sábado, 7 de mayo de 2016

Comunicación y Misericordia: Mensaje de Francisco para la Jornada Mundial de las Comunicaciones

La Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, establecida por el decreto Inter Mirifica del Concilio Vaticano II, se celebra anualmente el VII Domingo de Pascua (en Uruguay, el día en que se celebra la Ascensión de Jesús), domingo anterior a Pentecostés. Con motivo de esta jornada, los Papas emiten habitualmente un mensaje, normalmente con cierta anticipación (en este caso, está fechada en enero).
Esta es la 50a. Jornada, ubicada en el Año de la Misericordia. Eso da el tono a este mensaje del Papa Francisco.

 
MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA 50 JORNADA MUNDIAL
DE LAS COMUNICACIONES SOCIAL
ES 

Comunicación y Misericordia: un encuentro fecundo

Queridos hermanos y hermanas:

El Año Santo de la Misericordia nos invita a reflexionar sobre la relación entre la comunicación y la misericordia. En efecto, la Iglesia, unida a Cristo, encarnación viva de Dios Misericordioso, está llamada a vivir la misericordia como rasgo distintivo de todo su ser y actuar. Lo que decimos y cómo lo decimos, cada palabra y cada gesto debería expresar la compasión, la ternura y el perdón de Dios para con todos. El amor, por su naturaleza, es comunicación, lleva a la apertura, no al aislamiento. Y si nuestro corazón y nuestros gestos están animados por la caridad, por el amor divino, nuestra comunicación será portadora de la fuerza de Dios.

Como hijos de Dios estamos llamados a comunicar con todos, sin exclusión. En particular, es característico del lenguaje y de las acciones de la Iglesia transmitir misericordia, para tocar el corazón de las personas y sostenerlas en el camino hacia la plenitud de la vida, que Jesucristo, enviado por el Padre, ha venido a traer a todos. Se trata de acoger en nosotros y de difundir a nuestro alrededor el calor de la Iglesia Madre, de modo que Jesús sea conocido y amado, ese calor que da contenido a las palabras de la fe y que enciende, en la predicación y en el testimonio, la «chispa» que los hace vivos.

La comunicación tiene el poder de crear puentes, de favorecer el encuentro y la inclusión, enriqueciendo de este modo la sociedad. Es hermoso ver  personas que se afanan en elegir con cuidado las palabras y los gestos para superar las incomprensiones, curar la memoria herida y construir paz y armonía. Las palabras pueden construir puentes entre las personas, las familias, los grupos sociales y los pueblos. Y esto es posible tanto en el mundo físico como en el digital. Por tanto, que las palabras y las acciones sean apropiadas para ayudarnos a salir de los círculos viciosos de las condenas y las venganzas, que siguen enmarañando a individuos y naciones, y que llevan a expresarse con mensajes de odio. La palabra del cristiano, sin embargo, se propone hacer crecer la comunión e, incluso cuando debe condenar con firmeza el mal, trata de no romper nunca la relación y la comunicación.

Quisiera, por tanto, invitar a las personas de buena voluntad a descubrir el poder de la misericordia de sanar las relaciones dañadas y de volver a llevar paz y armonía a las familias y a las comunidades. Todos sabemos en qué modo las viejas heridas y los resentimientos que arrastramos pueden atrapar a las personas e impedirles comunicarse y reconciliarse. Esto vale también para las relaciones entre los pueblos. En todos estos casos la misericordia es capaz de activar un nuevo modo de hablar y dialogar, como tan elocuentemente expresó Shakespeare: «La misericordia no es obligatoria, cae como la dulce lluvia del cielo sobre la tierra que está bajo ella. Es una doble bendición: bendice al que la concede y al que la recibe» (El mercader de Venecia, Acto IV, Escena I).

Es deseable que también el lenguaje de la política y de la diplomacia se deje inspirar por la misericordia, que nunca da nada por perdido. Hago un llamamiento sobre todo a cuantos tienen responsabilidades institucionales, políticas y de formar la opinión pública, a que estén siempre atentos al modo de expresase cuando se refieren a quien piensa o actúa de forma distinta, o a quienes han cometido errores. Es fácil ceder a la tentación de aprovechar estas situaciones y alimentar de ese modo las llamas de la desconfianza, del miedo, del odio. Se necesita, sin embargo, valentía para orientar a las personas hacia procesos de reconciliación. Y es precisamente esa audacia positiva y creativa la que ofrece verdaderas soluciones a antiguos conflictos así como la oportunidad de realizar una paz duradera. «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. […] Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios» (Mt 5,7.9).
Cómo desearía que nuestro modo de comunicar, y también nuestro servicio de pastores de la Iglesia, nunca expresara el orgullo soberbio del triunfo sobre el enemigo, ni humillara a quienes la mentalidad del mundo considera perdedores y material de desecho. La misericordia puede ayudar a mitigar las adversidades de la vida y a ofrecer calor a quienes han conocido sólo la frialdad del juicio.

Que el estilo de nuestra comunicación sea tal, que supere la lógica que separa netamente los pecadores de los justos. Nosotros podemos y debemos juzgar situaciones de pecado –violencia, corrupción, explotación, etc.–, pero no podemos juzgar a las personas, porque sólo Dios puede leer en profundidad sus corazones. Nuestra tarea es amonestar a quien se equivoca, denunciando la maldad y la injusticia de ciertos comportamientos, con el fin de liberar a las víctimas y de levantar al caído. El evangelio de Juan nos recuerda que «la verdad os hará libres» (Jn 8,32). Esta verdad es, en definitiva, Cristo mismo, cuya dulce misericordia es el modelo para nuestro modo de anunciar la verdad y condenar la injusticia. Nuestra primordial tarea es afirmar la verdad con amor (cf. Ef 4,15). Sólo palabras pronunciadas con amor y  acompañadas de mansedumbre y misericordia tocan los corazones de quienes somos pecadores. Palabras y gestos duros y moralistas corren el riesgo hundir más a quienes querríamos conducir a la conversión y a la libertad, reforzando su sentido de negación y de defensa.

