Estas meditaciones están destinadas principalmente a las personas internadas en Fazenda de la Esperanza, (comunidad terapéutica para la recuperación de dependencias) pero todos podemos sacar algún provecho de ellas.
Estos comentarios son preparados, normalmente, para las meditaciones diarias de los jóvenes de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza, pero todos podemos sacar algún provecho de ellas.
Fiesta de san Marcos, evangelista, que en primer lugar siguió a san Pablo, en Jerusalén, en el trabajo apostólico y más adelante siguió los pasos de san Pedro, que lo llama su hijo. Se dice que su evangelio recogió la catequesis de Pedro a los romanos y que fue el quien instituyó la Iglesia de Alejandría (s. I).
Breve reflexión sobre la primera lectura de hoy (AUDIO).
Texto:
De los Hechos de los Apóstoles 5, 34-42
Un fariseo, llamado Gamaliel, que era doctor de la Ley, respetado por todo el pueblo, se levantó en medio del Sanedrín. Después de hacer salir por un momento a los Apóstoles, dijo a los del Sanedrín:
«Israelitas, cuídense bien de lo que van a hacer con esos hombres. Hace poco apareció Teudas, que pretendía ser un personaje, y lo siguieron unos cuatrocientos hombres; sin embargo, lo mataron, sus partidarios se dispersaron, y ya no queda nada.
Después de él, en la época del censo, apareció Judas de Galilea, que también arrastró mucha gente: igualmente murió, y todos sus partidarios se dispersaron. Por eso, ahora les digo: No se metan con esos hombres y déjenlos en paz, porque si lo que ellos intentan hacer viene de los hombres, se destruirá por sí mismo, pero si verdaderamente viene de Dios, ustedes no podrán destruirlos y correrán el riesgo de embarcarse en una lucha contra Dios.»
Los del Sanedrín siguieron su consejo: llamaron a los Apóstoles, y después de hacerlos azotar, les prohibieron hablar en el nombre de Jesús y los soltaron.
Los Apóstoles, por su parte, salieron del Sanedrín, dichosos de haber sido considerados dignos de padecer por el nombre de Jesús. Y todos los días, tanto en el Templo como en las casas, no cesaban de enseñar y de anunciar la Buena Noticia de Cristo Jesús.
Palabra de Vida es la reflexión propuesta diariamente a quienes hacen su caminata en la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza. El versículo o la frase elegidos a partir de la lectura refiere a la Palabra que se trata de vivir, llevar a la vida a lo largo del día.
«¡Aprendan a hacer el bien! ¡Busquen el derecho!» (Isaías 1,17).
La palabra de vida del mes de enero está tomada del primer capítulo del profeta Isaías. Esta frase ha sido elegida para la «Semana de oración por la unidad de los cristianos», que se celebra en todo el hemisferio norte del 18 al 25 de enero. Los textos han sido preparados por un grupo de cristianos de Minnesota, en Estados Unidos (1). La justicia es un tema candente. Las desigualdades, la violencia y los prejuicios crecen en una sociedad a la que le cuesta dar testimonio de una cultura de paz y de unidad.
Y los tiempos de Isaías no eran muy diferentes de los nuestros. Las guerras, las rebeliones, la búsqueda de la riqueza y el poder, la idolatría y la marginación de los pobres habían hecho descarriarse al pueblo de Israel. Con palabras muy duras, el profeta llama a su gente a convertirse, indicando el camino para volver al espíritu originario de la alianza de Dios con Abrahán.
«¡Aprendan a hacer el bien! ¡Busquen el derecho!» (Isaías 1,17).
¿Qué significa aprender a hacer el bien? Hemos de ponernos en disposición de aprender, lo cual requiere un esfuerzo por nuestra parte. En nuestro camino diario, siempre tenemos algo que comprender, que mejorar; podemos volver a empezar si nos hemos equivocado.
¿Qué significa buscar la justicia? Esta es como un tesoro que hay que buscar y desear: es la meta de nuestro modo de actuar. Practicar la justicia nos enseña a hacer el bien. Es saber captar la voluntad de Dios, que es nuestro bien.
