sábado, 25 de marzo de 2017

Estar "como el que sirve". Homilía de Mons. Heriberto Bodeant en la ordenación sacerdotal de Fray Adeíldo Dos Santos SIA


Un misionero que estuvo muchos años en Asia me dijo una vez: cuando uno vive un cambio cultural tan grande, como es ir de Italia a Japón, es como nacer de nuevo.
Un recién nacido tiene que aprender a comer, aprender a moverse, aprender a hablar. Un misionero en una cultura diferente es como un recién nacido porque tiene que aprender todo de nuevo. La comida es completamente diferente pero también lo es la forma de comerla; el idioma no tiene relación ninguna con el que yo hablo; mis gestos, mis movimientos más comunes pueden expresar cosas muy distintas de las que yo quiero manifestar.

El misterio de la encarnación que hoy celebramos, tiene relación con eso. El Verbo de Dios viene a vivir entre los hombres. Se hace uno de nosotros.

Cuando Juan el Bautista está en prisión, después de haber anunciado la llegada inminente del Cordero de Dios, oye hablar de Jesús. Lo que oye hace que se inquiete, y manda a preguntar “¿Eres tú el que debía venir o debemos esperar a otro?”.
Juan esperaba que el Mesías se manifestara con el juicio inmediato, donde el árbol malo sería derribado con el hacha. En cambio Jesús se manifiesta con las obras de misericordia.

La encarnación cubre al Hijo de Dios con el velo de la humanidad.
El himno de la carta a los Filipenses (2,6-11) lo expresa muy bien:

[El Hijo de Dios] “… se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.”

Cuidado: la humanidad de Jesús es real. Él es hombre verdadero, sin dejar de ser Dios verdadero. Pero esa realidad humana esconde su realidad divina.
Decir que la humanidad de Jesús es como un velo que cubre su divinidad es una buena comparación, porque la realidad divina de Jesús se va a ir “re-velando”; es decir, el velo se va a ir corriendo hasta que lleguemos a contemplar en su rostro humano el rostro de Dios.

Pero, de la misma forma que el Hijo de Dios hecho hombre nos revela el rostro de Dios, “el misterio del hombre solo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado”; “Cristo… en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación.” (cfr. Gaudium et Spes 22).

Así pues, contemplando a Jesucristo Verbo encarnado, descubrimos a un tiempo el misterio de Dios y el misterio del hombre.

Todo esto comienza en un instante en el que el proyecto salvador de Dios es puesto en las manos de una joven. Allá por el siglo XII San Bernardo nos ubica en el brevísimo pero casi eterno silencio que está entre el anuncio del ángel y la respuesta de María. Imaginando ese momento decisivo el santo implora a la Virgen:
“Mira que el ángel aguarda tu respuesta (…). También nosotros (…) esperamos, Señora, tu palabra de misericordia. En tus manos está el precio de nuestra salvación (…) si tú das una breve respuesta, seremos renovados y llamados nuevamente a la vida (…). Apresúrate a dar tu consentimiento, Virgen, responde sin demora (…). Di una palabra y recibe al que es la Palabra, pronuncia tu palabra humana y concibe al que es la Palabra divina (…) ¿Por qué tardas? ¿Por qué dudas? Cree, acepta y recibe (…). Levántate, corre, abre. Levántate por la fe, corre por el amor, abre por el consentimiento. “Aquí está” –dice la Virgen– “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. (Oficio de lecturas del 20 de diciembre).

“Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”, hemos rezado nosotros respondiendo a las estrofas del salmo 39.
Fray Adeíldo, tal vez esas palabras del Salmo, que anticipan las palabras de María, pero que se vuelven un eco de ella en labios de su Hijo, expresen bien tu lugar hoy en esta Catedral. Tú puedes decir, de un modo particular, de un modo único, entre todos nosotros “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”.

Efectivamente, estás aquí como resultado de tu camino vocacional, es decir, la búsqueda de la voluntad de Dios para tu vida. Nadie puede arrogarse la dignidad del sacerdocio “si no es llamado por Dios” (Hebreos 5,4). Este llamado ha sido confirmado por tus hermanos de la Congregación Misionera de San Ignacio de Antioquía junto a su superior Frei Guilherme Pereira y por el Obispo de Baurú, Dom Frei Caetano Ferrari, quienes me han pedido que te ordene sacerdote.

