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lunes, 2 de septiembre de 2013

Uruguay: XXXV Jornada Nacional de la Juventud. Testimonio de la Jornada Mundial de Río

El huracán "Francisco I". Testimonio de lo vivido en Rio


Por Jorge César
 
De chico siempre existe ese deseo de poder volar. Y miras al cielo, ves las aves moviendo sus alas que nos dan ese reflejo de libertad.
Pasan los años y uno va eligiendo su camino y al igual que las aves vamos abriendo nuestras alas para comenzar a ser más libres e independientes.
En esas vueltas de la vida, uno siente, elige un camino. Quizás en principio puede ser obligado por nuestros padres o por costumbres de la familia, se va metiendo en la vida Cristiana. Cuando me tocó comenzar este camino, miraba a todos como bichos raros, no entendía nada.
Ya voy doce años que vivo en comunidad. Agradecido a las oportunidades que este camino me ha dado. No es menor que este año haya podido concretar dos sueños, volar y compartir uno de los gestos jóvenes-cristianos más multitudinarios que pueda vivir. Contado de experiencias vividas por amigos que ya habían tenido la posibilidad de ir a estar ahí. Incertidumbre, emociones y un viaje con amigos.
Antes que todo, gente, conocer parte del Brasil. Sin dudas algo maravilloso. Un país vecino pero tan grande como el imaginar su tamaño. Costumbres, idioma diferente, calor, miedo por la situación previa en que estaba el pueblo brasileño. Nada de eso se hizo notar una vez recibidos en nuestra querida Parroquia del Santo Rosario de Fátima. Y una vez que conocimos a nuestras familias ya comenzaba el camino.
Como todos los jóvenes allí presentes en Rio, la experiencia fue única e irrepetible, era un comentario casi generalizado. Más allá de las complicaciones propias que tiene el tener en una ciudad de casi ocho millones de personas, y durante una semana cuatro millones más. Para el que va de afuera es cuestión de simplemente acostumbrarse.
Alguna vez escuché a un buen amigo decir: "Hay que comprender los mensajes de los nuevos tiempos" o algo bastante parecido. Por supuesto que en medio de la jornada, para nosotros como peregrinos darnos cuenta de muchos mensajes, en esos momentos, no es tan fácil. Era al final de cada jornada donde cada uno hacia una recopilación de lo que venía viviendo. Más claro aun cuando ya uno vuelve a casa.
Francisco nos ha pedido a los jóvenes tres cosas. 1º- Ir y hacer discípulos en todas las naciones, 2º-Que aceptemos nuestra cruz y sigamos a Cristo; 3º-  Y hacer lio. Menuda tarea que nos ha dado. Hacer discípulos, va de la mano de dos cosas. La oración que nos da lo necesario para alabar a Dios y poder pedirle fuerzas para cada día para llegar con su palabra a cada lugar, pero para acompañar esa oración es necesaria la acción, el hacer. No encerrarnos en nuestra parroquias, salir al mundo y predicar con la acción y la oración. Jesús, no se encerraba, salía en busca de la gente.  Aceptar nuestra cruz, porque sin aceptarnos a nosotros mismos como Cristianos, si no somos capaces de cada tanto tener nuestros momentos de encuentro como Cristianos, no podemos convencer a nadie, el ejemplo es necesario. 
Y por ultimo hacer lio. Que no quiere decir que rompamos templos, sino que como jóvenes busquemos nuestros espacios en nuestras comunidades parroquiales. Romper un poco los esquemas. Acercarnos al pueblo, somos quienes después de haber vivido tanto, de cientos de anécdotas, de miles de imágenes, muchas historias de vida, que quedaran grabadas en nuestras mentes; debemos ser el lazo, el nexo entre la nueva y la vieja Iglesia. Somos los nuevos soldados del Papa, "Esta es la juventud del Papa".

