viernes, 7 de enero de 2011

Jóvenes Misioneros en La Charqueada (3)

El viejo Hogar de Niños se alegra de nuevo con la presencia de los chiquitos
Una red que nos une a todos
Conversando con el Rey Mago
Recibiendo el mensaje del Evangelio
A formar los equipos...
... ¡y a correr!
El Obispo también jugó y cantó con los niños
La misión continúa con un día dedicado especialmente a los niños. Los jóvenes prepararon juegos adecuados para que todos pudieran integrarse. Matías fue un único Rey Mago, que recogió en confidencia los anhelos de los niños. Las mamás acompañaron con su presencia. También hubo un mensaje: un versículo del Evangelio que se entregó a cada uno. Los caramelos completaron la fiesta.

jueves, 6 de enero de 2011

Jóvenes Misioneros en La Charqueada (2)


En este segundo día de misión, los jóvenes, luego de una oración en la que se confiaron a María y recibieron el envío de Mons. Heriberto, salieron a visitar los hogares de Charqueada, llevando su mensaje de Navidad y la invitación a participar en la Misa de esta solemnidad de Epifanía.
Al regreso, después del almuerzo, los grupos pusieron en común la experiencia de la visita, representando algunas de las situaciones que habían vivido. Los jóvenes mostraron su sensibilidad ante las situaciones de soledad de algunos adultos mayores: un hombre solo, un matrimonio, que fueron particularmente alegrados por la visita de los jóvenes. Una familia había escuchado al Obispo por la radio comunitaria de Charqueada (Líder FM) anunciando la visita de los jóvenes y los estaba esperando.

Llegaron los Magos...
.. y adioraron al Niño
A continuación lo hicieron los ministros...
...y luego la comunidad...
... ¡hasta los más chiquitos!

A las 20:30, la pequeña iglesia parroquial María Auxiliadora se vio colmada por la comunidad y los jóvenes misioneros para la celebración de la Solemnidad de la Epifanía.
"Hemos visto su Estrella... y hemos venido a adorarlo". Estas palabras de los Magos de Oriente en el Evangelio de San Mateo motivaron un gesto realizado durante la celebración, con la participación de todos: la adoración del Niño. En su homilía, Mons. Heriberto explicó el significado de los Magos (hombres en búsqueda de Dios, venidos de pueblos lejanos, atentos a las señales del Cielo) y sus regalos que expresan el reconicimiento de los atributos de Jesús (oro, por su realeza de Jesús; incienso, por su divinidad; mirra -talco- por su humanidad). A continuación, tres jóvenes caracterizados como los Magos entraron en escena, e iniciaron la adoración del Niño, que enseguida realizaron los ministros y toda la comunidad.

¡Qué bien se está aquí! (16b: desde la cocina de Luis y Estela)

Yenny y Matías prontos para comenzar
Mons. Heriberto entrevista al Diácono Luis y a Marlene, integrante de la comunidad
El P. Wilson explica cómo está organizado el trabajo de los jóvenes.
Julia, de Fraile Muerto, ha vuelto de las visitas y relata los encuentros con la gente.
Mons. Heriberto entrevista a Julia y a María
quienes comparten lo vivido por los jóvenes en la mañana.

Un programa completamente distinto. El equipo móvil de Radio María se instaló hoy, cómodamente, en la amplia cocina de la casa parroquial de La Charqueada. (Cocina que no estaba en uso, conviene aclarar, porque el programa fue de 10 a 12 de la mañana. La comida para los misioneros estaba siendo preparada en la cocina del Hogar).
Nuestro programa cubrió hoy, intercalándolas con las canciones y las reflexiones de Yenny (ver la otra entrada de este programa 16) las experiencias de los jóvenes misioneros que llegaron ayer a La Charqueada. Esta mañana, organizados en siete grupos, visitaron la casi totalidad de las casas. En general fueron bien recibidos, pudieron mantener alguns conversaciones prolongadas y dejaron, como era el objetivo, un mensaje navideño y la invitación a participar hoy en la celebración de la Epifanía, en la Misa que presidirá en la Parroquia María Auxiliadora Mons. Heriberto, Obispo de Melo.

¡Qué bien se está aquí! (16a: especial desde La Charqueada)

Epifanía
Hoy seis de enero, fecha e historia que todos conocemos muy bien, como “Día de Reyes”… Pero en realidad la Iglesia la llama Fiesta de la Epifanía… Y tiene una connotación mucho más profunda: La Epifanía del Señor, significa “manifestación de Cristo, luz y Salvación de Dios para todas las naciones". A los Reyes Magos Dios les manifiesta la llegada del verdadero Dios Rey y ellos emprenden un largo viaje para ir a buscarlo. Y guiados por la luz de una estrella, lo encuentran y lo adoran. Los Magos encarnan a todos los hombres y mujeres que con fe y esperanza buscan esa luz que devuelva a sus vidas el sentido y la esperanza, es decir, que buscan a Dios. La fe es una búsqueda constante que requiere atravesar las tinieblas. Tenemos que afrontar las dificultades y abandonar las comodidades del propio pensar, para recorrer los caminos muchas veces difíciles que llevan a Dios. Los Magos eran personas humildes y sencillas. No hicieron alardes de sabiduría humana, postrados ante el niño igual a los otros, descubren en el al Príncipe y al Maestro de toda sabiduría. Y encontraron lo que otros no fueron capaces de encontrar. Tal vez tenían un corazón de niño, capaz de soñar y creer en lo increíble. Para celebrar la Epifanía, debemos dejar de lado la arrogancia y levantar la mirada al cielo, ablandar nuestros corazones y renunciar al egoísmo y la ambición.


¿Somos nosotros como aquellos Reyes magos? ¿Hemos ya hecho nuestro viaje, hemos ya abrazado nuestra misión? Si es así, podemos decir como la canción que escucharemos. “Fue un largo viaje de mucho dudar. Nunca imaginé que me encontraba dentro de su amor y dentro de sus planes. Pero la hora ha llegado, Y aunque me ha costado creer, para este tiempo nací. Estoy en sus propósitos, en sus planes eternos me vi. Me esperaba y hoy lo encontré, ha sido largo el viaje pero hoy la hora ha llegado y yo también al fin llegué.


Aquí está el Cebollati, "como un espejo de lindo"… y nosotros, como siempre, con Radio Maria Uruguay, hoy en plena Movida de la Misión Juvenil de La Charqueada. La propuesta de hoy, si se nos concediera la concreción de un deseo que fuera en bien de todos, de nuestra sociedad y nuestro entorno… ¿Qué le pediríamos a este niño Dios, que hoy, en la Epifanía se presenta al mundo?


o0o0o0o0o

Hay tantas cosas que no vemos, que no tocamos, no sentimos, no entendemos. Sólo bastaría abrir nuestro corazón para encontrar lo que hay. Para entender que los sueños de hoy son la realidad del mañana. Tengamos confianza, apostemos a la verdad, a la solidaridad. No dejemos de luchar. No dejemos de soñar. No perdamos la ilusión, Recordemos que siempre hay un lugar para el amor. Solo así, la tristeza se irá y al fin sabremos lo bello que es vivir.


No podemos escondernos más, ni sentarnos a esperar. Es cuestión de tomar la decisión de llevar fe y compasión a un mundo de dolor. Si no lo hacemos… nunca conoceremos que hay algo mejor. Si no lo hacemos ya, si no nos levantamos, si no nos atrevemos a hablar, entonces, ¿quién?. Lo importante es la acción, no el resultado de la acción. Debemos hacer lo correcto. Tal vez no esté dentro de nuestras capacidades, tal vez no esté dentro de nuestro tiempo, el ver los resultados, pero eso no significa que dejemos de hacer lo correcto. Tal vez nunca sepamos cuál es el resultado de nuestras acciones… mas si no hacemos nada… no habrá ningún resultado.


Esta mañana me tomé las cosas con calma y me encontré con la gente. Detrás de cada rostro, reconoci al hermano, y comprendí que las cosas son importantes, pero que mucho más lo es la gente. Hay tantas cosas que no vemos, que no tocamos, no sentimos, no entendemos. Es el momento de abrir la puerta para mirar y encontrar todo cuanto hay. Los sueños de hoy son la realidad del mañana, tengamos confianza y apostemos a la verdad, la solidaridad y el amor. “Quiero creer en la paz, en el futuro, quiero tener un hogar seguro, pisar firme, cantar alto, sonreir libre. Quiero vivir, para compartir, pescar para repartir. Yo quiero sentir el amor en esta vida, y el calor de una mano amiga. Brindemos por la gente, cantemos estas dos viejas y conocidas canciones, carguémonos de energía para llevar con nuestro hacer el mensaje de la buena nueva a todos aquel que lo necesite.


