sábado, 24 de octubre de 2026
24 de octubre: San Antonio María Claret. “Encender a todo el mundo en el fuego del divino amor”.
lunes, 12 de octubre de 2026
12 de octubre: San Carlo Acutis "Quien permanece en mí y yo en él, da mucho fruto, porque sin mí nada pueden hacer" (Juan 15,5)
jueves, 1 de octubre de 2026
1 de octubre: «¡Dios mío, te amo!» Santa Teresita del Niño Jesús
Extractado de una catequesis del Papa Benedicto XVI, en la audiencia general del 6 de abril de 2011.
miércoles, 23 de septiembre de 2026
jueves, 27 de agosto de 2026
“El que quiera seguirme... cargue con su cruz y me siga”. (Mateo 16, 21-27). XXII Domingo durante el año. Santa Rosa de Lima.
Santa Rosa de Lima: nuestra diócesis tiene tres parroquias que están bajo el patrocinio de la primera santa de América y entre ayer y hoy celebran sus respectivas fiestas patronales: Empalme Olmos, Balneario El Pinar en Ciudad de la Costa y la ciudad de Santa Rosa.
Rosa de Santa María vivió su tránsito de esta vida terrena a la vida junto a Dios en la noche del 24 de agosto de 1617, hace más de 400 años. Era tal la fama de santidad de la joven limeña, que el proceso de canonización se inició inmediatamente. Se recogieron muchísimos testimonios, sobre todo de milagros atribuidos a su intercesión. Se envió todo a Roma antes de que pasara un año. Allá, la Sagrada Congregación de Ritos, que se ocupaba de las causas de los santos, ordenó una investigación más completa, con nuevas declaraciones de testigos. Pasaron unos 15 años y cuando todo parecía estar pronto, el papa Urbano VIII cambió las normas: los procesos no podían realizarse antes de pasados cincuenta años luego de la muerte de los posibles santos. Todo se enlenteció por décadas, pero la devoción siguió difundiéndose por medio de estampas y grabados.
Luego de Urbano VIII vino el papa Alejandro VII, que dispensó de tiempos no cumplidos y apuró el proceso; pero no llegó a decretar la beatificación, porque falleció antes. La beatificó el papa Clemente IX, el 15 de abril de 1668, en la basílica de San Pedro. Al año siguiente fue declarada patrona de Lima y del Perú. Recordemos que no estamos hablando del país actual, sino del Virreinato del Perú, que abarcaba casi toda Sudamérica y parte de América Central, incluyendo los actuales territorios de Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia y Panamá, así como Chile, Argentina, Paraguay y Uruguay... Pero en aquellos tiempos, como decía el poeta, todavía “el Uruguay y el Plata vivían su salvaje primavera” (Tabaré, Juan Zorrilla de San Martín). Con esto se quiere decir que los españoles (ni los portugueses) habían fundado todavía ninguna ciudad en lo que hoy es Uruguay.
En 1670, la beata fue nombrada patrona de todo el Nuevo Mundo (es decir, toda América) y las Filipinas.
Finalmente, el papa Clemente X la proclamó santa el 12 de abril de 1671, 54 años después de su muerte.
Es así que llegó a los altares la primera santa nacida en tierra americana, criolla, hija de criollos.
Sus padres tuvieron entre diez y trece hijos. La familia pasaba por muchas dificultades económicas. Esa era una razón para querer casar a Rosa lo antes posible. Los padres ubicaron un candidato, pero ella se opuso firmemente. Se quedó en la casa paterna casi toda su vida, contribuyendo a la economía doméstica con labores de cosido y bordado. Llevó una vida de santidad y recogimiento en una ermita que se construyó en el huerto familiar. No ingresó en ningún convento de clausura, sino que decidió hacerse beata de la Orden Tercera de Santo Domingo, y es allí que tomó el nombre de Rosa de Santa María.
No es difícil conectar su vida con el Evangelio de hoy, en el que Jesús hace a sus discípulos un llamado exigente: seguirlo, llevando la propia cruz. Esto viene a propósito de un previo desencuentro con Pedro. Recordemos el pasaje anterior, que leímos el domingo pasado. Pedro reconoció en Jesús al
“Mesías, el Hijo de Dios vivo” (Mateo 16,16)
Eso le valió un especial reconocimiento de Jesús:
“Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mateo 16,18)
Estamos en el centro del evangelio de san Mateo. La profesión de fe de Pedro y la misión que Jesús le encomienda, son un punto de inflexión, es decir, punto de llegada y de partida. Los discípulos han llegado a reconocer en Jesús al Mesías y Pedro ha tenido la gracia de expresarlo. Pero… ¿comprenden realmente ellos qué es lo que significa para Jesús ser el Mesías? Hay muchos indicadores en los Evangelios de que los discípulos veían delante de ellos un camino triunfal, por el que el Mesías restablecería el Reino de Israel y algunos de ellos ocuparían en el mismo destacados puestos… Por eso, es necesario para Jesús anunciar que el camino será muy diferente a lo que ellos se figuran:
Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día. (Mateo 16,21)
Es aquí donde Pedro pretendió reprender a Jesús y terminó siendo él severamente reprendido:
Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: «Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá».
