viernes, 28 de marzo de 2014
Asamblea de la CEU - Comunicado de Prensa
La Conferencia Episcopal del Uruguay se reunió esta semana en la Casa Buen Pastor, de Florida, en su primera asamblea de este año.
Los Obispos iniciaron su encuentro con un retiro predicado por el P. Francisco Arrondo SJ sobre la exhortación La alegría del Evangelio del Papa Francisco. Compartieron luego algunas de sus alegrías y preocupaciones pastorales. Se dio también lectura a un mensaje dejado por el Sr. Nuncio Apostólico, quien no se encuentra en este momento en el país.
Se dedicó una jornada al encuentro con los Vicarios Pastorales de las Diócesis y los Secretarios Ejecutivos de los organismos de la CEU, para programar las actividades de este año en el marco de las nuevas Orientaciones Pastorales 2014-2019. Las Orientaciones recogen los desafíos señalados por el Papa Francisco a los Obispos latinoamericanos: la conversión pastoral de la Iglesia hacia la misión y el diálogo con el mundo. Las Orientaciones señalan como prioridades transversales para todo el quehacer pastoral de la Iglesia la familia y la educación.
El Departamento de Laicos está preparando el 33er. Encuentro nacional de Laicos, con el tema “El laico en misión: salir a la periferia” que se realizará el sábado 17 de mayo en Montevideo.
Cáritas Uruguay presentó su programa para este año, en el marco de la campaña mundial “Una sola familia humana, alimentos para todos” y otras actividades: pastoral de prevención y rehabilitación de adicciones, pastoral de la infancia y “Escuelas de convivencia sin violencia”.
Otros de los temas tratados por los Obispos fueron las Comunidades Eclesiales de Base, el Diaconado Permanente, acompañamiento pastoral a los Sacerdotes en las diferentes etapas de su vida.
El Departamento de Educación Católica presentó los nuevos textos para formación religiosa en los centros católicos de enseñanza. Los mismos, de la editorial SM, han sido elaborados especialmente para Uruguay. Su título: “Hablemos de Dios. Enseñanza religiosa escolar”.
Se inició la elaboración de un documento sobre la cremación y disposición de restos mortales que se dará a conocer más adelante.
Los Obispos recibieron a miembros del Movimiento pro-plebiscito nacional Uruguay libre de minería metalífera a cielo abierto (Uruguay Libre).
La Diócesis de Minas anuncia que el Santuario de la Virgen del Verdún se prepara para recibir el próximo 19 a los peregrinos que acudan, inaugurando las mejoras que se han realizado en la cumbre del cerro, en torno al templete de la Virgen. El programa tendrá características diferentes a las habituales por coincidir con el Sábado Santo.
La asamblea aprobó un mensaje que ofrece algunos elementos de reflexión con relación al tiempo electoral en que el país se encuentra.
Finalmente, los Obispos comunican su alegría por la canonización de los Papas Juan XXIII y Juan Pablo II que tendrá lugar en Roma el domingo 27 de abril. Está vivo el recuerdo de las dos visitas de Juan Pablo II al Uruguay; Juan XXIII, el Papa que convocó el Concilio Vaticano II, creó las Diócesis de Minas, Tacuarembó, Mercedes (1960), Canelones (1961) y proclamó a la Virgen de los Treinta y Tres como patrona del Uruguay (1962). Una peregrinación a Roma con ese motivo es organizada por la Arquidiócesis de Montevideo y será encabezada por Mons. Milton Tróccoli, Obispo auxiliar de Montevideo.
Florida, 28 de marzo de 2014
miércoles, 26 de marzo de 2014
Reunión del Secretariado de la CEU. Homilía de Mons. Heriberto
En el día de hoy, la asamblea de los Obispos, reunida en la Casa Buen Pastor, en Florida, recibió a los Vicarios Pastorales de las Diócesis y a los Secretarios Ejecutivos de los Departamentos y Comisiones de la CEU. En la jornada Mons. Heriberto Bodeant, Coordinador Pastoral de la CEU presentó las nuevas Orientaciones Pastorales 2014-2019 y los Obispos y colaboradores trabajaron en la programación de las actividades para este año en el marco de las mismas. Mons. Heriberto presidió a mediodía la Eucaristía, y ésta fue su homilía.
Homilía
“Presta atención y ten cuidado, para no olvidar las cosas que has visto con tus propios ojos, ni dejar que se aparten de tu corazón un solo instante. Enséñalas a tus hijos y a tus nietos.”
Así termina la primera lectura que hemos escuchado, tomada del libro del Deuteronomio (4,1.5-9). Es el discurso de despedida de Moisés al Pueblo de Dios. El Pueblo entrará en la Tierra Prometida. En cambio, Moisés no cruzará el Jordán, aunque Dios le concede contemplar la Tierra hacia la cual se dirigirá el pueblo.
Las palabras de Moisés hablan de preceptos y leyes; es la ley que surge de la Alianza, del pacto de Dios con su Pueblo. Pero en su discurso van apareciendo otros elementos: un Dios cercano; “nuestro Dios está cerca de nosotros siempre que lo invocamos”, dice Moisés. Y al final de nuestro pasaje, estas palabras que aluden a la experiencia que ha vivido el Pueblo de Dios en el desierto, invitándolos a atesorar la memoria de ese tiempo de Gracia. El discurso continúa, recordando algunos de los momentos de esa experiencia de encuentro con Dios en el Horeb: “El Señor les habló desde el fuego, y ustedes escuchaban el sonido de sus palabras, pero no percibían ninguna figura: sólo se oía la voz” (4,12).
El Pueblo no está solo llamado a guardar ese recuerdo en el corazón, sino también a transmitirlo. Enseña estas cosas a tus hijos y a tus nietos.
Nuestro camino para llegar a estas Orientaciones no fue de 40 años, ni siquiera de 40 meses. Tampoco hemos llegado a un conjunto de normas y leyes como para que se diga “¿Y qué gran nación [o qué otra conferencia episcopal] tiene preceptos y costumbres tan justas como esta Ley que hoy promulgo [o promulgamos]?
Sin embargo, Moisés señala a sus oyentes que “serán sabios y prudentes a los ojos de los pueblos” si realmente observan y ponen en práctica esos preceptos.
Y de aquí podemos sacar tres puntos que pueden animarnos a nosotros en el camino de este quinquenio.
- La entrada en un tiempo nuevo
- La memoria de lo vivido
- Unas Orientaciones para llevar a la práctica
La entrada en un tiempo nuevo. No estamos entrando en una tierra, sino en un tiempo, pero el Papa Francisco nos dice que “el tiempo es superior al espacio”, porque el tiempo es el horizonte que nos abre hacia la plenitud, que nos abre “al futuro como causa final que atrae”. Y nos dice también que “este principio permite trabajar a largo plazo, sin obsesionarse por resultados inmediatos. Ayuda a soportar con paciencia situaciones difíciles y adversas, o los cambios de planes que impone el dinamismo de la realidad. (…) Darle prioridad al tiempo es ocuparse de iniciar procesos más que de poseer espacios. (…) Generar procesos que construyan pueblo (…) Este criterio también es muy propio de la evangelización, que requiere tener presente el horizonte, asumir los procesos posibles y el camino largo” (EG 222-225). ¡Entremos con alegría y esperanza en este tiempo nuevo!
La memoria de lo vivido. Estas Orientaciones son resultado de un camino de más o menos un año, desde noviembre de 2012, con algún trabajo previo, a noviembre de 2013, cuando la asamblea de la CEU las aprobó. A lo largo de este camino nos fuimos encontrando -en distintas formas y momentos- secretarios ejecutivos, delegados de CONFRU, vicarías pastorales y obispos, compartiendo momentos de oración, de lectura orante y de mucho trabajo. Es verdad, no nos planteamos una forma de mayor participación del Pueblo de Dios, más allá de lo que cada diócesis haya podido hacer por su lado en sus reuniones de clero o sus diferentes instancias diocesanas; pero creo que hemos recorrido un buen camino entre quienes hemos sido llamados a diferentes responsabilidades de servicio y animación pastoral, como obispos o como colaboradores muy cercanos de los pastores. ¡No dejemos que se aparten de nuestros corazones los muchos momentos de comunión, de sentir al Señor “cerca de nosotros siempre que lo invocamos”, porque ese espíritu de unidad en Él es lo único que puede darnos las fuerzas necesarias para seguir adelante!
