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viernes, 27 de junio de 2025

León XIV a jóvenes y participantes en el Día Internacional de Lucha contra las Drogas: "El mal se vence juntos... Dios nos creó para estar juntos."


Comencemos con la Señal de la Cruz: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. 
¡La paz sea con ustedes! Bienvenidos a todos y espero que el sol no sea demasiado fuerte… 
Pero Dios es grande y nos acompañará. ¡Gracias por su presencia!

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos! 

Agradezco a quienes hicieron posible este encuentro, que de muchas maneras nos lleva al corazón del Jubileo, un año de gracia en el que a cada persona se le reconoce su dignidad, a menudo menoscabada o negada. La esperanza es para ustedes una palabra rica en historia: no es un eslogan, sino la luz redescubierta a través del gran trabajo. Quisiera repetirles, pues, ese saludo que transforma el corazón: ¡La paz sea con ustedes! En la tarde de Pascua, Jesús saludó así a los discípulos encerrados en el cenáculo. Lo habían abandonado, creían haberlo perdido para siempre, tenían miedo y estaban decepcionados; algunos ya se habían ido. Pero es Jesús quien los encuentra, quien viene a buscarlos de nuevo. Entra tras las puertas cerradas, donde están como enterrados vivos. Les trae paz, los recrea con el perdón, les infunde: es decir, infunde el Espíritu Santo, que es el aliento de Dios en nosotros. Cuando falta el aire, cuando no hay horizonte, nuestra dignidad se marchita. ¡No olvidemos que Jesús resucitado sigue viniendo y trayendo su aliento! A menudo lo hace a través de las personas que van más allá de nuestras puertas cerradas y que, a pesar de todo lo sucedido, ven la dignidad que hemos olvidado o que se nos ha negado.

Queridos amigos, su presencia aquí es un testimonio de libertad. Recuerdo que cuando el Papa Francisco entraba en una cárcel, incluso en su último Jueves Santo, siempre se hacía esta pregunta: «¿Por qué ellos y no yo?». Las drogas y las adicciones son una prisión invisible que ustedes, de diferentes maneras, han conocido y combatido, pero todos estamos llamados a la libertad. Al encontrarme con ustedes, pienso en el abismo de mi corazón y de todo corazón humano. Es un salmo, es decir, la Biblia, que llama «abismo» al misterio que habita en nosotros (cf. Salmo 63,7). San Agustín confesó que solo en Cristo la inquietud de su corazón encontró paz. Buscamos la paz y la alegría, tenemos sed de ellas. Y muchas decepciones pueden decepcionarnos e incluso aprisionarnos en esta búsqueda. Miremos a nuestro alrededor, sin embargo. Y leamos en los rostros de los demás una palabra que nunca traiciona: juntos. El mal se vence juntos. La alegría se encuentra juntos. La injusticia se combate juntos. El Dios que nos creó y nos conoce a cada uno de nosotros —y es más íntimo de mí que yo mismo— nos creó para estar juntos. Por supuesto, también hay vínculos que hieren y grupos humanos en los que falta libertad. Sin embargo, incluso estas dificultades solo pueden superarse juntos, confiando en quienes no se benefician a nuestra costa, en quienes podemos encontrarnos y nos brindan una atención desinteresada.

Hoy, hermanos y hermanas, libramos una lucha que no puede abandonarse mientras a nuestro alrededor haya alguien preso en diversas formas de adicción. Nuestra lucha es contra quienes hacen de las drogas y cualquier otra adicción —pensemos en el alcohol o el juego— su inmenso negocio. Existen enormes concentraciones de intereses y organizaciones criminales ramificadas que los Estados tienen el deber de desmantelar. Es más fácil luchar contra sus víctimas. Con demasiada frecuencia, en nombre de la seguridad, se ha librado y se libra una guerra contra los pobres, llenando las cárceles con quienes son solo el último eslabón de una cadena de muerte. Quienes sostienen la cadena, en cambio, logran tener influencia e impunidad. Nuestras ciudades no deben liberarse de los marginados, sino de la marginación; no deben limpiarse de los desesperados, sino de la desesperación. ¡Qué hermosas son las ciudades que superan la desconfianza malsana e integran a quienes son diferentes, y que hacen de esta integración un nuevo factor de desarrollo! ¡Qué hermosas son las ciudades que, incluso en su diseño arquitectónico, están llenas de espacios que conectan, relacionan y fomentan el reconocimiento del otro! (Francisco, Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, 210).

El Jubileo nos muestra la cultura del encuentro como camino hacia la seguridad, nos invita a restituir y redistribuir la riqueza acumulada injustamente, como camino hacia la reconciliación personal y civil. «En la tierra como en el cielo»: la ciudad de Dios nos compromete a profetizar en la ciudad de los hombres. Y esto —lo sabemos— también puede conducir al martirio hoy. La lucha contra el narcotráfico, el compromiso educativo con los pobres, la defensa de las comunidades indígenas y migrantes, la fidelidad a la doctrina social de la Iglesia se consideran subversivos en muchos lugares.

Queridos jóvenes, no son espectadores de la renovación que nuestra Tierra tanto necesita: son protagonistas. Dios obra grandes cosas con quienes libera del mal. Otro salmo, tan querido por los primeros cristianos, dice: «La piedra desechada por los constructores se ha convertido en piedra angular» (Sal 117,22). Jesús fue rechazado y crucificado a las puertas de su ciudad. Sobre él, piedra angular sobre la que Dios reconstruye el mundo, ustedes también son piedras de gran valor en la construcción de una nueva humanidad. Jesús, el rechazado, los invita a todos, y si se sentían rechazados y acabados, ya no lo están. Los errores, el sufrimiento, pero sobre todo el deseo de vida que traen, los convierten en testigos de que el cambio es posible.

La Iglesia los necesita. La humanidad los necesita. La educación y la política los necesitan. Juntos, por encima de toda dependencia que nos degrade, haremos prevalecer la infinita dignidad impresa en cada uno de nosotros. Esa dignidad, por desgracia, a veces solo brilla cuando se pierde casi por completo. Entonces llega una sacudida y queda claro que levantarse es cuestión de vida o muerte. Pues bien, hoy toda la sociedad necesita esa sacudida, necesita su testimonio y la gran labor que realizan. De hecho, todos tenemos la vocación de ser más libres y humanos, la vocación a la paz. Esta es la vocación más divina. Avancemos juntos, pues, multiplicando los espacios de sanación, encuentro y educación: caminos pastorales y políticas sociales que empiezan en la calle y nunca dan a nadie por perdido. Y recen también para que mi ministerio esté al servicio de la esperanza de las personas y de los pueblos, al servicio de todos. Los encomiendo a la guía maternal de María Santísima. Y los bendigo de corazón. ¡Gracias!

Tomado de: Las palabras del Papa León XIV que todo drogadicto, ex drogadicto y personas que les tratan deben leer | ZENIT - Español. Traducción del original en lengua italiana realizado por el director editorial de ZENIT.


jueves, 20 de julio de 2017

La marihuana, la vida, la familia y los amigos.


Las leyes de un país buscan muchas veces resolver los conflictos y problemas de la sociedad a través de acuerdos trabajosos, donde se busca armonizar en lo posible distintas maneras de pensar, de modo de llegar a algo aceptable para todos o al menos para una mayoría.

El hecho de que algo se convierta en legal no significa que sea bueno. A veces es la forma de resolver un problema social, aún sabiendo que no es una solución perfecta, porque humanamente no la hay o es difícil encontrarla, y por eso no es posible conformar a todos.