Algunos piensan que una visión de la sociedad enraizada en la misericordia es injustificadamente idealista o excesivamente indulgente. Pero probemos a reflexionar sobre nuestras primeras experiencias de relación en el seno de la familia. Los padres nos han amado y apreciado más por lo que somos que por nuestras capacidades y nuestros éxitos. Los padres quieren naturalmente lo mejor para sus propios hijos, pero su amor nunca está condicionado por el alcance de los objetivos. La casa paterna es el lugar donde siempre eres acogido (cf. Lc 15,11-32). Quisiera alentar a todos a pensar en la sociedad humana, no como un espacio en el que los extraños compiten y buscan prevalecer, sino más bien como una casa o una familia, donde la puerta está siempre abierta y en la que sus miembros se acogen mutuamente.

Para esto es fundamental escuchar. Comunicar significa compartir, y para compartir se necesita escuchar, acoger. Escuchar es mucho más que oír. Oír hace referencia al ámbito de la información; escuchar, sin embargo, evoca la comunicación, y necesita cercanía. La escucha nos permite asumir la actitud justa, dejando atrás la tranquila condición de espectadores, usuarios, consumidores. Escuchar significa también ser capaces de compartir preguntas y dudas, de recorrer un camino al lado del otro, de liberarse de cualquier presunción de omnipotencia y de poner humildemente las propias capacidades y los propios dones al servicio del bien común.

Escuchar nunca es fácil. A veces es más cómodo fingir ser sordos. Escuchar significa prestar atención, tener deseo de comprender, de valorar, respetar, custodiar la palabra del otro. En la escucha se origina una especie de martirio, un sacrificio de sí mismo en el que se renueva el gesto realizado por Moisés ante la zarza ardiente: quitarse las sandalias en el «terreno sagrado» del encuentro con el otro que me habla (cf. Ex 3,5). Saber escuchar es una gracia inmensa, es un don que se ha de pedir para poder después ejercitarse practicándolo.

También los correos electrónicos, los mensajes de texto, las redes sociales, los foros pueden ser formas de comunicación plenamente humanas. No es la tecnología la que determina si la comunicación es auténtica o no, sino el corazón del hombre y su capacidad para usar bien los medios a su disposición. Las redes sociales son capaces de favorecer las relaciones y de promover el bien de la sociedad, pero también pueden conducir a una ulterior polarización y división entre las personas y los grupos. El entorno digital es una plaza, un lugar de encuentro, donde se puede acariciar o herir, tener una provechosa discusión o un linchamiento moral. Pido que el Año Jubilar vivido en la misericordia «nos haga más abiertos al diálogo para conocernos y comprendernos mejor; elimine toda forma de cerrazón y desprecio, y aleje cualquier forma de violencia y de discriminación» (Misericordiae vultus, 23). También en red se construye una verdadera ciudadanía.

El acceso a las redes digitales lleva consigo una responsabilidad por el otro, que no vemos pero que es real, tiene una dignidad que debe ser respetada. La red puede ser bien utilizada para hacer crecer una sociedad sana y abierta a la puesta en común.

La comunicación, sus lugares y sus instrumentos han traído consigo un alargamiento de los horizontes para muchas personas. Esto es un don de Dios, y es también una gran responsabilidad. Me gusta definir este poder de la comunicación como «proximidad». El encuentro entre la comunicación y la misericordia es fecundo en la medida en que genera una proximidad que se hace cargo, consuela, cura, acompaña y celebra. En un mundo dividido, fragmentado, polarizado, comunicar con misericordia significa contribuir a la buena, libre y solidaria cercanía entre los hijos de Dios y los hermanos en humanidad.

Vaticano, 24 de enero de 2016
Francisco

31° Encuentro de Diócesis de Frontera: el cuidado de la "casa común"

 
Corrientes (AICA): Los días 9, 10 y 11 de mayo, se realizará en la localidad correntina de Paso de la Patria, en la casa de la Inmaculada Concepción de María, el 31º Encuentro de Diócesis de Frontera, en el que obispos, sacerdotes, religiosos y laicos de la Argentina, Paraguay, Brasil y Uruguay analizarán problemáticas pastorales comunes. Las tres jornadas estarán dedicadas al medioambiente con la mirada puesta en la encíclica Laudato si’, del papa Francisco.
Los días 9, 10 y 11 de mayo, se realizará en la localidad correntina de Paso de la Patria, en la casa de la Inmaculada Concepción de María, el 31º Encuentro de Diócesis de Frontera, en el que obispos, sacerdotes, religiosos y laicos de la Argentina, Paraguay, Brasil y Uruguay analizarán problemas pastorales comunes.

Las tres jornadas estarán dedicadas al medio ambiente con la mirada puesta en la encíclica Laudato si’, del papa Francisco.

En el encuentro del año pasado, realizado en Encarnación, Paraguay, se definió que el tema por desarrollar sea: “Los vecinos se encuentran para reflexionar y compartir sobre los distintos aspectos de una ecología integral que incorpore las dimensiones humanas, sociales y pastorales para nuestra región y la vida de nuestros pueblos”.

Con este contexto, alrededor de 100 personas analizarán diversos problemas vinculados a la ecología y el cuidado del medioambiente, con todo lo que conlleva actualmente la alteración climática en la región y afrontando problemas que afectan a la zona.

Entre otras cuestiones por tratar, se destacan trabajos sobre la cuestión de la desertificación, ambiente y el desarrollo, modelo agroindustrial argentino. Se verán los impactos en economía, ambiente, salud, conflictos sociales, entre otros aspectos.

Uno de los participantes del encuentro será fray Sergio Goergen OFM, de Brasil, relacionado con trabajos sobre la cuestión de la desertificación; monseñor Julio Bonino, obispo de Tacuarembó (Uruguay), quien dará pautas de su trabajo relacionado al medioambiente en su país, y Silvia Alonso, licenciada en Gestión de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTreF), con posgrado en Derecho Ambiental, especialista en Salud y Ambiente (Programa para médicos de la UBA equivalente a un master).

