En febrero, el Papa te pide tu oración para que
*
todos los pueblos tengan pleno acceso al agua y a los recursos necesarios para su sustento cotidiano. (Intención General)
* el Señor sostenga el esfuerzo de los trabajadores de la salud en su servicio a los enfermos y ancianos de las regiones más pobres. (Intención Misionera)
Para más información, haz click aquí: Apostolado de la Oración

martes 28 de febrero de 2012

En Bolonia, con las Misioneras de los Pobres y Grupo de ayuda a Paraguay

La Misa con el grupo de apoyo a la Obra de las Misioneras de los Pobres en Paraguay

Lunes 27

Después de una mañana de paseo por Verona con Tito, el almuerzo en la parroquia y la ida a la estación, para continuar el viaje.
La meta ahora es Bologna, donde hay una comunidad de las Misioneras de los Pobres, una pequeña congregación unida a la familia calabriana (por San Juan Calabria, fundador de los Pobres Siervos y las Pobres Siervas de la Divina Providencia). Esta es mi tercera visita a esa casa, donde he sido siempre gratamente recibido. Me encuentro allí también con Sor Lucía, una religiosa africana que conocí en mi primera visita, con la que hablamos en francés. A las siete de la tarde celebro la Misa en la comunidad, con un grupo que ha sido invitado para la Eucaristía y la cena. Se trata de un grupo de apoyo a la obra calabriana en Paraguay. En mi segunda visita ya estuve con este grupo, de modo que ha sido un momento para profundizar esta amistad. La cena es una forma de reunir fondos para apoyar pequeños proyectos. Con asombro les oigo citar mis propias palabras de la última visita: “Ud. nos dijo que grupos pequeños como el nuestro eran muy importantes, porque pueden financiar los pequeños proyectos que las grandes organizaciones no suelen aceptar por ser demasiado pequeños”. Sigo pensando eso. Con lo que cada uno pone mensualmente, cuando se encuentran para cenar, ayudan a sostener algunas iniciativas en Paraguay: policlínica, comedor, escuela…

Martes 28

Antes de seguir mi viaje, celebro con las Hermanas en comunidad. Mi lectura del misal italiano va mejorando de a poco, a medida que me voy familiarizando con las palabras difíciles… aunque todavía me atraco en el “convertítivi” (conviértanse) que reaparece a menudo en Cuaresma. Como le digo a una de las hermanas: “ya la conversión nos cuesta, y esta dificultad se suma”).

lunes 27 de febrero de 2012

En Verona, con viejos amigos...

Uno de los vitrales de la Parroquia Sta. Ma. Magdalena, Verona
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Sábado 25
En la Parroquia Santa María Magdalena, donde es párroco el P. Giovanni Barlottini y reside el P. Tito, de la Diócesis de Salto, que está estudiando en Milán, celebro la Misa el sábado por la tarde y luego, a comer una pizza afuera con los curas.
Domingo 26
Misa en la mañana del domingo y encuentro con Novios por la tarde en San Juan Bautista en Cadidavid, donde es párroco Ottavio Todeschini. Misa a las 18 horas en Soave, donde está el P. Luigi Verzé. Todos viejos conocidos y amigos, con los que los recuerdos se hacen gratos y la puesta al día amena. A Soave, llegan Giovanni y Tito después de la Misa para cenar juntos con Luigi y llevarme de nuevo a Verona.
Lunes 27
Después de una mañana de paseo por Verona con Tito, el almuerzo en la parroquia y la ida a la estación, para continuar el viaje.
La meta ahora es Bologna, donde hay una comunidad de las Misioneras de los Pobres, una pequeña congregación unida a la familia calabriana (por San Juan Calabria, fundador de los Pobres Siervos y las Pobres Siervas de la Divina Providencia).

Ottavio Todeschini y Luigi Verzè, en Soave.

viernes 24 de febrero de 2012

Hospital Laudato Sí', camino a Verona

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Serafino y Chiara me llevan a Verona, donde está previsto que lleguemos a las tres de la tarde.
En el viaje, encontraremos todavía dos obras de Don Pierino. La primera está en construcción desde hace cuatro años: el Hospital Laudato Sì’ (Alabado sea). Se trata de un hospital oncológico, con capacidad de 120 camas, que apunta a cubrir todos los servicios: diagnóstico, tratamiento ambulatorio, intervenciones quirúrgicas, internación y aún el hospice para cuidados paliativos finales. Se va construyendo por etapas, en los tiempos que va marcando la Providencia. Lo visitamos guiados por uno de los miembros de la Comunidad del Cenáculo, una de las asociaciones de fieles creadas por Don Pierino. Nuestro guía nos cuenta que la obra nunca estuvo detenida. A veces parecía que no se llegaba a reunir el dinero para completar la etapa en curso, pero finalmente aparecía. En su relato van surgiendo algunos aspectos de la espiritualidad y la práctica del Sacerdote fundador: su confianza en la Providencia (en la tradición de los santos Don Orione, Don Calabria, Don Cottolengo). Una frase a menudo repetida: “no busquen dinero, conquisten personas”: era su traducción práctica de la palabra del Evangelio: “busquen primero el Reino de Dios y lo demás les será dado en añadidura”.
 Desde allí hacemos una rápida visita a una comunidad de las Franciscanas del Verbo Encarnado, presente en un dispensario, que forma también parte de la obra.
Todavía nos queda una visita a otro hogar de discapacitados. En realidad son dos pequeñas comunidades, en un edificio en forma de “U”, del que comparten el tramo horizontal. En medio del patio, una encina hace alusión a la Comunidad de Mambré, responsable de ambas casas. Bajo la encina de Mambré Abraham recibe la visita de Dios, que le anuncia el cercano cumplimiento de la promesa de un hijo. Mambré es símbolo de acogida al Señor que viene en cada hermano. Ése es el espíritu de la casa. Los discapacitados no sólo son allí recibidos, sino que quienes llegan, visitantes como nosotros, rápidamente nos sentimos acogidos por ellos, que nos muestran con alegría su casa, sus habitaciones, sus lugares comunes.
A las tres de la tarde, como estaba previsto, llegamos a Verona, a la Parroquia Santa María Magdalena. Allí me despido de Chiara y Serafino y encuentro al P. Giovanni Barlottini, que estuvo muchos años en la Diócesis de Salto, y al P. Tito, de la Diócesis de Salto, que está estudiando en Milán y tiene en la parroquia, donde ha sido fraternalmente recibido, su cable a tierra.
Los amigos veroneses me han preparado un nutrido programa, que me llevará a ocupar buena parte del tiempo en preparar la homilía para el sábado y domingo.