Isaías ofrece ejemplos concretos. Las personas que Dios prefiere mayormente, porque son las más indefensas, son los oprimidos, los huérfanos y las viudas. Dios invita a su pueblo a cuidar de los demás de modo concreto, sobre todo de quienes no están en condiciones de hacer valer sus derechos. Las prácticas religiosas, los ritos, los sacrificios y las oraciones no le son gratos si no se corresponden con la búsqueda y la práctica del bien y la justicia.
«¡Aprendan a hacer el bien! ¡Busquen el derecho!» (Isaías 1,17).
Esta Palabra de vida nos empuja a ayudar a los demás a tener una mirada atenta y a socorrer al necesitado con hechos. Nuestro camino de conversión requiere abrir el corazón, la mente y los brazos, sobre todo, a quienes sufren.
«El deseo y la búsqueda de la justicia están grabados desde siempre en la conciencia del hombre; Dios mismo los depositó en su corazón. Pero, a pesar de las conquistas y progresos realizados a lo largo de la historia, ¡qué lejos sigue estando el pleno cumplimiento del proyecto de Dios! Las guerras en curso al día de hoy, así como el terrorismo y los conflictos étnicos, son señal de desigualdades sociales y económicas, de injusticias, de odios. […] Sin amor, sin respeto a la persona, sin atender sus necesidades, las relaciones personales pueden ser correctas, pero también pueden volverse burocráticas, incapaces de dar respuestas decididas a las exigencias humanas. Sin amor, nunca habrá justicia verdadera, no se compartirán los bienes entre ricos y pobres, no se atenderá la singularidad de cada hombre y mujer ni la situación concreta en que se encuentran» (2).
«¡Aprendan a hacer el bien! ¡Busquen el derecho!» (Isaías 1,17).
Vivir por un mundo unido es preocuparse de las heridas de la humanidad a través de pequeños gestos que ayudan a formar la familia humana.
Un día, J. de Argentina se encuentra por casualidad con el director del instituto donde había dado clases, el cual lo había despedido con un pretexto. Cuando el director lo reconoce, trata de evitarlo, pero J. va a su encuentro. Le pregunta por él y el director le cuenta las dificultades de los últimos tiempos, le dice que vive en otra ciudad y que está buscando trabajo. J. se ofrece a ayudarlo, y al día siguiente difunde entre sus contactos la noticia de que está buscando trabajo para una persona. La respuesta no tarda en llegar. Cuando el director recibe la noticia de una oferta de trabajo, no se lo puede creer. La acepta, profundamente agradecido y conmovido de que precisamente aquel que él había despedido se interese concretamente por él.
J. recibe el «céntuplo», porque precisamente en ese momento le ofrecen dos trabajos que siempre había deseado, desde que estudiaba en la universidad. También él está asombrado y conmovido por el amor tan concreto de Dios .
Patrizia Mazzola y el equipo de la Palabra de Vida
(1) En Mineápolis (Minnesota), resultó muerto en 2020 el ciudadano negro George Floyd por la acción de un policía: un homicidio que ha generado un movimiento por la eliminación de toda forma de discriminación racial.
(2) C. LUBICH, Palabra de vida, noviembre de 2006: Ciudad Nueva n. 436 (2006/11), pp. 22-23.
«Confíen en el Señor para siempre, porque el Señor es una Roca eterna» (Is 26, 4).
La Palabra de vida que queremos vivir en este mes está tomada del Libro del profeta Isaías, un texto extenso y rico, muy apreciado por la tradición cristiana, ya que contiene páginas muy queridas, como el anuncio del Enmanuel, el «Dios con nosotros» (cf. Is 7, 14; Mt 1, 23), o también la figura del Siervo de dolores (cf. Is 52, 13 - 53, 12), que hace de fondo a los relatos de la pasión y muerte de Jesús.
Este versículo forma parte de un canto de agradecimiento que el profeta pone en boca del pueblo de Israel una vez terminada la terrible prueba del exilio, cuando por fin van a volver a Jerusalén. Sus palabras abren los corazones a la esperanza, porque la presencia de Dios al lado de Israel es fiel, inquebrantable como la roca; Él mismo sostendrá cualquier esfuerzo del pueblo en la reconstrucción civil, política y religiosa.
Derrocará la ciudad que se cree «excelsa» (cf. Is 26, 5) porque no está construida según el proyecto de amor de Dios, mientras que la que está construida sobre la roca de la cercanía a Él gozará de paz y prosperidad.
