viernes, 29 de agosto de 2025

“Glorificado por los humildes” (Eclesiástico 3,17-29 – Lucas 14,1.7-14). Domingo XXII durante el año.

 

San Ramón Nonato. Fiesta jubilar en la parroquia de San Ramón, Canelones.

En esta fecha se celebra normalmente la memoria de San Ramón Nonato, lo que no corresponde hoy, por ser domingo; sin embargo, sí la celebramos en la parroquia de la ciudad de San Ramón, en nuestra Diócesis, ya que es su fiesta patronal. Más aún, las parroquias del Decanato Centro (Tala, Sauce, San Jacinto, San Ramón, San Bautista, Santa Rosa, San Antonio, Migues y Montes) harán su peregrinación jubilar con motivo de la fiesta.

Programa de la peregrinación
jubilar a San Ramón.

San Ramón vivió en la primera mitad del siglo XIII. Es apodado “nonato” ya que fue extraído del vientre de su madre, fallecida antes de poder darlo a luz. Es por eso el patrono de las parturientas. Ingresó a la Orden de la Merced, fundada por San Pedro Nolasco para redimir a cristianos cautivos de los musulmanes. Para eso los Mercedarios reunían dinero pero, también, iban dispuestos a entregarse a sí mismos para liberar a otros. Así lo hizo San Ramón, que quedó prisionero en el norte de África. Allí predicó el evangelio entre sus captores y sus compañeros de cautiverio. Para impedírselo, colocaron un candado en su boca. Una vez liberado, el Papa lo nombró cardenal, pero nuestro santo no cambió por eso su vida pobre y austera. Convocado a Roma, falleció en el camino, a causa de una enfermedad que lo consumió rápidamente.

Hacer memoria de San Ramón nos invita a rezar por las futuras mamás, para que puedan llevar a feliz término su embarazo. También, a pensar en las nuevas esclavitudes del mundo de hoy: desde el tráfico de personas hasta las adicciones que encadenan a quienes entran en ese oscuro viaje.
Que la intercesión de este santo patrono ayude a nuestros pueblos a amar más aún y a proteger la vida de los niños, especialmente aquellos que están por nacer y a buscar también los caminos de auténtica liberación para tantos cautivos de hoy.

“Glorificado por los humildes”

Vayamos ahora a las lecturas de este domingo. Leemos en la primera de ellas.
Cuanto más grande seas, más humilde debes ser, y así obtendrás el favor del Señor, porque el poder del Señor es grande y Él es glorificado por los humildes. (Eclesiástico 3,18.20)
¿Qué significa que Dios es glorificado? ¿De que forma es glorificado por los humildes? Dar gloria a Dios es alabarlo, reconociendo su grandeza, reconociéndolo como Dios. Desde el himno del Gloria, que rezamos o cantamos en la Misa, pasando por numerosos cantos y oraciones, con nuestra boca podemos dar gloria a Dios.
Sin embargo, puede ocurrir lo que señalaba el profeta Isaías, cuyas palabras recoge Jesús:
«Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí». (Mateo 15,8 – Isaías 29,13)
La sinceridad de la alabanza se mide en las acciones. Haciendo la voluntad del Padre, obrando el bien, damos gloria a Dios. Si Dios es glorificado por los humildes, observemos cómo actúan, para aprender cómo alabar a Dios.

De esto se trata el evangelio de este domingo. Invitado a un banquete en casa de un jefe de los fariseos, Jesús observa el comportamiento de los invitados, que se apresuran a ocupar los primeros puestos, lo más cerca posible del dueño de casa. Quien actúa así manifiesta que se considera más grande, más digno que los otros. Rompe la fraternidad. San Pablo nos dejó una regla para las comunidades cristianas que supone todo lo contrario:
“… que la humildad los lleve a estimar a los otros como superiores a ustedes mismos”. (Filipenses 2,3b)
Frente a esta escena, Jesús narra dos parábolas breves. La primera se dirige a quien haya sido invitado a un banquete, con quien se pueden identificar todos los invitados:
«… no te coloques en el primer lugar, porque puede suceder que haya sido invitada otra persona más importante que tú, y cuando llegue el que los invitó a los dos, tenga que decirte: "Déjale el sitio", y así, lleno de vergüenza, tengas que ponerte en el último lugar.
    Al contrario, cuando te inviten, ve a colocarte en el último sitio, de manera que cuando llegue el que te invitó, te diga: "Amigo, acércate más", y así quedarás bien delante de todos los invitados». (Lucas 14,8-10)
Lo que Jesús propone podría entenderse como falsa humildad, una estrategia para “quedar bien”. No se trata de eso. Se trata de dejarle al dueño de casa la libertad de asignar los lugares. Los puestos no dependen de los méritos que creamos tener, sino de la gratuidad del dueño de casa... Esto es una parábola y el dueño de casa no es otro que el mismo Dios, ante quien no valen nuestras pretensiones. Sólo Él sabe cuál es nuestro lugar.

En la segunda parábola, Jesús se dirige al que invita -y todos nosotros podemos ser esa persona-. Le dice primero lo que no tiene que hacer:
«… no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, no sea que ellos te inviten a su vez, y así tengas tu recompensa». (Lucas 14,12)
Si la invitación va a esos grupos de personas, la recompensa vendrá de parte de los hombres, en forma de reconocimiento, influencia, retribuciones… Al contrario, Jesús propone:
«… invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos». (Lucas 14,13)
Jesús no quiere decir que no podamos comer con familiares y amigos. En cambio, nos llama a romper relaciones excluyentes y a dar lugar a los desfavorecidos, los abandonados, los que sufren y hacerlos parte de nuestra vida.
Quien obre de esa manera estará entre los bienaventurados. En este mismo evangelio de Lucas, Jesús había proclamado:
«Felices los pobres, porque de ustedes es el Reino de Dios» (6,20)
Ahora, Jesús proclama igualmente felices, bienaventurados, a quienes abren su corazón a esos mismos pobres:
«¡Feliz de ti, porque ellos no tienen cómo retribuirte, y así tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos!» (Lucas 14,14)
La recompensa final no es la de prosperidad en esta vida, que al fin y al cabo se termina, sino nada más y nada menos que la participación en la vida eterna.
Jesús nos enseña dos vertientes para dar gloria a Dios actuando con humildad: no ponernos por encima de los otros y, en cambio, salir a buscar a los que nadie tiene en cuenta. Así Dios será glorificado y así se abrirá el camino hacia la mayor alegría: la de ser parte del amor mismo de Dios que nos espera a todos en el banquete celestial.

EN ESTA SEMANA

El Lunes 1 de septiembre, es la jornada mundial de oración por el cuidado de la creación. Se inicia el Mes de la Palabra de Dios.
Miércoles 3, San Gregorio Magno
Jueves 4, día de la Secretaria
Viernes 5, Santa Teresa de Calcuta. Recordamos que en nuestra Diócesis están las Misioneras de la Caridad, fundadas por ella. Las Hermanas llevan adelante el Hogar San José para ancianos y ancianas.

Domingo 7, Jornada Nacional de la Juventud.

El primer domingo de septiembre se celebra en Uruguay la Jornada Nacional de la Juventud.
Este año, la celebración tiene carácter diocesano y tendrá lugar en la ciudad de Tala.


Gracias, amigas y amigos, por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

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