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domingo, 27 de noviembre de 2016

Enfoques Dominicales - Misericordia et Misera.

Lorenzo Lotto. Cristo y la mujer sorprendida en adulterio

El viernes pasado, 25 de noviembre, se celebró el Día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer.
El domingo 20 de noviembre, al clausurar el Jubileo de la Misericordia, el Papa Francisco hizo pública una carta que lleva el título de “Misericordia et Misera”, que empieza recordando una situación de violencia que casi termina con la vida de una mujer.
El Papa cita el capítulo 8 del evangelio según San Juan. Es el episodio que todos recordamos por la frase “el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”.
Esas piedras, que muchos hombres tenían en sus manos, estaban prontas para ser arrojadas contra una mujer, hasta matarla.
Nos dice el evangelio que los escribas y fariseos le llevaron a Jesús una mujer que había sido sorprendida en adulterio. Poniéndola en el medio, le preguntaron a Jesús: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?»
Comentando esto, Francisco nos dice: “Jesús responde con un silencio prolongado, que ayuda a que la voz de Dios resuene en las conciencias, tanto de la mujer como de sus acusadores”. Ante la insistencia de los hombres, viene la frase conocida: “el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. Allí los hombres sueltan las piedras y empiezan a retirarse “empezando por los más viejos”.
Jesús habla ahora con la mujer:
«Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Ninguno te ha condenado? […] Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más» (vv. 10-11).
Y sigue diciendo Francisco: “De este modo la ayuda a mirar al futuro con esperanza y a estar lista para encaminar nuevamente su vida”.
El perdón y la misericordia reencaminaron la vida de la mujer… pero reencaminaron también la vida de aquellos hombres que habían estado dispuestos a matarla.
Perdonar y pedir perdón son dos cosas sumamente difíciles; pero cuando tenemos el coraje de dar y de pedir perdón, muchas cosas cambian dentro de nosotros.

La carta de Francisco fue muy comentada por los medios por algo que vale la pena aclarar. Muchos medios de comunicación titularon, por ejemplo “Histórico: el pecado del aborto podrá ser absuelto” o “El Papa permitirá absolver el pecado grave del aborto”.
Esos titulares dan la idea –equivocada– de que el aborto no se perdonaba. No es así; pero en casi todos los países, el perdón –la absolución– por un pecado de aborto estaba reservada al Obispo y no podía hacerla el sacerdote. En casi todos los países, pero no en Uruguay. Desde hace mucho tiempo, los sacerdotes uruguayos tienen esa facultad que Francisco dio a todos los sacerdotes del mundo. Lo hizo durante el Año de la Misericordia, y ahora lo que hace es mantenerla. Eso significa que si una mujer que cometió un aborto o una persona que ayudó a que ese aborto se realizara y se siente arrepentida y quiere recibir el perdón de Dios, basta con que se confiese con cualquier sacerdote en el Uruguay.

En mis 30 años como sacerdote, varias veces me ha tocado escuchar a una mujer que ha cometido un aborto. Hay un dolor grandísimo, un desconsuelo total, una angustia enorme… una dificultad inmensa para perdonarse a sí misma y para creer que Dios la pueda perdonar.
Valen aquí las palabras de Francisco:
“Quiero enfatizar con todas mis fuerzas que el aborto es un pecado grave, porque pone fin a una vida humana inocente. Con la misma fuerza, sin embargo, puedo y debo afirmar que no existe ningún pecado que la misericordia de Dios no pueda alcanzar y destruir, allí donde encuentra un corazón arrepentido que pide reconciliarse con el Padre. Por tanto, que cada sacerdote sea guía, apoyo y alivio a la hora de acompañar a los penitentes en este camino de reconciliación especial.”

Finalmente, estamos en el primer domingo de Adviento. Adviento significa “venida” y se refiere a la venida de Jesús. Jesús vino una primera vez: la Navidad es el recuerdo de esa primera venida, su nacimiento en Belén. Jesús vendrá por segunda vez al final de los tiempos. En el Credo los católicos rezamos: “de nuevo vendrá con gloria, para juzgar a vivos y muertos y su reino no tendrá fin”. Pero Jesús sigue viniendo “en cada persona y en cada acontecimiento”. El Adviento nos ayuda a celebrar su primera venida, a mirar con esperanza el camino de la historia de la humanidad que terminará con la venida de Cristo, y a estar atentos para reconocerlo y recibirlo en nuestra vida de cada día.

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Enfoques Dominicales es un programa que se emite por
1340 AM La Voz de Melo, los domingos a las 11:50
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lunes, 10 de octubre de 2016

“Hay que salir a anunciar a Cristo con alegría”, exhortó el Cardenal Sturla en Fiesta de la Diócesis de Melo

 
Cientos de personas se dieron cita ayer en Melo para celebrar el Día de la Diócesis que, en este Año Santo de la Misericordia, contó con la participación del Arzobispo de Montevideo, Cardenal Daniel Sturla, quien instó a salir  a “anunciar a Cristo con alegría”, porque la vida cristiana es “movimiento, acción, pero no modorra”.

El Cardenal llegó acompañado del seminarista Juan Andrés “El Gordo” Verde, quienes fueron recibidos con afecto por la gente y por los medios de comunicación. Los jóvenes que estaban celebrando la Jornada Nacional de la Juventud se unieron a la Fiesta Diocesana y aprovecharon la oportunidad para sacarse fotos con el Cardenal y el Obispo de la Diócesis de Melo, Mons. Heriberto Bodeant.

 
Convocados en torno al lema “Bienvenida tu misericordia, bienvenido seas Señor”, en una jornada que se presentó soleada, los participantes de las comunidades de Cerro Largo y Treinta y Tres se congregaron a las 10 h, en el Teatro de Verano, para dar inicio a la Fiesta con un tiempo de adoración al Santísimo y de reconciliaciones a cargo de varios sacerdotes. Luego, las comunidades partieron en procesión hacia la Catedral, encabezada por la imagen de la Virgen del Pilar, Patrona de la Diócesis de Melo.


Luego del pasaje por la Puerta Santa, comenzó la Misa presidida por el Cardenal Sturla, quien manifestó su gozo por participar en la Fiesta Diocesana y agradeció la invitación de Mons. Bodeant. Todos los bancos estaban repletos, no cabía ni un alfiler y varias personas debieron estar paradas. En su homilía, Sturla remarcó el papel de la Virgen María en la vida de la Iglesia. “Entrelazada la Virgen en nuestra vida y en nuestra historia porque siempre se mete con dulzura. María: vida, dulzura y esperanza nuestra”, afirmó. En este sentido, comentó cuántas veces María estuvo presente en su historia de vida, al tiempo que invitó a los asistentes a la Eucaristía a “ser Iglesia en salida porque la vida cristiana es movimiento, acción, pero no modorra”. “La Iglesia no es club de perfectos sino pueblo santo de Dios”, precisó. “Hay que salir y anunciar a Cristo con alegría”, invitó el Arzobispo de Montevideo. “Gracias, Señor, por el don de la fe, por el don de tu Madre. Que todos nosotros nos sintamos con coraje bajo el manto de María para anunciar al Señor”, concluyó.


El ofertorio fue un momento especial. Cada parroquia presentó una ofrenda que evocaba un gesto de misericordia realizado por la comunidad durante el año: se presentaron prendas de vestir, utensilios de cocina, carteles con mensajes de misericordia, etc. Los jóvenes irrumpieron al final de la procesión e hicieron sonreír y aplaudir a los feligreses al cantar y bailar el himno oficial de la 38ª edición de la JNJ: “Tu abrazo” de Kerygma Santo Rock.


Al final de la Misa, Mons. Bodeant destacó la obra de misericordia de la Diócesis: la Fazenda de la Esperanza, una comunidad terapéutica destinada a la rehabilitación de jóvenes con problemas de adicciones. Ana Isabel, la responsable de la Fazenda, recordó los pilares del emprendimiento: convivencia, espiritualidad y trabajo. El Cardenal Sturla leyó los certificados que atestiguan el cierre del ciclo de recuperación de las dos primeras jóvenes que vivieron su año completo de recuperación en Uruguay, a quienes dio la bendición.


El Obispo Diocesano tomó la palabra y reiteró su agradecimiento al Cardenal Sturla por su presencia, así como a los organizadores de la Fiesta Diocesana. El Pastor invocó la protección de la Virgen del Pilar, fiel intercesora en los acontecimientos difíciles.

Las comunidades hicieron frente al intenso calor y almorzaron en la Plaza Constitución. También intercambiaron un alimento como signo de misericordia.
 
 
La jornada culminó con la Cantata de la Misericordia, un espectáculo musical en el Teatro España que estuvo a cargo del grupo “Los Sanpepes” de la Parroquia San José Obrero de Treinta y Tres. Las canciones aludían a las parábolas de la misericordia (la moneda perdida, el hijo pródigo, el buen samaritano) y en todas ellas persistía la idea de que el Padre siempre ofrece a sus hijos la posibilidad de volver a empezar.

