martes, 22 de abril de 2014

La necesidad de sacerdotes en la Diócesis: nota de El País y reflexiones del Obispo

Obispo y fieles buscan una solución urgente

Hay decenas de capillas en Cerro Largo sin sacerdote

La Capilla Santa Cruz es una de las que permanece cerrada en Melo. Néstor Araújo
 
En Cerro Largo faltan curas. Hay 11 sacerdotes y 2 diáconos, para trabajar en siete parroquias y 31 capillas. A esto se agrega que los Salesianos se fueron de la localidad dejando sin servicio religioso a una parroquia y dos capillas.
 
CERRO LARGO - NÉSTOR O. ARAÚJO - 22 abr 2014
La parroquia Santo Domingo Savio y las capillas "Santa Cruz y Capilla San Juan Bautista del Barrio Feder están sin actividad por falta de sacerdotes. Consultado por El País el obispo de la Diócesis de Melo, monseñor Heriberto Bodeant, no ocultó su preocupación.
Si bien los tres centros religiosos están a cargo de las Hermanas Carmelitas "no hay sacerdote para cubrir las celebraciones eucarísticas y atender a la comunidad como es debido," dijo a El País el obispo Heriberto Bodeant.
El prelado aseguró que le viene buscando la solución al tema al que calificó como "preocupante" debido a la falta de sacerdotes.
"Nos tienen abandonados, no nos quieren", le dijo al obispo una devota de la parroquia Santa Cruz, donde habitualmente los padres salesianos ofrecían misa diariamente.
Bodeant respondió que no era eso, ya que el hecho de no tener un presbítero para esas comunidades es el principal inconveniente que se plantea. "Se tratará que haya misa todos los domingos en la tarde en la Parroquia Santo Domingo Savio".
El obispo Bodeant celebró la eucaristía durante la Semana Santa para no dejar huérfana de misa a esa parroquia, además buscan cumplir con los feligreses de la Capilla Santa Cruz, y la Capilla San Juan Bautista del Barrio Feder.
"Asegurarles una misa mensual es difícil por falta de sacerdotes en estas dos capillas", dijo Bodeant. Y reconoció que "no se sostiene una comunidad con misas en esa frecuencia y nos preocupa".
La diócesis de Melo tiene bajo su responsabilidad los departamentos de Cerro Largo y Treinta y Tres. En territorio arachán hay 11 sacerdotes y 2 diáconos, para trabajar en siete parroquias y 31 capillas.
La parroquia del Carmen en Melo atiende nueve capillas, en Río Branco la parroquia San Juan Bautista atiende cuatro capillas más las comunidades rurales; Sarandí de Barcelo, Plácido Rosas, Poblado Uruguay y Laguna Merín.
La parroquia de Fraile Muerto tiene siete Capillas en la ciudad y en zonas rurales. La Parroquia San José Obrero de Melo tiene tres Parroquias, La de Aceguá una a su cargo que está en Villa Noblía, además de las capillas de la Pedrera, Buen Pastor y de Tupambaé.
Debido a la gran cantidad de capillas que tienen a su cargo las Parroquias que dependen del Obispado, sumado a la ausencia de los salesianos desde hace un año, "se nos hace difícil poder cumplir con las celebraciones en las diferentes comunidades", sostuvo Bodeant.

Salesianos.

A esto se suma que el 11 de noviembre de 2012 el liceo salesiano "Monseñor Luis Lasagna" de Melo se transformó en Instituto Católico. Si bien se fueron los curas salesianos el obispo Bodeant autorizó a que el carisma del centro educativo siga siendo cristiano.
Desde ese momento, el centro comenzó a ser gestionado por los propios docentes y funcionarios de la institución quienes formaron una sociedad de responsabilidad limitada.
La congregación salesiana deja Melo luego de 53 años en el lugar por lo que el emblemático Colegio "Don Bosco" se ha visto obligado a "tercerizar" la gestión educativa como consecuencia de la escasez de vocaciones sacerdotales.
El padre Pedro Incio confirmó a El País que actualmente hay "93 religiosos salesianos en el país mientras que en la década del 60 hubo 300".
El sacerdote recordó que "las comunidades de cada rincón del país estaban formados por más de 6 sacerdotes, que es lo mínimo que nos exigen para poder atender normalmente a los jóvenes y a la propuesta educativa, pero ahora apenas somos un promedio de tres en cada institución del país".
Incio dejó en claro que la dimensión salesiana se quiere mantener intacta, "La pedagogía del carisma Don Bosco no la queremos perder, pero no queremos continuar al frente de la gestión; que otros actores laicos gestionen las instituciones".
 
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Puntualizaciones y reflexiones del Obispo de Melo

En el día de ayer tuvimos con Néstor Araújo una conversación telefónica de la que surgen algunos de los datos que él presenta. En la tarde él intentó comunicarse conmigo para pedirme algunos datos y, al no poder hacerlo, hizo algunas aproximaciones.
 
Rápidamente, podríamos decir que las actividades que se desarrollan o pueden desarrollarse en una parroquia o capilla no dependen exclusivamente de la presencia del sacerdote. Fieles laicos y religiosas participan activamente en la catequesis, la educación, las obras sociales, la visita a ancianos y enfermos, la reunión de grupos bíblicos o comunidades eclesiales de base. En ese sentido, no puede decirse que la Parroquia Santo Domingo Savio y sus capillas estén cerradas y sin actividad. De ningún modo es así: la vida de las comunidades continúa. Las hermanas Carmelitas de Vedruna, trabajando a la par de varios laicos comprometidos mantienen viva la comunidad. Pero es verdad que no hay en este momento un párroco, un sacerdote responsable de acompañar la comunidad y de celebrar la Eucaristía diariamente, lo que no es menor.
 
La falta de sacerdotes es aún mayor que la señalada: son 7 y no 11 los sacerdotes en Cerro Largo (ver abajo).
 
Las Parroquias de Cerro Largo son las siguientes:
- 5 en la ciudad de Melo: Catedral, Carmen, San José Obrero, Santo Domingo Savio y Buen Pastor. Solo Carmen y Domingo Savio tienen dos capillas cada una. Las demás, varias capillas en la ciudad y capillas rurales.
- Las otras parroquias del departamento son 3, y tienen sus respectivas sedes en Aceguá (que tiene otras capillas además de Noblía); Fraile Muerto y Río Branco, ambas con varias capillas.
 
El título de la nota, que no viene del corresponsal de Melo sino, normalmente, de la edición del diario dice: "decenas de capillas sin sacerdote". En realidad, en Uruguay, prácticamente ninguna capilla tiene sacerdote, en el sentido de que haya un sacerdote viviendo allí y al servicio permanente de esa comunidad. Expliquemos un poco mejor esto.
 

Parroquias y capillas

Para entender la situación, tenemos que entender qué es una parroquia y qué es una capilla.
 
La Parroquia, hablando mal y pronto, es como una sección judicial: es un territorio. Para un católico, normalmente, su parroquia es aquélla que le corresponde por el lugar donde vive. La parroquia tiene una sede, que es la iglesia parroquial o templo parroquial. Por ejemplo, cuando decimos "la Parroquia Santo Domingo Savio" en Melo, estamos hablando de una zona que abarca una buena parte de la ciudad, desde Bvar. Francico Mata hacia el Este, al Sur de Avda. Italia y al Norte de calle Remigio Castellanos y otras por las que el límite se va trazando. Entran varios barrios: Caltieri, Serrato, Souza hasta Rufino Pérez, Féder, Agua Hermosa, pasando por otros más...
 
La parroquia Santo Domingo Savio cuenta con tres centros de culto: la iglesia parroquial, dedicada a Santo Domingo Savio y San Carlos Borromeo; la capilla Santa Cruz y la capilla San Juan Bautista, en el barrio Féder. Las capillas son pequeñas iglesias que dependen de la parroquia. A veces tienen una vida propia muy rica, pero siempre están en referencia a la parroquia a la que pertenecen.
 
Por eso, lo que preocupa al Obispo es que no haya al menos un sacerdote en cada parroquia, para que desde allí se atienda toda la zona.
 
Pero arriba decíamos "hablando mal y pronto" que la parroquia es un territorio... En realidad, la parroquia es, sobre todo, la comunidad de fieles que vive en ese territorio. Y si dentro del territorio hay varias pequeñas comunidades, nucleadas en las capillas o en otros centros donde la pequeña comunidad se encuentra (a veces una casa de familia), entonces se trata de que la parroquia sea comunidad de comunidades.
 
En la Diócesis de Melo, que abarca los departamentos de Cerro Largo y Treinta y Tres, hay 16 parroquias. Actualmente hay cuatro en las que no hay un sacerdote residente:
  • María Auxiliadora de La Charqueada, atendida por un Diácono permanente
  • San José de Tupambaé y
  • Santa Clara de Olimar, estas dos atendidas por las Misioneras de Jesús Verbo y Víctima.
  • Santo Domingo Savio en Melo
En las tres primeras, sacerdotes de las parroquias vecinas (Vergara para Charqueada, C. Chato para S. Clara, Fraile Muerto para Tupambaé) van a celebrar la Misa un domingo al mes; en los demás domingos hay una Celebración de la Palabra presidida por el Diácono o las religiosas, según el caso y se distribuye la Sagrada Comunión a los fieles.
 
