domingo, 5 de julio de 2020

Misa - Domingo XIV durante el año.



La Misa de hoy, 5 de julio de 2020.
Capilla San Pedro, La Pedrera (Cerro Largo)
Parroquia Nuestra Señora del Pilar y San Rafael (Catedral).
Diócesis de Melo (Cerro Largo y Treinta y Tres, Uruguay)

jueves, 2 de julio de 2020

Un rey manso y humilde (Zacarías 9,9-10 - Mateo 11,25-30). Domingo XIV durante el año.







Entre los muchos monumentos que hay en Montevideo, se encuentran al menos dieciséis estatuas ecuestres, es decir, que representan hombres a caballo. (*)
Allí están nuestros héroes nacionales, comenzando por Artigas, y latinoamericanos como San Martín y Bolívar.
Hay también dos condottieri, mercenarios italianos del siglo XV, el Gattamelata y el Colleoni y hasta una escena donde hombres y equinos se mezclan en el combate: “El entrevero”.
El caballo ha sido compañero del hombre en la paz, en el trabajo, pero también, y mucho, en la guerra. En la antigüedad, los reyes y los generales victoriosos celebraban sus triunfos desfilando en un carro de guerra tirado por caballos.

Este domingo, el profeta Zacarías nos cuenta de un rey que entra a la ciudad montado, pero no en un caballo:
Así habla el Señor:
¡Alégrate mucho, hija de Sión!
¡Grita de júbilo, hija de Jerusalén!
Mira que tu Rey viene hacia ti;
él es justo y victorioso,
es humilde y está montado sobre un asno,
sobre la cría de un asna. (Zacarías 9,9-10)
Ese es el texto que cita el evangelista Mateo al narrar la entrada de Jesús en Jerusalén que recordamos cada Domingo de Ramos. Dice Mateo:
Esto sucedió para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: Digan a la hija de Sión: Mira que tu rey viene hacia ti, humilde y montado sobre un asno, sobre la cría de un animal de carga. (Mateo 21,4-5)
¿Qué recoge Mateo de la profecía de Zacarías que él ve cumplida en Jesús?
-    Tu rey VIENE hacia ti
-    HUMILDE
-    Montado sobre un ASNO
El rey viene hacia ti: visita a su pueblo, se acerca a los suyos.
No suele ser fácil entrar en la presencia de un rey. En cambio, Jesús es el rey que se acerca. Su cabalgadura marca esa cercanía: no es el caballo, donde el guerrero mira desde arriba, sino el burrito de un rey que ofrece la paz de Dios a Jerusalén y a sus habitantes, del que viene a reunirlos…
como una gallina reúne a sus pollitos bajo las alas (Mateo 23,37)
El texto de Zacarías nos prepara para escuchar el Evangelio en el que Jesús se define como…
paciente y humilde de corazón.
Pero Jesús dice mucho más. Vayamos de a poco.

Jesús comienza con una oración al Padre. Nuestra oración más frecuente es la de petición ¿no es verdad? También sabemos dar gracias cuando vemos nuestra oración escuchada y hay momentos en que sentimos la necesidad de pedir perdón.
Pero esta oración de Jesús es una oración de alabanza: un reconocimiento de la obra de Dios.
Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido.
Jesús reconoce como obra de Dios haber revelado “estas cosas” a los pequeños.
“Estas cosas” son los misterios del Reino, la forma en que Dios se va haciendo presente en la vida de los hombres.
Jesús ve como los humildes las han entendido y aceptado; no ha sucedido lo mismo con los “sabios y prudentes”, es decir, los doctores de la ley, los fariseos, aquellos que, se supone, están más preparados para interpretar la voluntad de Dios.
Jesús dice que el Padre “les ha ocultado” esas cosas… Es una manera de expresar lo que está sucediendo.
Son, en realidad, ellos mismos los que se han encerrado en su orgullo y soberbia.
El reino solo se abrirá para ellos si, con humildad, se dejan enseñar por Jesús.

Viene a continuación un versículo con un lenguaje tan similar al del cuarto evangelio, que algunos biblistas lo han llamado “un aerolito caído del cielo de Juan”, aunque también lo encontramos en el evangelio de Lucas (10,22).
Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
El Hijo ha recibido TODO del Padre: tiene la misma sabiduría y el mismo poder que el Padre, porque es también Dios, aunque Dios esté escondido bajo la humanidad de Jesús.
Hay un conocimiento mutuo y profundo entre el Padre y el Hijo; por eso es el Hijo quien puede revelar al Padre.
El querer del Padre y del Hijo es el mismo y va hacia los sencillos.

Jesús concluye con una gran invitación, en la que destacan tres verbos: vengan, carguen y aprendan.
Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y Yo los aliviaré.
El rey ha venido, pero invita a ir hacia Él. Como manso y humilde que es, no impone su presencia.
Pide nuestra decisión: encaminar nuestros pasos hacia Él.
El llamado se dirige especialmente a los afligidos y agobiados.
Muchos podemos sentirnos así hoy… no desoigamos la invitación de Jesús. Su promesa es darnos alivio, aunque también nos dice…
Carguen sobre ustedes mi yugo.
Parece extraño que, después de prometer alivio, la segunda invitación sea a cargarnos con algo.
El yugo, conocido desde tiempos muy antiguos, es una pieza de madera colocada sobre el cuello de un par de animales, generalmente bueyes, para que tiren juntos de un arado o de una carreta.
Colocarse el yugo, en referencia a un maestro, a un rabino, era aceptar su autoridad y sus enseñanzas. Jesús denuncia a aquellos maestros que…
Atan cargas tan pesadas que es imposible soportarlas, y las echan sobre los hombros de los demás, mientras que ellos mismos no quieren tocarlas ni siquiera con un dedo (Mateo 23,4).
No se trata de lo esencial, como los diez mandamientos, sino de innumerables reglas relacionadas con la pureza y el descanso del sábado.
Mucha gente del pueblo faltaba a esas normas Y, a veces, ni siquiera las conocían.
Esas personas sencillas, que se abrieron a la enseñanza de Jesús, eran despreciadas por los supuestos “sabios y entendidos” que decían, crudamente:
“esta gente, que no conoce la ley, está maldita” (Juan 7,49)
La Ley surgida en la alianza de Dios con su pueblo, ley de amor y de libertad, se había convertido en herramienta de dominio y opresión.
“Carguen con mi yugo” no es una imposición:
es un llamado, una invitación de Jesús.
El yugo no es solo una carga. El yugo une a dos en yunta para tirar juntos.
Ese es el sentido de la palabra “cónyuges”: los que están unidos por el mismo yugo; el esposo y la esposa, que se han dado el uno al otro en amor recíproco y están llamados a salir adelante marchando y trabajando juntos, codo a codo.
Más allá de la relación conyugal, el yugo puede entenderse como toda relación de esfuerzo compartido en la familia, en la comunidad, en la sociedad… si, al llamarnos a tomar nuestra cruz,
Jesús se pone adelante llevando la suya ¿no se hará él también nuestro compañero de yugo,
en ayuda de nuestra debilidad?
¿No será así como su yugo se hace suave y su carga liviana, si es Él mismo quien nos ayuda a llevarla? ¿Veo a Cristo en el hermano o la hermana que lleva el yugo junto conmigo? Y esa persona con la que estoy llevando el yugo ¿Puede ver a Cristo en mí?
“Ayúdense mutuamente a llevar sus cargas, y así cumplirán la Ley de Cristo” (Gálatas 6,2)
dice san Pablo. Jesús concluye su enseñanza:
aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.

Amigas y amigos, en medio de tantas cosas que hoy nos afligen y nos pesan en la vida, Jesús nos llama a seguirlo, escuchándolo y creciendo en unión con Él.
Frente al maestro soberbio y duro de corazón, él es el maestro paciente y humilde del que cada día estamos llamados a aprender.

Gracias por su atención. Que el Señor los bendiga. Sigamos cuidándonos y hasta la próxima semana si Dios quiere.

(*)
1.    José Artigas, 1923, Plaza Independencia. Angel Zanelli, italiano (1879-1942).
2.    El Gaucho, 1927. 18 de Julio y Constituyente
3.    Bruno Mauricio de Zabala, 1931. Plaza Zabala, Ciudad Vieja. Lorenzo Coullant Valera, español (1876-1932) con la colaboración de Pedro Muguruza Otaño, arquitecto español.
4.    La carreta, 1934. Parque Batlle. José Belloni, uruguayo (1882-1965). Un jinete acompaña.
5.    Nuevos rumbos, 1948. Parque Rodó (frente a Rambla Pte. Wilson y Av. Julio María Sosa). José Belloni.
6.    La diligencia, 1952. Parque Prado. José Belloni, uruguayo (1882-1965). Un jinete ayuda a salir del lugar donde el vehículo se ha empantanado.
7.    Aparicio Saravia, 1956. Av. Millán, Dr. Luis Alberto de Herrera y Joaquín Suárez. José Luis Zorrilla de San Martín, uruguayo (1891-1975)
8.    Condottiero Bartolomeo Colleoni, 1958. Bv. Artigas, frente a Facultad de Arquitectura. Calco en bronce del original de Verrocchio (Florencia, h. 1435-Venecia, 1488).
9.    Condottiero Gattamelata (Erasmo de Nami), 1963. Av. Italia y Ricaldoni. Calco del original de Donattello (Florencia, Italia, 1386-1466)
10.    San Martín, 1963. Plaza Soldados Orientales de San Martín, Av. Agraciada en la confluencia de las calles Uruguayana y Grito de Asencio. Edmundo Prati, uruguayo (1889-1970)
11.    El entrevero, 1967. Plaza Ing. Juan Pedro Fabini. José Belloni, uruguayo (1882-1965)
12.    Fructuoso Rivera, 1974. Bv. Artigas y Goes, Terminal Tres Cruces. José Fioravanti, argentino (1896-1970), en colaboración con el arquitecto Carlos de la Corcova, argentino.
13.    Manuel Oribe, 1974. Plaza Oribe, Brandsena, Rivera y 18 de Julio. Federico Moller de Berg, uruguayo (1900 - 1991).
14.    Juan Antonio Lavalleja, 1982. Plaza de los Treinta y Tres. Máximo A. Lamela, uruguayo (1918-)
15.    Francisco Solano López, 1985. Rambla Rep. de Chile y Francisco Solano López. Juan Ulrico Habegger Balparda
16.    Simón Bolívar. Plaza Simón Bolívar, Espacio entre La Cumparsita, Santiago de Chile y Rambla Rca. Argentina. No hay datos de fecha de inauguración. Se decidió erigir este monumento por Ley N° 14.974 del 11 de diciembre de 1979.

domingo, 28 de junio de 2020

Misa - Domingo XIII durante el año - Llevar la propia cruz.



