domingo, 28 de junio de 2020

Misa - Domingo XIII durante el año - Llevar la propia cruz.



Misa celebrada en la capilla Nuestra Señora de Lourdes, Barrio Sóñora, Melo, Cerro Largo, Uruguay.
Parroquia Nuestra Señora del Carmen, Diócesis de Melo.

jueves, 25 de junio de 2020

Tomar la cruz y seguir a Jesús (Mateo 10,38). Domingo XIII del Tiempo durante el año.







Aquella reunión del entrenador con su equipo fue diferente a tantas otras que habían hecho en la previa de un partido. El veterano solía hacer algunas recomendaciones para todos, en general; después algunas indicaciones particulares para cada jugador y terminaba transmitiéndoles un gran ánimo y el llamado a entrar y moverse en la cancha como un verdadero equipo…

Sin embargo, esta vez no estaban en la sala del club donde solían encontrarse. Cada uno, en su casa, miraba a una pantalla donde podían verse y escucharse unos a otros. El viejo entrenador les habló de un partido diferente… un partido sin tiempos, sin otro equipo en la cancha… un partido donde cada uno tenía que seguir jugando en su casa o en el espacio donde pudiera mantenerse en forma… pero donde ninguno debía olvidar la casaca que los identificaba y los hacía sentir equipo, aunque no estuvieran juntos.

Muchas veces Jesús actúa como el entrenador que envía a su equipo, sus discípulos, a jugarse en el terreno.

No los envía sin entrenamiento. Han hecho camino con él. En sus encuentros con la gente lo han escuchado, han visto su forma de actuar… ahora es su turno. Jesús confía en ellos, los envía, pero no deja de hacer las recomendaciones finales del buen entrenador.

Todo el capítulo 10 del evangelio de san Mateo está dedicado al envío de los discípulos en misión.
Mateo 10,1-4: Formación y capacitación del equipo:
Llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia (Mateo 10,1)
Mateo 10,5-15: Planteo del juego, instrucciones, indicaciones concretas:
Vayan proclamando que el Reino de los Cielos está cerca (Mateo 10,7)
Mateo 10,16-36: Una mirada más allá del primer partido, para sostener el empeño frente a fracasos, contrariedades y conflictos.
Miren que los envío como ovejas en medio de lobos… (Mateo 10,16)
Mateo 10,37-40: En el pasaje que escuchamos este domingo, Jesús pide a su equipo fidelidad a él y le señala algo imprescindible para seguirlo: tomar la cruz.
El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. (Mateo 10,38)
Mateo 10,40-42: Finalmente hay unas líneas para lo que, por ahora, podemos considerar la hinchada:
Les aseguro que cualquiera que dé a beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa. (Mateo 10,42)
Desde el principio hubo entre los discípulos quienes estaban todo el tiempo con Jesús y quienes lo recibían en su casa. Recordamos muy bien a Marta, María y Lázaro, amigos y discípulos de Jesús, apoyo para él y para el grupo que siempre lo acompañaba. Jesús considera que ese apoyo no es algo menor; todo lo contrario:
El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a Aquél que me envió. El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, tendrá la recompensa de un justo. (Mateo 10,40-41)
Jesús equipara la hospitalidad dada a un profeta, con la misión del profeta mismo. Jesús alude al pasaje del segundo libro de los reyes (2 Reyes 4, 8-11.14-16a) que escuchamos en la primera lectura, donde una mujer, que no pertenece al Pueblo de Israel, reconoce a Eliseo como hombre de Dios y lo ayuda dándole un lugar donde comer y descansar… Por ese gesto y por la intercesión del profeta, ella recibe de Dios una gracia inesperada: el hijo que nunca había podido tener.

Las palabras de Jesús pueden entenderse como una invitación a los miembros del Pueblo de Dios a colaborar con los sacerdotes, los misioneros, las personas consagradas; pero no es simplemente eso. Jesús no está hablando con esos posibles colaboradores, sino con sus discípulos. A ellos y a todos los que, de allí en adelante, nos dedicamos totalmente al servicio de Dios y de los hermanos, Jesús nos llama a ser agradecidos y a no pensar que lo que se nos da es algo que se nos debe. A través de esos benefactores está actuando la providencia de Dios y ellos están participando en la misión de toda la Iglesia.

Ser cristiano es ser discípulo de Jesús y ser discípulo está profundamente unido con ser misionero. Desde el comienzo, Jesús designó a doce,
"para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar" (Marcos 3,14). 
 Los obispos de América Latina, reunidos en Aparecida en 2007 expresaron así la identidad de los cristianos: “discípulos misioneros de Jesucristo”.

Leyendo el resto del capítulo 10 de san Mateo, algunos bautizados podrían decir “eso está muy bien… para los misioneros y misioneras, para los que dejan su tierra y van a otros países a anunciar el evangelio: sacerdotes, personas consagradas, voluntarios… pero ¿qué pasa con los que seguimos nuestra vida de todos los días, nuestra vida de familia y de trabajo?".

Quienes se hagan esa pregunta podrían responderse diciendo que su parte de la misión ya la cumplen con esa valiosa colaboración de la que hablamos antes… pero algunos hacen mucho más: yendo a Misa, prestando algún servicio dentro de la comunidad… catequistas, animadores, ministros… integrantes de una comunidad eclesial de base, del movimiento de Cursillos de Cristiandad o de otros movimientos… o trabajando en ayudas sociales como la heladera solidaria, la pastoral carcelaria, la visita a los enfermos… todo eso está muy bien. Quien lo haga, siga haciéndolo y quien no lo hace y le gustaría hacerlo… pues… ¡anímese!

Pero la misión es todavía más amplia. Todos los bautizados la compartimos desde nuestras diferentes situaciones de vida. Para todos nosotros son las palabras de Jesús que nos llaman a obrar la misericordia (Mateo 5,7), trabajar por la paz (Mateo 5,9), vivir en la justicia de Dios (Mateo 5,10), ser sal de la tierra y luz del mundo (Mateo 5,13-14). La Iglesia, la comunidad de los discípulos de Jesús, no es un pequeño equipo en la cancha, alentado por miles de hinchas… todos somos equipo, todos compartimos la misión, todos nos movemos en el terreno.

