miércoles, 31 de diciembre de 2025

Palabra de Vida: “La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”. (Juan 1,1-5.9-14)


Miércoles 31 de diciembre de 2025, día Séptimo de la Octava de Navidad.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

martes, 30 de diciembre de 2025

Palabra de Vida: “El que cumple la voluntad de Dios permanece eternamente” (1 Juan 2,12-17)


Martes 30 de diciembre de 2025, día Sexto de la Octava de Navidad. 
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

lunes, 29 de diciembre de 2025

“Mis ojos han visto la salvación” (Lucas 2,22-35).



Lunes 29 de diciembre de 2025, día quinto de la Octava de Navidad.
Meditación: pasaje de una homilía de Benedicto XVI. Basílica de San Pedro, martes 2 de febrero de 2011.

domingo, 28 de diciembre de 2025

Clausura del Jubileo 2025 en la Diócesis de Canelones: gratitud por las Gracias recibidas y perspectivas para 2026.

Parroquia Sagrada Familia,
Sauce, Canelones.

Homilía de Mons. Heriberto

Queridos hermanos y hermanas:

Hace un año, aquí mismo, en esta parroquia Sagrada Familia de Sauce, abríamos el año jubilar 2025, “Peregrinos de Esperanza”. Hoy, simultáneamente con las demás comunidades diocesanas del mundo, celebramos la clausura local del Jubileo, que tendrá su culminación en Roma en la solemnidad de la epifanía, el próximo 6 de enero.

Agradecer

El primer motivo de nuestra celebración es expresar nuestra gratitud al Señor por todas las Gracias recibidas a lo largo de este año santo.
Al mirar hacia atrás, siempre podemos pensar que podríamos haber hecho mucho más, que podríamos haber aprovechado mejor cada oportunidad… por eso es bueno recordar algunos de los esfuerzos que se hicieron por vivir el Año Jubilar en cada comunidad parroquial, en las comunidades educativas y obras sociales; en cada decanato y en las distintas instancias diocesanas.
Algunos de esos esfuerzos se dieron en la catequesis y otras instancias de formación en la fe; actividades en relación a las jornadas de los abuelos, de los pobres, la semana de la Creación; celebraciones penitenciales, peregrinaciones a los lugares jubilares, jornadas de adolescentes y jóvenes, cursillos y retiros, las visitas pastorales a algunas parroquias, la fiesta diocesana, la peregrinación nacional a la Virgen de los Treinta y Tres en su bicentenario… 
Esas y otras iniciativas, sumadas a la vida litúrgica, sacramental y pastoral habitual, buscaron ayudarnos al encuentro o al reencuentro con Jesucristo, a llegar hasta Él con el corazón abierto a la Gracia.
 
La Gracia obra en la intimidad, en el corazón de las personas. A veces resulta en una conversión que significa un cambio muy notable, que puede ser reconocido y valorado por muchos… otras veces, quedará en el ámbito personal o familiar, pero no por eso será menos significativo. Damos gracias al Señor por su amor y su misericordia y por todas las personas que le abrieron su corazón y vieron sus vidas transformadas. Entre esas personas, un joven de nuestra diócesis aceptó responder al llamado de Jesús e ingresará próximamente al Seminario Interdiocesano. Otros jóvenes, varones y mujeres, siguen su búsqueda vocacional.
Como decía el Papa León XIV en su mensaje de Navidad:
“el año jubilar terminará … pero Cristo, nuestra esperanza, permanece siempre con nosotros. (…) la suya no es una aparición fugaz, pues Él viene para quedarse y entregarse a sí mismo. En Él toda herida es sanada y todo corazón encuentra descanso y paz”.

Caminar

De esa certeza de la presencia del Señor, surge un segundo motivo de esta celebración: prepararnos a recibir el nuevo año que ya está a la puerta. Al terminar el jubileo del año 1975, hace 50 años, san Pablo VI expresaba un deseo que podemos hacer nuestro:
“que la luz del Año Santo pueda difundirse igualmente después del Jubileo mediante un programa de acción pastoral, del que la evangelización es el aspecto fundamental”. (Evangelii Nuntiandi, 81).
En el horizonte de 2026 estamos llamados a profundizar el camino sinodal que venimos haciendo juntos con toda la iglesia. 
Por otra parte, el papa León ha expresado públicamente su deseo de visitar, en un único viaje, Perú, Argentina y Uruguay, muy posiblemente este mismo año, pero aún sin fecha. 
Los obispos uruguayos hemos sido convocados para realizar la visita Ad limina apostolorum, en Roma, del 14 al 19 de septiembre.

La preparación de la visita del Santo Padre tiene, sin duda, muchos aspectos prácticos de los que habrá que ocuparse; pero lo primero que tiene que preocuparnos es la preparación espiritual, la disposición para escuchar el mensaje del sucesor de Pedro que viene a confirmarnos en la fe.

En todo esto que nos espera en 2026, tres palabras son clave: comunión, participación y misión. ¿Cómo estamos viviendo esos tres aspectos de la vida eclesial? Y, sobre todo: ¿Cómo podemos crecer en ellos? Por allí irá nuestra reflexión a lo largo de este año, buscando la voluntad de Dios y poniéndola en práctica. Vamos a comentar algo sobre esto.

Comunión

Comunión: la segunda lectura de hoy, de la carta de san Pablo a los Colosenses, nos presenta una comunión en los afectos: “revístanse de sentimientos de profunda compasión”, dice Pablo y nos habla de benevolencia, humildad, dulzura, paciencia… Pero no se trata de un sentimentalismo. Pablo recuerda a los colosenses y nos recuerda a nosotros que hemos sido elegidos, que el Señor nos ha perdonado, que formamos un solo Cuerpo en Cristo. Él desea que la Palabra de Cristo resida en nuestros corazones, que vivamos en gratitud y en alabanza y que todo lo que podamos realizar lo hagamos en nombre del Señor Jesús.