En Santo Domingo Savio se ha organizado la atención en el sentido de que haya Misa dominical en el templo parroquia, semanal (viernes) en la Capilla Santa Cruz y al menos mensual en San Juan Bautista. Una atención mínima, pero posible, mientras siguen las gestiones para conseguir sacerdotes. El Obispo dedicó la Semana Santa a esta comunidad parroquial, presidiendo las celebraciones de cada día de la semana, incluyendo una en Santa Cruz y otra en San Juan Bautista.
 

El Clero de la Diócesis de Melo

Por clero entendemos a los obispos, presbíteros (sacerdotes) y diáconos.
 
En la Diócesis de Melo (recordemos: Cerro Largo y Treinta y Tres) contamos con:
  • 4 diáconos permanentes (dos en Melo, uno en la ciudad de Treinta y Tres, uno en Charqueada)
  • 13 sacerdotes:
    • En Cerro Largo: 4 en Melo,  y 3 en Aceguá, Fraile Muerto y Río Branco
    • En Treinta y Tres: 4 en la ciudad de Treinta y Tres y 2 en Vergara y Cerro Chato
  • 2 obispos: 1 en Melo (Mons. Bodeant, obispo diocesano), 1 en Treinta y Tres (Mons. Cáceres, obispo emérito)
 

Gestiones en busca de nuevos sacerdotes

Siguiendo una tradición de la Diócesis, se ha buscado ayuda en diferentes lugares:
- pedidos a congregaciones religiosas sacerdotales
- pedidos a diócesis
- candidatos al sacerdocio de otros países que puedan completar aquí su formación y ser ordenados para la Diócesis.
 
Muchas de estas gestiones siguen encaminadas, con la esperanza de resultados a mediano plazo.
Por lo pronto, se incorporaron a la Diócesis dos colombianos que fueron ordenados sacerdotes aquí.
A Treinta y Tres llegó un sacerdote perteneciente a la Cruzada del Espíritu Santo, una asociación sacerdotal que tendría la posibilidad de enviar a otro sacerdote en el correr de este año.
 

Vocaciones sacerdotales

Sin embargo, el "recurso genuino" de una Diócesis para tener sacerdotes es la propia comunidad cristiana. Allí, Dios sigue llamando a jóvenes a entrar a su servicio. En estos años, algunos jóvenes se han planteado una posible vocación sacerdotal. Algunos han desistido, otros siguen en búsqueda. Si ingresan un día al Seminario, les espera un camino largo: unos ocho años de formación; años en los que tienen que perseverar para llegar a ser ordenados y comenzar allí su servicio.
 

Diáconos permanentes

La Diócesis ha iniciado un camino de formación de Diáconos permanentes. Estos son hombres casados que, después de un tiempo de discernimiento y de algunos años de formación (no tantos como los de un futuro sacerdote) pueden ser ordenados por el Obispo para ejercer este ministerio al servicio de las comunidades: acompañamiento pastoral, celebración de la Palabra, distribución de la Comunión, Bautismos, Casamientos, etc. No pueden, en cambio, realizar algunos servicios propios del sacerdote: la celebración de la Misa, la Confesión y la Unción de los Enfermos.
 

El Pueblo de Dios y su misión

Como decíamos al principio, la vida de una comunidad cristiana no está limitada a lo que el sacerdote haga o deje de hacer. La Iglesia es la comunidad de los creyentes, el Pueblo de Dios. La integran todos los bautizados. En ella, todos están llamados a participar activamente, dentro de la medida de sus posibilidades, en el cuidado de quienes forman la comunidad, en la preocupación misionera de llevar el anuncio del Evangelio a quienes no la integran o se han alejado y en el cuidado a los "heridos del camino" con los que se van encontrando, sean o no miembros de la comunidad cristiana.
 
La integración a la Iglesia se vive en una comunidad concreta. No es un mero sentimiento. Significa no sólo la fe y la relación personal con Dios, sino también la relación con los demás miembros de la comunidad, la participación en la vida de la comunidad en varios aspectos (no sólo la Misa). Sí: los sacerdotes son pocos en la Diócesis de Melo y en el Uruguay en general: uno cada 10.000 habitantes. Sí, sería muy bueno contar con más sacerdotes. Es más: los necesitamos realmente. Pero la Iglesia vive en todos sus miembros, y crece cuando cada uno responde al llamado que Dios le hace desde el día de su bautismo, a ser "sal y luz de la tierra".
 
Los pastores no somos los principales actores de la obra de la Iglesia, ayudados por algunos colaboradores bajo nuestras órdenes. En primer lugar, quien actúa en la Iglesia es Jesucristo. Y todos los miembros de la Iglesia tenemos que ponernos a la escucha de su Palabra. Dejar que Él, como Buen Pastor, nos conduzca. Y todos juntos, como Pueblo de Dios, seguir su camino. Los pastores tenemos la delicada misión de ayudar a la porción del Pueblo de Dios a nosotros confiada a buscar la voluntad de Dios y ayudarlo a realizarla. En ese sentido somos guías, conductores; buscamos preparar y formar a los fieles para su misión; los alimentamos y fortalecemos con los Sacramentos y la Palabra de Dios, que también nos alimenta y fortalece a nosotros mismos, en nuestra humana fragilidad.

domingo, 20 de abril de 2014

¡Ha resucitado! - Mensaje Pascual del Obispo de Melo


“Cristo, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios, sino que se despojó a sí mismo tomando condición de servidor (…) y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz” (Filipenses 2,6-8).
El pasado Domingo de Ramos escuchamos el relato de la Pasión del Señor según San Mateo. Desde la cruz llegó el estremecedor grito de Jesús: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Salmo 22). El hijo de Dios tomó nuestra condición humana, “se despojó a sí mismo” y bajó hasta el fondo del dolor y de la angustia: “tuvo que asemejarse en todo a sus hermanos, para ser misericordioso” (Hebreos 2,17). El evangelista Mateo nos hace ver cómo Jesús va siendo abandonado. Sus discípulos se duermen en lugar de velar con Él en el Huerto. Huyen cuando Jesús es arrestado. Judas lo vende, Pedro lo niega. La multitud grita “crucifícalo”. Llegan las burlas, los azotes, la corona de espinas, el vía crucis, el calvario. Y como culminación de ese abandono, ese grito: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”.
 
El Hijo de Dios bajó hasta el fondo de nuestra condición humana, hasta la soledad más total, más completa… ¿por qué? “Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos” (Juan 15,13). La pasión, la muerte de cruz, son la expresión de ese amor mayor de Jesús. Y lo hace para que nadie más tenga que gritar “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” sin encontrar respuesta. La respuesta también nace de la cruz. Allí, ante la muerte del crucificado, el Centurión y sus hombres exclaman “Verdaderamente éste era Hijo de Dios” (Mateo 27,54).
“Por lo cual Dios lo exaltó y le otorgó el Nombre que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es SEÑOR para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2,9-11).
Pero el Hijo de Dios había muerto. Fue bajado de la cruz y colocado en la oscuridad del sepulcro. La noche envolvió el cuerpo de Jesús. El Universo volvió a la noche de los tiempos, a la noche anterior a la palabra del Creador: “Hágase la luz” (Génesis 1,3).
 
Y dentro de la tumba, la luz se volvió a hacer. La creación volvió a realizarse. “Mira que hago un mundo nuevo” (Apocalipsis 21,5). El Padre no ha abandonado a su Hijo. En Jesús resucitado, la muerte ha sido derrotada, el perdón ha vencido al odio y brilla sobre la humanidad la luz de una esperanza irrevocable.
 
Por eso, Jesús puede decirnos “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mateo 16,24). Porque cuando en la vida nos encontramos sin salida, cuando nos hundimos en la oscuridad más negra, cuando nos sentimos profundamente humillados, allí, de cara a la verdad dolorosa de nuestra fragilidad y nuestro pecado, está el momento en que podemos abrirnos total y confiadamente a la esperanza en Dios, como lo hizo Jesús.
 
La alegría de la Pascua no es una alegría ingenua. Cada día encontramos nuestra cuota, a veces muy grande, de contrastes, problemas, dolores, fracasos… Pero en ellos podemos unirnos a la cruz de Jesús y a su obra redentora por la salvación del mundo. Y así, amando a Jesús abandonado en cada sufrimiento y abandono de la humanidad, encontramos la clave de la alegría: el encuentro con Dios, el punto de pasaje, de Pascua, de la miseria humana a la redención, de la muerte a la resurrección, de las tinieblas del dolor a la luz de la esperanza. Una Pascua que podemos vivir cada día, como anticipo de la que vendrá definitivamente. Por eso decimos ¡Feliz Pascua de Resurrección!
 