Es que necesitamos todas las fuerzas, porque se trata de, tercero: Unas Orientaciones para llevar a la práctica. En la introducción que hemos firmado todos los Obispos, decimos que las Orientaciones “no se identifican con un Plan Nacional de Pastoral, ni tratan de serlo”. Así, “Más que un programa de acciones o actividades, las orientaciones pastorales presentan actitudes, criterios, modalidades, para que toda la vida de la Iglesia, sus mismas acciones cotidianas, se realicen empapadas del espíritu misionero: «poner en clave misionera la actividad habitual de las Iglesias particulares» como decía Francisco a los Obispos del CELAM en Río. Pero sabemos que los criterios pueden ser muy bonitos, pero de nada sirven si no los ponemos en práctica. Y eso es lo que estamos intentando implementar hoy: ver cómo convertir estas “orientaciones” en programas, en acciones, en los diferentes departamentos de la CEU; y cómo impregnar de ellas la vida pastoral de nuestras iglesias locales, respetando el camino que es propio a cada diócesis. ¡Dejémonos empapar por el Agua Viva, de modo que se convierta en cada uno de nosotros en manantial que brote hasta la Vida eterna!
María, Virgen de los Treinta y Tres, guardiana de la memoria y madre de nuestro pueblo, nos ayude a imitar su actitud de primera evangelizada y primera evangelizadora, de primera discípula misionera, para que, con su ayuda, hagamos resplandecer la maternalidad de la Iglesia, “con la vivencia y testimonio de la misericordia, buscando la forma de atender a los heridos del camino, promoviendo la pastoral de la escucha, repensando los lenguajes para el diálogo”. Así sea.
domingo, 16 de marzo de 2014
"Alegres caminamos con Cristo" - Mensaje para la Cuaresma 2014
“Alegres caminamos con Cristo”
Mensaje para la Cuaresma 2014
¡Peregrinemos juntos a la Cruz del Cerro Largo!
Como es tradición en nuestra Diócesis, el V Domingo de Cuaresma, este año el 6 de abril, peregrinamos a la Cruz del Cerro Largo.
La peregrinación de este año tiene un carácter especial, ya que será nuestro único gran encuentro diocesano. Estamos en un año electoral, en el que todos los ciudadanos deberemos tomar nuestra decisión a conciencia y depositar nuestros votos procurando el Bien común. El penúltimo domingo de octubre, donde hubiera sido nuestra fiesta diocesana, será un día de cierre de campañas electorales. Un momento poco oportuno para que todos nos desplacemos para nuestra fiesta.
El domingo 12 de octubre, en cambio, celebraremos en Melo un envío de la imagen de Nuestra Señora del Pilar que saldrá durante el año a visitar la Diócesis, como lo hizo la Cruz del Año de la Fe. En ese día también, en todas nuestras celebraciones, los Obispos del Uruguay convocamos a rezar especialmente por la Patria, frente a las decisiones que todos los ciudadanos tenemos que tomar.
Por todo esto, les invito muy especialmente a participar en nuestra Peregrinación Cuaresmal de este año a la Cruz del Cerro Largo.
Lo hacemos con el lema “Alegres, caminamos con Cristo”, haciéndonos eco de las palabras del Papa Francisco en el comienzo de su exhortación Evangelii Gaudium, La alegría del Evangelio: “Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría”.
En nuestra vida cotidiana, todos experimentamos dolores, problemas, sucesos desafortunados, contratiempos… pero la fe hace posible que no quedemos encerrados en el sufrimiento. En él nos unimos a Jesús crucificado. Nos unimos a Jesús que experimenta la soledad en el dolor, hasta gritar “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”
Pero en esa unión con el Señor sufriente, participamos también de su obra redentora, como testimonia San Pablo: “completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia”.
Porque recibiendo el dolor bajo esta luz, amando al Señor crucificado en cada hermano sufriente o abandonado, o en nosotros mismos que somos pecadores, encontramos una profunda alegría que brota del corazón.
En el crucificado está, misteriosamente, la llave de la alegría. Por su entrega libre, fruto de su Amor Mayor, dar la vida por los amigos, Jesús vence al pecado, al demonio, a la muerte y a todas las fuerzas destructoras y opresoras. Resucitando abre para todos las puertas de la Vida. Su cruz es el lugar de encuentro entre nuestra miseria y su obra redentora, su gloria, su luz, su resurrección.
Por eso, “alegres, caminamos con Cristo” hacia la Cruz, hacia el signo de su Amor. No es un camino de un solo día: es el camino de toda nuestra vida; pero el domingo 6 de abril, al encontrarnos, al caminar juntos, sentiremos, una vez más, que “quien cree nunca está solo”, que nos acompañamos, que nos ayudamos “a llevar las cargas, unos a otros” (Gálatas 6,2).
Tu Padre te busca.
¿Buscas tú a tu Padre?
El tiempo de Cuaresma es un tiempo de Gracia, en que el Amor de Dios sale a buscarnos, sale a nuestro encuentro…
Como el padre misericordioso de la conocida parábola (Lucas 15,1-32), Dios Padre sale al camino, escudriñando en la distancia, buscando a cada uno de sus hijos e hijas que vuelve a la Casa. Y vuelve a salir para invitar al que se ha quedado a la puerta y no ha querido entrar, porque le molesta la fiesta con motivo del regreso del pecador a la comunidad. “La Iglesia está llamada a ser siempre la casa abierta del Padre”, nos dice el Papa Francisco (EG 47).
Tu Padre te busca. ¿Buscas tú a tu Padre? Búscalo en la oración, en la escucha de la Palabra, en la celebración de la Misa con tu comunidad, en el Sacramento de la Reconciliación, en el encuentro con los hermanos, en el rostro del pobre…
“No apartes el rostro de ningún pobre y Dios no lo apartará de ti”
Ese es el consejo del anciano Tobit a su hijo Tobías (Libro de Tobías 4,7), animándolo a ser generoso con sus bienes ante el hermano necesitado.
El Papa Francisco en su Mensaje de Cuaresma para este año, nos recuerda que “A imitación de nuestro Maestro, los cristianos estamos llamados a mirar las miserias de los hermanos, a tocarlas, a hacernos cargo de ellas y a realizar obras concretas a fin de aliviarlas” y luego nos señala tres tipos de miseria: material, moral y espiritual.
“La miseria material es la que habitualmente llamamos pobreza y toca a cuantos viven en una condición que no es digna de la persona humana: privados de sus derechos fundamentales y de los bienes de primera necesidad como la comida, el agua, las condiciones higiénicas, el trabajo, la posibilidad de desarrollo y de crecimiento cultural. Frente a esta miseria la Iglesia ofrece su servicio, su diakonia, para responder a las necesidades y curar estas heridas que desfiguran el rostro de la humanidad. En los pobres y en los últimos vemos el rostro de Cristo; amando y ayudando a los pobres amamos y servimos a Cristo.”
“No es menos preocupante la miseria moral, que consiste en convertirse en es-clavos del vicio y del pecado. ¡Cuántas familias viven angustiadas porque alguno de sus miembros —a menudo joven— tiene dependencia del alcohol, las drogas, el juego o la pornografía! ¡Cuántas personas han perdido el sentido de la vida, están privadas de perspectivas para el futuro y han perdido la esperanza! Y cuántas personas se ven obligadas a vivir esta miseria por condiciones sociales injustas, por falta de un trabajo, lo cual les priva de la dignidad que da llevar el pan a casa, por falta de igualdad respecto de los derechos a la educación y la salud.”
