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sábado, 2 de octubre de 2010

Cómo conocí a Mary MacKillop

Mary MacKillop - Brisbane
Dentro de poco será canonizada la beata Mary of the Cross MacKillop, que en la vida secular se llamó Mary Helen, virgen, fundadora de la Congregación de las Hermanas de San José del Sagrado Corazón.
Mary of the Cross, María de la Cruz, llega así a ser la primera mujer, más aún, la primera persona australiana reconocida como santa por la Iglesia Católica.

La primera vez que oí hablar de ella fue en 2008, cuando acompañé a la delegación uruguaya que participó en la Jornada Mundial de la Juventud en Sydney.
Entre los diez patronos de la JMJ que aparecían en la folletería y cartelería de la jornada, aparecía el rostro de esta mujer con el hábito que la identificaba como religiosa.
Apenas registré en mi memoria ese detalle, pero poco más tarde me tocó presenciar una sencilla escena que me conmovió profundamente y despertó mi interés por conocer más a la Beata Mary.

En los días previos a la JMJ visité la catedral de Brisbane. Un cartel fuera del templo anuncia que es también santuario de Mary MacKillop. Al entrar encontré la imagen de la beata. Si el retrato hace justicia a la verdad, puedo decir que no vi un rostro particularmente bonito; sin embargo, su expresión irradiaba paz. La imagen es de cuerpo entero, y está algo elevado sobre el nivel del piso. Las manos de la santa están extendidas hacia delante.
Cuando llegué, había una jovencita en oración. Tenía su mano derecha colocada sobre la misma mano de la imagen, y su frente apoyada sobre el dorso de su propia mano. Yo hubiera querido tomar una foto de la imagen, pero la joven seguía en su oración y yo no quería invadir ese momento. Al costado y hacia atrás de la imagen había una entrada al santuario. Me dirigí hacia allí. Sobre la pared había pintadas, de forma muy estilizada, algunas escenas de la vida de Mary (las ilustraciones me parecieron más bien anodinas, muy poco sugestivas). Pero cuando salí, vi de nuevo a la joven, que seguía rezando. Pero ahora veía su rostro. Un rostro muy bonito, lleno de inocencia, con sus ojos cerrados y con una expresión de profunda consolación.
Resistí la tentación de robar su imagen con mi máquina de fotos y preferí atesorarla en mi corazón. ¿Qué estaría pasando por la mente y el corazón de esa joven? ¿Qué súplica habría confiado al Señor a través de Mary? ¿Qué estaría agradeciendo?

Mi segundo encuentro me acercó a la historia de Mary. En la radio escuché una entrevista a un sacerdote, que describía a Mary MacKillop como una santa realmente australiana.
Recuerdo algunas de sus expresiones:
  • en una época en que Australia se estaba formando como nación, fue alguien que creyó en el futuro de Australia como país.
  • al fundar su congregación religiosa, no siguió los modelos europeos vigentes en el momento, sino que procuró crear un instituto realmente adecuado a las necesidades y a la religiosidad de los australianos.
  • fue un testigo del amor de Dios por los más pobres, dirigiendo hacia ellos todas sus fuerzas.
Finalmente, compré en las Paulinas de Sydney (sí, claro, allá están también) una biografía de Mary, escrita por una mujer.
Su vida me pareció realmente fascinante.
Como Obispo, no dejaron de impresionarme sus intensas luchas con los Obispos que, necesitados y deseosos de agentes pastorales, intentaron "sacarle" a Mary sus hermanas para sus respectivas diócesis.
Su viaje a Roma, para gestionar la aprobación de la congregación (lo que facilitaría también un mejor reconocimiento de parte de los Obispos) no sólo fue una verdadera odisea, de largos meses de navegación, sino que al llegar a Génova, donde desembarca se encuentra con que le piden papeles y ella no cuenta con un pasaporte. Mary llega a Italia como una "indocumentada", una historia que, al igual que muchos otros inmigrantes de otros continentes, los latinoamericanos conocemos bien. Es hasta un poco irónico que quien ayuda a Mary a resolver el problema sea nada menos que el cónsul de los Estados Unidos, que expide un pasaporte a su nombre !!!
Me despertó gran admiración la lucha que mantuvo con su frágil salud, lucha en la que le sostuvo una gran fortaleza interior, verdadero don de la Gracia. "Todo lo puedo en Aquel que me conforta", son palabras de San Pablo (Fil 4,13) que Mary bien pudo hacer suyas.
Atravesó episodios confusos, con acusaciones de alcoholismo, con una excomunión por parte de un Obispo, no del todo clara canónicamente.
Consagró los esfuerzos de su comunidad a la educación de los niños y adultos de las familias más pobres. Una fuerte apuesta a la educación como camino de promoción humana y como medio de crecimiento en la fe, al acceder a la Palabra de Dios y a la catequesis.
Ella y sus hermanas vivieron en austeridad y sencillez, manteniéndose así cercanas a los pobres.

