domingo, 12 de enero de 2014

"Conviene que así cumplamos todo lo que es justo"

 

Homilía, Bautismo del Señor, domingo 12 de enero de 2014


Con esta fiesta del Bautismo del Señor cerramos el Tiempo de Navidad y abrimos el Tiempo Ordinario o Tiempo durante el año, que se interrumpirá el primer miércoles de marzo, con el comienzo de la Cuaresma.
El Bautismo de Jesús es un hecho que marca el comienzo de la su vida pública. Y se marca con un momento de manifestación de Dios, una epifanía.
Es un hecho relacionado a la Adoración de los Magos, que celebramos el pasado 6 de enero: manifestación a las naciones paganas y al milagro de las bodas de Caná, el agua cambiada en vino, primer signo de Jesús, por el que sus discípulos creyeron en Él.
El Bautismo de Jesús es contado por los cuatro evangelistas, que nos trasmiten esa manifestación de Santísima Trinidad:
  • presencia del Hijo, hecho hombre;
  • descenso del Espíritu Santo, en forma de paloma, sobre el Hijo
  • voz del Padre que confirma: “Este es mi Hijo”
El Bautismo de Jesús es contado en los cuatro Evangelios, pero este año escuchamos el relato de Mateo. Los cuatro relatos cuentan lo mismo, pero cada evangelista pone sus detalles.
Entre los detalles propios de Mateo está el diálogo entre Jesús y el Bautista.

“Juan se resistía diciéndole:
- Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¿y eres tú el que viene a mi encuentro?
Pero Jesús le respondió:
- Ahora déjame hacer esto, porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo.
Y Juan se lo permitió.”

Notemos, ante todo, la humildad de los dos.
Juan: “yo soy el que debería ser bautizado por ti”.
Jesús pide: “déjame hacer esto”. Podríamos entenderlo como un mandato, pero es una petición. El evangelista dice: “Juan se lo permitió”.
Juan se reconoce menor que Jesús: “yo soy el que debería ser bautizado por ti”; pero Jesús reconoce la misión de Juan: “déjame hacer esto”, pide.

Pero más importante es la razón que da Jesús: “conviene que así cumplamos todo lo que es justo. Otras traducciones dicen “conviene que así cumplamos toda justicia”.
Notemos que Jesús dice: “conviene que cumplamos”, no “conviene que yo cumpla”. Así, Jesús incluye a Juan. Jesús recibe el bautismo de Juan, sumergiéndose totalmente en el agua del río Jordán, para luego volver a salir.
Pero la palabra más importante aquí es “todo lo justo” o “toda justicia”. ¿A qué se refiere eso?
El actual Papa emérito, Benedicto XVI, en su libro “Jesús de Nazaret”, al hablar del bautismo de Jesús, da esta explicación:

En el mundo en que vive Jesús, “justicia” es la respuesta del hombre a la Torá, la aceptación plena de la voluntad de Dios, la aceptación del “yugo del Reino de Dios”, según la formulación judía.

Y agrega:

El Bautismo de Juan no está previsto en la Torá, pero Jesús, con su respuesta, lo reconoce como expresión de un sí incondicional a la voluntad de Dios, como obediente aceptación de su yugo.

“Aceptación plena de la voluntad de Dios”. “Sí incondciional a la voluntad de Dios”. ¿Qué significa esto? A veces decimos “hay que aceptar la voluntad de Dios”, como expresión de resignación ante lo inevitable. Está bien. Aceptamos desde la fe que Dios rige nuestra vida. Leemos desde la fe un acontecimiento, a menudo un acontecimiento doloroso, y lo aceptamos como voluntad de Dios. Pero ésta es una aceptación pasiva.

Aquí se trata de otra cosa. Se trata de hacer la voluntad de Dios; de colaborar activamente con Él para que la voluntad de Dios se realice.
El hombre justo es el que acepta plenamente la voluntad de Dios y la cumple. En el mismo Evangelio de Mateo tenemos un ejemplo. De José, el esposo de María, se nos dice que “era un hombre justo”.
Por ser un hombre que acepta la voluntad de Dios, José piensa en dar un paso al costado. Pero Dios le revela su voluntad. Él tiene una parte, una parte importante en el plan de Dios. A partir de esa revelación vemos a José actuando decididamente: recibe a María en su casa, la lleva a Belén en su momento, saca a la madre y al niño del peligro, llevándolos a Egipto.
Hay un sí de José a la voluntad de Dios que se expresa en sus acciones. Él es el dignísimo esposo de la que dijo: “Yo soy la servidora del Señor; hágase en mí según tu Palabra”.

Con su Bautismo, Jesús expresa su Sí a la voluntad del Padre; sí a su plan de salvación de toda la humanidad, con todo lo que significa.
El Bautismo anticipa la muerte (Jesús se sumerge enteramente en el agua) y la Resurrección (Jesús emerge y se manifiestan con Él el Padre y el Espíritu).

Con nuestro Bautismo fuimos unidos a Jesucristo, muerto y resucitado por nosotros.
Al ser bautizados fuimos envueltos, abrazados por el amor de Dios.
La voz del Padre se dirigió también a cada uno de nosotros para decirnos:
“Éste es mi hijo muy amado”; “Ésta es mi hija muy amada”.
El Bautismo nos llama ser hombres y mujeres justos.
Hombres y mujeres capaces de dar nuestro sí a la voluntad de Dios.
Nuestro sí activo, dispuestos, nosotros también, en unión con Jesús a “cumplir toda justicia”, es decir, a trabajar por la salvación del mundo.

En esta fiesta del Bautismo del Señor, volvamos a dar nuestro sí al Señor. Un sí profundo, verdadero, incondicional, que Él mismo nos hace posible, con la fuerza del Espíritu Santo.
Demos este sí confesando nuestra fe.

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