“Esta forma de miseria, que también es causa de ruina económica, siempre va unida a la miseria espiritual, que nos golpea cuando nos alejamos de Dios y rechazamos su amor.”
“El Evangelio es el verdadero antídoto contra la miseria espiritual: en cada ambiente el cristiano está llamado a llevar el anuncio liberador de que existe el perdón del mal cometido, que Dios es más grande que nuestro pecado y nos ama gratuitamente, siempre, y que estamos hechos para la comunión y para la vida eterna.”
Limosna, oración y ayuno:
tres pilares para nuestra Cuaresma
El Mensaje del Papa Francisco nos asegura que “nos hará bien preguntarnos de qué podemos privarnos a fin de ayudar y enriquecer a otros con nuestra pobreza”.
De este modo nos acerca a los tres pilares que Jesús nos propone para vivir este tiempo: la limosna, la oración y el ayuno (Mateo 6,24-34).
En nuestro tiempo, a menudo esas tres palabras aparecen vaciadas de su sentido profundo. La limosna aparece reducida a la moneda que se entrega a quien mendiga; la oración, a la repetición mecánica de una fórmula; el ayuno, a algo que podría venir bien para mejorar la figura… Sin embargo, para nosotros son palabras del mismo Jesús, el Señor. Y sólo es en relación a él que esas tres acciones pueden recuperar su sentido más profundo y constituirse en tres verdaderos pilares para nuestra Cuaresma.
Limosna. La palabra castellana “limosna” viene del griego eleemosyne, que en la traducción griega del Antiguo Testamento se usa para expresar tanto la misericordia de Dios como la misericordia del hombre hacia sus semejantes. Ese origen de la palabra importa, porque nos ayuda, antes de que lleguemos a dar un poco, a descubrir que ya hemos recibido mucho. Y lo que hemos recibido es nada menos que la misericordia de Dios, es decir, su amor entrañable, su amor que nos dice: “¿Se olvida una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque ella se olvide, yo no te olvidaré!” (Isaías 49,14-15).
Ese amor entrañable de Dios lo lleva a darnos a su propio hijo, el cual se hace uno de nosotros despojándose, empobreciéndose: “Pues ustedes conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por ustedes para enriquecerlos con su pobreza” (2 Corintios 8, 9). La misericordia con el hermano sólo es auténtica si se traduce en actos, entre los cuales tiene un puesto importante la ayuda material a los que se hallan en necesidad.
Oración. La oración puede tener muchísimas formas. El mismo Jesús nos dijo “Ustedes, pues, oren así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre…” (Mateo 6,9) dándonos un modelo de oración. Aquí volvemos a la pregunta que nos hacíamos al principio: “¿Buscas tú a tu Padre?”. Porque la oración es un camino privilegiado para buscarlo, siempre que nos pongamos en la actitud adecuada: es levantar el corazón a Dios, ponernos en sintonía con la voluntad del Padre. Esa es la oración de Jesús: su comunicación con el Padre. El Padrenuestro no es una fórmula que alcanza con repetir para que ya sea oración. Se hace oración cuando lo decimos con el corazón puesto en el Padre, en su voluntad, en su Plan de salvación. Y levantando el corazón al Padre, más fácilmente podremos abrir el corazón al hermano.
Ayuno. A muchos les cuesta ver hoy el sentido del ayuno. Con esta práctica, la Iglesia nos propone un gesto a la vez personal y comunitario. Personal, porque necesariamente lo tiene que hacer cada uno de nosotros. Comunitario, porque nos unimos a todos los hermanos en la fe, en todo el mundo, en ese gesto común. La Iglesia nos señala un mínimo a realizar en determinados días: en el Miércoles de Ceniza y en el Viernes Santo, reducir la cantidad de alimentos, suprimiendo una de las comidas principales; en esos días y en los viernes de cuaresma, absteniéndonos del consumo de carnes rojas. Cada uno puede ver si quiere hacer algo más.
Pero volvamos al sentido del ayuno. Los humanos no somos seres únicamente espirituales: somos alma y cuerpo, y por eso no podemos imaginar una religión puramente espiritual. El alma, el “corazón” que quiere levantarse hacia Dios, tiene necesidad de los actos y de las actitudes del cuerpo. El ayuno, acompañado de la oración suplicante, sirve para presentarnos en humildad ante Dios. El que ayuna con ese sentido se vuelve hacia el Señor confiándose a su misericordia.
En nuestra sociedad de consumo, que nos hace pensar que la vida es una carrera para llenarse de cosas, el ayuno nos ayuda a descubrir cuántas cosas no necesitamos. Como decía aquel monje cuando le hicieron escuchar música en un reproductor de exquisita calidad de sonido: “¡Qué bueno! Me gusta muchísimo… ¡y lo que más me gusta es que no lo necesito!”. O como dice Jesús: “te preocupas y te agitas por muchas cosas; pero solo una cosa es necesaria” (Lucas 10,41-42).
“Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”
Cada una de las indicaciones de Jesús sobre el modo de dar limosna, orar y ayunar, apuntan a que estas acciones se realicen sin ningún tipo de exhibición:
• “que tu limosna quede en secreto”
• “ora a tu Padre en lo secreto”
• “que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto”
A su vez, a cada una de estas acciones, realizadas en esta forma de total discreción, le acompaña una promesa de Jesús: “Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”.
Jesús no dice cuál es esa recompensa, pero el mayor don de Dios es Él mismo, que se nos da en Jesucristo. Nuestra recompensa es la vida en Cristo, la vida en Dios.
A todos deseo un fuerte Tiempo de Cuaresma, una buena peregrinación y les doy mi bendición.
Melo, 16 de marzo de 2014, II Domingo de Cuaresma
+ Heriberto, Obispo de Melo
(Cerro Largo y Treinta y Tres)
martes, 4 de marzo de 2014
Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2014
Se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (cfr.
2 Cor 8, 9)
Queridos hermanos y hermanas:
Con ocasión de la Cuaresma os propongo algunas reflexiones, a fin de que os sirvan para el camino personal y comunitario de conversión. Comienzo recordando las palabras de san Pablo: «Pues conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza» (2 Cor 8, 9). El Apóstol se dirige a los cristianos de Corinto para alentarlos a ser generosos y ayudar a los fieles de Jerusalén que pasan necesidad. ¿Qué nos dicen, a los cristianos de hoy, estas palabras de san Pablo? ¿Qué nos dice hoy, a nosotros, la invitación a la pobreza, a una vida pobre en sentido evangélico?
La gracia de Cristo
Ante todo, nos dicen cuál es el estilo de Dios. Dios no se revela mediante el poder y la riqueza del mundo, sino mediante la debilidad y la pobreza: «Siendo rico, se hizo pobre por vosotros…». Cristo, el Hijo eterno de Dios, igual al Padre en poder y gloria, se hizo pobre; descendió en medio de nosotros, se acercó a cada uno de nosotros; se desnudó, se “vació”, para ser en todo semejante a nosotros (cfr. Flp 2, 7; Heb 4, 15). ¡Qué gran misterio la encarnación de Dios! La razón de todo esto es el amor divino, un amor que es gracia, generosidad, deseo de proximidad, y que no duda en darse y sacrificarse por las criaturas a las que ama. La caridad, el amor es compartir en todo la suerte del amado. El amor nos hace semejantes, crea igualdad, derriba los muros y las distancias. Y Dios hizo esto con nosotros. Jesús, en efecto, «trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de nosotros, en todo semejante a nosotros excepto en el pecado» (Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 22).