Entre los pastores que comprometieron su presencia, figuran monseñor Andrés Stanovnik OFMCap, arzobispo de Corrientes; monseñor Luis Collazuol, obispo de Concordia; monseñor Jorge Lozano, obispo de Gualelguaychú; monseñor Alfredo Dus, arzobispo de Resistencia; monseñor Ricardo Faifer, obispo emérito de Goya; monseñor Julio Bonino, obispo de Tacuarembó (Uruguay); monseñor Liro Vendelino Meurer, de Santo Ângelo (Brasil), y monseñor Jacinto Bergmann, obispo de Pelotas (Brasil).+

domingo, 1 de mayo de 2016

Enfoques Dominicales: Día de los Trabajadores - Fiesta de San José Obrero

La sagrada familia en el taller de Nazareth
   Melchor Pérez Holguín, Potosí, Bolivia, S. XVIII

Este domingo 1° de mayo es el día de los trabajadores y es también la fiesta de San José Obrero.

Aquí, en Melo, tenemos una parroquia dedicada a San José, aquel trabajador de Galilea que fue en la tierra el padre del Hijo de Dios. Jesús no se avergonzó de ser llamado “el hijo del carpintero”. Vaya, entonces, para la comunidad de San José Obrero, donde hoy tuvimos ya la celebración de la Misa, un cordial saludo, así como a su párroco, el P. Miguel Hutchings.

A fines del siglo XIX, en plena revolución industrial, los obreros luchaban por la reducción de la jornada de trabajo. Pasar de jornadas de hasta 12 o 14 horas, a una jornada de 8 horas.

En el marco de esa reivindicación, el 1º de mayo de 1886, hace hoy 130 años, 200.000 trabajadores de los Estados Unidos fueron a la huelga. Ese día, en la ciudad de Chicago 80.000 trabajadores se manifestaron en la calle.

Las movilizaciones continuaron en los días siguientes. Una bomba mató a varios policías y llevó al arresto de cuatro de los principales dirigentes sindicales, posteriormente  juzgados y condenados a muerte, sin que hubiera verdaderas pruebas de su culpabilidad. Hoy son recordados como “los mártires de Chicago” y la jornada del primero de mayo quedó establecida entre los trabajadores y un feriado reconocido por muchos países, como el nuestro. Es una jornada de memoria y reivindicaciones sociales y laborales.

En el año 1955 el Papa Pío XII instituyó la fiesta de San José Obrero, para que el Santo Custodio de la Sagrada Familia “sea para todos los obreros del mundo, especial protector ante Dios, y escudo para tutela y defensa en las penalidades y en los riesgos del trabajo”.

Claro que la mirada de la Iglesia sobre el mundo del trabajo en los tiempos modernos había comenzado mucho antes… En 1891 el Papa León XIII, el mismo que seis años más tarde crearía la Diócesis de Melo, entregaba su carta Rerum Novarum. Rerum Novarum quiere decir “las cosas nuevas”, pero el subtítulo de la carta es clarísimo: “sobre la situación de los obreros”. El Papa señalaba allí que “un número sumamente reducido de opulentos y adinerados ha impuesto poco menos que el yugo de la esclavitud a una muchedumbre infinita de proletarios.”

De esta forma se iniciaba lo que hoy llamamos “Doctrina social de la Iglesia”, que se ha continuado con la enseñanza de los Papas.

En ese desarrollo tuvo un papel muy importante San Juan Pablo II, especialmente con su carta Laborem Excercens, sobre el trabajo humano, a 90 años de aquella primera carta de León XIII.

Aquí en Melo tuvimos el privilegio de escuchar al propio Juan Pablo II, cuando nos visitó el domingo 8 de mayo de 1988, en la explanada del barrio La Concordia, donde todavía se puede leer en los muros del fondo: “Juan Pablo II, el mundo del trabajo te saluda”. El mundo del trabajo, porque a ese mundo iba dirigido el mensaje del Papa para ese día.

Mons. Roberto Cáceres recibió a Juan Pablo II con una acabada demostración de su capacidad de oratoria, hablando sin papeles con total fluidez, con una gran calidez y con su espíritu siempre lleno de optimismo y esperanza.

El Papa entregó su mensaje en el que recordó el valor del trabajo humano, a través del cual “la persona se perfecciona a sí misma, obtiene los recursos para sostener a su familia, y contribuye a la mejora de la sociedad en la que vive. Todo trabajo es testimonio de la dignidad del hombre, de su dominio sobre la creación, y cualquier trabajo honrado es digno de aprecio” subrayó el Santo Padre.

A partir de esa valoración del trabajo humano, Juan Pablo II llamó a todos los fieles católicos y a todos los uruguayos de buena voluntad a instaurar una “civilización del trabajo”, un proyecto cuya realización exige, entre otras cosas “un esfuerzo educativo de las jóvenes generaciones en las virtudes del trabajo y en la práctica de la espiritualidad que le es propia (Laborem Exercens, 24-27)”.

Tuvo también palabras para quienes poseen la tierra y otras clases de bienes, recordando que “que sobre toda propiedad privada, ‘grava una hipoteca social’ que les obliga a procurar que sus propiedades rindan en beneficio de la colectividad.”

A los empresarios recordó que “la prioridad del trabajo sobre el capital convierte en un deber de justicia... anteponer el bien de los trabajadores al aumento de las ganancias.”

Expresó su cercanía a quienes se dedican a la actividad sindical recordando la posición de la doctrina de la Iglesia que considera que su fin es “la lucha por la justicia social, por los justos derechos de los hombres del trabajo según las distintas profesiones... pero no es una lucha ‘contra los demás’”.

No se olvidó de los trabajadores rurales, pidiendo que pueda acceder a condiciones de vida que eviten que el campo se siga vaciando.

Finalmente, destacó “la importancia de valorar socialmente las funciones que con abnegación y entrega, desempeñan en sus casas, las madres de familia”. “Con esto deseo hacer patente el reconocimiento y homenaje que se debe a la mujer uruguaya.”

El mensaje de Juan Pablo II concluyó invitándonos a contemplar a Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, pero también “el hijo del carpintero”. Él “santificó la noble realidad del trabajo humano, desarrollando, durante la mayor parte de su vida, la humilde labor de un artesano. Jesús nos enseñó, de este modo, a valorar el trabajo en función del amor con que lo hagamos.”
 