Al finalizar la presentación de la Cantata de la Misericordia Mons. Bodeant tomó de nuevo la palabra para referirse a una tradición de encomendar los viajes a San Rafael, copatrono de la Catedral, con la jaculatoria “San Rafael, llévanos con bien y vuélvenos a traer” e impartió la bendición final deseando un buen retorno a quienes se trasladaron desde lugares fuera de la ciudad.

Crónica y fotos de Sebastián Sansón (NOTICEU)


domingo, 11 de septiembre de 2016

Enfoques Dominicales - La misericordia es el corazón de Dios

Hoy, 11 de setiembre, se cumplen 15 años de un acto terrorista que marcó el comienzo del siglo XXI. Sin duda que todos los oyentes recuerdan la destrucción de las torres gemelas de Nueva York, contra las que se estrellaron dos aviones conducidos por terroristas suicidas. La difusión que tuvo este hecho terrible fue enorme. Incluso, la diferencia de tiempo entre los dos ataques hizo que las cámaras trasmitieran en directo el impacto del segundo avión sobre la otra torre.

Muchos vimos después a la gente caer o lanzarse de aquellos pisos altos para encontrar la muerte segura al llegar al suelo. Son imágenes que difícilmente podremos olvidar.

Quince años después, el mundo no está mucho mejor. Muchísimas personas han seguido muriendo, víctimas de diferentes formas de terror. Para quienes identifican terrorismo y mundo musulmán, quiero recordar que miles y miles de esas víctimas son también musulmanes, gente pacífica que es víctima de fanáticos que pretenden justificar en el Corán su afán de destrucción.

En este día parece difícil hablar de la misericordia. Pero de eso nos habla el evangelio de hoy: de la misericordia de Dios. La misericordia de Dios, no como un adorno entre las cualidades de Dios, sino como algo central, profundo, dentro del misterio de Dios. La misericordia es el corazón de Dios.



En las Misas de hoy hemos escuchado o escucharemos la parábola conocida como “del hijo pródigo”, pero que también podría llamarse “de los dos hijos” o, mejor aún, “del padre misericordioso”.

“Pródigo” es una palabra un poco arcaica. Ya no la usamos en la conversación corriente. Ha quedado viva en nuestro idioma por esta parábola, pero muchas veces no entendemos lo que quiere decir. Una persona “pródiga” es una persona que derrocha, que desperdicia, que malgasta lo que tiene en cosas inútiles. Ese es el sentido negativo. También puede decirse en forma positiva, por ejemplo “naturaleza pródiga”, hablando de las cosas buenas que se producen naturalmente: flores, frutos. O se puede decir también de una persona muy generosa, muy dadivosa. Entonces, aquí podremos también hablar de un “padre pródigo”… pero no nos apuremos.

Rembrandt: "El regreso del hijo pródigo"

Estoy mirando un cuadro de Rembrandt, o más bien, una foto de ese cuadro del siglo XVII que está en Rusia, en San Petersburgo. Se llama “el regreso del hijo pródigo” y está basado en este pasaje del evangelio de Lucas.

Lo primero que uno ve es un hombre joven arrodillado, con la cabeza rapada (lo que hace pensar en los piojos, o en un preso), vestido con una ropa andrajosa y sucia, con los pies más descalzos que calzados con unos pedazos de sandalias.

El hombre está arrodillado frente a un anciano de barba, que parece casi ciego, cubierto con un manto rojo. Las dos manos del anciano se apoyan sobre la espalda del muchacho, con mucha ternura. Lo está abrazando y apoyándolo no exactamente contra su pecho, sino más contra su vientre, como si fuera una madre que le está recordando a ese hijo el útero del que salió.

La escena es feliz, porque nos damos cuenta de que ahí hay un reencuentro, una reconciliación. El hijo ha vuelto a casa hecho una miseria, pero el padre lo recibe con cariño, con misericordia, con perdón.

Sin embargo, hay otros personajes en el cuadro. El padre y el hijo están a la izquierda, no en el centro. A la derecha hay un tercer personaje que mira esa escena. Él también tiene barba y un manto rojo, pero es un hombre más joven. Es el hermano mayor. Impresiona su posición rígida. De pie, bien erguido, con las manos entrelazadas, de las que baja un bastón que llega perfectamente vertical hasta el suelo, el hermano mayor mira ese encuentro entre el padre y el más chico. Nada parece conmoverlo.

Rembrandt pintó este cuadro poco tiempo antes de morir, a los 63 años. No es la primera vez que retrataba al hijo pródigo; pero lo había pintado en otra escena. Lo había pintado lejos de su casa, prodigándose, derrochando, gastando en prostitutas el dinero de su padre.

Eso fue parte de la vida de este gran pintor holandés. Hubo un momento en que fue joven, dueño de un gran talento que le permitía ganar mucho dinero… y gastarlo a manos llenas. Fue también un hombre desgraciado, que vio morir a su primera esposa y a casi todos sus hijos y que terminó internando en un manicomio a su segunda compañera.

Pero este hombre encontró la misericordia de Dios. Después de pintar a lo largo de toda su vida innumerables escenas bíblicas, pinta en este “regreso del hijo pródigo” su último autorretrato.
Henri Nouwen, un sacerdote holandés que murió en 1996, compartió en su libro “El regreso del hijo pródigo” la experiencia espiritual que vivió contemplando este cuadro de Rembrandt. En ese breve pero intenso libro, Nouwen nos ayuda a descubrir como Rembrandt está presente en las tres figuras del cuadro: en el hijo menor que vuelve y es perdonado por el padre; en el hermano mayor exigente, que todavía tiene la oportunidad de abrazar también a su hermano y en el padre misericordioso, que se vuelve pródigo en el perdón y la misericordia.

Distintos momentos de la vida de Rembrandt están retratados allí. No son retratos de su rostro, como los muchos que pintó, sino de su alma, del camino de su vida.

Pero allí no está sólo Rembrandt y su experiencia personal y única. Allí está también cada uno de nosotros, hijo o hija alejados del padre Dios, llamados a volver a él; cada uno de nosotros, como hermano o hermana mayor que juzga severamente, pero que tiene siempre la posibilidad de mirarse a sí mismo y a su hermano con la mirada misericordiosa del padre; cada uno de nosotros, como el padre capaz de abrazar con misericordia, un abrazo que tiene la fuerza que puede hacer que el corazón extraviado sienta que por fin ha vuelto a casa.


Estamos transitando los últimos meses de este año de la Misericordia propuesto por el Papa Francisco. Es bueno recordar, precisamente hoy, que el lema de este año es “Misericordiosos como el Padre”. Ojalá que todos hayamos podido experimentar de algún modo a lo largo de este año lo misericordioso que es Dios. Ojalá que nos hayamos dejado tocar por su misericordia. Ojalá que nuestro corazón haya cambiado, al menos un poquito, haciéndonos “misericordiosos como el Padre”. Y si nada de esto sucedió… todavía estamos a tiempo. Como dice Francisco, “dejémonos abrazar por la misericordia de Dios”, porque solo la misericordia puede cambiar al mundo.


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Enfoques Dominicales es un programa que se emite por 1340 AM La Voz de Melo, 
los domingos a las 11:50

sábado, 10 de septiembre de 2016

Los Obispos del Uruguay invitan a culminar Año de la Misericordia en la Fiesta de la Patrona de la Patria

A pocos días del 20 de noviembre, en que culminaremos el Año del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, convocado por el Papa Francisco, los Obispos del Uruguay queremos invitarlos a celebrar de una manera especial este acontecimiento, como Iglesia que peregrina en Uruguay, en la Solemnidad de la Virgen de los Treinta y Tres, en su Santuario de la Catedral de Florida. Es allí donde el pueblo cristiano, años atrás, expresó su sentir escribiendo en el ábside con grandes letras: SALVE, REINA Y MADRE DE MISERICORDIA. María es la Madre de Jesús y Jesús es la misma misericordia.
 
La consigna que hemos vivido en este año: “Sean misericordiosos como el Padre”, nos ha ayudado a experimentar la misericordia de Dios en nuestras vidas y a ser misericordiosos con los que nos rodean, haciendo vida las obras de misericordia, tanto las espirituales como las corporales.
María es una gran ayuda para llegar a Él, para llegar al Corazón de Dios, donde se lee esta palabra esculpida en letras de oro: MISERICORDIA. Ella ha cantado que su misericordia nos llega de generación en generación. “La misericordia es el núcleo central del mensaje evangélico. El nombre mismo de Dios” (Benedicto XVI).

Leyendo y meditando la Biblia constatamos que la palabra que atraviesa todos sus libros de manera transversal es MISERICORDIA, como queriendo expresar que este es el nombre bíblico de Dios, quien al revelarse siempre se nos presenta como un Dios misericordioso.

El amor de Dios es paciente y misericordioso, “misericordioso hasta la milésima generación” (Ex.20,6). “El Señor es misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad” (Ex.34,6).

