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martes, 13 de junio de 2017

Carta a Fanny Monteiro

Ayer, lunes 12, fue sepultada en Melo Fanny Monteiro, tras una Misa de cuerpo presente en su comunidad, la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen. Fanny fue durante muchos años la delegada de la Diócesis de Melo a la Comisión Nacional de Animación Bíblica de la Pastoral de la Conferencia Episcopal del Uruguay. Participó activamente en la vida y en los distintos encuentros de las Comunidades Eclesiales de Base y Pequeñas Comunidades de la Diócesis. Trabajó muchas veces junto a la Hna. Stella Bondesán, quien le escribe ahora esta sentida carta de despedida.

¿Cómo te pienso, querida Fanny? Creo que como un pilar. Alto, de estilo fino, delicado, barroco, con mantelito portugués. Blanco… al costado de una gran Capilla… donde todos pueden verte solo si se quedan a mirarte.
En el centro de este pilar,  un sol,  grabado en oro puro. Sobre sus rayos que sobresalen, domina la Palabra de Dios que lo embellece por su resplandor.

Este pilar tiene una particularidad: hay que saber descubrirlo… en un primer momento parece arte frío, no fácil de apreciar; pero cuando te acercas, descubres toda su belleza, su originalidad, su preciosa elaboración. Algo impensable: deja asombrados por su sencillez y al mismo tiempo por su majestuosidad. Hay que saber reconocer y acariciar discretamente sus detalles.

Así te pienso hoy… luego de haber recibido la noticia de tu sueño eterno y tu despertar en Cristo. Me dolió. Mucho. La distancia me hace sentir más la desorientación… no logro entender… hace difícil aceptar…

Hemos compartido mucho, juntas, Fanny querida. Especialmente en las dificultades frente a una Iglesia que deseábamos distinta, más cercana y transparente, de la cual tú has sido fiel e incansable servidora. Llegábamos siempre a la misma conclusión: aferrarnos a Jesús, creyendo que a Él le es posible lo que a nosotras nos parecía un vacío, una distancia, un camino demasiado arduo. 

Has sido muy discreta. Me lo enseñaste en varias ocasiones… crítica y observadora, nunca juez.
Me impactó darme cuenta cuantas realidades delicadas conocías o te habían confiado… me hacías entender que sabías, pero las guardabas en tu corazón. En oración. Aprendí mucho de ti… me quisiste. Me quisiste bien y me ayudaste a crecer en la fe, en la fidelidad a la Palabra de Dios y en el servicio a una Iglesia que soñábamos más evangélica pese nuestros límites. ¡Tu compromiso y responsabilidad, lo han demostrado claramente! Tus viajes a veces fatigosos, a Montevideo, representando a nuestra Diócesis en el camino bíblico nacional te cansaban mucho últimamente, pero tú seguías firme.

También tu gran amor hacia tus hijas era silencioso, pero hondo y concreto, muy concreto. Entrega sin condiciones. ¡Cuánto las amaste y seguirás amándolas! 

La última vez que nos vimos me susurraste al oído: “Hermana, no te olvides que te quiero mucho. Sé que tú también. Reza por mí”. Es cierto. Yo también. Y no te pongo en el pedestal porque has pasado a una vida de Amor eterno. Las dos conocíamos nuestros defectos: chocábamos y discutíamos… pero  siempre sobresalía  el deseo sincero de crear algo mejor, de servir al Reino, de seguir testimoniando a Jesús de Nazaret en nuestras comunidades y a nuestros hermanos y hermanas que se acercaban por nuestro camino.

Gracias. Gracias, Fanny querida… serás siempre un pilar… mucho más que un pilar… y quedarán grabadas en nosotras, en nuestro grupo interparroquial de pequeñas comunidades, tu entrega, tu discreción y tu servicio y amor a nuestra Iglesia.

Ahora tendrás todo el tiempo de rezar por mí, por tus hijas, por tu parroquia, por tu Iglesia. Y podremos apoyarnos a ti como un pilar seguro y firme. ¡Intercede por todos! ¡Te quiero mucho!      
                                                               Tu hermana Stella

sábado, 4 de junio de 2016

Melo - Jubileo de las Comunidades Eclesiales de Base


Integrantes de Comunidades Eclesiales de Base y otras pequeñas comunidades de diferentes parroquias de la Diócesis de Melo se reunieron ayer en la Casa de Retiros para su retiro anual, en el marco del Año Jubilar de la Misericordia, con el lema "Donde nosotros vemos un error, Dios ve algo para sanar".
Estuvieron presentes comunidades de Melo, Treinta y Tres, Río Branco y Fraile Muerto.
En la mañana el programa comenzó con un saludo de Mons. Heriberto, quien retomó la parábola de la oveja perdida, una de las parábolas de la Misericordia del Evangelio de Lucas.
El Obispo recordó las palabras de Jesús: "hay más alegría en el Cielo por un pecador que se convierte que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse" e invitó a los presentes a ser "motivo de alegría para Dios", dando pasos de conversión, y encontrando así también la alegría del perdón.
Después de un tiempo de reflexión en grupos y el aporte del Padre Nacho, hubo tiempo para la celebración personal del Sacramento de la Reconciliación y también para un gesto penitencial, quemando en un brasero la lista de pecados que cada uno escribió en un momento de examen de conciencia.
En la tarde, luego del almuerzo compartido y de un breve tiempo de preparación, los participantes se dirigieron en procesión a la Catedral de Melo.
La procesión fue animada por una serie de meditaciones preparadas por integrantes de las comunidades, que invitaban a "construir comunidades que sepan ver la realidad, descubrir a los heridos de las cunetas, vendar heridas, curar vidas rotas, sanar corazones heridos, acoger a quienes no conocen el amor ni la amistad, dar calor a las almas abandonadas...."
Al llegar a la Catedral, los peregrinos fueron entrando, uno a uno, por la Puerta Santa, expresando con algún signo su deseo de recibir las indulgencias del Año Jubilar.
Mons. Heriberto presidió la Eucaristía. Comentando el Evangelio (Lucas 15,3-7), señaló que los participantes del encuentro habían venido en procesión, para encontrarse ahora con otras dos procesiones: la procesión de la muerte, formada por quienes acompañan a una viuda que va a enterrar a su hijo y la procesión de la vida, formada por Jesús, sus discípulos y la muchedumbre que los sigue. "Es Jesús quien resucita la esperanza, y nos saca de la procesión de la muerte, para caminar con Él en la procesión de la vida", subrayó el pastor.
Al despedir a los participantes, la Hna. Stella agradeció a todos su presencia, agradeció el aporte del P. Nacho y la presencia del Obispo a lo largo de la jornada, e invitó a todos a seguir rezando por la Iglesia Diocesana para que siga creciendo en comunión y fortaleciéndose.

