miércoles, 4 de septiembre de 2024
Palabra de Vida: Abandonar las discordias (1 Corintios 3,1-9)
martes, 3 de septiembre de 2024
Palabra de Vida: “Nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios” (1 Corintios 2,10b-16)
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domingo, 1 de septiembre de 2024
“Pongan en práctica la Palabra y no se contenten solo con oírla, de manera que se engañen a ustedes mismos” (Santiago 1,22). Palabra del Mes. Septiembre 2024.
“Pongan en práctica la Palabra y no se contenten sólo con oírla, de manera que se engañen a ustedes mismos” (Santiago 1,22)
El de la escucha y la práctica es un tema fundamental sobre el que insiste el autor del versículo de este mes. En efecto, la carta prosigue:
“En cambio el que considera atentamente la Ley perfecta, que nos hace libres, y se aficiona a ella, no como un oyente distraído, sino como un verdadero cumplidor de la Ley, será feliz al practicarla” (Santiago 1,25).
Y es precisamente este compromiso por conocer sus palabras y vivirlas lo que nos hace libres y nos da alegría.
Podría decirse que la frase bíblica de este mes es de por sí el motivo mismo de la práctica de la Palabra de Vida difundida en todo el mundo. Una vez por mes, Chiara Lubich elegía una frase de la Escritura y la comentaba. En encuentros posteriores se compartían los frutos de lo que había trabajado a través de las experiencias de vida y se iban creando comunidades que mostraban en germen los reflejos sociales de los que era capaz.
“A pesar de su simplicidad, la iniciativa ofrecía una notable contribución para redescubrir la Palabra de Dios en el mundo cristiano del siglo XX”[1],
transmitiendo un “método” para vivir el evangelio y compartir sus efectos.
“Pongan en práctica la Palabra y no se contenten sólo con oírla, de manera que se engañen a ustedes mismos”.
La carta de Santiago retoma lo que Jesús anunció para vivir y experimentar la realidad del Reino de los cielos entre nosotros: declara feliz a quien escucha la Palabra de Dios y la practica[2], reconoce como madre y hermanos suyos a quienes la escuchan y la ponen en práctica[3], la compara con la semilla que, si cae en tierra fértil, es decir en quienes la escuchan con un corazón bien dispuesto, la retienen y dan fruto gracias a su constancia[4].
“En cada palabra suya, Jesús expresa todo su amor por nosotros –escribe Chiara Lubich– y podemos encarnarla y hacerla propia para experimentar qué potencia libera al ser vivida en nosotros y entre nosotros. Podemos enamorarnos del evangelio hasta dejarnos transformar en él y derramarlo sobre los demás. Probaremos la libertad de nosotros mismos, de nuestros límites, de nuestras esclavitudes, y además veremos surgir la revolución del amor que Jesús, al estar libre para vivir en nosotros, provocará en el tejido social en el que estamos inmersos”[5].
“Pongan en práctica la Palabra y no se contenten sólo con oírla, de manera que se engañen a ustedes mismos”.
¿Cómo poner en práctica esta Palabra? Miremos a nuestro alrededor y pongámonos al servicio de quienes están necesitados, con pequeñas o grandes señales de cuidado recíproco para transformar las estructuras injustas de la sociedad, contraponiéndose a la violencia, favoreciendo gestos de paz y de reconciliación, creciendo en la sensibilidad y en las acciones en favor de nuestro planeta.
Una auténtica revolución irrumpe así en nuestra vida y en la comunidad donde vivimos, en el ambiente de trabajo donde actuamos.
El amor se manifiesta en las acciones sociales y políticas que tratan de construir un mundo mejor. Del compromiso de una pequeña comunidad de los Focolares encaminada a las personas más frágiles, nació en Perú un centro para ancianos en la localidad de Lamud, una ciudad de la Amazonia peruana, a 2.330 metros sobre el nivel del mar. El centro fue inaugurado en plena crisis por la pandemia y alberga a cincuenta personas mayores y solas. La casa, los muebles, la ropa de cama y también la comida llegaron como ofrecimiento de la comunidad cercana. Fue un desafío no exento de dificultades y obstáculos, pero en marzo de 2022 se celebró su primer aniversario abriendo las puertas para una fiesta con la ciudad, donde participaron también las autoridades. Fueron dos días de festejos que permitieron sumar nuevos voluntarios, adultos y jóvenes, que quieren ocuparse de los abuelos que están solos, ampliando así sus propias familias.
Patrizia Mazzola y equipo de Palabra de Vida
NOTAS
[1] Lubich C., Palabras de Vida, editado por Fabio Ciardi en 2017.
[2] Cf. Lucas 11,28.
[3] Cf. Lucas 8,21
[4] Cf. Lucas 8,15
[5] Lubich C., Palabra de Vida, septiembre 2006.
sábado, 31 de agosto de 2024
Palabra de Vida: Reconocer el don de la Esperanza. 1 Corintios 1,26-31
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El legado de Juan Pablo Terra en su centenario (1924-2024)
viernes, 30 de agosto de 2024
AIRE PURO, AGUA PURA… ¿CORAZÓN PURO? Domingo 22° durante el año y Jornada de la Creación.
“Lo que hace impura a una persona es lo que sale de ella” (Marcos 7,1-8.14-15.21-23)
El 1 de septiembre, desde 2015, por iniciativa del Papa Francisco, se celebra en la Iglesia Católica el Día de Oración por el cuidado de la Creación: una jornada para pensar y rezar por la casa común, por el planeta que habitamos… en fin, por todo lo que existe, todo lo que ha salido de las manos de Dios.