Misa celebrada en la capilla Nuestra Señora de Lourdes, Barrio Sóñora, Melo, Cerro Largo, Uruguay.
Parroquia Nuestra Señora del Carmen, Diócesis de Melo.

jueves, 25 de junio de 2020

Tomar la cruz y seguir a Jesús (Mateo 10,38). Domingo XIII del Tiempo durante el año.







Aquella reunión del entrenador con su equipo fue diferente a tantas otras que habían hecho en la previa de un partido. El veterano solía hacer algunas recomendaciones para todos, en general; después algunas indicaciones particulares para cada jugador y terminaba transmitiéndoles un gran ánimo y el llamado a entrar y moverse en la cancha como un verdadero equipo…

Sin embargo, esta vez no estaban en la sala del club donde solían encontrarse. Cada uno, en su casa, miraba a una pantalla donde podían verse y escucharse unos a otros. El viejo entrenador les habló de un partido diferente… un partido sin tiempos, sin otro equipo en la cancha… un partido donde cada uno tenía que seguir jugando en su casa o en el espacio donde pudiera mantenerse en forma… pero donde ninguno debía olvidar la casaca que los identificaba y los hacía sentir equipo, aunque no estuvieran juntos.

Muchas veces Jesús actúa como el entrenador que envía a su equipo, sus discípulos, a jugarse en el terreno.

No los envía sin entrenamiento. Han hecho camino con él. En sus encuentros con la gente lo han escuchado, han visto su forma de actuar… ahora es su turno. Jesús confía en ellos, los envía, pero no deja de hacer las recomendaciones finales del buen entrenador.

Todo el capítulo 10 del evangelio de san Mateo está dedicado al envío de los discípulos en misión.
Mateo 10,1-4: Formación y capacitación del equipo:
Llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia (Mateo 10,1)
Mateo 10,5-15: Planteo del juego, instrucciones, indicaciones concretas:
Vayan proclamando que el Reino de los Cielos está cerca (Mateo 10,7)
Mateo 10,16-36: Una mirada más allá del primer partido, para sostener el empeño frente a fracasos, contrariedades y conflictos.
Miren que los envío como ovejas en medio de lobos… (Mateo 10,16)
Mateo 10,37-40: En el pasaje que escuchamos este domingo, Jesús pide a su equipo fidelidad a él y le señala algo imprescindible para seguirlo: tomar la cruz.
El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. (Mateo 10,38)
Mateo 10,40-42: Finalmente hay unas líneas para lo que, por ahora, podemos considerar la hinchada:
Les aseguro que cualquiera que dé a beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa. (Mateo 10,42)
Desde el principio hubo entre los discípulos quienes estaban todo el tiempo con Jesús y quienes lo recibían en su casa. Recordamos muy bien a Marta, María y Lázaro, amigos y discípulos de Jesús, apoyo para él y para el grupo que siempre lo acompañaba. Jesús considera que ese apoyo no es algo menor; todo lo contrario:
El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a Aquél que me envió. El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, tendrá la recompensa de un justo. (Mateo 10,40-41)
Jesús equipara la hospitalidad dada a un profeta, con la misión del profeta mismo. Jesús alude al pasaje del segundo libro de los reyes (2 Reyes 4, 8-11.14-16a) que escuchamos en la primera lectura, donde una mujer, que no pertenece al Pueblo de Israel, reconoce a Eliseo como hombre de Dios y lo ayuda dándole un lugar donde comer y descansar… Por ese gesto y por la intercesión del profeta, ella recibe de Dios una gracia inesperada: el hijo que nunca había podido tener.

Las palabras de Jesús pueden entenderse como una invitación a los miembros del Pueblo de Dios a colaborar con los sacerdotes, los misioneros, las personas consagradas; pero no es simplemente eso. Jesús no está hablando con esos posibles colaboradores, sino con sus discípulos. A ellos y a todos los que, de allí en adelante, nos dedicamos totalmente al servicio de Dios y de los hermanos, Jesús nos llama a ser agradecidos y a no pensar que lo que se nos da es algo que se nos debe. A través de esos benefactores está actuando la providencia de Dios y ellos están participando en la misión de toda la Iglesia.

Ser cristiano es ser discípulo de Jesús y ser discípulo está profundamente unido con ser misionero. Desde el comienzo, Jesús designó a doce,
"para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar" (Marcos 3,14). 
 Los obispos de América Latina, reunidos en Aparecida en 2007 expresaron así la identidad de los cristianos: “discípulos misioneros de Jesucristo”.

Leyendo el resto del capítulo 10 de san Mateo, algunos bautizados podrían decir “eso está muy bien… para los misioneros y misioneras, para los que dejan su tierra y van a otros países a anunciar el evangelio: sacerdotes, personas consagradas, voluntarios… pero ¿qué pasa con los que seguimos nuestra vida de todos los días, nuestra vida de familia y de trabajo?".

Quienes se hagan esa pregunta podrían responderse diciendo que su parte de la misión ya la cumplen con esa valiosa colaboración de la que hablamos antes… pero algunos hacen mucho más: yendo a Misa, prestando algún servicio dentro de la comunidad… catequistas, animadores, ministros… integrantes de una comunidad eclesial de base, del movimiento de Cursillos de Cristiandad o de otros movimientos… o trabajando en ayudas sociales como la heladera solidaria, la pastoral carcelaria, la visita a los enfermos… todo eso está muy bien. Quien lo haga, siga haciéndolo y quien no lo hace y le gustaría hacerlo… pues… ¡anímese!

Pero la misión es todavía más amplia. Todos los bautizados la compartimos desde nuestras diferentes situaciones de vida. Para todos nosotros son las palabras de Jesús que nos llaman a obrar la misericordia (Mateo 5,7), trabajar por la paz (Mateo 5,9), vivir en la justicia de Dios (Mateo 5,10), ser sal de la tierra y luz del mundo (Mateo 5,13-14). La Iglesia, la comunidad de los discípulos de Jesús, no es un pequeño equipo en la cancha, alentado por miles de hinchas… todos somos equipo, todos compartimos la misión, todos nos movemos en el terreno.

El Concilio Vaticano II dejó una enseñanza muy clara sobre esto. Después de señalar la misión propia de los ministros ordenados y de las personas consagradas, nos habla de la misión específica de los laicos, inmensa mayoría del Pueblo de Dios. Esa misión la viven en las condiciones de la vida familiar, en el trabajo, en la vida social, “con las que su existencia está como entretejida”. Allí, en el mundo, en la historia, se les pide que
“guiados por el espíritu evangélico, contribuyan a la santificación del mundo como desde dentro, a modo de fermento. Y así hagan manifiesto a Cristo ante los demás, primordialmente mediante el testimonio de su vida, por la irradiación de la fe, la esperanza y la caridad” (Lumen Gentium, 31).
Es así como las indicaciones, consejos y avisos de Jesús hay que tomarlos para todos. Todos jugamos. Más aún, en estos tiempos de pandemia. Nadie puede quedarse en la tribuna… pero entonces, para seguir a Jesús, para dar testimonio de Él con nuestra vida, hay que ponerse la camiseta…
“Si alguno quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mateo 10,38)
La cruz no es solo una carga que me tocó, que me cayó en la vida… no es algo que tengo que recibir con resignación, sino con decisión.

La cruz con la que sigo a Jesús es, de otra forma, su misma cruz, la que viene del rechazo a su palabra, a su obra, a su amor.

Si en nuestra vida tomamos nuestra cruz, descubriremos que no estamos solos…Jesús, el que cargó con su cruz, el que murió y resucitó, nos acompaña, nos anima y nos da fuerzas. Lo dice san Pablo:
“Todo lo puedo en Aquel que me fortalece” (Filipenses 4,13)
Amigas y amigos, no tengamos miedo a la cruz, no la rechacemos… confiemos en que la llevaremos por Cristo, con Él y en Él. Gracias por su atención. Que el Señor los bendiga, cuídense mucho y hasta la próxima semana si Dios quiere.

miércoles, 24 de junio de 2020

Natividad de san Juan Bautista


Una reflexión sobre la solemnidad que celebramos hoy... fiesta patronal en la parroquia de Río Branco y la capilla de la Obra Social Salesiana "Picapiedras", Melo. (El video es de 2018, cuando el 24 de junio cayó en domingo).

sábado, 20 de junio de 2020

Horarios de Misa en la Diócesis de Melo

Estos son los horarios previstos para iniciar las celebraciones con presencia de fieles, que deberán realizarse de acuerdo con el protocolo que fue entregado a las diferentes organizaciones religosas la semana pasada.
Estos horarios fueron comunicados a Secretaría de la Presidencia de la República el 19 de junio, fecha prevista para el comienzo de estas celebraciones.
Sin embargo, es posible que se vayan haciendo ajustes y se suspendan algunas celebraciones, en la medida en que haya cambios de situación.
Trataremos de ir actualizando la información.
Última actualización: 29 de junio, 11:00 horas.

1.    Parroquia Catedral Nuestra Señora del Pilar y San Rafael. (Melo)

Cambios a partir del sábado 4 de julio, indicados en rojo.
Iglesia Catedral.
Lunes a sábado 19:00
Domingo 11:00

Capilla San Antonio
Domingo 9:30

Capilla Buen Pastor
Domingo 9:30

Capilla Santa Teresita
Viernes 16:00

Capilla San Pablo
Sábado 17:00

Capilla San Pedro (La Pedrera, ruta 26 hacia Río Branco)
Segundo sábado de mes 15:30

2.    Parroquia Nuestra Señora del Carmen, Melo


Sede parroquial
Domingo a viernes 19:30
Sábado 18:30

Capilla Ntra. Sra. de Lourdes, Barrio Sóñora
Sábado 16:00

Capilla Virgen del Rosario de S. Nicolás, Barrio López Benítez
Domingo 16:00

3.    Parroquia S. Domingo Savio, Melo

A partir del sábado 4 de julio, nuevos horarios (los indicados en rojo):
Sede parroquial:
Sábado 17:00
Domingo 17:00

Capilla San Juan Bautista
Lunes 17:00

Capilla Santa Cruz
Viernes 18:00

4.    Parroquia San José Obrero, Melo

A partir del sábado 4 de julio, nuevos horarios (los indicados en rojo):
Iglesia parroquial
Domingo 10:00

Teatro parroquial
Domingo 17:00

Capilla Sagrada Familia
Domingo 8:00

Capilla Virgen de los Treinta y Tres, barrio Ruiz
Sábado 15:00

5.    Parroquia Cristo Rey, Aceguá – Noblía (Cerro Largo)


Sede parroquial (Aceguá)
Domingo 9:30

Capilla Nuestra Señora de Fátima (Noblía)
Sábado 16:30

Sarandí de Aceguá
Primer domingo de mes 15:30

Mangrullo
Tercer miércoles de mes 15:30

La Mina
Cuarto sábado de mes 15:00

La Lata
Tercer domingo de mes 15:30

6.    Parroquia San Juan Bautista, Río Branco (Cerro Largo)


Iglesia de la Inmaculada (sede parroquial)
Domingo 09:00

Capilla San José
Domingo 11:00

Sábado. Misa en diferentes capillas (a confirmar)
San Alberto, 27 de junio, 16:00

7.    Parroquia Santísimo Redentor, Fraile Muerto (Cerro Largo)


Domingo 17:00

8.    Parroquia San José, Tupambaé (Cerro Largo)


Domingo 10:00

Ciudad de Treinta y Tres: todas las Misas con presencia de fieles fueron suspendidas desde el 20 de junio, ante la aparición de varios casos de COVID-19.

