lunes, 19 de agosto de 2024
Palabra de Vida: “Muchos de los primeros serán los últimos” (Mateo 19,23-30)
domingo, 18 de agosto de 2024
15 años creciendo en esperanza: Fazenda de la Esperanza en Uruguay
Con una Misa presidida por Mons. Pablo Jourdan, Obispo de Melo (Cerro Largo y Treinta y Tres) acompañado por Mons. Heriberto Bodeant, Obispo de Canelones, la Fazenda de la Esperanza "Quo Vadis?", en la ciudad de Cerro Chato, celebró ayer los 15 años de su inauguración, que fue el 1 de agosto de 2009.
Fazenda de la Esperanza es una comunidad terapéutica, nacida en Brasil, para la recuperación de dependientes químicos y de otras adicciones.
La Fazenda llegó a Uruguay a pedido del entonces Obispo de Melo, Mons. Luis del Castillo. En 2009 fue a Mons. Heriberto Bodeant, recién llegado a la Diócesis de Melo, a quien le tocó inaugurar la casa. En la inauguración participó Nelson Giovannelli, uno de los fundadores.
Más adelante se agregaría la Fazenda femenina Betania, en Melo y Monte Carmelo, en Montevideo.
En el video pueden verse imágenes de la inauguración.
sábado, 17 de agosto de 2024
Palabra de Vida: Aprender con los niños a ser signos de Esperanza (Mateo 19,13-15)
viernes, 16 de agosto de 2024
Palabra de Vida: “¡El que pueda entender, que entienda!” (Mateo 19,3-12)
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jueves, 15 de agosto de 2024
Asunción de la Virgen María.
Día nacional de la Catequesis: “Catequistas con Esperanza”
Este domingo, en Uruguay y en otros países, la Iglesia Católica celebra el día de la catequesis. ¿Por qué en esta fecha? Se toma como referencia el domingo más próximo a la memoria del Papa San Pío Décimo, que es el día 21 de este mes. Este Papa, que se llamaba José Melchor Sarto, fue párroco, obispo de Mantua y patriarca de Venecia. Finalmente, elegido como Sumo Pontífice, adoptó una forma de gobierno dirigida a instaurar todas las cosas en Cristo, que llevó a cabo con sencillez de ánimo, pobreza y fortaleza, promoviendo entre los fieles la vida cristiana por la participación en la Eucaristía, la dignidad de la liturgia y la integridad de la doctrina.
San Pío Décimo es conocido como “el papa de la Catequesis”, porque promovió el estudio del catecismo y fomentó el acceso temprano de los niños a la comunión, a través del decreto Quam Singulari, del 8 de agosto de 1910.
El título del decreto recoge, como es costumbre en los documentos pontificios, las dos primeras palabras del texto, en español “cuan singular” y se refieren al singular amor con que Cristo amó a los niños, hasta reprender a sus discípulos, que querían que se apartaran de Él, diciéndoles:
«Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. Les aseguro que el que no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él». (Marcos 10,14-15)
El decreto estableció los siete años como edad en la que se considera que el niño tiene uso de razón y, por lo tanto, puede “distinguir el bien del mal” y “distinguir el cuerpo de Cristo del pan ordinario”. Lo primero hace posible acceder al sacramento de la Reconciliación, a la confesión, porque se puede llegar a reconocer que se ha actuado mal. Lo segundo permite acceder a la comunión. Desde luego, ambos sacramentos necesitan una adecuada preparación y para esto está la catequesis.
La catequesis, enseña san Juan Pablo II, es
“el conjunto de esfuerzos realizados por la Iglesia para hacer discípulos, para ayudar a los hombres a creer que Jesús es el Hijo de Dios, a fin de que, mediante la fe, ellos tengan vida en su nombre; para educarlos e instruirlos en esta vida y construir así el Cuerpo de Cristo.” (Catechesi Tradendae, 1)
Es desde esa perspectiva que hablamos hoy de catequesis como “introducción a la vida cristiana”: hacer discípulos de Jesucristo. Durante mucho tiempo hemos entendido la catequesis como “preparación a la Primera Comunión”. La Comunión, no solo la primera, sino todas las que siguen después, es sumamente importante. Es recibir a Jesús como alimento para caminar en la fe. Pero comulgar, con toda su importancia, no agota la vida cristiana. Alimenta esa vida; la hace posible. Es fuente de esa vida. Es culminación de essa vida. Es recibiendo a Cristo que podemos hacernos cada día más discípulos suyos y seguirlo de corazón.
La Confesión es también un sacramento importante, que necesitamos repetir a lo largo de nuestra vida, con cierta frecuencia. Por él recibimos el perdón de los pecados y la Gracia que nos fortalece en la conversión, en los cambios necesarios para vivir una vida cristiana auténtica, en el amor a Dios y al prójimo.