miércoles, 21 de octubre de 2015

VII Encuentro Nacional de CEBs. Con esperanza y alegría, anunciando el Reino


Las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs) del Uruguay se reúnen el próximo sábado 24 y domingo 25 en la ciudad de Tacuarembó, en el VII Encuentro Nacional de CEBs. Respondiendo a la invitación de Mons. Julio Bonino, que ofreció su Diócesis como sede con motivo de sus 25 años de Obispo, la articuladora nacional de CEBs ha venido preparando este encuentro bajo el lema “Comunidades con esperanza y alegría, anunciando el Reino” y con el tema “CEBs: Iglesia sencilla y misionera con una mirada nueva para transformar nuestras  realidades”.


Las Comunidades Eclesiales de Base y las pequeñas comunidades han sido, de acuerdo a las conclusiones de la Conferencia de Aparecida (2007) “escuelas que han ayudado a formar cristianos comprometidos con su fe, discípulos y misioneros del Señor (…) recogen la experiencia de las primeras comunidades, como están descritas en los Hechos de los Apóstoles (cf. Hch 2,42-47) (…) permitieron al pueblo acceder a un conocimiento mayor de la Palabra de Dios, al compromiso social en nombre del Evangelio, al surgimiento de nuevos servicios laicales y a la educación de la fe de los adultos” (DA 178).

Lema del VI Encuentro Nacional de CEBs
Treinta y Tres, 2003

El encuentro comenzará temprano: desde las 8 de la mañana se ha previsto la recepción de los participantes, en un número aproximado de 500. En la apertura se hará memoria de los encuentros anteriores (el último fue realizado en la ciudad de Treinta y Tres, Diócesis de Melo, en el año 2003). Como es tradición en estos encuentros, el Obispo de la Diócesis que recibió el anterior encuentro entregará al Obispo anfitrión del nuevo evento un cirio encendido, signo de Jesús Resucitado, que la Diócesis de Melo recibiera en 2003.
Terminada la ceremonia inaugural, los participantes trabajarán en varios talleres, para encontrarse al final de la tarde para un momento recreativo y una celebración, y marcharán al encuentro de las familias que los albergarán esa noche.

P. José Marins

El domingo tendrá momentos de plenario, en los que destaca una presentación de la actual realidad del Uruguay, por el sociólogo Pablo Guerra, y el aporte del P. José Marins, sacerdote brasileño de larga trayectoria en el acompañamiento de las CEBs en América Latina, quien propondrá la “resignificación de las CEBs”, es decir, la misión de las Comunidades en el actual contexto social y eclesial, en América Latina y en el mundo. Habrá también otros momentos de taller.

Mons. Julio Bonino, Obispo de Tacuarembó
El encuentro culminará con la celebración de la Eucaristía, a las 16 horas, en la Plaza 19 de Abril, frente a la Catedral San Fructuoso. Mons. Bonino presidirá la Misa, para la que han confirmado su participación varios de los Obispos del Uruguay. No estarán presentes el Cardenal Sturla ni Mons. Jaime Fuentes, quienes se encuentran en Roma, participando en el Sínodo de los Obispos sobre la familia. La invitación a esta celebración de clausura es abierta a todos los que deseen participar.

Catedral San Fructuoso y Plaza 19 de Abril, Tacuarembó

Desde la Diócesis de Melo, que ha participado activamente en la preparación del encuentro, habrá una participación de unos 50 delegados, principalmente de las ciudades de Río Branco, Treinta y Tres y Melo.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Comunidades Eclesiales de Base: alegres y comprometidas con la vida y la fraternidad


"Alegres y comprometidas con la vida y la fraternidad": con ese lema se realizó el pasado fin de semana, en la ciudad de Rivera, el encuentro de Comunidades Eclesiales de Base (CEBs) de la Diócesis de Tacuarembó.
En el mismo partiiciparon también delegaciones de las Diócesis de Montevideo, Salto y Melo.
El día sábado se realizó un taller para animadores orientado por el P. José Marins, asesor continental de las CEBs. También él motivó el trabajo de los grupos durante la jornada del domingo.
El encuentro culminó con la Eucaristía en la Parroquia Inmaculada Concepción, presidida por Mons. Bonino.
Como fruto del encuentro quedó establecido un principio de articulación para las diócesis presentes, que se reunirán próximamente para ver cómo seguir impulsando esta forma de ser Iglesia inspirada en el Concilio Vaticano II.

