Intenciones del Papa para el mes de enero 2017
- Por todos los cristianos, para que, fieles a las enseñanzas del Señor, contribuyan con la oración y la caridad fraterna, a restablecer la plena comunión eclesial, colaborando para responder a los desafíos actuales de la humanidad.

domingo, 15 de enero de 2017

Enfoques Dominicales. El Cordero de Dios (audio)

Enfoques Dominicales. El Cordero de Dios

Murillo: Juan el Bautista Niño
con el Cordero que prefigura a Jesús,
Cordero de Dios

El domingo pasado hemos celebrado y recordado el bautismo de Jesús, primer evento público de su vida. Este domingo, Juan Bautista presenta a Jesús como Cordero de Dios.

Para quienes solemos participar en la Misa, esta manera de hablar de Jesús no es extraña.
Efectivamente, en dos momentos de la Misa se nombra a Jesús de esa manera:
"Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros...
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz".

Y después, cuando el sacerdote nos presenta la Hostia consagrada y el cáliz con la sangre de Cristo, repite estas palabras: “este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Felices los invitados a la cena del Señor”.

Ahora bien ¿por qué se le llama así a Jesús?
Ahí se dicen dos cosas importantes:
-    Primero, que Jesús es el Cordero de Dios
-    Segundo, que “quita el pecado del mundo”

¿Qué significa eso?
Para nosotros, pensar en un cordero significa muchas veces pensar en una buena comida, en ese asadito que hacemos con los amigos.
Seguramente muchos de los que están escuchando compartieron un cordero en esta Navidad o en el año nuevo.

Esto tiene algo que ver, pero no es todo.
El Pueblo de Dios, el pueblo de Israel, al que pertenece Jesús por su nacimiento, era en sus primeros tiempos un pueblo nómade, un pueblo de pastores de ovejas y cabras. Al llegar la primavera, en la primera noche de luna llena, tenían una fiesta en la que asaban y comían un cordero.
Ese es el antecedente más remoto de lo que más adelante sería la fiesta de la Pascua.
Después vino el momento en que ese pueblo, esclavo en Egipto, salió una noche hacia la libertad.
Antes de salir, Dios les indicó que tenían que asar y comer un cordero. Con la sangre del Cordero tenían que marcar su puerta, porque Dios iba a mandar un ángel exterminador que no entraría donde estuviera la sangre del cordero.
A partir de allí, aquella antigua cena de primavera se transformó en la cena pascual, la Pascua judía, en la que se recuerda la acción de Dios liberando a su pueblo de la esclavitud.

La muerte de Jesús se produjo en Pascua. Su última cena es una cena pascual, pero el cordero es él mismo. No hay cordero pascual, porque Jesús entrega en el pan y el vino su cuerpo y su sangre.
Jesús fue condenado a morir en la cruz, pero como Él mismo dijo: “nadie toma mi vida, yo la doy”.
Jesús murió dando la vida por sus amigos, dando la vida por la humanidad.
Jesús es el cordero de Dios por su sacrificio, porque Él entregó su vida a Dios. Sacrificar quiere decir “poner algo dentro del campo de lo sagrado”, es decir, entregar algo a Dios.

Pero con su sacrificio Jesús “quita el pecado del mundo”, porque cargó con todos los pecados de la humanidad, con todo lo que nos separa de Dios, para que podamos encontrar el camino hacia Dios.

Hay algo más que Juan el Bautista dice: “He visto descender el Espíritu Santo sobre Él”. Cuando Jesús resucita, entrega el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es la forma en que Dios entra en el corazón del hombre y le da la fuerza para resistir el mal y seguir de corazón a Jesús, que “pasó haciendo el bien”.
Jesús quita el pecado del mundo, porque su sacrificio reconcilia al hombre con Dios, pero también porque entrega a los hombres el Espíritu Santo, que hace posible el cambio profundo del corazón del hombre pecador –o de la mujer pecadora, porque esto toca a todas las personas humanas–.   

Ya en el día de nuestro bautismo recibimos por primera vez el Espíritu Santo. Esa presencia de Dios está allí, disponible, esperando que la dejemos actuar, que nos dejemos guiar. En el sacramento de la Confirmación, podríamos decir que “confirmamos” esa presencia, o que la “reforzamos”, no tanto porque no lo hayamos recibido ya, sino porque lo recibimos en forma más consciente y, por tanto, más dispuestos a dejar que el Espíritu haga su obra en nosotros.

