referimos a una persona, parece algo superficial, trivial… nos hace pensar en maquillajes o en gimnasios; sin embargo, no se trata de la belleza física. En todo caso, la hermosura exterior tiene sentido si es reflejo de una belleza interior, que no se puede apreciar con los ojos ni con criterios estéticos, si no por medio de la contemplación y de la interioridad. El seguimiento fiel de Jesús no solo puede hacernos buenos, sino también “bellos”. Sigue diciendo el Papa León:
El rasgo que distingue a los santos, además de la bondad, es la belleza espiritual deslumbrante que irradia quien vive en Cristo. Así, la vocación cristiana se revela en toda su profundidad: participar de su vida, compartir su misión y resplandecer de su misma belleza. (León XIV, Mensaje LXIII jornada de las vocaciones)
Es interesante recordar la dificultad que sienten los discípulos, hombres y mujeres, para reconocer a Jesús resucitado, a pesar de que sigue llevando en sus manos, sus pies y su costado las marcas de la pasión. No es suficiente la mirada que solo puede ver lo exterior: es necesaria la mirada de la fe.
Tenemos todavía en la memoria el evangelio de la mañana de Pascua, en el que María Magdalena toma a Jesús por el jardinero.
Digamos, de paso, que esa confusión nos recuerda el jardín del Edén y el hombre colocado allí “para que lo cultivara y lo cuidara” (Génesis 2,15). Jesús resucitado es el jardinero y el pastor de nuestras almas (Cf. 1 Pedro 2,25).
Pero lo que nos interesa aquí es cómo, finalmente, María reconoce a Jesús: es cuando él la llama por su nombre: “¡María!”. A continuación, la Magdalena recibe la misión de anunciar a los discípulos que Jesús ha resucitado (Juan 20,16-17).
Con esta referencia, nos encontramos con nuestro evangelio de hoy:
(El pastor de las ovejas) llama a las suyas por su nombre y las hace salir. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz.» (Juan 10,3-5)
María se sintió llamada por su nombre y reconoció la voz. El evangelio de Juan tiene otros dos momentos en que alguien es llamado por su nombre. El primero, en verdad, es Lázaro, llamado, nada menos, que a salir del sepulcro:
(Jesús) gritó con voz fuerte: «¡Lázaro, ven afuera!» (Juan 11,43)
La otra instancia la encontramos al final del evangelio y es el llamado a Pedro a continuar la misión de Jesús como pastor. Tres veces Jesús se dirige a él, llamándolo por su nombre, Simón, preguntándole si lo ama y encomendándole su rebaño:
Le preguntó por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?». Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas». (Juan 21,17)
Lázaro, María y Simón Pedro reconocen la voz de Jesús y lo siguen. Distinguen esa voz de cualquier otra y siguen al pastor. ¿Hacia dónde? Aquí aparece la otra imagen de este pasaje del evangelio:
Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento. El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero Yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia.» (Juan 10,9-10).
Vida en abundancia… esa es la promesa del Pastor bello. Una vida que responda a nuestros anhelos más profundos de felicidad, de plenitud. A esa promesa se contrapone la amenaza de la violencia del “ladrón” que roba, mata y destruye. El comportamiento del pastor es lo opuesto: viene a dar vida y vida en abundancia.
En el evangelio de Mateo, Jesús trae también la imagen de la puerta.
Es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que van por allí. (Mateo 7,13)
Jesús nos advierte sobre esas puertas anchas que parecen tan atractivas, pero que no son sino trampas, agujeros que se abren sobre abismos de muerte.
Al contrario, Jesús llama a buscar y reconocer la puerta de la vida:
Entren por la puerta estrecha (…) es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva a la Vida, y son pocos los que lo encuentran. (Mateo 7,13-14)
En definitiva, Jesús es la puerta: la puerta estrecha. Por allí se entra renunciando a sí mismo y viviendo el amor desinteresado por los demás. Pero es la puerta que conduce a la vida, a la vida, que es el mismo Jesús.
Primero de mayo: San José Obrero, Día de los Trabajadores.
El próximo viernes es primero de mayo, día de los trabajadores, fiesta de San José Obrero. Como cada año en esta fecha, los obispos saludamos a todas las personas que participan en el mundo del trabajo.
En estos tiempos de inteligencia artificial, que no deja de ser una oportunidad pero que también amenaza muchos puestos de labor, vale la pena recordar una expresión del papa León XIII en su encíclica Rerum Novarum. Él habla de “una a modo de huella” (RN 7) que la persona deja impresa cuando aplica su habilidad intelectual y sus fuerzas corporales para transformar el mundo.