+ Heriberto, Obispo de Melo (Cerro Largo y Treinta y Tres)

miércoles, 16 de abril de 2014

Misa Crismal en la Catedral de Melo - Homilía de Mons. Bodeant



Queridas hermanas, queridos hermanos, fieles laicos de las diferentes comunidades parroquiales de nuestra Diócesis; queridas religiosas y consagrados; queridos diáconos permanentes; queridos presbíteros; querido Mons. Cáceres:
Nuevamente estamos reunidos para celebrar esta Misa que tiene características únicas: se celebra sólo una vez al año y en un único lugar, que es habitualmente nuestra catedral, y con la participación de todo el clero presente en la Diócesis.

Este Miércoles Santo coincide felizmente con el día en que Mons. Roberto Cáceres cumple 93 años. Es una alegría poder celebrarlos con él de esta forma.
Nos hacen llegar sus saludos el P. Thomas, desde Escocia, el P. David, desde México y el P. Gabriel desde el Hogar Sacerdotal. Los tenemos presentes en nuestra oración.
La Misa Crismal nos congrega como Pueblo de Dios que peregrina en Cerro Largo y Treinta y Tres para implorar del Señor que bendiga los óleos para los catecúmenos y la Unción de los Enfermos y consagre el Santo Crisma que, a lo largo de este año y hasta la próxima Semana Santa, utilizaremos en la celebración de los Sacramentos del Bautismo y de la Confirmación en cada comunidad parroquial.
En el Evangelio que hemos escuchado, el Señor Jesús se presenta como aquel que ha sido ungido por Dios, llenándolo del Espíritu Santo. Así, lleno del Espíritu, ha venido para traer el Evangelio a los pobres, vendar los corazones heridos, dar la vista a los ciegos, anunciar la liberación a los oprimidos.
Jesús continúa realizando hoy su obra de salvación por medio de su cuerpo, la Iglesia, por medio de todo el Pueblo de Dios. Junto a su Palabra, Jesús nos ha dejado los sacramentos, signos en los que Él mismo se hace presente con su amor, con su gracia, con su fuerza salvadora. Porque cuando los ministros celebramos los sacramentos en Nombre de Jesús, es ante todo Él mismo quien bautiza, quien entrega el Espíritu Santo, quien sana y perdona.
En distintos momentos, a lo largo de su primer año de pontificado, el Papa Francisco ha llamado a la Iglesia, a todo el Pueblo de Dios, a todos sus miembros, a prestar una especial atención a las personas que sufren. No solo recibiéndolas, sino también saliendo a su encuentro.
Así, cuando estuvo en Río para la Jornada Mundial de la Juventud, el Papa le dijo a los Obispos latinoamericanos:
“Después de una batalla, lo primero que hay que hacer en un hospital de campaña es curar las heridas. Creo que hoy día la pastoral tiene que plantearse seriamente eso” (1).
Poco después, ya en Roma, el Papa retomó la idea:
“Veo con claridad que lo que la Iglesia necesita con mayor urgencia hoy es la capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones de los fieles, la cercanía, la proximidad. Veo a la Iglesia como un hospital de campaña tras una batalla. ¡Es inútil preguntarle a un herido grave si tiene altos el colesterol o el azúcar! Hay que curarle las heridas. Después podemos hablar de todo el resto. Curar las heridas, curar las heridas… empezando desde abajo” (2).
En nuestras recientes Orientaciones Pastorales, los Obispos del Uruguay hemos recogido esta visión del Papa Francisco y hemos asumido, entre otros, un desafío para toda la Iglesia: “buscar y recibir a la gente herida”. “Fuera y dentro de la Iglesia encontramos personas heridas, desanimadas, desmotivadas, desencantadas…”. Jesús nos llama a “ir al encuentro de las personas que están en «las periferias existenciales: las del misterio del pecado, las del dolor, las de la injusticia, las de la ignorancia y prescindencia religiosa, las del pensamiento, las de toda miseria»”.
Si pensamos en personas que van por la vida sangrando de sus heridas, no podemos menos que recordar la parábola del Buen Samaritano: el herido del camino, los que pasan de largo, el samaritano que se detiene y comienza por curarlo con lo que tiene a mano: el vino que limpia las heridas, el aceite que alivia el dolor.
Ya los primeros cristianos veían en el Buen Samaritano a Cristo mismo que baja de lo alto para sanar y levantar a la humanidad herida por todas sus miserias.
Muchos de nosotros, todos nosotros, de una u otra forma, somos también heridos del camino. Y a un hermano nuestro, el P. Gabriel, le ha tocado ser herido por alguien a quien prestó ayuda. Pero a veces no hay mejor sanador que el sanador herido. Del corazón herido, del corazón traspasado de Jesús brotan el agua y la sangre del Bautismo y de la Eucaristía que dan vida a la Iglesia. Detrás del compromiso y de la entrega generosa de muchos fieles cristianos, de muchos de ustedes, hay una experiencia de dolor, de pérdida, en la que, sin embargo, no se quedaron encerrados, sino que les ensanchó el corazón y la capacidad de amar.
En esta Misa en la que recordamos la institución del sacerdocio, en la que los presbíteros y los diáconos permanentes renuevan sus respectivas promesas de ordenación y en la que son bendecidos los óleos de los catecúmenos y de la Unción de los Enfermos y es consagrado el Santo Crisma, es bueno que recordemos que hay dos sacramentos que son llamados “sacramentos de curación” o “sacramentos de sanación”: el sacramento de la Penitencia y de la Reconciliación y el sacramento de la Unción de los Enfermos.
Son sacramentos de curación, porque en ellos actúa Jesús como médico de nuestras almas y nuestros cuerpos. Jesús, que perdonó los pecados al paralítico y le devolvió la salud del cuerpo (3). En estos sacramentos el Señor continúa su obra de curación y de salvación, con la fuerza del Espíritu Santo y por medio de la Iglesia (4).
¿Por qué decimos que el sacramento de la Penitencia y la Reconciliación es un sacramento de sanación? El Papa Francisco lo explicaba hace muy poco (5), con palabras que podría decir cualquiera que se haya confesado:
“Cuando yo voy a confesarme, es para sanarme: sanarme el alma, sanarme el corazón por algo que hice que no está bien. (…) el perdón de nuestros pecados no es algo que podemos darnos nosotros mismos: yo no puedo decir: ‘Yo me perdono los pecados’; el perdón se pide, se pide a otro, y en la Confesión pedimos perdón a Jesús. (…) sólo si nos dejamos reconciliar en el Señor Jesús con el Padre y con los hermanos podemos estar verdaderamente en paz. Y esto lo hemos sentido todos, en el corazón, cuando vamos a confesarnos, con un peso en el alma, un poco de tristeza. Y cuando sentimos el perdón de Jesús ¡estamos en paz! Con aquella paz del alma tan bella, que sólo Jesús puede dar, ¡sólo Él!”.
Y sigue diciendo Francisco:
“En la celebración de este Sacramento, el sacerdote no representa solamente a Dios, sino a toda la comunidad, que se reconoce en la fragilidad de cada uno de sus miembros, que escucha conmovida su arrepentimiento, que se reconcilia con Él, que lo alienta y lo acompaña en el camino de conversión y de maduración humana y cristiana.”
Durante este tiempo de Cuaresma, en nuestras parroquias, en la peregrinación a la Cruz del Cerro Largo, muchos hemos podido celebrar el Sacramento de la Reconciliación… y si no lo hemos hecho, todavía hay otros momentos que podremos aprovechar. “¡Cada vez que nos confesamos, Dios nos abraza, Dios hace fiesta!”, dice Francisco. Dejémonos abrazar por el Padre Dios.
Pero vamos ahora al otro Sacramento al que nos queríamos referir hoy. La Unción de los Enfermos, en otro tiempo llamada la Extremaunción, porque se lo entendía como un consuelo espiritual ante la cercanía de la muerte. Hoy, el nombre de Unción de los Enfermos nos ayuda a ver mejor su relación con la enfermedad y el sufrimiento bajo la misericordia de Dios.
También a este sacramento se refirió recientemente el Papa Francisco en una de sus catequesis (6):
“Hay una imagen bíblica que expresa en toda su profundidad el misterio que trasluce en la Unción de los enfermos: es la parábola del «buen samaritano», en el Evangelio de Lucas (10, 30-35). Cada vez que celebramos ese sacramento, el Señor Jesús, en la persona del sacerdote, se hace cercano a quien sufre y está gravemente enfermo, o es anciano. Dice la parábola que el buen samaritano se hace cargo del hombre que sufre, derramando sobre sus heridas aceite y vino. El aceite nos hace pensar en el que bendice el obispo cada año, en la misa crismal del Jueves Santo, precisamente en vista de la Unción de los enfermos. El vino, en cambio, es signo del amor y de la gracia de Cristo que brotan del don de su vida por nosotros y se expresan en toda su riqueza en la vida sacramental de la Iglesia. Por último, se confía a la persona que sufre a un hotelero, a fin de que pueda seguir cuidando de ella, sin preocuparse por los gastos. Bien, ¿quién es este hotelero? Es la Iglesia, la comunidad cristiana, somos nosotros, a quienes el Señor Jesús, cada día, confía a quienes tienen aflicciones, en el cuerpo y en el espíritu, para que podamos seguir derramando sobre ellos, sin medida, toda su misericordia y la salvación.”
Hasta ahí las palabras del Papa Francisco. Quiero terminar con un testimonio. En Uruguay tuvimos un sacerdote que, allá por los años 70, se fue a vivir entre los pobres: el Padre Cacho. Ruben Isidro Alonso se llamaba, pero fue conocido así: “el Padre Cacho”. Vivió por los cantegriles de Bulevar Aparicio Saravia, en Montevideo, en una casilla de lata, igual a la de sus vecinos. Allí hizo presente el amor de Jesús por los más pobres y allí hay hoy un barrio de viviendas que reemplazaron aquellos ranchitos de lata. Cacho murió de cáncer el 4 de setiembre de 1992.
Ya en la etapa terminal de su enfermedad, recibió en el Hogar Sacerdotal la visita de una vecina del barrio, con la que había trabajado mucho. Viendo que la vida de él se estaba apagando, ella le preguntó, con mucho cariño: “¿Cómo estás, Cacho?”. Y el P. Cacho, que había aprendido a vivir en el espíritu de las bienaventuranzas le respondió: “estoy curado”. Pocos días después murió, pero él sabía bien lo que decía. Estaba curado. Había sido sanado de todas sus heridas. Podía entrar a la Casa del Padre.
Le damos gracias al Señor porque sigue dispuesto a curarnos, a sanarnos, a perdonarnos. Le damos gracias porque nos llama a todos a ser testigos y portadores de su misericordia  y le pedimos poder siempre celebrar sus Sacramentos confiados en que allí, Él se hace presente con todo su amor. Así sea.
1. Discurso al Comité de Coordinación del CELAM, Río de Janeiro, 28 de julio de 2013.
2. Entrevista en La Civiltà Cattolica, Nº 3918, 19 de setiembre de 2013.
3. Cf. Mc 2,1-12.
4. Cf. CIC 1421.
5. Catequesis del miércoles 19 de febrero de 2014.
6. Catequesis del miércoles 26 de febrero de 2014.