Este año cada una de nuestras Diócesis ha realizado un itinerario, un camino a través de la MISERICORDIA, después de abrir la Puerta Santa en nuestras Catedrales y otras iglesias. Ahora queremos hacer un gran gesto para culminar juntos este Año Santo en el Santuario de la Madre de la Misericordia, sabedores que este camino debe continuar toda nuestra vida.

La misericordia es el imperativo que da identidad a nuestra experiencia cristiana “porque la Iglesia tiene que anunciar la misericordia de Dios, corazón palpitante del Evangelio, que por su medio debe alcanzar la mente y el corazón de toda persona” (MV13).

Invitamos a todas las comunidades parroquiales, educativas, movimientos y grupos eclesiales a hacerse presentes en la ciudad de Florida el próximo domingo 13 de noviembre a las 10 hs.

Juntos culminaremos con alegría este Año Santo Extraordinario. Queremos animar el caminar del pueblo de Dios y junto a María Madre de la Misericordia, elevar nuestras voces implorando su maternal protección y agradecerle su constante presencia en nuestra iglesia uruguaya. 
Los Obispos del Uruguay
Montevideo, 5 de agosto de 2016

sábado, 4 de junio de 2016

Melo - Jubileo de las Comunidades Eclesiales de Base


Integrantes de Comunidades Eclesiales de Base y otras pequeñas comunidades de diferentes parroquias de la Diócesis de Melo se reunieron ayer en la Casa de Retiros para su retiro anual, en el marco del Año Jubilar de la Misericordia, con el lema "Donde nosotros vemos un error, Dios ve algo para sanar".
Estuvieron presentes comunidades de Melo, Treinta y Tres, Río Branco y Fraile Muerto.
En la mañana el programa comenzó con un saludo de Mons. Heriberto, quien retomó la parábola de la oveja perdida, una de las parábolas de la Misericordia del Evangelio de Lucas.
El Obispo recordó las palabras de Jesús: "hay más alegría en el Cielo por un pecador que se convierte que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse" e invitó a los presentes a ser "motivo de alegría para Dios", dando pasos de conversión, y encontrando así también la alegría del perdón.
Después de un tiempo de reflexión en grupos y el aporte del Padre Nacho, hubo tiempo para la celebración personal del Sacramento de la Reconciliación y también para un gesto penitencial, quemando en un brasero la lista de pecados que cada uno escribió en un momento de examen de conciencia.
En la tarde, luego del almuerzo compartido y de un breve tiempo de preparación, los participantes se dirigieron en procesión a la Catedral de Melo.
La procesión fue animada por una serie de meditaciones preparadas por integrantes de las comunidades, que invitaban a "construir comunidades que sepan ver la realidad, descubrir a los heridos de las cunetas, vendar heridas, curar vidas rotas, sanar corazones heridos, acoger a quienes no conocen el amor ni la amistad, dar calor a las almas abandonadas...."
Al llegar a la Catedral, los peregrinos fueron entrando, uno a uno, por la Puerta Santa, expresando con algún signo su deseo de recibir las indulgencias del Año Jubilar.
Mons. Heriberto presidió la Eucaristía. Comentando el Evangelio (Lucas 15,3-7), señaló que los participantes del encuentro habían venido en procesión, para encontrarse ahora con otras dos procesiones: la procesión de la muerte, formada por quienes acompañan a una viuda que va a enterrar a su hijo y la procesión de la vida, formada por Jesús, sus discípulos y la muchedumbre que los sigue. "Es Jesús quien resucita la esperanza, y nos saca de la procesión de la muerte, para caminar con Él en la procesión de la vida", subrayó el pastor.
Al despedir a los participantes, la Hna. Stella agradeció a todos su presencia, agradeció el aporte del P. Nacho y la presencia del Obispo a lo largo de la jornada, e invitó a todos a seguir rezando por la Iglesia Diocesana para que siga creciendo en comunión y fortaleciéndose.

sábado, 7 de mayo de 2016

Comunicación y Misericordia: Mensaje de Francisco para la Jornada Mundial de las Comunicaciones

La Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, establecida por el decreto Inter Mirifica del Concilio Vaticano II, se celebra anualmente el VII Domingo de Pascua (en Uruguay, el día en que se celebra la Ascensión de Jesús), domingo anterior a Pentecostés. Con motivo de esta jornada, los Papas emiten habitualmente un mensaje, normalmente con cierta anticipación (en este caso, está fechada en enero).
Esta es la 50a. Jornada, ubicada en el Año de la Misericordia. Eso da el tono a este mensaje del Papa Francisco.

 
MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA 50 JORNADA MUNDIAL
DE LAS COMUNICACIONES SOCIAL
ES 

Comunicación y Misericordia: un encuentro fecundo

Queridos hermanos y hermanas:

El Año Santo de la Misericordia nos invita a reflexionar sobre la relación entre la comunicación y la misericordia. En efecto, la Iglesia, unida a Cristo, encarnación viva de Dios Misericordioso, está llamada a vivir la misericordia como rasgo distintivo de todo su ser y actuar. Lo que decimos y cómo lo decimos, cada palabra y cada gesto debería expresar la compasión, la ternura y el perdón de Dios para con todos. El amor, por su naturaleza, es comunicación, lleva a la apertura, no al aislamiento. Y si nuestro corazón y nuestros gestos están animados por la caridad, por el amor divino, nuestra comunicación será portadora de la fuerza de Dios.

Como hijos de Dios estamos llamados a comunicar con todos, sin exclusión. En particular, es característico del lenguaje y de las acciones de la Iglesia transmitir misericordia, para tocar el corazón de las personas y sostenerlas en el camino hacia la plenitud de la vida, que Jesucristo, enviado por el Padre, ha venido a traer a todos. Se trata de acoger en nosotros y de difundir a nuestro alrededor el calor de la Iglesia Madre, de modo que Jesús sea conocido y amado, ese calor que da contenido a las palabras de la fe y que enciende, en la predicación y en el testimonio, la «chispa» que los hace vivos.

La comunicación tiene el poder de crear puentes, de favorecer el encuentro y la inclusión, enriqueciendo de este modo la sociedad. Es hermoso ver  personas que se afanan en elegir con cuidado las palabras y los gestos para superar las incomprensiones, curar la memoria herida y construir paz y armonía. Las palabras pueden construir puentes entre las personas, las familias, los grupos sociales y los pueblos. Y esto es posible tanto en el mundo físico como en el digital. Por tanto, que las palabras y las acciones sean apropiadas para ayudarnos a salir de los círculos viciosos de las condenas y las venganzas, que siguen enmarañando a individuos y naciones, y que llevan a expresarse con mensajes de odio. La palabra del cristiano, sin embargo, se propone hacer crecer la comunión e, incluso cuando debe condenar con firmeza el mal, trata de no romper nunca la relación y la comunicación.

Quisiera, por tanto, invitar a las personas de buena voluntad a descubrir el poder de la misericordia de sanar las relaciones dañadas y de volver a llevar paz y armonía a las familias y a las comunidades. Todos sabemos en qué modo las viejas heridas y los resentimientos que arrastramos pueden atrapar a las personas e impedirles comunicarse y reconciliarse. Esto vale también para las relaciones entre los pueblos. En todos estos casos la misericordia es capaz de activar un nuevo modo de hablar y dialogar, como tan elocuentemente expresó Shakespeare: «La misericordia no es obligatoria, cae como la dulce lluvia del cielo sobre la tierra que está bajo ella. Es una doble bendición: bendice al que la concede y al que la recibe» (El mercader de Venecia, Acto IV, Escena I).

Es deseable que también el lenguaje de la política y de la diplomacia se deje inspirar por la misericordia, que nunca da nada por perdido. Hago un llamamiento sobre todo a cuantos tienen responsabilidades institucionales, políticas y de formar la opinión pública, a que estén siempre atentos al modo de expresase cuando se refieren a quien piensa o actúa de forma distinta, o a quienes han cometido errores. Es fácil ceder a la tentación de aprovechar estas situaciones y alimentar de ese modo las llamas de la desconfianza, del miedo, del odio. Se necesita, sin embargo, valentía para orientar a las personas hacia procesos de reconciliación. Y es precisamente esa audacia positiva y creativa la que ofrece verdaderas soluciones a antiguos conflictos así como la oportunidad de realizar una paz duradera. «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. […] Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios» (Mt 5,7.9).
Cómo desearía que nuestro modo de comunicar, y también nuestro servicio de pastores de la Iglesia, nunca expresara el orgullo soberbio del triunfo sobre el enemigo, ni humillara a quienes la mentalidad del mundo considera perdedores y material de desecho. La misericordia puede ayudar a mitigar las adversidades de la vida y a ofrecer calor a quienes han conocido sólo la frialdad del juicio.