Décadas después, san Juan Pablo II tomaría y desarrollaría esa intuición en su encíclica sobre “el trabajo humano” (Laborem Excercens). Creemos que siempre habrá “trabajo humano”. Aunque la máquina pueda aprender y producir con gran perfección, nada puede sustituir totalmente a cada persona humana, completamente única, que viene a este mundo y que está llamada -para bien- a dejar en él su propia huella.
Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.
Palabra de Vida: Revestirnos de humildad en nuestras relaciones. 1 Pedro 5,5b-14. San Marcos Evangelista.
jueves, 23 de abril de 2026
Palabra de Vida: “El que coma de este pan vivirá eternamente” (Juan 6,51-59).
Palabra de Vida: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo”. Juan 6,44-51.
martes, 21 de abril de 2026
Palabra de Vida: “El que viene a mí jamás tendrá hambre”. (Juan 6,35-40)
Nuestra Señora del Verdún, 1901-2026 - 125 años de una devoción uruguaya.
125 años de peregrinaciones (1901-1926)
Desde hace más de un siglo, cada 19 de abril, la Virgen del Verdún convoca a miles de peregrinos que acuden desde todo el Uruguay a subir al cerro en cuya cima se encuentra un templete coronado por la imagen de María Inmaculada.El Verdún es un cerro que se encuentra en proximidades de la ciudad de Minas, capital del departamento de Lavalleja. Este año 2026, en que el 19 de abril coincide con el domingo, es una buena ocasión para conocer algo más de esta expresión de fe que puede resultar sorprendente en un país muy marcado por su laicidad y a veces hasta por lo que parece una actitud de indiferencia ante lo religioso.
La Iglesia en el Uruguay
Para ubicarnos en el marco de la Iglesia en el Uruguay, recordemos brevemente algunos momentos históricos.En 1878 el santo padre León XIII creó la diócesis de Montevideo, que abarcaba todo el Uruguay, siendo su primer obispo el beato Jacinto Vera.
En 1897 el mismo papa creó la provincia eclesiástica del Uruguay. Montevideo, como cabeza, pasó a ser arquidiócesis y se separaron de ella las diócesis de Salto y Melo. Mons. Mariano Soler, discípulo de Vera, fue el primer arzobispo.
Las circunstancias políticas de la época no permitieron que se nombraran los obispos de Melo y de Salto, de modo que Mons. Soler siguió al frente del conjunto de la Iglesia en el Uruguay.
En todo caso, el departamento de Lavalleja seguía siendo parte de la arquidiócesis de Montevideo.
El P. De Luca y la primera imagen
Y aquí corresponde introducir a una importante figura en esta historia, que fue el P. José de Luca, párroco de Minas desde noviembre de 1891 a abril de 1906.Su espíritu innovador y entusiasta concibió la idea, en el año 1900, de colocar una estatua de la Virgen en uno de los cerros que rodean la ciudad.
«La imagen se traerá de Montevideo y se colocará sobre una columna de seis metros de alto…»
El 2 de Setiembre decía el periódico local La Paz Católica:
«La estatua de la Virgen que se pensaba colocar en el cerro Arequita, será puesta sobre la cumbre del Verdún. Se proyecta una romería, una gran peregrinación para el día de la inauguración».El mismo diario, algunos días después, especifica el motivo inspirador de la colocación de la imagen en la cumbre del Cerro Verdún:
«Será un cristiano recuerdo del siglo XIX y en los albores del XX, será un homenaje a Cristo Redendor y a su Inmaculada Madre y el primer acto de esta índole que se realiza en la República y que honra mucho a nuestro Departamento» (7.10.1900).
Juan Bautista Berdum y los esposos Dartayete
El cerro del Verdún tomó su nombre del primer poblador del paraje: un vasco francés de nombre Juan Bautista Berdum, que recibió esos campos en 1801.En el año 1900 eran propietarios del Cerro Doña María Ariza de Dartayete y su esposo Don Pedro Dartayete.
El Padre De Luca les solicitó permiso para colocar una estatua de la Virgen en la cumbre. Doña María Ariza secundó y ayudó la Obra del Verdún, facilitando su casa para dejar la estatua conseguida en Montevideo, hasta su colocación. Prestó además su carreta para subir los materiales para el pedestal.
