lunes, 26 de agosto de 2019

P. Stéfano. “Nuestra felicidad siempre va a estar unida a la de quienes están al lado nuestro”



El sábado 24, en el programa “Qué bien se está aquí” de Radio María, tuvimos la visita del P. Stéfano Macchi, salesiano italiano que vive en Turín. Su madre nació en Montevideo, pero se casó con un italiano, de modo que Stéfano ha vivido siempre en Italia, aunque entró al país con su pasaporte uruguayo. Parte de la familia sigue viviendo en Uruguay.

- Padre Stéfano ¿qué es lo que te ha traído por estos pagos?
- Vine por aquí en este mes de agosto, no tanto por los vínculos familiares. De hecho, es la primera vez que vengo a Uruguay sin quedarme mucho con mi familia… solo estuve con ellos el día de la llegada y pasaré los últimos días antes de regresar a Italia. Conociendo las dificultades de Uruguay y, sobre todo, de la diócesis de Melo para encontrar sacerdotes, le di mi disponibilidad a Mons. Heriberto y le pedí permiso a mi superior en Italia para estar aquí este mes.
- Tu presencia permitió atender un poco más algunas realidades que no cuentan con la presencia de un sacerdote con toda la frecuencia que sería de desear, como la Obra Social Salesiana Picapiedras y la Fazenda de la Esperanza. ¿Cómo han sido esos encuentros?
En Picapiedras el encuentro ha sido excelente, tanto con los educadores como con los niños, los “gurises”. Estuve hablando y escuchando, sobre todo a los educadores en algunos encuentros de ellos y estuve también jugando, merendando y cenando con los niños y los jóvenes de estos centros. Siempre me sentí en casa. Se percibe el vínculo con los Salesianos, a pesar de que ellos se fueron de aquí hace algunos años.
- Así es, pero la Obra continúa teniendo el sello Salesiano. Hay un sacerdote, el P. Walter, que viene mensualmente de Rivera y se queda dos o tres días. Para la obra fue una alegría tener así a un salesiano cerquita y muy disponible. Por otra parte, la Fazenda. Allí se trata de que haya Misa diariamente, lo que no es posible para nosotros. Tu presencia permitió que tuvieran la Eucaristía un poco más frecuente, pero también más tiempo para la escucha y aún para la confesión. ¿Cómo fue todo allí?
- La experiencia ha sido muy buena. Yo me sentí en casa también con ellas, tanto en Misa como en otros momentos informales, escuchando las experiencias de las chicas. Me parece que la relación con ellas ha nacido y ha empezado bien… no sé si vamos a poder seguir a la distancia con ellas, pero al menos ha empezado bien.
- Hoy tenemos toda una facilidad de comunicación. Ojalá sea posible llegar al menos con un mensaje breve, que siempre hará bien.
Por otra parte, también acompañaste un encuentro de parejas, varios sacerdotes te pidieron suplencias… estuviste en Río Branco, en parroquias de Melo, especialmente S. Domingo Savio y también fuiste con el Obispo a Treinta y Tres y lo acompañaste durante la visita del Nuncio a la Fazenda de la Esperanza.
Pero hay otro tema del que queremos hablar aquí y es tu experiencia misionera en Pakistán y en Madagascar. Pakistán es el país donde fuiste primero, por un año… una realidad muy diferente a la de Italia y a la de Uruguay.
- Hay muchas diferencias, pero lo que yo traje en el corazón y en la memoria es que Pakistán es un país lindísimo… tiene 207 millones de habitantes y casi 800.000 km2, más del doble de Italia… pero es doble en todo. La comparación que yo hago es: el Mediterráneo de Italia frente al océano Índico; los Alpes de Italia, con el Himalaya, que tienen el K2, de más de 4.000 metros…
Todo es muy extremo. No solo por los extremismos de los que hablan los diarios; la naturaleza es muy buena y tiene de todo, desde lo tropical hasta lo templado y frío del norte; hay frutas de todo tipo.
En cuanto a la gente, esta experiencia me dio mucho para reflexionar. Me encontré con musulmanes que son personas como todo el mundo, que se esfuerzan y trabajan día a día por tener algo mejor. Extremistas, sí, hay, y violencia también, mucha… y lo peor es que hay medios para que esta violencia sea aún más fuerte de lo que puede ser en otros países. Lo primero que tenemos que entender es que no es la religión lo que hace alguna diferencia en eso, sino los medios que la gente quiere usar para llegar a su bien. Eso creo que es la diferencia más fuerte.
- Me imagino que una diferencia importante es la lengua…
Sí, pero no solo hay una lengua diferente sino varias. El idioma oficial es el urdu; todos tendrían que estudiarlo y entenderlo; pero para algunos pakistaníes no es su lengua madre, porque tienen su propio idioma. Hay cuatro o cinco idiomas principales. A oriente y occidente, norte y sur están pueblos diferentes, con culturas distintas y eso hace que entre ellos no siempre se entiendan muy bien.
