jueves, 20 de agosto de 2026

“Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo". (Mateo 16,13-20). XXI Domingo durante el año.

Hoy celebramos en Uruguay, y también en otros países, el Día Nacional de la Catequesis, por ser el domingo más cercano al 21 de agosto, memoria de San Pío X, “el papa de la catequesis”. Es una buena ocasión para dar gracias por tantos catequistas que, semana a semana, ayudan a niños, jóvenes y adultos a conocer a Jesús y a crecer en la fe.

El Evangelio de hoy nos pone ante dos preguntas del Maestro. Preguntas sencillas, pero decisivas; interpelan a todo cristiano y, de modo especial, a quienes tienen la misión de educar en la fe:

«¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?» (Mateo 16,13)

«Y ustedes ¿quién dicen que soy?» (Mateo 16,15)

Podríamos pensar que la segunda pregunta es la que realmente importa. Efectivamente, la respuesta de Pedro a esa pregunta tiene consecuencias muy importantes para él y para toda la comunidad eclesial que Jesús está conformando con el grupo de los Doce.

Sin embargo, la respuesta a la primera también es importante; lo es para el catequista y lo es para todo cristiano, llamado a participar en la misión evangelizadora de toda la Iglesia. De allí surge qué se comenta, qué se espera, qué imágenes de Dios y del Mesías circulan entre la gente.

«Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas». (Mateo 16,14)

A lo largo de veinte siglos de cristianismo, la respuesta a la pregunta sobre Jesús ha pasado por los más diversos enfoques. Basta seguir los debates de los primeros Concilios que convocó la Iglesia para discernir la verdadera fe y el contraste con las tendencias que se fueron alejando de la verdad que Pedro expresó. La verdad sobre Jesucristo no es solo una cuestión histórica, sino que en ella está enraizada la verdad sobre Dios y la verdad sobre el hombre, puesto que, como enseña el Concilio Vaticano II:

“El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado. (…) Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación” (Gaudium et Spes, 22)

En nuestro tiempo, es verdad, esa respuesta es muchas veces la indiferencia y aún la ignorancia… pero a veces ese desconocimiento libera de prejuicios y hace que el encuentro con Jesús pueda tener una increíble frescura, como lo han experimentado muchas veces los catequistas con niños y aún con adultos.

Cuando Jesús hace la segunda pregunta, para que ver qué dicen de él sus discípulos, Pedro responde:

«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo» (Mateo 16,16)

Jesús es el “Mesías”, es decir, el Ungido. En la tradición de Israel, la unción con óleo expresaba una elección especial de Dios y la entrega de los dones necesarios para una misión. Los profetas, los sacerdotes y especialmente los Reyes, fueron reconocidos como “ungidos”. David, futuro rey de Israel, perseguido por el rey Saúl, se negó a levantar la mano contra el que Dios había elegido previamente:

«¡Dios me libre de hacer semejante cosa a mi señor, el ungido del Señor!». (1 Samuel 24,7 cf. 26,9)

Mesías, en hebreo, “ungido”, se traduce en griego como “Cristo”. Jesús es el Cristo, el Ungido por excelencia. Él no recibe simplemente un don más: en Él habita la plenitud del Espíritu, y ese Espíritu lo comunica a quienes creen en Él. 

La respuesta de Pedro tiene otro elemento: “el Hijo de Dios vivo”. Si toda criatura humana puede llegar a ser hijo o hija de Dios, nadie lo es en el sentido que lo es Jesucristo. Así como Él es “el” ungido, en una forma única, es también “el” hijo, con la misma unicidad. Es el Hijo, la Palabra Eterna del Padre que se ha hecho hombre…

La respuesta de Pedro le vale recibir de Jesús una bienaventuranza:

«Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo». (Mateo 16,17)

Jesús aprecia que esa respuesta no es únicamente humana. Pedro ha madurado en el encuentro personal con Cristo, pero, más aún, ha recibido del Padre el don de la fe.

Ahora bien, ¿ya está todo dicho? ¿Pedro ve todo lo que significan sus propias palabras? La continuación de la narración evangélica nos muestra que la fe de Pedro tendrá que seguir purificándose. Pedro participa de las expectativas de su gente, que tiene sus ideas sobre lo que debe ser y lo que debe hacer el Mesías… y sin embargo, no es así como Jesús entiende la misión que ha recibido del Padre… pero eso ya lo veremos el próximo domingo.

La respuesta de Jesús tiene una segunda parte:

Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo». (Mateo 16,18-19)

Estas palabras de Jesús son el fundamento del ministerio de Pedro, que continuará en sus sucesores. Entre los muchos títulos del Papa, tal vez el más importante sea el de “sucesor de Pedro”, porque remite a la misión recibida de Jesús: ser fundamento, fortalecer la fe de los hermanos, servir a la unidad de la Iglesia. No es la única referencia a esa misión, pero es la primera, fundante; y, precisamente, Pedro es colocado en los cimientos, como piedra sobre la que se construye la comunidad, aunque no debemos olvidar que la piedra angular es Cristo mismo (cf. Salmo 117, 22).

Esta designación de Pedro viene preparada por la primera lectura de hoy, del libro de Isaías, donde Dios anuncia la sustitución del antiguo mayordomo de palacio, por otro que recibirá la llave como símbolo de su autoridad y tendrá la misión de ser “un padre para los habitantes de Jerusalén”, es decir, no tanto alguien que está para vigilar propiedades y contabilizar riquezas, sino para velar por el bien de aquellos que le han sido confiados.

En esa clave podemos leer el poder de atar y desatar que recibe Pedro. Entre otras interpretaciones, que son también válidas, podemos entenderlos como dos formas diferentes de velar por el bien. Porque todos necesitamos de "lazos", de vínculos, de comunidad. Nadie se inicia en la fe en solitario: es la comunidad cristiana la que acoge, transmite, celebra y acompaña el camino de quienes descubren a Jesucristo.

Pero también necesitamos la Misericordia que nos "desata", que nos desencadena de lo que nos mantiene en esclavitud y recorta nuestra vida. Pedro no recibe poder para hacer el bien o el mal, sino solamente para hacer el bien en todas sus formas: atando, fortaleciendo vínculos y desatando, liberando.

En este Día Nacional de la Catequesis, pidamos por nuestros catequistas y por toda la comunidad cristiana. Que sepamos escuchar de nuevo la pregunta de Jesús: “Y ustedes ¿quién dicen que soy?”. Y que, con la ayuda del Padre, podamos responder no solo con palabras, sino con una vida unida a Cristo, atada por el amor y desatada por la misericordia.

En esta semana:

  • Lunes 24, San Bartolomé, apóstol.
  • Martes 25, Independencia del Uruguay, Nuestra Señora de la Fundación. Fiesta patronal en Solymar.
  • Miércoles 26, beato Ceferino Namuncurá.
  • Jueves 27, santa Mónica, madre de San Agustín.
  • Viernes 28, San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia. En la tradición de este gran sabio ha bebido la Orden Agustiniana, familia espiritual del papa León XIV. La orden se fundó en el siglo XIII tomando como base la regla escrita por el santo obispo, que murió en el siglo V, y el tesoro de su espiritualidad.
  • Sábado 29, martirio de san Juan Bautista.
  • Domingo 30, Santa Rosa de Lima. Patrona de tres parroquias de nuestra diócesis: El Pinar, Empalme Olmos y ciudad de Santa Rosa.

Amigas y amigos, nos despedimos con el agradecimiento a todos los catequistas por su entrega generosa. Pidamos que perseveren siempre en la oración y en la misión, bajo el manto de nuestra Señora de Guadalupe.

Que a ellos y ellas y a cada uno de ustedes los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

miércoles, 19 de agosto de 2026

Palabra de Vida. “Les daré un corazón nuevo y un espíritu nuevo” (Ezequiel 36,23-28)


  

Jueves de la XX semana durante el año, 20 de agosto de 2026. S. Bernardo, abad.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.

martes, 18 de agosto de 2026

Palabra de Vida. “Vayan ustedes también a mi viña” (Mateo 19,30-20,16)


 

Miércoles de la XX semana durante el año, 19 de agosto de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.