En su carta apostólica In Unitate Fidei, En la unidad de la fe, con motivo de los 1700 años del Concilio de Nicea, el papa León XIV nos llama a profundizar nuestra comunión en la fe:
“la profesión de fe en Jesucristo, nuestro Señor y Dios (…) es el corazón de nuestra vida cristiana. Por eso nos comprometemos a seguir a Jesús como Maestro, compañero, hermano y amigo.” 
Jesús, Maestro, compañero, hermano y amigo… muy bien. Pero sigue diciendo el Papa:
“El Credo niceno pide más: nos recuerda (…) que Jesucristo es el Señor (…), el Hijo del Dios viviente, que «por nuestra salvación bajó del cielo» y murió «por nosotros» en la cruz, abriéndonos el camino de la vida nueva con su resurrección y ascensión.”
Comunión en la fe, comunión en Jesucristo, maestro, hermano, amigo y Señor, Hijo de Dios. 
Podemos ser buenas personas, hacer buenas obras, pero es esta comunión en la fe lo que nos hace Iglesia y da sentido a nuestros afectos y nuestras tareas.

Participación

Participación: el evangelio de hoy da un protagonismo especial a la figura de José, como “custodio del Redentor”, es decir, encargado de proteger al niño y a su madre frente a la mortal amenaza que se presenta. En su exhortación Redemptoris Custos, sobre la figura y la misión de San José en la vida de Cristo y de la Iglesia, san Juan Pablo II menciona diez veces la participación de José en la realización del proyecto de salvación de Dios y destaca que él fue “el primero en participar de la fe de la Madre de Dios”.

En José, pues, tenemos un modelo de participación. El evangelio nos dice de él que era “un hombre justo”, es decir, un hombre que busca conocer y realizar la voluntad de Dios. Cuando la voluntad de Dios le es revelada, no duda: actúa.

La participación de José no es una simple acción, algo así como un “estoy para lo que me pidan”, sin entender lo que se está haciendo. José actúa porque cree, porque cree que Dios está llevando adelante un designio de salvación y está pidiendo que él intervenga, que él participe. María fue la primera en recibir el anuncio del Salvador. Ella creyó y dio su sí, su “hágase”. José fue el primero en participar de la fe con que ella dio ese sí y él también lo dio, con su respuesta inmediata a cada indicación de Dios.
Así pues, nuestro primer llamado a participar es a participar en la obra salvadora de Dios, en su proyecto de amor. Como decía san Pablo en otra de sus cartas
“cualquier cosa que hagan, háganlo todo para la gloria de Dios.” (1 Corintios 10,31).
Nuestra participación en el plan de salvación de Dios la vivimos en nuestras comunidades, en distintos servicios y ministerios, en los organismos de comunión y participación como son los Consejos pastorales parroquiales, los Consejos de Asuntos Económicos y otros equipos de trabajo o coordinación de distintas áreas pastorales parroquiales y diocesanas. 

Pero aunque los años y la salud no nos permitan prestar los servicios que en otro tiempo pudimos ofrecer, nadie está impedido de participar en la obra de salvación, porque, hay algo que siempre podremos hacer hasta el final de nuestra vida y eso es rezar y amar.

Misión

Misión: En octubre, tuve la oportunidad de participar en un encuentro con el Santo Padre junto a delegaciones de distintas regiones del mundo. Quien representaba a África fue el primero en hablar y le pidió al papa León una palabra. El Papa dijo: “la primera palabra que quiero decir para África y para todos nosotros -el mismo se incluyó- es misión”.

La comunión y la participación miran hacia la misión. Como recordábamos al comienzo, san Pablo VI pidió que, a continuación del jubileo del ‘75 hubiera “un programa de acción pastoral, del que la evangelización es el aspecto fundamental”. Esto lo decía en su exhortación Evangelii Nuntiandi, acerca de la evangelización en el mundo contemporáneo. 

El llamado fue recogido por san Juan Pablo II impulsando la Evangelización Nueva: nueva en sus métodos, nueva en su expresión y, sobre todo, nueva en su ardor. 

Benedicto XVI convocó a un sínodo sobre la nueva evangelización y llamó la atención en dos direcciones: el anuncio del evangelio a quienes no conocen a Cristo y la evangelización de las personas que, aún estando bautizadas, se han alejado de la Iglesia (7 de octubre de 2012). 

Retomando las conclusiones de ese sínodo, el Papa Francisco nos entregó Evangelii Gaudium, que nos recuerda que
“La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría.” (Evangelii Gaudium, 1).
Con ese trasfondo, que nos remite al mandato de Jesús a sus discípulos de ir por todo el mundo anunciando el Evangelio (Mc 16,15), vayamos más a lo concreto. Pensemos en los métodos y recursos con que contamos para la misión. 

¿Cómo ayudar a quienes no han encontrado a Jesucristo a vivir ese encuentro con Él?
¿Cómo podemos llevar el Evangelio a quienes se han alejado?

Antes que la palabra está el testimonio. Nuestra manera de vivir comunica mucho más que lo que podamos decir. Y cuando hablemos, esa manera de actuar será nuestro respaldo.

Demos valor a la vida litúrgica y sacramental de la comunidad, con una buena preparación y una celebración que invite a volver a quienes se acercan ocasionalmente.

La catequesis ya no tiene las dimensiones masivas de otros tiempos… que esa realidad nos ayude a dar todo su valor a cada niño, cada adolescente, cada joven, cada adulto que, movido por la fe que está descubriendo, pide recibir los sacramentos. Que cada persona pueda encontrar una comunidad abierta, acogedora, que le dé un testimonio de comunión y la invite a participar en la misión.

Contamos con diferentes propuestas de movimientos, sea a través de retiros como de encuentros periódicos… Cursillos de Cristiandad, Retiros Parroquiales Juan XXIII, grupos de Pastoral Juvenil, grupos de Pastoral de Adolescentes, Talleres de Vida y Oración, grupos de Lectura Orante de la Palabra, equipos de Acción Católica, Madrinas por la Vida, Pastoral Social, Pastoral Carcelaria… actividades de formación más puntuales que se pueden proponer en las parroquias… y todo lo que podamos buscar, con la ayuda del Espíritu… todo eso vivido en clave de comunión, participación, misión.

