jueves, 21 de mayo de 2026

Inteligencia Artificial y Evangelización: mensaje del 38° Encuentro de Diócesis de Frontera, Salto, 2026.


XXXVIII Encuentro de Diócesis de Frontera 18, 19 y 20 de mayo de 2026 – Salto – URUGUAY

Tema: “Los vecinos se encuentran para discernir juntos los avances de la inteligencia artificial y su impacto en la acción evangelizadora”

“Disciernan todo y quédense con lo bueno” (1 Tes 5,21)

MENSAJE

Reunidos como Iglesias hermanas de frontera en Salto, Uruguay, damos gracias a Dios por este encuentro que nos permite reconocernos como vecinos, discípulos y misioneros llamados a caminar juntos. En un clima de oración, escucha y diálogo, compartimos la vida de nuestras comunidades y renovamos el compromiso de anunciar el Evangelio en medio de nuestros pueblos.

En continuidad con el camino recorrido, reconocemos que las fronteras se vuelven espacio de comunión, donde se revela nuestra identidad más profunda: ser una sola familia en Cristo, convocada por el Padre y animada por el Espíritu para la misión.

En este tiempo de transformaciones aceleradas, constatamos que la Inteligencia Artificial (IA) configura un nuevo umbral cultural que impacta profundamente nuestras formas de vivir, comunicarnos y relacionarnos. Junto a sus posibilidades -acceso al conocimiento, herramientas para la educación y la evangelización- emergen también riesgos: deshumanización de los vínculos, manipulación de la información, pérdida de interioridad y reducción de la vida a lo funcional.

Percibimos también el riesgo de un progresivo “entumecimiento” de capacidades profundamente humanas, especialmente en las nuevas generaciones: la dificultad para sostener la atención, la pérdida del sentido de orientación, el debilitamiento de la autoconciencia, de la reflexión crítica y de los vínculos reales. Frente a ello, sentimos que la Iglesia está llamada a no responder desde el miedo o el rechazo, sino a discernir este tiempo como un verdadero signo de los tiempos, aportando la riqueza de su tradición humanizadora y evangelizadora.

Ante este escenario, nos sentimos llamados a un discernimiento comunitario, iluminado por la Palabra y guiado por el Espíritu, que nos permita acoger lo bueno y orientar estos avances al servicio de la dignidad humana y el bien común. En este discernimiento, hacemos nuestras las palabras del Papa León XIV, quien recuerda que “el desafío no es tecnológico sino antropológico”, invitándonos a custodiar “los rostros y las voces humanas”, para que toda innovación permanezca verdaderamente al servicio de la persona y del encuentro auténtico.

Reafirmamos que ninguna tecnología puede sustituir a Jesucristo ni el encuentro personal que funda la verdadera comunión. Como discípulos misioneros, sostenemos que el Reino de Dios sigue siendo el horizonte y contenido de toda evangelización, también en el ámbito digital. Por ello, asumimos la urgencia de humanizar estos espacios, promoviendo una cultura del encuentro que fortalezca los vínculos, despierte el pensamiento crítico y haga visible la ternura de Dios, especialmente hacia los más vulnerables.

Este desafío nos impulsa a una conversión pastoral que integre críticamente la dimensión tecnológica, formando comunidades capaces de habitar el mundo digital con criterio evangélico, sensibilidad humana y espíritu misionero.

Renovamos nuestro compromiso de discernir comunitariamente el uso de la inteligencia artificial, promover una formación integral, fomentar una cultura del encuentro en lo digital, acompañar a los más vulnerables y fortalecer la comunión entre nuestras diócesis.

Confiamos en que el Señor Resucitado camina con nosotros, ilumina nuestro discernimiento y enciende nuestros corazones. Agradecidos por este encuentro, encomendamos nuestros pueblos a María, para que nos enseñe a vivir con sabiduría este tiempo y a ser discípulos misioneros que anuncian con alegría el Evangelio.

Argentina: Diócesis de Concordia, Corrientes, Formosa, Gualeguaychú y Santo Tomé.
Brasil: Diócesis de Bagé, Río Grande, Santo Ángelo y Uruguaiana.
Paraguay: Diócesis de Ciudad del Este.
Uruguay: Diócesis de Canelones, Mercedes, Melo, Salto y Tacuarembó

Salto (Uruguay), 20 de mayo de 2026

Palabra de Vida: “Que todos sean uno... para que el mundo crea”. Juan 17,1b.20-26


 

21 de mayo de 2026, Jueves de la VII Semana de Pascua.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

martes, 19 de mayo de 2026

Palabra de Vida: Busca la alegría que viene de Dios. (Juan 17,1b.11b-19)


 

20 de mayo de 2026, Miércoles de la VII Semana de Pascua.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

Palabra de Vida: Dar la Palabra con nuestra acción. (Juan 17,1-11a).


 

19 de mayo de 2026, Martes de la VII Semana de Pascua.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

sábado, 16 de mayo de 2026

"VAYAN A GALILEA" (Mateo 28,10). Ascensión del Señor: Mateo 28,16-20.

“Custodiar voces y rostros humanos”

Hoy se celebra en la Iglesia la sexagésima Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, establecida por el Concilio Vaticano II. El mensaje del Papa León para esta jornada está dedicado a la Inteligencia Artificial y lleva por título “Custodiar voces y rostros humanos”. Destaco una de sus frases concluyentes:

El desafío que nos espera no es el de detener la innovación digital sino el de guiarla, y en ser conscientes de su carácter ambivalente. Corresponde a cada uno de nosotros alzar la voz en defensa de las personas humanas para que estos instrumentos puedan realmente ser integrados por nosotros como aliados. (León XIV)

En estos días, también, el papa está dando a conocer su primera encíclica, que, en la tradición de la Doctrina Social de la Iglesia, aborda temas clave como la inteligencia artificial, la paz, la crisis del derecho internacional y algunas amenazas globales.

La Ascensión del Señor

El Evangelio de este domingo nos lleva a Galilea, junto con los discípulos, de acuerdo al mensaje que, primero un ángel y, enseguida, el Resucitado, entregaron a las mujeres que habían ido a la tumba de Jesús:

Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: «Alégrense». Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él.
Y Jesús les dijo: «No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán».
(Mateo 28,9-10)

Ese anuncio ya lo encontramos en el evangelio de Marcos (16,5-7) pero no en Lucas, en cuyo relato, tanto en el Evangelio como en Hechos de los Apóstoles, se da a entender que la Ascensión se produce en Jerusalén; más aún, allí Jesús les pide: “Permanezcan en la ciudad, hasta que sean revestidos con la fuerza que viene de lo alto” (Lucas 24,49) es decir, con el Espíritu Santo.

Entonces ¿por qué a Galilea? Jesús había muerto en Jerusalén y allí había sido sepultado. Allí estaban los discípulos… De Jerusalén a Cafarnaúm, sobre la orilla norte del mar de Galilea, dependiendo de la ruta, hay unos 170 km, 40 horas de marcha a pie, a lo que hay que sumar necesarias horas de descanso, sobre todo en las noches. 

Las razones por las que se da esta diferencia entre los evangelios son teológicas. Para Lucas, todo converge y todo surge de Jerusalén. A los discípulos, Jesús les dice que después de que el Mesías pasara por su muerte y resurrección, “comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados” (Lucas 24,47).

Para comprender por qué el texto de Mateo envía a los discípulos a Galilea, hay que volver al comienzo de ese Evangelio. Es en Galilea donde se inició y se desarrolló la mayor parte del ministerio de Jesús.

Más aún, cuando Jesús se trasladó a Cafarnaúm para comenzar su misión, Mateo señala que así se cumplía lo anunciado por Isaías:

"¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones! El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz." (Mateo 4,15-16)

En tiempos de Jesús, Palestina estaba dividida en tres provincias: al sur, Judea, donde estaba Jerusalén; en el centro Samaría y al norte, Galilea. La cita de Isaías que recoge Mateo alude a “naciones”, tinieblas y regiones de muerte. “Naciones” -o “gentiles”, en otras traducciones- alude a los pueblos extranjeros, que no conocen a Dios y, en ese sentido, están en la oscuridad; pero Galilea fue también una región muy sufrida en la primera invasión asiria, donde muchos de sus habitantes fueron deportados. Por eso, región “de muerte”. Por otro lado, fue también la provincia donde surgieron rebeliones contra Roma (cf. Lucas 13,1-2; Hechos 5,37) que fueron aplastadas.

