martes, 7 de julio de 2026

7 de julio: San Marcos Ji Tianxiang. EL ADICTO AL OPIO QUE LLEGÓ A SER SANTO.

En esta imagen, el santo aparece llevando en su
mano la palma del martirio, mientras pisa la pipa
de fumar opio que queda a su espalda.

Las Guerras del opio en China

China, 1829. El emperador DaoGuang, que gobernó el país entre 1820 y 1850, prohibió la venta y el consumo del opio a causa del número de adictos.

El opio es una mezcla compleja de sustancias que se extrae de las cápsulas de la adormidera, una variedad de amapola, que contiene morfina y otros alcaloides.

Desde el siglo XVIII, el opio llegaba en forma ilegal desde la India Británica. El Reino Unido tenía un gran déficit comercial con China, debido a la alta demanda de té, seda y porcelana chinos, y al escaso interés en China por los productos británicos. Si bien los chinos ya consumían opio, los británicos hicieron crecer el consumo colocando por medio del contrabando grandes cantidades en el mercado, para equilibrar su déficit.

El Emperador no solo prohibió el contrabando sino que implementó medidas para combatir, incautando y destruyendo el opio que se encontrara.

El funcionario encargado de esa lucha y en 1839 llegó a publicar una carta abierta a la reina Victoria pidiéndole que respetara las reglas del comercio internacional y no comerciara con sustancias tóxicas:

Pero existe una categoría de extranjeros malhechores que fabrican opio y lo traen a nuestro país para venderlo, incitando a los necios a destruirse a sí mismos, simplemente con el fin de sacar provecho. (...) ahora el vicio se ha extendido por todas partes y el veneno va penetrando cada vez más profundamente (...) Por este motivo, hemos decidido castigar con penas muy graves a los mercaderes y a los fumadores de opio, con el fin de poner término definitivamente a la propagación de este vicio. (...) Todo opio que se descubra en China se echará en aceite hirviendo y se destruirá. En lo sucesivo, todo barco extranjero que llegue con opio a bordo será incendiado (...) Lin Hse Tsu. Carta a la reina Victoria. 1839.[

Las medidas del emperador llevaron a un conflicto con el Reino Unido que condujo a las guerras del opio, la primera de 1839 a 1942 y la segunda, en la que Francia se sumó a los británicos, de 1856 a 1860. China fue derrotada y forzada a tolerar el comercio del opio.

Cristianos en China

El cristianismo era -como hoy- una religión muy minoritaria en China, pero tenía un largo arraigo. Los escritos más antiguos que documentan esa presencia datan del siglo VII. En el siglo XVI la llegada de los misioneros jesuitas, con el P. Matteo Ricci, que accedió a la corte del emperador y fue reconocido como un sabio, ganó respetabilidad para esta fe llegada de occidente.

Marcos Ji y su adicción al opio

Poco antes de la primera guerra del opio, en el año 1834, dentro de una familia china cristiana de buena posición económica, nació Marcos Ji Tianxiang. Recibió una buena educación, se casó, formó una familia y estudió medicina, especializándose en cirugía.

Marcos practicaba su fe: tenía sus tiempos de oración, asistía a Misa, se confesaba regularmente y otorgaba ciertos tratamientos gratuitos a sus pacientes pobres. Gozaba de estima, por lo que se le encomendó la administración de los bienes de su pequeña comunidad cristiana. 

A los 40 años contrajo una enfermedad abdominal muy dolorosa, por lo que se recomendó el uso del opio para aliviar el dolor, un tratamiento que terminó por volverse una verdadera adicción. Durante veinte años Intentó desintoxicarse, pero no lo logró, recayendo continuamente. Su confesor le prohibió recibir la comunión mientras siguiera en su consumo. Marcos continuó su lucha, sin dejar de asistir a Misa y dedicando tiempos fuertes a la oración. Sintiendo que no podría liberarse de la droga, se convenció de que solo el martirio podría llevarlo a la vida eterna. Tras muchos años de constante lucha y asidua participación en la comunidad, pudo recibir de nuevo los sacramentos.

La rebelión de los Bóxers

En el año 1898 estalló en China la rebelión de los “Bóxers”. Recordando humillaciones como las sufridas en las guerras del opio y otras intervenciones e injerencias, los rebeldes se oponían a la creciente presencia extranjera, lo que incluía a los misioneros y, por extensión, a los chinos que hubieran abrazado la fe cristiana. 

El martirio de Marcos y su familia

El 7 de julio de 1900 los Bóxers llegaron a la aldea donde vivía Marcos. Él y su familia (hijos, nueras y nietos, unas 13 personas se ocultaron durante un tiempo, pero finalmente fueron descubiertos y arrestados.

Los Bóxers le exigieron renunciar a su fe católica. Sus conocidos y los pacientes que había beneficiado con su profesión de médico, le rogaron que lo hiciera para obtener el perdón de los Bóxers y que no los dañaran ni a él ni a su familia. Marcos y los suyos se negaron a renegar de su fe y a entregar las medallas y escapularios que llevaban.

Condenada a muerte toda la familia, Marcos rogó a los rebeldes ser el último al que le quitaran la vida. De esa forma pudo orar y animar a su familia a morir como mártires y no tener que morir solos. Mientras esperaba su turno, entonó letanías a la Virgen María y finalmente fue decapitado aquel 7 de julio del año 1900. Así redimió con su vida su imposible rehabilitación de su adicción al opio.  

Beatificación y canonización

La causa de beatificación de Marcos Ji Tianxiang, fue incluida en el grupo llamado San León Ignacio Mangin, sacerdote jesuita francés, misionero en China y compañeros. El reconocimiento de su martirio fue hecho el 22 de febrero de 1955. Fue beatificado el 17 de abril del mismo año por el Papa Pío XII entre un total de 120 mártires chinos. Los 120 beatos mártires, incluidos Marcos Ji y su familia, fueron canonizados por el Papa Juan Pablo II el 1 de octubre de 2000.

La homilía de san Juan Pablo II en la canonización

En su homilía, san Juan Pablo II destacó los testimonios de algunos de los 120 mártires: 

La jovencita Ana Wang, de 14 años, resiste a las amenazas de su verdugo, que la invita a apostatar, y, disponiéndose a la decapitación, con el rostro radiante, declara:  "La puerta del cielo está abierta a todos", y susurra tres veces "Jesús". El joven Chi Zhuzi, de 18 años, grita impávido a quienes le acaban de cortar el brazo derecho y se preparan para desollarlo vivo:  "Cada pedazo de mi carne y cada gota de mi sangre os repetirán que soy cristiano".

Igual convicción y alegría testimoniaron los otros 85 chinos, hombres y mujeres de todas las edades y condiciones, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos, que, con la entrega de su vida, sellaron su fidelidad indefectible a Cristo y a la Iglesia. Esto sucedió en el arco de varios siglos y en épocas complejas y difíciles de la historia de China. Esta celebración no es el momento oportuno para formular juicios sobre aquellos períodos históricos:  podrá y deberá hacerse en otra circunstancia. Hoy, con esta solemne proclamación de santidad, la Iglesia quiere solamente reconocer que aquellos mártires son un ejemplo de valentía y coherencia para todos nosotros y honran al noble pueblo chino.

En esta multitud de mártires brillan también 33 misioneros y misioneras, que dejaron su tierra y trataron de introducirse en la realidad china, asumiendo con amor sus características, con el deseo de anunciar a Cristo y servir a ese pueblo. Sus tumbas están allá, como un signo de su pertenencia definitiva a China, que ellos, aun con sus límites humanos, amaron sinceramente, gastando por ella sus energías. "Nunca hemos hecho mal a nadie -responde el obispo Francisco Fogolla al gobernador que se dispone a herirlo con su espada-. Al contrario, hemos hecho el bien a muchos". Dios envía felicidad.

Palabra de Vida. Pedir al Señor que envíe vocaciones. Mateo 9,32-38.


