viernes, 10 de febrero de 2012

Mensaje del Santo Padre para la XX Jornada Mundial del Enfermo


MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
CON OCASIÓN DE LA XX JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO
(11 de febrero de 2012)
“¡Levántate, vete; tu fe te ha salvado!” (Lc 17,19)

¡Queridos hermanos y hermanas!
Con ocasión de la Jornada Mundial del Enfermo, que celebraremos el próximo 11 de febrero de 2012, memoria de la Bienaventurada Virgen de Lourdes, deseo renovar mi cercanía espiritual a todos los enfermos que están hospitalizados o son atendidos por las familias, y expreso a cada uno la solicitud y el afecto de toda la Iglesia. En la acogida generosa y afectuosa de cada vida humana, sobre todo la débil y enferma, el cristiano expresa un aspecto importante de su testimonio evangélico siguiendo el ejemplo de Cristo, que se ha inclinado ante los sufrimientos materiales y espirituales del hombre para curarlos.
1. Este año, que constituye la preparación más inmediata para la solemne Jornada Mundial del Enfermo, que se celebrará en Alemania el 11 de febrero de 2013, y que se centrará en la emblemática figura evangélica del samaritano (cf. Lc 10,29-37), quisiera poner el acento en los «sacramentos de curación», es decir, en el sacramento de la penitencia y de la reconciliación, y en el de la unción de los enfermos, que culminan de manera natural en la comunión eucarística.
El encuentro de Jesús con los diez leprosos, descrito en el Evangelio de san Lucas (cf. Lc 17,11-19), y en particular las palabras que el Señor dirige a uno de ellos: «¡Levántate, vete; tu fe te ha salvado!» (v. 19), ayudan a tomar conciencia de la importancia de la fe para quienes, agobiados por el sufrimiento y la enfermedad, se acercan al Señor. En el encuentro con él, pueden experimentar realmente que ¡quien cree no está nunca solo! En efecto, Dios por medio de su Hijo, no nos abandona en nuestras angustias y sufrimientos, está junto a nosotros, nos ayuda a llevarlas y desea curar nuestro corazón en lo más profundo (cf. Mc 2,1-12).
La fe de aquel leproso que, a diferencia de los otros, al verse sanado, vuelve enseguida a Jesús lleno de asombro y de alegría para manifestarle su reconocimiento, deja entrever que la salud recuperada es signo de algo más precioso que la simple curación física, es signo de la salvación que Dios nos da a través de Cristo, y que se expresa con las palabras de Jesús: tu fe te ha salvado. Quien invoca al Señor en su sufrimiento y enfermedad, está seguro de que su amor no le abandona nunca, y de que el amor de la Iglesia, que continúa en el tiempo su obra de salvación, nunca le faltará. La curación física, expresión de la salvación más profunda, revela así la importancia que el hombre, en su integridad de alma y cuerpo, tiene para el Señor. Cada sacramento, en definitiva, expresa y actúa la proximidad Dios mismo, el cual, de manera absolutamente gratuita, nos toca por medio de realidades materiales que él toma a su servicio y convierte en instrumentos del encuentro entre nosotros y Él mismo (cf. Homilía, S. Misa Crismal, 1 de abril de 2010). «La unidad entre creación y redención se hace visible. Los sacramentos son expresión de la corporeidad de nuestra fe, que abraza cuerpo y alma, al hombre entero» (Homilía, S. Misa Crismal, 21 de abril de 2011).
La tarea principal de la Iglesia es, ciertamente, el anuncio del Reino de Dios, «pero precisamente este mismo anuncio debe ser un proceso de curación: “… para curar los corazones desgarrados” (Is 61,1)» (ibíd.), según la misión que Jesús confió a sus discípulos (cf. Lc 9,1-2; Mt 10,1.5-14; Mc 6,7-13). El binomio entre salud física y renovación del alma lacerada nos ayuda, pues, a comprender mejor los «sacramentos de curación».
2. El sacramento de la penitencia ha sido, a menudo, el centro de reflexión de los pastores de la Iglesia, por su gran importancia en el camino de la vida cristiana, ya que «toda la fuerza de la Penitencia consiste en que nos restituye a la gracia de Dios y nos une a Él con profunda amistad» (Catecismo de la Iglesia Católica, 1468). La Iglesia, continuando el anuncio de perdón y reconciliación, proclamado por Jesús, no cesa de invitar a toda la humanidad a convertirse y a creer en el Evangelio. Así lo dice el apóstol Pablo: «Nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo, os pedimos que os reconciliéis con Dios» (2 Co 5,20). Jesús, con su vida anuncia y hace presente la misericordia del Padre. Él no ha venido para condenar, sino para perdonar y salvar, para dar esperanza incluso en la oscuridad más profunda del sufrimiento y del pecado, para dar la vida eterna; así, en el sacramento de la penitencia, en la «medicina de la confesión», la experiencia del pecado no degenera en desesperación, sino que encuentra el amor que perdona y transforma (cf. Juan Pablo II, Exhortación ap. postsin. Reconciliatio et Paenitentia, 31).
Dios, «rico en misericordia» (Ef 2,4), como el padre de la parábola evangélica (cf. Lc 15, 11-32), no cierra el corazón a ninguno de sus hijos, sino que los espera, los busca, los alcanza allí donde el rechazo de la comunión les ha encerrado en el aislamiento y en la división, los llama a reunirse en torno a su mesa, en la alegría de la fiesta del perdón y la reconciliación. El momento del sufrimiento, en el cual podría surgir la tentación de abandonarse al desaliento y a la desesperación, puede transformarse en tiempo de gracia para recapacitar y, como el hijo pródigo de la parábola, reflexionar sobre la propia vida, reconociendo los errores y fallos, sentir la nostalgia del abrazo del Padre y recorrer el camino de regreso a casa. Él, con su gran amor vela siempre y en cualquier circunstancia sobre nuestra existencia y nos espera para ofrecer, a cada hijo que vuelve a él, el don de la plena reconciliación y de la alegría.
3. De la lectura del Evangelio emerge, claramente, cómo Jesús ha mostrado una particular predilección por los enfermos. Él no sólo ha enviado a sus discípulos a curar las heridas (cf. Mt 10,8; Lc 9,2; 10,9), sino que también ha instituido para ellos un sacramento específico: la unción de los enfermos. La carta de Santiago atestigua la presencia de este gesto sacramental ya en la primera comunidad cristiana (cf. 5,14-16): con la unción de los enfermos, acompañada con la oración de los presbíteros, toda la Iglesia encomienda a los enfermos al Señor sufriente y glorificado, para que les alivie sus penas y los salve; es más, les exhorta a unirse espiritualmente a la pasión y a la muerte de Cristo, para contribuir, de este modo, al bien del Pueblo de Dios.
