miércoles, 18 de febrero de 2026

Las tentaciones: palabra contra Palabra. Mateo 4,1-11. Domingo I de Cuaresma

El miércoles pasado iniciamos la Cuaresma con la imposición de las cenizas. Para ayudarnos a vivir este tiempo de conversión, el Papa León XIV nos ha entregado un mensaje que nos invita a colocar nuevamente “el misterio de Dios en el centro de nuestras vidas”.

En este primer domingo, el evangelio presenta las tentaciones que sufre Jesús, cuyas respuestas nos muestran cómo Dios ocupa el lugar central en su corazón.

“Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio.” (Mateo 4,1)

Para los Israelitas, el desierto evoca el Éxodo: cuarenta años de camino, lugar de la Alianza y los Mandamientos, pero también lugar de tentación y desconfianza en Dios. Así lo expresa la reclamación a Moisés y Aarón:

«Ojalá el Señor nos hubiera hecho morir en Egipto, cuando nos sentábamos delante de las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos. Porque ustedes nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta asamblea». (Éxodo 16,3)

Tras ayunar cuarenta días, Jesús tiene hambre. El tentador hace su primer intento:

 «Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes.» (Mateo 4,3)

El tentador propone algo aparentemente razonable. No empieza a tentarnos con pecados graves. Si logra vencernos en lo poco, pronto vendrá por mucho más. Pero Jesús tiene su respuesta:

«Está escrito: "El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios"». (Mateo 4,4 -- Deuteronomio 8,3)

Alimentados por la Palabra de Dios, nosotros pedimos el alimento cotidiano y el Pan de Vida como un don del Padre: “Danos hoy nuestro pan de cada día”

El demonio hace un cambio de escenario. No es la ciudad lejana donde el hijo pródigo cayó en toda tentación y malgastó su herencia. No, el tentador es astuto y audaz.

Llevó a Jesús a la Ciudad santa y lo puso en la parte más alta del Templo. (Mateo 4,5)

La Ciudad santa es Jerusalén y allí está el templo, presencia de Dios en medio de su pueblo. Desde tiempos de Salomón, que construyó el primer templo, ésa es la Casa donde habita el Nombre de Dios, es decir, donde Dios mismo se hace presente (cf. 1 Reyes 8,29).

Jesús había respondido a la tentación citando la Palabra de Dios. Eso parece entusiasmar al tentador, que intenta convertir lo que Jesús ha tomado como escudo, en su arma de ataque.

«Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito:
 "Dios dará órdenes a sus ángeles,
 y ellos te llevarán en sus manos
 para que tu pie no tropiece con ninguna piedra"». (Mateo 4,6 -- Salmo 91,12) 

En la Liturgia de las Horas, este salmo se reza los domingos y solemnidades en Completas, última oración del día, como acto de abandono y confianza en Dios. Pero eso, por supuesto, no es lo que propone Satanás, sino que Jesús, en forma caprichosa, ponga a prueba a Dios, como hizo tantas veces el Pueblo en el desierto.

Jesús contrasta ese intento de instrumentalizar la Palabra de Dios con otra cita de la Escritura:

«También está escrito: "No tentarás al Señor, tu Dios"». (Mateo 4,7 -- Deuteronomio 6,16)

Al rezar el Padrenuestro, nosotros pedimos “Hágase tu voluntad en la Tierra como en el Cielo”, dispuestos a aceptar y cumplir la voluntad del Padre; no la nuestra: la del Padre.

La tercera tentación ocurre en una alta montaña, lugar de encuentro con Dios, como en la transfiguración:

Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado. (Mateo 17,1)

De lo más alto del templo, a la montaña más alta. Más y más arriba, esperando que mayor sea la caída de Jesús hacia el abismo. El propio Jesús, más adelante, hará esta dura advertencia a la ciudad que se ha remontado y se ha dejado ganar por la soberbia:

Y tú, Cafarnaúm, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno. (Mateo 11,23)

No es lo mismo que Dios te haga subir con su amor y su gracia, que pretendas trepar con tu ambición humana de poder, tener y gozar sin que importe más nada. La peregrinación humana está jalonada de poderosos que se elevaron de esa forma a lo más alto y luego fueron precipitados. Como dice el salmo: El sepulcro es su morada perpetua (…) aunque hayan dado nombre a países. (Salmo 49,12)

Mostrándole todos los reinos del mundo, el tentador ofrece a Jesús poder a cambio de adoración:

«Te daré todo esto, si te postras para adorarme.» (Mateo 4,9)

Jesús responde de manera definitiva:

«Retírate, Satanás, porque está escrito: "Adorarás al Señor, tu Dios, y a Él solo rendirás culto"». (Mateo 4,10 -- Deuteronomio 6,13)

Decimos en el Padrenuestro:  “Santificado sea tu nombre” (Kidush Hashem)

Kidush Hashem, en hebreo, expresa la santificación del nombre de Dios, mediante una vida que refleje su santidad. Es el fundamento de la respuesta de Jesús: “adorarás al Señor tu Dios…”

Con las dos últimas peticiones del Padrenuestro nos colocamos exactamente en la situación de Jesús en el desierto: “No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal”

El Padrenuestro, la oración por excelencia, rezada con plena conciencia de lo que estamos diciendo, nos fortalece ante los embates del tentador, que busca desorientar nuestro camino llevándonos por la dirección contraria o al menos haciéndonos confundir.

Mirando el caminar de la Iglesia y nuestra propia comunidad diocesana, recordamos las tentaciones del Pueblo de Dios en el desierto. Jesús venció al tentador, pero él sigue trabajando para romper la comunión, hacernos desistir de participar y transformar la misión en dimisión, es decir, en abandono.

Por eso, volvemos a pedir al Padre: “Venga a nosotros tu Reino”, pues solo Él puede establecerlo en los corazones, aunque nuestra misión es anunciarlo y ayudar a que los corazones se abran.

Retiro de Cuaresma

Sábado 28, en Villa Guadalupe, de 9 a 18 horas, retiro de Cuaresma. Habrá sacerdotes disponibles para confesiones y concluirá con la Misa.

Gracias, amigas y amigos, por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

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