sábado, 12 de octubre de 2013

Jornada Mundial de las Misiones 2013. Mensaje del Papa Francisco


Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de las Misiones, que se celebra el domingo 20 de octubre, coincidiendo con la Fiesta Diocesana de Melo.

Queridos hermanos y hermanas:

Este año celebramos la Jornada Mundial de las Misiones mientras se clausura el Año de la fe, ocasión importante para fortalecer nuestra amistad con el Señor y nuestro camino como Iglesia que anuncia el Evangelio con valentía. En esta prospectiva, querría plantear algunas reflexiones.

1. La fe es un don precioso de Dios, el cual abre nuestra mente para que lo podamos conocer y amar, Él quiere relacionarse con nosotros para hacernos participes de su misma vida y hacer que la nuestra esté más llena de significado, que sea más buena, más bella. ¡Dios nos ama! Pero la fe, necesita ser acogida, es decir, necesita nuestra respuesta personal, el coraje de poner nuestra confianza en Dios, de vivir su amor, agradecidos por su infinita misericordia. Es un don que no se reserva sólo a unos pocos, sino que se ofrece a todos generosamente. ¡Todo el mundo debería poder experimentar la alegría de ser amados por Dios, el gozo de la salvación! Y es un don que no se puede conservar para uno mismo, sino que debe ser compartido. Si queremos guardarlo sólo para nosotros mismos, nos convertiremos en cristianos aislados, estériles y enfermos. El anuncio del Evangelio es parte del ser discípulos de Cristo y es un compromiso constante que anima toda la vida de la Iglesia.

«El impulso misionero es una señal clara de la madurez de una comunidad eclesial» (Benedicto XVI, Exhort. ap. Verbum Domini, 95). Toda comunidad es “adulta”, cuando profesa la fe, la celebra con alegría en la liturgia, vive la caridad y proclama la Palabra de Dios sin descanso, saliendo del propio ambiente para llevarla también a los “suburbios”, especialmente a aquellos que aún no han tenido la oportunidad de conocer a Cristo. La fuerza de nuestra fe, a nivel personal y comunitario, también se mide por la capacidad de comunicarla a los demás, de difundirla, de vivirla en la caridad, de dar testimonio a las personas que encontramos y que comparten con nosotros el camino de la vida.

2. El Año de la fe, a cincuenta años de distancia del inicio del Concilio Vaticano II, es un estímulo para que toda la Iglesia reciba una conciencia renovada de su presencia en el mundo contemporáneo, de su misión entre los pueblos y las naciones.

La misionariedad no es sólo una cuestión de territorios geográficos, sino de pueblos, de culturas e individuos independientes, precisamente porque los “límites” de la fe no sólo atraviesan lugares y tradiciones humanas, sino el corazón de cada hombre y cada mujer. El Concilio Vaticano II destacó de manera especial como la tarea misionera, la tarea de ampliar los límites de la fe es un compromiso de todo bautizado y de todas las comunidades cristianas: «Viviendo el Pueblo de Dios en comunidades, sobre todo diocesanas y parroquiales, en las que de algún modo se hace visible, a ellas pertenece también dar testimonio de Cristo delante de las gentes» (Decr. Ad gentes, 37). Por tanto, se pide y se invita a toda comunidad a hacer propio el mandato confiado por Jesús a los Apóstoles de ser sus «testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra» (Hch 1,8), no como un aspecto secundario de la vida cristiana, sino como un aspecto esencial: todos somos enviados por los senderos del mundo para caminar con nuestros hermanos, profesando y dando testimonio de nuestra fe en Cristo y convirtiéndonos en anunciadores de su Evangelio. Invito a los Obispos, a los Sacerdotes, a los Consejos presbiterales y pastorales, a cada persona y grupo responsable en la Iglesia a dar relieve a la dimensión misionera en los programas pastorales y formativos, sintiendo que el propio compromiso apostólico no está completo si no contiene el propósito de “dar testimonio de Cristo ante las naciones”, ante todos los pueblos. La misionariedad no es sólo una dimensión programática en la vida cristiana, sino también una dimensión paradigmática que afecta a todos los aspectos de la vida cristiana.

3. A menudo, la obra de evangelización encuentra obstáculos no sólo fuera, sino dentro de la comunidad eclesial. A veces el fervor, la alegría, el coraje, la esperanza en anunciar a todos el mensaje de Cristo y ayudar a la gente de nuestro tiempo a encontrarlo son débiles; en ocasiones todavía se piensa que llevar la verdad del Evangelio es violentar la libertad. Pablo VI usa palabras iluminadoras al respecto: «Sería... un error imponer cualquier cosa a la conciencia de nuestros hermanos. Pero proponer a esa conciencia la verdad evangélica y la salvación ofrecida por Jesucristo, con plena claridad y con absoluto respeto hacia las opciones libres que luego pueda hacer... es un homenaje a esta libertad» (Exhort, Ap. Evangelii nuntiandi, 80). Siempre debemos tener el valor y la alegría de proponer, con respeto, el encuentro con Cristo, de hacernos heraldos de su Evangelio, Jesús ha venido entre nosotros para mostrarnos el camino de la salvación, y nos ha confiado la misión de darlo a conocer a todos, hasta los confines de la tierra. Con frecuencia vemos que son la violencia, la mentira, el error las cosas que destacan y se proponen. Es urgente hacer que resplandezca en nuestro tiempo la vida buena del Evangelio con el anuncio y el testimonio, y esto desde el interior mismo de la Iglesia. Porque, en esta perspectiva, es importante no olvidar un principio fundamental de todo evangelizador: no se puede anunciar a Cristo sin la Iglesia. Evangelizar nunca es un acto aislado, individual, privado, sino que es siempre eclesial. Pablo VI escribía que «Cuando el más humilde predicador, catequista o Pastor, en el lugar más apartado, predica el Evangelio, reúne su pequeña comunidad o administra un sacramento, aun cuando se encuentra solo, ejerce un acto de Iglesia», Este no actúa «por una misión que él se atribuye o por inspiración personal, sino en unión con la misión de la Iglesia y en su nombre» (Exhort, ap. Evangelii nuntiandi, 60).Y esto da fuerza a la misión y hace sentir a cada misionero y evangelizador que nunca está solo, que forma parte de un solo Cuerpo animado por el Espíritu Santo.

4. En nuestra época, la movilidad general y la facilidad de comunicación a través de los nuevos medios de comunicación han mezclado entre sí los pueblos, el conocimiento, las experiencias. Por motivos de trabajo familias enteras se trasladan de un continente a otro; los intercambios profesionales y culturales, así como el turismo y otros fenómenos análogos empujan a un gran movimiento de personas. A veces es difícil, incluso para las comunidades parroquiales, conocer de forma segura y profunda a quienes están de paso o a quienes viven de forma permanente en el territorio. Además, en áreas cada vez más grandes de las regiones tradicionalmente cristianas crece el número de los que son ajenos a la fe, indiferentes a la dimensión religiosa o animados por otras creencias. Por tanto, no es raro que algunos bautizados escojan estilos de vida que les alejan de la fe, convirtiéndolos en necesitados de una “nueva evangelización”.A esto se suma el hecho de que a una gran parte de la humanidad todavía no le ha llegado la buena noticia de Jesucristo. Y que vivimos en una época de crisis que afecta a muchas áreas de la vida, no sólo la economía, las finanzas, la seguridad alimentaria, el medio ambiente, sino también la del sentido profundo de la vida y los valores fundamentales que la animan. La convivencia humana está marcada por tensiones y conflictos que causan inseguridad y fatiga para encontrar el camino hacia una paz estable. En esta situación tan compleja, donde el horizonte del presente y del futuro parece estar cubierto por nubes amenazantes, se hace aún más urgente el llevar con valentía a todas las realidades, el Evangelio de Cristo, que es anuncio de esperanza, reconciliación, comunión, anuncio de la cercanía de Dios, de su misericordia, de su salvación, anuncio de que el poder del amor de Dios es capaz de vencer las tinieblas del mal y conducir hacia el camino del bien.