Este sacramento nos lleva a contemplar el doble misterio del monte de los Olivos, donde Jesús dramáticamente encuentra, aceptándola, la vía que le indicaba el Padre, la de la pasión, la del supremo acto de amor. En esa hora de prueba, él es el mediador «llevando en sí mismo, asumiendo en sí mismo el sufrimiento de la pasión del mundo, transformándolo en grito hacia Dios, llevándolo ante los ojos de Dios y poniéndolo en sus manos, llevándolo así realmente al momento de la redención» (Lectio divina, Encuentro con el clero de Roma, 18 de febrero de 2010). Pero «el Huerto de los Olivos es también el lugar desde el cual ascendió al Padre, y es por tanto el lugar de la Redención … Este doble misterio del monte de los Olivos está siempre “activo” también en el óleo sacramental de la Iglesia … signo de la bondad de Dios que llega a nosotros» (Homilía, S. Misa Crismal, 1 de abril de 2010). En la unción de los enfermos, la materia sacramental del óleo se nos ofrece, por decirlo así, «como medicina de Dios … que ahora nos da la certeza de su bondad, que nos debe fortalecer y consolar, pero que, al mismo tiempo, y más allá de la enfermedad, remite a la curación definitiva, a la resurrección (cf. St 5,14)» (ibíd.).
Este sacramento merece hoy una mayor consideración, tanto en la reflexión teológica como en la acción pastoral con los enfermos. Valorizando los contenidos de la oración litúrgica que se adaptan a las diversas situaciones humanas unidas a la enfermedad, y no sólo cuando se ha llegado al final de la vida (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 1514), la unción de los enfermos no debe ser considerada como «un sacramento menor» respecto a los otros. La atención y el cuidado pastoral hacia los enfermos, por un lado es señal de la ternura de Dios con los que sufren, y por otro lado beneficia también espiritualmente a los sacerdotes y a toda la comunidad cristiana, sabiendo que todo lo que se hace con el más pequeño, se hace con el mismo Jesús (cf. Mt 25,40).
4. A propósito de los «sacramentos de la curación», san Agustín afirma: «Dios cura todas tus enfermedades. No temas, pues: todas tus enfermedades serán curadas … Tú sólo debes dejar que él te cure y no rechazar sus manos» (Exposición sobre el salmo 102, 5: PL 36, 1319-1320). Se trata de medios preciosos de la gracia de Dios, que ayudan al enfermo a conformarse, cada vez con más plenitud, con el misterio de la muerte y resurrección de Cristo. Junto a estos dos sacramentos, quisiera también subrayar la importancia de la eucaristía. Cuando se recibe en el momento de la enfermedad contribuye de manera singular a realizar esta transformación, asociando a quien se nutre con el Cuerpo y la Sangre de Jesús al ofrecimiento que él ha hecho de sí mismo al Padre para la salvación de todos. Toda la comunidad eclesial, y la comunidad parroquial en particular, han de asegurar la posibilidad de acercarse con frecuencia a la comunión sacramental a quienes, por motivos de salud o de edad, no pueden ir a los lugares de culto. De este modo, a estos hermanos y hermanas se les ofrece la posibilidad de reforzar la relación con Cristo crucificado y resucitado, participando, con su vida ofrecida por amor a Cristo, en la misma misión de la Iglesia. En esta perspectiva, es importante que los sacerdotes que prestan su delicada misión en los hospitales, en las clínicas y en las casas de los enfermos se sientan verdaderos « «ministros de los enfermos», signo e instrumento de la compasión de Cristo, que debe llegar a todo hombre marcado por el sufrimiento» (Mensaje para la XVIII Jornada Mundial del Enfermo, 22 de noviembre de 2009).
La conformación con el misterio pascual de Cristo, realizada también mediante la práctica de la comunión espiritual, asume un significado muy particular cuando la eucaristía se administra y se recibe como viático. En ese momento de la existencia, resuenan de modo aún más incisivo las palabras del Señor: «El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día» (Jn 6,54). En efecto, la eucaristía, sobre todo como viático, es – según la definición de san Ignacio de Antioquia – «fármaco de inmortalidad, antídoto contra la muerte» (Carta a los Efesios, 20: PG 5, 661), sacramento del paso de la muerte a la vida, de este mundo al Padre, que a todos espera en la Jerusalén celeste.
5. El tema de este Mensaje para la XX Jornada Mundial del Enfermo, «¡Levántate, vete; tu fe te ha salvado!», se refiere también al próximo «Año de la fe», que comenzará el 11 de octubre de 2012, ocasión propicia y preciosa para redescubrir la fuerza y la belleza de la fe, para profundizar sus contenidos y para testimoniarla en la vida de cada día (cf. Carta ap. Porta fidei, 11 de octubre de 2011). Deseo animar a los enfermos y a los que sufren a encontrar siempre en la fe un ancla segura, alimentada por la escucha de la palabra de Dios, la oración personal y los sacramentos, a la vez que invito a los pastores a facilitar a los enfermos su celebración. Que los sacerdotes, siguiendo el ejemplo del Buen Pastor y como guías de la grey que les ha sido confiada, se muestren llenos de alegría, atentos con los más débiles, los sencillos, los pecadores, manifestando la infinita misericordia de Dios con las confortadoras palabras de la esperanza (cf. S. Agustín, Carta 95, 1: PL 33, 351-352).
A todos los que trabajan en el mundo de la salud, como también a las familias que en sus propios miembros ven el rostro sufriente del Señor Jesús, renuevo mi agradecimiento y el de la Iglesia, porque, con su competencia profesional y tantas veces en silencio, sin hablar de Cristo, lo manifiestan (cf. Homilía, S. Misa Crismal, 21 de abril de 2011).
A María, Madre de Misericordia y Salud de los Enfermos, dirigimos nuestra mirada confiada y nuestra oración; su materna compasión, vivida junto al Hijo agonizante en la Cruz, acompañe y sostenga la fe y la esperanza de cada persona enferma y que sufre en el camino de curación de las heridas del cuerpo y del espíritu.
Os aseguro mi recuerdo en la oración, mientras imparto a cada uno una especial Bendición Apostólica.
Vaticano, 20 de noviembre de 2011, solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo.
Benedictus PP XVI