María y José vivieron el más privilegiado encuentro con el Hijo de Dios que pudiera tener ninguna otra persona humana. Contemplando a la Sagrada Familia, dejemos que su vida de fe, de hogar y de trabajo nos ilumine cada día para seguir profundizando nuestra fe y nuestro encuentro cotidiano con el Señor y así dar testimonio de su presencia salvadora ante el mundo. Que así sea.

sábado, 27 de diciembre de 2025

"Revístanse de sentimientos de profunda compasión" (Colosenses 3,12-21). Sagrada Familia.


Domingo 28 de diciembre de 2025. 
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

Testimoniar la resurrección con Esperanza. Juan 20,2-8. S. Juan, Apóstol y Evangelista.


Sábado 27 de diciembre de 2025.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

viernes, 26 de diciembre de 2025

“De Egipto llamé a mi hijo” (Mateo 2,13-15.19-23). La Sagrada Familia de Jesús, María y José.

Normalmente el 28 de diciembre celebramos la memoria de los Santos Inocentes; pero este año el día 28 es el domingo siguiente a Navidad, de modo que corresponde celebrar la fiesta de la Sagrada Familia. Este año, además, este domingo tiene un carácter especial, porque es el día de clausura del Jubileo en todas las diócesis, previo a la culminación en Roma, que será en la solemnidad de la Epifanía, el 6 de enero. En nuestra diócesis de Canelones, como lo venimos anunciando, será en la parroquia Sagrada Familia de Sauce, a las 19 horas.

Hoy leemos el pasaje conocido como “la huida a Egipto”.  Estamos en el evangelio de san Mateo, que nos acompañará a lo largo de este año litúrgico. Como ya vimos el domingo pasado, este evangelio presta especial atención a la figura de San José, en ese papel que san Juan Pablo II describió en su exhortación Redemptoris custos, “el custodio del redentor”, de 1989.

Después de la partida de los magos, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.»
José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto. (Mateo 2,13-14)

En este pasaje nuevamente encontramos la forma en que Dios se comunica con José y la manera en que éste responde.

El Ángel del Señor se aparece a José en sueños. Pensemos que María recibió la anunciación completamente despierta, entró en diálogo con el mensajero y finalmente dió su consentimiento: “hágase”. El “sí” de María no significa que ella tenga que hacer algo -aunque mucho tendrá que hacer después- sino dejar que el Espíritu de Dios haga su obra en ella.

José, en cambio, recibe la voluntad de Dios mientras está dormido; pero al despertar se pone en obra.

La orden es trasladarse a Egipto ¿por qué allí? Una respuesta la encontramos en el versículo siguiente:

Allí permaneció hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del Profeta: Desde Egipto llamé a mi hijo. (Mateo 2,15)

Es una preocupación del evangelista mostrar que en Jesús se cumplen las profecías. Expresiones como “para que se cumpliera…” o similares aparecen once veces, más que en los otros tres evangelios juntos. El cumplimiento es más que la realización de un hecho tal como estaba anunciado. El cumplimiento es la realización de algo anunciado, pero en una forma que supera lo que podría haberse previsto.

Aquí Mateo está citando al profeta Oseas:

Cuando Israel era niño, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo. (Oseas 11,1)

El profeta se refiere al acontecimiento fundante de Israel, la Pascua: la intervención de Dios para librarlo de la opresión de Egipto y conducirlo a la libertad. Pero ese recuerdo va seguido de un reproche: el hijo, el Pueblo de Dios, se aparta de la voluntad del Padre.

Marchando hasta Egipto y volviendo, Jesús rehace el camino del Éxodo y con él comienza el Nuevo Israel, el nuevo Pueblo de Dios que hará la voluntad del Padre. El exilio de Jesús es como una imagen de nuestro exilio espiritual, cuando nos alejamos de Dios. Podemos decir que exiliándose, alejándose, Jesús va a buscarnos, para traernos a la casa del Padre.

Ahora bien… si más allá de la intención teológica del evangelista Mateo hay una realidad histórica en la “huida a Egipto”, podemos preguntarnos si eso fue realmente posible. 

Lo primero que se puede decir es que esto no es nuevo. En el Antiguo Testamento encontramos otros relatos de “huida a Egipto”.

Salomón trató de dar muerte a Jeroboam, pero este huyó y se refugió en Egipto, junto a Sisac, rey de Egipto, donde permaneció hasta la muerte de Salomón. (1 Reyes 11,40)

Jeroboam fue el rey que sucedió a Salomón. Otro personaje amenazado fue el profeta Urías:

El rey Joaquím, todos sus guardias y los jefes oyeron sus palabras, y el rey intentó darle muerte. Al enterarse, Urías sintió temor y huyó a Egipto. (Jeremías 26,21)

Ahora bien ¿cómo era Egipto en tiempos de Jesús? Ya no era la tierra de los faraones. Había pasado por la dominación griega con Alejandro Magno y sus sucesores, de la que quedó la marca del nombre de Alejandría, la ciudad ubicada en el delta del Nilo. Hacia el año 30 antes de Cristo Egipto pasó a ser parte del imperio romano. En Alejandría había una numerosa colectividad judía de habla griega. Una idea del desarrollo espiritual y cultural de esa comunidad nos la da la “Biblia de los Setenta”, una traducción del Antiguo Testamento al griego iniciada en el siglo III antes de Cristo, en la que habrían participado unos 72 sabios. Esa traducción será citada en los escritos del Nuevo Testamento. Egipto, entonces, no era tierra extraña para un judío, sino un lugar donde encontraría quienes lo recibieran.

Nada nos dice el evangelio sobre la estadía de la Sagrada Familia en Egipto, pero no es difícil imaginar lo que vivieron y siguen viviendo muchas familias forzadas a abandonar su hogar, para escapar de la muerte, llevando apenas lo indispensable. La escena de la Madre con el niño en sus brazos, montada en el burrito que José lleva por las riendas, se repite hoy, una y otra vez, de diferentes maneras, en tantos lugares asolados por las guerras y las persecuciones.