La finalidad de Jesús al hacerse pobre no es la pobreza en sí misma, sino —dice san Pablo— «...para enriqueceros con su pobreza». No se trata de un juego de palabras ni de una expresión para causar sensación. Al contrario, es una síntesis de la lógica de Dios, la lógica del amor, la lógica de la Encarnación y la Cruz. Dios no hizo caer sobre nosotros la salvación desde lo alto, como la limosna de quien da parte de lo que para él es superfluo con aparente piedad filantrópica. ¡El amor de Cristo no es esto! Cuando Jesús entra en las aguas del Jordán y se hace bautizar por Juan el Bautista, no lo hace porque necesita penitencia, conversión; lo hace para estar en medio de la gente, necesitada de perdón, entre nosotros, pecadores, y cargar con el peso de nuestros pecados. Este es el camino que ha elegido para consolarnos, salvarnos, liberarnos de nuestra miseria. Nos sorprende que el Apóstol diga que fuimos liberados no por medio de la riqueza de Cristo, sino por medio de su pobreza. Y, sin embargo, san Pablo conoce bien la «riqueza insondable de Cristo» (Ef 3, 8), «heredero de todo» (Heb 1, 2).
¿Qué es, pues, esta pobreza con la que Jesús nos libera y nos enriquece? Es precisamente su modo de amarnos, de estar cerca de nosotros, como el buen samaritano que se acerca a ese hombre que todos habían abandonado medio muerto al borde del camino (cfr. Lc 10, 25ss). Lo que nos da verdadera libertad, verdadera salvación y verdadera felicidad es su amor lleno de compasión, de ternura, que quiere compartir con nosotros. La pobreza de Cristo que nos enriquece consiste en el hecho que se hizo carne, cargó con nuestras debilidades y nuestros pecados, comunicándonos la misericordia infinita de Dios. La pobreza de Cristo es la mayor riqueza: la riqueza de Jesús es su confianza ilimitada en Dios Padre, es encomendarse a Él en todo momento, buscando siempre y solamente su voluntad y su gloria. Es rico como lo es un niño que se siente amado por sus padres y los ama, sin dudar ni un instante de su amor y su ternura. La riqueza de Jesús radica en el hecho de ser el Hijo, su relación única con el Padre es la prerrogativa soberana de este Mesías pobre. Cuando Jesús nos invita a tomar su “yugo llevadero”, nos invita a enriquecernos con esta “rica pobreza” y “pobre riqueza” suyas, a compartir con Él su espíritu filial y fraterno, a convertirnos en hijos en el Hijo, hermanos en el Hermano Primogénito (cfr Rom 8, 29).
Se ha dicho que la única verdadera tristeza es no ser santos (L. Bloy); podríamos decir también que hay una única verdadera miseria: no vivir como hijos de Dios y hermanos de Cristo.
Nuestro testimonio
Podríamos pensar que este “camino” de la pobreza fue el de Jesús, mientras que nosotros, que venimos después de Él, podemos salvar el mundo con los medios humanos adecuados. No es así. En toda época y en todo lugar, Dios sigue salvando a los hombres y salvando el mundo mediante la pobreza de Cristo, el cual se hace pobre en los Sacramentos, en la Palabra y en su Iglesia, que es un pueblo de pobres. La riqueza de Dios no puede pasar a través de nuestra riqueza, sino siempre y solamente a través de nuestra pobreza, personal y comunitaria, animada por el Espíritu de Cristo.
A imitación de nuestro Maestro, los cristianos estamos llamados a mirar las miserias de los hermanos, a tocarlas, a hacernos cargo de ellas y a realizar obras concretas a fin de aliviarlas. La miseria no coincide con la pobreza; la miseria es la pobreza sin confianza, sin solidaridad, sin esperanza. Podemos distinguir tres tipos de miseria: la miseria material, la miseria moral y la miseria espiritual.
La miseria material es la que habitualmente llamamos pobreza y toca a cuantos viven en una condición que no es digna de la persona humana: privados de sus derechos fundamentales y de los bienes de primera necesidad como la comida, el agua, las condiciones higiénicas, el trabajo, la posibilidad de desarrollo y de crecimiento cultural. Frente a esta miseria la Iglesia ofrece su servicio, su diakonia, para responder a las necesidades y curar estas heridas que desfiguran el rostro de la humanidad. En los pobres y en los últimos vemos el rostro de Cristo; amando y ayudando a los pobres amamos y servimos a Cristo. Nuestros esfuerzos se orientan asimismo a encontrar el modo de que cesen en el mundo las violaciones de la dignidad humana, las discriminaciones y los abusos, que, en tantos casos, son el origen de la miseria. Cuando el poder, el lujo y el dinero se convierten en ídolos, se anteponen a la exigencia de una distribución justa de las riquezas. Por tanto, es necesario que las conciencias se conviertan a la justicia, a la igualdad, a la sobriedad y al compartir.
No es menos preocupante la miseria moral, que consiste en convertirse en esclavos del vicio y del pecado. ¡Cuántas familias viven angustiadas porque alguno de sus miembros —a menudo joven— tiene dependencia del alcohol, las drogas, el juego o la pornografía! ¡Cuántas personas han perdido el sentido de la vida, están privadas de perspectivas para el futuro y han perdido la esperanza! Y cuántas personas se ven obligadas a vivir esta miseria por condiciones sociales injustas, por falta de un trabajo, lo cual les priva de la dignidad que da llevar el pan a casa, por falta de igualdad respecto de los derechos a la educación y la salud. En estos casos la miseria moral bien podría llamarse casi suicidio incipiente. Esta forma de miseria, que también es causa de ruina económica, siempre va unida a la miseria espiritual, que nos golpea cuando nos alejamos de Dios y rechazamos su amor. Si consideramos que no necesitamos a Dios, que en Cristo nos tiende la mano, porque pensamos que nos bastamos a nosotros mismos, nos encaminamos por un camino de fracaso. Dios es el único que verdaderamente salva y libera.
El Evangelio es el verdadero antídoto contra la miseria espiritual: en cada ambiente el cristiano está llamado a llevar el anuncio liberador de que existe el perdón del mal cometido, que Dios es más grande que nuestro pecado y nos ama gratuitamente, siempre, y que estamos hechos para la comunión y para la vida eterna. ¡El Señor nos invita a anunciar con gozo este mensaje de misericordia y de esperanza! Es hermoso experimentar la alegría de extender esta buena nueva, de compartir el tesoro que se nos ha confiado, para consolar los corazones afligidos y dar esperanza a tantos hermanos y hermanas sumidos en el vacío. Se trata de seguir e imitar a Jesús, que fue en busca de los pobres y los pecadores como el pastor con la oveja perdida, y lo hizo lleno de amor. Unidos a Él, podemos abrir con valentía nuevos caminos de evangelización y promoción humana.
Queridos hermanos y hermanas, que este tiempo de Cuaresma encuentre a toda la Iglesia dispuesta y solícita a la hora de testimoniar a cuantos viven en la miseria material, moral y espiritual el mensaje evangélico, que se resume en el anuncio del amor del Padre misericordioso, listo para abrazar en Cristo a cada persona. Podremos hacerlo en la medida en que nos conformemos a Cristo, que se hizo pobre y nos enriqueció con su pobreza. La Cuaresma es un tiempo adecuado para despojarse; y nos hará bien preguntarnos de qué podemos privarnos a fin de ayudar y enriquecer a otros con nuestra pobreza. No olvidemos que la verdadera pobreza duele: no sería válido un despojo sin esta dimensión penitencial. Desconfío de la limosna que no cuesta y no duele.
Que el Espíritu Santo, gracias al cual «[somos] como pobres, pero que enriquecen a muchos; como necesitados, pero poseyéndolo todo» (2 Cor 6, 10), sostenga nuestros propósitos y fortalezca en nosotros la atención y la responsabilidad ante la miseria humana, para que seamos misericordiosos y agentes de misericordia. Con este deseo, aseguro mi oración por todos los creyentes. Que cada comunidad eclesial recorra provechosamente el camino cuaresmal. Os pido que recéis por mí. Que el Señor os bendiga y la Virgen os guarde.
Vaticano, 26 de diciembre de 2013
Fiesta de San Esteban, diácono y protomártir
FRANCISCO
jueves, 27 de febrero de 2014
El Papa Francisco recibió a los participantes del Congreso de Obispos amigos de los Focolares, en el que está participando Mons. Bodeant.