Si en el transitar desde tu vivir, estás confundido y no quieres seguir. Si has probado todo y aun llevas vacío el corazón. Si Buscas un hermano lo tienes en mi... A tu lado iré, y te ayudaré. Quiero de verdad, darte mi amistad. Si Buscas un amigo con quien compartir, lo que yo te ofrezco es el amor de Dios.


Cada ser es un milagro. Tú eres lo único que tienes. Por tanto conviértete en la persona mas bella, tierna y maravillosa del mundo… Dios te ha regalado la vida, el modo en que la vives es la forma que tienes de agradecerle. Conviértete en un precioso regalo para El… Elévate, vuela con las alas del alma y remóntate en pos de Él, búscalo en las pequeñas cosas y también mas allá del horizonte..


Empezamos otro año, y de cada uno de nosotros depende que sea diferente. La vida es un continuo ascenso, enfrentando y superando obstáculos. Salvarlos, pasar sobre ellos, es triunfar a cada momento. Allí está la alegría de vivir. No se queden mirando la escalera: empiecen a subir escalón por escalón hasta llegar arriba, inspirados en lograr lo inimaginable. No importan las caídas, no se fijen en lo que dejan, sólo concéntrese en lo que queda por ganar. Avancen sin temor, pero con imaginación y Fe pensando que arriba, bien arriba, donde solo alcanzan los ojos de nuestra alma… allá está la verdadera recompensa.
Vivan esta semana con toda la intensidad del corazón, porque precisamente lo que el mundo necesita es personas que lo hagan vivir.

miércoles, 5 de enero de 2011

Jóvenes Misioneros en La Charqueada (1)





El pueblo General Enrique Martínez, más conocido como La Charqueada, se encuentra a orillas del río Cebollatí, en el departamento de Treinta y Tres. Hasta allí se llega por la ruta nacional Nº 17 "P. Vicente Monteleone", llamada así por el sacerdote que durante 20 años, hasta su muerte en 1991, entregó alma y vida por la gente de este pueblo, llevando no sólo el mensaje de la fe, sino impulsando diversas obras en favor de toda la comunidad: entre ellas construcción de viviendas, cooperativas, un centro comunitario, un hogar de niños. Fiel salesiano, dejó en la zona portuaria un bello monumento a María Auxiliadora.

Esta mañana, los tranquilos vecinos que hacían sus mandados por las calles que, en su mayoría, llevan nombres de Generales y Coroneles del Ejército Nacional, vieron llegar por distintos medios a unos 30 jóvenes. Venían de Melo, Río Branco, Fraile Muerto, Tupambaé, convocados por la Pastoral Juvenil de la Diócesis de Melo. Aunque la idea original era acampar, sólo algunos de ellos tenían los elementos para hacerlo, y se instalaron, junto con el grupo de jóvenes de la localidad, en la hermosa área de camping a orillas del Cebollatí. El resto, la mayoría, se acomodó en las instalaciones del Hogar.

Los jóvenes, integrantes de grupos parroquiales, vinieron a Charqueada como misioneros, acompañados por el Obispo de Melo, Mons. Heriberto, el sacerdote asesor de Pastoral Juvenil, P. Wilson, y los seminaristas Luis Fernando y José Reinaldo. La parroquia María Auxiliadora de Charqueada cuenta con un Diácono Permanente, Luis, quien, junto con su esposa Estela son los animadores de la pequeña pero viva comunidad.

Después del almuerzo, los jóvenes organizaron los equipos para visitar los hogares de Charqueada, de modo de contar en cada uno de ellos con jóvenes o personas que conocieran el lugar. Formaron siete equipos, se adjudicaron otras tantas áreas, y prepararon el mensaje que querían comunicar: la invitación a la Misa en la solemnidad de la Epifanía del Señor (Reyes), mañana a las 20:30, y la invitación a los niños para los días siguientes, ya que mañana hay una actividad para ellos organizada por un merendero local. Los jóvenes prepararon también un mensaje breve para presentar en cada casa visitada, en torno al significado de la Navidad.

La tarde siguió con un rato de playa, para lo cual es preciso trasladarse al departamento de Rocha. Se trata simplemente de cruzar el río en una balsa que permanentemente va y viene, de modo de acceder a la zona - más segura - para baños.

A la tardecita, la Misa, con un momento de reflexión sobre el envío de los Setenta y Dos discípulos, recogiendo las enseñanzas de Jesús a los misioneros. Los jóvenes retuvieron especialmente el mensaje de Paz, y con esa actitud se disponen a salir mañana, al encuentro de la gente de Charqueada.

Melo: robo y profanación en la capilla de Barrio Ruiz


Con mucho dolor la comunidad católica de Melo se ha enterado esta mañana del robo perpetrado en la Capilla Virgen de los Treinta y Tres de la capital de Cerro Largo. Lo más doloroso no son precisamente los objetos de culto sagrado (copón, cáliz y patena), que ya son un motivo de pena, sino que se ha cometido un sacrilegio, sustrayendo la presencia de Jesús en la Eucaristía reservada en el Sagrario.
En el video se puede escuchar el llamado del P. Michael, párroco de San José Obrero (parroquia a la que pertenece la capilla) a las personas que puedan proporcionar alguna información. Se prevé un acto de reparación al Santísimo Sacramento en la misma capilla.

sábado, 1 de enero de 2011

La libertad religiosa, camino para la paz

MENSAJE DE SU SANTIDAD
BENEDICTO XVI
PARA LA CELEBRACIÓN DE LA
JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ
1 ENERO 2011
LA LIBERTAD RELIGIOSA, CAMINO PARA LA PAZ


1. Al comienzo de un nuevo año deseo hacer llegar a todos mi felicitación; es un deseo de serenidad y de prosperidad, pero sobre todo de paz. El año que termina también ha estado marcado lamentablemente por persecuciones, discriminaciones, por terribles actos de violencia y de intolerancia religiosa.
Pienso de modo particular en la querida tierra de Iraq, que en su camino hacia la deseada estabilidad y reconciliación sigue siendo escenario de violencias y atentados. Vienen a la memoria los recientes sufrimientos de la comunidad cristiana, y de modo especial el vil ataque contra la catedral sirio-católica Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, de Bagdad, en la que el 31 de octubre pasado fueron asesinados dos sacerdotes y más de cincuenta fieles, mientras estaban reunidos para la celebración de la Santa Misa. En los días siguientes se han sucedido otros ataques, también a casas privadas, provocando miedo en la comunidad cristiana y el deseo en muchos de sus miembros de emigrar para encontrar mejores condiciones de vida. Deseo manifestarles mi cercanía, así como la de toda la Iglesia, y que se ha expresado de una manera concreta en la reciente Asamblea Especial para Medio Oriente del Sínodo de los Obispos. Ésta ha dirigido una palabra de aliento a las comunidades católicas en Iraq y en Medio Oriente para vivir la comunión y seguir dando en aquellas tierras un testimonio valiente de fe.
Agradezco vivamente a los Gobiernos que se esfuerzan por aliviar los sufrimientos de estos hermanos en humanidad, e invito a los Católicos a rezar por sus hermanos en la fe, que sufren violencias e intolerancias, y a ser solidarios con ellos. En este contexto, siento muy viva la necesidad de compartir con vosotros algunas reflexiones sobre la libertad religiosa, camino para la paz. En efecto, se puede constatar con dolor que en algunas regiones del mundo la profesión y expresión de la propia religión comporta un riesgo para la vida y la libertad personal. En otras regiones, se dan formas más silenciosas y sofisticadas de prejuicio y de oposición hacia los creyentes y los símbolos religiosos. Los cristianos son actualmente el grupo religioso que sufre el mayor número de persecuciones a causa de su fe. Muchos sufren cada día ofensas y viven frecuentemente con miedo por su búsqueda de la verdad, su fe en Jesucristo y por su sincero llamamiento a que se reconozca la libertad religiosa. Todo esto no se puede aceptar, porque constituye una ofensa a Dios y a la dignidad humana; además es una amenaza a la seguridad y a la paz, e impide la realización de un auténtico desarrollo humano integral (1).
En efecto, en la libertad religiosa se expresa la especificidad de la persona humana, por la que puede ordenar la propia vida personal y social a Dios, a cuya luz se comprende plenamente la identidad, el sentido y el fin de la persona. Negar o limitar de manera arbitraria esa libertad, significa cultivar una visión reductiva de la persona humana, oscurecer el papel público de la religión; significa generar una sociedad injusta, que no se ajusta a la verdadera naturaleza de la persona humana; significa hacer imposible la afirmación de una paz auténtica y estable para toda la familia humana.
Por tanto, exhorto a los hombres y mujeres de buena voluntad a renovar su compromiso por la construcción de un mundo en el que todos puedan profesar libremente su religión o su fe, y vivir su amor a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente (cf. Mt 22, 37). Éste es el sentimiento que inspira y guía el Mensaje para la XLIV Jornada Mundial de la Paz, dedicado al tema: La libertad religiosa, camino para la paz.

