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domingo, 17 de enero de 2021

Misa - II Domingo durante el año.

 

Homilía


“Este es el Cordero de Dios”. De esta forma, Juan el Bautista les presentó a Jesús a dos de sus discípulos. Un poco antes, Juan había dado su testimonio diciendo: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”.

Dentro de instantes, aquí mismo, en la Misa, volveremos a escuchar esas palabras, cuando corresponda presentar la Hostia consagrada: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” y, a continuación: “Felices los invitados a la cena del Señor”. Más aún, antes de escuchar esas palabras, todos habremos cantado “Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros… Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz”.

Quienes participamos habitualmente en la Misa estamos acostumbrados a oír y repetir esas frases y puede ser que no nos llamen la atención. Por eso, creo que vale la pena detenernos a pensar qué es lo que realmente significan y apreciar el peso que tienen esas palabras.

¿Qué les dirían esas palabras a los discípulos de Juan el Bautista: “Este es el Cordero de Dios”?

La expresión “Cordero de Dios” no la encontramos en el Antiguo Testamento; pero, para un israelita, el cordero evocaba la más grande de las fiestas: la Pascua. La gran fiesta que era el memorial de la intervención salvadora de Dios, liberando a su pueblo de la esclavitud en Egipto. Esa intervención trajo la muerte entre los opresores, tal como Dios había anunciado:
“Yo pasaré esta noche por la tierra de Egipto y heriré a todos los primogénitos del país de Egipto, desde los hombres hasta los ganados…” (Éxodo 12,12)
Sin embargo, Dios había dado instrucciones a los israelitas para escapar del exterminio. Esa noche cada familia debía comer un cordero y marcar con su sangre la puerta de su casa.
Dios había dicho: “Cuando yo vea la sangre pasaré de largo ante ustedes, y no habrá entre ustedes plaga exterminadora cuando yo hiera el país de Egipto.” (Éxodo 12,13)
Desde aquella noche, la comida del cordero era el centro de la celebración de la Pascua. Los corderos eran llevados al templo para ser sacrificados por los sacerdotes y, desde allí, a las casas, para asarlos y comerlos en la cena familiar, que iba acompañada de ritos y oraciones.

El cordero, pues, recordaba a los israelitas que habían sido rescatados no solo de la esclavitud, sino también de la muerte.

Las palabras del Bautista anuncian que Jesús será el Cordero Pascual, enviado por Dios, que, con su sacrificio abrirá el camino de liberación del pecado y de la muerte para todo el mundo, para toda la humanidad. Ya no será el Cordero que cada familia presentaba para ser sacrificado, sino el Cordero ofrecido por Dios, el Cordero de Dios. En la última cena, Jesús ofrecerá a sus discípulos su cuerpo y su sangre, para que participen de su sacrificio y de la salvación que Él vino a traer al mundo.

El anuncio de Juan el Bautista, entonces, recuerda como Dios intervino en el pasado para salvar a su pueblo y anuncia como intervendrá en el futuro por medio de su Hijo, el Cordero de Dios para salvar a toda la humanidad.

Después de oír esa presentación que expresa un gran misterio de la fe, los dos discípulos de Juan comenzaron a seguir a Jesús. Al darse cuenta, Jesús se dio vuelta y les preguntó “¿qué quieren?”.

¿Qué querrían los discípulos? ¿Qué es lo que les impulsó a seguir a Jesús? ¿Curiosidad? ¿Admiración? Esos dos hombres ya tenían un camino. Eran discípulos de Juan el Bautista. Hombres que buscaban a Dios, que querían prepararse para la llegada del Reino de Dios. Juan los orientó hacia Jesús.

Cuando Jesús les preguntó “¿qué buscan?” ellos respondieron:
“Maestro ¿dónde vives?”
Los dos discípulos comenzaron por llamar a Jesús “maestro”.
Al darle ese título, expresaban un reconocimiento y, a la vez una expectativa: querían aprender.
No estaban buscando algunos conocimientos; estaban buscando una manera de vivir.
Por eso, la pregunta no fue ¿dónde enseñas? O ¿a qué hora das clases?
No. La pregunta fue “¿dónde vives?”.

Esa pregunta encontró como respuesta la invitación de Jesús: “Vengan y verán”.
Ellos fueron con Él y se quedaron con Él ese día.
Esas horas con Jesús marcaron profundamente la vida de los discípulos. A partir de allí, no se apartaron de Jesús: permanecieron con Él.
¿Cómo fue posible? No se trataba de hombres extraordinarios, poseedores de una gran fuerza de voluntad, que mantuvieron su decisión contra viento y marea.
No. Ellos, al igual que los demás discípulos, fueron hombres con toda la fragilidad y las contradicciones humanas. Vivieron sus momentos de miedo. Les costó algunas veces entender y poner en práctica la palabra de Jesús, dejándose llevar por impulsos muy terrenales. La pasión y muerte de Jesús los llevó al borde de la desesperación…
No fue fácil comprender todo lo que significaba ser el Cordero de Dios. Sin embargo, esos hombres débiles llegaron a experimentar la fuerza del amor de Dios y permanecieron en Jesús, fieles, hasta llegar a dar la vida por Él.

Aquel día en que aquellos dos discípulos se quedaron con Jesús hasta “las cuatro de la tarde” volvió a pasar muchas veces por su corazón, refrescando todo lo que produjo aquel primer encuentro en el que fueron a ver dónde vivía Jesús.

Jesús nos dice hoy a nosotros “vengan y verán”. Nos invita a seguir encontrándonos con Él en la oración, en la Escucha de su Palabra y en la Eucaristía; pero también nos está llamando desde el rostro sufriente de quienes están en necesidad. Que, al terminar cada jornada, podamos recordar esas “cuatro de la tarde” -sea cual sea la hora en que haya sido- ese momento en que estuvimos con Él. Así sea.

domingo, 1 de noviembre de 2020

Misa - Solemnidad de Todos los Santos - Domingo 1 de noviembre de 2020

 

Esta capilla está dedicada a Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás.
Fue construida a fines de los años 70, por iniciativa de los sacerdotes lateranenses.
El domingo 3 de diciembre de 1978, solemnidad de Cristo Rey, se celebró la primera Misa, con la capilla ya casi terminada. La intención fue dedicarla a Cristo Redentor, aunque eso no quedó claramente establecido.
En 1999, cuando Mons. Roberto Cáceres, ya obispo emérito, quedó por un año de nuevo al frente de la diócesis, fue dedicada a Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás, teniendo en cuenta la imagen de esa advocación que había sido instalada sobre la ruta y que puede verse al inicio del vídeo.

 

Homilía

“Alégrense y regocíjense”, les dice Jesús a los que son perseguidos o humillados por su causa. Así comienza el papa Francisco su exhortación “sobre el llamado a la santidad en el mundo actual”. Y sigue diciendo el papa, en el primer párrafo:
“El Señor lo pide todo, y lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la cual fuimos creados. Él nos quiere santos…”
En este domingo primero de noviembre, estamos celebrando la solemnidad de todos los santos, que precede a la conmemoración de todos los fieles difuntos, que tendrá lugar mañana.
Esta fiesta nos invita a contemplar a los santos y a examinar el lugar que tienen en nuestra vida y, también, de una manera especial, a reflexionar sobre el llamado a la santidad, un llamado que Dios dirige a todos.