Y si alguien pregunta qué pasa con el que no está bautizado, les recuerdo lo que les decía el domingo pasado: un adulto puede recibir el bautismo, con la preparación adecuada y cumpliendo algunas condiciones. Y si no, la Palabra de Dios nos dice que “el Espíritu sopla donde quiere”. Dios habla siempre en el corazón del hombre. En lo más profundo de su conciencia está la voz de Dios.     Quien busca la verdad, quien busca lo que es realmente justo, quien busca a Dios, también lo encontrará.

domingo, 8 de enero de 2017

Enfoques Dominicales. ¿Cómo está tu fe? (audio)

Enfoques Dominicales. ¿Cómo está tu fe?

Bautismo de Cristo, obra del Maestro
de Rheinfelden, siglo XV, Francia.
La Iglesia celebra hoy el Bautismo de Jesús.
Esta fiesta nos invita a pensar en nuestro propio bautismo.
El Evangelio comienza contándonos que Jesús “se presentó ante Juan para ser bautizado”.
Jesús es un hombre, un adulto. Es él mismo quien se presenta, es decir, quien pide ser bautizado.
Pienso en todos los que puedan estar escuchando en este momento…
Es posible que me escuche alguna persona que no haya sido bautizada. A esa persona quiero decirle que el bautismo se puede recibir siendo adulto. Hay que cumplir algunas condiciones, hay que hacer una preparación, pero la primera condición es la fe: creer en Jesucristo y querer vivir de acuerdo a sus enseñanzas.
Es posible que me escuchen personas que fueron bautizadas ya con plena conciencia de lo que estaban haciendo: como adultos o como jóvenes, en la Iglesia católica o en otras confesiones cristianas que bautizan como lo indicó Jesús: “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mateo 28,19). Si ustedes fueron bautizados después de haber hecho un camino de fe, saben de qué estoy hablando.
Pienso que la mayoría de los que escuchan fueron bautizados siendo niños. Fueron sus padres quienes los presentaron, es decir, pidieron el bautismo para ustedes.
Hoy algunos padres se preguntan si tiene sentido seguir haciendo eso. Para la Iglesia Católica eso tiene sentido si los padres tienen fe. Se bautiza a los niños en la fe de sus padres, ofreciéndoles la Gracia y el Amor de Dios, como un regalo, como un don, que ellos, ya adultos, pueden hacer valer. (ver Hechos 2,39)
Pero siempre volvemos a la fe…
Este es un día para preguntarnos como está nuestra fe.
¿Cómo está tu fe?
Hay gente que dice “yo tengo una fe bárbara”, “yo tengo fe”, “tengo mucha fe”, cosas así. Pero ¿en qué tienen fe? O, mejor ¿en quién tienen fe?
La fe cristiana no es la fe en “algo”, la fe en una cosa. Es la fe en un Dios personal. Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es una relación con Dios, donde el Hijo, Jesucristo, está en el centro.
Mi fe se hace viva a partir del encuentro con Jesucristo. En “La alegría del Evangelio” el Papa Francisco nos exhorta a renovar “ahora mismo” nuestro encuentro personal con Jesucristo “o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él”. Sin encuentro personal con Jesucristo, nuestra fe no es fe cristiana.
Pero ¿Dónde puedo encontrar a Jesucristo?
Ya que hoy hablamos del Bautismo, empecemos por los sacramentos. Cada uno de los siete sacramentos es una forma de encuentro con Jesucristo, y el Bautismo es la primera forma de encontrarlo. Ser bautizado es compartir la muerte y resurrección de Jesús. Nada menos. Es ser sumergido con Él en la muerte y levantarse con Él a la vida.
- Los sacramentos nos hacen presente a Jesús vivo, particularmente en la Eucaristía, donde Él se nos ofrece como Pan de Vida y donde podemos adorarlo, sabiéndolo y sintiéndolo presente. En la reconciliación, es Jesús quien perdona a través del sacerdote y nos envía con nuevas fuerzas a nuestras luchas de cada día.
- La oración es un lugar privilegiado de ese encuentro. La oración personal, la que Santa Teresa explicaba como “tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama”. La oración puede tener muchas formas; pero lo esencial es hablar con Jesús.
- En la Biblia encontramos las palabras de Jesús, sus enseñanzas, especialmente en los Evangelios. Se trata de leer, meditar y poner en práctica la Palabra. Jesús dice “el que escucha mis palabras y las pone en práctica, es como el que edificó la casa sobre la roca”
Por otra parte, leyendo y meditando la Palabra de Dios nos ponemos en contacto con el testimonio de hombres y mujeres de fe que a través de los siglos vivieron esa relación de amistad con Dios, desde Abraham, Moisés, Pedro, Pablo; Sara, Rut, María Magdalena, María. En la meditación de la Palabra nuestra fe se hace fe bíblica y nos hace sentir parte de un pueblo y una historia de salvación.
- La fe cristiana es fe eclesial y comunitaria. El Bautismo nos hace miembros de la Iglesia y eso significa que pertenezco a un gran Cuerpo, el Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, extendida por toda la tierra.
Sin dejar de sentir solidaridad con cada persona humana, sin importar su raza o religión, tengo un lazo espiritual que me une a otros hermanos y hermanas católicos en el mundo. Aquí, donde estoy, no vivo mi fe en solitario: participo en un grupo, en una comunidad parroquial, soy parte de una Iglesia diocesana en la que vive la Iglesia católica. La comunidad puede ser pequeña, pero Jesús ha prometido su presencia “donde dos o más estuvieran reunidos en su nombre”.
- Jesús nos dice que lo hagamos por nuestros hermanos más pequeños lo hacemos por él. Las personas necesitadas: hambrientas, desabrigadas, sin techo, enfermas, recluidas, han sido constituidas por Jesús en sacramento de su presencia.
La fe va acompañada por el Amor, y el amor se expresa en obras. “La fe sin obras es fe muerta” dice el apóstol Santiago (2,14-17). El año pasado, Año de la Misericordia, tratamos de conocer mejor y de poner en práctica las obras de misericordia corporales y espirituales.
La misericordia es un sentimiento profundo, que nos mueve a la acción. Las obras de misericordia corporales y espirituales, son obras de amor.
La fe va acompañada también por la Esperanza. Podemos tener muchas ilusiones, muchos anhelos… pero sólo en Cristo está la vida. “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Juan 6,68). Él es la esperanza de la persona creyente.
Fe, esperanza, amor… terminemos recordando lo que dice San Pablo: “son válidas la fe, la esperanza y el amor; las tres, pero la mayor de estas tres es el amor” (1 Corintios 13,13). Es que, viendo a Dios cara a cara, la esperanza ya está cumplida y la fe no es necesaria; pero permanece el amor: “el amor nunca pasará” (1 Corintios 13,8).
En este día del Bautismo de Jesús, renovemos nuestro compromiso con Él y nuestro deseo de vivir en la fe, en la esperanza y en el amor, seguros de que ninguna obra de amor, por pequeña que sea, será olvidada por Dios. “El amor nunca pasará” quiere decir que lo que nos llevamos de esta vida, aquello con lo que nos podremos presentar un día ante Dios, son esas obras, esos actos de amor que supimos realizar en nuestra vida. Allí estábamos entrando en la eternidad, en la vida de Dios.