jueves 23 de febrero de 2012

Reencuentros en Brescia

En el Centro Pastoral Pablo VI de Brescia.
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Misa a las 7 de la mañana, ya no en la gran Iglesia de Orzivecchi, sino en una pequeña, restaurada recientemente (y con buena calefacción). Cuando vamos llegando al templo con toda la familia, veo escrito el nombre de la calle en que se encuentra la Iglesia: “Via Disciplina”. Eso es lo que decían los anuncios del día anterior: que la Misa sería en la Iglesia de esa calle…
Serafino me conduce a la ciudad de Brescia, donde me espera Don Cesare, pro vicario de la Diócesis, Padre César para la Diócesis de Melo. El P. César me ha preparado una prolija agenda, como lo hiciera en la visita anterior.
Empezamos por el Centro Misionero de la Diócesis, donde saludo al todavía director, P. Rafael y conozco al que quedará luego a cargo, P. Carlo. Me anuncian una visita a Uruguay para noviembre de este año, cuando tendrán en Maldonado una reunión de todos los sacerdotes Fidei Donum (sacerdotes diocesanos “prestados” a otras diócesis) de Brescia que están en América Latina. El final de su reunión coincide con nuestra peregrinación nacional a la Virgen de los Treinta y Tres, de modo que no pierdo la ocasión para dejarles hecha la invitación.
Del Centro Misionero vamos a la Casa de las Hermanas de Santa Dorotea de Cemmo, donde encuentro de nuevo a la Superiora General, Madre Lucia Moratti, con quien recientemente nos habíamos visto en Melo. También saludo a la Hna. Aussilia, que guarda un fuerte recuerdo de sus pocos años en Treinta y Tres, desde donde debió partir para cuidar su salud.
De allí al Centro Pastoral Pablo VI, donde tendremos un almuerzo con otros sacerdotes que han estado en Melo. En esta ocasión nos acompañarán el P. Claudio Delpero, que estuvo en Uruguay dos años y el P. Renato Soregaroli, que estuvo en Treinta y Tres entre 1973 y 1984 y actualmente volvió a ser “Fidei Donum” pero en Brasil. También llegó otro sacerdote que estuvo en Uruguay, aunque no en nuestra diócesis, el P. Flavio Salieri, con quien nos conocimos a través de la Pastoral Juvenil. El almuerzo transcurrió con gratos recuerdos que ayudan a mantener esa comunión entre las dos diócesis.
Después del almuerzo, y antes de mi encuentro con Mons. Luciano Monari, el obispo de Brescia, el P. Claudio me lleva a conocer, a pie, lugares históricos de Brescia. Subimos hasta el castillo, allí donde comenzó a poblarse Brescia y desde donde se ve toda la ciudad. El P. Claudio es un hombre sumamente ilustrado y su conversación me hace recorrer, con gran gusto de mi parte, varios siglos de historia, mientras miramos el entrelazamiento de presente y pasado que se nos ofrece a los ojos.
Mons. Monari me recibe con mucha calidez. Tal como lo hice en el Centro Misionero, en un momento de la conversación recuerdo nuestro pedido de sacerdotes, sin apuro y sin angustias, pero siempre presente. Conversamos de la situación de su Diócesis, actualmente realizando un Sínodo para organizar agrupamientos de parroquias, “Unidades pastorales”. Hablamos de la catequesis y de sus dificultades. Me comenta del proyecto diocesano que busca trabajar más tiempo con los padres, incluso comenzando con ellos antes que con los niños.
Para llevarme de nuevo a Orzivecchi, me espera Denisse una olimareña que vino siendo una jovencita (hace no tantos años) a Brescia, donde conoció a Mario, su esposo. Después de un regreso de ella y un viaje de él a Uruguay se casaron. Tienen dos hijos que pasamos a buscar: Natalia y Alessandro. Ella vive en Orzinuovi, cerca de Orzivecchi, y su casa ha sido un lugar de referencia para Mons. Cáceres. En este viaje, en alguna medida sigo los pasos de nuestro emérito… pero en algunos casos, como éste, son sus huellas las que me encuentran a mí.
Cenamos con la familia de Chiara y Serafino, ahora también con los padres de ella, que viven cerca de Milán. De allí vamos a la sala parroquial, para una presentación sobre Uruguay. Tengo un Power Point sobre la Diócesis de Melo, con varias fotos, que hice por primera vez en 2010 y que voy actualizando cada vez. Lo proyectamos, con apoyo de Denisse en la traducción y luego respondo a algunas preguntas. Mucha gente ha venido. Están presentes hermanos de la Hermana Fiorángela, Dorotea de la comunidad de Treinta y Tres. Una guitarra aparece, y la velada termina con algunas canciones de Uruguay.


