Intenciones del Papa para el mes de setiembre 2016
- Para que cada uno contribuya al bien común y a la construcción de una sociedad que ponga al centro la persona humana.
- Para que los cristianos, participando en los Sacramentos y meditando la Sagrada Escritura lleguen a ser siempre mas conscientes de su misión evangelizadora.



domingo, 25 de septiembre de 2016

Enfoques dominicales - Encontrarnos y ayudarnos. El rico y el pobre Lázaro.

El rico y el pobre Lázaro, por Jacopo Da Ponte
En los pasados domingos, venimos escuchando diferentes parábolas de Jesús.
Hace quince días, la hermosa parábola de la Misericordia que es el hijo pródigo.
El domingo pasado, la desconcertante parábola del administrador astuto.
Hoy, la del rico y el pobre Lázaro.

Historias muy diferentes, pero dónde aparece algo en común: el manejo del dinero.
El hijo pródigo lo dilapida. Cuando pierde todo su dinero, descubre lo único que tiene valor verdadero: la casa del Padre. Así, emprende el regreso.
El administrador lo roba; pero luego, lo usa para ganar amigos. Eso le vale el extraño elogio de Jesús: “el señor alabó a este administrador deshonesto, por haber obrado tan hábilmente.” Y Jesús agrega un consejo: “Gánense amigos con el dinero de la injusticia, para que el día en que éste les falte, ellos los reciban en las moradas eternas.”

Ahora tenemos la historia de un hombre rico, que gasta fundamentalmente en darse una buena vida. Se nos dice que “se vestía de púrpura y lino finísimo y cada día hacía espléndidos banquetes”
A su puerta está el pobre Lázaro “cubierto de llagas… ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico”
El pobre Lázaro y el rico están muy cerca, pero los dos nunca se ven. Hay un abismo, un abismo económico y social.
A la muerte, los dos quedan separados por otro abismo.
Jesús ubica a Lázaro en “el seno de Abraham”. El mejor lugar donde podía estar un creyente en “las moradas eternas”.
El rico está en “la morada de los muertos, en medio de los tormentos” y ruega por recibir a través de Lázaro al menos una gota de agua. Pero ya no es posible cruzar ese abismo que los separa por toda la eternidad.

Aquí podría Jesús repetir: “Gánense amigos con el dinero de la injusticia, para que el día en que éste les falte, ellos los reciban en las moradas eternas.”
Si queremos, saquémosle lo de la injusticia. De lo que se trata es de ganar esos amigos que nos reciban en las moradas eternas.

El hombre rico no lo hizo. Su vida terrena transcurrió en darse todos los gustos, sin pensar en nadie más. No es condenado por ser rico; es condenado por haber sido egoísta.
Más atrás, en el mismo Evangelio de Lucas, otro hombre tiene que escuchar la voz de Dios. El hombre ha tenido una cosecha muy grande. Planea demoler sus graneros, hacer otros más grandes y después “darse buena vida”. Dios le dice: “Insensato, esta misma noche vas a morir ¿y para quién será lo que has acumulado?”

Todos estos pasajes del Evangelio y, especialmente, el de hoy, nos llaman a vivir la solidaridad con el pobre y desamparado.

Es verdad, la sociedad ha cambiado desde los tiempos de Jesús.
En tiempos de Jesús, una persona que no podía ganar su sustento, por la razón que fuera, dependía completamente de la caridad de los demás. Muchas veces en la Biblia se nombra a “la viuda, el huérfano y el extranjero” como un trío de pobres desamparados, a los que todos deben ayudar. Hoy existen muchas formas de ayuda institucional pública y privada a los más pobres o carenciados.
En estos años, en Uruguay ha disminuido, por lo menos estadísticamente, la pobreza y la indigencia.
El problema es que muchas veces la pobreza sigue instalada en la cabeza de las personas. Siguen viviendo en una actitud pasiva, dependiente, con una dignidad humana disminuida.
Siempre podemos hacer algo por los más pobres. Y aunque nos consideremos pobres, siempre hay alguien más pobre que nosotros. Siempre habrá alguien a quien podamos ayudar.
Pero lo mejor que podemos hacer es algo que ayude al cambio de las personas, que les ayude a salir de su situación de pobreza. Eso va por los caminos de la educación y del trabajo.
Todo aquello que ayude al ser humano a crecer como persona es superación de pobreza.
El Papa Pablo VI escribió sobre esto en su carta “Sobre el Progreso de los Pueblos”, describiendo el desarrollo como “el paso, para cada uno y para todos de condiciones de vida menos humanas, a condiciones más humanas”.

Condiciones menos humanas: las carencias materiales, pero también el egoísmo, la explotación, la opresión, la injusticia. Más humanas: “el remontarse de la miseria a la posesión de lo necesario, la victoria sobre las calamidades sociales, la ampliación de los conocimientos, la adquisición de la cultura.” Y así, hasta llegar por fin y especialmente a “la fe, don de Dios acogido por la buena voluntad de los hombres, y la unidad de la caridad de Cristo, que nos llama a todos a participar, como hijos, en la vida de Dios vivo, Padre de todos los hombres” (PP 21).