domingo, 1 de enero de 2017

Enfoques Dominicales. Cincuenta destellos de Paz (audio)

Enfoques dominicales. Cincuenta destellos de Paz


El 8 de diciembre de 1967, el papa Pablo VI dirigió un mensaje “a todos los hombres de buena voluntad” invitando a celebrar el “Día de la Paz” [1968], el 1 de enero de cada año.

A partir de entonces, a lo largo de los 50 años que han transcurrido, los sucesivos papas han presentado cada 8 de diciembre un mensaje de paz para el 1° de enero siguiente.

¿Qué han dicho sobre la paz Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco?
Ya sólo la lectura de los cincuenta títulos lleva un tiempo considerable. Sin embargo, leyendo esos títulos podemos ver algunos grandes temas que nos ayudan a ver como “La paz es posible” [1973]. Hay un antecedente de estos mensajes en la encíclica de san Juan XXIII, “Paz en la tierra”: “Pacem in Terris: una tarea permanente” [2003].

En esta Navidad hemos celebrado a Jesús como “príncipe de la paz”, así anunciado por el profeta Isaías. El mismo Jesús envía a sus discípulos a llevar la paz y, más aún, proclama “bienaventurados los que trabajan por la paz [2013], porque ellos serán llamados hijos de Dios”.

En estos cincuenta destellos de paz que son los mensajes de los pontífices, podemos encontrar varias pistas para llevar la paz a los demás y trabajar por la paz en el mundo.

Creo que la primera pista o primer destello que podemos tomar está en el título del mensaje de 1974: “la paz depende también de ti”. Es lo primero, porque nos está recordando que cada ser humano puede hacer algo para construir la paz. Juan Pablo II decía: “La paz nace de un corazón nuevo” [1984] y “De la justicia de cada uno nace la paz para todos” [1998]. Benedicto XVI retomaba ese camino señalando “La persona humana, corazón de la paz” [2007].