9.    Parroquia San José Obrero, ciudad de Treinta y Tres


Martes a viernes 19:00
Sábado 16:30
Domingo 19:30


10.    Parroquia Virgen de los Treinta y Tres, ciudad de Treinta y Tres

Sede parroquial
Miércoles y viernes 17:00
Sábado 17:00
Domingo 10:00

Oratorio San José
Primer jueves de mes 15:00


11.    Parroquia El Salvador, ciudad de Treinta y Tres

Domingo 10:00

12.    Parroquia Santísimo Sacramento, Vergara (Treinta y Tres)


Sede parroquial:
Lunes a sábado 17:00
Domingo 10:00

Centro Pallotti (Vergara)
Miércoles 16:00

Arrozal Treinta y Tres. Capilla San Cayetano.
Primer domingo de mes 16:00

Pueblo El Oro
Segundo domingo 16:00

Plácido Rosas (Dragón). Capilla San Luis Gonzaga.
Tercer domingo de mes 15:30

Rincón. Capilla Inmaculada Concepción.
Tercer domingo de mes 17:00

13.    Parroquia María Auxiliadora, Charqueada (Treinta y Tres)

Misas con presencia de fieles suspendidas desde el 27 de junio.
Sábado 16:00
Domingo 10:00

14.    Parroquia Santa Clara de Asís, Santa Clara de Olimar (Treinta y Tres)


Sede parroquial:
Domingo 10:00
Jueves 16:00

Capilla Nuestra Sra. de Lourdes, MEVIR
Domingo 16:00

15.    Parroquia Sagrado Corazón de Jesús, Cerro Chato (Treinta y Tres)

Misas con presencia de fieles suspendidas desde el 27 de junio.
Iglesia Parroquial
Domingo 10:00
Primer viernes de mes 16:00

Capilla San Miguel, Valentines (a partir del 27 de junio)
Sábado 17:00

viernes, 19 de junio de 2020

Amor divino, corazón humano. Sagrado Corazón de Jesús.






“Durante muchos años enseñé que el corazón no es más que un músculo de paredes gruesas y contráctiles, que bombea la sangre a través de las arterias para distribuirla por todo el cuerpo…”
más o menos con esas palabras comenzó hablando el viejo profesor (1) de “Anatomía, fisiología e higiene” el día en que se despidió de sus alumnos y colegas del Liceo. Y prosiguió diciendo: “pero hoy siento que el corazón me habla y con él quiero hablarles a ustedes…”

En nuestro mundo el corazón representa el lugar de los sentimientos y emociones. Su figura estilizada es símbolo de amor y amistad y con ese sentido va y viene en muchos mensajes que hoy enviamos y recibimos.

En el mundo bíblico, el corazón es el centro de la persona y representa su intimidad más profunda. Es el lugar de los sentimientos, sí, pero de todos ellos: del amor y la bondad; pero también del odio y la maldad.
“El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca lo bueno, y el malo, del mal tesoro del corazón saca lo malo. Porque de lo que abunda en el corazón habla la boca. (Lucas 6,45)
Por eso, en el libro de los Proverbios aparece esta recomendación:
“Por encima de todo cuidado, guarda tu corazón, porque de él brotan las fuentes de la vida”. Proverbios 4,23
No olvidemos que, en esa visión bíblica,
“la vida de la carne está en la sangre” (Levítico 17,11).
Los antiguos no conocían el sistema circulatorio, pero veían la relación del corazón con la sangre: “de él brotan las fuentes de la vida”, es decir, de él brota la sangre, vida de hombres y animales.

Desde aquí nos acercamos al corazón de Jesús, al que está dedicado el mes de junio y cada primer viernes y cuya solemnidad se celebra este año el viernes 19 y, en algunos lugares, el domingo siguiente.

La devoción al corazón de Jesús comenzó en el siglo XVII, a partir de las visiones de santa Margarita María de Alacoque. En su época se había extendido el movimiento conocido como jansenismo, iniciado algunas décadas antes,
“que predicaba que no tanto ha de amarse a Dios como padre cuanto temérsele como implacable juez” (Pío XI, Miserentissimus Redemptor, 1928).
Frente a esa imagen de un Dios lejano y terrible,
“Jesús mostró su corazón como bandera de paz y caridad desplegada sobre las gentes” (Pío XI, íd.).
¿Qué es lo que nos muestra el corazón de Jesús? Nos muestra un Dios capaz de padecer y de compadecer, de vivir la pasión y la compasión.

Dios no se pone al margen del sufrimiento humano. Se conmueve por la conducta y el destino del hombre. Su sufrimiento lo hace intervenir, lo compromete.
De esto encontramos muchas expresiones, ya desde el libro del Génesis, en las palabras a Caín:
«¿Qué has hecho? Se oye la sangre de tu hermano clamar a mí desde el suelo» (Génesis 4,10)
O en el libro del Éxodo, escuchando el grito de todo un pueblo:
«Los israelitas, gimiendo bajo la servidumbre, clamaron, y su clamor, que brotaba del fondo de su esclavitud, subió a Dios. Oyó Dios sus gemidos, y se acordó Dios de su alianza con Abraham, Isaac y Jacob» (Éxodo 2,23-24).
En Jesús, esta compasión se hace tanto compasión divina como humana:
Al ver a la multitud, sintió compasión de ellos, porque estaban cansados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor (Mateo 9,36).
Pero la acción de compadecer de Dios hacia nosotros tiene también otro punto de vista y es el padecer de Dios. Ya en el Antiguo Testamento aparece la queja de Dios frente a la indiferencia humana:
“Me he dejado encontrar por quienes no preguntaban por mí.
Me he dejado hallar por quienes no me buscaban.
Dije “aquí estoy, aquí estoy” a gente que no invocaba mi nombre.
Alargué mis manos todo el día hacia un pueblo rebelde que sigue un camino equivocado”
(Isaías 67,1-2)
El Hijo eterno de Dios se hizo hombre en Jesucristo. En Jesús, Dios no solo hace algo, sino que soporta algo: padece. La acción de Dios va a la par de un sufrimiento de Dios, un sufrimiento por nosotros, un sufrimiento salvador.
Detrás del amor compasivo de Jesús, detrás de su compasión, está su pasión, su entrega en la cruz. Santa Margarita María cuenta que, en una de sus visiones, Jesús le manifestó
"su puro amor, con que había amado hasta el exceso a los hombres, recibiendo solamente de ellos ingratitudes y desconocimiento"
"Eso fue lo que más me dolió de todo cuanto sufrí en mi Pasión, mientras que si me correspondiesen con algo de amor,tendría por poco todo lo que hice por ellos y, de poder ser, aún habría querido hacer más.Mas sólo frialdades y desaires tienen para todo mi afán en procurarles el bien."
Ingratitud, desconocimiento, frialdad, desdén. Estas actitudes humanas, que son a veces nuestras propias actitudes, provocan el reclamo de Jesús… es como una segunda pasión. Jesús va a la cruz sufriendo el rechazo de los hombres que lo condenan a muerte, pero transforma esa muerte en ofrenda de amor… Aun así, hay quienes no se conmueven… y no miremos a los costados: muchas veces nosotros también somos fríos, indiferentes al amor de Dios y eso nos hace también indiferentes al hermano, al prójimo que sufre.

Jesús nos dejó su mandamiento nuevo:
“Ámense unos a otros, como yo los he amado.” (Juan 13,34).
“Como yo los he amado”: con los sentimientos de su corazón. A menudo rezamos diciendo: “Señor Jesús, haz nuestro corazón semejante al tuyo”… se necesita un gran valor y una gran confianza en Dios para pedir eso… pero es lo que nos recomienda san Pablo:
“Tengan entre ustedes los mismos sentimientos que Cristo” (Filipenses 2,5).
Contemplemos nuevamente a Jesús en su pasión, en su entrega por la que “se despojó a sí mismo tomando la condición de servidor” (Filipenses 2,7). Escuchémoslo en la cena después de lavar los pies a sus discípulos:
“les he dado ejemplo, para que también ustedes hagan como yo he hecho con ustedes”. (Juan 13,15)
Hijo de Dios, que quisiste hacerte hombre para poner la inmensidad del amor divino en un corazón humano, haz nuestro corazón semejante al tuyo… un corazón que palpite, que padezca y compadezca, para amar a nuestros hermanos que más sufren, con el mismo amor con que tú nos amaste.
Gracias, amigas y amigos por su atención. Que el Señor Jesús los guarde en su corazón y hasta la próxima semana si Dios quiere.

(1) El profesor, que no era en realidad tan viejo, pero que sí estaba dejando la docencia, era el Dr. José Levín, que fue mi profesor de "Anatomía, Fisiología e Higiene" en el año 1968. El Liceo era el primer Liceo de Young, en su origen creado por iniciativa popular. Muchos de esos profesores, que continuaron cuando el sistema estatal se hizo cargo de la institución, eran profesionales como el Dr. Levín. Actualmente el edificio del viejo Liceo es la Casa de la Cultura de Young y el ahora "Liceo N° 1 - Mario Long" funciona en el local que se habilitó en 1975 como anexo del "liceo viejo".

viernes, 12 de junio de 2020

Protocolo de la CEU (Conferencia Episcopal del Uruguay) para la reapertura de las celebraciones litúrgicas con participación de fieles.