sábado, 12 de abril de 2014

Semana Santa: celebraciones presididas por Mons. Heriberto


Sábado 12 de abril, celebraciones correspondientes al Domingo de Ramos
  • 16 hs. Capilla San Miguel, Valentines
  • 19 hs. Parroquia Sagrado Corazón de Jesús, Cerro Chato
Domingo 13 de abril, Domingo de Ramos
  • 9:30 hs. Capilla Santa Cruz, Melo: bendición de Ramos y procesión hasta el templo de Santo Domingo Savio. Allí, Misa de Ramos.
  • 17 hs. Parroquia Santìsimo Sacramento, Vergara
Lunes 14 de abril
  • 18 hs. Parroquia Santo Domingo Savio, Melo. Misa y celebración penitencial
Martes 15 de abril
  • 17 hs. Capilla San Juan Bautista, Barrio Feder, Melo. Misa.
Miércoles 16 de abril
  • 18:30 Misa Crismal, Catedral de Melo
Jueves 17 de abril, Jueves Santo
  • 19 hs. Parroquia Santo Domingo Savio, Melo. Misa de la cena del Señor.
  • Al finalizar la Misa: Hora Santa
Viernes 18 de abril, Viernes Santo
  • 17 hs. Capilla Santa Cruz, Melo, Celebración de la muerte del Señor.
  • 19 hs, Vía Crucis interparroquial. Sale de la Parroquia Ntra. Sra. del Carmen y finaliza en Catedral.
Sábado 19 de abril, Sábado Santo
  • 20 hs. Parroquia Santo Domingo Savio, Melo. Vigilia Pascual
Domingo 20 de abril, Pascua de Resurrección
  • 10 hs. Parroquia Santo Domingo Savio, Melo. Misa.
  • 19:30 Parroquia San José Obrero, Treinta y Tres, Misa.

domingo, 6 de abril de 2014

¡La cruz se ha vuelto luz! ¡Qué hermosura!


¡Solo aceptando y cargando las cruces de la vida llegamos a la luz de la resurrección!
Con Richard Espel habíamos hablado un día, por correo electrónico, del proyecto “Iluminación de la Cruz del Cerro Largo”
No creía que se iba a hacer realidad tan pronto… ¡Le doy Gracias a Dios!
Dios va a bendecir abundantemente el departamento de Cerro Largo desde lo alto del mismo Cerro donde la Cruz de Cristo se ha revestido del “Sol” del resucitado que, hasta en las noches de la vida, regala su luz a quienes desean recibirla.
El símbolo del departamento que representa el Cerro dominado por el sol ahora asume un significado más profundo: la luz del sol que alumbra de día es la misma que se almacena para alumbrar también la noche. Esta imagen vale para lo material, pero, sobre todo, para lo que se refiere a la experiencia espiritual.
El diario “El País”, que me leí desde aquí, decía que este es “un lugar que parece sagrado”. ¡No parece, sino que es sagrado! Es un lugar de peregrinaciones, de contemplación y de oración.
Desde aquel día que, en clima de oración, Biblia en las manos, sentado en la cumbre del Cerro, mirando hacia Arbolito, empecé a soñar la CRUZ, no dejé de visitarla espiritualmente y desde allí pedirle a Dios la más abundante bendición por aquella tierra y población que ha puesto hondas raíces en mi corazón de “cura”.
El Papa Juan Pablo II motivó la construcción de la Cruz en el Cerro ¡Ahora en Roma está latiendo, en el Papa Francisco, un corazón latinoamericano! ¡Qué bueno!
Y mis padres, obreros los dos, que ofrecieron lo que se gastó para levantar la Cruz, gozarán al ver desde el cielo los frutos espirituales de su sacrificio.
Recordando a Mons. Roberto que me estimuló a realizar el proyecto; a Mons. Heriberto que está acompañando estas nuevas etapas; a los viejos constructores y a los nuevos restauradores; a Richard Espel; al intendente Botana que asumió esta maravillosa iniciativa y a todo el pueblo…. a todos les doy GRACIAS. ¡Y que Dios los Bendiga a todos!
Aunque lejos, estoy con ustedes, espiritualmente muy presente.
¡Hasta el próximo mes de Agosto, si Dios Quiere!
Padre Javier Mori
San Giovanni di Polaveno, Provincia de Brescia, 6 de abril de 2014

martes, 1 de abril de 2014

Hace 26 años se levantó la Cruz del Cerro Largo




26 de marzo de 1988, revista COMUNIÓN

Una obra admirable realizada en tiempo récord.


La Cruz del Cerro Largo

Este 17 de marzo de 1988, desde tempranas horas, los tractores repechaban las laderas del Cerro Largo, llevando los sectores de la Cruz que, al mediodía ya lucía hermosa en la cumbre, con sus brazos abiertos, bendiciendo a nuestro Departamento y al cercano Departamento de Treinta y Tres.
Eran 25 hombres que gustosos colaboraron: Albín Silva y su equipo prepararon las estructuras, acamparon 10 días en el Cerro, Delbair Bittencourt y equipo; Canal 8 filmó el levantamiento de la Cruz; Familia Viñoles, donantes del terreno en memoria de Gilberto y Walter Viñoles; Roberto Segrero se responsabilizó del acarreo de materiales. Y demás voluntarios. Roberto Segrero quedó encargado de coordinar una Comisión de mantenimiento, que surgió espontánea durante el asado del mediodía. Ya se piensa iluminarla.

Lo que se logró en diez días


  • La Cruz en hierro soldado con chapas galvanizadas al frente y afirmada con cables, de 13 m de altura, 6 m brazos y 90 x 50 cm de cuerpo.
  • La imagen de la Virgen del Pilar sobre una base de piedras
  • Un amplio altar sobre una del lugar con el grabado “Melo – Juan Pablo II – 8.5.88”
  • Mástiles para banderas
  • 14 cruces de madera distribuidas a lo largo del camino para el “Vía Crucis”
  • Carteles con las “Bienaventuranzas” rodeando el lugar de recogimiento.

El conjunto luce bonito sin desentonar con el ambiente natural.
Gracias a la colaboración conjunta de Vialidad e Intendencia se pudo maquinar el camino de acceso casi hasta la cumbre.

Jornada inolvidable

Fue la de ese 20 de marzo. Gracias al ambiente de entusiasmo que se creó con la noticia, ese día se realizó la “Caminata penitencial” con gran participación popular. Entre ómnibus y camiones fueron 12 vehículos, además de muchos transportes particulares y los peregrinos a pie y a caballo desde Arbolito, Guazunambí, Bañado de Morales, etc.

Vía Crucis

A la mañana y a la tarde, subiendo el camino del Cerro: devotos y numerosos. Los de la mañana pasaron en convivencia al mediodía, atendidos por los Pioneros Scouts que acamparon desde el día anterior.

Santa Misa

A las 16:30 presidida por el Obispo y concelebrada. Las fotos y tomas del Canal 12 TV conservarán para el recuerdo esta celebración en el atardecer del Cerro, con un mundo de gente cubriendo la explanada, participando devotamente del sacrificio eucarístico.

