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viernes, 2 de febrero de 2024

Sacerdotes veroneses que estuvieron en la Diócesis de Salto

Juan Bendinelli, Luigi Verzé, José Turri,
Octavio Todeschini, Zenón Carazzollo y Juan Barlottini

El Monte Baldo

Del lunes 29 al martes 30 de enero, visité la "Comunidad de la Ascensión", en Rosaro, provincia de Verona, en el norte de Italia.

Esa pequeña comunidad está formada por tres sacerdotes que estuvieron como misioneros "Fidei Donum" en la Diócesis de Salto. Son los Padres Ottavio Todeschini, Luigi Verzé y Zenón Carazzollo.

Ya retirados de la responsabilidad de párrocos, tienen en esa casa un lugar para la vida fraterna, la oración, la acogida a quienes buscan un tiempo de retiro, de acompañamiento espiritual o de celebración de la reconciliación y colaboran con el párroco en la atención de capillas vecinas.

El martes estuvimos con otros veroneses que estuvieron también en la Diócesis de Salto: Juan Bendinelli, Juan Barlottini y José Turri.

Fue un hermoso y fraterno encuentro, lleno de gratos recuerdos pero compartiendo también inquietudes sobre el presente y el futuro de la Iglesia en Uruguay, Italia y el mundo.

Desde el jardín de la Iglesia se puede ver el Monte Baldo, gran macizo montañoso de los Alpes, que tiene una altura máxima de 2.218 metros sobre el nivel del mar. 

viernes, 31 de agosto de 2018

Mons. Pablo Galimberti: En defensa de Francisco

Columna de Mons. Pablo Galimberti, publicada hoy en el diario CAMBIO de la ciudad de Salto.

El arzobispo Carlo María Viganò, que ocupó cargos de mucha responsabilidad como nuncio en los Estados Unidos, días pasados publicó una carta de once páginas al Papa Francisco. Lo acusa de no haber tomado a tiempo medidas contra un Cardenal americano acusado de abusos.
En la carta ataca a numerosos colaboradores del presente y pasado de los últimos tres Papas. Afirma que sobre estos asuntos había informado oportunamente al Papa Francisco.
Desde que este prelado había regresado de Estados Unidos en el 2016, Francisco le hizo saber que era mejor para él regresar a su diócesis italiana de origen. Esto no agradó a Viganò, que buscando motivos para quedarse en Roma, inventó la excusa de tener que cuidar a un hermano gravemente enfermo. Viganò fue acumulando rencor y resentimientos y ahora apunta hacia el Papa.
Respecto al camino que ha seguido, se ha equivocado por completo. No insistió procurando una audiencia privada para discutir el caso McCarrick (arzobispo acusado a quien el Papa “degradó” de su condición de cardenal). Y en lugar de los caminos silenciosos del diálogo franco, mirándose a la cara, ha hecho explotar una bomba, que aunque fechada el 22 de agosto, otra mano seguramente prefirió hacerla estallar justo en ocasión de la visita de Francisco a Irlanda.
Viganò acusa al Papa de haber dilatado una medida disciplinar contra el cardenal americano. Pero la pregunta es por qué Viganò calló este asunto durante cinco largos años, sin abrir la boca hasta ahora. Sobre él mismo recae la misma responsabilidad y su testimonio no parece ser desinteresado.
Francisco es paciente. Se informa y corrobora las fuentes. Coteja testimonios y luego actúa sin que le tiemble el pulso.
Aunque la noticia sorprende, no seamos fariseos. El Evangelio narra la petición de Santiago y Juan, apóstoles, que causó indignación en el grupo: “Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir: sentarnos uno a tu derecha y otro a tu izquierda cuando estés en tu gloria” (Marcos 10,37).
Francisco continúa sorprendiendo a muchos, especialmente en el Vaticano: visitando inmigrantes, las cárceles, desayunando con mendigos y prefiriendo a pastores con olor a oveja.
Muchos periodistas se han sorprendido ante lo ocurrido. En lugar de esgrimir argumentos deja a los cronistas el juicio, en un acto de confianza, contando con la madurez profesional de cada uno, porque “ustedes tienen la capacidad periodística suficiente para sacar las conclusiones”.
La periodista Stefania Falasca, de Avvenire, califica ayer la carta como mezcla de medias verdades. “Una viciada técnica conocida en la comunicación, llamada desinformación, que es más grave respecto incluso a la calumnia y la difamación, porque propone sólo una parte de la verdad persiguiendo un fin”.
La desinformación se construye precisamente sobre medias verdades. Un clásico mecanismo dirigido a impedir la respuesta. La frutilla de la torta llegó al final de todo este affaire. En una conversación con la agencia AP, un periodista de un blog anti-Bergoglio, poseído por una euforia de protagonismo, confesó que fue él quien preparó el montaje de la carta.
El perfil del Papa Francisco agrada y a la vez molesta. Según desde dónde se lo mire. Lo cierto es que para muchos ha sido una bocanada de aire nuevo y purificado. Tratemos de escuchar la voz del Espíritu en estas turbulencias eclesiales y sociales.