Que el estilo de nuestra comunicación sea tal, que supere la lógica que separa netamente los pecadores de los justos. Nosotros podemos y debemos juzgar situaciones de pecado –violencia, corrupción, explotación, etc.–, pero no podemos juzgar a las personas, porque sólo Dios puede leer en profundidad sus corazones. Nuestra tarea es amonestar a quien se equivoca, denunciando la maldad y la injusticia de ciertos comportamientos, con el fin de liberar a las víctimas y de levantar al caído. El evangelio de Juan nos recuerda que «la verdad os hará libres» (Jn 8,32). Esta verdad es, en definitiva, Cristo mismo, cuya dulce misericordia es el modelo para nuestro modo de anunciar la verdad y condenar la injusticia. Nuestra primordial tarea es afirmar la verdad con amor (cf. Ef 4,15). Sólo palabras pronunciadas con amor y  acompañadas de mansedumbre y misericordia tocan los corazones de quienes somos pecadores. Palabras y gestos duros y moralistas corren el riesgo hundir más a quienes querríamos conducir a la conversión y a la libertad, reforzando su sentido de negación y de defensa.

Algunos piensan que una visión de la sociedad enraizada en la misericordia es injustificadamente idealista o excesivamente indulgente. Pero probemos a reflexionar sobre nuestras primeras experiencias de relación en el seno de la familia. Los padres nos han amado y apreciado más por lo que somos que por nuestras capacidades y nuestros éxitos. Los padres quieren naturalmente lo mejor para sus propios hijos, pero su amor nunca está condicionado por el alcance de los objetivos. La casa paterna es el lugar donde siempre eres acogido (cf. Lc 15,11-32). Quisiera alentar a todos a pensar en la sociedad humana, no como un espacio en el que los extraños compiten y buscan prevalecer, sino más bien como una casa o una familia, donde la puerta está siempre abierta y en la que sus miembros se acogen mutuamente.

Para esto es fundamental escuchar. Comunicar significa compartir, y para compartir se necesita escuchar, acoger. Escuchar es mucho más que oír. Oír hace referencia al ámbito de la información; escuchar, sin embargo, evoca la comunicación, y necesita cercanía. La escucha nos permite asumir la actitud justa, dejando atrás la tranquila condición de espectadores, usuarios, consumidores. Escuchar significa también ser capaces de compartir preguntas y dudas, de recorrer un camino al lado del otro, de liberarse de cualquier presunción de omnipotencia y de poner humildemente las propias capacidades y los propios dones al servicio del bien común.

Escuchar nunca es fácil. A veces es más cómodo fingir ser sordos. Escuchar significa prestar atención, tener deseo de comprender, de valorar, respetar, custodiar la palabra del otro. En la escucha se origina una especie de martirio, un sacrificio de sí mismo en el que se renueva el gesto realizado por Moisés ante la zarza ardiente: quitarse las sandalias en el «terreno sagrado» del encuentro con el otro que me habla (cf. Ex 3,5). Saber escuchar es una gracia inmensa, es un don que se ha de pedir para poder después ejercitarse practicándolo.

También los correos electrónicos, los mensajes de texto, las redes sociales, los foros pueden ser formas de comunicación plenamente humanas. No es la tecnología la que determina si la comunicación es auténtica o no, sino el corazón del hombre y su capacidad para usar bien los medios a su disposición. Las redes sociales son capaces de favorecer las relaciones y de promover el bien de la sociedad, pero también pueden conducir a una ulterior polarización y división entre las personas y los grupos. El entorno digital es una plaza, un lugar de encuentro, donde se puede acariciar o herir, tener una provechosa discusión o un linchamiento moral. Pido que el Año Jubilar vivido en la misericordia «nos haga más abiertos al diálogo para conocernos y comprendernos mejor; elimine toda forma de cerrazón y desprecio, y aleje cualquier forma de violencia y de discriminación» (Misericordiae vultus, 23). También en red se construye una verdadera ciudadanía.

El acceso a las redes digitales lleva consigo una responsabilidad por el otro, que no vemos pero que es real, tiene una dignidad que debe ser respetada. La red puede ser bien utilizada para hacer crecer una sociedad sana y abierta a la puesta en común.

La comunicación, sus lugares y sus instrumentos han traído consigo un alargamiento de los horizontes para muchas personas. Esto es un don de Dios, y es también una gran responsabilidad. Me gusta definir este poder de la comunicación como «proximidad». El encuentro entre la comunicación y la misericordia es fecundo en la medida en que genera una proximidad que se hace cargo, consuela, cura, acompaña y celebra. En un mundo dividido, fragmentado, polarizado, comunicar con misericordia significa contribuir a la buena, libre y solidaria cercanía entre los hijos de Dios y los hermanos en humanidad.

Vaticano, 24 de enero de 2016
Francisco

domingo, 3 de abril de 2016

Enfoques Dominicales: Domingo de la Misericordia

Hoy es el segundo domingo de Pascua, llamado también Domingo de la Misericordia.
 
En la ciudad de Treinta y Tres, en nuestra Diócesis de Melo, la parroquia del Salvador celebra su fiesta patronal, ya que fue un segundo Domingo de Pascua (antes de que se le llamara también "de la Misericordia") 18 de abril de 1976, cuando fue erigida por Mons. Roberto Cáceres.
 
¿Por qué “Domingo de la Misericordia”?
Este nombre fue dado por indicación de San Juan Pablo II, en el año 2000.
Efectivamente, el 30 de abril de ese año, el Papa Juan Pablo canonizó a una religiosa polaca, Sor Faustina Kowalska, una mujer que recibió revelaciones de la Misericordia del Corazón de Jesús.
Durante la Misa de canonización el Papa dijo:
«En todo el mundo, el segundo domingo de Pascua recibirá el nombre de domingo de la Divina Misericordia. Una invitación perenne para el mundo cristiano a afrontar, con confianza en la benevolencia divina, las dificultades y las pruebas que esperan al género humano en los años venideros».
Como sabemos, a fines del año pasado, a iniciativa del Papa Francisco, la Iglesia está celebrando un Año Santo o Jubileo de la Misericordia. En ese contexto, este Domingo toma un relieve especial.
 
¿Cuál es la esencia del mensaje del Domingo de la Misericordia?
Se podría resumir en tres pilares fundamentales:
  1. Dios es misericordioso y nos ama a todos
  2. Debemos confiar en la Misericordia de Dios.
  3. La Misericordia define nuestra actitud ante cada persona
Primero: Dios es misericordioso y nos ama a todos.
¿Qué quiere decir misericordia? ¿Qué quiere decir que Dios es misericordioso?
Misericordia junta las palabras miseria y corazón. Tener misericordia es sentir en el corazón la miseria ajena. La miseria puede ser material o espiritual, o todo a la vez. Dios ama a cada persona que ha venido a este mundo. Cada uno de nosotros es una creatura suya. Su mirada es la del Padre que nos ha llamado a la vida, que nos ha creado para una felicidad eterna en comunión con él y entre nosotros. En cambio, nos encontramos con una vida miserable. Sufrimos por las decisiones que otros tomaron, y agregamos nuestras propias decisiones equivocadas, que nos hacen miserables y hacen miserables a otros que también las sufren.
La Misericordia de Dios se manifiesta enviando a su Hijo Jesús. Él no llega como todopoderoso, sino como un niño frágil, envuelto en pañales y acostado en un pesebre; y termina su vida en la tierra crucificado, en una muerte horrorosa… pero Él es el rostro de la Misericordia. Toda su vida es una entrega de amor que culmina en la Cruz. Su resurrección marca el triunfo de la vida sobre la muerte y abre al hombre el camino de reencuentro con Dios y de reencuentro con el hermano.
 Segundo: confiar en la Misericordia de Dios.
En el diario de Santa Faustina se leen las palabras que ella ha recibido de Jesús: “cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia”.
A veces me ha tocado hablar con personas que no creen que Dios las pueda perdonar por lo que han hecho. Es verdad, a veces han hecho cosas terribles. Pero están profundamente arrepentidas, lloran por sus pecados, quisieran no haberlos cometido, han tratado de repararlos de algún modo… pero siguen sin creer que Dios las pueda perdonar. Tal vez porque les cueste también perdonarse a sí mismas.
El mensaje de Jesús a Santa Faustina invita a confiar en la Misericordia de Dios. Dice un viejo refrán: “De los arrepentidos se sirve Dios”. Y es verdad. El arrepentimiento por el mal que hemos hecho es el primer paso para alcanzar la Misericordia; pero es necesario confiar en que Dios es Misericordioso. Misericordioso no es lo mismo que “manga ancha”, para decir “todo bien, no pasa nada”. La Misericordia de Dios está llamando, está invitando al arrepentimiento sincero, confiando en que es posible recibir su perdón y empezar una vida nueva, como lo han hecho y siguen haciendo tantos creyentes a través de los siglos.
 Tercero: la Misericordia define nuestra actitud ante las demás personas.
La experiencia de encuentro con la Misericordia de Dios, cuando es vivida en verdad y en profundidad, lleva a ser misericordioso con el prójimo.
En realidad esto es vivir en esta clave los dos grandes mandamientos que señala Jesús:
Cuando le preguntan:
"Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la ley?"
Jesús responde:
“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente” —le respondió Jesús—. Éste es el primero y el más importante de los mandamientos. El segundo se parece a éste: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas. (Mateo 22,36-39)
Santa Faustina recoge de Jesús la indicación de que ese amor al prójimo se vive en forma concreta, con nuestras palabras, acciones, oraciones, "porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil".
A partir del Evangelio y de la práctica de la vida cristiana, la Iglesia ofrece una lista de catorce obras de misericordia.
 