El misterio de la Encarnación que estamos celebrando ilumina las circunstancias en las que recibes el orden sagrado.
Tú ya has vivido ese “nacer de nuevo” cuando dejaste tu mundo del Nordeste brasileño, donde compartiste muchos años con tu primo Reginaldo, que representa aquí a tu familia, para vivir tu vocación en el estado de São Paulo. Los vínculos que allí creaste nos traen la presencia de numerosos hermanos y hermanas de la Diócesis de Baurú. Volviste a “nacer de nuevo” al internarte en las selvas del Chocó, en Colombia, en la Diócesis de Istmina-Tadó, de la cual también han venido a acompañarte en este día. Y de tu Nordeste llegas finalmente a este Noreste uruguayo, donde la frontera es un mundo rico y misturado que se expresa a veces en una lengua que no es ni el portugués ni el español, sino el portuñol.

A partir de mañana iniciarás tu ministerio sacerdotal en la parroquia San Juan Bautista de Río Branco, con la actitud que tú mismo has señalado en el lema que has elegido, en el que expresas tu deseo de configurarte con Cristo servidor: “Estoy entre ustedes como el que sirve” (Lucas 22,27).

“Como el que sirve”, entonces, buscarás “encarnarte” en la realidad de esa comunidad de comunidades y de toda la comunidad humana que vive en el territorio parroquial. Harás como San Pablo que supo hacerse “esclavo de todos”: judío con los judíos, gentil con los gentiles, débil con los débiles; en suma, que supo “hacerse todo para todos” para “ganar al mayor número posible” para Cristo (Cfr. 1 Corintios 9,19-22).

“Como el que sirve”, a partir de hoy, celebrarás diariamente la Eucaristía en las diferentes comunidades y para las escuelas católicas, de modo de acercar la Palabra y el Cuerpo de Cristo a todos aquellos que lo necesitan y lo buscan.

“Como el que sirve”, harás parte de una “Iglesia en salida”, junto a tu comunidad parroquial, a tus hermanas ignacianas y a las hermanas Misioneras de la Doctrina Cristiana. Saldrás al encuentro de todo aquel que sufre en la enfermedad, en el duelo, en el menoscabo de su dignidad humana, en la carencia de los bienes elementales, en las “periferias existenciales” y en las “periferias geográficas” de hoy.

“Como el que sirve”, procurarás que la comunidad parroquial de San Juan Bautista crezca en “Comunión y participación”, esa expresión de los Obispos latinoamericanos reunidos en Puebla (1979) tan cara al P. Gino Serafino, fundador de la congregación ignaciana. Comunión que se inserta en la comunión de la Iglesia Diocesana y en su proyecto pastoral; desde allí en la Iglesia Católica toda, bajo la guía del Sucesor de Pedro, nuestro Papa Francisco.

Una comunidad participa cuando, junto a su pastor, busca en la realidad el llamado de Cristo, lo discierne a la luz de la Palabra y se deja impulsar y guiar por el Espíritu Santo en la acción. El Consejo Pastoral Parroquial, el Equipo Económico, así como los demás equipos, grupos y comunidades de la parroquia están llamados a ser, ante todo, lugares y organismos de comunión y participación.

La comunidad cristiana impulsa también la participación solidaria y corresponsable en la vida social y en la vida ciudadana, sin olvidar que toda la humanidad está llamada, en definitiva, a participar de la vida misma de Dios, ya que “Por Cristo, único Mediador, la humanidad participa de la vida trinitaria” y “Por Cristo, con Él y en Él, entramos a participar en la comunión de Dios” (DP 213-214).

“Como el que sirve”, llamarás con tu voz y con tu ejemplo a vivir la comunión, con las palabras de San Ignacio de Antioquía: “El acuerdo y concordia de ustedes en el amor es como un himno a Jesucristo. Procuren todos ustedes formar parte de este coro, de modo que, por su unión y concordia en el amor, sean como una melodía que se eleva a una sola voz por Jesucristo al Padre, para que los escuche y los reconozca, por sus buenas obras, como miembros de su Hijo. Les conviene, por tanto, mantenerse en una unidad perfecta, para que sean siempre partícipes de Dios”.