Si la paz depende de cada persona, cada uno tiene una tarea necesaria, imprescindible… muchos mensajes apuntan al compromiso personal del esfuerzo por la paz: “Si quieres la paz, trabaja por la justicia” [1972], “…defiende la vida” [1977], “…respeta la conciencia de cada hombre” [1991], “Para servir a la paz, respeta la libertad” [1981], “No te dejes vencer por el mal, antes bien, vence el mal con el bien” [2005], “Vence la indiferencia y conquista la paz” [2016].

Otro destello que nos abre una perspectiva está en el mensaje de 1971: “Todo hombre es mi hermano”. La fraternidad es la relación fundamental que nos une a todos los seres humanos. Es la línea que retoma el primer mensaje de Francisco: “La fraternidad, fundamento y camino para la paz” [2014] y el siguiente, que denuncia una terrible realidad todavía presente, como es la esclavitud, pero vuelve a afirmar la fraternidad: “No esclavos sino hermanos” [2015]. Esa fraternidad reclama “La reconciliación, camino hacia la paz” [1975], y nos dice “Ofrece el perdón, recibe la paz” [1997]. Más todavía, se nos recuerda que “No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón” [2002].

Las relaciones humanas empiezan en el ámbito de la familia. Por eso no sorprende que se afirme que “De la familia nace la paz de la familia humana” [1994] o proponer la “Familia humana, comunidad de paz” [2008]. En el marco de la familia, la preocupación por los más pequeños: “¡Demos a los niños un futuro de paz!” [1996], y la visión de las posibilidades que abren las nuevas generaciones: “La paz y los jóvenes caminan juntos” [1985].

La preocupación por educar para la paz está también presente en los mensajes: “Educarse para la paz a través de la reconciliación” [1970]; “Para lograr la paz, educar a la paz” [1979], reafirmado después: “Un compromiso siempre actual: educar para la paz” [2004] sin olvidar “Educar a los jóvenes en la justicia y en la paz” [2012] y el papel especial de “La mujer, educadora para la paz” [1995].

Desde luego, la paz no sólo se construye en las relaciones personales, por más que allí se esté poniendo el fundamento. Los derechos humanos y las relaciones internacionales son siempre recordados: “La promoción de los Derechos del Hombre, camino hacia la paz” [1969] porque “El secreto de la paz verdadera reside en el respeto de los Derechos Humanos” [1999]. Particularmente, “Para construir la paz, respeta las minorías” [1989].
Las conversaciones de paz, tan difíciles, son justamente valoradas: “El diálogo por la paz, una urgencia para nuestro tiempo” [1983] y el “Diálogo entre las culturas para una civilización del amor y la paz” [2001].
Las tensiones internacionales y las desigualdades entre países: “La paz es un valor sin fronteras. Norte-Sur, Este-Oeste: una sola paz” [1986]; “Desarrollo y solidaridad: dos claves para la paz” [1987]. Ya Juan Pablo II había dicho “Si quieres la paz, sal al encuentro del pobre” [1993] porque “Combatir la pobreza es construir la paz” [2009].

En los últimos años hemos venido descubriendo que la paz no sólo involucra las relaciones humanas, sino la relación del ser humano con su entorno, con la “casa común” como llama Francisco al planeta en su encíclica Laudato Sii. Ya en 1990 Juan Pablo II proponía “Paz con Dios, paz con toda la creación” y luego Benedicto XVI “Si quieres promover la paz, protege la creación” [2010].

No todo método sirve para alcanzar la paz. Ya Pablo VI dedicó un mensaje a “Las verdaderas armas de la paz” [1976] y expresó su “No a la violencia, sí a la paz” [1978]. Juan Pablo II proclamó “La verdad, fuerza de la paz” [1980] y Benedicto XVI le hizo eco con su primer mensaje: “En la verdad, la paz” [2006]. En su mensaje para esta quincuagésima jornada, Francisco propone “La no violencia, un estilo de política para la paz” [2017] y presenta cuatro figuras que lucharon con métodos no violentos. Sorprende la diversidad: Mahatma Gandhí, de la India, de religión hinduista; su amigo, menos conocido, el pakistaní Khan Abdul Ghaffar Khan, musulmán; el afro-estadounidense Martín Luther King, pastor bautista; y una mujer africana, la liberiana Leymah Gbowee, luterana.

En su mensaje de este año, última de estas cincuenta luces, Francisco reafirma rotundamente que “«Ninguna religión es terrorista». La violencia es una profanación del nombre de Dios. No nos cansemos nunca de repetirlo: «Nunca se puede usar el nombre de Dios para justificar la violencia. Sólo la paz es santa. Sólo la paz es santa, no la guerra». Muchos mensajes parten de “La paz, don de Dios confiado a los hombres” [1982], recordando el canto de los ángeles en Belén: «Paz en la tierra a los hombres que Dios ama» [2000]; la necesidad de “Creyentes unidos en la construcción de la paz” [1992] y de “La libertad religiosa, condición para la convivencia pacífica” [1988] y “…camino para la paz” [2011].