+ Heriberto

sábado, 30 de abril de 2016

Saludo de los Obispos de Uruguay en el Día de los Trabajadores


DÍA DE LOS TRABAJADORES

1º DE MAYO – 2016

A los trabajadores, hombres y mujeres de nuestro país:

1.   Desde que se estableció el día internacional de los trabajadores, en esta jornada de celebración se hace memoria de luchas reivindicativas, se mira críticamente el presente y se espera el futuro con esperanza.

2.   El camino recorrido nos habla de sacrificio, de éxitos y sueños por alcanzar, tarea de muchos que supieron dejar sus intereses particulares, logrando así beneficios para todos.

3.   Hoy se disfruta de conquistas que nos parecen naturales, pero que costaron sudor y lágrimas, y también se continúa luchando por aquello que nos preocupa, como el empleo, desempleo o subempleo.
Mantener y agradecer lo que tenemos es tarea de todos, así como lo es apoyar las causas justas.

4.   Generosidad, prudencia, olvido de sí, de intereses particulares y de grupo tendrán que acompañarnos siempre, para que no se malogre lo que esperamos y se puedan alcanzar nuevas metas que nos permitan vivir en una sociedad más justa, fraterna y solidaria.

5.   En este día de San José Obrero, patrono de los trabajadores, pedimos su intercesión, para que un trabajo que dignifique a cada persona sea una realidad para todos.

Los Obispos de la Conferencia Episcopal del Uruguay

domingo, 24 de abril de 2016

Enfoques Dominicales: "Ámense unos a otros"

Afiche de la película
"Su Excelencia"
Allá por el año 1967, yo estaba cursando el primer año en el Liceo de Young. Un domingo de tarde, como solíamos hacer, fui al cine con mis hermanos. Vimos una película de Cantinflas. La gente de mi generación la recordará… otros más jóvenes, si descubrieron a ese genio mexicano del humor humanista, tal vez la hayan visto también… y si no, la recomiendo. La película era “Su Excelencia”, título referido a un embajador. Un oscuro funcionario administrativo de la imaginaria república de Los Cocos es el personaje que representa Cantinflas. Un golpe de Estado lleva a que ese hombre escondido salte a ser el representante de Los Cocos ante las Naciones Unidas. Al final de la película hay un momento crucial, donde Su Excelencia, el embajador de Los Cocos, tiene que pronunciar un discurso ante la asamblea de las Naciones Unidas.

Me quedó grabada la parte final del discurso, porque recuerdo que me sorprendió. Ayer busqué el discurso en internet. Lo encontré, y ese final dice así:
Si no fuéramos tan ciegos, tan obcecados, tan orgullosos, si tan solo rigiéramos nuestras vidas por las sublimes palabras que hace dos mil años dijo aquel humilde carpintero de Galilea, sencillo, descalzo, sin frac ni condecoraciones:
“Amaos… amaos los unos a los otros”
Pero, desgraciadamente, ustedes entendieron mal, confundieron los términos y ¿Qué es lo que han hecho? ¿Qué es lo que hacen? “Armaos los unos contra los otros”.
En este domingo, volvemos a escuchar esas palabras de Jesús que Su Excelencia cita en su discurso: “amaos los unos a los otros”, o como solemos decir hoy: “Ámense unos a otros” (Ver Juan 13,31-35).
“Les doy un mandamiento nuevo: ámense unos a otros, como yo los he amado”.
Pero vayamos al pasaje del Evangelio que acabamos de escuchar. Vamos a hacerlo de la mano de alguien que se sintió especialmente tocada en su vida por estas palabras de Jesús: Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares.

Lo primero que nos hace observar Chiara, comentando este pasaje del Evangelio, es en qué momento Jesús dice estas palabras: es en la última cena, antes de entrar en su pasión. Esas palabras son su testamento. ¿Qué quiere decir Jesús? Sus palabras tienen que ver con una pregunta que está detrás de todo lo que Jesús hace en esa última cena, donde nos deja la Eucaristía y el Sacerdocio: ¿Cómo puede Jesús permanecer entre los suyos para llevar adelante la Iglesia?

Chiara Lubich
Jesús queda presente en los Sacramentos, especialmente en el gran sacramento de la Eucaristía. Pero, nos hace notar Chiara, “También está presente donde se vive el amor recíproco”, es decir, cuando de verdad los discípulos de Jesús nos amamos unos a otros. Precisamente, nos dice Jesús: “En esto reconocerán todos que ustedes son mis discípulos: si se aman unos a otros”. Entonces, este amarnos unos a otros, dentro de la comunidad cristiana, es lo que hace la comunidad. Es lo que hace que la comunidad sea de verdad un signo para el mundo. Por eso, son tan dolorosas las divisiones entre los discípulos de Jesús, divisiones que se han ido dando a través de los siglos.  Y por eso también, es tan importante el diálogo ecuménico, el diálogo entre los diferentes grupos de creyentes en Cristo: católicos, ortodoxos, protestantes, evangélicos... 

Por eso es tan importante en la Iglesia Católica la unidad de cada pequeño grupo o comunidad, de cada parroquia; de una Diócesis, de una Conferencia Episcopal, de toda la Iglesia en la comunión con el sucesor de Pedro.

Esto, no sólo para sentirnos bien entre nosotros, sino porque la vivencia de ese amor recíproco, de esa unidad es la que despierta la inquietud en quienes no conocen a Jesús. Así lo señalaba un escritor cristiano llamado Tertuliano que, a comienzos del siglo III, notaba cómo las comunidades cristianas daban testimonio del amor recíproco, al punto que mucha gente decía “Miren cómo se aman”.

Y volviendo a Chiara Lubich:
“El amor recíproco crea la unidad. ¿Y qué produce la unidad? ‘Que todos sean uno –agrega Jesús- para que el mundo crea’ (Juan 17, 21). Al revelar la presencia de Cristo, la unidad arrastra al mundo tras Él. Frente a la unidad y al amor recíproco el mundo cree en Él.”
Pero ¿cómo es posible ese amor, si tantas veces somos, como decía Cantinflas “tan ciegos, tan obcecados, tan orgullosos”. Jesús nos dice “Ámense unos a otros, como yo los he amado”.