Jesús nos ha dicho que Él no ha venido a ser servido “sino a servir y a dar la vida en rescate por la multitud” (Mateo 20,28). Para Él servir y dar la vida no son dos cosas diferentes. Como discípulos de Jesús, todos los bautizados estamos llamados a seguirlo llevando nuestra propia cruz, pero también, como enseña San Pablo, ayudándonos unos a otros a llevar nuestras cargas (Gálatas 6,2).

Los sacerdotes conocemos muchas veces la soledad que nos une a Jesús abandonado. Como todo ser humano, experimentamos en la vida cotidiana dolores, problemas, fracasos, contrastes. Pero al presentar en cada Eucaristía la ofrenda del pueblo, nos conforta recordar las palabras que escuchamos al recibir la patena y el cáliz “considera lo que realizas e imita lo que conmemoras y conforma tu vida con la cruz del Señor”. Conformando cada día nuestra vida con la cruz del Señor, podemos estar en medio de nuestros hermanos “como el que sirve”, como el que ayuda a llevar las cargas de la vida, como el que anuncia la alegría de la Pascua, la gloria del Resucitado, porque, como enseña el Papa Francisco “con Jesucristo siempre nace y renace la alegría” y “nadie queda excluido de la alegría que nos trae el Señor” (Evangelii Gaudium, 1 y 3).

viernes, 24 de marzo de 2017

Es cuestión de Fe. Cuarto Domingo de Cuaresma. Yo soy la Luz del mundo.

Enfoques Dominicales. Cuarto Domingo de Cuaresma. Yo soy la luz del mundo (Juan 9,1-41)



“Un ciego pidiendo al sol / un ciego pidiendo un sol”, cantaba hace ya muchos años Jaime Roos. La inspiración para este “Huayno del ciego” nació en una gira del músico uruguayo por Perú, donde la moneda es el Sol. Un ciego pidiendo un Sol es también un hombre pidiendo luz.

Desde aquí vamos al capítulo nueve del evangelio según san Juan, que nos cuenta el encuentro de Jesús con un hombre ciego de nacimiento al que le devuelve la vista.

En los otros evangelios encontramos también relatos en los que Jesús devuelve la vista a un ciego. Es famoso el ciego Bartimeo, que, cuando Jesús va pasando grita “Jesús, hijo de David, ten piedad de mí”. Lo quieren hacer callar, pero grita más fuerte hasta que Jesús se acerca a él y le devuelve la vista. Bartimeo, de inmediato, se pone a seguir a Jesús.


Sin embargo, nuestra historia es muy distinta. El ciego del que nos habla el evangelio de Juan es un hombre que está, como el ciego de Jaime, sentado pidiendo una moneda. La palabra para describir la situación de este hombre es que vive una situación “desgraciada”.
  • Primero, porque es ciego de nacimiento. Nunca conoció con sus ojos este mundo.
  • Segundo, porque esa situación, especialmente en aquel tiempo, lo hace depender totalmente de los demás. Todo lo que puede hacer es pedir limosna. Para eso, alguien lo lleva allí donde se sienta y lo vuelve a buscar más tarde.
  • Pero hay algo más. Para la gente religiosa de aquel tiempo, este hombre está así por castigo de Dios. Nació ciego como consecuencia de algún pecado. Tal vez un pecado de sus padres: Dios los castigó enviándoles un hijo ciego. Pero algunos también se preguntan si antes de nacer no pecó… ¡en el vientre de su madre! Y por eso nació ciego.
Por eso podemos decir de él que para los hombres de su tiempo es un “desgraciado”, alguien privado de la Gracia de Dios, del amor de Dios, dejado de la mano de Dios.

Pero Jesús dice que esto no es así. Jesús se manifiesta diciendo “Yo soy la luz del mundo” y le devuelve la vista al ciego.


Aquí viene algo curioso. Jesús no devuelve la vista al ciego de inmediato, sino a través de un proceso, en el que el ciego tiene que hacer algo.