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miércoles 22 de febrero de 2012

Miércoles de Ceniza en Polaveno y Orzivecchi (Brescia)

En primer plano, Antonio...
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En la mañana del Miércoles de Ceniza tomamos un frugal desayuno con el Sr. Piero y fuimos hasta la parroquia de Borghetto Santo Spirito. Me despedí del P. Francesco y de Piero, y salimos con Marina y Lino hacia la provincia de Brescia. Fuimos bordeando el mar en un día muy soleado. Liguria es una región de montañas que van bajando hasta meterse en el mar, sin llanuras intermedias. A lo lejos, los montes más altos se veían nevados. Los días de mayor frío habían pasado, afortunadamente para mí. En un momento Marina me advierte “ahora dejamos el borde del mar y tomamos una ruta hacia dentro”.
Nuestro destino era Clusane, una pequeña ciudad de la provincia de Brescia, donde me esperaban Serafino y Chiara, un matrimonio al que conocí en Uruguay en diciembre pasado, cuando ellos estaban de vacaciones con su familia. Clara es un poco uruguaya y ambos son veterinarios. Tienen cuatro hijos, y me ofrecieron su casa y su ayuda durante mi visita a Brescia.
Viven en un pueblo llamado Orzivecchi, pero la razón de encontrarnos en Clusane era presentarme una obra verdaderamente extraordinaria. En ese lugar fue párroco un sacerdote llamado Pierino Ferrari, fallecido el año pasado. Don Pierino dejó tras de sí varias obras dedicadas a los discapacitados, la salud y la ancianidad, sostenidas hoy por ocho asociaciones fundadas por él: laicos consagrados, voluntarios, cooperativas. En su obra recibió siempre un muy cercano aliento de la Madre Giovanna Ferrara, fundadora de las Misioneras Franciscanas del Verbo Encarnado.
En Clusane visito un hogar de ancianos al que puede llamarse con verdad hogar, de pequeñas dimensiones, cercanía y familiaridad. Después de un cuaresmal almuerzo, con Don Dario, sacerdote diocesano sucesor de Don Pierino y otros miembros de la obra, pasamos a un hogar para discapacitados, donde conozco a Antonio, inspirador de la obra de Don Pierino.
En una foto de fines de los 70 veo a un joven sacerdote, vestido para la Misa, sosteniendo en sus brazos ante el altar a un niño delgadito que parece dormido. Son Don Pierino y Antonio. Antonio tiene una discapacidad profunda. Los médicos han dicho que no vivirá más que unos meses. Sus padres lo han entregado al sacerdote.
Pero ahora no se trata de una foto. Frente a mí está Antonio, en su silla de ruedas especial. Uno de sus cuidadores, un verdadero Ángel de la Guarda, me dice: “Antonio tiene dos expresiones: sonríe si está contento, llora si algo está mal: si tiene hambre o necesita atención” (como un bebé, pienso yo). El Ángel prosigue: “Antonio vive porque se siente amado, y amarlo es la razón por la que estamos aquí: él nos enseña a amar”.
Chiara y Serafino con colaboradores de la obra de Don Pierino. Él bautizó a una de sus hijas. Todavía me harán conocer algo más, pero eso será el próximo viernes.
De Clusane comenzamos a subir montaña arriba, por rutas empinadas y de muchas curvas (de alguna manera me sirve el entrenamiento adquirido en la Ruta 8, aunque la pendiente no sea tanta). Llegamos hasta un pueblito de la montaña, donde es párroco Don Saverio Mori, para los melenses, el Padre Javier, que fue párroco de la Catedral de Melo.
Llegamos cinco minutos antes del comienzo de la Misa de Miércoles de Ceniza. Con la advertencia habitual (“necesito leer todo lo que tenga que decir”) acepto presidir la Eucaristía. La pequeña Iglesia está llena. Nos acompañan numerosos monaguillos. Muchas niñas están sentadas en los primeros bancos (me parece que casi todos los niños están con nosotros, como monaguillos). Hay gente de todas las edades, inclusive matrimonios jóvenes.
Yo me había encontrado con el P. Javier en mi anterior visita a Brescia, en agosto de 2010. Allí, él todavía no había asumido esta parroquia y estaba recuperándose de una enfermedad.
No es precisamente un jovencito, pero me encontré con un hombre lleno de energía. La pequeña comunidad parece llena de vida. Él hace la homilía, presentando al visitante y yendo luego al espíritu del tiempo de Cuaresma que estábamos iniciando. Invita a participar en las diferentes actividades que ofrecerá la parroquia en el tiempo y luego traduce mis breves palabras de saludo.
Conversamos un rato después de la Misa y lo veo realmente animado. Recorremos a pie los alrededores de la parroquia y nos vamos antes de que el frío nos agarre.
Chiara y Serafino me conducen hasta su casa en Orzivecchi. Viven en las afueras del pueblo. Serafino tiene un criadero de cerdos. Al llegar destaca una fila de silos, en el primero de los cuales se leen las primeras palabras del Ave María. Más abajo, una imagen de la Virgen. La casa es grande, dividida en dos, y en una parte viven los padres de Serafino. Con ellos han quedado los niños: Domenico, … Cecilia, que reciben a sus padres con mucho cariño. A las 19 de nuevo presido la Misa, ahora en la gran Iglesia de Orzivecchi. Con Don Franco, el párroco, imponemos las cenizas a numerosos feligreses. En los avisos para el día siguiente, oigo varias veces la palabra “disciplina” y pienso “aquí la Cuaresma va en serio”.
Después del encuentro con la familia llega el descanso reparador… y necesario, porque el día empezará temprano.
Con Don Franco imponiendo las Cenizas