martes, 24 de julio de 2018

El Papa Francisco nombró Obispo de Salto y Obispo Auxiliar de Montevideo

El Papa Francisco nombró hoy Obispo de Salto al Pbro. Fernando Miguel Gil, de 65 años de edad, uruguayo que ejerció hasta el momento su ministerio sacerdotal en la Diócesis de Merlo-Moreno, Argentina. Nombró, asimismo, Obispo Auxiliar de Montevideo al Pbro. Pablo Alfonso Jourdán Alvariza, de 54 años de edad, doctor en Medicina, ordenado sacerdote hace 22 años, perteneciente al clero de la Diócesis de Minas.
El anuncio de estas designaciones fue dado a conocer este martes 24 de julio por la Santa Sede, a las 12 horas de Roma (7 horas de Uruguay). En nuestro país la noticia fue difundida por la Nunciatura Apostólica a través de la Oficina de Prensa de la Conferencia Episcopal del Uruguay.
Con estos nombramientos, el episcopado uruguayo queda conformado por 10 obispos titulares, tres obispos auxiliares (dos en Montevideo y uno en Canelones) y siete obispos eméritos (uno de Montevideo, uno de Canelones, uno de Florida, uno de Maldonado, uno de Salto y dos de Melo que residen fuera de la Diócesis).

OBISPO DE SALTO

El Pbro. Fernando Gil Eisner, nombrado Obispo de Salto, nació en Montevideo el 8 de mayo de 1953 y está radicado en Argentina desde 1966. En 1976 comenzó sus estudios de Filosofía y Teología y el 25 de marzo de 1983 fue ordenado sacerdote en la Diócesis de Morón, en el gran Buenos Aires. En 1986 obtuvo la licenciatura en Teología en la Facultad de Teología de la Universidad Católica Argentina (UCA) y en 1989 el grado de Doctor en Historia de la Teología, por la Universidad Gregoriana de Roma.
Ejerció los primeros años de su ministerio como Vicario de la Parroquia San José de Moreno, que en ese momento abarcaba las actuales Parroquias de María Madre de Dios, María Auxiliadora y San José. Fue en distintos momentos, Administrador Parroquial de esas Parroquias, Párroco de Ntra. Sra. del Rosario de Fátima en Merlo y, actualmente, es Párroco de la Parroquia María Auxiliadora en el mismo Moreno.
En la Diócesis de Merlo-Moreno prestó su servicio como asesor diocesano de catequesis, director del Seminario Catequístico ̈San Juan Diego”, miembro del Consejo Presbiteral, del Colegio de Consultores y del Equipo Diocesano de formación permanente. Es miembro y asesor del movimiento de espiritualidad “Soledad Mariana” desde sus orígenes (1976) hasta la actualidad. Recientemente fue nombrado director espiritual del Seminario de Morón.
A la par de sus tareas pastorales, ejerce la docencia en el Departamento de Historia de la Iglesia de la Facultad de Teología de la UCA y desde 2003 es Director de la Biblioteca de la Facultad de Teología de la misma Universidad. En 2008 fue nombrado vicedecano de la Facultad de Teología quedando luego a cargo del decanato entre 2009 y 2011.
Entre 1986 y 2007 fue director del Instituto San José del Seminario de Morón (afiliado a la UCA). Ha sido profesor también en el Instituto Teológico Franciscano Fray Luis Bolaños (Buenos Aires),1993-2009; en el Instituto San Juan María Vianney del Seminario de Mercedes, 1992-1997; en el Instituto Superior de Estudios Teológicos Cristo Buen Pastor de los Salesianos, 2000-2002, y en el CEBITEPAL, CELAM, Bogotá, 2016-2018.
Es miembro del Comité de Historia de la Comisión Arquidiocesana de Cultura, de la Junta de Historia Eclesiástica Argentina, del Instituto de Historia del Derecho Canónico Indiano perteneciente a la Facultad de Derecho Canónico de la UCA y del Instituto Bonaerense de Numismática y Antigüedades.
Ha publicado regularmente obras relacionadas con la Historia de la Iglesia y la Historia de la Teología.
La Diócesis de Salto fue creada en el año 1897 por el Papa León XIII. Comprende los departamentos de Artigas, Salto, Paysandú y Río Negro. Alberga en total unos 367.000 habitantes. Mons. Gil Eisner será su sexto obispo.

OBISPO AUXILIAR DE MONTEVIDEO

El Pbro. Pablo Jourdán Alvariza, nombrado Obispo Titular de Medianas Zabuniorum y Auxiliar de la Arquidiócesis de Montevideo, nació el 23 de enero de 1964, en Montevideo. Recibió la ordenación sacerdotal el 5 de noviembre de 1995. Pertenece al presbiterio de la Diócesis de Minas. Desde enero de 2014 es Párroco de la Parroquia San Carlos Borromeo en la localidad de José Pedro Varela (Lavalleja).
Es Doctor en Medicina por la Universidad de la República. Obtuvo el grado de Bachiller en Teología en la Facultad de Teología del Uruguay Mons. Mariano Soler, y el de Licenciado en Moral y Espiritualidad en la Universidad de Navarra.
Fue Párroco en la Parroquia San Nicolás de Bari en Batlle y Ordoñez. Hace 10 años que es Responsable de la Pastoral Bíblica de la Diócesis de Minas y por tres periodos desempeñó el cargo de secretario ejecutivo de la Comisión de Animación Bíblica de la Pastoral de la Conferencia Episcopal del Uruguay. Desde febrero de 2013 participa en los cursos de actualización organizados por el CEBITEPAL (CELAM), en Bogotá.
Ordenación Episcopal
El Pbro. Jourdán será ordenado Obispo en la Catedral Metropolitana de Montevideo el Domingo 30 de septiembre de 2018, por el Cardenal Daniel Sturla.