Dije bien, en la Iglesia Católica, porque Francisco recogió algo que ya existía desde 1989, proclamado por el patriarca de Constantinopla y luego asumido por otras Iglesias cristianas. Así que esta jornada es también ecuménica.
Con motivo de este día, el Papa Francisco suele entregar un mensaje. El de este año tiene como título “Espera y actúa con la creación”, inspirado en la carta de san Pablo a los Romanos, en el pasaje que dice:
Sabemos que la creación entera, hasta el presente, gime y sufre dolores de parto.
Y no sólo ella: también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente anhelando que se realice la redención de nuestro cuerpo.
Porque solamente en esperanza estamos salvados.
(Ver Romanos 9,19-25)
Francisco nos habla de ese gemido, sollozo, queja de la creación que sufre, pero que, al mismo tiempo, espera, como la mujer que está a punto de dar a luz. Nuestra maltratada casa espera, como espera la tierra reseca la lluvia revitalizadora.
También nosotros gemimos; gemimos en cada ser humano que sufre; pero, al igual que el de la tierra, ese sufrimiento está cargado de espera, de esperanza de redención y sanación.
Más adelante, san Pablo agrega:
El mismo Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad porque no sabemos orar como es debido; pero el Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables. (Romanos 9,26)
Eso de “no sabemos orar como es debido” se refiere, sobre todo, a que no sabemos pedir lo que realmente necesitamos; por eso el Espíritu Santo viene en nuestra ayuda. Y también el Espíritu gime, a su manera… fortaleciendo nuestra esperanza.
“Estamos salvados en esperanza” dice Pablo. Benedicto XVI dedicó una encíclica entera a explicar esas palabras. Francisco nos invita a tomar conciencia de esa esperanza de largo alcance, esperanza de salvación eterna. Por eso nos dice “espera”. No la espera de algo que va a venir pronto, en poco tiempo, sino la gran esperanza que anima todo el caminar de nuestra vida. Pero Francisco nos dice también “actúa”: “espera y actúa con la creación”. La esperanza nos lleva a actuar, a hacer algo: no para entretenernos mientras llega lo esperado, sino para prepararnos a recibirlo y preparar esa llegada.
Actuar con la creación puede expresarse de muchas maneras. Muchos hemos tenido la experiencia de caminar entre basurales, de respirar aire contaminado, de encontrar agua estancada y fétida… Siempre está en nuestra mano, como mínimo, no contribuir a acrecentar ese deterioro de la casa, cuidando la forma en que disponemos de nuestros desechos. Parece nada, pero es un comienzo. Poco a poco podemos ir replanteando aspectos de nuestra conducta, ir revisando nuestros hábitos y cambiando nuestro estilo de vida, como dice Francisco en su mensaje:
La obediencia al Espíritu de amor cambia radicalmente la actitud del hombre: de “depredador” a “cultivador” del jardín.
Aire puro, agua pura… y también corazón puro. El evangelio de hoy tiene como trasfondo la ley de pureza de los israelitas. Esa ley, más bien un conjunto de leyes, un verdadero código, era algo abrumador. Todo debía ser purificado, lavándolo cuidadosamente para quitar la impureza que podía dar el contacto con la sangre, la enfermedad, la muerte o una persona extranjera, entre otras cosas.
Los fariseos y los escribas le reprochan a Jesús:
«¿Por qué tus discípulos no proceden de acuerdo con la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?» (Marcos 7,1-8.14-15.21-23)
Jesús les responde echándoles en cara su hipocresía y agrega algo fundamental:
«Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace impuro es aquello que sale del hombre. Porque es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino. Todas estas cosas malas proceden del interior y son las que manchan al hombre». (Marcos 7,1-8.14-15.21-23)
Nuestro mundo moderno ha visto surgir varios movimientos y organizaciones de personas que se sienten muy sensibles hacia un determinado valor o bien, como puede ser una especie en riesgo de extinción. Más de una de esas iniciativas son dignas de elogio y de apoyo, como formas de actuar con la creación.
Sin embargo, las palabras de Jesús nos llaman a una acción más profunda, una acción en nuestro propio interior. De nada serviría aire más puro, agua más pura, sin corazones puros. Y, como hemos visto, esa pureza de corazón no es inocencia infantil, sino arrancar del corazón todas las maldades que lo manchan.
El corazón humano solo puede ser purificado y sanado plenamente por la acción del Espíritu Santo. El Espíritu “viene en ayuda de nuestra debilidad”, nos orienta hacia el bien y transforma nuestro corazón, si lo abrimos a su acción. Esperemos y actuemos con la creación: por aire puro, agua pura… y un corazón puro, donde solo estén presentes los frutos del Espíritu:
“amor, alegría y paz, magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza, mansedumbre y temperancia” (Gálatas 5,22-23)
En esta semana
El martes 3 celebramos la memoria de San Gregorio Magno, Papa y doctor de la Iglesia.
El miércoles 4 recordamos la partida, en 1992, del Siervo de Dios Rubén Isidro Alonso, el Padre Cacho.
El jueves 5, memoria de Santa Teresa de Calcuta, que celebraremos en el Hogar San José, en la ciudad de 18 de mayo, junto a las Misioneras de la Caridad.
El sábado 7 y domingo 8, con alegría, nuestra diócesis recibe en Pando la 45 Jornada Nacional de la Juventud, organizada por la Pastoral Juvenil nacional y diocesana. Los jóvenes estarán desde el sábado de mañana, pero todos podemos unirnos a ellos en la Misa de clausura, el domingo, a las 10:30, frente a la iglesia parroquial de Pando.
Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.