¿Son cosas buenas el divorcio, el aborto, la prostitución, el juego de azar, el alcohol, el tabaco y ahora la marihuana? Detrás de cada una de estas palabras podemos encontrar muchas veces realidades muy dolorosas, que han destrozado vida de familias y personas.

Hace cinco años, cuando se estaba discutiendo la regulación del consumo de marihuana en el Uruguay, la Sociedad de Psiquiatría del Uruguay hizo una declaración en la que señalaba los diferentes daños que puede traer el consumo de marihuana en sus distintas formas, sea el consumo intenso en un momento dado (intoxicación aguda), el uso frecuente o la dependencia ya instalada. Vale la pena leerla detenidamente. Es breve y clara. (Sociedad de Psiquiatría del Uruguay y Sociedad de Psiquiatría de Infancia y Adolescencia ante el proyecto de legalizar la venta de la marihuana).

Hace poco, hablando con un médico joven, éste me hizo una confidencia “no puedo entender a una persona adicta… no me cabe en la cabeza, no entiendo porqué hace eso”.

Me sorprendió ese desconcierto, pero cuando me puse a pensar cómo se podía responder, cómo se podía explicar, me encontré yo mismo con que no es fácil. Es realmente muy complejo, hay muchas causas… cada historia es diferente.

Historias diferentes, pero en el fondo hay siempre un vacío que se trata de llenar, una herida siempre abierta, un dolor que se trata de olvidar. Hace poco teníamos los datos de suicidio en Uruguay. Una cifra muy alarmante, más de lo que parece, porque para llegar a esa cifra hay muchos más intentos.

El dolor más profundo es sentir que la vida no tiene sentido y que de alguna u otra forma hay que huir de ella. Ya no vale la pena vivir...

En la Diócesis de Melo tenemos dos centros de recuperación de adictos de Fazenda de la Esperanza. Lo que se busca allí no es simplemente dejar de consumir: es reencontrar un sentido de la vida. Creo que ésa es la buena dirección que entre todos tenemos que buscar: ayudar a que la vida de cada persona tenga sentido, valga la pena.

Hace muchos años, en un encuentro de jóvenes se les preguntó cuáles eran las tres cosas que no querían perder de ninguna manera. La mayoría respondió: “la vida, la familia, los amigos”. ¿Qué responderían hoy los jóvenes? En definitiva: ¿cuál es el horizonte que los adultos les mostramos a los jóvenes? Busquemos entre todos la forma de que la vida, la familia y los amigos sean algo que valga la pena y que ellos (ni nosotros) queramos perder, de ninguna manera.

viernes, 23 de agosto de 2013

Bergoglio: 'Voy a rezarle a Dios que si alguien tiene que morir ese sea yo'

El Padre Pepe junto con Mons. Bergoglio, entrando a una Misa en la Villa 21
Al cura antidroga de la Villa 21: "Ustedes tienen que seguir el trabajo". 
Entrevista con el padre José María "Pepe" Di Paola, con temas inéditos
Por H. Sergio Mora

RIMINI, 22 de agosto de 2013 (Zenit.org) - 

El padre José María 'Pepe' Di Paola, párroco de la Villa 21 en Buenos Aires, en el marco del Meeting de Rimini para la Amistad entre los Pueblos dialogó con ZENIT. Sobre el papa Francisco cuando era arzobispo de Buenos Aires y esa amistad que creció, del deseo de Bergoglio de que se trabaje en las periferias, participando en primera línea, y también cuando al párroco 'Pepe' le amenazaron los narcos. Además, sobre su estilo que no imponía sino que incentivaba los buenos proyectos. Habló de los barrios marginales en donde no existe la fiesta cívica, en donde la festividad del pueblo es la religiosa. Celebraron, dijo, la elección de Bergoglio con la alegría de un mundial de fútbol. Fueron diversos temas, algunos inéditos, y que presentamos aquí a nuestros lectores.

¿Cómo nació su amistad con el papa Francisco?
Padre Pepe: Yo soy diocesano, Bergoglio es jesuita. Llegó en los años noventa y algo. Me conoció porque yo trabajaba con los niños y los jóvenes, también buscando esta opción por los pobres. El me fue acercando a la villa, a la ciudad oculta, y después me nombró párroco en la Villa 21. Y pude llevar mi sacerdocio con mucha plenitud porque allí convergían el trabajo de los jóvenes con los pobres. No es que te decía "vayan que les apoyo", porque él se implicaba con el trabajo en la villa. Él venía, caía inesperadamente para tomar mate. Entre el 97 y el 2001, la única persona importante que visitaba las villas era Bergoglio. Hasta ese momento había gente que se dedicaba a la política y mandaba representantes, pero el único importante era él. Después del 2001 inició a vivirse otra situación con más interés del mundo social y político.

¿Cómo seguía Bergoglio el trabajo de ustedes?
--Padre Pepe: Escuchaba nuestras propuestas. 'Si lo ven, empiecen' decía, como cuando fundamos el centro de recuperación de adictos. Cuando veía que nos jugábamos por alguna cosa que valía la pena y que tenía que ver con nuestras convicciones, inmediatamente nos apoyaba. Y nos dejaba. Confió mucho en nosotros.

La droga en las villas: se diría que los narcos la venden a los ricos
--Padre Pepe: El narcotráfico en América Latina tiene diseñado planes para gente de clase alta, media y baja. Para los pobres ofrecen el estiramiento de la cocaína, que la llaman 'el paco'.

Ud. ha indicado hoy que que los resultados que obtuvieron deberían hacer reflexionar a quienes consideran que la religión es el opio de los pueblos
--Padre Pepe: Sí, por ejemplo la lucha por las escuelas, la superación de la propia vida de las personas, muchas que vinieron sin nada y que de pronto aprendieron un oficio, se pusieron a trabajar. Y todo es en base a la espiritualidad, no en base a un Estado que le dijo 'tenés que hacer esto'.

¿Por qué los habitantes se quedan en la villa?
--Padre Pepe: A veces se quedan allí porque es el barrio que les vio nacer, le tienen afecto aunque querrían que fuera de otra forma. La superación individual y grupal se da en la vida comunitaria de la villa cuando tiene como motor la fe, ni siquiera el factor económico es suficiente. Más aún, todo lo que son planes pueden funcionar un tiempo pero después... Lo que les hace perseverar es cuando hay una Iglesia que les da realmente un contenido, un ámbito de encuentro para esta gente que viene de otros países o provincias. Y porque encuentran una Iglesia que los reúne como familia y les da la posibilidad que ellos hagan su propia historia.

¿Cómo están las cosas ahora?
--Padre Pepe: Se salió de la emergencia. Hay programas que son buenos, pero en cuanto superación estamos muy lejos. No soy economista y no sé si se puede hacer. Entretanto, creo que las realidades argentinas no podemos medirlas sin entender lo que pasa en el Cono Sur, porque si muchos van a Argentina es porque tiene una salud pública, instrucción. etc.

¿Hay algún hecho particular que le haya quedado impreso junto al obispo Bergoglio?
--Padre Pepe: Cuando yo le comenté: 'monseñor me amenazaron de muerte', estábamos así conversando como nosotros ahora. Él estaba muy atento, se puso la mano en la cabeza y dijo: 'lo único que le voy a pedir a Dios es que si tiene que morir alguien, que ese sea yo y no ustedes. Porque ustedes tienen que seguir en las villas haciendo lo que hacen'. Y eso me lo dijo a mi, no delante de la gente para quedar bien. Realmente son cosas que uno no se puede olvidar nunca.

Y entonces ¿qué pasó?
--Padre Pepe: Me quedé un año y medio más. Me nombró vicario de las villas, y después vi que las amenazas ponían el peligro la vida de quienes me acompañaban, de mis colaboradores. Ahí le dije, monseñor, tengo que irme porque temo que pase algo, no conmigo visto que todos ya me conocen, pero, ¿quién defiende a un niño de las villas ante estos tipos que no tienen ningún tipo de escrúpulos?