martes, 19 de junio de 2018

30 años de la muerte de Mons. Carlos Nicolini, "el Obispo de los Jóvenes"



Hoy se cumplen 30 años de la muerte de Mons. Carlos Alberto Nicolini, obispo coadjutor de Salto.
Carlos Nicolini nació en Montevideo en 1941.
Fue ordenado sacerdote con 23 años, obispo con 36 y falleció a los 47.
Le tocó una delicada actuación en la Diócesis de Salto, durante el exilio de Mons. Marcelo Mendiharat.
En la Conferencia Episcopal fue “el Obispo de los jóvenes”, a los que dejó estas
“Bienaventuranzas de la Civilización del amor”:
  • Felices los que han hecho la opción por los pobres, porque conocerán el Amor que Dios les tiene y vivirán como hermanos e hijos de un mismo Padre.
  • Felices los que están abiertos a “lo nuevo”, porque sabrán ver entre los signos de la muerte y los signos de vida la luz del horizonte de la esperanza que nos convoca.
  • Felices los que saben entregar sus vidas, porque, aun cuando mueran sin comprender el por qué, sabrán que la verdad y la justicia están por llegar.
  • Felices los que saben confiar y esperar, porque ustedes harán la Civilización del Amor, fructificarán la esperanza y serán llamados hijos de Dios.
  • Felices los que sufren incomprensión y son perseguidos por practicar la justicia, porque si el grano de trigo, sembrado en tierra no muere, no da fruto; a ustedes pertenece el Reino de los Cielos.
  • Felices ustedes cuando sean perseguidos e insultados a causa del Evangelio de Jesucristo. No se pongan tristes; alégrense por que el mismo Hijo de Dios los hará presentes ante su Padre, que está en los cielos.
  • Felices ustedes, jóvenes, porque se han abierto a la Palabra de Dios, la ponen en común y la quieren sembrar en una Nueva Sociedad, porque en esta nueva encarnación, Dios es “Dios con nosotros”, que vive en medio de su Pueblo.
Mons. Carlos A Nicolini

domingo, 19 de febrero de 2017

El Cardenal Daniel Sturla anunció que el Padre “Cacho” es Siervo de Dios y comienza su proceso de beatificación y canonización

(NOTICEU, Montevideo, 19 de febrero de 2017)

La Santa Sede autorizó el comienzo de la causa formal de canonización del Padre Ruben Isidro Alonso, Padre “Cacho” y a partir de ahora es “Siervo de Dios”. En marzo comenzará oficialmente su proceso de canonización y beatificación.

El Arzobispo de Montevideo, Cardenal Daniel Sturla, lo anunció esta mañana en su programa radial “La Alegría del Evangelio”, en Oriental 770 AM, señalando que se trata de una Buena Noticia que “nos llega de alegría”, referida a “una figura entrañable para la Iglesia uruguaya y la Iglesia de Montevideo” e invitó a pedir su intercesión con vistas a su beatificación y canonización.
El Arzobispo de Montevideo informó que el postulador de la causa, Pbro. Daniel Bazzano, realizó “un trabajo muy bien hecho” de acuerdo al procedimiento, que incluyó una breve biografía, el relevamiento de testimonios de personas que conocieron al Padre Cacho para saber si en verdad su vida fue ejemplar y virtuosa.
Hace unos días, la Congregación para la Causa de los Santos en la Santa Sede dio el llamado “nihil obstat” es decir, la autorización para que comience el proceso con vistas a la beatificación y posterior canonización.
Ya se mandaron a imprimir estampitas con la imagen del Padre Cacho y una oración para que se pueda orar pidiendo su intercesión.
“Siento la imperiosa necesidad de vivir en un barrio de pobres y hacer como hacen ellos. Necesito encontrar a Dios entre los que más sufren… Sé que vive allí, que habla su idioma, que se sienta a su mesa, que participa de sus angustias y esperanzas”. Con esta certeza llegó en 1977 el Padre Cacho a Montevideo, luego de prestar su servicio ministerial en Salto, Paysandú y Rivera y se la plantea al entonces Arzobispo de Montevideo, Mons. Carlos Parteli Se instala, entonces, en el barrio las Acacias, al norte de la ciudad, a pocas cuadras del “cantegril” de Aparicio Saravia. Murió el 4 de setiembre de 1992 y sus restos fueron transportados por un carrito de clasificadores hasta el Cementerio del Norte.
Desde entonces fueron varias las voces que coincidieron en otorgarle “fama de santidad”.