El hombre de nuestro tiempo necesita una luz fuerte que ilumine su camino y que sólo el encuentro con Cristo puede darle. ¡Traigamos a este mundo, a través de nuestro testimonio, con amor, la esperanza donada por la fe! La naturaleza misionera de la Iglesia no es proselitista, sino testimonio de vida que ilumina el camino, que trae esperanza y amor.

La Iglesia -lo repito una vez más- no es una organización asistencial, una empresa, una ONG, sino que es una comunidad de personas, animadas por la acción del Espíritu Santo, que han vivido y viven la maravilla del encuentro con Jesucristo y desean compartir esta experiencia de profunda alegría, compartir el mensaje de salvación que el Señor nos ha dado. Es el Espíritu Santo quién guía a la Iglesia en este camino.

5. Quisiera animar a todos a ser portadores de la buena noticia de Cristo y estoy agradecido especialmente a los misioneros y misioneras, a los presbíteros fidei donum, a los religiosos y religiosas y a los fieles laicos -cada vez más numerosos- que, acogiendo la llamada del Señor, dejan su patria para servir al Evangelio en tierras y culturas diferentes de las suyas. Pero también me gustaría subrayar que las mismas iglesias jóvenes están trabajando generosamente en el envío de misioneros a las iglesias que se encuentran en dificultad -no es raro que se trate de Iglesias de antigua cristiandad- llevando la frescura y el entusiasmo con que estas viven la fe que renueva la vida y dona esperanza. Vivir en este aliento universal, respondiendo al mandato de Jesús «Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones» (Mt. 28, 19) es una riqueza para cada una de las iglesias particulares, para cada comunidad, y donar misioneros y misioneras nunca es una pérdida sino una ganancia. Hago un llamamiento a todos aquellos que sienten la llamada a responder con generosidad a la voz del Espíritu Santo, según su estado de vida, y a no tener miedo de ser generosos con el Señor. Invito también a los obispos, las familias religiosas, las comunidades y todas las agregaciones cristianas a sostener, con visión de futuro y discernimiento atento, la llamada misionera ad gentes y a ayudar a las iglesias que necesitan sacerdotes, religiosos y religiosas y laicos para fortalecer la comunidad cristiana. Y esta atención debe estar también presente entre las iglesias que forman parte de una misma Conferencia Episcopal o de una Región: es importante que las iglesias más ricas en vocaciones ayuden con generosidad a las que sufren de escasez. Al mismo tiempo exhorto a los misioneros y a las misioneras, especialmente los sacerdotes fidei donum y a los laicos, a vivir con alegría su precioso servicio en las iglesias a las que son destinados, y a llevar su alegría y su experiencia a las iglesias de las que proceden, recordando cómo Pablo y Bernabé, al final de su primer viaje misionero «contaron todo lo que Dios había hecho a través de ellos y cómo había abierto la puerta de la fe a los gentiles» (Hechos 14:27). Ellos pueden llegar a ser un camino hacia una especie de “restitución” de la fe, llevando la frescura de las Iglesias jóvenes, de modo que las Iglesias de antigua cristiandad redescubran el entusiasmo y la alegría de compartir la fe en un intercambio que enriquece mutuamente en el camino de seguimiento del Señor.

La solicitud por todas las Iglesias, que el Obispo de Roma comparte con sus hermanos en el episcopado, encuentra una actuación importante en el compromiso de las Obras Misionales Pontificias, que tienen como propósito animar y profundizar la conciencia misionera de cada bautizado y de cada comunidad, ya sea llamando a la necesidad de una formación misionera más profunda de todo el Pueblo de Dios, ya sea alimentando la sensibilidad de las comunidades cristianas a ofrecer su ayuda para favorecer la difusión del Evangelio en el mundo.

Por último, dirijo un pensamiento a los cristianos que, en diversas partes del mundo, se encuentran en dificultades para profesar abiertamente su fe y ver reconocido el derecho a vivirla con dignidad. Ellos son nuestros hermanos y hermanas, testigos valientes - aún más numerosos que los mártires de los primeros siglos - que soportan con perseverancia apostólica las diversas formas de persecución actuales. Muchos también arriesgan su vida para permanecer fieles al Evangelio de Cristo. Deseo asegurarles que me siento cercano en la oración a las personas, a las familias y a las comunidades que sufren violencia e intolerancia y les repito las palabras consoladoras de Jesús: «Confiad, yo he vencido al mundo» (Jn 16,33).

Benedicto XVI exhortaba: «Que la Palabra del Señor siga avanzando y sea glorificada» (2 Ts 3, 1): que este Año de la fe haga cada vez más fuerte la relación con Cristo, el Señor, pues sólo en él tenemos la certeza para mirar al futuro y la garantía de un amor auténtico y duradero» (Carta Ap. Porta fidei, 15). Este es mi deseo para la JOrnada Mundial de las Misiones de este año. Bendigo de corazón a los misioneros y misioneras y a todos los que acompañan y apoyan este compromiso fundamental de la Iglesia para que el anuncio del Evangelio pueda resonar en todos los rincones de la tierra, y nosotros, ministros del Evangelio y misioneros, experimentaremos “la dulce y confortadora alegría de evangelizar” (Pablo VI, Exhort. Ap. Evangelii nuntiandi, 80).

Vaticano, 19 de mayo de 2013, Solemnidad de Pentecostés

lunes, 30 de septiembre de 2013

El adiós a la Hermana Elena


El sábado 22 de setiembre entregó su alma a Dios la Hermana Elena. Se llamaba Marta Elsa Vázquez, y como religiosa tomó el nombre de Elena. Su congregación es la Pía Unión de la Medalla Milagrosa, y junto con las Hermanas Marta y Rosa formaba la comunidad en Melo de ese instituto de vida consagrada. Nació en Córdoba, Argentina, el 18 de agosto de 1923. Misionera y docente de vocación, llegó a Melo el 9 de enero de 1973 para hacerse cargo de la dirección del Colegio Dámaso A. Larrañaga Melo. En el momento de la visita de Juan Pablo II, como religiosa de más antigua presencia en la Diócesis, tuvo la alegría de poder saludar personalmente al Santo Padre. Celebró en Melo sus 90 años, con la visita de familiares y algunas de sus Hermanas de congregación y la Misa en la Parroquia Nuestra Señora del Carmen. Nos ha dejado un testimonio de fe y fortaleza frente a las adversidades, entregando su vida hasta las últimas fuerzas, en la catequesis de sus queridos niños del Dámaso. Las palabras que siguen son el homenaje del Colegio en la Misa en sufragio de su alma que celebró Mons. Heriberto el pasado sábado 29, octavo dia de su partida. 