Con respecto a la religión, Pakistán dice “nosotros somos el primer país que nació como país islámico”. Eso es verdad, porque en 1947, cuando hubo la partición entre India y Pakistán, ellos eligieron ser un país musulmán. Aparte de eso, hay formas diferentes de vivir el Islam entre los mismos pakistaníes; los que están más cerca de la cultura de la India lo viven de una forma, los más cercanos a Afganistán de otra; los uzbekos, que son sobre todo chiitas, de otra.
- De Pakistán, a Madagascar…
Eso no fue enseguida. Después de Pakistán estuve seis meses en Roma intentando ayudar a nuestro Consejero general para las Misiones; pero era mucho trabajo de oficina y yo no me encuentro bien con eso. Él mismo dijo “bueno, te voy a enviar a otro lado” y así llegué a la provincia nuestra de Madagascar.
-Madagascar es la isla grande que está al sureste de África. El nombre oficial del Estado que abarca toda la isla es “República Malgache”
Madagascar está separada de África por el canal de Mozambique; pero los malgaches no se consideran parte de África. Cuando aparece una persona más morocha, de piel más oscura, le dicen “tú eres africano”, aún entre ellos mismos. Históricamente parece que también es verdad, porque su lengua y su aspecto se parecen mucho más a los de la gente de extremo oriente, de Indonesia. Los estudiosos dicen que su idioma tiene raíces de esos lados, tan lejos de ahí.
Ese es el país más pobre que he podido conocer, incluso más pobre que otros países de África en los que estuve algún corto tiempo. Pobreza material, pero riqueza en humanidad. Una característica de los malgaches es buscar no tener ningún conflicto entre ellos. Siempre están dispuestos a decir “sí, está bien”… incluso si no te entendieron, o hasta si no están de acuerdo, dicen “sí, está bien”, para evitar el conflicto. Después siguen haciendo lo que piensan ellos; es una forma de vivir, pero también una forma de pensar y relacionarse entre sí.
- Y ahora, de misión por Cerro Largo…
Me suena raro hablar de “misiones”… el Papa Francisco dice a menudo que todos somos misioneros. Uno se puede ir a un país más pobre como Madagascar, con situaciones muy particulares, pero de hecho somos misioneros también en casa. Aquí en Melo me siento también en casa, porque en todo este mes que estuve aquí me han recibido muy bien y me encontré muy bien con todo el mundo. Hay diferencias entre Madagascar, Melo, Turín, pero la gente es siempre gente, buscando la felicidad.
- ¿Hay algún mensaje que quieras dejarnos, después de estos días entre nosotros?
Bueno, yo no he encontrado en ningún lado la sociedad perfecta… Lo que puede servir para todo el mundo es seguir buscando sus propios sueños, seguir buscando su felicidad, teniendo en cuenta que siempre estamos en relación; por lo tanto, no se trata de encontrar mi felicidad solo, o mi sola felicidad; nuestra felicidad siempre va a estar unida a la de quienes están al lado nuestro.
- Ahora viene el regreso… tal vez hay que explicar que en el hemisferio norte setiembre es como nuestro mes de marzo: allá comienza el otoño y comienzan las clases. Agosto es como enero, vacaciones de verano. Así que ahora vas para el comienzo de un año lectivo. ¿Qué te espera en Turín? ¿Cómo ves este nuevo año?
- Va a ser bastante interesante… el año pasado se enfermó un hermano que atendía un oratorio y un centro juvenil, en fin, toda la pastoral juvenil de una zona. El provincial me pidió que, sin dejar lo que yo estaba haciendo, me hiciera cargo de eso. Fue un año muy intenso. Este año no voy a tener más toda esa parte. Voy a seguir siendo rector de una iglesia, que es casi como ser párroco y estaré como presencia salesiana en un club de básquetbol, que tiene desde chiquilines desde 5-6 años, que recién conocen una pelota liviana, hasta los más grandes que juegan en tercera división y que pueden tener hasta 30-35 años. Estoy allí para acompañarlos y recordarles que si el equipo se llama “Don Bosco” no puede ser un equipo como cualquier otro. Todo esto, además de ayudar al nuevo encargado del oratorio y centro juvenil.
- Eso de acompañar el club de básquetbol ¿incluye también practicar ese deporte?
- No, soy demasiado pequeño para el básquetbol…
- (Risas: el P. Stéfano es realmente alto)
- …y sobre todo tengo 50 años y los huesos lo sienten y se siente también los kilos de más.

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