martes, 30 de julio de 2013

Homilía de despedida de los uruguayos en la Parroquia Rosario de Fátima, Taquara, Río de Janeiro



Queridas hermanas, queridos hermanos:

Allá por los años 60, cuando yo era niño, comencé a gustar de la música brasileña con una canción de Chico Buarque: A Banda.
La canción contaba todas las cosas bonitas que acontecieron mientras pasaba la banda, cantando cosas de amor.
Sin embargo, después que pasó la Banda, “Tudo tomou seu lugar”: todo volvió a ser igual, todo volvió a ser como era antes.
¿Qué pasará en Río después del pasaje del Papa Francisco y los jóvenes?
Más importante aún: ¿Qué pasará en la vida de cada uno de nosotros?
Yo creo que nada volverá a ser igual.
Para que nada vuelva a ser igual, nos llevamos para seguir meditando los mensajes que el Papa Francisco nos dio con sus palabras y con sus actos.

Siguiendo el ejemplo del Papa, yo también quiero dejarles tres palabras, que tienen mucho que ver con lo que hemos vivido con esta comunidad de Rosario de Fátima.
Ellas son:
- Gratuidad
- Gratitud
- Generosidad

Gratuidad (Gratuidade)
¿Dónde está la gratuidad?
La gratuidad está cuando recibimos algo sin tener que pagar un precio.
Y está también cuando damos algo sin recibir ni esperar un pago.
La gratuidad es propia del amor verdadero.
Esa gratuidad la hemos encontrado en los voluntarios y en las familias de Rosario de Fátima.
Esa gratuidad la vivimos en la fe, en nuestra relación con Dios.
Es la gratuidad del amor de Dios:
"En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados" (1 Jn 4, 10; cf. Jn 4, 19).
Nosotros hemos recibido el amor de Dios.
No hemos pagado por Él ningún precio.
Dios no nos ha pedido que lo amemos primero:
“Nosotros amamos a Dios, porque Él nos amó primero” (1 Jn 4,19)
Pero si no hemos tenido que pagar un precio por lo que recibimos, no debemos olvidar que otros “han pagado”:
- Muchos pusieron sus dones, su tiempo y también su dinero para que todo esto fuera posible.
- La comunidad trabajó para poder brindarnos muchas cosas que hemos recibido en estos días.
- Las familias han tenido también sus gastos para alojarnos
- Todos dieron mucho de su tiempo para dedicarlos a nosotros.
- Más todavía, todo lo hicieron con cariño, con mucho amor.
Mas, el amor de Dios, ¿tiene también un precio?
¿Tiene precio la Gracia de Dios?
Sí, pero no es un precio que pagamos nosotros:
El precio de la Gracia de Dios es la sangre de Cristo.
Cuando hablamos de la Sangre del Señor, decimos que es “la preciosa sangre de Cristo”. Su sangre es el precio de su amor por nosotros:
“Ustedes han sido comprados por un precio” dice San Pablo (1 Corintios 6,20 y 7,23)
"En Él tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros" (Efesios 1:7-8).

Cuando miramos todo el amor que hemos recibido de los hermanos y de Cristo, cuando nos damos cuenta de que nada merecíamos, se abre camino otro sentimiento. Ese sentimiento es la segunda palabra:
Gratitud (Gratidão)
Hace muchos años, Roberto Carlos cantaba:
“Eu vou pedir… que os homens jamais se esqueçam de agradecer”: Voy a pedir… que los hombres jamás se olviden de agradecer.
Por eso, nuestro grupo quiere hoy agradecer.
Decirle al Señor y a cada uno de ustedes:
“Gracias (Obrigado) Señor. Agradezco (Agradeço) hermanos y hermanas”