Llegó hace muchos años para quedarse por siempre. Sintió nuestra tierra como suya. Se apropió de nuestro pueblo y lo hizo propio, porque desde siempre se sintió tan uruguaya como nacida acá.
Trajo en su valija muy pocas cosas, pero muy grandes para ella. Su tesoro eran los recuerdos. Atrás quedaba su abuelita, con la que se crió y fue un eslabón muy importante en su vida y con la que aprendió sus primeras lecciones. También estaba su papá, un militar recio al que quiso mucho. Luego llega al convento, de donde tantas anécdotas recordó siempre, aprendizajes que nunca olvidó.
Llegada a nuestro país, primero se vino a Cerro Chato, donde conquistó muchas amistades, hasta que llega a nuestro Colegio, donde ella recordaba que no había ni sillas donde sentarse. Comienza otra nueva etapa de su vida, de ma´s de cuarenta años, donde convivió con muchas generaciones.
Recordamos sus bicicleteadas a la mañana muy temprano, donde los vecinos veían pasar a la monjita con sus pollerones en bicicleta, siempre rodeada por algunos de los pupilos que vivían allí. Verla recorrer los corredores, los salones o el patio, muy ágil y siempre activa. Y siempre citando alguna historia anterior para hacernos entender la forma acertada de actuar frente a una situación. Sabia disfrutar de un buen libro, o de la charla de los conocidos, o pasar largo rato en silencio y en oración en el patio del Colegio, escuchando también a sus amados pajaritos.
Siempre nos recordaba: "recen", recen por todo, por sus necesidades, por sus problemas o por sus alegrías.
Todavía nos parece verla llegar con su pasito, últimamente algo cansado, pero sin aflojar, derecho al salón donde hasta el último momento impartió sus enseñanzas hacia su fiel y único amigo verdadero: Jesús.
Gracias, Padre, por haber puesto en nuestro camino a la Hermana Elena.
Gracias, Hermana Elena por tu servicio, por tus consejos y por enseñarnos con tu ejemplo, a amar a Dios.
Colegio Dámaso Antonio Larrañaga
Melo, setiembre 2013

martes, 24 de septiembre de 2013

Obispos uruguayos con el Rector Mayor de los Salesianos


Los Obispos uruguayos participaron hoy de un almuerzo con el Rector Mayor de los Salesianos, el mexicano Don Pascual Chávez, noveno sucesor de Don Bosco. Invitados por el Inspector Salesiano del Uruguay, R. P. Néstor Castell sdb, el Consejo Permanente y la mayor parte de los miembros de la CEU luego de un momento de oración en la capilla de la Casa Inspectorial, compartieron fraternalmente la comida y dialogaron sobre diversos temas de la familia salesiana y de la actualidad de la Iglesia.
Los tres Obispos uruguayos de origen salesiano, Mons. Nicolás Cotugno, sdb, Arzobispo de Montevideo; Mons. Carlos Collazzi, sdb, Obispo de Mercedes y Mons. Daniel Sturla, sdb, Obispo auxiliar de Montevideo estuvieron presentes. También fue invitada la presidenta de la Conferencia de Religiosos del Uruguay,
Hna. Daniela Cannavina (Capuchina de Madre Rubatto). Los Salesianos de Don Bosco son actualmente 17.000 en el mundo y son 125 los Obispos que fueron elegidos dentro de esa gran familia religiosa.

jueves, 19 de septiembre de 2013

P. Miguel Ángel Brito


Anoche falleció en Montevideo el P. Miguel Ángel Brito.
La Diócesis de Melo lo recuerda con especial gratitud por su aporte en la formación de nuestros Diáconos Permanentes.

REPORTAJE EN LA REVISTA UMBRALES, Nº 173,  Noviembre 2006

Pbro. Miguel Angel Brito
50 años de entrega entusiasta

El 22 de setiembre en la Parroquia Ntra. Sra. Del Carmen (Aguada), el P. Miguel celebró sus 50 años de Ordenación Sacerdotal. fiesta que congregó a la mayoría de los sacerdotes de Montevideo y a las comunidades donde fue Pastor en Montevideo y Canelones con la presencia del Obispo Auxiliar de Montevideo Martín Pérez y del Obispo de Canelones Orlando Romero.

P. Miguel, en 1995 te hicimos un reportaje (UMBRALES n. 55) con motivo del Proyecto Antioquía; ahora, en tus bodas de oro sacerdotales pensamos que sería muy interesante conocer tu larga vida de Pastor.

- El Señor tuvo la providencia de que yo naciera en San José en una familia humilde, trabajadora y pobre, como fue la familia de Nazaret. Mamé la fe junto con el alimento y el cariño de mis padres y hermanos. Recuerdo que mi madre me dijo que siendo niño, estando enfermo desahuciado por los médicos, ella como otra Ana, me consagró al Señor.
A los 12 años entré al Pre-Seminario del p. Di Martino en San José. Allí permanecí durante dos años, hasta el momento de pasar al Seminario de Montevideo, que en esa época estaba en Avda. de las Instrucciones, hoy Cottolengo Don Orione. Significaba entrar en otra etapa de mi formación.
Lo que recuerdo de la primera etapa del Seminario fue el primer retiro. Me quedó muy grabada la voz del Señor que me decía: "Tú eres mío, tú me perteneces", de alguna manera estas palabras fueron trabajando en mí aunque les di poca importancia. Mi fe era una fe popular, sencilla como la fe de mi madre, de mi familia y de la mayoría de la gente en esa época: una fe sincera y de corazón.
Empecé Teología en el año 52, fue como una conversión para mí en el sentido de haber encontrado más cercano el rostro de Jesús.
La oración que hice por los 50 años de ordenación decía esto:
"Me tomaste contigo Señor y me llevaste aparte, igual que al sordomudo del Evangelio, te concentraste en el barro de mi arcilla, introdujiste los dedos en mis oídos para vencer la resistencia a escucharte, con tu saliva humedeciste mi lengua para que con fluidez te alabara y me dijiste ábrete. Tu palabra siempre es cercana. Así te descubrí, o mejor dicho te me revelaste más personalmente".
Fui profundizando ese encuentro con Cristo a través de libros de espiritualidad. Recuerdo entre otros, algunos, como por ejemplo los de Marmión: "Jesucristo: el ideal del Sacerdote" y el "Cuerpo místico de Cristo". También recuerdo un precioso libro de Sor Isabel de la Cruz.
Por fin llegó el mes de ejercicios antes de la ordenación.
Vinieron las dudas, comunes a la edad, sobre todo el entregarme del todo al Padre y a la Iglesia a través del celibato. Era consciente de las dificultades que encontraría, tenía 23 años. Sin embargo afloró en mí nuevamente aquella frase: "Tú eres mío, yo soy tuyo". Confiado en Jesús me decidí, Él me dio fuerzas para dar ese paso.
Me ordenó mons. Luis Baccino, en San José, mi ciudad natal. Fue la primera ordenación de la nueva diócesis de San José.
Yo le preguntaba al Señor: "¿Por qué has obrado así conmigo?"
Me respondía: "porque te amo".