Entonces, se trata de mucho más que de poder comer cada día, que siempre será necesario; se trata de crecer como persona, de crecer en dignidad, de poder valerse por sí mismo y de aportar al conjunto de la sociedad.

Puedo vivir la solidaridad con los más pobres acercándome a instituciones que trabajan en bien de ellos. Puedo colaborar con un aporte económico que, anónimamente, llegará de alguna manera a un grupo o a una persona necesitados.

Pero no basta con eso, si ignoro a mi prójimo, como le ocurrió al hombre rico. Nunca reparó en Lázaro, que estaba a su puerta. La sociedad solidaria se construye con vínculos interpersonales, que empiezan muchas veces por poder llamar a la otra persona por su nombre, o por lo menos mirarla a los ojos. La sociedad solidaria se construye en el encuentro.

Como decía Francisco en su mensaje para la fiesta de San Cayetano en 2013:
Usted, cuando da limosna, ¿mira a los ojos de la gente a la que le da limosna? Cuando da la limosna, ¿toca la mano o le tira la moneda? Si no lo miraste… si no lo tocaste, no te encontraste con él. Lo que Jesús nos enseña es primero encontrarnos y en el encuentro ayudar.

Mensaje del Papa Francisco para 
la fiesta de S. Cayetano, 2013.

o0o0o0o0o0o0o
Enfoques Dominicales
es un programa que se emite por 
1340 AM La Voz de Melo, los domingos a las 11:50

viernes, 23 de septiembre de 2016

Una carta del Padre Pío

San Pío de Pietrelcina
Nació en Pietrelcina, en la región italiana de Benevento, el año 1887. Ingresó en la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos y llegó a ser sacerdote, ejerciendo el ministerio con gran entrega pastoral, sobre todo, en el convento de la aldea de San Juan Rotondo, en la región de Apulia, sirviendo al pueblo de Dios con oración y humildad mediante la dirección espiritual de los fieles, la reconciliación de los penitentes y el cuidado esmerado a los enfermos y los pobres. Configurado plenamente con Cristo crucificado, completó su peregrinación terrena el 23 de septiembre de 1968.

PIEDRAS DEL EDIFICIO ETERNO

    Mediante asiduos golpes de cincel salutífero y cuidadoso despojo, el divino Artífice busca preparar piedras para construir un edificio eterno, como nuestra madre, la santa Iglesia Católica, llena de ternura, canta en el himno del oficio de la dedicación de una iglesia. Y así es en verdad.
    Toda alma destinada a la gloria eterna puede ser considerada una piedra constituida para levantar un edificio eterno. Al constructor que busca erigir una edificación le conviene ante todo pulir lo mejor posible las piedras que va a utilizar en la construcción. Lo consigue con el martillo y el cincel. Del mismo modo el Padre celeste actúa con las almas elegidas que, desde toda la eternidad, con suma sabiduría y providencia, han sido destinadas para la erección de un edificio eterno. El alma, si quiere reinar con Cristo en la gloria eterna, ha de ser pulida con golpes de martillo y cincel, que el Artífice divino usa para preparar las piedras, es decir, las almas elegidas. ¿Cuáles son estos golpes de martillo y cincel? Hermana mía, las oscuridades, los miedos, las tentaciones, las tristezas del espíritu y los miedos espirituales, que tienen un cierto olor a enfermedad, y las molestias del cuerpo.
    Dad gracias a la infinita piedad del Padre eterno que, de esta manera, conduce vuestra alma a la salvación. ¿Por qué no gloriarse de estas circunstancias benévolas del mejor de todos los padres? Abrid el corazón al médico celeste de las almas y, llenos de confianza, entregaos a sus santísimos brazos: como a los elegidos, os conduce a seguir de cerca a Jesús en el monte Calvario. Con alegría y emoción observo cómo actúa la gracia en vosotros.
    No olvidéis que el Señor ha dispuesto todas las cosas que arrastran vuestras almas. No tengáis miedo a precipitaros en el mal o en la afrenta de Dios. Que os baste saber que en toda vuestra vida nunca habéis ofendido al Señor que, por el contrario, ha sido honrado más y más.
    Si este benevolentísimo Esposo de vuestra alma se oculta, lo hace no porque quiera vengarse de vuestra maldad, tal como pensáis, sino porque pone a prueba todavía más vuestra fidelidad y constancia y, además, os cura de algunas enfermedades que no son consideradas tales por los ojos carnales, es decir, aquellas enfermedades y culpas de las que ni siquiera el justo está inmune. En efecto, dice la Escritura: “Siete veces cae el justo” (Pr 24, 16).
    Creedme que, si no os viera tan afligidos, me alegraría menos, porque entendería que el Señor os quiere dar menos piedras preciosas... Expulsad, como tentaciones, las dudas que os asaltan... Expulsad también las dudas que afectan a vuestra forma de vida, es decir, que no escucháis los llamamientos divinos y que os resistís a las dulces invitaciones del Esposo. Todas esas cosas no proceden del buen espíritu sino del malo. Se trata de diabólicas artes que intentan apartaros de la perfección o, al menos, entorpecer el camino hacia ella. ¡No abatáis el ánimo!
    Cuando Jesús se manifieste, dadle gracias; si se oculta, dadle gracias: todas las cosas son delicadezas de su amor. Os deseo que entreguéis el espíritu con Jesús en la cruz: “Todo está cumplido” (Jn 19, 30).