18 de agosto: San Alberto Hurtado. La Fe y las obras (Santiago 2,14-18).


 

Un pasaje del testamento espiritual de San Alberto Hurtado.

Palabra de Vida. “Muchos de los primeros serán los últimos” (Mateo 19,23-30)


  

Martes de la XX semana durante el año, 18 de agosto de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.

viernes, 14 de agosto de 2026

15 de agosto: Asunción de María. Palabra de Vida: “El Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas” (Lucas 1,39-56)


 

Tomado de Chiara Lubich: María humanidad realizada, publicado en la revista Ciudad Nueva.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.

14 de agosto: san Maximiliano Kolbe.


Breve semblanza de este sacerdote y mártir de la caridad.
(De una homilía de san Juan Pablo II, 18 de febrero de 1979)

jueves, 13 de agosto de 2026

MUJER ¡QUÉ GRANDE ES TU FE! (Mateo 15,21-28). XX Domingo durante el año.

Amigas y amigos: la semana pasada tuvimos la confirmación oficial de la visita del Papa a Uruguay, Argentina y Perú, en ese orden. Uruguay será el primer país de toda América en recibir a León XIV como sucesor de Pedro y -perdonen que lo diga- el primer pedacito de tierra donde pondrá su pie será nuestra diócesis, ya que el aeropuerto, no lo olvidemos, está en el departamento de Canelones. Preparémonos a recibir a nuestro visitante, no solo con gestos de hospitalidad, sino también con el corazón abierto a un mensaje que, como ya hemos tenido oportunidad de ver, siguiendo sus diferentes discursos, toca todas las cuerdas de la experiencia humana, no solo en la relación con Dios, sino entre nosotros, con la Creación y de cada uno consigo mismo, porque nada de lo humano es ajeno a la fe.

Alguien podría pensar que esta visita es solo para los católicos, pero no es así. Todos estamos invitados a participar. Como en la primera lectura, donde el profeta Isaías transmite la promesa de Dios de reunir a todos los pueblos:

Yo los conduciré hasta mi santa Montaña
y los colmaré de alegría en mi Casa de oración (Isaías 56,7)

La misma llamada universal está reflejada en la carta de San Pablo a los Romanos. 

Porque Dios sometió a todos a la desobediencia, para tener misericordia de todos. (Romanos 11,32)

Suena extraña la expresión de Pablo. ¿Qué quiere decir con que Dios sometió a todos a la desobediencia? Pablo no quiere decir que Dios empuje a nadie a hacer el mal. Se refiere a la desobediencia a la Ley de Dios: la Ley que Israel recibió por medio de Moisés, pero también esa ley interior que todo ser humano lleva en su conciencia, como lo recuerda el mismo Pablo cuando habla de que los paganos tienen 

“el testimonio de su propia conciencia, que unas veces los acusa y otras los disculpa” (Romanos 2,15).

El someter a todos significa que Dios entrega al hombre a las consecuencias de sus propias decisiones. Dios deja que el ser humano constate su propia incapacidad de salvarse a sí mismo. 

Esto vale también para los israelitas que hacían del cumplimiento de la Ley una especie de seguro, obtenido por su propio esfuerzo, sin dar lugar a la intervención de la Gracia divina. Pero la salvación no se compra ni se conquista. Es un regalo de la Misericordia de Dios, porque Él quiere “tener misericordia de todos”, puesto que su voluntad es que todos se salven.

Sin embargo, cuando llegamos al evangelio nos desconcierta la actitud de Jesús, que, precisamente, está moviéndose en tierra extranjera:

Jesús partió de Genesaret y se retiró al país de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: 

«¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio». Pero Él no le respondió nada. (Mateo 15,21-23)

Silencio de Jesús, silencio de Dios, ante la petición angustiada de una madre, que llega con el dolor de su hija en su corazón. Tal vez alguna vez nos hemos sentido así: rezamos, pedimos, esperamos… y no percibimos una respuesta de Dios. 

Pero ese silencio desconcertante no desanima a la mujer. No se encierra en su dolor ni abandona la confianza. Sigue detrás de Jesús y de los discípulos. Su oración no es elegante, no es tranquila, no es cómoda para los demás. Es el grito de una madre. Los discípulos se cansan y le dicen a Jesús:

«Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos». (Mateo 15,23)

En contraste con la apertura universal a la salvación de las primeras dos lecturas, Jesús responde con una frase que parece cerrar la puerta: 

«Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel» (Mateo 15,24). 

Pero ella no se retira. Se acerca más. Se postra delante de Él y vuelve a pedir: 

«¡Señor, socórreme!» (Mateo 15,25). 

Y todavía escucha una palabra más dura: 

«No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros» (Mateo 15,26). 

Ante esas palabras, ella podría haberse retirado herida y resentida. Podría haberse quejado con desilusión y amargura. Pero no lo hace. Con humildad y con una confianza enorme, encuentra una respuesta ingeniosa… y profunda: 

«¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!» (Mateo 15,27).

Ahí aparece la grandeza de su fe. Esta mujer no exige. No se impone. No se aleja. Se aferra a la bondad de Jesús. Cree que alcanza con una migaja de su misericordia. Tiene razón: una miguita de la misericordia de Dios alcanza para levantar una vida, para sanar una herida, para abrir una esperanza.

Jesús ha recogido lo que él deseaba encontrar: una fe que no vacila. Una fe que hizo que la extranjera se acercara con más confianza que la de muchos de los que estaban cerca. 

Entonces Jesús le dijo: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!» Y en ese momento su hija quedó sana.  (Mateo 15,28)

“Mujer, qué grande es tu fe”. El domingo pasado escuchamos al Maestro llamar a Pedro “hombre de poca fe”. Es inevitable la comparación. Pedro, un israelita, uno de los primeros discípulos, queda en la penumbra frente a la mujer cananea que ha vencido la aparente reticencia de Jesús con humildad y perseverancia.

La insistencia de la mujer en invocar la intervención de Jesús nos muestra un camino de oración a recorrer sin desalentarnos, sin desesperar ni siquiera ante las pruebas más duras de la vida. Dios no cierra los ojos ante nuestras peticiones; y si a veces parece insensible, es solo para ponernos a prueba y templar nuestra fe, para que nos apoyemos en su misericordia.

Y si acaso nos sentimos más cerca de la poca fe de Pedro que de la fe grande de la mujer cananea, no nos olvidemos que todos estamos llamados a crecer en la fe. Por la fe llegamos a conocer a Jesús en su identidad real de Hijo de Dios, en su novedad única y absoluta. Por la fe llegamos a recibir su Palabra como fuente de vida, para vivir con Él una relación personal que nos transforma, que puede hacer de cada día una experiencia de conversión. Cada día puede hacernos pasar de ser un individuo encerrado en sí mismo a la persona abierta que se deja interpelar por la Palabra de Dios y que abre la propia vida a su Amor.

En esta semana:

  • Domingo 16: Nacimiento de san Juan Bosco. La fiesta litúrgica del santo se ubica en enero, pero los salesianos suelen también festejar este aniversario, que en el hemisferio sur cae dentro del año lectivo.
  • Ese mismo domingo, este año se celebra la Fiesta patronal en la parroquia de San Jacinto.
  • Lunes 17: San Jacinto de Cracovia, presbítero.
  • Martes 18: Santa Elena, buscadora de la Cruz de Cristo.
  • Patrona de una capilla de catedral y de uno de los Colegios de Ciudad de la Costa.
  • Jueves 20, San Bernardo, abad y doctor de la Iglesia.
  • Viernes 21, San Pío X, “el papa de la catequesis”. 
  • Sábado 22, Bienaventurada Virgen María, Reina.

Celebración del Día de la catequesis 2026: 

El domingo 23, el más cercano a la fiesta de San Pío X, se celebra el Día Nacional de la Catequesis con el lema “El corazón habla al corazón”.

Los catequistas se reunirán por decanato: Centro, Playas, Piedras y Canelones, el sábado 22, mientras que Pando lo hará el domingo 30.