 

7 de julio de 2026, martes de la XIV semana durante el año.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar algún provecho de ellas.

domingo, 5 de julio de 2026

«Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado» (Mateo 9,18-26)


 

Lunes de la XIV semana durante el año, 6 de julio de 2026.
Breve comentario al evangelio de hoy, del P. Luigi Maria Epicopo (Nella Parola)

sábado, 4 de julio de 2026

VENGAN A MÍ, CARGUEN MI YUGO, APRENDAN DE MÍ (Mateo 11, 25-30). Domingo XIV durante el año.

Gravedad es una palabra que tiene al menos dos grandes significados, que tienen cierta relación entre ellos. Por un lado, está la fuerza de la gravedad, la fuerza que ejercen sobre los objetos los planetas, como la tierra, tirándolos hacia su centro. El peso de un objeto tiene que ver con esa fuerza, regida por la ley de la gravedad. Por otro lado, hablamos de la gravedad de una situación o de una enfermedad y allí asociamos grave con “malo”, con la amenaza de muerte o pérdida de un órgano o de funciones vitales. Recuerdo, cuando era niño, que leí la vida de un santo que sintió su vocación siendo un jovencito. En un momento dado, le dice a sus padres que quiere hablar con ellos. Los padres reaccionan preocupados y le preguntan “¿es algo grave?”. Me llamó la atención la respuesta: “grave, sí, pero no malo”. Es decir, no se trataba de algo malo, sino de algo muy bueno; pero algo muy serio, muy importante. Algo que uno ha comenzado a llevar sobre los hombros. Algo que tiene peso. Una carga. Pero… ¿qué clase de carga? Grave, sí, pero bueno.

El evangelio de hoy, que habla de aflicción, agobio, carga, me recuerda otro pasaje de Mateo donde Jesús denuncia a aquellos que:

Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo. (Mateo 23,4)

Es que la vida tiene ya su propia “gravedad”, su “pesadumbre”. A cada persona le toca asumir ese peso. A veces se puede ayudar tomando las cosas más a la ligera, livianamente, con un poco de alegría y buen humor; pero, en el fondo, cada persona tiene que buscar la fortaleza que permita soportar, resistir ante esa pesadumbre, esa gravedad de la vida. 

En contraste con aquellos maestros que colocaban aún más cargas, y más pesadas, sobre los hombros de sus discípulos, Jesús llama a ir a su encuentro con una promesa esperanzadora:

Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y Yo los aliviaré. (Mateo 11,28)

Este pasaje del evangelio está asociado a la fiesta del Corazón de Jesús, el Sagrado Corazón. Ir a Jesús es ir allí, donde está el centro de su vida, donde se juega su amor y su obediencia al Padre y su entrega “por nosotros y por nuestra salvación”. A veces, cuando yo mismo me siento cansado, afligido y agobiado, recuerdo que en mi cruz llevo el corazón de Jesús y hago el gesto de tocarlo, pidiendo salir de ese agobio, descansar en Jesús y reencontrar allí la alegría del Evangelio, la alegría de la salvación.

“Vengan a mí”; vengan, es la primera invitación que nos hace Jesús. Y viene la segunda:

“Carguen sobre ustedes mi yugo (…) Porque mi yugo es suave y mi carga liviana. (Mateo 11,29-30)

Parece una contradicción: nos quita una carga y nos pone otra. ¿Qué significa el yugo de Jesús? El yugo es el instrumento de madera que une por el cuello a dos bueyes para que puedan arar en yunta. Todavía se pueden ver en algún campo de Canelones. Estar bajo el yugo de alguien es estar bajo su dominio. Pero aceptar el yugo que propone Jesús supone liberarse de otros yugos que esclavizan, que nos dominan y nos destruyen. Cargar con el yugo suave y liviano de Jesús es descubrir una ley que no oprime ni se vuelve pesada carga, sino que libera el corazón para hacerlo más capaz de amar.

Vengan, carguen… y ahora llega la tercera invitación:

Aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. (Mateo 11,29)

Jesús nos invita a aprender de Él y nos propone un modelo: su corazón humilde y paciente y nos promete que encontraremos alivio en él.

Es tradicional en la Iglesia la petición “Señor, haz nuestro corazón semejante al tuyo”. Para que esto se haga realidad en nuestra vida, podemos recordar esta exhortación de san Pablo:

Tengan entre ustedes los mismos sentimientos de Cristo Jesús. (Filipenses 2,5)

No se trata de una sensiblería. En el corazón de Jesús están presentes todos los sentimientos humanos (¡incluso los de enojo, como podemos apreciar en algunos pasajes del Evangelio!). Tener entre nosotros los mismos sentimientos de Cristo no es un sentimentalismo. Jesús no niega la realidad de los sentimientos de su corazón; no los reprime, pero tampoco les da la última palabra, no se deja gobernar por ellos, sino que trabajando sobre ellos los lleva a su perfección y por eso se hace modelo para nosotros, maestro del que podemos aprender.

Cuando san Pablo nos propone aprender de los sentimientos de Jesús, nos describe su sentimiento más profundo, el que lo lleva a su entrega total:

(…) se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte, y muerte de cruz. (Filipenses 2,7-8)

Se anonadó, se humilló, aceptó dar su vida en la cruz… esa es la forma en que Jesús muestra hasta dónde llegó en Él el ser “paciente y humilde de corazón”. Pero no nos olvidemos que la entrega en la cruz es la culminación de toda una vida de entrega. Cada gesto de Jesús -en el cual se manifiesta la misericordia de Dios- está anticipando su entrega en la cruz. Cada gesto de Jesús es una entrega de amor, que un día se hará total en su corazón traspasado.

El evangelio nos trasmite las palabras y las obras de Jesús. El evangelio según san Mateo, que estamos leyendo en los domingos de este año, es típico en eso. Mateo alterna capítulos de enseñanzas y capítulos de acciones. Vivir nuestra fe significa hacer nuestra la enseñanza de Jesús. La Iglesia nos enseña y comunica sus criterios, ayudándonos a hacer nuestro el pensamiento de Jesús, a pensar como Jesús.

El pensamiento orienta la acción. Hacer nuestro su pensamiento, nos lleva a actuar como Jesús, porque no alcanza con pensar bien; hay que actuar bien: poner en práctica su Palabra.

Pensar y actuar bien es importante, pero hay algo más. El evangelio nos presenta también, no siempre de forma tan evidente, los sentimientos de Jesús. El evangelio nos abre su corazón. En el buscar día a día conocer más a Jesús, unirnos más a Él, llegaremos a tener sus mismos sentimientos. Los sentimientos de Cristo forman el corazón cristiano, para que podamos pensar, actuar y sentir como Jesús.

En esta semana

El lunes 6 recordamos a Santa María Goretti, que hizo suyos los sentimientos de Jesús en el perdón a quién le quitó la vida, un perdón que no cayó en vano, sino que llevó a aquel hombre a la conversión.

El martes 7, entre muchos otros santos, la Iglesia recuerda a uno muy poco conocido: san Marcos Ji Tianxiang, mártir. Un cristiano chino que, sin embargo, no lograba librarse del yugo de su adicción al opio, por lo que se le prohibió recibir la comunión. Sin embargo, se mantuvo en la oración, pidiendo a Dios morir santamente y fue así que, en medio de la persecución, recibió la corona del martirio, en el año 1900.

El sábado 11 tenemos la fiesta de San Benito Abad. En nuestra diócesis hubo monjes benedictinos en el antiguo monasterio de La Pascua, hoy centro de espiritualidad; pero seguimos teniendo hermanas benedictinas. Precisamente este año se celebra el cincuentenario de la Congregación Benedictina de la Santa Cruz del Cono Sur a la que ellas pertenecen. El día de san Benito tendremos la Misa a las 16:30 en su monasterio.