(Del Oficio de Lecturas de hoy. Tomado de una de las cartas del P. Pío)

miércoles, 21 de septiembre de 2016

La vocación de Mateo y el Papa Francisco.

Caravaggio: La vocación de San Mateo
Iglesia de San Luis de los Franceses, Roma
“Miserando atque eligendo” es el lema del Papa Francisco. El 21 de setiembre de 1953, a los 17 años, Jorge Mario Bergoglio, sintiéndose tocado por la Misericordia de Dios, respondió a Su llamado y decidió pedir su ingreso a la Compañía de Jesús.


El lema del Santo Padre Francisco procede de las Homilías de san Beda el Venerable, sacerdote (Hom. 21; CCL 122, 149-151), quien, comentando el episodio evangélico de la vocación de san Mateo, escribe: «Vidit ergo Iesus publicanum et quia miserando atque eligendo vidit, ait illi Sequere me (Vio Jesús a un publicano, y como le miró con sentimiento de amor y le eligió, le dijo: Sígueme)».

Esta homilía es un homenaje a la misericordia divina y se reproduce en la Liturgia de las Horas de la fiesta de san Mateo. Reviste un significado particular en la vida y en el itinerario espiritual del Papa. En efecto, en la fiesta de san Mateo del año 1953, el joven Jorge Bergoglio experimentó, a la edad de 17 años, de un modo del todo particular, la presencia amorosa de Dios en su vida. Después de una confesión, sintió su corazón tocado y advirtió la llegada de la misericordia de Dios, que, con mirada de tierno amor, le llamaba a la vida religiosa a ejemplo de san Ignacio de Loyola.

Una vez elegido obispo, monseñor Bergoglio, en recuerdo de tal acontecimiento, que marcó los inicios de su total consagración a Dios en Su Iglesia, decidió elegir, como lema y programa de vida, la expresión de san Beda miserando atque eligendo, que también ha querido reproducir en su escudo pontificio.

martes, 20 de septiembre de 2016

Asís, Sed de Paz. Encuentro interreligioso de oración en Asís.


Desde el domingo se viene realizando en Asís, la cuna de San Francisco, el encuentro interreligioso "Sed de Paz", a 30 años del primer encuentro de esas características que tuvo lugar el 27 de octubre de 1986, con la presencia de san Juan Pablo II.
En su catequesis del miércoles anterior a ese encuentro, Juan Pablo II explicó el significado de la jornada interreligiosa: no se trata de "rezar juntos", sino de "estar juntos para rezar":
Ciertamente no se puede "rezar juntos", es decir, hacer una oración común, pero se puede estar presentes cuando los otros rezan (...) Ese "estar juntos para rezar" adquiere un significado particularmente profundo y elocuente en cuanto que estaremos unos junto a los otros para implorar de Dios el don del cual toda la humanidad de hoy tiene mayor necesidad para sobrevivir: la paz. 

En este día estará el Papa Francisco, que ha animado a todas las comunidades católicas del mundo a unirse en esta jornada a la oración por la Paz.

En la Diócesis de Melo nos unimos a la jornada de oración en la Misa por la Paz que el Obispo presidirá está tarde, a las 19:30 en la Catedral.

Imagen del encuentro que se está desarrollando en Asís.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Beatas Dolores y Consuelo Aguiar-Mella Díaz, mártires uruguayas en España

Consuelo, a la izquierda y Dolores, a la derecha,
las dos beatas uruguayas, laicas, sin hábito,
junto a religiosas escolapias también mártires.
Hoy, 19 de setiembre, se celebra la memoria de dos uruguayas, beatificadas por san Juan Pablo II el 11 de marzo de 2001.

Dolores Aguiar-Mella Díaz nació en Montevideo, el 29 de marzo de1897, de madre uruguaya y padre español. Un año más tarde, el 19 de marzo de 1898, nació su hermana Consuelo. El padre, Santiago Aguiar-Mella, era un abogado español, asesor y amigo del empresario Emilio Reus. Su madre, María Consolación Díaz, era uruguaya y pertenecía a una acaudalada familia montevideana del Cerro. La crisis de 1890 ocasionó la ruina de Reus y tuvo penosas consecuencias para los Aguiar-Mella. En 1899 la familia - con seis hijos - se trasladó a España y se estableció en Madrid, donde el padre instaló su estudio de abogado. Dolores tenía dos años y Consuelo, uno.