Y cuando, de verdad, hemos sentido la Gratuidad del amor, y respondemos con nuestra Gratitud, no podemos menos que responder con la tercera palabra:
Generosidad (Generosidade)
Sentimos que no podemos dejar ni olvidado ni guardado todo lo que hemos recibido.
Los apóstoles decían “no podemos dejar de anunciar lo que hemos visto y oído”.
Así nos vamos nosotros.
Con el corazón repleto de todo el amor recibido gratuitamente de la comunidad, de los voluntarios, de las familias.
Con el corazón repleto de agradecimiento por todo lo que nos han entregado en estos días.
Con el corazón repleto con las enseñanzas del Papa Francisco, que muchas veces nos ha pedido que seamos generosos.
A cada uno de nosotros nos gustaría mucho poder recibirlos un día en Uruguay. Poder atenderlos como Uds. lo han hecho con nosotros.
Dios quiera que pueda ser así… pero, si no es así, que aprendamos a ser generosos como Uds. lo han sido con nosotros.
Que tengamos la misma disponibilidad, la misma gratuidad para servir a nuestros hermanos, para anunciar el Evangelio, para salir al encuentro de los que están más alejados, para ser mensajeros de la Esperanza de Cristo.

Es hora de despedida…
El domingo pasado, cuando Dom Oraní despedía al Papa Francisco, dijo que Río ya tenía saudade de todo lo vivido durante la visita.
Hoy somos nosotros los que estamos aprendiendo lo que significa saudade. Estamos sintiendo saudade de la JMJ vivida con Francisco, mas también, y mucho, vivida con la comunidad de la Parroquia Rosario de Fátima y con las familias que nos acogieron aquí en Tacuara.
¡Qué nada vuelva a ser igual!
¡Qué todas las Gracias recibidas den fruto!
¡Que el Señor los bendiga con todo su amor!
¡Amén!

viernes, 26 de julio de 2013

JMJ (2) AVANZANDO EN LA JORNADA

Catequesis y Misa de los Uruguayos

Miércoles de mañana. Amanezco en el Hotel Bradesco, en el barrio Río Comprido, donde estamos alojados varios Obispos. Con un obispo chileno que quiere ver a sus compatriotas en Taquara, tomamos un taxi hasta la Parroquia.
Ese día, la Comisión Nacional de Pastoral Juvenil convocó a todos los uruguayos que pudieran a encontrarse en Taquara, para tener juntos la Misa que se celebra a continuación de la catequesis.
Las catequesis son un momento muy importante de la Jornada Mundial. Las imparten los Obispos, que son trasladados a cada lugar donde están alojados los peregrinos por grupos de lengua. Cerca de nosotros hay una parroquia con un letrero que dice "catequesis en polski" (polaco). Afortunadamente en la nuestra el letrero dice "catequesis en español". Las catequesis se hacen en la mañana, del miércoles al viernes, y los obispos designados van rotando, es decir, cada día es uno diferente.
No sabíamos que Obispo tocaría en Taquara el día de la "Misa de los uruguayos", pero la Provindencia nos sorprendió, porque el enviado fue Mons. Daniel Sturla, Obispo auxiliar de Montevideo.
Fue una gran alegría. Si pensamos que en Río hay más de 3.000 jóvenes uruguayos, no fuimos tantos... sabíamos que no era posible, porque estamos muy dispersos. No obstante, además de los que estamos alojados en Taquara, llegaron otros de lugares cercanos y varios sacerdotes.
Entre los sacerdotes que llegaron estaba el P. Lucas, sacerdote francés que estuvo cinco años en la Diócesis de Melo, y que luego de la Jornada pasará a visitarnos. Con él estuvimos un buen tiempo "batiendo papo", es decir, charlando, poniéndonos al día...

Una tarde tranquila

Mientras algunos de los jóvenes fueron a visitar Maracaná y otros a la Ciudad de la Fe (una gran exposición en Niteroi, al otro lado de la Bahía de Guanabara), me quedo tranquilo en la parroquia. Consigo una computadora con acceso a Internet en la sala de voluntarios, y pongo al día unos cuantos correos.
En la noche, cena, charla y hasta una película con la familia que me hospeda.