«Confíen en el Señor para siempre, porque el Señor es una Roca eterna»
¡Qué actual es esta necesidad de estabilidad y de paz! También nosotros, personalmente y colectivamente, estamos pasando por momentos oscuros de la historia que amenazan con aplastarnos bajo el peso de la incertidumbre y el miedo al futuro.
¿Cómo superar la tentación de dejarnos abatir por las dificultades del presente, de encerrarnos en nosotros mismos y cultivar sentimientos de sospecha y desconfianza hacia los demás?
Para los cristianos, la respuesta es ciertamente «reconstruir» ante todo, con valentía, la relación de confianza con Dios, que en Jesús se hizo nuestro prójimo por los caminos de la vida, incluidos los más oscuros, estrechos y escarpados.
Pero esta fe no significa quedarse esperando pasivamente. Al contrario, requiere trabajar activamente para ser protagonistas creativos y responsables en construir una «nueva ciudad» fundada en el mandamiento del amor recíproco. Una ciudad con las puertas abiertas, que acoge a todos, sobre todo «a los pobres y oprimidos» (cf. Is 26, 6), los predilectos del Señor desde siempre.
Y por este camino estamos seguros de contar con la compañía de muchos hombres y mujeres que cultivan en el corazón los valores universales de la solidaridad y la dignidad de cada persona, respetando también la creación, nuestra «casa común».
«Confíen en el Señor para siempre, porque el Señor es una Roca eterna»
En el pueblo murciano de Aljucer (España), toda una comunidad está volcada en construir relaciones de fraternidad mediante formas de participación abierta e inclusiva.
Cuentan: «En el verano de 2008 fundamos una asociación cultural con el objetivo de desarrollar actividades de distinto tipo, tanto por iniciativa nuestra como en colaboración con otras asociaciones del territorio, para promover espacios de diálogo y proyectos humanitarios internacionales. Por ejemplo, desde el principio promovemos una cena solidaria anual para el proyecto Fraternity with Africa, para financiar becas para jóvenes africanos que se comprometen a trabajar en su país durante al menos cinco años. Son cenas que reúnen a unas 200 personas y en las que colaboran comercios y asociaciones.
Estamos muy satisfechos de trabajar desde hace años con otra asociación. Juntos organizamos un evento anual abierto a personalidades del mundo de la cultura, música, pintura y literatura, pero también a exponentes de la política, la economía y la medicina. Para todos ellos es una ocasión para compartir sus experiencias y las motivaciones más profundas de sus acciones» (1).
«Confíen en el Señor para siempre, porque el Señor es una Roca eterna»
Estamos a la espera de la Navidad. Preparémonos acogiendo desde ya mismo a Jesús en su Palabra. Esta es la roca sobre la que construir también la ciudad de los hombres:
«Encarnémosla, hagámosla nuestra, experimentemos cuánta potencia de vida libera si la vivimos, en nosotros y a nuestro alrededor. Enamorémonos del Evangelio hasta dejarnos transformar en él y derramarlo sobre los demás. […] Así ya no viviremos nosotros, sino que en nosotros se formará Cristo. Nos sentiremos libres de nuestro yo, de nuestros límites, de nuestras esclavitudes; y además veremos estallar la revolución de amor que Jesús, libre de vivir en nosotros, provocará en el tejido social del que formamos parte» (2).
Letizia Magri
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(1) Experiencia tomada de la web www.focolare.org.
(2) C. LUBICH, Palabra de vida, septiembre 2006, en Ciudad Nueva n. 434 (8-9/2000), p. 23.
«Siendo libre, me hice esclavo de todos, para ganar al mayor número posible».
La Palabra de vida de este mes está sacada de la Primera carta de Pablo a los cristianos de Corinto. Él se encuentra en Éfeso, y a través de estas palabras suyas trata de proporcionar una serie de respuestas a los problemas surgidos en la comunidad griega de Corinto, ciudad cosmopolita y gran centro comercial, famosa por el templo de Afrodita pero también por su proverbial corrupción.
Gracias a la predicación del Apóstol, unos años atrás los destinatarios de la carta se habían convertido a la fe cristiana desde el paganismo. Una de las controversias que dividían a la comunidad se refería al hecho de poder comer la carne sacrificada a los ídolos en los ritos paganos. Subrayando la libertad que tenemos en Cristo, Pablo presenta un amplio análisis sobre cómo comportarse ante ciertas opciones, y se detiene en particular en el concepto de libertad.