El Concilio Vaticano II dejó una enseñanza muy clara sobre esto. Después de señalar la misión propia de los ministros ordenados y de las personas consagradas, nos habla de la misión específica de los laicos, inmensa mayoría del Pueblo de Dios. Esa misión la viven en las condiciones de la vida familiar, en el trabajo, en la vida social, “con las que su existencia está como entretejida”. Allí, en el mundo, en la historia, se les pide que
“guiados por el espíritu evangélico, contribuyan a la santificación del mundo como desde dentro, a modo de fermento. Y así hagan manifiesto a Cristo ante los demás, primordialmente mediante el testimonio de su vida, por la irradiación de la fe, la esperanza y la caridad” (Lumen Gentium, 31).
Es así como las indicaciones, consejos y avisos de Jesús hay que tomarlos para todos. Todos jugamos. Más aún, en estos tiempos de pandemia. Nadie puede quedarse en la tribuna… pero entonces, para seguir a Jesús, para dar testimonio de Él con nuestra vida, hay que ponerse la camiseta…
“Si alguno quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mateo 10,38)
La cruz no es solo una carga que me tocó, que me cayó en la vida… no es algo que tengo que recibir con resignación, sino con decisión.

La cruz con la que sigo a Jesús es, de otra forma, su misma cruz, la que viene del rechazo a su palabra, a su obra, a su amor.

Si en nuestra vida tomamos nuestra cruz, descubriremos que no estamos solos…Jesús, el que cargó con su cruz, el que murió y resucitó, nos acompaña, nos anima y nos da fuerzas. Lo dice san Pablo:
“Todo lo puedo en Aquel que me fortalece” (Filipenses 4,13)
Amigas y amigos, no tengamos miedo a la cruz, no la rechacemos… confiemos en que la llevaremos por Cristo, con Él y en Él. Gracias por su atención. Que el Señor los bendiga, cuídense mucho y hasta la próxima semana si Dios quiere.

miércoles, 24 de junio de 2020

Natividad de san Juan Bautista


Una reflexión sobre la solemnidad que celebramos hoy... fiesta patronal en la parroquia de Río Branco y la capilla de la Obra Social Salesiana "Picapiedras", Melo. (El video es de 2018, cuando el 24 de junio cayó en domingo).

sábado, 20 de junio de 2020

Horarios de Misa en la Diócesis de Melo

Estos son los horarios previstos para iniciar las celebraciones con presencia de fieles, que deberán realizarse de acuerdo con el protocolo que fue entregado a las diferentes organizaciones religosas la semana pasada.
Estos horarios fueron comunicados a Secretaría de la Presidencia de la República el 19 de junio, fecha prevista para el comienzo de estas celebraciones.
Sin embargo, es posible que se vayan haciendo ajustes y se suspendan algunas celebraciones, en la medida en que haya cambios de situación.
Trataremos de ir actualizando la información.
Última actualización: 29 de junio, 11:00 horas.

1.    Parroquia Catedral Nuestra Señora del Pilar y San Rafael. (Melo)

Cambios a partir del sábado 4 de julio, indicados en rojo.
Iglesia Catedral.
Lunes a sábado 19:00
Domingo 11:00

Capilla San Antonio
Domingo 9:30

Capilla Buen Pastor
Domingo 9:30

Capilla Santa Teresita
Viernes 16:00

Capilla San Pablo
Sábado 17:00

Capilla San Pedro (La Pedrera, ruta 26 hacia Río Branco)
Segundo sábado de mes 15:30

2.    Parroquia Nuestra Señora del Carmen, Melo


Sede parroquial
Domingo a viernes 19:30
Sábado 18:30

Capilla Ntra. Sra. de Lourdes, Barrio Sóñora
Sábado 16:00

Capilla Virgen del Rosario de S. Nicolás, Barrio López Benítez
Domingo 16:00

3.    Parroquia S. Domingo Savio, Melo

A partir del sábado 4 de julio, nuevos horarios (los indicados en rojo):
Sede parroquial:
Sábado 17:00
Domingo 17:00

Capilla San Juan Bautista
Lunes 17:00

Capilla Santa Cruz
Viernes 18:00

4.    Parroquia San José Obrero, Melo

A partir del sábado 4 de julio, nuevos horarios (los indicados en rojo):
Iglesia parroquial
Domingo 10:00

Teatro parroquial
Domingo 17:00

Capilla Sagrada Familia
Domingo 8:00

Capilla Virgen de los Treinta y Tres, barrio Ruiz
Sábado 15:00

5.    Parroquia Cristo Rey, Aceguá – Noblía (Cerro Largo)


Sede parroquial (Aceguá)
Domingo 9:30

Capilla Nuestra Señora de Fátima (Noblía)
Sábado 16:30

Sarandí de Aceguá
Primer domingo de mes 15:30

Mangrullo
Tercer miércoles de mes 15:30

La Mina
Cuarto sábado de mes 15:00

La Lata
Tercer domingo de mes 15:30

6.    Parroquia San Juan Bautista, Río Branco (Cerro Largo)


Iglesia de la Inmaculada (sede parroquial)
Domingo 09:00

Capilla San José
Domingo 11:00

Sábado. Misa en diferentes capillas (a confirmar)
San Alberto, 27 de junio, 16:00

7.    Parroquia Santísimo Redentor, Fraile Muerto (Cerro Largo)


Domingo 17:00

8.    Parroquia San José, Tupambaé (Cerro Largo)


Domingo 10:00

Ciudad de Treinta y Tres: todas las Misas con presencia de fieles fueron suspendidas desde el 20 de junio, ante la aparición de varios casos de COVID-19.

9.    Parroquia San José Obrero, ciudad de Treinta y Tres


Martes a viernes 19:00
Sábado 16:30
Domingo 19:30


10.    Parroquia Virgen de los Treinta y Tres, ciudad de Treinta y Tres

Sede parroquial
Miércoles y viernes 17:00
Sábado 17:00
Domingo 10:00

Oratorio San José
Primer jueves de mes 15:00


11.    Parroquia El Salvador, ciudad de Treinta y Tres

Domingo 10:00

12.    Parroquia Santísimo Sacramento, Vergara (Treinta y Tres)


Sede parroquial:
Lunes a sábado 17:00
Domingo 10:00

Centro Pallotti (Vergara)
Miércoles 16:00

Arrozal Treinta y Tres. Capilla San Cayetano.
Primer domingo de mes 16:00

Pueblo El Oro
Segundo domingo 16:00

Plácido Rosas (Dragón). Capilla San Luis Gonzaga.
Tercer domingo de mes 15:30

Rincón. Capilla Inmaculada Concepción.
Tercer domingo de mes 17:00

13.    Parroquia María Auxiliadora, Charqueada (Treinta y Tres)

Misas con presencia de fieles suspendidas desde el 27 de junio.
Sábado 16:00
Domingo 10:00

14.    Parroquia Santa Clara de Asís, Santa Clara de Olimar (Treinta y Tres)


Sede parroquial:
Domingo 10:00
Jueves 16:00

Capilla Nuestra Sra. de Lourdes, MEVIR
Domingo 16:00

15.    Parroquia Sagrado Corazón de Jesús, Cerro Chato (Treinta y Tres)

Misas con presencia de fieles suspendidas desde el 27 de junio.
Iglesia Parroquial
Domingo 10:00
Primer viernes de mes 16:00

Capilla San Miguel, Valentines (a partir del 27 de junio)
Sábado 17:00

viernes, 19 de junio de 2020

Amor divino, corazón humano. Sagrado Corazón de Jesús.