¿Dónde comenzaste tu vida sacerdotal? ¿Cómo fue tu experiencia en los primeros años?
- Al ordenarme era sacerdote de Montevideo, pero fui prestado por 5 años a la diócesis de San José por autorización del card. Antonio Ma. Barbieri. El obispo de San José, me envió a Canelones que en esa época pertenecía a la nueva diócesis de San José. Allí tuve mi primera parroquia. Para mí fue una muy rica experiencia. Hoy mirándolo a la distancia reconozco a Baccino como un obispo renovador de la pastoral: fui descubriendo en esa época el protagonismo del laico en la Iglesia y en el mundo. Fui viendo la importancia de un presbiterio unido, fraterno, corresponsable; ideal que yo había descubierto, en libros en el seminario, luego de mi conversión interior a Jesús allá por el año 52. Ya se estaba haciendo su camino en la renovación catequética con el p. Mario Hernández y Ricardo Rodríguez. En esa época nos llegaban noticias de la pastoral de Bélgica a través de revistas pastorales. Yo especialmente me interesé por el Diaconado Permanente, leí mucho sobre esta nueva realidad y me quedó prendido en el corazón y en la mente desde el año 1954.
En Canelones éramos varios sacerdotes. El párroco, el querido y recordado p. Quaglia, futuro Obispo de Minas, hizo distribución de tareas y a mí me tocó la campaña. Recorría las distintas rutas de la Parroquia, usando una moto NSU. En cada carretera, en sitos más o menos estratégicos buscaba casas de cristianos, y en ellas se reunían una vez por mes. Celebraba el sacramento de la reconciliación y la eucaristía. Todo era muy sencillo y fraterno. Los ómnibus de todas las localidades salían y llegaban a Canelones al lado de la parroquia. En los ómnibus colocábamos afiches con el anuncio de las actividades, día, hora y casa. La gente que viajaba en esos ómnibus retiraba estos avisos y así podían participar de estas reuniones. En esta tarea estuve cuatro años y luego fui enviado a Nueva Helvecia, que en esa época pertenecía a la diócesis de San José. Allí acompañé al p. Lorenzo Amengual, ya anciano en toda la labor pastoral de la parroquia. Tratamos de renovar la liturgia haciéndola más participada, consciente en la línea del Vaticano II. Hacíamos una vida muy unida con la gente, compartíamos desde el mate hasta una partida de truco. Llegué a ser el primer presidente de la Confederación de Basketball de Nueva Helvecia.
Por providencia de Dios, se crea una nueva diócesis, en diciembre de 1961: la de Mercedes. Entonces le pregunto a mons. Baccino que hacía ya que yo estaba prestado a San José y Nueva Helvecia pasaba a ser diócesis de Mercedes.
Me dijo que me quedara donde estaba y pasé a trabajar con mons. Enrique Cabrera, primer obispo de Mercedes. Fui nombrado Secretario de la nueva diócesis. Como tal, el tiempo me daba también para hacer visitas a las parroquias y prestar los servicios que me requerían. Pero mons. Antonio Corso, Administrador de Montevideo, me pidió regresar a mi diócesis de origen.

En Montevideo tuviste una fructífera acción pastoral, ¿qué es lo que más recuerdas?
- Estuve designado a la Parroquia de Paso Molino donde permanecí 10 años, hasta abril de 1976. Ahí, me tocó vivir en el contexto eclesial la puesta en marcha del Concilio Vaticano II. Al llegar a Montevideo, mons. Carlos Parteli llamó a los laicos y al clero a trabajar activamente, a participar con celo y creatividad en la de la Pastoral de Conjunto. Trabajé en una de las 10 comisiones creadas para poner en marcha ese proyecto pastoral: en la que se refería a la división de la diócesis en zonas pastorales. En un principio fueron doce zonas que luego se reducirían a las diez actuales. Me sentía protagonista, cumpliendo la misión de sacerdote diocesano como "colaborador del Obispo". Al comenzar el camino de la Pastoral de Conjunto, en el post concilio, se crearon pequeñas comunidades, buscando la renovación de la Iglesia en su dimensión comunitaria. En la parroquia se iban buscando casas en diversos barrios para hacer nuclear a los vecinos. Hacíamos reuniones: allí se leía y rezaba con la Palabra que iluminaba el quehacer personal, familiar, social y eclesial. En dichas casas celebrábamos la Eucaristía, en un ambiente más familiar y participativo.
En los diez años que estuve allí, viví también junto con la comunidad, dificultades por el cambio de opción de algunos sacerdotes. Esta situación dolorosa para todos me exigió vivir con más fidelidad al Señor. La comunidad confiaba en el Pastor.
El otro contexto fue la dictadura cívico-militar. En el Consejo Parro-quial hicimos una reflexión y a consecuencia de ella se abrió la parroquia a todo lo que eran reuniones a favor de la defensa de los derechos conculcados. Por ejemplo se amparó a los padres y alumnos del liceo "Bauzá" que había cerrado en el mes de agosto de 1968 por decreto del Ejecutivo, como todos los liceos del país. En la Parroquia se abrió un "liceo popular", controlado día a día, dada la violencia de la época, por un representante del Consejo Parro-quial. Como era tiempo de mucha violencia pusimos algunas normas de convivencia: los alumnos y profesores no podían llevar ni armas ni panfletos. Nosotros también sufrimos la violencia: nos pusieron una bomba en la parroquia, además de soportar, como otras parroquias, allanamientos varios y diversas formas de controles, aún en las homilías y en las conversaciones de los pequeños grupos cuyos integrantes estaban todos "fichados".
Las diversas celebraciones por las casas y las celebraciones dominicales, nos daban fuerza en la fe y vigor en el compromiso para testimoniar la verdad, la libertad y superar el natural miedo.
En 1976 fui trasladado a la Parroquia de los Sagrados Corazones de calle Possolo. Fue muy hermoso lo que viví allí. Una parroquia muy extensa con barrios muy diferenciados. Allí ya estaban desde hacia mucho tiempo las hnas. de Banneaux y las hnas. Vicentinas, en barrio de Aparicio Saravia.
En Chimborazo y Gral. Flores se construyeron viviendas de INVE y la parroquia tomó como misión invitar a las familias a reunirse. Todos los miércoles se reunía un grupo de personas en una casa de lata, para rezar el rosario a la Virgen de la Luz. Allí se comenzó a celebrar la Eucaristía. Mons. Parteli visitó la casa y al tiempo le pregunté a la Sra. Luz si quería venderla. Lo que así ocurrió. Hoy es la Capilla de la Luz de la Parroquia de Possolo.
No puedo olvidar el tiempo compartido con el p. Isidro Alonso, "el padre Cacho", fue época de sueños, utopías, ricas experiencias con los vecinos de los barrios más caren-ciados.
En esa época deja la Arquidiócesis el obispo Parteli y la toma mons. José Gottardi quien me invita a ser Vicario Pastoral. Mientras fui Vicario pasé un tiempo por la Parroquia del Reducto (1986-1988) que estaba sin párroco, luego fui a la Parroquia de la calle Comercio con el p. Quique Passadore, en 1988 pasé a la Parroquia de la Aguada donde estuve hasta 1992. Lo que más resalto de este tiempo es: - la preparación y realización de la Asamblea Diocesana en julio de 1986 hacia el "nuevo Plan Pastoral".
- La intervención del Ministro de Defensa cuestionando los borradores de dicha preparación porque se hablaba de "torturas y desaparecidos".
- Un pequeño documento sobre la Impunidad y otro sobre "la verdad" y "la justicia", redactados con la Pastoral Social.
- La organización de la tercera reunión de Párrocos sobre "La Pastoral de la Salud".
- La animación previa a la Misa en Tres Cruces con la primera venida del papa Juan Pablo II, y la preparación y desarrollo de su segunda visita en el Estadio Centenario.
Terminado este período me enviaron a la Parroquia de la Virgen de los Treinta y Tres, donde estuve 10 años. En esa época fui nombrado Vicario Episcopal de las zonas 8, 9 y 10. Visitaba los Consejos Zonales además de la atención pastoral de la parroquia. También tuve a mi cargo el Proyecto Antioquía. Formé un equipo para la formación de ministros laicos, como animadores de diversas comunidades.