¿El problema se arregló?
Es difícil decirlo pero al menos se descomprimió. Y ahora volví a trabajar en este carisma.

En el video durante su conferencia en el Meeting se veía que en las villas se realizaban fiestas religiosas con una fuerte devoción popular típica del mundo andino.
--Padre Pepe: Las villas de Capital Federal sobre todo tienen una gran componente de migración de los países limítrofes, sean paraguayos, bolivianos y peruanos. En cambio en la villa de San Martín, en donde estoy ahora, hay más componentes del norte argentino.

¿Cómo celebran sus fiestas la gente de las villas?
--Padre Pepe: En estas villas de Capital no existe la fiesta cívica, la fiesta del pueblo es la fiesta religiosa. El 8 de diciembre por ejemplo todo se para para celebrar. Es una caminata que dura todo el día en todo el barrio y la gente sale para festejar. Al menos en las villas de la Capital. Ahora estoy empezando a conocer las villas de San Martín pero allí me parece que la realidad es diversa.

¿Y Bergoglio como se movía en la villa?
--Padre Pepe: El arzobispo en la villa se movía con libertad absoluta, si uno le decía: 'lo vamos a buscar al colectivo'  al máximo le dábamos el consejo porque si no se enojaba. Recuerdo que una vez lo esperaba en un sector del barrio que se llama Zavaleta, Estábamos armando un escenario improvisado y me llamó la atención que Bergoglio aún no hubiera llegado. Cuando terminamos lo veo salir de un pasillo donde vivía un grupo bastante complicado. Le pregunté y me dijo: 'llegué hace un rato, los vi trabajando y como ellos me pidieron que bendijera las casas, fui'. Y esa gente solamente se dio cuenta que era el obispo cuando Bergoglio se puso la mitra. Ellos pensaban que era un cura mayor que había venido a acompañar la misa. Todas estas cosas durante años, hicieron que cuando lo eligieron Papa la gente dijera, 'este es el Papa villero'.
Cuando fui a la plaza de Mayo en la vigilia de la misa de inicio del pontificado, mucha gente había llevado la foto del momento en el que Bergoglio les confirmaba, les bautizaba etc. Era una alegría, se festejó como si fuera el mundial de fútbol. La gente salía a festejar, ponía música, un festejo muy grande en la Villa 21, porque lo sentían como alguien del lugar.

Desde el punto de vista espiritual cómo les trataba?
--Padre Pepe: Tenía un gran respeto por nosotros, solamente nos preguntaba. Yo hablaba mucho con él porque era coordinador del grupo, me tocó estar muchas veces a su lado hablando, consultándolo, manifestando inquietudes, él sugería.

¿Les organizaba retiros, por ejemplo?
--Padre Pepe: No, él esperaba que nosotros lo hiciéramos. De hecho hicimos retiros, le invitamos a alguna reunión. Eramos un grupo de gente grande. No era un tipo que viniera a imponerte nada, esperaba que la iniciativa viniera de nosotros.

sábado, 14 de enero de 2012

Cumplir un año en la Fazenda: meta alcanzada

Eduardo, diploma en mano: regresando a la vida.

Más fotos en  facebook 

La Fazenda da Esperança es una institución católica para la recuperación de adictos. En Cerro Chato, donde se juntan los departamentos de Treinta y Tres, Durazno y Florida, se inauguró en 2009 la primera (y todavía única) de estas comunidades terapéuticas que existe en Uruguay, aunque en ese momento era la Nº 67 en el mundo (ya otras han sido inauguradas en varios países.
La propuesta de la Fazenda a los adictos que deseen recuperarse es asumir libremente una propuesta de renovación interior y reencuentro consigo mismo y con los demás, a partir de una experiencia que conjuga vida espiritual, vida en comunidad y trabajo.
La meta es permanecer un año en el programa (no necesariamente en la misma casa). Quienes llegan al término fructuosamente reciben un diploma que acredita el haber alcanzado esa meta.
Varios diplomas han sido entregados ya en la Fazenda de Cerro Chato, que lleva el nombre de Quo Vadis? En el día de hoy, durante una Eucaristía presidida por Mons. Heriberto, Eduardo, uno de los jóvenes internados, que cumplió ayer su año en la comunidad, recibió su diploma, en presencia de varios miembros de su familia, entre ellos su abuela, a quién él entregó el preciado documento en reconocimiento del cariño y el aliento que ella le siguió brindando, con la firme esperanza de su recuperación.


¿A dónde vas?

Eso es lo que significa la expresión latina Quo Vadis? La Fazenda funciona en una chacra que fue así nombrada por el P. Miguel García (ya fallecido), que fue párroco en Cerro Chato hace algunos años.
Quo vadis? es una novela histórica del autor polaco Henryk Sienkiewicz. Fue escrita entre los años 1895 y 1896, y en ella se narran las vicisitudes de muchos y muy diferentes personajes en la época del emperador romano Nerón.
El título alude a las palabras Quo Vadis, Domine? (¿A dónde vas, Señor?) que, según la leyenda y la tradición, fueron pronunciadas por el apóstol Pedro mientras huía de Roma para ponerse a salvo de la persecución de los cristianos por orden del emperador Nerón. Ante la pregunta, Jesús responde: «Voy a ser crucificado en Roma por segunda vez porque mis propios discípulos me abandonan». Avergonzado de su cobardía, Pedro regresa a Roma para afrontar su destino: el martirio.
"¿A dónde vas? ", pues, es una pregunta que pone al ser humano ante las grandes decisiones que tiene que tomar en su vida y que definen su destino.



martes, 22 de febrero de 2011

Amor exigente abre sede en el centro de Montevideo

Grupo de apoyo a padres de adictos
Amor Exigente abre una sede en el Centro hoy

EL PAÍS, Montevideo, martes 22 de febrero de 2011

Hoy se inaugurará en el Centro una sede de la organización Amor Exigente, un grupo que asiste a padres de hijos adictos a las drogas y el alcohol. El grupo cuenta con el apoyo de la Junta Nacional de Drogas, cuyo secretario general, Milton Romani, estará presente en la inauguración del local con que contará la organización en Zelmar Michelini 1266.

Amor Exigente es, en realidad, una regional en Uruguay de un grupo que nació hace poco más de dos décadas en Estados Unidos. Fue fundado por un matrimonio de terapeutas familiares, Phyllis y David York, cuyas tres hijas padecían de problemas con las drogas. Un sacerdote jesuita, Harold Rahm, que se radicó en Brasil y creó una comunidad terapéutica se sumó al grupo y con ello alcanzó un estatus internacional. En Uruguay funciona formalmente desde hace dos años, aunque sus actuales coordinadores están vinculados al grupo desde hace unos ocho años.

Eduardo Modernell y Doris Zerpa, los coordinadores regionales del grupo, son quienes dirigirán las actividades de este programa.

"No son grupos de charla u oración. Las reuniones son semanales. En ella los familiares reciben informaciones, esclarecimiento y son orientadas a no aceptar comportamientos agresivos o violentos", se explica en la web de la organización.

En Uruguay funcionan actualmente nueve grupos de Amor Exigente, cuatro de ellos en Montevideo y cinco en el interior: Florida, Villa Rodríguez (San José), Durazno y Mercedes.