Transcribimos a continuación un reportaje al P. José Marins publicado recientemente:

ENTREVISTA AL PADRE JOSE MARINS. ASESOR CONTINENTAL DE LAS CEB


"Las CEB se inspiran en el Concilio Vaticano II"

José Marins es un sacerdote brasileño considerado un experto en Comunidades Eclesiales de Base (CEB) y desde hace cuarenta años visita distintos países del mundo para animar, acompañar y respaldar esta actividad eclesial que surgió en la década del cincuenta en Brasil, y que desde allí se fue extendiendo a los países de América Latina y luego a los otros continentes. 


Marins nació en 1932 y estudió teología en la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma. Entre 1973 y 1979 fue consultor del Pontificio Secretariado para la Unidad de los Cristianos. Lo que sigue es una síntesis de la charla que mantuvimos con este sacerdote.

¿Cómo surgieron las primeras CEB?
En Brasil nacieron en 1958 en la diócesis de Pará, donde el obispo –después cardenal Agnelo Rossi–, convocó a un equipo de catequistas para encontrarse una vez por semana con feligreses que no contaban con sacerdote e inició la primera etapa de las CEB. La experiencia se trasladó luego a Natal, donde el obispo convocó a través de la radio popular a la feligresía e inició el Movimiento Popular de Base, que utilizó el método de Paulo Freire para evangelizar a su feligresía, creando unas 300 CEB. Otras experiencias muy importantes se hicieron en San Pablo de Pontengy, una parroquia del nordeste brasileño y en el estado de Ceará donde se formaron CEBs en torno a la ciudad de Fortaleza.
Cuando en 1968 se celebró la Conferencia general del episcopado en Medellín, Colombia, los obispos brasileños presentaron esta experiencia, y se redactó el documento dedicado a las CEB. La iniciativa se retomó en Puebla, México, en 1979 y en el 2007 en Aparecida, donde tuvo un rol destacado.

¿Cuáles son las características principales de las CEB?
En alguna medida se manejan como parroquias, a nivel diocesano.

¿Son como pequeñas parroquias?
Pero con un modelo diferente. La parroquia tiene raíces medievales mientras que las CEB se inspiran en el Concilio Vaticano II. Mi parroquia por ejemplo tenía 50.000 católicos, pero yo solo podía llegar a 2.000. Es decir que 48.000 solo venían para bautizarse, tomar la primera comunión, casarse y pedir el responso a su muerte. Entonces se acordó crear una instancia menor, pero como Iglesia, no como movimiento. Y esa comunidad está ligada a la parroquia. Pero no son grupos de asistencia parroquial. Es una instancia que busca acercar a la gente que perdió contacto con la estructura eclesial. Entonces llega a la gente que habitualmente no va a misa, no participa de la actividad parroquial. Son grupos que se reúnen semanalmente, unas quince, veinte o treinta personas. Pero la CEB es la gente. Son amigos entre ellos, unidos, la lectura de la Biblia es muy fuerte, y especialmente el texto de la misa del domingo. Y también estudian un Evangelio; por lo general empiezan con San Marcos, luego siguen Lucas, Mateo y Juan en ese orden.
Como no hay sacerdotes para acompañar a cada comunidad entonces se da a un grupo de laicos la misión canónica para presidir el encuentro de los bautizados de esa área.
Estas comunidades a su vez tienen gestos con sus vecinos que son muy bien recibidos. Como por ejemplo, llevarles cenizas el miércoles de ceniza o ramos benditos el domingo de ramos. Y no se les piden dinero, ni se los invita a participar de alguna reunión y no buscan hablar sobre temas religiosos. Les dicen: "Queremos estar unidos con ustedes y si alguna vez necesitan de algo, somos una comunidad de su Iglesia Católica. Ustedes reciben la visita de los Testigos de Jehová, de los mormones y nosotros somos de su Iglesia".
Estas comunidades se preocupan también por aquellas personas que atraviesan necesidades: sufrimientos, ancianos que están solos, niños cuyos padres no saben auxiliarlos. Porque no es sólo de tipo económico la ayuda, también tiene que ver con la soledad o la ignorancia.

¿Cuál es la actitud de los párrocos ante la presencia de las CEB?
La mayoría de los curas están preocupados por lo devocional y el bautismo. Los curas salen del seminario con una mentalidad sacramental, devocional y un poquito de doctrina. Y la doctrina siempre es de arriba para abajo. Él sabe, él enseña y la gente aprende. Y el laico es siempre dependiente del cura.

¿Tiene idea de la situación actual en la Argentina?
No tengo información precisa, pero tengo entendido que casi la mitad de las diócesis argentinas cuentan con CEB. Sé que hay en La Rioja, Quilmes y Bahía Blanca, pero también en otras partes.

¿Y en Brasil donde están ubicadas?
En muchas partes. La Conferencia Episcopal cada cuatro o cinco años realiza una investigación para conocer su desempeño. La última vez se detectaron 90.000 CEB, que es el número que existió en las últimas décadas. En los últimos años hay una articulación latinoamericana integrada por los países que cuentan con la mayor cantidad de CEB. En ese orden figuran primero Brasil, luego México y le siguen Honduras y El Salvador. En Guatemala se dio un fuerte crecimiento que se detuvo por la guerra civil. En Nicaragua también está presente. En Argentina y Paraguay están en mejores condiciones porque tiene articulación con el episcopado. Chile se mantiene y en Colombia es poco el movimiento.
En el Caribe están presentes en Haití y en la República Dominicana, mientras que en Cuba se las conoce como Casa misión, y en La Habana hay unas 400. En las Antillas inglesas hay una presencia en Jamaica y Antigua. Como también hay comunidades en Martinica y Guadalupe, en las Antillas francesas.