Santuario

Al aire libre es ahora. Recuerda no solo la visita papal, sino por su ubicación frente a los campos de antiguas batallas en Arbolito, recuerda también a los caídos en luchas entre hermanos, de ayer y de hoy, para que el amor y la unidad nacional triunfen sobre el odio y la violencia.
A todos, y muy en especial al Padre Javier: ¡Felicitaciones!

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9 de junio de 1988, Revista COMUNIÓN

Pasó el amigo

Bendición al Cerro Largo

Luego de una emotiva despedida, emprendió el regreso a Montevideo pasando sobre el Guazunambí. Al comienzo, las nubes impidieron que el Santo Padre, ubicado sobre el lado izquierdo del avión, pudiera divisar la Cruz, que iba dispuesto a localizar y bendecir. Sin embargo, pasando ya sobre el Guazunambí se disiparon las nubes y pudo localizar el Cerro Largo en sus últimas estribaciones y bendecirlo junto a su Cruz.

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4 de marzo de 1989, Revista COMUNIÓN

Peregrinación a la Cruz del Cerro Largo [invitación]

El próximo domingo 12 de marzo, en horas de la tarde, en el marco de la Cuaresma y en las puertas de una nueva Semana Santa, se llevará a cabo la Peregrinación a la Cruz del Cerro Largo. A partir de las 15 horas y desde el camino que sale frente a la Escuela de Arbolito, partirá el Vía Crucis que, ascendiendo el Carro Largo, nos llevará al pie de la Cruz donde, culminando el acto, tendrá lugar la concelebración que presidirá el Obispo.
Se espera repetir la inolvidable jornada inaugural del año pasado, en que tantos fieles, ya desde la mañana, se dieron cita en la cumbre del Cerro Largo, luego de espontáneos Vía Crucis. Será esta una espléndida forma de prepararnos a vivir una fervorosa Semana Santa y como el sol, cada mañana, antes de iluminar la Patria se apoya en el Cerro Largo y besa la Cruz, también nosotros pediremos por la felicidad de nuestro querido suelo, en vísperas de acontecimientos tan decisivos como son los comicios que tenemos en puertas.
No nos olvidaremos, por supuesto, de rezar por que fue alma mater de esta Cruz, el P. Javier. Él también, a la distancia, reza por nosotros, como lo asegura en cada carta que escribe.
La Comisión pro conservación de la Cruz y embellecimiento del Parque se ha tomado muy a pecho este cometido, mereciendo por ello el mejor de los plácemes.
La concentración está prevista para las tres de la tarde. Luego se iniciará el camino penitencial.

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18 de marzo de 1989, revista COMUNIÓN

Peregrinación a la Cruz del Cerro Largo [crónica]

El pueblo tiene un particular “olfato” y en esto de la “religiosidad popular” nadie lo aventaja. El pasado domingo, quinto de Cuaresma, se congregó este Pueblo en el camino que, desde la ruta 8, frente a la Escuela de Arbolito, lleva a la Cruz que corona la cima del Cerro Largo.
A las tres y media de la tarde comenzó la caminata penitencial, rezando el Vía Crucis a lo largo del camino. La tarde “acompañó” aunque lamentamos haya sido a despecho de la lluvia que todos ansiamos. Como el camino, ancho y transitable porque falta agua. Se vieron “caras nuevas” (volvemos a lo del “olfato” de la gente) hombres y mujeres, ancianos (¡parece mentira! muchos octogenarios), niños y jóvenes padres y madres con chicos en brazos, una señora con una pierna ortopédica. Nos quedamos asombrados ante la fe, hecha sacrificio, de nuestro Pueblo. Muchos habían subido por la mañana y vuelto a bajar para sumarse a la columna multicolor y larga, muy larga, que subía y bajaba hasta llegar a la cumbre.
Fue ostensible la presencia de los “locatarios”, la gente de Arbolito, orgullosa de ser anfitriones en esta circunstancia. También hubo representación de Treinta y Tres, con las Hermanas Dominicas de Albí. Lindo sería que esta “caminata penitencial” en las puertas de la Semana Santa, vaya poco a poco adquiriendo ribetes de diocesana, simbolizando la voluntad de que la Cruz de Cristo, como Él lo profetizó, atraiga cada vez más, a todos, sin distinción.
Al llegar al pie de la Cruz se concelebró la Eucaristía que presidió el obispo en una ambientación de “Tabor” o “Sermón de la montaña”. Luego, los grupos que se congregan y disfrutando del aire fresco y puro, de la pradera y de la imponente visión de la Cruz que, para tranquilidad del P. Javier, los responsables la cuidan y conservan, aspirando, si acaso, a mejorarla con el tiempo. Entre paréntesis: se rogó especialmente para que Dios dé abundante lluvia, y también, por “el alma” de esta Cruz, el P. Javier, en un acto de estricta justicia.

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viernes, 28 de marzo de 2014

Asamblea de la CEU - Comunicado de Prensa


La Conferencia Episcopal del Uruguay se reunió esta semana en la Casa Buen Pastor, de Florida, en su primera asamblea de este año.

Los Obispos iniciaron su encuentro con un retiro predicado por el P. Francisco Arrondo SJ sobre la exhortación La alegría del Evangelio del Papa Francisco. Compartieron luego algunas de sus alegrías y preocupaciones pastorales. Se dio también lectura a un mensaje dejado por el Sr. Nuncio Apostólico, quien no se encuentra en este momento en el país.

Se dedicó una jornada al encuentro con los Vicarios Pastorales de las Diócesis y los Secretarios Ejecutivos de los organismos de la CEU, para programar las actividades de este año en el marco de las nuevas Orientaciones Pastorales 2014-2019. Las Orientaciones recogen los desafíos señalados por el Papa Francisco a los Obispos latinoamericanos: la conversión pastoral de la Iglesia hacia la misión y el diálogo con el mundo. Las Orientaciones señalan como prioridades transversales para todo el quehacer pastoral de la Iglesia la familia y la educación.

El Departamento de Laicos está preparando el 33er. Encuentro nacional de Laicos, con el tema “El laico en misión: salir a la periferia” que se realizará el sábado 17 de mayo en Montevideo.
Cáritas Uruguay presentó su programa para este año, en el marco de la campaña mundial “Una sola familia humana, alimentos para todos” y otras actividades: pastoral de prevención y rehabilitación de adicciones, pastoral de la infancia y “Escuelas de convivencia sin violencia”.
Otros de los temas tratados por los Obispos fueron las Comunidades Eclesiales de Base, el Diaconado Permanente, acompañamiento pastoral a los Sacerdotes en las diferentes etapas de su vida.
El Departamento de Educación Católica presentó los nuevos textos para formación religiosa en los centros católicos de enseñanza. Los mismos, de la editorial SM, han sido elaborados especialmente para Uruguay. Su título: “Hablemos de Dios. Enseñanza religiosa escolar”.
Se inició la elaboración de un documento sobre la cremación y disposición de restos mortales que se dará a conocer más adelante.

Los Obispos recibieron a miembros del Movimiento pro-plebiscito nacional Uruguay libre de minería metalífera a cielo abierto (Uruguay Libre).

La Diócesis de Minas anuncia que el Santuario de la Virgen del Verdún se prepara para recibir el próximo 19 a los peregrinos que acudan, inaugurando las mejoras que se han realizado en la cumbre del cerro, en torno al templete de la Virgen. El programa tendrá características diferentes a las habituales por coincidir con el Sábado Santo.

La asamblea aprobó un mensaje que ofrece algunos elementos de reflexión con relación al tiempo electoral en que el país se encuentra.

Finalmente, los Obispos comunican su alegría por la canonización de los Papas Juan XXIII y Juan Pablo II que tendrá lugar en Roma el domingo 27 de abril. Está vivo el recuerdo de las dos visitas de Juan Pablo II al Uruguay; Juan XXIII, el Papa que convocó el Concilio Vaticano II, creó las Diócesis de Minas, Tacuarembó, Mercedes (1960), Canelones (1961) y proclamó a la Virgen de los Treinta y Tres como patrona del Uruguay (1962). Una peregrinación a Roma con ese motivo es organizada por la Arquidiócesis de Montevideo y será encabezada por Mons. Milton Tróccoli, Obispo auxiliar de Montevideo.

Florida, 28 de marzo de 2014

miércoles, 26 de marzo de 2014

Reunión del Secretariado de la CEU. Homilía de Mons. Heriberto



En el día de hoy, la asamblea de los Obispos, reunida en la Casa Buen Pastor, en Florida, recibió a los Vicarios Pastorales de las Diócesis y a los Secretarios Ejecutivos de los Departamentos y Comisiones de la CEU. En la jornada Mons. Heriberto Bodeant, Coordinador Pastoral de la CEU presentó las nuevas Orientaciones Pastorales 2014-2019 y los Obispos y colaboradores trabajaron en la programación de las actividades para este año en el marco de las mismas. Mons. Heriberto presidió a mediodía la Eucaristía, y ésta fue su homilía.

Homilía


“Presta atención y ten cuidado, para no olvidar las cosas que has visto con tus propios ojos, ni dejar que se aparten de tu corazón un solo instante. Enséñalas a tus hijos y a tus nietos.”