Hace poco el Papa Francisco nos decía:
“La predicación de Jesús nos presenta estas obras de misericordia para que podamos darnos cuenta si vivimos o no como discípulos suyos. Redescubramos las obras de misericordia corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, asistir los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los muertos. Y no olvidemos las obras de misericordia espirituales: dar consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia las personas molestas, rogar a  Dios por los vivos y por los difuntos.” (Misericordiae Vultus 15)
Quedémonos con esta invitación de Francisco, que es el eco de la que nos hace el mismo Jesús desde el Evangelio: “Sean pues, misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso”. (Lucas 6,36).

+ Heriberto
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Enfoques Dominicales
es un programa que se emite por 1340 AM La Voz de Melo, los domingos a las 11:50. La versión escrita que presenta el Blog no es la versión literal de lo emitido, pero sí su contenido esencial.

sábado, 26 de marzo de 2016

En un mundo violento, abrir camino al mensaje de la Misericordia


LOS OBISPOS PREOCUPADOS POR LA VIOLENCIA EN URUGUAY Y EN EL MUNDO
(DECOS-CEU) Al Cardenal y a los obispos uruguayos les preocupa la violencia imperante en el mundo y en nuestra sociedad y lo explicitaron en sus mensajes para la Pascua así como en sus diversas reflexiones efectuadas durante la Semana Santa.

En la Misa Crismal, el Arzobispo de Montevideo, Cardenal Daniel Sturla, destacó que “estamos viviendo en una sociedad fragmentada" y que "lamentablemente tenemos muchas muertes violentas en estos días que han sacudido la conciencia de nuestra sociedad” e instó a “pasar de los discursos a acciones eficaces”. Junto al Obispo anglicano, en el Via Crucis Ecuménico, el Cardenal volvió a reiterar su preocupación por los hechos de violencia y llamó a rezar y a fomentar iniciativas que eduquen para la paz. 

Por su parte, el Obispo de Minas, Mons. Jaime Fuentes, plantea en su mensaje para la Pascua que ante la violencia que “pinta de luto la alegría de vivir en nuestro mundo” se hace necesario volver a las preguntas esenciales: “¿De dónde vengo, adónde voy? ¿Qué sentido tiene mi vida? ¿Existe Dios? ¿Hay algo después de la muerte? ¿Qué está bien, qué está mal? ¿Quién es Jesús?…”

El Obispo de Maldonado, Mons. Rodolfo Wirz, en su mensaje para la Pascua también se refiere a la violencia que “se impone en todas las latitudes” y  asegura que solo se puede superar “abriéndonos al Resucitado que en su Amor hace posible una vida humana y digna”.

En su mensaje para la Pascua, el Obispo de Mercedes, Mons. Carlos Collazzi, (Presidente electo de la Conferencia Episcopal del Uruguay) citando la Exhortación Apostólica del Papa Francisco “Evangelli Gaudium” subraya que “vemos injusticias, maldades, indiferencias y crueldades que no ceden”. No obstante, destaca que “también es cierto que en medio de la oscuridad siempre comienza a brotar algo nuevo, que tarde o temprano produce un fruto”(E.G. 276). El Obispo señala la existencia de  descontento crónico, acedia y desilusión en la sociedad y llama a alimentarse de la Eucaristía dominical y a formar comunidades fraternas y solidarias con “los hermanos más carenciados, con fuerte espíritu misionero”.

El Vicepresidente de la Conferencia Episcopal, Mons. Arturo Fajardo (Obispo de San José de Mayo), en su mensaje pascual también contempla el tema de la inseguridad y anima a dar testimonio de Jesús “que es nuestra paz” en medio “de tanta violencia en la familia, en el país y en el mundo”.

Mons. Julio Bonino, Obispo de Tacuarembó, reconoce en su mensaje para la Pascua que “enfrentamos muchos motivos que pueden llevar al debilitamiento de nuestra fe y vemos que muchos dejan de creer: las diversas situaciones de violencia, los conflictos de  diversos niveles, las guerras, los desplazados de sus hogares, el sufrimiento de los niños inocentes, las divisiones de la familia y las contradicciones que existen en nosotros mismos. Nuestra misma Iglesia con el desvío de la conducta de quienes la integramos, los escándalos y el alejamiento de la vivencia del evangelio”. Ante esto, el Obispo invita a reconocer “con humildad” la necesidad de que Jesús Resucitado “se haga presente en medio de nuestras circunstancias en el encuentro personal y comunitario con Él, para ser confirmados en nuestra fe y así reemprender con esperanza el camino de su seguimiento”.

LA OTRA MEJILLA DE LA VIOLENCIA: EL PERDON

En la Misa celebrada en Río Branco a pedido de la Embajada de El Salvador, en la víspera de la conmemoración de los 36 años de la muerte de Mons. Oscar Arnulfo Romero, el Obispo de Melo, Mons. Heriberto Bodeant,  subrayó que “en el Uruguay de hoy …necesitamos creer en el hombre” y en “que las personas pueden cambiar”. El Obispo instó a “creer que aquellos que no ven en otro hombre a su hermano, aún pueden abrir los ojos” y en que  “aún aquellos que han hecho sufrir a otros, pueden despertar, darse cuenta, arrepentirse y encontrar en Jesús un camino de sanación”.

También el Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti, invita en su mensaje pascual a perdonar, al tiempo que exhorta a ayudar “al que tenés cerca”. “Contagiemos optimismo al que está cerca o camina triste. Ayudemos a devolver una sonrisa al que se encerró en sus viejos rencores”, animó el Pastor.. Jesús “sopla vientos nuevos para devolver paz al corazón herido o amargado. A mi familia o vecino. Donde estudio, trabajo o descanso”, asegura el Obispo.

¿FELICIDAD SIN DIOS?

En su mensaje para la Pascua, el Obispo de Canelones, Mons. Alberto Sanguinetti, destaca que “estamos viviendo en una humanidad que quiere organizarse como si Dios no existiese, como si Cristo no hubiera muerto en la cruz… en una cultura cerrada a la gracia del Resucitado, queremos construir una felicidad alejándonos de la verdad de la creación, del perdón de Dios y sus mandamientos y de la vida nueva de hijos de Dios”.  Enfatiza que pese a la “sinrazón”  y a los intentos de acallarlo, Dios “nos sigue salvando” y “se interesa por nosotros con amor, misericordia y fidelidad”. VIDEO 

martes, 22 de marzo de 2016

"Me ha consagrado por la unción". Homilía en la Misa Crismal


“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor.”

Acabamos de escuchar estas palabras en el Evangelio. Las pronuncia Jesús, leyendo el libro del Profeta Isaías ante la comunidad reunida en la sinagoga de Nazaret.
Lo que Jesús hace no es una simple lectura, que recuerda lo que en otro tiempo dijo el profeta. Después de haber proclamado la Palabra, Jesús afirma: “Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”.

De esta forma, Jesús indica que él ha venido para realizar una misión. Él ha venido para llevar a todo su pueblo, especialmente a los más débiles, a los heridos, a los desconsolados, la alegría del Evangelio.

“Hoy se ha cumplido” dice Jesús, y se sigue cumpliendo. Jesús nos espera hoy. Más aún, hoy sale a nuestro encuentro. Por eso el Papa Francisco, en su carta Evangelii Gaudium, nos invita, de esta manera, “a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él” (EG 3).

Y sigue diciéndonos Francisco: “¡Nos hace tanto bien volver a Él cuando nos hemos perdido! Insisto una vez más: Dios no se cansa nunca de perdonar; somos nosotros los que nos cansamos de acudir a su misericordia. Aquel que nos invitó a perdonar «setenta veces siete» (Mt 18,22) nos da ejemplo: Él perdona setenta veces siete. Nos vuelve a cargar sobre sus hombros una y otra vez” (EG 3).

Si todo momento es bueno y toda ocasión es propicia para renovar nuestro encuentro con Jesucristo o de ir al encuentro con Él, cuanto más esta Semana Santa y este Año de la Misericordia.

A partir del encuentro con Jesucristo, quienes lo hemos encontrado, somos enviados a compartir el don de la misericordia y el perdón de Dios, a compartir la alegría que provoca en nosotros el encuentro con el Señor.

Este encuentro con Jesucristo es posible hoy de muchas formas, pero de un modo privilegiado en los Sacramentos. Cada uno de los Sacramentos nos da la posibilidad de un encuentro personal con Jesucristo. Este encuentro no es solamente para nuestro beneficio y consuelo, sino para enviarnos en misión.