Los discípulos, que habían abandonado a Jesús en la pasión, fueron llamados a encontrarse con Él en Galilea para recomenzar. Recomenzar no es volver atrás. Eso no es posible. No se trata de eso. Se trata de que los discípulos vuelvan al lugar donde fueron llamados por Jesús; vuelvan al monte donde escucharon “el sermón de la montaña”, iniciado con las bienaventuranzas; vuelvan a recorrer las aldeas donde fueron testigos de numerosos milagros, a partir del que Juan señaló como “el primero de los signos” realizados por Jesús, precisamente en Caná de Galilea.

Después de la resurrección del Señor, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de Él; sin embargo, algunos todavía dudaron. (Mateo 28,16-17)

Los que vuelven al lugar del comienzo son -y no son- los mismos que partieron de allí. No son los mismos, porque han vivido tres años al lado de Jesús. Por eso, su “recomenzar” no es partir de cero, aunque algunos tengan que superar sus dudas. 

Quienes dudan, todavía no han logrado ubicarse ante el acontecimiento que cambiará totalmente la orientación de su discipulado: la pasión, muerte y resurrección de Cristo. El acontecimiento de la Pascua es la luz definitiva que ilumina las tinieblas y las regiones de muerte que se esconden en el corazón de los discípulos y en el corazón de todas aquellas personas a las que ellos serán ahora enviados.

Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que Yo les he mandado. Y Yo estaré siempre con ustedes todos los días hasta el fin del mundo». (Mateo 28,18-20)

Desde Jerusalén, como se plantea en Lucas o desde Galilea, como aparece en Mateo y Marcos, la misión es la misma: predicar a todas las naciones la conversión, hacer que todos los pueblos sean discípulos de Jesús. Jerusalén es un lugar de salida; Galilea es un lugar de misión. La misión de ir a todos los pueblos, comienza allí mismo, en esa región donde está “el camino del mar” y se cruzan muchos de los distintos pueblos de la tierra.

Volviendo a Galilea, los discípulos recordarán las palabras de Jesús, que tomarán un sentido nuevo, más profundo. No será el recuerdo nostálgico de bellas enseñanzas de un maestro que han perdido, sino la palabra viva y eficaz del resucitado que les dará como nueva compañía al Espíritu Santo. Por eso el evangelio sigue siendo evangelio, es decir, buena noticia, auténtica novedad y no “novelería” pasajera.

Jesús habla desde la autoridad que ha recibido: “todo poder en el cielo y en la tierra”. Al comienzo del evangelio, el Tentador le había ofrecido poder sobre todos los reinos de la tierra; al rechazar al Tentador y al haber cumplido su misión, Jesús recibe del Padre todo poder; no para convertirse en conquistador y opresor, sino para hacer posible al hombre el regreso a Dios, el regreso a la amistad con el Padre, el camino hacia la Vida plena. Ese es el anuncio que los discípulos debían llevar y nosotros debemos seguir llevando a todos los pueblos de la tierra.

En esta semana

El lunes 18 recordamos la batalla de Las Piedras, un acontecimiento de la historia nacional que se produjo en nuestro departamento de Canelones en el año 1811.

El viernes 22, entre otros santos, la Iglesia recuerda a dos mujeres que se consagraron totalmente a Dios al quedar viudas, habiendo sido primero esposas y madres: Santa Rita de Cascia y Santa Joaquina Vedruna.

Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los  bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.


Palabra de Vida: “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mateo 28,16-20).


 

Domingo 17 de mayo de 2026, Ascensión del Señor.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

viernes, 15 de mayo de 2026

Palabra de Vida: “Tendrán una alegría que será perfecta” (Juan 16,23b-28)


16 de mayo de 2026, San Luis Orione. Sábado de la VI Semana de Pascua.
Reflexión tomada del Papa Benedicto XVI, Vigilia de oración con los jóvenes en Loreto, 1 de septiembre de 2007. 
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar. 

Palabra de Vida: “Tendrán una alegría que nadie les podrá quitar” (Juan 16,20-23a)


 

15 de mayo de 2026, San Isidro, Labrador. 
Viernes de la VI Semana de Pascua. 
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

jueves, 14 de mayo de 2026

Palabra de Vida: “Ámense los unos a los otros”. (Juan 15,9-17)


 

14 de mayo de 2026, San Matías, Apóstol. Jueves de la VI Semana de Pascua.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

miércoles, 13 de mayo de 2026

Palabra de Vida: Abrirse al Espíritu de la Verdad. Juan 16,12-15


 

13 de mayo de 2026, Miércoles de la VI Semana de Pascua. 
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

martes, 12 de mayo de 2026

13 de mayo: Súplica a Nuestra Señora de Fátima


 

A partir de pasajes de los mensajes de la Virgen, escuchamos distintas oraciones que piden que todos crezcamos en fidelidad al mensaje de Jesús.

Palabra de Vida: CREER. Hechos 16,22-34


 

12 de mayo de 2026, Martes de la VI Semana de Pascua.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

lunes, 11 de mayo de 2026

Custodiar voces y rostros humanos. Mensaje del Papa León XIV para la LX Jornada de las Comunicaciones Sociales.

 

Mensaje del Santo Padre León XIV para la sexagésima
Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

Custodiar voces y rostros humanos

Queridos hermanos y hermanas:

El rostro y la voz son rasgos únicos, distintivos, de cada persona; manifiestan su propia identidad irrepetible y son el elemento constitutivo de todo encuentro. Los antiguos lo sabían bien. Así, para definir a la persona humana, los antiguos griegos utilizaron la palabra “rostro” (prósōpon), que etimológicamente indica aquello que está a la vista, el lugar de la presencia y de la relación. El término latino persona (de per-sonare) incluye en cambio el sonido; no un sonido cualquiera, sino la voz inconfundible de alguien.

El rostro y la voz son sagrados. Nos han sido dados por Dios, que nos ha creado a su imagen y semejanza, llamándonos a la vida con la Palabra que Él mismo nos ha dirigido. Palabra que resonó primero a través de los siglos en las voces de los profetas, y luego se hizo carne en la plenitud de los tiempos. Esta Palabra —esta comunicación que Dios hace de sí mismo— la hemos podido escuchar y ver directamente (cf. 1 Jn 1,1-3), porque se dio a conocer en la voz y en el rostro de Jesús, Hijo de Dios.

Desde el momento de su creación, Dios ha querido al hombre como su interlocutor y, como dice san Gregorio de Nisa, [1] ha impreso en su rostro un reflejo del amor divino, para que pueda vivir plenamente la propia humanidad mediante el amor. Por tanto, custodiar rostros y voces humanas significa conservar este sello, este reflejo indeleble del amor de Dios. No somos una especie hecha de algoritmos bioquímicos definidos de antemano. Cada uno de nosotros tiene una vocación insustituible e inimitable que surge de la vida y que se manifiesta precisamente en la comunicación con los demás. 

La tecnología digital, cuando se falla en su cuidado, se corre el riesgo de modificar radicalmente algunos de los pilares fundamentales de la civilización humana, que a veces damos por descontado. Simulando voces y rostros humanos, sabiduría y conocimiento, conciencia y responsabilidad, empatía y amistad, los sistemas conocidos como inteligencia artificial no solo interfieren en los ecosistemas informativos, sino que también invaden el nivel más profundo de la comunicación, el de la relación entre las personas.

El desafío, por tanto, no es tecnológico sino antropológico. Custodiar los rostros y las voces significa, en última instancia, cuidarnos a nosotros mismos. Acoger con valentía, determinación y discernimiento las oportunidades que ofrecen la tecnología digital y la inteligencia artificial no significa ocultar para nosotros mismos los puntos críticos, las opacidades, los riesgos. 