Contigo comenzó la formación de hombres casados para el Diaconado Permanente, háblanos de esto.
Todo comenzó allá por el año 1952 leyendo revistas pastorales en las que algunos visionarios lanzaban esa idea. Luego, en una reunión del Presbiterio reflexionando sobre la vocaciones sacerdotales, expuse la idea del diaconado permanente. Al tiempo, por el año 1970, el obispo Parteli me propone para iniciar en Montevideo esa " experiencia".
Comencé con el llamado a los interesados, información a los mismos, discernimiento y la formación de los primeros 4 diáconos permanentes.
Estuve en esta misión durante 10 años. También fui llamado por los obispos de Canelones y Maldonado, Orestes Nuti y Rodolfo Wirz, respectivamente, para formar los diáconos de aquellas diócesis.
Actualmente comienzo a ayudar al obispo de Melo, Luis del Castillo, y al obispo de Canelones, Orlando Romero, para reunir a los diáconos ya formados, y cada 15 días a un pequeño grupo, en su etapa de discernimiento.

¿Cual es tu reflexión en estos 50 años de sacerdocio?
Quiero agradecer a Dios y renovar ante Él y ante la Iglesia mi compromiso jubilar:
"Señor, como a Pedro me preguntas: ¿me amas con amor exclusivo, para siempre?
- Te quiero, desde mi pecado y mi debilidad, le responde Pedro, por tres veces. Señor tú sabes que te quiero.
Señor, hoy al celebrar los 50 años del ministerio que me regalaste toma te declaro mi amor desde mi debilidad y mi pecado. Señor mi vida, hazla de nuevo, yo quiero ser un vaso nuevo.

Gloria Aguerreberry.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Semana de Espiritualidad y otras movidas en la Diócesis de Melo

Ayuno y oración por la Paz

Atendiendo al llamado del Papa Francisco, Mons. Heriberto convocó a la Diócesis a la Jornada por la Paz el sábado 7 de setiembre. De diferentes maneras, las comunidades respondieron al llamado, organizando distintos momentos de oración con el rezo del Rosario, la Adoración Eucarística, las intenciones en la oración de los fieles durante las Misas. El Obispo celebró la Eucaristía en Tupambaé, donde ya estaba prevista la celebración de primeras comuniones de cuatro adultos. Mons. Bodeant señaló que el nombre de Tupambaé trae el recuerdo de nuestros propios conflictos armados. A pocos kilómetros de la población se encuentran los campos donde se libró una de las más cruentas batallas de la guerra civil de 1904, con 2.300 muertos y heridos, los días 22 y 23 de junio. Pero el significado guaraní del nombre Tupambaé -siguió diciendo el Obispo- es "cosa de Dios", "pertenencia de Dios" y aún puede interpretarse como "lugar donde está Dios". "Aquí, entonces, en este lugar marcado por la sangre de hermanos que se enfrentaron en combate, invocamos al Dios de la Paz y le pedimos su Don para todo el mundo y para cada uno de nosotros", concluyó.

Jornada Diocesana de los Catequistas

78 catequistas de la Diócesis de Melo se reunieron el domingo 8 en la Parroquia Virgen de los Treinta y Tres (Cruz Alta) en la capital olimareña, para participar en una jornada de formación, oración y recreación. Los catequistas trabajaron el tema propuesto por el Oficio Catequístico Nacional para el día de la Catequesis: "Comparte el fuego de tu fe". En grupos, con diferentes textos bíblicos, los catequistas se preguntaron sobre la imagen de Dios que se proyectaba en cada uno de ellos, preguntándose acerca de su propia vivencia de fe. Mons. Heriberto expuso luego algunos puntos en relación a la encíclica Lumen Fidei y luego presidió la Eucaristía, en la que participaron también los sacerdotes de las parroquias de la ciudad: P. Luis Arturo, de San José Obrero; P. Jorge, de El Salvador y P. Hubeimar, de Cruz Alta, además de los Diáconos Víctor y Luis. Luego de la Misa el almuerzo, un tiempo de recreación y con una oración en torno a un fogón alimentado por cada uno de los participantes, concluyó el encuentro.

Colegios de Melo celebraron el Día de la Educación Católica

El martes 10, a las cuatro de la tarde, la Catedral de Melo se vio colmada por la presencia de alumnos de los cuatro centros de educación católica de la ciudad de Melo: el Colegio María Auxiliadora, el Instituto Mons. Lasagna, el Colegio Dámaso Antonio Larrañaga y el Colegio Agustín de la Rosa.
La mayoría de los presentes fueron los niños, quienes respondieron animadamente a las preguntas de Mons. Heriberto, quien procuró ir llevándoles a descubrir, a partir de su grupo escolar y su colegio, las dimensiones de la Iglesia y el significado de la comunión, de la cual esa Misa fue un vivo signo.

Semana de Espiritualidad en Río Branco: semana de sorpresas

"Esto no es un desierto: aquí hay gente con deseos de reunirse, de escuchar la Palabra, con hambre de encuentro... aparece un mate y ya hay una comunidad... ¡es maravilloso1" Así nos hablaba un asombrado Padre Enrique. Enrique Martín, madrileño, de la congregación Cooperadores Parroquiales de Cristo Rey (CPCR) está predicando en Río Branco una "Semana de Espiritualidad", una propuesta evangelizadora de la familia CPCR (Cooperadores y Cooperatrices).
La semana fue preparada con visitas previas del Hno. José y de la Hna. Cristina, ambos de Salto, donde los y las CPCR tienen sus respectivas comunidades. El P. Nacho y las hermanas Misioneras de la Doctrina Cristiana impulsaron y acompañaron. La parroquia respondió, y se realizaron visitas domiciliarias y promoción a través de los medios de comunicación.
El lunes hubo unos 50 participantes entre los dos encuentros, a las 15:30 en la capilla San José y a las 19:15 en el templo de la Inmaculada Concepción. El martes, el equipo "se preparó psicológicamente" para una reunión menguada en público, prevista a la hora en que jugaban Uruguay y Colombia... sin embargo, grande fue la sorpresa al duplicarse el número de asistentes.
Enrique habla a veces "a la carrera, como hablamos los madrileños", dice, pero sabe frenarse y dar tiempo a asimilar los temas que va presentando: la vocación humana a la felicidad, el mal, el perdón, Cristo, la Iglesia, María... En sus 41 años y 12 de sacerdote ha vivido algún tiempo en Rosario de Santa Fe y también en Salto, de modo que conoce algunas de nuestras expresiones y se acerca a nuestro lenguaje cotidiano.
La Semana culmina mañana, pero muchos sueños comienzan a gestarse en una comunidad que quiere seguir en movimiento, en misión.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Palabras de Francisco en la Vigilia de ayuno y oración por la Paz


«Y vio Dios que era bueno» (Gn 1,12.18.21.25). El relato bíblico de los orígenes del mundo y de la humanidad nos dice que Dios mira la creación, casi como contemplándola, y dice una y otra vez: Es buena. Queridos hermanos y hermanas, esto nos introduce en el corazón de Dios y, desde su interior, recibimos este mensaje.