El mismo día que en la plaza principal de Minas se abrían los cimientos del grandioso monumento a Lavalleja, del Escultor Ferrari, sobre la cumbre del Cerro del Verdún se colocaban las primeras piedras del sencillo pedestal en honor de María Inmaculada.
La Inauguración: 21 de abril de 1901
En 1901, antes de la inauguración, en la revista «Industria y Comercio» de Montevideo figuraba lo siguiente:“Uno de los panoramas más hermosos que ofrece la ciudad de Minas es, sin duda alguna, la vista del cerro del Verdún, con sus 360 metros de altitud. Desde la cima se contempla la más hermosa vista de la ciudad de Minas y las sierras que la circundan.Desde el comienzo la festividad se programó para el día 19 de Abril por ser el día del desembarco de los Treinta y tres Orientales, dirigidos por Juan A. Lavalleja (nacido en Minas). La fiesta vincula así la gesta-patria de la independencia (1825) con el patrocinio de la Virgen María.
Por iniciativa del Cura Párroco, Don José De Luca, el 19 de Abril próximo se inaugurará una hermosa estatua de la Virgen, sobre un pedestal. La importante iniciativa está llamada a influir muy favorablemente en el progreso moral y material de la capital minuana…”
Sin embargo, debido a la gran lluvia del día 19, la inauguración se realizó el domingo 21 de Abril de 1901. Vino una gran peregrinación de Montevideo en tren expreso. Entonces no existían carreteras ni autos.
La peregrinación fue presidida por Mons. Mariano Soler. Después de la Misa campal, el Arzobispo bendijo el pedestal. Asistieron más de 3.000 peregrinos. Desde entonces, con algunas interrupciones, se siguieron las peregrinaciones hasta nuestros días.
El Papa León XIII concede indulgencia plenaria
El año siguiente el Papa León Xlll concedía a los peregrinos del Verdún la Indulgencia Plenaria:«Habiéndose colocado, según hemos sabido, la imagen de la Bienaventurada Virgen María Inmaculada en su Concepción, sobre la cumbre del cerro “Verdún” que mira a la ciudad de Minas en la jurisdicción de la Arquidiócesis de Montevideo…
Nos, para aumentar la religión de los fieles y salud de las almas, con piadosa caridad, usando los celestes tesoros de la Iglesia concedemos misericordiosamente en el Señor, “indulgencia plenaria y remisión de todos sus pecados a todos y a cada uno de los fieles cristianos de ambos sexos que visitaren dicha imagen en un día del año elegible al arbitrio de cada cual…” (Dado en Roma el 10-12-1902).
El proyecto de Mons. Soler
El año 1906, Mons. Soler encargó al Arquitecto Cayetano Bringas un proyecto de Monumento a la Virgen en la cumbre del Verdún. Proyectó tres grandes pilastrones que representarían las tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. Iban rematados por ángeles con los símbolos de las virtudes. El todo formaba una pirámide de base triangular, símbolo de la plegaria que asciende y encima, un globo terráqueo de cinco metros, sostenido por tres ángeles cuyas alas abiertas medían siete metros, y la estatua de la Inmaculada de nueve metros de alto. Total altura del monumento: 45 metros.El fallecimiento inesperado del Arzobispo hizo que la obra se detuviera.
La construcción del actual templete
Al año siguiente del fallecimiento de Mons. Soler, el día 4 de Junio de 1907 se colocó la piedra fundamental, pero no hubo luego ningún avance. En 1909 se decidió construir el monumento, tomando como base el citado proyecto, pero reduciéndolo a un tercio.Fue encomendado al ingeniero Andrés Rius, radicado en Minas.
El 18 de Noviembre de 1909 una numerosa peregrinación en tren expreso trajo la estatua actual que mide 3 metros 15 de alto, costó 7000 pesos y fue traída de Francia.
Mons. Ricardo Isasa, administrador apostólico de la arquidiócesis, bendijo la imagen.
El 19 de Abril de 1910 se inauguró el Templete actual con una grandiosa fiesta.
En 1915 la imagen de la Virgen fue coronada y en 1926 se agregó al templete la protección de un pararrayos.
El Padre Oscar Andrade colocó la piedra fundamental de la primitiva capilla en la falda del cerro, en enero de 1943.