domingo, 5 de febrero de 2012

San Bernardino, California. Instantaneas de una visita

Cosechando en el desierto

Estoy visitando en estos dias la Diocesis de San Bernardino, en California.
Han sido dias muy intensos y me preparo para volar a Uruguay en la noche del lunes.
Algunas rapidas pinceladas o instantaneas (tiene todavia sentido ese termino fotografico?)

  • Retiro del Clero Hispano. Estuve animando un retiro-encuentro para 14 sacerdotes del clero hispano, es decir, sacerdotes que han venido de Mexico o que han nacido en California o misioneros que hablan espanol y se encuentran en servicio en esta diocesis. Pequeno grupo, gran diversidad de edades, experiencias, expectavias. El tema: Porta Fidei y la Nueva Evangelizacion. La dinamica: oracion personal en la manana, trabajo en grupos en la tarde, cine foro en la noche. Comparti con ellos la reflexion del caminar pastoral de America Latina, especialmente Aparecida y los grandes puntos de la Nueva Evangelizacion que nos dejara Juan Pablo II. Una intensa semana, de lunes a viernes.
  • 2 de febrero. Me "escape" en la noche del retiro para celebrar la fiesta de la Candelaria y dar una charla sobre Maria a los grupos Guadalupanos. 200 personas en el centro pastoral diocesano. Misa con mariachis, tamales (comida de maiz, parecida a la "humita" argentina) y gente muy deseosa de aprender. Mi tema fue "Maria en el Nuevo Testamento". Desperto mucho interes y fue para mi muy gratificante.
  • 3 de febrero. Al terminar el retiro, visita a la Parroquia San Cristobal, reunion con Teresa, la encargada del Ministerio Hispano.
  • 4 de febrero. Termino una larga jornada, que me llevo al desierto, mas precisamente a lo que llaman el "Desierto Bajo", en torno a la ciudad de Indio. Es el reino de la palmera, tanto decorativa como datilera. En Indio visito la parroquia Nuestra Senora del Perpetuo Socorro y me entrevisto con la Coordinadora Pastoral, Laura, que lleva adelante una parroquia muy bien organizada, aun en medio de grandes dificultades economicas, de las que van saliendo con un gran trabajo comunitario. Una recorrida por los parqueaderos, es decir los lugares donde viven, en casas rodantes deshechadas por casi deshechas los trabajadores, inmigrantes ilegales, que siembran y cosechan para las grandes companias que cultivan en el desierto. Impresiona Duroville (Los Duros) junto a un gran basural. Desde esa extrema pobreza, a 20 millas esta Palm Springs, lujosa ciudad construida por el jet set de Hollywood para pasar el invierno a temperatura de verano. Grandes contrastes de este enorme pais. Termino celebrando misa en espanol en una vieja iglesia (1926), Nuestra Senora de la Soledad, cerca de Palm Springs.
+ Heriberto

Los Parqueaderos: un reporte encontrado en Internet.

Parqueadero Los Duros: precarias viviendas junto a un basural

La miseria se oculta en California
Sep 29,2007 por Marychanga 

THERMAL, California - "Así estamos, pase y vea cómo somos los pobres en Estados Unidos", se presenta Yoni, un salvadoreño en un tráiler amoblado con piezas viejas en el sureste de California, donde miles de obreros viven en la miseria de una vida condenada a la ilegalidad.

"Pase y vea cómo somos los pobres"

El refrigerador, los ventiladores y la cocina parecen sacados de uno de los vertederos de basura aledaños al lugar, también los colchones y el único sillón que tienen en la "sala" del tráiler de latón.

"Hasta ahora no he sacado nada de la basura, me lo he conseguido por ahí pagando poco", cuenta Yoni, un hombre de 28 años de Cabañas (El Salvador) que da su apellido pidiendo que no se publique por temor a ser identificado.

"Es que yo no tengo papeles", aclara Yoni, agregando que tiene ocho años viviendo como indocumentado en el "Parqueadero Los Duros", uno de los muchos asentamientos de tráiler viejos que albergan a campesinos mayoritariamente de México y de Centroamérica, y que están esparcidos en el desierto del sureste de California, casi siempre, al lado de vertederos ilegales de basura urbana.

En los terrenos adyacentes a Thermal, Mecca y Oasis se han invertido millones de dólares en técnicas de riego en el desierto que ha hecho florecer la industria agrícola.

Allí trabaja gran parte de estos hombres y mujeres "indocumentados", que cobran y pagan por sus servicios básicos lo que les piden todos aquellos que saben muy bien que estos trabajadores no pueden reclamar nada en voz alta.

Por $7.50 dólares la hora, el salario mínimo en California, Yoni y su esposa mexicana, María, logran juntar "máximo $1,300 al mes, la mitad se va en la renta de la traila y luego intento enviar $50 ó $25 dólares a mi hermana y mi mamá en El Salvador", cuenta este hombre que espera ansioso la próxima "pisca de chile" (cosecha de pimientos).

Yoni es uno de los que paga una renta asombrosa por su espacio de latón, dividido en tres habitaciones a media luz y agua de dudosa procedencia: "$300 dólares cada 15 días".

Al menos Yoni se beneficia de que en su tráiler no se huele la peste del vertedero, como donde vive Tisha Olague y su pequeña hija Cristina, que al perderlo todo "por problemas personales" en Los Angeles, unos 200 kilómetros al noroeste de Coachella Valley, vive justo al frente de la basura.

Hallan sus tesoros en la basura

Yoni y Tisha tienen baño en sus tráilers, un lujo para los habitantes de la parte de atrás del "Parqueadero Desert View", donde pagan unos $250 dólares mensuales y comparten un baño común al lado de un basural y un modesto altar con una virgen mexicana al aire libre.

"No es la casa de mis sueños, pero es tranquilo y un buen lugar", dice Tisha mientras le grita a Cristina que no vuelva a tomar los juguetes viejos o partes de autos destrozados que tiene a la mano al cruzar la calle de tierra y sortear decenas de perros sucios.

"Gracias a Dios Jesse es estadounidense", apuntó en un momento Yoni sobre su hijo de cinco años que está yendo a la escuela pública de Coachella a aprender a leer y escribir. "Porque nosotros no sabemos".

Esta última declaración de Yoni se repite sin cesar entre los habitantes de los tráilers que se sirven de identificaciones falsas para ser empleados en los campos cultivados de chiles, limones, uvas y alcachofas, o como limpiadores en los impecables campos de golf que están en la otra faz del valle.

"No es la mejor casa del mundo, pero la podemos pagar y los niños tienen escuela cerca", añadió Diana, una campesina mexicana, indocumentada, que a sus 22 años tiene tres niños y una pareja que gana un poco más de la media porque fue contratado por un viñedo al norte de California, "donde trabaja 15 días seguido y se viene cuatro días con nosotros".

Mientras Diana muestra su tráiler en el "Parqueadero Desert View", de dos habitaciones y dos colchones en el piso con algunos muebles viejos en la sala-cocina, Gladia, su hija menor, trata de sacudirse de la carita las moscas que atrajo con una botella plástica que chupa tras su paseo por el vertedero al frente de su "casa".

Hay asentamientos con permisos oficiales y otros, que como algunos vertederos de basura en el medio de carreteras casi intransitadas, son "ilegales", según las agencias ambientales.

Gran parte del terreno pertenece a la reserva indígena Torres Martínez, de los indios Cahuilla, o a miembros de este grupo étnico americano, pero cualquier intento por conocer su reacción es en vano e incluso violento.