Protocolo avalado por el Ministerio de Salud Pública que incluye las disposiciones del protocolo firmado en Presidencia de la República el jueves 11 de junio de 2020.


Queridos Hermanos:

Una vez más nos dirigimos a ustedes en este tiempo de pandemia, con todas sus consecuencias familiares, económicas, sociales y eclesiales. Agradecemos al Señor y a nuestro pueblo la enorme solidaridad que se ha suscitado en este tiempo.

La Eucaristía es la fuente y culmen de la vida de la Iglesia. La Iglesia hace la Eucaristía y la Eucaristía hace a la Iglesia. Este tiempo que hemos vivido a causa de la pandemia sin la participación de fieles en las celebraciones eucarísticas y con la suspensión de toda otra actividad que supone la asistencia de fieles (celebraciones sacramentales, catequesis, encuentros de grupos, fiestas patronales) ha sido un dolor y un desafío. De un modo especial ha sido muy difícil vivir la Semana Santa y particularmente la Pascua con estas restricciones.

La respuesta masiva de los fieles a participar de las celebraciones por los diversos medios de comunicación ha sido muy satisfactoria y llena de consuelo este momento que estamos viviendo.
Creemos que, con toda la prudencia del caso y tomando las medidas necesarias para evitar en lo posible los contagios, debemos poco a poco ir retomando la vida eclesial y litúrgica de la Iglesia con participación física de los fieles.

En diálogo con el gobierno nacional y con la participación de otras comunidades religiosas, hemos acordado los criterios y el protocolo para abrir las celebraciones a la participación de los fieles. A su vez hemos agregado elementos propios de la celebración de la Misa. Esta reapertura  se ha acordado que se hará en tres fases dependiendo de la evolución de la pandemia.

Algunos criterios generales para la celebración en parroquias o iglesias públicas:

1.    Continúa la exhortación a mantener los cuidados necesarios en este tiempo de emergencia sanitaria, (quedarse en casa, uso de barbijo o tapaboca, mantener la distancia requerida al hablar, etc).

2.    Continúa vigente la suspensión del precepto dominical, especialmente para todos los fieles mayores de 65 años o con problemas de salud que aconsejen precauciones especiales.

3.    Toda persona que tenga síntomas o sospechas de poder estar contagiada no deberá participar de ninguna celebración.

4.    La participación de los fieles en las celebraciones se hará en tres fases.

5.    A partir del día viernes 19 de junio, Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, las celebraciones eucarísticas con participación de fieles se deberán ajustar al siguiente protocolo (Fase 1), que rige hasta nuevo aviso.

Protocolo Fase 1:

Cantidad admitida de participantes y disposición de los mismos

1.    En cada iglesia, el número límite de participantes (aforo), que se deberá respetar estrictamente, estará escrito en la puerta. Una vez completado este número, nadie más podrá ingresar a la celebración. Para todas las iglesias, el aforo permitido será de un tercio del total de personas que caben sentadas (p ej: si en la iglesia caben 150 personas sentadas, el número máximo de personas en cada celebración no podrá superar las 50).

2.    A su vez, los fieles que participen de la celebración deberán mantener la distancia sugerida entre unos y otros (dos metros), por lo que deberá haber no más de dos o tres personas por banco, dependiendo de la longitud del mismo, (exceptuando familiares que vivan bajo el mismo techo).

3.    En las iglesias en que sea necesario, se deberá implementar el servicio de ostiariado, es decir de portería, para contar el número de fieles, restringir la entrada una vez alcanzado el número máximo y dar indicaciones, si fuera necesario, sobre la distancia que se debe observar en los bancos.

4.    Se deberá realizar un registro de los asistentes y sus números de celulares o teléfonos respectivos para ser localizados en caso de ser necesario.

Normas de higiene

4.    En la sacristía se deberá usar tapabocas e higienizar bien las manos antes de preparar los implementos para las celebraciones como hostias, vino, agua, etc.

5.    Deberá haber puertas y ventanas abiertas para mantener ventilación durante las celebraciones y evitar el contacto con pomos y picaportes al entrar y salir.

6.    Los micrófonos empleados para la celebración deberán tener una protección conveniente, como papel film.

7.    En la entrada de las iglesias deberá haber alcohol en gel para que los fieles, sin excepción, desinfecten sus manos al ingresar. 

8.    Se exhortará a los fieles a no tocar las imágenes de los santos ni otros objetos de devoción que pudiera haber en las iglesias.

9.    Durante la celebración, no se emplearán libros de cantos, así como se evitará que haya estampas u otros objetos similares en los bancos. Quienes llevan adelante la animación musical (dos o tres personas) deberán respetar estrictamente la distancia propuesta, no podrá haber un coro, se recomienda emplear grabaciones.

10.    Los fieles, sin excepción, permanecerán de tapaboca mientras estén en la parroquia o capilla, aunque haya concluido la celebración. Por esta razón, en lo posible habrá tapabocas descartables para poner a disposición de quien no lo haya llevado.

11.    Sobre el altar, la patena o copón que se va a consagrar, así como el cáliz deberán estar tapados con la palia, un purificador o con papel film.

12.    Se insta a los fieles a saludarse sin ningún contacto físico y continúa la supresión del saludo de la paz. Esto rige también para el saludo del sacerdote a los fieles una vez terminada la celebración. En caso de hacerse, se evitará el contacto físico.

13.    La colecta de la misa se hará antes de la bendición final.

14.    Antes y después de cada celebración se deberá desinfectar convenientemente el espacio sagrado, tanto el presbiterio como la asamblea.

15.    Por recomendación del MSP (Ministerio de Salud Pública): ventilar el espacio, limpiar con agua, jabón, seguido de desinfección con hipoclorito en pisos y superficies duras. Alcohol al 70 % en bancos, respaldos, apoya brazos, barandas y superficies que se toquen frecuentemente.

16.    Las celebraciones tendrán una duración máxima de 45 minutos, y no se podrá realizar más de un oficio por día en el mismo local.

17.    Cada diócesis deberá enviar a  (ceremoniasreligiosas@presidencia.gub.uy) los días y horarios de las celebraciones.

18.    Se realizarán testeos aleatorios a cargo de ASSE.

Disposiciones acerca de la sagrada comunión

19.    La comunión se recibirá siempre en la mano.

20.    Durante la procesión para recibir la comunión, los fieles mantendrán entre unos y otros la distancia indicada de dos metros.

21.    El sacerdote y otros ministros de la comunión deberán tener alcohol en gel y desinfectar sus manos antes y después de dar la comunión a los fieles. Al dar la comunión deberán usar tapabocas.

22.    Las demás celebraciones litúrgicas y actos de culto deberán adecuarse también a estas normas.


Para Montevideo:

1.    En las iglesias en que sea necesario el párroco o rector podrá instrumentar la inscripción previa para participar de la santa misa. Una vez completado el número de asistentes se deberá inscribir para una misa de otro día.

2.    En algunos casos, excepcionalmente, el párroco o rector podrá habilitar un salón como capilla provisoria donde un sacerdote pueda celebrar simultáneamente otra misa en el mismo horario, cumpliendo cabalmente las mismas disposiciones.

jueves, 11 de junio de 2020

Entregado por nosotros. Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo.





Hornear pan en casa. Una de las cosas que, en estos días, muchos han hecho por primera vez, entre tantas otras que nunca habíamos hecho.
El pan es un alimento muy antiguo. La expresión bíblica
“ganarás el pan con el sudor de tu frente” (Génesis 3,19)
nos está diciendo que el pan ya era conocido en tiempos lejanos, pero también que ya era considerado un símbolo de todos los alimentos.

Detrás de un simple pan hay muchas tareas: no solo amasar, leudar, hornear, sino todo lo previo, todo lo que significa llegar a producir un poco de harina y otros ingredientes.
En la Misa decimos que el pan -y el vino- que ofrecemos son “fruto de la tierra y del trabajo de los hombres” y es verdad. De mucho trabajo.

Este domingo celebramos la solemnidad del santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. Con ella volvemos a la última cena. Jesús les dijo a sus discípulos que iban a celebrar la Pascua. En la cena pascual se hacía una serie de ritos y oraciones y se iba comiendo distintos alimentos: el principal era el cordero. Pero en el marco de esa cena, Jesús introdujo algo nuevo: partió el pan y lo presentó a sus discípulos, diciendo: “tomen y coman todos de él, porque esto es mi cuerpo”. Luego les pasó el vino diciendo “tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi sangre”.

Cuerpo y sangre… normalmente, están juntos. La sangre circula dentro del cuerpo llevando oxígeno y nutrientes a todas las células. Si la sangre sale del cuerpo, si nos desangramos, sobreviene la muerte. La sangre es vida y así era percibida en el mundo bíblico:
“la vida de la carne está en la sangre” (Levítico 17,11).
Al presentar así, por separado, el pan como “mi cuerpo” y el vino como “mi sangre”, Jesús está anticipando su muerte. Está anunciando que su sangre se separará de su cuerpo, que va a morir. Pero al mismo tiempo, les dice a sus discípulos que coman su cuerpo y beban su sangre. Los quiere hacer participar de lo que se viene, porque su muerte va a ser un sacrificio.

¿Qué es un sacrificio? Hoy, humanamente hablando, hacer un sacrificio es renunciar a un bien para alcanzar un bien mayor para sí mismo o para otros. Conservar la salud exige sacrificios. El deportista se sacrifica para alcanzar un mejor rendimiento. Los padres se sacrifican por sus hijos.

Pero la palabra tiene un origen religioso. De diferentes formas, los sacrificios hacen parte de casi todas las expresiones religiosas que ha conocido la humanidad. Sacrificar significa hacer que una cosa se haga sagrada. Entregarle a Dios una ofrenda: un objeto, un fruto de la cosecha, un animal del rebaño o, incluso, una vida humana.

En la antigua religión de Israel, el mundo del que viene Jesús, había varios tipos de sacrificios. Uno de ellos, que nos interesa especialmente, es el sacrificio de comunión (Levítico, capítulo 3). Se podía hacer como un acto de agradecimiento y unión con Dios o como cumplimiento de una promesa. Lo que tiene de particular es que la víctima se repartía en tres: una parte para Dios, otra para los sacerdotes y otra para el o los oferentes, que la comían como una cosa santa.
Para Dios se reservaba la sangre, que era derramada alrededor del altar; la grasa y parte de las vísceras, que eran quemadas sobre el altar. Estaba claramente mandado:
“Ustedes no comerán nada de grasa ni de sangre” (Levítico 3,16) 
porque esa es la parte de Dios. Lo demás se asaba y se comía. Comer era importante, porque comiendo se participaba del sacrificio.

