| En la Capilla María Auxiliadora (San Ramón), durante la visita de la reliquia del Beato Jacinto Vera. |
Señor y Dios nuestro,te pedimos que el alma de tu servidor Miguel Ángel, sacerdote,a quien encomendaste durante su vida el ministerio sagrado,pueda compartir ahora la felicidad eterna en el cielo.Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,y es Dios, por los siglos de los siglos.
Miguel Lemos nació en Montevideo, de un matrimonio que vivía en Paso Carrasco, Canelones, el 7 de enero de 1953.
Falleció en Montevideo, en el Sanatorio Juan Pablo II del Círculo Católico, el Viernes Santo, 3 de abril de 2026.
Fue ordenado sacerdote el 31 de mayo de 1985 en la parroquia San José de la Montaña. Su lema sacerdotal es
"Sé en quien he confiado" (2 Timoteo 1,12).
A ese lema unía la imagen de la cruz con la base en forma de ancla, bordada en sus ornamentos:
Esta esperanza que nosotros tenemos, es como un ancla del alma, sólida y firme, que penetra más allá del velo, allí mismo donde Jesús entró por nosotros, como precursor, convertido en Sumo Sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec. (Hebreos 6,19-20)
El año pasado celebró sus 40 años en el ministerio, acompañado por delegaciones de todas las comunidades parroquiales a las que había servido: San Antonio de Padua (Pueblo Nuevo, Las Piedras), Santa María de los Ángeles y San José (San José de Carrasco), San José Obrero (Paso Carrasco), San Ramón Nonato (San Ramón) y San Juan Bautista (San Bautista), Catedral Nuestra Señora de Guadalupe (Canelones), Sagrada Familia (Sauce) y, actualmente, por segunda vez en San Ramón y San Bautista.
Prestó el servicio de formador de los futuros sacerdotes en el Seminario Interdiocesano "Cristo Rey", en Montevideo.
En más de un período fue miembro del Consejo de Presbiterio y del Consejo de Consultores de la Diócesis de Canelones.
Fue Decano del Decanato Canelones cuando fue párroco de la Catedral.
Desde hace años estaba encargado de la formación y acompañamiento de los Diáconos Permanentes de la Diócesis de Canelones.
El adiós de sus comunidades y de la Diócesis
Hacia el mediodía del Viernes Santo su cuerpo fue llevado al templo parroquial de San Juan Bautista, donde permaneció durante la la celebración de la Pasión. Terminada la celebración, en la que hubo mayor concurrencia de fieles que lo habitual, se hizo el traslado del cuerpo a San Ramón. Allí se hizo también la celebración de la Pasión, quedando luego el templo abierto durante la noche, para quienes quisieran tener allí un momento de oración junto al cuerpo de este sacerdote que supo ser padre, hermano y amigo.
El Sábado Santo, a las 9 de la mañana, sacerdotes y diáconos de la diócesis participaron en la oración de exequias presidida por el Obispo. Al principio de la celebración, el P. Néstor Rosano explicó de qué se trataba y por qué no se celebraba Misa. Al mismo tiempo, de una forma muy cálida, nos invitó a todos al recogimiento y la oración.
El P. Fabián Rovere tuvo a su cargo la homilía, recordando la autenticidad del P. Miguel, que conocía sus capacidades y sus límites y destacó su manera de vivir de acuerdo a su lema "Sé en quién he confiado".
Se recibieron saludos del Obispo emérito, Alberto Sanguinetti, el Cardenal Daniel Sturla, los Obispos Milton Tróccoli (Maldonado-Punta del Este-Minas), Luis Eduardo González (Mercedes), Pedro Wolcan (Tacuarembó); de los Pbros. José García, Luis Fariello, Pablo Bonavía, Nelson González, Miguel Sastre, Federico Soneira; de los diáconos permanentes Mario Moraes (diócesis de Melo, pero oriundo de San Ramón; Roberto Pérez (Santa Lucía) el Hno. Juan Walder, marista y el Sr. Raúl Damiano.
Después del responso, el féretro fue llevado al Cementerio local, para ser colocado en el Panteón de la familia Corso, que generosamente puso a disposición de la diócesis ese espacio. En el cementerio se continuó con el canto y la oración, con momentos muy emotivos.

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