Obispo de Guardia

El jueves llego a la parroquia a la hora de la catequesis, buscando al Obispo al que le corresponde esta vez. Un sacerdote chileno se acerca a mí y me cuenta. El Obispo que debía venir es argentino, pero los argentinos tienen un encuentro no programado previamente con el Papa Francisco, de modo que el Obispo no viene y le han pedido al sacerdote que dé la catequesis.
Pero como yo soy, entonces, el único Obispo presente, me piden que presida la Eucaristía, lo que hago con mucho gusto. He quedado en la parroquia un poco como "el Obispo de guardia". Si el miércoles fue el día de los uruguayos, éste es el día de los chilenos.
Es la fiesta de Santiago Apóstol, que es también patrono de Santiago de Chile. Tenemos una Misa muy festiva y muy animada.

La Bienvenida a Francisco

Durante la Misa, más o menos al mediodía, el sol se asomó brevemente. Volvió luego a nublarse, pero ya no había la lluvia intensa de los días anteriores.
El programa tiene previsto hoy, jueves, la Bienvenida al Papa. Las lluvias del martes y el miércoles me han desanimado un poco, pero recuerdo que en Sydney acompañé a los jóvenes a recibir a Benedicto y para ellos fue un momento inolvidable. Lo quiero compartir con ellos, así que me decido a ir.
La parroquia de Taquara hizo un arreglo con el transporte público, y tenemos ómnibus que nos llevarán hasta el centro de Río, donde podemos tomar otros hasta Copacabana. Además tenemos un guía: Ivo, que se convirtió en "voluntario" en estos días, porque no forma parte del equipo oficial. Hijo de una catequista, bastante alejado de la Iglesia, se convirtió en nuestro ángel guardián y, después de muchos años, participó en una Misa: precisamente la de ayer, la de los uruguayos.
El tiempo acompañó, pero Copacabana, por supuesto, quedó chico. Esperamos mucho para ver pasar, muy rápidamente a Francisco en el papamóvil. Sin embargo, una vez que pasó, mucha gente se retiró (!!??) y pudimos meternos más adentro, en un lugar donde veíamos a lo lejos el escenario y por pantallas gigantes (realmente gigantes, as mais grandes do mundo) pudimos seguir todo lo que aconteció.
Muy lindas las palabras de Francisco, muy cálidas... un lindo recuerdo del Papa Benedicto "estuve charlando con él antes de venir, y le pedí que nos acompañara con la oración... él me dijo 'con la oración y en el televisor', así que ahora nos está mirando". Allí todos empezamos a corear el nombre de Benedicto, dándole también nuestro saludo desde Río.
El mensaje fue con tono de Bienvenida, es decir, guardando para el final. Con los jóvenes volveremos a escuchar a Francisco el sábado, en la vigilia y el domingo en la Misa. Todo será en Copacabana, porque el lugar previsto, un gran campo, quedó inutilizable a causa de las inusuales lluvias.

El regreso

Siempre con la seguridad que nos daba Ivo, emprendemos el camino de regreso. Me siento al lado de un joven brasileño, un pasajero más en el ómnibus y poco a poco nos ponemos a conversar. Habla bastante español y resultó ser feligrés de una parroquia vecina a la nuestra, donde están alojados polacos y argentinos. Se llama Igor y cuando bajó, sabiendo ya que yo era Obispo, me pidió una bendición.
Entre mis charlas con Igor (el viaje fue de hora y media, más o menos), se me acercaron dos mujeres que pidieron ver mi cruz pectoral, con el Sagrado Corazón.
No era extraño que les llamara la atención: eran Hermanas Franciscanas del Sagrado Corazón de Jesús, una congregación francesa que se extinguió en Francia pero quedó viva en Brasil. Las hermanas nos contaron a mí y a mi compañero de asiento de la visita del Papa a una Fazenda, en la mañana, mientras estábamos en la catequesis. Un signo muy fuerte, que incluyó pasar a la casa de una vecina a tomar un cafezinho. El Papa dijo "eso es lo que quisiera poder hacer: entrar en cada casa y poder tomar con ustedes un café o un vaso de agua".
Charlamos mucho con las Hermanas y les conté de nuestra Fazenda de la Esperanza, donde vendría bien una comunidad de religiosas... ellas están sólo en Brasil, pero puede ser algo a considerar... Recemos !!!
Llegada a la Parroquia. Wladimir, avisado previamente, ya me espera. Derechito a la casa. Nos quedamos hasta tarde batiendo papo, comentando todo lo sucedido en el día...