“Durante muchos años enseñé que el corazón no es más que un músculo de paredes gruesas y contráctiles, que bombea la sangre a través de las arterias para distribuirla por todo el cuerpo…”
más o menos con esas palabras comenzó hablando el viejo profesor (1) de “Anatomía, fisiología e higiene” el día en que se despidió de sus alumnos y colegas del Liceo. Y prosiguió diciendo: “pero hoy siento que el corazón me habla y con él quiero hablarles a ustedes…”

En nuestro mundo el corazón representa el lugar de los sentimientos y emociones. Su figura estilizada es símbolo de amor y amistad y con ese sentido va y viene en muchos mensajes que hoy enviamos y recibimos.

En el mundo bíblico, el corazón es el centro de la persona y representa su intimidad más profunda. Es el lugar de los sentimientos, sí, pero de todos ellos: del amor y la bondad; pero también del odio y la maldad.
“El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca lo bueno, y el malo, del mal tesoro del corazón saca lo malo. Porque de lo que abunda en el corazón habla la boca. (Lucas 6,45)
Por eso, en el libro de los Proverbios aparece esta recomendación:
“Por encima de todo cuidado, guarda tu corazón, porque de él brotan las fuentes de la vida”. Proverbios 4,23
No olvidemos que, en esa visión bíblica,
“la vida de la carne está en la sangre” (Levítico 17,11).
Los antiguos no conocían el sistema circulatorio, pero veían la relación del corazón con la sangre: “de él brotan las fuentes de la vida”, es decir, de él brota la sangre, vida de hombres y animales.

Desde aquí nos acercamos al corazón de Jesús, al que está dedicado el mes de junio y cada primer viernes y cuya solemnidad se celebra este año el viernes 19 y, en algunos lugares, el domingo siguiente.

La devoción al corazón de Jesús comenzó en el siglo XVII, a partir de las visiones de santa Margarita María de Alacoque. En su época se había extendido el movimiento conocido como jansenismo, iniciado algunas décadas antes,
“que predicaba que no tanto ha de amarse a Dios como padre cuanto temérsele como implacable juez” (Pío XI, Miserentissimus Redemptor, 1928).
Frente a esa imagen de un Dios lejano y terrible,
“Jesús mostró su corazón como bandera de paz y caridad desplegada sobre las gentes” (Pío XI, íd.).
¿Qué es lo que nos muestra el corazón de Jesús? Nos muestra un Dios capaz de padecer y de compadecer, de vivir la pasión y la compasión.

Dios no se pone al margen del sufrimiento humano. Se conmueve por la conducta y el destino del hombre. Su sufrimiento lo hace intervenir, lo compromete.
De esto encontramos muchas expresiones, ya desde el libro del Génesis, en las palabras a Caín:
«¿Qué has hecho? Se oye la sangre de tu hermano clamar a mí desde el suelo» (Génesis 4,10)
O en el libro del Éxodo, escuchando el grito de todo un pueblo:
«Los israelitas, gimiendo bajo la servidumbre, clamaron, y su clamor, que brotaba del fondo de su esclavitud, subió a Dios. Oyó Dios sus gemidos, y se acordó Dios de su alianza con Abraham, Isaac y Jacob» (Éxodo 2,23-24).
En Jesús, esta compasión se hace tanto compasión divina como humana:
Al ver a la multitud, sintió compasión de ellos, porque estaban cansados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor (Mateo 9,36).
Pero la acción de compadecer de Dios hacia nosotros tiene también otro punto de vista y es el padecer de Dios. Ya en el Antiguo Testamento aparece la queja de Dios frente a la indiferencia humana:
“Me he dejado encontrar por quienes no preguntaban por mí.
Me he dejado hallar por quienes no me buscaban.
Dije “aquí estoy, aquí estoy” a gente que no invocaba mi nombre.
Alargué mis manos todo el día hacia un pueblo rebelde que sigue un camino equivocado”
(Isaías 67,1-2)
El Hijo eterno de Dios se hizo hombre en Jesucristo. En Jesús, Dios no solo hace algo, sino que soporta algo: padece. La acción de Dios va a la par de un sufrimiento de Dios, un sufrimiento por nosotros, un sufrimiento salvador.
Detrás del amor compasivo de Jesús, detrás de su compasión, está su pasión, su entrega en la cruz. Santa Margarita María cuenta que, en una de sus visiones, Jesús le manifestó
"su puro amor, con que había amado hasta el exceso a los hombres, recibiendo solamente de ellos ingratitudes y desconocimiento"
"Eso fue lo que más me dolió de todo cuanto sufrí en mi Pasión, mientras que si me correspondiesen con algo de amor,tendría por poco todo lo que hice por ellos y, de poder ser, aún habría querido hacer más.Mas sólo frialdades y desaires tienen para todo mi afán en procurarles el bien."
Ingratitud, desconocimiento, frialdad, desdén. Estas actitudes humanas, que son a veces nuestras propias actitudes, provocan el reclamo de Jesús… es como una segunda pasión. Jesús va a la cruz sufriendo el rechazo de los hombres que lo condenan a muerte, pero transforma esa muerte en ofrenda de amor… Aun así, hay quienes no se conmueven… y no miremos a los costados: muchas veces nosotros también somos fríos, indiferentes al amor de Dios y eso nos hace también indiferentes al hermano, al prójimo que sufre.

Jesús nos dejó su mandamiento nuevo:
“Ámense unos a otros, como yo los he amado.” (Juan 13,34).
“Como yo los he amado”: con los sentimientos de su corazón. A menudo rezamos diciendo: “Señor Jesús, haz nuestro corazón semejante al tuyo”… se necesita un gran valor y una gran confianza en Dios para pedir eso… pero es lo que nos recomienda san Pablo:
“Tengan entre ustedes los mismos sentimientos que Cristo” (Filipenses 2,5).
Contemplemos nuevamente a Jesús en su pasión, en su entrega por la que “se despojó a sí mismo tomando la condición de servidor” (Filipenses 2,7). Escuchémoslo en la cena después de lavar los pies a sus discípulos:
“les he dado ejemplo, para que también ustedes hagan como yo he hecho con ustedes”. (Juan 13,15)
Hijo de Dios, que quisiste hacerte hombre para poner la inmensidad del amor divino en un corazón humano, haz nuestro corazón semejante al tuyo… un corazón que palpite, que padezca y compadezca, para amar a nuestros hermanos que más sufren, con el mismo amor con que tú nos amaste.
Gracias, amigas y amigos por su atención. Que el Señor Jesús los guarde en su corazón y hasta la próxima semana si Dios quiere.