Así termina la primera lectura que hemos escuchado, tomada del libro del Deuteronomio (4,1.5-9).  Es el discurso de despedida de Moisés al Pueblo de Dios. El Pueblo entrará en la Tierra Prometida. En cambio, Moisés no cruzará el Jordán, aunque Dios le concede contemplar la Tierra hacia la cual se dirigirá el pueblo.

Las palabras de Moisés hablan de preceptos y leyes; es la ley que surge de la Alianza, del pacto de Dios con su Pueblo. Pero en su discurso van apareciendo otros elementos: un Dios cercano; “nuestro Dios está cerca de nosotros siempre que lo invocamos”, dice Moisés. Y al final de nuestro pasaje, estas palabras que aluden a la experiencia que ha vivido el Pueblo de Dios en el desierto, invitándolos a atesorar la memoria de ese tiempo de Gracia. El discurso continúa, recordando algunos de los momentos de esa experiencia de encuentro con Dios en el Horeb: “El Señor les habló desde el fuego, y ustedes escuchaban el sonido de sus palabras, pero no percibían ninguna figura: sólo se oía la voz” (4,12).

El Pueblo no está solo llamado a guardar ese recuerdo en el corazón, sino también a transmitirlo. Enseña estas cosas a tus hijos y a tus nietos.

Nuestro camino para llegar a estas Orientaciones no fue de 40 años, ni siquiera de 40 meses. Tampoco hemos llegado a un conjunto de normas y leyes como para que se diga “¿Y qué gran nación [o qué otra conferencia episcopal] tiene preceptos y costumbres tan justas como esta Ley que hoy promulgo [o promulgamos]?

Sin embargo, Moisés señala a sus oyentes que “serán sabios y prudentes a los ojos de los pueblos” si realmente observan y ponen en práctica esos preceptos.

Y de aquí podemos sacar tres puntos que pueden animarnos a nosotros en el camino de este quinquenio.
- La entrada en un tiempo nuevo
- La memoria de lo vivido
- Unas Orientaciones para llevar a la práctica

La entrada en un tiempo nuevo. No estamos entrando en una tierra, sino en un tiempo, pero el Papa Francisco nos dice que “el tiempo es superior al espacio”, porque el tiempo es el horizonte que nos abre hacia la plenitud, que nos abre “al futuro como causa final que atrae”. Y nos dice también que “este principio permite trabajar a largo plazo, sin obsesionarse por resultados inmediatos. Ayuda a soportar con paciencia situaciones difíciles y adversas, o los cambios de planes que impone el dinamismo de la realidad. (…) Darle prioridad al tiempo es ocuparse de iniciar procesos más que de poseer espacios. (…) Generar procesos que construyan pueblo (…) Este criterio también es muy propio de la evangelización, que requiere tener presente el horizonte, asumir los procesos posibles y el camino largo” (EG 222-225). ¡Entremos con alegría y esperanza en este tiempo nuevo!

La memoria de lo vivido. Estas Orientaciones son resultado de un camino de más o menos un año, desde noviembre de 2012, con algún trabajo previo, a noviembre de 2013, cuando la asamblea de la CEU las aprobó. A lo largo de este camino nos fuimos encontrando -en distintas formas y momentos- secretarios ejecutivos, delegados de CONFRU, vicarías pastorales y obispos, compartiendo momentos de oración, de lectura orante y de mucho trabajo. Es verdad, no nos planteamos una forma de mayor participación del Pueblo de Dios, más allá de lo que cada diócesis haya podido hacer por su lado en sus reuniones de clero o sus diferentes instancias diocesanas; pero creo que hemos recorrido un buen camino entre quienes hemos sido llamados a diferentes responsabilidades de servicio y animación pastoral, como obispos o como colaboradores muy cercanos de los pastores. ¡No dejemos que se aparten de nuestros corazones los muchos momentos de comunión, de sentir al Señor “cerca de nosotros siempre que lo invocamos”, porque ese espíritu de unidad en Él es lo único que puede darnos las fuerzas necesarias para seguir adelante!

Es que necesitamos todas las fuerzas, porque se trata de, tercero: Unas Orientaciones para llevar a la práctica. En la introducción que hemos firmado todos los Obispos, decimos que las Orientaciones “no se identifican con un Plan Nacional de Pastoral, ni tratan de serlo”. Así, “Más que un programa de acciones o actividades, las orientaciones pastorales presentan actitudes, criterios, modalidades, para que toda la vida de la Iglesia, sus mismas acciones cotidianas, se realicen empapadas del espíritu misionero: «poner en clave misionera la actividad habitual de las Iglesias particulares» como decía Francisco a los Obispos del CELAM en Río. Pero sabemos que los criterios pueden ser muy bonitos, pero de nada sirven si no los ponemos en práctica. Y eso es lo que estamos intentando implementar hoy: ver cómo convertir estas “orientaciones” en programas, en acciones, en los diferentes departamentos de la CEU; y cómo impregnar de ellas la vida pastoral de nuestras iglesias locales, respetando el camino que es propio a cada diócesis. ¡Dejémonos empapar por el Agua Viva, de modo que se convierta en cada uno de nosotros en manantial que brote hasta la Vida eterna!

María, Virgen de los Treinta y Tres, guardiana de la memoria y madre de nuestro pueblo, nos ayude a imitar su actitud de primera evangelizada y primera evangelizadora, de primera discípula misionera, para que, con su ayuda, hagamos resplandecer la maternalidad de la Iglesia, “con la vivencia y testimonio de la misericordia, buscando la forma de atender a los heridos del camino, promoviendo la pastoral de la escucha, repensando los lenguajes para el diálogo”. Así sea.

domingo, 16 de marzo de 2014

"Alegres caminamos con Cristo" - Mensaje para la Cuaresma 2014


“Alegres caminamos con Cristo”
Mensaje para la Cuaresma 2014


¡Peregrinemos juntos a la Cruz del Cerro Largo!


Como es tradición en nuestra Diócesis, el V Domingo de Cuaresma, este año el 6 de abril, peregrinamos a la Cruz del Cerro Largo.

La peregrinación de este año tiene un carácter especial, ya que será nuestro único gran encuentro diocesano. Estamos en un año electoral, en el que todos los ciudadanos deberemos tomar nuestra decisión a conciencia y depositar nuestros votos procurando el Bien común. El penúltimo domingo de octubre, donde hubiera sido nuestra fiesta diocesana, será un día de cierre de campañas electorales. Un momento poco oportuno para que todos nos desplacemos para nuestra fiesta.

El domingo 12 de octubre, en cambio, celebraremos en Melo un envío de la imagen de Nuestra Señora del Pilar que saldrá durante el año a visitar la Diócesis, como lo hizo la Cruz del Año de la Fe. En ese día también, en todas nuestras celebraciones, los Obispos del Uruguay convocamos a rezar especialmente por la Patria, frente a las decisiones que todos los ciudadanos tenemos que tomar.

Por todo esto, les invito muy especialmente a participar en nuestra Peregrinación Cuaresmal de este año a la Cruz del Cerro Largo.

Lo hacemos con el lema “Alegres, caminamos con Cristo”, haciéndonos eco de las palabras del Papa Francisco en el comienzo de su exhortación Evangelii Gaudium, La alegría del Evangelio: “Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría”.

En nuestra vida cotidiana, todos experimentamos dolores, problemas, sucesos desafortunados, contratiempos… pero la fe hace posible que no quedemos encerrados en el sufrimiento. En él nos unimos a Jesús crucificado. Nos unimos a Jesús que experimenta la soledad en el dolor, hasta gritar “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”

Pero en esa unión con el Señor sufriente, participamos también de su obra redentora, como testimonia San Pablo: “completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia”.

Porque recibiendo el dolor bajo esta luz, amando al Señor crucificado en cada hermano sufriente o abandonado, o en nosotros mismos que somos pecadores, encontramos una profunda alegría que brota del corazón.

En el crucificado está, misteriosamente, la llave de la alegría. Por su entrega libre, fruto de su Amor Mayor, dar la vida por los amigos, Jesús vence al pecado, al demonio, a la muerte y a todas las fuerzas destructoras y opresoras. Resucitando abre para todos las puertas de la Vida. Su cruz es el lugar de encuentro entre nuestra miseria y su obra redentora, su gloria, su luz, su resurrección.

Por eso, “alegres, caminamos con Cristo” hacia la Cruz, hacia el signo de su Amor. No es un camino de un solo día: es el camino de toda nuestra vida; pero el domingo 6 de abril, al encontrarnos, al caminar juntos, sentiremos, una vez más, que “quien cree nunca está solo”, que nos acompañamos, que nos ayudamos “a llevar las cargas, unos a otros” (Gálatas 6,2).

Tu Padre te busca.
¿Buscas tú a tu Padre?