Derecho sagrado a la vida y a una vida espiritual
2. El derecho a la libertad religiosa se funda en la misma dignidad de la persona humana (2), cuya naturaleza trascendente no se puede ignorar o descuidar. Dios creó al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza (cf. Gn 1, 27). Por eso, toda persona es titular del derecho sagrado a una vida íntegra, también desde el punto de vista espiritual. Si no se reconoce su propio ser espiritual, sin la apertura a la trascendencia, la persona humana se repliega sobre sí misma, no logra encontrar respuestas a los interrogantes de su corazón sobre el sentido de la vida, ni conquistar valores y principios éticos duraderos, y tampoco consigue siquiera experimentar una auténtica libertad y desarrollar una sociedad justa (3).
La Sagrada Escritura, en sintonía con nuestra propia experiencia, revela el valor profundo de la dignidad humana: «Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él, el ser humano, para darle poder? Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus manos, todo lo sometiste bajo sus pies» (Sal 8, 4-7).
Ante la sublime realidad de la naturaleza humana, podemos experimentar el mismo asombro del salmista. Ella se manifiesta como apertura al Misterio, como capacidad de interrogarse en profundidad sobre sí mismo y sobre el origen del universo, como íntima resonancia del Amor supremo de Dios, principio y fin de todas las cosas, de cada persona y de los pueblos (4). La dignidad trascendente de la persona es un valor esencial de la sabiduría judeo-cristiana, pero, gracias a la razón, puede ser reconocida por todos. Esta dignidad, entendida como capacidad de trascender la propia materialidad y buscar la verdad, ha de ser reconocida como un bien universal, indispensable para la construcción de una sociedad orientada a la realización y plenitud del hombre. El respeto de los elementos esenciales de la dignidad del hombre, como el derecho a la vida y a la libertad religiosa, es una condición para la legitimidad moral de toda norma social y jurídica.

Libertad religiosa y respeto recíproco
3. La libertad religiosa está en el origen de la libertad moral. En efecto, la apertura a la verdad y al bien, la apertura a Dios, enraizada en la naturaleza humana, confiere a cada hombre plena dignidad, y es garantía del respeto pleno y recíproco entre las personas. Por tanto, la libertad religiosa se ha de entender no sólo como ausencia de coacción, sino antes aún como capacidad de ordenar las propias opciones según la verdad.
Entre libertad y respeto hay un vínculo inseparable; en efecto, «al ejercer sus derechos, los individuos y grupos sociales están obligados por la ley moral a tener en cuenta los derechos de los demás y sus deberes con relación a los otros y al bien común de todos» (5).
Una libertad enemiga o indiferente con respecto a Dios termina por negarse a sí misma y no garantiza el pleno respeto del otro. Una voluntad que se cree radicalmente incapaz de buscar la verdad y el bien no tiene razones objetivas y motivos para obrar, sino aquellos que provienen de sus intereses momentáneos y pasajeros; no tiene una "identidad" que custodiar y construir a través de las opciones verdaderamente libres y conscientes. No puede, pues, reclamar el respeto por parte de otras "voluntades", que también están desconectadas de su ser más profundo, y que pueden hacer prevalecer otras "razones" o incluso ninguna "razón". La ilusión de encontrar en el relativismo moral la clave para una pacífica convivencia, es en realidad el origen de la división y negación de la dignidad de los seres humanos. Se comprende entonces la necesidad de reconocer una doble dimensión en la unidad de la persona humana: la religiosa y la social. A este respecto, es inconcebible que los creyentes «tengan que suprimir una parte de sí mismos –su fe– para ser ciudadanos activos. Nunca debería ser necesario renegar de Dios para poder gozar de los propios derechos» (6).

La familia, escuela de libertad y de paz
4. Si la libertad religiosa es camino para la paz, la educación religiosa es una vía privilegiada que capacita a las nuevas generaciones para reconocer en el otro a su propio hermano o hermana, con quienes camina y colabora para que todos se sientan miembros vivos de la misma familia humana, de la que ninguno debe ser excluido.
La familia fundada sobre el matrimonio, expresión de la unión íntima y de la complementariedad entre un hombre y una mujer, se inserta en este contexto como la primera escuela de formación y crecimiento social, cultural, moral y espiritual de los hijos, que deberían ver siempre en el padre y la madre el primer testimonio de una vida orientada a la búsqueda de la verdad y al amor de Dios. Los mismos padres deberían tener la libertad de poder transmitir a los hijos, sin constricciones y con responsabilidad, su propio patrimonio de fe, valores y cultura. La familia, primera célula de la sociedad humana, sigue siendo el ámbito primordial de formación para unas relaciones armoniosas en todos los ámbitos de la convivencia humana, nacional e internacional. Éste es el camino que se ha de recorrer con sabiduría para construir un tejido social sólido y solidario, y preparar a los jóvenes para que, con un espíritu de comprensión y de paz, asuman su propia responsabilidad en la vida, en una sociedad libre.

Un patrimonio común
5. Se puede decir que, entre los derechos y libertades fundamentales enraizados en la dignidad de la persona, la libertad religiosa goza de un estatuto especial. Cuando se reconoce la libertad religiosa, la dignidad de la persona humana se respeta en su raíz, y se refuerzan el ethos y las instituciones de los pueblos. Y viceversa, cuando se niega la libertad religiosa, cuando se intenta impedir la profesión de la propia religión o fe y vivir conforme a ellas, se ofende la dignidad humana, a la vez que se amenaza la justicia y la paz, que se fundan en el recto orden social construido a la luz de la Suma Verdad y Sumo Bien.
La libertad religiosa significa también, en este sentido, una conquista de progreso político y jurídico. Es un bien esencial: toda persona ha de poder ejercer libremente el derecho a profesar y manifestar, individualmente o comunitariamente, la propia religión o fe, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, las publicaciones, el culto o la observancia de los ritos. No debería haber obstáculos si quisiera adherirse eventualmente a otra religión, o no profesar ninguna (7). En este ámbito, el ordenamiento internacional resulta emblemático y es una referencia esencial para los Estados, ya que no consiente ninguna derogación de la libertad religiosa, salvo la legítima exigencia del justo orden público. El ordenamiento internacional, por tanto, reconoce a los derechos de naturaleza religiosa el mismo statusque el derecho a la vida y a la libertad personal, como prueba de su pertenencia al núcleo esencial de los derechos del hombre, de los derechos universales y naturales que la ley humana jamás puede negar.
La libertad religiosa no es patrimonio exclusivo de los creyentes, sino de toda la familia de los pueblos de la tierra. Es un elemento imprescindible de un Estado de derecho; no se puede negar sin dañar al mismo tiempo los demás derechos y libertades fundamentales, pues es su síntesis y su cumbre. Es un «indicador para verificar el respeto de todos los demás derechos humanos» (8). Al mismo tiempo que favorece el ejercicio de las facultades humanas más específicas, crea las condiciones necesarias para la realización de un desarrollo integral, que concierne de manera unitaria a la totalidad de la persona en todas sus dimensiones (9).

La dimensión pública de la religión
6. La libertad religiosa, como toda libertad, aunque proviene de la esfera personal, se realiza en la relación con los demás. Una libertad sin relación no es una libertad completa. La libertad religiosa no se agota en la simple dimensión individual, sino que se realiza en la propia comunidad y en la sociedad, en coherencia con el ser relacional de la persona y la naturaleza pública de la religión.
La relacionalidad es un componente decisivo de la libertad religiosa, que impulsa a las comunidades de los creyentes a practicar la solidaridad con vistas al bien común. En esta dimensión comunitaria cada persona sigue siendo única e irrepetible y, al mismo tiempo, se completa y realiza plenamente.
Es innegable la aportación que las comunidades religiosas dan a la sociedad. Son muchas las instituciones caritativas y culturales que dan testimonio del papel constructivo de los creyentes en la vida social. Más importante aún es la contribución ética de la religión en el ámbito político. No se la debería marginar o prohibir, sino considerarla como una aportación válida para la promoción del bien común. En esta perspectiva, hay que mencionar la dimensión religiosa de la cultura, que a lo largo de los siglos se ha forjado gracias a la contribución social y, sobre todo, ética de la religión. Esa dimensión no constituye de ninguna manera una discriminación para los que no participan de la creencia, sino que más bien refuerza la cohesión social, la integración y la solidaridad.