La filial uruguaya posee amplia información sobre sus actividades en la página web, que puede consultarse a través de la dirección en internet: www.amorexigenteuruguay.org; o desde mañana en su nuevo local.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Publicado en Ciudad Nueva, Octubre 2010


Encuentro 
El secreto de la Fazenda

¿Qué hay detrás de una obra social que recupera jóvenes de la droga con tan sólo convivencia, trabajo y espiritualidad como herramientas?
En ocasión del primer aniversario de actividad de la Fazenda de la Esperanza de Cerro Chato (Treinta y Tres), Ciudad nueva conversó con sus fundadores, el Padre Hans Stapel (“Frei Hans”) y Nelson Giovanelli

por Silvano Malini

-Frei Hans: la fiesta para el aniversario de la Fazenda uruguaya demostró todo el aprecio de las autoridades políticas y religiosas por su trabajo y sus logros.  
Frei Hans: Después de la visita del Papa a nuestra sede central, la Fazenda es reconocida en todos los ambientes de Iglesia, y en todas partes están muy contentos con la obra. La droga es un problema mundial que trae detrás de sí a la violencia. Y no hay solución. Cada vez que hay un problema serio en la Tierra, Dios manda un carisma. Como respuesta ante la des-unidad del mundo de hoy, mandó el carisma de la unidad. En nuestro caso, el carisma de San Francisco nos llamó a vivir al lado de los adictos, con una convivencia fraterna sencilla, y el carisma de la unidad constituye nuestro método de recuperación. Con eso, tenemos todo para ayudar a esos jóvenes. Porque lo único que realmente precisan es amor. El desamor los precipitó en las drogas. Sólo el amor los puede sacar. Pero un amor gratuito, totalitario, donado. Esto los ayuda a re-encontrarse. Porque el amor ya está dentro de ellos. Y comenzando a vivir el Evangelio, a vivir el Amor, la presencia de Dios dentro de ellos crece. No es algo mágico: es natural. Conforme crece la presencia de Dios dentro de ellos, la droga pasa a no ser más un problema. Nosotros no hablamos de la droga, los animamos a vivir este amor, que es lo único que vale y da sentido a la vida. Un día les pedí que escribieran en un papelito aquello que pueden llevarse después de la muerte. Es muy poco. “Eso es lo que tiene valor”, les dije.
-Un secreto de su método es el acompañamiento de las familias. ¿Cómo logran involucrarlas en el proceso?
 
FH:. Durante todo el tiempo de la internación, nos encontramos mensualmente con las familias y las ayudamos a vivir el Evangelio. Si ellos no acompañan a sus hijos en este cambio de vida, no hay chances. El 70% de las familias de nuestros jóvenes son separadas, así que se necesita mucho perdón y respeto. En este camino, algunos padres reconocen que en la educación que brindaron a sus hijos faltaron en la enseñanza de la fe, que da valores y espiritualidad. Hay regresos a la Iglesia. De esa manera, cuando el joven sale de la internación, continúa encontrándose con la esperanza viva en sus familias. También hubo casos de hijos que recayeron, pero los padres continúan en los grupos, porque dicen que les hace bien y que lo precisan. Muchas familias nos dicen: “A causa de la droga en nuestro hijo, descubrimos a Dios”. El hijo que se renueva es como un vino nuevo que precisa odres nuevos. Si la familia no se renueva con él, el regreso será muy difícil.
-El 24 de mayo su asociación, la Familia de la Esperanza recibió el reconocimiento formal de la Iglesia Católica. ¿Qué significó para ustedes?
 
FH: Para mí fue una confirmación de la Iglesia a lo que sentimos dentro de nosotros: que el camino que estamos recorriendo y el carisma son de Dios. Es un reconocimiento y una responsabilidad. Cuando estuve con el papa, al final, él me miró a los ojos y me dijo: “Frei Hans, lleva la esperanza a todos los jóvenes del mundo”. Fue como si el propio Jesús me enviara, con cariño, y me diera una seguridad interna. Para mí fue muy fuerte. Nelson Giovanelli: También fue un momento especial cuando María Voce, la presidenta de los Focolares, a quien fuimos a visitar junto a su consejo, nos dijo que cuando la Iglesia aprueba una obra y la reconoce como hija suya, confirma que ese servicio es para el mundo entero. Y que tendrá la duración de la misma Iglesia, por lo tanto, para siempre. Fue un momento de una alegría muy grande, y un impulso para que, frente a nuestras fragilidades, no tengamos miedo.
-Volvamos a los comienzos de la Fazenda. Frei Hans: ¿Qué pensó cuando Nelson le contó de su primer encuentro con esos jóvenes drogadictos?
 
FH: Nosotros vivíamos la Palabra. Era una experiencia muy fuerte. Todos los días nos encontrábamos y nos contábamos lo que vivíamos. Así que cuando Nelson me contó de su encuentro con los drogadictos, yo sabía que él había ido para amar. Cuando el primer joven pidió ayuda, yo pensé: “Precisará psicólogo, médico, medicamentos... Pero no tenemos. Puedo darle lo que tengo”. Entonces le pedí vivir la Palabra, porque era lo que hacíamos. Y para nuestra gran sorpresa, vimos que ellos la vivían con más radicalidad que los parroquianos, mucha más. En poco tiempo estaban felices, y la droga ya no era un tema. Era una alegría contagiosa. La palabra realmente es una fuerza que descubrí a través de ellos. Luego fuimos descubriendo juntos muchas cosas. Y vimos que lo que inicialmente yo pensaba que precisarían (médico, sicólogo…) pocas veces fue necesario. Aunque estamos abiertos: cuando se necesita un psiquiatra, se lo llama. Pero para mi sorpresa, muchas cosas se resuelven con la parte espiritual. La base de casi toda dolencia, de tantas violencias, es la falta de lo espiritual, la falta de amor. Si no vivo el amor, me termino enfermando síquicamente. Muchas enfermedades físicas y psíquicas tienen su origen en la falta de amor. A veces ya desde la panza de la mamá, si no recibimos amor, eso repercutirá negativamente durante toda la vida de la persona. Por eso lo espiritual es la base de la recuperación.
-¿En qué momento se dieron cuenta de que estaba naciendo algo nuevo, una obra nueva?
 
FH: Fue cuando comencé a sentir como una especie de miedo. Pensaba: “Pero, ¿quién soy yo… y Dios hace esto…? Yo no tengo las condiciones para hacer esto… Después, me ayudó mirar la historia: siempre, cuando Dios llama, las personas tienen miedo. Uno siente que no es digno, que no es nada, que tiene fallas, siente toda su debilidad y sus limitaciones. Y aquí es importante detenerse y meditar, rezar, sufrir, hasta entender que Dios está haciendo algo en ti. A partir de ese momento, tú sientes que eres un instrumento. Jesús cuando entró en Jerusalén precisaba un burrito, pero las palmas, todo los festejos, eran para Jesús. Entonces, cuando la gente habla bien de la Obra, es para Jesús, y tú te sientes realmente como un instrumento. Aún así queda este miedo: “Dios, ¿no estaré destruyendo tu Obra? Podría ser más santo, mejor, podría crecer más…”. Entonces se precisa vivir y experimentar la misericordia. Lugo entendí que esta misericordia divina, fuerte, grande, que había experimentado, era para que la pudiera dar a todos. Para todos hay misericordia. Sin misericordia no podemos vivir. Precisaba un cambio dentro de mí, en mi modo de entender a Dios como “justo” o como “lógica”, como lo entendía antes, para comprender que es mucho más un Dios de la misericordia. La misericordia no tiene lógica. El “buen ladrón” que murió al lado de Jesús, se gana el paraíso como los que han amado toda la vida, y hasta lo gana primero: ¡no hay lógica! Como el hijo pródigo: cuando regresa, Dios hace una fiesta. Pero fue fundamental entender que esta obra no es de Nelson, no es mía, sino de Dios. Entonces, siempre que llega una dificultad, un problema, es de Dios. “Qué quieres que yo haga? Inspíranos, danos soluciones”. Si hay problemas económicos, o faltan vocaciones: “La obra no es nuestra, es tuya.., inspira, llama a jóvenes. Nosotros estamos dispuestos a hacer nuestra parte, pero tú nos tienes que inspirar”.
-En su historia, ¿cómo pudieron superar los fracasos?
 