El Santo Crisma, aceite preparado con bálsamo, que va a ser consagrado en esta Misa, se utiliza en tres sacramentos. Tres sacramentos que, de un modo particular, preparan al cristiano para la misión.

El primero de ellos es el Bautismo. Cuando recibimos el agua bautismal nos unimos a la muerte y resurrección de Cristo, es decir, al misterio pascual, centro de nuestra fe, que celebramos en esta Semana Santa. Por el Bautismo todos los fieles estamos llamados a ser discípulos misioneros de Jesucristo (Documento de Aparecida 10). Inmediatamente después de recibir el agua del Bautismo, somos ungidos en la frente con el Santo Crisma, para que incorporados al Pueblo de Dios y permaneciendo unidos a Cristo, Sacerdote, Profeta y Rey, tengamos en nosotros la semilla de la vida eterna (cf. Ritual del Bautismo). En la Vigilia Pascual renovaremos nuestras promesas bautismales, que expresan nuestro compromiso con Jesucristo.

El segundo sacramento en el que se emplea el Santo Crisma es la Confirmación. Aquí el óleo es muy importante: es la materia propia del sacramento. Nuestros hermanos brasileños llaman a la Confirmación “a crisma”, precisamente aludiendo a la unción con aceite por la que el cristiano recibe el don del Espíritu Santo. Ese don perfecciona el carácter bautismal, fortalece la pertenencia a la iglesia y hace avanzar en la madurez apostólica (DA 175). En suma, por la Confirmación estamos llamados a profundizar nuestra identidad de discípulos misioneros de Jesucristo.

Finalmente, el Santo Crisma se emplea también en el Sacramento del Orden. En la ordenación del presbítero, se ungen sus manos, que estarán al servicio de los sacramentos. En la ordenación del obispo, se unge su cabeza, expresando así que recibe la plenitud del sacerdocio. Nuevamente, la unción está acompañando la entrega de una misión.

Por eso, porque el Santo Crisma se usa también en las ordenaciones, es que en este día los miembros del Clero presentes en nuestra Diócesis, los miembros del Clero que estamos al servicio de todo el Pueblo de Dios que peregrina en Cerro Largo y Treinta y Tres, renovamos públicamente nuestras promesas ministeriales.

Así pues, al consagrar hoy el Santo Crisma y al bendecir el óleo de los catecúmenos y el de la Unción de los Enfermos que se emplearán en toda la Diócesis por todo un año, recordamos que todos los sacramentos -no solamente los que emplean estos óleos- todos los sacramentos son ocasión de encuentro personal con Jesucristo, con su amor, con su misericordia. Muy especialmente el sacramento de la Eucaristía, donde el mismo Jesús alimenta nuestra vida con su Palabra y entregándose como Pan de Vida.

Una vez más, recordemos que esos encuentros sacramentales no son sólo para nuestro bien personal, sino para enviarnos en misión en medio de nuestro pueblo.

Por eso, en esta Misa Crismal, que ha convocado a toda la Diócesis a través de las delegaciones de cada una de las comunidades, se nos envía en misión a nuestras ciudades, nuestros barrios, nuestros pueblos, nuestra campaña, para ser testigos de la Misericordia, testigos de Jesucristo. Así sea.

+ Heriberto, Obispo de Melo

domingo, 28 de febrero de 2016

24 horas para el Señor y Misa Crismal en la Diócesis de Melo


Melo, 29 de febrero de 2016
Queridos Diocesanos:

“El Señor es compasivo y misericordioso”; “es eterna Su misericordia”; así nos hablan los salmos de la Misericordia de Dios. En este Año Jubilar, quiero invitarlos cordialmente a participar de dos actividades en nuestra Diócesis:

“24 horas para el Señor”. Este tiempo que nos pide el Papa Francisco lo viviremos en cada parroquia y en algunas capillas, en la forma en que cada comunidad se organice. Se procurará que las iglesias estén abiertas el mayor tiempo posible para la Adoración del Santísimo y la celebración del Sacramento de la Reconciliación. En nuestra diócesis lo haremos el viernes 11 y sábado 12 de marzo. Cada comunidad informará de la manera más amplia posible su propio programa.

Celebración de la Misa Crismal. Será el Martes Santo, 22 de marzo, a las 18:30 horas, en la Catedral de Melo. En esta Misa suelen participar pequeñas delegaciones de las parroquias. Al no realizarse este año la peregrinación a la Cruz del Cerro Largo, les invito a hacer el esfuerzo para que la presencia de cada comunidad sea mayor. Recordemos que es una ocasión para cruzar por la Puerta Santa lo que, unido a la confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Santo Padre, permite obtener las indulgencias del Año Jubilar para sí mismo o para personas difuntas.

Lamentablemente, este año no podremos realizar nuestra tradicional peregrinación penitencial a la Cruz, ya que el V Domingo de Cuaresma coincide con el día en que se desarrollarán las elecciones para el directorio del Banco de Previsión Social.

En octubre, sí, el domingo 9 tendremos nuestra Fiesta Diocesana junto a Nuestra Señora del Pilar, con la presencia del Arzobispo de Montevideo, Cardenal Daniel Sturla sdb.

Deseando que estos días finales del Tiempo de Cuaresma sean para cada uno de ustedes de profunda renovación en la Fe, con la Misericordia de Dios, los bendice de corazón:

+ Heriberto, Obispo de Melo

miércoles, 10 de febrero de 2016

Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma: ''Misericordia quiero y no sacrificio". Las obras de misericordia en el camino Jubilar.


1. María, icono de una Iglesia que evangeliza porque es evangelizada

En la Bula de convocación del Jubileo invité a que ''la Cuaresma de este Año Jubilar sea vivida con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios'' . Con la invitación a escuchar la Palabra de Dios y a participar en la iniciativa ''24 horas para el Señor'' quise hacer hincapié en la primacía de la escucha orante de la Palabra, especialmente de la palabra profética. La misericordia de Dios, en efecto, es un anuncio al mundo: pero cada cristiano está llamado a experimentar en primera persona ese anuncio. Por eso, en el tiempo de la Cuaresma enviaré a los Misioneros de la Misericordia, a fin de que sean para todos un signo concreto de la cercanía y del perdón de Dios.

María, después de haber acogido la Buena Noticia que le dirige el arcángel Gabriel, María canta proféticamente en el Magnificat la misericordia con la que Dios la ha elegido. La Virgen de Nazaret, prometida con José, se convierte así en el icono perfecto de la Iglesia que evangeliza, porque fue y sigue siendo evangelizada por obra del Espíritu Santo, que hizo fecundo su vientre virginal. En la tradición profética, en su etimología, la misericordia está estrechamente vinculada, precisamente con las entrañas maternas (rahamim) y con una bondad generosa, fiel y compasiva (hesed) que se tiene en el seno de las relaciones conyugales y parentales.

2. La alianza de Dios con los hombres: una historia de misericordia

El misterio de la misericordia divina se revela a lo largo de la historia de la alianza entre Dios y su pueblo Israel. Dios, en efecto, se muestra siempre rico en misericordia, dispuesto a derramar en su pueblo, en cada circunstancia, una ternura y una compasión visceral, especialmente en los momentos más dramáticos, cuando la infidelidad rompe el vínculo del Pacto y es preciso ratificar la alianza de modo más estable en la justicia y la verdad. Aquí estamos frente a un auténtico drama de amor, en el cual Dios desempña el papel de padre y de marido traicionado, mientras que Israel el de hijo/hija y el de esposa infiel. Son justamente las imágenes familiares ?como en el caso de Oseas? las que expresan hasta qué punto Dios desea unirse a su pueblo.

Este drama de amor alcanza su culmen en el Hijo hecho hombre. En él Dios derrama su ilimitada misericordia hasta tal punto que hace de él la ''Misericordia encarnada'' . En efecto, como hombre, Jesús de Nazaret es hijo de Israel a todos los efectos. Y lo es hasta tal punto que encarna la escucha perfecta de Dios que el Shemà requiere a todo judío, y que todavía hoy es el corazón de la alianza de Dios con Israel: ''Escucha, Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas''. El Hijo de Dios es el Esposo que hace cualquier cosa por ganarse el amor de su Esposa, con quien está unido con un amor incondicional, que se hace visible en las nupcias eternas con ella.

Es éste el corazón del kerygma apostólico, en el cual la misericordia divina ocupa un lugar central y fundamental. Es ''la belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado'', el primer anuncio que ''siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras y siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra a lo largo de la catequesis'' . La Misericordia entonces ''expresa el comportamiento de Dios hacia el pecador, ofreciéndole una ulterior posibilidad para examinarse, convertirse y creer'' , restableciendo de ese modo la relación con

él. Y, en Jesús crucificado, Dios quiere alcanzar al pecador incluso en su lejanía más extrema, justamente allí donde se perdió y se alejó de Él. Y esto lo hace con la esperanza de poder así, finalmente, enternecer el corazón endurecido de su Esposa.