Primero, Jesús hace barro con su saliva, y se lo pone al ciego en los ojos. Después lo manda a lavarse a la piscina de Siloé. El ciego creyó. Fue, se lavó y comenzó a ver. Pero Jesús no lo acompañó: no está allí, de manera que el que dejó de ser ciego no pudo ver en ese momento al que lo había curado.

Otro problema aparece. El día en que Jesús hace eso, era sábado. La ley religiosa señalaba que esas cosas no se debían hacer en sábado, el día de descanso, el día dedicado a Dios. Nosotros mismos no podríamos dejar de reconocer que esto podría haber sido al día siguiente ¿por qué no? Pero Jesús quiso actuar ese mismo día, ese sábado.

Todo esto desata una polémica y el ciego se ve pronto envuelto en ella. Le van a preguntar sobre Jesús. Es interesante ver como, poco a poco, el ciego va “abriendo los ojos”, pero aquí se trata de los ojos de la fe, y va viendo más claramente quién es Jesús.

La primera vez que le preguntan cómo se le abrieron los ojos, el que había sido ciego habla de “ese hombre al que llaman Jesús”.
La segunda vez, quieren hacerle decir que ese hombre, Jesús, es un pecador, porque no respeta el sábado. El ex ciego se defiende bien: “yo no sé si es pecador o no, lo que sé es que yo no veía y ahora veo”, que es como decir “explíquenme esto”.

Le insisten, y él sigue creciendo en su fe en ese Jesús al que todavía no ha visto. En un momento, le dice a los que lo interrogan “¿Acaso ustedes también quieren hacerse discípulos suyos?” Ese “ustedes también” está indicando que él ya se considera un discípulo de Jesús.

Le siguen argumentando, pero él va afinando cada vez más la respuesta: "Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento. Si éste no viniera de Dios, no podría hacer nada" (Jn 9:32-33).

Es entonces, finalmente, que aparece Jesús. Y Jesús le pregunta “¿Crees en el Hijo del Hombre?”. El ciego, a su vez: “¿Quién es, Señor, para que crea en Él?” Y Jesús: “Tú lo has visto, el que está hablando contigo”.

En nuestro programa anterior habíamos oído a Jesús en su diálogo con la mujer samaritana decir “Yo soy, el que habla contigo”. Ahora, de nuevo, parecido: “Tú lo has visto, el que está hablando contigo”.

Jesús es la Palabra de Dios al hombre. A través de Jesús, el Padre Dios comunica su amor a la humanidad. Es el que habla con la Samaritana, el que habla con el ciego, el que sigue queriendo establecer ese diálogo con cada persona que viene a este mundo.

En nuestro espacio anterior, yo les compartía la invitación que nos hace el Papa Francisco: “a renovar ahora mismo nuestro encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarnos encontrar por Él”.

Encontrarse con Jesucristo Vivo hoy sigue siendo posible, por muchos caminos.
Todos podemos encontrarlo en la Biblia, en la Palabra de Dios. Toda la Biblia nos habla de Él.
  • Podemos encontrarlo en los sacramentos: el bautismo, la eucaristía, la reconciliación o confesión… cada uno de los siete sacramentos, vivido en la fe, es un encuentro personal y comunitario con Jesucristo.
  • Podemos encontrarlo en la Iglesia, en la comunidad, donde Él se hace presente, según su promesa: “donde dos o más estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Dos o más: una pareja de novios o de esposos, una familia, un pequeño grupo de oración… dos o más personas que se reúnen para rezar juntos.
  • Podemos encontrarlo finalmente en el hermano necesitado, porque él mismo nos dijo: cada vez que hicieron esto: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, visitar al preso o al enfermo, dar cobijo al extranjero, cada vez que lo hicieron, lo hicieron conmigo.

Que en estos días, especialmente en este Domingo, podamos encontrarnos con Jesús.
Que Él, luz del mundo, sea nuestro sol, nuestra luz.

Finalizó asamblea de la Conferencia Episcopal del Uruguay. Vocaciones, catequesis, educación, juventud estuvieron entre los temas tratados.


COMUNICADO DE PRENSA
Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal del Uruguay
20 al 24 de marzo de 2017

1. Los obispos de la Conferencia Episcopal del Uruguay hemos estado reunidos desde el lunes 20 hasta el viernes 24 de marzo, en la Casa de Retiros Jesús Buen Pastor de Florida. 