No renunciar al pensamiento proprio.

Desde hace tiempo existen múltiples pruebas de que algoritmos proyectados para maximizar la implicación en las redes sociales —redituable para las plataformas— premian emociones rápidas y penalizan en cambio expresiones humanas que necesitan tiempo, como el esfuerzo por comprender y la reflexión. Encerrando grupos de personas en burbujas de fácil consenso y fácil indignación, estos algoritmos debilitan la capacidad de escucha y de pensamiento crítico y aumentan la polarización social.

A esto se sumó una confianza ingenuamente acrítica en la inteligencia artificial como “amiga” omnisciente, dispensadora de toda información, archivo de toda memoria, “oráculo” de todo consejo. Todo esto puede desgastar aún más nuestra capacidad de pensar de modo analítico y creativo, de comprender los significados, de distinguir entre sintaxis y semántica.

Aunque la IA puede proporcionar apoyo y asistencia en la gestión de tareas comunicativas, eludir el esfuerzo de pensar por nosotros mismos y conformarnos con una recopilación estadística artificial, a la larga corre el riesgo de erosionar nuestras capacidades cognitivas, emocionales y comunicativas.

En los últimos años, los sistemas de inteligencia artificial están asumiendo cada vez más el control de la producción de textos, música y vídeos. Gran parte de la industria creativa humana corre así el riesgo de ser desmantelada y sustituida por la etiqueta “Powered by AI”, convirtiendo a las personas en meros consumidores pasivos de pensamientos no pensados, de productos anónimos, sin autoría, sin amor. Mientras que las obras maestras del genio humano en el campo de la música, el arte y la literatura se reducen a un mero campo de entrenamiento para las máquinas.

La cuestión que nos importa, sin embargo, no es en lo que logra o logrará hacer la máquina, sino qué podemos o podremos hacer nosotros, creciendo en humanidad y conocimiento, con un sabio uso de instrumentos tan poderosos a nuestro servicio. Desde siempre, el hombre se ha visto tentado a apropiarse del fruto del conocimiento sin el esfuerzo que supone el compromiso, la investigación y la responsabilidad personal. Sin embargo, renunciar al proceso creativo y ceder a las máquinas nuestras funciones mentales y nuestra imaginación significa enterrar los talentos que hemos recibido para crecer como personas en relación con Dios y con los demás. Significa ocultar nuestro rostro y silenciar nuestra voz.

Ser o fingir: simulación de las relaciones y de la realidad

A medida que nos desplazamos por nuestros flujos de información (feeds), cada vez es más difícil saber si estamos interactuando con otros seres humanos o con “bots” o “influencers” virtuales. Las intervenciones opacas de estos agentes automatizados influyen en los debates públicos y en las decisiones de las personas. En particular, los chatbots basados en grandes modelos lingüísticos (LLM), se están demostrando ser sorprendentemente eficaces en la persuasión oculta, mediante una optimización continua de la interacción personalizada. La estructura dialógica y adaptativa, mimética, de estos modelos lingüísticos es capaz de imitar los sentimientos humanos y simular así una relación. Esta antropomorfización, que puede resultar incluso divertida, es al mismo tiempo engañosa, sobre todo para las personas más vulnerables. Porque los chatbots excesivamente “afectuosos”, además de estar siempre presentes y disponibles, pueden convertirse en arquitectos ocultos de nuestros estados emocionales y, de este modo, invadir y ocupar la esfera de la intimidad de las personas.

La tecnología que se aprovecha de nuestra necesidad de relacionarnos no solo puede tener consecuencias dolorosas para el destino de las personas, sino que también puede dañar el tejido social, cultural y político de las sociedades. Esto ocurre cuando sustituimos las relaciones con los demás por relaciones con IA entrenadas para catalogar nuestros pensamientos y, por lo tanto, para construir a nuestro alrededor un mundo de espejos, donde todo está hecho “a nuestra imagen y semejanza”. De este modo, nos privamos de la posibilidad de encontrar al otro, que siempre es diferente a nosotros y con el que podemos y debemos aprender a relacionarnos. Sin la aceptación de la alteridad no puede haber ni relación ni amistad.

Otro gran desafío que plantean estos sistemas emergentes es el de la parcialidad (en inglés: bias), que lleva a adquirir y transmitir una percepción alterada de la realidad. Los modelos de la IA están moldeados por la visión del mundo de quienes los construyen y, a su vez, pueden imponer formas de pensar que replican los estereotipos y prejuicios presentes en los datos de los que se nutren. La falta de transparencia en el diseño de los algoritmos, junto con la representación social inadecuada de los datos, tiende a mantenernos atrapados en redes que manipulan nuestros pensamientos y perpetúan y profundizan las desigualdades y las injusticias sociales existentes.

El riesgo es grande. El poder de la simulación es tal que la inteligencia artificial también puede engañarnos con la fabricación de “realidades” paralelas, apropiándose de nuestros rostros y nuestras voces. Estamos inmersos en una multidimensionalidad, donde cada vez es más difícil distinguir la realidad de la ficción.

A esto se suma el problema de la falta de precisión. Los sistemas que hacen pasar una probabilidad estadística por conocimiento nos ofrecen, en realidad, como mucho, aproximaciones a la verdad, que a veces son auténticas “alucinaciones”. La falta de verificación de las fuentes, junto con la crisis del periodismo de campo, que implica un trabajo continuo de recopilación y verificación de información en los lugares donde ocurren los acontecimientos, puede favorecer un terreno aún más fértil para la desinformación, provocando una creciente sensación de desconfianza, desconcierto e inseguridad.

Una posible alianza

Detrás de esta enorme fuerza invisible que nos involucra a todos, hay solo un puñado de empresas, aquellas cuyos fundadores han sido recientemente presentados como los creadores de la “persona del año 2025”, es decir, los arquitectos de la inteligencia artificial. Esto suscita una importante preocupación por el control del oligopolio de los sistemas algorítmicos y de inteligencia artificial capaces de orientar sutilmente los comportamientos e incluso reescribir la historia de la humanidad —incluida la historia de la Iglesia— a menudo sin que nos demos cuenta realmente.

El desafío que nos espera no es el de detener la innovación digital sino el de guiarla, y en ser conscientes de su carácter ambivalente. Corresponde a cada uno de nosotros alzar la voz en defensa de las personas humanas para que estos instrumentos puedan realmente ser integrados por nosotros como aliados.

Esta alianza es posible, pero necesita fundamentarse en tres pilares: responsabilidad, cooperación y educación.

En primer lugar, la responsabilidad. Según las funciones, esta puede traducirse en honestidad, transparencia, valentía, capacidad de visión, deber de compartir conocimientos, derecho a estar informado. Pero, en general, nadie puede eludir su responsabilidad ante el futuro que estamos construyendo.

Para quienes están en la cúspide de las plataformas online esto significa asegurarse de que las propias estrategias empresariales no estén guiadas por el único criterio del máximo beneficio, sino también por una visión de futuro que tenga en cuenta el bien común del mismo modo que cada uno de ellos se preocupa por el bienestar de sus hijos.

A los creadores y programadores de modelos de la IA se les pide transparencia y responsabilidad social respecto a los principios de planificación y a los sistemas de moderación que están en la base de sus algoritmos y de los modelos diseñados con el fin de favorecer un consentimiento informado por parte de los usuarios.

La misma responsabilidad se exige también a los legisladores nacionales y a las entidades reguladoras supranacionales, a quienes compete vigilar sobre el respeto de la dignidad humana. Una reglamentación adecuada puede proteger a las personas, de crear vínculos emocionales con los chatbots y contener la difusión de contenidos falsos, manipuladores o confusos, preservando la integridad de la información frente a una simulación engañosa de la misma.