Entonces, se trata de que los catequizandos, que pueden ser niños, adolescentes, jóvenes o adultos, sean introducidos en la Buena Noticia y en la “práctica” de vivir la vida con Jesús en la Iglesia. En ese camino, se presentan y se preparan los tres sacramentos de la iniciación: Bautismo, Eucaristía y Confirmación y, también, como ya dijimos, la Reconciliación o Confesión, que es un Sacramento de sanación, sanación de nuestra alma herida por nuestros propios pecados.
¿Por qué hablamos del “Día de la catequesis” y no del “Día del catequista”? Los catequistas y las catequistas son, indudablemente, quienes están en primera fila en esta labor. Son quienes se reúnen semana a semana con sus catequizandos, quienes preparan con cuidado esos encuentros, no solo estudiando u organizando materiales, sino también con su oración personal, para llevar a su grupo la palabra de Cristo, porque, como decía san Juan Pablo II, en la catequesis,
el único que enseña es Cristo, y cualquier otro lo hace en la medida en que es portavoz suyo, permitiendo que Cristo enseñe por su boca. (Catechesi Tradendae ,6)
Pero, a pesar de ese especial protagonismo de los catequistas, que pueden incluso ser instituidos como ministros para ese servicio, “el catequista pertenece a una comunidad cristiana y es una expresión de la misma”. La catequesis es responsabilidad de toda la comunidad. Así dice el reciente Directorio para la Catequesis:
Toda la comunidad cristiana es responsable del ministerio de la catequesis, pero cada uno según su condición particular en la Iglesia: ministros ordenados, personas consagradas, fieles laicos. (…) Si faltase alguna de estas formas de presencia, la catequesis perdería parte de su riqueza y significación. (Directorio para la Catequesis, 2020, N° 111).
En este 2024, el día de la catequesis en nuestro país se inscribe en un Año de promoción y oración por las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Desde el Oficio Catequístico Nacional se ha convocado a los catequistas con el mismo lema que ha tenido el año vocacional: “¡Ánimo, levántate! Él te llama”. Mons. Pablo Jourdan, presidente del Departamento de Catequesis de la CEU, nos recuerda el pedido del papa Francisco: que recemos para ser
“… comunidades cristianas vivas, fervorosas y alegres, que sean fuente de vida fraterna y que despierten entre los jóvenes el deseo de consagrarse a Dios y a la Evangelización”
Que así sea, para bien de todos.
Día de la catequesis en Canelones
El día de la catequesis, lo celebramos este mismo domingo en Canelones en Villa Guadalupe, con un encuentro de catequistas de toda la diócesis, de 10 a 17, con la Misa a las 15:30. Nos vemos. ¡Jesús nos llama!
En esta semana:
Miércoles 21
- Como ya hemos dicho, recordamos a San Pío X, quien es, además, patrono de una capilla de la Catedral.
- Ese día, en Santa Lucía se celebra una misa en acción de gracias por los 140 años de la llegada al Uruguay de las Hermanas de la Caridad Cristiana, que dirigen el Colegio Inmaculada Concepción.
Jueves 22
- María Reina. Ocho días después de la solemnidad de la Asunción de María, la saludamos como Reina del Cielo y Madre de la Misericordia.
- En Montevideo celebra los 60 años de su ordenación sacerdotal el P. Jorge Techera, a quien muchos pueden conocer, entre otras cosas, por sus programas en Radio Oriental y Radio María.
Viernes 23
- En muchos países se celebra en esta fecha Santa Rosa de Lima. En Uruguay, su fiesta es el 30 de este mes.
Sábado 24
- San Bartolomé, apóstol, al que generalmente se identifica con Natanael. Nacido en Caná de Galilea, fue presentado por Felipe a Cristo Jesús en las cercanías del Jordán, donde el Señor le invitó a seguirlo y lo agregó a los Doce. Después de la Ascensión de Jesús, es tradición que predicó el Evangelio en la India y que allí fue coronado con el martirio (s. I).
- A un mes y unos días de su partida, recordaremos al P. Washington Conde en la Misa en la capilla de Rincón del Colorado a las 18 horas.
Domingo 25
- La parroquia Nuestra Señora de la Fundación, en Solymar, celebra su fiesta patronal. Misa a las 10:30.
Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios Todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.
miércoles, 14 de agosto de 2024
Palabra de Vida: “Donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, Yo estoy presente en medio de ellos” (Mateo 18,15-20)
martes, 13 de agosto de 2024
Palabra de Vida: Hacerse pequeño como los niños. Mateo 18,1-5.10.12-14
lunes, 12 de agosto de 2024
12 de agosto: Santa Juana Francisca Fremyot de Chantal.
Homilía de Mons. Heriberto en la Misa celebrada en el Monasterio de la Visitación, Progreso, Canelones.