¿Qué pensamos cuando hablamos de los santos?
Creo que, para mucha gente, los santos son, ante todo, personas que están junto a Dios y que interceden por nosotros, es decir, que le presentan a Dios nuestras peticiones.
Pienso en todo lo que significan, por ejemplo, san Cono, san Expedito, san Pancracio, santa Rita de Casia, san Pío de Pietrelcina… mucha gente los invoca en momentos de enfermedad, de necesidad material, afectiva o espiritual, esperando conseguir, por medio de ellos, aquello que necesita.
Eso está bien, siempre que no nos olvidemos que todo viene de Dios; que el santo es solo un intercesor, es decir, alguien que está junto a Dios y reza por nosotros.
Es lo mismo que le pedimos a Santa María Virgen: “ruega por nosotros pecadores…”

Pero también tenemos que preguntarnos porqué esos hombres y mujeres están junto a Dios.
La respuesta está en la vida que llevaron aquí.
Nos vamos haciendo más amigos de los santos cuando conocemos su vida, su obra, sus enseñanzas.
Cuando muere una persona que ha tenido siempre fama de ser una santa, la Iglesia suele hacer un proceso para definir si realmente esa persona fue santa y su vida puede ser presentada como un modelo de vida cristiana.
Ese proceso se llama “canonización”, palabra que viene de “canon”, que significa “regla, norma”; porque la persona canonizada muestra una manera cristiana de vivir, una manera de vivir con fidelidad al evangelio.
Así, la vida de san Francisco de Asís es una de las más conocidas y difundidas, incluso a través de varias películas. El papa Francisco se inspiró en él desde el comienzo de su pontificado, empezando por la elección de su nombre, pero también con sus mensajes sobre el cuidado de la casa común, Laudato Sí’ y ahora con Fratelli Tutti, sobre la fraternidad y la amistad social.
Los sacerdotes diocesanos queremos mucho a san Juan María Vianney, el santo Cura de Ars, que vivió entregado a los fieles de su parroquia.
Los salesianos y salesianas han difundido la vida de Don Bosco, sus sueños, su proyecto educativo, sus enseñanzas.
Santa Teresita del Niño Jesús es también una santa muy querida… santa Joaquina Vedruna, con su periplo de esposa, madre, viuda, consagrada y fundadora… también es conocida la historia de san Óscar Romero, el arzobispo mártir de San Salvador.
Conocer la vida de los santos nos ayuda en nuestro camino de fe, al ver cómo su fe los sostuvo en las pruebas por las que pasaron… santa Rita en su situación de violencia familiar, santa Teresita en su enfermedad y su vida de oración, don Bosco en su obra con los niños y los jóvenes, el cura de Ars en la atención de sus fieles, san Óscar Romero en su enfrentamiento a la violencia que caía sobre su pueblo, o el más nuevo de los beatos, el joven Carlo Acutis, con su apostolado a través de internet a pesar de su enfermedad.
Nuestra diócesis tuvo la visita de más de un santo:
todos recordamos a san Juan Pablo II; pero por aquí pasó también santa Nazaria March, fundadora de las Cruzadas de la Iglesia; que vivió más de un mes en Melo.
También estuvieron entre nosotros otros hombres y mujeres que tienen comenzada su causa de beatificación, que es el paso previo al proceso de canonización: Jacinto Vera, primer obispo del Uruguay, que estuvo en Melo, Treinta y Tres y Río Branco; la madre Giovanna, fundadora de las Misioneras Franciscanas del Verbo Encarnado, que visitó Fraile Muerto; el P. Bartolomé Pons, mártir en la guerra civil española, que fue párroco de Santa Clara de Olimar y Cerro Chato.

Hombres y mujeres que interceden por nosotros, que son presentados como modelos para nuestra vida…
Ahora bien, todo eso ¿no los pone lejos de nosotros? Ellos, junto a Dios… nosotros, de este lado… No podemos de dejar de verlos como seres excepcionales.
Y sin embargo, la Iglesia nos habla, en el Concilio Vaticano II, del llamado universal a la santidad. Todos llamados a ser santos.
Esto viene desde las raíces más hondas de la fe, desde la primera alianza de Dios con su pueblo. Dios le dice: “ustedes serán santos, porque yo, el Señor, soy santo”.
Entonces, el llamado no es para individuos aislados, destacados, sino para un pueblo, para el Pueblo de Dios, para la comunidad de los creyentes, para hacernos santos como pueblo, como comunidad; es decir, ayudarnos unos a otros en ir creciendo en la fe y en vivir de acuerdo con esa fe que compartimos.
El papa Francisco nos dice que no pensemos solo en los que ya han sido beatificados y canonizados. De alguna manera, ese es el sentido de celebrar esta fiesta de todos los santos, para incluir a todos, también a aquellos que vivieron su santidad anónimamente, santidad que fue conocida apenas por las personas que los trataron.
Francisco nos habla de “los santos de la puerta de al lado”, es decir, esos santos y santas que podemos encontrar entre nuestros vecinos. Dice el papa:
“Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo. (…) Esa es muchas veces la santidad ‘de la puerta de al lado’, de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios…”

¿Cómo presenta el Concilio al llamado universal a la santidad? Dice así:
“Todos los fieles cristianos, de cualquier condición y estado, fortalecidos con tantos y tan poderosos medios de salvación, son llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre”.

Todos: hombres y mujeres, niños, jóvenes, adultos, ancianos; fieles laicos, personas consagradas, sacerdotes… todos, pero “cada uno por su camino”.
Hay modelos admirables, pero no imitables. Cada uno está llamado a buscar, con la ayuda de Dios, su propio camino, a partir de los dones que Dios le ha dado. En esos dones, diferentes dones de Dios, dones del Espíritu Santo que cada uno tiene: allí está la base o el punto de partida para el propio camino de santidad.
Esos dones no son adornos ni privilegios: los recibimos de Dios para ponerlos al servicio de la comunidad, en su sentido más amplio. La comunidad eclesial, pero también la comunidad humana, con un sentido de fraternidad universal.
Termino con los consejos del papa Francisco para vivir la santidad en los diferentes estados de vida:
“¿Eres consagrado o consagrada? Sé santo viviendo con alegría tu entrega. ¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia ¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos. ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús. ¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales”.
“Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra”.

domingo, 28 de junio de 2020

Misa - Domingo XIII durante el año - Llevar la propia cruz.



Misa celebrada en la capilla Nuestra Señora de Lourdes, Barrio Sóñora, Melo, Cerro Largo, Uruguay.
Parroquia Nuestra Señora del Carmen, Diócesis de Melo.

viernes, 14 de septiembre de 2018

Oriente Antúnez, nuevo diácono permanente para la Diócesis de Melo

 Homilía de Mons. Heriberto


Nos reunimos en esta fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, recordando que, en un día como hoy, en el año 1932, Mons. Miguel Paternain erigió la parroquia Nuestra Señora del Carmen. La fiesta litúrgica y este aniversario hacen ocasión propicia para que la comunidad se reúna a participar de la ordenación diaconal de Oriente.