"¡Váyanse de aquí! ¿Quién les autorizó a pasar a esta propiedad? La prensa miente, ¡váyanse de aquí!", soltó un hombre de rasgos indígenas norteamericano enfurecido y que se negó a identificarse ante dos reporteras que hablaron con algunos de los 4 mil habitantes -estimación coincidente de los vecinos-, del Parqueadero Los Duros, el más grande "y extrañamente caro" de la zona.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Dignidad y derechos de los inmigrantes en Estados Unidos

Intervención del arzobispo de San Francisco, George Hugh Niederauer


ROMA, miércoles 1 febrero 2012 (ZENIT.org).-El respeto a la dignidad de las personas no conoce fronteras, no tiene en cuenta el color de la piel, no se detiene frente a la existencia o no, de documentos de identificación válidos. Y, sobre todo, no queda suspendido en las cárceles. Son afirmaciones del arzobispo de San Francisco, Estados Unidos, George Hugh Niederauer, el pasado 28 de enero en la catedral de Santa María, en un encuentro interreligioso al que asistieron cientos de inmigrantes, la mayoría de origen hispano.
Una intervención que recoge y apoya en su edición de este miércoles el diario vaticano L'Osservatore Romano.
El arzobispo de San Francisco objetó enérgicamente el programa federal para combatir la inmigración ilegal; en particular cuando estas medidas --que incluyen la expulsión del territorio de Estados Unidos--, vienen cumplidas estrictamente dentro de la población carcelaria, provocando sufrimiento y profundas divisiones entre las numerosas familias de inmigrantes presentes en el territorio de la arquidiócesis del norte de California.
"No podemos permitir el dolor de las familias y que en nuestras comunidades continúe la separación y el miedo", dijo el arzobispo, señalando también que "hay que respetar la dignidad de todos nuestros hermanos y hermanas, indocumentados o no".
El programa federal para combatir la inmigración ilegal (California es el estado con el mayor número de trabajadores inmigrantes en el mundo), incluye también controles dentro de las cárceles. Las huellas digitales de los detenidos se comparan con las conservadas en los archivos recopilados por la agencia de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), y a aquellos que entraron en el país ilegalmente les corresponde la expulsión. La aplicación de este programa, según los funcionarios de ICE, ha llevado hasta ahora a la repatriación forzosa de 110.000 inmigrantes.
Sin embargo, subraya el diario vaticano, quienes defienden los derechos de los inmigrantes sostienen que la regla se aplica fácilmente a aquellas personas condenadas por delitos o faltas muy leves. Incluso en muchos casos, la policía sigue deteniendo a la población inmigrante sobre la base de sospechas en general, sin que existan particulares motivos de orden público.
"Este programa permite que nuestros hermanos y hermanas sean enviados a un centro de detención hasta por una simple violación del reglamento de carreteras", dijo en la reunión Moisés Agudo, de la arquidiócesis de San Francisco.
El mes pasado, 33 obispos católicos estadounidenses pidieron "una reforma inmigratoria justa, humana y eficaz", asegurándoles a los inmigrantes indocumentados que "no están solos ni olvidados".

sábado, 28 de enero de 2012

Parroquia San Marcelino, Commerce, California: retiro de jóvenes de 2KM


Hoy de mañana concluyó en San Diego el encuentro de Obispos en el que estuve participando, y en el lugar del encuentro fueron a recogerme Humberto y su esposa Stephany.
Humberto es mexicano, y es responsable laico de una parroquia que no cuenta con sacerdote. La parroquia es San Marcelino, y alli estuve el año pasado, de modo que, ante una nueva visita a California me puse en contacto con Humberto para ofrecer algun servicio.
En la tarde de hoy estuve participando en un retiro para jóvenes. 90 participantes, de los cuales muchos se confesaron conmigo, pues ese fue el servicio que me pidieron.
Por todas parte aparecia la sigla 2KM. Estuve por preguntar que significaba eso, pero pronto vi un letrero con el nombre completo: Kairos Kai Metanoia, Tiempo de Dios y Conversión.
Es el nombre de un movimiento que se dedica a ofrecer estos retiros juveniles.
Escuchando a los jóvenes pude ver los frutos del retiro. Muchos se confesaron despues de mucho tiempo sin hacerlo, y varios se sentian muy tocados por lo que habian escuchado.
Mañana por la tarde tendremos la Misa de clausura en la Parroquia.
+ Heriberto

jueves, 26 de enero de 2012

Mons. Heriberto en encuentro internacional de Obispos




Con una conferencia del Arzobispo de Sydney, Cardenal George Pell, dio comienzo hoy en el sur de California un encuentro internacional de Obispos organizado por el Acton Institute, institución católica con sede en los EE.UU.
La conferencia del Cardenal Pell trató sobre "El Obispo Católico en la sociedad secularizada".
Mons. Heriberto está participando en este encuentro que concluirá el viernes a la noche. 49 obispos, en su mayoría de América Latina, pero también de Europa y África han acudido a la invitación.

martes, 24 de enero de 2012

EE.UU. Carta de los Obispos Hispanos/Latinos a los inmigrantes

Demián Bichir, mexicano nominado al Oscar como mejor actor por su papel
protagónico en Una vida mejor. La película refleja el drama de los trabajadores
indocumentados, situación aludida en el mensaje de los Obispos hispanos de EE.UU.
Muy estimados hermanas y hermanos inmigrantes,

¡Que la paz y la gracia de Nuestro Señor Jesucristo estén con todos ustedes!

Nosotros los obispos hispanos/latinos de Estados Unidos abajo firmantes les hacemos saber a quienes se encuentran en nuestro país sin papeles que no están solos ni olvidados. Reconocemos que todo ser humano, documentado o no, es imagen de Dios y por lo tanto tiene un valor y dignidad infinitos. Les abrimos nuestros brazos y nuestro corazón y los recibimos como miembros de nuestra familia católica. Como pastores, les dirigimos estas palabras desde lo más profundo de nuestro corazón.

De una manera muy especial queremos agradecerles los valores cristianos que nos demuestran con su vida – el sacrificio por el bien de sus familias, la determinación y perseverancia, el gozo de vivir, su profunda fe y su fidelidad a pesar de la inseguridad y tantas dificultades. Ustedes contribuyen mucho al bienestar de nuestra nación en el ámbito económico, cultural y espiritual.

La crisis económica ha impactado a toda la comunidad estadounidense. Lamentablemente, algunos aprovechan este ambiente de incertidumbre para despreciar al migrante y aun culparlo por esta crisis. Sembrar el odio no nos lleva a remediar la crisis. Encontraremos el remedio en la solidaridad entre todos los trabajadores y colaboradores—inmigrantes y ciudadanos—que conviven en los Estados Unidos.

En sus rostros sufrientes vemos el rostro verdadero de Jesucristo. Sabemos muy bien el gran sacrificio que hacen por el bien de sus familias. Muchos de ustedes hacen los trabajos más difíciles, con sueldos miserables y sin seguro de salud o prestaciones salariales o sociales. A pesar de sus contribuciones al bienestar de nuestro país, en lugar de ofrecerles gratitud, se les trata como criminales porque han violado la ley de inmigración actual.