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Mensaje de Benedicto XVI para la Cuaresma

 

MENSAJE DEL SANTO PADRE
BENEDICTO XVI
PARA LA CUARESMA 201
2
«Fijémonos los unos en los otros
para estímulo de la caridad y las buenas obras»
(Hb 10, 24)
Queridos hermanos y hermanas
La Cuaresma nos ofrece una vez más la oportunidad de reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana: la caridad. En efecto, este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de Dios y de los Sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitario. Se trata de un itinerario marcado por la oración y el compartir, por el silencio y el ayuno, en espera de vivir la alegría pascual.
Este año deseo proponer algunas reflexiones a la luz de un breve texto bíblico tomado de la Carta a los Hebreos: «Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (10,24). Esta frase forma parte de una perícopa en la que el escritor sagrado exhorta a confiar en Jesucristo como sumo sacerdote, que nos obtuvo el perdón y el acceso a Dios. El fruto de acoger a Cristo es una vida que se despliega según las tres virtudes teologales: se trata de acercarse al Señor «con corazón sincero y llenos de fe» (v. 22), de mantenernos firmes «en la esperanza que profesamos» (v. 23), con una atención constante para realizar junto con los hermanos «la caridad y las buenas obras» (v. 24). Asimismo, se afirma que para sostener esta conducta evangélica es importante participar en los encuentros litúrgicos y de oración de la comunidad, mirando a la meta escatológica: la comunión plena en Dios (v. 25). Me detengo en el versículo 24, que, en pocas palabras, ofrece una enseñanza preciosa y siempre actual sobre tres aspectos de la vida cristiana: la atención al otro, la reciprocidad y la santidad personal.
1. “Fijémonos”: la responsabilidad para con el hermano.
El primer elemento es la invitación a «fijarse»: el verbo griego usado es katanoein, que significa observar bien, estar atentos, mirar conscientemente, darse cuenta de una realidad. Lo encontramos en el Evangelio, cuando Jesús invita a los discípulos a «fijarse» en los pájaros del cielo, que no se afanan y son objeto de la solícita y atenta providencia divina (cf. Lc 12,24), y a «reparar» en la viga que hay en nuestro propio ojo antes de mirar la brizna en el ojo del hermano (cf. Lc 6,41). Lo encontramos también en otro pasaje de la misma Carta a los Hebreos, como invitación a «fijarse en Jesús» (cf. 3,1), el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe. Por tanto, el verbo que abre nuestra exhortación invita a fijar la mirada en el otro, ante todo en Jesús, y a estar atentos los unos a los otros, a no mostrarse extraños, indiferentes a la suerte de los hermanos. Sin embargo, con frecuencia prevalece la actitud contraria: la indiferencia o el desinterés, que nacen del egoísmo, encubierto bajo la apariencia del respeto por la «esfera privada». También hoy resuena con fuerza la voz del Señor que nos llama a cada uno de nosotros a hacernos cargo del otro. Hoy Dios nos sigue pidiendo que seamos «guardianes» de nuestros hermanos (cf. Gn 4,9), que entablemos relaciones caracterizadas por el cuidado reciproco, por la atención al bien del otro y a todo su bien. El gran mandamiento del amor al prójimo exige y urge a tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad respecto a quien, como yo, es criatura e hijo de Dios: el hecho de ser hermanos en humanidad y, en muchos casos, también en la fe, debe llevarnos a ver en el otro a un verdadero alter ego, a quien el Señor ama infinitamente. Si cultivamos esta mirada de fraternidad, la solidaridad, la justicia, así como la misericordia y la compasión, brotarán naturalmente de nuestro corazón. El Siervo de Dios Pablo VI afirmaba que el mundo actual sufre especialmente de una falta de fraternidad: «El mundo está enfermo. Su mal está menos en la dilapidación de los recursos y en el acaparamiento por parte de algunos que en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos» (Carta. enc. Populorum progressio [26 de marzo de 1967], n. 66).
La atención al otro conlleva desear el bien para él o para ella en todos los aspectos: físico, moral y espiritual. La cultura contemporánea parece haber perdido el sentido del bien y del mal, por lo que es necesario reafirmar con fuerza que el bien existe y vence, porque Dios es «bueno y hace el bien» (Sal 119,68). El bien es lo que suscita, protege y promueve la vida, la fraternidad y la comunión. La responsabilidad para con el prójimo significa, por tanto, querer y hacer el bien del otro, deseando que también él se abra a la lógica del bien; interesarse por el hermano significa abrir los ojos a sus necesidades. La Sagrada Escritura nos pone en guardia ante el peligro de tener el corazón endurecido por una especie de «anestesia espiritual» que nos deja ciegos ante los sufrimientos de los demás. El evangelista Lucas refiere dos parábolas de Jesús, en las cuales se indican dos ejemplos de esta situación que puede crearse en el corazón del hombre. En la parábola del buen Samaritano, el sacerdote y el levita «dieron un rodeo», con indiferencia, delante del hombre al cual los salteadores habían despojado y dado una paliza (cf. Lc 10,30-32), y en la del rico epulón, ese hombre saturado de bienes no se percata de la condición del pobre Lázaro, que muere de hambre delante de su puerta (cf. Lc 16,19). En ambos casos se trata de lo contrario de «fijarse», de mirar con amor y compasión. ¿Qué es lo que impide esta mirada humana y amorosa hacia el hermano? Con frecuencia son la riqueza material y la saciedad, pero también el anteponer los propios intereses y las propias preocupaciones a todo lo demás. Nunca debemos ser incapaces de «tener misericordia» para con quien sufre; nuestras cosas y nuestros problemas nunca deben absorber nuestro corazón hasta el punto de hacernos sordos al grito del pobre. En cambio, precisamente la humildad de corazón y la experiencia personal del sufrimiento pueden ser la fuente de un despertar interior a la compasión y a la empatía: «El justo reconoce los derechos del pobre, el malvado es incapaz de conocerlos» (Pr 29,7). Se comprende así la bienaventuranza de «los que lloran» (Mt 5,4), es decir, de quienes son capaces de salir de sí mismos para conmoverse por el dolor de los demás. El encuentro con el otro y el hecho de abrir el corazón a su necesidad son ocasión de salvación y de bienaventuranza.