Parece que Jesús nos pide aquí que lo imitemos. Y nos da un ejemplo muy grande. Él da la vida por nosotros. “Ámense como yo lo he amado” es estar dispuestos a dar la vida por los hermanos. Tertuliano decía “Mira cómo [los cristianos] están dispuestos a morir el uno por el otro, mientras ellos están dispuestos, más bien, a matarse unos a otros.” O, como diría Cantinflas, los que entendieron “armaos los unos contra los otros”.

Pero Jesús no sólo nos da un ejemplo. Cuando nos dice que nos amemos como Él nos ha amado, tenemos que ir a la fuente de su amor. Y esa fuente está en el Padre. Vuelvo a citar a Chiara Lubich:
“[Jesús] nos amó con el mismo amor con el que se aman Él y el Padre. Con ese amor tenemos que amarnos unos a otros para realizar el mandamiento nuevo. Un amor que nosotros, en cuanto hombres y mujeres, no poseemos. Pero lo recibimos por ser cristianos. ¿Y quién nos lo dona? El Espíritu Santo lo infunde en los corazones de todos los creyentes.”
Es, entonces, con ese amor que el Espíritu Santo nos comunica, con que nosotros podemos amarnos y amar como Jesús nos amó.

Sólo así el amor no se queda solo en buenos sentimientos, buenos pensamientos, lindas palabras. Sólo así el amor se hace dar la vida; dar la vida cada día, en el respeto y la consideración por los demás, en el servicio, en el cuidado del prójimo, en la entrega generosa; en cada gesto de amor hacia el hermano y en cada acto de solidaridad hacia quien que está en el dolor, en la necesidad, en la miseria.

Dejemos que el amor de Jesús entre en nuestro corazón y lo transforme, lo haga capaz de amar como Él mismo nos amó. Así sea.

+ Heriberto, Obispo de Melo

Nota: Y si llegaron hasta aquí, no se pierdan el discurso de Cantinflas:



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Enfoques Dominicales
es un programa que se emite por 1340 AM La Voz de Melo, los domingos a las 11:50. La versión escrita que presenta el Blog no es la versión literal de lo emitido, pero sí su contenido esencial.

domingo, 17 de abril de 2016

Enfoques Dominicales. Jesús Buen Pastor: elegidos con misericordia.

Cruz pectoral que utiliza el Papa Francisco:
el mismo diseño que la de Mons. Roberto Cáceres
Hoy es el cuarto domingo de Pascua, domingo de Jesús Buen Pastor, jornada mundial de oración por las vocaciones.

La figura de Jesús Buen Pastor nos lleva a recordar a otro “buen pastor” que, al modo de Jesús, pastoreó la comunidad católica en los departamentos de Cerro Largo y Treinta y Tres, nuestra Diócesis de Melo. Estamos hablando de Mons. Roberto Cáceres, obispo de Melo desde 1962 a 1996, que ayer cumplió sus 95 años en Montevideo, en el Hogar Sacerdotal donde hoy reside. Lo estuve acompañando junto a numerosas personas que fueron a visitarlo y me pidió muy especialmente hacerles llegar su saludo.

También tenemos que recordar a la Parroquia Jesús Buen Pastor, aquí en Melo, que celebra hoy su fiesta patronal. Una parroquia conocida por su ubicación frente al “Quiosco cinco”, Todavía hay quien se refiere a ella como “Centro de Promoción Social”, pero desde 1997, hace ya 19 años, Mons. Cotugno la hizo la más nueva de las parroquias de Melo.

Allí, hace más de 30 años hay una comunidad de las Hermanas de Santa Dorotea de Cemmo, o simplemente, las Doroteas, que hoy continúan animando la vida parroquial. La Parroquia abarca un territorio importante que incluye la Capilla Santa Teresita, la capilla conocida como “La Casita”, el barrio El Trampolín, con su capilla Nuestra Señora de Guadalupe, el Salón San Francisco, actualmente atendido desde otra parroquia; las capillas que están en Cañas, La Micaela, La Pedrera, Arbolito… Felicitaciones a toda la comunidad.

En esta jornada mundial de oración por las vocaciones, el Papa Francisco nos ha dirigido un mensaje titulado “La Iglesia, madre de vocaciones”, que esta disponible desde ayer en este blog.
En este mensaje el Papa hace una breve alusión al origen de su propia vocación. Creo que vale la pena saber un poco más de esto… Cuando el Papa Francisco fue elegido eligió un lema que lo ha acompañado en todo su camino vocacional. El lema está en latín: “Miserando atque eligendo” y está tomado de una homilía sobre la vocación del apóstol Mateo.

¿Qué quiere decir “Miserando atque eligendo”? Francisco lo traduce como “lo eligió con misericordia”. Efectivamente, el apóstol Mateo era un hombre que tenía una profesión que era considerada como un pecado público. Era un “publicano”, un recaudador de impuestos. El cobrador de impuestos no era un funcionario público. El imperio romano trabajaba con lo que hoy llamaríamos “deuda pública”: recibía dinero de gente acaudalada y les daba una especie de patente que les permitía recaudar impuestos… naturalmente, cobrando altos intereses. Eso caía sobre la población. Estos publicanos eran tanto los hombres ricos como sus empleados y ganaban así su dinero, participando en aquella forma de exprimir a todo el mundo, pero que sufrían sobre todo los más pobres.

Al llamado de Jesús, Mateo deja su mesa de cobrador de impuestos y sigue a Jesús, se hace uno de los discípulos. Después reúne a varios compañeros de él e invitan a Jesús a cenar. Hay gente que ve todo esto, y le parece mal, y le recriminan a Jesús que reciba a los pecadores y que coma con ellos. Pero Jesús responde: “No son los sanos los que necesitan al médico, sino los enfermos. Vayan y aprendan qué significa ‘quiero misericordia y no sacrificios’, pues yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores” (Mateo 9,12-13). Por eso es que se puede decir que Jesús eligió a Mateo “con misericordia”.

En el año 1953, en la fiesta de san Mateo, el joven Jorge Bergoglio experimentó, a la edad de 17 años, la presencia amorosa de Dios en su vida. Después de una confesión, sintió que la misericordia de Dios había tocado su corazón, que Dios lo había mirado con amor, y lo llamaba a la vida religiosa a ejemplo de san Ignacio de Loyola. Fue así que el hoy Papa Francisco decidió entrar a la Compañía de Jesús.