La Iglesia sea casa y escuela de comunión, con el mandamiento nuevo de Jesús en el mundo de hoy, pide el Papa
(RV).En su cordial bienvenida a los Obispos amigos del Movimiento de los Focolares - reunidos sobre el tema «La reciprocidad del amor entre los discípulos de Cristo» - el Papa Francisco recordó la Carta Apostólica Novo millennio ineunte del Beato Juan Pablo II e hizo hincapié en la importancia de testimoniar el carisma de la unidad, también en el camino ecuménico y el diálogo interreligioso. Y alentándolos a atesorar la experiencia de esos encuentros, señaló la gran actualidad de este anhelo:«La sociedad de hoy tiene una gran necesidad del testimonio de un estilo de vida que transparente la novedad que nos donó el Señor Jesús: hermanos que se quieren a pesar de las diferencias de carácter, proveniencia, edad... Este testimonio hace nacer el deseo de quedar envueltos en la gran parábola de comunión que es la Iglesia. Cuando una persona percibe que «la reciprocidad del amor entre los discípulos de Cristo» es posible y es capaz de transformar la cualidad de las relaciones interpersonales, se siente llamada a descubrir o a redescubrir a Cristo, se abre al encuentro con Él vivo y operante, se siente impulsada a salir de sí misma para ir al encuentro con los demás y difundir la esperanza que recibió como don».
Con palabras del Beato Juan Pablo II, en la Novo millennio ineunte, el Papa Bergoglio señaló que «Hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión: éste es el gran desafío que tenemos ante nosotros en el milenio que comienza, si queremos ser fieles al designio de Dios y responder también a las profundas esperanzas del mundo». y que «antes de programar iniciativas concretas, hace falta promover una espiritualidad de la comunión, proponiéndola como principio educativo en todos los lugares donde se forma el hombre y el cristiano, donde se educan los ministros del altar, las personas consagradas y los agentes pastorales, donde se construyen las familias y las comunidades». (n.43)
«’Hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión’ es verdaderamente fundamental para la eficacia de todo compromiso en la evangelización, puesto que revela el anhelo profundo del Padre: que todos sus hijos vivan como hermanos; revela la voluntad del corazón de Cristo: que todos sean uno (Jn 17,21); revela el dinamismo del Espíritu Santo, su fuerza de atracción libre y liberadora. Cultivar la espiritualidad de comunión contribuye además a hacernos más capaces de vivir el camino ecuménico y el diálogo interreligioso».
El Santo Padre concluyó sus palabras deseando que el encuentro de los Obispos amigos del Movimiento de los Focolares sea ocasión propicia para crecer en el espíritu de la colegialidad y para que el amor recíproco sea motivo de aliento y esperanza renovada. Con el anhelo de que la Virgen María los acompañe siempre y los sostenga en su ministerio, el Papa aseguró sus oraciones, confiando en las de ellos. (CdM - RV)
Para ver el video o escuchar el audio pulsa aquí: Radio Vaticano.
miércoles, 26 de febrero de 2014
"Reafirmemos que somos hermanos". Comunicado de la presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana ante los últimos sucesos del país.
COMUNICADO DE LA PRESIDENCIA DE LA CEV ANTE LOS ULTIMOS SUCESOS EN EL PAIS.
1.
Con seria preocupación, estamos observando los últimos eventos acontecidos en el país. Sobre todo, por la carga de violencia que han supuesto, con sus lamentables consecuencias de muertes, heridos y destrozos de patrimonios familiares e institucionales. Los fallecidos o los heridos no pertenecen ni al gobierno ni a la oposición, sino a sus familias y al pueblo de Venezuela, sin distinciones ni colores. Oramos por los que han fallecido y por quienes han resultado heridos. A esto se unen los saqueos que en diversas partes del país se han venido promoviendo y que causan miedo e indefensión.
2.
Los estudiantes y el pueblo mismo tienen el derecho a la protesta acorde a lo establecido en la Constitución Al ejercerlo, no sólo se pueden expresar inconformidades o desacuerdos, sino que también se puede llamar la atención tanto a las diversas autoridades como a la misma ciudadanía para que, en un clima de concertación, de escucha y de diálogo se puedan superar las dificultades, resolver los problemas y corregir rumbos si fuera necesario. Lo que siempre se ha de evitar es que la protesta degenere en actos de violencia.
3.
En el cumplimiento de su función de preservar el orden público las autoridades policiales y militares están obligadas a respetar los Derechos Humanos, ante todo el derecho a la vida. Al confrontar protestas están obligadas a mantenerse estrictamente dentro del marco de la Constitución, las leyes y los acuerdos internacionales. Por eso, rechazamos rotundamente el empleo de la fuerza ejercida en algunas manifestaciones por parte de organismos de seguridad del Estado, que se han extralimitado y han producido consecuencias lamentables e irreparables; el Poder Moral, especialmente la Fiscalía, debe investigar estos casos y poner en manos de la justicia a miembros de estos organismos que hayan abusado de su autoridad. Asimismo, comprobamos la indefensión de la ciudadanía ante la irrupción de grupos armados no policiales ni militares que han arremetido contra la población. Grupos de esta naturaleza están al margen de la ley, no poseen autoridad alguna y atentan contra las bases de la convivencia. Pedimos que se actúe y se impida que sigan realizando sus fechorías, y se investigue seriamente su proceder, sea de la tendencia política que sea.
4.
Si bien la protesta es un derecho, tampoco se puede aceptar que ésta se torne violenta y, como desafortunadamente se ha visto en algunos casos, se convierta en vandalismo o propicie la ocasión para actos delictivos por parte de grupos que nada tienen que ver con quienes protestan. La violencia, venga de donde venga, es inaceptable y nunca producirá frutos de sana convivencia.
5.
En nuestro país existen visiones plurales con grandes diferencias entre ellas. Ningún modelo social o político tiene el derecho a imponerse a los demás. La Constitución venezolana garantiza las condiciones de una sociedad pluralista en sus visiones. Desde hace bastante tiempo venimos alertando sobre la importancia de preservar unas relaciones sociales y políticas en la que puedan convivir las diferencias y hemos promovido el necesario proceso de reconciliación. Esta pasa por una apertura de mente y de corazón que reconozca que todos somos iguales y tenemos la misma dignidad humana. Por ello, como también lo hemos afirmado, urge un diálogo nacional. Este no consiste sólo en encontrarse para una escucha obsequiosa del otro, sino para buscar los puntos de coincidencia, atender al bien común por encima de los intereses de alguna parcialidad, a fin de conseguir así compromisos que permitan resolver todos juntos, con responsabilidad y decisión, los graves problemas que aquejan al país y que han generado protestas de distintos grupos de ciudadanos.
6.
Por eso, volvemos a insistir en la necesidad de un encuentro sincero, abierto y fraterno que permita el diálogo de todos los factores que componen la sociedad venezolana. El Presidente, junto con las demás autoridades nacionales, regionales y municipales han de encontrarse con representantes de todos los sectores: agricultores, obreros, personas de la cultura, empresarios, comerciantes, académicos, profesores, estudiantes, miembros de los consejos comunales, representantes de las diversas religiones que hacen vida en el país… Si logramos, con una dinámica de participación, escucharnos todos con respeto, entonces, podremos dar importantes pasos para solucionar las dificultades y la crisis que atraviesa el país.
7.
Como en otras oportunidades hemos expresado, el diálogo tiene sus propias características. La primera es el respeto y reconocimiento de los otros que son distintos, que piensan diversamente. Pedir diálogo y paz con un verbo encendido o incendiando la calle, no produce el efecto esperado. La segunda es la búsqueda de la verdad. Este es un valor que se ha perdido en Venezuela. Las diatribas políticas han logrado opacar este fundamental valor. Nadie es dueño de la verdad, a ésta la construimos entre todos: Nadie puede pretender la posesión exclusiva y total interpretación de los hechos. Es necesario llegar a la verdad de los acontecimientos y sucesos de estos días con el concurso de todos. Se ha propuesto una “Comisión de la Verdad”: ésta no es para favorecer a un sector en detrimento del otro, sino para buscar la verdad de acontecimientos dolorosos que han enlutado a familias venezolanas. Es necesario que Venezuela conozca a quienes han delinquido y paguen su condena, sea quien sea. De allí el pluralismo que debe existir en esa futura comisión.