  • Decanato Centro, de 9 a 14, en San Bautista
  • Decanato Playas, 15 horas, capilla V. de los Treinta y Tres - S. Francisco
  • Decanato Piedras, 18 horas, San Antonio
  • Decanato Canelones, 18 horas, Catedral
  • Decanato Pando, Domingo 30 de agosto, de 10 a 16 horas, en capilla Ma. Auxiliadora, Barrio Estadio, Pando.

Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.


miércoles, 12 de agosto de 2026

Palabra de Vida. Perdonar de corazón. Mateo 18,21-19,1.


 

Jueves de la XIX semana durante el año, 13 de agosto de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.

Palabra de Vida. “Si tu hermano peca contra ti, ve y corrígelo en privado” (Mateo 18,15-20)


 

Miércoles de la XIX semana durante el año, 12 de agosto de 2026. Santa Juana Francisca Chantal, religiosa.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.

martes, 11 de agosto de 2026

11 de agosto: Santa Clara de Asís.


De una catequesis del Papa Benedicto XVI, 15 de septiembre de 2010.

Palabra de Vida. SER COMO UN NIÑO. Mateo 18,1-5.10.12-14.


 

Martes de la XIX semana durante el año, 11 de agosto de 2026. Santa Clara de Asís.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.

domingo, 9 de agosto de 2026

10 de agosto: San Lorenzo, diácono y mártir.


Deseó ardientemente acompañar al papa Sixto II en su martirio. Según cuenta san León Magno, recibió del tirano la orden de entregar los tesoros de la Iglesia, y él, burlándose, le presentó a los pobres en cuyo sustento y abrigo había gastado abundantes riquezas. Por la fe de Cristo, tres días más tarde superó el tormento del fuego, y el instrumento de su tortura se convirtió en distintivo de su triunfo, siendo enterrado su cuerpo en el cementerio de Campo Verano, que desde entonces fue llamado con su nombre (año 258).

viernes, 7 de agosto de 2026

Del viento huracanado a la brisa suave. (1 Reyes 19,9.11-13a / Mateo 14,22-33). XIX Domingo durante el año.

Nuestra reflexión de hoy viene con coloración “meteorológica”, coincidiendo con los temporales que hemos pasado y los que todavía nos puede traer Santa Rosa. Las fuerzas de la Naturaleza fueron en la antigüedad asimiladas a potencias divinas. Aún hoy, en nuestro mundo secularizado, nos damos cuenta de que hay fenómenos que escapan a nuestro control y nos someten, incluso llevándose vidas y bienes.

En la primera lectura de hoy, con el profeta Elías nos encontramos frente a una expresión de esas fuerzas, que culmina con una revelación de Dios. 

Para entender el significado de lo que vivió Elías, necesitamos recordar brevemente el contexto. El rey Ajab se había casado con Jezabel, una fenicia que promovía el culto de Baal y perseguía ferozmente a los creyentes del Dios de Israel. Elías, según sus propias palabras “lleno de celo por el Señor, Dios de los Ejércitos” (1 Reyes 19,10.14), mató con la espada a cientos de profetas de Baal. Haciéndolo, creía estar observando escrupulosamente la Ley de Dios, que prohíbe el culto a otros dioses. Eso encendió inmediatamente la ira de Jezabel, que decidió tomar venganza. Elías huyó para salvar su vida.

“Caminó un día entero por el desierto, y al final se sentó bajo una retama. Entonces se deseó la muerte y exclamó: «¡Basta ya, Señor! ¡Quítame la vida, porque yo no valgo más que mis padres!».” (1 Reyes 19,4)

Elías dirige a Dios una oración desesperada… no puede soportar lo que está viviendo y le ruega “quítame la vida”; al mismo tiempo, hace una confesión: “no valgo más que mis padres”. Pero es ahora, fatigado y débil, cuando está realmente preparado para el encuentro con Dios, que le da fuerzas para que camine “cuarenta días y cuarenta noches” hasta la montaña santa, donde se le manifestará. Prestemos ahora atención a la manifestación de Dios:

El Señor pasaba. Sopló un viento huracanado que partía las montañas y resquebrajaba las rocas delante del Señor. Pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, hubo un terremoto. Pero el Señor no estaba en el terremoto. Después del terremoto, se encendió un fuego. Pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego, se oyó el rumor de una brisa suave. Al oírla, Elías se cubrió el rostro con su manto, salió y se quedó de pie a la entrada de la gruta. (1 Reyes 19,11-13)

Elías cubre su rostro porque reconoce al Señor en la brisa suave. Después de haber desatado su ira, Elías llega a comprender que Dios no quiere imponer su presencia de manera violenta y agresiva, como el viento, el fuego o el terremoto. Dios desea ser creído y recibido en libertad. Dios se manifiesta en el silencio, en una mezcla de presencia y ausencia que solo la fe puede intuir y acoger. Esta experiencia purifica el corazón de Elías, que se despoja de la pesada imagen de una divinidad poderosa e intolerante. A través de un largo camino, sobre todo dentro de sí mismo, Elías llega a descubrir y aceptar que Dios llega como una brisa suave y no como el viento huracanado.

También los discípulos, siguiendo a Jesús, llegan a un similar encuentro con Dios, en la persona de Jesús. Esto sucede después de la multiplicación de los panes, que leímos el domingo pasado. Sorprende la forma en que el Maestro pone fin a ese episodio:

Jesús obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que Él a la otra orilla, mientras Él despedía a la multitud. (Mateo 14,22)

¿Cuál es la prisa de Jesús? Hay algo que él necesita mucho en ese momento:

Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo. (Mateo 14,23)

Vale anotar que, fuera de la oración en Getsemaní, este es el único momento en que Mateo menciona que Jesús se retira a orar. Eso habla de una especial necesidad de encuentro con el Padre, de discernimiento sobre la propia misión y sobre los signos que Jesús realiza, de modo que no se vuelvan un espejismo para quienes esperan un Mesías triunfante. 

Cruzando el lago los discípulos se encuentran pronto en medio de una verdadera tormenta, que describen los cuatro evangelios. Marcos, incluso, habla de dos tormentas:

  • La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra. (Mateo 14,24)
  • Se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que se iba llenando de agua. (Marcos 4,37)
  • Remaban muy penosamente, porque tenían viento en contra (Marcos 6,48)
  • Se desencadenó sobre el lago un fuerte vendaval; la barca se iba llenando de agua, y ellos corrían peligro. (Lucas 8,23)
  • El mar estaba agitado, porque soplaba un fuerte viento. (Juan 6,18)

Aquella noche angustiosa quedó en el recuerdo de la primera comunidad cristiana (Mateo 14,22-33 / Marcos 4,35-41 y 6,47-52 / Lucas 8,22-25 / Juan 6,16-21). En ella encontraron una imagen del camino de fe de todo creyente, en el que Jesús aparece, finalmente, caminando sobre el océano de nuestros miedos (o despertando de su sueño dentro de la barca, como cuentan Lucas y también Marcos, en su primer relato). Sin embargo, en los relatos de Mateo y de Marcos, la visión de Jesús no acaba de inmediato con la angustia; al contrario, la hace estallar:

Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. «Es un fantasma», dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar.

Pero Jesús les dijo: «Tranquilícense, soy Yo; no teman». (Mateo 14,26-27)

La presencia de Dios en nuestra vida es discreta, suave; se reconoce con la mirada atenta de la fe. Como llegó a entenderlo el profeta Elías, Dios se hace sentir como brisa suave, que rodea suavemente nuestra vida. Cuesta creer que Dios esté tan cerca y presente de una forma tan tenue. Por eso la necesidad de poner a prueba a Dios, pidiendo más señales:

Pedro le respondió: «Señor, si eres Tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua». (Mateo 14,28)

Tratando de caminar sobre las aguas, Pedro descubre que si nos detenemos en la furia del viento, nos hundimos bajo el peso de nuestras angustias; pero si mantenemos la mirada en el Señor y, de último, gritamos y nos agarramos de su mano, el viento se calma y volvemos a creer.

Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?» (Mateo 14,31)

Esta expresión, que suena como un reproche, hay que leerla desde el Evangelio de Mateo, que suaviza expresiones más duras que encontramos en el evangelio de Marcos (4,40; 8,17) y señala el valor de una fe aún tan pequeña como un grano de mostaza (Mateo 17,20). Aún desde nuestra pequeña fe, podemos percibir la suave brisa que nos trae la presencia de Dios y abrir el corazón a su Presencia.