(1) El profesor, que no era en realidad tan viejo, pero que sí estaba dejando la docencia, era el Dr. José Levín, que fue mi profesor de "Anatomía, Fisiología e Higiene" en el año 1968. El Liceo era el primer Liceo de Young, en su origen creado por iniciativa popular. Muchos de esos profesores, que continuaron cuando el sistema estatal se hizo cargo de la institución, eran profesionales como el Dr. Levín. Actualmente el edificio del viejo Liceo es la Casa de la Cultura de Young y el ahora "Liceo N° 1 - Mario Long" funciona en el local que se habilitó en 1975 como anexo del "liceo viejo".

viernes, 12 de junio de 2020

Protocolo de la CEU (Conferencia Episcopal del Uruguay) para la reapertura de las celebraciones litúrgicas con participación de fieles.





Protocolo avalado por el Ministerio de Salud Pública que incluye las disposiciones del protocolo firmado en Presidencia de la República el jueves 11 de junio de 2020.


Queridos Hermanos:

Una vez más nos dirigimos a ustedes en este tiempo de pandemia, con todas sus consecuencias familiares, económicas, sociales y eclesiales. Agradecemos al Señor y a nuestro pueblo la enorme solidaridad que se ha suscitado en este tiempo.

La Eucaristía es la fuente y culmen de la vida de la Iglesia. La Iglesia hace la Eucaristía y la Eucaristía hace a la Iglesia. Este tiempo que hemos vivido a causa de la pandemia sin la participación de fieles en las celebraciones eucarísticas y con la suspensión de toda otra actividad que supone la asistencia de fieles (celebraciones sacramentales, catequesis, encuentros de grupos, fiestas patronales) ha sido un dolor y un desafío. De un modo especial ha sido muy difícil vivir la Semana Santa y particularmente la Pascua con estas restricciones.

La respuesta masiva de los fieles a participar de las celebraciones por los diversos medios de comunicación ha sido muy satisfactoria y llena de consuelo este momento que estamos viviendo.
Creemos que, con toda la prudencia del caso y tomando las medidas necesarias para evitar en lo posible los contagios, debemos poco a poco ir retomando la vida eclesial y litúrgica de la Iglesia con participación física de los fieles.

En diálogo con el gobierno nacional y con la participación de otras comunidades religiosas, hemos acordado los criterios y el protocolo para abrir las celebraciones a la participación de los fieles. A su vez hemos agregado elementos propios de la celebración de la Misa. Esta reapertura  se ha acordado que se hará en tres fases dependiendo de la evolución de la pandemia.

Algunos criterios generales para la celebración en parroquias o iglesias públicas:

1.    Continúa la exhortación a mantener los cuidados necesarios en este tiempo de emergencia sanitaria, (quedarse en casa, uso de barbijo o tapaboca, mantener la distancia requerida al hablar, etc).

2.    Continúa vigente la suspensión del precepto dominical, especialmente para todos los fieles mayores de 65 años o con problemas de salud que aconsejen precauciones especiales.

3.    Toda persona que tenga síntomas o sospechas de poder estar contagiada no deberá participar de ninguna celebración.

4.    La participación de los fieles en las celebraciones se hará en tres fases.

5.    A partir del día viernes 19 de junio, Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, las celebraciones eucarísticas con participación de fieles se deberán ajustar al siguiente protocolo (Fase 1), que rige hasta nuevo aviso.

Protocolo Fase 1:

Cantidad admitida de participantes y disposición de los mismos

1.    En cada iglesia, el número límite de participantes (aforo), que se deberá respetar estrictamente, estará escrito en la puerta. Una vez completado este número, nadie más podrá ingresar a la celebración. Para todas las iglesias, el aforo permitido será de un tercio del total de personas que caben sentadas (p ej: si en la iglesia caben 150 personas sentadas, el número máximo de personas en cada celebración no podrá superar las 50).

2.    A su vez, los fieles que participen de la celebración deberán mantener la distancia sugerida entre unos y otros (dos metros), por lo que deberá haber no más de dos o tres personas por banco, dependiendo de la longitud del mismo, (exceptuando familiares que vivan bajo el mismo techo).

3.    En las iglesias en que sea necesario, se deberá implementar el servicio de ostiariado, es decir de portería, para contar el número de fieles, restringir la entrada una vez alcanzado el número máximo y dar indicaciones, si fuera necesario, sobre la distancia que se debe observar en los bancos.

4.    Se deberá realizar un registro de los asistentes y sus números de celulares o teléfonos respectivos para ser localizados en caso de ser necesario.

Normas de higiene

4.    En la sacristía se deberá usar tapabocas e higienizar bien las manos antes de preparar los implementos para las celebraciones como hostias, vino, agua, etc.

5.    Deberá haber puertas y ventanas abiertas para mantener ventilación durante las celebraciones y evitar el contacto con pomos y picaportes al entrar y salir.

6.    Los micrófonos empleados para la celebración deberán tener una protección conveniente, como papel film.

7.    En la entrada de las iglesias deberá haber alcohol en gel para que los fieles, sin excepción, desinfecten sus manos al ingresar. 

8.    Se exhortará a los fieles a no tocar las imágenes de los santos ni otros objetos de devoción que pudiera haber en las iglesias.

9.    Durante la celebración, no se emplearán libros de cantos, así como se evitará que haya estampas u otros objetos similares en los bancos. Quienes llevan adelante la animación musical (dos o tres personas) deberán respetar estrictamente la distancia propuesta, no podrá haber un coro, se recomienda emplear grabaciones.

10.    Los fieles, sin excepción, permanecerán de tapaboca mientras estén en la parroquia o capilla, aunque haya concluido la celebración. Por esta razón, en lo posible habrá tapabocas descartables para poner a disposición de quien no lo haya llevado.

11.    Sobre el altar, la patena o copón que se va a consagrar, así como el cáliz deberán estar tapados con la palia, un purificador o con papel film.

12.    Se insta a los fieles a saludarse sin ningún contacto físico y continúa la supresión del saludo de la paz. Esto rige también para el saludo del sacerdote a los fieles una vez terminada la celebración. En caso de hacerse, se evitará el contacto físico.

13.    La colecta de la misa se hará antes de la bendición final.

14.    Antes y después de cada celebración se deberá desinfectar convenientemente el espacio sagrado, tanto el presbiterio como la asamblea.

15.    Por recomendación del MSP (Ministerio de Salud Pública): ventilar el espacio, limpiar con agua, jabón, seguido de desinfección con hipoclorito en pisos y superficies duras. Alcohol al 70 % en bancos, respaldos, apoya brazos, barandas y superficies que se toquen frecuentemente.

16.    Las celebraciones tendrán una duración máxima de 45 minutos, y no se podrá realizar más de un oficio por día en el mismo local.