8.
La Palabra de Dios nos recuerda que todos somos hermanos y que podremos ser reconocidos como hijos de Dios y discípulos de Jesús en la medida que lo hagamos con el mismo amor con el que nos ha amado Jesús de Nazaret (cf. Jn13, 34-35). Reafirmemos que somos hermanos. Ello requiere un cambio radical en el lenguaje: que no sea ni descalificador ni ofensivo. Se puede disentir del otro, pero sin ofender. La Iglesia en Venezuela, a través de sus Obispos, a fin de ser fiel a su misión al Evangelio de liberación y de vida, propicia todo tipo de encuentro para el diálogo y el compromiso de todos. Así pues, invita a todos los hombres y mujeres de Venezuela a que todos juntos hagamos sentir al mundo que la enseñanza de Jesús, el Señor, nos guía para impulsarnos a ser constructores de una paz auténtica (Cf. Mt 5,9).
Caracas 25 de febrero del año 2014.
PRESIDENCIA DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL VENEZOLANA
domingo, 23 de febrero de 2014
VII Domingo del tiempo Ordinario: "Todo es de ustedes"
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| Iglesia San Domenico, Nicastro |
Homilía en las Misas en Calabria:
Parroquia de Miglierina, con el párroco Don Pasquale
Parroquia de San Giovanni Battista, Melicuccà, párroco Don Paolo
Parroquia de San Domenico, Nicastro, párroco Don Antonio, Diácono Alfredo.
“Tutto è vostro! Ma voi siete di Cristo e Cristo è di Dio.” (1 Co 3,22-23)
“Tutto è vostro”… ma, in che senso? Possiamo pensare alle parole di Gesù al momento dell'invio dei discepoli: “A me è stato dato ogni potere in cielo e sulla terra” (Mt 28,18).
Cristo ha ricevuto tutto. Ha ricevuto ogni potere. Ma non come un potere di imporre, di opprimere, di schiacciare, ma come un potere di generare la vita. Così dice il Buon Pastore: “io sono venuto perché [le mie pecore] abbiano la vita e l’abbiano in abbondanza” (Gv 10,10).
Cristo, che ha ricevutto ogni potere, invia i suoi discepoli, e dice loro: “Andate dunque e fate discepoli tutti i popoli, battezzandoli nel nome del Padre e del Figlio e dello Spirito Santo, insegnando loro a osservare tutto ciò che vi ho comandato.” (cf Mt 28,18-20)
“Fate discepoli tutti i popoli”: tutto è vostro !
Fratelli, sorelle : Tutto è nostro.
I fratelli e le sorelle della comunità sono i nostri cari. Allora, tutta la comunità ha la responsabilità di prendersi cura dei suoi membri. Prendersi cura uno dell’altro. Consideriamo le parole di Papa Francesco all’inizio del suo ministero petrino. Il Papa ci parla di San Giuseppe, uomo di Dio, che “si lascia guidare dalla sua volontà, e proprio per questo è ancora più sensibile alle persone che gli sono affidate, sa leggere con realismo gli avvenimenti, è attento a ciò che lo circonda, e sa prendere le decisioni più sagge” (13.03.2013).
Tutti i membri della comunitá, non solo il sacerdote, siamo chiamati a “custodire gli altri”. Siamo chiamati ad accompagnarci a vicenda nel cammino della fede, nella vita fraterna, nella preghiera comune, nella celebrazione dei sacramenti. Siamo chiamati a stare accanto a chi soffre, a chi è nelle tenebre, nel dolore, nella sofferenza per la perdita dei propri cari. Pregare gli uni per gli altri.
Tutto è nostro! Anche quelli che sono lontani, quelli che sono alla periferia della nostra vita o della nostra comunità. A loro siamo mandati dal Signore: “Andate dunque e fate discepoli tutti i popoli”. La missione inizia dalla nostra casa e va verso i lontani. Riprendo le parole del Cardinale Bergoglio durante il concistoro che si è tenuto prima della sua elezione a Papa: “La Chiesa è chiamata a uscire fuori da se stessa e ad andare verso le periferie, non solo geografiche, ma anche esistenziali: quelle del mistero del peccato, quelle del dolore, dell'ingiustizia, dell'ignoranza e dell'omissione religiosa, del pensiero, di ogni miseria.”
“La Chiesa è chiamata”… La Chiesa: la comunità, tutto il popolo di Dio, ogni diocesi, ogni comunità parrochiale, ogni gruppo è chiamato a uscire da se stesso. Alcuni potranno arrivare più lontano, altri andrano più vicino. Però tutti siamo chiamati alla missione.
Tutto è nostro: anche i nemici, quelli che sono indifferenti verso la fede, quelli che si opongono, e quelli che perseguitano i fedeli. Questa è la parola forte del Vangelo di oggi: “amate i vostri nemici e pregate per quelli che vi perseguitano” (Mt 5,44-46). E se non crediamo che questa parola possa essere efficace, ascoltiamo la testimonianza di San Paolo: “io ritenni mio dovere compiere molte cose ostili contro il nome di Gesù il Nazareno […] In tutte le sinagoghe cercavo spesso di costringere [i cristiani] con le torture a bestemmiare e, nel colmo del mio furore contro di loro, davo loro la caccia perfino nelle città straniere” (cf. At 26,9-11).
È lo stesso San Paolo che il Signore inviò dicendogli: “Ti libererò dal popolo e dalle nazioni a cui ti mando per aprire i loro occhi, perché si convertano dalle tenebre alla luce” (At 26,17-18).
Tutto è nostro! Ce un altro gruppo di persone alle quali si rivolge la missione: i feriti che incontriamo sulla strada della nostra vita. Come è successo al buon samaritano: “un Samaritano, che era in viaggio, passandogli accanto, vide e ne ebbe compassione. Gli si fece vicino, gli fasciò le ferite…” (Lc 10,33-34). Il Papa Francesco ci ha parlato della Chiesa come un “Ospedale da campo”: “Io vedo che la cosa di cui la Chiesa ha più bisogno oggi è la capacità di curare le ferite e di riscaldare il cuore dei fedeli, la vicinanza, la prossimità. Io vedo la Chiesa come un ospedale da campo dopo una battaglia.” (La Civiltà Cattolica, N°3918 del 19/09/2013).
Come possiamo curare i feriti? Una volta, quando ero parroco, stavamo preparando una missione popolare. Volevamo andare a due a due in ogni casa della parrocchia. Una Suora che ci preparava a queste visite, ci disse: “è possibile che incontriate persone che sono molto arrabbiate o molto ferite. Arrabbiate con la Chiesa, con il sacerdote, o con Dio... Lasciatele parlare. Ascoltatele con serenità. Lasciatele sfogare... è possibile che dopo vi ascoltino. Però se voi prima non ascoltate con pazienza, se non lasciate che il loro dolore si manifesti, non ci sarà nè dialogo nè incontro.”
Siamo di Cristo. Questo significa “Essere figli del Padre nostro che è nei cieli.”
E significa anche essere discepoli missionari. Non solo discepoli che ascoltano la Parola, piuttosto discepoli missionari che la mettono in pratica. Perché, come dice San Giacomo, “se uno ascolta la Parola e non la mette in pratica, costui somiglia a un uomo che guarda il proprio volto allo specchio: appena si è guardato, se ne va, e subito dimentica come era” (Gc 1,23-24). Questa persona dimentica la propria identità.
Perche questa è l’identità del cristiano: essere discepolo missionario. Discepolo che ascolta la Parola di Dio, la riceve nel suo cuore; missionario che mette in pratica la Parola in modo che dia frutto.
