lunes, 19 de abril de 2010



Nuestra Señora del Verdún, Minas
Santuario Nacional


El inicio de la ascensión entre la niebla
Los pies descalzos...
Junto a las estaciones del Via Crucis
La Eucaristía presidida por Mons. Wirz
Los Obispos en torno al altar, el pueblo reflejado en la vidriera de la capilla
(foto: gentileza de Guillermo Silva, Radio María)


La brumosa mañana de hoy no impidió que miles de peregrinos se congregaran en el Cerro del Verdún, para expresar su devoción a la Virgen María, en el día en que la Conferencia Episcopal del Uruguay proclamó "Santuario Nacional de Nuestra Señora del Verdún" al lugar.
Este reconocimiento llega después de una tradición que ya supera el siglo de peregrinaciones y devoción del pueblo uruguayo. Una devoción "popular", incluso en el sentido de que desborda los márgenes de lo que la Iglesia Católica organiza oficialmente. Muchos de los peregrinos llegan hasta Minas en excursiones organizadas a veces por pequeñas empresas de transporte de lejanos rincones del Uruguay.
Es tradicional la subida al cerro, a veces con los pies descalzos, haciendo una petición a la Virgen. Al bajar, algunos "promesantes" recogen una piedra para devolver al año siguiente, cuando llegue el momento de volver para expresar el agradecimiento por la Gracia recibida por la intercesión de María.
Este año, en el marco del Cincuentenario de la Diócesis de Minas, los Obispos integrantes de la Conferencia Episcopal del Uruguay se reunieron en Misa para celebrar la Eucaristía, presidida por Mons. Rodolfo Wirz, obispo de Maldonado-Punta del Este y Administrador Apostólico de Minas (la diócesis de Minas se encuentra vacante desde la renuncia de Mons. Francisco Barbosa, el año pasado, quien se encuentra actualmente fuera del país).
En su homilía, Mons. Wirz recordó algunas fechas históricas: el inicio de las peregrinaciones, más de cien años atras; la creación de la diócesis y la llegada de su primer Obispo, Mons. Cavallero; la fecha patria del 19 de abril, que desde el comienzo se quiso relacionar a esta devoción mariana. Evocó también el obispo muchas de las situaciones que hoy constituyen para muchos uruguayos un "Via Crucis" cotidiano: la pasta base, la violencia doméstica, el dolor, la enfermedad, la pérdida de seres queridos, diversas situaciones de pobreza, señalando - no obstante - las puertas de la Esperanza abiertas por Cristo Resucitado, el mismo Jesús que pasó por el Via Crucis cuyas escenas van jalonando la ascensión al cerro. Jesucristo vencedor de la muerte, Jesucristo que ofrece vida plena para el Uruguay de hoy.
Los fieles congregados para participar en la Eucaristía recordaron también otra fecha: hoy Mons. Wirz celebra su cumpleaños, y el canto del "Que los cumplas feliz" cerró la celebración inmediatamente después de que el Obispo diera su bendición.