En esta semana

  • El Sábado 8 y Domingo 9 se realiza en nuestra Diócesis la Colecta para el Hogar Sacerdotal. Agradezco a todos su generosa colaboración.
  • Este domingo, 9 de agosto, es el día de Santa María Francisca Rubatto, virgen y fundadora, la primera santa uruguaya. Nacida en Italia, eligió vivir entre nosotros la etapa final de su vida y ser sepultada, como ella dijo, “cerca de sus pobres”.
  • Lunes 10, recordamos a San Lorenzo, diácono y mártir. Saludamos en este día a todos los diáconos permanentes, agradecidos por su ministerio.
  • Martes 11, Santa Clara de Asís. Fiesta en los monasterios de las Clarisas capuchinas y franciscanas. Fecha especialmente importante en este año jubilar franciscano.
  • Miércoles 12, Santa Juana Francisca de Chantal, co fundadora de las hermanas Salesas. Fiesta en el monasterio de la Visitación, en la ciudad de Progreso.
  • El Viernes 14, recordamos a san Maximiliano Kolbe, presbítero y mártir.
  • El Sábado15, celebramos la solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María.

Gracias, amigas y amigos, por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

7 de agosto: San Cayetano, Presbítero


 

De una carta de San Juan Pablo II al superior general de los Teatinos, 7 de agosto de 1980, en el quinto centenario del nacimiento de San Cayetano.

jueves, 6 de agosto de 2026

Los Obispos del Uruguay invitan a participar activamente del encuentro con el Papa León XIV


CARTA DE LOS OBISPOS DEL URUGUAY CON MOTIVO DE LA VISITA DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV

Montevideo, 5 de agosto de 2026

Queridos hermanos y hermanas: 

Con inmensa alegría en el corazón nos dirigimos a ustedes luego de recibir una de las noticias más esperadas para nuestra Iglesia y nuestra patria, la visita apostólica de Su Santidad, el Papa León XIV, que estará en Montevideo, Florida y Paysandú.  

Esta visita es un acontecimiento histórico y un regalo providencial para nuestro país, que nos llena de un profundo gozo. Recibimos al pastor que viene en nombre del Señor a confirmarnos en la fe y a traer un mensaje de paz y de esperanza a todos los uruguayos y a todos los que habitan en nuestra tierra. 

Los convocamos a cada uno de ustedes —niños, adolescentes, jóvenes, adultos, ancianos, familias, comunidades parroquiales y educativas, movimientos, y personas de buena voluntad— a participar activamente de este gran encuentro donde será importante el trabajo y la colaboración de todos.   

Próximamente les estaremos compartiendo los detalles del itinerario oficial, los lugares de los encuentros masivos y las pautas para las inscripciones. 

Los invitamos a prepararnos sobre todo con el corazón. Que la oración ferviente sea el cimiento que disponga nuestra alma para recibir los frutos espirituales que el paso del Papa dejará en nuestra tierra.

Que María, Virgen de los Treinta y Tres, nos acompañe en este camino y nos ayude a disponer el espíritu para recibir al Santo Padre con los brazos abiertos.

Con nuestra bendición y fraterno afecto en el Señor,
Los obispos del Uruguay

miércoles, 5 de agosto de 2026

Transfiguración del Señor. Palabra de Vida. Transfigurar la vida con el amor de Dios. Mateo 17,1-9.


 

6 de agosto de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.

martes, 4 de agosto de 2026

Palabra de Vida. “¡Señor, socórreme!”. Mateo 15,21-28.


 

Miércoles de la XVIII semana durante el año, 5 de agosto de 2026. Dedicación de la Basílica de Santa María, Roma. Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.

Palabra de Vida. Limpia el alma y el corazón. Mateo 15,1-2.10-14.


 

Martes de la XVIII semana durante el año, 4 de agosto de 2026.
San Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars, patrono de los sacerdotes.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.

lunes, 3 de agosto de 2026

San Juan María Vianney: una ordenación complicada.

Con un obispo que no era el suyo, sin presencia de familiares, compañeros y amigos, tras una marcha a pie de varios días, Juan Bautista María Vianney, el futuro "Santo Cura de Ars", recibió la ordenación sacerdotal, el 13 de agosto de 1815.

Algunas de sus peripecias las cuenta Francis Trochu, en su obra "El Santo Cura de Ars", relato que hemos tomado como base, complementado con algunas notas históricas de la época.

sábado, 1 de agosto de 2026

"Denles de comer ustedes mismos" (Mateo 14,13-21). Domingo XVIII durante el año.

2 de agosto: el perdón de Asís.

Como muchos de ustedes saben, en este año 2026 se cumplen ochocientos años de la muerte —o, como decimos en la tradición cristiana, del tránsito— de san Francisco de Asís: su paso de la vida terrena a la vida junto a Dios. Por ese motivo estamos celebrando un año jubilar que toca, en primer lugar, a la familia franciscana, pero que también alcanza a toda la Iglesia.

En ese marco, no podemos dejar pasar la fecha de hoy, en la que la familia franciscana celebra la fiesta de Santa María de los Ángeles. 

A los veintipocos años, Francisco, hijo de un rico comerciante de telas de la ciudad de Asís, sintió el llamado de Jesús a dejar todo lo que el mundo le ofrecía, para vivir en una pobreza radical y dedicarse al anuncio del Evangelio como predicador itinerante. En esos tiempos iniciales, los benedictinos le cedieron un pequeño terreno, que pasó a ser conocido como “la Porciúncula”, palabra que significa, precisamente, una pequeña porción de tierra. Allí había una iglesita muy deteriorada, que Francisco restauró y que llegó a ser la Iglesia Madre de la Orden Franciscana. Un 2 de agosto, aquella humilde iglesia fue dedicada a Santa María de los Ángeles.

En la Porciúncula Francisco recibió a sus primeros seguidores y fundó con ellos la Orden de los Hermanos Menores. En la pequeña iglesia entregó el hábito a Santa Clara, fundando la Orden de las “Damas Pobres”, las Clarisas. Allí se celebraron los primeros capítulos, reuniones de todos los frailes de la Orden y desde allí salieron los franciscanos en misión hacia todos los lugares de la tierra. 

En la Porciúncula, según la tradición, Cristo se apareció a Francisco y le concedió, por intercesión de María, la extraordinaria indulgencia del Perdón de Asís: un privilegio especial que fue reconocido por el papa Honorio III y que quedó unido para siempre a la fecha del 2 de agosto.

Finalmente, muy cerca de la pequeña Iglesia, donde hoy se levanta la capilla del tránsito, Francisco recibió, cantando, a la “hermana muerte corporal”, en la noche del 3 al 4 de octubre de 1226.

Mucho más tarde, en los siglos XVI y XVII se construyó en la Porciúncula la actual basílica Santa María de los Ángeles, dentro de la que quedó albergada la pequeña iglesia.

El 2 de agosto, día del “perdón de Asís”, es posible recibir la indulgencia plenaria, visitando una iglesia franciscana y cumpliendo las condiciones habituales: confesión, comunión y oración por el Santo Padre. En este año jubilar, esta fecha adquiere particular relieve. En nuestra diócesis tenemos una parroquia y un monasterio dedicados a Santa María de los Ángeles; la parroquia, en Ciudad de la Costa y el monasterio de las Clarisas Capuchinas en paraje Echevarría, cerca de Canelones. En esos lugares, así como en otros sitios vinculados a San Francisco y a los santos y santas de la Orden, es posible recibir, durante todo el año jubilar, la indulgencia plenaria.

Domingo XVIII - Denles de comer

Pasemos ahora al Evangelio. En los domingos anteriores veníamos escuchando una sección de parábolas con las que Jesús anuncia el Reino de Dios. Siguiendo la forma en que Mateo organiza su evangelio, después de la enseñanza viene una sección narrativa, donde a la Palabra sigue la acción, acción por la que el Reino se hace visible. 