Una vez elegido obispo, monseñor Bergoglio, en recuerdo de aquel acontecimiento, que marcó los inicios de su total consagración a Dios en Su Iglesia, decidió elegir, como lema y programa de vida, la expresión miserando atque eligendo, que también ha querido reproducir en su escudo pontificio.

Esta experiencia del Papa Francisco nos ayuda a entender algunos aspectos de la vocación.
Primero: es un llamado de Dios; pero más aún, es un llamado del amor misericordioso de Dios, que no se detiene en lo que somos, en nuestros defectos, nuestras fallas y nuestros pecados, sino en lo que Él puede llegar a hacer con nosotros si lo dejamos actuar.
Segundo: la vocación nace en la Iglesia, para el servicio de la Iglesia y del mundo. Los discípulos de Jesús no fueron llamados para formar un club privado, un círculo cerrado, sino para ser enviados al mundo. A imagen de Cristo, que se hizo “servidor de todos”, la Iglesia es “servidora de la humanidad”. Toda vocación en la Iglesia es una vocación de servicio, como Jesús, que no vino a ser servido “sino a servir y a dar la vida en rescate por la multitud”.

Finalmente, entendamos que, en la Iglesia, la primera vocación es la vocación cristiana: ser cristiano, discípulo de Jesús, discípulo misionero. Es la vocación que nos viene del bautismo y de la confirmación.

Después vienen las diferentes vocaciones especiales: servicios, ministerios, formas de especial consagración, como las religiosas, con sus votos. Un lugar especial lo tienen los sacerdotes, “A través de su ministerio se hace presente la palabra de Jesús que ha declarado: (…) Yo soy el buen pastor (Jn 10, 11). El cuidado pastoral de las vocaciones es una parte fundamental de su ministerio pastoral. Los sacerdotes acompañan a quienes están en buscan de la propia vocación y a los que ya han entregado su vida al servicio de Dios y de la comunidad.” (Del mensaje de Francisco para esta jornada).

Para terminar, les propongo unirnos en esta oración del Papa Francisco:
Padre de misericordia,
que has entregado a tu Hijo por nuestra salvación
y nos sostienes continuamente con los dones de tu Espíritu,
concédenos comunidades cristianas vivas, fervorosas y alegres,
que sean fuentes de vida fraterna
y que despierten entre los jóvenes
el deseo de consagrarse a Ti y a la evangelización.
Sostenlas en el empeño de proponer a los jóvenes
una adecuada catequesis vocacional
y caminos de especial consagración.
Dales sabiduría para el necesario discernimiento de las vocaciones
de modo que en todo brille la grandeza de tu amor misericordioso.
Que María, Madre y educadora de Jesús,
interceda por cada una de las comunidades cristianas,
para que, hechas fecundas por el Espíritu Santo,
sean fuente de auténticas vocaciones al servicio del pueblo santo de Dios.
+ Heriberto
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Enfoques Dominicales
es un programa que se emite por 1340 AM La Voz de Melo, los domingos a las 11:50. La versión escrita que presenta el Blog no es la versión literal de lo emitido, pero sí su contenido esencial.
 
 

sábado, 16 de abril de 2016

Mons. Roberto Cáceres en sus 95 años


Esta mañana, en Montevideo, en la capilla del Hogar Sacerdotal, Mons. Roberto Cáceres celebró la Eucaristía junto con Mons. Heriberto Bodeant, su tercer sucesor en la Diócesis de Melo.
Participaron en la Misa los sacerdotes que residen en la casa, la comunidad de las Hermanas Misioneras de Jesús Eterno Sacerdote y una sobrina.
En su homilía, Mons. Roberto agradeció cálida y sentidamente a los presentes, agradeció a Dios por el don de la vida y comentó el evangelio del día, cuando Jesús pregunta a sus discípulos "¿También ustedes quieren dejarme?". "Parece que Jesús se va a quedar solo, pero no... los discípulos se quedan. Y nosotros también estamos aquí hoy: creemos en él, no lo abandonamos". Expresión de esta fidelidad al Señor de toda una vida.
Ya en los días anteriores hubo muchas visitas, que siguieron a lo largo del día.
José Luis Barboza viajó desde Melo con dos ayudantes para filmar una larga entrevista como corresponsal de TNU, que será emitida en el informativo de mañana domingo, a las 20 horas.

La Iglesia, madre de vocaciones. Mensaje del Papa Francisco para la 53ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA 53 JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES

La Iglesia, madre de vocaciones

Queridos hermanos y hermanas:

Cómo desearía que, a lo largo del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, todos los bautizados pudieran experimentar el gozo de pertenecer a la Iglesia. Ojalá puedan redescubrir que la vocación cristiana, así como las vocaciones particulares, nacen en el seno del Pueblo de Dios y son dones de la divina misericordia. La Iglesia es la casa de la misericordia y la «tierra» donde la vocación germina, crece y da fruto.

Por eso, invito a todos los fieles, con ocasión de esta 53ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, a contemplar la comunidad apostólica y a agradecer la mediación de la comunidad en su propio camino vocacional. En la Bula de convocatoria del Jubileo Extraordinario de la Misericordia recordaba las palabras de san Beda el Venerable referentes a la vocación de san Mateo: misereando atque eligendo (Misericordiae vultus, 8). La acción misericordiosa del Señor perdona nuestros pecados y nos abre a la vida nueva que se concreta en la llamada al seguimiento y a la misión. Toda vocación en la Iglesia tiene su origen en la mirada compasiva de Jesús. Conversión y vocación son como las dos caras de una sola moneda y se implican mutuamente a lo largo de la vida del discípulo misionero.

El beato Pablo VI, en su exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, describió los pasos del proceso evangelizador. Uno de ellos es la adhesión a la comunidad cristiana (cf. n. 23), esa comunidad de la cual el discípulo del Señor ha recibido el testimonio de la fe y el anuncio explícito de la misericordia del Señor. Esta incorporación comunitaria incluye toda la riqueza de la vida eclesial, especialmente los Sacramentos. La Iglesia no es sólo el lugar donde se cree, sino también verdadero objeto de nuestra fe; por eso decimos en el Credo: «Creo en la Iglesia».