Las agencias de noticias y los medios de comunicación no pueden permitir que los algoritmos orientados a ganar a toda costa la batalla por unos segundos más de atención, prevalezcan sobre la fidelidad a sus valores profesionales, orientados a la búsqueda de la verdad. La confianza del público se gana con precisión y transparencia, no con la búsqueda de cualquier tipo de implicación. Los contenidos generados o manipulados por la IA deben señalarse y distinguirse claramente de los contenidos creados por personas. Debe protegerse la autoría y la propiedad soberana del trabajo de los periodistas y otros creadores de contenidos. La información es un bien público. Un servicio público constructivo y significativo no se basa en la opacidad, sino en la transparencia de las fuentes, la inclusión de las partes implicadas y un alto nivel de calidad.

Todos estamos llamados a cooperar. Ningún sector puede afrontar por sí solo el desafío de guiar la innovación digital y la forma de gobernar la IA. Es necesario, por tanto, crear mecanismos de protección. Todas las partes interesadas —desde la industria tecnológica a los legisladores, desde las empresas creativas al mundo académico, desde los artistas a los periodistas y a los educadores— deben implicarse en construir y hacer efectiva una ciudadanía digital consciente y responsable.

A esto mira la educación: a aumentar nuestras capacidades personales de reflexión crítica; evaluar la credibilidad de las fuentes y los posibles intereses que están detrás de la selección de información que nos llega; comprender los mecanismos psicológicos que se activan ante ello; a permitir a nuestras familias, comunidades y asociaciones elaborar criterios prácticos para una cultura de la comunicación más sana y responsable.

Precisamente por esto es cada vez más urgente introducir en los sistemas educativos de cada nivel también la alfabetización en los medios de comunicación, en los medios de información y en la IA, que algunas instituciones civiles ya están promoviendo. Como católicos, podemos y debemos aportar nuestra contribución para que las personas, especialmente los jóvenes, adquieran la capacidad de pensar críticamente y crezcan en la libertad del espíritu. Esta alfabetización también debería integrarse en iniciativas más amplias de educación permanente, llegando también a las personas mayores y a los miembros marginados de la sociedad, que a menudo se sienten excluidos e impotentes ante los rápidos cambios tecnológicos.

La alfabetización en los medios de comunicación, de información y en la IA ayudará a todos a no adaptarse a la deriva antropomorfizante de estos sistemas, sino a tratarlos como herramientas, a utilizar siempre una validación externa de las fuentes —que podrían ser imprecisas o erróneas— proporcionadas por los sistemas de IA, a proteger su privacidad y sus datos conociendo los parámetros de seguridad y las opciones de impugnación. Es importante educar y educarse a usar la IA en modo intencional y, en este contexto, cuidar la propia imagen (foto y audio), el propio rostro y la propia voz, para evitar que vengan utilizados en la creación de contenidos y comportamientos dañosos como estafas digitales, ciberacoso, deepfakes que violan la privacidad y la intimidad de las personas sin su consentimiento. Al igual que la revolución industrial exigía una alfabetización básica para que las personas pudieran reaccionar ante las novedades, la revolución digital también requiere una alfabetización digital (junto con una formación humanística y cultural) para comprender cómo los algoritmos modelan nuestra percepción de la realidad, cómo funcionan los prejuicios de la IA, cuáles son los mecanismos que determinan la aparición de determinados contenidos en nuestros flujos de información (feeds), cuáles son y cómo pueden cambiar los supuestos y modelos económicos de la economía de la IA.

Necesitamos que el rostro y la voz vuelvan a expresar a la persona. Necesitamos custodiar el don de la comunicación como la verdad más profunda del hombre, hacia la cual orientar también toda innovación tecnológica.

Al proponer estas reflexiones, agradezco a quienes están trabajando por los fines aquí expuestos y bendigo de corazón a todos los que trabajan por el bien común con los medios de comunicación.

Vaticano, 24 de enero de 2026, memoria de san Francisco de Sales.

LEÓN XIV PP.

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[1] “El hecho de ser creados a imagen de Dios significa que, al hombre, desde el momento de su creación, le ha sido impreso un carácter real [...]. Dios es amor y fuente de amor; el divino Creador también ha puesto este rasgo en nuestro rostro, para que mediante el amor —reflejo del amor divino— el ser humano reconozca y manifieste la dignidad de su naturaleza y la semejanza con su Creador” (cf. S. Gregorio de Nisa, La creación del hombre: PG 44, 137).

Glosario de términos técnicos que aparecen en inglés en el texto del Mensaje.

AI: Artificial Intelligence, en inglés. IA: Inteligencia Artificial, en español.

Bias: sesgo, prejuicio, inclinación, parcialidad.

Bot (de "robot"). Es una aplicación de software automatizada, programada para realizar tareas repetitivas en internet sin intervención humana, a menudo imitando el comportamiento humano pero de manera mucho más rápida y eficiente.

Chatbot: Un chatbot es un programa informático diseñado para simular una conversación humana, ya sea por texto o voz, utilizando inteligencia artificial (IA) o reglas predefinidas.

Deepfakes. Un deepfake es un contenido multimedia (video, audio o imagen) manipulado mediante inteligencia artificial (IA) y redes neuronales para parecer real. Permite suplantar la identidad de una persona, haciéndole decir o hacer cosas que nunca ocurrieron, con alto realismo. El término proviene de la mezcla de deep learning (aprendizaje profundo) y fake (falso).

Feed: (en inglés, el verbo "to feed" significa "alimentar"). En redes sociales, el feed es el flujo continuo y actualizado de publicaciones (fotos, vídeos, textos) que se ve al navegar por la pantalla de una red social.

Influencer (influyente): Es una persona con credibilidad y una comunidad fiel en redes sociales (como TikTok, Instagram, YouTube) que tiene la capacidad de influir en las opiniones, comportamientos y decisiones de compra de sus seguidores.

LLM: abreviatura de "Large Language Model" o Gran Modelo Linguítico. Es un tipo de inteligencia artificial (IA) entrenada con inmensas cantidades de texto para comprender, generar y manipular lenguaje humano. Funcionan prediciendo la siguiente palabra más probable en una frase, permitiéndoles redactar, traducir, resumir y responder preguntas.

Powered by AI: en español, "impulsado por IA", significa que un producto, servicio, software o sistema utiliza inteligencia artificial para mejorar sus capacidades, rendimiento o funcionalidad.


domingo, 10 de mayo de 2026

Palabra de Vida: “Ustedes también dan testimonio” (Juan 15,26 - 16,4)


 
11 de mayo de 2026, Lunes de la VI Semana de Pascua.

Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

sábado, 9 de mayo de 2026

Razón de nuestra esperanza. 1 Pedro 3,15. VI Domingo de Pascua.

En Uruguay y otro países hoy se festeja el Día de la Madre: empecemos, entonces, por agradecer y recordar a todas las mamás: las que nos gestaron y nos dieron a luz o a las mamás del corazón o a las que han vivido o viven la maternidad espiritual. Feliz día a todas ellas.

Vamos llegando al final de este tiempo Pascual. El próximo domingo celebraremos la Ascensión y el siguiente Pentecostés. En las lecturas de hoy, algo me ha llamado la atención; no porque no conociera este pasaje, que muchos habremos oído citar más de una vez, sino porque está ubicado aquí, mirando hacia la venida del Espíritu Santo. Está tomado de la primera carta de Pedro y dice así:

Estén siempre dispuestos a defenderse delante de cualquiera que les pida razón de la esperanza que ustedes tienen. (1 Pedro 3,15)

“Dar razón de nuestra esperanza”. Es una expresión que da fundamento a lo que llamamos la apologética, palabra que surge precisamente de este pasaje de Pedro, que utiliza la palabra griega ἀπολογίαν (apologian) que traducimos como “defensa”. Se trata de defender y justificar la fe y la verdad del cristianismo por medio de la razón.

Entre los padres de la Iglesia que tomaron a su cargo esa tarea, destaca la figura de San Justino, en el siglo II. De sus muchos escritos, se conservan dos Apologías dirigidas al Emperador Antonino Pío y el Diálogo con el judío Trifón, en el que defiende la fe cristiana frente a las objeciones del judaísmo. En estas obras, además de razonamientos filosóficos, San Justino explica la fe y la forma de vida a la que están llamados quienes han creído en Cristo.