El Via Crucis y la tumba del P. Olegario María Núñez
Siendo Párroco el Padre Andrade, la sucesión Dartayete ofreció en venta la parte que ocupa actualmente el camino, adquisición que felizmente se llevó a cabo. El año 1947 por su iniciativa se construyeron las estaciones del Via Crucis, costeado por familias y comercios de Minas.La Diócesis de Minas
En 1960 fue creada la diócesis de Minas y Mons. José María Cavallero fue su primer obispo.Con el mismo entusiasmo que los anteriores, el Párroco Mons. Meny y Mons. Cavallero comenzaron a construir el camino de ascensión. Se llevó a cabo la instalación eléctrica y se perforó un pozo artesiano.
La obra de Mons. Mullin
Mons. Carlos Mullin, tercer Obispo de Minas, dio un paso gigante en todo lo que se refiere a convertir el Verdún en un centro de oración. Primero hizo construir una nueva Capilla mirando hacia la cumbre del Cerro (1975). Desde ella se contempla a la Virgen mientras se celebra y en caso de grandes peregrinaciones, la cuesta sirve de anfiteatro y al aire libre se puede seguir la Misa.Mons. Fuentes y la capilla de la Misericordia
Mons. Jaime Fuentes, último obispo de Minas, agregó una capilla a un costado de la cumbre del cerro. Construida en piedra, está presidida por una hermosa imagen de la piedad y está dedicada a María, Madre de la Misericordia.La celebración anual de la fiesta, el 19 de Abril, reúne más de 80 000 peregrinos. Muchas veces han participado en pleno los Obispos del Uruguay
A lo largo del año, sobre todo en los domingos de verano, son muchos los peregrinos que suben a la cumbre del Verdún para venerar a la Virgen.
Santuario Nacional y nueva Diócesis
Por la afluencia ininterrumpida de peregrinos desde 1901, la Conferencia Episcopal del Uruguay, mediante un Decreto del 15 de abril de 2010, erigió el santuario del Verdún, hasta entonces de carácter diocesano a la categoría de Santuario Nacional de Nuestra Señora del Verdún.En 2020 la diócesis de Minas fue unida a la diócesis vecina, tomando la nueva diócesis el nombre oficial de “Maldonado – Punta del Este – Minas” y abarcando en su territorio la totalidad de los departamentos de Lavalleja, Maldonado y Rocha.
Oración a María Inmaculada
Santísima Virgen:
Yo creo y confieso
tu santa e Inmaculada Concepción
pura y sin mancha.
¡Oh, purísima Virgen!
Por tu pureza virginal,
tu Inmaculada Concepción
y tu gloriosa cualidad
de Madre de Dios,
alcánzame de tu amado Hijo,
la humildad, la caridad,
una gran pureza de corazón,
de cuerpo y de espíritu;
una santa perseverancia en el bien,
el don de la oración,
una buena vida
y una santa muerte.
Así sea.
Oh, María, concebida sin pecado,
ruega por nosotros
que recurrimos a ti.
Amén.
lunes, 20 de abril de 2026
Palabra de Vida: “Señor, danos siempre de ese pan”. (Juan 6,30-35).
Hacerse uno con Jesús en la vida y en la muerte. Hechos 6,8-15.
sábado, 18 de abril de 2026
“Quédate con nosotros” (Lucas 24,13-35). III Domingo de Pascua.
18 y 19 de abril: peregrinación a la Virgen del Verdún
Muchos serán los peregrinos que este sábado y domingo subirán rezando hasta la cumbre del cerro Verdún, en el departamento de Lavalleja, venerando a María Inmaculada. Ella, desde lo alto de su templete, los recibirá con su cariño de Madre. Esta devoción a la Virgen del Verdún, propia de Uruguay, comenzó con el siglo XX y se ha mantenido hasta nuestros días. La fecha del 19 de abril ha querido relacionar esta devoción mariana con un acontecimiento que, tras muchos avatares, desembocó en la independencia de nuestro país: el desembarco de los Treinta y Tres orientales, en 1825. Al frente de esos patriotas estuvo Juan Antonio Lavalleja, nacido en Minas, la ciudad que se ve desde lo alto del cerro. Nos unimos espiritualmente a nuestros hermanos y hermanas en su peregrinación, orando especialmente por la paz, fuerte anhelo de toda la humanidad en estos tiempos de guerra.
Los peregrinos de Emaús
El Evangelio de hoy es muy conocido: es la historia de aquellos dos discípulos que caminan hacia el pueblo de Emaús, alejándose así de Jerusalén, donde ha quedado el resto de la comunidad, después de la muerte y resurrección de Jesús.