“Cristo è di Dio”. Egli è venuto per fare la volontà del Padre. La volontà del Padre è che tutti gli uomini si salvino. Per questo è venuto Gesù Cristo: “Dio, infatti, non ha mandato il Figlio nel mondo per condannare il mondo, ma perché il mondo sia salvato per mezzo di lui” (Gv 3,17). E tutti noi siamo chiamati a collaborare attivamente all’opera di salvezza. Così sia.
miércoles, 19 de febrero de 2014
Francisco explica el Sacramento de la Reconciliación
| Mons. Bodeant saluda al Papa Francisco y le pide su bendición para la Diócesis de Melo (Cerro Largo y Treinta y Tres |
A través de los Sacramentos de la iniciación cristiana, el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, el hombre recibe la vida nueva en Cristo. Ahora bien, todos lo sabemos, llevamos esta vida “en vasijas de barro” (2 Cor 4, 7), todavía estamos sometidos a la tentación, al sufrimiento, a la muerte y, a causa del pecado, podemos incluso perder la vida nueva. Por esta razón el Señor Jesús ha querido que la Iglesia continúe su obra de salvación, incluso a través de sus propios miembros, en particular con el sacramento de la Reconciliación y la Unción de los Enfermos, que pueden unirse bajo el nombre de "Sacramentos de curación". El Sacramento de la Reconciliación es un sacramento de curación, cuando voy a confesarme es para curarme, curarme el alma, curarme el corazón, de algo que he hecho que no está bien. El icono bíblico que mejor los expresa, en su profundo vínculo, es el episodio del perdón y la curación del paralítico, donde el Señor Jesús se revela al mismo tiempo médico de las almas y de los cuerpos (cf. Mc 2, 1-12 / Mt 9, 1-8; Lc 5, 17-26).
1. El sacramento de la Penitencia, de la Reconciliación, también nosotros lo llamamos de la Confesión, surge directamente del misterio pascual. De hecho, la misma noche de la Pascua, el Señor se apareció a los discípulos encerrados en el cenáculo, y, después de dirigirles el saludo "¡La paz con vosotros!", sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados" (Jn 20, 21-23). Este pasaje nos revela la dinámica más profunda que contiene este Sacramento. En primer lugar, el hecho de que el perdón de nuestros pecados no es algo que podemos darnos a nosotros mismos. No puedo decir: “Me perdono los pecados”. El perdón se pide, se pide a Otro. Y en la Confesión pedimos el perdón a Jesús. El perdón no es el fruto de nuestros esfuerzos, sino que es un regalo, un don del Espíritu Santo, que nos llena con el baño de misericordia y de gracia que fluye sin cesar del corazón abierto de par en par de Cristo crucificado y resucitado. En segundo lugar, nos recuerda que solo si nos dejamos reconciliar en el Señor Jesús con el Padre y con los hermanos podemos estar verdaderamente en paz. Y esto lo hemos sentido todos en el corazón cuando nos vamos a confesar, con un peso en el alma, un poco de tristeza y cuando sentimos el perdón de Jesús estamos en paz, con esa paz en el alma tan bella que solo Jesús nos puede dar. ¡Sólo Él!
2. Con el tiempo, la celebración de este sacramento ha pasado de una forma pública, porque al principio se hacía públicamente... Ha pasado de esta forma pública a aquella personal, a aquella forma reservada de la Confesión. Sin embargo, esto no debe hacernos perder la matriz eclesial, que constituye el contexto vital. De hecho, la comunidad cristiana es el lugar donde se hace presente el Espíritu, el cual renueva los corazones en el amor de Dios y hace de todos los hermanos una cosa sola, en Cristo Jesús. He aquí la razón por la que no basta pedir perdón al Señor en la propia mente y en el propio corazón, sino que es necesario confesar humildemente y confiadamente los propios pecados al ministro de la Iglesia. En la celebración de este sacramento, el sacerdote no representa sólo a Dios, sino a toda la comunidad, que se reconoce en la fragilidad de cada uno de sus miembros, que escucha conmovida su arrepentimiento, que se reconcilia con él, que lo alienta y lo acompaña en el camino de conversión y de maduración humana y cristiana.
Uno puede decir: "Yo me confieso solo con Dios". Sí, tú puedes decir Dios perdóname, puedes decirle tus pecados, pero nuestros pecados son también contra los hermanos, contra la Iglesia. Y por esto es necesario pedir perdón a la Iglesia y a los hermanos en la persona del sacerdote. “Pero padre, me da vergüenza”. También la vergüenza es buena, es saludable tener un poco de vergüenza. Porque avergonzarse es saludable. Porque cuando una persona no tiene vergüenza en mi país decimos que es un 'senza-vergogna', un "sinvergüenza" [lo dice en español]. Pero la vergüenza también nos hace bien, porque nos hace más humildes. Y el sacerdote recibe con amor y con ternura esta confesión y en el nombre de Dios perdona. También desde el punto de vista humano, para desahogarse es bueno hablar con el hermano y decir al sacerdote estas cosas con son tan pesadas en mi corazón, y uno siente que se desahoga ante Dios, con la Iglesia, con el hermano. ¡No tengáis miedo de la Confesión! Uno, cuando está en la cola para confesarse, siente todas estas cosas, incluso la vergüenza. Pero cuando termina la confesión, sale libre, grande, hermoso, perdonado, blanco, feliz. ¡Esto es lo hermoso de la confesión!
Yo quisiera preguntarles, pero no decirlo en voz alta, cada uno se contesta en su corazón: ¿Cuándo ha sido la última vez que te has confesado? Que cada uno piense… ¿Eh? ¿Dos días, dos semanas, dos años, veinte años, cuarenta años? Que cada uno haga la cuenta. Que cada uno se diga: "¿Cuándo ha sido la última vez que me he confesado?" Y si ha pasado mucho tiempo, no pierdas un día más, ve adelante, que el sacerdote será bueno. Está Jesús ahí. Y Jesús es más bueno que los sacerdotes. Y Jesús te recibe. Te recibe con mucho amor. ¡Eres valiente y vas adelante a la Confesión!
Queridos amigos, celebrar el Sacramento de la Reconciliación significa estar envueltos en un cálido abrazo: es el abrazo de la infinita misericordia del Padre. Recordamos esa hermosa, ¡hermosa!, parábola del hijo que se ha ido de su casa con el dinero de la herencia, ha malgastado todo ese dinero y después, cuando no tenia nada, ha decidido volver a casa, pero no como hijo sino como siervo. Tenía tanta culpa en su corazón y tanta vergüenza. ¿Eh? La sorpresa ha sido que, cuando comenzó a hablar y pedir perdón, el padre no le dejó hablar. Lo abrazó, lo besó e hizo fiesta. Pero yo les digo, ¿eh?: Cada vez que nosotros nos confesamos, Dios nos abraza, Dios hace fiesta. ¡Vayamos adelante en este camino! ¡Qué el Señor los bendiga!
domingo, 16 de febrero de 2014
VI Domingo del Tiempo Ordinario. Homilía de Mons. Heriberto
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| Padres Giovanni, Luigi y Ottavio, sacerdotes de Verona que estuvieron en la Diócesis de Salto. |
Homilía en las Misas celebradas en la Parroquia Santa María Magdalena, Verona; San Juan Bautista, Ca' di David; San Lorenzo, Soave.
Cari fratelli e sorelle:
Quindici giorni fa abbiamo celebrato la festa de la presentazione del Signore. Gesù è riconosciuto da Simeone come luce: “luce per [rivelare Dio] alle genti” (Lc 2,32).
La domenica scorsa la parola di Dio ci chiamava a fare un altro passo. Noi, discepoli del Signore, del Signore che è luce per tutte le genti, siamo chiamati a essere "sale della terra" e "luce del mondo" (Mt 5,13-14).
Oggi noi continuiamo ad avanzare su questa strada. Se vogliamo davvero essere luce, la luce del Signore deve illuminare i nostri passi sulla strada della vita. Come dice il salmo: “Lampada per i miei passi è la tua parola, luce sul mio camino” (Salmo 119 [118], 105).