Comentando estas vicisitudes de todos los tiempos, decía el papa Francisco:

Creo que san José sea realmente un santo patrono especial para todos aquellos que tienen que dejar su tierra a causa de la guerra, el odio, la persecución y la miseria. (Carta apostólica Patris Corde, con corazón de padre)

San José… la misión de los santos no es solo la de interceder por nosotros ante Dios, sino también la de ayudarnos a vivir en plenitud la vida cristiana, sobre todo en la caridad. San José nos da un ejemplo a través de su silencio que, sin embargo, tanto comunica. Así como el protegió con amor a María y a Jesús, pidámosle que sea también padre para nosotros, que cuide especialmente a quienes viven la inseguridad del destierro y que a todos nos guíe en el camino de la vida para que alcancemos la gracia de nuestra conversión.

En esta semana

El próximo jueves es primero de enero, octava de Navidad y celebramos la solemnidad de Santa María Madre de Dios. Ese día, también es la 59 Jornada Mundial de la Paz. El papa León XIV ha preparado un mensaje que tiene como título “La paz esté con todos ustedes: hacia una paz desarmada y desarmante”.

Amigas y amigos, muy Feliz año Nuevo. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

Palabra de Vida: Perseverar hasta el final. Hechos 6,8-10.7,54-59. San Esteban, protomártir.

Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Jesús, Luz Verdadera. Saludo de Navidad.



Amigas y amigos, hermanos y hermanas, mi saludo en esta Navidad 2025.
Foto: pesebre de la Catedral de Canelones.
Bendiciones.
+ Heriberto, Obispo de Canelones, Uruguay.

martes, 23 de diciembre de 2025

Palabra de Vida: Preparar la fiesta para Jesús. Lucas 1,67-79. Novena de Navidad, día 9.

  

Martes 24 de diciembre de 2025.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

Palabra de Vida: Preparar el nacimiento de Jesús. Malaquías 3,1-4.23-24. Novena de Navidad, día 8.


Martes 23 de diciembre de 2025.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

sábado, 20 de diciembre de 2025

"Hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado" (Mateo 1,18-24) Novena de Navidad, día 6.


Domingo 21 de diciembre de 2025.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

viernes, 19 de diciembre de 2025

Palabra de Vida: Con alegría, anunciar la Esperanza. (Lucas 1,26-38) Novena de Navidad, día 5.


Sábado 20 de diciembre de 2025.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

Palabra de Vida: “Esto es lo que el Señor ha hecho por mí, cuando decidió librarme de lo que me avergonzaba ante los hombres”. (Lucas 1,5-25)



Novena de Navidad, día 4.
Viernes 19 de diciembre de 2025.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

jueves, 18 de diciembre de 2025

“José (…) llevó a María a su casa” (Mateo 1,18-24). IV Domingo de Adviento.


Estoy mirando una vieja película… la primera imagen que aparece es un primer plano: el rostro de una jovencita, tal vez cerca de sus veinte años. Su expresión es seria, preocupada. La segunda imagen es el rostro de un hombre mayor que ella, serio, algo desconcertado.

Volvemos al rostro de ella, que cierra los ojos e inclina levemente la cabeza.
Nuevamente aparece el hombre, trasluciendo un nerviosismo muy contenido…
Y ahora vemos a la joven de cuerpo entero. Está embarazada.

El hombre se da media vuelta y se retira por un camino desierto, bajo la mirada de ella.
No hay palabras.
Después de andar, el hombre se recuesta al costado del camino y duerme, con un sueño inquieto…
De pronto aparece ante él una figura vestida de blanco, con una voz muy dulce, que pronuncia las primeras palabras que se dicen en la película:
«José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados.» (Mateo 1,20-21)
Así, si no lo habíamos adivinado, nos enteramos de quienes son estos personajes de la película “El Evangelio según san Mateo” de Pier Paolo Pasolini. Una película de 1964, dedicada “a la querida, feliz y familiar memoria de Juan XXIII”.
Antes de las palabras del ángel, a través de las imágenes, el director nos ha ubicado en el comienzo del pasaje del evangelio que escuchamos este domingo:
Jesucristo fue engendrado así:
María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto. (Mateo 1,18-19)
Misterios de Dios… misterio de ese drama familiar que rodeó la concepción y el nacimiento de Jesús. No estamos aquí en el Evangelio de Lucas, que pone a María en el centro de su relato y nos muestra su plena disponibilidad y aceptación de la misión que ha recibido, diciendo 
“Yo soy la servidora del Señor” (Lucas 1,38)
Mateo presta atención a José, ese personaje que no pronuncia ninguna palabra, pero que una vez que ha comprendido la voluntad de Dios, la acepta plenamente y actúa sin vacilar.
José es descendiente del rey David. Así lo llama el ángel al dirigirse a él: “José, hijo de David”.

Tal vez hoy, a primera vista, esa información no nos parezca relevante. Lo que cuenta principalmente para nosotros es que Jesús, el hijo de María, es el Hijo de Dios.
En cuanto a José, lo vemos como esa figura de esposo, “castísimo esposo”, de una madre Virgen; apoyo en cada uno de los difíciles momentos que les tocó atravesar; figura paterna, que ama y protege a la madre y al niño y los sustenta con su trabajo.

Sin embargo, asumiendo legalmente su paternidad sobre Jesús y haciéndolo su “hijo del corazón”, José le da su nombre y lo hace parte de su familia. Así se cumple lo anunciado por el profeta Isaías en la primera lectura del segundo domingo de adviento: 
“Saldrá una rama del tronco de Jesé y un retoño brotará de sus raíces” (Isaías 11,1). 
Jesé, recordémoslo, fue el padre del rey David. Jesús, “hijo de David”, como se le llamará muchas veces, será ese retoño del viejo tronco. Esto lo menciona también Pablo, en la segunda lectura, al hablar…
... acerca de su Hijo, Jesucristo, nuestro Señor, nacido de la estirpe de David según la carne... (Romanos 1,3)
Con ese retoño el Padre Dios inicia una nueva creación y nos llama a renovar en Él nuestra propia vida, a recomenzar un camino de conversión, de regreso al Padre.
Volvamos a la figura de José. El evangelista nos dice que “era un hombre justo”. ¿Qué quiere decir “justo”?