«Siendo libre, me hice esclavo de todos, para ganar al mayor número posible».
Puesto que los cristianos saben que
«que el ídolo no es nada en el mundo y no hay más que un único Dios» (8, 4),
resulta indiferente comer o no comer la carne sacrificada a los ídolos. El problema surge cuando un cristiano se encuentra en presencia de alguien que aún no posee esta conciencia ni el conocimiento de la fe, de modo que, con su actitud, puede escandalizar a una conciencia débil.
Cuando están en juego el conocimiento y el amor, Pablo no tiene dudas: el discípulo debe elegir el amor incluso renunciando a su libertad, tal como hizo Cristo, que libremente se hizo esclavo por amor.
Es fundamental atender al hermano débil, a quien tiene una conciencia frágil y poco conocimiento de las cosas, con el fin de «ganar» en el sentido de hacer que llegue al mayor número de personas la vida buena y bella del Evangelio.
«Siendo libre, me hice esclavo de todos, para ganar al mayor número posible».
Como escribe Chiara Lubich,
«si estamos incorporados a Cristo, si somos Él, tener divisiones o pensamientos contrapuestos es dividir a Cristo. […] Si […] entre los primeros cristianos hubiese peligro de romper la concordia, se aconsejaba ceder en las propias ideas con tal de mantener la caridad. […] Lo mismo sucede hoy: aun estando a veces convencidos de que es mejor un modo determinado de pensar, el Señor nos sugiere que a veces es mejor ceder en nuestras ideas con tal de salvar la caridad con todos, pues es mejor lo menos perfecto con acuerdo que lo más perfecto en desacuerdo. Y este plegarse con tal de no romper es una de las características –quizá dolorosas, pero también más eficaces y bendecidas Septiembre 2022 por Dios– que mantienen la unidad según el pensamiento más auténtico de Cristo y que, por consiguiente, saben apreciar su valor» (1).
«Siendo libre, me hice esclavo de todos, para ganar al mayor número posible».
La experiencia del cardenal vietnamita François-Xavier Nguyen Van Thuan –que transcurrió 13 años en prisión, nueve de ellos en aislamiento total– testimonia que cuando el amor es verdadero y desinteresado suscita como respuesta más amor. Durante su encarcelamiento fue entregado a cinco guardias, pero los jefes decidieron sustituirlos cada dos semanas por otro grupo porque estos eran «contaminados» por el obispo. Al final decidieron dejar siempre a los mismos, pues de otro modo «contaminaría» a todos los policías de la cárcel. Él mismo cuenta:
«Al principio, los guardias no hablaban conmigo. Se limitaban a responder sí o no. […] Una noche me vino un pensamiento: “Francisco, tú todavía eres muy rico; tienes el amor de Cristo en el corazón; ámalos como Jesús te ha amado”. Al día siguiente empecé a quererlos más aún, a amar a Jesús en ellos, sonriendo, dirigiéndoles palabras amables. […] Poco a poco nos hicimos amigos» (2).
Con la ayuda de sus carceleros, fabricó en prisión la cruz pectoral que llevaría hasta su muerte, símbolo de la amistad que había nacido entre ellos: dos trozos de madera con una cadenita de metal.
LETIZIA MAGRI
[1] C. LUBICH, El arte de amar, Ciudad
Nueva, Madrid 2006, 20122 , pp. 130-131.
[2] F.-X. NGUYEN VAN THUAN, Testigos de
esperanza, Ciudad Nueva, Madrid 2000, 202115, p. 87.
Palabra de Vida es una meditación mensual propuesta por el Movimiento
de los Focolares. Como viene siendo habitual, la que ofrecemos hoy ha
sido preparada por Letizia Magri.
Jesús se encuentra en camino hacia Jerusalén, donde estaba por cumplirse su misión, y se detiene en un pueblo, en la casa de Marta y María. El evangelista Lucas describe de esta manera como recibieron a Jesús las dos hermanas: Marta, en su papel de dueña de casa, “estaba muy ocupada con los quehaceres” [1] propios de la hospitalidad, mientras María, “sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra” (v. 39). A la atención de María se opone la agitación de Marta y, en efecto, a sus quejas por haber sido dejada sola para servir, Jesús le responde:
“Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas, y, sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria. María eligió la mejor parte, que no le será quitada” (vv. 41-42).