Estamos también muy conscientes del dolor de las familias que han sufrido la deportación de alguno de sus miembros; de la frustración de los jóvenes que han crecido en este país y cuyos sueños son truncados por su estatus migratorio; de la ansiedad de aquellos que están en espera de la aprobación de su petición de residencia permanente; y de la angustia de quienes viven cada día bajo la amenaza de ser deportados. Todas estas situaciones claman a Dios por una solución digna y humana.
Reconocemos que en ocasión las acciones tomadas con respecto a los inmigrantes les ha llevado a sentirse ignorados y abandonados, incluyendo cuando no se han escuchado voces que se levanten ante las falsedades que se promueven dentro de nuestra sociedad. Por medio de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB) hemos abogado ante el Congreso estadounidense por un cambio a la ley de inmigración que respete la unidad de la familia, e incluya pasos ordenados y razonables para que personas sin documentos puedan obtener la ciudadanía. La nueva ley deberá incluir un programa de visas para trabajadores que respete los derechos humanos de los inmigrantes, les provea las necesidades básicas para vivir y facilite su ingreso a nuestro país para trabajar en un ambiente seguro y ordenado. Así mismo, continuamos abogando por la justicia económica global que facilite el empleo de nuestros hermanos y hermanas en su tierra de origen y les provea lo suficiente para vivir con dignidad.

El pueblo inmigrante es una fuerza revitalizadora para el país. La falta de una reforma migratoria justa, humana y eficaz debilita el bien común de toda la unión americana.

Nos duele y nos apena que muchos de nuestros hermanos y hermanas católicos no hayan apoyado nuestras peticiones por un cambio a la ley de inmigración que proteja sus derechos, mientras ustedes contribuyen con su trabajo a nuestro país. Les prometemos que seguiremos trabajando para obtener este cambio. Conocemos lo difícil que es el camino para llegar y para entrar a Estados Unidos. Por eso estamos comprometidos a hacer lo que podamos para lograr un cambio de ley que les permita entrar y vivir en este país legalmente, y no se vean ustedes obligados a emprender un camino peligroso para proveer a sus familias. Como pastores que se preocupan por el bienestar de todos ustedes, les debemos decir que consideren seriamente si es aconsejable emprender su camino hacia acá antes de que se logre un cambio justo y humano en las leyes de inmigración.

Sin embargo, no vamos a esperar hasta que cambie la ley para darles la bienvenida en nuestras iglesias a los que ya están aquí, ya que San Pablo nos dice, “Ustedes ya no son extranjeros ni huéspedes, sino conciudadanos de los que forman el pueblo de Dios; son familia de Dios” (Ef. 2:19).

Como miembros del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, les ofrecemos alimento espiritual. Siéntanse bienvenidos a la Santa Misa, la Eucaristía que nos alimenta con la palabra y con el cuerpo y la sangre de Jesús. Les ofrecemos programas de catequesis para sus hijos, y los programas de formación que nuestros esfuerzos diocesanos nos permiten poner a su alcance.

Los ciudadanos y residentes permanentes de este país no podemos olvidar que casi todos, nosotros o nuestros antepasados, hemos venido de otras tierras, y juntos con inmigrantes de varias naciones y culturas hemos formado una nueva nación. Ahora debemos abrirles el corazón y los brazos a los recién llegados, como nos lo pide Jesús cuando nos dice, “Tuve hambre y ustedes me alimentaron; tuve sed y ustedes me dieron de beber; pasé como forastero y ustedes me recibieron en su casa” (Mt 25:35). Estas palabras del Señor Jesús se pueden aplicar a los inmigrantes entre nosotros. Tuvieron hambre en su tierra de origen, tuvieron sed al pasar por el desierto, y se encuentran entre nosotros como forasteros (ver Daniel G. Groody, CSC, “Crossing the Line,” The Way, Vol. 43, No.2, abril 2004, p.58-69). Su presencia nos invita a ser más valientes en la denuncia de las injusticias que sufren. A imitación de Jesús y de los grandes

profetas, debemos denunciar las fuerzas que los oprimen, y anunciar la buena nueva del Reino con nuestras obras de caridad. Oremos y luchemos para que estos hermanos y hermanas nuestras tengan las mismas oportunidades de las cuales nosotros nos hemos beneficiado.

Vemos en ustedes migrantes a Jesús peregrino. La Palabra de Dios migró del cielo a la tierra para hacerse hombre y salvar a la humanidad. Jesús emigró con María y José a Egipto, como refugiado. Migró de Galilea a Jerusalén para el sacrificio de la Cruz, y finalmente emigró de la muerte a la resurrección y ascendió al cielo. Hoy día, sigue caminando y acompañando a todos los migrantes que peregrinan por el mundo en búsqueda de alimento, trabajo, dignidad, seguridad y oportunidades para el bien de sus familias.

Ustedes nos revelan la realidad suprema de la vida: todos somos migrantes. Su migración es un fuerte y claro mensaje de que todos somos migrantes hacia la vida eterna. Jesús nos acompaña a todos los cristianos en nuestro peregrinar hacia la casa del Padre, el reino de Dios en el cielo (Ver Tertio Millennio Adveniente No. 50).

Les rogamos que no se desesperen. Mantengan su fe en Jesús migrante que sigue caminando con ustedes, y en la Santísima Virgen de Guadalupe que constantemente nos repite las palabras dichas a san Juan Diego, “¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?” Ella nunca nos abandona, ni nos abandona san José quien nos protege como lo hizo con la Sagrada Familia durante su emigración a Egipto.

Como pastores queremos seguir abogando por todos los inmigrantes. Con san Pablo les repetimos: “No se dejen vencer por el mal; antes bien, venzan el mal con la fuerza del bien” (Rom. 12:21).

Que Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo los acompañe y los bendiga siempre.