La libertad religiosa, fuerza de libertad y de civilización:
los peligros de su instrumentalización
7. La instrumentalización de la libertad religiosa para enmascarar intereses ocultos, como por ejemplo la subversión del orden constituido, la acumulación de recursos o la retención del poder por parte de un grupo, puede provocar daños enormes a la sociedad. El fanatismo, el fundamentalismo, las prácticas contrarias a la dignidad humana, nunca se pueden justificar y mucho menos si se realizan en nombre de la religión. La profesión de una religión no se puede instrumentalizar ni imponer por la fuerza. Es necesario, entonces, que los Estados y las diferentes comunidades humanas no olviden nunca que la libertad religiosa es condición para la búsqueda de la verdad y que la verdad no se impone con la violencia sino por «la fuerza de la misma verdad» (10).
En este sentido, la religión es una fuerza positiva y promotora de la construcción de la sociedad civil y política.
¿Cómo negar la aportación de las grandes religiones del mundo al desarrollo de la civilización? La búsqueda sincera de Dios ha llevado a un mayor respeto de la dignidad del hombre. Las comunidades cristianas, con su patrimonio de valores y principios, han contribuido mucho a que las personas y los pueblos hayan tomado conciencia de su propia identidad y dignidad, así como a la conquista de instituciones democráticas y a la afirmación de los derechos del hombre con sus respectivas obligaciones.
También hoy, en una sociedad cada vez más globalizada, los cristianos están llamados a dar su aportación preciosa al fatigoso y apasionante compromiso por la justicia, al desarrollo humano integral y a la recta ordenación de las realidades humanas, no sólo con un compromiso civil, económico y político responsable, sino también con el testimonio de su propia fe y caridad. La exclusión de la religión de la vida pública, priva a ésta de un espacio vital que abre a la trascendencia. Sin esta experiencia primaria resulta difícil orientar la sociedad hacia principios éticos universales, así como al establecimiento de ordenamientos nacionales e internacionales en que los derechos y libertades fundamentales puedan ser reconocidos y realizados plenamente, conforme a lo propuesto en los objetivos de la Declaración Universal de los derechos del hombre de 1948, aún hoy por desgracia incumplidos o negados.

Una cuestión de justicia y de civilización:
el fundamentalismo y la hostilidad contra los creyentes
comprometen la laicidad positiva de los Estados
8. La misma determinación con la que se condenan todas las formas de fanatismo y fundamentalismo religioso ha de animar la oposición a todas las formas de hostilidad contra la religión, que limitan el papel público de los creyentes en la vida civil y política.
No se ha de olvidar que el fundamentalismo religioso y el laicismo son formas especulares y extremas de rechazo del legítimo pluralismo y del principio de laicidad. En efecto, ambos absolutizan una visión reductiva y parcial de la persona humana, favoreciendo, en el primer caso, formas de integrismo religioso y, en el segundo, de racionalismo. La sociedad que quiere imponer o, al contrario, negar la religión con la violencia, es injusta con la persona y con Dios, pero también consigo misma. Dios llama a sí a la humanidad con un designio de amor que, implicando a toda la persona en su dimensión natural y espiritual, reclama una correspondencia en términos de libertad y responsabilidad, con todo el corazón y el propio ser, individual y comunitario. Por tanto, también la sociedad, en cuanto expresión de la persona y del conjunto de sus dimensiones constitutivas, debe vivir y organizarse de tal manera que favorezca la apertura a la trascendencia. Por eso, las leyes y las instituciones de una sociedad no se pueden configurar ignorando la dimensión religiosa de los ciudadanos, o de manera que prescinda totalmente de ella. A través de la acción democrática de ciudadanos conscientes de su alta vocación, se han de conmensurar con el ser de la persona, para poder secundarlo en su dimensión religiosa. Al no ser ésta una creación del Estado, no puede ser manipulada, sino que más bien debe reconocerla y respetarla.
El ordenamiento jurídico en todos los niveles, nacional e internacional, cuando consiente o tolera el fanatismo religioso o antirreligioso, no cumple con su misión, que consiste en la tutela y promoción de la justicia y el derecho de cada uno. Éstas últimas no pueden quedar al arbitrio del legislador o de la mayoría porque, como ya enseñaba Cicerón, la justicia consiste en algo más que un mero acto productor de la ley y su aplicación. Implica el reconocimiento de la dignidad de cada uno (11), la cual, sin libertad religiosa garantizada y vivida en su esencia, resulta mutilada y vejada, expuesta al peligro de caer en el predominio de los ídolos, de bienes relativos transformados en absolutos. Todo esto expone a la sociedad al riesgo de totalitarismos políticos e ideológicos, que enfatizan el poder público, mientras se menoscaba y coarta la libertad de conciencia, de pensamiento y de religión, como si fueran rivales.

Diálogo entre instituciones civiles y religiosas
9. El patrimonio de principios y valores expresados en una religiosidad auténtica es una riqueza para los pueblos y su ethos. Se dirige directamente a la conciencia y a la razón de los hombres y mujeres, recuerda el imperativo de la conversión moral, motiva el cultivo y la práctica de las virtudes y la cercanía hacia los demás con amor, bajo el signo de la fraternidad, como miembros de la gran familia humana (12).
La dimensión pública de la religión ha de ser siempre reconocida, respetando la laicidad positiva de las instituciones estatales. Para dicho fin, es fundamental un sano diálogo entre las instituciones civiles y las religiosas para el desarrollo integral de la persona humana y la armonía de la sociedad.

Vivir en el amor y en la verdad
10. En un mundo globalizado, caracterizado por sociedades cada vez más multiétnicas y multiconfesionales, las grandes religiones pueden constituir un importante factor de unidad y de paz para la familia humana. Sobre la base de las respectivas convicciones religiosas y de la búsqueda racional del bien común, sus seguidores están llamados a vivir con responsabilidad su propio compromiso en un contexto de libertad religiosa. En las diversas culturas religiosas, a la vez que se debe rechazar todo aquello que va contra la dignidad del hombre y la mujer, se ha de tener en cuenta lo que resulta positivo para la convivencia civil.
El espacio público, que la comunidad internacional pone a disposición de las religiones y su propuesta de "vida buena", favorece el surgir de un criterio compartido de verdad y de bien, y de un consenso moral, fundamentales para una convivencia justa y pacífica. Los líderes de las grandes religiones, por su papel, su influencia y su autoridad en las propias comunidades, son los primeros en ser llamados a vivir en el respeto recíproco y en el diálogo.
Los cristianos, por su parte, están llamados por la misma fe en Dios, Padre del Señor Jesucristo, a vivir como hermanos que se encuentran en la Iglesia y colaboran en la edificación de un mundo en el que las personas y los pueblos «no harán daño ni estrago […], porque está lleno el país de la ciencia del Señor, como las aguas colman el mar» (Is 11, 9).

El diálogo como búsqueda en común
11. El diálogo entre los seguidores de las diferentes religiones constituye para la Iglesia un instrumento importante para colaborar con todas las comunidades religiosas al bien común. La Iglesia no rechaza nada de lo que en las diversas religiones es verdadero y santo. «Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas que, aunque discrepen mucho de los que ella mantiene y propone, no pocas veces reflejan, sin embargo, un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres» (13).
Con eso no se quiere señalar el camino del relativismo o del sincretismo religioso. La Iglesia, en efecto, «anuncia y tiene la obligación de anunciar sin cesar a Cristo, que es "camino, verdad y vida" (Jn14, 6), en quien los hombres encuentran la plenitud de la vida religiosa, en quien Dios reconcilió consigo todas las cosas» (14). Sin embargo, esto no excluye el diálogo y la búsqueda común de la verdad en los diferentes ámbitos vitales, pues, como afirma a menudo santo Tomás, «toda verdad, independientemente de quien la diga, viene del Espíritu Santo» (15).
En el año 2011 se cumplirá el 25 aniversario de la Jornada mundial de oración por la paz, que fue convocada en Asís por el Venerable Juan Pablo II, en 1986. En dicha ocasión, los líderes de las grandes religiones del mundo testimoniaron que las religiones son un factor de unión y de paz, no de división y de conflicto. El recuerdo de aquella experiencia es un motivo de esperanza en un futuro en el que todos los creyentes se sientan y sean auténticos trabajadores por la justicia y la paz.