BREVE BIOGRAFÍA
Ruben Isidro Alonso nació el 15 de mayo de 1929. Hijo de los primos Dámaso Alonso, panadero, y María Alonso, lavandera. A los 12 años ingresó a la casa de formación de la congregación salesiana. Se ordenó sacerdote en noviembre de 1959. El Concilio Vaticano II, el despertar de la voz de la Iglesia latinoamericana con Medellín y Puebla, la Teología de la Liberación y la Educación Popular constituyeron un escenario donde se proyectó desde su vocación.
Trabajó como catequista en Montevideo y Paysandú;  en 1973 lo nombraron primer Asesor Diocesano de la naciente Pastoral Juvenil de la Diócesis de Salto.  En 1975, con dos compañeros salesianos, inspirados en la experiencia de los curas obreros, se fue a vivir a un barrio en los márgenes de la ciudad de Rivera. En el año 1977 llegó a Montevideo deseoso de profundizar en esa manera de vivir su sacerdocio: ser un vecino más. Así descubre la zona de Aparicio Saravia, el lugar de sus amores, donde plantó su tienda para no marcharse jamás. El 4 de setiembre de 1992 parte su cuerpo  en un carrito tirado por un caballo blanco. Una caravana silenciosa de hombres, mujeres, niños y perros lo acompañan.

EL CAMINO A LA SANTIDAD
El camino hacia la santidad tiene varios escalones: El título “Siervo de Dios” se otorga cuando comienza oficialmente la causa de un “candidato a la santidad”, después que la Santa Sede autoriza la apertura del proceso, ya que comprueba que el candidato tiene “fama de santidad”.
Luego, se estudia en profundidad su vida para comprobar que ha vivido heroicamente las virtudes humanas y cristianas. Si esto se comprueba, y después de pasar por dos tribunales, el Santo Padre firma el decreto que declara al siervo de Dios como venerable. Seguidamente pasa a ser beato y, finalmente, santo. Para que un venerable sea beatificado es necesario que se haya obtenido y comprobado un milagro debido a su intercesión y para que sea canonizado es necesario un segundo milagro. Ese segundo milagro debe ocurrir después de ser proclamado beato.

¿Qué son las virtudes heroicas?
En el estudio de la vida de las personas que tienen fama de santidad se trata de investigar si han vivido las virtudes humanas y cristianas en grado heroico, es decir con una fidelidad que va más allá de lo común y que supone una repuesta generosa a la Gracia de Dios. Estas virtudes “humanas” son las clásicas del mundo griego: prudencia, fortaleza, justicia y templanza. A ellas se suman las virtudes cristianas de la fe, la esperanza y el amor.

Padre Juan Masnou (1931-2017). Peregrino en busca de una Patria.

Barcelona, 30 de enero de 2016
“Los que tal dicen, claramente dan a entender que van en busca de una patria; pues si hubiesen pensado en la tierra de la que habían salido, habrían tenido ocasión de retornar a ella. Más bien aspiran a una mejor, a la celestial. Por eso Dios no se avergüenza de ellos, de ser llamado Dios suyo, pues les tiene preparada una ciudad...”
(Hebreos 11,14-16)
El P. Juan Masnou ha terminado su peregrinación por los caminos y ciudades de este mundo y ha partido a la Ciudad que el Padre ha preparado. Falleció en la mañana de hoy, domingo 19 de Febrero de 2017, en la residencia sacerdotal de Barcelona donde vivió este último tiempo. Había nacido el 12 de noviembre de 1931. Tenía 85 años.

Como buen peregrino, viajó siempre “ligero de equipaje”. Así llegó al Uruguay, poco después de ser ordenado sacerdote para la Arquidiócesis de Barcelona. Era una “vocación tardía”: entró al Seminario con su título de abogado, pero cumplió con lo que la Iglesia pedía y ofrecía como formación para sus ministros.

Pasó un breve tiempo en la Diócesis de Canelones, en tiempos de Mons. Nutti.
En 1970 vivió una experiencia como “cura obrero” en Las Piedras que terminó en un conflicto que determinó su alejamiento de la Iglesia canaria. Mons. Mendiharat lo recibió en la Diócesis de Salto. El Obispo preguntó a los sacerdotes de Fray Bentos, los Padres Sanchis y Pertusatti, si estaban dispuestos a recibir un sacerdote que podía ser “problemático”… Cuenta el P. Sanchis que los dos lo pensaron bien, pero discernieron: “¿qué clase de curas seríamos si fuéramos capaces de dejar en banda a un compañero en apuros? Aunque nos dé trabajo, lo recibimos”. Poco después, recuerda Sanchis, llegó por tren, antes que Masnou, su bicicleta. Los sacerdotes no se arrepintieron de su decisión.