El «fijarse» en el hermano comprende además la solicitud por su bien espiritual. Y aquí deseo recordar un aspecto de la vida cristiana que a mi parecer ha caído en el olvido: la corrección fraterna con vistas a la salvación eterna. Hoy somos generalmente muy sensibles al aspecto del cuidado y la caridad en relación al bien físico y material de los demás, pero callamos casi por completo respecto a la responsabilidad espiritual para con los hermanos. No era así en la Iglesia de los primeros tiempos y en las comunidades verdaderamente maduras en la fe, en las que las personas no sólo se interesaban por la salud corporal del hermano, sino también por la de su alma, por su destino último. En la Sagrada Escritura leemos: «Reprende al sabio y te amará. Da consejos al sabio y se hará más sabio todavía; enseña al justo y crecerá su doctrina» (Pr 9,8ss). Cristo mismo nos manda reprender al hermano que está cometiendo un pecado (cf. Mt 18,15). El verbo usado para definir la corrección fraterna —elenchein—es el mismo que indica la misión profética, propia de los cristianos, que denuncian una generación que se entrega al mal (cf. Ef 5,11). La tradición de la Iglesia enumera entre las obras de misericordia espiritual la de «corregir al que se equivoca». Es importante recuperar esta dimensión de la caridad cristiana. Frente al mal no hay que callar. Pienso aquí en la actitud de aquellos cristianos que, por respeto humano o por simple comodidad, se adecúan a la mentalidad común, en lugar de poner en guardia a sus hermanos acerca de los modos de pensar y de actuar que contradicen la verdad y no siguen el camino del bien. Sin embargo, lo que anima la reprensión cristiana nunca es un espíritu de condena o recriminación; lo que la mueve es siempre el amor y la misericordia, y brota de la verdadera solicitud por el bien del hermano. El apóstol Pablo afirma: «Si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado» (Ga 6,1). En nuestro mundo impregnado de individualismo, es necesario que se redescubra la importancia de la corrección fraterna, para caminar juntos hacia la santidad. Incluso «el justo cae siete veces» (Pr 24,16), dice la Escritura, y todos somos débiles y caemos (cf. 1 Jn 1,8). Por lo tanto, es un gran servicio ayudar y dejarse ayudar a leer con verdad dentro de uno mismo, para mejorar nuestra vida y caminar cada vez más rectamente por los caminos del Señor. Siempre es necesaria una mirada que ame y corrija, que conozca y reconozca, que discierna y perdone (cf. Lc 22,61), como ha hecho y hace Dios con cada uno de nosotros.
2. “Los unos en los otros”: el don de la reciprocidad.
Este ser «guardianes» de los demás contrasta con una mentalidad que, al reducir la vida sólo a la dimensión terrena, no la considera en perspectiva escatológica y acepta cualquier decisión moral en nombre de la libertad individual. Una sociedad como la actual puede llegar a ser sorda, tanto ante los sufrimientos físicos, como ante las exigencias espirituales y morales de la vida. En la comunidad cristiana no debe ser así. El apóstol Pablo invita a buscar lo que «fomente la paz y la mutua edificación» (Rm 14,19), tratando de «agradar a su prójimo para el bien, buscando su edificación» (ib. 15,2), sin buscar el propio beneficio «sino el de la mayoría, para que se salven» (1 Co 10,33). Esta corrección y exhortación mutua, con espíritu de humildad y de caridad, debe formar parte de la vida de la comunidad cristiana.
Los discípulos del Señor, unidos a Cristo mediante la Eucaristía, viven en una comunión que los vincula los unos a los otros como miembros de un solo cuerpo. Esto significa que el otro me pertenece, su vida, su salvación, tienen que ver con mi vida y mi salvación. Aquí tocamos un elemento muy profundo de la comunión: nuestra existencia está relacionada con la de los demás, tanto en el bien como en el mal; tanto el pecado como las obras de caridad tienen también una dimensión social. En la Iglesia, cuerpo místico de Cristo, se verifica esta reciprocidad: la comunidad no cesa de hacer penitencia y de invocar perdón por los pecados de sus hijos, pero al mismo tiempo se alegra, y continuamente se llena de júbilo por los testimonios de virtud y de caridad, que se multiplican. «Que todos los miembros se preocupen los unos de los otros» (1 Co 12,25), afirma san Pablo, porque formamos un solo cuerpo. La caridad para con los hermanos, una de cuyas expresiones es la limosna —una típica práctica cuaresmal junto con la oración y el ayuno—, radica en esta pertenencia común. Todo cristiano puede expresar en la preocupación concreta por los más pobres su participación del único cuerpo que es la Iglesia. La atención a los demás en la reciprocidad es también reconocer el bien que el Señor realiza en ellos y agradecer con ellos los prodigios de gracia que el Dios bueno y todopoderoso sigue realizando en sus hijos. Cuando un cristiano se percata de la acción del Espíritu Santo en el otro, no puede por menos que alegrarse y glorificar al Padre que está en los cielos (cf. Mt 5,16).
3. “Para estímulo de la caridad y las buenas obras”: caminar juntos en la santidad.
Esta expresión de la Carta a los Hebreos (10, 24) nos lleva a considerar la llamada universal a la santidad, el camino constante en la vida espiritual, a aspirar a los carismas superiores y a una caridad cada vez más alta y fecunda (cf. 1 Co 12,31-13,13). La atención recíproca tiene como finalidad animarse mutuamente a un amor efectivo cada vez mayor, «como la luz del alba, que va en aumento hasta llegar a pleno día» (Pr 4,18), en espera de vivir el día sin ocaso en Dios. El tiempo que se nos ha dado en nuestra vida es precioso para descubrir y realizar buenas obras en el amor de Dios. Así la Iglesia misma crece y se desarrolla para llegar a la madurez de la plenitud de Cristo (cf. Ef 4,13). En esta perspectiva dinámica de crecimiento se sitúa nuestra exhortación a animarnos recíprocamente para alcanzar la plenitud del amor y de las buenas obras.
Lamentablemente, siempre está presente la tentación de la tibieza, de sofocar el Espíritu, de negarse a «comerciar con los talentos» que se nos ha dado para nuestro bien y el de los demás (cf. Mt 25,25ss). Todos hemos recibido riquezas espirituales o materiales útiles para el cumplimiento del plan divino, para el bien de la Iglesia y la salvación personal (cf. Lc 12,21b; 1 Tm 6,18). Los maestros de espiritualidad recuerdan que, en la vida de fe, quien no avanza, retrocede. Queridos hermanos y hermanas, aceptemos la invitación, siempre actual, de aspirar a un «alto grado de la vida cristiana» (Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte [6 de enero de 2001], n. 31). Al reconocer y proclamar beatos y santos a algunos cristianos ejemplares, la sabiduría de la Iglesia tiene también por objeto suscitar el deseo de imitar sus virtudes. San Pablo exhorta: «Que cada cual estime a los otros más que a sí mismo» (Rm 12,10).
Ante un mundo que exige de los cristianos un testimonio renovado de amor y fidelidad al Señor, todos han de sentir la urgencia de ponerse a competir en la caridad, en el servicio y en las buenas obras (cf. Hb 6,10). Esta llamada es especialmente intensa en el tiempo santo de preparación a la Pascua. Con mis mejores deseos de una santa y fecunda Cuaresma, os encomiendo a la intercesión de la Santísima Virgen María y de corazón imparto a todos la Bendición Apostólica.
Vaticano, 3 de noviembre de 2011
BENEDICTUS PP. XVI