Les invito a que contemplemos primero el misterio de la cruz, ese misterio que nunca llegamos a comprender totalmente pero que siempre arroja luz sobre nuestra vida.
Lo voy a hacer recordando la reflexión de un hombre que, como Oriente, como muchos otros varones que están aquí, recorrieron un camino largo y sinuoso hasta vivir su reencuentro o su encuentro con Jesucristo. Ese hombre fue un gran católico inglés, que murió en 1936. Se llamaba Gilbert Chesterton. En su juventud fue un agnóstico, cerrado a Dios. Fue su esposa, Frances, quien lo acercó al cristianismo, en la Iglesia Anglicana. Luego, él mismo fue dando pasos que lo llevaron a la fe católica, con una profunda convicción.

Chesterton veía que mucha gente de su tiempo pensaba que el mundo, la historia, la vida, se podía explicar con la figura del círculo. “El círculo es perfecto e infinito” dice Chesterton “pero se halla siempre limitado a su tamaño; nunca puede ser mayor ni más pequeño”. Lo que él dice se entiende si seguimos con el dedo la línea de un círculo… ¿qué haríamos, sino dar vueltas y vueltas, volver a pasar siempre por el mismo punto, sin encontrar una salida?
“Pero la cruz…” sigue diciendo el filósofo inglés “la cruz puede prolongar hasta siempre sus cuatro brazos, sin alterar su estructura”. “La cruz puede agrandarse sin cambiar nunca… el círculo vuelve sobre sí mismo y está cerrado. La cruz abre sus brazos a los cuatro vientos; es el indicador de los viajeros libres”.
“La cruz tiene en su centro una fusión y una contradicción”, “una paradoja”. Es el lugar de encuentro del hombre con Dios, es el instrumento de muerte del que surge la vida y esa vida se abre al infinito, se abre a la eternidad de Dios.

San Pablo dice de la cruz que es “escándalo para los judíos y locura para los griegos”. En eso, nuestro mundo de hoy es bastante “griego”. El cristianismo es locura para el mundo. Para mucha gente, lo que Oriente ha pedido y va a recibir, este sacramento del Orden, es incomprensible, o se entiende solo a medias… Pero esto sucede con cualquier paso que demos en seguimiento de Cristo, en seguimiento en serio. Ser diácono permanente, al igual que ser un esposo y un padre cristiano, o un obrero, un comerciante, un profesional cristiano, un policía, un militar o un gobernante cristiano, o lo que seamos en la vida… no es hacer del seguimiento de Jesús algo para los ratos libres, para hacer alguna obra buena y después ir llevando el resto de nuestra vida como vaya saliendo. Ser cristiano es pasar por la vida como Jesús, que “pasó haciendo el bien”. Y como decía la canción que escribió un maestro rural “si hacer el bien da alegría / costarnos suele una cruz”. Pero, como nos muestra Chesterton, la cruz no nos encierra. No nos mete en un círculo. Al contrario, nos abre cada día más a Dios, a los hermanos, al mundo al que somos enviados por el amor de Jesucristo.

Pero vamos a profundizar un poco más en lo que asume hoy Oriente, que se integra hoy a ese cuerpo diaconal que comenzó a formarse hace 40 años con la ordenación de Néstor, a la que siguieron luego otros… recordemos a Víctor, que partió a la casa del Padre; pero tenemos al propio Néstor, a Luis, a Mario y a Juan Carlos, como testigos de la Diaconía de Cristo entre nosotros.

“Diácono” significa servidor; y este ministerio configura a quien lo recibe con Cristo “que se hizo el último y el servidor de todos”.

Hubo diáconos en los primeros tiempos de la Iglesia, durante varios siglos. Su figura fue quedando solo como una etapa hacia el sacerdocio, hasta que el Concilio Vaticano II restableció este ministerio en forma permanente. Hace 50 años, en la II Conferencia de los Obispos de América Latina, en Medellín, se miró con esperanza este resurgir del diaconado y se alentaba a formarlos para
“crear nuevas comunidades cristianas o alentar las existentes, a fin de que el Misterio de la Iglesia pueda realizarse en ellas con mayor plenitud… se cuidará también de capacitarlos en orden a una acción efectiva en los campos de la evangelización y del desarrollo integral”.

El servicio de los diáconos a la comunidad se despliega en tres dimensiones: la Palabra, la Liturgia y la Caridad.

La Palabra es la Palabra de Dios. En la ordenación se le entrega al diácono el Evangelio diciéndole:
"Recibe el Evangelio de Cristo del cual has sido constituido mensajero; convierte en fe viva lo que lees, y lo que ha hecho fe viva enséñalo, y cumple aquello que has enseñado".

La Liturgia es el conjunto de prácticas por las que se desarrolla el culto. En la Misa, en el Bautismo, en el Matrimonio y en otras acciones litúrgicas, el Diácono no está “de adorno”: tiene su papel propio.

La Caridad es el gran mandamiento de Cristo: "ámense unos a otros como yo los he amado". Los primeros diáconos fueron llamados especialmente para atender a las viudas y huérfanos de la primera comunidad cristiana. San Lorenzo, diácono y mártir, se ocupaba especialmente de la atención de los pobres.

Las tres funciones están unidas. No se oponen, sino que se complementan. El diácono las vive en cada lugar según las necesidades y las circunstancias de la comunidad a la que le toca servir. Oriente lleva ya un camino como feligrés de esta comunidad, como cursillista y ha ido asumiendo distintos servicios, como su participación en el equipo de pastoral carcelaria.


Oriente, hermano, tú que sales en correr en bicicleta, sabes bien que el cartel que dice “llegada” no es un final, sino un nuevo punto de partida. Que esa carrera que has corrido es resultado de un tiempo largo de preparación y entrenamiento; y haber llegado a esa meta te pone de nuevo en carrera, te pone de nuevo a prepararte nuevamente para la próxima.

La ordenación diaconal, como las que corresponden a los otros grados del sacramento del orden, son puntos de llegada, después de una preparación… pero son punto de partida de una carrera aún más larga por recorrer, donde el entrenamiento se va dando en la misma práctica; donde hay que seguir aprendiendo en la marcha.

San Pablo, que conocía bien el mundo de los atletas de su época, tiene un párrafo que te puede ayudar a unir tu propia experiencia deportiva con este nuevo esfuerzo que estás emprendiendo. Dice el apóstol:
“¿No saben que en el estadio todos corren, pero uno solo gana el premio? Corran, entonces, de manera que lo ganen. Los atletas se privan de todo, y lo hacen para obtener una corona que se marchita; nosotros, en cambio, por una corona incorruptible. Así, yo corro, pero no sin saber adónde; peleo, no como el que da golpes en el aire. Al contrario, castigo mi cuerpo y lo tengo sometido, no sea que, después de haber predicado a los demás, yo mismo quede descalificado.” (1 Co 9,24-27).