17.    Cada diócesis deberá enviar a  (ceremoniasreligiosas@presidencia.gub.uy) los días y horarios de las celebraciones.

18.    Se realizarán testeos aleatorios a cargo de ASSE.

Disposiciones acerca de la sagrada comunión

19.    La comunión se recibirá siempre en la mano.

20.    Durante la procesión para recibir la comunión, los fieles mantendrán entre unos y otros la distancia indicada de dos metros.

21.    El sacerdote y otros ministros de la comunión deberán tener alcohol en gel y desinfectar sus manos antes y después de dar la comunión a los fieles. Al dar la comunión deberán usar tapabocas.

22.    Las demás celebraciones litúrgicas y actos de culto deberán adecuarse también a estas normas.


Para Montevideo:

1.    En las iglesias en que sea necesario el párroco o rector podrá instrumentar la inscripción previa para participar de la santa misa. Una vez completado el número de asistentes se deberá inscribir para una misa de otro día.

2.    En algunos casos, excepcionalmente, el párroco o rector podrá habilitar un salón como capilla provisoria donde un sacerdote pueda celebrar simultáneamente otra misa en el mismo horario, cumpliendo cabalmente las mismas disposiciones.

jueves, 11 de junio de 2020

Entregado por nosotros. Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo.





Hornear pan en casa. Una de las cosas que, en estos días, muchos han hecho por primera vez, entre tantas otras que nunca habíamos hecho.
El pan es un alimento muy antiguo. La expresión bíblica
“ganarás el pan con el sudor de tu frente” (Génesis 3,19)
nos está diciendo que el pan ya era conocido en tiempos lejanos, pero también que ya era considerado un símbolo de todos los alimentos.

Detrás de un simple pan hay muchas tareas: no solo amasar, leudar, hornear, sino todo lo previo, todo lo que significa llegar a producir un poco de harina y otros ingredientes.
En la Misa decimos que el pan -y el vino- que ofrecemos son “fruto de la tierra y del trabajo de los hombres” y es verdad. De mucho trabajo.

Este domingo celebramos la solemnidad del santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. Con ella volvemos a la última cena. Jesús les dijo a sus discípulos que iban a celebrar la Pascua. En la cena pascual se hacía una serie de ritos y oraciones y se iba comiendo distintos alimentos: el principal era el cordero. Pero en el marco de esa cena, Jesús introdujo algo nuevo: partió el pan y lo presentó a sus discípulos, diciendo: “tomen y coman todos de él, porque esto es mi cuerpo”. Luego les pasó el vino diciendo “tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi sangre”.

Cuerpo y sangre… normalmente, están juntos. La sangre circula dentro del cuerpo llevando oxígeno y nutrientes a todas las células. Si la sangre sale del cuerpo, si nos desangramos, sobreviene la muerte. La sangre es vida y así era percibida en el mundo bíblico:
“la vida de la carne está en la sangre” (Levítico 17,11).
Al presentar así, por separado, el pan como “mi cuerpo” y el vino como “mi sangre”, Jesús está anticipando su muerte. Está anunciando que su sangre se separará de su cuerpo, que va a morir. Pero al mismo tiempo, les dice a sus discípulos que coman su cuerpo y beban su sangre. Los quiere hacer participar de lo que se viene, porque su muerte va a ser un sacrificio.

¿Qué es un sacrificio? Hoy, humanamente hablando, hacer un sacrificio es renunciar a un bien para alcanzar un bien mayor para sí mismo o para otros. Conservar la salud exige sacrificios. El deportista se sacrifica para alcanzar un mejor rendimiento. Los padres se sacrifican por sus hijos.

Pero la palabra tiene un origen religioso. De diferentes formas, los sacrificios hacen parte de casi todas las expresiones religiosas que ha conocido la humanidad. Sacrificar significa hacer que una cosa se haga sagrada. Entregarle a Dios una ofrenda: un objeto, un fruto de la cosecha, un animal del rebaño o, incluso, una vida humana.

En la antigua religión de Israel, el mundo del que viene Jesús, había varios tipos de sacrificios. Uno de ellos, que nos interesa especialmente, es el sacrificio de comunión (Levítico, capítulo 3). Se podía hacer como un acto de agradecimiento y unión con Dios o como cumplimiento de una promesa. Lo que tiene de particular es que la víctima se repartía en tres: una parte para Dios, otra para los sacerdotes y otra para el o los oferentes, que la comían como una cosa santa.
Para Dios se reservaba la sangre, que era derramada alrededor del altar; la grasa y parte de las vísceras, que eran quemadas sobre el altar. Estaba claramente mandado:
“Ustedes no comerán nada de grasa ni de sangre” (Levítico 3,16) 
porque esa es la parte de Dios. Lo demás se asaba y se comía. Comer era importante, porque comiendo se participaba del sacrificio.

La última cena tiene algo de aquello de
“un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas” (Mateo 13,52). 
Cena pascual, sacrificio de comunión: cosas viejas que los discípulos conocen. Todo eso, que pertenece a la primera alianza, ha preparado el camino para lo nuevo que trae Jesús: la nueva alianza sellada con su sangre (Mateo 26,28).

Los sacrificios y el sacerdocio de Israel y, en general, el antiguo testamento, son como una prefiguración, una imagen a veces borrosa, una sombra de lo que será la realidad definitiva que Jesús trae. El grupo de creyentes que ofrecía un sacrificio de comunión en el templo, sin duda vivía un profundo momento de unión con Dios, al comer de lo que ellos habían ofrecido; pero Jesús cambia todo porque es él quien se ofrece, es él quien se sacrifica y es él el quien se da a comer para que alcancemos la unión con Él.

Además de partir el pan y de entregar por separado su cuerpo y su sangre, las palabras de Jesús dan sentido a esos gestos. Mencionamos “tomen y coman, tomen y beban; esto es mi cuerpo, esta es mi sangre”. Pero Jesús dice que su cuerpo “será entregado por ustedes”

¿Por quién será entregado Jesús? “Entregado” tiene muchos sentidos: es entregado por Judas a las autoridades judías. Es entregado por éstas a la autoridad romana. Eso es verdad, pero eso es el plano humano. No estamos equivocados cuando decimos que es Jesús quien se entrega:
“Me amó y se entregó por mí” (Gálatas 2,20), 
dice san Pablo.
Pero no se dice quien entrega a Jesús. Se dice “será entregado”. Es una voz pasiva. Muchas veces, en el Evangelio, esa voz pasiva está indicando veladamente la acción de Dios.
“Felices los afligidos, porque serán consolados” (Mateo 5,5). 
Dios los consolará.
“Hijo, tus pecados te son perdonados” (Marcos 2,5). 
Dios te perdona.