Este fragmento se ubica entre la parábola del buen samaritano, acaso la página más alta en función de la caridad hacia el prójimo, y la otra en que Jesús enseña a los discípulos cómo rezar, seguramente el pasaje más alto en la relación con Dios-Padre, constituyendo casi el fiel de la balanza entre el amor al hermano y el amor a Dios.
“Una sola cosa es necesaria.”
Las protagonistas de este pasaje del Evangelio son dos mujeres. El diálogo que tiene lugar entre Jesús y Marta describe la relación de amistad que le permite a ella lamentarse con el Maestro. ¿Pero cuál es el servicio que Jesús quiere? A él le importa que Marta no se agite, que emerja del papel tradicional asignado a las mujeres y que se quede también ella a escuchar su Palabra, como María, que asume un nuevo rol: el de la discípula. El mensaje de este texto fue reducido con frecuencia a una contraposición entre la “vida activa” y la “contemplativa”, como si fueran casi dos aproximaciones religiosas alternativas. Pero tanto Marta como María aman a Jesús y quieren servirlo. En efecto, en el Evangelio no está dicho que la oración y la escucha de la Palabra sean más importantes que la caridad; en todo caso, es necesario encontrar la manera de relacionar estos dos amores de manera indisoluble. Dos amores, el debido a Dios y el debido al prójimo, que no se contraponen, sino que son complementarios, porque el Amor es uno.
“Una sola cosa es necesaria.”
Queda por comprender bien qué es lo único necesario. Puede ayudarnos el comienzo de la frase: “Marta, Marta…” (v. 41). En la repetición del nombre, que puede parecer casi como el anuncio de un reproche, en realidad se encuentra el modo propio de las “llamadas o vocaciones”. Por lo tanto, pareciera que Jesús llamara a Marta a una nueva forma de relación, a establecer una correspondencia que no sea la de un servidor, sino la de un amigo (o una amiga) que se relaciona profundamente con él. Escribía a este propósito Chiara Lubich:
“Jesús se sirvió de esta circunstancia para explicar qué es lo más necesario en la vida: escuchar la Palabra de Jesús. Y para Lucas, que refiere este pasaje, escuchar la Palabra significa también vivirla.Por ello debes hacerlo también tú: recibir la palabra, dejar que ella te transforme. No solo eso, sino también permanecer fiel, conservándola en el corazón para que plasme tu vida, como la tierra tiene en su seno la semilla para que germine y dé fruto. Dar frutos, entonces, de vida nueva, efectos de la Palabra” [2].
“Una sola cosa es necesaria.”
Quién sabe cuántas ocasiones tenemos también nosotros de recibir al Maestro en la intimidad de nuestra casa, como Marta y María, y ponernos a sus pies en la escucha como verdaderos discípulos. A menudo, las preocupaciones, los malestares, las responsabilidades y también las alegrías y las satisfacciones nos confunden en el apuro de las cosas por hacer, y no nos dejan tiempo para detenernos, reconocer al Señor y escucharlo.
Esta Palabra es una ocasión preciosa para ejercitarnos en elegir la parte mejor, es decir: en escuchar su Palabra para ganar la libertad interior que nos permite actuar en consecuencia en nuestra vida cotidiana, acción que es fruto de una relación de amor que da sentido al servicio y a la escucha.
[1] Lucas 10, 40. El verbo griego perispaomai tiene un doble valor: puede significar tanto “estar completamente ocupado, lleno de tareas”, como “estar desatento, distraído”. [2] C. Lubich, Palabra de Vida, julio de 1980.
San Felipe Neri, presbítero, que, consagrándose a la labor de salvar a los jóvenes del maligno, fundó el Oratorio en Roma, en el cual se practicaban constantemente las lecturas espirituales, el canto y las obras de caridad, y resplandeció por el amor al prójimo, la sencillez evangélica y su espíritu de alegría, el sumo celo y el servicio ferviente de Dios (1595).
En la Diócesis de Canelones:
En la Parroquia Santa Teresita, de Juanicó, funciona un Oratorio que lleva el nombre de San Felipe Neri.