El evangelio de hoy comienza diciéndonos que Jesús sentía necesidad de alejarse y estar a solas. Esto sucede inmediatamente después de que el rey Herodes mandara matar a Juan el Bautista. No sabemos exactamente qué pasaba por el corazón de Jesús, pero sin duda la muerte de Juan lo había afectado hondamente. Por eso buscaba la soledad, ese lugar de sus más profundos encuentros con el Padre. Sin embargo, su intento de tomar distancia se verá interrumpido:

Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie. Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, sanó a los enfermos. (Mateo 14,13-14)

La compasión que siente Jesús es ese movimiento imparable de atención al prójimo que nos impide encerrarnos en nosotros mismos y nos impulsa a ir hacia el otro, dispuestos a auxiliarlo compartiendo los bienes que tenemos. La actitud compasiva de Jesús toca también a sus discípulos, que parecen asustados ante la idea de tener que hacerse cargo de tantas personas hambrientas y desearían despedirlas:

Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: «Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos». (Mateo 14,15)

Pero Jesús quiere hacer realidad la promesa de Dios que escuchamos en la primera lectura, por boca del profeta Isaías:

¡Vengan a tomar agua, todos los sedientos,
y el que no tenga dinero, venga también!
Coman gratuitamente su ración de trigo,
y sin pagar, tomen vino y leche. (Isaías 55,1)

No se trata de comprar. Se trata de compartir. Y es así que Jesús dice a sus discípulos:

«No es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos». (Mateo 14,16)

Los discípulos señalan que sus recursos son completamente insuficientes: “cinco panes y dos pescados”; pero Jesús les pide que los pongan en sus manos. A continuación, realiza un gesto que anticipa el sacramento de la Eucaristía:

"... después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud." (Mateo 14,19)

El milagro consiste en que unos pocos panes, compartidos fraternalmente y confiados al poder de Dios, no solo alcanzan para todos, sino que incluso sobran, hasta llenar doce canastos.

El pan nuestro de cada día, el alimento que cada persona necesita para saciar su hambre y continuar caminando en esta vida, no debería faltarle a nadie. Jesús sigue diciéndonos hoy, como discípulos suyos, “denles de comer ustedes mismos”, haciendo nuestro su sentimiento de compasión por el hermano que sufre.

A la vez, el pan cotidiano es también el signo bajo el cual Jesús quiso quedarse presente en el Sacramento de la Eucaristía, donde él mismo se ofrece como “pan vivo bajado del Cielo”. Es también ese pan, alimento verdadero, pan de vida eterna, el que cada persona que viene a este mundo está llamada a recibir. A quienes creemos en Jesucristo nos toca transmitir a todos la invitación del Señor a participar, desde ahora, en el Banquete del Reino: “Dichosos los invitados a la cena del Señor”.

En esta semana:

  • Martes 4: San Juan María Vianney, el santo Cura de Ars, patrono de los sacerdotes.
  • Miércoles 5: reunión de la Conferencia Episcopal del Uruguay. Los obispos estamos preparando nuestra visita Ad Limina, es decir la visita a la Santa Sede, que haremos en septiembre y la visita del Papa León XIV a quien recibiremos en noviembre.
  • Jueves 6: Fiesta de la Transfiguración del Señor. En ese día, celebración del Santo Cura de Ars en el Seminario Interdiocesano.
  • Viernes 7: San Cayetano, presbítero, cuya intercesión es tantas veces invocada pidiendo pan y trabajo. Patrono de la capilla de Cella.
  • Sábado 8: Santo Domingo, fundador de la Orden de los Predicadores, los frailes dominicos.

Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

Palabra de Vida. Encontrar la presencia del Amor en el dolor. Mateo 14,1-12.


 

Sábado de la XVII semana durante el año, 1 de agosto de 2026.
S. Alfonso María de Ligorio. 
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.

viernes, 31 de julio de 2026

Palabra de Vida. Creer en la acción de Dios. Mateo 13,54-58.


 

Viernes de la XVII semana durante el año, 31 de julio de 2026.
San Ignacio de Loyola, presbítero. 
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.

miércoles, 29 de julio de 2026

Palabra de Vida. Convertirse en un vaso nuevo. Jeremías 18,1-6.


 

Jueves de la XVII semana durante el año, 30 de julio de 2026. 
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.

martes, 28 de julio de 2026

29 de julio: Santos Marta, María y Lázaro.


 

Palabra de Vida. Si nos amamos, Dios está entre nosotros. 1 Juan 4,7-16 
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar provecho de ellas.

domingo, 26 de julio de 2026

jueves, 23 de julio de 2026

UN TESORO ESCONDIDO. (Mateo 13,44-52). Domingo XVII durante el año.

Este domingo la Iglesia celebra la VI jornada mundial de los abuelos y de las personas mayores, coincidiendo con la memoria de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen María. Por ese motivo, el Papa León XIV ha entregado un mensaje que tiene como título 

“Yo no te olvidaré” (Isaías 49,15), 

una promesa de Dios que nos transmite el profeta Isaías. Esta celebración, dice el Papa, 

“es una oportunidad para redescubrir que la Iglesia está llamada a ser madre de todos y que en cualquier edad es posible descubrirse siempre como hijos e hijas de Dios.”

El evangelio de hoy nos presenta el Reino de Dios como una realidad a descubrir. En esta Jornada de los mayores, esa imagen adquiere una resonancia particular: también la ancianidad puede ser un campo donde Dios esconde un tesoro, una etapa en la que la memoria, la fe y la esperanza revelan de nuevo la cercanía del Reino. 

Pero ese descubrimiento puede llegar para cada persona en cualquier etapa de la vida y bajo muy distintas circunstancias. El camino por el que alguien llega a Dios es el de su propia vida, el de su experiencia personal… y eso hace que ese camino sea único, aunque lleguemos a compartir con otros la misma fe.

«El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.» (Mateo 13,44)

La persona que encontró el tesoro escondido no lo estaba buscando: simplemente, apareció allí, inesperadamente, como por azar. No era del todo raro que algo así sucediera, aunque no fuera frecuente. Más de una vez los arqueólogos han encontrado los llamados “tesorillos”: monedas metidas dentro de una vasija y enterradas en un lugar seguro, a salvo de ladrones y saqueadores. Seguramente recordamos la expresión de san Pablo: 

“llevamos este tesoro en vasijas de barro” (2 Corintios 4,7), 

entendiendo por el vaso de barro la imagen de nuestra naturaleza humana en su fragilidad… pero la comparación está tomada de esa práctica de guardar en recipientes de barro el tesoro de la casa.

En todo caso, quien ha encontrado el tesoro en el campo se ha dado cuenta del valor de lo que acaba de descubrir por accidente. También comprende que ese hallazgo no es mera coincidencia; en cierta forma, estaba destinado para él. 

Aquí el hombre podría haber hecho algo muy sencillo para quedarse con su hallazgo: volver en un momento en que estuviera seguro de no ser visto, sacarlo del lugar escondido y llevárselo. Pero el tesoro está en un campo; está envuelto en una realidad más grande que el tesoro mismo. 

Es así como el hombre decide comprar el campo, para lo cual vende todo lo que tiene. De ese modo, tomará legítima posesión del tesoro. Si el tesoro es el Reino ¿Qué es, entonces, el campo? Es un espacio que se hace valioso en la medida que contiene el tesoro, de modo que campo y tesoro se hacen inseparables. El campo puede ser la propia experiencia vital… o puede ser la comunidad cristiana, la Iglesia… en fin, el campo es el lugar donde Jesucristo, el tesoro, se nos hace presente.

«El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.» (Mateo 13,45-46)

Aquí nos encontramos con una historia diferente. Si el hombre del tesoro lo encontró por accidente, aquí, en cambio, estamos ante alguien que conoce y que busca. Se dedica a ello, en el mercado de las perlas. Es un negociante: compra perlas finas y las vende; evidentemente, para obtener una ganancia... pero esta perla de gran valor es de una calidad excepcional. Ya no se trata de seguir el ciclo: comprar, vender y ganar. Esta perla vale más que cualquier otra y por ella vale la pena desprenderse de todo lo que se tiene, para poder adquirirla y no desprenderse de ella.