En Fray Bentos estuvo muchos años, repartidos en diferentes períodos. Fue también párroco en Bella Unión y vicario parroquial en San José Obrero de Paysandú. Iba donde el Obispo le pidiera… siempre que no fuera lejos del Río Uruguay, donde iba a nadar un rato todos los días que fuera posible. Su último servicio para la Iglesia en el Uruguay estuvo en el Seminario Interdiocesano. Quienes pasaron por el Seminario en aquellos días recuerdan su enfático llamado a “poner toda la carne en el asador”: es decir, poner toda la vida en manos del Señor para servirlo en los hermanos y, si no, mejor irse para la casa.

El particular don del P. Juan estaba en sus charlas bíblicas. Era un estudioso de la Biblia que se sentaba largas horas, leyendo los textos, subrayando con diferentes colores, anotando al costado comentarios y referencias. Leía el Evangelio en griego buscando desentrañar el sentido original de las palabras y no dejaba de presentar alguna de ellas, oportunamente elegidas, en sus charlas en las parroquias. Estudiando se olvidaba de comer, pero cuando llegaba el hambre ponía algo en el fuego y seguía estudiando, hasta que le llegaba el olor a quemado del huevo que había quedado sin agua en la cacerola.

La atención de los enfermos lo preocupaba; tanto para hacerlo personalmente, como para organizar y movilizar a la comunidad para que llegara al lado de quien estuviera sufriendo. En mis primeros tiempos de sacerdote, precisamente en Fray Bentos, estuve un año con él y recibí en herencia su “pastoral de la salud”, con equipos de laicos que se dividían las distintas zonas que él había trazado en el plano de Fray Bentos para mantener visitas regulares a enfermos y ancianos, muchas veces acompañados por él.

Las anécdotas de Juan son innumerables… no vacila en decirle a un hombre angustiado que estaba a punto de ser operado que a él lo habían “operado de lo mismo y había quedado muy bien”. Tiempo después, se encuentran ambos en la playa y el hombre le agradece el ánimo que le había dado en aquel trance, pero se queda mirándolo un momento y agrega “sin embargo, Padre, a usted no le quedó ninguna marca de la operación”.

Muchas veces regresó “definitivamente” a España, pero siempre volvía al Uruguay, donde había iniciado su ministerio sacerdotal y donde reencontraba a la gente que lo quería y esperaba. Un día su regreso se hizo, esa vez sí, definitivo y se quedó en Barcelona, en la parroquia San Ildefonso, en Cornellá de Llobregat.

No era fácil encajar en la pastoral de una gran ciudad. Hablaba el catalán, pero estaba más a gusto en esa parroquia con gente de otros lugares de España que escuchaban con gusto la Misa en castellano. Encontró interesados en formar un grupo bíblico y los acompañó fielmente. Deseando seguir cerca de los enfermos, pero sin entrar en la estructura de la Pastoral de la Salud de la Arquidiócesis, se hizo voluntario de la Cruz Roja. Seguía nadando, en piscina… se cayó y se fracturó el omoplato: allí estuvieron sus compañeros de Cruz Roja para asistirlo.

En Cornellá tuvo como párroco al P. Toni Casas, que le tenía un gran cariño y respeto. Fue él quien nos comunicó su fallecimiento esta mañana. El año pasado, acompañado por el P. Toni, visité al P. Juan en la residencia sacerdotal a donde se había trasladado. Aunque pensé que podía serlo, no deseaba que esa fuera nuestra despedida y esperaba volver a verlo en otra oportunidad. Pero sí, esa fue nuestra despedida.

Yo ya lo había escuchado más de una vez, cuando en el año 1979 pasó por la parroquia de Young, mi pueblo, con una serie de charlas que él titulaba “El Dios de los Padres”. Los Padres eran los grandes patriarcas bíblicos. Así se presentaba Dios cuando hablaba a su Pueblo: «Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob» (Éxodo 3,6). En ese tiempo yo estaba en mi búsqueda vocacional, que me llevaría a ingresar al Seminario el año siguiente. Me marcó profundamente, y sigue siendo para mí una referencia hasta hoy, la presentación de Abraham que nos hizo el P. Masnou. Lo mostró como el peregrino que, respondiendo al llamado de Dios, “salió sin saber a dónde iba” (Hebreos 11,8). Guiados por Juan, fuimos recorriendo el camino de Abraham por la Tierra Prometida, presenciando como, en cada sitio al que llegaba, desplegaba su tienda y edificaba un altar a Yahveh, invocando su nombre, para luego enrollar de nuevo la carpa y partir (ver Génesis, capítulo 12). Abraham, padre de los creyentes, es el hombre que vive su fe en una relación de amistad y familiaridad con Dios, confiando en él sin vacilar, aunque le pida que le entregue el hijo de la Promesa. Abraham es el peregrino que va en busca de la Patria definitiva, la Patria Celestial y es modelo de todo creyente. Cada tienda plantada, cada altar construido, son apenas etapas en el camino que hay que saber dejar atrás para seguir caminando. Como sacerdote y hoy como Obispo, aprendí en aquellas charlas del P. Juan a vivir a sabiendas de que no tenemos aquí morada permanente, sino que somos peregrinos de la Eternidad.