miércoles, 24 de julio de 2013

JMJ (1) CRÓNICA DE SÁBADO A MARTES

Tarde de lluvia en Río de Janeiro. En una sala de la Parroquia Rosario De Fátima, en Taquara, donde se aloja la "Delegación Oficial" de Uruguay, están trabajando los voluntarios, ajustando detalles, resolviendo ocasionales problemas, dando informaciones.
Me prestan una computadora, y aprovecho a hacer un poco de memoria de lo que va de la Jornada.
Los jóvenes de la Diócesis de Melo marcharon en peregrinación al "santuario" uruguayo
que se encuentra en el corazón de Río: el estadio "Jornalista Mário Filho", más conocido como "Maracaná". Yo ya tuve bastante lluvia ayer, como les contaré enseguida, y prefiero guardar mis energías para mañana, en que recibimos al Papa Francisco por la tarde.

La llegada

El sábado salimos de Treinta y Tres a las seis de la mañana. A las diez y media estábamos en el aeropuerto, para levantar vuelo después de las 14. Parecía mucho tiempo, pero se hizo corto. Escala en San Pablo, espera en el aeropuerto, abordaje del avión, demora en la salida. Me dormí un buen rato. Cuando desperté dije "qué vuelo más tranquilo": en realidad, todavía no habíamos salido !!! Pero finalmente salimos y llegamos con poco retraso. En Río nos organizamos para llegar a nuestra parroquia, bastante lejos del aeropuerto. Al llegar, nos encontramos con un ambiente muy animado.
Ya había otras delegaciones de Argentina, Chile, Perú, Venezuela. También hacía mucho calor, a pesar de que ya eran las diez de la noche. La comunidad nos dio comida y refrescos, mientras nos fue distribuyendo en las diferentes casas donde estamos alojados. Finalmente me presentan a mis anfitriones, Wladimir y Márcia, padres de un casal de jóvenes, Guilhermo y Viviane. Me han dejado una habitación de la casa, y duermo profundamente...

Domingo...

La Parroquia Nuestra Señora del Rosario de Fátima y San Antonio de Lisboa, nuestra anfitriona, está en el Barrio de Taquara, muy lejos del centro de Río, está en una zona muy marcada por la migración portuguesa que llegó en los años ´50."Nuestra religiosidad está muy marcada por esos emigrantes", me dice Wladimir. El párroco, Padre Renato y su vicario Julio, con tres meses de ordenado, tienen una comunidad muy dinámica, con más de 6.000 feligreses cada fin de semana, numerosos grupos y movimientos, y una presencia de laicos muy comprometidos. Márcia participa en la Pastoral da Criança y Wladimir en el grupo del Terço (Rosario) de los hombres. Cerca de cien hombres se reúnen todos los viernes (a la hora del fútbol!) a rezar el rosario. Yo pregunté si después se iban a mirar el segundo tiempo, pero el rosario dura todo el partido: es meditado, animado con cantos, con tiempos de silencio y reflexión.
A mediodía voy con dos sacerdotes a buscar nuestras acreditaciones. La de ellos en la catedral. Una demora mucho (bueno, en realidad no tanto, comparado con algunas cosas que pasaron después...) Mientras tanto, con el otro visitamos la catedral, el museo de arte sacro. Me encuentro con un joven de Gualeguaychú, que conocí en el Encuentro de Diócesis de Frontera. Desde allí nos fuimos al Obispado, para mi acreditación de Obispo. Me la imprimen, me dan alguna información y a esa altura, hora del almuerzo, invitamos a nuestro chofer a comer unos spaghettis con estofado.
De regreso en la parroquia, seguimos viendo la llegada de peregrinos, y nos preparamos a la misa de la noche, a las 20, en español. Hay muchos sacerdotes, pero soy el único Obispo, así que presido con mucho gusto, dando la bienvenida a cada país: en primer lugar a la comunidad que nos recibe, luego Argentina, Chile, Perú, Venezuela, El Salvador, México y Uruguay. Mucho entusiasmo en la gran Iglesia colmada. Un grupo de los peregrinos anima los cantos, pero la celebración va a mi ritmo tranquilo ("muy lento", me dijo un joven brasileño, "aquí nos gusta sambar"; pero los mayores me dijeron que les había gustado).

