El evangelio de esta fiesta presenta las bienaventuranzas, inicio del “sermón de la montaña”, en el evangelio según san Mateo.
Son ocho expresiones que comienzan, en griego, con la palabra “makarioi” (Μακάριοι), traducida tradicionalmente como “bienaventurados” y que hoy suele traducirse como “felices”. Cada una de ellas es una promesa de felicidad que llegará de una forma de actuar en la vida o de asumir una situación, muchas veces sobrepasando obstáculos o remando contra la corriente del mundo.
Son promesas que orientan nuestra manera de vivir y de seguir a Jesús, ya que él fue el primero en vivirlas plenamente y encarnarlas en su propia vida. El Papa Francisco decía que son «el carné de identidad del cristiano» y vivirlas constituye un «programa de santidad».
La Iglesia ha reconocido como santos y santas a miles de fieles que siguieron a Jesús viviendo las bienaventuranzas. Este reconocimiento se hace mediante un cuidadoso proceso, que pasa por las etapas siervo de Dios, venerable, beato y, finalmente, santo.
¿Y en Uruguay? ¿Cómo se han dado esos caminos de santidad? Hay santos y santas que nos visitaron y que algunos uruguayos pudimos conocer personalmente. El más reciente fue San Juan Pablo II, que visitó nuestra tierra en 1987 y 1988. Mucho antes, en 1921, llegó por primera vez San Luis Orione. Su Pequeña Obra de la Divina Providencia continúa en Montevideo y Canelones. En 1934 llegó santa Nazaria March, fundadora de las Cruzadas de la Iglesia, que también abrió una comunidad de sus hermanas.
Pero ya tenemos una santa, un beato y dos beatas que podemos contar como uruguayos y hay otras causas en curso. También se certificaron tres milagros que ocurrieron aquí e hicieron posibles una beatificación y dos canonizaciones.
Con las bienaventuranzas como título, repasemos, en orden cronológico, la vida de estos testigos de la fe.
1881 - Beato Jacinto Vera - Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. (Mateo 5, 9)
Jacinto Vera, primer obispo del Uruguay, falleció el 6 de mayo de 1881, a los 67 años de edad, en Pan de Azúcar, donde se encontraba desarrollando una intensa actividad misionera. Nació en el mar, en un barco en que su familia viajaba desde las Islas Canarias con destino a Uruguay. Después de algunas peripecias, se establecieron finalmente en el departamento de Canelones, en la zona de Toledo. Fue en la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, hoy catedral de Canelones, donde Jacinto vivió sus años de sacerdocio, antes de ser nombrado Vicario Apostólico y luego Obispo. Es el padre de la Iglesia uruguaya. En sus visitas pastorales recorrió todo el territorio del país, llegando a ser muy querido por su gente. En un Uruguay fragmentado por violentas luchas políticas y aún debiendo sufrir un tiempo de exilio, fue un hombre de caridad y paz. La curación de una niña afectada por una terrible septicemia fue el milagro que abrió camino a su beatificación, el 6 de mayo de 2023.
1904 - Santa Francisca Rubatto - Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. (Mateo 5,7)
6 de agosto de 1904, a los 60 años, entregó su alma a Dios Santa María Francisca Rubatto, fundadora de las Terciarias Capuchinas de Loano, hoy Hermanas Capuchinas de la Madre Rubatto. Nacida en Italia en 1844, llegó a Uruguay en 1892 y desde allí la congregación se extendió en América. El servicio incansable a los pobres fue el compromiso constante de la nueva Congregación y el signo más elocuente de su gran amor a Cristo pobre y crucificado. Su canonización fue posible por la curación milagrosa de un joven uruguayo, atribuida a su intercesión. Tal como lo solicitara en su testamento, sus restos descansan en la primera casa abierta en el nuevo continente, que es ahora su santuario, en el barrio Belvedere, de Montevideo. Fue canonizada por el papa Francisco, el 15 de mayo de 2022.
1936 - Beatas Dolores y Consuelo - Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. (Mateo 5,10)
Con 38 y 39 años de edad, respectivamente, las beatas Dolores y Consuelo Aguiar-Mella Díaz, nacidas en Montevideo de padre español, se encontraban con toda su familia en Madrid, donde ambas fueron víctimas de la persecución religiosa. Fueron descubiertas ayudando a la religiosa española María Jesús de la Yglesia. Las tres fueron asesinadas el 19 de septiembre de 1936. Son recordadas en el ámbito de la familia escolapia (las “Escuelas pías”), la gran comunidad fundada por San José de Calasanz. Fueron beatificadas por san Juan Pablo II el 11 de marzo de 2001, junto a numerosos mártires de España.