NG: Un momento particular fue cuando ya estábamos viviendo juntos, los primeros jóvenes y yo, en una profunda comunión, siete meses después de ese primer encuentro en la esquina, y en un momento dado, uno de los primeros, un líder, salió y tuvo una recaída. Como era líder, arrastró a todos los demás. Éramos ocho que estábamos viviendo una experiencia excepcional de unidad, de comunión, de transformación, de alegría. Una noche, yo sentía una sensación de fracaso muy fuerte. Fui a misa, y después fui a hablar con el P. Hans. Le dije: “Se fueron todos”. Él respondió: “Y Dios, ¿se fue?”. Ambos callamos. Pero pensé: “No hemos nacido para tener resultados, ni para tener éxito, sino para amar a Dios. Y Dios se nos presenta en el dolor, en el sufrimiento, en la cruz”. Y quedó más claro para nosotros que a Dios lo encontrábamos allí, en la cruz, y que Él nos llamaba a amarlo abandonado y sufriente en las esquinas, y en las adversidades. En ese momento se afirmó nuestra elección de Dios, y no de una obra social de recuperación de drogadictos. Fue un momento decisivo, fue como el bautismo de la obra. De ahí en más, todo lo que acontecía de negativo: recaídas, fracasos, todo era visto en esa óptica. Nosotros atribuimos el crecimiento que tuvo la obra a ese “sí” a Dios, a Jesús abandonado. 

Vea el artículo en Ciudad Nueva on line AQUÍ

domingo, 8 de agosto de 2010

Celebración del aniversario de la Fazenda de la Esperanza

Presencia de la Diócesis
Nelson, uno de los fundadores, evoca los comienzos. Detrás, Fray Hans, el otro fundador, escucha atento.
Fray Hans comparte sus vivencias al final de la Misa
Los cuatro jóvenes que egresaron brindaron su testimonio y agradecimiento.

La Fazenda de la Esperanza de Cerro Chato vivió la celebración de su primer aniversario. Todos los que estuvimos el 1º de agosto del año pasado recordamos el intenso frío de aquel día, las expectativas, las esperanzas (y también los temores). Un año después, la Fazenda muestra sus primeros frutos. En una casa totalmente renovada, cuatro de los jóvenes que iniciaron hace un año su camino recibieron el diploma de reconocimiento por haber cumplido su compromiso. "Es la primera vez en mi vida que termino algo", dijo uno de los jóvenes al recibir su diploma. Unas palabras muy sencillas para expresar una experiencia que reconstruye, que reconstituye la vida, a partir de la vida en comunidad, el trabajo y la fundamental experiencia del amor de Dios.
La presencia de Nelson y Fray Hans, los fundadores, nos conecta a esta gran Familia de la Esperanza que sostiene el trabajo de las ya 71 Fazendas que se han creado en el mundo.
El Nuncio Apostólico, que presidió la Eucaristía y nos entregó en su homilía (publicada más abajo) un mensaje preparado con dedicación y cariño hacia los jóvenes, nos hizo sentir muy unidos y en comunión con el Santo Padre Benedicto XVI y la Iglesia toda en el mundo, que quiere mirar con los ojos de Jesús, Buen Samaritano, a los hermanos heridos al costado del camino y detener su marcha para sanar sus heridas.
No podemos menos que dar gracias al Padre por este don precioso de su amor, que nos inunda de Esperanza.
+ Heriberto

Homilía en el aniversario de la Fazenda de la Esperanza, 
Cerro Chato, Diócesis de Melo, Domingo 8 de agosto de 2010.

Muy apreciados Mons. Heriberto Bodeant, Obispo de Melo, y Mons. Roberto Cáceres, Obispo emérito de Melo; apreciados fundadores de la Fazenda de la Esperanza, Honorables Autoridades civiles, municipales y de la Junta Nacional de Drogas, queridos fieles cristianos de la comunidad de Cerro Chato.

Nos hemos reunido en este lugar, que es símbolo de solidaridad, de ayuda, de recuperación de las personas y de auténtica caridad cristiana. Lo hemos hecho en este domingo, día del Señor, para celebrar la Santa Eucaristía, en la que queremos dar gracias a Dios por todo lo que continuamente nos regala, y hoy muy especialmente por el primer aniversario de la inauguración de esta Fazenda de la Esperanza “Quo Vadis?”, que tiene una dimensión internacional, pues se encuentra en varios países, especialmente de América Latina, y que ahora también está presente en Cerro Chato, comunidad que integra la diócesis de Melo.

Hemos escuchado la Palabra de Dios. El Evangelio de hoy se inicia con una actitud de confianza: “No temas, pequeño Rebaño, porque el Padre de ustedes ha querido darles el Reino”. Esta exhortación a la confianza expresa la ternura y la protección que Dios ofrece a su pueblo, a sus hijos. Pero expresa también la autoconciencia que tenían las primeras comunidades cristianas: aunque conocían bien su pequeñez y su impotencia, vivían, sin embargo, la seguridad de la victoria. Esa seguridad estaba fundada en la bondad de Dios que, en su amor desmedido, nos ha regalado su cercanía, su Reino. Y si hemos recibido ese regalo, todo lo demás –incluso los bienes materiales– está sobrando, es superfluo. Nosotros somos el pequeño rebaño, en una sociedad que a menudo parece alejarse de Dios. Pero Dios Padre no está lejos de nosotros: se nos ha hecho cercano mediante Jesucristo, el Buen Pastor. Él nos guía y nos conduce por los caminos del mundo, aunque no lo veamos con nuestros ojos, sino desde el interior de nuestra conciencia.

En la página que terminamos de escuchar, San Lucas nos invita a la vigilancia, en la espera del retorno del Señor. La historia presente, nuestra historia, es tiempo de vigilancia. Y es justamente el retorno del Señor el que relativiza el valor de los bienes terrenos y permite ir poniendo el corazón en el verdadero y único tesoro de esta vida, que es la presencia de Dios Padre, de Dios Amor. Tener a Dios en el corazón y en la vida significa amar quien ama, posee una riqueza más grande que cualquier otra riqueza material. Se trata del amor a Dios y del amor a los hermanos. Amor que, como decía San Pablo, nunca pasará, porque tiene la marca de lo eterno. El punto clave reside en la invitación del Señor: “Estén preparados”. O, dicho de otra manera, lo importante es el hoy. A la luz de esta certeza sobre el futuro, se iluminan las opciones del presente. Estar unidos a Dios, vivir el amor con Él, constituye un signo fundamental de pertenencia al Reino de Dios.

El Reino es, al mismo tiempo, una realidad presente y algo todavía por venir. De aquí la doble actitud que se exige al cristiano: desprendimiento y vigilancia. Es necesario no dejarse atrapar por los cuidados y los bienes de este mundo, dando así testimonio de que se buscan las cosas del cielo, es decir, las definitivas. Porque no vale la pena jugarse toda la vida por cosas que se terminan, que duran sólo algún tiempo: como negocio, resulta muy poco conveniente. La vida del cristiano es toda ella una vida de unión con Dios y una preparación para el encuentro final con el Señor. La muerte, que provoca tanta angustia en quien no cree, es para el cristiano una meditación: marca el fin de la prueba, el nacimiento a la vida inmortal, el encuentro con Cristo que lo conduce a la Casa del Padre, a la morada definitiva, a la paz sin más sombras de guerra, al amor que lleva a plenitud toda la existencia.