«El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve.» (Mateo 13,47-48)

Esta última parábola tiene su explicación, que es la referencia al juicio de Dios, concluyendo de esta manera: 

«Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el fuego ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.» (Mateo 13,49-50)

Dicho esto, la parábola en sí tiene algo en común con las anteriores: discernimiento y renuncia. Discernimiento para ver lo que realmente vale; renuncia para desapegarse de lo que no sirve. Muchas veces, en el Evangelio, Jesús nos habla de renunciar: no solo a los propios bienes (Lucas 14,33), sino incluso a la propia vida (Marcos 8,35 – Mateo 16,25). Pero no se trata de hacerlo porque sí. Esa renuncia tiene sentido si es el resultado de una elección, de una opción por Jesús y por su Reino, por la plenitud de vida que encontramos allí.

Poco importa la forma en que hemos descubierto el tesoro del Evangelio. Ese tesoro será el fundamento de nuestra felicidad auténtica si tenemos el valor de “pagar el precio”, deshaciéndonos de todo lo que en nuestra vida sea incompatible con el seguimiento de Jesús. Ya seamos como el agricultor, el mercader o el pescador, necesitaremos poder apreciar y reconocer el valor de lo que hemos llegado a descubrir, a encontrar o a sacar con la red, con respecto a lo que hasta ahora hemos considerado valioso.

Para poder discernir correctamente, vayamos a la primera lectura y hagamos nuestra la oración de Salomón, pidiendo la sabiduría, a lo que Dios responde:

«… has pedido el discernimiento necesario para juzgar con rectitud; yo voy a obrar conforme a lo que dices: Te doy un corazón sabio y prudente…» (1 Reyes 3,11-12)

Pidamos, entonces, un corazón atento y decidido, que en cada etapa de la vida sea capaz de reconocer el tesoro cuando Dios lo pone en nuestro camino, de elegirlo con alegría y de llevarlo a nuestro actuar, sin demora. 

Que la Gracia de Dios nos anime a vivir con sabiduría y esperanza, para que nuestra vida —en cualquier edad y circunstancia— anuncie la alegría de haber encontrado en Cristo el verdadero tesoro.

En esta semana

  • El miércoles 29 recordamos a los santos hermanos Marta, María y Lázaro, los amigos de Jesús que lo recibían en Betania.
  • El jueves 30, San Pedro Crisólogo, obispo y doctor de la Iglesia.
  • El viernes 31, San Ignacio de Loyola, maestro de discernimiento.
  • Sábado 1 de agosto, San Alfonso María de Ligorio, obispo y doctor de la Iglesia, fundador de la congregación redentorista.
  • El próximo domingo, 2 de agosto, es la fiesta patronal de la parroquia Santa María de los Ángeles, ocasión para recibir indulgencia plenaria, en el marco del Jubileo Franciscano.

Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

lunes, 20 de julio de 2026

Palabra de Vida. “Tú arrojarás en lo más profundo del mar todos nuestros pecados” (Miqueas 7,14-15.18-20)


Martes de la XVI semana durante el año 21 de julio de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar algún provecho de ellas.

Reconocer los signos de Dios. Mateo 12,38-42


 

Una breve reflexión sobre el Evangelio de hoy, 20 de julio de 2026, lunes de la XVI semana durante el año.

sábado, 18 de julio de 2026

Yo no te olvidaré (Isaías 49,15). VI Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores.


Yo no te olvidaré (Is 49,15)

MENSAJE DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
PARA LA VI JORNADA MUNDIAL DE LOS ABUELOS Y DE LAS PERSONAS MAYORES
[Fiesta de los Santos Joaquín y Ana, 26 de julio de 2026]


Queridos hermanos y hermanas:

Por boca del profeta Isaías el Señor promete que no se olvidará nunca de ninguno de nosotros. Nos asegura que nuestros rostros los lleva tatuados en las palmas de sus manos (cf. Is 49,16) y que su amor es más grande que el de una madre por su hijo (cf. Is 49,15). El profeta nos permite entrever un diálogo íntimo y personal en el que Dios se dirige a cada uno y al pueblo tratándole de “tú”. También hoy podemos leer estas palabras dirigidas a nosotros y cada uno puede escuchar ese “nunca te olvidaré” como referido a sí mismo.

Son palabras que nos llenan de consuelo y de confianza. Son la respuesta a un angustioso sentimiento que agita el corazón: 
«Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado» (Is 49,14). 
¡Cuántas veces en la Sagrada Escritura, en particular en los salmos, la oración nace de la desorientación de quien tiene la impresión de que la propia vida no le interesa a nadie y se desprecia a uno mismo! La dolorosa sensación de ser olvidados, desafortunadamente, es común en muchas personas, especialmente entre los mayores.

Sin embargo, el amor de Dios, que no olvida a ninguno, se presenta como acto de justicia y respuesta al anonimato, en el cual muy frecuentemente la vida humana acaba por perderse. En particular, sobre la vida de muchos mayores parece haberse extendido un velo que difumina los rasgos de los rostros y los cubre con el olvido. Es lo que sucede en las casas donde reina la soledad y también en aquellos lugares de hospitalización donde la singularidad de cada persona corre el riesgo de ser reducida al número de su cama o a su patología.

La celebración de la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores es una oportunidad para redescubrir que la Iglesia está llamada a ser madre de todos y que en cualquier edad es posible descubrirse siempre como hijos e hijas de Dios. Que esta Jornada sea, por lo tanto, un estímulo para todos, en particular para los más jóvenes, y así retomar la bella costumbre de visitar a los propios abuelos, los mayores de la familia y también a aquellos que no reciben ninguna visita. Llévenles, junto con este mensaje y su presencia, la cercanía y el afecto del Papa. Háganlo de tal modo que las palabras del profeta “Yo nunca te olvidaré” adquieran la forma de un tierno y afectuoso encuentro. 
«En una época que tiende a acelerar y a fragmentar, la carne humana sigue pidiendo ser cuidada y reconocida por manos capaces de ternura, por mentes atentas y buenas palabras. La cultura digital multiplica las conexiones y ofrece nuevas posibilidades de encuentro; sin embargo, el corazón humano conserva una necesidad irrenunciable de proximidad» (Carta enc. Magnifica humanitas, 239).

La Iglesia conoce el sufrimiento de sus hijos más mayores, sabe bien que muchas veces se les mira con prejuicios y se les considera un peso; es sabedora de que una economía concentrada sobre el beneficio debilita las relaciones familiares; sabe que muchos ancianos son abandonados por los hijos que se ven obligados a migrar o, en algunos casos, a combatir en la guerra. Por cada uno de estos motivos, se alegra de anunciar la promesa del Señor: “Yo nunca te olvidaré”.

Es agradable descubrir a cualquier edad, pero especialmente cuando no se es ya joven, como dijo el beato Juan Pablo I, que somos destinatarios 
«de parte de Dios de un amor atemporal. Sabemos: tiene siempre abiertos los ojos sobre nosotros, incluso cuando parece que sea de noche. Es padre; más aún, es madre» (Ángelus, 10 septiembre 1978). 
Aunque no sea espontáneo pensar así, la verdad es que ni siquiera cuando somo mayores dejamos de ser hijos e hijas, y por eso sigue siendo válida cada día la invitación a volver a los brazos de Dios, cuyo amor es paternal y maternal a la vez.

El descubrimiento de la ternura de Dios, para muchos, sucede en el transcurso de la existencia, muchas veces propiamente en el último tramo de la vida. De hecho, cada vez más frecuentemente, a diferencia de lo que ocurría en el pasado, es posible hacerse mayores sin haber tenido una experiencia real de fe. La edad avanzada, en este caso, a partir de las preguntas que nos hacemos con más urgencia en esta etapa de la vida, puede convertirse en el tiempo oportuno para iniciar o retomar una vida espiritual. En este nuevo camino se puede reconocer que Dios, como dice san Agustín, 
«es madre porque da calor, porque nutre, porque amamanta, porque custodia» (Comentario al Salmo 26, II, 18). 
Es una conciencia que ayuda a no sentir vergüenza por la fragilidad que aparece y también a comprender que todos, siempre, tenemos necesidad los unos de los otros y requerimos atención y cuidados. A Dios, que se hace prójimo y al que aprendemos a reconocer en su ternura, podemos dirigirnos ahora con filial confianza en la oración. Nunca es demasiado tarde para comenzar a dirigirse a Él. Puede ser un gran don para todos.