3. Las obras de misericordia

La misericordia de Dios transforma el corazón del hombre haciéndole experimentar un amor fiel, y lo hace a su vez capaz de misericordia. Es siempre un milagro el que la misericordia divina se irradie en la vida de cada uno de nosotros, impulsándonos a amar al prójimo y animándonos a vivir lo que la tradición de la Iglesia llama las obras de misericordia corporales y espirituales. Ellas nos recuerdan que nuestra fe se traduce en gestos concretos y cotidianos, destinados a ayudar a nuestro prójimo en el cuerpo y en el espíritu, y sobre los que seremos juzgados: nutrirlo, visitarlo, consolarlo y educarlo. Por eso, expresé mi deseo de que ''el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina'' . En el pobre, en efecto, la carne de Cristo ''se hace de nuevo visible como cuerpo martirizado, llagado, flagelado, desnutrido, en fuga... para que nosotros lo reconozcamos, lo toquemos y lo asistamos con cuidado''. Misterio inaudito y escandaloso la continuación en la historia del sufrimiento del Cordero Inocente, zarza ardiente de amor gratuito ante el cual, como Moisés, sólo podemos quitarnos las sandalias; más aún cuando el pobre es el hermano o la hermana en Cristo que sufren a causa de su fe.

Ante este amor fuerte como la muerte, el pobre más miserable es quien no acepta reconocerse como tal. Cree que es rico, pero en realidad es el más pobre de los pobres. Esto es así porque es esclavo del pecado, que lo empuja a utilizar la riqueza y el poder no para servir a Dios y a los demás, sino parar sofocar dentro de sí la íntima convicción de que tampoco él es más que un pobre mendigo. Y cuanto mayor es el poder y la riqueza a su disposición, tanto mayor puede llegar a ser este engañoso ofuscamiento. Llega hasta tal punto que ni siquiera ve al pobre Lázaro, que mendiga a la puerta de su casa, y que es figura de Cristo que en los pobres mendiga nuestra conversión. Lázaro es la posibilidad de conversión que Dios nos ofrece y que quizá no vemos. Y este ofuscamiento va acompañado de un soberbio delirio de omnipotencia, en el cual resuena siniestramente el demoníaco ''seréis como Dios'' que es la raíz de todo pecado. Ese delirio también puede asumir formas sociales y políticas, como han mostrado los totalitarismos del siglo XX, y como muestran hoy las ideologías del pensamiento único y de la tecnociencia, que pretenden hacer que Dios sea irrelevante y que el hombre se reduzca a una masa para utilizar. Y actualmente también pueden mostrarlo las estructuras de pecado vinculadas a un modelo falso de desarrollo, basado en la idolatría del dinero, como consecuencia del cual las personas y las sociedades más ricas se vuelven indiferentes al destino de los pobres, a quienes cierran sus puertas, negándose incluso a mirarlos.

La Cuaresma de este Año Jubilar, pues, es para todos un tiempo favorable para salir por fin de nuestra alienación existencial gracias a la escucha de la Palabra y a las obras de misericordia. Mediante las corporales tocamos la carne de Cristo en los hermanos y hermanas que necesitan ser nutridos, vestidos, alojados, visitados, mientras que las espirituales tocan más directamente nuestra condición de pecadores: aconsejar, enseñar, perdonar, amonestar, rezar. Por tanto, nunca hay que separar las obras corporales de las espirituales. Precisamente tocando en el mísero la carne de Jesús crucificado el pecador podrá recibir como don la conciencia de que él mismo es un pobre mendigo. A través de este camino también los ''soberbios'', los ''poderosos'' y los ''ricos'', de los que habla el Magnificat, tienen la posibilidad de darse cuenta de que son inmerecidamente amados por Cristo crucificado, muerto y resucitado por ellos. Sólo en este amor está la respuesta a la sed de felicidad y de amor infinitos que el hombre ?engañándose? cree poder colmar con los ídolos del saber, del poder y del poseer.

Sin embargo, siempre queda el peligro de que, a causa de un cerrarse cada vez más herméticamente a Cristo, que en el pobre sigue llamando a la puerta de su corazón, los soberbios, los ricos y los poderosos acaben por condenarse a sí mismos a caer en el eterno abismo de soledad que es el infierno. He aquí, pues, que resuenan de nuevo para ellos, al igual que para todos nosotros, las lacerantes palabras de Abrahán: ''Tienen a Moisés y los Profetas; que los escuchen''. Esta escucha activa nos preparará del mejor modo posible para celebrar la victoria definitiva sobre el pecado y sobre la muerte del Esposo ya resucitado, que desea purificar a su Esposa prometida, a la espera de su venida.

No perdamos este tiempo de Cuaresma favorable para la conversión. Lo pedimos por la intercesión materna de la Virgen María, que fue la primera que, frente a la grandeza de la misericordia divina que recibió gratuitamente, confesó su propia pequeñez, reconociéndose como la humilde esclava del Señor''.

viernes, 25 de diciembre de 2015

Navidad en el Año de la Misericordia


"Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas,
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz."

En cada Navidad recordamos el cumplimiento de estas palabras proféticas pronunciadas por el sacerdote Zacarías, padre de Juan el Bautista (Lucas 1,78-79).
"Por las entrañas de misericordia de nuestro Dios" (traducción de la Biblia de Jerusalén), la luz de Cristo ha entrado en la historia, en la vida de la humanidad.
Por el misterio de su encarnación, el hijo de Dios se ha unido en cierta forma a cada persona que viene a este mundo (Cfr. Gaudium et Spes 22).
En este Año de la Misericordia que estamos viviendo desde el pasado 8 de diciembre, contemplamos el misterio de la Navidad como manifestación del amor misericordioso del Padre.

La Misericordia de Dios se expresa en la compasión y el perdón.
El amor del Padre sale en busca del hombre extraviado desde el primer momento.
Es la misericordia la que hace que Dios llame al hombre que se ha escondido de su presencia, preguntándole “¿dónde estás?” (Génesis 3,9), para que el hombre perdido, reencontrando a su Creador, pueda reencontrarse a sí mismo.

Dios se compadece de todos nuestros sufrimientos, pero se compadece también de nuestra realidad de pecadores, necesitados de perdón, de reconciliación.

Nuestra palabra misericordia traduce dos palabras del hebreo bíblico.
La primera de esas palabras (rahamín), significa compasión y hace referencia a la matriz, al útero y, por extensión, a las entrañas, especialmente al corazón.
Esa compasión es “visceral”, es decir, no es un sentimiento liviano, sino que repercute físicamente, se “siente”. Es la compasión de la madre ante su hijo…
Pero Dios dice, “¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ésas llegasen a olvidar, yo no te olvido.” (Isaías 19,15).

Pero esa compasión no se queda en el impulso ni en el momento. Se hace obra en favor del sufriente y del extraviado, pero esa obra continúa en el tiempo. La segunda palabra (hesed) expresa fidelidad. La fidelidad se une a la compasión dando continuidad a la acción salvadora de Dios.

Al contemplar el pesebre, no dejemos de mirar al niño Jesús como luz del mundo, manifestación de la misericordia del Padre.
Él ha bajado del Cielo, Él se ha hecho hombre, Él ha venido por nosotros y por nuestra salvación.
Cada uno de nosotros ha sido mirado por la misericordia de Dios y ha sido amado, porque la venida de Jesús es para todos, y lo recibimos cuando nos damos cuenta de que también nosotros necesitamos del perdón y de la reconciliación que Él viene a traernos.

Tocados por la Misericordia de Dios, estamos nosotros a la vez llamados a ser portadores, testigos, obreros de la Misericordia en favor de nuestros hermanos.
Al Dios compasivo y fiel le pedimos que también nosotros podamos sentir esa compasión hacia los demás y actuar en bien de ellos con fidelidad al amor misericordioso de Dios.

+ Heriberto

domingo, 20 de diciembre de 2015

La vocación sacerdotal. Releyendo la Carta a los Hebreos


A propósito de un aniversario sacerdotal, vuelvo a leer y a meditar el comienzo del capítulo 5 de la Carta a los Hebreos:
1 Porque todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y está puesto en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios para ofrecer dones y sacrificios por los pecados; 2 y puede sentir compasión hacia los ignorantes y extraviados, por estar también él envuelto en flaqueza. 3 Y a causa de esa misma flaqueza debe ofrecer por los pecados propios igual que por los del pueblo. 4 Y nadie se arroga tal dignidad, sino el llamado por Dios, lo mismo que Aarón.
(Hebreos 5,1-4)

Llamados por Dios

Se dice del sacerdote que "es tomado", "está puesto" y, más adelante, que es "llamado por Dios". La voz pasiva indica la acción de Dios, que es quien llama, toma y dispone de aquél que Él ha llamado.
Es tomado "de entre los hombres". No nos imaginemos esos "hombres" como una multitud de individualidades que deambula sin rumbo, cada uno en lo suyo. El mundo antiguo, pero más aún el mundo del Pueblo de Dios es una comunidad. "De entre los hombres" puede significar esa comunidad. En la perspectiva cristiana, esa comunidad es mediadora del llamado de Dios. La comunidad discierne si el llamado es de Dios.