A la muerte de la madre, Dolores y Consuelo ingresaron como alumnas pupilas al colegio escolapio de Carabanchel, donde estudiaron magisterio superior. En 1919, al terminar sus estudios, Dolores manifestó el deseo de entrar a la vida religiosa, pero problemas de salud se lo impidieron. Ingresó entonces como funcionaria en la Delegación de Hacienda y vivió dedicada a su familia y en permanente relación con las escolapias. Hizo voto de castidad y, en 1929, luego de la muerte de su padre, se fue a vivir con las religiosas. Su hermana Consuelo llevó una vida normal de trabajo y diversión. Le agradaba ir bien vestida y a la moda, llevar joyas, usar perfumes y asistir a espectáculos, observando siempre los preceptos cristianos. Al morir, era novia con un joven que había sido fusilado tres días antes, sin que ella lo supiera.

El 18 de julio de 1936 estalló en España la Guerra Civil, con la sublevación del Ejército contra el gobierno de la República. La guerra duró hasta 1939. Ambos bandos se enfrentaron con saña, cometiendo muchas atrocidades. En la zona republicana, hubo numerosos episodios de persecución a la Iglesia y a los católicos de parte de diferentes grupos extremistas de izquierda.

A raíz de estos sucesos, habiendo sufrido varias amenazas, ocho religiosas escolapias abandonaron el colegio de Carabanchel y se instalaron en un apartamento en Madrid, a una cuadra de la Puerta del Sol. Dolores Aguiar vivía con ellas. Consuelo, por su parte, vivió con las familias de dos hermanos casados, preocupada siempre por las amenazas que rodeaban a su hermana.

El 19 de septiembre de 1936 Dolores salió a llevar leche a otra comunidad de escolapias. Al regresar fue interceptada por cinco milicianos que la detuvieron, a pesar de que usaba brazalete diplomático. Su hermano, Teófilo Aguiar- Mella, era vicecónsul de Uruguay en Madrid. Las religiosas presenciaron lo ocurrida y avisaron a Teófilo y a Consuelo. El vicecónsul salió a hacer indagaciones y Consuelo se dirigió al apartamento con las religiosas. Al mediodía, se presentó un miliciano con un papel escrito por Dolores, en el que pedía que fuera María de la Yglesia, superiora de las Escolapias, acompañada de otra persona, para declarar. La religiosa aceptó y Consuelo la siguió, pensando que estaba protegida por el pasaporte uruguayo y el brazalete diplomático. Ambas desaparecieron. Al día siguiente los tres cuerpos, con el rostro desfigurado, fueron encontrados en la morgue del depósito municipal. Las hermanas Aguiar-Mella fueron reconocidas por los vestidos y el brazalete.

El gobierno uruguayo reaccionó de manera enérgica ante estos asesinatos y rompió relaciones diplomáticas con la República Española. El caso fue presentado ante la Liga de Naciones, antecesora de la Organización de las Naciones Unidas. El gobierno español especuló con un error de prensa y anunció una urgente investigación policial. Ante nuevas amenazas a ciudadanos uruguayos, tanto desde filas republicanas como nacionalistas, el gobierno de Gabriel Terra financió el retorno de los uruguayos que desearan hacerlo. La familia Aguiar-Mella regresó a Uruguay, a excepción de Trinidad, la hermana menor de Dolores y Consuelo.

Las hermanas Dolores y Consuelo eran laicas cristianas piadosas y firmes en su fe. Su sobrina Consuelo Fernández recuerda a Dolores, que la preparó para la primera comunión. "Un día - cuenta - salimos con mi tía Dolores y los rojos nos escupieron e insultaron. Y ella les gritaba: “¡Viva Cristo Rey, viva Cristo Rey!”. Cuando volvimos, le conté a mi padre y él me prohibió andar con Dolores. A ella le dijo que se sacara el crucifijo, que era una provocación. Pero mi tía se negaba: “Yo nunca voy a renunciar a mi fe”, le contestó. Ella nunca cedió, se murió con la cruz en el pecho".

El domingo 11 de marzo de 2001, el Papa Juan Pablo II beatificó, en la plaza de San Pedro, al sacerdote José Aparicio Sanz y doscientos treinta y dos compañeros martirizados en España entre 1936 y 1939: sacerdotes diocesanos, religiosos, religiosas, laicos casados y solteros de todas las profesiones; miembros de la Acción Católica y de otros movimientos eclesiales. Entre estos primeros beatos del tercer milenio, se cuentan las Beatas mártires Dolores y Consuelo Aguiar-Mella Díaz.

o0o0o0o0o0o

Más sobre el Santoral Uruguay en Diccionario de Historia Cultura de la Iglesia en América Latina.

domingo, 18 de septiembre de 2016

Enfoques Dominicales - Ser fiel en lo poco...