¿En qué otros continentes existen CEB?
En África inglesa hay seis países y fueron los padres de Maryknoll los que acompañaron su crecimiento. El área francesa está más ligada al Congo. Y en el área portuguesa, están Mozambique, Guinea Bissau y Angola. Y en este país, hay un argentino, el padre Musante que se fue a misionar después de haber cumplidos los 70 años.
En Asia también hay un buen número, porque las Conferencias Episcopales alentaron esta iniciativa, pero surgen con diferentes nombres. Filipinas es el país que tiene el mayor número, pero también existen en Corea del Sur, en Singapur, y en Australia.
En Europa son los alemanes los que demostraron interés en instaurar las CEB. Para ello viajaron a algunos países de América Latina e invitaron a sacerdotes y laicos para que explicaran en Alemania, como se crearon estas comunidades. Y también se dan en España, Italia y Francia.
Están presentes también en los Estados Unidos, pero hay dos variantes: una la de habla inglesa, que curiosamente utiliza una palabra en español. Se llama Buenavista. Los de habla hispana tuvieron un desarrollo muy importante hasta 1985, cuando se realizó el tercer encuentro de las comunidades de habla hispana. Después se incorporaron comunidades de países de otros continentes, pero los hispanos constituyen la mayoría porque son unos 26 millones.


PEDRO SIWAK
TOMADO DE VIDA NUEVA CONO SUR No. 13 

(Publicado en Noticelam)

sábado, 7 de diciembre de 2013

María, mujer de Fe, acompaña a las Comunidades. Retiro de las Comunidades Eclesiales de Base de Cerro Largo.



Con participantes de Río Branco, Fraile Muerto, Noblía y de la ciudad de Melo se realizó un retiro de CEBs y Pequeñas Comunidades. Mons. Heriberto explicó de esta forma el lema:

En este día, víspera de la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María y muy cerca de la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, hemos sido invitados a un tiempo de retiro, para contemplar a María, mujer de Fe, que acompaña a las Comunidades.

María Mujer de fe


Recogiendo la enseñanza del Concilio Vaticano II y del Papa Juan Pablo II, Francisco nos dice de María:
“Ella es la mujer de fe, que vive y camina en la fe (cf. LG 52-59), y
«su excepcional peregrinación de la fe representa un punto de referencia constante para la Iglesia» (RM 6).
Ella se dejó conducir por el Espíritu, en un itinerario de fe, hacia un destino de servicio y fecundidad.” (EG 287)
Lo primero que me viene a la mente al pensar en María como mujer de fe, son las palabras que le dirige Isabel al recibirla:
“¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!” (Lc 1,45).
“Feliz la que ha creído” es una bienaventuranza. Es la misma palabra que usa Jesús cuando dice “Felices los pobres, los que tienen hambre, los que lloran…” Y aunque no es Jesús quien proclama aquí a María feliz o bienaventurada (no olvidemos  que, en este momento, Jesús está en el seno de María) Isabel dice esas palabras “llena del Espíritu Santo”.
Esta expresión “feliz la que ha creído” es como una certificación de la fe de María, si eso fuera necesario. Un reconocimiento de que la fe de ella es auténtica, y por eso es “feliz”.

Isabel también nos dice algo de lo que ha creído María: “ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor”. Eso se refiere al anuncio del ángel:
«El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios». (Lc 1,35-37)
María ha creído en todo el contenido del anuncio, y por eso está en la casa de Isabel. La fe tiene consecuencias prácticas. No sólo provoca movimientos en el interior de la persona, sino que la moviliza en todo sentido. Recientemente el Papa Francisco le agregó a María otro título:
“…es nuestra Señora de la prontitud, la que sale de su pueblo para auxiliar a los demás «sin demora» (Lc 1,39)” (EG 288).
Ahora, mirando todo esto, podríamos quedarnos en la fe de María como una experiencia personal, muy de ella. Dios le hace un anuncio que no tiene otros testigos, ni siquiera José, que va a conocer la voluntad de Dios por otros caminos. Ella es la que ha creído, pero la fe de María no es ajena a la fe su pueblo. La fe de María tiene una profunda dimensión comunitaria. Cuando Isabel le dice “feliz la que ha creído…”, María responde con su canto (Lc 1,46-55): “engrandece mi alma al Señor…”

Todos conocemos ese pasaje del Evangelio. Lo tenemos en muchos de nuestros cantos. Pero vamos a mirar como María expresa allí su fe.
María empieza hablando de su propia experiencia, aunque no dice “yo”. Ella habla de sí misma en tercera persona: “mi alma”, “mi espíritu”. “Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador”. Inmediatamente pasa a hablar de la acción de Dios hacia ella: “[Dios] ha puesto los ojos en la humildad de su esclava” y de lo que eso va a significar para ella de ahí en adelante: “desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso”.

A continuación María describe como se manifiesta Dios, subrayando su misericordia, especialmente para los humildes y hambrientos:
“Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación
a los que le temen.
Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón.
Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes.
A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada.”
El canto finaliza con la referencia directa a su pueblo y, nuevamente, a la misericordia de Dios:
“Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia - como había anunciado a nuestros padres - en favor de Abraham y de su linaje por los siglos”.
La fe de María está enraizada en la fe de su pueblo. Todo eso comprende y desborda la fe que ha compartido en familia o con aquellos con los que pueda sentirse parte de una pequeña comunidad, los vecinos de Nazaret. Más todavía, la fe de María no está enraizada en el presente de su pueblo, sino en la experiencia de Dios acumulada de generación en generación, a partir de Abraham, padre de los creyentes y de su nieto Israel, cuyos doce hijos son cabeza de las doce tribus del pueblo de Israel.

Con esa fe, que hunde sus raíces en la fe de su pueblo y que, a la vez, la pone en un camino de servicio y fecundidad, María acompaña a las comunidades.