Verdad moral en la política y en la diplomacia
12. La política y la diplomacia deberían contemplar el patrimonio moral y espiritual que ofrecen las grandes religiones del mundo, para reconocer y afirmar aquellas verdades, principios y valores universales que no pueden negarse sin negar la dignidad de la persona humana. Pero, ¿qué significa, de manera práctica, promover la verdad moral en el mundo de la política y de la diplomacia? Significa actuar de manera responsable sobre la base del conocimiento objetivo e íntegro de los hechos; quiere decir desarticular aquellas ideologías políticas que terminan por suplantar la verdad y la dignidad humana, y promueven falsos valores con el pretexto de la paz, el desarrollo y los derechos humanos; significa favorecer un compromiso constante para fundar la ley positiva sobre los principios de la ley natural (16). Todo esto es necesario y coherente con el respeto de la dignidad y el valor de la persona humana, ratificado por los Pueblos de la tierra en la Carta de la Organización de las Naciones Unidas de 1945, que presenta valores y principios morales universales como referencia para las normas, instituciones y sistemas de convivencia en el ámbito nacional e internacional.

Más allá del odio y el prejuicio
13. A pesar de las enseñanzas de la historia y el esfuerzo de los Estados, las Organizaciones internacionales a nivel mundial y local, de las Organizaciones no gubernamentales y de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, que cada día se esfuerzan por tutelar los derechos y libertades fundamentales, se siguen constatando en el mundo persecuciones, discriminaciones, actos de violencia y de intolerancia por motivos religiosos. Particularmente en Asia y África, las víctimas son principalmente miembros de las minorías religiosas, a los que se les impide profesar libremente o cambiar la propia religión a través de la intimidación y la violación de los derechos, de las libertades fundamentales y de los bienes esenciales, llegando incluso a la privación de la libertad personal o de la misma vida.
Como ya he afirmado, se dan también formas más sofisticadas de hostilidad contra la religión, que en los Países occidentales se expresan a veces renegando de la historia y de los símbolos religiosos, en los que se reflejan la identidad y la cultura de la mayoría de los ciudadanos. Son formas que fomentan a menudo el odio y el prejuicio, y no coinciden con una visión serena y equilibrada del pluralismo y la laicidad de las instituciones, además del riesgo para las nuevas generaciones de perder el contacto con el precioso patrimonio espiritual de sus Países.
La defensa de la religión pasa a través de la defensa de los derechos y de las libertades de las comunidades religiosas. Que los líderes de las grandes religiones del mundo y los responsables de las naciones, renueven el compromiso por la promoción y tutela de la libertad religiosa, en particular, por la defensa de las minorías religiosas, que no constituyen una amenaza contra la identidad de la mayoría, sino que, por el contrario, son una oportunidad para el diálogo y el recíproco enriquecimiento cultural. Su defensa representa la manera ideal para consolidar el espíritu de benevolencia, de apertura y de reciprocidad con el que se tutelan los derechos y libertades fundamentales en todas las áreas y regiones del mundo.

La libertad religiosa en el mundo
14. Por último, me dirijo a las comunidades cristianas que sufren persecuciones, discriminaciones, actos de violencia e intolerancia, en particular en Asia, en África, en Oriente Medio y especialmente en Tierra Santa, lugar elegido y bendecido por Dios. A la vez que les renuevo mi afecto paterno y les aseguro mi oración, pido a todos los responsables que actúen prontamente para poner fin a todo atropello contra los cristianos que viven en esas regiones. Que los discípulos de Cristo no se desanimen ante las adversidades actuales, porque el testimonio del Evangelio es y será siempre un signo de contradicción.
Meditemos en nuestro corazón las palabras del Señor Jesús: «Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados […]. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo» (Mt 5, 5-12). Renovemos, pues, «el compromiso de indulgencia y de perdón que hemos adquirido, y que invocamos en el Pater Noster, al poner nosotros mismos la condición y la medida de la misericordia que deseamos obtener: "Y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores" (Mt 6, 12) (17)». La violencia no se vence con la violencia. Que nuestro grito de dolor vaya siempre acompañado por la fe, la esperanza y el testimonio del amor de Dios. Expreso también mi deseo de que en Occidente, especialmente en Europa, cesen la hostilidad y los prejuicios contra los cristianos, por el simple hecho de que intentan orientar su vida en coherencia con los valores y principios contenidos en el Evangelio. Que Europa sepa más bien reconciliarse con sus propias raíces cristianas, que son fundamentales para comprender el papel que ha tenido, que tiene y que quiere tener en la historia; de esta manera, sabrá experimentar la justicia, la concordia y la paz, cultivando un sincero diálogo con todos los pueblos.

La libertad religiosa, camino para la paz
15. El mundo tiene necesidad de Dios. Tiene necesidad de valores éticos y espirituales, universales y compartidos, y la religión puede contribuir de manera preciosa a su búsqueda, para la construcción de un orden social justo y pacífico, a nivel nacional e internacional.
La paz es un don de Dios y al mismo tiempo un proyecto que realizar, pero que nunca se cumplirá totalmente. Una sociedad reconciliada con Dios está más cerca de la paz, que no es la simple ausencia de la guerra, ni el mero fruto del predominio militar o económico, ni mucho menos de astucias engañosas o de hábiles manipulaciones. La paz, por el contrario, es el resultado de un proceso de purificación y elevación cultural, moral y espiritual de cada persona y cada pueblo, en el que la dignidad humana es respetada plenamente. Invito a todos los que desean ser constructores de paz, y sobre todo a los jóvenes, a escuchar la propia voz interior, para encontrar en Dios referencia segura para la conquista de una auténtica libertad, la fuerza inagotable para orientar el mundo con un espíritu nuevo, capaz de no repetir los errores del pasado. Como enseña el Siervo de Dios Pablo VI, a cuya sabiduría y clarividencia se debe la institución de la Jornada Mundial de la Paz: «Ante todo, hay que dar a la Paz otras armas que no sean las destinadas a matar y a exterminar a la humanidad. Son necesarias, sobre todo, las armas morales, que den fuerza y prestigio al derecho internacional; primeramente, la de observar los pactos» (18). La libertad religiosa es un arma auténtica de la paz, con una misión histórica y profética. En efecto, ella valoriza y hace fructificar las más profundas cualidades y potencialidades de la persona humana, capaces de cambiar y mejorar el mundo. Ella permite alimentar la esperanza en un futuro de justicia y paz, también ante las graves injusticias y miserias materiales y morales. Que todos los hombres y las sociedades, en todos los ámbitos y ángulos de la Tierra, puedan experimentar pronto la libertad religiosa, camino para la paz.
Vaticano, 8 de diciembre de 2010
BENEDICTUS PP XVI

1 Cfr Benedicto XVI, Carta enc. Caritas in veritate, 29.55-57.
2 Cfr Conc. Ecum. Vat. II, Declaración sobre la libertad religiosa  Dignitatis humanae, 2.
3 Cfr Benedicto XVI, Carta enc. Caritas in veritate, 78.
4 Cfr Conc. Ecum. Vat. II, Declaración sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas Nostra aetate, 1.
5 Id., Declaración sobre la libertad religiosa Dignitatis humanae, 7.
6 Benedicto XVI, Discurso a la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (18 abril 2008): AAS 100 (2008), 337.
7 Cfr Conc. Ecum. Vat. II, Declaración sobre la libertad religiosa Dignitatis humanae, 2
8 Juan Pablo II, Discurso a los Participantes en la Asamblea Parlamentaria de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) (10 octubre 2003), 1: AAS 96 (2004), 111.
9 Cfr Benedicto XVI, Carta enc. Caritas in veritate, 11.
10 Cfr Benedicto XVI, Carta enc. Caritas in veritate, 11.
11 Cfr Cicerón, De inventione, II, 160.
12 Cfr Benedicto XVI, Discurso a los Representantes de otras Religiones del Reino Unido (17 septiembre 2010): L’Osservatore Romano (18 septiembre 2010), p. 12.
13 Conc. Ecum. Vat. II, Declaración sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas Nostra aetate, 2.
14 Ibidem.
15 Super evangelium Joannis, I, 3.
16 Cfr Benedicto XVI, Discurso a las Autoridades civiles y al Cuerpo diplomático en Chipre (5 junio 2010): L’Osservatore Romano (6 junio 2010), p. 8; COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL, En busca de una ética universal: una mirada sobre la ley natural, Ciudad del Vaticano 2009.
17 Pablo VI, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1976AAS 67 (1975), 671.
18 Ibid., p. 668.
[© Copyright 2010 - Libreria Editrice Vaticana]