En estos tiempos no es raro escuchar denuncias de corrupción. Un ex presidente de un país vecino acusado de desvío de dinero público para favorecer empresas corruptas. La secretaria de un legislador afirma que no se volcaron al BPS sus aportes jubilatorios. Y así, muchos más ejemplos se podrían agregar, de cosas más grandes y más chicas.

El Papa Francisco, en su carta “La alegría del Evangelio” denuncia  “ese cáncer social que es la corrupción profundamente arraigada en muchos países —en sus gobiernos, empresarios e instituciones— cualquiera que sea la ideología política de los gobernantes.”

En el Evangelio de hoy (Lucas 16,1-13) Jesús nos cuenta la historia de un administrador corrupto, que es descubierto y que va a quedarse sin trabajo, y nos deja una advertencia: “El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho, y el que es deshonesto en lo poco, también es deshonesto en lo mucho”.

Las personas no nacen corruptas. Más allá de que en el ser humano haya una debilidad que muchas veces lo inclina a obrar mal, nadie nace malo. Simplemente nace humano. Humano significa estar enfrentado diariamente al drama de la vida. El drama pone en juego la libertad de la persona humana.

La vida es dramática porque en ella tenemos que elegir. Dios, que nos ha dado esa libertad, nos pone frente a esas decisiones: “Yo he puesto delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, y vivirás, tú y tus descendientes” (Deuteronomio 30,19)

Jesús llama a seguirlo, lo que significa adoptar un estilo de vida exigente, muchas veces un cambio radical en la manera de vivir. Hay gente que deja todo para seguirlo y hay otros, como aquel hombre que se alejó entristecido, que no lo siguió. Es una decisión.

La corrupción empieza en las cosas pequeñas. Para una persona que ha vivido honestamente su vida, que no quiere ni ensuciarse las manos ni meterse en líos, o sea, que no quiere hacer ni lo que está mal ni lo que no le conviene, la corrupción puede empezar así. “bueno, no estoy robando millones… esto no es nada… nadie lo va a sentir… ni se van a dar cuenta… después de todo, a mí me explotan…”

Se van construyendo justificaciones pero, sobre todo, se va construyendo un hábito. Y eso que había empezado casi como un juego, pero que fue una decisión, se convierte en un fuego, un fuego que va devorando por dentro a la persona. Quiere más, lo busca por todos los caminos posibles, va haciéndose una idea de impunidad… y ya está. Un día la conciencia ya no le hace reproches porque  ha cruzado todos los límites.

Por eso, el llamado de Jesús hoy: empezar por ser fiel en lo poco. Pequeñas decisiones, con las que vivir honradamente cada día, para llegar al final del día sin remordimientos ni falsas justificaciones.

Hay otros pasajes del Evangelio donde, de otra forma, Jesús nos invita a vivir esta fidelidad desde lo poco. Así nos dice: “El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.” (Mateo 5,19).

Pero Jesús también toma los grandes mandamientos y nos dice como cumplirlos no sólo en general, sino en profundidad.

Por ejemplo: “no matarás”. Y podemos decir “yo no he matado a nadie”. Pero Jesús agrega: “todo aquel que se irrita contra su hermano, será condenado por el tribunal. Y todo aquel que lo insulta, será castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, será condenado a la Gehena de fuego” (Mateo 5,22).

Otro mandamiento que recuerda Jesús: “No cometerás adulterio”. Y también una persona casada puede decir “yo no engaño a mi cónyuge”. Pero Jesús agrega: “El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón” (Mateo 5,28).

Entonces, ser fiel empieza por lo pequeño, por lo poco; pero también por un cambio en lo profundo del corazón. Porque también se puede aparentar ser fiel en lo poco. Jesús reprocha a los fariseos que pagan “el diezmo de la menta, del anís y del comino, pero han descuidado los preceptos más importantes de la ley: la misericordia y la fidelidad” (Mateo 23,23).

Desde esta perspectiva podemos entender las palabras de Jesús: “Donde está tu tesoro, está tu corazón” (Mateo 6,21).

Miremos nuestro corazón, miremos dónde está, y pidamos a Jesús que Él esté realmente allí, guiándonos en esas decisiones de cada día en las que se juega nuestra libertad y nuestra vida para que seamos fieles en lo poco y en lo mucho, en la fidelidad y en la misericordia.

o0o0o0o0o0o0o Enfoques Dominicales es un programa que se emite por 1340 AM La Voz de Melo, los domingos a las 11:50

Today Deal $50 Off : https://goo.gl/efW8Ef
o0o0o0o0o0o0o 
Enfoques Dominicales es un programa que se emite por 
1340 AM La Voz de Melo, los domingos a las 11:50
o0o0o0o0o0o0o Enfoques Dominicales es un programa que se emite por 1340 AM La Voz de Melo, los domingos a las 11:50

Today Deal $50 Off : https://goo.gl/efW8Ef

viernes, 16 de septiembre de 2016

Madre Giovanna. Causa de beatificación para la fundadora de las Misioneras Franciscanas del Verbo Encarnado.


