jueves, 3 de septiembre de 2026

“Donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos". (Mateo 18,15-20) Domingo XXIII durante el año.

Amigas y amigos: un cordial saludo desde Italia, en la Casa del Divino Maestro, en Ariccia, cerca de Roma, de la que pueden ver este entorno.

Aquí estoy participando de un encuentro de Obispos amigos del Movimiento de los Focolares, que se prolongará todavía en parte de la semana que viene. Aquí hemos venido desde los cinco continentes.

Luego, del 14 al 18, los Obispos del Uruguay nos encontraremos en Roma, para hacer la visita Ad Limina Apostolorum, que es, a la vez, una peregrinación a la tumba de los apóstoles, como indica su nombre en latín, pero también un encuentro con los diferentes organismos de la Santa Sede y una audiencia con el Santo Padre… pero de todo eso les contaré más cerca de la fecha.

Del Evangelio de hoy, en el que Jesús promete hacerse presente en medio de aquellos que se reúnan en su nombre, aunque sean apenas dos o tres, surge la expresión “Jesús en medio”, que es recurrente en el Movimiento de los Focolares. En este encuentro de Obispos amigos del movimiento, en el que estoy participando, vuelve frecuentemente. Es un aspecto muy importante de esta espiritualidad, sin dejar de serlo también de la espiritualidad cristiana, en general. Escuchemos las palabras de Jesús:

También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá. Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos. (Mateo 18,19-20)

“Yo estoy presente en medio de ellos”. Lo primero que me recuerda a mí esa palabra es la tendencia que a veces tenemos a ponernos en el medio, a pretender ser el centro de atención de los demás. Es bueno recordar que yo no soy el centro del mundo. Cada uno de nosotros tendría que preguntarse si no ha pretendido eso al menos alguna vez, si no se ha colocado él mismo, o ella misma, en el medio…

Reconocer a “Jesús en medio” es sentir el llamado a salir de esa posición, a salir del centro, para que allí solo quede Jesús y así él sea el centro de todo: el centro para mí, para ti y para cada uno de los que nos hemos reunido en su nombre.

Estas palabras de Jesús son una promesa, pero al mismo tiempo nos involucran, porque Él se hará presente si al menos dos o tres discípulos nos unimos para pedir algo. Y lo primero que podemos pedir es que Él se haga presente, que Él se ponga en medio de nosotros.

Los versículos anteriores a esta promesa de Jesús no necesariamente están relacionados con ella, pero también podemos leerlos con la clave de “Jesús en medio”. Se refieren a la corrección fraterna:

Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos. Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano. (Mateo 18,15-17)

¿Qué pasa si buscamos hacer esto, dar estos pasos, confiando en la promesa de Jesús? Si voy a hablar con mi hermano por algo tan delicado como hacerle una corrección, el resultado puede ser muy distinto si lo invito a que nos reunamos en el nombre de Jesús, a que juntos invoquemos su nombre… pero si hay que dar el segundo paso, con dos o tres testigos, hacer lo mismo… y más aún, si se trata de una reunión de toda la comunidad.

Jesús no se pone en medio para separar, como a veces podemos hacer nosotros, poniéndonos donde no nos toca o actuando sin la menor delicadeza… Jesús en medio abre el camino para la unidad y la realiza cuando todos nos abrimos a su presencia.

En el evangelio de san Juan, Jesús deja a la comunidad un mandamiento nuevo:

Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros. (Juan 13,34)

Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. (Juan 15,12-13)

Esto vale para esa búsqueda de reconciliación que veíamos antes, pero va mucho más allá.

Jesús nos llama a amarnos los unos a los otros como Él nos ha amado, y él nos amó hasta dar la vida. Como dice Jesús “no hay amor más grande”. Humanamente es posible y hay muchas personas que han llegado a ese amor extremo. Pero antes de que Jesús dijera que el amor más grande es dar la vida por los amigos, Pedro le había asegurado a Jesús: “Yo daré mi vida por ti” (Juan 13,37). Y sin embargo, cuando Jesús fue arrestado, Pedro lo negó tres veces. Aunque tengamos la voluntad de amar, está también nuestra fragilidad, nuestro propio instinto de conservación, que nos detiene en ese paso riesgoso. Pero, a su tiempo, Pedro llegó a dar la vida por Cristo.

Cuando una comunidad intenta vivir entre sus miembros el “mandamiento nuevo” de Jesús: “ámense unos a otros como yo lo he amado”, con más razón Jesús se hace presente. Y ahí podríamos pensar cómo es que ocurren las cosas: 

- si Jesús se hace presente porque nos amamos 
- o si es posible amarnos realmente porque Jesús se hace presente y de Él viene la fuerza del amor. 

En realidad, Jesús no pide tanto para cumplir su promesa. Basta que nos reunamos en su nombre; pero si lo hacemos en serio, si ponemos todo de nuestra parte, Jesús pondrá todo lo que falte y su presencia nos llevará más lejos y nos hará crecer en el amor. En Él, se hace posible una unidad que no se puede encontrar en ninguna otra forma y que supera cualquier unidad que podamos alcanzar humanamente.

En nuestra Iglesia diocesana, que quiere crecer en comunión, participación y misión, creemos en la promesa de Jesús y queremos, personalmente y en cada comunidad, abrir nuestro corazón a su presencia, para que seamos Uno en Cristo. 

En esta semana:

  • Este mes de septiembre, que concluye con la memoria de San Jerónimo, gran estudioso de la Biblia, es el “Mes de la Palabra de Dios”.
  • En este primer domingo de septiembre se celebra en Uruguay la 47 Jornada Nacional de la Juventud, convocada bajo el lema “que sean uno para que el mundo crea” (cf. Juan 17,21). En nuestra diócesis esto será en el Colegio del Rosario, en Estación Atlántida, de 9:30 a 17:30.
  • Martes 8, Natividad de la Virgen María.
  • 11 al 13, en Canelones, Cursillo de Cristiandad de Mujeres en Villa Guadalupe. Acompañémoslas con nuestra oración.
  • Sábado 12, Dios mediante, espero poder visitar al P. Marcelo De León, que está haciendo un año de formación en Loppiano, en el norte de Italia.

Colecta nacional para financiar la visita del Papa.

Se realizará en las parroquias del Uruguay el próximo fin de semana, sábado 12 y domingo 13 de septiembre.
También es posible colaborar directamente, con depósitos en las siguientes cuentas:

Conferencia Episcopal del Uruguay:
Banco República BROU
Cuenta corriente en pesos uruguayos (UYU): 001564485-00004
Cuenta corriente en dólares estadounidenses (USD): 001564485-00005

Estas cuentas fueron creadas exclusivamente para recibir donaciones para financiar la visita papal.

Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

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