La última cena tiene algo de aquello de
“un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas” (Mateo 13,52). 
Cena pascual, sacrificio de comunión: cosas viejas que los discípulos conocen. Todo eso, que pertenece a la primera alianza, ha preparado el camino para lo nuevo que trae Jesús: la nueva alianza sellada con su sangre (Mateo 26,28).

Los sacrificios y el sacerdocio de Israel y, en general, el antiguo testamento, son como una prefiguración, una imagen a veces borrosa, una sombra de lo que será la realidad definitiva que Jesús trae. El grupo de creyentes que ofrecía un sacrificio de comunión en el templo, sin duda vivía un profundo momento de unión con Dios, al comer de lo que ellos habían ofrecido; pero Jesús cambia todo porque es él quien se ofrece, es él quien se sacrifica y es él el quien se da a comer para que alcancemos la unión con Él.

Además de partir el pan y de entregar por separado su cuerpo y su sangre, las palabras de Jesús dan sentido a esos gestos. Mencionamos “tomen y coman, tomen y beban; esto es mi cuerpo, esta es mi sangre”. Pero Jesús dice que su cuerpo “será entregado por ustedes”

¿Por quién será entregado Jesús? “Entregado” tiene muchos sentidos: es entregado por Judas a las autoridades judías. Es entregado por éstas a la autoridad romana. Eso es verdad, pero eso es el plano humano. No estamos equivocados cuando decimos que es Jesús quien se entrega:
“Me amó y se entregó por mí” (Gálatas 2,20), 
dice san Pablo.
Pero no se dice quien entrega a Jesús. Se dice “será entregado”. Es una voz pasiva. Muchas veces, en el Evangelio, esa voz pasiva está indicando veladamente la acción de Dios.
“Felices los afligidos, porque serán consolados” (Mateo 5,5). 
Dios los consolará.
“Hijo, tus pecados te son perdonados” (Marcos 2,5). 
Dios te perdona.

Así, Jesús es “el entregado”.
  • Los hombres lo entregan a la muerte por rencor y envidia.
  • Jesús entrega su vida por todos y cada uno.
  • El Padre entrega a su Hijo para que los hombres tengan vida en Él.

También dice Jesús:
Mi cuerpo será entregado por ustedes. Mi sangre será derramada por ustedes y por muchos.
Esta expresión, “por ustedes” puede tener dos sentidos:
Uno es “en lugar de ustedes”. Los suplentes de un equipo de fútbol tienen bien claro ese uso. Fulano entra por Mengano. Mengano salió, Fulano entra a jugar en lugar de él.
Si pensamos en qué cancha entró Jesús, más que a jugar a jugarse por nosotros, a jugarse en lugar de nosotros, nos estremecemos. No es lo mismo mirarlo recorrer el via crucis y morir en el calvario pensando “pobre, lo que le pasó” que pensando “él está donde iba a estar yo”. Jesús se entrega por nosotros: en tu lugar, en mí lugar, en el lugar de cada uno de nosotros.

“él soportaba nuestros sufrimientos y cargaba con nuestras dolencias… fue traspasado por nuestras rebeldías y triturado por nuestras iniquidades. El castigo que nos da la paz recayó sobre él y por sus heridas fuimos sanados”. (Isaías 53,4a.5)
El otro sentido de ese por es “en favor de ustedes”.
Dijimos que un sacrificio es la renuncia a un bien para alcanzar un bien mayor: en Jesús, es la renuncia a la propia vida para que nosotros tengamos vida en Él.

El crucifijo en nuestras Iglesias está para recordarnos eso:
  • que el Padre nos ha amado tanto como para entregar a su propio Hijo para que nos salvemos por Él;
  • que el Hijo nos ha amado tanto como para dar su propia vida para que nosotros tengamos vida;
  • que el Espíritu de Amor, el Espíritu del Padre y el Hijo, que es amor, hace posible que Jesús esté presente con su cuerpo y con su sangre para alimentar nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor.
Amigas y amigos, no podemos recibir la Eucaristía sin vivir en el amor; pero no cualquier amor, cualquier sentimentalismo, sino en el amor de Jesús, que se jugó por nosotros, que dio su vida por nosotros. Y el amor de Jesús se vive con Él, dando la vida cada día, aún en nuestros gestos más pequeños.

Gracias por su atención. Que el Señor los bendiga y hasta la próxima semana si Dios quiere.

jueves, 4 de junio de 2020

Medir y pesar lo que importa en nuestra vida. Homilía en la Misa Crismal.


Queridas hermanas, queridos hermanos:

La Misa Crismal, que estamos celebrando, tiene siempre un significado especial, que va más allá del momento mismo que estamos viviendo.
Esta Misa toma su nombre del Santo Crisma, el óleo que hoy será consagrado y que se utiliza en la administración del Bautismo y, muy especialmente, en el sacramento de la Confirmación.
Asimismo, en esta celebración serán bendecidos el óleo para el sacramento de la Unción de los Enfermos y el óleo para la unción de los catecúmenos.
Estos aceites, al ir llegando a las parroquias y al ir volviendo a congregarnos en nuestros templos, serán empleados desde ahora hasta la próxima Misa Crismal, que esperamos volver a celebrar, como normalmente se hace, en el marco de la próxima Semana Santa.

Hemos elegido este día, jueves siguiente a Pentecostés, porque hoy la Iglesia celebra a Jesucristo, Sumo y Eterno sacerdote. El Santo Crisma, con el que fuimos ungidos en el Bautismo y la Confirmación, nos recuerda que todo el Pueblo de Dios participa del sacerdocio de Cristo. En el sacerdocio común de los fieles, “todos somos sacerdotes”, como nos recordaba siempre Mons. Roberto Cáceres.

Hoy, también, los presbíteros y los diáconos renuevan las promesas que hicieron en sus respectivas ordenaciones. Algunos de ellos están aquí presentes; otros, al igual que muchos diocesanos, están participando a la distancia.

Quienes participamos del sacerdocio de Cristo por el sacramento del Orden, pedimos al Señor que reavive el don que hemos recibido por la imposición de las manos de un sucesor de los apóstoles.
“El Espíritu que Dios nos ha dado no es un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de sobriedad”, (2 Timoteo 1,7)
escribía san Pablo a Timoteo. Más que nunca, los ministros ordenados necesitamos esa fuerza, esa capacidad de vivir en austeridad y, sobre todo, de amar a nuestro prójimo y de conformar nuestra vida con el misterio de la Cruz del Señor, como se nos dijo en la ordenación sacerdotal.

El año pasado nuestra diócesis hizo un camino de reuniones y asambleas para elaborar un proyecto pastoral diocesano, que esperábamos comenzar a llevar adelante este año. Planificamos también algunos eventos. Sorpresivamente, el mundo vio caer todos los planes y proyectos, y nosotros vimos también interrumpidos los nuestros. Podríamos decir “se nos quemaron los papeles” … tal vez no; espero que no; pero, sin duda, los tenemos que releer con otra mirada y tendremos que incorporar una nueva perspectiva hacia delante.

Todo tiempo de crisis obliga a medir y pesar las cosas que llenan nuestra vida. A muchas de ellas les podríamos decir:
“has sido pesada en la balanza y encontrada falta de peso” (cf. Daniel 5,27). 
¡cuántas de las cosas en las que ponemos esfuerzos e ilusiones han mostrado ser livianas y de muy segundo orden!

Como decía una vieja canción: “las cosas son importantes, pero la gente lo es más”. Por eso, lo que tiene peso es la cercanía o el recuerdo de personas queridas: familiares, amigos, hermanos y hermanas en la fe, con las que hemos compartido o estamos compartiendo alguna etapa de nuestra vida… algunas ya no están, con otras estamos en una relación fluida, pero otras se sorprendieron o nos sorprendieron con una llamada o un mensaje. También en este tiempo algunos han vivido un doble duelo, al perder a alguien de quien no pudieron despedirse. La pregunta “¿cómo estás pasando?” no es una mera fórmula; es una pregunta -también- de peso, porque cada uno tiene algo que contar de este tiempo inédito. La sombra de la enfermedad y de la muerte nos han hecho sentir el valor de cada momento que hemos podido compartir o que compartimos aún con las personas queridas. Más aún, nos ha hecho comprender más profundamente el valor de cada vida, el valor de cada persona que viene a este mundo.

Este tiempo sin encuentros presenciales nos ha llevado a buscar otras alternativas de comunicación, tal como lo estamos viviendo en este momento, con muchos más hermanos y hermanas que están del otro lado de una pantalla, con el corazón y el espíritu en lo que acontece en esta catedral. Eso que llamamos “la tecnología”, es decir, todas las posibilidades de la comunicación que están hoy a disposición de muchos, nos ha ayudado para mantener el contacto y seguir caminando juntos. Muchos hemos tenido que aprender a utilizar mejor esos recursos y tendremos que seguir aprendiendo; algunos de ellos se quedarán en nuestra vida diocesana y se seguirán desarrollando. Bienvenidos sean, en la medida en que nos ayuden a profundizar nuestra vida de fe y nuestros vínculos de comunión; pero, también, a coordinar y realizar acciones solidarias, que serán cada día más necesarias en este invierno que se aproxima y cuando las consecuencias económicas y sociales de esta pandemia se manifiesten con mayor crudeza. Acciones que, en algunas comunidades, ya se vienen haciendo: ya desde la propia comunidad o desde las obras sociales o uniéndose a iniciativas que surgen en la sociedad.

El pasado 27 de marzo, al atardecer, en una solitaria plaza de San Pedro, el Papa Francisco nos ofrecía una profunda meditación sobre el tiempo que estamos viviendo, a partir del episodio de la tempestad calmada, que encontramos en el evangelio de Marcos (4,35-41), un texto que tendremos que retomar en nuestra reflexión diocesana.

El relato del evangelio, señala el papa, comienza “al atardecer”, es decir, en el momento en que la luz del día nos abandona. En nuestra vida moderna eso no significa lo mismo que en un mundo donde la noche apenas puede ser iluminada con la llama de una fogata o una lámpara de aceite. Sin embargo, aún con todas nuestras comodidades actuales, nos hemos sentido de pronto invadidos por la oscuridad al encontrarnos con nuestros límites, al sentir que ya no éramos totalmente dueños de nuestras vidas y que no teníamos el control en nuestras manos. En el fondo, ha sido un reencuentro con nuestra condición humana: no somos dioses; somos criaturas frágiles y vulnerables.