Podemos preguntarnos: ¿Qué significado tienen estas palabras? ¿Qué nos dicen a ti, a mí, a todos nosotros?

1. Nos dicen simplemente que nuestro mundo, en el corazón y en la mente de Dios, es “casa de armonía y de paz” y un lugar en el que todos pueden encontrar su puesto y sentirse “en casa”, porque “es bueno”. Toda la creación forma un conjunto armonioso, bueno, pero sobre todo los seres humanos, hechos a imagen y semejanza de Dios, forman una sola familia, en la que las relaciones están marcadas por una fraternidad real y no sólo de palabra: el otro y la otra son el hermano y la hermana que hemos de amar, y la relación con Dios, que es amor, fidelidad, bondad, se refleja en todas las relaciones humanas y confiere armonía a toda la creación. El mundo de Dios es un mundo en el que todos se sienten responsables de todos, del bien de todos. Esta noche, en la reflexión, con el ayuno, en la oración, cada uno de nosotros, todos, pensemos en lo más profundo de nosotros mismos: ¿No es ése el mundo que yo deseo? ¿No es ése el mundo que todos llevamos dentro del corazón? El mundo que queremos ¿no es un mundo de armonía y de paz, dentro de nosotros mismos, en la relación con los demás, en las familias, en las ciudades, en y entre las naciones? Y la verdadera libertad para elegir el camino a seguir en este mundo ¿no es precisamente aquella que está orientada al bien de todos y guiada por el amor?

2. Pero preguntémonos ahora: ¿Es ése el mundo en el que vivimos? La creación conserva su belleza que nos llena de estupor, sigue siendo una obra buena. Pero también hay “violencia, división, rivalidad, guerra”. Esto se produce cuando el hombre, vértice de la creación, pierde de vista el horizonte de belleza y de bondad, y se cierra en su propio egoísmo. 

Cuando el hombre piensa sólo en sí mismo, en sus propios intereses y se pone en el centro, cuando se deja fascinarpor los ídolos del dominio y del poder, cuando se pone en el lugar de Dios, entonces altera todas las relaciones, arruina todo; y abre la puerta a la violencia, a la indiferencia, al enfrentamiento. Eso es exactamente lo que quiere hacernos comprender el pasaje del Génesis en el que se narra el pecado del ser humano: El hombre entra en conflicto consigo mismo, se da cuenta de que está desnudo y se esconde porque tiene miedo (Gn 3,10), tiene miedo de la mirada de Dios; acusa a la mujer, que es carne de su carne (v. 12); rompe la armonía con la creación, llega incluso a levantar la mano contra el hermano para matarlo. ¿Podemos decir que de la “armonía” se pasa a la “desarmonía”? ¿Podemos decir eso: que de la armonía se pasa a la “desarmonía”? No, no existe la “desarmonía”: o hay armonía o se cae en el caos, donde hay violencia, rivalidad, enfrentamiento, miedo…

Precisamente en medio de este caos, Dios pregunta a la conciencia del hombre: «¿Dónde está Abel, tu hermano?». Y Caín responde: «No sé, ¿soy yo el guardián de mi hermano?» (Gn 4,9). Esta pregunta se dirige también a nosotros, y también a nosotros nos hará bien preguntarnos: ¿Soy yo el guardián de mi hermano? Sí, tú eres el guardián de tu hermano. Ser persona humana significa ser guardianes los unos de los otros. Sin embargo, cuando se rompe la armonía, se produce una metamorfosis: el hermano que deberíamos proteger y amar se convierte en el adversario a combatir, suprimir. ¡Cuánta violencia se genera en ese momento, cuántos conflictos, cuántas guerras han jalonado nuestra historia! Basta ver el sufrimiento de tantos hermanos y hermanas. No se trata de algo coyuntural, sino que es verdad: en cada agresión y en cada guerra hacemos renacer a Caín. ¡Todos nosotros! Y también hoy prolongamos esta historia de enfrentamiento entre hermanos, también hoy levantamos la mano contra quien es nuestro hermano. También hoy nos dejamos llevar por los ídolos, por el egoísmo, por nuestros intereses; y esta actitud va a más: hemos perfeccionado nuestras armas, nuestra conciencia se ha adormecido, hemos hecho más sutiles nuestras razones para justificarnos. Como si fuese algo normal, seguimos sembrando destrucción, dolor, muerte. La violencia, la guerra traen sólo muerte, hablan de muerte. La violencia y la guerra utilizan el lenguaje de la muerte.

Tras el caos del Diluvio, dejó de llover, apareció el arco iris y la paloma trajo un ramo de olivo. Pienso también hoy en aquel olivo que los representantes de las diferentes religiones plantamos en Buenos Aires, en la Plaza de Mayo, el año 2000, pidiendo que no haya más caos, pidiendo que no haya más guerra, pidiendo paz.

3. Y en estas circunstancias, me pregunto: ¿Es posible seguir el camino de la paz? ¿Podemos salir de esta espiral de dolor y de muerte? ¿Podemos aprender de nuevo a caminar por las sendas de la paz? Invocando la ayuda de Dios, bajo la mirada materna de la Salus populi romani, Reina de la paz, quiero responder: Sí, es posible para todos. Esta noche me gustaría que desde todas las partes de la tierra gritásemos: Sí, es posible para todos. Más aún, quisiera que cada uno de nosotros, desde el más pequeño hasta el más grande, incluidos aquellos que están llamados a gobernar las naciones, dijese: Sí, queremos. Mi fe cristiana me lleva a mirar a la Cruz. ¡Cómo quisiera que por un momento todos los hombres y las mujeres de buena voluntad mirasen la Cruz! Allí se puede leer la respuesta de Dios: allí, a la violencia no se ha respondido con violencia, a la muerte no se ha respondido con el lenguaje de la muerte. En el silencio de la Cruz calla el fragor de las armas y habla el lenguaje de la reconciliación, del perdón, del diálogo, de la paz. Quisiera pedir al Señor, esta noche, que nosotros cristianos y los hermanos de las otras religiones, todos los hombres y mujeres de buena voluntad gritasen con fuerza: ¡La violencia y la guerra nunca son el camino para la paz! Que cada uno mire dentro de su propia conciencia y escuche la palabra que dice: Sal de tus intereses que atrofian tu corazón, supera la indiferencia hacia el otro que hace insensible tu corazón, vence tus razones de muerte y ábrete al diálogo, a la reconciliación; mira el dolor de tu hermano -pienso en los niños, solamente en ellos…-, mira el dolor de tu hermano, y no añadas más dolor, detén tu mano, reconstruye la armonía que se ha roto; y esto no con la confrontación, sino con el encuentro. ¡Que se acabe el sonido de las armas! La guerra significa siempre el fracaso de la paz, es siempre una derrota para la humanidad. Resuenen una vez más las palabras de Pablo VI: «Nunca más los unos contra los otros; jamás, nunca más… ¡Nunca más la guerra! ¡Nunca más la guerra!» (Discurso a las Naciones Unidas, 4 octubre 1965: AAS 57 [1965], 881). «La Paz se afianza solamente con la paz; la paz no separada de los deberes de la justicia, sino alimentada por el propio sacrificio, por la clemencia, por la misericordia, por la caridad» (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1976: AAS 67 [1975], 671). Hermanos y hermanas, perdón, diálogo, reconciliación son las palabras de la paz: en la amada nación siria, en Oriente Medio, en todo el mundo. Recemos esta noche por la reconciliación y por la paz, contribuyamos a la reconciliación y a la paz, y convirtámonos todos, en cualquier lugar donde nos encontremos, en hombres y mujeres de reconciliación y de paz. Así sea.