Sin embargo, notemos que Pedro no habla de dar razón de la fe, sino de dar razón de la esperanza. Lo primero nos llevaría a explicar en qué creemos, por qué creemos, lo que no deja de ser útil y necesario; pero lo segundo nos pone en otra proyección, porque la esperanza está puesta en lo invisible. Podemos tener en nuestra vida muchas esperanzas, metas razonables, que podremos alcanzar poniendo los medios necesarios; pero la esperanza cristiana va mucho más allá de nuestras fuerzas. Va más allá de esta vida que conocemos, porque es una esperanza de vida eterna, de participación en la vida de Cristo Resucitado, que solo podemos recibir de Él.

En el Evangelio, Jesús habla de la venida del Espíritu Santo:

Yo rogaré al Padre, y Él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes. (Juan 14,16)

Paráclito, lo hemos dicho otras veces, puede traducirse como “abogado”, especialmente en el rol de defensor. Si se trata de defensa de la fe y de la esperanza, de hacer apologética en ese sentido, el Espíritu Santo está a nuestro lado para darnos luz y fortaleza en los momentos de prueba.

Pero la fe y al esperanza no son solo virtudes que tenemos que defender de ataques ajenos. A veces, la mayor batalla que tenemos que presentar es contra nosotros mismos, contra las tentaciones de la desesperanza y del desencanto. La desesperanza es esa manera de mirar la vida como algo en lo que ya nada puede cambiar. Algo así como decir “está todo mal… y así va a seguir, indefinidamente…” La desesperanza es desmovilizadora. La desesperación -que es otra cosa- es el sentimiento de que “esto no puede seguir así” y nos lleva a hacer algo, lo que sea. Bien encauzada, la desesperación tiene una gran fuerza… y, en este día, que nos lo cuenten las madres desesperadas que lucharon contra viento y marea con tal de salvar a sus hijos. La desesperanza, en cambio, nos deja en la apatía, la indiferencia, el resentimiento.

¿Qué nos trae el Espíritu Santo? Jesús subraya su presencia. A los discípulos, el Padre les dará otro Paráclito; otro, porque el que los discípulos tenían era Jesús, y Jesús se va, ya no va a estar con ellos. A ellos y a nosotros, Jesús nos promete:

Él permanece con ustedes y estará en ustedes. (Juan 14,17)

El Espíritu, entonces, no solo estará -está- junto a nosotros, sino también en nosotros.

Dentro de quince días, al celebrar Pentecostés, vamos a escuchar el relato de ese acontecimiento en que el Espíritu Santo se manifiesta como viento y fuego.

El Espíritu Santo es el “soplo de Dios viviente”. El viento del Espíritu es el que puede llevar “mar adentro” la barca de la Iglesia para que siga realizando su misión de anunciar el Evangelio. Pero la misión de la Iglesia no se realiza únicamente con los mensajes y los viajes del Papa; la misión de la Iglesia se realiza en el día a día, en la vida de nuestras comunidades… y ahí, pronto nos preguntamos a quién, cómo, dónde, llevar el Evangelio.

Allí juega otro rol el Espíritu Santo: ayudarnos en el discernimiento. El libro de los Hechos de los Apóstoles nos cuenta, entre otras intervenciones del Espíritu Santo, el momento en que dos miembros de la comunidad son enviados en misión:

Un día, mientras celebraban el culto del Señor y ayunaban, el Espíritu Santo les dijo: «Resérvenme a Saulo y a Bernabé para la obra a la cual los he llamado».
Ellos, después de haber ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron.
(Hechos 13,2-3)

Para cumplir su misión, con la ayuda del Espíritu Santo, el Pueblo de Dios, 

… procura discernir en los acontecimientos, exigencias y deseos, de los cuales participa juntamente con sus contemporáneos, los signos verdaderos de la presencia o de los planes de Dios. (Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes, 11)

Hoy la Iglesia nos propone un método de discernimiento: la conversación en el Espíritu. Sus pasos son sencillos; pero su efectividad está basada en realizarlos en un clima de oración y de apertura al Espíritu. Los Consejos pastorales, las pequeñas comunidades, los grupos podrán encontrar muchas luces del Espíritu poniéndolo en práctica de esa forma.

No pienso solamente en comunidades que tienen vida y movimiento, sino también en comunidades que se han ido reduciendo y envejeciendo… El Espíritu Santo no deja de acudir donde lo invoquemos, llevando su fuego que devuelve ardor al corazón y abre impensados caminos de misión. Él se hace así razón de nuestra esperanza.

En esta semana

Miércoles 13, Nuestra Señora de Fátima

Jueves 14, San Matías, apóstol

Viernes 15, San Isidro Labrador, quien junto a su esposa María Toribia vivió en santidad la vida de trabajo y familia. Un santo muy querido en nuestra Diócesis.

Cuidado y prevención

Sábado 16, San Luis Orione, uno de los santos que plantó sus pies en nuestra Diócesis. A él está dedicada la parroquia de La Floresta.

El sábado 16 y el domingo 17, tendremos en Montevideo el segundo encuentro nacional de cultura del cuidado, para la prevención de abusos en la Iglesia. Oremos por todos los participantes y sobre todo, por la sanación de quienes han sido víctimas y para que nadie más tenga que sufrir esas dolorosas situaciones.

Gracias, amigas y amigos, por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Palabra de Vida: “No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes”. (Juan 14,15-21)


 

10 de mayo de 2026, VI Domingo de Pascua.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

Palabra de Vida: Abrazar la Palabra viviendo la Esperanza. Juan 15,18-21


9 de mayo de 2026, sábado de la V semana de Pascua.

Reflexión tomada del discurso del papa Benedicto XVI en la Casa Madre de la Fazenda de la Esperanza, Guaratinguetá, Estado de San Pablo, Brasil, 12 de mayo de 2007.

Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

viernes, 8 de mayo de 2026

Los Obispos uruguayos saludan al Papa León XIV en el primer aniversario de su elección y le manifiestan su comunión y apoyo.


Montevideo, 8 de mayo de 2026.

Su Santidad León XIV
Santa Sede

Santidad:

En el primer aniversario de su elección a la Cátedra de San Pedro, los obispos del Uruguay queremos hacerle llegar nuestro más afectuoso saludo.

Al mismo tiempo, queremos manifestarle nuestra adhesión y confianza en su servicio de confirmarnos en la fe, particularmente en el anuncio de la Paz que el Señor nos ofrece, tal como lo ha expresado Ud. en su saludo inicial y en numerosos gestos y palabras.

Dios mediante, nos estaremos encontrando con Ud. en la visita Ad Limina Apostolorum de nuestra Conferencia Episcopal, prevista para septiembre. Asimismo, esperamos tener la alegría de recibirlo en nuestra tierra.

Le pedimos su bendición y encomendamos su ministerio, nuestro encuentro y esa esperada visita, a Nuestra Señora, la Virgen de los Treinta y Tres y al Beato Jacinto Vera, nuestro primer obispo, infatigable misionero.

Con filial afecto,

Los Obispos del Uruguay.

+ Milton Tróccoli, Obispo de Maldonado-Punta del Este-Minas
Presidente de la CEU
+ Cardenal Daniel Sturla, Arzobispo de Montevideo
Vicepresidente de la CEU
+ Heriberto Bodeant, Obispo de Canelones
Secretario General de la CEU

Palabra de Vida: Permanecer en el amor recíproco. (Juan 15,12-17)


 

8 de mayo de 2026, viernes de la V semana de Pascua.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

jueves, 7 de mayo de 2026

Palabra de Vida: Permanecer en el amor de Dios. Juan 15,9-11.


 

7 de mayo de 2026, jueves de la V semana de Pascua.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

miércoles, 6 de mayo de 2026

Palabra de Vida: Permanecer en la Palabra. Juan 15,1-18.


 

6 de mayo de 2026, miércoles de la V semana de Pascua.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar

lunes, 4 de mayo de 2026

Palabra de Vida: Permanecer en paz. Juan 14,27-31a.