domingo, 18 de abril de 2010

Nuestra Señora Conquistadora
de Bagé en Aceguá

Comienzo de la procesión en el paso de frontera

Cruzando junto al marco fronterizo

La llegada a la Parroquia "Cristo Rey" de Aceguá

María Conquistadora junto a Cristo Rey

El Diácono Wilson proclama el Evangelio: los Obispos escuchan atentos

Mons. Heriberto Bodeant, Obispo de Melo y Dom Gilio Felice, Obispo de Bagé

El seminarista Reinaldo encabeza la entrada de las ofrendas

Mons. Heriberto, Dom Gilio y el P. Thomas, párroco de Aceguá, concelebrando

Una asamblea devota

Los Obispos imponen las manos
Como todos los años, coincidiendo con el aniversario de la fundación de Aceguá, la patrona de la Diócesis de Bagé, Nuestra Señora Conquistadora - conquistadora de corazones - visita la parroquia Cristo Rey.
En este año, en que la diócesis de Bagé celebra su cincuentenario (el 27 de junio, en Bagé, a las 10 de la mañana, será la celebración central) el Obispo de Bagé, Mons. Gilio Felicio y el Obispo de Melo, Mons. Heriberto Bodeant se encontraron para una celebración internacional como lo es la parroquia. "Una parroquia trilingüe", como lo expresa el P. Thomas, párroco de Aceguá: "portugués, español y portuñol". La Misa se desarrolló en el orden habitual, con la particularidad de que los idiomas se alternaba en los cantos, las oraciones, las lecturas, e incluso en las palabras que ambos Obispos dirigieron a la asamblea en el momento de la homilía.
Mons. Heriberto invitó a los presentes a recibir con la humildad de Santa Isabel la visita de la Virgen María, recordando las palabras de la primera ante la llegada de su pariente: "¿quién soy yo para que venga a mí la madre de mi Señor?".
"¿Quiénes somos nosotros?" - continuó el Obispo - "Miembros del Pueblo de Dios, creyentes, confiados, deseosos de seguir como discípulos a Jesucristo, amparándonos bajo el manto materno de María".
Por su parte, Mons. Gilio subrayó la disponibilidad y confianza de María ante el llamado que recibió de Dios, y agradeció a la Diócesis de Melo el hecho de compartir con Bagé la presencia y el servicio pastoral del P. Thomas.
Ambos pastores subrayaron el signo de fraternidad y comunión que representa esta parroquia de frontera, donde la diferencia de lengua y de país no es obstáculo para la comunión y la fraternidad.
Ghirlandaio - Vocación de los primeros apóstoles, 1481-82, fresco, Capilla Sixtina