Nuestra manera corriente de entender la justicia suele tener su base en el concepto de la antigua Roma, que se puede resumir en la fórmula “dar a cada uno lo suyo”. En esa perspectiva, un hombre justo es, por ejemplo, el que paga a sus empleados el salario que corresponde, el que da un justo castigo, proporcionado a la falta cometida; el que restituye a alguien lo que se le había robado, el que reconoce los méritos de las personas, etcétera. Este principio no está mal y si se aplica sin desviaciones, permite que una sociedad funcione… pero no es ése el sentido en que José es llamado “justo”.

En la Biblia, el hombre justo es el que tiene la Ley de Dios como guía de todas sus acciones. El salmo uno, en sus dos primeros versículos, llama feliz, bienaventurado, a ese hombre y lo describe de esta manera:
¡Feliz el hombre que no sigue el consejo de los malvados,
ni se detiene en el camino de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los impíos,
sino que se complace en la ley del Señor
y la medita de día y de noche! (Salmo 1,1-2)
El justo no es un legalista; es un hombre que busca la voluntad de Dios. Confía totalmente en Dios, que ha entregado la ley como guía. La Ley le dice a José lo que debe hacer si su esposa, con la que todavía no ha convivido, está embarazada. El capítulo 22 del libro del Deuteronomio presenta varias situaciones posibles. Si se demostrara que una joven hubiera consentido en tener relaciones con un hombre que no era el esposo que le estaba destinado, podía llegar a ser apedreada hasta morir.

José resolvió abandonar a María en secreto, es decir, romper su contrato matrimonial sin hacer pública ninguna causa. ¿Por qué actúa así?

Una interpretación posible es que José no entiende qué ha ocurrido, pero no quiere hacer ningún daño a María.

Otra interpretación mira más a la fe de José, a su condición de justo que busca la voluntad de Dios. A partir de lo que ha visto ¿tiene o no un lugar en la vida de María? ¿Cuál es la voluntad de Dios? A partir del anuncio del ángel, José comprende y acepta la voluntad de Dios sobre él e inmediatamente se levanta para ponerla en práctica:
Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa. (Mateo 1,24)
La fe y la confianza en Dios le dan a José una mirada capaz de ver más allá de las apariencias y así entender que el hijo de María es el Hijo de Dios y que él, asumiendo su paternidad aquí en la tierra, hará su parte en el Plan de Salvación de Dios para toda la humanidad.

La fe de José nos interpela y nos llama a buscar la voluntad de Dios. Cada uno de nosotros tiene un lugar en el Plan de Salvación de Dios. Cada uno de nosotros está llamado a tomar parte en ese plan. Podrá ser un papel destacado y relevante, podrá ser un papel humilde y sencillo, en la intimidad de la vida familiar… Sea lo que sea, Dios nos lo mostrará y nos dará la fuerza para realizarlo. En nuestra búsqueda, no dejemos de contemplar la figura de José. Que él sea nuestro maestro a la hora de ver cómo podemos servir a la obra salvadora de Jesucristo y que como él, podamos poner, sin vacilación, manos a la obra.

En esta semana

Lunes 22, Pesebre viviente en la Catedral de Canelones, a las 20 horas.

Miércoles 24, Misa de Nochebuena
En la Gruta de Lourdes de Echeverría, a las 20 horas,
En la Catedral de Canelones a las 20:30 

Jueves 25, Misas de Navidad
En la Gruta de Lourdes de Echeverría a las 9 de la mañana
En la Catedral de Canelones, a las 10:30.

Domingo 28
Clausura diocesana del Jubileo 2025
En la parroquia Sagrada Familia de Sauce, a las 19 horas.

Gracias, amigas y amigos por su atención. Muy feliz y santa Navidad. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén. 

Palabra de Vida: Dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel, que significa: "Dios con nosotros”. (Mateo 1,18-24)

  

Novena de Navidad, día 3.
Jueves 18 de diciembre de 2025.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

martes, 16 de diciembre de 2025

Palabra de Vida: Iluminar el pasado amando en el presente. Mateo 1,1-17. Novena de Navidad, día 2.


Miércoles 17 de diciembre de 2025.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

Palabra de Vida: Buscar la conversión y recomenzar (Mateo 21,28-32) Novena de Navidad, día 1.



Martes de la tercera semana de Adviento, 16 de diciembre de 2025.
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

viernes, 12 de diciembre de 2025

“Florezca la estepa”. (Isaías 35,1-6a.10). III Domingo de Adviento.

¡Regocíjense el desierto y la tierra reseca,
alégrese y florezca la estepa! (Isaías 35,1)

El domingo pasado la primera lectura, también tomada del profeta Isaías, nos hablaba de un brote, de un retoño y luego nos presentaba la idílica imagen de un reino animal pacificado, donde la presencia humana era la de niños pequeños… Procuramos adentrarnos en el significado de esas imágenes. El brote anuncia la venida de Jesús, pero también todo lo que su presencia puede hacer brotar en nuestro corazón y en nuestra comunidad. Los animales reposan juntos sin miedo, llamándonos a la reconciliación entre nosotros, con la Creación y con Dios y a caminar juntos en nuestras comunidades.

La imagen con la que se abre la lectura de hoy nos coloca en un reino vegetal que florece a pesar de que las circunstancias no sean favorables: desierto, tierra reseca, estepa… El florecimiento de esos terrenos secos es, como lo traduce Isaías, una invitación a la alegría, a una gran alegría, que marca la característica de este domingo así llamado “gaudete”: “regocíjense”.

La alegría, sin embargo, para ser auténtica, no puede ser superficial. La verdadera alegría está apoyada en el terreno firme de la esperanza y se proyecta más allá de acontecimientos puntuales. No se desvanece, sino que perdura y anima nuestro caminar.