Pero, antes de comentar el Evangelio, quiero invitarlos a detenernos en algunos pasajes del primer libro de los Macabeos, que cuenta la guerra de los israelitas contra la tiranía del rey Antíoco Epífanes, uno de los sucesores de Alejandro Magno.
El gran héroe del primer libro es Judas Macabeo, que organiza las fuerzas que enfrentan al invasor. Antes de entrar en batalla con el ejército del rey, Judas motiva la oración de sus soldados diciendo:
Invoquemos ahora al Cielo para que tenga piedad de nosotros.
Así reconocerán todas las naciones que hay Alguien que libera y salva a Israel».
(1 Macabeos 4,10-11)
La oración pide que sea Dios quien libere y salve, dando el triunfo a los que entrarán en batalla. Un eco de esta plegaria podemos encontrarlo en las palabras de los peregrinos de Emaús, que expresan su desilusión ante la muerte de Jesús, sin saber que es con él mismo con quien están hablando:
Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. (Lucas 24,21)
Podríamos pensar que esa referencia a la liberación de Israel es mera coincidencia… pero ocurre que una de las primeras acciones del Macabeo sucedió, precisamente en aquel lugar al que se dirigían los discípulos:
Judas (…) salió con sus soldados para derrotar al ejército real que estaba en Emaús (1 Macabeos 4,3)
Con todo, a la larga, Judas será vencido y morirá; su vencedor establecerá en Emaús una de las fortalezas con las que buscará seguir asegurando el dominio de Antíoco (1 Macabeos 9,50).
Las palabras de los dos discípulos y el lugar hacia donde se dirigen, parecen recordar aquella gesta de Israel, ese camino de lucha… esperábamos que él librara a Israel… dicen, decepcionados, los caminantes... esperábamos que él fuera otro Judas Macabeo que, ahora, con la ayuda de Dios, los llevara al triunfo; pero fue entregado, condenado y crucificado.
Cuando la desilusión entra en el corazón lo vacía de esperanza.
Es desde ese telón de fondo sobre el que resaltan las palabras de Jesús:
«¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?» Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él. (Lucas 24,25-27)
Era difícil aceptar la visión de un Mesías que realiza su misión liberadora por medio de su propio sufrimiento; sin embargo, el profeta Isaías, en sus cuatro cánticos dedicados al servidor sufriente lo estaba anunciando.
Más aún: Lucas dice que Jesús interpretó para estos dos discípulos lo que se refería a él “en todas las Escrituras”. Es en Cristo que toda la Escritura alcanza su pleno cumplimiento. Todo en ella apunta hacia Él. En Él la Palabra de Dios se cumple en plenitud.
La interpretación de Jesús no es la de un Maestro estudioso y erudito; su autoridad viene de ser Aquel en quien la Escritura se ha cumplido en su propia carne: en su pasión, muerte y resurrección. Todo eso era necesario para mostrar que ante tanta violencia y maldad, también el bien existe; y el bien es más fuerte que el mal y lo derrota.
Pasado ese encuentro con Jesús, cuando queden solos, los discípulos recordarán lo que habían sentido al escucharlo:
«¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?» (Lucas 24,32)
Jesús fue finalmente reconocido por los discípulos cuando estando a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio (Lucas 24,30). Pero, inmediatamente, desapareció de la vista de ellos.
Poco antes, al llegar a Emaús, Jesús había hecho ademán de continuar su camino, pero los discípulos le rogaron:
«Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba». (Lucas 24,29)
Jesús no solo fue reconocido al partir el pan: en el pan dejó su cuerpo; dejó su presencia real.
La petición “Quédate con nosotros” es la primera oración de los discípulos al Resucitado. La motiva no solo el deseo de que Él se quede, sino la necesidad de su presencia cuando las tinieblas comienzan a envolvernos.
El Padre Pío, San Pío de Pietrelcina, desarrolló ese ruego en forma personal, con la oración que rezaba después de comulgar y que comenzaba diciendo “Quédate conmigo, Señor”. Ese hombre, que en su vida atravesó dos guerras mundiales que tocaron directamente su propio país y que en medio de ambas presenció sangrientos enfrentamientos entre sus ciudadanos, sentía la necesidad de pedir al Señor que siguiera presente, que permaneciera entre nosotros, con cada uno de nosotros, en tiempos oscuros. Recemos con él:
Quédate conmigo, Jesús,
porque en esta noche de vida y de peligro, te necesito.