MENSAJE DEL PAPA
BENEDICTO XVI
PARA LA XLVII JORNADA MUNDIAL
DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES.
25 DE ABRIL DE 2010 – IV DOMINGO DE PASCUA
Tema: El testimonio suscita vocaciones
Venerados Hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio;
queridos hermanos y hermanas
La 47 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que se celebrará en el IV domingo de Pascua, domingo del “Buen Pastor”, el 25 de abril de 2010, me ofrece la oportunidad de proponer a vuestra reflexión un tema en sintonía con el Año Sacerdotal: El testimonio suscita vocaciones. La fecundidad de la propuesta vocacional, en efecto, depende primariamente de la acción gratuita de Dios, pero, como confirma la experiencia pastoral, está favorecida también por la cualidad y la riqueza del testimonio personal y comunitario de cuantos han respondido ya a la llamada del Señor en el ministerio sacerdotal y en la vida consagrada, puesto que su testimonio puede suscitar en otros el deseo de corresponder con generosidad a la llamada de Cristo. Este tema está, pues, estrechamente unido a la vida y a la misión de los sacerdotes y de los consagrados. Por tanto, quisiera invitar a todos los que el Señor ha llamado a trabajar en su viña a renovar su fiel respuesta, sobre todo en este Año Sacerdotal, que he convocado con ocasión del 150 aniversario de la muerte de san Juan María Vianney, el Cura de Ars, modelo siempre actual de presbítero y de párroco.
Ya en el Antiguo Testamento los profetas eran conscientes de estar llamados a dar testimonio con su vida de lo que anunciaban, dispuestos a afrontar incluso la incomprensión, el rechazo, la persecución. La misión que Dios les había confiado los implicaba completamente, como un incontenible “fuego ardiente” en el corazón (cf. Jr 20, 9), y por eso estaban dispuestos a entregar al Señor no solamente la voz, sino toda su existencia. En la plenitud de los tiempos, será Jesús, el enviado del Padre (cf. Jn 5, 36), el que con su misión dará testimonio del amor de Dios hacia todos los hombres, sin distinción, con especial atención a los últimos, a los pecadores, a los marginados, a los pobres. Él es el Testigo por excelencia de Dios y de su deseo de que todos se salven. En la aurora de los tiempos nuevos, Juan Bautista, con una vida enteramente entregada a preparar el camino a Cristo, da testimonio de que en el Hijo de María de Nazaret se cumplen las promesas de Dios. Cuando lo ve acercarse al río Jordán, donde estaba bautizando, lo muestra a sus discípulos como “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Jn 1, 29). Su testimonio es tan fecundo, que dos de sus discípulos “oyéndole decir esto, siguieron a Jesús” (Jn 1, 37).
También la vocación de Pedro, según escribe el evangelista Juan, pasa a través del testimonio de su hermano Andrés, el cual, después de haber encontrado al Maestro y haber respondido a la invitación de permanecer con Él, siente la necesidad de comunicarle inmediatamente lo que ha descubierto en su “permanecer” con el Señor: “Hemos encontrado al Mesías —que quiere decir Cristo— y lo llevó a Jesús” (Jn 1, 41-42). Lo mismo sucede con Natanael, Bartolomé, gracias al testimonio de otro discípulo, Felipe, el cual comunica con alegría su gran descubrimiento: “Hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés, en el libro de la ley, y del que hablaron los Profetas: es Jesús, el hijo de José, el de Nazaret” (Jn 1, 45). La iniciativa libre y gratuita de Dios encuentra e interpela la responsabilidad humana de cuantos acogen su invitación para convertirse con su propio testimonio en instrumentos de la llamada divina. Esto acontece también hoy en la Iglesia: Dios se sirve del testimonio de los sacerdotes, fieles a su misión, para suscitar nuevas vocaciones sacerdotales y religiosas al servicio del Pueblo de Dios. Por esta razón deseo señalar tres aspectos de la vida del presbítero, que considero esenciales para un testimonio sacerdotal eficaz.
Elemento fundamental y reconocible de toda vocación al sacerdocio y a la vida consagrada es la amistad con Cristo. Jesús vivía en constante unión con el Padre, y esto era lo que suscitaba en los discípulos el deseo de vivir la misma experiencia, aprendiendo de Él la comunión y el diálogo incesante con Dios. Si el sacerdote es el “hombre de Dios”, que pertenece a Dios y que ayuda a conocerlo y amarlo, no puede dejar de cultivar una profunda intimidad con Él, permanecer en su amor, dedicando tiempo a la escucha de su Palabra. La oración es el primer testimonio que suscita vocaciones. Como el apóstol Andrés, que comunica a su hermano haber conocido al Maestro, igualmente quien quiere ser discípulo y testigo de Cristo debe haberlo “visto” personalmente, debe haberlo conocido, debe haber aprendido a amarlo y a estar con Él.