Ayer, 11 de agosto, fue el día de Santa Clara de Asís, pero, como cayó en domingo, en las parroquias se celebró la Misa dominical. No fue así en los monasterios de las Clarisas, donde esa memoria se celebra como solemnidad.
Santa Clara es una de esas vocaciones donde aparece, desde el comienzo, un llamado a una total consagración, a dejarlo todo para unirse a Jesús.
Hoy, lunes 12, recordamos a Santa Juana Francisca Frémiot de Chantal.
Hay muchas cosas en la vida de estas dos santas que podemos poner en paralelo, y a eso nos invita también el hecho de que aquí, en Canelones, tenemos a las hijas de una y otra, es decir, tanto a las clarisas como a las salesas.
Las dos fueron fundadoras y, en ese hecho, estuvo presente la amistad espiritual con un Francisco.
Para Santa Clara, de familia noble, fue decisivo escuchar la predicación de San Francisco de Asís, unos once años mayor que ella, a comienzos del siglo XIII, en la península italiana.
En aquel mundo donde se iban extendiendo las ciudades, se desarrollaba el comercio y el dinero sustituía a la posesión de tierras como forma de riqueza, Clara, como Francisco, se sintió llamada a vivir en radicalidad la pobreza evangélica, dejándolo todo para seguir a Jesucristo Pobre.
Cuatrocientos años después… se dice rápido, cuatrocientos años… a comienzos del siglo XVII, para Santa Juana Francisca, perteneciente también a la nobleza, fue decisivo escuchar la predicación de San Francisco de Sales. Pero Juana no era ya una jovencita, sino una mujer en su treintena. Por su parte, el Obispo de Ginebra era poco mayor que ella.
Aquel era ya otro mundo, en el que se iban formando algunos estados nacionales, marcado por la extensión de la reforma protestante y, dentro de la Iglesia Católica, el surgimiento de movimientos como el Jansenismo, que parecían olvidar la Misericordia de Dios, proponiendo itinerarios espirituales de mucho rigor. Por otra parte, en aquella Francia, la extensión de la pobreza era un verdadero escándalo, que interpelaba la conciencia de muchos cristianos.
Si Clara consagró desde el comienzo su virginidad a Dios, Juana, en cambio, vivió su fe y su búsqueda espiritual en su primera vocación de esposa y madre, tempranamente viuda. Ahí podemos compararla a otras santas que también recorrieron ese camino… pienso, por ejemplo, en la catalana Joaquina, fundadora de las Hermanas de la Caridad de Vedruna, que tienen una comunidad en Melo.
Juana fue una niña que creció en una familia católica, pero sin la presencia de su madre, que falleció antes de que ella cumpliera dos años. Quedó bajo la tutela de su padre y su abuelo materno y fue educada por su hermana mayor. Su padre participó en la lucha contra los protestantes, incluso en las guerras de religión. Juana vivió en un ambiente en el que la oración y la vida de fe estaban presentes y se destacó por su vida piadosa.
A los 21 años, muy enamorada, se casó con el barón de Chantal, con quien tuvo seis hijos, dos de los cuales murieron durante la infancia. Su esposo, como antes su padre, participó en las guerras de religión; pero no fue allí donde perdió la vida, sino en un accidente de cacería.
Juana enviudó con apenas ocho años de matrimonio. Sufrió y le costó aceptar la voluntad de Dios; pero tenía cuatro hijos pequeños que se aferraban a su madre. Su suegro, hombre muy mayor, le exigió que vivieran con él; una convivencia que sería difícil pero que Juana supo sobrellevar con paciencia.
Por ese tiempo, Juana tuvo un director espiritual que le imponía rigurosas penitencias, que ella cumplía, pero sin encontrar consuelo ni paz.
En la Cuaresma de 1604, Juana visitó a su padre, en la ciudad de Dijon, y escuchó predicar a Francisco de Sales. Don Benigno, el padre de Juana, invitaba con frecuencia a Francisco a cenar en su casa. Así, el obispo y la viuda llegaron a conocerse mejor. Francisco la ayudó a encontrar el camino para vivir su vida cristiana sin tantas mortificaciones y con más caridad hacia su familia: a responder al llamado de Dios, viviendo cristianamente su misión de madre, de hija y de nuera: es decir, no solo cuidando de sus hijos, de su padre y de su suegro, sino también preocupándose por la vida de fe de todos ellos.
A poco que Francisco fue conociendo a Juana y descubriendo la profunda inquietud espiritual de nuestra santa, con el deseo de una mayor unión con Dios, de una vida más intensa de caridad hacia los pobres e incluso de una consagración, fue compartiendo con ella algo que deseaba crear desde hacía ya un tiempo: una congregación religiosa que visitara a los pobres y les prestara auxilio.