Que en la fracción del pan
te reconozca como discípulo tuyo,
es decir, que la Comunión Eucarística
sea la Luz que disipe las tinieblas,
la Fuerza que me sostenga
y la única Alegría de mi corazón.
Tres invitaciones
Tres invitaciones muy interesantes y diferentes nos llegan para el próximo fin de semana:
1) Conferencia sobre “El Espíritu Santo, nuestra esperanza”, con prestigiosos invitados internacionales, en tres instancias:
- Para obispos y sacerdotes, el viernes 24, desde las 8 de la mañana hasta el almuerzo, en el seminario interdiocesano Cristo Rey, Juan Rodríguez Correa 1361 casi Millán.
- Para sacerdotes, diáconos, consagrados y seminaristas desde las 15 hasta las 20 horas, el mismo viernes y el mismo lugar
- Para público en general, el sábado 25, desde las 8:30, culminando con la Misa a las 18:30, en Talleres Don Bosco, Maldonado 2125, Montevideo.
2) Una nueva edición de los Retiros Parroquiales Juan XXIII, que se desarrollará en Villa Guadalupe, desde el Viernes 24 al domingo 26.
3) El Movimiento de Cursillos de Cristiandad convoca, no solo a cursillistas sino a todos los interesados, a la Ultreya Diocesana en Tala, el sábado 25, desde las 15 horas.
Gracias, amigas y amigos por su atención: que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.
viernes, 17 de abril de 2026
Palabra de Vida: Revestirnos con el don del servicio. Hechos 6,1-7
jueves, 16 de abril de 2026
Palabra de Vida: Perseverar en el anuncio del Evangelio. Hechos 5,34-42
miércoles, 15 de abril de 2026
Palabra de Vida: Tener el valor de obedecer a Dios. Hechos 5,27-33
Palabra de Vida: “El que obra conforme a la verdad se acerca a la luz”. (Juan 3,16-21)
martes, 14 de abril de 2026
Palabra de Vida: “Todo era común entre ellos” (Hechos 4,32-37)
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.
lunes, 13 de abril de 2026
domingo, 12 de abril de 2026
“Es eterno su amor” – Salmo 117, 2-4. 13-15. 22-24. Domingo de la Divina Misericordia.
“¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor!” (Salmo 117,1.29)
La piedra que desecharon los constructoreses ahora la piedra angular.Esto ha sido hecho por el Señory es admirable a nuestros ojos.(Salmo 117,22)
¿No han leído este pasaje de la Escritura: "La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos"?». (Marcos 12,10-11; cf. Mateo 21,42; Lucas 20,17)
Ustedes están edificados sobre los apóstoles y los profetas, que son los cimientos, mientras que la piedra angular es el mismo Jesucristo. En él, todo el edificio, bien trabado, va creciendo para constituir un templo santo en el Señor. En él, también ustedes son incorporados al edificio, para llegar a ser una morada de Dios en el Espíritu. (Efesios 2,20-22)
[Ustedes] han gustado qué bueno es el Señor. Al acercarse a él, la piedra viva, rechazada por los hombres pero elegida y preciosa a los ojos de Dios, también ustedes, a manera de piedras vivas, son edificados como una casa espiritual, para ejercer un sacerdocio santo y ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios por Jesucristo. (1 Pedro 2,3-5)
“¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor!” (Salmo 117,1.29)
Que lo diga el pueblo de Israel:¡es eterno su amor!Que lo diga la familia de Aarón:¡es eterno su amor!Que lo digan los que temen al Señor:¡es eterno su amor! (Salmo 117,2-4)
“… el Padre de nuestro Señor Jesucristo, (…) en su gran misericordia, nos hizo renacer, por la resurrección de Jesucristo, a una esperanza viva, a una herencia incorruptible, incontaminada e imperecedera, que ustedes tienen reservada en el cielo.” (1 Pedro 1,3-4)
Noticias
P. Miguel Lemos QEPD
Retiro de Pascua en Villa Guadalupe
sábado, 11 de abril de 2026
Palabra de Vida: Anunciar la vida revestidos de esperanza. Marcos 16,9-15.
viernes, 10 de abril de 2026
Retiro de Pascua en Villa Guadalupe. Sábado 18 de abril.
Después del exitoso retiro de Cuaresma, Villa Guadalupe vuelve a ofrecer un retiro, ahora en el tiempo de Pascua.
El mismo será animado por la Hna. Adriana Silva, Hija de María Auxiliadora.
Se requiere inscripción previa por el teléfono 099 618 224.