Otro aspecto de la consagración sacerdotal y de la vida religiosa es el don total de sí mismo a Dios. Escribe el apóstol Juan: “En esto hemos conocido lo que es el amor: en que él ha dado su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por los hermanos” (1 Jn 3, 16). Con estas palabras, el apóstol invita a los discípulos a entrar en la misma lógica de Jesús que, a lo largo de su existencia, ha cumplido la voluntad del Padre hasta el don supremo de sí mismo en la cruz. Se manifiesta aquí la misericordia de Dios en toda su plenitud; amor misericordioso que ha vencido las tinieblas del mal, del pecado y de la muerte. La imagen de Jesús que en la Última Cena se levanta de la mesa, se quita el manto, toma una toalla, se la ciñe a la cintura y se inclina para lavar los pies a los apóstoles, expresa el sentido del servicio y del don manifestados en su entera existencia, en obediencia a la voluntad del Padre (cfr Jn 13, 3-15). Siguiendo a Jesús, quien ha sido llamado a la vida de especial consagración debe esforzarse en dar testimonio del don total de sí mismo a Dios. De ahí brota la capacidad de darse luego a los que la Providencia le confíe en el ministerio pastoral, con entrega plena, continua y fiel, y con la alegría de hacerse compañero de camino de tantos hermanos, para que se abran al encuentro con Cristo y su Palabra se convierta en luz en su sendero. La historia de cada vocación va unida casi siempre con el testimonio de un sacerdote que vive con alegría el don de sí mismo a los hermanos por el Reino de los Cielos. Y esto porque la cercanía y la palabra de un sacerdote son capaces de suscitar interrogantes y conducir a decisiones incluso definitivas (cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal, Pastores dabo vobis, 39).
Por último, un tercer aspecto que no puede dejar de caracterizar al sacerdote y a la persona consagrada es el vivir la comunión. Jesús indicó, como signo distintivo de quien quiere ser su discípulo, la profunda comunión en el amor: “Por el amor que os tengáis los unos a los otros reconocerán todos que sois discípulos míos” (Jn 13, 35). De manera especial, el sacerdote debe ser hombre de comunión, abierto a todos, capaz de caminar unido con toda la grey que la bondad del Señor le ha confiado, ayudando a superar divisiones, a reparar fracturas, a suavizar contrastes e incomprensiones, a perdonar ofensas. En julio de 2005, en el encuentro con el Clero de Aosta, tuve la oportunidad de decir que si los jóvenes ven sacerdotes muy aislados y tristes, no se sienten animados a seguir su ejemplo. Se sienten indecisos cuando se les hace creer que ése es el futuro de un sacerdote. En cambio, es importante llevar una vida indivisa, que muestre la belleza de ser sacerdote. Entonces, el joven dirá:"sí, este puede ser un futuro también para mí, así se puede vivir" (Insegnamenti I, [2005], 354). El Concilio Vaticano II, refiriéndose al testimonio que suscita vocaciones, subraya el ejemplo de caridad y de colaboración fraterna que deben ofrecer los sacerdotes (cf. Optatam totius, 2).
Me es grato recordar lo que escribió mi venerado Predecesor Juan Pablo II: “La vida misma de los presbíteros, su entrega incondicional a la grey de Dios, su testimonio de servicio amoroso al Señor y a su Iglesia —un testimonio sellado con la opción por la cruz, acogida en la esperanza y en el gozo pascual—, su concordia fraterna y su celo por la evangelización del mundo, son el factor primero y más persuasivo de fecundidad vocacional” (Pastores dabo vobis, 41). Se podría decir que las vocaciones sacerdotales nacen del contacto con los sacerdotes, casi como un patrimonio precioso comunicado con la palabra, el ejemplo y la vida entera.
Esto vale también para la vida consagrada. La existencia misma de los religiosos y de las religiosas habla del amor de Cristo, cuando le siguen con plena fidelidad al Evangelio y asumen con alegría sus criterios de juicio y conducta. Llegan a ser “signo de contradicción” para el mundo, cuya lógica está inspirada muchas veces por el materialismo, el egoísmo y el individualismo. Su fidelidad y la fuerza de su testimonio, porque se dejan conquistar por Dios renunciando a sí mismos, sigue suscitando en el alma de muchos jóvenes el deseo de seguir a Cristo para siempre, generosa y totalmente. Imitar a Cristo casto, pobre y obediente, e identificarse con Él: he aquí el ideal de la vida consagrada, testimonio de la primacía absoluta de Dios en la vida y en la historia de los hombres.
Todo presbítero, todo consagrado y toda consagrada, fieles a su vocación, transmiten la alegría de servir a Cristo, e invitan a todos los cristianos a responder a la llamada universal a la santidad. Por tanto, para promover las vocaciones específicas al ministerio sacerdotal y a la vida religiosa, para hacer más vigoroso e incisivo el anuncio vocacional, es indispensable el ejemplo de todos los que ya han dicho su “sí” a Dios y al proyecto de vida que Él tiene sobre cada uno. El testimonio personal, hecho de elecciones existenciales y concretas, animará a los jóvenes a tomar decisiones comprometidas que determinen su futuro. Para ayudarles es necesario el arte del encuentro y del diálogo capaz de iluminarles y acompañarles, a través sobre todo de la ejemplaridad de la existencia vivida como vocación. Así lo hizo el Santo Cura de Ars, el cual, siempre en contacto con sus parroquianos, “enseñaba, sobre todo, con el testimonio de su vida. De su ejemplo aprendían los fieles a orar” (Carta para la convocación del Año Sacerdotal, 16 junio 2009).
Que esta Jornada Mundial ofrezca de nuevo una preciosa oportunidad a muchos jóvenes para reflexionar sobre su vocación, entregándose a ella con sencillez, confianza y plena disponibilidad. Que la Virgen María, Madre de la Iglesia, custodie hasta el más pequeño germen de vocación en el corazón de quienes el Señor llama a seguirle más de cerca, hasta que se convierta en árbol frondoso, colmado de frutos para bien de la Iglesia y de toda la humanidad. Rezo por esta intención, a la vez que imparto a todos la Bendición Apostólica.
Vaticano, 13 de noviembre de 2009
BENEDICTUS PP. XVI