Queridos mayores, el Papa Francisco hablaba de ustedes como de un “nuevo pueblo” (Catequesis, 23 febrero 2022), en tanto que el número de personas avanzadas en edad nunca había sido así de elevado en la historia humana. Es cuanto más importante, pues, con ustedes, “nuevo pueblo”, reflexionar sobre cuál puede ser nuestra vocación cuando la fragilidad, que acompaña al hombre desde su nacimiento, parece tomar el control. Quiero decirles: ¡no tengan miedo de la fragilidad! Propiamente esta debilidad lleva consigo una nueva potencialidad que ilumina también las demás edades de la vida. De hecho, cuando es aceptada y reconocida, la fragilidad 
«abre el corazón a la ayuda mutua y a la invocación de Aquel que puede dar lo que ningún poder humano es capaz de garantizar: la reconciliación profunda de los corazones y con ello la paz verdadera» (Encuentro con la comunidad argelina, Basílica de Nuestra Señora de África, Argel, 13 abril 2026).
De esta forma podemos vivir como cristianos el tiempo de la ancianidad: “frágiles”, pero al mismo tiempo “llamados”. Un hombre y una mujer pueden renacer cuando son mayores (cf. Jn 3,4-6) y exclamar con el profeta: 
«Su salvación está en convertirse y en tener calma, su fuerza está en confiar y estar tranquilos» (Is 30,15). 
Una fuerza que puede convertirse en una invitación a no recurrir a los caminos de la arrogancia y del poder para garantizar la convivencia humana, sino a los caminos de la reconciliación y de la paz verdadera. En este tiempo, marcado de una manera tan fuerte por la violencia bélica y social, muchos se interrogan acerca de cómo será el mundo en el cual crecerán los propios nietos. Les exhorto, queridos hermanos, a unirse a mí en la oración constante para que llegue pronto la paz al mundo entero.

Hermanas y hermanos mayores: les agradezco porque me sostienen cada día con sus oraciones, especialmente cuando recitan el santo rosario. Se lo agradezco de corazón y les dejo este deseo: que el Señor les renueve siempre en la fe, en la esperanza y en la caridad, ¡Él, que nunca se olvida de nosotros!

Vaticano, 15 de junio de 2026
LEÓN PP. XIV

jueves, 16 de julio de 2026

Dios todopoderoso, todopoderoso Amor: el trigo y la cizaña (Mateo 13,24-43). Domingo XVI durante el año.

“El reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla”. (Mateo 13,24-43)

“Dios todopoderoso”… así es invocado Dios en muchas de las oraciones que rezamos, incluso en la liturgia de la Misa. En la primera lectura de este domingo, del libro de la Sabiduría, tres veces se menciona la fuerza de Dios. Dice el texto: “tu fuerza es el principio de tu justicia”; “Tú muestras tu fuerza cuando alguien no cree en la plenitud de tu poder”; “eres dueño absoluto de tu fuerza”.

Por otra parte, Dios es invocado también como “misericordioso”. Más aún, san Juan nos dice “Dios es amor” (1 Juan 4,8), bellísima definición que el papa Benedicto XVI tomó como título para su primera encíclica.

¿Cómo se conjuga el todopoderoso con el misericordioso? La respuesta la encontramos en el conjunto de la Palabra de Dios. Dios se va revelando poco a poco a lo largo del relato bíblico. Sin embargo, esta lectura del libro de la Sabiduría nos muestra una forma de unir la fuerza a la misericordia. Veamos:

“… tu dominio sobre todas las cosas te hace indulgente con todos.”
“… como eres dueño absoluto de tu fuerza, juzgas con serenidad y nos gobiernas con gran indulgencia…” (Sabiduría 12,16.18)

Pocas veces, muy excepcionalmente, podríamos decir algo así del poder de los hombres.

Al contrario, Jesús nos recuerda que

los jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad. (Mateo 20,25)

Los hombres de este mundo se imponen reprimiendo y humillando a los más débiles; pero el recurso a la fuerza y al miedo pone en evidencia la fragilidad de ese poder, aparentemente tan grande.

Este pasaje de la Sabiduría nos lleva a descubrir que la bondad y la misericordia de Dios están a la medida de su poder. La omnipotencia de Dios es la omnipotencia del amor. Por eso, nos dice: “él cuida de todos”, él es “indulgente con todos”:

“… colmaste a tus hijos de una feliz esperanza,
porque, después del pecado, das lugar al arrepentimiento”. (Sabiduría 12,19)

Todo poder que los hombres adquieren por la fuerza y la violencia, permanece frágil y está permanentemente amenazado. Al contrario, el Dios todopoderoso muestra su ternura, su misericordia, su indulgencia y su paciencia. Al que ha pecado, le da la posibilidad del arrepentimiento y la conversión. Todo esto nos prepara para comprender mejor el sentido del evangelio de hoy que, junto a otras parábolas del Reino de Dios, nos presenta la del trigo y la cizaña.

Recordemos el argumento: un hombre sembró buena semilla en su campo; pero en la noche su enemigo sembró cizaña. Al crecer el sembrado, la maleza apareció junto al trigo. Los peones fueron a ver al dueño del campo y le propusieron arrancar inmediatamente la  cizaña. El dueño, en cambio, les indicó esperar hasta el momento de la cosecha, cuando sería posible distinguir sin equivocarse el uno de la otra. 

Los discípulos piden a Jesús que explique la parábola y él les responde:

«El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno, y el enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles.
Así como se arranca la cizaña y se la quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal, y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre.» (Mateo 13,37-43)

Esta enseñanza de Jesús puede ser tomada como una poética explicación sobre el origen del mal en el mundo. También puede hacerse una lectura en blanco-negro, como si cada persona fuera desde el principio buena o mala y así permaneciera a lo largo de la vida.

Sin embargo, pensemos en la parábola del sembrador, que escuchamos el domingo pasado. La Palabra de Dios es constantemente sembrada en nuestro corazón. El tipo de terreno es la disposición que ponemos para recibirla y la parábola una invitación a que busquemos ser, cada día más, la tierra buena. La parábola del trigo y la cizaña evoca dos maneras de conducirse en el mundo: como hijos del Reino o como hijos del maligno.

Más que preocuparnos por arrancar la cizaña, es decir, por cortar la presencia del mal en nuestro mundo, estamos llamados por Jesús a asumir esa mezcla permanente del bien y el mal que está incluso en cada uno de nosotros. La erradicación del mal es una prerrogativa de Dios, el dueño de la cosecha. Nuestra tarea es hacer el bien. En eso nos dan luz las otras dos parábolas de este evangelio: la pequeña semilla de mostaza capaz de convertirse en un árbol que da abrigo y refugio; la escasa porción de levadura que, sin embargo, transforma toda la masa.

Aún en este mundo donde los poderosos ni siquiera esconden sus malas acciones sino que se jactan impunemente de ellas, estamos llamados a seguir anunciando a un Dios de misericordia que da lugar al arrepentimiento, creyendo siempre en la posibilidad de la conversión. Al mismo tiempo, sabemos que nosotros no podemos abusar de la bondad de Dios, dejándonos llevar por las tentaciones.

Nuestra misión en el mundo es imitar la bondad de Dios, sirviendo cada día a su plan de Salvación para la humanidad. Lo haremos manifestando ternura, indulgencia, misericordia y paciencia. Porque eso es lo que hace Dios por cada uno de nosotros. Él nos ama y nos perdona para que podamos estar en el corazón del mundo, como verdaderos testigos de su Omnipotencia, que es la Omnipotencia del Amor.

P. Rodolfo Bonci, SCJ. Descanse en paz.

El sábado pasado, 11 de julio, falleció en Italia el sacerdote dehoniano Rodolfo Bonci scj, que estuvo varios años en nuestra Diócesis, en la parroquia Santa Rosa de Lima, en El Pinar, donde se le recuerda con cariño. Descanse en paz.