Hoy, las Hermanas de San José del Sagrado Corazón están presentes no solamente en Australia y en otros países de habla inglesa, sino que han llegado también a América Latina, donde tienen una comunidad en Perú.
Ya no están en el mundo de la educación católica formal. En fidelidad a su carisma siguen cercanas a los más pobres, en obras de promoción humana y dando testimonio del amor de Dios por los más pequeños.

Con los jóvenes delegados de Uruguay visitamos la tumba de Mary en su santuario.
Como si esto fuera poco, llegué en 2009 a hacer una segunda visita a Sydney. Por esas cosas de la Providencia, llegué a la celebración de los 150 años de la muerte de la Beata, y me uní a la Misa que presidió el Cardenal Georges Pell y visité nuevamente el santuario.
Pude también ser recibido por la superiora general de la congregación y compartir algo de esto que aquí les cuento.

Me alegro profundamente de esta canonización, y espero que los australianos, católicos o no, puedan vivirla con un mayor reconocimiento del regalo de Dios que ella ha significado para su pueblo.
+ Heriberto A. Bodeant

How did I meet Mary MacKillop
Blessed Mary of the Cross MacKillop, in secular life called Mary Helen, virgin, founder of the Congregation of the Sisters of Saint Joseph of the Sacred Heart (Josephites) will be canonized soon.
Mary of the Cross will become the first Australian woman, even more, the first Australian person to be recognized as a saint by the Catholic Church.
The first time I heard of Mary was in 2008, when I accompanied the Uruguayan delegation to the World Youth Day in Sydney.
Among ten people chosen as patrons of the WYD, which appeared in folders and posters, I found the face of this woman, easily identified by her habit as a nun. I didn’t particularly register that figure in my memory, but some days later I was surprised by a scene which touched me deeply and awakened my interest to know more about blessed Mary.

In the days previous to the WYD I visited the Cathedral of Brisbane. A sign outside the church announced that it also was a diocesan shrine of Mary MacKillop.
As I entered to the temple, I founded the image of the Blessed one. If the sculpture does justice to truth, I can say that I didn’t see an especially pretty face. Nevertheless, she had a peaceful expression. The image is a full-length portrait, and is elevated above floor level. The hands of the Blessed are extended towards the one who stands in front of her.
When I arrived, there was a young blond lady praying. She had her hand on the hand of Blessed Mary, and her forehead rested on the back of her own hand. I wanted to take picture of the image, but the young lady stayed praying and I didn’t want to disturb her. On the walls aside of the image there were some stylized paintings about the life of Mary (by the way, I found them rather anodyne). When I returned, I could see the face of the girl, who was still praying, her eyes closed. I saw a beautiful and innocent face, with an expression of deep consolation.
I resisted my wish to capture the scene with my camera and I preferred to keep it in my heart, as a very special gift… What would be in the mind and the heart of the girl? Which petition would she have presented to the Lord by the intercession of Mary? What would be her thanksgiving?