El tiempo de Cuaresma es un tiempo de Gracia, en que el Amor de Dios sale a buscarnos, sale a nuestro encuentro…

Como el padre misericordioso de la conocida parábola (Lucas 15,1-32), Dios Padre sale al camino, escudriñando en la distancia, buscando a cada uno de sus hijos e hijas que vuelve a la Casa. Y vuelve a salir para invitar al que se ha quedado a la puerta y no ha querido entrar, porque le molesta la fiesta con motivo del regreso del pecador a la comunidad. “La Iglesia está llamada a ser siempre la casa abierta del Padre”, nos dice el Papa Francisco (EG 47).

Tu Padre te busca. ¿Buscas tú a tu Padre? Búscalo en la oración, en la escucha de la Palabra, en la celebración de la Misa con tu comunidad, en el Sacramento de la Reconciliación, en el encuentro con los hermanos, en el rostro del pobre…

“No apartes el rostro de ningún pobre y Dios no lo apartará de ti”


Ese es el consejo del anciano Tobit a su hijo Tobías (Libro de Tobías 4,7), animándolo a ser generoso con sus bienes ante el hermano necesitado.

El Papa Francisco en su Mensaje de Cuaresma para este año, nos recuerda que “A imitación de nuestro Maestro, los cristianos estamos llamados a mirar las miserias de los hermanos, a tocarlas, a hacernos cargo de ellas y a realizar obras concretas a fin de aliviarlas” y luego nos señala tres tipos de miseria: material, moral y espiritual.

“La miseria material es la que habitualmente llamamos pobreza y toca a cuantos viven en una condición que no es digna de la persona humana: privados de sus derechos fundamentales y de los bienes de primera necesidad como la comida, el agua, las condiciones higiénicas, el trabajo, la posibilidad de desarrollo y de crecimiento cultural. Frente a esta miseria la Iglesia ofrece su servicio, su diakonia, para responder a las necesidades y curar estas heridas que desfiguran el rostro de la humanidad. En los pobres y en los últimos vemos el rostro de Cristo; amando y ayudando a los pobres amamos y servimos a Cristo.”

“No es menos preocupante la miseria moral, que consiste en convertirse en es-clavos del vicio y del pecado. ¡Cuántas familias viven angustiadas porque alguno de sus miembros —a menudo joven— tiene dependencia del alcohol, las drogas, el juego o la pornografía! ¡Cuántas personas han perdido el sentido de la vida, están privadas de perspectivas para el futuro y han perdido la esperanza! Y cuántas personas se ven obligadas a vivir esta miseria por condiciones sociales injustas, por falta de un trabajo, lo cual les priva de la dignidad que da llevar el pan a casa, por falta de igualdad respecto de los derechos a la educación y la salud.”

“Esta forma de miseria, que también es causa de ruina económica, siempre va unida a la miseria espiritual, que nos golpea cuando nos alejamos de Dios y rechazamos su amor.”

“El Evangelio es el verdadero antídoto contra la miseria espiritual: en cada ambiente el cristiano está llamado a llevar el anuncio liberador de que existe el perdón del mal cometido, que Dios es más grande que nuestro pecado y nos ama gratuitamente, siempre, y que estamos hechos para la comunión y para la vida eterna.”

Limosna, oración y ayuno:
tres pilares para nuestra Cuaresma


El Mensaje del Papa Francisco nos asegura que “nos hará bien preguntarnos de qué podemos privarnos a fin de ayudar y enriquecer a otros con nuestra pobreza”.

De este modo nos acerca a los tres pilares que Jesús nos propone para vivir este tiempo: la limosna, la oración y el ayuno (Mateo 6,24-34).

En nuestro tiempo, a menudo esas tres palabras aparecen vaciadas de su sentido profundo. La limosna aparece reducida a la moneda que se entrega a quien mendiga; la oración, a la repetición mecánica de una fórmula; el ayuno, a algo que podría venir bien para mejorar la figura… Sin embargo, para nosotros son palabras del mismo Jesús, el Señor. Y sólo es en relación a él que esas tres acciones pueden recuperar su sentido más profundo y constituirse en tres verdaderos pilares para nuestra Cuaresma.

Limosna. La palabra castellana “limosna” viene del griego eleemosyne, que en la traducción griega del Antiguo Testamento se usa para expresar tanto la misericordia de Dios como la misericordia del hombre hacia sus semejantes. Ese origen de la palabra importa, porque nos ayuda, antes de que lleguemos a dar un poco, a descubrir que ya hemos recibido mucho. Y lo que hemos recibido es nada menos que la misericordia de Dios, es decir, su amor entrañable, su amor que nos dice: “¿Se olvida una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque ella se olvide, yo no te olvidaré!” (Isaías 49,14-15).

Ese amor entrañable de Dios lo lleva a darnos a su propio hijo, el cual se hace uno de nosotros despojándose, empobreciéndose: “Pues ustedes conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por ustedes para enriquecerlos con su pobreza” (2 Corintios 8, 9). La misericordia con el hermano sólo es auténtica si se traduce en actos, entre los cuales tiene un puesto importante la ayuda material a los que se hallan en necesidad.

Oración. La oración puede tener muchísimas formas. El mismo Jesús nos dijo “Ustedes, pues, oren así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre…” (Mateo 6,9) dándonos un modelo de oración. Aquí volvemos a la pregunta que nos hacíamos al principio: “¿Buscas tú a tu Padre?”. Porque la oración es un camino privilegiado para buscarlo, siempre que nos pongamos en la actitud adecuada: es levantar el corazón a Dios, ponernos en sintonía con la voluntad del Padre. Esa es la oración de Jesús: su comunicación con el Padre. El Padrenuestro no es una fórmula que alcanza con repetir para que ya sea oración. Se hace oración cuando lo decimos con el corazón puesto en el Padre, en su voluntad, en su Plan de salvación. Y levantando el corazón al Padre, más fácilmente podremos abrir el corazón al hermano.

Ayuno. A muchos les cuesta ver hoy el sentido del ayuno. Con esta práctica, la Iglesia nos propone un gesto a la vez personal y comunitario. Personal, porque necesariamente lo tiene que hacer cada uno de nosotros. Comunitario, porque nos unimos a todos los hermanos en la fe, en todo el mundo, en ese gesto común. La Iglesia nos señala un mínimo a realizar en determinados días: en el Miércoles de Ceniza y en el Viernes Santo, reducir la cantidad de alimentos, suprimiendo una de las comidas principales; en esos días y en los viernes de cuaresma, absteniéndonos del consumo de carnes rojas. Cada uno puede ver si quiere hacer algo más.

Pero volvamos al sentido del ayuno. Los humanos no somos seres únicamente espirituales: somos alma y cuerpo, y por eso no podemos imaginar una religión puramente espiritual. El alma, el “corazón” que quiere levantarse hacia Dios, tiene necesidad de los actos y de las actitudes del cuerpo. El ayuno, acompañado de la oración suplicante, sirve para presentarnos en humildad ante Dios. El que ayuna con ese sentido se vuelve hacia el Señor confiándose a su misericordia.

En nuestra sociedad de consumo, que nos hace pensar que la vida es una carrera para llenarse de cosas, el ayuno nos ayuda a descubrir cuántas cosas no necesitamos. Como decía aquel monje cuando le hicieron escuchar música en un reproductor de exquisita calidad de sonido: “¡Qué bueno! Me gusta muchísimo… ¡y lo que más me gusta es que no lo necesito!”. O como dice Jesús: “te preocupas y te agitas por muchas cosas; pero solo una cosa es necesaria” (Lucas 10,41-42).

“Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”


Cada una de las indicaciones de Jesús sobre el modo de dar limosna, orar y ayunar, apuntan a que estas acciones se realicen sin ningún tipo de exhibición:

•    “que tu limosna quede en secreto”
•    “ora a tu Padre en lo secreto”
•    “que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto”

A su vez, a cada una de estas acciones, realizadas en esta forma de total discreción, le acompaña una promesa de Jesús: “Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”.

Jesús no dice cuál es esa recompensa, pero el mayor don de Dios es Él mismo, que se nos da en Jesucristo. Nuestra recompensa es la vida en Cristo, la vida en Dios.

A todos deseo un fuerte Tiempo de Cuaresma, una buena peregrinación y les doy mi bendición.

Melo, 16 de marzo de 2014, II Domingo de Cuaresma



+ Heriberto, Obispo de Melo
(Cerro Largo y Treinta y Tres)

martes, 4 de marzo de 2014

Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2014


Se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (cfr. 2 Cor 8, 9)

Queridos hermanos y hermanas:

Con ocasión de la Cuaresma os propongo algunas reflexiones, a fin de que os sirvan para el camino personal y comunitario de conversión. Comienzo recordando las palabras de san Pablo: «Pues conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza» (2 Cor 8, 9). El Apóstol se dirige a los cristianos de Corinto para alentarlos a ser generosos y ayudar a los fieles de Jerusalén que pasan necesidad. ¿Qué nos dicen, a los cristianos de hoy, estas palabras de san Pablo? ¿Qué nos dice hoy, a nosotros, la invitación a la pobreza, a una vida pobre en sentido evangélico?