Te animo, pues, con las palabras de Pablo, a que sigas empeñándote, trabajando, entrenando, aprendiendo, para que siguiendo a Jesús, llevando tu propia cruz, viviendo íntegramente tu vida cristiana y realizando generosamente tu servicio diaconal, puedas recibir de Cristo esa corona que no se marchita ni es para uno solo, sino para todos los que perseveran en Él. Así sea.

martes, 13 de junio de 2017

Carta a Fanny Monteiro

Ayer, lunes 12, fue sepultada en Melo Fanny Monteiro, tras una Misa de cuerpo presente en su comunidad, la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen. Fanny fue durante muchos años la delegada de la Diócesis de Melo a la Comisión Nacional de Animación Bíblica de la Pastoral de la Conferencia Episcopal del Uruguay. Participó activamente en la vida y en los distintos encuentros de las Comunidades Eclesiales de Base y Pequeñas Comunidades de la Diócesis. Trabajó muchas veces junto a la Hna. Stella Bondesán, quien le escribe ahora esta sentida carta de despedida.

¿Cómo te pienso, querida Fanny? Creo que como un pilar. Alto, de estilo fino, delicado, barroco, con mantelito portugués. Blanco… al costado de una gran Capilla… donde todos pueden verte solo si se quedan a mirarte.
En el centro de este pilar,  un sol,  grabado en oro puro. Sobre sus rayos que sobresalen, domina la Palabra de Dios que lo embellece por su resplandor.

Este pilar tiene una particularidad: hay que saber descubrirlo… en un primer momento parece arte frío, no fácil de apreciar; pero cuando te acercas, descubres toda su belleza, su originalidad, su preciosa elaboración. Algo impensable: deja asombrados por su sencillez y al mismo tiempo por su majestuosidad. Hay que saber reconocer y acariciar discretamente sus detalles.

Así te pienso hoy… luego de haber recibido la noticia de tu sueño eterno y tu despertar en Cristo. Me dolió. Mucho. La distancia me hace sentir más la desorientación… no logro entender… hace difícil aceptar…

Hemos compartido mucho, juntas, Fanny querida. Especialmente en las dificultades frente a una Iglesia que deseábamos distinta, más cercana y transparente, de la cual tú has sido fiel e incansable servidora. Llegábamos siempre a la misma conclusión: aferrarnos a Jesús, creyendo que a Él le es posible lo que a nosotras nos parecía un vacío, una distancia, un camino demasiado arduo. 

Has sido muy discreta. Me lo enseñaste en varias ocasiones… crítica y observadora, nunca juez.
Me impactó darme cuenta cuantas realidades delicadas conocías o te habían confiado… me hacías entender que sabías, pero las guardabas en tu corazón. En oración. Aprendí mucho de ti… me quisiste. Me quisiste bien y me ayudaste a crecer en la fe, en la fidelidad a la Palabra de Dios y en el servicio a una Iglesia que soñábamos más evangélica pese nuestros límites. ¡Tu compromiso y responsabilidad, lo han demostrado claramente! Tus viajes a veces fatigosos, a Montevideo, representando a nuestra Diócesis en el camino bíblico nacional te cansaban mucho últimamente, pero tú seguías firme.

También tu gran amor hacia tus hijas era silencioso, pero hondo y concreto, muy concreto. Entrega sin condiciones. ¡Cuánto las amaste y seguirás amándolas! 

La última vez que nos vimos me susurraste al oído: “Hermana, no te olvides que te quiero mucho. Sé que tú también. Reza por mí”. Es cierto. Yo también. Y no te pongo en el pedestal porque has pasado a una vida de Amor eterno. Las dos conocíamos nuestros defectos: chocábamos y discutíamos… pero  siempre sobresalía  el deseo sincero de crear algo mejor, de servir al Reino, de seguir testimoniando a Jesús de Nazaret en nuestras comunidades y a nuestros hermanos y hermanas que se acercaban por nuestro camino.

Gracias. Gracias, Fanny querida… serás siempre un pilar… mucho más que un pilar… y quedarán grabadas en nosotras, en nuestro grupo interparroquial de pequeñas comunidades, tu entrega, tu discreción y tu servicio y amor a nuestra Iglesia.

Ahora tendrás todo el tiempo de rezar por mí, por tus hijas, por tu parroquia, por tu Iglesia. Y podremos apoyarnos a ti como un pilar seguro y firme. ¡Intercede por todos! ¡Te quiero mucho!      
                                                               Tu hermana Stella

sábado, 8 de abril de 2017

Domingo de Ramos en la ciudad de Melo. Horarios.


Se indica solo las Misas en las que hay bendición de Ramos, desde la mañana a la tarde.

Buen Pastor:


- 09:00 Bendición de Ramos en capilla Santa Teresita, procesión hasta Buen Pastor y Misa.

San José Obrero:


- 09:45 Bendición de Ramos y Misa

Catedral:


- 10:00 Bendición de Ramos frente al Hospital; procesión hasta la Catedral y Santa Misa presidida por el Obispo.

Santo Domingo Savio:


- 16:00 Bendición de Ramos en capilla Santa Cruz; procesión y Misa en S. Domingo Savio.
 

Nuestra Señora del Carmen:


- 19:30 Bendición de Ramos en la Plaza y Misa

miércoles, 5 de abril de 2017

A 25 años de la Pascua del P. Antonio Petralanda (Melo, 10 de abril de 1992)

El próximo 10 de abril, Lunes Santo, en la Misa de las 19:30 en la Catedral de Melo, se recordará al P. Antonio Petralanda, en el 25° aniversario de su muerte.