2. Comenzamos la reunión con un tiempo de retiro predicado por el Nuncio Apostólico Mons. George Panikulam. También concelebramos con él la Eucaristía agradeciendo sus bodas de oro sacerdotales.

3. Analizamos la realidad de la sociedad uruguaya, con el asesoramiento de expertos.

4. El P. Julio Fernández sj, junto con dos de sus colaboradores, nos presentó los logros y proyectos de futuro de la Fundación Sophia. Esta Fundación tiene como finalidad ayudar a los colegios católicos de barrios populares para que puedan sostenerse y dar una formación de calidad. Este año está llevando adelante 17 colegios entre la capital y el interior del país.

5. Recibimos al Secretario Ejecutivo de la Comisión Nacional de Pastoral Juvenil, Leonel Altesor, quien nos informó sobre la próxima jornada mundial en Panamá, y sobre la preparación de la Asamblea nacional de animadores de Pastoral Juvenil que tendrá lugar en Montevideo del 13 al 16 de octubre del presente año.

6. Los obispos dialogaron sobre el material preparatorio para el próximo Sínodo sobre Jóvenes y Vocaciones convocado por el Papa Francisco para octubre del 2018. Este material se encuentra disponible en la página web del Vaticano, con algunas preguntas específicas para cada continente. (http://www.vatican.va/roman_curia/synod/index_sp.htm).

7. El P. Luis Fariello, secretario ejecutivo de la Comisión del Clero, nos informó sobre las nuevas normas para la formación inicial y permanente de los sacerdotes, transmitiendo lo recibido en el curso realizado en Roma donde fue como delegado de Uruguay.

8. Mons. Milton Tróccoli informó sobre el encuentro realizado en Bogotá de la directiva del CELAM (Conferencia del Episcopado Latinoamericano) con los secretarios de Conferencias Episcopales de América Latina y el Caribe. Allí se trabajó bajo el lema “Una iglesia pobre para los pobres”, tomado de una alocución del Papa Francisco.
Entre los informes recibidos de los distintos países destacó la penosa situación que vive Venezuela y la Iglesia de esta nación hermana. Hay falta de alimentos y de medicinas básicas, unido a la dificultad para que las ayudas internacionales lleguen a destino. 

9. El Sector Palabra de Dios de la Conferencia Episcopal presentó su plan de acción para el presente año, y el próximo diplomado en catequesis a realizarse en nuestro país con la colaboración del instituto de formación del CELAM (CEBITEPAL). Esto ayudará en la formación y actualización de los catequistas de nuestra Iglesia en Uruguay.

10. Los obispos continuamos con la preparación del encuentro que tendremos en el mes de noviembre con el Papa y con los organismos de la Santa Sede, para hacerles presente la realidad de todas las diócesis del Uruguay.

11. Hemos recordado con especial agradecimiento los treinta años de la primera visita del Papa Juan Pablo II a nuestro país. Este acontecimiento será recordado con distintas celebraciones en las diócesis.

Florida, 24 de marzo de 2017
Los obispos de Uruguay

miércoles, 22 de marzo de 2017

Ordenación sacerdotal en la Catedral de Melo


Una ordenación sacerdotal tendrá lugar en la Catedral de Melo, el próximo sábado 25 de marzo, a las 17 horas. Mons. Heriberto Bodeant, Obispo de Melo (Cerro Largo y Treinta y Tres) ordenará sacerdote al diácono Fray Adeíldo Dos Santos SIA.

Adeíldo Dos Santos es brasileño, religioso, perteneciente a la Congregación Misionera San Ignacio de Antioquía. Nació hace 38 años en Pindoba Grande, en el estado de Alagoas, en el Nordeste de Brasil. A partir de su ordenación se hará cargo de la parroquia San Juan Bautista de Río Branco. El lema que ha elegido para su ordenación es “Estoy entre ustedes como el que sirve” (Lucas 22,27).