Después de cincuenta años: ¿de qué sirven estos mensajes? Trabajar por la paz es una tarea irrenunciable. Estos cincuenta destellos son balizas que iluminan el camino de todos los que creemos que la paz es posible... y que depende también de cada uno de nosotros.

Que esta jornada -dedicada a la Madre de Dios- encuentre nuestros corazones abiertos para recibir del Hijo de Dios el don de la Paz y nuestro compromiso de comunicarlo a todos.

martes, 27 de diciembre de 2016

Papa Francisco. Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz (audio)

Escucha el Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de la Paz 2017 (Leído por el Obispo de Melo)

«La no violencia: un estilo de política para la paz». Mensaje del Papa Francisco para la 50 Jornada Mundial de la Paz.

MENSAJE DEL SANTO PADRE
FRANCISCO
PARA LA CELEBRACIÓN DE LA 
50 JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ
1 DE ENERO DE 2017

«La no violencia: un estilo de política para la paz»

1. Al comienzo de este nuevo año formulo mis más sinceros deseos de paz para los pueblos y para las naciones del mundo, para los Jefes de Estado y de Gobierno, así como para los responsables de las comunidades religiosas y de los diversos sectores de la sociedad civil. Deseo la paz a cada hombre, mujer, niño y niña, a la vez que rezo para que la imagen y semejanza de Dios en cada persona nos permita reconocernos unos a otros como dones sagrados dotados de una inmensa dignidad. Especialmente en las situaciones de conflicto, respetemos su «dignidad más profunda» [1] y hagamos de la no violencia activa nuestro estilo de vida.

Beato Pablo VI
Este es el Mensaje para la 50 Jornada Mundial de la Paz. En el primero, el beato Papa Pablo VI se dirigió, no sólo a los católicos sino a todos los pueblos, con palabras inequívocas: «Ha aparecido finalmente con mucha claridad que la paz es la línea única y verdadera del progreso humano (no las tensiones de nacionalismos ambiciosos, ni las conquistas violentas, ni las represiones portadoras de un falso orden civil)». Advirtió del «peligro de creer que las controversias internacionales no se pueden resolver por los caminos de la razón, es decir de las negociaciones fundadas en el derecho, la justicia, la equidad, sino sólo por los de las fuerzas espantosas y mortíferas». Por el contrario, citando Pacem in terris de su predecesor san Juan XXIII, exaltaba «el sentido y el amor de la paz fundada sobre la verdad, sobre la justicia, sobre la libertad, sobre el amor» [2]. Impresiona la actualidad de estas palabras, que hoy son igualmente importantes y urgentes como hace cincuenta años.
San Juan XXIII

En esta ocasión deseo reflexionar sobre la no violencia como un estilo de política para la paz, y pido a Dios que se conformen a la no violencia nuestros sentimientos y valores personales más profundos. Que la caridad y la no violencia guíen el modo de tratarnos en las relaciones interpersonales, sociales e internacionales. Cuando las víctimas de la violencia vencen la tentación de la venganza, se convierten en los protagonistas más creíbles en los procesos no violentos de construcción de la paz. Que la no violencia se trasforme, desde el nivel local y cotidiano hasta el orden mundial, en el estilo característico de nuestras decisiones, de nuestras relaciones, de nuestras acciones y de la política en todas sus formas.

Un mundo fragmentado

2. El siglo pasado fue devastado por dos horribles guerras mundiales, conoció la amenaza de la guerra nuclear y un gran número de nuevos conflictos, pero hoy lamentablemente estamos ante una terrible guerra mundial por partes. No es fácil saber si el mundo actualmente es más o menos violento de lo que fue en el pasado, ni si los modernos medios de comunicación y la movilidad que caracteriza nuestra época nos hace más conscientes de la violencia o más habituados a ella.
En cualquier caso, esta violencia que se comete «por partes», en modos y niveles diversos, provoca un enorme sufrimiento que conocemos bien: guerras en diferentes países y continentes; terrorismo, criminalidad y ataques armados impredecibles; abusos contra los emigrantes y las víctimas de la trata; devastación del medio ambiente. ¿Con qué fin? La violencia, ¿permite alcanzar objetivos de valor duradero? Todo lo que obtiene, ¿no se reduce a desencadenar represalias y espirales de conflicto letales que benefician sólo a algunos «señores de la guerra»?