sábado, 17 de abril de 2010

Nuevo libro sobre el primer Obispo del Uruguay

"Geografía Histórica
de Jacinto Vera"

de Beatriz Torrendell Larravide

Con un Proemio del presidente de la Conferencia Episcopal Uruguaya, acaba de ser publicado "Geografía Histórica de Jacinto Vera - 150 años de la Misión", de Beatriz Torrendell Larravide, nuestra apreciada colaboradora "Betel". He aquí la presentación de Mons. Collazzi.

Proemio

En tiempos de Iglesia en estado de Misión, de Misión Permanente, que bien nos viene este valioso aporte de Beatriz Torrendell sobre la "Geografía de Jacinto Vera".

Cuando se realizó la 5ª Asamblea General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en Aparecida, me tocó presidir la Celebración de las Vísperas, Oración de la Tarde, en Adoración del Santísimo Sacramento. En cada una de las Celebraciones de Aparecida, los Presidentes de las Conferencias Episcopales traían algún ejemplo de Vida Ejemplar para motivar nuestras reflexiones sobre los Cristianos, Discípulos Misioneros de Jesucristo, para que nuestros Pueblos tengan vida en abundancia.

Entendimos que la figura de Mons. Jacinto Vera la debíamos presentar en la Asamblea de Aparecida. Discípulo de Jesucristo, incansable Misionero, constructor y animador de Comunidades. Desde estas tierras de Soriano y Colonia, no podemos decir otra cosa. Cuántas veces visitó nuestras Parroquias, permaneció en Ellas y animó la vida de nuestras Comunidades.

¡Quiera el Señor regalarnos verlo pronto en nuestros Altares! ¡En estos tiempos, profundizando su vida, seguramente nos animaremos a continuar creciendo en sentirnos Iglesia, llamada a EVANGELIZAR!

Jesús "pasó haciendo el bien"... siguiendo sus pasos Jacinto Vera, Obispo Misionero, nos anima a seguir caminando contruyendo la Comunidad de Discípulos Misioneros de Jesucristo hoy.

+ Carlos María Collazzi

Formación de Coordinadores
de Catequesis en Melo
El Coordinador de Catequesis:
Persona en Relación

Con 25 participantes de las parroquias San José Obrero de Treinta y Tres, Cerro Chato, Santa Clara, Tupambaé, Buen Pastor, Santo Domingo Savio, Carmen, Catedral, San José y Colegio Agustín de la Rosa de Melo, se está realizando un cursillo de formación de Coordinadores de Catequesis, organizado por el Oficio Catequístico Diocesano.
El mismo es orientado por Marita Ferrari, formadora de catequistas actualmente residente en Paysandú, quien vivió algunos años en Melo.
El cursillo se ofrece en la modalidad de taller, procurando ayudar a los coordinadores de catequesis a tomar conciencia de sus riquezas personales y del tipo de relación que establecen con el grupo de catequistas, la comunidad parroquial y los animadores de la misma (sacerdotes, consejo pastoral, etc.)
La primera parte propone el descubrimiento de las propias riquezas personales, a partir de lo que cada uno vive en su relación con los demás. En la segunda parte (que se desarrollará mañana) los catequistas profundizarán en su capacidad de relación. La parte final procurará que cada uno haga su balance del encuentro, verificando lo que se lleva, para aplicar en su vida de relación, como coordinador de catequesis.
Mons. Heriberto se hizo presente brevemente en el encuentro, manifestando su alegría por la respuesta que había tenido la propuesta (que alcanzó el total del cupo para este tipo de encuentro) y alentó a los coordinadores a continuar respondiendo a las distintas instancias de formación que en el futuro proponga el Oficio Catequístico Diocesano.

viernes, 16 de abril de 2010


Los 89 jóvenes años
de Mons. Roberto Cáceres

"
...nous naissons vieillards et ratatinés.