Pero el P. Juan tenía muy claras las enseñanzas del Concilio Vaticano II: “Se equivocan los cristianos que, pretextando que no tenemos aquí ciudad permanente, pues buscamos la futura, consideran que pueden descuidar las tareas temporales, sin darse cuanta que la propia fe es un motivo que les obliga al más perfecto cumplimiento de todas ellas según la vocación personal de cada uno. Pero no es menos grave el error de quienes, por el contrario, piensan que pueden entregarse totalmente del todo a la vida religiosa, pensando que ésta se reduce meramente a ciertos actos de culto y al cumplimiento de determinadas obligaciones morales. El divorcio entre la fe y la vida diaria de muchos debe ser considerado como uno de los más graves errores de nuestra época.” (Gaudium et Spes, 43). En sus charlas, de una profunda espiritualidad y hondas raíces bíblicas, nunca estaba ausente la exhortación a unir coherentemente la fe y la vida, en todos los aspectos, sin descuidar el social.

Me uno al recuerdo, a la acción de gracias por su vida y a la oración de todos los que lo conocimos para que encuentre la Paz del Señor. Doy gracias especialmente por todo lo aprendido y vivido con él. Comencé con una cita de la carta a los Hebreos, y concluyo con otra: “Acuérdense de sus dirigentes, que les anunciaron la Palabra de Dios y, considerando el final de su vida, imiten su fe” (13,7).

+ Heriberto, Obispo de Melo

viernes, 13 de mayo de 2016

Mons. Bodeant: "Hace años que en el Uruguay y en otros países hay religiosas que bautizan y celebran matrimonios"

El Papa Francisco recibe en audiencia a las participantes en
la asamblea de la UISG (Unión General de Superioras Generales)

Religiosas que bautizan y presiden matrimonios

- Mons. Heriberto, el jueves 12 de mayo se difundió una información sobre el encuentro del Papa Francisco con un grupo de religiosas. La Agencia EFE, por ejemplo, tituló "El Papa abre camino para que la mujer case y bautice". ¿Qué puede decirnos sobre eso?
- En realidad el tema es otro: el Papa habló de la posibilidad de abrir a las mujeres el camino del Diaconado, que actualmente sólo lo pueden recibir los varones. Pero en Uruguay y en muchos países del mundo, hace años que hay religiosas que bautizan y presiden la celebración de matrimonios. Eso sucede en nuestra propia Diócesis.
- ¿Cuáles son esas religiosas?
- En nuestro caso, son las Misioneras de Jesús Verbo y Víctima, que tienen a su cargo la atención pastoral de las parroquias de Santa Clara de Olimar y Tupambaé y tienen tambièn comunidades en las Diòcesis de Salto y de Mercedes. Ellas están facultadas por el Obispo para celebrar Bautismos y presidir la celebración de los matrimonios. Las MJVV fueron fundadas hace más de 50 años en Perú, por el Obispo de la prelatura de Caravelí, Mons. Federico Káiser, que contaba con muy pocos sacerdotes y fundó esta congregación religiosa para atender en forma permanente parroquias y bases misioneras a las que los sacerdotes podían llegar sólo ocasionalmente.
- ¿Qué es una prelatura?
- Es una porción del Pueblo de Dios, una parte de la Iglesia, en un territorio determinado, bajo la guía de un Obispo, pero que todavía no es una Diócesis. Podríamos decir que es una etapa misionera, previa a la creación de una Diócesis. Mons. Káiser, con la ayuda de una religiosa alemana, la Madre Willibrordis, fundó las MJVV para enviarlas a lugares recónditos, donde no había sacerdote permanente y, en el marco de lo que permiten las normas de la Iglesia, les concedió las facultades para bautizar y presidir casamientos. A eso se agregó luego la posibilidad de dar la Comunión con las Hostias consagradas por un sacerdote en la última Misa celebrada, reservadas en el Sagrario.

Quiénes pueden bautizar

MJVV celebrando un Bautismo
- ¿Por qué ellas pueden bautizar? ¿No es necesario ser por lo menos diácono para celebrar bautismos?
- Desde su origen, la Iglesia tiene claro que, en caso de necesidad, puede bautizar cualquier persona, incluso aunque ella misma no esté bautizada, cumpliendo tres condiciones:
primero, utilizar agua, que es la materia propia del Bautismo. Simplemente agua: no es necesario que sea agua bendita;
segundo, utilizar la fórmula "N. yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espìritu Santo", es el mandato de Jesús en el Evangelio de San Mateo (28,19) "Vayan, pues, y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo";
tercero, muy importante: que esa persona tenga la intención de hacer lo que hace la Iglesia.
- Pero usted dice que esto es "en caso de necesidad".
- Así es: un niño nace con peligro de muerte. Sus padres desean que sea bautizado; tanto la mamá como el papá, o personal de la salud o cualquier otra persona puede hacer eso. Después hay que informar de eso a la parroquia que corresponda, donde puede completarse la ceremonia, especialmente con la unciòn del Santo Crisma; pero, si todo se hizo como lo indiqué antes, no se vuelve a dar el agua del Bautismo, porque el niño ya la recibió.
- Entonces, ¿qué diferencia hay entre ese bautismo, que muchos llaman "agua de socorro" y lo que hacen las religiosas?
- Como ya indiqué, eso se hace en caso de necesidad; las religiosas que han recibido ese encargue lo hacen en forma completamente regular, es decir, con una preparación previa de padres y padrinos y con todos los pasos que incluye la celebración. No hay que olvidar que también hay un Libro de Bautismos en cada parroquia, donde todos los bautismos deben quedar debidamente asentados. Esos libros fueron, antes de la creación del Registro Civil en el Uruguay, el registro de nacimientos con que contaba el país. Hoy siguen siendo importantes al interno de la Iglesia, sobre todo a la hora en que se presenta una pareja para contraer matrimonio, porque lo primero que se les va a pedir es la Fe de Bautismo, el certificado de Bautismo de cada uno de ellos.