El P. Antonio Petralanda, Canónigo Lateranense, nació en el último año del siglo XIX, el 22 de abril de 1899. Falleció 12 días antes de cumplir 89 años. Murió en el Obispado, donde residiera desde setiembre de 1988, el 10 de abril de 1992. En ocasión de su muerte, Mons. Cáceres escribía en la revista diocesana COMUNIÓN:
Ultimos años
Sus últimos años los pasó en medio de su querida Comunidad parroquial del Carmen. Los Padres Lateranenses, al marcharse de Melo, tuvieron con el P. Antonio la delicadeza y comprensión de permitirle permanecer en medio de su querida gente. Algo excepcional, que nunca se lo agradeceremos bastante.
Casi al final de su larga vida, la Providencia le tenía reservada una incomparable alegría: el abrazo que el Papa Juan Pablo II le dio, ante el clamoreo de la multitud, en la Explanada de La Concordia. Allí su nombre fue coreado junto con el del Santo Padre.
A partir de ese momento, como el anciano Simeón, quizás dijo "Ahora, Señor, me puedes llevar en paz", pues a los pocos días debió ser trasladado a Montevideo, para internarse en el Círculo Católico y luego pasar unos tres meses en la parroquia de Santa Bernardita, su Comunidad Lateranense.
Apenas se sintió recuperado, quiso regresar a Melo, pasando a residir en el Obispado.
Cuidados
Se formó una Comisión especial de laicos, que tomó bajo su responsabilidad atenderlo día y noche.
Hasta el momento en que expiró, mantuvo intacto su conocimiento, lo que le hizo percibir y gozar intensamente, por sentirse querido por todos y atendido con filial delicadeza.
Capítulo aparte, merece, pues, la sociedad melense que fue extremadamente sensible y respondió al amor del P. Antonio, con amor.
No es ajeno a este entrañable cariño, la resolución de las Autoridades de la Intendencia y de la Junta, al denominar con su nombre una calle de Melo, cosa que él valoró, sensible como era, en su verdadera dimensión. El que siembra amor, cosecha amor.
"Tapa agujeros"
Quiso a todos. Donde su presencia era reclamada, allí estaba, con una prontitud admirable. Se denominaba a sí mismo "Tapagujeros", con el humor que conservó hasta el final.
¡Con qué cariño se lo recibía en todas partes! En toda la Diócesis, pero en especial en "la línea": Fraile Muerto, Tupambaé, Santa Clara, Cerro Chato... Todas estas parroquias lo tuvieron durante largas temporadas. Por todos los rinconces dejó grandes amigos que lo recuerdan con cariño.
Cuántos decían, al enterarse de su muerte: "a mí me bautizó", o "a mí me casó" o "a mí me dio la comunión" o "asistió a mi madre" o "me tuvo en el catecismo" o "yo fui su monaguillo" o "del grupo de estudiantes", etc.
Servidor
En Melo, sirvió en todas las parroquias, siempre como "Teniente" o ayudante. Particularmente en el Carmen, donde los Lateranenses tenían su asiento comunitario y a donde llegó él en setiembre de 1932 para fundar la parroquia, junto con el P. Domingo.
Sus amores
Su País Vasco, Vizcaya, con el Árbol de Guernica, fue uno de sus grandes amores. Era oír un apellido vasco, o un "zortziko" (baile tradicional vasco) y ya "paraba la oreja" y sus ojos se le iluminaban. Su boina fue todo un símbolo sobre su cabeza calva. "La Voz de Melo" y la TV lo mantenían unido a su Pueblo, a su querida tierra de adopción.
Con ser tan vasco y haber podido regresar a su tierra natal, si hubiera querido, prefirió su Melo, su querido Melo, sus amigos todos de Cerro Largo y Treinta y Tres.
Y aquí, porque lo eligió, reposan sus restos (en la capilla San Antonio, barrio El Bosque) y aquí, junto a su gente, vive su Pascua. La eterna alegría de haberla servido y amado hasta el fin.
¡Feliz!
El diluvio que se abatió sobre Melo la mañana de sus exequias, el sábado 11 de abril, no impidió que una Catedral rebosante de hijos orara por él y lo acompañara al Cementerio. Ahora vive feliz, intercediendo por nosotros, mas junto a nosotros que nunca.
Feliz por haberse encontrado con Dios, a quien amó a lo largo de su vida y por cuyo amor se hizo Religioso Lateranense y vino a misionar a América, primero en Argentina y luego, a partir de 1932, en este noreste uruguayo hasta su muerte.
Feliz por encontrarse con tantos amigos, entre los cuales Severiano, Chiki, Guillermo, Javier Irizar...
Ahora seguirá velando por este Pueblo que lo guarda en el corazón, como un tesoro, como el símbolo de alguien que lo amó entrañablemente, hasta darlo todo por él.
La Junta Departamental de Cerro Largo le rindió un emocionado homenaje, tan justo como sentido.
¡Gracias, Padre Antonio, por tu Sacerdocio... Gracias por darlo a nuestro Pueblo!

viernes, 14 de septiembre de 2012

Los ochenta años de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen, Melo


Mons. Cáceres presidió la Eucaristía con motivo de estos 80 años.


La Parroquia Nuestra Señora del Carmen fue erigida el 14 de setiembre de 1932 por Mons. Miguel Paternain, tercer Obispo de Melo. Recordemos que cuando decimos "parroquia", no nos estamos refiriendo al edificio, que es el templo o iglesia parroquial, sino a la comunidad de fieles que habita dentro de un territorio. La actual iglesia parroquial del Carmen fue primero una capilla, dependiente de la Parroquia Nuestra Señora del Pilar y San Rafael, cuyo templo es la Catedral de Melo.

Fue, precisamente, durante los festejos de la inauguración de la nave principal de la iglesia del Pilar y San Rafael, el 25 de mayo de 1876, que se realizó una procesión para colocar la piedra fundamental de la futura capilla de Nuestra Señora del Carmen. La misma está colocada a la izquierda de la entrada al templo, bajo uno de los ángulos sobre los que se apoya su torre.

Por ese entonces, Melo había aumentado su población y contaba con una única iglesia, la actual Catedral. Un vecino católico, Don Manuel Sóñora concibió el proyecto de construir y sostener a sus expensas una capilla en homenaje a su esposa, Carmen López. Un solar ubicado frente a la plaza nueva llamada "Oribe", hoy Plaza Independencia, había sido destinado desde hacía tiempo para la construcción de un nuevo templo. Allí fue colocada la piedra fundamental y doce años después, el 4 de mayo de 1888, el obispo de Montevideo (cuya diócesis abarcaba todo el Uruguay) Mons. Inocencio María Yéregui consagró la nueva capilla. Ese día fue llevada en procesión y entonizada la imagen de su patrona, Nuestra Señora del Carmen, traída de Italia.

Las campanas y el reloj de la Iglesia fueron donados por el Sr. Esteban Murga, traídos desde su pueblo natal de Victoria, en las Islas Canarias. Fueron colocados en 1890.

Un antiguo crucifijo fue donado en 1973 por la familia de Don Juan D. Silva.

Los valores arquitectónicos del templo le valieron la declaración de monumento histórico nacional en 1977.

En 1988 el templo celebró su centenario, coincidiendo con la visita de Su Santidad Juan Pablo II a Melo, quien, a su paso, bendijo a la iglesia y al pueblo reunido frente a ella.

En 1998 se hizo el altar fijo y el ambón en granito y se restauraron las imágenes ya existentes. Al año siguiente se reconstruyó el techo de tejas y se hizo un nuevo cielo raso de madera, manteniendo la estructura del antiguo.

domingo, 22 de julio de 2012

Diez años de Cursillos de Cristiandad en Melo. 16º Cursillo de Hombres





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Con el tradicional canto "De Colores", al final de la Misa celebrada hoy a las 19:30 en la Parroquia Nuestra Señora del Carmen, culminó el 16º Cursillo de Cristiandad para hombres de la Diócesis de Melo.
Desde el jueves a la noche, cuando salieron luego de la Misa celebrada en la misma parroquia, los 34 participantes convivieron en la Casa de Ejercicios, viviendo una experiencia única de encuentro con Cristo.
Mons. Heriberto, que presidió junto al P. Freddy la Misa de clausura, participó en esta oportunidad en la totalidad del Cursillo, recibiendo también la cruz que llevan los integrantes del movimiento.
Luego de los testimonios de quienes vivieron por primera vez esta experiencia, el Obispo dio el suyo y agradeció haber compartido el cursillo, expresando que el mismo significó un enriquecimiento en su vida de pastor y agradeciendo el bien que ha significado la presencia del movimiento en la Diócesis en estos diez años.
En la Misa participaron miembros del secretariado nacional del MCC y Cursillistas de Minas, entre ellos el rector y la rectora, respectivamente, del primer cursillo de hombres y el primer cursillo de mujeres realizados en Melo hace diez años.