Pero Él, dándose vuelta, dijo a Pedro: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres». (Mateo 16,22-23)
Aquí Simón Pedro se muestra preocupado por la suerte de Jesús. No parece haber registrado el anuncio de la resurrección; es el anuncio de la condena a muerte lo que nubla su entendimiento. En su reacción se mezclan sentimientos: por un lado, su amor al Maestro… pero por otra parte, tal vez su propio instinto de conservación. Si eso es lo que va a suceder con Jesús, ¿qué le sucederá a quienes lo siguen? Lo que Jesús dice a continuación responde a esa posible inquietud:
«El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará». (Mateo 16,24-25)
Jesús no está preocupado por él mismo, sino por la reacción de sus discípulos ante el misterio del seguimiento, el misterio de la vida en seguimiento de Cristo. Por eso, Jesús no les habla de su cruz, que ya aparece en el horizonte, sino de aquella que cada uno de los discípulos -y cada uno de nosotros- está llamado a cargar.
San Pablo, en la segunda lectura, se hace de algún modo intérprete de esas palabras de Jesús y de sus consecuencias en la vida del discípulo y anima a asumirlas en profundidad:
Hermanos, yo los exhorto por la misericordia de Dios a ofrecerse ustedes mismos como una víctima viva, santa y agradable a Dios: este es el culto espiritual que deben ofrecer. (Romanos12,1)
El culto espiritual al que se refiere Pablo debe pasar continuamente a través del crisol purificador de un compromiso existencial que hace que la vida de cada día se vaya haciendo, no según los pensamientos de los hombres, como reprocha Jesús a Pedro, o tomando de modelo a este mundo, como llama a no hacer san Pablo (Romanos 12,2). La vida y el camino del cristiano se construye “según los pensamientos de Dios”.
Ese culto espiritual supo realizarlo Santa Rosa en su vida de terciaria dominica, plenamente consagrada a Dios, pero cercana al sufrimiento de los más pobres de su tiempo en aquella aristocrática Lima. Esos pobres eran para ella rostros de Cristo, “Cristos azotados”. Como cuenta una testigo, en el proceso de canonización:
“… era la bendita virgen de grande caridad y amor al prójimo, curaba a todos los que podía y para este efecto, los traía a su casa doliéndose de sus enfermedades, sin reparar que fuesen negros o indios, ni de enfermedades asquerosas. Cuando sabía que alguno estaba en pecado, hacía diligencia para sacarlo de él”. (Testimonio de la india Mariana)
Santa Rosa, encendida en el amor de Dios, cargó con su propia cruz y reconoció la presencia de Jesús en los crucificados de su tiempo, a los que ella ayudó a llevar su cruz.
Nos encomendamos a su intercesión para aprender a llevar en nosotros los sufrimientos de Cristo y esforzarnos en vivir unidos solamente a Él.
En esta semana
- Lunes 31, San Ramón Nonato, patrono de la parroquia de San Ramón, Canelones.
- Martes 1 de septiembre, Jornada mundial de oración por el cuidado de la creación, comienza el “tiempo de la Creación”, hasta el 4 de octubre.
- Jueves 3, San Gregorio Magno, Papa y doctor de la Iglesia.
- Sábado 5, Santa Teresa de Calcuta, fundadora de las Misioneras de la Caridad. Fiesta en Hogar San José, Municipio de 18 de Mayo.
- Domingo 6 de septiembre, primer domingo de mes, en Uruguay, la 47 Jornada Nacional de la Juventud, convocada bajo el lema “Que sean uno para que el mundo crea”.
Gracias, amigas y amigos. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.
miércoles, 26 de agosto de 2026
27 de agosto: Santa Mónica. Palabra de Vida: “Él los mantendrá firmes hasta el fin” (1 Corintios 1,1-9)
domingo, 23 de agosto de 2026
martes, 18 de agosto de 2026
viernes, 14 de agosto de 2026
14 de agosto: san Maximiliano Kolbe.
martes, 11 de agosto de 2026
domingo, 9 de agosto de 2026
10 de agosto: San Lorenzo, diácono y mártir.