La llamada de Dios se realiza por medio de la mediación comunitaria. Dios nos llama a pertenecer a la Iglesia y, después de madurar en su seno, nos concede una vocación específica. El camino vocacional se hace al lado de otros hermanos y hermanas que el Señor nos regala: es una con-vocación. El dinamismo eclesial de la vocación es un antídoto contra el veneno de la indiferencia y el individualismo. Establece esa comunión en la cual la indiferencia ha sido vencida por el amor, porque nos exige salir de nosotros mismos, poniendo nuestra vida al servicio del designio de Dios y asumiendo la situación histórica de su pueblo santo.

En esta jornada, dedicada a la oración por las vocaciones, deseo invitar a todos los fieles a asumir su responsabilidad en el cuidado y el discernimiento vocacional. Cuando los apóstoles buscaban uno que ocupase el puesto de Judas Iscariote, san Pedro convocó a ciento veinte hermanos (Hch. 1,15); para elegir a los Siete, convocaron el pleno de los discípulos (Hch. 6,2). San Pablo da a Tito criterios específicos para seleccionar a los presbíteros (Tt 1,5-9). También hoy la comunidad cristiana está siempre presente en el surgimiento, formación y perseverancia de las vocaciones (cfr. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 107).

La vocación nace en la Iglesia. Desde el nacimiento de una vocación es necesario un adecuado «sentido» de Iglesia. Nadie es llamado exclusivamente para una región, ni para un grupo o movimiento eclesial, sino al servicio de la Iglesia y del mundo. Un signo claro de la autenticidad de un carisma es su eclesialidad, su capacidad para integrarse armónicamente en la vida del santo Pueblo fiel de Dios para el bien de todos (ibíd., 130). Respondiendo a la llamada de Dios, el joven ve cómo se amplía el horizonte eclesial, puede considerar los diferentes carismas y vocaciones y alcanzar así un discernimiento más objetivo. La comunidad se convierte de este modo en el hogar y la familia en la que nace la vocación. El candidato contempla agradecido esta mediación comunitaria como un elemento irrenunciable para su futuro. Aprende a conocer y a amar a otros hermanos y hermanas que recorren diversos caminos; y estos vínculos fortalecen en todos la comunión.

La vocación crece en la Iglesia. Durante el proceso formativo, los candidatos a las distintas vocaciones necesitan conocer mejor la comunidad eclesial, superando las percepciones limitadas que todos tenemos al principio. Para ello, es oportuno realizar experiencias apostólicas junto a otros miembros de la comunidad, por ejemplo: comunicar el mensaje evangélico junto a un buen catequista; experimentar la evangelización de las periferias con una comunidad religiosa; descubrir y apreciar el tesoro de la contemplación compartiendo la vida de clausura; conocer mejor la misión ad gentes por el contacto con los misioneros; profundizar en la experiencia de la pastoral en la parroquia y en la diócesis con los sacerdotes diocesanos. Para quienes ya están en formación, la comunidad cristiana permanece siempre como el ámbito educativo fundamental, ante la cual experimentan gratitud.

La vocación está sostenida por la Iglesia. Después del compromiso definitivo, el camino vocacional en la Iglesia no termina, continúa en la disponibilidad para el servicio, en la perseverancia y en la formación permanente. Quien ha consagrado su vida al Señor está dispuesto a servir a la Iglesia donde esta le necesite. La misión de Pablo y Bernabé es un ejemplo de esta disponibilidad eclesial. Enviados por el Espíritu Santo desde la comunidad de Antioquía a una misión (Hch 13,1-4), volvieron a la comunidad y compartieron lo que el Señor había realizado por medio de ellos (Hch 14,27). Los misioneros están acompañados y sostenidos por la comunidad cristiana, que continúa siendo para ellos un referente vital, como la patria visible que da seguridad a quienes peregrinan hacia la vida eterna.

Entre los agentes pastorales tienen una importancia especial los sacerdotes. A través de su ministerio se hace presente la palabra de Jesús que ha declarado: Yo soy la puerta de las ovejas… Yo soy el buen pastor (Jn 10, 7.11). El cuidado pastoral de las vocaciones es una parte fundamental de su ministerio pastoral. Los sacerdotes acompañan a quienes están en buscan de la propia vocación y a los que ya han entregado su vida al servicio de Dios y de la comunidad.

Todos los fieles están llamados a tomar conciencia del dinamismo eclesial de la vocación, para que las comunidades de fe lleguen a ser, a ejemplo de la Virgen María, seno materno que acoge el don del Espíritu Santo (cf Lc 1,35-38). La maternidad de la Iglesia se expresa a través de la oración perseverante por las vocaciones, de su acción educativa y del acompañamiento que brinda a quienes perciben la llamada de Dios. También lo hace a través de una cuidadosa selección de los candidatos al ministerio ordenado y a la vida consagrada. Finalmente es madre de las vocaciones al sostener continuamente a aquellos que han consagrado su vida al servicio de los demás.

Pidamos al Señor que conceda a quienes han emprendido un camino vocacional una profunda adhesión a la Iglesia; y que el Espíritu Santo refuerce en los Pastores y en todos los fieles la comunión eclesial, el discernimiento y la paternidad y maternidad espirituales:

Padre de misericordia, que has entregado a tu Hijo por nuestra salvación y nos sostienes continuamente con los dones de tu Espíritu, concédenos comunidades cristianas vivas, fervorosas y alegres, que sean fuentes de vida fraterna y que despierten entre los jóvenes el deseo de consagrarse a Ti y a la evangelización. Sostenlas en el empeño de proponer a los jóvenes una adecuada catequesis vocacional y caminos de especial consagración. Dales sabiduría para el necesario discernimiento de las vocaciones de modo que en todo brille la grandeza de tu amor misericordioso. Que María, Madre y educadora de Jesús, interceda por cada una de las comunidades cristianas, para que, hechas fecundas por el Espíritu Santo, sean fuente de auténticas vocaciones al servicio del pueblo santo de Dios.

Vaticano, 29 de noviembre de 2015

Primer Domingo de Adviento

Franciscus

miércoles, 13 de abril de 2016

La Conferencia Episcopal del Uruguay finalizó ayer en Florida su asamblea general.