Los comienzos del MCC en la Diócesis

En mayo de 2001, con el apoyo de Mons. Luis del Castillo, que en 1977 había hecho el Cursillo de Cristiandad en Argentina, se realizó una reunión en la ciudad de Treinta y Tres, de la que participó el presidente del Secretariado Nacional, Julio Osta, y el rector del Cursillo que se estaba programando para ese año en Minas.
En la reunión se decidió que participaran de ese Cursillo para hombres un sacerdote y algunos laicos. Mons. del Castillo encargó al P. Freddy Martínez el acompañamiento del MCC en la Diócesis. Así fue que participaó en el Cursillo de Minas junto a Juan Costa de Río Branco y de Melo, Gabriel Sanes, Julio Sosa, Carlitos Fernández y Mario Moraes.

Luego de esa experiencia, en Octubre del mismo año se realizó otra reunión en Minas con el secretariado del MCC y se determinó que en julio de 2002 se realizaría el primer cursillo de hombres de Melo. La poca participación de hombres en la Misa era la inquietud de Mons. del Castillo. El rector fue Angel Machado. En setiembre de 2002 se realizó el primer cursillo de mujeres, la rectora fue Mariel Montero.

lunes, 16 de julio de 2012

Nuestra Señora del Carmen: Fiesta patronal en Melo

Homilía de Mons. Heriberto en la fiesta patronal de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen, Melo

Celebramos hoy la fiesta de la patrona de la comunidad parroquial Nuestra Señora del Carmen, es decir, del monte Carmelo. El monte Carmelo y la Virgen del Carmen tienen una larga y rica historia en la vida del pueblo creyente.

El Monte Carmelo: belleza de Dios y pureza de la fe

Para hablar del monte Carmelo empezamos por el Antiguo Testamento, donde encontramos las profundas raíces de esta advocación mariana.
En el libro del Cantar de los Cantares, se dice de la amada que su cabeza “está erguida, como el monte Carmelo” (Cant 7,5) y el profeta Isaías nos habla de la belleza del Carmelo como algo que permite imaginar “el esplendor de la Gloria de Dios” (Is 35,2).
Así aparece asociado el monte Carmelo con la belleza que habla de Dios.
El monte Carmelo fue también el escenario de la confrontación del profeta Elías con los 450 sacerdotes de Baal (1 Re 18,21ss), donde el profeta “defendió valientemente de la contaminación de los cultos idolátricos la pureza de la fe en el Dios único y verdadero” (Benedicto XVI, 15.07.06).
También desde el monte Carmelo el mismo Elías ruega intensamente pidiendo la lluvia frente a la prolongada sequía que sufría la tierra. Pronto desde el monte se verá una nube “como la palma de un hombre, que sube del mar” (1 Re 18,44) y llegará la lluvia esperada y salvadora.
De esta manera, el Antiguo Testamento nos presenta el Carmelo como un lugar donde se manifiesta la belleza de Dios, un signo de la pureza de la fe, y un lugar desde donde es posible ver la llegada de la vida y de la salvación.

La Virgen del Monte, la Inmaculada, la Estrella del Mar

Por todo esto, ya en tiempos cristianos muy antiguos, muchos ermitaños se fueron a vivir a las grutas naturales del monte. Así fue naciendo la Orden de los Carmelitas. Ellos interpretaron la nube de la visión de Elías como un símbolo de la Virgen María; más aún, de María Inmaculada: pura y portadora de la Vida y la Salvación que trae su Hijo Jesús.
Pero llega un momento en que Tierra Santa es conquistada por los sarracenos. Aquellos primeros Carmelitas tienen que dejar el monte. Y aquí va a aparecer otro nombre de la Virgen: Stella Maris, la Estrella del Mar. Una antigua tradición dice que cuando los carmelitas estaban por emprender su viaje por mar, dejando el Carmelo, se les apareció la Virgen y les dijo que ella sería su Estrella del Mar. Por eso, la Virgen del Carmen es también patrona de los navegantes.
Así se empezó a difundir por el mundo la devoción a Nuestra Señora del Carmen.
La devoción de la Virgen fue creciendo con la difusión del Escapulario del Carmen, que la Virgen entrega al General de los Carmelitas, San Simón Stock, el 16 de julio de 1251.

Frutos de Santidad

La Orden Carmelita se irá extendiendo, pero poco a poco el espíritu de austeridad, pobreza y oración se irá relajando. Frente a esto se levantó la reforma teresiana, en "tiempos recios", para formar "amigos fuertes de Dios, para sustentar a los flacos" (Libro de la Vida, 15,5). El próximo 24 de agosto se cumplirán 450 años del día en que Santa Teresa de Jesús fundó el Convento de San José, en su ciudad natal de Ávila. Así comenzó la rama de las Carmelitas Descalzas. San Juan de la Cruz hará lo mismo con los varones, e iniciará los Carmelitas Descalzos. Con los siglos, el Carmelo seguirá dando frutos de santidad, y así veremos en el siglo XIX a Santa Teresita del Niño Jesús y en el siglo XX a Sor Benedicta de la Cruz, la filósofa judía Edith Stein, convertida al catolicismo y muerta en los campos nazis de exterminio.

Devoción en América

En América, con o sin los carmelitas, que van llegando en diferentes momentos, según las regiones, la devoción a la Virgen se hizo muy presente. Artigas le tenía una gran devoción, y eso le llevó a dar el nombre de Carmelo al pueblo que fundó el 12 de febrero de 1816 después del traslado de la gente que habitaba en un paraje llamado Las Víboras. En Chile, el pueblo de Santiago hace una promesa a la Virgen del Carmen, el 14 de marzo de 1818, frente al avance de los ejércitos españoles que vienen a quitarles la independencia recién conquistada. Poco después, el 5 de abril, se libra la batalla de Maipú, con el triunfo de los ejércitos de las Provincias Unidas y de Chile, comandados por José de San Martín. Poco después se inicia allí la construcción del Santuario Nacional de Maipú, gran templo dedicado a Nuestra Señora del Carmen, patrona de Chile.

"¡Permítame fundar!"