El Domingo 12, anticipando el día -ya que, en realidad es el 13- se celebrará la fiesta patronal en la capilla Rosa Mística, en Camino de los Horneros.

Gracias amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios Todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

jueves, 2 de julio de 2026

Santo Tomás Apóstol: “¡Felices los que creen sin haber visto!” (Juan 20,24-29)


Palabra de Vida. Viernes 3 de julio de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar algún provecho de ellas.

Palabra de Vida: “Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonados” (Mateo 9,1-8)


Jueves de la XIII semana durante el año, 2 de julio de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar algún provecho de ellas.

miércoles, 1 de julio de 2026

Palabra de Vida: “Busquen el bien y no el mal, para que tengan vida” (Amós 5,14-15.21-24)


 

Miércoles de la XIII semana durante el año, 1 de julio de 2026. 
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar algún provecho de ellas.

martes, 30 de junio de 2026

Palabra de Vida: “¡Sálvanos, Señor, nos hundimos!” (Mateo 8,23-27)


 

Martes de la XIII semana durante el año, 30 de junio de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar algún provecho de ellas.

lunes, 29 de junio de 2026

29 de Junio - San Pedro y San Pablo: ATAR Y DESATAR.


 

"Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo." (Mateo 10,7-8).

jueves, 25 de junio de 2026

"El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí”. (Mateo 10,37-42). Domingo XIII durante el año.

El evangelio de hoy nos lleva desde esta palabra tan fuerte que hemos tomado como título, hasta algo tan sencillo como dar un vaso de agua, comenzando por algunas exigencias que pueden sonarnos incluso más duras que las de la cruz:

El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. (Mateo 10,37)

Jesús no dice que los hijos no deben amar a sus padres, ni los padres amar a sus hijos. No se trata de eso. El problema está cuando los dos amores entran en conflicto, cuando dentro de la familia alguien no acepta que su padre o su hijo crea en Jesús y lo siga; y presiona para que el creyente abandone su fe, incluso amenazando o realizando un rechazo total. Jesús no pide a sus discípulos que olvide o dejen totalmente de lado su familia natural, sino todo lo contrario. El mandamiento del amor abarca a todas las personas y no hay nadie más cercano -y por lo tanto, más prójimo- que aquellos con los que compartimos nuestro hogar. Pero Jesús propone el ingreso en una nueva familia. La Iglesia es la familia de los hijos de Dios. Jesús mismo vivió esa situación de conflicto. Hubo en su propia familia quienes no lo comprendieron, como atestigua el evangelio de Marcos:

Jesús regresó a la casa, y de nuevo se juntó tanta gente que ni siquiera podían comer. Cuando sus parientes se enteraron, salieron para llevárselo, porque decían: «Es un exaltado». (Marcos 3,20-21)

Cuando le avisan a Jesús que su familia vino a buscarlo, él responde, mirando a los que estaban sentados alrededor de él:

«Estos son mi madre y mis hermanos. Porque el que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre». (Marcos 3,34-35)

Ésa es la nueva familia. El amor por la familia natural no debe ser impedimento para ingresar en la nueva familia. Tampoco el hecho de entrar en la familia de Jesús debe significar la ruptura con los propios. Jesús no ha formado una secta que se apodera de las personas y les hace cortar todos sus vínculos, para encerrarlos en un estrecho círculo. Sin embargo, los primeros cristianos vivieron, en tiempos de persecución, aquello que Jesús dijo:

El hermano entregará a su hermano para que sea condenado a muerte, y el padre a su hijo; los hijos se rebelarán contra sus padres y los harán morir. (Mateo 10,21)

Esa división de la familia por motivo de la fe; más aún, la persecución de parte de la propia familia hacia el que sigue a Jesús, es parte de esa cruz que Jesús llama a llevar. En nuestros tiempos, el rechazo no suele ser tan drástico, pero se expresa en indiferencia, burlas, cuestionamientos, reproches. Ser digno de Jesús -como él mismo nos pide- significa ponerlo primero en nuestro amor, ponerlo en el centro de nuestra vida; pero no como una insignia o un adorno que intenta engrandecernos a nosotros mismos, sino buscando de corazón poner en práctica su Palabra, con la fortaleza y la luz que nos da el Espíritu Santo. El vínculo con Jesús es más fuerte que cualquier otro vínculo y en Él las demás relaciones, las de familia y amistad, encuentran su sentido.

En ese marco, Jesús da también una palabra de consuelo. Sí, habla de una cruz que hay que cargar; sí, habla de “perder la vida”; pero también nos anuncia:

“… el que pierda su vida por mí, la encontrará.” (Mateo 10,39)

De todos estos anuncios inquietantes que hablan de rechazo, de cruz, de perder la vida -pero también de encontrar la vida en Jesús- pasamos al final del discurso misionero, que habla de aquellos que reciben a los enviados de Jesús.

El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a Aquél que me envió. (Mateo 10,40) 

Hermosa secuencia: ustedes, yo, el Padre. Jesús está hablando a los discípulos, enviándolos en misión. Ustedes, que han decidido tomar su cruz y seguirme, van llevando mi presencia; yo voy con ustedes; por eso, quien los recibe, me recibe a mí y recibe al Padre. 

Jesús pone una gran confianza en nosotros; nos considera dignos de él. “El que los recibe a ustedes, me recibe a mí”… es estremecedor pensar eso. No podemos traicionar esa presencia. El misionero no se lleva a sí mismo, no se anuncia a sí mismo: lleva y anuncia a Jesucristo.

A continuación Jesús agrega algo que nos lleva a la primera lectura, del segundo libro de los reyes, en la que se cuenta como una mujer y su esposo alojaron al profeta Eliseo e hicieron lo necesario para que él tuviera todas las comodidades que podían ofrecerle.

Eliseo intercede por ellos, que no podían tener hijos y les anuncia que dentro de un año volverá y el niño habrá nacido. En el evangelio, tal vez recordando textos como ése, Jesús anuncia:

El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, tendrá la recompensa de un justo. (Mateo 10,41)

Aquellos esposos de la primera lectura reconocieron a Eliseo como “hombre de Dios”. Al recibir al profeta, al recibir al justo, se está recibiendo su mensaje y al colaborar con él, al alojarlo, se da apoyo a la misión; se es parte de la misión.

No se trata de hacer obras extraordinarias. Se trata de atender a las personas en su realidad, en su fragilidad, en sus necesidades cotidianas más sencillas:

Les aseguro que cualquiera que dé a beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa». (Mateo 10,42)

Cuando yo era un joven sacerdote, iba desde Fray Bentos a Nuevo Berlín a celebrar Misa el domingo por la mañana. Había allí una señora llamada Blanca que siempre me decía: “después de la Misa venga por casa, que un vaso de agua va a encontrar”… y me esperaba con un churrasco, papas y un huevo frito.

Los pequeños de los que habla aquí Jesús, son sus discípulos. Puede llamarnos la atención esa manera de calificarlos. Para nosotros, ellos son hoy “los apóstoles”, grandes santos… ¡mañana celebramos nada menos que San Pedro y San Pablo! Nosotros podemos verlos grandes, enormes, pero Jesús supo ver su ser de “pequeños” y ellos también llegaron a reconocerse así ante Jesús.

Un pequeño gesto hacia los pequeños que tienen la misión de anunciar el Reino de Dios; así se entra en la historia de la salvación, en la que Dios se ha valido no solo de grandes emprendimientos, sino también de esos gestos sencillos, como dar un vaso de agua al enviado de Jesús.

En esta semana

Sábado 27 y domingo 28, se realiza la colecta del óbolo de San Pedro, que permite al Santo Padre hacer algunas intervenciones caritativas en los lugares más necesitados del mundo.

Lunes 29: celebramos a san Pedro y san Pablo, las dos grandes columnas de la Iglesia.

Viernes 3, celebramos a santo Tomás, apóstol y recordamos el nacimiento de nuestro beato Jacinto Vera, en 1813.

Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

Palabra de Vida: “Si quieres, puedes purificarme”. Mateo 8,1-4.


Viernes de la XII semana durante el año, 26 de junio de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar algún provecho de ellas.

CEU: SOLIDARIDAD CON VENEZUELA


Montevideo, 25 de junio de 2026

Mons. Jesús González de Zárate Salas
Arzobispo de Valencia
Presidente de la Conferencia Episcopal de Venezuela

Estimada Excelencia: 

En estos momentos de dolor por las consecuencias del terremoto acaecido en el día de ayer le hacemos llegar nuestra solidaridad y cercanía. 
Nos unimos en la oración por la Iglesia en Venezuela y por todas las víctimas rogando al Señor el don del consuelo y la fortaleza para todos. 
Imploramos para ello la intercesión maternal de la Virgen María, Nuestra Señora de Coromoto, patrona de Venezuela. 
Fraternalmente en Cristo. 

Consejo Permanente

+ Milton Tróccoli
Obispo de Maldonado – Punta del Este - Minas
Presidente

Cardenal + Daniel Sturla sdb
Arzobispo de Montevideo
Vicepresidente

+ Heriberto Bodeant
Obispo de Canelones
Secretario General

Palabra de Vida: Edificar la casa sobre la roca. Mateo 7,21-29.

Jueves de la XII semana durante el año, 25 de junio de 2026.

Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar algún provecho de ellas.


miércoles, 24 de junio de 2026

Palabra de Vida: Estar abiertos al llamado de Dios. Isaías 49,1-6.


 

Natividad de San Juan Bautista, 24 de junio de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar algún provecho de ellas.

lunes, 22 de junio de 2026

Palabra de Vida: “Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos”. (Mateo 7,6.12-14)


 

Martes de la XII semana durante el año, 23 de junio de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar algún provecho de ellas.

22 de junio: Santos Tomás Moro y Juan Fisher, mártires.


De una carta de Santo Tomás Moro a su hija Margarita, enviada desde la prisión.

viernes, 19 de junio de 2026

“No teman”. (Mateo 10,26-33). XII Domingo durante el año.

El domingo pasado nos detuvimos en las conocidas palabras de Jesús: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha».

Ese pasaje del evangelio de Mateo continuaba con el llamado y envío de los doce discípulos, con las siguientes instrucciones:

«No vayan a regiones paganas, ni entren en ninguna ciudad de los samaritanos. Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente». (Mateo 10,5-8)

Con esas indicaciones, Jesús inicia lo que ha sido llamado “el discurso misionero”, que continúa hasta el fin del capítulo 10.

En el evangelio de hoy, de ese mismo capítulo, tres veces dice Jesús a sus discípulos: “no teman”.

El miedo, es verdad, tiene una función importante. Es la alarma, la reacción ante el peligro, que impide tomar decisiones equivocadas o realizar gestos imprudentes o tan temerarios que pueden costarnos la vida. Pero si la alarma se sale de control, como esas que cada tanto se suelen oír por un tiempo interminable, el miedo se convierte en un obstáculo que paraliza e impide realizar acciones tan valientes como necesarias. Y es ese miedo paralizante el que Jesús quiere remover.

En la primera de sus intervenciones, el Maestro dice:

No teman a los hombres. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido. Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas. (Mateo10,26-27)

Jesús está advirtiendo a sus discípulos que encontrarán oposición cuando proclamen el mensaje del Evangelio. Él ya ha encontrado resistencias al anunciar la Misericordia, al mostrar el rostro de Dios como Padre entrañable. Ahora, envía a los discípulos a llevar a todos ese mensaje. Esos hombres a los que los discípulos no deben temer son los que quieren silenciar la palabra de Dios. En el libro de los Hechos se nos narra la decisión del Sanedrín de prohibir a los apóstoles predicar el Evangelio de Jesucristo:

«A fin de evitar que la cosa se divulgue más entre el pueblo, debemos amenazarlos, para que de ahora en adelante no hablen de ese Nombre».
Los llamaron y les prohibieron terminantemente que dijeran una sola palabra o enseñaran en el nombre de Jesús. (Hechos 4,17-18)

“No teman a los hombres”, había dicho Jesús; y los apóstoles recordaron esa enseñanza y no desistieron, sino que, desoyendo la prohibición, continuaron predicando abiertamente al pueblo. Volvamos a nuestro evangelio de hoy. Continúa diciendo Jesús:

No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo al infierno.
¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre de ustedes que está en el cielo. También ustedes tienen contados todos sus cabellos. No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros. (Mateo 10,28-31)

Jesús sigue diciendo “no teman”, ahora para alentar a sus discípulos ante persecuciones más drásticas; ya no es solamente una prohibición, unos azotes, una detención en el calabozo… ahora la amenaza viene de “los que matan el cuerpo”. Ese anuncio de Jesús se ha cumplido en toda época y lugar del mundo donde los cristianos encontraron un rechazo radical. Sin embargo ¡cuántos testimonios de fidelidad a Jesús y a su Palabra! Innumerables hombres y mujeres llegaron a dar su vida movidos por una fe extraordinaria,  comenzando por san Esteban, en los comienzos mismos de la evangelización y continuando con los mártires que ha habido y sigue habiendo a lo largo de los siglos. 

Año a año, las Obras Misionales Pontificias recogen los nombres e historias de misioneros y agentes pastorales que han muerto asesinados, no especialmente por haber realizado acciones extraordinarias sino por dar testimonio de Cristo en su vida cotidiana, incluso en contextos marcados por la violencia y los conflictos. El año pasado, fueron 17 los misioneros y misioneras (sacerdotes, religiosas, seminaristas y laicos) que dieron su vida por Cristo en África, Asia, América y aún en la vieja Europa cristiana.

Entonces, la advertencia sobre “los que matan el cuerpo” no es una figura literaria, sino una realidad que pronto enfrentaron los discípulos. Jesús exhorta a no temer, porque si el Padre consiente en que sus hijos caigan en tierra, no es porque su vida no tenga valor, sino -precisamente- para que encuentren junto a Él y en Él la plenitud de la vida que han buscado y anunciado. Por eso la conclusión: “no teman”, ustedes valen más que muchos pájaros. 

La última advertencia de Jesús llama al discípulo a una radicalidad y a una entrega totales:

Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo. Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres. (Mateo 10,32-33)

La primera lectura, del libro de Jeremías, donde el profeta habla en primera persona, es un canto de confianza en Dios del profeta ultrajado y perseguido, acechado hasta por quienes parecían ser sus amigos más íntimos. Con plena confianza en aquel que lo ha llamado, el profeta manifiesta “el Señor está conmigo”. El salmo 68 también refleja esa confianza inquebrantable de quien ha sufrido por su fe pero no ha renegado de su Dios:

Que lo vean los humildes y se alegren,
que vivan los que buscan al Señor:
porque el Señor escucha a los pobres
y no desprecia a sus cautivos. (Salmo 68 [69],33-34)

El evangelio de hoy es una respuesta para aquellos que, como Jeremías, han sufrido persecución y han llegado a sentirse abandonados por Dios; pero que, sin embargo, han encontrado en Él su consolación más profunda, aún en medio de las más duras pruebas. Han sido reconocidos por Jesús ante el Padre del Cielo.

Pensando en una generación posterior de cristianos, que puede ser la nuestra, que no pasó por los momentos más difíciles de la persecución, el autor de la Carta a los Hebreos nos invita a fijar la mirada en Jesús, que soportó la cruz y está sentado a la derecha del Padre, porque, dice el autor: Después de todo, en la lucha contra el pecado, ustedes no han resistido todavía hasta derramar su sangre. (Hebreos 12,4)

P. Javier Galdona (QEPD)

El miércoles pasado falleció en Montevideo, de forma inesperada, el Padre Javier Galdona, con quien compartimos todos nuestros años de Seminario, desde el comienzo al final. Me uno en el dolor y la esperanza a su comunidad de Santa Elena y a los muchos grupos, movimientos e instituciones en las cuales el puso brazos, cabeza y corazón; pero, sobre todo, coherencia de vida y fidelidad al Evangelio.