Sinceramente en Cristo Salvador,

Los Obispos Hispanos/Latinos de Estados Unidos
Most Rev. José H. Gómez, Archbishop of Los Angeles
Most Rev. Gustavo García-Siller, MSpS, Archbishop of San Antonio
Most Rev. Gerald R. Barnes, Bishop of San Bernardino
Most Rev. Alvaro Corrada del Rio, SJ, Apostolic Administrator of Tyler
Bishop of Mayaguez, PR
Most Rev. Felipe de Jesús Estevez, Bishop of St. Augustine
Most Rev. Richard J. García, Bishop of Monterey
Most Rev. Armando X. Ochoa, Apostolic Administrator of El Paso
Bishop-designate of Fresno
Most Rev. Plácido Rodríguez, CMF, Bishop of Lubbock
Most Rev. James A. Tamayo, Bishop of Laredo
Most Rev. Raymundo J. Peña, Bishop Emeritus of Brownsville
Most Rev. Arthur Tafoya, Bishop Emeritus of Pueblo
Most Rev. Daniel E. Flores, Bishop of Brownsville
Most Rev. Fernando Isern, D.D., Bishop of Pueblo
Most Rev. Ricardo Ramírez, Bishop of Las Cruces
Most Rev. Jaime Soto, Bishop of Sacramento
Most Rev. Joe S. Vásquez, Bishop of Austin
Most Rev. Carlos A. Sevilla, SJ, Bishop Emeritus of Yakima
Most Rev. Oscar Cantú, S.T.D., Auxiliary Bishop of San Antonio
Most Rev. Arturo Cepeda, Auxiliary Bishop of Detroit
Most Rev. Manuel A. Cruz, Auxiliary Bishop of Newark
Most Rev. Rutilio del Riego, Auxiliary Bishop of San Bernardino
Most Rev. Eusebio Elizondo, M.Sp.S, Auxiliary Bishop of Seattle
Most Rev. Francisco González , S.F., Auxiliary Bishop of Washington, DC
Most Rev. Eduardo A. Nevares, Auxiliary Bishop of Phoenix
Most Rev. Alexander Salazar, Auxiliary Bishop of Los Angeles
Most Rev. David Arias, OAR, Auxiliary Bishop Emeritus of Newark
Most Rev. Octavio Cisneros, DD, Auxiliary Bishop of Brooklyn
Most. Rev. Edgar M. da Cunha, SDV, Auxiliary Bishop of Newark
Most Rev. Cirilo B. Flores, Auxiliary Bishop of Orange,
Most Rev. Josu Iriondo, Auxiliary Bishop of New York,
Most Rev. Alberto Rojas, Auxiliary Bishop of Chicago
Most Rev. Luis Rafael Zarama, Auxiliary Bishop of Atlanta
Most Rev. Gabino Zavala, Auxiliary Bishop of Los Angeles

Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, Diciembre 12, 2011

domingo, 22 de enero de 2012

Radio María: veinticinco años evangelizando


Hace veinticinco años se creó la Asociación Radio María

Radio María nace como radio parroquial en 1983, en Arcellasco d'Erba, en provincia de Como y en la Diócesis de Milán.

Era la época durante la cual en muchas iglesias de Italia los párrocos colocaban una antena para llegar al mayor número de feligreses, de forma especial a los enfermos. La finalidad de la radio era informar a los parroquianos y ayudarlos en la oración, transmitiendo diariamente la Santa Misa y el Santo Rosario.

Radio María conservó esta característica hasta enero de 1987, cuando se constituyó la asociación Radio María, compuesta por laicos y sacerdotes, con la finalidad de volver la emisora independiente de la parroquia y de comprometerla en una obra de evangelización en una escala mucho más amplia.

En solamente tres años la planilla de programación se volvió a diseñar completamente, gracias a la colaboración de personas con diferentes experiencias eclesiales, pero todas comprometidas en el testimonio de su fe.

En la misma época se cubren rápidamente todas las regiones italianas, tanto que en 1990 Radio María se considera una emisora de difusión nacional.

A partir de la década de los ’90 lo que comenzó en Italia, actualmente está en los cinco continentes, con 67 radios en 56 naciones. Con el impulso y la ayuda de Radio María Italia, surgen otras en lengua común en Europa, África y América. El número crece y se crea una red radiofónica mundial católica, independiente en gestión de cada país, unitaria en la inspiración religiosa y en la estructura de la programación, en la referencia al voluntariado, en la financiación a través de las ofrendas de los oyentes, en la exclusión de la publicidad y la no ingerencia en temas o debates de política.

El 24 de enero de 1999 comenzó en Madrid, en comunión con las demás Radio María del mundo y con toda la ilusión de los que comienzan, con la fuerza que dan día a día los radioescuchas.

Apostolado y misión

La Misión de Radio María es la Salvación de las almas, el anuncio de la conversión proponiendo de un modo nuevo la fe católica a través de una radio misionera para llevar el mensaje de Cristo hasta los confines de la tierra.

Para que este espíritu misionero alcance nuevas fronteras, necesita apóstoles que puedan anunciar a Cristo a través de la radio, corazones disponibles para la misión, llamados por Cristo - que es quien siempre llama primero y a quien le place (Mc 3,13) - voluntarios y oyentes, que quieran emprender ese camino de conversión en las casas, en la calle o donde sea.

Radio María Uruguay

Radio María Uruguay es una emisora privada, propiedad de la Asociación Radio María, reconocida por el Ministerio del Interior con fecha 1 de diciembre de 1998, con número de registro nacional 164.395. Sus miembros son sacerdotes y laicos católicos, quienes de acuerdo a sus Estatutos, eligen una Junta Directiva, compuesta por cinco personas, órgano de dirección y representación de la Asociación y de la organización de Radio María. Esta Junta directiva nombra al Director de Radio María, sacerdote, que es el responsable de todos sus programas. Actualmente es el P. Fabian Róvere. Su sede se encuentra en Montevideo y se difunde a través de 104.5 FM Florida, 104.5 FM Tacuarembó, 89,3 FM Canelones, 88,5 FM Rivera, 103.3 FM San José y 1470 AM Melo.

domingo, 15 de enero de 2012

Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado

Afiche de la Conferencia Episcopal Española para la
Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado 2012

MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
PARA LA JORNADA MUNDIAL
DEL EMIGRANTE Y DEL REFUGIADO 2012
(Tema: Migraciones y nueva evangelización)

Queridos hermanos y hermanas:

Anunciar a Jesucristo, único Salvador del mundo, «constituye la misión esencial de la Iglesia; una tarea y misión que los cambios amplios y profundos de la sociedad actual hacen cada vez más urgentes» (Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, 14). Más aún, hoy notamos la urgencia de promover, con nueva fuerza y modalidades renovadas, la obra de evangelización en un mundo en el que la desaparición de las fronteras y los nuevos procesos de globalización acercan aún más las personas y los pueblos, tanto por el desarrollo de los medios de comunicación como por la frecuencia y la facilidad con que se llevan a cabo los desplazamientos de individuos y de grupos. En esta nueva situación debemos despertar en cada uno de nosotros el entusiasmo y la valentía que impulsaron a las primeras comunidades cristianas a anunciar con ardor la novedad evangélica, haciendo resonar en nuestro corazón las palabras de san Pablo: «El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio!» (1 Co 9,16).

El tema que he elegido este año para la Jornada mundial del emigrante y del refugiado –Migraciones y nueva evangelización– nace de esta realidad. En efecto, el momento actual llama a la Iglesia a emprender una nueva evangelización también en el vasto y complejo fenómeno de la movilidad humana, intensificando la acción misionera, tanto en las regiones de primer anuncio como en los países de tradición cristiana.

