domingo, 20 de septiembre de 2026

“Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros." (Mateo 19,30 – 20,16). Domingo XXV durante el año

Amigas y amigos: estoy grabando esta reflexión el jueves 17, todavía en Roma, con los demás obispos del Uruguay, en visita Ad Limina. Ya hemos tenido la mayor parte de nuestros encuentros en los distintos organismos de la Iglesia, con muy buenos intercambios en todos ellos. Nos queda mañana la culminación, con la visita a la Secretaría de Estado y al Papa León, al que le transmitiremos el saludo de todos aquellos que esperan vivir en Uruguay nuestro encuentro con él. El domingo, Dios mediante, estaré volviendo a Uruguay en la tardecita, para descansar y el lunes reencontrarme con sacerdotes y diáconos en nuestro retiro anual, que comienza a mediodía. Rezaremos por toda nuestra diócesis; recen también ustedes por nosotros.

Para introducirnos al evangelio de este domingo, quiero empezar recordando el final del evangelio según san Juan, que es un pasaje un poco curioso. Tenemos primero un momento muy importante, aquel en el que Jesús por tres veces le pregunta a Pedro «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» y le encomienda el cuidado de sus ovejas. A continuación, Pedro se da vuelta y ve que lo seguía “el discípulo que Jesús amaba” (Juan 21,20), ese discípulo que manifiesta ser “el que da testimonio de estas cosas y el que las ha escrito” (Juan 21,24), es decir el autor del evangelio que la tradición identifica como el apóstol Juan. 

Cuando Pedro lo vio, preguntó a Jesús:
«Señor, ¿y qué será de éste?».
Jesús le respondió: 
«Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué importa? Tú sígueme». 
(Juan 21,21-22)

¿Por qué traigo esto a propósito del evangelio de este domingo, la historia de los trabajadores de la viña? Pedro y Juan, así como los demás apóstoles, fueron obreros de la viña del Señor. En el final del Evangelio de Juan, Pedro recibe su misión y también, de una forma velada, el anuncio de su muerte martirial. Pero Pedro quiere saber qué va a pasar con el otro discípulo: “¿Qué será de éste?”, a lo que Jesús, como hemos escuchado, no responde. ¿Por qué no responde Jesús? Aquí puede hacerse una relación con la parábola de los trabajadores de la viña.

Esta parábola es muy conocida… El dueño del viñedo sale en varios momentos del día a buscar operarios. Con los de la primera hora hace un contrato muy formal y muy concreto:

Trató con ellos un denario por día y los envío a su viña. (Mateo 20,2)

Quedó establecido un tiempo de trabajo: la jornada y el pago correspondiente: el denario, una moneda de plata.

Con los siguientes, a media mañana, a mediodía y a la tarde, hay una promesa de pago, pero no tan precisa:

"Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo" (Mateo 20,4)

Finalmente, el dueño de la viña sale -ya al caer la tarde- y todavía encuentra algunos desocupados, a los que pregunta:

"¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada?" Ellos le respondieron: "Nadie nos ha contratado". Entonces les dijo: "Vayan también ustedes a mi viña". (Mateo 20,6-7)

Notemos que aquí no hay ninguna promesa de pago. Ni el denario, ni “lo que sea justo”. Sin embargo, terminada la jornada, el dueño ordena a su capataz:

"Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros".
 Fueron entonces los que habían llegado al caer la tarde y recibieron cada uno un denario. (Mateo 20,8-9)

¿Se ganaron ese denario? ¿Cuánto tiempo trabajaron realmente? ¿Es eso justo? No; no es justicia; es gratuidad. Retengamos esa palabra: gratuidad. Pero ese gesto motiva la protesta de los obreros de la primera hora:

"Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda la jornada". (Mateo 20,12)

La queja es ¿por qué reciben lo mismo que nosotros? La respuesta del dueño es un recordatorio:

¿acaso no habíamos tratado en un denario? (Mateo 20,13)

La respuesta es un llamado a respetar la experiencia diferente del hermano (ése, que llegó en la última hora) para estar más atentos a nuestra propia relación con Dios, a lo que tenemos acordado con Dios y aceptar nuestra ignorancia, ya que en realidad no sabemos ni tenemos porqué saber qué es lo que Dios trató con el otro. Por eso la referencia a Pedro y Juan qué hacíamos al principio. Hay una relación de Dios con su Pueblo y hay una relación personal de Dios con cada uno de nosotros. No siempre es fácil entender ese camino que condujo a la fe a alguien que parece haber encontrado a Dios a última hora. No sabemos los caminos de la Gracia. Gracia, gratuidad.

Aceptando que hay cosas que no nos corresponde saber, de lo que se trata, como decíamos, es de ver cómo está nuestra propia relación con el Señor. Pensemos en la respuesta de Jesús a Pedro: ¿qué va a pasar con el otro discípulo? “¿Qué importa? Tú sígueme”. Tú, sígueme. De lo primero que te tienes que ocupar es de tu respuesta a la Gracia.

Y seguir a Jesús es entrar en la lógica del Reino de Dios, que es muy distinta a la de este mundo. Así Isaías, en la primera lectura, describe la distancia entre el mundo y el Reino:

Como el cielo se alza por encima de la tierra,
así sobrepasan mis caminos y mis pensamientos
a los caminos y a los pensamientos de ustedes. (Isaías 55,9)

Entre Dios y el hombre, de acuerdo al profeta, hay una gran distancia, un abismo. Sin embargo, aún desde lo alto, desde lo inaccesible, Dios sigue acompañando y custodiando el camino de los hombres, incluso cuando se presentan dificultades en las relaciones de ellos con Él.

Esa distancia la ha cruzado el Hijo de Dios hecho hombre, Jesucristo. Por medio de Él, por su mediación, se hace más fácil hacer lo que Isaías nos pide:

¡Busquen al Señor mientras se deja encontrar,
llámenlo mientras está cerca! (Isaías 55,6)

Cuando el hombre tiene la valentía de abandonar su camino para volver al Señor, sabe bien que él «tendrá misericordia de él» porque «perdonará ampliamente» (Is 55,7). Para nosotros, los creyentes, esta experiencia de búsqueda y conocimiento de la ternura misericordiosa de Dios puede tener lugar siempre en la escucha de su Palabra contenida en las Escrituras, a la que podemos inclinarnos con amor, esperando ser alcanzados por la suave persuasión del Espíritu Santo que se nos da en forma personal y comunitaria en el seguimiento de Jesús.

En esta semana

Lunes 21, fiesta de San Mateo, Apóstol y evangelista.

Miércoles 23, San Pío de Pietrelcina.

Jueves 24, Nuestra Señora de las Mercedes, patrona de la Diócesis que abarca los departamentos de Soriano y Colonia.

Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

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