My second encounter with Mary was with her story. Whilst listening to the radio, I heard an interview with a priest. He described Mary MacKillop as a truly Australian saint.
Recalling some of his statements:
  • She believed in the future of Australia as a nation, when the country was just a group of colonies.
  • When she founded her congregation of sisters, she didn’t follow the standing European models but she looked to give an answer to the needs and the spirit of the Australians.
  • She was a witness of the love of God for the poor ones, and she directed toward them all her efforts.
Feeling myself moved for all this, I decided to learn more. I went to the Pauline Sisters bookstore in Sydney and I bought a biography: Mary MacKillop Unveiled, by Lesley O’Brien.
I found her life was absolutely fascinating.
As a Bishop, I couldn’t be less than touched for her tenacious fight against some of the Australian Bishops who, in the need of qualified nuns for their dioceses, tempted to “steal” the sisters from Mary.
Her trip to Rome, to obtain the approval of the congregation (also in order to be better recognized and accepted by Bishops) was truly an odyssey, with several months of navigation. Arriving at the port of Genoa, she found herself without papers: she didn’t have a passport! This is a well-known story for Latin-Americans and other migrants. I can’t help to find somewhat ironic the fact: the diplomat who helped Mary to solve the problem, expending a passport for her, was the consul of the United States!
I couldn’t but admire her struggle with her fragile health. Having a weak body, she was assisted by an interior force, a truly gift of Grace. “I can do all things through Him who strengthens me” (Phil 4, 13). Mary could make hers these words of Paul.
She went through valleys of shadow, with accusations of alcoholism, even an excommunication…
She devoted all the efforts of her community to the education of children and adults of the poorest families. She committed herself to promoting education as a part of social development and a means to grow in Faith, to better know the Word of God and receive a sound catechism.
She and her sisters lived in austerity and simplicity of life, keeping themselves always next to the poor ones.

Today, the Josephites are present not only in Australia and New Zealand, as well in other English speaking countries, but also in Latin America, where they have a community in Peru.
They are no more engaged in formal education. In renewed fidelity to Mary’s charisma they work in the promotion of the poor being witnesses of the love of God for the little ones.

In the days of the WYD I visited the tomb of Mary MacKillop, with the Uruguayan delegation.
More than that, I did a second visit en 2009. By means of the Providence, I was in Sydney the day of the celebration of 150 years of the death of the Blessed, and a joined the Mass which was officieted by Cardinal Georges Pell. I was also received by the Council of the Josephites and I could tell them all this.

I am really glad for this canonization, and I hope all Australians, catholics or not, would receive this event as a great acknowledgment of the gift of God which Mary has been for her people.
+ Heriberto A. Bodeant
Bishop of Melo, Uruguay

viernes, 1 de octubre de 2010

La fascinante vida de la beata Mary MacKillop

La fundadora de las Hermanas de San José será canonizada el próximo 17 de octubre


ROMA, martes 13 de julio de 2010 (ZENIT.org).- Audaz, intrépida y adelantada para su tiempo. Al mismo tiempo dulce, bondadosa y muy espiritual. Así era Mary MacKillop (1842- 1909) la primera australiana en ser reconocida como santa. Benedicto XVI la canonizará el próximo 17 de octubre en la Plaza de San Pedro en el Vaticano.

Para conocer más detalles sobre su vida, ZENIT entrevistó a la postuladora para su causa de canonización, la hermana Mary Casey, miembro de las Hermanas de San José del Sagrado Corazón, congregación religiosa fundada por la futura santa.

-¿Cómo vivió Mary MacKillop su infancia y su juventud?
Hna Mary Casey: Mary MacKillop, hija de inmigrantes, nació en Scotland (Melbourne), una ciudad que en ese entonces tenía sólo siete años de existencia. Australia había sido colonizada por los europeos, unos 100 años atrás. Sus padres Alexander y Flora llegaron de manera separada, pero quizás se conocieron en Escocia, su lugar de procedencia.
Mary nació el 15 de enero de 1842, fue la primera de 8 hijos. Su padre no había podido tener un empleo estable y por ello las circunstancias de la familia cambiaban mucho. A veces dependían de sus familiares para poder vivir. Desde muy temprana edad Mary tuvo que trabajar, primero en una papelería y luego, como profesora y después como institutriz de sus primos. Mary amaba la naturaleza y tenía un gran afecto por su familia.