L’existence nous est donnée sans doute pour nous apprendre à mourir jeunes". (Nacemos viejos y arrugados.
La existencia nos es dada sin duda para que nos enseñe a morir jóvenes)
Jean Guitton discurso en la Academia Francesa
9 de noviembre de 1967

Mons. Roberto Cáceres, Obispo emérito de Melo, festeja hoy, en Florida, - en el mismo día que el Papa Benedicto XVI - su cumpleaños, junto a los miembros de la Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU) y al Nuncio Apostólico en el Uruguay, Mons. Anselmo Pecorari.
En la mañana, Mons. Roberto presidió la Eucaristía con la que los Obispos inician habitualmente las sesiones de la CEU. En su homilía recordó la frase que hemos puesto como acápite, trasmitiendo a sus hermanos en el episcopado y a las dos funcionarias de la CEU también presentes, su alegría y esperanza intactas.
Comentando el evangelio de Juan que había sido proclamado - el relato de la multiplicación de los panes y los peces - se detuvo en las palabras de los discípulos: «Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?» (Juan 6,9).
"Aquí hay un niño"... esas palabras lo llevaron a evocar su propia vocación, surgida precisamente en la niñez, cuando su madre le cantaba las canciones que había aprendido en la Iglesia: "Cristianos venid, cristianos llegad..." o cuando, en el colegio al que asistía, el sacerdote preguntó quién quería ayudar en la Misa como monaguillo.
"Yo fui el primero que se paró y dijo 'yo'. No fui el único, claro... pero yo continué por ese camino. Y aquí estoy".
Efectivamente, aquí está. Fiel siempre a Cristo, al Evangelio, a la Iglesia, al pueblo que le fue confiado. Dándonos, en estos tiempos de turbulencias e inestabilidades, el testimonio de la columna firme, que sostiene y, al mismo tiempo, del soplo del Espíritu que anima y dinamiza.
VI Encuentro Católico

Publicidad en TV del VI Encuentro Católico, a realizarse en Washington DC, el 1 y 2 de mayo, al que están invitados a participar dos religiosas de las Misioneras de Jesús Verbo y Víctima (Parroquia de Santa Clara) y Mons. Heriberto, obispo de Melo.
La invitación se debe a que la diócesis de Melo recibió en enero a misioneros de la parroquia San Antonio de Padua, de la diócesis de Arlington, Virginia, que es la organizadora de este encuentro.
El obispo y las religiosas expresarán su agradecimiento y brindarán testimonio de los frutos de la misión.

miércoles, 14 de abril de 2010

Verdún, Santuario Nacional


Declaran santuario nacional al de la Virgen del Verdún

Minas (Uruguay), 13 Abr. 10 (AICA)


Al cumplirse los 109 años de la creación del Santuario de la Virgen del Verdún, en la localidad de Minas, el próximo lunes 19 de abril, en una Misa concelebrada por todos los Obispos del país será declarado Santuario Nacional. Las celebraciones comenzarán el viernes 16 con el rezo del Rosario y la Santa Misa en la Gruta al pie del Cerro.

La celebración anual de la fiesta, el 19 de Abril, reúne más de 80.000 peregrinos. Desde el comienzo la festividad se programó para el día 19 de Abril por ser el día del desembarco de los Treinta y tres Orientales, dirigidos por Juan A. Lavalleja (nacido en Minas). La fiesta vincula así la gesta-patria de la independencia (1825) con el patrocinio de la Virgen María.


Origen de la Devoción

El Presbítero Don José De Luca fue Cura Párroco de Minas entre 1891 y 1906. Su espíritu innovador y entusiasta concibió la idea, el año 1900, de colocar una estatua de la Virgen en uno de los cerros que rodean la ciudad. La imagen se trajo de Montevideo y se colocó sobre la cumbre del Verdún. "Será un cristiano recuerdo del siglo XIX y en los albores del XX, será un homenaje a Cristo Redendor y a su Inmaculada Madre y el primer acto de esta índole que se realiza en la República y que honra mucho a nuestro Departamento" así relatan las crónica el motivo inspirador de la colocación de la imagen.


El primer poblador del paraje fue un vasco francés de nombre Juan Bautista Berdum, a quien el gobierno de España donó esos campos en el año 1801; por esa razón los vecinos luego llamaron Verdún a la localidad. En el año 1900 eran propietarios del Cerro Doña. Maria Ariza de Dartavete y su esposo Don Pedro Dartayete. El Padre De Luca les solicitó permiso para colocar una estatua de la Virgen en la cumbre. Doña María Ariza secundó y ayudó la Obra del Verdún, facilitando su casa para dejar la estatua conseguida en Montevideo, hasta su colocación. Prestó además su carreta para subir los materiales para el pedestal... El mismo día que en la plaza principal de Minas se abrían los cimientos del grandioso monumento a Lavalleja, del Escultor Ferrari... sobre la cumbre del Cerro del Verdún, se colocaban las primeras piedras del sencillo pedestal en honor de María Inmaculada.