Así, Jesús es “el entregado”.
  • Los hombres lo entregan a la muerte por rencor y envidia.
  • Jesús entrega su vida por todos y cada uno.
  • El Padre entrega a su Hijo para que los hombres tengan vida en Él.

También dice Jesús:
Mi cuerpo será entregado por ustedes. Mi sangre será derramada por ustedes y por muchos.
Esta expresión, “por ustedes” puede tener dos sentidos:
Uno es “en lugar de ustedes”. Los suplentes de un equipo de fútbol tienen bien claro ese uso. Fulano entra por Mengano. Mengano salió, Fulano entra a jugar en lugar de él.
Si pensamos en qué cancha entró Jesús, más que a jugar a jugarse por nosotros, a jugarse en lugar de nosotros, nos estremecemos. No es lo mismo mirarlo recorrer el via crucis y morir en el calvario pensando “pobre, lo que le pasó” que pensando “él está donde iba a estar yo”. Jesús se entrega por nosotros: en tu lugar, en mí lugar, en el lugar de cada uno de nosotros.

“él soportaba nuestros sufrimientos y cargaba con nuestras dolencias… fue traspasado por nuestras rebeldías y triturado por nuestras iniquidades. El castigo que nos da la paz recayó sobre él y por sus heridas fuimos sanados”. (Isaías 53,4a.5)
El otro sentido de ese por es “en favor de ustedes”.
Dijimos que un sacrificio es la renuncia a un bien para alcanzar un bien mayor: en Jesús, es la renuncia a la propia vida para que nosotros tengamos vida en Él.

El crucifijo en nuestras Iglesias está para recordarnos eso:
  • que el Padre nos ha amado tanto como para entregar a su propio Hijo para que nos salvemos por Él;
  • que el Hijo nos ha amado tanto como para dar su propia vida para que nosotros tengamos vida;
  • que el Espíritu de Amor, el Espíritu del Padre y el Hijo, que es amor, hace posible que Jesús esté presente con su cuerpo y con su sangre para alimentar nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor.
Amigas y amigos, no podemos recibir la Eucaristía sin vivir en el amor; pero no cualquier amor, cualquier sentimentalismo, sino en el amor de Jesús, que se jugó por nosotros, que dio su vida por nosotros. Y el amor de Jesús se vive con Él, dando la vida cada día, aún en nuestros gestos más pequeños.

Gracias por su atención. Que el Señor los bendiga y hasta la próxima semana si Dios quiere.

jueves, 4 de junio de 2020

Medir y pesar lo que importa en nuestra vida. Homilía en la Misa Crismal.


Queridas hermanas, queridos hermanos:

La Misa Crismal, que estamos celebrando, tiene siempre un significado especial, que va más allá del momento mismo que estamos viviendo.
Esta Misa toma su nombre del Santo Crisma, el óleo que hoy será consagrado y que se utiliza en la administración del Bautismo y, muy especialmente, en el sacramento de la Confirmación.
Asimismo, en esta celebración serán bendecidos el óleo para el sacramento de la Unción de los Enfermos y el óleo para la unción de los catecúmenos.
Estos aceites, al ir llegando a las parroquias y al ir volviendo a congregarnos en nuestros templos, serán empleados desde ahora hasta la próxima Misa Crismal, que esperamos volver a celebrar, como normalmente se hace, en el marco de la próxima Semana Santa.

Hemos elegido este día, jueves siguiente a Pentecostés, porque hoy la Iglesia celebra a Jesucristo, Sumo y Eterno sacerdote. El Santo Crisma, con el que fuimos ungidos en el Bautismo y la Confirmación, nos recuerda que todo el Pueblo de Dios participa del sacerdocio de Cristo. En el sacerdocio común de los fieles, “todos somos sacerdotes”, como nos recordaba siempre Mons. Roberto Cáceres.

Hoy, también, los presbíteros y los diáconos renuevan las promesas que hicieron en sus respectivas ordenaciones. Algunos de ellos están aquí presentes; otros, al igual que muchos diocesanos, están participando a la distancia.

Quienes participamos del sacerdocio de Cristo por el sacramento del Orden, pedimos al Señor que reavive el don que hemos recibido por la imposición de las manos de un sucesor de los apóstoles.
“El Espíritu que Dios nos ha dado no es un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de sobriedad”, (2 Timoteo 1,7)
escribía san Pablo a Timoteo. Más que nunca, los ministros ordenados necesitamos esa fuerza, esa capacidad de vivir en austeridad y, sobre todo, de amar a nuestro prójimo y de conformar nuestra vida con el misterio de la Cruz del Señor, como se nos dijo en la ordenación sacerdotal.

El año pasado nuestra diócesis hizo un camino de reuniones y asambleas para elaborar un proyecto pastoral diocesano, que esperábamos comenzar a llevar adelante este año. Planificamos también algunos eventos. Sorpresivamente, el mundo vio caer todos los planes y proyectos, y nosotros vimos también interrumpidos los nuestros. Podríamos decir “se nos quemaron los papeles” … tal vez no; espero que no; pero, sin duda, los tenemos que releer con otra mirada y tendremos que incorporar una nueva perspectiva hacia delante.

Todo tiempo de crisis obliga a medir y pesar las cosas que llenan nuestra vida. A muchas de ellas les podríamos decir:
“has sido pesada en la balanza y encontrada falta de peso” (cf. Daniel 5,27). 
¡cuántas de las cosas en las que ponemos esfuerzos e ilusiones han mostrado ser livianas y de muy segundo orden!

Como decía una vieja canción: “las cosas son importantes, pero la gente lo es más”. Por eso, lo que tiene peso es la cercanía o el recuerdo de personas queridas: familiares, amigos, hermanos y hermanas en la fe, con las que hemos compartido o estamos compartiendo alguna etapa de nuestra vida… algunas ya no están, con otras estamos en una relación fluida, pero otras se sorprendieron o nos sorprendieron con una llamada o un mensaje. También en este tiempo algunos han vivido un doble duelo, al perder a alguien de quien no pudieron despedirse. La pregunta “¿cómo estás pasando?” no es una mera fórmula; es una pregunta -también- de peso, porque cada uno tiene algo que contar de este tiempo inédito. La sombra de la enfermedad y de la muerte nos han hecho sentir el valor de cada momento que hemos podido compartir o que compartimos aún con las personas queridas. Más aún, nos ha hecho comprender más profundamente el valor de cada vida, el valor de cada persona que viene a este mundo.