La gracia de Cristo

Ante todo, nos dicen cuál es el estilo de Dios. Dios no se revela mediante el poder y la riqueza del mundo, sino mediante la debilidad y la pobreza: «Siendo rico, se hizo pobre por vosotros…». Cristo, el Hijo eterno de Dios, igual al Padre en poder y gloria, se hizo pobre; descendió en medio de nosotros, se acercó a cada uno de nosotros; se desnudó, se “vació”, para ser en todo semejante a nosotros (cfr. Flp 2, 7; Heb 4, 15). ¡Qué gran misterio la encarnación de Dios! La razón de todo esto es el amor divino, un amor que es gracia, generosidad, deseo de proximidad, y que no duda en darse y sacrificarse por las criaturas a las que ama. La caridad, el amor es compartir en todo la suerte del amado. El amor nos hace semejantes, crea igualdad, derriba los muros y las distancias. Y Dios hizo esto con nosotros. Jesús, en efecto, «trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de nosotros, en todo semejante a nosotros excepto en el pecado» (Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 22).

La finalidad de Jesús al hacerse pobre no es la pobreza en sí misma, sino —dice san Pablo— «...para enriqueceros con su pobreza». No se trata de un juego de palabras ni de una expresión para causar sensación. Al contrario, es una síntesis de la lógica de Dios, la lógica del amor, la lógica de la Encarnación y la Cruz. Dios no hizo caer sobre nosotros la salvación desde lo alto, como la limosna de quien da parte de lo que para él es superfluo con aparente piedad filantrópica. ¡El amor de Cristo no es esto! Cuando Jesús entra en las aguas del Jordán y se hace bautizar por Juan el Bautista, no lo hace porque necesita penitencia, conversión; lo hace para estar en medio de la gente, necesitada de perdón, entre nosotros, pecadores, y cargar con el peso de nuestros pecados. Este es el camino que ha elegido para consolarnos, salvarnos, liberarnos de nuestra miseria. Nos sorprende que el Apóstol diga que fuimos liberados no por medio de la riqueza de Cristo, sino por medio de su pobreza. Y, sin embargo, san Pablo conoce bien la «riqueza insondable de Cristo» (Ef 3, 8), «heredero de todo» (Heb 1, 2).

¿Qué es, pues, esta pobreza con la que Jesús nos libera y nos enriquece? Es precisamente su modo de amarnos, de estar cerca de nosotros, como el buen samaritano que se acerca a ese hombre que todos habían abandonado medio muerto al borde del camino (cfr. Lc 10, 25ss). Lo que nos da verdadera libertad, verdadera salvación y verdadera felicidad es su amor lleno de compasión, de ternura, que quiere compartir con nosotros. La pobreza de Cristo que nos enriquece consiste en el hecho que se hizo carne, cargó con nuestras debilidades y nuestros pecados, comunicándonos la misericordia infinita de Dios. La pobreza de Cristo es la mayor riqueza: la riqueza de Jesús es su confianza ilimitada en Dios Padre, es encomendarse a Él en todo momento, buscando siempre y solamente su voluntad y su gloria. Es rico como lo es un niño que se siente amado por sus padres y los ama, sin dudar ni un instante de su amor y su ternura. La riqueza de Jesús radica en el hecho de ser el Hijo, su relación única con el Padre es la prerrogativa soberana de este Mesías pobre. Cuando Jesús nos invita a tomar su “yugo llevadero”, nos invita a enriquecernos con esta “rica pobreza” y “pobre riqueza” suyas, a compartir con Él su espíritu filial y fraterno, a convertirnos en hijos en el Hijo, hermanos en el Hermano Primogénito (cfr Rom 8, 29).

Se ha dicho que la única verdadera tristeza es no ser santos (L. Bloy); podríamos decir también que hay una única verdadera miseria: no vivir como hijos de Dios y hermanos de Cristo.

Nuestro testimonio

Podríamos pensar que este “camino” de la pobreza fue el de Jesús, mientras que nosotros, que venimos después de Él, podemos salvar el mundo con los medios humanos adecuados. No es así. En toda época y en todo lugar, Dios sigue salvando a los hombres y salvando el mundo mediante la pobreza de Cristo, el cual se hace pobre en los Sacramentos, en la Palabra y en su Iglesia, que es un pueblo de pobres. La riqueza de Dios no puede pasar a través de nuestra riqueza, sino siempre y solamente a través de nuestra pobreza, personal y comunitaria, animada por el Espíritu de Cristo.

A imitación de nuestro Maestro, los cristianos estamos llamados a mirar las miserias de los hermanos, a tocarlas, a hacernos cargo de ellas y a realizar obras concretas a fin de aliviarlas. La miseria no coincide con la pobreza; la miseria es la pobreza sin confianza, sin solidaridad, sin esperanza. Podemos distinguir tres tipos de miseria: la miseria material, la miseria moral y la miseria espiritual.

La miseria material es la que habitualmente llamamos pobreza y toca a cuantos viven en una condición que no es digna de la persona humana: privados de sus derechos fundamentales y de los bienes de primera necesidad como la comida, el agua, las condiciones higiénicas, el trabajo, la posibilidad de desarrollo y de crecimiento cultural. Frente a esta miseria la Iglesia ofrece su servicio, su diakonia, para responder a las necesidades y curar estas heridas que desfiguran el rostro de la humanidad. En los pobres y en los últimos vemos el rostro de Cristo; amando y ayudando a los pobres amamos y servimos a Cristo. Nuestros esfuerzos se orientan asimismo a encontrar el modo de que cesen en el mundo las violaciones de la dignidad humana, las discriminaciones y los abusos, que, en tantos casos, son el origen de la miseria. Cuando el poder, el lujo y el dinero se convierten en ídolos, se anteponen a la exigencia de una distribución justa de las riquezas. Por tanto, es necesario que las conciencias se conviertan a la justicia, a la igualdad, a la sobriedad y al compartir.

No es menos preocupante la miseria moral, que consiste en convertirse en esclavos del vicio y del pecado. ¡Cuántas familias viven angustiadas porque alguno de sus miembros —a menudo joven— tiene dependencia del alcohol, las drogas, el juego o la pornografía! ¡Cuántas personas han perdido el sentido de la vida, están privadas de perspectivas para el futuro y han perdido la esperanza! Y cuántas personas se ven obligadas a vivir esta miseria por condiciones sociales injustas, por falta de un trabajo, lo cual les priva de la dignidad que da llevar el pan a casa, por falta de igualdad respecto de los derechos a la educación y la salud. En estos casos la miseria moral bien podría llamarse casi suicidio incipiente. Esta forma de miseria, que también es causa de ruina económica, siempre va unida a la miseria espiritual, que nos golpea cuando nos alejamos de Dios y rechazamos su amor. Si consideramos que no necesitamos a Dios, que en Cristo nos tiende la mano, porque pensamos que nos bastamos a nosotros mismos, nos encaminamos por un camino de fracaso. Dios es el único que verdaderamente salva y libera.

El Evangelio es el verdadero antídoto contra la miseria espiritual: en cada ambiente el cristiano está llamado a llevar el anuncio liberador de que existe el perdón del mal cometido, que Dios es más grande que nuestro pecado y nos ama gratuitamente, siempre, y que estamos hechos para la comunión y para la vida eterna. ¡El Señor nos invita a anunciar con gozo este mensaje de misericordia y de esperanza! Es hermoso experimentar la alegría de extender esta buena nueva, de compartir el tesoro que se nos ha confiado, para consolar los corazones afligidos y dar esperanza a tantos hermanos y hermanas sumidos en el vacío. Se trata de seguir e imitar a Jesús, que fue en busca de los pobres y los pecadores como el pastor con la oveja perdida, y lo hizo lleno de amor. Unidos a Él, podemos abrir con valentía nuevos caminos de evangelización y promoción humana.

Queridos hermanos y hermanas, que este tiempo de Cuaresma encuentre a toda la Iglesia dispuesta y solícita a la hora de testimoniar a cuantos viven en la miseria material, moral y espiritual el mensaje evangélico, que se resume en el anuncio del amor del Padre misericordioso, listo para abrazar en Cristo a cada persona. Podremos hacerlo en la medida en que nos conformemos a Cristo, que se hizo pobre y nos enriqueció con su pobreza. La Cuaresma es un tiempo adecuado para despojarse; y nos hará bien preguntarnos de qué podemos privarnos a fin de ayudar y enriquecer a otros con nuestra pobreza. No olvidemos que la verdadera pobreza duele: no sería válido un despojo sin esta dimensión penitencial. Desconfío de la limosna que no cuesta y no duele.

Que el Espíritu Santo, gracias al cual «[somos] como pobres, pero que enriquecen a muchos; como necesitados, pero poseyéndolo todo» (2 Cor 6, 10), sostenga nuestros propósitos y fortalezca en nosotros la atención y la responsabilidad ante la miseria humana, para que seamos misericordiosos y agentes de misericordia. Con este deseo, aseguro mi oración por todos los creyentes. Que cada comunidad eclesial recorra provechosamente el camino cuaresmal. Os pido que recéis por mí. Que el Señor os bendiga y la Virgen os guarde.

Vaticano, 26 de diciembre de 2013

Fiesta de San Esteban, diácono y protomártir

FRANCISCO