Resulta providencial que el mensaje que hoy nos propone la Palabra de Dios que se proclama en todas las comunidades católicas extendidas por los cinco continentes, apunte precisamente a esta dimensión de la fe y de la esperanza cristiana, y a ese sentimiento de confianza que vive quien se siente amado y protegido por Dios. Porque el aniversario que hoy venimos a celebrar y a agradecer está referido a una institución que lleva la esperanza en su propio nombre y la vive como uno de sus valores constitutivos.

Desde aquel ya lejano 1983 en que la localidad de Guaratinguetá, de la región de San Pablo, en Brasil, vio nacer la Fazenda de la Esperanza en su rama masculina, ampliada en 1988 por la creación de la rama femenina, y confirmada en mayo de 2007 por la visita del Santo Padre Benedicto XVI –quien manifestó en esa ocasión su apoyo y su cercanía– la Institución ha crecido a pasos agigantados, impulsada por el viento del Espíritu. La presencia en esta celebración de los fundadores de la rama masculina, Nelson Giovanelli y Fray Hans Stappel ofm, expresa con elocuencia la fuerza que ha adquirido este movimiento eclesial en el ámbito de la Iglesia latinoamericana. Y también el lugar que ha encontrado en esta diócesis de Melo, donde ha sido cordialmente acogido no sólo por el Obispo Emérito S. E. Mons. Luis del Castillo SI, sino también por el Obispo actual, S. E. Mons. Heriberto Bodeant, así como por los sacerdotes y las diversas comunidades parroquiales de la diócesis, que han hecho sentir su cercanía a través de signos muy concretos de solidaridad.

Las raíces espirituales que Fazenda de la Esperanza reconoce en el movimiento de los Focolares, y particularmente en Chiara Lubich, su fundadora, aseguran un vínculo muy fuerte con la Palabra de Dios –que encuentra su síntesis en la Ley Suprema del Amor– y una apertura a la acción silenciosa del Espíritu, que es capaz de estimular a cambios radicales en la vida. Y la cercanía con la espiritualidad de San Francisco de Asís alimenta aquel espíritu de trabajo que apunta al auto sustento, como el único modo de vivir dignamente, en una austeridad que constituye también fuente de verdadera alegría. Estos valores encuentran su espacio natural de crecimiento en una convivencia que hace de la Fazenda, más allá de su identidad de centro terapéutico, una verdadera familia, en la que cada uno siente que no es tan pobre que no tenga algo para dar; que es amado y que puede amar; que puede esperar un futuro mejor, construido con la ayuda del Señor y de los hermanos. Es una semilla de bien, de fe y de amor, que se siembra en esta nuestra amada sociedad del Uruguay.

He intentado expresar las razones por las que me siento muy contento de participar en esta Eucaristía, celebrada con motivo del primer año de la fundación de la Fazenda de la Esperanza en esta diócesis de Melo, y de asistir al egreso de los primeros cuatro jóvenes uruguayos que se han recuperado en esta Institución: ellos forman parte de aquellos “hijos predilectos del Señor” –como decía en Guataringuetá el Santo Padre Benedicto XVI– que han encontrado en la Palabra de Dios, vivida con sencillez, con entrega, con humildad, la fuerza para vivir una vida digna, en libertad. Ellos comparten la experiencia que tantos y tantos han vivido en los 26 años de vida de la Fazenda de la Esperanza, extendida ya en 10 países a través de 71 centros terapéuticos que reciben a 2.000 internos, atendidos por 200 voluntarios.

Al aceptar la invitación que gentilmente me hiciera S. E. Mons. Heriberto Bodeant, Obispo de esta diócesis, siento que de alguna manera soy portador, como representante del Santo Padre en el Uruguay, de los sentimientos de cercanía que Su Santidad Benedicto XVI expresara hacia este movimiento, cargado de esperanza para los jóvenes, para la Sociedad y para la Iglesia. Celebrando la Eucaristía hemos reafirmado la esperanza: una esperanza que es regalo de Dios, sostén de los necesitados; una esperanza que se vive personalmente; que crece en la comunidad y luego se siembra y esparce, contagiando a otros. Ruego al Señor para que, como una semilla, esta Fazenda de la Esperanza Quo Vadis? crezca en esta diócesis y en todo el Uruguay, como un faro que guíe a muchos jóvenes que aún caminan en las tinieblas de la adicción y les permita encontrar su propio camino, según el proyecto de Dios.

+ Anselmo Pecorari,
Nuncio Apostólico en el Uruguay

domingo, 1 de agosto de 2010

Hoy cumple un año

Fazenda de la Esperanza se prepara
a celebrar su primer aniversario
en Uruguay
Inaugurada hace hoy exactamente un año, la Fazenda de la Esperanza "Quo Vadis?", en Cerro Chato, Diócesis de Melo, se prepara para celebrar este aniversario el próximo domingo 8 de agosto.
Este primer aniversario significa también para algunos de los jóvenes de la Fazenda, haber llevado a feliz término el compromiso que asumieran de permanecer un año en la Fazenda para realizar un camino de recuperación de sus adicciones, basado en el trípode Espiritualidad, Trabajo y Convivencia, nutrido de la espiritualidad franciscana y de la del Movimiento de los Focolares.
En esta celebración estará presente el Sr. Nuncio Apostólico, Mons. Anselmo Guido Pecorari (foto), quien presidirá la Eucaristía y con ese gesto manifestará el apoyo y afecto del Santo Padre por esta obra y por los jóvenes que toman la decisión de emprender un camino de liberación de la esclavitud de la droga o de otras adicciones. También estará presente el Obispo Diocesano, Mons. Heriberto y autoridades municipales y de la Junta Nacional de Drogas.
También estarán los fundadores
La primera Fazenda da Esperança fue fundada en 1983, en Guaratinguetá (San Pablo, Brasil) y en 1988 se creó la rama femenina. La primera casa fue visitada por el Santo Padre el 12 de mayo de 2007, en ocasión de su viaje a Brasil con motivo de la Conferencia de Aparecida. Los fundadores de la rama masculina, Nelson Giovanelli y Fray Hans Stapel ofm, han comprometido su presencia en Cerro Chato el 8 de agosto.

lunes, 26 de julio de 2010

1er Aniversario de la Fazenda de la Esperanza en Uruguay

8 de Agosto de 2010
"¡Feliz de ti por haber creído que se te cumplirá lo te fue anunciado de parte del Señor!" (Lc 1,45)

Programa
14:00 - Bienvenida
14:15 - Himno Nacional
14:45 - Misa presidida por el Sr. Nuncio Apostólico en el Uruguay, Mons. Anselmo Guido Pecorari
Concelebrantes: Mons. Heriberto Bodeant, Obispo de Melo; Mons. Roberto Cáceres, Obispo Emérito de Melo; Fray Hans Stapel OFM, fundador. Obispos presentes, sacerdotes diocesanos y religiosos amigos.
16:00 - Café y testimonios