-¿Cómo sintió la llamada de fundar a las Hijas de San José?
Hna Mary Casey: Cuando Mary era institutriz en el sur este de Australia, se dio cuenta que había muchos niños en el área rural que no tenían educación, especialmente los niños católicos. Ella soñaba con ser religiosa, pero dejó de lado este anhelo por ayudar a su familia. Mientras trabajaba como institutriz conoció a un sacerdote, el padre Julian Tenison Woods, cuya parroquia era muy grande, casi tenía la misma extensión que Inglaterra. Él compartió el anhelo de Mary y, a los 24 años ella se consideraba ya libre para cumplir su sueño.
No quiso entrar en ninguna congregación religiosa de las que estaban presentes en Australia, cuyo trabajo estaba más focalizado en las ciudades. En 1866 ella y su hermana abrieron el primer colegio en una caballeriza en desuso ubicada en Penola. Así nació la congregación de las Hermanas de San José del Sagrado Corazón.
A Mary le aconsejaron que se mudara a Adelaida, donde la nueva congregación se expandió tan pronto como las otras colonias de Nueva Zelanda. Le pidieron su apoyo y sólo le pidió a sus padres si podían ayudarla económicamente de alguna manera. María no podía pagar nada. Pronto Mary estableció algunas casas para chicas solteras embarazadas, para las mujeres que salían de la cárcel y para los ancianos indigentes.

-¿Cuáles son sus principales virtudes?
Hna Mary Casey: Recordamos a Mary, tanto por las obras que hizo como por la persona que fue. Como dijo Juan Pablo II durante su beatificación en Sydney: "Porque el amor de Dios inflamó su corazón, ella valientemente defendió a los débiles, los pobres, los sufrientes y todos aquellos que pertenecían a la sociedad marginada. Ella trabajó para asistir a las mujeres y las familias en peligro, para erradicar la ignorancia entre los jóvenes. En ella, los rechazados, los que nadie ama y aquellos que son apartados de la sociedad encontraron consuelo y fortaleza". (Juan Pablo II, Sydney, 18 de enero de 1995).
Ella vivió el Evangelio imperativo de amar al prójimo como a sí mismo. Ella le dio dignidad a los pobres, especialmente a las mujeres que se movían en un ambiente de grandes dificultades. Trataba a los aborígenes con el respeto que hasta ese momento nadie lo había hecho. Como institutriz, se hizo amiga de los niños aborígenes y les enseñó a leer y escribir.

-¿De dónde provenía tanta bondad?
Hna Mary Casey: Mary recibió de su madre una profunda fe en la Providencia de Dios. Ella vivió como muchos creyentes y contagiaba a sus hermanas de esta fe. Su fe viva, su activa esperanza, caridad y apertura a la acción de la gracia la nutrían en su vida diaria y se hacían evidentes en el ejercicio de sus virtudes.
Con valentía, dulzura y compasión, vivió aislada en las zonas rurales con los habitantes de los tugurios y con las personas de la clase obrera. A sus hermanas les exhortaba a vivir con las constituciones y reglas, a orar individual y comunitariamente, a tener devoción hacia el Santísimo Sacramento, a vivir en constante presencia de Dios y a asistir a la misa cada vez que el sacerdote estuviera disponible.
Ella fue leal a la Iglesia y tuvo un cariño especial por los sacerdotes y por el apostolado que hacían. Nunca permitió que alguna de sus hermanas hablara mal de un sacerdote u obispo.
Vivió la ley en el espíritu y no sólo en la letra. No dudaba en adecuarlas a cada hermana cuando las circunstancias individuales lo requerían. Era amiga de personas de todos los niveles sociales. Su amiga, Joanna Barr Smith, una mujer anglicana, escribió al final de su vida sobre la vida de Mary: "Viviendo o muriendo, yo soy siempre la misma para ti y estoy orgullosa de mirar atrás en estos casi 40 años de amistad".
Sin embargo, su don más destacado fue la bondad. No era sólo la bondad reflejada en todas las obras de las que era responsable, ni la bondad como una cualidad aislada, distante sino la bondad que describe San Pablo en su Primera carta a los corintios: "El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tienen en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta". (1 Corintios, 13, 4 7).
Después de su beatificación el Primer Ministro de Australia, dirigió al Parlamento reiterando su contribución: Dijo: "Las cualidades que ella consagró: apertura y tolerancia, valentía, persistencia, fe y amor hacia los demás son cualidades que deben vivir las naciones ya sea personal o comunitariamente". (Paul Keating, primer ministro de Australia al Parlamento, 21 de enero de 1995)
Hace dos años, durante su visita a Sydney en ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud, el Papa Benedicto XVI, refiriéndose a Mary MacKillop dijo: "conozco su perseverancia en momentos de adversidad, su plegaria por la justicia en nombre de quienes son tratados injustamente y su ejemplo práctico de santidad se han convertido en una fuente de inspiración para todos los australianos".