De esta forma se afianza la presencia de esta congregación brasileña que inició el año pasado su colaboración con la Diócesis de Melo con el envío de Fray Adeíldo y luego de dos religiosas de la rama femenina de la congregación, las Hermanas Aldilene Santos y Conceiçao Marques, que llegaron en enero de este año a Río Branco. Está previsto que en el correr del año, algún otro miembro de la congregación se integre temporalmente al servicio pastoral en la parroquia de Río Branco.

Los Frailes Ignacianos fueron fundados en Brasil en 1991, por el P. Gino Serafino, un misionero italiano. La congregación define su misión como “Evangelizar con renovado ardor misionero, dando testimonio de Jesucristo en comunión fraterna, a la luz del Evangelio, para formar el Pueblo de Dios y participar en la construcción de una sociedad justa y solidaria, al servicio de la Vida y de la Esperanza en las diferentes culturas, en vista del Reino definitivo”. El fundador se inspiró en la figura de San Ignacio de Antioquía, obispo mártir del siglo I. Fue importante también la perspectiva de la Nueva Evangelización abierta por san Juan Pablo II y el caminar de la Iglesia en América Latina, particularmente con la Conferencia de Puebla (1979) con su énfasis en "Comunión y Participación". La Familia Ignaciana está presente en Brasil, en la Diócesis de Baurú (Estado de San Pablo), en Italia (Diócesis de Sulmona-Valva).

La Parroquia de Río Branco está conformada por ocho comunidades: en la ciudad, Inmaculada Concepción, San José Obrero, San Alberto y Beato Óscar Romero – Mártires Latinoamericanos; las otras cuatro en Laguna Merín, Poblado Uruguay, Sarandí de Barcelo y Plácido Rosas. Hay también una comunidad de religiosas, Misioneras de la Doctrina Cristiana, con muchos años de presencia y arraigo, y dos colegios católicos: Nuestra Señora de las Mercedes y Santa Ángela. Desde fines de 2010 la parroquia estaba a cargo del Pbro. Walter Aguirre, el “Padre Nacho”, quien pasará a desempeñar otros servicios pastorales residiendo en la ciudad de Melo.

viernes, 17 de marzo de 2017

Es cuestión de Fe. Tercer Domingo de Cuaresma. Dame de esa agua.

Enfoques Dominicales. Tercer Domingo de Cuaresma. Dame de esa agua (audio)

Enfoques Dominicales. Tercer Domingo de Cuaresma. Dame de esa agua (Juan 4, 5-42)


Nuestra historia de hoy comienza junto a un pozo. Un pozo de donde se saca agua para beber, para cocinar, para el aseo. Un pozo que nos podemos imaginar con todo lo necesario para sacar el agua: la roldana, la cadena, el balde. Pero en este pozo no hay nada de eso. Sólo el brocal. Y el agua está allá, muy abajo, muy lejos del alcance de la mano.

Junto a ese pozo se ha sentado un hombre que ha llegado caminando. Es mediodía, hace calor, está cansado y tiene sed. Ese hombre es Jesús. Viene viajando –a pie– desde Jerusalén hasta Galilea con sus discípulos, que siguieron hasta el pueblo para conseguir comida. Este grupo de judíos, Jesús y sus discípulos, están pasando en una zona habitada por otro pueblo: los samaritanos. Judíos y samaritanos no se llevan bien… no se hablan. Los dos pueblos adoran al mismo Dios, pero discrepan en muchas cosas de su religión.

Jesús no puede sacar agua y es improbable que alguien venga a buscar agua justo a esa hora donde el sol cae a plomo.Sin embargo, alguien llega hasta el pozo. Una mujer, porque eso es parte de su tarea cotidiana: ir a buscar agua. Y tiene lo necesario para sacar agua del pozo. Es un poco extraño que vaya a esta hora. Es que tal vez no quiere encontrarse con nadie. Tal vez se siente señalada por las otras mujeres del pueblo porque ella ha ido pasando de hombre en hombre.

Blanes: La Samaritana
Un pequeño paréntesis. Entre los años 1860-1864 Juan Manuel Blanes, nuestro gran pintor, tiene una beca para estudiar pintura en Italia. En esos años Blanes pinta a la Samaritana. Se la imagina entre soñadora y coqueta, con un toque desvergonzado en el vestido.