lunes, 12 de abril de 2010


Reunión de la Coordinadora de
Comunidades Eclesiales de Base
de la ciudad de Melo

Delegados de un total de 25 Comunidades Eclesiales de Base (CEBs) de cuatro de las cinco parroquias de la ciudad de Melo se reunieron con Mons. Heriberto y el Vicario Pastoral P. Lucas, para retomar el camino de las CEBs en la ciudad.
Se recordó que en otros años el equipo solía reunirse periódicamente para evaluar la marcha de las CEBs y buscar formas de animar la vida de las comunidades, tales como encuentros zonales o diocesanos, retiros periódicos, formación de animadores, etc.
El objetivo del Plan Pastoral Diocesano habla de comunidades orantes, fraternas, serviciales, testimoniales y abiertas.
El Obispo destacó el valor de estos aspectos de las CEBs, especialmente sus posibilidades de apertura hacia personas que se encuentran alejadas de la Iglesia.
La reunión finalizó con la propuesta de hacer próximamente un encuentro de animadores y de retomar las reuniones de la coordinadora en forma periódica, en la búsqueda de caminos y formas de revitalizar y fortalecer las CEBs.
Reunión de
Vida Consagrada
de la
Diócesis de Melo



22 religiosas y religiosos de diez institutos de vida consagrada presentes en la Diócesis de Melo se reunieron hoy con Mons. Heriberto en el Obispado.
La reunión fue preparada por el equipo de animación de la vida religiosa de la Diócesis.
Después de una presentación de las personas (dado que hay algunos nuevos integrantes de diferentes comunidades) se rezó Laudes.
En la mañana, en grupos, los participantes reflexionaron a partir de un artículo de José María Arnaíz, SM: "Entre el silencio y el grito. ¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? (Revista CLAR, julio 2009).
A partir de su lectura, los grupos compartieron convicciones, preocupaciones y desafios:

Convicciones
- la necesidad de espacios de silencio
- el silencio, único camino hacia nuestro interior y el interior del otro
- necesitamos momentos de silencio, a solas con Jesús en nuestra relación esponsal con Él
- un silencio escuchante, como el que vivió Jesús durante toda su vida

Preocupaciones
- demasiada actividad, donde es posible perderse antes que encontrarse
- recuperar la sencillez y la ternura del silencio
- que no nos convenzan de que no tenemos nada que aportar en una sociedad que ha perdido el silencio, el encuentro, la gratuidad, la trascendencia
- poner "máximo de vida y mínimo de estructura"
- preguntarnos qué servicio a la vida de los demás están dando nuestras estructuras.

Desafíos
- reconocer al Señor en la realidad que nos toca vivir
- escuchar, escuchar con verdadera apertura, sin estar pensando qué vamos a responder
- el silencio como profecía que acompaña el gemido del oprimido
- ir al encuentro con Jesús no en una perspectiva intimista "yo y Él, Él y yo", sino cargados de rostros de personas que nos rodean
- confiar en que nuestra experiencia pascual es lo que tenemos que comunicar, lo que tiñe todo
- Llegar en lo cotidiano a cada persona que nos hace llegar su grito de ayuda

Luego de la reflexión, la Eucaristía, el almuerzo, un tiempo de convivencia.
En el resto de la tarde, el P. Juan José Mosca, SJ, presentó el actual panorama de la CONFRU (Conferencia de Religiosos/as del Uruguay) y las posibilidades que ésta tiene de animar la vida religiosa en cada una de las diócesis. A partir de ese intercambio se fijaron algunas nuevas instancias de encuentro: una jornada de encuentro gratuito, de oración y recreación, que ayude a afianzar los lazos entre las comunidades y las personas en la comunión diocesana, y un nuevo encuentro de reflexión, éste animado por la CONFRU.

El final de la reunión se ocupó en la evaluación del objetivo del Plan Pastoral Diocesano de Melo, trabajo que se está iniciando en toda la diócesis, y a la evaluación de la propia jornada vivida.