jueves, 30 de diciembre de 2010

¡Qué bien se está aquí! (15a) Reflexiones y canciones

La venida de Jesús al mundo constituye el mejor "As" que nuestro Padre Dios guardaba en su manga y desplegó después que su plan original de amor fuera rechazado.
Jesús es, sin duda, el centro vital de este formidable plan emergente de salvación para la humanidad que habia dicho NO al sueño del Creador. Por eso debemos sentir, como sintió Jesús, la urgencia de recuperar ese proyecto de Dios y permitirnos soñar un mundo diferente: sin odios ni violencias, sin miserias y enfermedades, sin abusos y corrupciones.
Sí, soñemos… ¡Podemos soñar! Porque la Navidad no sólo mueve economías sino que de un modo especial y misterioso, moviliza los corazones que, en estas fechas, están más propensos a enlazarse y conectarse con las necesidades, angustias y problemas de otros, cercanos o lejanos… Dejémonos invadir, sin ningún temor, por esa corriente impetuosa de amor, alegría, unión y perdón que nos trae el recuerdo del Dios Niño, para generar actitudes nuevas y cambios importantes en nuestras vidas y en los demás.
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Te llevo desde niño muy adentro, te encuentro en los pájaros, las flores, la lluvia, la tierra y el silencio. Quiero darte gracias, porque estás presente en mis amigos, en mis hijos y en mis padres. Porque me das una mañana cada día. Me das fe, esperanza  y protección. Porque  estás dentro de mí a cada instante... por tu cuerpo, por tu sangre y por tu amor. ¿Cómo podría no agradecerte? ¿Cómo podría no creer en Vos, mi Buen Padre?


Ya se viene el año nuevo. Estrellita del Oriente concédeme tres deseos… que lleguen los buenos tiempos, que se alejen los dolores y se alegre el sentimiento… ¡qué buenos son los amores cuando se llevan por dentro!  Gloria Estefan - Tres deseos - Abriendo puertas:


Que se borre la imagen del pasado, si el pasado es de muerte y desconsuelo y que nazca un futuro de esperanza, Que suene una canción de amor. Y la luz vuelva a brillar en los ojos de todos. Que se llene la tierra de sonrisas y en un abrazo fraterno y para siempre todos los hombres, apuesten por la paz. Presten atención al precioso mensaje de esta “Canción para la Paz” de José Luis Perales.


Piensa libremente, ayuda a la gente, Lleva poca carga y a nada te aferres. Grita contra el odio, contra la mentira, no hieras a nadie, reparte alegría. No te guardes nada, que todo se brinda segundo a segundo y todos los días. Celebra la vida Los invito, no solo a escucharla, también a cantarla.


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Jesús es el don y la plenitud de bendiciones que Dios Padre ofrece a la humanidad. En Cristo nos ha elegido y nos ha predestinado a ser hijos adoptivos suyos
Vivir la verdad del hombre nuevo, exige imitar a Cristo en su obediencia filial al Padre y también vivir la fraternidad con la gratuidad del amor auténtico, en el camino del tiempo como lo hizo Jesús.. El cristiano es igual que los otros hombres, pero además es un ser humano santificado y esto le exige buscar la perfección de sus virtudes. Ser más de Dios conlleva ser más hombre
Desprendámonos de los pesos muertos que pueden detenernos: el rencor, la envidia, la comodidad, el egoísmo…

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Avancemos al nuevo año con el espíritu renovado, con el afán de lucha y la esperanza a flor de piel para emprender planes personales y sociales de justicia y caridad. Seamos un aporte certero en la restauración del sueño de la felicidad para la cual fuimos creados por nuestro Padre Dios. Disfruten de este fin y comienzo de año, sean felices y compórtense como cristianos dignos, que andan a plena luz. Que tengan una feliz semana… si Dios quiere, volveremos a estar aquí y entre ustedes, el próximo jueves a las 10 de la mañana, por Radio Maria, en Que bien se está aquí.

¡Qué bien se está aquí! (15b) Entrevista a Mons. Heriberto

Mons. Heriberto fue entrevistado en el último programa del año por Yenny y Nelly, buscando una especie de balance de su tiempo de episcopado en Melo. Lo siguiente no es una desgrabación sino una nueva versión de la nota radial, conservando su esquema original y los principales conceptos vertidos, con alguna acotación más.


Yenny:  En este último programa de este año, el entrevistado es quien, además de ser nuestro guía espiritual, es nuestro compañero de equipo: Mons. Heriberto Bodeant, el Obispo de Melo. Monseñor, Ud. llegó a nuestra diócesis hace un año y medio, pero está terminando el primer año "completo" entre nosotros. ¿Cuáles son sus sentimientos, cómo mira este camino recorrido, cómo ha vivido su misión de pastor de la Diócesis de Melo?
Mons. Heriberto: Yo interpreto mi misión de Obispo desde la misión de Jesucristo y la misión de todo el Pueblo de Dios. Jesús se presenta ante nosotros como el Buen Pastor, y desde el comienzo de su misión convoca un grupo de discípulos "para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar", es decir, para participar de su misión. Ese grupo, los Doce, convertidos en apóstoles, es decir, enviados, llevarán la buena noticia de Jesús crucificado y resucitado por nuestra salvación hasta los confines del mundo conocido. De esa forma irán fundando comunidades en diferentes lugares y estableciendo responsables locales. De allí surgirán lo que hoy llamamos Obispos: sucesores de los apóstoles y responsables de la porción del Pueblo de Dios que está en un lugar determinado, una Iglesia diocesana. Todo ello, en comunión con el sucesor de Pedro, el Obispo de Roma. A Pedro, y a sus sucesores, Jesús encomendó el delicado y especial servicio de confirmar en la fe a sus hermanos y presidir en la caridad.
La misión de Jesús se despliega en tres aspectos. Jesús es profeta, sacerdote y rey. Hubo en el Pueblo de Israel, del que el Hijo de Dios se ha hecho miembro por su nacimiento, profetas, sacerdotes y reyes. Pero Él no es uno más. Es "el" profeta, "el" sacerdote, "el" rey, todo por excelencia.
Todo verdadero Profeta es un enviado de Dios para comunicar su Palabra a los hombres. Jesús es la Palabra eterna del Padre hecha hombre, encarnada. Esto significa que todo su ser, toda su vida, sus palabras, sus acciones, su pasión, muerte y resurrección son esa Palabra del Padre. Y esa Palabra es Amor. "Dios es Amor", nos dice San Juan; y el Amor de Dios se comunica a nosotros plenamente a través de su Hijo.
Los sacerdotes del Antiguo Testamento ofrecían sacrificios "por sus pecados propios y por los del pueblo". Jesucristo, Sumo Sacerdote sin pecado, ofrece un único sacrificio que, de una vez para siempre, abre a los hombres el camino del perdón y la reconciliación. Esto lo hace "ofreciéndose a sí mismo" (cf Hb 7,27). No se trata sólo de la muerte de Jesús: el sacrificio de Jesús es la ofrenda de la totalidad de su ser y la totalidad de su vida. Todo su ser, toda su vida, es una ofrenda de amor al Padre.
Numerosos reyes tuvo el pueblo de Israel en su historia, entre los cuales, en tiempos de Jesús, era particularmente recordado el rey David, con cuya familia entronca Jesús al ser recibido por José como hijo. Jesucristo es Rey, pero su reinado, su manera de ejercer la realeza "no es de este mundo". Jesús se manifiesta como rey-servidor, que da la vida por sus hermanos. Su trono es la cruz, su corona es de espinas... Pero, resucitado, sentado a la derecha del Padre, es constituido Rey del Universo, como lo celebramos el último domingo del año litúrgico.
En esas tres dimensiones, entonces, se desarrolla la misión de Jesús como Salvador, Redentor, Liberador del hombre.