En su llamado a la alegría, Isaías no olvida la realidad de su pueblo:

Fortalezcan los brazos débiles,
robustezcan las rodillas vacilantes;
digan a los que están desalentados 
“sean fuertes…” (Isaías 35,3-4)

Debilidad, vacilación, desaliento… la realidad pone a prueba la fe. Pero el profeta ve más allá y anuncia:

«¡Sean fuertes, no teman: ahí está su Dios!
(…) él mismo viene a salvarlos.» (Isaías 35,4)

A través de los siglos, el Pueblo de Dios mantuvo en alto la esperanza en el Mesías prometido. Juan el Bautista lo proclamó ya próximo. Pero Juan, encerrado por el rey Herodes, se ve privado de ver con sus propios ojos el cumplimiento de su profecía. A la prisión le llegan confusas noticias sobre la acción de Jesús. Más aún, si pensamos en la forma en la que Juan anunció la venida del Mesías, con las imágenes del hacha clavada en la raíz del árbol, de la trilla que separa la paja del grano, del fuego donde se quema lo que ya no sirve, vemos que esperaba un juicio inminente. Sin embargo, no es eso lo que parece estar sucediendo. Es por eso que Juan manda a preguntar:

«¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?»  (Mateo 11,3)

Jesús responde inmediatamente:

«Vayan a contar a Juan lo que ustedes oyen y ven: los ciegos ven y los paralíticos caminan; los leprosos son purificados y los sordos oyen; los muertos resucitan y la Buena Noticia es anunciada a los pobres. ¡Y feliz aquel para quien yo no sea motivo de tropiezo!» (Mateo 11,4-6)

La respuesta no es solo una relación de los hechos que, efectivamente, Jesús ha llevado a cabo; más que eso, Jesús está refiriéndose a las acciones que, según las profecías, debía realizar el Mesías. Jesús está dando cumplimiento a lo anunciado. El juicio esperado por Juan también se está produciendo, pero de otra forma: la gente se pone a sí misma en juicio en su aceptación o su rechazo de Jesús. 

Muy pronto vendrán otros pasajes del evangelio de Mateo donde se encontrará en Jesús motivos de escándalo y las autoridades llegarán a acusarlo de actuar en nombre de Belcebú, es decir, en nombre del demonio.

Es por eso que Jesús agrega, pensando especialmente en Juan: “feliz quien no se escandalice de mí”. El verbo “escandalizar” viene del griego σκανδαλίζω (skandalizō), que nuestro leccionario traduce como “ser motivo de tropiezo”. Jesús solo puede escandalizar a aquellos que creen que Dios debe actuar en la forma que ellos piensan. Con el relato de sus acciones, Jesús nos llama a reconocer que Él es el Mesías prometido, tal como lo muestran sus obras. 

Para Juan, la pregunta que mandó hacer a Jesús era vital. El Bautista jugó su vida por entero en el anuncio del Mesías. En cierta forma, él también tiene que pasar por una conversión, dejando su propia idea sobre lo que debía hacer el Mesías, para reconocerlo en las acciones y las palabras de Jesús.

En su reciente carta sobre la Unidad en la Fe, el papa León XIV nos recuerda que “hoy, para muchos, Dios y la cuestión de Dios casi ya no tienen significado en la vida.” (In Unitate Fidei, 10) Esa indiferencia es, en parte, responsabilidad nuestra, responsabilidad de los cristianos, cuando no damos testimonio de la verdadera fe y ocultamos el rostro misericordioso del Padre. El Papa nos invita a un profundo examen de conciencia, en el que la primera pregunta es “¿Qué significa Dios para mí y cómo doy testimonio de la fe en Él?” (In Unitate Fidei, 10). El mismo Jesús vuelve a preguntarnos como a sus primeros discípulos:

«¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?».
«Y ustedes ¿quién dicen que soy?» (Mateo 16,13.15)

El Papa León, en su misión de confirmarnos en la fe, nos recuerda que el corazón de nuestra vida cristiana está en la fe en Jesucristo, nuestro Dios y Señor. Dice el Papa:

“… nos comprometemos a seguir a Jesús como Maestro, compañero, hermano y amigo. Pero (…) no hemos de olvidar que Jesucristo es el Señor (Kyrios), el Hijo del Dios viviente, que «por nuestra salvación bajó del cielo» y murió «por nosotros» en la cruz, abriéndonos el camino de la vida nueva con su resurrección y ascensión.” (In Unitate Fidei, 11)

En este domingo, la pregunta de Juan y la respuesta de Jesús nos llaman a reencontrarnos con el centro de nuestra fe. Allí, en Jesucristo, nuestro hermano y nuestro Señor, está la fuente de la alegría más profunda y auténtica, aquella que nadie nos puede arrebatar.

Vivamos este domingo “gaudete” contemplando a Jesús en su verdad, en su entrega de amor, en su cruz, en su resurrección. En ese encuentro con Él, todo lo que en nuestra vida parecía haber quedado seco y desierto, tiene la posibilidad de florecer, de revivir, de recomenzar. De esa acción del Señor en nosotros estamos llamados a dar testimonio.

En esta semana:

Martes 16: comienzo de la Novena de Navidad, una costumbre no muy arraigada en Uruguay, pero que tiene larga tradición en muchos países católicos.

Domingo 21: celebración de los 150 años del templo parroquial de San Ramón, que se cumplen el lunes, donde concluirán los festejos que se irán dando en los días previos. El domingo: Misa a las 18 y concierto de la Banda Municipal de Tala.

Gracias, amigas y amigos por su atención: que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

12 de diciembre: Nuestra Señora de Guadalupe.


 
Pasajes de la homilía del papa Benedicto XVI en la Basílica de San Pedro, 12 de diciembre de 2011.

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Palabra de Vida: “Soy tu Dios, el que te sostengo de la mano” (Isaías 41,13-20)


Jueves de la segunda semana de Adviento, 11 de diciembre de 2025. Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

Mons. Rodolfo Wirz (1942-2025). “Crean en la Buena Nueva”

En la parroquia de Schwarz-Rheindorf

Presidiendo la Eucaristía en la parroquia.

Dando la comunión a Beatriz Brites,
secretaria ejecutiva de Pastoral Juvenil Uruguay

El libro de Bautismos de Schwarz-Rheindorf

El nombre de Rodolfo en el libro

Las notas marginales de sus ordenaciones

Mons. Rodolfo, Mons. Carlos Aguiar Retes (hoy cardenal),
el párroco, Mons. Pablo Galimberti, Mons. Heriberto

La Iglesia parroquial Santa María
y San Clemente, Schwarz-Rheindorf.