María acompaña las comunidades


Volvemos a otro texto de Lucas, en este caso de los Hechos de los Apóstoles. Allí se nos cuenta de la primera comunidad cristiana y se dice que:
“Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos.” (Hch 1,14)
Es una referencia muy sencilla. “María, la madre de Jesús”, participando de la vida de comunidad, en la oración, acompañando.
En cada Avemaría seguimos pidiendo que la Virgen nos acompañe con su oración, con su intercesión por nosotrs: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores…”

Es algo muy lindo, y podríamos quedarnos simplemente con esto, pero hay más, y eso nos lo trae el Evangelio de Juan.
“Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.” (Jn 19,26-27)
En su exhortación Evangelii Gaudium, el Papa Francisco comenta este pasaje. Ya el título nos dice mucho: “El regalo de Jesús a su pueblo”. Dice Francisco:
“En la cruz, cuando Cristo sufría en su carne el dramático encuentro entre el pecado del mundo y la misericordia divina, pudo ver a sus pies la consoladora presencia de la Madre y del amigo. En ese crucial instante, antes de dar por consumada la obra que el Padre le había encargado, Jesús le dijo a María: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego le dijo al amigo amado: «Ahí tienes a tu madre» (Jn 19,26-27).
Estas palabras de Jesús al borde de la muerte no expresan primeramente una preocupación piadosa hacia su madre, sino que son más bien una fórmula de revelación que manifiesta el misterio de una especial misión salvífica. Jesús nos dejaba a su madre como madre nuestra. Sólo después de hacer esto Jesús pudo sentir que «todo está cumplido» (Jn 19,28).
Al pie de la cruz, en la hora suprema de la nueva creación, Cristo nos lleva a María. Él nos lleva a ella, porque no quiere que caminemos sin una madre, y el pueblo lee en esa imagen materna todos los misterios del Evangelio. Al Señor no le agrada que falte a su Iglesia el icono femenino. Ella, que lo engendró con tanta fe, también acompaña «al resto de sus hijos, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús» (Ap 12,17).” (EG 285)
Francisco sigue hablándonos de lo que significa esa presencia y compañía de María como madre:
“María es la que sabe transformar una cueva de animales en la casa de Jesús, con unos pobres pañales y una montaña de ternura.
Ella es la esclavita del Padre que se estremece en la alabanza.
Ella es la amiga siempre atenta para que no falte el vino en nuestras vidas.
Ella es la del corazón abierto por la espada, que comprende todas las penas.
Como madre de todos, es signo de esperanza para los pueblos que sufren dolores de parto hasta que brote la justicia.
Ella es la misionera que se acerca a nosotros para acompañarnos por la vida, abriendo los corazones a la fe con su cariño materno.
Como una verdadera madre, ella camina con nosotros, lucha con nosotros, y derrama incesantemente la cercanía del amor de Dios.” (EG 286)
Así, María no es sólo la madre que espera y recibe al que se acerca, sino que también es la madre que sale al encuentro del que se aleja. Así sucede en el relato del acontecimiento de Guadalupe. Allí tenemos a Juan Diego complicado con la salud de su tío Juan Bernardino, que se siente morir y le ha pedido que le consiga un sacerdote. Cuando Juan Diego va a pasar por el cerro del Tepeyac, donde fueron las apariciones, decide candorosamente ir por el otro lado, para no encontrarse con la Virgen.
Entonces ella le sale al encuentro, le pregunta a dónde va, le escucha sus razones y le dice:

“Escucha, ponlo en tu corazón, hijo mío el menor, que no es nada lo que te espantó, lo que te afligió, que no se perturbe tu rostro, tu corazón; no temas esta enfermedad ni ninguna otra enfermedad, ni cosa punzante, aflictiva.
¿No estoy aquí, yo, que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy, yo la fuente de tu alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? ¿Tienes necesidad de alguna otra cosa?
Que ninguna otra cosa te aflija, te perturbe; que note apriete con pena la enfermedad de tu tío, porque de ella no morirá por ahora. Ten por cierto que ya está bueno.”
La madre que recibe, la madre que sale al encuentro, la madre que guía a la comunidad misionera, a la comunidad que emprende la peregrinación evangelizadora.
“Nosotros hoy fijamos en ella la mirada, para que nos ayude a anunciar a todos el mensaje de salvación, y para que los nuevos discípulos se conviertan en agentes evangelizadores.” (EG 287)
En las nuevas Orientaciones Pastorales de la CEU, uno de los criterios para la acción pastoral y evangelizadora nos pide:
“Hacer resplandecer la Maternidad de la Iglesia, con la vivencia y testimonio de la misericordia, buscando la forma de atender a los heridos del camino, promoviendo la pastoral de la escucha, repensando los lenguajes para el diálogo.
Y termina diciendo:
“La Virgen María es ejemplo del afecto materno, con el que es necesario estén animados todos los que participan en la misión de la Iglesia (cfr. LG 65).”
Con Francisco, la invocamos y le pedimos:

Virgen y Madre María, tú que, movida por el Espíritu,
acogiste al Verbo de la vida en la profundidad de tu humilde fe,
totalmente entregada al Eterno,
ayúdanos a decir nuestro «sí» ante la urgencia, más imperiosa que nunca,
de hacer resonar la Buena Noticia de Jesús.

Tú, llena de la presencia de Cristo,
llevaste la alegría a Juan el Bautista,
haciéndolo exultar en el seno de su madre.
Tú, estremecida de gozo, cantaste las maravillas del Señor.
Tú, que estuviste plantada ante la cruz con una fe inquebrantable
y recibiste el alegre consuelo de la resurrección,
recogiste a los discípulos en la espera del Espíritu
para que naciera la Iglesia evangelizadora.