Yenny: ¿Y cómo se refleja eso en la misión de todo el Pueblo de Dios? y en la misión del Obispo?
Mons. Heriberto: Entramos al Pueblo de Dios, a la Iglesia, por medio del Bautismo, que nos une a Jesucristo. Por esa unión, Él hace participar a cada bautizado de su misión, en sus tres dimensiones. Cada bautizado es, y está llamado a vivir como tal, profeta, sacerdote y rey, en unión con Cristo.
Cada uno de nosotros, como profeta está llamado a anunciar la Buena Noticia de Jesús; como sacerdote está llamado a hacer de su vida una ofrenda agradable al Padre; como rey a poner su vida al servicio del Reino de Dios, sirviendo a sus hermanos.

Yenny: ¿Y en la misión del Obispo?
Mons. Heriberto: Toda esta explicación ha sido un poco larga, aunque habría muchísimo más para decir. Sin embargo, creo que es así que se puede entender mejor lo que el Concilio Vaticano II señala como la misión del Obispo:
"Cada uno de los Obispos a los que se ha confiado el cuidado de cada Iglesia particular, bajo la autoridad del Sumo Pontífice, como sus pastores propios, ordinarios e inmediatos, apacienten sus ovejas en el Nombre del Señor, desarrollando en ellas su oficio de enseñar, de santificar y de regir." (CD 11)
Enseñar, santificar y regir resume la misión del Obispo. Enseñar, en cuanto que Cristo hace participar al Obispo de su ser Profeta; santificar, participando del sacerdocio de Cristo; regir, participando de la realeza de Cristo. Enseñar predicando, anunciando el Evangelio, comunicando la fe. Santificar, fundamentalmente a través de la celebración de los Sacramentos, de los cuales el Obispo puede celebrar la totalidad, los Siete. Regir, gobernando la porción del Pueblo de Dios que se le ha confiado.
Todo esto, para fortalecer y animar al Pueblo de Dios a vivir su misión como pueblo de reyes, pueblo de profetas, pueblo sacerdotal.

Yenny: Monseñor ¿Y cómo se siente con todo eso?
Mons. Heriberto: Uno no puede menos que sentirse "con temor y temblor", como decía San Pablo. Es una responsabilidad enorme, que uno asume con la propia fragilidad humana, pero con una confianza muy grande en la Gracia de Dios. Sin Él "nada podemos hacer". También, contando con la ayuda de toda la comunidad diocesana.
Enseñar, valiéndose de todos los medios: predicar en cada celebración, a través de la radio, al responder a entrevistas de la prensa, con el blog, con facebook... todo puede ser un espacio para decir una palabra "a tiempo y a destiempo". En ese sentido, mucho se ha podido hacer en este tiempo, y mucho más queda por abrir, por enriquecer, por desplegar.
Santificar: hay dos sacramentos reservados al Obispo. Uno que, en caso de necesidad, puede delegar a un sacerdote, que es la Confirmación. He podido celebrar muchas veces este sacramento a lo largo de este año y medio. A veces con numerosos confirmandos, otras veces con un grupo pequeñito. En comunidades de barrios y en comunidades rurales. La celebración de la Confirmación es un indicador de la madurez de la comunidad, que está ayudando a sus miembros a crecer en la fe y en el compromiso cristiano. El otro sacramento, ése sí sólo administrado por el Obispo es el Orden Sagrado. Tuve la alegría de celebrar mi primera ordenación diaconal el año pasado, y este año, en la fiesta diocesana, una alegría aún mayor, ordenando presbítero a aquel diácono. El P. Wilson es el primero que ha recibido por la imposición de mis manos y la oración consacratoria el ministerio sacerdotal. El presbítero es un colaborador inmediato del Obispo, sirviendo a la comunidad en el mismo sentido: enseñar, santificar, servir, orientar, animar para que viva la misión de todo el Pueblo de Dios.
Regir: al Obispo le corresponde tomar muchas decisiones, de todo tipo, que van desde el nombramiento de un párroco hasta la compra o venta de una propiedad, pasando por muchos aspectos grandes y chicos de la vida cotidiana de la diócesis. Cuando yo era vicario parroquial y me planteaban temas de difícil solución, me quedaba el recurso de pedir consultarlo con el párroco. Luego, como párroco, ya no tenía esa posibilidad. Como Obispo auxiliar, en Salto, volví a la situación de vicario, y todavía podía decir "déjeme consultarlo con el Obispo". Hoy, como Obispo diocesano, aunque tengo la responsabilidad de la decisión final, no dejo de consultar a quien sea pertinente: al párroco o a las religiosas del lugar, si es un tema local; al Consejo de presbiterio, al vicario pastoral o al vicario general, según qué tipo de asunto sea. También los laicos de la Vicaría Pastoral o en el Consejo Pastoral Diocesano, las religiosas en sus encuentros, me dan ocasiones de escuchar pareceres, para luego tomar decisiones. En mi bula de nombramiento para Melo, el Papa Benedicto XVI decía "los que nos hemos sucedido en el lugar de Pedro... nos esforzamos en consultar", aludiendo a las muchas consultas que se hacen antes de que el Papa nombre un Obispo. Bien, yo diría que, buscando mantener equilibrio con la efectividad, que a veces requiere decisiones rápidas, "me esfuerzo en consultar".

Yenny: A su servicio en la Diócesis se le suman otras tareas que tiene en la Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU)...
Mons. Heriberto: Efectivamente. Mis hermanos Obispos me eligieron en noviembre de 2009 como Secretario General y Coordinador pastoral de la CEU, dos tareas que suponen mucho empeño. Como coordinador pastoral me reúno con los Vicarios Pastorales de las diez diócesis, buscando llevar adelante las Orientaciones Pastorales de la CEU, inspiradas fundamentalmente en Aparecida y que buscan poner a la Iglesia en el Uruguay en "estado de misión permanente".
Al Secretario, además de varios servicios de tipo administrativo, le corresponde ser el portavoz de la Conferencia ante los Medios de Comunicación y también representarla en algunas reuniones del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) que suelen hacerse en su sede de Bogotá, Colombia.
En 2011 Uruguay recibirá la 33ª asamblea del CELAM. Vendrán presidentes y secretarios de 23 conferencias episcopales. Estarán seis o siete cardenales... va a ser un evento muy importante en la vida de la Iglesia en el Uruguay, porque es la primera vez que Uruguay recibe esta asamblea.

Nelly: Monseñor, entre las cosas más salientes de este año ha estado el movimiento misionero de la Diócesis, como lo recordábamos en este mismo programa, cuando en octubre hablamos de las Misiones. ¿Es esta una diócesis misionera?
Mons. Heriberto: Algo que ha sido para mí muy llamativo y muy significativo es la tarea y la apertura misionera de esta Iglesia diocesana. Allí se ponen en juego esas tres dimensiones: profética, sacerdotal, real, de la misión de toda la Iglesia. Y es algo que me alegra particularmente en este tiempo en que, desde 2007, los Obispos latinoamericanos reunidos en la Conferencia de Aparecida nos han animado a asumir y fortalecer nuestra identidad cristiana, nuestra identidad de Discípulos Misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida.
La Diócesis ha vivido y vive esto de muchas formas. Es una diócesis que cuenta con muchos sacerdotes y religiosas venidos de otros países, pero también ha sabido dar un sacerdote misionero a Bolivia, que regresó en 2009 y ha permitido la salida de otro a Brasil al principio de 2010.
A lo largo de este año hemos recibido misioneros venidos desde los EE.UU., Italia, Francia, pero también desde Uruguay, como los jóvenes del Juan XXIII de Montevideo que estuvieron en Treinta y Tres hace poco.
Veo también metodología misionera en el trabajo de las religiosas como las Doroteas, las Misioneras de Jesús Verbo y Víctima, las Misioneras Franciscanas del Verbo Encarnado y otras, visitando, cercanas, formando y animando comunidades.
La parroquia Catedral ha mostrado también un camino de misión intraparroquial, emprendido por grupos de laicos de capillas que con su visita periódica a otra comunidad que se está afirmando, han contribuido a fortalecerla. En la parroquia San José Obrero de Melo hay laicos que acompañan al sacerdote en su visita a las capillas. En El Salvador, Treinta y Tres, una comunidad acompaña al sacerdote y visita regularmente el pueblo de María Albina. Esta participación de los laicos es algo a continuar y fomentar.
Nelly: Ahora, los jóvenes se preparan para participar en una Acampada-Misión en la parroquia de La Charqueada, del 5 al 9 de enero.
Sin duda que hay aún mucho más camino por hacer y mucho para profundizar, pero creo que tenemos una buena base sobre la que seguir construyendo. Siguiendo el camino de mis predecesores he procurado llegar a las distintas comunidades de los barrios y de la campaña. Gracias a Dios he podido visitar muchas de ellas, pero es una tarea a continuar en 2011 para completar al menos una visita a cada capilla.