A esta mujer que llega al pozo, Jesús le pide que le dé de beber. Mientras le da el agua, la mujer mira a Jesús con picardía y le dice: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?»

Así comienza un diálogo que quedará registrado en el capítulo 4 del Evangelio según san Juan. Es un diálogo donde la sed y el agua van cambiando de significado. Jesús, el hombre sediento, pide beber del agua del pozo.

Pero en la vida de esta mujer hay una sed que no se apaga. Una profunda sed de ser feliz. La samaritana ha perseguido la felicidad, ha ido de hombre en hombre pero sigue insatisfecha. Este hombre que ha aparecido junto al pozo le despierta tal vez la misma ilusión que ha tenido con otros. Pero este hombre es diferente.

Este hombre con sed, que le ha pedido agua, le ofrece “Agua viva”: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: "Dame de beber", tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva»

La mujer sigue hablando con un poco de picardía: «No tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes esa agua viva? ¿Es que tú eres más que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo?»

Jesús se explica: « el que beba de esta agua, volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna». (Jn 4,13-14)

La mujer cambia de tono, y ahora es ella la que le pide a Jesús:
«dame de esa agua, para que no tenga más sed y no tenga que venir aquí a sacarla».

Pero Jesús le da un nuevo giro a la conversación. Le dice: « llama a tu marido y vuelve acá». «No tengo marido» responde la mujer. Ante esas palabras, Jesús le dice algo sorprendente: «Bien has dicho que no tienes marido, porque has tenido cinco maridos y el que ahora tienes no es marido tuyo; en eso has dicho la verdad».

Jesús crece en la consideración de la mujer que le dice «veo que eres un profeta», es decir, un hombre de Dios. La conversación sigue sobre temas religiosos… dónde se adora a Dios, hasta que la mujer le dice a Jesús lo que ella cree y espera: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo. Cuando venga, nos lo explicará todo»

Entonces Jesús se presenta: «Yo soy, el que habla contigo». Frente a estas palabras, la mujer hace algo sorprendente: deja su cántaro con el agua que había sacado y se va corriendo al pueblo.

Ella, que se escondía de la gente, ella que era mirada por los hombres como una mujer “fácil”, va a hablar con los hombres a decirles «Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho.¿No será el Cristo?»

Los hombres escuchan a la mujer y van. Y encuentran a Jesús. Y creen en Él. Y le dicen a la mujer «Ya no creemos por tus palabras; nosotros mismos hemos oído y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo»

Este es uno de los muchos encuentros de Jesús con una persona a la que ese encuentro le cambia la vida.

Un cristiano es, ante todo, una persona que ha encontrado a Jesucristo vivo, como lo encontró la samaritana. Ella creyó y se hizo discípula. Ella compartió lo que había encontrado y se hizo discípula misionera. A partir del encuentro de Jesús, todo en su vida se reubica. Se reubica en su relación con Dios, en su relación consigo misma, en su relación con los demás. Todo lo empieza a ver de otra manera. Tal vez mañana la vuelta al pozo sea diferente: no a la hora donde no viene nadie, sino a la hora donde puede encontrarse con los demás.

La mujer ha escuchado a Jesús decir “Yo soy”. En los próximos domingos volveremos a escuchar a Jesús hablar así: “Yo soy la luz del mundo”, “Yo soy la Resurrección y la vida”. Pero aquí Jesús ha dicho algo muy simple “Yo soy el que habla contigo”. Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre. El hombre que habla con los hombres y con las mujeres.

Decía el Papa Benedicto: “«quien deja entrar a Cristo no pierde nada, nada – absolutamente nada – de lo que hace la vida libre, bella y grande. ¡No! Sólo con esta amistad se abren las puertas de la vida. Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana. Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera…
¡No tengan miedo de Cristo!
Él no quita nada y lo da todo.
Quien se da a Él, recibe el ciento por uno».  

Y Francisco agrega: “Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso. No hay razón para que alguien piense que esta invitación no es para él, porque «nadie queda excluido de la alegría que trae el Señor». Al que arriesga, el Señor no lo defrauda, y “Cuando alguien da un pequeño paso hacia Jesús,descubre que Él ya esperaba su llegada con los brazos abiertos.”