No sólo la oscuridad rodeaba a los discípulos; la barca en la que estaban cruzando el lago era sacudida por una fuerte borrasca y las olas la estaban llenando de agua. ¿Y dónde estaba Jesús? Jesús estaba dentro de la barca, pero estaba durmiendo.
“Dormía tranquilo, confiado en el Padre”,
dice el papa. Cuando los discípulos lo despertaron, Jesús calmó la tempestad y después les preguntó: “¿por qué tienen miedo? ¿todavía no tienen fe?”.
“En esta barca estamos todos”, 
señala Francisco. No es solo la barca de la Iglesia: es la humanidad. Todos nos encontramos allí, frágiles y desorientados. Aún aquellos que, desde altos cargos en el mundo, quisieron con prepotencia ignorar la situación, se han encontrado frente a sus contradicciones ante una situación cambiante y desafiante. No ha sido fácil para nadie tomar decisiones, tanto para el mayor cuidado de la vida, como para ir volviendo a la circulación y a las actividades. Al mismo tiempo, señala Francisco, esa conciencia de estar en la misma barca nos hace vernos unos a otros
“importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente (…) descubrimos que no podemos seguir cada uno por nuestra cuenta, sino [todos] juntos”.
Todos juntos, sí… nos cuesta, nos cuesta romper el individualismo, nos cuesta romper los intereses de grupo para mirar al bien común; nos cuesta, pero es necesario; nos cuesta, pero no basta, si estamos juntos, pero no está Jesús.

Jesús pregunta: “¿todavía no tienen fe?”.
Voy a concluir con palabras de Francisco:
“El comienzo de la fe es saber que necesitamos la salvación. No somos autosuficientes; solos nos hundimos. Necesitamos al Señor como los antiguos marineros las estrellas. Invitemos a Jesús a la barca de nuestra vida. Entreguémosle nuestros temores, para que los venza. Al igual que los discípulos, experimentaremos que, con Él a bordo, no se naufraga. Porque esta es la fuerza de Dios: convertir en algo bueno todo lo que nos sucede, incluso lo malo. (…)
El Señor nos interpela y, en medio de nuestra tormenta, nos invita a despertar y a activar esa solidaridad y esperanza capaz de dar solidez, contención y sentido a estas horas donde todo parece naufragar.
El Señor se despierta para despertar y avivar nuestra fe pascual. (…) Tenemos una esperanza: en su Cruz hemos sido sanados y abrazados para que nadie ni nada nos separe de su amor redentor. En medio del aislamiento donde estamos sufriendo la falta de los afectos y de los encuentros, experimentando la carencia de tantas cosas, escuchemos una vez más el anuncio que nos salva: ha resucitado y vive a nuestro lado.”
Jesucristo ha resucitado. Jesucristo vive. Jesucristo camina a nuestro lado.
Esa es nuestra fe, la fe que ahora vamos juntos a profesar.

miércoles, 3 de junio de 2020

Santísima Trinidad: el Dios del amor. (Éxodo 34,4b-6.8-9; 2 Corintios 13,11-13; Juan 3,16-18)







Los números ocupan un lugar importante dentro de nuestra vida y no solo los que hacemos cuando llega fin de mes. Hay quienes adoran las matemáticas y quienes no las soportan. Pero los números no dejan de ser sugestivos… muchos de nuestros dichos están en relación con ellos:
-    más solo que el uno,
-    no hay dos sin tres,
-    tres es multitud. Pero también es San Cono.
-    Cuatro: cuarteto… de tango,
-    Cinco: el pentágono,
-    Seis: media docena,
-    Siete: los días de la semana, los sacramentos…
con los quinieleros podríamos seguir hasta el cien, pero quedémonos con el 33, Cristo, 40 el cura, 84 la Iglesia y 88 el Papa (y eso ya era así antes de la visita de san Juan Pablo II al Uruguay, que vino en el año 88).

Números, números… uno y tres. Esos son nuestros números de hoy: un solo Dios, tres personas… pero ¿cómo llegamos ahí?
Las grandes civilizaciones de la antigüedad tuvieron religiones politeístas, es decir, creían en muchos dioses, que eran a veces centenares.
En el siglo IV antes de Cristo el filósofo Aristóteles llegó, por medio de la razón, a la convicción acerca de la existencia de un Dios único… no exactamente un único Dios, pero sí un Dios totalmente diferente, un ser realmente superior a todo otro ser. Pero no se trata de un Dios personal… una de las formas en que lo caracteriza el filósofo es como “motor inmóvil”, es decir, el que mueve todo y no es movido por nadie.
Ya desde muchos siglos antes, en otro lugar del mundo antiguo, un pequeño pueblo de pastores creía también en un Dios único: Yahveh. Al comienzo, pensaban que había o podía haber otros dioses: pero para ellos Yahveh era el único. No querían otros dioses sino a su Dios. Ese Dios era un Dios presente en su vida, en su historia. Lo fueron conociendo a través de sus intervenciones, liberándolos de la esclavitud y luego de varios peligros y amenazas. El pueblo no siempre fue fiel a su Dios. También pasó ese pueblo por momentos muy críticos que hicieron que muchos perdieran la fe; pero siempre permaneció un resto fiel, que expresaba así su convicción:
“Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón que Yahveh es el único Dios allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro.” (Deuteronomio 4:35.39)
Cuando Jesús de Nazaret comenzó a recorrer su tierra con un grupo de discípulos, predicando de pueblo en pueblo y haciendo curaciones milagrosas, algo que también hacían otros maestros, sorprendió, sin embargo, la familiaridad con la que se refería a Dios, al que llamaba “mi padre”. Esa manera de hablar de Dios, provocó rechazo de parte de las autoridades, que
…trataban con mayor empeño de matarlo, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios. (Juan 5,18)
Y en una ocasión llegaron a decírselo en la cara:
«No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino por una blasfemia y porque tú, siendo hombre, te haces a ti mismo Dios». (Juan 10,33)
Jesús se va revelando como el Hijo de Dios. Y al revelarse como Hijo, también revela el rostro paterno de Dios, el Padre de la Misericordia.
“Quien me ve a mí, ve al Padre” (Juan 14,9)
dice Jesús, manifestando que sus palabras y sus acciones comunican el mensaje del Padre Dios, cuya voluntad ha venido a cumplir el Hijo. La resurrección de Jesús de entre los muertos confirma sus palabras. Hubo en Él algo tan especial, que, incluso en el momento de su muerte, alguien llegó a afirmar:
“Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios”. (Mateo 27,54)
La revelación de un Hijo de Dios planteó muchas dificultades… ¿cómo entender esto? Padre e hijo son palabras humanas. En un primer sentido, padre es el hombre que engendra un hijo. Decimos que el Hijo de Dios ha sido “engendrado” por el Padre. Pero ¿qué significa eso en la realidad de Dios? ¿quiere decir que el Hijo ha sido “creado” por el Padre, que es una criatura especial, única, diferente, pero, al fin y al cabo, una criatura? No es eso lo que creemos. En el Credo decimos que el Hijo fue
“engendrado, no creado; de la misma naturaleza que el Padre”. 
El Hijo es Dios: no fue creado ni adoptado.

Así, pues, creemos en un solo Dios, que es Padre, Hijo… pero nos falta una tercera persona. Jesús revela a Dios como Padre, se manifiesta como su Hijo y anuncia la presencia de esa persona divina que él llama con diferentes nombres o títulos: el Espíritu Santo, el paráclito… el espíritu de la verdad.
Jesús dice a sus discípulos:
Todavía tengo mucho que decirles, pero ahora no pueden con ello. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, los guiará hasta la verdad completa. (Juan 16,12-13)
El Espíritu Santo llevará a los discípulos al conocimiento de la verdad más profunda sobre Dios.
La revelación de que hay un solo Dios, pero tres personas, no es simplemente un dato, un detalle que hay que conocer o saber sobre Dios.
La revelación acerca de la Santísima Trinidad nos dice que Dios no es un ser solitario: Dios es comunidad de amor.
Las tres lecturas de este domingo hacen referencia al amor de Dios:
Esa es la experiencia de Moisés, cuando sube al monte Sinaí a encontrarse con Dios:
«El Señor es un Dios compasivo y bondadoso, lento para enojarse, y pródigo en amor y fidelidad.»
Eso es lo que Jesús confirma en forma definitiva cuando dice:
“Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.”
Tanto amó Dios al mundo… Estamos muy lejos del Dios de Aristóteles… Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo es un Dios que ama a sus criaturas, que quiere establecer un pacto de amor, una alianza con la humanidad.
La verdad que nos presenta la Palabra de Dios no es solo una verdad para conocer, para saber; es, sobre todo, una verdad para obrar, para poner en práctica. En eso será fundamental la guía del Espíritu Santo:
Él les enseñará todo y les recordará todo lo que yo les he dicho. (Juan 14,26)
Él les anunciará lo que ha de venir (Juan 16,13)
Es con ese guía que será posible lo que Pablo le dice a los corintios:
“Alégrense, trabajen para alcanzar la perfección, anímense unos a otros, vivan en armonía y en paz. Y entonces, el Dios del amor y de la paz permanecerá con ustedes.”
La revelación de Dios como comunidad de amor sacude nuestro individualismo. Estamos llamados a entrar en esa comunión de las tres personas divinas… pero no individualmente, sino como comunidad: comunidad de discípulos de Jesús, templo de piedras vivas, cuerpo místico de Cristo, Pueblo de Dios…
Pablo escribe a las primeras comunidades y anima a sus miembros a llevar una verdadera vida comunitaria, animándose y sosteniéndose unos a otros.
A lo largo de la historia de la Iglesia esa vida comunitaria ha tenido diferentes expresiones. La realidad que hoy estamos atravesando nos ha puesto en distanciamiento físico, pero no tiene que romper la comunidad ni la comunión. De distintas maneras podemos hacernos cercanos unos a otros, acompañándonos y animándonos.

Gracias, amigas y amigos, por su atención. Que el Señor los bendiga. Sigamos cuidándonos y hasta la próxima semana si Dios quiere.

martes, 2 de junio de 2020

El 4 de junio, a las 16:30 se celebrará la Misa Crismal en la Catedral de Melo. Será transmitida en vivo desde una red social.

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La Misa Crismal es una celebración presidida por el Obispo y concelebrada con los presbíteros de la Diócesis.