Nelly: Monseñor, se habla a menudo de "la riqueza de la Iglesia", pero esa riqueza es su gente. ¿Cómo es esta gente que ha encontrado aquí en Cerro Largo y Treinta y Tres? ¿Cómo nos va conociendo?
Mons. Heriberto: Cuando tuve mi primera conversación con Mons. Luis del Castillo, el día en que se me comunicó que había sido nombrado Obispo de Melo, Mons. Luis me presentó la Diócesis diciendo: "la Diócesis de Melo es una diócesis pobre en recursos humanos y económicos, y la primera tarea del Obispo es conseguir unos y otros". No voy a hablar del tema económico que sigue siendo una dificultad importante, pero creo que en lo humano las palabras de mi predecesor son una verdad, porque no son suficientes los sacerdotes, los diáconos permanentes, las religiosas, los laicos formados y comprometidos; no digamos ya para el crecimiento de la Iglesia, sino aún para mantener una atención, un seguimiento regular de las comunidades.
Sin embargo, hay de veras una gran riqueza humana.
Mi relación más cercana es con el clero, es decir, los sacerdotes, los diáconos permanentes y los seminaristas. Con ellos me he reunido, con relativa frecuencia, en jornadas de reflexión, de formación, de convivencia fraterna... tuvimos este año una semana de Ejercicios Espirituales con Mons. Domingo Castagna, arzobispo emérito de Corrientes, que fue muy enriquecedora. Es un grupo de gente de muy diversos orígenes y experiencias, lo que a veces es una dificultad, pero constituye sobre todo una riqueza. Es, además, un grupo humano que vive una relación muy fraterna, que gusta de encontrarse.
Un segundo grupo, más diverso aún, que he ido encontrando y conociendo es el de las religiosas. La diócesis cuenta también con religiosos varones, que son los Padres Salesianos, pero como ellos participan de los encuentros de sacerdotes, por eso aquí me refiero más a las religiosas. Las veo vivir sus respectivos carismas en cercanía con la gente, acompañando las comunidades. Algunas llevan muchos años viviendo en la diócesis y han tejido relaciones muy profundas, haciendo de ellas personas muy valoradas y queridas.
Voy conociendo, de a poco, el muy numeroso laicado. Voy encontrando hombres y mujeres muy comprometidos con su vida cristiana, tanto en la Iglesia como en el mundo. Personas muy generosas, brindando voluntariamente su tiempo, como el equipo de "¡Qué bien se está aquí!".
Creo que el Movimiento de Cursillos de Cristiandad ha sido muy importante para que muchos bautizados encuentren a Cristo y se comprometan con Él. También las Comunidades Eclesiales de Base y otras formas de pequeñas comunidades son espacios que alimentan la fe y el compromiso de los cristianos. Ambas propuestas pueden complementarse.

Yenny: Hemos hablado de la misión, de la gente. ¿Hay una presencia de la Iglesia que se proyecte hacia la sociedad, llegando especialmente a situaciones sensibles?
Mons. Heriberto: Creo que una proyección tradicional de la Iglesia hacia la sociedad está en la Educación Católica. Hay varias instituciones educativas católicas, algunas de ellas de carácter diocesano. Hay obras sociales como San Martín de Porres en Treinta y Tres, con tres centros, apuntando ahora a abrir un cuarto en Vergara, o el CAIF de La Pedrera, cerca de Melo.
Existen tres hogares de niños, en Melo, Vergara y Cherro Chato, que he podido visitar más de una vez, encontrándome con esos niños y adolescentes que piden y dan cariño, con los que he podido compartir no sólo la Eucaristía y alguna merienda, sino también unos ratos de canciones.
En Melo existe un pensionado para jóvenes de campaña y una escuela de quesería, en Villa Betania, aporte de misioneros italianos. Hay academias, merenderos, distribución de canastas, diferentes formas de ayudar a la promoción humana o de asistir a personas que sufren necesidades puntuales o permanentes.
Dos situaciones sensibles, la de los presos y la de los adictos encuentran respuestas respectivamente en la Pastoral Carcelaria y en la Fazenda de la Esperanza que ofrece un programa de recuperación de adictos, o el grupo de Amor Exigente, que apunta a la familia del adicto, más otras iniciativas que están en camino.

Yenny: Finalmente, Monseñor, ¿Cuáles son las perspectivas, inquietudes, proyectos para este nuevo año 2011?
Mons. Heriberto: 2011 está marcado por la celebración del Bicentenario del proceso de emancipación oriental, celebración en la que la Iglesia quiere estar presente.
Es también un año para elaborar el nuevo proyecto pastoral diocesano, continuación del que hemos concluido y evaluado.
Finalmente, será el primero de nueve años con los que nos preparamos a celebrar, en 2019, el centenario de la llegada a Melo de su primer obispo, Mons. Marcos Semería. El novenario, más allá de las actividades puntuales que pueda ofrecer, trata de crear un espíritu, una mística diocesana que fortalezca nuestra identidad, comunión y misión.
Con esto no estamos mirando al pasado, sino buscando aquellas semillas, aquellos valores que estuvieron presentes en la fundación del país y en los comienzos de la vida diocesana. Ellos son parte de nuestra identidad y sobre ellos queremos seguir construyendo.
Le encomendamos a nuestra patrona, Nuestra Señora del Pilar, todos estos proyectos y todo este Pueblo de Dios que peregrina en Cerro Largo y Treinta y Tres, para que ella nos ayude a prestar atención a la Palabra de su Hijo y "hacer lo que Él nos diga".

lunes, 27 de diciembre de 2010

Despedidas... ¡Gratitud!





En estos días de Navidad, dos comunidades de nuestra diócesis despidieron a sus sacerdotes. El mismo 25, la comunidad parroquial Virgen de los Treinta y Tres (Cruz Alta) en la capital olimareña despidió al P. Romualdo y dio la bienvenida al seminarista Reinaldo.
Ayer, 26, la comunidad de la parroquia Nuestra Sra. del Pilar, Catedral de Melo, despidió al P. Lucas.
El P. Romualdo, sacerdote polaco, de la diócesis de Gdansk, estuvo apenas un año en Virgen de los Treinta y Tres. Su llegada fue verdaderamente providencial en un momento en que la comunidad quedaba sin sacerdote y con mucha incertidumbre. El P. Romualdo se hizo una presencia sensible, con una gran disponibilidad para la escucha, el consuelo, el consejo y la celebración de la Reconciliación. Abrió diariamente el templo, durante varias horas, y allí estaba, disponible para todos. Este año fue para él crucial, ya que necesitaba una pausa antes de asumir un nuevo compromiso. Es así que hoy está partiendo rumbo a la Patagonia argentina, a la diócesis de Comodoro Rivadavia, donde será vicario de la Catedral, muy cerca del nuevo Obispo de esa diócesis sureña.
El P. Lucas, francés de la diócesis de Dijon, llegó hace cinco años a Melo. El final de este período lo encuentra en dos responsabilidades muy importantes que fue asumiendo: vicario pastoral de la diócesis y párroco de la Catedral. Ha sabido conjugar a lo largo de este tiempo el trabajo de organización y articulación de la pastoral diocesana y parroquial, promoviendo la formación y la participación de laicos y religiosas, con una entrega muy personal a sus ovejas, ejerciendo la caridad pastoral sin reservas, acompañando con mucha sensibilidad los momentos más dolorosos de su comunidad. Regresa ahora a su diócesis de origen, desde donde prestará también un servicio en la Conferencia Episcopal Francesa, en el organismo dedicado a la ayuda pastoral a América Latina. Como encargado de ese servicio, deberá viajar en algunas ocasiones a nuestro continente, lo que nos da la esperanza de verlo de nuevo en no demasiado tiempo.

En todo esto se entremezclan los sentimientos: alegría de la Navidad, tristeza de la separación, expectativa por la etapa nueva que cada comunidad inicia... Sin embargo, hay un sentimiento que prevalece sobre todo: la gratitud.
¿Qué queda de esta presencia de Romualdo y Lucas? San Pablo nos dice que todo pasará menos la Caridad. "La Caridad no pasa nunca". Cada acción de verdadera, profunda caridad que realizamos, está ya guardada en el misterio de Dios. Estos dos sacerdotes han vivido entre nosotros, han ejercido esa caridad pastoral que es el centro de la vida del presbítero. Los despedimos, les damos gracias. Guardamos en el corazón el recuerdo de los momentos compartidos. Los recordaremos y encomendaremos en nuestra oración.