El pasado 14 de setiembre, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, se cumplió un nuevo aniversario del nacimiento de Luisa Ferrari, quien como religiosa tomó el nombre de Giovanna Francesca dello Spirito Santo y fue fundadora de las Misioneras Franciscanas del Verbo Encarnado, presentes en la Diócesis de Melo, en Fraile Muerto, desde hace más de 60 años.


La Madre Giovanna nació en Reggio Emilia, el 14 de setiembre de 1888 y murió con fama de santidad en la Casa General de la congregación en Fiésole el 21 de diciembre de 1984, a los 96 años.
Visitó el Uruguay, estuvo en nuestra Diócesis, especialmente en Fraile Muerto y la zona rural de la parroquia. Las fotos que ilustran esta entrada son recuerdos de aquella visita, publicadas en un libro editado con motivo de los 25 años de las Hermanas MFVE.


Las MFVE están promoviendo la beatificación de su fundadora, que ya ha sido reconocida como Sierva de Dios y nos proponen pedir su intercesión para recibir "favores, gracias y milagros". Presentamos a continuación extractos de un folleto publicado por las hermanas para explicar esto.
“Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá.
Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que
llama, se le abrirá.” (Mt 7,7)

¿Qué es la oración de intercesión?


“La intercesión es una oración de petición que nos conforma muy de cerca con la oración de Jesús. Él es el único intercesor ante el Padre en favor de todos los hombres…”.
(Catecismo de la Iglesia católica n.2634)

La intercesión de los santos. "Por el hecho de que los del cielo están más íntimamente unidos con Cristo, consolidan más firmemente a toda la Iglesia en la santidad [...] No dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Presentan por medio del único mediador entre Dios y los hombres [...] Su solicitud fraterna ayuda, pues, mucho a nuestra debilidad". (Catecismo de la Iglesia católica n.956)


Oración por la intercesión de la Sierva de Dios Madre Giovanna

Oh Dios, nuestro Padre, fuente de toda gracia,
que nos has llamado a la gloria eterna en Cristo tu Hijo
y que sostienes nuestra debilidad con la fuerza del Espíritu Santo,
sabemos que Tú escuchas nuestra oración.
Tú que has donado a tu sierva Madre Giovanna Francesca
el gozo de alabarte con toda la vida,
al reconocer y servir a Jesús en los "pequeños" y en los pobres,
siendo fiel y obediente a la Iglesia,
correspondiendo con generosidad a los carismas recibidos,
nosotros también queremos empeñarnos por la llegada de tu Reino.
En la confianza que Madre Giovanna Francisca está ya contigo en la gloria,
concédenos, por su intercesión,
la alegría de la gracia que te pedimos. Amén.

Padre nuestro, Ave Maria y Gloria

(con aprobación eclesiástica)

domingo, 11 de septiembre de 2016

Enfoques Dominicales - La misericordia es el corazón de Dios

Hoy, 11 de setiembre, se cumplen 15 años de un acto terrorista que marcó el comienzo del siglo XXI. Sin duda que todos los oyentes recuerdan la destrucción de las torres gemelas de Nueva York, contra las que se estrellaron dos aviones conducidos por terroristas suicidas. La difusión que tuvo este hecho terrible fue enorme. Incluso, la diferencia de tiempo entre los dos ataques hizo que las cámaras trasmitieran en directo el impacto del segundo avión sobre la otra torre.

Muchos vimos después a la gente caer o lanzarse de aquellos pisos altos para encontrar la muerte segura al llegar al suelo. Son imágenes que difícilmente podremos olvidar.

Quince años después, el mundo no está mucho mejor. Muchísimas personas han seguido muriendo, víctimas de diferentes formas de terror. Para quienes identifican terrorismo y mundo musulmán, quiero recordar que miles y miles de esas víctimas son también musulmanes, gente pacífica que es víctima de fanáticos que pretenden justificar en el Corán su afán de destrucción.

En este día parece difícil hablar de la misericordia. Pero de eso nos habla el evangelio de hoy: de la misericordia de Dios. La misericordia de Dios, no como un adorno entre las cualidades de Dios, sino como algo central, profundo, dentro del misterio de Dios. La misericordia es el corazón de Dios.



En las Misas de hoy hemos escuchado o escucharemos la parábola conocida como “del hijo pródigo”, pero que también podría llamarse “de los dos hijos” o, mejor aún, “del padre misericordioso”.

“Pródigo” es una palabra un poco arcaica. Ya no la usamos en la conversación corriente. Ha quedado viva en nuestro idioma por esta parábola, pero muchas veces no entendemos lo que quiere decir. Una persona “pródiga” es una persona que derrocha, que desperdicia, que malgasta lo que tiene en cosas inútiles. Ese es el sentido negativo. También puede decirse en forma positiva, por ejemplo “naturaleza pródiga”, hablando de las cosas buenas que se producen naturalmente: flores, frutos. O se puede decir también de una persona muy generosa, muy dadivosa. Entonces, aquí podremos también hablar de un “padre pródigo”… pero no nos apuremos.