Su nombre se debe a que en ella se consagra el Santo Crisma y se bendicen los óleos (aceites) para la unción de los catecúmenos y el sacramento de la Unción de los enfermos.
En esta Misa los sacerdotes y los diáconos hacen la renovación de las promesas de sus respectivas ordenaciones.

La palabra crisma proviene del griego, pasa después al latín, y significa "unción". El santo crisma se utiliza para ungir a los nuevos bautizados, signar a los que reciben la confirmación y en la ordenación de los obispos y sacerdotes.

En la Diócesis de Melo es costumbre celebrar esta Misa en la tarde del miércoles Santo. Habiendo sido suspendidas todas las celebraciones de Semana Santa por causa de la actual pandemia, también fue suspendida esta Misa.

El próximo jueves la Iglesia celebra la fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Es por ello que se eligió ese día para esta Misa en la que los sacerdotes renuevan sus promesas.

En el marco de las medidas actuales, la Misa se celebrará sin presencia de fieles y solo con algunos de los sacerdotes y diáconos, que permanecerán adecuadamente distanciados.

Con el deseo de que los fieles de la Diócesis puedan unirse espiritualmente a esta celebración particularmente importante y única, la Misa será transmitida por Facebook, desde la página "Fazenda de la Esperanza Uruguay".

jueves, 28 de mayo de 2020

"Soplo de Dios viviente" (Hch 2,1-11; Jn 20,19-23). Solemnidad de Pentecostés.







Las posibilidades que tenemos hoy de comunicación instantánea nos hacen olvidar algunos lejanos comienzos… Las cartas manuscritas, enviadas de una persona a otra tienen ya muchos siglos. Pero no quiero remontarme tan atrás en el tiempo.
En el año 1837 aparecieron en Inglaterra y Estados Unidos los primeros servicios de telegrafía por cable, que llegaron en 1855 a Montevideo. Cables submarinos comenzaron a comunicar países y luego continentes, en mensajes emitidos con el código Morse.
Ya en el siglo XIX se aspiraba a una comunicación que hoy llamaríamos inalámbrica.
El italiano Guillermo Marconi logró desarrollar en 1894 un transmisor y un receptor que permitían enviar y recibir las señales telegráficas por medio de ondas de radio. Durante tres décadas, antes de que comenzara la transmisión de voz y de música, la radio se utilizaba únicamente para transmitir esas señales cortas y largas del sistema telegráfico.
Hoy el aire está inundado de todo tipo de señales. La radio fue desarrollando distintos sistemas de ondas como la amplitud modulada y la frecuencia modulada, las viejas y queridas AM y FM, que todavía escuchamos en receptores de radio. Vino luego el despliegue de la televisión, colocando en el aire otras ondas, hasta el vertiginoso desarrollo de la telefonía móvil.
Sí, el aire está inundado de mensajes, sonidos, imágenes… pero ninguno de nuestros sentidos los percibe. No oímos, no vemos, sin la mediación del receptor, sea este el aparato de radio, el televisor o el teléfono móvil.

El próximo domingo recordamos la venida del Espíritu Santo, el acontecimiento que es conocido como Pentecostés. Tal vez esta imagen de la comunicación que hemos evocado nos ayude a comprender esa presencia del Espíritu de Dios en el mundo y nuestra posibilidad de relación con Él.

De todas las imágenes que nos aproximan al Espíritu Santo, que son muchas, la primera es el viento. De hecho, eso es lo que sugiere la palabra espíritu. En hebreo se dice ruah, que se puede traducir como viento o como espíritu. El espíritu de Dios, el soplo de Dios… En la primera lectura que escuchamos este domingo, se cuenta que, estando los discípulos de Jesús reunidos,
De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban.

En el evangelio, se nos cuenta que Jesús sopló sobre sus discípulos diciéndoles
“Reciban el Espíritu Santo”.

Dios entrega su Espíritu. No está en el aire… habla al corazón de cada persona que viene a este mundo. Está presente… pero su señal no siempre es recibida. En este caso, no se necesita ningún aparato. La posibilidad de recibir las señales del Espíritu Santo está dentro de cada uno de nosotros, si nos abrimos a una vida espiritual, a una vida interior.

La cultura del mundo de hoy nos invita a vivir hacia fuera, hacia la superficie. Mario Vargas Llosa escribió hace algunos años un libro titulado “La civilización del espectáculo”, en el que afirma que vivimos en una “cultura del entretenimiento”, donde la vida ya no se vive, sino que se representa.
Nos convertimos en consumidores de ilusiones que no pueden llenar nuestro vacío espiritual. No estamos saboreando la vida desde dentro, precisamente porque hemos perdido la interioridad.

Aún la oración de una persona creyente se puede vaciar de contenido, si no brota desde lo profundo del corazón. Podemos pronunciar plegarias con nuestros labios, pero quedan huecas si nuestro corazón está ausente.

Estos días de confinamiento han sido, tal vez no para todos, pero sí para muchos, la oportunidad de un reencuentro con la propia interioridad, la posibilidad de mirar la vida desde otra perspectiva, la ocasión para un momento de auténtica vida espiritual…
Hay gente que habrá encontrado esos momentos. Habrá quienes ni buscaron, ni encontraron; pero, mientras hay vida siempre hay tiempo. Los invito a que hagamos ese intento, a que encendamos el corazón, a que invoquemos a ese Espíritu Santo que hoy, tal vez sin saberlo, podemos estar necesitando en nuestras vidas.

Ven, Espíritu Santo. Enséñanos a invocar a Dios con ese nombre entrañable de "Padre" que nos enseñó Jesús. Si no sentimos su presencia buena en medio de nosotros, viviremos como huérfanos. Recuérdanos que sólo Jesús es el camino que nos lleva hasta él. Que sólo su vida entregada a los últimos nos muestra su verdadero rostro. Sin Jesús nunca entenderemos su sed de paz, de justicia y dignidad para todos sus hijos e hijas.

Ven, Espíritu Santo. Haznos conocer y caminar en la verdad de Jesús. Con tu luz y tu aliento, conoceremos y nos uniremos a su Proyecto del reino de Dios. Viviremos con profunda alegría y esperanza. Sabremos por qué y para qué seguir a Jesús. Sabremos por qué vivir y, aún, por qué sufrir. Y nos encontraremos trabajando en el Reino.

Ven, Espíritu Santo. Infunde en nosotros la experiencia religiosa de Jesús. Ayúdanos a no perdernos en trivialidades y a vivir de verdad la justicia, la misericordia y la fe. Que nada ni nadie nos distraiga de seguirlo como único Señor.

Ven, Espíritu Santo. Aumenta nuestra fe para experimentar la fuerza de Jesús en el centro mismo de nuestra debilidad. Enséñanos a alimentar nuestra vida del conocimiento interno de su Persona. Que nos dejemos guiar siempre por su Espíritu audaz y creador, no por nuestro instinto de seguridad.

Ven, Espíritu Santo. Atrapados por nuestros miedos e incertidumbres, no somos capaces de escuchar la voz de Jesús ni sentir su aliento. Defiéndenos del riesgo de olvidarlo o desconocerlo. Despierta nuestra adhesión pues, si perdemos el contacto con él, seguirá creciendo en nosotros el nerviosismo y la inseguridad. Ven Espíritu Santo, transforma nuestros corazones y conviértenos a Jesús. (*)


Amigas y amigos, gracias por su atención. Sigamos cuidándonos. Que el Señor los bendiga y hasta la próxima semana si Dios quiere.

(*) Adaptado de una oración formulada por el P. José Antonio Pagola.

Vuelven a suspenderse las Misas con presencia de fieles en Cerro Largo


Frente al surgimiento del primer caso de COVID-19 en nuestro departamento, a la grave situación en el vecino departamento de Rivera y a nuestra propia realidad de frontera, luego de consultar a los sacerdotes, desde la Diócesis de Melo hemos decidido suspender las Misas con presencia de fieles que se habían iniciado en el departamento de Cerro Largo, a partir de hoy mismo, jueves 28 y hasta nuevo aviso. Exhortamos a los católicos a seguir las celebraciones que se transmiten diariamente a través de diferentes medios.

+ Heriberto, Obispo de Melo (Cerro Largo y Treinta y Tres)



De lunes a sábado, a las 16:30 (salvo excepciones) se transmite la Misa desde la página
Fazenda de la Esperanza Uruguay

Los Domingos a las 11 horas:
- Canal 12 de Melo (aire)
- Canal 9 de Melo TV Cable
- Canal 97 de Cable 1 de MeloA
- VERA TV Canal 12 Melo
Desde las 12 horas:
Disponible en el YouTube, en el canal:
Es cuestión de Fe Diócesis de Melo

sábado, 23 de mayo de 2020

"Para que puedas contar y grabar en la memoria" (cf. Exodo 10,2). Mensaje del Papa Francisco para la Jornada de los MCS.


En el video, una reflexión sobre el mensaje. A continuación, el texto del mismo.

 

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA 54 JORNADA MUNDIAL
DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES

Para que puedas contar y grabar en la memoria (cf. Ex 10,2)
La vida se hace historia

Quiero dedicar el Mensaje de este año al tema de la narración, porque creo que para no perdernos necesitamos respirar la verdad de las buenas historias: historias que construyan, no que destruyan; historias que ayuden a reencontrar las raíces y la fuerza para avanzar juntos. En medio de la confusión de las voces y de los mensajes que nos rodean, necesitamos una narración humana, que nos hable de nosotros y de la belleza que poseemos. Una narración que sepa mirar al mundo y a los acontecimientos con ternura; que cuente que somos parte de un tejido vivo; que revele el entretejido de los hilos con los que estamos unidos unos con otros.

1. Tejer historias
El hombre es un ser narrador. Desde la infancia tenemos hambre de historias como tenemos hambre de alimentos. Ya sean en forma de cuentos, de novelas, de películas, de canciones, de noticias…, las historias influyen en nuestra vida, aunque no seamos conscientes de ello. A menudo decidimos lo que está bien o mal hacer basándonos en los personajes y en las historias que hemos asimilado. Los relatos nos enseñan; plasman nuestras convicciones y nuestros comportamientos; nos pueden ayudar a entender y a decir quiénes somos.
El hombre no es solamente el único ser que necesita vestirse para cubrir su vulnerabilidad (cf. Gn 3,21), sino que también es el único ser que necesita “revestirse” de historias para custodiar su propia vida. No tejemos sólo ropas, sino también relatos: de hecho, la capacidad humana de “tejer” implica tanto a los tejidos como a los textos. Las historias de cada época tienen un “telar” común: la estructura prevé “héroes”, también actuales, que para llevar a cabo un sueño se enfrentan a situaciones difíciles, luchan contra el mal empujados por una fuerza que les da valentía, la del amor. Sumergiéndonos en las historias, podemos encontrar motivaciones heroicas para enfrentar los retos de la vida.
El hombre es un ser narrador porque es un ser en realización, que se descubre y se enriquece en las tramas de sus días. Pero, desde el principio, nuestro relato se ve amenazado: en la historia serpentea el mal.

