Más de una vez he escuchado a alguien referirse a otra persona como “un ser de luz”. En el lenguaje corriente, esa expresión se suele aplicar a quienes se destacan por su amabilidad, optimismo y por irradiar actitudes que hacen sentir bien a quienes los rodean.
En ciertas corrientes de espiritualidad se habla así de aquellos de los que se dice que irradian energía positiva, bondad y paz, y son fuente de inspiración para otros.
La cita de Isaías utilizada como título de esta reflexión —“despuntará tu luz como la aurora”— puede llevar a pensar que esa luz es algo propio. Sin embargo, esta idea se matiza al leer la frase en su contexto, especialmente a la luz del evangelio de este domingo, tal como propone la liturgia.
Desde el domingo pasado, en que escuchamos las bienaventuranzas, estamos leyendo el “sermón de la montaña”. ¿A quién se dirige Jesús cuando habla? Mateo menciona una gran multitud, pero también señala que los discípulos de Jesús “se acercaron a él.” Las palabras de Jesús parecen más bien dirigidas a éstos, porque suponen un compromiso ya asumido de seguirlo, de estar con él. Pero la multitud escucha y las palabras de Jesús a sus discípulos se hacen una invitación para cada uno de los que está escuchando. Así pues, dice Jesús a sus discípulos:
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa. (Mateo 5,14-15)
En otro evangelio, Jesús proclama:
“Yo soy la luz del mundo” (Juan 8,12).
Esto hace que sea asombrosa esa afirmación: “ustedes son la luz del mundo”. Surge entonces la pregunta: ¿esa luz es propia, o los discípulos reflejan la luz de Cristo como la luna refleja la del sol?
Cuando buscamos una lamparilla eléctrica miramos cuántos Watts marca, porque eso determina la intensidad de la luz. La lámpara está preparada para esa intensidad y no puede dar más ni menos que eso, sea mucho o sea poco. ¿Estará también así limitada nuestra capacidad de ser luz?
La comparación que hace Jesús con la lámpara nos hace ver dos cosas. Primero: la lámpara no se enciende ella misma, sino que es encendida por alguien. Segundo: la lámpara no se ubica por sí misma en algún sitio, sino que es colocada por alguien en el lugar adecuado, para que ilumine a todos. Eso significa que la luz que Jesús nos llama a ser y a dar, no nos pertenece y su fuente no está en nosotros. Esa luz viene de una conexión profunda, como ocurre con el sistema eléctrico. Esta conexión se da con la presencia de Dios en nosotros, por medio del Espíritu Santo, cuya luz ilumina y hace luminosa nuestra vida.
Volviendo a Isaías, el profeta señala que la luz de Dios brilla en nuestra vida cuando se cumplen ciertas condiciones. Al contrario de una falsa espiritualidad centrada en sí mismo, en el yo, donde Dios y el prójimo quedan en la periferia, Isaías -digámoslo así- conecta la sensibilidad religiosa auténtica con una capacidad y voluntad de involucrarse verdaderamente en la vida y sobre todo en el sufrimiento del hermano.
Si compartes tu pan con el hambriento
y albergas a los pobres sin techo;
si cubres al que veas desnudo
y no te despreocupas por tu propia carne,
entonces despuntará tu luz como la aurora
y tu llaga no tardará en cicatrizar. (Isaías 58,7-8).
Es llamativa la referencia final a la sanación de una herida. Puede haber muchas formas de alivio, de curación superficial, pero no hay sanación profunda sin apertura al amor a Dios y al hermano.
Finalmente, san Pablo, sin referirse directamente a la luz, aporta una perspectiva importante. La comunidad de Corinto tenía cierta inclinación a buscar manifestaciones extraordinarias, como si hoy metiéramos luces estroboscópicas, bola de espejos, rayos de láser, luz negra y otros ingenios de discoteca. En ese contexto, Pablo nos sorprende diciendo a los corintios:
Me presenté ante ustedes débil, temeroso y vacilante. (1 Corintios 2,3)
¿Por qué hace eso Pablo? Él mismo se explica:
Mi palabra y mi predicación no tenían nada de la argumentación persuasiva de la sabiduría humana, sino que eran demostración del poder del Espíritu, para que ustedes no basaran su fe en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios. (1 Corintios 2,4-5)
Pablo había vivido la experiencia de haber estado enceguecido, cuando perseguía a los cristianos y luego la de haber quedado ciego ante la visión de Jesús resucitado. Ahora, viendo todo bajo la luz de Cristo, él ha aceptado la misión de ser lámpara que Dios enciende y coloca allí donde pueda iluminar a todos. Esa luz no enceguece, sino que permite ver la realidad más profunda de cada ser humano: su realidad de ser creado y amado por Dios y llamado a compartir con Él su eternidad. En el día de nuestro bautismo recibimos personalmente, o por medio de nuestros padrinos, la luz de Cristo, que se nos confió, no solo para que ilumine nuestra vida sino también para entregarla con todo amor a los demás, especialmente a quienes están en la mayor necesidad de encontrar al Dios de la misericordia y el Consuelo.
Noticias
La semana pasada, la comunidad de las Hermanas de la Mínima congregación de Siervas del Sagrado Corazón de Jesús, que está en el Barrio del Estadio de Pando, recibió a sus hermanas del Cono Sur para su encuentro periódico y celebraron los 25 años de vida consagrada de la Hermana Paola y los 135 años de la fundación de la congregación.
Desde hace ya dos años, se encuentran en nuestra diócesis, en la parroquia de Toledo, tres misioneros de la Comunidad Dios Proveerá. Esta asociación de fieles nació en Brasil hace 20 años y en estos días celebra ese aniversario. El P. Fabián y yo hemos viajado para acompañarlos. Los felicitamos y damos gracias por su presencia entre nosotros.
Martes 10: santa Escolástica, la hermana de San Benito. Recordemos a nuestras hermanas benedictinas del monasterio Santa María, Madre de la Iglesia, en El Pinar.
Miércoles 11: Nuestra Señora de Lourdes. Jornada mundial del enfermo, que se celebra este año con el lema “La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro”. Ese día, a las 19:00 presidiré la Eucaristía en nuestra Gruta de Lourdes de Echeverría, Canelones.
Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.
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