Consíguenos ahora un nuevo ardor de resucitados
para llevar a todos el Evangelio de la vida que vence a la muerte.
Danos la santa audacia de buscar nuevos caminos para que llegue a todos
el don de la belleza que no se apaga.

Tú, Virgen de la escucha y la contemplación,
madre del amor, esposa de las bodas eternas,
intercede por la Iglesia, de la cual eres el icono purísimo,
para que ella nunca se encierre ni se detenga
en su pasión por instaurar el Reino.

Estrella de la nueva evangelización,
ayúdanos a resplandecer en el testimonio de la comunión,
del servicio, de la fe ardiente y generosa,
de la justicia y el amor a los pobres,
para que la alegría del Evangelio
llegue hasta los confines de la tierra
y ninguna periferia se prive de su luz.

Madre del Evangelio viviente,
manantial de alegría para los pequeños,
ruega por nosotros.
Amén. Aleluya.


domingo, 3 de junio de 2012

Jornada de Animadores de Comunidades Eclesiales de Base y Pastoral Juvenil







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Más de 50 animadores de grupos de Pastoral Juvenil y de Comunidades Eclesiales de Base de 13 de las 16 parroquias de la Diócesis de Melo se reunieron hoy en la Casa de Ejercicios.

El encuentro fue convocado por la Vicaría Pastoral, bajo el lema "Desafiados por el Espíritu, relanzamos nuestras acciones" y se proponía como objetivos
  • Conocer la realidad diocesana de las CEBs y pequeñas comunidades y de la Pastoral Juvenil.
  • Compartir los desafíos que nos plantean estos nuevos tiempos tanto en el ámbito de las CEBs y pequeñas comunidades como en la Pastoral Juvenil.
  • Generar espacios de comunión y participación que fortalezcan la vida en pequeñas comunidades y la pastoral juvenil.
  • Celebrar y orar juntos la alegría del llamado de ser discípulos misioneros.
De los datos que se recogieron en la reuniòn surge que, en las parroquias presentes hay 50 CEBs o Grupos Bìblicos y 24 grupos de Preadolescentes, Adolescentes y Jòvenes.

Con la coordinaciòn del Vicario Pastoral, P. Luis Arturo y con la presencia de Mons. Heriberto, la reuniòn se fue realizando en una serie de trabajos en grupos y plenarios, en los que el elemento comùn a los dos sectores pastorales fue la búsqueda de los caminos de revitalización y relanzamiento de las dos expresiones de vida comunitaria.

La idea de reunir conjuntamente a los animadores de dos realidades pastorales diferentes y alejadas en edad, parecìa responder sobre todo a un motivo práctico de agenda... no obstante, la dinámica de trabajo dio espacios propios a unos y a otros y tambièn la oportunidad de escucharse y conocerse en los momentos de plenario.

Para algunos jòvenes, las CEBs fueron un descubrimiento; para los integrantes de las CEBs fue estimulante ver la presencia de las nuevas generaciones.

En la Eucaristìa, Mons. Heriberto, basándose en el texto del Evangelio segùn San Mateo (solemnidad de la Ascensión) subrayó la promesa de Jesùs al enviar a sus discípulos: "Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo" como palabra que nos anima en la misión.

domingo, 6 de mayo de 2012

Encuentro Taller de Formación de Animadores de CEBs y de Grupos de Lectura Orante y Popular de la Biblia






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El sábado 5 y domingo 6 se realizó en la Casa Diocesana de Tacuarembó un Encuentro de Formación de Animadores de Comunidades Eclesiales de Base (CEBs) y Grupos de Lectura Bíblica.
El mismo fue organizado por la Vicaría Pastoral y la Articuladora de CEBs de la Diócesis anfitriona, con el auspicio de la Coordinación Pastoral de la CEU, abierto a todas las Diócesis que quisieran participar.
Seis Diócesis estuvieron presentes: Montevideo, San José, Canelones, Salto, Melo y Tacuarembó, con un total que sobrepasó el centenar de participantes.
El encuentro comenzó en la mañana del sábado con un tiempo de oración en torno al Cirio Pascual, signo de la Luz de Cristo Resucitado. El resto de la mañana fue orientado por el P. José Luis Sanchis, párroco de Fray Bentos, parroquia que recibió hace ya muchos años el 5º Encuentro Nacional de CEBs. El P. Sanchis presentó algunos aportes del Concilio Vaticano II en lo que respecta a la vivencia comunitaria de la fe.
En la tarde, Rafael Capilla, laico Licenciado en Sagrada Escritura orientó el taller sobre la metodología de la Lectio Divina. La jornada culminó con la celebración de la Eucaristía en la Catedral, presidida por Mons. Julio Bonino, Obispo de Tacuarembó.
El domingo, luego de la oración de la mañana, animada por la Diócesis de Melo, integrantes del Taller Nazaret, Myriam Oyarzum y el P. Federico Soneira, pasionista, presentaron la figura de Jesús desde la perspectiva de la animación de la comunidad. Los participantes, en grupos, trabajaron a partir de varios textos bíblicos para buscar los rasgos del animador para las comunidades de hoy.
El P. Mario Gazzola OMI, que ha estado participando en diferentes encuentros de CEBs a nivel continental, presentó el mensaje del último encuentro y dio algunas informaciones sobre la forma en que continúa la comunicación entre las comunidades de América Latina.
Luego de un tiempo de evaluación, la Eucaristía conclusiva fue presidida por Mons. Heriberto Bodeant, Obispo de Melo y Coordinador Pastoral de la CEU.
El P. Hebert Pochelú, Vicario Pastoral de la Diócesis de Tacuarembó, fue articulando los diferentes momentos del encuentro, atento a los más pequeños detalles para que los inconvenientes que se presentaran fueran superados de la mejor forma posible y los numerosos participantes tuvieran una estadía grata.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Reunión de delegados de CEBs