Así se fue abriendo camino, poco a poco, la comunidad de las Visitandinas que, en su primera época, al mismo tiempo que dedicaban en el claustro un importante espacio a la oración y a la contemplación, salían al encuentro de los pobres, llevando ayuda y consuelo.
Sin embargo, después de aquellos, el arzobispo de Lyon, primado de Francia, llamó a Francisco y a Juana a someterse al orden establecido: la vida femenina consagrada no podía salir de la clausura.
De todos modos, la Orden de la visitación siguió creciendo. A la muerte de Santa Juana Francisca, casi veinte años después de la muerte de San Francisco de Sales, la visitación contaba con 86 conventos.
En una ocasión, cuando Francisco de Sales escuchó a su amigo Vicente de Paúl acerca de su proyecto de crear una congregación que visitara a los pobres, le dio el consejo de no encuadrarlas en ninguna de las formas conocidas, para que, efectivamente, ellas puedieran estar en la calle. Se recuerda de San Vicente de Paúl unas palabras que, sin conocer aquel contexto, son difíciles de entender para nosotros. Decía el fundador a las vicentinas: “vuestro claustro será la calle”. Es decir: allí deben estar, alimentando a Cristo, vistiendo a Cristo, lavando a Cristo... en fin, sirviendo a Cristo en cada hermano pobre.
Pero aquí estamos con nuestras hermanas salesas, en su monasterio y en su claustro. Hemos recordado también a las clarisas, de las que tenemos en Canelones dos comunidades. Y tenemos a las benedictinas, de las más antiguas órdenes contemplativas. Y hoy, en el siglo XXI, muchos se preguntan ¿para qué todo esto? ¿para qué estos monasterios que tuvieron en otros tiempos tantas hermanas y hoy apenas un puñadito? ¿Por qué la clausura? ¿Por qué no salen a prestar servicios que tanto se necesitan en la Iglesia y en el mundo?
Si solo podemos ver las cosas desde un punto de vista funcional y práctico, creo que el mismo Jesús nos diría, como a Pedro: “tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres”. De los hombres de nuestros tiempos modernos, que miden las cosas en términos de eficacia y rendimiento en el plano material. No sabemos por cuánto tiempo seguirán existiendo los cuatro monasterios de Canelones. Demos gracias a Dios por contar hoy con ellas y sigamos apoyándolas, para que ellas también nos sigan sosteniendo con su oración. No sabemos qué pasará después. No importan las estructuras: lo que importa es que la vida contemplativa continúe, tal vez de forma nueva, pero sin perder lo esencial.
El Concilio Vaticano II reconocía la necesidad de estas comunidades, no solo femeninas sino también masculinas, “cuyos miembros se dedican solamente a Dios en la soledad y silencio, en la oración asidua y generosa penitencia” y contribuyen al desarrollo del Pueblo de Dios “con una misteriosa fecundidad”. Recordando esas expresiones del Concilio, san Juan Pablo II decía, en un mensaje a las comunidades contemplativas en América Latina estas palabras, con las que concluyo; un poquito extensas, pero que no quiero ni puedo recortar:
Queridas hermanas: “Una multitud de personas llama a vuestro corazón, y se une espiritualmente a vosotras en los cantos y en las plegarias, que ya no serán sólo vuestros sino de toda la humanidad. Es el clamor de tantos hermanos y hermanas sumergidos en el sufrimiento, en la pobreza y en la marginación. Son muchos los desplazados y refugiados, los que sufren por falta de amor y esperanza; los que han sucumbido al mal y se cierran a toda luz espiritual; los que tienen el corazón lleno de amargura, víctimas de la injusticia y del poder de los más fuertes. Vosotras, en cambio ―inmersas en el misterio de Dios que os da la capacidad moral y la fuerza espiritual que os distingue― con vuestra oración, penitencia y vida escondida podéis hacer brotar del corazón divino el amor que nos une como hermanos, sosiega las pasiones y crea la comunión de los espíritus, produciendo frutos de solidaridad y de caridad evangélica.” (1989).
Santa Juana Francisca Frémyot de Chantal: cuida de tus hijas, intercede para que otras mujeres escuchen el llamado de Dios a esta forma de vida y cuida de todos los que hoy hacemos presente tu memoria.
DESTINO MISIONERO: Hna. Cecilia Gayo, Hija de María Auxiliadora.
El sábado 3 de agosto de 2024, la Hna. Cecilia Gayo, HMA, hizo su profesión perpetua en la parroquia San Isidro de Las Piedras.
Aquí, con sencillez, nos cuenta de su vocación religiosa y misionera, que comenzó a sentir ya desde niña, de una forma bastante curiosa.
En este Año Vocacional, agradecemos el testimonio de esta joven mujer que da su sí definitivo a Jesús y se prepara para salir en misión allí donde sea enviada.