-¿Por qué dicen que era una mujer con una mentalidad avanzada para su tiempo?
Hna Mary Casey: Por varias razones: en primer lugar, en Australia ella quería que sus hermanas estuvieran bajo el gobierno de una religiosa que fuese la superiora general que tuviera la libertad de enviarla donde fuese necesario.
En aquella época las religiosas estaban bajo la jurisdicción del obispo local. Ella quería que sus hermanas vivieran como los pobres, en pequeñas comunidades de dos o tres hermanas y en lugares lejanos donde tanto la misa como los sacramentos no siempre estaban al alcance de la gente. Además, ella tenía una visión de toda Australia cuando éste era apenas un país conformado por colonias individuales.

-Un evento insólito ocurrió en su vida: la excomunión por el obispo de Adelaida ¿por qué se dio esto?
Hna Mary Casey: Las razones de su excomunión son complejas. El padre fundador, Julian Tenison Woods, había trabajado como el director de Educación Católica en Adelaida y no era muy popular entre sus feligreses. Al establecer nuevas escuelas, aumentaron las deudas de muchos de los que eran atendidos por las Hermanas de San José.
Algunas hermanas no estaban educadas como deberían, pero Mary insistía en que no podían existir divisiones entre el coro y las hermanas laicas. El problema final fue que uno de los consejeros del obispo le dijo a Mary que el obispo quería que regresara inmediatamente a la zona rural. Mary respondió que ella necesitaba verlo antes de regresar allí. Su respuesta fue comunicada al obispo como un rechazo a su petición. Sus consejeros le recomendaron excomulgarla y así lo hizo.

-¿Y qué hizo ella?
Hna Mary Casey: Cuando Mary fue excomulgada, a las otras hermanas se les prohibió hablar con ella y muchas fueron alejadas de la congregación. Mary fue acogida por sus amigos y eventualmente, por algunos hombres de negocios judíos, quienes le proporcionaron una casa a ella y a algunas mujeres que se vieron obligadas a irse.
Los padres jesuitas se dieron cuenta de esta injusticia y continuaron suministrándole los sacramentos. Cinco meses después de la excomunión el obispo se dio cuenta de su error y desde su lecho de muerte envió a uno de los sacerdotes para que cancelara la sentencia. Durante el tiempo de excomunión, Mary nunca pronunció una palabra contra el obispo y siguió orando por él.

-¿Cuál fue el milagro para su canonización?
Hna Mary Casey: Fue la curación de una mujer que padeció un largo cáncer que en teoría no tenía cura ni tratamiento alguno. Le habían dado pocas semanas de vida, a lo mucho unos pocos meses. Su familia, sus amigos y las hermanas de San José oraron a través de la intercesión de la beata Mary MacKillop para su pronta recuperación. Han pasado los años y ella está viva, bien y de acuerdo con las más estrictas pruebas de evidencia médica, libre del cáncer.

Por Carmen Elena Villa