Rembrandt: "El regreso del hijo pródigo"

Estoy mirando un cuadro de Rembrandt, o más bien, una foto de ese cuadro del siglo XVII que está en Rusia, en San Petersburgo. Se llama “el regreso del hijo pródigo” y está basado en este pasaje del evangelio de Lucas.

Lo primero que uno ve es un hombre joven arrodillado, con la cabeza rapada (lo que hace pensar en los piojos, o en un preso), vestido con una ropa andrajosa y sucia, con los pies más descalzos que calzados con unos pedazos de sandalias.

El hombre está arrodillado frente a un anciano de barba, que parece casi ciego, cubierto con un manto rojo. Las dos manos del anciano se apoyan sobre la espalda del muchacho, con mucha ternura. Lo está abrazando y apoyándolo no exactamente contra su pecho, sino más contra su vientre, como si fuera una madre que le está recordando a ese hijo el útero del que salió.

La escena es feliz, porque nos damos cuenta de que ahí hay un reencuentro, una reconciliación. El hijo ha vuelto a casa hecho una miseria, pero el padre lo recibe con cariño, con misericordia, con perdón.

Sin embargo, hay otros personajes en el cuadro. El padre y el hijo están a la izquierda, no en el centro. A la derecha hay un tercer personaje que mira esa escena. Él también tiene barba y un manto rojo, pero es un hombre más joven. Es el hermano mayor. Impresiona su posición rígida. De pie, bien erguido, con las manos entrelazadas, de las que baja un bastón que llega perfectamente vertical hasta el suelo, el hermano mayor mira ese encuentro entre el padre y el más chico. Nada parece conmoverlo.

Rembrandt pintó este cuadro poco tiempo antes de morir, a los 63 años. No es la primera vez que retrataba al hijo pródigo; pero lo había pintado en otra escena. Lo había pintado lejos de su casa, prodigándose, derrochando, gastando en prostitutas el dinero de su padre.

Eso fue parte de la vida de este gran pintor holandés. Hubo un momento en que fue joven, dueño de un gran talento que le permitía ganar mucho dinero… y gastarlo a manos llenas. Fue también un hombre desgraciado, que vio morir a su primera esposa y a casi todos sus hijos y que terminó internando en un manicomio a su segunda compañera.

Pero este hombre encontró la misericordia de Dios. Después de pintar a lo largo de toda su vida innumerables escenas bíblicas, pinta en este “regreso del hijo pródigo” su último autorretrato.
Henri Nouwen, un sacerdote holandés que murió en 1996, compartió en su libro “El regreso del hijo pródigo” la experiencia espiritual que vivió contemplando este cuadro de Rembrandt. En ese breve pero intenso libro, Nouwen nos ayuda a descubrir como Rembrandt está presente en las tres figuras del cuadro: en el hijo menor que vuelve y es perdonado por el padre; en el hermano mayor exigente, que todavía tiene la oportunidad de abrazar también a su hermano y en el padre misericordioso, que se vuelve pródigo en el perdón y la misericordia.

Distintos momentos de la vida de Rembrandt están retratados allí. No son retratos de su rostro, como los muchos que pintó, sino de su alma, del camino de su vida.

Pero allí no está sólo Rembrandt y su experiencia personal y única. Allí está también cada uno de nosotros, hijo o hija alejados del padre Dios, llamados a volver a él; cada uno de nosotros, como hermano o hermana mayor que juzga severamente, pero que tiene siempre la posibilidad de mirarse a sí mismo y a su hermano con la mirada misericordiosa del padre; cada uno de nosotros, como el padre capaz de abrazar con misericordia, un abrazo que tiene la fuerza que puede hacer que el corazón extraviado sienta que por fin ha vuelto a casa.


Estamos transitando los últimos meses de este año de la Misericordia propuesto por el Papa Francisco. Es bueno recordar, precisamente hoy, que el lema de este año es “Misericordiosos como el Padre”. Ojalá que todos hayamos podido experimentar de algún modo a lo largo de este año lo misericordioso que es Dios. Ojalá que nos hayamos dejado tocar por su misericordia. Ojalá que nuestro corazón haya cambiado, al menos un poquito, haciéndonos “misericordiosos como el Padre”. Y si nada de esto sucedió… todavía estamos a tiempo. Como dice Francisco, “dejémonos abrazar por la misericordia de Dios”, porque solo la misericordia puede cambiar al mundo.


o0o0o0o0o0o0o
Enfoques Dominicales es un programa que se emite por 1340 AM La Voz de Melo, 
los domingos a las 11:50

sábado, 10 de septiembre de 2016

Los Obispos del Uruguay invitan a culminar Año de la Misericordia en la Fiesta de la Patrona de la Patria

A pocos días del 20 de noviembre, en que culminaremos el Año del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, convocado por el Papa Francisco, los Obispos del Uruguay queremos invitarlos a celebrar de una manera especial este acontecimiento, como Iglesia que peregrina en Uruguay, en la Solemnidad de la Virgen de los Treinta y Tres, en su Santuario de la Catedral de Florida. Es allí donde el pueblo cristiano, años atrás, expresó su sentir escribiendo en el ábside con grandes letras: SALVE, REINA Y MADRE DE MISERICORDIA. María es la Madre de Jesús y Jesús es la misma misericordia.
 