En esta semana

  • Lunes 20: en Uruguay, Argentina, Brasil, Chile y España se celebra hoy el “Día del amigo”. Un día para saluda a esos hermanos y hermanas que la vida nos trajo.
  • Miércoles 22, Santa María Magdalena, apóstol de los apóstoles.
  • Viernes 24, Beata Berenice Duque, fundadora de las Hermanitas de la Anunciación.
  • Sábado 25, Santiago apóstol o Santiago el Mayor, hijo de Zebedeo, hermano de San Juan.
  • En ese día haremos la celebración (anticipada) del aniversario de la declaración de UNESCO que reconoce a la Iglesia Cristo Obrero y Nuestra Señora de Lourdes de Estación Atlántida como patrimonio de la Humanidad.

VI Jornada de abuelos y mayores

Domingo 26: sexta jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores. El lema elegido por el Papa León XIV es "Nunca te olvidaré" (inspirado en Isaías 49,15). Esta jornada se celebra en el domingo más próximo a la memoria de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen María, que este año es, precisamente, el domingo 26 de julio.

El papa León visitará Uruguay en noviembre

Y hablando del papa León, va creciendo la expectativa por su visita a Uruguay anunciada para el mes de noviembre, todavía sin un programa preciso. Esperamos que esto se conozca próximamente; mientras tanto, preparémonos con la oración para vivir el encuentro con quien viene a anunciarnos una gran alegría y a confirmarnos en la fe. 

Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

Nuestra Señora del Carmen. Construir familia. Mateo 12,46-50.


 

Palabra de Vida. 
Jueves 16 de julio de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar algún provecho de ellas.

miércoles, 15 de julio de 2026

Palabra de Vida. “Las has revelado a los pequeños” (Mateo 11,25-27).


 

15 de julio de 2026, miércoles de la XV semana durante el año.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar algún provecho de ellas.

martes, 14 de julio de 2026

Palabra de Vida. CONVERTIRSE Y CREER. Mateo 11,20-24.


 

14 de julio de 2026, martes de la XV semana durante el año.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar algún provecho de ellas.

viernes, 10 de julio de 2026

La creación espera la semilla (Mateo 13,1-23). Domingo XV durante el año.

“La creación espera ansiosamente”… “la creación será liberada”… “la creación entera gime y sufre dolores de parto”… Tres veces menciona san Pablo, en la segunda lectura de este domingo a la creación, la creación entera, es decir, todo el universo, desde el planeta que habitamos hasta los más remotos confines. (cf. Romanos 8,18-23)

Decir “creación” hace inmediata referencia al Creador de todo lo que existe. Nos lleva a las primeras páginas del Génesis, donde, con lenguaje poético, se describe el proceso creador, por el que Dios fue desplegando espacios y ornamentándolos con materia inerte y seres vivientes, en armónica convivencia… Sin embargo, aquel orden fue roto. Pablo habla de una creación “sujeta a la vanidad”, es decir, sometida al vacío, al sinsentido; caída en “la esclavitud de la corrupción”; finalmente, gimiendo… pero en dolores de parto, dando a entender que de ella surgirá una nueva realidad… y allí recogemos las palabras que Pablo ha ido lanzando, como semillas: gloria, revelación, esperanza, libertad, redención… anuncios de un mundo nuevo, “cielos nuevos y tierra nueva” (Apocalipsis 21,1).

Podemos decir que esa creación que san Pablo nos describe en esos términos dramáticos, está en espera de la semilla que Dios va a plantar en ella. Más aún, la forma en que san Pablo describe el momento que vive la creación, puede perfectamente aplicarse al corazón de cada uno de nosotros, en la medida en que también estamos en expectativa, necesitados de redención, de libertad, de ser salvados de la nada y del sinsentido.

Como respuesta a esos anhelos, Dios envía la semilla. Esa semilla es su Palabra. La Palabra de Dios no es, en primer lugar, el conjunto de enseñanzas que encontramos en la Biblia. La Palabra de Dios es la Palabra eterna del Padre, es Jesucristo; el Verbo hecho carne, que se hace uno de nosotros y se une así a todas las criaturas.

Escuchemos la primera lectura, del profeta Isaías.
Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo
y no vuelven a él sin haber empapado la tierra,
sin haberla fecundado y hecho germinar,
para que dé la semilla al sembrador
y el pan al que come,
así sucede con la palabra que sale de mi boca:
ella no vuelve a mí estéril,
sino que realiza todo lo que Yo quiero
y cumple la misión que Yo le encomendé.
(Isaías 55,10-11)

Todo queda claro en el texto, si en lugar de “la palabra que sale de mi boca”, ponemos “mi Hijo”. ¿De quién más podría decir el Padre que “realiza todo lo que Yo quiero y cumple la misión que Yo le encomendé” (Isaías 55,11)?

A continuación el salmo canta la acción providente de Dios que hace que el trabajo humano produzca fruto. Podemos leerlo como lo haría el trabajador agradecido al ver que, tras la visita de Dios:

Las praderas se cubren de rebaños
y los valles se revisten de trigo 
todos ellos aclaman y cantan.
(Salmo 64,14)

Pero podemos hacer una lectura aún más profunda de este texto, porque Dios visita el corazón humano para regarlo con su Gracia, de modo que dé frutos.

Desde esta perspectiva, la parábola del sembrador, el evangelio de hoy, nos pone ante un problema… la Palabra es sembrada generosamente, pero los lugares donde cae la semilla no responden de la misma manera.

«El sembrador salió a sembrar. Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron. Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron. Otras cayeron entre espinas, y éstas, al crecer, las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta. ¡El que tenga oídos, que oiga!» (Mateo 13,3-9)

Si la primera lectura nos invitaba a reconocer en la palabra que sale de la boca de Dios al mismo Jesús, palabra eterna del Padre, esta parábola nos invita a ver también a Jesús en ese sembrador, que ha sido 

“el primero y el más grande evangelizador. (…) hasta el final, hasta la perfección, hasta el sacrificio de su existencia terrena.” (Evangelii Nuntiandi, 7)

como nos lo recuerda san Pablo VI. El sembrador esparce la semilla sabiendo que no se puede esperar nada si no se es capaz de arriesgar mucho y el Hijo de Dios lo hace hasta entregarlo todo. Cristo es el sembrador, pero es, a la vez, la semilla, la palabra del Dios viviente. 

Recibiendo la semilla, recibiendo la Palabra, recibiendo a Jesucristo, nuestro barro humano es fecundado para que surja en él y en toda la creación la vida nueva de Dios. Sin Cristo, el universo entero sufre las consecuencias del rechazo humano a adherirse libremente al plan de salvación. Es que no solo somos responsables de nosotros mismos, sino también de las otras criaturas de este universo mundo que su Creador nos ha confiado.

Para esperanza de nuestra humanidad y esperanza de la creación gimiente, Cristo siembra la semilla de vida nueva e inmortal en nuestros corazones. Es un germen de salvación capaz de llevar la creación a su destino de glorificar a Dios, como esos rebaños y trigales de los que habla el salmo, “que aclaman y cantan”.

Finalmente, no es posible olvidar que el terreno donde se siembra sigue siendo cada uno de nosotros. ¿Cómo recibimos la Palabra? ¿Con qué disposición? ¿Qué hay en nuestro terreno: el camino, las piedras, las espinas…? Quiera Dios que sea la tierra buena.

Felices, los ojos de ustedes, porque ven; 
felices sus oídos, porque oyen. (Mateo 13,16)

Que podamos un día, como los discípulos, escuchar del Señor esa misma bienaventuranza.

En esta semana:

  • El lunes 13 se cumplen 40 años de la ordenación episcopal de Mons. Orlando Romero. Oremos por nuestro Obispo emérito, que reside en el Hogar Sacerdotal, en Montevideo.
  • También ese día es el aniversario de la dedicación de la Catedral de Canelones, celebrada en 2003.
  • El miércoles 15: memoria de San Buenaventura, obispo y doctor de la Iglesia, gran santo franciscano.
  • Jueves 16: Nuestra Señora del Carmen, una muy querida advocación, que está en el origen de la orden carmelitana. Es patrona de las parroquias de Migues y Toledo.
  • Sábado 18, aniversario de la Jura de la Constitución del Uruguay, con la que nuestro país comenzó su vida institucional.

Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.