martes 21 de febrero de 2012

En la Diócesis de Albenga-Imperia

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Lunes 20El vuelo de Madrid a Milán salió con un poco retrasado. En el avión compré un “bocadillo” caliente y una latita de Coca. Hice bien. La cena demoraría mucho, y todavía no sabía cuánto. Quienes me esperaban en el aeropuerto me identificaron apenas aparecí. Eran Lino y Marina, un matrimonio amigo de Don Francesco, el sacerdote de la Diócesis de Albenga con quien había previsto comenzar esta visita.
El P. Francesco estuvo muchos años en Treinta y Tres, en la Parroquia de El Salvador y un breve tiempo en San José Obrero de Melo. Regresó a su Diócesis por motivos de salud, aunque mantiene sus deseos de volver a la Diócesis de Melo un día. Marina y Lino lo conocieron cuando era párroco en una parroquia anterior a la que ahora tiene. Son buenos amigos de Francesco, y él les encomendó recogerme en Milán… a más de tres horas de autopista de Albenga, que ellos hicieron en la tarde y volvieron a recorrer conmigo en la noche.
El P. Francesco es actualmente párroco en el Santuario San Antonio de Padua, en Borghetto Santo Spirito, a orillas del Golfo de Liguria. Liguria es, precisamente, esta región de Italia que limita con Francia. Niza está apenas a 20 km, mucho más cerca que Milán.
En la parroquia me esperaba Don Francesco, que vive allí con su papá, ya muy mayor. Me ofrecieron una cena, y me confió a su sacristán, el Sr. Piero, un viudo de 84 años que vive solo y me recibió con mucha reverencia, pero con quien llegué a sentirme como un hijo.
Martes 21
Don Francesco habla muy bien español, pero cuando yo me quedaba solo con los italianos, mis dificultades – que se han ido superando un poquito – aparecían enseguida. En la mañana Piero estaba hablando conmigo cuando sonó el teléfono. “Era mi hija, que vive en Lyon” me dijo. Poco después agregó “yo nací en París”. “Entonces ¿Ud. habla francés?” le pregunté. “Oui”, me respondió. A partir de allí dejamos el italiano y nuestra conversación pasó a ser muy fluida.
Desayunamos con Don Francesco en la panadería de una familia que colabora habitualmente con sus obras y nos fuimos a Albenga a ver al Obispo. Mons. Mario Olivieri me recibió, tras una mediana espera junto a otros que pasarían después. El Obispo de Albenga-Imperia me recibió en sotana filetatta en una bonita sala. Avisado por Don Francesco, pudimos conversar en francés. Es un hombre muy amable, paternalmente preocupado por la salud del sacerdote.
Luego de la breve entrevista, Don Francesco me llevó a conocer otras personas que suelen colaborar con él para la obra que mantiene en Treinta y Tres. La dueña de un pequeño café, la familia que tiene un gran vivero (ver fotos). Gente buena y trabajadora.
En la tarde celebramos la Misa en el Santuario. Una gran Iglesia, bastante llena, a pesar de ser martes. A la entrada, tres alcancías: una para “obras del párroco en Uruguay” y otras dos para la calefacción. No tengo demasiados problemas para celebrar la Misa en italiano. Ya lo he hecho en otras oportunidades, pero necesito leer todo. En el momento de la homilía dije unos breves pensamientos en español que Don Francesco tradujo.
En la noche, una cena con Piero y cuatro señoras que se ocupan de preparar paquetes de ropa que se envían a Treinta y Tres. Un equipo muy simpático y dinámico. Pero Don Francesco ya no nos acompañó, porque se sentía realmente mal. Estaba afiebrado y se vio obligado a olvidar su deseo de llevarme al día siguiente a Brescia y se lo pidió de nuevo a Marina y Lino.