Los Carmelitas llegan al Uruguay a comienzos del siglo pasado, en tiempos de José Batlle y Ordóñez. Todavía no estaba separada la Iglesia del Estado, de modo que era necesario un permiso del gobierno para fundar. El P. Constancio, que vino desde España con esa misión, encontró muchas trabas, hasta que logró ser recibido por Batlle en el comienzo de su segunda presidencia. Se cuenta que cuando estuvo frente a Batlle, el P. Constancio, con su marcado acento español y con natural simpatía le dijo: “Yo sé, Don José, que usted no le tiene gran estima a los vestidos de negro, pero míreme a mí de hábito marrón y sandalias; ¡permítame fundar!”. El presidente no pudo menos que sonreír y surgió enseguida un aprecio entre ellos que culminó con el permiso de fundación.
En nuestra diócesis tenemos las Carmelitas de la Caridad de Santa Joaquina Vedruna, nombre que refleja la inspiración carmelitana de la fundadora, inclinada a la vida activa.

El escapulario: manto de María, pertenencia a ella y yugo de Cristo

Vamos a terminar con algunas palabras sobre el escapulario, que algunos fieles van a recibir al terminar la Misa.
¿Qué es el escapulario? Es lo que la Iglesia llama un sacramental, es decir, un objeto religioso, aprobado por la Iglesia, que nos ayuda a vivir santamente y a aumentar nuestra devoción. Los sacramentales deben mover nuestros corazones a renunciar a todo pecado.
El escapulario de la Virgen del Carmen es como un hábito religioso en miniatura que todos los devotos pueden llevar como signo de su consagración a María.
El escapulario tiene tres significados:
-          El amor y protección maternal de María, porque es como un pequeño manto, y así representa el manto de la Virgen que nos protege como madre
-          La pertenencia a María, porque es como una marca que nos distingue
-          El suave yugo de Cristo, como un eco de las palabras de Jesús: “carguen con mi yugo, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón. Mi yugo es suave y mi carga liviana” (Mt 11,29-30).

Bendición del escapulario

Padre santo, que prefieres y aumentas la caridad, tú has querido que tu Unigénito Hijo Jesucristo se encarnara en el seno de la Virgen María por obra del Espíritu Santo; concede a este hijo tuyo (esta hija tuya), que recibe con devoción el Escapulario de la familia de la bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo, la gracia de revestirse del Señor Jesús en todas las circunstancias de esta vida y alcance así la gloria eterna. Por Jesucristo nuestro Señor.

Imposición del Escapulario

Recibe este Escapulario, por el cual quedas admitido en la familia de la bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo; llévalo como signo de su protección maternal y de tu compromiso por imitarla y servirla. Ella te ayude a revestirte de Cristo, para dar gloria de la santísima Trinidad y para cooperar en la Iglesia al bien de los hermanos.

sábado, 11 de febrero de 2012

Nuestra Señora de Lourdes: fiesta patronal de la Capilla de Barrio Sóñora, Melo


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En el mismo día de Nuestra Señora de Lourdes, XX Jornada Mundial del Enfermo, Mons. Heriberto presidió la Eucaristía en la capilla de Barrio Sóñora, Melo, acompañado por el Párroco de Ntra. Sra. del Carmen, P. Freddy, el P. Michael y el Diácono Mario.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Bodas de Plata Sacerdotales del P. Freddy Martínez




El P. Freddy Martínez celebró ayer sus bodas de plata sacerdotales en la Parroquia Nuestra Señora del Carmen, en Melo, donde es cura párroco.
Oriundo de Treinta y Tres, siguiendo su vocación sacerdotal, alentada por Mons. Cáceres, ingresó al Seminario Interdiocesano Cristo Rey en Montevideo en 1980 y fue ordenado sacerdote en 1986.
Posteriormente obtuvo el doctorado en Derecho Canónico. Es Vicario General y Canciller de la Diócesis de Melo.
La feligresía de la parroquia y varios sacerdotes de la diócesis, de otras diócesis uruguayas y también de la arquidiócesis de Santa Fe, Argentina se hicieron presentes para acompañarlo en la Eucaristía y luego en la cena en el Club Unión Obrera de Melo.
La Eucaristía fue presidida por el Obispo diocesano, Mons. Heriberto Bodeant y la homilía, con su habitual calidez y elocuencia, estuvo a cargo del Obispo emérito, Mons. Roberto Cáceres, quien ordenara al P. Freddy hace veinticinco años en Treinta y Tres.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Institución de Ministros Laicos en la Parroquia Nuestra Señora del Carmen, Melo


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Mons. Heriberto presidió esta noche la Eucaristía en la Parroquia Nuestra Señora del Carmen, acompañado por el Cura Párroco, P. Freddy y el Diácono Néstor.
Durante la celebración, numerosos laicos de la comunidad parroquial (sede y capillas de los Barrios López Benítez y Sóñora) renovaron o recibieron por primera vez los Ministerios de la Comunión, de la Palabra de Dios y de la Esperanza.
En su homilía, el Obispo recordó las palabras de Jesús: "No he venido para ser servido sino para servir y dar la vida en rescate por muchos" y manifestó que así como Cristo es servidor, así su Iglesia es servidora. Ese servicio de la Iglesia compete a todos sus miembros: todos los bautizados. Hay quienes reciben el Orden Sagrado como ministros al servicio de la comunidad en forma permanente y total: Obispos, Sacerdotes, Diáconos. Pero también los fieles laicos pueden recibir algunos ministerios para prestar servicios que hacen a la comunión y a la misión de toda la Iglesia, actuando en nombre de la Iglesia, enviados por la comunidad.
Los ministros de la Comunión llevarán el Pan de Vida a los enfermos, lo distribuirán en celebraciones sin presencia de ministro ordenado, o colaborarán con éste si hay gran afluencia de fieles. Los ministros de la Palabra de Dios animarán las celebraciones en ausencia de ministro ordenado, motivando la oración de la comunidad y la escucha de la Palabra. Los ministros de la Esperanza motivarán la oración de los deudos en los velatorios, procurando llevar consuelo y esperanza a quienes lloran a un ser querido.

martes, 27 de septiembre de 2011

Bodas de Plata sacerdotales del Obispo de Melo


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Heriberto Bodeant, el Obispo de Melo, celebró en esta jornada sus Bodas de Plata sacerdotales. Fue ordenado presbítero en su ciudad natal de Young, el 27 de setiembre de 1986, por Mons. Carlos Nicolini, Obispo coadjutor de Salto.
Desde la mañana, el Obispo estuvo reunido con el Clero de Melo, en una jornada de oración, reflexión y estudio.
Después de meditar juntos un pasaje de la Segunda Carta a los Corintios ("llevamos este tesoro en vasos de barro"), que fue la segunda lectura de la ordenación de Mons. Heriberto, los sacerdotes dedicaron el resto de la mañana a la consideración de varios temas pastorales.
Luego de un almuerzo fraterno, la tarde comenzó con la presencia del P. Gabriel González Merlano, quien presentó su libro Varela y Vera, dos visiones de la educación, dando lugar a un rico intercambio sobre el laicismo y la laicidad en el Uruguay.
La jornada del clero culminó con una celebración Eucarística en la parroquia Nuestra Señora del Carmen, en la que también participaron algunos fieles y alumnos de los colegios Dámaso Antonio Larrañaga y María Auxiliadora.
Con mucha emoción, Mons. Heriberto recordó a su padre, ya fallecido y a quien lo ordenara, Mons. Nicolini; a Mons. Mendiharat, quien estuvo en sus tres ordenaciones (lo ordenó diácono, presidió la Misa de su ordenación sacerdotal y fue uno de los tres ordenantes principales en su ordenación episcopal) y a Mons. Daniel Gil, que fue quien lo ordenó obispo.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Culminó el XIV Cursillo de Cristiandad de Mujeres de Melo