La violencia no es la solución para nuestro mundo fragmentado. Responder con violencia a la violencia lleva, en el mejor de los casos, a la emigración forzada y a un enorme sufrimiento, ya que las grandes cantidades de recursos que se destinan a fines militares son sustraídas de las necesidades cotidianas de los jóvenes, de las familias en dificultad, de los ancianos, de los enfermos, de la gran mayoría de los habitantes del mundo. En el peor de los casos, lleva a la muerte física y espiritual de muchos, si no es de todos.

La Buena Noticia

San Francisco de Asís
3. También Jesús vivió en tiempos de violencia. Él enseñó que el verdadero campo de batalla, en el que se enfrentan la violencia y la paz, es el corazón humano: «Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos» (Mc 7,21). Pero el mensaje de Cristo, ante esta realidad, ofrece una respuesta radicalmente positiva: él predicó incansablemente el amor incondicional de Dios que acoge y perdona, y enseñó a sus discípulos a amar a los enemigos (cf. Mt 5,44) y a poner la otra mejilla (cf. Mt 5,39). Cuando impidió que la adúltera fuera lapidada por sus acusadores (cf. Jn 8,1-11) y cuando, la noche antes de morir, dijo a Pedro que envainara la espada (cf. Mt 26,52), Jesús trazó el camino de la no violencia, que siguió hasta el final, hasta la cruz, mediante la cual construyó la paz y destruyó la enemistad (cf. Ef 2,14-16). Por esto, quien acoge la Buena Noticia de Jesús reconoce su propia violencia y se deja curar por la misericordia de Dios, convirtiéndose a su vez en instrumento de reconciliación, según la exhortación de san Francisco de Asís: «Que la paz que ustedes anuncian de palabra la tengan, y en mayor medida, en sus corazones» [3].

Benedicto XVI
Ser hoy verdaderos discípulos de Jesús significa también aceptar su propuesta de la no violencia. Esta —como ha afirmado mi predecesor Benedicto XVI— «es realista, porque tiene en cuenta que en el mundo hay demasiada violencia, demasiada injusticia y, por tanto, sólo se puede superar esta situación contraponiendo un plus de amor, un plus de bondad. Este “plus” viene de Dios» [4]. Y añadía con fuerza: «para los cristianos la no violencia no es un mero comportamiento táctico, sino más bien un modo de ser de la persona, la actitud de quien está tan convencido del amor de Dios y de su poder, que no tiene miedo de afrontar el mal únicamente con las armas del amor y de la verdad. El amor a los enemigos constituye el núcleo de la “revolución cristiana”» [5]. Precisamente, el evangelio del amen a sus enemigos (cf. Lc 6,27) es considerado como «la Carta Magna de la no violencia cristiana», que no se debe entender como un «rendirse ante el mal […], sino en responder al mal con el bien (cf. Rm 12,17-21), rompiendo de este modo la cadena de la injusticia» [6].

Más fuerte que la violencia

Santa Teresa de Calcuta
4. Muchas veces la no violencia se entiende como rendición, desinterés y pasividad, pero en realidad no es así. Cuando la Madre Teresa recibió el premio Nobel de la Paz, en 1979, declaró claramente su mensaje de la no violencia activa: «En nuestras familias no tenemos necesidad de bombas y armas, de destruir para traer la paz, sino de vivir unidos, amándonos unos a otros […]. Y entonces seremos capaces de superar todo el mal que hay en el mundo» [7]. Porque la fuerza de las armas es engañosa. «Mientras los traficantes de armas hacen su trabajo, hay pobres constructores de paz que dan la vida sólo por ayudar a una persona, a otra, a otra»; para estos constructores de la paz, Madre Teresa es «un símbolo, un icono de nuestros tiempos» [8]. En el pasado mes de septiembre tuve la gran alegría de proclamarla santa. He elogiado su disponibilidad hacia todos por medio de «la acogida y la defensa de la vida humana, tanto de la no nacida como de la abandonada y descartada […]. Se ha inclinado sobre las personas desfallecidas, que mueren abandonadas al borde de las calles, reconociendo la dignidad que Dios les había dado; ha hecho sentir su voz a los poderosos de la tierra, para que reconocieran sus culpas ante los crímenes —¡ante los crímenes!— de la pobreza creada por ellos mismos» [9]. Como respuesta —y en esto representa a miles, más aún, a millones de personas—, su misión es salir al encuentro de las víctimas con generosidad y dedicación, tocando y vendando los cuerpos heridos, curando las vidas rotas.