Testimonio de una persona presente en la inauguración:
Ayer fuimos a la inauguración de la Fazenda da Esperança, en Cerro Chato; hacía un frío imponente, con un viento muy desagradable.
Salimos del colegio a las 8.30 de la mañana en un autobús y en una furgoneta de 13 personas, iban alumnos del colegio, animadores, Anita (la voluntaria italiana que está en el colegio de Montevideo), Silvia (voluntaria uruguaya de Montevideo), Laura, Lara y yo. El camino era de dos horas por una camino de tierra hasta llegar al pueblo, que hace frontera con tres departamentos, por lo que el pueblo tiene tres jefaturas de policía, tres enfermerías,.... y estando en una calle estas en un departamento y si cruzas de acera estás en otro.
Llegamos a Cerro Chato y nos bajamos en la parroquia del pueblo que tenía una sala al lado que fue donde dejamos las mochilas y después almorzamos. Durante la mañana estuvimos dando un paseo por el pueblo y a las 12 comimos todos juntos compartiendo lo que cada uno tenía.
A las 13h volvimos a los autos para ir a la Fazenda. Ésta estaba apartada un poco del pueblo, era una antigua granja abandonada que se le ha cedido; habían reconstruido la casa y plantado por detrás algo para empezar. Tenía unas 53 hectáreas.
Al llegar nos encontramos con los ex drogadictos que vinieron al colegio para invitarnos a la inauguración, charlamos con ellos, bebimos mate y café,.... ( al aire libre, que fríooooo). También se podía subir a la casa a ver las instalaciones, conversamos,...
La inauguración en sí comenzó a las 14h, el fundador contó cómo empezó la fazenda: los chicos que se drogaban en la esquina eran temidos por todos, un día Nelson decidió acercarse a uno de ellos para que le ayudara a hacer una pulsera; durante varios días hablaron, hasta que un día, el drogadicto lo llevo a su casa y estuvieron hablando toda la tarde. Cuando Nelson se iba para su casa, el drogadicto le abrazó y le dijo que era la primera vez que sentía que tenía un amigo. A partir de ahí, les presentó a los demás drogadictos. Un día, uno de ellos le dijo que no quería seguir con esa vida, que por favor lo ayudase; Nelson lo llevó al sacerdote de la parroquia, Fray Hans, que comenzó a hablar con ellos. Necesitaban un hogar y una persona que lo acompañase durante todo el día para evitar las drogas, y como los padres de Nelson habían ido a África, lo metió en su casa. Este chico se lo contó a los demás que quisieron seguir sus pasos. Pronto alquilaron una casa y se pusieron a trabajar en lo que podían compartiéndolo todo. Esto hace 25 años que comenzó en Brasil y la fazenda Uruguaya es la número 62.
Los diferentes ex drogadictos que habían trabajado en la fazenda contaron sus experiencias, muy duras, algunos por la vida que llevaron y otros por lo jóvenes. Había chicos brasileños, un alemán, argentinos,....
Hablaron y apoyaron también las autoridades: obispo, intendentes... Tras esto escuchamos el himno uruguayo y aprendimos el himno de la fazenda, que como es brasilero tiene un ritmo muy bueno y es pegadizo, lo malo que es en portugués.
Ese mismo día ingresaban los dos primeros drogadictos uruguayos que pudimos hablar también con ello. Había sitio para 16 chicos y construirían otra casa para otros 16. Las fazendas masculinas y femeninas están separadas, ni siquiera en el mismo pueblo.
Todos nos contaban que los tres primeros meses son los peores: abstinencia, no se puede ni fumar ni beber nada de alcohol, el cambio es radical, no se pueden comunicar con el exterior ni con su familia, ni la tele, ni la prensa,.... Lo único que pueden con el exterior es escribir cartas. La recuperación es una experiencia de un año en la fazenda, después tienen un seguimiento.Ello están acompañados las 24h por los coordinadores, dentro de la fazenda, y hay una responsable, además, que hace de director. La mayoría de los coordinadores ya han pasado por eso, por eso saben qué hacer en cada momento, además de la formación. Pueden abandonar en el momento en que la persona quiera. Y para ingresar no tienes por que ser creyente solo respetar en silencio los momentos de oración.
Tras conocer un poco y hablar con ellos, volvimos a la parroquia donde tuvimos una misa todos juntos por los muchachos que ingresaban en la fazenda. Después regresamos para Treinta y Tres.
Flavia Cordero(*)
* Flavia es española y vivió una experiencia de voluntariado en Uruguay, de la que comparte algo en su blog "Una vida en Uruguay"

miércoles, 23 de junio de 2010

De revista UMBRALES junio

Fazenda Esperanza

UNA MISIÓN QUE SE VIVE CON LOS PREDILECTOS DE DIOS

Fazenda de la 
esperanza

Desde agosto de 2009 esta experiencia está presente en Uruguay. Umbrales quiso entrevistarse con sus integrantes, que la llevan adelante con gran entrega y dedicación. Maicon Cesari, nuevo integrante de la redaccción de Umbrales preparó el presente testimonio.