Palabra de Vida: Reconocer al Señor. Juan 21,1-14.
jueves, 9 de abril de 2026
Palabra de Vida: “La paz esté con ustedes” (Lucas 24,35-48)
martes, 7 de abril de 2026
Palabra de Vida: “No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo”. Hechos 3,1-10
Palabra de Vida: Anunciar la resurrección. (Juan 20,11-18)
sábado, 4 de abril de 2026
Palabra de Vida: Revestirnos de resurrección. Romanos 6,3-11.
viernes, 3 de abril de 2026
"Sé en quién he confiado" (2 Timoteo 1,12). Pbro. Miguel Ángel Lemos Núñez (1953-2026) Q.E.P.D.
| En la Capilla María Auxiliadora (San Ramón), durante la visita de la reliquia del Beato Jacinto Vera. |
Señor y Dios nuestro,te pedimos que el alma de tu servidor Miguel Ángel, sacerdote,a quien encomendaste durante su vida el ministerio sagrado,pueda compartir ahora la felicidad eterna en el cielo.Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,y es Dios, por los siglos de los siglos.
"Sé en quien he confiado" (2 Timoteo 1,12).
Esta esperanza que nosotros tenemos, es como un ancla del alma, sólida y firme, que penetra más allá del velo, allí mismo donde Jesús entró por nosotros, como precursor, convertido en Sumo Sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec. (Hebreos 6,19-20)
El año pasado celebró sus 40 años en el ministerio, acompañado por delegaciones de todas las comunidades parroquiales a las que había servido: San Antonio de Padua (Pueblo Nuevo, Las Piedras), Santa María de los Ángeles y San José (San José de Carrasco), San José Obrero (Paso Carrasco), San Ramón Nonato (San Ramón) y San Juan Bautista (San Bautista), Catedral Nuestra Señora de Guadalupe (Canelones), Sagrada Familia (Sauce) y, actualmente, por segunda vez en San Ramón y San Bautista.
El adiós de sus comunidades y de la Diócesis
Que por la misericordia de Dios,el alma del Padre Miguely la de todos los fieles difuntosdescanse en paz. Amén.
jueves, 2 de abril de 2026
Palabra de Vida: “Por sus heridas fuimos sanados”. Isaías 52,13 - 53,12
“Se produjo un gran temblor de tierra” (Mateo 28,1-10). Domingo de Pascua.
Amigas y amigos: ¡Muy feliz Pascua de Resurrección!
Un temblor de tierra es algo que no conocemos en Uruguay, mientras que en otros países, como los que se ubican a lo largo de la cordillera de los Andes, forma parte de la vida cotidiana. Normalmente nos llegan noticias de esos movimientos cuando su intensidad es muy alta, hasta destruir vidas y bienes. Sin embargo, hay temblores leves, breves que descubrimos con susto en alguna visita ocasional, pero que no alteran la vida de quienes están acostumbrados.
Tanto el evangelio del domingo de Ramos como el de este primer domingo de Pascua nos hablan de temblores de tierra. En su relato de la Pasión, el evangelista Mateo nos cuenta que, inmediatamente después de la muerte de Jesús…
“El velo del Templo fue rasgado en dos, de arriba abajo, la tierra fue sacudida, las rocas fueron partidas y las tumbas fueron abiertas” (Mateo 27,51-52)
El evangelio que leemos en la celebración de la Vigilia Pascual, que puede retomarse en la Misa del día de este domingo, comienza contándonos que María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro de Jesús. Ese momento de duelo y de llanto va a verse totalmente trastocado por lo que nos cuenta Mateo:
De pronto, se produjo un gran temblor de tierra: el Ángel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella. Su aspecto era como el de un relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve. Al verlo, los guardias temblaron de espanto y quedaron como muertos. (Mateo 28,1-10)
Lo primero que nos llama la atención es el gran temblor de tierra, lo que conecta este pasaje con el del domingo pasado: la tierra es sacudida ante la muerte de Jesús, la tierra vuelve a ser sacudida ante su resurrección.
¿Sucedió en verdad un terremoto? Es difícil comprobarlo históricamente; pero sí es seguro que el relato de Mateo busca provocar un terremoto en nuestro interior: que nuestros corazones se estremezcan, que se dejen sacudir por Dios ante este gran misterio.
Mateo continúa contándonos hechos asombrosos: un Ángel que desciende del cielo hace rodar la piedra que cerraba el sepulcro y se sienta sobre ella. La tumba de Jesús queda abierta. La piedra, la lápida, se convierte en asiento, en un signo de que la muerte ha sido vencida, porque no ha podido retener a Jesucristo. El cuadro se completa con los guardias, que quedaron como muertos.