Mahatma Gandhi, Khan Abdul Ghaffar Khan, Martin Luther King Jr., Leymah Gbowee

La no violencia practicada con decisión y coherencia ha producido resultados impresionantes. No se olvidarán nunca los éxitos obtenidos por Mahatma Gandhi y Khan Abdul Ghaffar Khan en la liberación de la India, y de Martin Luther King Jr. contra la discriminación racial. En especial, las mujeres son frecuentemente líderes de la no violencia, como, por ejemplo, Leymah Gbowee y miles de mujeres liberianas, que han organizado encuentros de oración y protesta no violenta (pray-ins), obteniendo negociaciones de alto nivel para la conclusión de la segunda guerra civil en Liberia.
No podemos olvidar el decenio crucial que se concluyó con la caída de los regímenes comunistas en Europa. Las comunidades cristianas han contribuido con su oración insistente y su acción valiente. 

San Juan Pablo II
Ha tenido una influencia especial el ministerio y el magisterio de san Juan Pablo II. En la encíclica Centesimus annus (1991), mi predecesor, reflexionando sobre los sucesos de 1989, puso en evidencia que un cambio crucial en la vida de los pueblos, de las naciones y de los estados se realiza «a través de una lucha pacífica, que emplea solamente las armas de la verdad y de la justicia» [10]. Este itinerario de transición política hacia la paz ha sido posible, en parte, «por el compromiso no violento de hombres que, resistiéndose siempre a ceder al poder de la fuerza, han sabido encontrar, una y otra vez, formas eficaces para dar testimonio de la verdad». Y concluía: «Ojalá los hombres aprendan a luchar por la justicia sin violencia, renunciando a la lucha de clases en las controversias internas, así como a la guerra en las internacionales» [11].

La Iglesia se ha comprometido en el desarrollo de estrategias no violentas para la promoción de la paz en muchos países, implicando incluso a los actores más violentos en un mayor esfuerzo para construir una paz justa y duradera.

Este compromiso en favor de las víctimas de la injusticia y de la violencia no es un patrimonio exclusivo de la Iglesia Católica, sino que es propio de muchas tradiciones religiosas, para las que «la compasión y la no violencia son esenciales e indican el camino de la vida» [12]. Lo reafirmo con fuerza: «Ninguna religión es terrorista» [13]. La violencia es una profanación del nombre de Dios [14]. No nos cansemos nunca de repetirlo: «Nunca se puede usar el nombre de Dios para justificar la violencia. Sólo la paz es santa. Sólo la paz es santa, no la guerra» [15].

La raíz doméstica de una política no violenta

5. Si el origen del que brota la violencia está en el corazón de los hombres, entonces es fundamental recorrer el sendero de la no violencia en primer lugar en el seno de la familia. Es parte de aquella alegría que presenté, en marzo pasado, en la Exhortación apostólica Amoris laetitia, como conclusión de los dos años de reflexión de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia. La familia es el espacio indispensable en el que los cónyuges, padres e hijos, hermanos y hermanas aprenden a comunicarse y a cuidarse unos a otros de modo desinteresado, y donde los desacuerdos o incluso los conflictos deben ser superados no con la fuerza, sino con el diálogo, el respeto, la búsqueda del bien del otro, la misericordia y el perdón [16]. Desde el seno de la familia, la alegría se propaga al mundo y se irradia a toda la sociedad [17]. Por otra parte, una ética de fraternidad y de coexistencia pacífica entre las personas y entre los pueblos no puede basarse sobre la lógica del miedo, de la violencia y de la cerrazón, sino sobre la responsabilidad, el respeto y el diálogo sincero. En este sentido, hago un llamamiento a favor del desarme, como también de la prohibición y abolición de las armas nucleares: la disuasión nuclear y la amenaza cierta de la destrucción recíproca, no pueden servir de base a este tipo de ética [18]. Con la misma urgencia suplico que se detenga la violencia doméstica y los abusos a mujeres y niños.

Santa Teresa de Lissieux
El Jubileo de la Misericordia, concluido el pasado mes de noviembre, nos ha invitado a mirar dentro de nuestro corazón y a dejar que entre en él la misericordia de Dios. El año jubilar nos ha hecho tomar conciencia del gran número y variedad de personas y de grupos sociales que son tratados con indiferencia, que son víctimas de injusticia y sufren violencia. Ellos forman parte de nuestra «familia», son nuestros hermanos y hermanas. Por esto, las políticas de no violencia deben comenzar dentro de los muros de casa para después extenderse a toda la familia humana. «El ejemplo de santa Teresa de Lisieux nos invita a la práctica del pequeño camino del amor, a no perder la oportunidad de una palabra amable, de una sonrisa, de cualquier pequeño gesto que siembre paz y amistad. Una ecología integral también está hecha de simples gestos cotidianos donde rompemos la lógica de la violencia, del aprovechamiento, del egoísmo» [19].