La consigna que hemos vivido en este año: “Sean misericordiosos como el Padre”, nos ha ayudado a experimentar la misericordia de Dios en nuestras vidas y a ser misericordiosos con los que nos rodean, haciendo vida las obras de misericordia, tanto las espirituales como las corporales.
María es una gran ayuda para llegar a Él, para llegar al Corazón de Dios, donde se lee esta palabra esculpida en letras de oro: MISERICORDIA. Ella ha cantado que su misericordia nos llega de generación en generación. “La misericordia es el núcleo central del mensaje evangélico. El nombre mismo de Dios” (Benedicto XVI).

Leyendo y meditando la Biblia constatamos que la palabra que atraviesa todos sus libros de manera transversal es MISERICORDIA, como queriendo expresar que este es el nombre bíblico de Dios, quien al revelarse siempre se nos presenta como un Dios misericordioso.

El amor de Dios es paciente y misericordioso, “misericordioso hasta la milésima generación” (Ex.20,6). “El Señor es misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad” (Ex.34,6).

Este año cada una de nuestras Diócesis ha realizado un itinerario, un camino a través de la MISERICORDIA, después de abrir la Puerta Santa en nuestras Catedrales y otras iglesias. Ahora queremos hacer un gran gesto para culminar juntos este Año Santo en el Santuario de la Madre de la Misericordia, sabedores que este camino debe continuar toda nuestra vida.

La misericordia es el imperativo que da identidad a nuestra experiencia cristiana “porque la Iglesia tiene que anunciar la misericordia de Dios, corazón palpitante del Evangelio, que por su medio debe alcanzar la mente y el corazón de toda persona” (MV13).

Invitamos a todas las comunidades parroquiales, educativas, movimientos y grupos eclesiales a hacerse presentes en la ciudad de Florida el próximo domingo 13 de noviembre a las 10 hs.

Juntos culminaremos con alegría este Año Santo Extraordinario. Queremos animar el caminar del pueblo de Dios y junto a María Madre de la Misericordia, elevar nuestras voces implorando su maternal protección y agradecerle su constante presencia en nuestra iglesia uruguaya. 
Los Obispos del Uruguay
Montevideo, 5 de agosto de 2016

lunes, 5 de septiembre de 2016

Papa Francisco y Madre Teresa: "Llevemos en el corazón su sonrisa y entreguémosla a los que sufren"


Madre Teresa, a lo largo de toda su existencia, ha sido una generosa dispensadora de la misericordia divina, poniéndose a disposición de todos por medio de la acogida y la defensa de la vida humana, tanto la no nacida como la abandonada y descartada.

Se ha comprometido en la defensa de la vida proclamando incesantemente que «el no nacido es el más débil, el más pequeño, el más pobre».

Se ha inclinado sobre las personas desfallecidas, que mueren abandonadas al borde de las calles, reconociendo la dignidad que Dios les había dado; ha hecho sentir su voz a los poderosos de la tierra, para que reconocieran sus culpas ante los crímenes -ante los crímenes- de la pobreza creada por ellos mismos.

La misericordia ha sido para ella la «sal» que daba sabor a cada obra suya, y la «luz» que iluminaba las tinieblas de los que no tenían ni siquiera lágrimas para llorar su pobreza y sufrimiento.

Su misión en las periferias de las ciudades y en las periferias existenciales permanece en nuestros días como testimonio elocuente de la cercanía de Dios hacia los más pobres entre los pobres.

Hoy entrego esta emblemática figura de mujer y de consagrada a todo el mundo del voluntariado: que ella sea vuestro modelo de santidad.

Pienso, quizás, que tendremos un poco de dificultad en llamarla Santa Teresa.

Su santidad es tan cercana a nosotros, tan tierna y fecunda que espontáneamente continuaremos a decirle «Madre Teresa».

Esta incansable trabajadora de la misericordia nos ayude a comprender cada vez más que nuestro único criterio de acción es el amor gratuito, libre de toda ideología y de todo vínculo y derramado sobre todos sin distinción de lengua, cultura, raza o religión.

Madre Teresa amaba decir: «Tal vez no hablo su idioma, pero puedo sonreír».

Llevemos en el corazón su sonrisa y entreguémosla a todos los que encontremos en nuestro camino, especialmente a los que sufren.

Abriremos así horizontes de alegría y esperanza a toda esa humanidad desanimada y necesitada de comprensión y ternura.

(De la Homilía en la Canonización de Santa Teresa de Calcuta,
Plaza de San Pedro, Domingo 4 de setiembre de 2016)