lunes 20 de febrero de 2012

No es fácil dejar España...

De izquierda a derecha: Nacho, Irene y un servidor.
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El vuelo de Iberia a Milán salía 12:10. Nacho me llevó hasta el aeropuerto. Juntos miramos el tablero sin encontrar mi vuelo. Él leyó más adelante y fue quien dijo "su vuelo fue cancelado". 
En el mostrador de Iberia me pasaron a otro vuelo que salía cuatro horas más tarde, pero recibieron mi valija y me dieron la tarjeta de embarque. 
Así que fuimos a la Universidad y pude participar en la reunión del grupo pastoral que se reúne los lunes, esta vez para escuchar el testimonio de Irene, miembro de las Auxiliares del Apostolado, una forma de consagración de mujeres en la Iglesia, al servicio directo del Obispo. Fueron fundadas en Bélgica o en Francia, y están en varios países del mundo, inclusive la Argentina. Tienen un centro internacional de formación en Lourdes, pero no hay una gran estructura, sino que en cada Diócesis se van dando su forma.
La reunión incluía la comida, de modo que todo salió redondo, y a las 16:10, hora de salida del avión estaba... esperando... y esperando... para embarcar. Salimos con un retraso.
En Milán me esperaba un matrimonio, Lino y Marina, que estuvieron dos veces en Uruguay, para llevarme hasta Borghetto Santo Spirito, donde está la parroquia del P. Francesco, Diócesis de Albenga-Imperia.

domingo 19 de febrero de 2012

Desde España

Casa Cristo Rey, Cooperadores Parroquiales, Pozuelo de Alarcón, Madrid

Madrid

El miércoles 15, Madrid me recibió con la mañana de un invierno muy frío, pero con cielo azul y sol radiante. También con la sonrisa del P. Enrique, Cooperador Parroquial de Cristo Rey (CPCR), con quien nos conocimos hace años en Salto y allí volvimos a vernos en una de sus visitas.
Enrique me condujo a la Casa Cristo Rey, en Pozuelo, muy cerca del aeropuerto, donde está su comunidad. Es una casa grande, preparada para retiros y encuentros. Allí estuvo alojada la delegación de Pastoral Juvenil del Uruguay que participó en la Jornada Mundial de la Juventud. Los jóvenes y los CPCR guardan gratos recuerdos de esos días.
Después del desayuno con la comunidad, pude descansar un poco antes que Nacho, un joven colaborador del P. Enrique, viniera a buscarme para llevarme hasta la Universidad San Pablo, donde el Padre es capellán en las facultades de Derecho y Ciencias Económicas. Celebramos allí la Misa en una pequeña capilla y compartí luego el almuerzo con Enrique y profesores de la Universidad que han participado en el proyecto misionero que el sacerdote ha impulsado.
El proyecto ha sido ambicioso: un grupo de 30 estudiantes y profesores, algunos en calidad de misioneros, otros como voluntarios, en períodos de un mes en las diócesis de Concordia y de Rosario (Argentina), donde los CPCR tienen comunidades, La misión tiene una doble faceta: el anuncio cristiano y la colaboración en el desarrollo (de ahí lo de misioneros y voluntarios). Pero quienes participaron han regresado profundamente marcados por la experiencia. Ha habido realmente un antes y un después. Lo comprobé todavía al día siguiente, cuando me entrevisté, por menos tiempo del que me habría gustado, con la decana de la Facultad de Humanidades (también experta en el castellano de los inmigrantes hispanos en los EE.UU.).
De todo este encuentro quedó planteada, de mi parte, la posibilidad de una misión en Melo. Habrá que hacer una propuesta más formal y conversar despacio.
Después de la breve entrevista con la Decana, el jueves continuó con la visita a la Casa de las Misioneras de la Doctrina Cristiana, de quienes tenemos una comunidad en Río Branco.
La Hna. Maru, coordinadora general, uruguaya, me recibe con mucho afecto. Conversamos horas sobre el Uruguay, la Iglesia, la Diócesis, la Congregación, las Hermanas de Río Branco... Compartí el almuerzo con la comunidad, apareció una guitarra y canté algunas canciones de Uruguay y luego me llevaron a la Estación para que tomara mi tren a Bilbao.