El beato Juan Pablo II nos invitaba a «alimentarnos de la Palabra para ser “servidores de la Palabra” en el compromiso de la evangelización…, [en una situación] que cada vez es más variada y comprometedora, en el contexto de la globalización y de la nueva y cambiante mezcla de pueblos y culturas que la caracteriza» (Carta apostólica Novo millennio ineunte, 40). En efecto, las migraciones internas o internacionales realizadas en busca de mejores condiciones de vida o para escapar de la amenaza de persecuciones, guerras, violencia, hambre y catástrofes naturales, han producido una mezcla de personas y de pueblos sin precedentes, con problemáticas nuevas no solo desde un punto de vista humano, sino también ético, religioso y espiritual. Como escribí en el Mensaje del año pasado para esta Jornada mundial, las consecuencias actuales y evidentes de la secularización, la aparición de nuevos movimientos sectarios, una insensibilidad generalizada con respecto a la fe cristiana y una marcada tendencia a la fragmentación hacen difícil encontrar una referencia unificadora que estimule la formación de «una sola familia de hermanos y hermanas en sociedades que son cada vez más multiétnicas e interculturales, donde también las personas de diversas religiones se ven impulsadas al diálogo, para que se pueda encontrar una convivencia serena y provechosa en el respeto de las legítimas diferencias». Nuestro tiempo está marcado por intentos de borrar a Dios y la enseñanza de la Iglesia del horizonte de la vida, mientras crece la duda, el escepticismo y la indiferencia, que querrían eliminar incluso toda visibilidad social y simbólica de la fe cristiana.

En este contexto, los inmigrantes que han conocido a Cristo y lo han acogido son inducidos con frecuencia a no considerarlo importante en su propia vida, a perder el sentido de la fe, a no reconocerse como parte de la Iglesia, llevando una vida que a menudo ya no está impregnada de Cristo y de su Evangelio. Crecidos en el seno de pueblos marcados por la fe cristiana, a menudo emigran a países donde los cristianos son una minoría o donde la antigua tradición de fe ya no es una convicción personal ni una confesión comunitaria, sino que se ha visto reducida a un hecho cultural. Aquí la Iglesia afronta el desafío de ayudar a los inmigrantes a mantener firme su fe, aun cuando falte el apoyo cultural que existía en el país de origen, buscando también nuevas estrategias pastorales, así como métodos y lenguajes para una acogida siempre viva de la Palabra de Dios. En algunos casos se trata de una ocasión para proclamar que en Jesucristo la humanidad participa del misterio de Dios y de su vida de amor, se abre a un horizonte de esperanza y paz, incluso a través del diálogo respetuoso y del testimonio concreto de la solidaridad, mientras que en otros casos existe la posibilidad de despertar la conciencia cristiana adormecida a través de un anuncio renovado de la Buena Nueva y de una vida cristiana más coherente, para ayudar a redescubrir la belleza del encuentro con Cristo, que llama al cristiano a la santidad dondequiera que se encuentre, incluso en tierra extranjera.

El actual fenómeno migratorio es también una oportunidad providencial para el anuncio del Evangelio en el mundo contemporáneo. Hombres y mujeres provenientes de diversas regiones de la tierra, que aún no han encontrado a Jesucristo o lo conocen solamente de modo parcial, piden ser acogidos en países de antigua tradición cristiana. Es necesario encontrar modalidades adecuadas para ellos, a fin de que puedan encontrar y conocer a Jesucristo y experimentar el don inestimable de la salvación, fuente de «vida abundante» para todos (cf. Jn 10,10); a este respecto, los propios inmigrantes tienen un valioso papel, puesto que pueden convertirse a su vez en «anunciadores de la Palabra de Dios y testigos de Jesús resucitado, esperanza del mundo» (Exhortación apostólica Verbum Domini, 105).

En el comprometedor itinerario de la nueva evangelización en el ámbito migratorio, desempeñan un papel decisivo los agentes pastorales –sacerdotes, religiosos y laicos–, que trabajan cada vez más en un contexto pluralista: en comunión con sus Ordinarios, inspirándose en el Magisterio de la Iglesia, los invito a buscar caminos de colaboración fraterna y de anuncio respetuoso, superando contraposiciones y nacionalismos. Por su parte, las Iglesias de origen, las de tránsito y las de acogida de los flujos migratorios intensifiquen su cooperación, tanto en beneficio de quien parte como, de quien llega y, en todo caso, de quien necesita encontrar en su camino el rostro misericordioso de Cristo en la acogida del prójimo. Para realizar una provechosa pastoral de comunión puede ser útil actualizar las estructuras tradicionales de atención a los inmigrantes y a los refugiados, asociándolas a modelos que respondan mejor a las nuevas situaciones en que interactúan culturas y pueblos diversos.

Los refugiados que piden asilo, tras escapar de persecuciones, violencias y situaciones que ponen en peligro su propia vida, tienen necesidad de nuestra comprensión y acogida, del respeto de su dignidad humana y de sus derechos, así como del conocimiento de sus deberes. Su sufrimiento reclama de los Estados y de la comunidad internacional que haya actitudes de acogida mutua, superando temores y evitando formas de discriminación, y que se provea a hacer concreta la solidaridad mediante adecuadas estructuras de hospitalidad y programas de reinserción. Todo esto implica una ayuda recíproca entre las regiones que sufren y las que ya desde hace años acogen a un gran número de personas en fuga, así como una mayor participación en las responsabilidades por parte de los Estados.

La prensa y los demás medios de comunicación tienen una importante función al dar a conocer, con exactitud, objetividad y honradez, la situación de quienes han debido dejar forzadamente su patria y sus seres queridos y desean empezar una nueva vida.

Las comunidades cristianas han de prestar una atención particular a los trabajadores inmigrantes y a sus familias, a través del acompañamiento de la oración, de la solidaridad y de la caridad cristiana; la valoración de lo que enriquece recíprocamente, así como la promoción de nuevos programas políticos, económicos y sociales, que favorezcan el respeto de la dignidad de toda persona humana, la tutela de la familia y el acceso a una vivienda digna, al trabajo y a la asistencia.

Los sacerdotes, los religiosos y las religiosas, los laicos y, sobre todo, los hombres y las mujeres jóvenes han de ser sensibles para ofrecer apoyo a tantas hermanas y hermanos que, habiendo huido de la violencia, deben afrontar nuevos estilos de vida y dificultades de integración. El anuncio de la salvación en Jesucristo será fuente de alivio, de esperanza y de «alegría plena» (cf. Jn 15,11).

Por último, deseo recordar la situación de numerosos estudiantes internacionales que afrontan problemas de inserción, dificultades burocráticas, inconvenientes en la búsqueda de vivienda y de estructuras de acogida. De modo particular, las comunidades cristianas han de ser sensibles respecto a tantos muchachos y muchachas que, precisamente por su joven edad, además del crecimiento cultural, necesitan puntos de referencia y cultivan en su corazón una profunda sed de verdad y el deseo de encontrar a Dios. De modo especial, las Universidades de inspiración cristiana han de ser lugares de testimonio y de irradiación de la nueva evangelización, seriamente comprometidas a contribuir en el ambiente académico al progreso social, cultural y humano, además de promover el diálogo entre las culturas, valorizando la aportación que pueden dar los estudiantes internacionales. Estos se sentirán alentados a convertirse ellos mismos en protagonistas de la nueva evangelización si encuentran auténticos testigos del Evangelio y ejemplos de vida cristiana.