La resurrección de Cristo es el centro de nuestra fe. San Pablo lo expresa claramente:
Si Cristo no resucitó, es vana nuestra predicación y vana también la fe de ustedes. (1 Corintios 15,14)
Sin embargo, la celebración de la Pascua podría pasar para nosotros como ese pequeño temblor de tierra al que están habituados los habitantes de los Andes: puede detenernos brevemente, pero luego no pasa más nada y nuestra vida continúa como siempre. El Ángel sentado sobre la piedra nos está indicando con su gesto que hay otras piedras que se pueden remover, porque Cristo ha resucitado. ¿Cuáles son las piedras que hoy cierran nuestro corazón a la vida? ¿En qué momentos, como los guardias, estamos como muertos?
Jesús murió y resucitó… pero nosotros, que creemos en Él, que creemos en su muerte y resurrección, seguimos, en muchas ocasiones, como muertos. Muertos por el miedo que nos encierra sobre nosotros mismos y se hace un obstáculo para la comunión, porque tenemos miedo de hablarnos y de perdonarnos. Miedo a la participación en la vida de la comunidad que puede colocarnos allí donde no nos sentimos tan confiados y seguros. Y, más aún, miedo a asumir nuestra misión que nos pone de cara a lo desconocido, aunque estemos en un lugar donde “somos pocos y nos conocemos”… o, tal vez, por eso mismo.
Muertos, como si la vida ya hubiera terminado. Como si las cosas más hermosas de la vida fueran solamente aquellas que podemos recordar y no las que todavía podemos recibir de Dios y compartir con los hermanos y hermanas.
Por eso, tenemos que escuchar la palabra que el Ángel dice a las mujeres:
«No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado.
No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde estaba, y vayan en seguida a decir a sus discípulos: "Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán". Esto es lo que tenía que decirles.» (Mateo 28,5-7)
Ustedes buscan al crucificado. Nombrar así a Jesús es recordar su muerte; pero recordarla como entrega de amor, de amor que va hasta el fin, hasta dar la vida. El crucificado es el signo del Dios que se ha hecho frágil, que ha tomado la condición de esclavo… ése es, ahora, el resucitado. Ésa es la buena noticia.
Vengan a ver el lugar donde estaba; ya no está aquí. Den ustedes también ese paso hacia la vida; no se resignen a estar “como muertos”, no se resignen a dejar de amar, a dejar de buscar la comunión con los demás.
Vengan… y vayan. La resurrección de Jesús nos saca de la tristeza y de la muerte entregándonos una misión. Las mujeres son enviadas a llevar la gran noticia a los discípulos. Anunciar a los demás lo que hemos visto y oído. Es así que se resucita con Cristo; es así que se encuentra al resucitado.
La resurrección se hace vida y alegría para nosotros únicamente si nos empuja a la misión, si nos empuja hacia los demás. De otro modo, se vuelve alegría estéril que se acaba cuando cruzamos la puerta de la Iglesia para regresar a casa.
El resucitado está en Galilea. Allí comenzó todo. Ir a Galilea no es partir a ningún lugar exótico; es volver a la realidad, a la vida cotidiana. Allí encontramos al resucitado. Allí está la misión: anunciar a los demás su presencia. Lo podremos hacer a veces con nuestro silencio, con una sonrisa, con una palabra; pero, sobre todo, con gestos de amor.
Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos.
De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: «Alégrense.» Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él. Y Jesús les dijo: «No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán.» (Mateo 28,8-10)
Las mujeres todavía tienen miedo, pero ahora están llenas de alegría y se ponen en camino.
Así encuentran a Jesús resucitado: “Alégrense”. La resurrección de Jesús es una alegría que llega al fondo del alma y aleja del corazón los restos del miedo y la tristeza.
Es la alegría de la plenitud. Es la alegría de quien sabe de quién se ha fiado. Es una alegría profunda y segura, fruto de la confianza y comunión con el Resucitado, que persiste incluso en el dolor. Esta alegría permite vislumbrar los cielos nuevos y la tierra nueva en los que al fin habiten la justicia y la paz y la dicha que no conoce ocaso. Esa es la alegría que queremos compartir con los demás al desearnos unos a otros “Feliz Pascua de Resurrección”.
Gracias, amigas y amigos, por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.