Falleció ayer el Obispo emérito de la diócesis de Maldonado-Punta del Este, Mons. Rodolfo Pedro Wirz Kraemer.

Había nacido en Alemania, cerca de Bonn, en un pueblo llamado Schwarz-Rheindorf.

Su padre falleció antes de terminar la guerra.

Su madre tenía un hermano sacerdote en Uruguay, que la recibió junto con su sobrino.

En contacto con la vida parroquial surgió la vocación de Rodolfo. Fue ordenado sacerdote el 21 de diciembre de 1968 para la arquidiócesis de Montevideo.

En la misma fecha, en 1985, recibió la ordenación episcopal para asumir la Diócesis de Maldonado-Punta del Este, después del fallecimiento de su primer obispo, Mons. Antonio Corso.

Estando vacante la Diócesis de Minas, fue su administrador apostólico en 2009-2010.

Desempeñó varios cargos en la Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU), siendo presidente.

Después de su retiro en 2018, al cumplir los 75 años, poco a poco fue perdiendo algunas facultades mentales y pasó sus últimos años en el Hogar Sacerdotal, donde, a pesar de no reconocer a personas que bien había conocido, no dejaba de regalarles su sonrisa.

Yo lo conocí cuando era párroco de Santa María Magdalena Sofía Barat, en Aires Puros, Montevideo.

Compartí con él muchas instancias en la CEU, incluso una asamblea electiva del CELAM en Santo Domingo.

Pasamos varios días juntos en Alemania, en ocasión de la XX Jornada Mundial de la Juventud, en 2005.

Allí la delegación oficial de la Pastoral Juvenil del Uruguay fue recibida por la comunidad parroquial de Schwarz-Rheindorf.

Compartimos muchos momentos con la comunidad, cuyo párroco era un sacerdote español (lo que nos ayudó mucho a todos). Allí pudimos ver el libro de Bautismos, donde junto a la anotación del bautismo de Mons. Rodolfo, estaban como notas marginales la de su ordenación sacerdotal y la de su ordenación episcopal.

Hoy participé en la Misa de exequias, presidida por el Cardenal Daniel Sturla, en la catedral de San Fernando de Maldonado. Mons. Milton Tróccoli, actual obispo de Maldonado-Punta del Este-Minas (por fusión de dos diócesis) recordó en su homilía la pasión de Mons. Rodolfo por la catequesis y la evangelización, con el sello de la exhortación Evangelii Nuntiandi de san Pablo VI, de cuya promulgación se cumplieron cincuenta años el pasado 8 de diciembre.

Mons. Rodolfo solía decir en algún momento de la Misa, especialmente al final: "Dios quiera que de esta celebración salgamos distintos, que algo haya cambiado en nosotros".

Su recuerdo, en esta celebración de despedida en la que participamos, me ha dejado en el corazón ese deseo, porque siempre necesitamos cambiar: no superficialmente, sino profundamente, para unirnos cada vez más a Cristo, para que Él sea realmente el centro de nuestra vida.

+ Heriberto, Obispo de Canelones.


martes, 9 de diciembre de 2025

Palabra de Vida: “¡Preparen en el desierto el camino del Señor!” (Isaías 40,1-11)


 

Martes de la segunda semana de Adviento, 9 de diciembre de 2025.

Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

lunes, 8 de diciembre de 2025

Inmaculada Concepción de María. «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo» (Lucas 1,26-38)

En los 50 años de la exhortación Evangelii Nuntiandi de san Pablo VI (8 de diciembre de 1975) recordamos las palabras finales de este mensaje en el que el Papa pone en las manos y el corazón de María, estrella de la evangelización, la misión de la Iglesia.

Bendiciones.

+ Heriberto, Obispo de Canelones. 

sábado, 6 de diciembre de 2025

“El ternero y el cachorro de león pacerán juntos” (Isaías 11,1-10). II Domingo de Adviento.

A esta altura del año, aquí, en el Hemisferio Sur, llevamos ya más de dos meses de primavera. El comienzo de la primera lectura de este domingo nos recuerda los inicios de esta estación cuyos primeros signos son brotes de hojas y flores:

Saldrá una rama del tronco de Jesé
y un retoño brotará de sus raíces. (Isaías 11,1)

Un retoño… una vida nueva que surge de lo que parecía seco, agotado: el tronco; pero que, sin embargo aún puede comunicar y sostener la vida.

Al decirnos “el tronco de Jesé” se nos hace ver que esa imagen de la naturaleza es aplicada a una familia. Jesé fue el padre del rey David. El profeta está anunciando un nuevo descendiente de esa casa, un “hijo de David”: así se le llamará a Jesús. 

Inmediatamente se dice de ese retoño, ese descendiente:

Sobre él reposará el espíritu del Señor:
espíritu de sabiduría y de inteligencia,
espíritu de consejo y de fortaleza,
espíritu de ciencia y de temor del Señor
-y lo inspirará el temor del Señor-. (Isaías 11,2-3)

La plenitud del Espíritu Santo, efectivamente, estará presente en Jesús. Esto nos ayuda a entender porqué los primeros cristianos vieron en estas profecías el anuncio de Jesucristo.

Pero la imagen del retoño la podemos aplicar también a nuestra vida: a la renovación personal, por medio de la conversión y a la renovación de nuestras comunidades, creciendo en participación, comunión y compromiso misionero.

Frente a todo lo que parece envejecido, desgastado y hasta obsoleto, el retoño que brota nos está recordando que sigue estando en el corazón de cada comunidad y de cada uno de sus miembros el Espíritu que Jesús nos ha entregado. Es allí donde debemos buscar las luces y la fortaleza para nuestra renovación personal y comunitaria.