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Con la Eucaristía celebrada esta noche en la Parroquia Nuestra Sra. del Carmen, de Melo, se clausuró el XVI Cursillo de Cristiandad de Mujeres realizado en esta Diócesis.
La Eucaristía fue presidida por Mons. Heriberto, secundado por el asesor del MCC y párroco del Carmen, P. Freddy, el P. Gabriel, que participó activamente en el CC, el P. Reinaldo, que vino desde Treinta y Tres a buscar a sus feligresas que habían tomado parte en el mismo, y los diáconos Luis Fernando y Néstor.
Al finalizar la Misa, los cuatro grupos en que estuvieron organizadas las participantes durante el CC fueron pasando sucesivamente al frente para que cada una de ellas diera su testimonio.
Las cursillistas manifestaron haber vivido una experiencia maravillosa, difícil de comunicar y expresaron su deseo de continuar una vida en Cristo que muchas de ellas reencontraron a través del Cursillo.

Fiesta Patronal de la Capilla Ntra. Sra. del Rosario de San Nicolás, Melo



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La Capilla Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás, del Barrio López Benítez, en la periferia de Melo, celebró esta tarde su fiesta patronal, con una Misa presidida por Mons. Heriberto.
Antes de la Misa, algunos miembros de la comunidad se congregaron para rezar el Rosario en torno a la gruta que guarda la imagen de la Virgen.
Tres jóvenes de la comunidad, que cumplieron o cumplen sus 15 años en estos días, recibieron como regalo la Santa Biblia, que les fue entregada por el obispo.
En su homilía, el obispo de Melo hizo referencia al Día de la Biblia, que se celebra hoy en el Uruguay, y presentó a María como modelo de discípula, que abre su corazón para que en ella se realice la Palabra de Dios "Hágase en mí según tu Palabra" (Lucas 1,38) y maestra, que nos invita a escuchar y a poner en práctica las palabras de su Hijo: "Hagan lo que él les diga" (Juan 2,5).

domingo, 21 de agosto de 2011

Los 88 años de la Hermana Elena



Con una Misa en la Parroquia Nuestra Señora del Carmen de Melo, presidida por el Obispo emérito Mons. Roberto Cáceres, y un almuerzo en la comunidad de la Pía Unión de la Medalla Milagrosa, congregación a la que pertenece, la Hermana Elena Vázquez celebró sus 88 años, que la encuentran aún en actividad como catequista en su querido Colegio Dámaso Antonio Larrañaga y en la Parroquia del Carmen.
La Hermana nació en Córdoba, Argentina, el 21 de agosto de 1923 pero, debido al temprano fallecimiento de su madre, fue criada por su abuela en Jujuy. Cuando se manifestó su vocación religiosa su padre, militar, la resistió, "pero luego quedó chocho con su hija monja", cuenta Elena.
Hizo sus primeros votos el 2 de febrero de 1955. Diez años después, el 6 de febrero de 1965 llegaba a Uruguay, enviada a la comunidad que atendía el Colegio de Cerro Chato. También estuvo en el Colegio de Santa Clara ese año. El 9 de enero de 1973 se trasladó a Melo, donde echó raíces.
"Cuando llegué, el Dámaso estaba en decadencia. Se habían ido las consagradas fundadas por Mons. Cavallero y estaba a punto de cerrar. Se mantenía gracias a la labor de un P. Salesiano. Me pidieron que tomara la dirección. Yo no quería para nada, pero Mons. Cáceres me animó. Poco a poco, el Colegio se levantó de nuevo, se llenó... teníamos también muchos pupilos..."
Ya ha pasado en el Uruguay 46 años, más de la mitad de su vida. "Muchas hermanas no querían venir a Uruguay. Yo quería venir, pero no quería manifestar mi deseo a la Superiora, porque en aquella época había un principio que era agire contra, o sea, que a uno le ordenaban lo contrario de lo que pedía. Cuando me dijeron que venía a Uruguay yo estaba muy contenta, pero no dije nada... y aquí estoy. ¡Este es un país maravilloso!"

sábado, 16 de julio de 2011

Fiesta patronal de Ntra. Sra. del Carmen, Melo




La parroquia Nuestra Señora del Carmen celebró hoy su fiesta patronal. Mons. Heriberto presidió la Eucaristía, acompañado por Mons. Roberto, el párroco P. Freddy, el P. Juan Gastón SDB y los diáconos Néstor y Mario.
Al finalizar la Misa, una gran cantidad de feligreses recibieron el escapulario de la Virgen del Carmen, que les fue impuesto por nuestro obispo y el párroco.
La fiesta se prolongó con un alegre chocolate.

viernes, 29 de abril de 2011

Visita del Obispo a las Parroquias (5) Buen Pastor y el Carmen, en estado de misión

El lunes 25 Mons. Heriberto visitó la Parroquia Jesús Buen Pastor, donde celebró la Eucaristía y se reunió con el Consejo Pastoral. Lo acompañó en la reunión como representante de la Vicaría Pastoral, Carla, coordinadora de la Catequesis diocesana.
Hoy viernes, el Obispo celebró Misa y se reunió con el Consejo de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen, del que participan tres integrantes de la Vicaría Pastoral: los esposos Alec y Alicia y Lilita.
En las dos parroquias, Mons. Heriberto pudo constatar que se había hecho una opción para el año respondiendo a la propuesta de Aparecida: "salir al encuentro de los alejados".
Ambas comunidades, de diferentes formas, de acuerdo a sus diversos contextos y recursos, se han planteado la necesidad de un fuerte trabajo misionero, que los lleve hasta los más alejados, haciendo llegar la presencia de la comunidad cristiana e invitándolos a participar e integrarse.

viernes, 22 de abril de 2011

Viernes Santo en la mañana

Catedral

Jesús Buen Pastor

Santo Domingo Savio

San José Obrero

Nuestra Señora del Carmen
Viernes Santo, por la mañana.
Una recorrida por las cinco parroquias de Melo.
Silencio, oración y espera...

La Palabra de Dios crucificada
es testigo fiel de su elocuencia,
es palabra de amor y, en su existencia,
en la vida y la muerte fue probada.

Por dar fe de su amor, nos dio su vida;
por dar fe de la vida, fue exaltada
sobre toda palabra pronunciada;
por el Padre a los hombres ofrecida.

La Palabra de Dios ya fue cumplida.
El silencio de Dios está a la espera
del amor de los hombres, Y él quisiera

que esa Palabra fuera recibida,
y en comunión de amor por siempre fuera
plenitud de su don que a todos diera. Amén.