Este tiempo sin encuentros presenciales nos ha llevado a buscar otras alternativas de comunicación, tal como lo estamos viviendo en este momento, con muchos más hermanos y hermanas que están del otro lado de una pantalla, con el corazón y el espíritu en lo que acontece en esta catedral. Eso que llamamos “la tecnología”, es decir, todas las posibilidades de la comunicación que están hoy a disposición de muchos, nos ha ayudado para mantener el contacto y seguir caminando juntos. Muchos hemos tenido que aprender a utilizar mejor esos recursos y tendremos que seguir aprendiendo; algunos de ellos se quedarán en nuestra vida diocesana y se seguirán desarrollando. Bienvenidos sean, en la medida en que nos ayuden a profundizar nuestra vida de fe y nuestros vínculos de comunión; pero, también, a coordinar y realizar acciones solidarias, que serán cada día más necesarias en este invierno que se aproxima y cuando las consecuencias económicas y sociales de esta pandemia se manifiesten con mayor crudeza. Acciones que, en algunas comunidades, ya se vienen haciendo: ya desde la propia comunidad o desde las obras sociales o uniéndose a iniciativas que surgen en la sociedad.

El pasado 27 de marzo, al atardecer, en una solitaria plaza de San Pedro, el Papa Francisco nos ofrecía una profunda meditación sobre el tiempo que estamos viviendo, a partir del episodio de la tempestad calmada, que encontramos en el evangelio de Marcos (4,35-41), un texto que tendremos que retomar en nuestra reflexión diocesana.

El relato del evangelio, señala el papa, comienza “al atardecer”, es decir, en el momento en que la luz del día nos abandona. En nuestra vida moderna eso no significa lo mismo que en un mundo donde la noche apenas puede ser iluminada con la llama de una fogata o una lámpara de aceite. Sin embargo, aún con todas nuestras comodidades actuales, nos hemos sentido de pronto invadidos por la oscuridad al encontrarnos con nuestros límites, al sentir que ya no éramos totalmente dueños de nuestras vidas y que no teníamos el control en nuestras manos. En el fondo, ha sido un reencuentro con nuestra condición humana: no somos dioses; somos criaturas frágiles y vulnerables.

No sólo la oscuridad rodeaba a los discípulos; la barca en la que estaban cruzando el lago era sacudida por una fuerte borrasca y las olas la estaban llenando de agua. ¿Y dónde estaba Jesús? Jesús estaba dentro de la barca, pero estaba durmiendo.
“Dormía tranquilo, confiado en el Padre”,
dice el papa. Cuando los discípulos lo despertaron, Jesús calmó la tempestad y después les preguntó: “¿por qué tienen miedo? ¿todavía no tienen fe?”.
“En esta barca estamos todos”, 
señala Francisco. No es solo la barca de la Iglesia: es la humanidad. Todos nos encontramos allí, frágiles y desorientados. Aún aquellos que, desde altos cargos en el mundo, quisieron con prepotencia ignorar la situación, se han encontrado frente a sus contradicciones ante una situación cambiante y desafiante. No ha sido fácil para nadie tomar decisiones, tanto para el mayor cuidado de la vida, como para ir volviendo a la circulación y a las actividades. Al mismo tiempo, señala Francisco, esa conciencia de estar en la misma barca nos hace vernos unos a otros
“importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente (…) descubrimos que no podemos seguir cada uno por nuestra cuenta, sino [todos] juntos”.
Todos juntos, sí… nos cuesta, nos cuesta romper el individualismo, nos cuesta romper los intereses de grupo para mirar al bien común; nos cuesta, pero es necesario; nos cuesta, pero no basta, si estamos juntos, pero no está Jesús.

Jesús pregunta: “¿todavía no tienen fe?”.
Voy a concluir con palabras de Francisco:
“El comienzo de la fe es saber que necesitamos la salvación. No somos autosuficientes; solos nos hundimos. Necesitamos al Señor como los antiguos marineros las estrellas. Invitemos a Jesús a la barca de nuestra vida. Entreguémosle nuestros temores, para que los venza. Al igual que los discípulos, experimentaremos que, con Él a bordo, no se naufraga. Porque esta es la fuerza de Dios: convertir en algo bueno todo lo que nos sucede, incluso lo malo. (…)
El Señor nos interpela y, en medio de nuestra tormenta, nos invita a despertar y a activar esa solidaridad y esperanza capaz de dar solidez, contención y sentido a estas horas donde todo parece naufragar.
El Señor se despierta para despertar y avivar nuestra fe pascual. (…) Tenemos una esperanza: en su Cruz hemos sido sanados y abrazados para que nadie ni nada nos separe de su amor redentor. En medio del aislamiento donde estamos sufriendo la falta de los afectos y de los encuentros, experimentando la carencia de tantas cosas, escuchemos una vez más el anuncio que nos salva: ha resucitado y vive a nuestro lado.”
Jesucristo ha resucitado. Jesucristo vive. Jesucristo camina a nuestro lado.
Esa es nuestra fe, la fe que ahora vamos juntos a profesar.

miércoles, 3 de junio de 2020

Santísima Trinidad: el Dios del amor. (Éxodo 34,4b-6.8-9; 2 Corintios 13,11-13; Juan 3,16-18)







Los números ocupan un lugar importante dentro de nuestra vida y no solo los que hacemos cuando llega fin de mes. Hay quienes adoran las matemáticas y quienes no las soportan. Pero los números no dejan de ser sugestivos… muchos de nuestros dichos están en relación con ellos:
-    más solo que el uno,
-    no hay dos sin tres,
-    tres es multitud. Pero también es San Cono.
-    Cuatro: cuarteto… de tango,
-    Cinco: el pentágono,
-    Seis: media docena,
-    Siete: los días de la semana, los sacramentos…
con los quinieleros podríamos seguir hasta el cien, pero quedémonos con el 33, Cristo, 40 el cura, 84 la Iglesia y 88 el Papa (y eso ya era así antes de la visita de san Juan Pablo II al Uruguay, que vino en el año 88).