 

5 de mayo de 2026, martes de la V semana de Pascua.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

El Paráclito les enseñará todo (Juan 14,21-26)


 

4 de mayo de 2026, lunes de la V semana de Pascua.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

domingo, 3 de mayo de 2026

Palabra de Vida: “No se inquieten”. (Juan 14,1-12)


 


3 de mayo de 2026, V Domingo de Pascua.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

viernes, 1 de mayo de 2026

"En la Casa de mi Padre" (Juan 14,1-12). V Domingo de Pascua.

Seguimos avanzando en nuestro tiempo pascual y tanto hoy como el domingo que viene -y esto puede parecernos extraño- volvemos a la última Cena, con dos pasajes del evangelio según san Juan.

¿Por qué volver ahora a ese acontecimiento? Porque desde la resurrección de Jesús, podemos comprender el sentido profundo de sus palabras y sus acciones, sus signos.

San Juan dedica cinco capítulos a la última cena de Jesús con sus discípulos.

El relato comienza en el capítulo 13, con el lavatorio de los pies, el anuncio de la traición de Judas, y el comienzo del discurso de despedida, en coloquio con los discípulos, que se prolonga abarcando todo el capítulo 14. De ese capítulo han sido tomados el evangelio de hoy y el del próximo domingo.

A continuación, el capítulo 15 se abre con la parábola de la Vid y los sarmientos, seguida por la advertencia a los discípulos sobre el rechazo que encontrarán en el mundo y el testimonio que habrán de dar. Esto termina en el capítulo 16, que presenta, además, el anuncio de la venida del Espíritu Santo y el anuncio de un pronto retorno del mismo Jesús, que será el de su aparición como resucitado, antes de volver al Padre. La oración de Jesús, conocida como la oración sacerdotal, ocupa todo el capítulo 17.

Volvamos a nuestro pasaje de hoy. Las primeras palabras de Jesús salen al encuentro del estado de ánimo que él percibe en sus discípulos:

«No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí.»  (Juan 14,1)

Otras traducciones expresan mucho más que una inquietud: “no se turbe su corazón”, “no se angustien”. ¿Por qué están así los discípulos? En los versículos anteriores, Jesús había anunciado: “uno de ustedes me entregará” y a Pedro, que le asegura a Jesús que está dispuesto a dar la vida por él, le anuncia que no cantará el gallo antes de que lo haya negado tres veces.

Aunque se nieguen a aceptarlo y no puedan comprenderlo, los discípulos están viendo que algo terrible está por suceder. Los sueños a los que se aferraban, de un Mesías glorioso, triunfante, que liberaría a Israel, se están desmoronando. Al llamarlos a la fe, Jesús les está pidiendo que tengan otra mirada sobre los acontecimientos que están por producirse. Una mirada de fe, que vaya más allá de las apariencias. Después de la resurrección, todo tendrá sentido; pero ahora, “crean en Dios y crean también en mí”.

Los discípulos vislumbran que Jesús va a morir… pero Él quiere que empieces a ver más allá de la muerte, porque quiere llevarlos con Él a la Vida, la Vida en abundancia que ha prometido como buen Pastor.

En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, ¿les habría dicho a ustedes que voy a prepararles un lugar? Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde Yo esté, estén también ustedes. Ya conocen el camino del lugar adonde voy.» (Juan 14,2-4)

Jesús se ha hecho uno de nosotros, ha tomado nuestra humanidad para llevarla a un nuevo lugar, un lugar definitivo, en la eternidad, para que allí donde esté Él estemos también nosotros.

En el Evangelio de Lucas, el buen ladrón pide a Jesús que se acuerde de él cuando viniese a establecer su Reino. Jesús le promete 

“hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23,42-43). 

En nuestro Evangelio de hoy Jesús no habla ni de paraíso ni de Reino. Utiliza otra expresión: “la Casa de mi Padre”. 

En el evangelio de Juan, Jesús se ha referido de ese modo al templo de Jerusalén: “la Casa de mi Padre”, lo ha llamado (Juan 2,16 / Juan 14,2) . Pero ya no está hablando del templo de piedra, sino del templo de piedras vivas, cuya piedra angular es él mismo: el Hijo de Dios. Un templo que se va construyendo desde aquí, desde nuestra vida terrena, para realizarse plenamente como la Jerusalén celeste, que no tiene templo 

“porque su Templo es el Señor Dios todopoderoso y el Cordero.” (Apocalipsis 21,22). 

La segunda lectura, de la primera carta de Pedro lo expresa de este modo:

Al acercarse al Señor, la piedra viva, rechazada por los hombres pero elegida y preciosa a los ojos de Dios, también ustedes, a manera de piedras vivas, son edificados como una casa espiritual, para ejercer un sacerdocio santo y ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios por Jesucristo. (1 Pedro 2,4-5)

No se trata solamente del culto que ofrece la Iglesia aquí en la tierra, sino también la participación en la liturgia del cielo, “donde la celebración es enteramente comunión y fiesta”. (Catecismo I.C, 1136).

Más que un discurso, este pasaje del Evangelio es un coloquio, un diálogo de Jesús con sus discípulos, que le presentan al Maestro todo lo que les inquieta. Es así que Tomás pregunta: 

«Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?» (Juan 14,5)

Y recibe de Jesús una respuesta verdaderamente reveladora:

«Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto.» (Juan 14,6-7)

Jesús es el camino hacia el Padre, hacia la vida eterna. Hay otros caminos en el mundo, pero no son los que llevan a la vida. El camino de Jesús es el camino del amor humilde, de la oración, de la mansedumbre, de la confianza, del servicio. No es el camino que yo hago, a mi manera, para llegar al Padre, sino el camino que Jesús ha preparado para todos nosotros, ese camino que es Él mismo.

El que me ha visto, ha visto al Padre. (Juan 14,9)

Así responde Jesús al pedido de Felipe, otro de los discípulos que interviene en ese diálogo.

En el rostro de Jesús se manifiesta la misericordia del Padre. A la luz de la resurrección, los discípulos podrán comprender y dar su verdadero valor a los signos que Jesús fue realizando y que quedaron estampados en los Evangelios.

Llevará tiempo, pero en el mismo escándalo de la cruz se verá que allí se ha dado la revelación mayor del amor de Dios por la humanidad. En el rostro del Crucificado también es posible ver el rostro del Padre. “Crean en Dios, crean en mí” vuelve a decirnos Jesús. Viendo en Él al Padre, ponemos, con toda confianza, nuestra vida en sus manos, pidiéndole que nos haga instrumentos de su obra, de su paz, de su misericordia, preparándonos para habitar un día en la Casa de su Padre.

Noticias

El sábado 2, en la capilla San José de Progreso, celebraremos los 50 años de las Pequeñas Hermanas de la Sagrada Familia en esa localidad. Misa a las 17 horas y luego evento cultural.

Delegados de las Conferencias Episcopales del Cono Sur (Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay) estarán reunidos en Montevideo desde el lunes 4 al viernes 8, en un encuentro convocado por el Consejo Episcopal de América Latina y el Caribe, CELAM. Durante esos días los asistentes compartirán experiencias de Iglesia de sus respectivos países y buscarán formas de ayudar a avanzar en el camino sinodal, especialmente en lo que se refiere a Participación.

Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

Palabra de Vida: Anunciar la Esperanza con obras. Juan 14,7-14.


 

Sábado 2 de mayo de 2026, San Atanasio.
Reflexión tomada del discurso del papa Benedicto XVI en la Casa Madre de la Fazenda de la Esperanza, Guaratinguetá, Estado de San Pablo, Brasil, 12 de mayo de 2007.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

jueves, 30 de abril de 2026

Palabra de Vida: Y Dios bendijo al hombre y a la mujer. (Génesis 1,26 - 2,3)


 

Viernes 1ro. de mayo de 2026, San José Obrero - Día de los trabajadores.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

1º de mayo: trabajo digno, esperanza compartida. Mensaje de los Obispos del Uruguay.

En este nuevo Día de los Trabajadores, los Obispos del Uruguay queremos hacernos cercanos a tantas personas de nuestro país que, con su esfuerzo cotidiano, sostienen la vida de sus familias y de nuestra sociedad. El trabajo no es solo una fuente de ingresos: es un espacio de dignidad, de realización personal, de encuentro y de construcción del bien común.