Con la presencia de delegados de las Diócesis de Tacuarembó, Melo, San José de Mayo y Mercedes, y de la Arquidiócesis de Montevideo, se realizó hoy una reunión de delegados de las Comunidades Eclesiales de Base.
El encuentro fue convocado por la Coordinación Pastoral de la Conferencia Episcopal del Uruguay, cuyo responsable es Mons. Heriberto Bodeant, Obispo de Melo.
La jornada comenzó con un momento de oración a partir del evangelio correspondiente al domingo 6. A continuación, el P. Pablo Bonavía, invitado en esta ocasión hizo una exposición a partir de la cual hubo un rico intercambio entre los participantes.
En la tarde, las diócesis compartieron las actividades de las Comunidades en cada lugar, recibieron información sobre actividades a nivel latinoamericano, y trazaron algunas líneas de trabajo para el año próximo, especialmente en torno a la formación de animadores.
La jornada culminó con la celebración de la Eucaristía, que presidió el Obispo.

Algunos aspectos a seguir profundizando

Para Mons. Bodeant, la exposición de Pablo Bonavía señaló algunos puntos importantes para seguir profundizando. Uno de ellos es el estilo de comunidad que creó Jesús, una comunidad de relaciones fraternas, que busca descubrir y potenciar los dones que el Espíritu Santo ha puesto en sus miembros. Estamos en un mundo a menudo dominado por grupos de tipo corportativo, entendidos como grupos en los que prima únicamente el interés del colectivo, cerrados sobre sí mismos, con fuerte subordinación de sus miembros a los intereses del grupo a cambio de apoyo y protección para cada uno. En ese marco, la Iglesia está llamada a formar comunidades que, a partir del llamado de Jesús, del descubrimiento del rostro misericordioso del Padre, todos, pero especialmente los más vulnerables, encuentren un espacio donde las personas se sienten tan escuchadas que empiezan a sacar de adentro cosas que ni ellos sabían que tenían. Es la multiplicación de los panes: se termina compartiendo lo que no se sabía que había. Un espacio para ahondar la propia experiencia de Dios, con una comunidad que me ayuda a discernir esa experiencia, para que no me construya un Dios a mi medida.
Aparecida ha señalado que estamos en un punto tal en que no alcanza el mantenimiento. Tenemos que volver a las comunidades primitivas, a lo que ellas encontraron cuando se reunían con Jesús.
La humanidad se encuentra en la fraternidad, dentro de la experiencia inaudita de ser queridos porque Dios es como es. El gran aporte de la Iglesia es vivir a fondo el ser comunidad. Instaurar un tipo de relación humana desde la cual pueden surgir soluciones nuevas.
El Concilio Vaticano II expresaba que la misión de la Iglesia equivale a su propio ser, y la Iglesia es "sacramento universal de salvación”, es decir, un signo de la realidad que Dios está realizando en la humanidad, desde ahora, dentro de esta historia, pero para la Eternidad.

lunes, 11 de julio de 2011

Encuentro de las Vicarías de Pastoral de Uruguay


Integrantes de Vicarías Pastorales de ocho de las diez diócesis del Uruguay se reunieron el 9 y 10 de julio en Montevideo, en Casa Nazaret.
Es este el segundo encuentro de este tipo. El primero se hizo hace un año en el mismo lugar. La evaluación positiva de aquella primera reunión llevó a que el evento se reeditara.
En la mayor parte de las Diócesis de Uruguay el Obispo nombra un Vicario Pastoral, generalmente un sacerdote, que suele estar acompañado por un equipo de personas que constituye la Vicaría Pastoral.
A ese equipo, el Obispo encomienda la animación de la vida pastoral diocesana, articulada sobre un proyecto o plan pastoral diocesano. La Vicaría Pastoral hace conocer el Plan, motiva a las parroquias, colegios, servicios diocesanos, movimiento o asociaciones de laicos, etc. a participar decididamente en él. Se procura que esa participación se dé desde su elaboración, que ayuda a sentir el proyecto como algo propio y a comprometerse en su ejecución. Es importante que todos participen también en su evaluación, de manera de ir ajustando el proyecto durante su realización y, una vez concluido, tener en cuenta esa evaluación en la formulación del nuevo proyecto pastoral.
Los integrantes de las Vicarías pusieron en común la forma en que cada equipo viene trabajando en su diócesis. Se escuchó un informe del reciente encuentro de la Articulación Latinoamericana de Comunidades Eclesiales de Base (CEBs) y el CELAM, donde participó por Uruguay el P. Luis Arturo, vicario pastoral de Melo. El P. Hebert, vicario de Tacuarembó presentó otro informe sobre el encuentro de Delegados de CEBs de Uruguay que se realizó hace poco en Montevideo. Finalmente, los participantes trabajaron en el aporte de Uruguay para la próxima asamblea del Sínodo de los Obispos sobre la Nueva Evangelización para la transmisión de la fe cristiana.

jueves, 5 de agosto de 2010

La pertenencia a una comunidad concreta es una dimensión constitutiva del cristiano