Jornada por la Paz: Mensaje del Rector Mayor de los Salesianos


MENSAJE A LA FAMILIA SALESIANA EN FAVOR DE LA PAZ

Mis Queridos Hermanos y Hermanas de la Familia Salesiana. Un cordial saludo a todos vosotros, con el afecto que Don Bosco tenía por todos sus Hijos e Hijas

El motivo de este mensaje a toda la Familia salesiana es el de fijar vuestra atención en lo que el Santo Padre nos ha comunicado con ocasión de la oración del Angelus del pasado domingo, 1 de septiembre. Él ha dirigido a la Iglesia y al mundo entero estas palabras:

Hoy, queridos hermanos y hermanas, quisiera hacerme intérprete del grito que, con creciente angustia, se levanta en todas las partes de la tierra, en todos los pueblos, en cada corazón, en la única gran familia que es la humanidad: ¡el grito de la paz! Es el grito que dice  con fuerza: queremos un mundo de paz, queremos ser hombres y mujeres  de paz, queremos que en nuestra sociedad, desgarrada por divisiones y conflictos, estalle la paz; ¡nunca más la guerra! ¡Nunca más la  guerra! La paz es un don demasiado precioso, que tiene que ser  promovido y tutelado".

Como veis es una llamada angustiosa que se refiere en primer lugar a la dolorosa situación de Siria, envuelta desde hace tiempo en una guerra civil, y en segundo lugar es una invitación a no olvidar los otros numerosos conflictos que atormentan a tantas regiones y poblaciones de los diversos continentes.
Para sensibilizar a la Iglesia y a todos los hombres de buena voluntad sobre este importante tema de la paz, el Papa Francisco ha concluido su apelación diciendo: “He decidido convocar para toda la Iglesia, el 7 de septiembre, una jornada de ayuno por la paz en Siria y en el mundo. De las 19 a las 24 nos reuniremos en oración y en espíritu de penitencia par implorar este don de Dios. La humanidad tiene necesidad de ver gestos de paz. Pido a todas las comunidades que organicen algún acto litúrgico según esta intención. Os espero el próximo sábado a las 19 en la Plaza de San Pedro”
.
Queridos todos, animados por el mismo espíritu de nuestro Padre común, Don Bosco, os exhorto ardientemente a acoger este deseo del Santo Padre como un mandato que con convencimiento y amor debemos realizar. Todos nosotros creemos que la paz es un bien extraordinariamente necesario para el desarrollo y el progreso de la comunidad nacional y de la comunidad mundial. Ella se nutre del respeto de los derechos fundamentales que deben ser garantizados a los pueblos y a las personas y, al mismo tiempo, viene edificada por la observancia de los deberes igualmente importantes  que nacen de estos mismos derechos.

Deseo  por tanto invitar a todos los grupos de la Familia Salesiana a acoger concretamente la exhortación del Santo Padre haciendo del día 7 de Septiembre un día de oración, de reflexión y de ayuno para dar al mundo un testimonio de que creemos firmemente en el gran valor de la paz y para pedir este mismo don del  “Príncipe de la Paz, Cristo Resucitado, vencedor de la muerte”. 

Concretamente,  invito a todos aquellos que, en el ámbito de la región de Roma puedan estar materialmente presentes en la Plaza de San Pedro, a este gran momento de oración y de ayuno. A aquellos que viven en otros contextos, a participar activamente en las diversas iniciativas que ciertamente serán promovidas por cada una de las iglesia locales.
Toda comunidad y toda realidad educativa, en el límite de lo posible, procure animar tres momentos 
  • Un momento de oración por la paz, vivido sobre todo como adoración eucarística, preparada por un ayuno particular; alimentando la oración con textos bíblicos o textos tomados de documentos de la Iglesia sobre el tema de la paz
  • Un momento de educación en la paz. En las escuelas, en los oratorios, en otros contextos educativos, ofrecer a los jóvenes un encuentro sobre el tema de la paz, proponiéndoles una reflexión a partir de las noticias de actualidad sobre el tema, presentado el valor del texto de la encíclica de Juan XXIII “Pacem in terris”, de otros documentos de la Iglesia y también de textos significativos de autores laicos. Proponiéndonos ayudar a los jóvenes a madurar en el  convencimiento de que la paz se construye sobre cuatro valores fundamentales: la verdad, la justicia, el amor y el perdón.
  • Un momento de testimonio sobre la paz. Es posible celebrar comunitariamente un momento de reconciliación comunitaria, invitando también a nuestros laicos y a los jóvenes, durante el cual pidamos perdón a Dios de nuestras divisiones y de nuestros conflictos, pequeños y grandes. Es posible también invitar a los laicos relacionados con nosotros a un encuentro de reflexión y de profundo discernimiento sobre el tema de la paz. Debe ser conocido por todos que la paz interesa a cada grupo y a cada comunidad de la Familia Salesiana  
Queridos, os lo agradezco.  Sé que acogeréis mi invitación con generosidad y empeño. Estoy seguro de poder expresaros el agradecimiento del Santo Padre y el de nuestro amado Padre Don Bosco.

Un saludo a todos vosotros. María, Reina de la Paz y Auxilio de los Cristianos, acompañe vuestro camino.

Roma, 3 de Septiembre de 2013

Don Pascual Chávez V. sdb
Rector Mayor


A cinco años de la Pascua de Mons. Daniel Gil


El domingo 7 de setiembre de 2008, mientras iba culminando la 30ª Jornada Nacional de la Juventud, celebrada en Tacuarembó, fallecía en Salto Mons. Daniel Gil Zorrilla, Obispo emérito de esa Diócesis y antes Obispo de Tacuarembó.

Hoy se cumplen, pues, cinco años de su Pascua. Betel, gran amiga de Mons. Daniel, nos comparte esta foto suya en Roma, donde él siempre supo encontrar lo que llamaba "consolación romana".