En esta semana

Miércoles 24: Natividad de San Juan Bautista. Una fiesta muy querida, que en el hemisferio sur marca el comienzo del invierno, con sus hogueras que invitan a reunirse y a compartir historias… sin olvidar el origen de la fiesta, el nacimiento de ese niño que asombró a todos y les hizo preguntarse qué llegaría a ser. Fiesta de las parroquias de las localidades de San Bautista y Santa Lucía.

Sábado 27: Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, una advocación unida a la congregación redentorista que en Roma custodia este hermoso ícono. Patrona de la parroquia de Barros Blancos y del colegio de Sauce.

Gracias, amigas y amigos por su atención; que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén. 


Palabra de Vida: “Acumulen tesoros en el cielo”. (Mateo 6,19-23)


Viernes de la XI semana durante el año, 19 de junio de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar algún provecho de ellas.

miércoles, 17 de junio de 2026

Palabra de Vida: “El Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta”. (Mateo 6,7-15)


 

Jueves de la XI semana durante el año, 18 de junio de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar algún provecho de ellas.

Palabra de Vida: Hacer y compartir el bien para gloria de Dios. Mateo 6,1-6.16-18.


Miércoles de la XI semana durante el año, 17 de junio de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar algún provecho de ellas.

martes, 16 de junio de 2026

Palabra de Vida: “Amen a sus enemigos”. (Mateo 5,43-48)



Martes de la XI semana durante el año, 16 de junio de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar algún provecho de ellas.

sábado, 13 de junio de 2026

Cosecha abundante (y urgente); pocos trabajadores. Mateo 9,35–10,8. XI Domingo durante el año.

Se va terminando el otoño, se acerca el invierno y en estas semanas pasadas y las que vienen, muchos campos del Uruguay, sobre todo en el litoral oeste, han recibido o recibirán la siembra del trigo y otros cultivos. Lejos estamos todavía del verano, cuando los campos blanquean y las rutas se llenan de maquinaria que va pasando por los distintos establecimientos para realizar la trilla. 

La siembra tiene su momento, pero la cosecha tiene su urgencia. El trigo maduro es extremadamente sensible a las lluvias y vientos fuertes. La humedad ideal del grano está alrededor del 12,5 %. Si la humedad es mayor, hay que evaluar la posibilidad de que el tiempo se mantenga seco y se llegue al punto correcto o, aun así, cosechar y hacer luego un secado artificial, con los costos que eso tiene.

Cuando Jesús habla de “cosecha abundante” y pide más trabajadores, podemos pensar que el problema está en la cantidad, en la abundancia de gente y de trabajo: hay mucho qué hacer. Ése puede ser un aspecto, pero hay otro no menos importante: se necesitan muchos trabajadores porque hay una urgencia. Si la cosecha no se levanta cuando está en su punto, arriesga perderse. Y Jesús no quiere que nadie se pierda. De eso nos hablan las parábolas de la Misericordia que encontramos en el evangelio de Lucas: la oveja perdida, la dracma perdida, el hijo… también perdido (Lucas 15,1-32) y el episodio de Zaqueo, a quien Jesús le dice:

«Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también este hombre es un hijo de Abraham, porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido». (Lucas 19,9-10)

Estos episodios nos muestran una mirada atenta de Jesús, que ve, más allá de las apariencias, lo profundo del corazón del hombre y reconoce allí el germen de lo que Dios ha sembrado en él. En medio de una vida desordenada y desfigurada por el pecado, puede aún brillar en los ojos el deseo de felicidad que pasa por el reencuentro, la reconciliación y la paz que solo en Dios se puede encontrar, como fruto de una auténtica conversión.

El evangelio de Mateo nos presenta a Jesús hablando largamente, a lo largo de los capítulos 5, 6 y 7, en el llamado “sermón de la montaña”. Comenzando por las bienaventuranzas, presenta a sus discípulos y a todos los que lo escuchan un exigente programa de vida. Luego Jesús baja y llevan a su encuentro toda una humanidad doliente: el leproso, el centurión con su sirviente paralizado, la suegra de Pedro con fiebre, muchos endemoniados, el paralítico llevado en su camilla. Más adelante encuentra al publicano Mateo en su mesa de recaudación… A los que le señalan que se sienta con pecadores y come con ellos, Jesús les responde:

«No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos (…) yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores». (Mateo 9,12-13)

El médico Jesús no ofrece una curación superficial, sino sanar lo profundo del corazón, para que el hombre pueda volver al encuentro de Dios y del prójimo.

En la muchedumbre que lo sigue, Jesús ve reunidos a quienes fueron llegando hasta él agobiados por sus cargas y su mirada se llena de misericordia:

Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. (Mateo 9,36)

Considerar esa mirada misericordiosa de Jesús nos permite entender estas palabras que, en un momento dado, él dirige a sus discípulos y que parecen tan enigmáticas:

Ustedes dicen que aún faltan cuatro meses para la cosecha. Pero yo les digo: Levanten los ojos y miren los campos: ya están madurando para la siega. (Juan 4,35)

Cuatro meses para aquel trigo que observa Jesús… pero todo se ha adelantado en el campo donde los discípulos están llamados a cosechar. Los tiempos de Dios y la respuesta humana no están atados a un calendario, ni siquiera al calendario litúrgico, que no deja de ser útil y necesario, con toda su riqueza. Pero cuando Dios toca de alguna forma tu corazón, llamándote a un cambio en tu vida que te haga volverte hacia Él… ¡qué bueno que encuentres a los trabajadores llamados y enviados por Jesús!  

Para que se pueda dar esa presencia se hace necesario realizar lo que Jesús nos pide particularmente hoy al decirnos:

«La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha». (Mateo 9,37-38)

A lo largo de los siglos, la Iglesia ha orado y sigue orando para que no falten esos servidores. Normalmente pensamos en la necesidad de sacerdotes, y es una necesidad muy real; pero también necesitamos más diáconos permanentes, más personas consagradas, más ministros laicos; más fieles que asuman servicios en los diferentes movimientos de apostolado, en las áreas pastorales, en las misiones, en los quehaceres de la comunidad, poniendo en obra ante Dios y los hermanos los dones que han recibido del Espíritu Santo para la edificación de la Iglesia (cf. 1 Corintios 14,12).

La comunidad de los discípulos de Jesús, en su peregrinación hacia la Casa del Padre, no se cierra sobre sí misma. La comunión entre los miembros, la participación hacia el interior de la Iglesia encuentra su sentido abriéndose, saliendo en misión. La Iglesia existe para evangelizar, para anunciar el Reino de Dios, para ayudar a los hombres y mujeres de nuestro tiempo a encontrar a Jesucristo.

El Papa León ha señalado que la Iglesia y el mundo necesitan mucho más que personas que apenas cumplen exteriormente sus deberes religiosos o “cristianos de ocasión” que de vez en cuando dan cabida a algún buen sentimiento o participan en algún evento. Aquellos que se necesita son

“... los que están dispuestos a trabajar cada día en el campo de Dios, cultivando en su corazón la semilla del Evangelio para luego llevarla a la vida cotidiana, a la familia, a los lugares de trabajo y de estudio, a los diversos entornos sociales y a quienes se encuentran en necesidad”. (Ángelus, 6 de julio de 2025)

Junio es, en toda la Iglesia Católica, el mes del Sagrado Corazón de Jesús.

En Uruguay es también el Mes Vocacional. Escuchando al Señor, animémonos a seguir atendiendo su llamado para pedir al Padre que envíe los trabajadores que la Iglesia y el mundo necesitan para la urgencia de hoy.

En esta semana

El Viernes 19 en el Uruguay recordamos el nacimiento de nuestro héroe nacional José Artigas y celebramos el día del abuelo.

Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

San Antonio de Padua y San Francisco de Asís.



13 de junio: San Antonio de Padua.
En el marco del Jubileo Franciscano, que nos invita a poner atención en los santos y santas de la familia franciscana, es interesante preguntarnos cuál fue la relación entre estos dos grandes santos.

Inmaculado Corazón de María. Su madre conservaba estas cosas en su corazón. (Lucas 2,41-51)


Palabra de Vida. Sábado 13 de junio de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

viernes, 12 de junio de 2026

Sagrado Corazón de Jesús. Palabra de Vida: “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados”. (Mateo 11,25-30)


 

Viernes 12 de junio de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

miércoles, 10 de junio de 2026

Palabra de Vida: Permanecer fiel con un corazón firme. (Hechos 11, 21b-26; 13, 1-3)


 

11 de junio de 2026, San Bernabé, apóstol.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

Palabra de Vida: Practicar y enseñar. Mateo 5,17-19.


10 de junio de 2026, Miércoles de la X Semana durante el año.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

martes, 9 de junio de 2026

Palabra de Vida: “Vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en el cielo” (Mateo 5,13-16)


 

9 de junio de 2026, Martes de la X Semana durante el año.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

domingo, 7 de junio de 2026

“Felices los que tienen alma de pobres” (Mateo 5,1-12a)


 

8 de junio de 2026, lunes de la Décima semana durante el año.
Imagen: Representación de san Francisco de Asís (fresco de Cimabue en la Basílica de Asís; se cree que es la imagen más fiel del santo)

viernes, 5 de junio de 2026

“Yo soy el pan vivo bajado del cielo”. (Juan 6,51-58) Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo.

“Yo soy el pan vivo bajado del cielo” nos dice Jesús en el evangelio de este domingo, 7 de junio de 2026, solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo.

Comencemos nuestra reflexión recordando el camino de los Israelitas por el desierto, que nos narra el libro del Éxodo. El pueblo, liberado por Dios de la esclavitud en Egipto, se inquieta frente al largo y difícil trayecto que tiene por delante y su primera pregunta brota de la necesidad más básica: ¿qué vamos a comer?

Al evaporarse el rocío apareció sobre el desierto una cosa menuda, como granos, parecida a la escarcha de la tierra. Cuando los israelitas la vieron, se decían unos a otros: ¿Maná? es decir ¿qué es esto? Pues no sabían lo que era. Moisés les dijo: “Este es el pan que Yahveh les da por alimento”.  (Éxodo 16,14-15)

El maná fue un signo para ese pueblo desconfiado y quejoso, que temía ser abandonado por Dios en el desierto. Sin embargo, allí estaba el Señor, presente, providente y misericordioso, sosteniéndolo con el alimento necesario.

Pero no nos entretengamos en eso. Quedémonos con la pregunta que expresa el asombro: “¿qué es esto?”, porque es una buena puerta de entrada al misterio de la Eucaristía.

La primera lectura de hoy, tomada del Deuteronomio, invita a hacer memoria de aquel camino en el desierto, donde Dios condujo a su pueblo entre serpientes y escorpiones, hizo brotar agua de la roca y lo alimentó con un don inesperado:

No olvides al Señor, tu Dios que (…) en el desierto te alimentó con el maná, un alimento que no conocieron tus padres. (Deuteronomio 8,15.16)

Israel no olvida y hace memoria celebrando la Pascua, la intervención liberadora de Dios: la salida de Egipto, la travesía por el desierto y la llegada a la tierra prometida. En ese camino, el maná fue el signo del cuidado de Dios; pero aquella experiencia era apenas la sombra, el velado anuncio de algo mucho mayor:

Jesús dijo a los judíos: «Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que Yo daré es mi carne para la Vida del mundo.» (Juan 6,51)

Así comienza el pasaje del evangelio que leemos hoy. Jesús abre sus palabras con un “yo soy”, como los que encontramos a lo largo del Evangelio de Juan, en los que nos revela algo esencial de su identidad: yo soy el buen pastor, yo soy el camino, la verdad y la vida, yo soy la vid verdadera… Pero pensemos, por un momento, en lo que Jesús está diciendo. Dejémonos sorprender, como sus primeros escuchas, ante esas palabras: yo soy el pan; pan vivo; bajado del cielo… Con el mismo asombro de Israel ante el maná, podemos decir “¿qué es esto?”

«Éste es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente.» (Juan 6,58)

Ahí está la diferencia decisiva entre el maná y el pan que ofrece Jesús. 

El maná sostuvo las fuerzas del pueblo mientras caminaba en el desierto. Sin embargo, muchos murieron en el camino y otros, ya en la tierra prometida. Jesús, en cambio, se ofrece a sí mismo como pan de vida eterna. No da simplemente algo; se da Él mismo para sostener nuestras fuerzas en nuestro peregrinar sobre la tierra.

Por eso, cuando Jesús habla de su carne y de su sangre, usa un lenguaje concreto, incluso desconcertante. Quiere dejar claro que se entrega verdaderamente como alimento:

Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y Yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y Yo en él. (Juan 6,53-56)

No solo “la carne”, sino también “la sangre”. El pan se ha desdoblado en comida y bebida. A los oyentes de Jesús, esas palabras les pueden sonar igual que a cualquier contemporáneo nuestro que no esté familiarizado con la Eucaristía… Por eso, Los judíos discutían entre sí, diciendo: «¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?» (Juan 6,52). Tenemos otra vez un misterio como el maná, pero mucho más grande. “¿Qué es esto?”

Para entender mejor, hace falta mirar el trasfondo de la religión del antiguo Israel. En ella, los sacrificios ocupaban un lugar central. Una persona, un grupo, el propio pueblo, acercaba una ofrenda viva, que era presentada a Dios por el sacerdote.

Dando muerte a la víctima, el sacerdote la hacía entrar en el ámbito de lo sagrado, de lo sacro, el ámbito de Dios: presentaba a Dios esa víctima, en nombre de los oferentes que pedían perdón por alguna falta, o suplicaban por alguna gracia especial. 

La sangre era muy importante en el rito, porque era considerada el depósito de la vida, a partir de la experiencia de que un ser vivo que se desangra, muere.

Entonces, al nombrar por separado cuerpo y sangre, Jesús está hablando de un sacrificio, donde su sangre será separada del cuerpo, separada de la carne. Pero no habla del cuerpo de un cordero ajeno, sino del suyo propio. Él mismo es el Cordero de Dios; Él mismo se ofrece y Él mismo es el sacerdote. Sacerdote, víctima y altar: todo converge en su entrega. Recordemos la expresión que leíamos al principio: “mi carne para la vida del mundo”. Ese “para” significa “mi carne ofrecida en sacrificio para la vida del mundo”. 

Jesús sacrificado para la vida del mundo; Jesús resucitado, vencedor de la muerte. Cada Misa vuelve a hacer presente la entrega de Jesús; vuelve a hacer presente entre nosotros su acto de amor y de ofrenda, por nosotros y por nuestra salvación. No se trata solo de recordar algo pasado, sino de entrar sacramentalmente en ese misterio vivo. 

Esta comunión con Cristo, con su sacrificio en la cruz, no puede quedar encerrada en el templo. La comunión con el Señor resucitado nos compromete a nosotros, sus discípulos, a imitarlo, haciendo de nuestra vida, con nuestras actitudes, un pan partido para los demás, igual que Él partió el pan que es realmente su carne. 

Nosotros también podemos hacernos pan en los comportamientos generosos hacia el prójimo. En ellos demostramos nuestra actitud de partir la vida para los demás, uniendo nuestra vida a la de Jesús para hacernos con Él y en Él, una ofrenda agradable al Padre.