Vivimos tiempos de profundas transformaciones. La irrupción de la inteligencia artificial y de nuevas tecnologías genera incertidumbres legítimas. Muchas personas temen por la pérdida de empleo o por la precarización de sus condiciones laborales. Sin desconocer estos riesgos, creemos necesario abrir también una mirada de esperanza: estamos llamados a discernir esos cambios con inteligencia y creatividad. Estas herramientas pueden convertirse en aliadas para mejorar la calidad del trabajo, generar nuevas y diferentes oportunidades, ampliando las capacidades. Los documentos recientes del magisterio de la Iglesia nos dicen que la tecnología debe estar al servicio del ser humano y no sustituirlo ni descartarlo, promoviendo el trabajo digno sin dejar a nadie atrás. El desafío es colectivo: formar, acompañar y generar oportunidades para que vayamos incluyendo a más personas. 

Al mismo tiempo, el mundo atraviesa conflictos bélicos cuyas consecuencias se sienten más allá de las fronteras. Las guerras no solo destruyen vidas y comunidades; también impactan en la economía global, encarecen el costo de vida, afectan el empleo y agravan las desigualdades dejando huellas profundas y duraderas en la economía y en los ámbitos laborales. En contextos como el nuestro, estas repercusiones se traducen en mayor vulnerabilidad para quienes ya estaban en situación frágil y nuevas vulnerabilidades que percibimos a través de la falta de oportunidades. Nos preocupa especialmente cómo estas dinámicas pueden consolidar formas de exclusión profundas y duraderas.

En Uruguay, si bien contamos con derechos laborales establecidos, persisten desafíos significativos: el desempleo y el subempleo, la informalidad, la desigualdad de oportunidades, la situación de los jóvenes que buscan su primer trabajo y las dificultades de quienes han quedado fuera del mercado laboral, las condiciones de trabajo que muchas veces no garantizan estabilidad ni protección suficiente. Todo esto nos interpela como sociedad.

Queremos también visibilizar el trabajo no remunerado, especialmente el que se realiza en el ámbito del cuidado. Miles de personas, en su mayoría mujeres, sostienen la vida cotidiana desde tareas como el cuidado de la familia, hijos, adultos mayores. Revalorizar el cuidado y la gratuidad es clave para una sociedad más justa y humana.

Desde nuestra misión, reafirmamos que el trabajo debe estar al servicio de la persona y no la persona al servicio del trabajo. Por eso, hacemos un llamado a fortalecer una economía que ponga en el centro la dignidad humana, que promueva la inclusión, la solidaridad y la justicia social. Una economía que no descarte, que integre, que genere oportunidades reales.

Queremos destacar y alentar iniciativas que apuestan por la inclusión real. Experiencias de reinserción laboral de personas privadas de libertad o liberadas, impulsadas por empresas comprometidas, son un ejemplo concreto de responsabilidad social y de construcción de oportunidades. Estas acciones muestran que es posible generar caminos de integración cuando existe voluntad de acompañar y confiar y se apuesta por la dignidad de cada persona.

Invitamos a todos los actores sociales —Estado, empresas, organizaciones y ciudadanía— a renovar el compromiso por el trabajo digno en un mundo profundamente vinculado al cuidado de la casa común. Por ello alentamos modelos productivos y laborales que sean sostenibles, cuiden los recursos naturales promoviendo una ecología integral. Apostamos por la formación, por el acompañamiento a quienes más lo necesitan, por políticas públicas que protejan y promuevan el empleo de calidad y por prácticas empresariales y sindicales responsables.  Es el camino para construir un futuro más justo. Cuidar la casa común también es generar condiciones de trabajo que respeten la vida, la salud y el futuro de las próximas generaciones.

En este 1° de mayo, queremos decir con fuerza que el trabajo es esperanza y que esta esperanza se construye juntos, reconociendo la dignidad de cada persona y comprometiéndonos como sociedad.

A san José Obrero, que enseñó a trabajar a Jesús, le pedimos que nos acompañe en este camino e interceda por todo nuestro pueblo.

Los Obispos del Uruguay

1° de mayo de 2026

Palabra de Vida: Conocer y practicar la Palabra. Juan 13,16-20


 

Jueves de la IV semana de Pascua, 30 de abril de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

martes, 28 de abril de 2026

Palabra de Vida: Seremos juzgados por la Palabra. Juan 12,44-50.


 

Miércoles de la IV semana de Pascua, 29 de abril de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

lunes, 27 de abril de 2026

Palabra de Vida: Saber escuchar viviendo la Palabra. Juan 10,22-30.


 

Martes de la IV semana de Pascua, 28 de abril de 2026.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

Santo Toribio de Mogrovejo, patrono de los obispos de América Latina.


 

Nació en 1538 en Castilla, murió en 1606 en el Perú, a los 67 años.
El 10 de diciembre de este año 2026 se cumplirán 300 años de su canonización.
Es el patrono de los Obispos de América Latina.
Imagen: retrato de Santo Toribio, perteneciente a la colección del Museo Nacional de Bellas Artes, Argentina.

domingo, 26 de abril de 2026

El descubrimiento interior del Don de Dios. Mensaje del Papa en la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones 2026.

El descubrimiento interior del don de Dios

MENSAJE DEL SANTO PADRE LEÓN XIV PARA LA LXIII JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES

IV Domingo de Pascua - 26 de abril de 2026

Queridos hermanos y hermanas, queridos jóvenes:

Guiados y custodiados por Jesús Resucitado, en el IV domingo de Pascua, llamado “domingo del buen Pastor”, celebramos la LXIII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Es un momento de gracia para compartir algunas reflexiones sobre la dimensión interior de la vocación, entendida como descubrimiento del don gratuito de Dios que florece en lo profundo del corazón de cada uno de nosotros. Recorramos pues juntos el camino de una vida verdaderamente hermosa, que el Pastor nos muestra.

El camino de la belleza

En el Evangelio de Juan, Jesús se define literalmente el «pastor bello» (ὁ ποιμὴν ὁ καλός) ( Jn 10,11). La expresión hace referencia a un pastor perfecto, auténtico, ejemplar, en cuanto está dispuesto a dar la vida por sus ovejas, manifestando de ese modo el amor de Dios. Es el Pastor que cautiva; quien lo mira descubre que la vida es realmente hermosa si lo sigue. Para conocer esta belleza no son suficientes los ojos del cuerpo o criterios estéticos; se necesita contemplación e interioridad. Sólo quien se detiene, escucha, reza y acoge su mirada puede decir con confianza: “Me fío, con Él la vida puede ser verdaderamente hermosa, quiero recorrer el camino de esta belleza”. Y lo más extraordinario es que, convirtiéndonos en sus discípulos, a su vez nos volvemos “bellos”; su belleza nos transfigura. Como escribe el teólogo Pável Florenski, la ascética no hace al hombre “bueno”, sino al hombre “bello”. [1] El rasgo que distingue a los santos, además de la bondad, es la belleza espiritual deslumbrante que irradia quien vive en Cristo. Así, la vocación cristiana se revela en toda su profundidad: participar de su vida, compartir su misión y resplandecer de su misma belleza.

Esta comunicación interior de vida, de fe y de sentido fue también la experiencia de san Agustín, el cual, en el libro tercero de las Confesiones, mientras declara y confiesa sus pecados y errores juveniles, reconoce a Dios «más interior que lo más íntimo mío». [2] Más allá de la conciencia de sí mismo, descubre la belleza de la luz divina que lo guía en la oscuridad. Agustín atisba la presencia de Dios en lo más interior de su alma, y eso implica haber comprendido y vivido la importancia del cuidado de la interioridad como espacio de relación con Jesús, como camino para experimentar la belleza y la bondad de Dios en su propia vida.

Dicha relación se construye en la oración y en el silencio y, si se cultiva, nos abre a la posibilidad de acoger y vivir el don de la vocación, que nunca es una imposición o un esquema prefijado al que simplemente hay que adherir, sino un proyecto de amor y de felicidad. En la pastoral vocacional y en el compromiso siempre nuevo de la evangelización es urgente volver a partir del cuidado de la interioridad.