Deseó ardientemente acompañar al papa Sixto II en su martirio. Según cuenta san León Magno, recibió del tirano la orden de entregar los tesoros de la Iglesia, y él, burlándose, le presentó a los pobres en cuyo sustento y abrigo había gastado abundantes riquezas. Por la fe de Cristo, tres días más tarde superó el tormento del fuego, y el instrumento de su tortura se convirtió en distintivo de su triunfo, siendo enterrado su cuerpo en el cementerio de Campo Verano, que desde entonces fue llamado con su nombre (año 258).
viernes, 7 de agosto de 2026
7 de agosto: San Cayetano, Presbítero
De una carta de San Juan Pablo II al superior general de los Teatinos, 7 de agosto de 1980, en el quinto centenario del nacimiento de San Cayetano.
lunes, 3 de agosto de 2026
San Juan María Vianney: una ordenación complicada.
Con un obispo que no era el suyo, sin presencia de familiares, compañeros y amigos, tras una marcha a pie de varios días, Juan Bautista María Vianney, el futuro "Santo Cura de Ars", recibió la ordenación sacerdotal, el 13 de agosto de 1815.
Algunas de sus peripecias las cuenta Francis Trochu, en su obra "El Santo Cura de Ars", relato que hemos tomado como base, complementado con algunas notas históricas de la época.
martes, 28 de julio de 2026
29 de julio: Santos Marta, María y Lázaro.
martes, 7 de julio de 2026
7 de julio: San Marcos Ji Tianxiang. EL ADICTO AL OPIO QUE LLEGÓ A SER SANTO.
| En esta imagen, el santo aparece llevando en su mano la palma del martirio, mientras pisa la pipa de fumar opio que queda a su espalda. |
Las Guerras del opio en China
China, 1829. El emperador DaoGuang, que gobernó el país entre 1820 y 1850, prohibió la venta y el consumo del opio a causa del número de adictos.
El opio es una mezcla compleja de sustancias que se extrae de las cápsulas de la adormidera, una variedad de amapola, que contiene morfina y otros alcaloides.
Desde el siglo XVIII, el opio llegaba en forma ilegal desde la India Británica. El Reino Unido tenía un gran déficit comercial con China, debido a la alta demanda de té, seda y porcelana chinos, y al escaso interés en China por los productos británicos. Si bien los chinos ya consumían opio, los británicos hicieron crecer el consumo colocando por medio del contrabando grandes cantidades en el mercado, para equilibrar su déficit.
El Emperador no solo prohibió el contrabando sino que implementó medidas para combatir, incautando y destruyendo el opio que se encontrara.
El funcionario encargado de esa lucha y en 1839 llegó a publicar una carta abierta a la reina Victoria pidiéndole que respetara las reglas del comercio internacional y no comerciara con sustancias tóxicas:
Pero existe una categoría de extranjeros malhechores que fabrican opio y lo traen a nuestro país para venderlo, incitando a los necios a destruirse a sí mismos, simplemente con el fin de sacar provecho. (...) ahora el vicio se ha extendido por todas partes y el veneno va penetrando cada vez más profundamente (...) Por este motivo, hemos decidido castigar con penas muy graves a los mercaderes y a los fumadores de opio, con el fin de poner término definitivamente a la propagación de este vicio. (...) Todo opio que se descubra en China se echará en aceite hirviendo y se destruirá. En lo sucesivo, todo barco extranjero que llegue con opio a bordo será incendiado (...) Lin Hse Tsu. Carta a la reina Victoria. 1839.[
Las medidas del emperador llevaron a un conflicto con el Reino Unido que condujo a las guerras del opio, la primera de 1839 a 1942 y la segunda, en la que Francia se sumó a los británicos, de 1856 a 1860. China fue derrotada y forzada a tolerar el comercio del opio.
Cristianos en China
El cristianismo era -como hoy- una religión muy minoritaria en China, pero tenía un largo arraigo. Los escritos más antiguos que documentan esa presencia datan del siglo VII. En el siglo XVI la llegada de los misioneros jesuitas, con el P. Matteo Ricci, que accedió a la corte del emperador y fue reconocido como un sabio, ganó respetabilidad para esta fe llegada de occidente.
Marcos Ji y su adicción al opio
Poco antes de la primera guerra del opio, en el año 1834, dentro de una familia china cristiana de buena posición económica, nació Marcos Ji Tianxiang. Recibió una buena educación, se casó, formó una familia y estudió medicina, especializándose en cirugía.
Marcos practicaba su fe: tenía sus tiempos de oración, asistía a Misa, se confesaba regularmente y otorgaba ciertos tratamientos gratuitos a sus pacientes pobres. Gozaba de estima, por lo que se le encomendó la administración de los bienes de su pequeña comunidad cristiana.