Reunión de Vicarios Pastorales en la CEU
La dimensión comunitaria de la fe fue el principal tema abordado por la reunión de los Vicarios Pastorales de las diócesis del Uruguay realizada hoy en la nueva sede de la Conferencia Episcopal Uruguaya (CEU).
Efectivamente, ya las Orientaciones Pastorales de la CEU establecidas para el quinquenio 2008-2013 señalan como uno de los grandes desafíos a la acción evangelizadora la "fragmentación de los espacios sociales y humanos", entendiendo por esto "disgregación del tejido social, confrontación sistemática de los grupos y sectores de la sociedad; el vivir para satisfacer los intereses y deseos propios o de grupos (corporativismo); despersonalización e irreligiosidad". Estos aspectos visualizados en el campo social no se percibieron como ajenos a la propia realidad interna de la Iglesia, puesto que se señala que "también nosotros, como Iglesia, nos vemos afectados por la pérdida del sentido comunitario, compartimentación pastoral, clericalismo, deterioro de la comunión y la participación; significativo número de 'cristianos sin Iglesia'."
En ese sentido, los vicarios señalaron la importancia de buscar los medios para fortalecer las propuestas que permitan una vivencia comunitaria de la fe. Se trata de revitalizar, o aún, de volver a proponer, en forma renovada, las pequeñas comunidades, las comunidades eclesiales de base, los grupos de lectura orante de la Biblia, en fin, las diversas expresiones de vida comunitaria que pueden hacer de la parroquia "comunidad de comunidades".
Los animadores de la vida pastoral de las distintas diócesis recordaron los espacios de comunión de los discípulos misioneros (es decir, de los cristianos) propuestos por la Conferencia de Aparecida: las diócesis, las parroquias, las comunidades eclesiales de base y pequeñas comunidades, y decidieron preparar un subsidio que contribuya a una adecuada reflexión sobre el tema, destinado a sacerdotes, religiosas y agentes pastorales.
Aparecida
La vocación al discipulado misionero es con-vocación a la comunión en su Iglesia. No hay discipulado sin comunión. Ante la tentación, muy presente en la cultura actual, de ser cristianos sin Iglesia y las nuevas búsquedas espirituales individualistas, afirmamos que la fe en Jesucristo nos llegó a través de la comunidad eclesial y ella “nos da una familia, la familia universal de Dios en la Iglesia Católica. La fe nos libera del aislamiento del yo, porque nos lleva a la comunión” . Esto significa que una dimensión constitutiva del acontecimiento cristiano es la pertenencia a una comunidad concreta, en la que podamos vivir una experiencia permanente de discipulado y de comunión con los sucesores de los Apóstoles y con el Papa. (V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Aparecida, 2007, Nº 156)

domingo, 16 de mayo de 2010

Encuentro de Vicarías Pastorales

Encuentro de Vicarías Pastorales
Animación de la Misión Continental en el Uruguay
Las Vicarías Pastorales, es decir, los equipos integrados por laicos, religiosas, sacerdotes, que trabajan junto a los Vicarios Pastorales de cada una de las diez diócesis del Uruguay, tuvieron su primer encuentro este fin de semana, convocados por la Coordinación Nacional de la Pastoral de la Conferencia Episcopal del Uruguay.
Mons. Heriberto Bodeant, Coordinador Pastoral de la CEU desde abril de este año, convocó a esta reunión de la que participaron 24 vicarios y miembros de vicarías, representando a ocho diócesis,
Durante la reunión el Coordinador Nacional presentó algunos temas surgidos de las reuniones a nivel latinoamericano en las que participara recientemente, especialmente en relación a la conversión pastoral  en orden a la Misión Continental impulsada por la Conferencia General del Episcopado de América Latina y del Caribe (Aparecida, 2007). La renovación de las parroquias aparece también entre los temas que van en ese mismo orden. Allí, además de los aportes recogidos y presentados por Mons. Bodeant, estuvo el del P. Nelson González, vicario pastoral de la diócesis de San José, quien presentó la iniciación cristiana en el camino de renovación parroquial.
La reunión dedicó también un tiempo a reflexionar sobre la actualidad de una propuesta pastoral que tiene ya su historia en Uruguay y en América Latina: las Comunidades Eclesiales de Base. Con la presencia de dos de los participantes en el encuentro de la Articulación Continental de CEBs realizado en abril en Quito, los miembros de las vicarías vieron la necesidad de retomar y "revitalizar" esta opción presente en varias de las diócesis y parroquias del Uruguay, que proponen una forma de Iglesia orante y servicial, más cercana  y abierta a muchos de los que hoy se encuentran alejados de la Iglesia por diversos motivos.
Evaluando positivamente el encuentro, la reunión concluyendo dejando abierta la posibilidad de reiterar esta instancia el año próximo. Los temas de la reunión serán retomados en la próxima reunión de los Vicarios Pastorales, a realizarse el 5 de agosto en Montevideo.

lunes, 12 de abril de 2010


Reunión de la Coordinadora de
Comunidades Eclesiales de Base
de la ciudad de Melo

Delegados de un total de 25 Comunidades Eclesiales de Base (CEBs) de cuatro de las cinco parroquias de la ciudad de Melo se reunieron con Mons. Heriberto y el Vicario Pastoral P. Lucas, para retomar el camino de las CEBs en la ciudad.
Se recordó que en otros años el equipo solía reunirse periódicamente para evaluar la marcha de las CEBs y buscar formas de animar la vida de las comunidades, tales como encuentros zonales o diocesanos, retiros periódicos, formación de animadores, etc.
El objetivo del Plan Pastoral Diocesano habla de comunidades orantes, fraternas, serviciales, testimoniales y abiertas.
El Obispo destacó el valor de estos aspectos de las CEBs, especialmente sus posibilidades de apertura hacia personas que se encuentran alejadas de la Iglesia.
La reunión finalizó con la propuesta de hacer próximamente un encuentro de animadores y de retomar las reuniones de la coordinadora en forma periódica, en la búsqueda de caminos y formas de revitalizar y fortalecer las CEBs.