En esta semana

  • El Lunes 8, en la parroquia San Antonio de Las Piedras, tendremos una celebración en el marco del Jubileo Franciscano, con la bendición del nuevo altar y el testimonio de los Grupos Esperanza Viva de la Fazenda de la Esperanza.
  • El Jueves 11, San Bernabé, apóstol.
  • Viernes 12, Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Gran fiesta en la comunidad de las Hermanas Salesas, en el Monasterio de la Visitación de María, en Progreso.
  • El Sábado 13: Corazón Inmaculado de María. La comunidad claretiana está de fiesta en la parroquia de Progreso.
  • El mismo día 13 (o el domingo 14), las parroquias y las capillas de nuestra diócesis dedicadas a San Antonio de Padua tendrán sus fiestas patronales en el marco del año jubilar Franciscano.

Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

Palabra de Vida: “Permanece fiel a la doctrina que aprendiste” (2 Timoteo 3,10-17)


 

5 de junio de 2026, Viernes de la IX Semana durante el año.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

miércoles, 3 de junio de 2026

Palabra de Vida: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Marcos 12,28-34).


 

4 de junio de 2026, Jueves de la IX Semana durante el año.
Reflexión tomada de Chiara Lubich – La Doctrina Espiritual – pág. 129-130
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

martes, 2 de junio de 2026

Palabra de Vida: Reavivar la llama del amor de Dios. 2 Timoteo 1,1-3.6-12.


3 de junio de 2026, Miércoles de la IX Semana durante el año.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

Palabra de Vida: “Den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios” (Marcos 12,13-17).


 

2 de junio de 2026, Martes de la IX Semana durante el año.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

lunes, 1 de junio de 2026

San Justino, mártir. La verdadera filosofía.


 

Lunes 1 de junio de 2026. 
El más grande de los Padres apologetas del siglo II. Llegó al cristianismo desde la filosofía y defendió la fe como "la verdadera filosofía", porque en ella encontró la verdad.

viernes, 29 de mayo de 2026

GRACIA, AMOR Y COMUNIÓN. (2 Corintios 13,11-13). Santísima Trinidad.


 
Este domingo la Iglesia en Uruguay celebra con alegría la ordenación y el inicio del ministerio episcopal de Mons. Alfonso Bauer, salesiano y nuevo obispo de la Diócesis de Florida. Esa diócesis, hasta ahora acompañada por Mons. Martín Pérez Scremini, está en el corazón de la Iglesia en Uruguay, ya que en su sede se encuentra el santuario nacional de la Virgen de los Treinta y Tres, patrona de la Patria. Nos alegramos junto al Pueblo de Dios que peregrina en Florida y Durazno y pedimos a María que lo proteja bajo su manto. 
La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo permanezcan con todos ustedes. (2 Corintios 13,13)
Con este buen deseo, invocando a cada una de las personas de la Santísima Trinidad, San Pablo concluye su segunda carta dirigida a la comunidad de Corinto y, en ella, a toda la Iglesia. Este versículo que escuchamos en la segunda lectura de hoy constituye un verdadero programa de vida para todo cristiano.

La primera invocación se dirige al Hijo: Jesús, el Cristo. De Él Pablo espera la Gracia. Esa Gracia es el amor de Dios derramado en nuestros corazones, vertido de manera generosa e incondicional, por todos los canales posibles, especialmente por medio de los sacramentos, comenzando por el bautismo, celebrado en el nombre de las tres personas divinas. Vivir este don como un programa concreto significa vivir en gracia; es decir, permanecer en amistad con Dios y en fidelidad a sus mandamientos.

La segunda invocación nombra a “Dios”, refiriéndose aquí al Padre El don propio del Padre es el amor, manifestado plenamente en su Hijo Jesús. Así lo expresa el Evangelio de esta fiesta:
Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en Él no muera, sino que tenga Vida eterna. (Juan 3,16)
“Entregar” es un verbo decisivo en la vida de Jesús. En la última Cena aparece con distintos sujetos y revela, al mismo tiempo, el drama y el amor: Judas entrega a Jesús; Jesús se entrega a la voluntad del Padre por la salvación del mundo y se entrega también a nosotros en la Eucaristía.
Como telón de fondo, el Padre entrega a su Hijo, como afirma el Evangelio. Ese acto se manifiesta de modo único en la cruz, pero también expresa algo permanente, continuo: podría decirse que la eterna e infinita ocupación de Dios es la de dar; darse sin medida, con total gratuidad -de allí la Gracia- gratuidad que hace posible la vida para cada persona humana. Dios se sigue dando, se sigue entregando. El Padre no entrega al Hijo, y que se me perdone la expresión, como quien entrega un paquete y se marcha; el padre entrega al Hijo y se entrega a sí mismo con Él.

La tercera invocación se dirige al Espíritu. Pablo desea para los fieles “la comunión del Espíritu Santo”. Con ello nos hace ver que el Espíritu no solo crea la comunión, sino que él mismo es comunión. El Espíritu es el Amor que va infinitamente del Padre al Hijo y del Hijo al Padre. Vivir en la comunión del Espíritu Santo es entrar en esa dinámica de amor y permanecer en ella. Por eso, Pablo propone también un camino concreto para la comunidad:
Alégrense, trabajen para alcanzar la perfección, anímense unos a otros, vivan en armonía y en paz. Y entonces, el Dios del amor y de la paz permanecerá con ustedes. (2 Corintios 13,11)
“Dios permanecerá con ustedes”. A esta promesa Pablo añade el deseo con el que cierra su carta: que la gracia del Hijo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu “permanezcan con todos ustedes”. (2 Corintios 13,13). Permanezcan…

La respuesta al Dios que se nos da y permanece en nosotros como gracia, amor y comunión es permanecer en Él. La vocación más profunda del ser humano es la de entrar en comunión con Dios, entrar en el amor recibido y compartido de la Santísima Trinidad y encontrar su propia plenitud en la entrega sincera de sí mismo como respuesta a la Gracia.

Todo esto puede parecer extraño, ajeno a quienes vivimos inmersos en la aceleración constante de nuestro mundo, en el que nuestra humanidad puede disolverse en el aislamiento, el individualismo y en un uso de la tecnología que la convierte en aquel “espejito, espejito” con el que dialogaban personajes de los cuentos infantiles. Un uso que puede llegar a transformar nuestro ser a semejanza de la máquina. 

Frento a eso, la Trinidad es el espejo verdaero que nos devuelve nuestra auténtica imagen. Como recuerda el Papa León XIV en su reciente encíclica:
“… el hombre y la mujer son creados “a imagen y semejanza” (cf. Gn 1,26-27) del Dios trinitario. Cada persona, hecha constitutivamente para la relación, es pensada y querida por Dios para entrar en una historia de comunión con Él, con los demás y con la creación.”  (Magnifica Humanitatis, 56)
La solemnidad de la Santísima Trinidad nos invita no solo a intentar comprender intelectualmente este misterio —algo valioso, aunque difícil, arduo—, sino sobre todo a contemplar. Contemplar ese misterio de amor que nos llama, ese misterio que constituye nuestra más profunda vocación. Contemplar lo que estamos llamados a ser, aquello para lo que hemos sido creados: participar para siempre de esa comunión de amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Este mes de Junio

El mes de junio está dedicado al Sagrado Corazón de Jesús y, en Uruguay, es también el Mes de las Vocaciones, que este año tiene como lema: “Lanzá tus redes, tu vocación comienza con un SÍ". Este tiempo nos ayuda a recordar y cumplir el mandato de Jesús: rueguen al dueño del campo que envíe operarios para la cosecha.