A los 40 años contrajo una enfermedad abdominal muy dolorosa, por lo que se recomendó el uso del opio para aliviar el dolor, un tratamiento que terminó por volverse una verdadera adicción. Durante veinte años Intentó desintoxicarse, pero no lo logró, recayendo continuamente. Su confesor le prohibió recibir la comunión mientras siguiera en su consumo. Marcos continuó su lucha, sin dejar de asistir a Misa y dedicando tiempos fuertes a la oración. Sintiendo que no podría liberarse de la droga, se convenció de que solo el martirio podría llevarlo a la vida eterna. Tras muchos años de constante lucha y asidua participación en la comunidad, pudo recibir de nuevo los sacramentos.
La rebelión de los Bóxers
En el año 1898 estalló en China la rebelión de los “Bóxers”. Recordando humillaciones como las sufridas en las guerras del opio y otras intervenciones e injerencias, los rebeldes se oponían a la creciente presencia extranjera, lo que incluía a los misioneros y, por extensión, a los chinos que hubieran abrazado la fe cristiana.
El martirio de Marcos y su familia
El 7 de julio de 1900 los Bóxers llegaron a la aldea donde vivía Marcos. Él y su familia (hijos, nueras y nietos, unas 13 personas se ocultaron durante un tiempo, pero finalmente fueron descubiertos y arrestados.
Los Bóxers le exigieron renunciar a su fe católica. Sus conocidos y los pacientes que había beneficiado con su profesión de médico, le rogaron que lo hiciera para obtener el perdón de los Bóxers y que no los dañaran ni a él ni a su familia. Marcos y los suyos se negaron a renegar de su fe y a entregar las medallas y escapularios que llevaban.
Condenada a muerte toda la familia, Marcos rogó a los rebeldes ser el último al que le quitaran la vida. De esa forma pudo orar y animar a su familia a morir como mártires y no tener que morir solos. Mientras esperaba su turno, entonó letanías a la Virgen María y finalmente fue decapitado aquel 7 de julio del año 1900. Así redimió con su vida su imposible rehabilitación de su adicción al opio.
Beatificación y canonización
La causa de beatificación de Marcos Ji Tianxiang, fue incluida en el grupo llamado San León Ignacio Mangin, sacerdote jesuita francés, misionero en China y compañeros. El reconocimiento de su martirio fue hecho el 22 de febrero de 1955. Fue beatificado el 17 de abril del mismo año por el Papa Pío XII entre un total de 120 mártires chinos. Los 120 beatos mártires, incluidos Marcos Ji y su familia, fueron canonizados por el Papa Juan Pablo II el 1 de octubre de 2000.
La homilía de san Juan Pablo II en la canonización
En su homilía, san Juan Pablo II destacó los testimonios de algunos de los 120 mártires:
La jovencita Ana Wang, de 14 años, resiste a las amenazas de su verdugo, que la invita a apostatar, y, disponiéndose a la decapitación, con el rostro radiante, declara: "La puerta del cielo está abierta a todos", y susurra tres veces "Jesús". El joven Chi Zhuzi, de 18 años, grita impávido a quienes le acaban de cortar el brazo derecho y se preparan para desollarlo vivo: "Cada pedazo de mi carne y cada gota de mi sangre os repetirán que soy cristiano".
Igual convicción y alegría testimoniaron los otros 85 chinos, hombres y mujeres de todas las edades y condiciones, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos, que, con la entrega de su vida, sellaron su fidelidad indefectible a Cristo y a la Iglesia. Esto sucedió en el arco de varios siglos y en épocas complejas y difíciles de la historia de China. Esta celebración no es el momento oportuno para formular juicios sobre aquellos períodos históricos: podrá y deberá hacerse en otra circunstancia. Hoy, con esta solemne proclamación de santidad, la Iglesia quiere solamente reconocer que aquellos mártires son un ejemplo de valentía y coherencia para todos nosotros y honran al noble pueblo chino.
En esta multitud de mártires brillan también 33 misioneros y misioneras, que dejaron su tierra y trataron de introducirse en la realidad china, asumiendo con amor sus características, con el deseo de anunciar a Cristo y servir a ese pueblo. Sus tumbas están allá, como un signo de su pertenencia definitiva a China, que ellos, aun con sus límites humanos, amaron sinceramente, gastando por ella sus energías. "Nunca hemos hecho mal a nadie -responde el obispo Francisco Fogolla al gobernador que se dispone a herirlo con su espada-. Al contrario, hemos hecho el bien a muchos". Dios envía felicidad.
miércoles, 24 de junio de 2026
Palabra de Vida: Estar abiertos al llamado de Dios. Isaías 49,1-6.
lunes, 22 de junio de 2026
sábado, 13 de junio de 2026
San Antonio de Padua y San Francisco de Asís.
En el marco del Jubileo Franciscano, que nos invita a poner atención en los santos y santas de la familia franciscana, es interesante preguntarnos cuál fue la relación entre estos dos grandes santos.