Per il Popolo di Dio dell’Antico Testamento la legge del Signore era una guida sicura. Un uomo che vive ancora nel mondo dell'Antico Testamento chiede a Gesù: «Maestro, che cosa devo fare (…) per avere la vita eterna?». Gesú rispose: «Se vuoi entrare nella vita, osserva i comandamenti. (…) Non ucciderai, non commetterai adulterio, non ruberai, non testimonierai il falso, onora il padre e la madre e amerai il prossimo tuo come te stesso». (Mt 19,16-19)
La legge di Dio, i comandamenti, sono importanti. Non sono stati cancellati. Gesù ha detto : “Non crediate che io sia venuto ad abolire la Legge o i Profeti; non sono venuto ad abolire, ma a dare pieno compimento”.
Non uccidere. Non uccidere è una cosa buona. Ma non basta, ci dice Gesù. È necessario purificare il cuore. Rimuovere dal cuore l’odio, il risentimento. Fermare nel cuore la tentazione della violenza, prima che esploda e distrugga le nostre vite e le vite dei nostri cari: la nostra famiglia, i nostri amici, i nostri vicini…
Non commettere adulterio. Va bene. Ma non basta, ci dice Gesù. È necessario purificare il cuore e anche gli occhi, perché “chiunque guarda una donna per desiderarla, ha già commesso adulterio con lei nel proprio cuore”.
Non rubare. Perfetto. Ma non basta. È necessario rimuovere dal cuore l’invìdia, la tristezza a causa del bene di altri. Non cercare un pretesto per impossessarsi di ciò che appartiene a un altro.
In conclusione, si tratta di purificare le intenzioni del cuore. Si tratta di lasciare che la luce del Signore illumini il nostro cuore, lo pulisca, lo guarisca. Perchè “Dal cuore, infatti, provengono propositi malvagi, omicidi, adultèri, impurità, furti, false testimonianze, calunnie“ (Mt 15,19).
La purificazione del cuore è opera della grazia di Dio. È l’opera dell’amore gratuito, libero, misericordiòso di Dio. Quella grazia che riceviamo nell’ascolto della Parola di Dio, nella preghiera, nella partecipazione consapevole e attenta ai Sacramenti.
La purificazione del cuore è come il lavoro dell’agricoltore. Egli taglia ogni tralcio che non porta frutto. E ogni tralcio che porta frutto, lo pota perché porti più frutto (cf. Jn 15). Il cuore purificato dall’odio, dal risentimento, dall’invidia, è un cuore libero per amare. È un cuore aperto a ricevere
l’amore di Dio, preparato ad amare Dio e ad amare il prossimo come se stesso.
Insegnaci, Signore, la via dei tuoi decreti e la custodiremo sino alla fine. [Salmo 118 (119)]. Amen.
martes, 11 de febrero de 2014
Mons. Daniel Sturla, nuevo Arzobispo de Montevideo
El Papa Francisco designó
Arzobispo de Montevideo a Mons. Daniel Fernando Sturla Berhouet sdb,
hasta ahora Obispo Auxiliar de Montevideo.
A las 12 hs de Roma de hoy
(9 hs de Uruguay),la Santa Sede dio a conocer este nombramiento a
través del L’Osservatore Romano, a la vez que informó la aceptación de
la renuncia de Mons. Nicolás Cotugno presentada al cumplir 75 años de
edad, como lo establece el Código de Derecho Canónico.
Mons. Sturla, séptimo
Arzobispo de Montevideo, tiene 54 años de edad, es oriundo de Montevideo
y fue ordenado sacerdote en la Congregación Salesianos de Don Bosco
(SDB) el 21 de noviembre de 1987.
El Papa Benedicto XVI lo
nombró Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Montevideo, asignándole la
sede titular de Phelbes, el 10 de diciembre de 2011, siendo consagrado
el 4 de marzo de 2012.
Asumirá como Arzobispo de Montevideo el próximo 9 de marzo, en la Catedral Metropolitana.
En la Conferencia Episcopal
del Uruguay es Obispo Responsable del Departamento de Misiones y del
Departamento de Laicos. Asimismo, es Delegado suplente al Consejo
Episcopal Latinoamericano (CELAM).
Montevideo fue erigida como
Diócesis por el Papa Pío IX, el 13 de julio de 1878. El 19 de abril de
1897, por mandato del Papa León XIII, fue creada la Arquidiócesis de
Montevideo. En la actualidad, cuenta con 84 Parroquias, 98 sacerdotes
del clero diocesano y 120 sacerdotes del clero religioso.
Con este nombramiento, la Conferencia Episcopal del Uruguay pasa a estar conformada por 10 Obispos residenciales, 2 Obispos Auxiliares y 6 Obispos eméritos.
IMPORTANTE:
Mons. Daniel Sturla estará a
disposición de los medios de comunicación este martes 11 de febrero, a
las 11 hs, en la sede de la Curia Arquidiocesana: Treintay Tres 1368.
Asimismo, esta mañana,
Mons. Nicolás Cotugno sdb anunciará el nombramiento del nuevo Arzobispo
al finalizar la Misa que, a partir de las 8 hs, concelebrará junto a
Mons. Sturla y Mons. Tróccoli en el Santuario Nacional de la Gruta del
Lourdes, en ocasión de celebrarse la Fiesta de la Virgen de Lourdes y la
Jornada Mundial de Oración por los Enfermos.
MONS. DANIEL FERNANDO STURLA BERHOUET, sdb
Arzobispo Metropolitano dela Arquidiócesisde Montevideo
Curriculum vitae
Mons. Daniel Fernando Sturla Berhouet, sdb, nació en Montevideo, Uruguay, el 4 de julio de 1959.
Realizó sus estudios elementales y secundarios (hasta 4º año), en el Colegio San Juan Bautista de los Hermanos de la Sagrada Familia. Obtuvo el Bachillerato en Derecho en el Instituto Juan XXIII de los Salesianos. Realizó los estudios de Filosofía y Ciencias de la Educación en el Instituto Miguel Rúa de los Salesianos, en Montevideo.
Estudió Teología en el entonces Instituto Teológico del Uruguay, hoy Facultad de Teología Mons. Mariano Soler, donde obtuvo la Licenciatura en Teología.
Entró en la Congregación
Salesiana, en la Inspectoría(Provincia) del Uruguay, a fines de los años
setenta, haciendo el noviciado en 1979 y su primera profesión religiosa
el 31 de enero de 1980.
El 21 de noviembre de 1987 fue ordenado sacerdote.
Ha ocupado diversos cargos, tanto pastorales como de gobierno, sobre todo en su Congregación Salesiana. En particular:
- Consejero de estudios en las Escuelas Profesionales Talleres Don Bosco;
- Trabajó en las obras
sociales de los Oratorios Salesianos y en los inicios del Movimiento
Tacurú, en los años 1981, 1984 y 1985.
- Encargado, a varios niveles, de los novicios salesianos;
- Director del Instituto Preuniversitario Juan XXIII;
- El 28 de octubre de 2008 fue nombrado Inspector Salesiano para el Uruguay;
- Poco después, fue elegido Presidente dela Conferenciade Religiosos y Religiosas del Uruguay (CONFRU);
El 10 de diciembre de 2011 fue nombrado Obispo Auxiliar de Montevideo y titular de Phelbes.
El 4 de marzo de 2012 fue consagrado Obispo.
Dentro de la Conferencia
Episcopaldel Uruguay (CEU), ocupa los siguientes cargos: es Responsable
del Departamento de Misiones, del Departamento de Laicos y Delegado
suplente al Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).
Es profesor de Historia de
la Iglesiaen el Uruguay en la Facultad de Teología Mons. Mariano Soler y
ha publicado diversos artículos sobre su materia y un libro: “¿Santa o de Turismo? La secularización del calendario en el Uruguay”, Instituto Preuniversitario Juan XXIII, Montevideo, 2010.
El 11 de febrero de 2014 ha sido nombrado Arzobispo Metropolitano de Montevideo por el Santo Padre Francisco.
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