En esta semana

Entre los santos que recordamos en esta semana, destacan varios que recibieron la corona del martirio:
  • El lunes primero, San Justino, uno de los primeros padres de la Iglesia;
  • El miércoles 3, San Carlos Lwanga y compañeros, que junto a cristianos de confesión anglicana, sufrieron un cruento martirio. 
  • En ese mismo día, en Uruguay recordamos también a San Cono, monje.
  • El viernes 5, san Bonifacio, gran misionero de la antigua Germania.
  • El sábado 6, san Marcelino Champagnat, fundador de los Hermanos Maristas.
Gracias, amigas y amigos, por su atención. Que, al profesar la fe verdadera, podamos conocer y adorar a la santísima Trinidad; y los bendiga Dios Todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

jueves, 28 de mayo de 2026

"Cantaré eternamente la misericordia del Señor" 29 de Mayo - San Pablo VI, Papa.


 

Texto tomado del testamento del Papa San Pablo VI.

Palabra de Vida: “¡Hijo de David, ten piedad de mí!” (Marcos 10,46-52)


 

28 de mayo de 2026, Jueves de la VIII Semana durante el año.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

martes, 26 de mayo de 2026

Palabra de Vida: “El que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos”. (Marcos 10,32-45)


 

27 de mayo de 2026, Miércoles de la VIII Semana durante el año.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

lunes, 25 de mayo de 2026

Palabra de Vida: Buscar la sobriedad y la santidad. 1 Pedro 1,10-16


 

26 de mayo de 2026, Martes de la VIII Semana durante el año.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

domingo, 24 de mayo de 2026

María, Madre de la Iglesia. “Aquí tienes a tu hijo” (Juan 19,25-27)


 

El 11 de febrero de 2018, 160º aniversario de las apariciones de Lourdes, el papa Francisco fijó la celebración de María, Madre de la Iglesia en el lunes siguiente a la solemnidad de Pentecostés, el día en que nace la Iglesia.

Pentecostés y María Auxiliadora


 

24 de mayo de 2026: solemnidad de Pentecostés. Cada 24 de mayo celebramos a María, Auxilio de los Cristianos. Este año, está primero la fiesta de Pentecostés. Pero María es Madre de Jesús "por obra y gracia del Espíritu Santo" y estuvo orando con la comunidad de discípulos que esperaba el don que vendría de lo alto, como les anunció Jesús.
María Auxiliadora, ¡ruega por nosotros!

viernes, 22 de mayo de 2026

Bautizados en el Espíritu Santo. Solemnidad de Pentecostés (Hechos 2,1-11)

María Auxiliadora

Este día, 24 de mayo, es normalmente, el día en que celebramos a la Madre de Jesús bajo su advocación de “Auxilio de los cristianos”, María Auxiliadora; pero en este domingo el calendario litúrgico nos señala, como ya hemos expresado, la solemnidad de Pentecostés.

De todos modos, comenzamos saludando a todos los devotos de la Auxiliadora y muy en especial a la familia salesiana, que la tiene como patrona y, dentro de la familia, particularmente a las Hijas de María Auxiliadora, las hermanas salesianas y a todas las parroquias, capillas, obras educativas y sociales que en nuestra tierra uruguaya están bajo el amparo de la Madre de Jesús bajo esta querida advocación.

Pentecostés

En la primera lectura del domingo pasado, solemnidad de la Ascensión del Señor, escuchamos a Jesús recomendar a los discípulos no alejarse de Jerusalén y esperar la promesa del Padre:

«La promesa que Yo les he anunciado. Porque Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo, dentro de pocos días». (Hechos 1,4-5)

Así, a partir de la Ascensión, la comunidad de los discípulos quedó en espera, íntimamente unida y dedicada a la oración. No hay que pensar sólo en los Once, a los que se agregaría Matías para completar los Doce. Allí estaban la Madre de Jesús y otras mujeres; unas 120 personas, según refiere Lucas. Y entonces…

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. 
De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban.
Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos.
Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse. (Hechos 2,1-4)

Ya lo había anunciado Juan el Bautista:

«Yo los bautizo con agua, pero viene uno que es más poderoso que yo (…) él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego». (Lucas 3,16)

Y el propio Jesús había expresado este anhelo:

«Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo!» (Lucas 12,49)

El bautismo con agua, que sigue practicando la Iglesia desde los comienzos, ya no es el Bautismo de Juan, un bautismo de conversión. A partir del bautismo de Jesús, el agua bautismal adquiere otro significado: hace posible un nuevo nacimiento, la renovación total de la vida en el Espíritu Santo. El fuego, en cambio, significa la energía transformadora por obra del Espíritu. Para la comunidad de los discípulos de Jesús, esa fuerza, unida al impulso del viento, enviará a la Iglesia en misión.

En el evangelio, Juan nos dice que Jesús entrega el Espíritu Santo el mismo día de su resurrección:

[Jesús] sopló sobre ellos y añadió: «Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan.» (Juan 20,22-23)

Como vemos, el relato del evangelista Juan tiene una perspectiva diferente. Pero la cuestión no es ver si la entrega del Espíritu fue de una forma o de otra. Lo más importante para nosotros, respecto a los dones de Dios, es si los hemos recibido. 

Dios los pone a nuestra disposición, pero no los impone. Recibirlos supone una apertura de nuestro corazón a la Gracia, al don de Dios, hecha con plena libertad. 

“Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo”, dice el Obispo mientras unge la frente del confirmando con el santo Crisma. Ese gesto, ese aceite, en cuanto materia del sacramento, está entregando el don del Espíritu… pero hace falta también el “amén” del confirmado, un “amén” verdadero. De no ser así, el don… no se retira; queda allí para siempre, pero esperando un día ser reconocido, aceptado y asumido. Es el juego de Gracia y Libertad… Dios tiene la iniciativa, nos entrega su don, imposible de alcanzar por nuestras fuerzas… pero pide nuestra respuesta libre, nuestro asentimiento. De una manera muy hermosa se expresa eso en este versículo del Apocalipsis:

«Yo estoy junto a la puerta y llamo: si alguien oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaremos juntos.» (Apocalipsis 3,20)

Esa Palabra de Jesús no es solo un llamado personal; está dirigido a cada uno y, al mismo tiempo, a toda su comunidad, en este caso a la Iglesia de Laodicea. El llamado es a salir de su autocomplacencia, convertirse y reanimar su fervor. Y desde esta comunidad, el Espíritu habla a toda la Iglesia.

El Espíritu que llega en Pentecostés viene a santificar y animar a la Iglesia, a la comunidad para que pueda lanzarse a la misión, retomar una y otra vez el anuncio del Evangelio. El Espíritu nos hace testigos de la fe de los Apóstoles, a la manera de Jesús, “el testigo fiel”. 

Como miembros de la comunidad, recibimos todos el mismo Espíritu; pero la misión necesita también de muchos y variados aportes. Por eso dice san Pablo a los Corintios:

Ciertamente, hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu. Hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor. Hay diversidad de actividades, pero es el mismo Dios el que realiza todo en todos. En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común. (1 Corintios 12,4-7)

La referencia al mismo Espíritu y al único Señor ponen un especial énfasis en la comunión de los creyentes. La diversidad de dones, ministerios y actividades, hacen posible la participación de cada miembro de la comunidad en la misión de toda la Iglesia, la misión de evangelizar, para la que Dios sigue garantizando su Espíritu.

El Espíritu nos es continuamente dado, porque no hemos terminado de recibirlo. Dios no ha terminado de formarnos, ni personal ni comunitariamente. Seguimos en camino, buscando crecer en el hacernos todos Uno con Cristo y llamar a otros a participar de esa Unidad. Para eso seguimos pidiendo cada día la fuerza del Espíritu, la renovación del milagro de Pentecostés.

Magnifica humanitas

Mañana el Papa León XIV presentará su primera encíclica, “Magnifica humanitas” un extenso mensaje aguardado con mucho interés, en el que el Santo Padre abordará temas como la Inteligencia Artificial, la paz y otros desafíos de nuestro tiempo.

En esta semana

El Martes 26 recordamos a San Felipe Neri, gran maestro espiritual, fundador de la Congregación del Oratorio.

El Viernes 29, memoria de San Pablo VI, el papa que completó el Concilio Vaticano II, convocado e iniciado por San Juan XXIII. 

Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.