18 y 19 de abril: peregrinación a la Virgen del Verdún
Muchos serán los peregrinos que este sábado y domingo subirán rezando hasta la cumbre del cerro Verdún, en el departamento de Lavalleja, venerando a María Inmaculada. Ella, desde lo alto de su templete, los recibirá con su cariño de Madre. Esta devoción a la Virgen del Verdún, propia de Uruguay, comenzó con el siglo XX y se ha mantenido hasta nuestros días. La fecha del 19 de abril ha querido relacionar esta devoción mariana con un acontecimiento que, tras muchos avatares, desembocó en la independencia de nuestro país: el desembarco de los Treinta y Tres orientales, en 1825. Al frente de esos patriotas estuvo Juan Antonio Lavalleja, nacido en Minas, la ciudad que se ve desde lo alto del cerro. Nos unimos espiritualmente a nuestros hermanos y hermanas en su peregrinación, orando especialmente por la paz, fuerte anhelo de toda la humanidad en estos tiempos de guerra.
Los peregrinos de Emaús
El Evangelio de hoy es muy conocido: es la historia de aquellos dos discípulos que caminan hacia el pueblo de Emaús, alejándose así de Jerusalén, donde ha quedado el resto de la comunidad, después de la muerte y resurrección de Jesús.
Pero, antes de comentar el Evangelio, quiero invitarlos a detenernos en algunos pasajes del primer libro de los Macabeos, que cuenta la guerra de los israelitas contra la tiranía del rey Antíoco Epífanes, uno de los sucesores de Alejandro Magno.
El gran héroe del primer libro es Judas Macabeo, que organiza las fuerzas que enfrentan al invasor. Antes de entrar en batalla con el ejército del rey, Judas motiva la oración de sus soldados diciendo:
Invoquemos ahora al Cielo para que tenga piedad de nosotros.
Así reconocerán todas las naciones que hay Alguien que libera y salva a Israel».
(1 Macabeos 4,10-11)
La oración pide que sea Dios quien libere y salve, dando el triunfo a los que entrarán en batalla. Un eco de esta plegaria podemos encontrarlo en las palabras de los peregrinos de Emaús, que expresan su desilusión ante la muerte de Jesús, sin saber que es con él mismo con quien están hablando:
Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. (Lucas 24,21)
Podríamos pensar que esa referencia a la liberación de Israel es mera coincidencia… pero ocurre que una de las primeras acciones del Macabeo sucedió, precisamente en aquel lugar al que se dirigían los discípulos:
Judas (…) salió con sus soldados para derrotar al ejército real que estaba en Emaús (1 Macabeos 4,3)
Con todo, a la larga, Judas será vencido y morirá; su vencedor establecerá en Emaús una de las fortalezas con las que buscará seguir asegurando el dominio de Antíoco (1 Macabeos 9,50).
Las palabras de los dos discípulos y el lugar hacia donde se dirigen, parecen recordar aquella gesta de Israel, ese camino de lucha… esperábamos que él librara a Israel… dicen, decepcionados, los caminantes... esperábamos que él fuera otro Judas Macabeo que, ahora, con la ayuda de Dios, los llevara al triunfo; pero fue entregado, condenado y crucificado.
Cuando la desilusión entra en el corazón lo vacía de esperanza.
Es desde ese telón de fondo sobre el que resaltan las palabras de Jesús:
«¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?» Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él. (Lucas 24,25-27)
Era difícil aceptar la visión de un Mesías que realiza su misión liberadora por medio de su propio sufrimiento; sin embargo, el profeta Isaías, en sus cuatro cánticos dedicados al servidor sufriente lo estaba anunciando.
Más aún: Lucas dice que Jesús interpretó para estos dos discípulos lo que se refería a él “en todas las Escrituras”. Es en Cristo que toda la Escritura alcanza su pleno cumplimiento. Todo en ella apunta hacia Él. En Él la Palabra de Dios se cumple en plenitud.
La interpretación de Jesús no es la de un Maestro estudioso y erudito; su autoridad viene de ser Aquel en quien la Escritura se ha cumplido en su propia carne: en su pasión, muerte y resurrección. Todo eso era necesario para mostrar que ante tanta violencia y maldad, también el bien existe; y el bien es más fuerte que el mal y lo derrota.
Pasado ese encuentro con Jesús, cuando queden solos, los discípulos recordarán lo que habían sentido al escucharlo:
«¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?» (Lucas 24,32)
Jesús fue finalmente reconocido por los discípulos cuando estando a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio (Lucas 24,30). Pero, inmediatamente, desapareció de la vista de ellos.
Poco antes, al llegar a Emaús, Jesús había hecho ademán de continuar su camino, pero los discípulos le rogaron:
«Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba». (Lucas 24,29)
Jesús no solo fue reconocido al partir el pan: en el pan dejó su cuerpo; dejó su presencia real.
La petición “Quédate con nosotros” es la primera oración de los discípulos al Resucitado. La motiva no solo el deseo de que Él se quede, sino la necesidad de su presencia cuando las tinieblas comienzan a envolvernos.
El Padre Pío, San Pío de Pietrelcina, desarrolló ese ruego en forma personal, con la oración que rezaba después de comulgar y que comenzaba diciendo “Quédate conmigo, Señor”. Ese hombre, que en su vida atravesó dos guerras mundiales que tocaron directamente su propio país y que en medio de ambas presenció sangrientos enfrentamientos entre sus ciudadanos, sentía la necesidad de pedir al Señor que siguiera presente, que permaneciera entre nosotros, con cada uno de nosotros, en tiempos oscuros. Recemos con él:
Quédate conmigo, Jesús,
porque en esta noche de vida y de peligro, te necesito.
Que en la fracción del pan
te reconozca como discípulo tuyo,
es decir, que la Comunión Eucarística
sea la Luz que disipe las tinieblas,
la Fuerza que me sostenga
y la única Alegría de mi corazón.
Tres invitaciones
Tres invitaciones muy interesantes y diferentes nos llegan para el próximo fin de semana:
1) Conferencia sobre “El Espíritu Santo, nuestra esperanza”, con prestigiosos invitados internacionales, en tres instancias:
- Para obispos y sacerdotes, el viernes 24, desde las 8 de la mañana hasta el almuerzo, en el seminario interdiocesano Cristo Rey, Juan Rodríguez Correa 1361 casi Millán.
- Para sacerdotes, diáconos, consagrados y seminaristas desde las 15 hasta las 20 horas, el mismo viernes y el mismo lugar
- Para público en general, el sábado 25, desde las 8:30, culminando con la Misa a las 18:30, en Talleres Don Bosco, Maldonado 2125, Montevideo.
2) Una nueva edición de los Retiros Parroquiales Juan XXIII, que se desarrollará en Villa Guadalupe, desde el Viernes 24 al domingo 26.
3) El Movimiento de Cursillos de Cristiandad convoca, no solo a cursillistas sino a todos los interesados, a la Ultreya Diocesana en Tala, el sábado 25, desde las 15 horas.
Gracias, amigas y amigos por su atención: que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

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