Números, números… uno y tres. Esos son nuestros números de hoy: un solo Dios, tres personas… pero ¿cómo llegamos ahí?
Las grandes civilizaciones de la antigüedad tuvieron religiones politeístas, es decir, creían en muchos dioses, que eran a veces centenares.
En el siglo IV antes de Cristo el filósofo Aristóteles llegó, por medio de la razón, a la convicción acerca de la existencia de un Dios único… no exactamente un único Dios, pero sí un Dios totalmente diferente, un ser realmente superior a todo otro ser. Pero no se trata de un Dios personal… una de las formas en que lo caracteriza el filósofo es como “motor inmóvil”, es decir, el que mueve todo y no es movido por nadie.
Ya desde muchos siglos antes, en otro lugar del mundo antiguo, un pequeño pueblo de pastores creía también en un Dios único: Yahveh. Al comienzo, pensaban que había o podía haber otros dioses: pero para ellos Yahveh era el único. No querían otros dioses sino a su Dios. Ese Dios era un Dios presente en su vida, en su historia. Lo fueron conociendo a través de sus intervenciones, liberándolos de la esclavitud y luego de varios peligros y amenazas. El pueblo no siempre fue fiel a su Dios. También pasó ese pueblo por momentos muy críticos que hicieron que muchos perdieran la fe; pero siempre permaneció un resto fiel, que expresaba así su convicción:
“Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón que Yahveh es el único Dios allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro.” (Deuteronomio 4:35.39)
Cuando Jesús de Nazaret comenzó a recorrer su tierra con un grupo de discípulos, predicando de pueblo en pueblo y haciendo curaciones milagrosas, algo que también hacían otros maestros, sorprendió, sin embargo, la familiaridad con la que se refería a Dios, al que llamaba “mi padre”. Esa manera de hablar de Dios, provocó rechazo de parte de las autoridades, que
…trataban con mayor empeño de matarlo, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios. (Juan 5,18)
Y en una ocasión llegaron a decírselo en la cara:
«No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino por una blasfemia y porque tú, siendo hombre, te haces a ti mismo Dios». (Juan 10,33)
Jesús se va revelando como el Hijo de Dios. Y al revelarse como Hijo, también revela el rostro paterno de Dios, el Padre de la Misericordia.
“Quien me ve a mí, ve al Padre” (Juan 14,9)
dice Jesús, manifestando que sus palabras y sus acciones comunican el mensaje del Padre Dios, cuya voluntad ha venido a cumplir el Hijo. La resurrección de Jesús de entre los muertos confirma sus palabras. Hubo en Él algo tan especial, que, incluso en el momento de su muerte, alguien llegó a afirmar:
“Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios”. (Mateo 27,54)
La revelación de un Hijo de Dios planteó muchas dificultades… ¿cómo entender esto? Padre e hijo son palabras humanas. En un primer sentido, padre es el hombre que engendra un hijo. Decimos que el Hijo de Dios ha sido “engendrado” por el Padre. Pero ¿qué significa eso en la realidad de Dios? ¿quiere decir que el Hijo ha sido “creado” por el Padre, que es una criatura especial, única, diferente, pero, al fin y al cabo, una criatura? No es eso lo que creemos. En el Credo decimos que el Hijo fue
“engendrado, no creado; de la misma naturaleza que el Padre”. 
El Hijo es Dios: no fue creado ni adoptado.

Así, pues, creemos en un solo Dios, que es Padre, Hijo… pero nos falta una tercera persona. Jesús revela a Dios como Padre, se manifiesta como su Hijo y anuncia la presencia de esa persona divina que él llama con diferentes nombres o títulos: el Espíritu Santo, el paráclito… el espíritu de la verdad.
Jesús dice a sus discípulos:
Todavía tengo mucho que decirles, pero ahora no pueden con ello. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, los guiará hasta la verdad completa. (Juan 16,12-13)
El Espíritu Santo llevará a los discípulos al conocimiento de la verdad más profunda sobre Dios.
La revelación de que hay un solo Dios, pero tres personas, no es simplemente un dato, un detalle que hay que conocer o saber sobre Dios.
La revelación acerca de la Santísima Trinidad nos dice que Dios no es un ser solitario: Dios es comunidad de amor.
Las tres lecturas de este domingo hacen referencia al amor de Dios:
Esa es la experiencia de Moisés, cuando sube al monte Sinaí a encontrarse con Dios:
«El Señor es un Dios compasivo y bondadoso, lento para enojarse, y pródigo en amor y fidelidad.»
Eso es lo que Jesús confirma en forma definitiva cuando dice:
“Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.”
Tanto amó Dios al mundo… Estamos muy lejos del Dios de Aristóteles… Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo es un Dios que ama a sus criaturas, que quiere establecer un pacto de amor, una alianza con la humanidad.
La verdad que nos presenta la Palabra de Dios no es solo una verdad para conocer, para saber; es, sobre todo, una verdad para obrar, para poner en práctica. En eso será fundamental la guía del Espíritu Santo:
Él les enseñará todo y les recordará todo lo que yo les he dicho. (Juan 14,26)
Él les anunciará lo que ha de venir (Juan 16,13)
Es con ese guía que será posible lo que Pablo le dice a los corintios:
“Alégrense, trabajen para alcanzar la perfección, anímense unos a otros, vivan en armonía y en paz. Y entonces, el Dios del amor y de la paz permanecerá con ustedes.”
La revelación de Dios como comunidad de amor sacude nuestro individualismo. Estamos llamados a entrar en esa comunión de las tres personas divinas… pero no individualmente, sino como comunidad: comunidad de discípulos de Jesús, templo de piedras vivas, cuerpo místico de Cristo, Pueblo de Dios…
Pablo escribe a las primeras comunidades y anima a sus miembros a llevar una verdadera vida comunitaria, animándose y sosteniéndose unos a otros.
A lo largo de la historia de la Iglesia esa vida comunitaria ha tenido diferentes expresiones. La realidad que hoy estamos atravesando nos ha puesto en distanciamiento físico, pero no tiene que romper la comunidad ni la comunión. De distintas maneras podemos hacernos cercanos unos a otros, acompañándonos y animándonos.

Gracias, amigas y amigos, por su atención. Que el Señor los bendiga. Sigamos cuidándonos y hasta la próxima semana si Dios quiere.

martes, 2 de junio de 2020

El 4 de junio, a las 16:30 se celebrará la Misa Crismal en la Catedral de Melo. Será transmitida en vivo desde una red social.

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La Misa Crismal es una celebración presidida por el Obispo y concelebrada con los presbíteros de la Diócesis.

Su nombre se debe a que en ella se consagra el Santo Crisma y se bendicen los óleos (aceites) para la unción de los catecúmenos y el sacramento de la Unción de los enfermos.
En esta Misa los sacerdotes y los diáconos hacen la renovación de las promesas de sus respectivas ordenaciones.

La palabra crisma proviene del griego, pasa después al latín, y significa "unción". El santo crisma se utiliza para ungir a los nuevos bautizados, signar a los que reciben la confirmación y en la ordenación de los obispos y sacerdotes.

En la Diócesis de Melo es costumbre celebrar esta Misa en la tarde del miércoles Santo. Habiendo sido suspendidas todas las celebraciones de Semana Santa por causa de la actual pandemia, también fue suspendida esta Misa.

El próximo jueves la Iglesia celebra la fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Es por ello que se eligió ese día para esta Misa en la que los sacerdotes renuevan sus promesas.

En el marco de las medidas actuales, la Misa se celebrará sin presencia de fieles y solo con algunos de los sacerdotes y diáconos, que permanecerán adecuadamente distanciados.

Con el deseo de que los fieles de la Diócesis puedan unirse espiritualmente a esta celebración particularmente importante y única, la Misa será transmitida por Facebook, desde la página "Fazenda de la Esperanza Uruguay".