Lunes

El lunes lo tenemos libre. Un voluntario nos acompaña en la primera incursión del grupo de la diócesis en Río. Vamos al Corcovado, tomando conciencia de largas distancias y tiempos. Cuando llegamos... está nublado. No se puede ver ni la imagen ni la ciudad, de modo que renunciamos a la subida. Recorremos el bosque "la mayor selva urbana del mundo", nos dice nuestra guía y le tomamos el pelo por el estereotipo de "o mais grande do mundo". Volvemos para celebrar la misa de las ocho, también en español, pero el tránsito nos atrapa... bajamos del ómnibus, y en una kombi expresso llegamos para empezar la misa a las 20:30.

Martes

La delegación oficial propiamente dicha llega. El P. Daniel, secretario ejecutivo de la Comisión Nacional de P. Juvenil va a buscar los 30 kits de peregrinos, a una central muy alejada. Increíblemente, los recibe después de doce horas de espera, compartida con muchísimos otros. Los kits no están prontos: faltan las tarjetas para la alimentación y el transporte, y por eso se demora tanto la entrega.
Mientras tanto, Wladimir nos lleva a Natalia, secretaria de la Comisión, que tiene que levantar dos acreditaciones para quienes participarán en las ofrendas de la misa; a Igor, webmaster de la página de la CEU, que va a retirar su acreditación como periodista y a mí que debo retirar mi kit de peregrino (que es gratuito, pero no incluye transporte y comida) en un hotel donde, además, tengo la posibilidad de quedarme para los momentos que son más complejos para los Obispos, es decir, los que requieren transporte hacia los lugares de celebración y de regreso de ellas. No pensaba usarlo hasta el viernes, pero algo me haría cambiar de opinión.
Los trámites llevan tanto tiempo, que nos damos cuenta de que no tiene sentido volver a Taquara, dado que hoy es la Misa Inaugural, presidida por el Arzobispo de Río, Dom Orani João Tempesta. Nos quedamos en el centro, y yo me encamino a buscar la sacristía de los Obispos, en el lugar preparado para la Misa sobre la playa de Copacabana. Ya llueve desde la mañana, y la lluvia continuará en la noche. Pido orientación a los voluntarios, que me van pasando de uno a otro, sin nunca abandonarme, hasta que dan con el que me introduce. Llego tan temprano, que soy el primer obispo en revestirse. Nos entregan todos los ornamentos, mitra incluida y paso a esperar, mientras van llegando hermanos obispos de todo el mundo... Nigeria, Cabo Verde, Ecuador, Bangladesh, por nombrar cuatro lugares tan distintos como distantes unos de otros...
La Misa fue bonita, con lluvia y viento que llegó al límite de lo soportable, aunque nunca lo atravesó. Con un poco de frío y los pies mojados, decidí ir en ómnibus al hotel, antes de emprender el largo camino a Taquara, que significaba también molestar a mi familia anfitriona.