Queridos amigos, invoquemos la intercesión de María, Virgen del Camino, para que el anuncio gozoso de salvación de Jesucristo lleve esperanza al corazón de quienes se encuentran en condiciones de movilidad por los caminos del mundo. Aseguro todos mi oración, impartiendo la Bendición Apostólica.

Vaticano, 21 de septiembre de 2011
 
BENEDICTUS PP. XVI

sábado, 14 de enero de 2012

Cumplir un año en la Fazenda: meta alcanzada

Eduardo, diploma en mano: regresando a la vida.

Más fotos en  facebook 

La Fazenda da Esperança es una institución católica para la recuperación de adictos. En Cerro Chato, donde se juntan los departamentos de Treinta y Tres, Durazno y Florida, se inauguró en 2009 la primera (y todavía única) de estas comunidades terapéuticas que existe en Uruguay, aunque en ese momento era la Nº 67 en el mundo (ya otras han sido inauguradas en varios países.
La propuesta de la Fazenda a los adictos que deseen recuperarse es asumir libremente una propuesta de renovación interior y reencuentro consigo mismo y con los demás, a partir de una experiencia que conjuga vida espiritual, vida en comunidad y trabajo.
La meta es permanecer un año en el programa (no necesariamente en la misma casa). Quienes llegan al término fructuosamente reciben un diploma que acredita el haber alcanzado esa meta.
Varios diplomas han sido entregados ya en la Fazenda de Cerro Chato, que lleva el nombre de Quo Vadis? En el día de hoy, durante una Eucaristía presidida por Mons. Heriberto, Eduardo, uno de los jóvenes internados, que cumplió ayer su año en la comunidad, recibió su diploma, en presencia de varios miembros de su familia, entre ellos su abuela, a quién él entregó el preciado documento en reconocimiento del cariño y el aliento que ella le siguió brindando, con la firme esperanza de su recuperación.


¿A dónde vas?

Eso es lo que significa la expresión latina Quo Vadis? La Fazenda funciona en una chacra que fue así nombrada por el P. Miguel García (ya fallecido), que fue párroco en Cerro Chato hace algunos años.
Quo vadis? es una novela histórica del autor polaco Henryk Sienkiewicz. Fue escrita entre los años 1895 y 1896, y en ella se narran las vicisitudes de muchos y muy diferentes personajes en la época del emperador romano Nerón.
El título alude a las palabras Quo Vadis, Domine? (¿A dónde vas, Señor?) que, según la leyenda y la tradición, fueron pronunciadas por el apóstol Pedro mientras huía de Roma para ponerse a salvo de la persecución de los cristianos por orden del emperador Nerón. Ante la pregunta, Jesús responde: «Voy a ser crucificado en Roma por segunda vez porque mis propios discípulos me abandonan». Avergonzado de su cobardía, Pedro regresa a Roma para afrontar su destino: el martirio.
"¿A dónde vas? ", pues, es una pregunta que pone al ser humano ante las grandes decisiones que tiene que tomar en su vida y que definen su destino.



lunes, 9 de enero de 2012

Crónicas Orientales: de un Oriental en el Oriente Cubano (8)


Algunas noticias desde la Parroquia de la Sagrada Familia en Santiago de Cuba

Como en Uruguay, la celebración de Navidad y año nuevo en Cuba se centra en el encuentro de las familias alrededor de una cena. Se cierran las avenidas con quioscos de bebidas y comidas al paso y los jóvenes salen a bailar; pero el eje de la fiesta está en la familia.
En la Parroquia hemos tenido diversas actividades festivas con representaciones por parte de los adolescentes y los jóvenes, y bailes de los niños de la catequesis junto con las abuelas. Ha habido cantos y pesebres vivientes en el salón parroquial. En la actualización del Nacimiento, una famila contemporánea recreaba las peripecias de María y José. El que hacía de papá vestía camiseta del club local de beisbol y las posadas que no tenían lugar para María eran los policlínicos de la ciudad. Por último el 29 de diciembre invitamos a las parroquias vecinas a un concierto espléndido de villancicos (cubanos, españoles, franceses y alemanes) que nos ofreció en el templo el Orfeón Santiago, un coro de nivel internacional.
Diversos grupos ocupan el amplio salón parroquial. La pastoral juvenil diocesana y los matrimonios realizaron aquí sus jornadas navideñas. Caritas diocesana también su asamblea y su retiro de Adviento. Tres de los diáconos permanentes de la diócesis, junto con sus esposas, hijos y nietos celebraron aquí su fiesta anual.
Todas las semanas apoyamos a las zonas misioneras de la diócesis en numerosas “casas misión” tanto en los suburbios como en campaña. Unos días antes de Navidad las Religiosas Catequistas Sopeña organizaron una misión especial en la zona de Guamá, donde hay muchas de estas pequeñas comunidades que, a lo largo del año sólo celebran la eucaristía por Navidad y por Pascua. A las 7 a.m. montábamos en un camión unas 40 personas (8 sacerdotes, 2 religiosas y laicos, mujeres y hombres, jóvenes y adultos), que fuimos quedándonos en distintos pueblos por los 80 kilómetros de camino irregular (Calentura, Chivirico, Papayo, Ubero, etc.). En equipos de tres o cuatro personas fuimos visitando más de una docena de poblados, celebrando la eucaristía de Navidad en cada uno de ellos y festejando con la comunidad respectiva lo que hubieran preparado. Hubo representaciones navideñas y villancicos. Dormimos con alguna de las familias de los caseríos y a primeras horas de la mañana retomamos el camión para retornar a Santiago, al trabajo de cada uno. Este excelente equipo de laicos sale a misionar por esa zona cada domingo a lo largo del año, salvo los meses de Julio y Agosto. Los sacerdotes participamos siempre que podemos.
En los últimos días los televidentes cubanos se han sorprendido de ver presentaciones de programas religiosos en uno de los cinco canales que se pueden sintonizar acá. Para Navidad el mensaje del Arzobispo de Santiago y Presidente de la Conferencia Episcopal desde el Santuario de El Cobre. Luego, la audiencia del Papa en la plaza de San Pedro. El pasado viernes, 30 de Diciembre, la eucaristía concelebrada cerca del puerto de La Habana por todos los obispos y muchísimos fieles con motivo de la despedida de la imagen peregrina de Nuestra Señora de la Caridad, después de haber recorrido todo el país localidad por localidad.
El sábado, 7 de Enero, la concelebración en el Santuario de El Cobre, como inauguración del Año Jubilar Mariano, en la que estuvieron presentes todos los obispos cubanos y muchos sacerdotes y fieles de toda la nación. Esta comunicación inédita permite ahora participar de un evento religioso a gran parte del pueblo cubano.
Si, además, tenemos presente la visita que realizará Benedicto XVI a finales de Marzo a Cuba (El Cobre, Santiago y La Habana), tenemos muchos motivos para dar gracias a Dios al comienzo de este nuevo año.

En Santiago, a 9 de enero de 2012.