Más adelante, Isaías describe, en forma muy poética, un nuevo jardín del Edén, un nuevo paraíso, donde todas las creaturas convivirán en perfecta armonía:

El lobo habitará con el cordero
y el leopardo se recostará junto al cabrito;
el ternero y el cachorro de león pacerán juntos,
y un niño pequeño los conducirá. (Isaías 11,6)

Notemos las expresiones: “habitará con”; “se recostará junto a”;  “pacerán juntos”. No tenemos que equivocarnos: esas imágenes no solo se refieren a una transformación del reino animal. Se refieren también a un profundo cambio en las relaciones humanas. 

No tendría sentido ni sería posible una creación pacificada si esa paz no se da también entre nosotros, si no hay una verdadera reconciliación, de modo que el hombre deje de ser “lobo para el hombre”. 

Aunque puede resultarnos chocante pensar en esas figuras extremas, lobo-cordero, leopardo-cabrito aplicadas a personas de nuestra familia o de nuestra comunidad cristiana, más allá de que a veces, tristemente, esos extremos pueden darse, el énfasis hay que ponerlo en el juntos. Eso es lo que hace la diferencia. Es el llamado a convertirnos de nuestro individualismo, a salir de nuestro aislamiento e ir al encuentro, al trabajo en común, al caminar con los demás en comunidad. La oración personal es imprescindible y muy importante para abrirnos a la acción del Espíritu, pero nuestra fe se vive plenamente cuando se vive y se celebra en comunidad: la Eucaristía es “fuente y culmen de la vida cristiana”.

La visión de Isaías llega al colmo de la esperanza en estos versículos:

El niño de pecho jugará
sobre el agujero de la cobra,
y en la cueva de la víbora
meterá la mano el niño apenas destetado. (Isaías 11,8)

Es una imagen de lo que el Reino de Dios puede traer a la historia de los hombres. Es como si, finalmente, todos pudiéramos permitirnos volver a la inocencia que es el no tener miedo los unos de los otros. Eso hace posible vivir lo que Pablo nos propone en la segunda lectura:

Sean mutuamente acogedores, como Cristo los acogió a ustedes para la gloria de Dios. (Romanos 15,7)

Cristo, que se hizo servidor (Romanos 15,8) para recibirnos a todos, es quien nos hace posible estar juntos, trabajar juntos, caminar juntos, encontrarnos en la celebración verdaderamente juntos, es decir, dispuestos a recibirnos en comunión unos a otros como hermanos y hermanas en la fe y a compartir de corazón con todos la Paz que recibimos de Cristo.

Desde el Evangelio, la voz de Juan el Bautista nos urge:

«Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca.» (Mateo 3,2)

Esta conversión puede significar para algunos nada menos que volver: volver a la práctica de la fe, volver a los sacramentos y, desde allí, llevar una vida cristiana en el ámbito familiar, laboral, ciudadano… Para quienes, en cambio, ya están en ese camino, significará un tiempo de purificación, de necesaria poda que hace posible el crecimiento.

Juan el Bautista increpa a quienes intentan escapar del juicio de Dios. Se dirige a los fariseos y saduceos y les advierte:

«Produzcan el fruto de una sincera conversión, y no se contenten con decir: "Tenemos por padre a Abraham".» (Mateo 3,8-9)

Para nosotros, sus palabras son un llamado a abandonar toda falsa seguridad y a entrar también en un camino de conversión. De esa forma, podremos leer las palabras finales del Bautista no como una amenaza que nos llevaría a intentar una inútil huida, sino como la esperanza que nos conduce a la vida:

«Yo los bautizo con agua para que se conviertan; pero aquel que viene detrás de mí es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de quitarle las sandalias. El los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego. Tiene en su mano la horquilla y limpiará su era: recogerá su trigo en el granero y quemará la paja en un fuego inextinguible.» (Mateo 3,11-12)

Busquemos andar juntos en este camino de Adviento, en comunidad, acompañándonos y animándonos unos a otros para una plena y profunda vuelta a Cristo.

Colecta del Fondo Común Diocesano

El sábado 6 y domingo 7 se hace en toda la diócesis la colecta del Fondo común diocesano, destinado a los gastos de la Curia. Tal vez alguno no lo sabe, pero en el Obispado son varias las personas que trabajan en distintos servicios para todas las comunidades de nuestra Diócesis.

En esta semana

  • Lunes 8: Inmaculada Concepción de María, fiesta patronal en Pando, procesión a las 18:30 desde el colegio del Huerto y Misa en el templo parroquial.
  • Viernes 12: nuestra Señora de Guadalupe, patrona de nuestra diócesis. Ese día, en la Catedral: 18 horas Rosario; 18:30 procesión y Misa.
  • Sábado 13: se festeja los 65 años de la capilla de Santa Lucía, en la ciudad del mismo nombre. Misa a las 18 horas. Allí estaré para dar gracias a la patrona por haber salido bien de mi operación de cataratas.

Gracias, amigas y amigos, por su atención. Que los bendiga Dios Todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

Palabra de Vida: Llevar la Esperanza a los que sufren. Isaías 30,19-21.23-26

Sábado de la primera semana de Adviento, 6 de diciembre de 2025.

Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

La reflexión de hoy está tomada del Papa Francisco, Spes non confundit, Nº 11. Bula de Proclamación del Jubileo Ordinario del año 2025.

viernes, 5 de diciembre de 2025

Palabra de Vida: “Que suceda como ustedes han creído”. (Mateo 9,27-31)


Viernes de la primera semana de Adviento, 5 de diciembre de 2025.

Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

jueves, 4 de diciembre de 2025

Palabra de Vida: Construir sobre la roca. Mateo 7,21.24-27




Jueves de la primera semana de Adviento, 4 de diciembre de 2025.

Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.
Foto: Cerro de los Cuervos, Lavalleja, Uruguay.

miércoles, 3 de diciembre de 2025

Palabra de Vida: ESPERAR EN DIOS (Isaías 25,6-10a)


 
Martes de la primera semana de Adviento, 3 de diciembre de 2025.

San Francisco Javier.

Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

Foto: Cerro Catedral, Uruguay

lunes, 1 de diciembre de 2025

Palabra de Vida: “Sobre él reposará el espíritu del Señor” (Isaías 11,1-10)


Martes de la primera semana de Adviento, 2 de diciembre de 2025. Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.