Bilbao
P. Manuel Guadilla y Hermanas Trinitarias
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Puntualmente, a las nueve de la noche, después de un cómodo viaje, llegué a la estación de Bilbao desde donde caminé al Hogar Sacerdotal donde vive el P. Manuel Guadilla. Lo encontré en la puerta. Había ido a esperarme a la estación, pero nos habíamos desencontrado. Cené con él y me fui a dormir.
Pasé todo el viernes en Bilbao. De mañana acompañé al P. Manuel a su misa como capellán de las Hermanas Trinitarias, que llevan adelante una residencia universitaria. Después de la Misa con quedamos conversando largamente con las hermanas y volvimos a almorzar al Hogar. En la tarde, una sobrina del P. Manuel y su esposa nos llevaron a recorrer Bilbao. Yo recordé que, más de 20 atrás, había pasado por la ciudad. Era imposible reconocerla, y con razón. Bilbao se había transformado. De ciudad industrial, permanentemente ensuciada por el polvo del carbón, se había transformado en una ciudad orientada hacia los servicios y había alcanzado un importante desarrollo turístico, algo impensable antes. La encontré tan limpia como una ciudad alemana, que ya es decir. Me mostraban los edificios de fines del S. XIX y comienzos del XX, de interesante construcción, todos espléndidos, y me decían: todo esto estuvo tapado por el carbón...
Con todo, España vive su crisis. Las altas cifras de desempleo, "el paro", como dicen los españoles, se repiten por todas partes. No hay trabajo. Muchos inmigrantes se vuelven. El gobierno anuncia recortes y medidas drásticas, al tiempo que trata de que la crisis no se haga catástrofe.
Me preguntan como está Uruguay, y casi da vergûenza decir que estamos bien... Al mismo tiempo, se me enciende una luz amarilla: ¿cuánto podrá durar?

Barcelona

Cornellá de Llobregat, Barcelona. P. Toni, P. Juan Masnou

El sábado 18 vuelo a Barcelona en una empresa de bajo costo. El P. Juan Masnou, un sacerdote que estuvo más de 30 años en Uruguay, en la Diócesis de Salto y en el Seminario Interdiocesano, me espera en el aeropuerto y me lleva a la parroquia San Ildefonso, en Cornellá de Llobregat, donde es vicario. Es mi tercera visita. Estuve por primera vez en enero de 2002, hace diez años. Luego, en octubre de 2004, al año de mi ordenación episcopal. Encuentro al P. Juan en sus 80, pero activo y fiel a todos sus rasgos: sus rezongos por la manera en que va el mundo y (en algunas cosas) la Iglesia, y su fidelidad a la meditación de la Palabra de Dios, que sigue haciendo de él un predicador que capta la atención de la gente y mueve los corazones. En San Ildefonso está también el P. Toni, el párroco, catalán con 32 años de cura, ya conocido de las dos anteriores visitas. Entre los dos atienden dos parroquias. La otra es Nuestra Señora del Pilar, a cinco minutos de camino a pie desde San Ildefonso.
En Nuestra Señora del Pilar celebré el sábado de noche. El Carnaval restó un poco de concurrencia, pero había un buen grupo de gente, más bien mayor.
En la mañana del domingo, al mediodía, celebré Misa en San Ildefonso, acompañado por el P. Toni. Estas parroquias están en barrios de inmigrantes, incluso de quienes llegaron de otros lugares de España. Aquí se celebra en castellano, cabe aclararlo, porque en Catalunya, naturalmente, se celebra en catalán. La iglesia está rebosante, el coro canta sencillos y conocidos cantos a capela, pero bien entonados (ensayan los martes). A la salida, me saluda la gente. Hay más jóvenes que anoche, o tal vez deba decir, simplemente, hay jóvenes. Una panameña, una colombiana de Bogotá, un matrimonio de Medellín, me hicieron presente que también la presencia de los emigrantes revitaliza aquí las comunidades.

De nuevo en Madrid

De tarde, Juan me arrima hasta el aeropuerto. En Madrid, de nuevo el P. Enrique y la casa Cristo Rey. Mañana me espera la salida a Milán, hacia el mediodía, y el comienzo de otra etapa, más larga, de este viaje.

+ Heriberto

sábado 18 de febrero de 2012

El nuevo embajador del Uruguay le regaló un mate al Papa


Ciudad del Vaticano , 17 Feb. 12 (AICA)

En el Palacio Apostólico, Benedicto XVI recibió, ayer, en audiencia a Daniel Edgardo Ramada Piendibene, embajador del Uruguay ante la Santa Sede, con motivo de la presentación de sus cartas credenciales.

Durante su visita, el nuevo embajador regaló a Benedicto XVI el tradicional mate, realizado con la calabaza tradicional uruguaya.

Daniel Edgardo Ramada Piendibene nació en 1950, está casado y tiene tres hijos.

Tras estudiar secundaria en el colegio del Sagrado Corazón (ex seminario) de los padres jesuitas en Montevideo (1962-1965), entró en el Instituto de Estudios Humanísticos y Clásicos de la Compañía de Jesús, dependiente de la Universidad Católica Argentina, en calidad de novicio y junior (1966-1968).

Profesor de Historia humanística y de Derecho (1968-1969) y profesor asistente de Ciencias Políticas, Filosofía Social y Sociología en la Universidad Estatal (1970-1973).

Desempeñó sucesivamente, entre otras, las siguientes actividades: miembro fundador del Centro de Investigaciones Sociales de Montevideo (1973), donde desempeñó diversos cargos; miembro fundador y redactor de la Revista Uruguaya de Ciencias Sociales (1973-1977); asesor permanente de la Conferencia Episcopal de Uruguay en estudios sociales(1978-1980); en la Universidad de Friburgo, obtuvo una licenciatura en Sociología y Cristianismo (1980-1986), profesor de la Universidad Católica de Paraná, Brasil; ha desempeñado diversos cargos en comisiones ministeriales relacionadas con el comercio exterior e industria farmacéutica; director general de una industria farmacéutica multinacional en Brasil(2010-2012).

Participó en simposios y conferencias sobre teología, sociología y patrología y es autor de numerosos escritos sobre la religión cristiana, pastoral, historia, fe, la Iglesia y la evangelización latinoamericana.