Que nos hace dignos

"Nadie se arroga tal dignidad". No hay "auto-vocación". El llamado es de Dios, quien ha recibido la vocación lo siente y la comunidad confirma. ¿Quién puede pretender ser digno de ese llamado? La liturgia nos recuerda a los sacerdotes que no somos dignos, sino que es Dios quien nos concede la dignidad: "Te damos gracias porque nos haces dignos de servir en tu presencia", reza el sacerdote en la Plegaria Eucarística II; y el obispo, cuando no tiene a su lado un concelebrante y reza por el Papa y por sí mismo, dice "y por mí, indigno servidor tuyo".

Por su Misericordia

"De entre los hombres" también hace referencia a la fragilidad propia de la condición humana. El hombre es sarx, carne, debilidad. Por eso el sacerdote "puede sentir compasión hacia los ignorantes y extraviados, por estar también él envuelto en flaqueza". En este Año de la Misericordia, este versículo resuena especialmente. Cabe aquí recordar el lema del Papa Francisco: "Miserando atque eligendo" ("Lo miró con misericordia y lo eligió") tomado de una homilía de San Beda el Venerable, en referencia a la vocación de San Mateo. Los sacerdotes, los obispos, el Papa, somos elegidos por Misericordia y llamados a ser testigos de la Misericordia de Dios experimentada en nuestra propia vida.

Para hacer presente su Sacrificio único

"Debe ofrecer [sacrificios] por los pecados propios igual que por los del pueblo". El sacerdote del Antiguo Testamento tenía como función principal ofrecer los diversos tipos de sacrificios que se hacían en el templo de Jerusalén. La Carta a los Hebreos muestra que ese culto es "sombra y figura" (Hebreos 8,5) de la verdadera liturgia, que acontece en el Santuario del Cielo, donde Cristo, que se ofreció a sí mismo, "de una vez para siempre" (Hebreos 7,27), entrando en el Santuario "no con sangre de machos cabríos ni de novillos, sino con su propia sangre, consiguiendo una redención eterna" (Hebreos 9,12).
El sacerdote del Nuevo Testamento es el hombre de la Eucaristía. La Eucaristía es memorial (no simple recuerdo) del único sacrificio de Cristo. Cuando se celebra la Misa, la comunidad participa del sacrificio del Señor y de la redención por el obtenida.
El sacerdote está llamado no sólo a celebrar ritualmente la Eucaristía, sino a hacer eucarística su propia existencia, configurándose con Aquel que "se ofreció a sí mismo". En la ordenación sacerdotal, al entregarnos la patena con pan y el cáliz con vino y un poco de agua, el Obispo nos dice: “Recibe la ofrenda del pueblo santo para presentarla a Dios. Considera lo que realizas e imita lo que conmemoras, y conforma tu vida con el misterio de la cruz de Cristo”.
Este llamado dirigido especialmente al sacerdote, toca también a los demás fieles, llamados también a vivir una existencia eucarística. El Evangelio está lleno de invitaciones a que nuestra vida de seguimiento de Cristo sea profunda, nazca desde muy adentro. En este Año de la Misericordia, no podemos dejar de pensar que cada una de las obras que emprendamos tiene que ser una verdadera obra de Misericordia.
El Papa Francisco, en su mensaje para la fiesta de San Cayetano en Buenos Aires, 2013, hace unas simples preguntas que marcan esa diferencia: "cuando da limosnas, ¿mira a los ojos de la gente que le da las limosnas? (... ) ¿toca la mano o le tira la moneda?" No hay verdadera Misericordia sin reconocimiento del otro, sin encuentro.

En acción de gracias con María

María canta la grandeza del Señor, cuya misericordia "alcanza de generación en generación a los que le temen" (Lucas 1,50).  En ella encontramos una vida hecha eucaristía, como lo expresara hermosamente San Juan Pablo II: " María es mujer « eucarística » con toda su vida. La Iglesia, tomando a María como modelo, ha de imitarla también en su relación con este santísimo Misterio." (Ecclesia de Eucharistia, 53).
Termino con este párrafo de la misma encíclica:
María, con toda su vida junto a Cristo y no solamente en el Calvario, hizo suya la dimensión sacrificial de la Eucaristía. Cuando llevó al niño Jesús al templo de Jerusalén « para presentarle al Señor » (Lc 2, 22), oyó anunciar al anciano Simeón que aquel niño sería « señal de contradicción » y también que una « espada » traspasaría su propia alma (cf. Lc 2, 34.35). Se preanunciaba así el drama del Hijo crucificado y, en cierto modo, se prefiguraba el « stabat Mater » de la Virgen al pie de la Cruz. Preparándose día a día para el Calvario, María vive una especie de « Eucaristía anticipada » se podría decir, una « comunión espiritual » de deseo y ofrecimiento, que culminará en la unión con el Hijo en la pasión y se manifestará después, en el período postpascual, en su participación en la celebración eucarística, presidida por los Apóstoles, como « memorial » de la pasión. (Ibídem, 56)
+ Heriberto 

martes, 8 de diciembre de 2015

Francisco abrió hoy la Puerta Santa en el Jubileo de la Misericordia


En la mañana de hoy, 8 de diciembre, Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, el Papa Francisco ha inaugurado el Jubileo Extraordinario de la Misericordia y ha pasado por la Puerta Santa abierta en la Basílica de San Pedro.

El próximo domingo, aquí, en nuestra catedral de Melo, se abrirá también una Puerta de la Misericordia, para que todos nuestros diocesanos, a lo largo del Año Jubilar, puedan peregrinar hasta aquí y realizar también este gesto de cruzar la puerta, el cual, realizado con la debida preparación, permite obtener la indulgencia jubilar.

Olvida el hombre a su Señor y poco a poco se desvía
Y entre angustia y cobardía va perdiéndose el amor…
Dios le habla como amigo: huye el hombre de su voz.


Esta vieja canción del P. Zezinho (“Estoy pensando en Dios”) describe la situación de la humanidad herida por el pecado. “Dios le habla como amigo: huye el hombre de su voz”.

En la primera lectura, tomada del libro del Génesis, escuchamos la historia del primer pecado, el pecado original. El pecado de aquella primera pareja humana no consistió solo en la desobediencia sino en algo más profundo: no confiaron en la Palabra que Dios les había dirigido y se dejaron seducir por el tentador, “la antigua serpiente”.

Por eso, cuando Dios les habla como amigo que llama y pregunta “¿Dónde estás?”, la pareja huye y se esconde. Los dos han roto la amistad, han perdido la familiaridad y la cercanía con Dios.
Pero Dios no ha retirado su amor ni su amistad. Dios les pregunta, y sigue preguntándonos: “¿Dónde estás?”. No porque Él no lo sepa, sino porque a veces somos nosotros los que no sabemos dónde estamos, donde nos hemos perdido.

El amor de Dios es ahora el amor misericordioso.
Como lo recordaba el Papa Francisco esta mañana en Roma:

La fiesta de la Inmaculada Concepción expresa la grandeza del amor Dios.
Él no sólo perdona el pecado, sino que en María llega a prevenir la culpa original que todo hombre lleva en sí cuando viene a este mundo.
Es el amor de Dios el que previene, anticipa y salva.
El comienzo de la historia del pecado en el Jardín del Edén desemboca en el proyecto de un amor que salva.
Las palabras del Génesis nos remiten a la experiencia cotidiana de nuestra existencia personal. Siempre existe la tentación de la desobediencia, que se manifiesta en el deseo de organizar nuestra vida al margen de la voluntad de Dios.
Esta es la enemistad que insidia continuamente la vida de los hombres para oponerlos al diseño de Dios.
Y, sin embargo, también la historia del pecado se comprende sólo a la luz del amor que perdona.
El pecado sólo se entiende con esta luz.
Si todo quedase relegado al pecado, seríamos los más desesperados de entre las criaturas, mientras que la promesa de la victoria del amor de Cristo encierra todo en la misericordia del Padre.
La palabra de Dios que hemos escuchado no deja lugar a dudas a este propósito.
La Virgen Inmaculada es para nosotros testigo privilegiado de esta promesa y de su cumplimiento.

Hasta ahí las palabras del Santo Padre, y agrego yo:
Mientras el hombre se esconde cuando Dios pregunta “¿Dónde estás?”, su hijo hecho hombre responde “Aquí estoy”.
“Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”, es decir, para realizar la salvación de los hombres.
Pero ese “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad” es posible gracias a las palabras de María que hemos escuchado también hoy:
“Yo soy la servidora del Señor: hágase en mí según tu palabra”.
Demos gracias al Señor por su amor, demos gracias al Señor por su Misericordia, manifestada en su hijo Jesús, el hijo de María y dispongámonos a lo largo de este año y de toda nuestra vida a recibir y a obrar misericordia. Amén.

+ Heriberto, Obispo de Melo (Homilía en la Solemnidad de la Inmaculada)