Los novios "se casan"; el sacerdote "asiste" al matrimonio

MJVV recibiendo el consentimiento de los esposos
en la celebración de un matrimonio.
- Ya que habla de Matrimonio, le hago la misma pregunta que para el Bautismo: ¿no son sòlo los diáconos y los sacerdotes o el Obispo los que pueden casar una pareja?
- En realidad, no es totalmente correcto decir que el sacerdote "casa" a la pareja. Son los novios quienes "se casan". Las normas de la Iglesia dicen que el Sacramento del Matrimonio lo produce el consentimiento de los contrayentes. Ahora bien, para que ese consentimiento sea válido, ninguno de los que se casa ha de estar afectado por un impedimento (por ejemplo, ya estar casado) y el consentimiento debe ser expresado ante un ministro autorizado y dos testigos. Los ministros son el Obispo o el párroco, que pueden delegar a otro sacerdote o a un diácono. En el caso de las MJVV, éstas reciben una autorización especial del Obispo para poder "asistir" al matrimonio, es decir recibir el consentimiento matrimonial de una pareja.

Las diaconisas

Ícono que representa
a la Diaconisa Febe
- Entonces, si todo esto ya está presente en la vida de la Iglesia, ¿qué es lo nuevo que plantea el Papa Francisco?
- El jueves pasado, el Papa Francisco recibió a 900 superioras religiosas de la Unión Internacional de Superioras Generales, que estaban en esos días reunidas en asamblea plenaria. Respondiendo a preguntas de las religiosas, el Papa afirmó que se podría crear una comisión que estudie la posibilidad del diaconado para las mujeres. El diaconado es actualmente un grado del Sacramento del Orden, reservado a los varones. Es un paso necesario para ser ordenado presbítero (sacerdote), pero también existen diáconos permanentes, como los que tenemos en nuestra diócesis. Hombres casados que, después de algunos años de matrimonio y pasando por una adecuada formación y discernimiento vocacional reciben la ordenación diaconal y son valiosos servidores de nuestras comunidades.
- En la carta a los Romanos (16,1-2) San Pablo dice: "les recomiendo a nuestra hermana Febe, diaconisa de la iglesia en Cencrea. Recíbanla en el Señor, como es digno de los santos y ayùdenla en cualquier cosa que necesite de ustedes; porque ella ha ayudado a muchos, y a mí mismo". ¿Hubo entonces mujeres con el ministerio del diàcono -diaconisas- en los primeros tiempos de la Iglesia?
- Sí, claro, la Diaconisa Febe. Como se ve, San Pablo hace toda una recomendación de esa mujer a la que llama, además de diaconisa, "nuestra hermana". Aparentemente era una viuda que contaba con recursos con los que ayudaba a los misioneros. La recomendación parece indicar que es ella quien llevó a Roma la carta de Pablo a los Romanos, lo que muy probablemente sucedió.
Ahora, hay que decir tambièn, como lo señala Francisco, que cuando se habla de las mujeres diáconos en los primeros siglos de la Iglesia, no se sabe realmente qué papel desarrollaban y sobre todo si habían sido ordenadas o no. A esto hay que agregar que la vida religiosa o vida consagrada es una vocación diferente de la vida sacerdotal. No olvidemos que hay también varones que son religiosos y no son sacerdotes, sino hermanos, como los Hermanos de la Sagrada Familia, por ejemplo. Entonces, aunque se abra camino para el diaconado de la mujer, eso no hará automáticamente diaconisas de las religiosas, a menos que tengan esa vocación especial y la Iglesia les confiera ese ministerio en la forma en que eventualmente se determine, que puede ser distinta de la ordenación.

DECOS-MELO

jueves, 12 de mayo de 2016

Culminó ayer en el Santuario de la Virgen de Itatí el 31º Encuentro de Diócesis de Frontera







31º Encuentro de Diócesis de Frontera
Paso de la Patria, Corrientes (Argentina) 9 al 11 de mayo de 2016
Mensaje Final
“Los vecinos se encuentran para reflexionar y compartir sobre los distintos aspectos de una ecología integral que incorpore las dimensiones humanas, sociales y pastorales para nuestra región y la vida de nuestros pueblos. (cf. LS 137)”.