COMUNICADO DE PRENSA
ASAMBLEA PLENARIA ORDINARIA DE LA
CONFERENCIA EPISCOPAL DE URUGUAY

Mons. Carlos Collazzi
Obispo de Mercedes
Presidente de la CEU
Del 6 al 12 del presente mes de abril, los obispos del Uruguay hemos realizado la asamblea plenaria ordinaria de la Conferencia Episcopal.

En esta reunión, asumió funciones el nuevo Consejo Permanente, y los responsables de todos los departamentos y comisiones elegidos en la asamblea de noviembre del año pasado.
Al comienzo de nuestro encuentro, como es habitual, nos visitó el Señor Nuncio Apostólico de Su Santidad, Mons. George Panikulam, con quien dialogamos sobre temas de interés para la Iglesia en el Uruguay. 
En el curso de la reunión, tuvimos la oportunidad de observar la realidad social y económica de nuestro país, con el aporte de la Lic. Carolina Ferreira.
También recibimos a representantes de ACDE (Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa), a los delegados de los diáconos permanentes, a los responsables del CEDIDOSC (Centro de estudio y difusión de la doctrina social cristiana), y a representantes de la Comisión Nacional de Pastoral Juvenil. 

Analizamos luego la carta del embajador uruguayo ante la Santa Sede, en la que pide el consentimiento de la Conferencia Episcopal para buscar en los archivos vaticanos datos sobre los detenidos desaparecidos correspondientes al tiempo del gobierno de facto. Los obispos hemos dado el consentimiento al embajador para que se pueda buscar en los archivos vaticanos datos sobre los detenidos desaparecidos durante el gobierno de facto en Uruguay.

En el curso de la asamblea, volvimos a tratar el tema de las denuncias sobre abusos sexuales a menores por parte de sacerdotes o consagrados en la Iglesia. En los últimos cuatro años, hemos examinado reiteradamente este tema; primero, con ocasión de la elaboración del protocolo para el caso de denuncias de abuso de menores. El año pasado, invitando a los miembros del equipo de prevención de abusos de la Iglesia de Chile, que está integrado por sacerdotes, psicólogos y abogados. Y ahora, volvemos a referirnos a este argumento, frente a las resonancias generadas por el film Spotlight, que ha llevado a varios medios de comunicación a realizar investigaciones sobre este asunto.
Hemos habilitado un número telefónico específico para recibir las eventuales denuncias de todo el país, que serán atendidas por personas idóneas, de lunes a viernes de 14.30 a 18.30 horas: 095 382 465  
Teniendo en cuenta todo esto, hemos elaborado un comunicado específico.

El domingo 10 celebramos la Eucaristía en el Santuario Nacional de la Virgen de los Treinta y Tres con la presencia del Nuncio Apostólico, agradeciendo los tres años de pontificado del Papa Francisco.

Tuvimos la alegría de que, durante el desarrollo de la Conferencia Episcopal, fuera publicada la Exhortación Apostólica del Papa Francisco sobre la familia, Amoris laetitia, fruto de los dos últimos Sínodos de los obispos.

Esperamos que esta palabra del Santo Padre ilumine todos los esfuerzos pastorales de acompañamiento a las familias que realiza nuestra Iglesia.

Obispos uruguayos ante abusos sexuales por parte de clérigos: perdón y compromiso



PERDÓN Y COMPROMISO

Los obispos católicos ante los abusos sexuales de menores
por parte de sacerdotes y consagrados

1.    Los obispos desde hace cuatro años hemos venido prestando especial atención a este tema. Primero elaboramos, con la ayuda de profesionales expertos, el Protocolo de acción frente a denuncias de abuso sexual a menores por parte de clérigos. El año pasado recibimos a los miembros del equipo de prevención de abusos de la Iglesia de Chile, que está integrado por sacerdotes, psicólogos y abogados, y estamos abocados a la creación de una comisión para la prevención de abusos en nuestra Iglesia. 

2.    A su vez, cada congregación religiosa e instituto de vida consagrada ha elaborado su propio protocolo para atender denuncias contra sus miembros.

3.    Pedimos perdón a las personas que han sufrido abusos por parte de algunos clérigos y religiosos en nuestro país. Sentimos dolor y vergüenza ya que son personas que habiendo prometido servir a Dios y al prójimo, cometieron actos aberrantes.

4.    Todos saben que, desgraciadamente, hechos como estos, se denuncian de unos años a esta parte en diversos países, y en todos los estratos de la sociedad. Pero de ningún modo se puede justificar que ocurran en la Iglesia. Hacemos nuestras las palabras que Benedicto XVI dirigió a los autores de hechos similares: "traicionaron la confianza depositada en ustedes por padres que les confiaron a sus hijos. Deben responder de ello ante Dios todopoderoso y ante los tribunales debidamente constituidos.

5.    Frente a las denuncias de casos de personas dañadas, reiteramos nuestra firme disposición a recibirlas, escucharlas y acompañarlas, investigando y procediendo con rigor de acuerdo al  Protocolo antes mencionado. También manifestamos nuestra total disponibilidad para colaborar con la justicia.

6.    Reconocemos al mismo tiempo la generosidad de la gran mayoría de sacerdotes y consagrados que a diario entregan su vida al servicio del prójimo. Reafirmamos el valor de la consagración a Dios mediante el celibato, que la Iglesia mantiene, como un modo especial de seguimiento de los discípulos de Jesús.

7.    Nuestra diaria tarea nos pone en contacto con la fragilidad humana. Somos conscientes de las miserias propias y ajenas, y de la necesidad de la ayuda de Dios y el apoyo de los hermanos que nos sostengan. Así podremos superar desgaste y fragilidades. La fidelidad del cristiano, en cualquier opción de vida, es un don y también una responsabilidad.

8.    Nos comprometemos a seguir examinando con cuidado las motivaciones y aptitudes de los futuros sacerdotes, y también en la adecuada formación para la prevención de quienes colaboran en las comunidades, instituciones u obras sociales eclesiales.
                                          
                                                           Los obispos de la Conferencia Episcopal del Uruguay

Florida, 12 de abril de 2016.