En este día en que el Papa Francisco ha convocado a que en todo el mundo nos unamos, en el ayuno y la oración en el ruego por la Paz, recordamos también a Daniel, que habría sus cartas siempre con el mismo saludo: PAX!, es decir "PAZ", en latín.

En este día de oración y silencio, vienen bien recordar estas palabras de Juan Pablo II, a propósito de la oración por la paz:

"La paz es ante todo un don de Dios —no hay que olvidarlo jamás— y siempre debe ser implorada de su misericordia.

Tal convicción parece haber animado a los hombres de todas las civilizaciones que han puesto la paz en el primer lugar de sus oraciones. Referencias de ello se encuentran en todas las religiones.

¡Cuántos hombres, teniendo la experiencia de combates mortales y de campos de concentración, cuántas mujeres y niños desamparados a causa de las guerras, se han vuelto antes que a nosotros hacia el Dios de la paz!

Hoy, cuando las amenazas adquieren una gravedad particular por su extensión y su carácter radical, cuando las dificultades para construir la paz presentan un cariz nuevo y a menudo confuso, muchas personas, incluso poco familiares con la oración, pueden encontrar espontáneamente el camino hacia ella.

Sí, nuestro futuro está en las manos de Dios, el único que nos da la verdadera paz.

Y mientras los corazones humanos proyectan sinceramente acciones de paz, es la gracia de Dios la que inspira y fortalece sus sentimientos.

Todos están invitados a repetir en este sentido la oración de San Francisco de Asís:
Señor, haz de nosotros artífices de paz;
donde domina el odio, que nosotros proclamemos el amor;
donde hay ofensas, que nosotros ofrezcamos el perdón;
donde abunda la discordia, que nosotros construyamos la paz."

(Juan Pablo II, Mensaje para la XV Jornada Mundial de la Paz, 1º de enero de 1982)

viernes, 6 de septiembre de 2013

Patriarca católico sirio: "Un ataque y será nuestro final "

Para el patriarca católico de Antioquía con sede en Damasco, Gregorio III Laham, desde hace dos años y medio Siria está atravesando una tragedia humanitaria sin fin.
“¡Nunca más guerra! ¡No más guerra!”. Así ha escrito ayer por la mañana el Papa Francisco en Twitter, mientras monseñor Mario Toso, responsable del departamento de Justicia y Paz del Vaticano, subrayaba: "El camino para resolver los problemas de Siria no puede ser una intervención armada. La violencia no disminuiría. Es más, corremos el riesgo de que se extienda a otros países. El conflicto en Siria contiene todos los ingredientes para explotar en forma de guerra de dimensiones mundiales". Un llamamiento que no ha sido escuchado más allá de los Alpes, donde el premier francés Jean-Mrc Ayrault ha anunciado que presentará al Parlamento los documentos confidenciales de los servicios secretos que demuestran la responsabilidad de Assad en el uso de armas química contra civiles. Pero, para el patriarca católico de Antioquía con sede en Damasco, Gregorio III Laham, "desde hace dos años y medio Siria está atravesando una tragedia humanitaria sin fin: casi 100 mil víctimas, dos millones de niños sin casa, 450 mil cristianos exiliados, 8 millones de refugiados. El país esta ya sumido en un infierno y una intervención occidental empeoraría la situación".

¿Qué piensa de la opción militar hacia la que tiende Barack Obama?
Estoy absolutamente en desacuerdo, como me opongo a cualquier violencia, a cualquier uso de armas y cualquier conflicto. No puedo hacer nada más que unirme a la llamada del Santo Padre, que ha declarado: "No más guerra". Europa podría hacer más para resolver los problemas de Palestina, en vez de crear más desconcierto en Siria. Nosotros los sirios somos ya víctimas y el país ya es un infierno, sin necesidad de una intervención que empeore más la situación.

¿Qué sucederá entonces si Obama pone en marcha sus planes?

Habrá aún más víctimas y tendremos una guerra regional que involucrará al Líbano, donde hay ya millones de refugiados sirios. Por no hablar de la masacre de los cristianos árabes, sobre lo que hoy en Amman será realizado un encuentro con el rey de Jordania, Abdallah II. También en Irak recientemente han tenido lugar varios atentados. En resumen, todo el Oriente Medio está en llamas y se está transformando en un infierno.

Obama ha declarado que su objetivo es intervenir para poner fin a los asesinatos de civiles...
Obama se puede quedar en su casa. Siria es un estado independiente, no somos vasallos de América. Si Occidente y los demás países extranjeros dejan de interferir en nuestras cuestiones internas, la situación volverá a mejorar. En Siria, cristianos y musulmanes, chiítas y sunitas, han vivido pacíficamente durante más de 1.400 años.

Pero en la actualidad esa convivencia pacífica parece un lejano sueño...
El motivo es que cada día el Reino Unido, Francia y Bélgica financian bandas armadas que corretean por nuestro país, mientras que bastaría con que las potencias extranjeras dejarán de dividir al pueblo sirio. El verdadero problema son las financiaciones que no van a la oposición política sino a bandidos y criminales de todo el mundo que llegan a Siria a poner en marcha la guerra.

Si la guerra no es la solución, ¿qué vía de escape le queda al pueblo sirio?
Que el mundo entero organice una gran campaña para preparar la Conferencia de Ginebra II, de manera que se pueda encontrar juntos una solución pacífica de reconciliación y diálogo. El Santo Padre ha subrayado claramente que este es el único camino a seguir. La Conferencia estaba prevista para el pasado junio, pero se va retrasando mes a mes. El mundo juega con Siria mientras aquí la gente sigue muriendo.

La Conferencia de Ginebra II no ha tenido lugar porque Assad está ganando la guerra, y no ha querido sentarse en la mesa diplomática...
No es verdad. El gobierno sirio siempre ha estado dispuesto a dialogar y a participar en la Conferencia de Ginebra. El motivo por el que las negociaciones no han tenido lugar es porque falta una oposición unida y con un programa claro. Las bandas armadas han tenido prioridad sobre cualquier otra forma de disidencia, y firmar un acuerdo de paz con Al Qaeda sería imposible para cualquier gobierno.

El Papa ha propuesto un día de ayuno el sábado 7 de septiembre. ¿Cómo valora esta iniciativa?
Es una iniciativa magnífica. Mi Patriarcado está preparando una carta a los fieles greco-católicos de todo el mundo para pedirles que participen en la oración y el ayuno organizado por el Papa. Todas las Iglesias sirias están llamadas a unir sus esfuerzos y a acoger a los fieles desde las 19 h hasta medianoche, para permitirles rezar y cantar por la paz.

La ayuda de Cáritas en la crisis de Siria



CARITAS INTERNACIONAL EN LA CRISIS DE SIRIA: CIFRAS

Desde que empezó la crisis, en marzo de 2011,
- Caritas Siria ha ayudado a más de 30.000 personas dentro del país,
- Caritas Líbano ha ofrecido asistencia a 125.000 refugiados
- Caritas Jordania a 130.000
- Caritas Turquía a 7.000
- Caritas Iraq está ayudando a numerosos sirios en el norte.

Detrás de cada "1" que se suma... un rostro, una vida: un hombre o una mujer o un niño o una niña...