1936 - Presbítero Bartolomé Pons Sintes - Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí. Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron. (Mateo 5,11-12)
El Padre Bartolomé Pons Sintes nació en la isla Menorca de las Baleares. Ordenado sacerdote en 1912, estuvo en Uruguay entre 1919 y 1926, en las parroquias de Rivera y Santa Clara de Olimar, regresando a España para un mejor cuidado de su madre, que lo había acompañado en la misión. Los fieles de Santa Clara sintieron mucho su partida y le dieron una afectuosa y sentida despedida. El 29 de julio de 1936, en la región del Penedés, provincia de Barcelona, el sacerdote fue víctima de la persecución religiosa. Murió a los 48 años, después de un doloroso via crucis. Su causa ha sido abierta por la diócesis de Sant Feliú de Llobregat, sufragánea de Barcelona. Sus restos descansan en la parroquia de Sant Genis, donde ejercía su ministerio en el momento de su detención y asesinato.
1939 - Siervo de Dios Walter Chango - Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios. (Mateo 5, 8)
El 18 de noviembre de 1939, a los 18 años de edad, falleció en Montevideo Walter Chango. Desde niño se distinguió por su amor a la eucaristía, ayudando a otros a ir al encuentro de Jesús en la comunión. Como joven laico comprometido trabajó en la organización de distintos eventos de la vida parroquial y arquidiocesana, viviendo cada momento como un apostolado, compartiendo su fe. Buscaba y hacía llegar ayuda a los pobres de su barrio. Fue catequista “a tiempo completo”, dispuesto a anunciar a Jesús en cada oportunidad que se presentara. La tuberculosis fue la causa de su muerte. Enfrentó con entereza el sufrimiento y puso con toda confianza su vida en manos de Dios.
1956 - Siervo de Dios Salvador García Pintos - Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. (Mateo 5,6)
Esposo, padre de familia, médico, docente, legislador, periodista. En esos ámbitos se desarrolló la vida y la santidad de otro fiel laico: el Dr. Salvador García Pintos, que falleció en Montevideo el 19 de enero de 1956, a los 64 años. Cuando se abrió la causa, Marta, una de sus siete hijos, dijo con gran emoción: “El Papa llama a las bienaventuranzas el ‘carné de identidad’ de los cristianos. Y yo vi cómo las vivió y cómo practicó el amor al prójimo que describe Mateo en el capítulo 25”.
1976 - Un milagro en Uruguay: curación del Hermano Heriberto. Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia. Felices los afligidos, porque serán consolados. (Mateo 5,4-5)
Heriberto Weber, alemán, hermano Marista, llegó a Uruguay en 1937. Fue docente, director de colegio y superior de la comunidad. En 1976 enfermó gravemente. Los médicos no encontraban ningún tratamiento posible y su muerte era vista como inevitable. Los hermanos invocaron la intercesión de su fundador, el beato Marcelino Champagnat, rezando una novena. Al término de la misma, el enfermo tuvo una mejoría súbita e inexplicable. Los signos de la enfermedad desaparecieron totalmente. Después de un complejo proceso de estudio, el 2 de junio de 1998 el dicasterio para la Causa de los Santos asumió que se trataba de una curación milagrosa. El 18 de abril del año siguiente, el Papa Juan Pablo II celebró la canonización de Marcelino Champagnat.
1992 - Siervo de Dios: Rubén Isidro Alonso: Padre Cacho - Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. (Mateo 5,3)
“Siento la imperiosa necesidad de vivir en un barrio de pobres y hacer como hacen ellos. Necesito encontrar a Dios entre los que más sufren… Sé que vive allí, que habla su idioma, que se sienta a su mesa, que participa de sus angustias y esperanzas”. Así expresaba el Padre Cacho la forma en la que se sentía llamado a seguir viviendo su sacerdocio, dejando la Congregación Salesiana que fue su primera vocación y que lo llevó por Montevideo, Salto, Paysandú y Rivera. En 1977 volvió a Montevideo, donde lo recibió Mons. Carlos Parteli, arzobispo de Montevideo, que lo envió a la parroquia del barrio Las Acacias, a pocas cuadras de un asentamiento -un cantegril, como se decía en la época- en el bulevar Aparicio Saravia.
Con creces encontró lo que buscaba. Murió el 4 de setiembre de 1992 a los 63 años. Sus restos fueron transportados por un carrito de clasificadores hasta el Cementerio del Norte. Actualmente descansan en la parroquia Sagrados Corazones, del barrio que lo recibió.
En esta semana
Martes 3 – San Martín de Porres
Miércoles 4 – San Carlos Borromeo
El Papa llega a Uruguay
El viernes 6 comienza la visita del Papa León XIV a Uruguay, donde cumplirá una nutrida agenda, que culminará el domingo 8 con la peregrinación nacional a la Virgen de los Treinta y Tres, patrona del Uruguay. Su viaje apostólico continuará luego en Argentina para concluir en el Perú y especialmente en su querida diócesis de Chiclayo.
Gracias, amigas y amigos por su atención. Espero les haya gustado este programa, un poco diferente, recorriendo estos caminos de santidad que se han dado en el Uruguay y que nos animan a seguir también nosotros a seguir a Jesús en el programa de las bienaventuranzas.
Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.
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