Agradecidos a Dios porque, convocados como pueblo de hijos y de hermanos en Jesús, hemos concluido nuestro encuentro anual de vecinos de frontera. Nos hemos reunido en Paso de la Patria, a orillas del Paraná, lugar donde se dio uno de los primeros encuentros entre el hombre europeo y los pobladores originarios de estas costas. Lugar de encuentro pacífico, fraterno y hospitalario, expresión de la forma sencilla en que ellos vivían y la veneración que profesaban hacia la naturaleza y la madre tierra. Así, los vecinos nos reconocemos hermanos, sentimos por un momento que la frontera se diluye y se descorre el velo, revelando la verdadera identidad de nuestra condición humana: una sola familia con la hermosa tarea de cuidarnos unos a otros y hacernos cargo juntos de nuestra “Casa Común”.
Ante la falta de una toma de conciencia colectiva y la preocupación por la progresiva degradación y amenaza de nuestro planeta y del ser humano, como parte integral del ecosistema planetario, asumimos la complejidad de la situación que nos involucra a todos. Interpelados y alentados por el Encíclica “Laudato Sí”, sobre el cuidado de la Casa Común, reafirmamos que todo está conectado y que no hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. Por cuanto, está bien que además de reflexionar sobre las dimensiones humanas y sociales de la ecología integral, asumamos también el urgente desafío de la dimensión pastoral que nos compete específicamente.
La dimensión pastoral, iluminada desde la fe en la Palabra de Dios y la tradición cristiana, como aportación a la reflexión sobre el cuidado de la Casa Común, y como opción de la calidad de las acciones que debemos emprender para hacer efectivo ese cuidado, es una contribución necesaria que nos corresponde dar a los creyentes. La “piedra de toque y la llave de oro” de la ecología de Jesús es la bienaventuranza de la mansedumbre: Bienaventurados los mansos porque tendrán acceso a la tierra (Mt 5,4). “Ñandejára ñe’e guive jareko peteĩ tekove ha jahechakūa’a oñondivepa”. Ésta mirada de Jesús y su Evangelio sobre la realidad, tiene consecuencias en nuestra forma de pensar, de sentir, de vivir y de actuar (austeridad y responsabilidad de consumo, trabajo mancomunado en redes, criterios para la decodificación de los mensajes publicitarios, una participación proactiva, una mayor conciencia ciudadana). “Porque no será posible comprometerse en cosas grandes solo con doctrinas sin una mística que nos anime, sin unos móviles interiores que impulsan, motivan, alientan y dan sentido a la acción personal y comunitaria” (LS 216).
Para que esa dimensión pastoral tenga una proyección testimonial y profética, tenemos que estar dispuestos todos a cambiar modos de pensar y hábitos muy arraigados, que nos hacen cómplices del maltrato al ambiente que nos rodea (a modo de ejemplo: mega proyectos de producción, sobre-explotación del Acuífero Guaraní, planes nucleares, proyectos de fracking, de minería metalífera a cielo abierto, de mega represas y otros), y también al propio cuerpo y al cuerpo de nuestros hermanos y hermanas, sobre todo de los más pobres y desheredados de bienes y derechos fundamentales. Nos hace falta –advierte el papa Francisco– “una conversión ecológica, que implica dejar brotar todas las consecuencias de nuestro encuentro con Jesucristo en las relaciones con el mundo que nos rodea” (LS 217). Lo cual demanda una “sana relación con lo creado como una dimensión de la conversión íntegra de la persona. Esto implica también reconocer los propios errores, pecados, vicios o negligencias, y arrepentirse de corazón, cambiar desde adentro” (LS 218).
Afortunadamente, esa transformación es posible porque, como afirma San Pablo, “Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha marcado con un sello por el Espíritu Santo prometido. Ese Espíritu prepara la redención del pueblo que Dios adquirió para sí, para alabanza de su gloria” (Cf. Ef 1, 3-14). Valoramos las distintas iniciativas y experiencias de cada lugar que nos abren a la esperanza que es posible un cambio. Eso lo celebramos gozosos porque contemplamos que se va haciendo realidad en la historia, y a la vez misión, en la que estamos embarcados nosotros. Donde el hombre es parte integral de la naturaleza, tiene la responsabilidad de interactuar con ella como hombre y de usarla sin perder de vista la dignidad humana ni la dignidad de la naturaleza.
Encomendamos nuestra región y la vida de nuestros pueblos, a las manos de María nuestra Madre. Que ella nos enseñe a ser discípulos misioneros de su Hijo Jesús para quienes las fronteras geográficas construidas por los hombres, son una tarea urgente para convertirlas en vías de intercambio solidario, en puentes de amistad y con el compromiso firme de buscar juntos los modos más fraternos, más justos y eficaces de cuidar nuestra Casa Común.


Paso de la Patria, 11 de mayo de 2016
Participantes de los siguientes países y diócesis:
Argentina: Diócesis de Concordia, Corrientes, Formosa, Goya, Gualeguaychú, Oberá, Resistencia y Santo Tomé.
Brasil: Diócesis de Bagé, Chapecó, Pelotas, Santo Ângelo y Uruguaiana.
Paraguay: Diócesis de Asunción, Ciudad del Este y Encarnación.
Uruguay: Diócesis de Salto y Tacuarembó.