Mi llamamiento

6. La construcción de la paz mediante la no violencia activa es un elemento necesario y coherente del continuo esfuerzo de la Iglesia para limitar el uso de la fuerza por medio de las normas morales, a través de su participación en las instituciones internacionales y gracias también a la aportación competente de tantos cristianos en la elaboración de normativas a todos los niveles. Jesús mismo nos ofrece un «manual» de esta estrategia de construcción de la paz en el así llamado Discurso de la montaña. Las ocho bienaventuranzas (cf. Mt 5,3-10) trazan el perfil de la persona que podemos definir bienaventurada, buena y auténtica. Bienaventurados los mansos —dice Jesús—, los misericordiosos, los que trabajan por la paz, y los puros de corazón, los que tienen hambre y sed de la justicia.

Esto es también un programa y un desafío para los líderes políticos y religiosos, para los responsables de las instituciones internacionales y los dirigentes de las empresas y de los medios de comunicación de todo el mundo: aplicar las bienaventuranzas en el desempeño de sus propias responsabilidades. Es el desafío de construir la sociedad, la comunidad o la empresa, de la que son responsables, con el estilo de los trabajadores por la paz; de dar muestras de misericordia, rechazando descartar a las personas, dañar el ambiente y querer vencer a cualquier precio. Esto exige estar dispuestos a «aceptar sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en el eslabón de un nuevo proceso» [20]. Trabajar de este modo significa elegir la solidaridad como estilo para realizar la historia y construir la amistad social. La no violencia activa es una manera de mostrar verdaderamente cómo, de verdad, la unidad es más importante y fecunda que el conflicto. Todo en el mundo está íntimamente interconectado [21]. Puede suceder que las diferencias generen choques: afrontémoslos de forma constructiva y no violenta, de manera que «las tensiones y los opuestos [puedan] alcanzar una unidad pluriforme que engendra nueva vida», conservando «las virtualidades valiosas de las polaridades en pugna» [22].

La Iglesia Católica acompañará toda tentativa de construcción de la paz también con la no violencia activa y creativa. El 1 de enero de 2017 comenzará su andadura el nuevo Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, que ayudará a la Iglesia a promover, con creciente eficacia, «los inconmensurables bienes de la justicia, la paz y la protección de la creación» y de la solicitud hacia los emigrantes, «los necesitados, los enfermos y los excluidos, los marginados y las víctimas de los conflictos armados y de las catástrofes naturales, los encarcelados, los desempleados y las víctimas de cualquier forma de esclavitud y de tortura» [23].

En conclusión

7. Como es tradición, firmo este Mensaje el 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María. María es Reina de la Paz. En el Nacimiento de su Hijo, los ángeles glorificaban a Dios deseando paz en la tierra a los hombres y mujeres de buena voluntad (cf. Lc 2,14). Pidamos a la Virgen que sea ella quien nos guíe.

«Todos deseamos la paz; muchas personas la construyen cada día con pequeños gestos; muchos sufren y soportan pacientemente la fatiga de intentar edificarla»[24]. En el 2017, comprometámonos con nuestra oración y acción a ser personas que aparten de su corazón, de sus palabras y de sus gestos la violencia, y a construir comunidades no violentas, que cuiden de la casa común. «Nada es imposible si nos dirigimos a Dios con nuestra oración. Todos podemos ser artesanos de la paz» [25].

Vaticano, 8 de diciembre de 2016
Francisco


[1] Exhort. ap. Evangelii gaudium, 228.
[3] «Leyenda de los tres compañeros»: Fonti Francescane, n. 1469.
[4] Angelus (18 febrero 2007).
[7] Discurso al recibir el Premio Nobel de la Paz (11 diciembre 1979).
[8] Homilía en Santa Marta, «El camino de la paz» (19 noviembre 2015).
[10] N. 23.
[12] Discurso, Audiencia interreligiosa (3 noviembre 2016).
[15] Discurso, Asís (20 septiembre 2016).
[16] Cf. Exhort. ap. postsin. Amoris laetitia, 90-130.
[17] Ibíd., 133.194.234.
[19] Carta Enc. Laudato si’, 230.
[20] Exhort. ap. Evangelii gaudium, 227.
[21] Cf. Carta Enc. Laudato si’, 16.117.138.
[22] Exhort. ap. Evangelii gaudium, 228.
[24] Regina Coeli, Belén (25 mayo 2014).
[25] Llamamiento, Asís (20 septiembre 2016).