En este espíritu, invito a todos —familias, parroquias, comunidades religiosas, obispos, sacerdotes, diáconos, catequistas, educadores y fieles laicos— a comprometerse cada vez más a crear contextos favorables con el fin de que este don pueda ser acogido, alimentado, custodiado y acompañado para dar fruto abundante. Sólo si nuestros ambientes brillan por la fe viva, la oración constante y el acompañamiento fraterno, la llamada de Dios podrá surgir y madurar, convirtiéndose en camino de felicidad y salvación para cada uno de nosotros y para el mundo. Recorriendo el camino que Jesús, el Pastor bello, nos indica, aprendemos entonces a conocernos mejor a nosotros mismos y a conocer más de cerca a Dios que nos ha llamado.

Conocimiento mutuo

«El Señor de la vida nos conoce e ilumina nuestro corazón con su mirada de amor». [3] Toda vocación, en efecto, surge de la conciencia y la experiencia de un Dios que es Amor (cf. 1 Jn 4,16). Él nos conoce profundamente, ha contado los cabellos de nuestra cabeza (cf. Mt 10,30) y ha pensado un camino único de santidad y de servicio para cada uno. Pero este conocimiento debe ser siempre mutuo; estamos llamados a conocer a Dios por medio de la oración, de la escucha de la Palabra, de los sacramentos, de la vida de la Iglesia y de la entrega a los hermanos y a las hermanas. Como el joven Samuel que, durante la noche, quizá de manera inesperada, oyó la voz del Señor y aprendió a reconocerla con la ayuda de Elí (cf. 1 Sam 3,1-10), así también nosotros debemos crear espacios de silencio interior para intuir lo que el Señor tiene en su corazón para nuestra felicidad. No se trata de un saber intelectual abstracto o de un conocimiento académico, sino de un encuentro personal que transforma la vida. [4] Dios habita en nuestro corazón; la vocación es un diálogo íntimo con Él, que nos llama —a pesar del ruido en ocasiones ensordecedor del mundo— y nos invita a responder con verdadera alegría y generosidad.

« Noli foras ire, in te ipsum redi, in interiore homine habitat veritas – No quieras derramarte fuera; entra dentro de ti mismo, porque en el hombre interior reside la verdad». [5] Una vez más, san Agustín nos recuerda lo importante que es aprender a detenerse y a construir espacios de silencio interior para poder escuchar la voz de Jesucristo.

Queridos jóvenes, ¡escuchen esa voz! Escuchen la voz del Señor que los invita a vivir una vida plena, realizada, haciendo fructificar los propios talentos (cf. Mt 25,14-30) y clavando en la cruz gloriosa de Cristo los propios límites y debilidades. Por lo tanto, dediquen tiempo a la adoración eucarística, mediten asiduamente la Palabra de Dios para vivirla cada día, participen activa y plenamente en la vida sacramental y eclesial. De este modo conocerán al Señor y, en la intimidad propia de la amistad, descubrirán cómo entregarse a los demás, en el camino del matrimonio, o del sacerdocio, o del diaconado permanente, o en la vida consagrada, religiosa o seglar: toda vocación es un don inmenso para la Iglesia y para quien la acoge con alegría. Conocer al Señor significa sobre todo aprender a confiar en Él y en su Providencia, que sobreabunda en toda vocación.

Confianza

Del conocimiento nace la confianza, actitud que es hija de la fe, esencial tanto para acoger la vocación como para perseverar en ella. La vida, en efecto, se revela como un continuo confiar y encomendarse al Señor, aun cuando sus planes cambien los nuestros.

Pensemos en san José, que, a pesar del inesperado misterio de la maternidad de la Virgen, confió en el sueño divino y acogió a María y al Niño con corazón obediente (cf. Mt 1,18-25; 2,13-15). José de Nazaret es un icono de confianza total en el designio de Dios: confió incluso cuando todo a su alrededor parecía ser tiniebla y negatividad, cuando las cosas parecían andar en dirección opuesta a lo previsto. Él se fio y confió, seguro de la bondad y la fidelidad del Señor. «En cada circunstancia de su vida, José supo pronunciar su “ fiat”, como María en la Anunciación y Jesús en Getsemaní». [6]

Como nos ha enseñado el Jubileo de la Esperanza, es necesario cultivar una confianza firme y estable en las promesas de Dios, sin ceder nunca a la desesperación, superando miedos e incertidumbres, con la certeza de que el Resucitado es Señor de la historia del mundo y de nuestra historia personal. Él no nos abandona en las horas más oscuras, sino que viene a disipar todas nuestras tinieblas con su luz. Y precisamente gracias a la luz y a la fuerza de su Espíritu, también atravesando pruebas y crisis, podemos ver madurar nuestra vocación, reflejar cada vez más la belleza de Aquel que nos ha llamado, una belleza hecha de fidelidad y confianza, a pesar de las heridas y las caídas.

Maduración

La vocación, en efecto, no es una meta estática, sino un proceso dinámico de maduración, favorecido por la intimidad con el Señor. Estar con Jesús, dejar actuar al Espíritu Santo en los corazones y en las situaciones de la vida y releer todo a la luz del don recibido significa crecer en la vocación.

Como la vid y los sarmientos (cf. Jn 15,1-8), así toda nuestra existencia debe constituirse como un vínculo fuerte y esencial con el Señor, para convertirse en una respuesta cada vez más plena a su llamada, a través de las pruebas y las podas necesarias. Los “lugares” donde se manifiesta mayormente la voluntad de Dios y se hace experiencia de su amor infinito son a menudo los vínculos auténticos y fraternos que somos capaces de instaurar durante nuestra vida. Qué valioso es tener un buen guía espiritual que acompañe el descubrimiento y el desarrollo de nuestra vocación. Qué importantes son el discernimiento y el seguimiento a la luz del Espíritu Santo, para que una vocación pueda realizarse en toda su belleza.

La vocación, por tanto, no es una posesión inmediata, algo “dado” de una vez por todas; es más bien un camino que se desarrolla análogamente a la vida humana, en el cual el don recibido, además de ser cuidado, debe alimentarse de una relación cotidiana con Dios para poder crecer y dar fruto. «Esto es valioso, porque sitúa toda nuestra vida de cara al Dios que nos ama, y nos permite entender que nada es fruto de un caos sin sentido, sino que todo puede integrarse en un camino de respuesta al Señor, que tiene un precioso plan para nosotros». [7]

Queridos hermanos y hermanas, queridos jóvenes, los animo a cultivar su relación personal con Dios a través de la oración cotidiana y la meditación de la Palabra. Deténganse, escuchen, confíen; de ese modo, el don de su vocación madurará, los hará felices y dará frutos abundantes para la Iglesia y para el mundo.

Que la Virgen María, modelo de acogida interior del don divino y maestra de la escucha orante, los acompañe siempre en este camino.

Vaticano, 16 de marzo de 2026

LEÓN PP. XIV

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[1] «Y de hecho la ascética no está dirigida a formar un hombre “bueno”, sino bello; el rasgo característico de los santos ascetas no es en modo alguno la “bondad”, que se encuentra también en hombres carnales, incluso en pecadores habituales: es la belleza espiritual, la belleza deslumbradora de una persona resplandeciente, portadora de luz. Esta belleza es inaccesible para la inercia del hombre carnal» (P. Florenski, La columna y el fundamento de la verdad, Salamanca 2010, 113).

[2] S. Agustín, Confesiones, III, 6, 11: CSEL 33, 53.

[3] Carta ap. Una fidelidad que genera futuro (8 diciembre 2025), 5.

[4] Cf. Benedicto XVI, Carta enc. Deus caritas est (25 diciembre 2005), 1.

[5] S. Agustín, De la verdadera religión, XXXIX, 72: CCSL 32, 234.

[6] Francisco, Carta ap. Patris corde (8 diciembre 2020), 3.

[7] Francisco, Exhort. ap. postsin. Christus vivit (25 marzo 2019), 248.