Todo comenzó en el año 1983 por la iniciativa del joven Nelson Giovaneli, que buscaba vivir la palabra de Dios en la práctica de su vida “me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles” (1Cor 9,22). Con esta búsqueda de vivir la buena noticia del Reino, animado con las palabras de su párroco, Fray Hans Stapel, tuvo comienzo la “Fazenda de la Esperanza”.
Pero, ¿qué hacen?
¿Quiénes son?
¿Cuál es su espiritualidad?
Desde hace unos años, tal vez se escuche hablar de este trabajo.
Impulsado por el Espíritu del Evangelio, Nelson, un joven brasileño, de una ciudad llamada Guaratinguetá, comienza a acercarse a un grupo de jóvenes de la calle adictos a la droga, en el barrio donde él vivía. La motivación era “me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles”. Con el pasar del tiempo uno de los jóvenes adictos, pidió ayuda a Nelson para salir de esta situación, tenía ganas de salir del vicio. De ahí entonces alquilaron una casa y empezaron a vivir juntos, siempre con la ayuda de Fray Hans; así comenzó el proyecto de la Fazenda de la Esperanza. Lo primero a tener en cuenta es que la “Fazenda”, no es una clínica de recuperación de adictos a las drogas, alcohol, compulsivos por juegos o compras; además de todo esto, es una comunidad terapéutica, que recibe a todas las personas que quieran por voluntad propia, aprender a vivir la vida desde otro punto de vista, con otros valores como el respeto y el amor.
La espiritualidad de la “Fazenda” viene de dos vertientes: la espiritualidad de los Focolares y la de los Franciscanos. De los Focolares toma la idea del respeto, de la unidad, de leer el Evangelio y vivirlo cada día y sobretodo el tema del mandamiento del amor; de la espiritualidad Franciscana toma la idea de la perfecta alegría del santo de Asís, que es la búsqueda de dar todo sin pedir nada en cambio. En las palabras de Beatriz, voluntaria de la Fazenda: “Este es nuestro tratamiento: el amar en primer lugar.”
La Fazenda en Uruguay
La idea de traer la Fazenda a Uruguay empezó, cuando el p. Dante, un cura franciscano, conoció en Brasil la “Fazenda da Esperanza”; allá hizo una experiencia. Encantado por el trabajo que allí se hace, invita a una amiga(*), Beatriz, laica que vive la espiritualidad franciscana. Para conocer la obra ella va a Brasil y hace una experiencia, primero de una semana, en el año siguiente de un mes y en el otro se queda cuatro meses allá en Guaratinguetá. Mientras tanto, el p. Dante invita también a un cura amigo suyo, el p. Gabriel, para que conozca la obra. Él, por su parte, se queda un mes en Guaratinguetá, en la oportunidad de la visita del Papa a Brasil y a la “Fazenda de la Esperanza”. Estas tres personas conocieron la obra y se quedaron enamorados de este proyecto y empezaron a pensar de la posibilidad de traer la Fazenda al Uruguay.
Presentaron el proyecto a distintas diócesis, pidiendo oración, para que la obra tuviera la Bendición del Señor; necesitaban la donación de un predio y una diócesis que los aceptase. Después de ver el proyecto, el obispo de la diócesis de Melo y Treinta y Tres, mons. Del Castillo, quedó encantado y recibió la obra en su territorio, donando el primer predio de la “Fazenda”. Así se fue trabajando para que la “Fazenda” pudiese abrir las puertas para recibir a los dieciséis varones que entraron en el día de su inauguración, el 1º de agosto de 2009.
Estos muchachos tuvieron su primera visita de sus familias el 8 de noviembre, porque en la Fazenda sólo pueden recibir visita después de tres meses de internados. La visita de las familias prevee celebraciones, charlas, almuerzo, y otros momentos comunitarios. La visita se da siempre en el segundo sábado del mes.
Los tres pilares
El ritmo de vida en la “Fazenda” es intenso, y se fundamenta en tres pilares: trabajo, convivencia y espiritualidad.
Todo el tratamiento está en estos tres pilares y no hay acompañamiento con otros profesionales, como por ejemplo psicólogo, psiquiatra o médicos. Y por esto la “Fazenda” no es una clínica sino una comunidad terapéutica.
La motivación está en la búsqueda de una vida saludable, a través del amor, lo que más vale. Con su trabajo, los jóvenes consiguen su mantenimiento. En Uruguay todavía se sigue buscando la forma de que la “Fazenda” pueda vivir y ser autosustentable; por ahora los muchachos trabajan en el cultivo de la tierra, en el cuidado de la casa y en sus jardines. Así ocupan una buena parte de su día.
La convivencia es otro pilar, que ayuda a la reintegración de estas personas cuando vuelven a sus familias. A través de una buena convivencia, en la comunidad se intenta reestablecer un clima de familia. Por último, pero no en orden de importancia, está la espiritualidad: es el fundamento de la “Fazenda”.
Aquí nadie es forzado a ser católico o evangélico, o judío, pero si es necesaria una búsqueda de lo que transciende a nuestra humanidad.
Todos los días, los muchachos, inspirados en la espiritualidad de los focolares, tratan de vivir la palabra de Dios de ese día. Hacen juntos la oración de la mañana, y la bendición de los alimentos. Y cada cual es invitado a vivir la experiencia de amar a Dios y percibirlo en su vida personal y con sus hermanos. Una vez por semana, tienen un espacio de reunión, donde cada uno puede decir si logró vivir mejor la Palabra o en qué encontró dificultades. El período de internación en la “Fazenda” es de 12 meses; después de este período, los jóvenes vuelven a su familia, a su casa, y allí buscan vivir todo lo que experimentaron, ahora en el día a día de la vida cotidiana.
La “Fazenda” y la visita del Papa
La mayor prueba, por parte de la Iglesia, de que el trabajo de la fazenda tiene valor, se dio en 2007 en ocasión de la Conferencia de Aparecida, cuando Benedicto XVI estuvo personalmente en la “Fazenda”. Mostrando así la importancia de este trabajo, y alentando la iniciativa con estas palabras: “…La dignidad humana no puede ser maltratada de esta manera. El mal provocado recibe la misma reprobación dada por Jesús a los que escandalizaban a los “chiquitos”, los preferidos de Dios (Mt 18,7-10). Por su parte, la tarea del Papa es renovar en los corazones la luz que no se apaga, ya que quiere iluminar lo íntimo de las almas que buscan el verdadero bien y la paz, que el mundo no puede dar. Un fulgor como este, sólo necesita de un corazón abierto a las ansias divinas”.
Maicon Cesari

(*) En realidad, Beatriz es la hermana del P. Dante (nota del blog)

miércoles, 16 de junio de 2010

Respuesta a las adicciones

¿Tienen tus hijos
problemas de drogas?
Amor-Exigente 
nuevamente en Melo

Amor-Exigente es una respuesta a las familias en las que algunos de sus miembros han entrado en el terrible camino de las drogas.

Después de una presentación realizada recientemente en nuestra sociedad, hay ahora dos encuentros programados:

Para padres que están dispuestos a encarar el problema, y quieren conocer lo que Amor-Exigente ofrece como camino, habrá una reunión el Martes 15 de junio, a las 18 horas. El lugar de reunión es reservado. Los interesados en participar pueden comunicarse a los siguientes celulares para conocer los detalles:
- 098 11 84 47 (Raquelita)
- 098 71 25 10 (Roberto)

Para todos aquellos que quieran tener herramientas de prevención, la propuesta es una serie de encuentros que irán abordando temáticas relacionadas con la adicción. Estos encuentros se inician también el Martes 15 de junio, pero a las 19:30, en la Sociedad Agropecuaria de Cerro Largo, Dr Herrera Nº 639, Melo - Cerro Largo, Teléfonos 22088 – 29797.

miércoles, 26 de mayo de 2010

"Amor Exigente"
se presentó en Melo
Prevenir y solucionar problemas de familia
es su finalidad

Por iniciativa de exalumnos del Liceo Salesiano "Mons. Lasagna", se realizó en el Teatro España una charla abierta de "Amor Exigente", un movimiento originado en el Brasil que tiene la finalidad de brindar apoyo a familias en las que algunos de sus miembros sufren problemas de adicciones.

Eduardo y Doris, matrimonio que tiene ya un camino en este grupo, presentaron la metodología de AE y ofrecieron su propio testimonio de vida. La charla fue seguida con interés y atención por una numerosa audiencia de padres y jóvenes. Muchas inquietudes quedaron abiertas, inclusive la posibilidad de que pueda crearse en Melo un grupo de AE.

Otra presentación de Amor Exigente se realizó el año pasado, en la Parroquia San José Obrero de la ciudad de Treinta y Tres, frente al Consejo Diocesano de la Familia.

Para ver más información sobre Amor Exigente, incluido un link a su sitio web, hacer click AQUÍ

sábado, 29 de agosto de 2009

Consejo Diocesano de Familia - Amor Exigente

El sábado 29 se reunió en la Parroquia San José Obrero de la ciudad de Treinta y Tres el Consejo Diocesano de Familia. El tema central fue "Adicciones". El consejo recibió con mucho interés y atención el testimonio y la propuesta de "Amor Exigente", un movimiento que ofrece, a través de sus grupos, apoyo a las familias que sufren por la adicción a las drogas de alguno de sus miembros y acción preventiva.

¿Que es AMOR-EXIGENTE?
  • Es una propuesta de educación, destinada a padres y orientadores, como forma de prevenir y solucionar problemas con jóvenes, tales como: uso de alcohol u otras drogas, violencia y cualquier problema de comportamiento inadecuado a las normas establecidas y aceptadas socialmente.
  • A.E analiza doce principios básicos para la organización familiar y social.
  • Es una guía para una manera de vivir y administrar la convivencia entre los seres humanos, con amor y disciplina, rescatando el respeto, los valores morales y espirituales.
  • Es un abordaje que enfatiza el cambio de comportamiento de padres, docentes, terapeutas orientadores y voluntarios, en relación a jóvenes con problemas.
  • Los grupos de apoyo de A.E no son grupos terapéuticos, ni religiosos o políticos.
  • Son grupos de acción y no de consolación, en donde se fortalece para actuar, en vez de solo hablar, se construye la cooperación familiar y comunitaria y se debilita la agresividad y la violencia.
  • En ellos se discute semanalmente la orientación a las situaciones presentadas.
  • Los participantes se proponen metas que deberán ser analizadas individualmente dentro de los límites de cada uno para que exista un verdadero cambio interior, que se refleje en el contexto familiar y escolar a través de adecuadas tomas de decisión.
Más información en el sitio web de amor exigente:
http://amorexigenteuruguay.org/
E-mail:
amorexigenteuruguay@adinet.com.uy
Teléfono, desde Uruguay:
Celular: 099 303 199
Teléfono fijo: (02) 402 54 88