2. No todas las historias son buenas
«El día en que comáis de él, […] seréis como Dios» (cf. Gn 3,5). La tentación de la serpiente introduce en la trama de la historia un nudo difícil de deshacer. “Si posees, te convertirás, alcanzarás...”, susurra todavía hoy quien se sirve del llamado storytelling con fines instrumentales. Cuántas historias nos narcotizan, convenciéndonos de que necesitamos continuamente tener, poseer, consumir para ser felices. Casi no nos damos cuenta de cómo nos volvemos ávidos de chismes y de habladurías, de cuánta violencia y falsedad consumimos. A menudo, en los telares de la comunicación, en lugar de relatos constructivos, que son un aglutinante de los lazos sociales y del tejido cultural, se fabrican historias destructivas y provocadoras, que desgastan y rompen los hilos frágiles de la convivencia. Recopilando información no contrastada, repitiendo discursos triviales y falsamente persuasivos, hostigando con proclamas de odio, no se teje la historia humana, sino que se despoja al hombre de la dignidad.
Pero mientras que las historias utilizadas con fines instrumentales y de poder tienen una vida breve, una buena historia es capaz de trascender los límites del espacio y del tiempo. A distancia de siglos sigue siendo actual, porque alimenta la vida. En una época en la que la falsificación es cada vez más sofisticada y alcanza niveles exponenciales (el deepfake), necesitamos sabiduría para recibir y crear relatos bellos, verdaderos y buenos. Necesitamos valor para rechazar los que son falsos y malvados. Necesitamos paciencia y discernimiento para redescubrir historias que nos ayuden a no perder el hilo entre las muchas laceraciones de hoy; historias que saquen a la luz la verdad de lo que somos, incluso en la heroicidad ignorada de la vida cotidiana.

3. La Historia de las historias
La Sagrada Escritura es una Historia de historias. ¡Cuántas vivencias, pueblos, personas nos presenta! Nos muestra desde el principio a un Dios que es creador y narrador al mismo tiempo. En efecto, pronuncia su Palabra y las cosas existen (cf. Gn 1). A través de su narración Dios llama a las cosas a la vida y, como colofón, crea al hombre y a la mujer como sus interlocutores libres, generadores de historia junto a Él. En un salmo, la criatura le dice al Creador: «Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno. Te doy gracias porque son admirables tus obras […], no desconocías mis huesos. Cuando, en lo oculto, me iba formando, y entretejiendo en lo profundo de la tierra» (139,13-15). No nacemos realizados, sino que necesitamos constantemente ser “tejidos” y “bordados”. La vida nos fue dada para invitarnos a seguir tejiendo esa “obra admirable” que somos.
En este sentido, la Biblia es la gran historia de amor entre Dios y la humanidad. En el centro está Jesús: su historia lleva al cumplimiento el amor de Dios por el hombre y, al mismo tiempo, la historia de amor del hombre por Dios. El hombre será llamado así, de generación en generación, a contar y a grabar en su memoria los episodios más significativos de esta Historia de historias, los que puedan comunicar el sentido de lo sucedido.
El título de este Mensaje está tomado del libro del Éxodo, relato bíblico fundamental, en el que Dios interviene en la historia de su pueblo. De hecho, cuando los hijos de Israel estaban esclavizados clamaron a Dios, Él los escuchó y rememoró: «Dios se acordó de su alianza con Abrahán, Isaac y Jacob. Dios se fijó en los hijos de Israel y se les apareció» (Ex 2, 24-25). De la memoria de Dios brota la liberación de la opresión, que tiene lugar a través de signos y prodigios. Es entonces cuando el Señor revela a Moisés el sentido de todos estos signos: «Para que puedas contar [y grabar en la memoria] de tus hijos y nietos […] los signos que realicé en medio de ellos. Así sabréis que yo soy el Señor» (Ex 10,2). La experiencia del Éxodo nos enseña que el conocimiento de Dios se transmite sobre todo contando, de generación en generación, cómo Él sigue haciéndose presente. El Dios de la vida se comunica contando la vida.
El mismo Jesús hablaba de Dios no con discursos abstractos, sino con parábolas, narraciones breves, tomadas de la vida cotidiana. Aquí la vida se hace historia y luego, para el que la escucha, la historia se hace vida: esa narración entra en la vida de quien la escucha y la transforma.
No es casualidad que también los Evangelios sean relatos. Mientras nos informan sobre Jesús, nos “performan[1] a Jesús, nos conforman a Él: el Evangelio pide al lector que participe en la misma fe para compartir la misma vida. El Evangelio de Juan nos dice que el Narrador por excelencia —el Verbo, la Palabra— se hizo narración: «El Hijo único, que está en el seno del Padre, Él lo ha contado» (cf. Jn 1,18). He usado el término “contado” porque el original exeghésato puede traducirse sea como “revelado” que como “contado”. Dios se ha entretejido personalmente en nuestra humanidad, dándonos así una nueva forma de tejer nuestras historias.

4. Una historia que se renueva
La historia de Cristo no es patrimonio del pasado, es nuestra historia, siempre actual. Nos muestra que a Dios le importa tanto el hombre, nuestra carne, nuestra historia, hasta el punto de hacerse hombre, carne e historia. También nos dice que no hay historias humanas insignificantes o pequeñas. Después de que Dios se hizo historia, toda historia humana es, de alguna manera, historia divina. En la historia de cada hombre, el Padre vuelve a ver la historia de su Hijo que bajó a la tierra. Toda historia humana tiene una dignidad que no puede suprimirse. Por lo tanto, la humanidad se merece relatos que estén a su altura, a esa altura vertiginosa y fascinante a la que Jesús la elevó.
Escribía san Pablo: «Sois carta de Cristo […] escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en las tablas de corazones de carne» (2 Co 3,3). El Espíritu Santo, el amor de Dios, escribe en nosotros. Y, al escribir dentro, graba en nosotros el bien, nos lo recuerda. Re-cordar significa efectivamente llevar al corazón, “escribir” en el corazón. Por obra del Espíritu Santo cada historia, incluso la más olvidada, incluso la que parece estar escrita con los renglones más torcidos, puede volverse inspirada, puede renacer como una obra maestra, convirtiéndose en un apéndice del Evangelio. Como las Confesiones de Agustín. Como El Relato del Peregrino de Ignacio. Como la Historia de un alma de Teresita del Niño Jesús. Como Los Novios, como Los Hermanos Karamazov. Como tantas innumerables historias que han escenificado admirablemente el encuentro entre la libertad de Dios y la del hombre. Cada uno de nosotros conoce diferentes historias que huelen a Evangelio, que han dado testimonio del Amor que transforma la vida. Estas historias requieren que se las comparta, se las cuente y se las haga vivir en todas las épocas, con todos los lenguajes y por todos los medios.

5. Una historia que nos renueva
En todo gran relato entra en juego el nuestro. Mientras leemos la Escritura, las historias de los santos, y también esos textos que han sabido leer el alma del hombre y sacar a la luz su belleza, el Espíritu Santo es libre de escribir en nuestro corazón, renovando en nosotros la memoria de lo que somos a los ojos de Dios. Cuando rememoramos el amor que nos creó y nos salvó, cuando ponemos amor en nuestras historias diarias, cuando tejemos de misericordia las tramas de nuestros días, entonces pasamos página. Ya no estamos anudados a los recuerdos y a las tristezas, enlazados a una memoria enferma que nos aprisiona el corazón, sino que abriéndonos a los demás, nos abrimos a la visión misma del Narrador. Contarle a Dios nuestra historia nunca es inútil; aunque la crónica de los acontecimientos permanezca inalterada, cambian el sentido y la perspectiva. Contarse al Señor es entrar en su mirada de amor compasivo hacia nosotros y hacia los demás. A Él podemos narrarle las historias que vivimos, llevarle a las personas, confiarle las situaciones. Con Él podemos anudar el tejido de la vida, remendando los rotos y los jirones. ¡Cuánto lo necesitamos todos!
Con la mirada del Narrador —el único que tiene el punto de vista final— nos acercamos luego a los protagonistas, a nuestros hermanos y hermanas, actores a nuestro lado de la historia de hoy. Sí, porque nadie es un extra en el escenario del mundo y la historia de cada uno está abierta a la posibilidad de cambiar. Incluso cuando contamos el mal podemos aprender a dejar espacio a la redención, podemos reconocer en medio del mal el dinamismo del bien y hacerle sitio.
No se trata, pues, de seguir la lógica del storytelling, ni de hacer o hacerse publicidad, sino de rememorar lo que somos a los ojos de Dios, de dar testimonio de lo que el Espíritu escribe en los corazones, de revelar a cada uno que su historia contiene obras maravillosas. Para ello, nos encomendamos a una mujer que tejió la humanidad de Dios en su seno y —dice el Evangelio— entretejió todo lo que le sucedía. La Virgen María lo guardaba todo, meditándolo en su corazón (cf. Lc 2,19). Pidamos ayuda a aquella que supo deshacer los nudos de la vida con la fuerza suave del amor:

Oh María, mujer y madre, tú tejiste en tu seno la Palabra divina, tú narraste con tu vida las obras magníficas de Dios. Escucha nuestras historias, guárdalas en tu corazón y haz tuyas esas historias que nadie quiere escuchar. Enséñanos a reconocer el hilo bueno que guía la historia. Mira el cúmulo de nudos en que se ha enredado nuestra vida, paralizando nuestra memoria. Tus manos delicadas pueden deshacer cualquier nudo. Mujer del Espíritu, madre de la confianza, inspíranos también a nosotros. Ayúdanos a construir historias de paz, historias de futuro. Y muéstranos el camino para recorrerlas juntos.

Roma, junto a San Juan de Letrán, 24 de enero de 2020, fiesta de san Francisco de Sales.

Franciscus

[1] Cf. Benedicto XVI, Carta enc. Spe salvi, 2: «El mensaje cristiano no era sólo “informativo”, sino “performativo”. Eso significa que el Evangelio no es solamente una comunicación de cosas que se pueden saber, sino una comunicación que comporta hechos y cambia la vida».