miércoles, 16 de abril de 2014

Misa Crismal en la Catedral de Melo - Homilía de Mons. Bodeant



Queridas hermanas, queridos hermanos, fieles laicos de las diferentes comunidades parroquiales de nuestra Diócesis; queridas religiosas y consagrados; queridos diáconos permanentes; queridos presbíteros; querido Mons. Cáceres:
Nuevamente estamos reunidos para celebrar esta Misa que tiene características únicas: se celebra sólo una vez al año y en un único lugar, que es habitualmente nuestra catedral, y con la participación de todo el clero presente en la Diócesis.

Este Miércoles Santo coincide felizmente con el día en que Mons. Roberto Cáceres cumple 93 años. Es una alegría poder celebrarlos con él de esta forma.
Nos hacen llegar sus saludos el P. Thomas, desde Escocia, el P. David, desde México y el P. Gabriel desde el Hogar Sacerdotal. Los tenemos presentes en nuestra oración.
La Misa Crismal nos congrega como Pueblo de Dios que peregrina en Cerro Largo y Treinta y Tres para implorar del Señor que bendiga los óleos para los catecúmenos y la Unción de los Enfermos y consagre el Santo Crisma que, a lo largo de este año y hasta la próxima Semana Santa, utilizaremos en la celebración de los Sacramentos del Bautismo y de la Confirmación en cada comunidad parroquial.
En el Evangelio que hemos escuchado, el Señor Jesús se presenta como aquel que ha sido ungido por Dios, llenándolo del Espíritu Santo. Así, lleno del Espíritu, ha venido para traer el Evangelio a los pobres, vendar los corazones heridos, dar la vista a los ciegos, anunciar la liberación a los oprimidos.
Jesús continúa realizando hoy su obra de salvación por medio de su cuerpo, la Iglesia, por medio de todo el Pueblo de Dios. Junto a su Palabra, Jesús nos ha dejado los sacramentos, signos en los que Él mismo se hace presente con su amor, con su gracia, con su fuerza salvadora. Porque cuando los ministros celebramos los sacramentos en Nombre de Jesús, es ante todo Él mismo quien bautiza, quien entrega el Espíritu Santo, quien sana y perdona.
En distintos momentos, a lo largo de su primer año de pontificado, el Papa Francisco ha llamado a la Iglesia, a todo el Pueblo de Dios, a todos sus miembros, a prestar una especial atención a las personas que sufren. No solo recibiéndolas, sino también saliendo a su encuentro.
Así, cuando estuvo en Río para la Jornada Mundial de la Juventud, el Papa le dijo a los Obispos latinoamericanos:
“Después de una batalla, lo primero que hay que hacer en un hospital de campaña es curar las heridas. Creo que hoy día la pastoral tiene que plantearse seriamente eso” (1).
Poco después, ya en Roma, el Papa retomó la idea:
“Veo con claridad que lo que la Iglesia necesita con mayor urgencia hoy es la capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones de los fieles, la cercanía, la proximidad. Veo a la Iglesia como un hospital de campaña tras una batalla. ¡Es inútil preguntarle a un herido grave si tiene altos el colesterol o el azúcar! Hay que curarle las heridas. Después podemos hablar de todo el resto. Curar las heridas, curar las heridas… empezando desde abajo” (2).
En nuestras recientes Orientaciones Pastorales, los Obispos del Uruguay hemos recogido esta visión del Papa Francisco y hemos asumido, entre otros, un desafío para toda la Iglesia: “buscar y recibir a la gente herida”. “Fuera y dentro de la Iglesia encontramos personas heridas, desanimadas, desmotivadas, desencantadas…”. Jesús nos llama a “ir al encuentro de las personas que están en «las periferias existenciales: las del misterio del pecado, las del dolor, las de la injusticia, las de la ignorancia y prescindencia religiosa, las del pensamiento, las de toda miseria»”.
Si pensamos en personas que van por la vida sangrando de sus heridas, no podemos menos que recordar la parábola del Buen Samaritano: el herido del camino, los que pasan de largo, el samaritano que se detiene y comienza por curarlo con lo que tiene a mano: el vino que limpia las heridas, el aceite que alivia el dolor.
Ya los primeros cristianos veían en el Buen Samaritano a Cristo mismo que baja de lo alto para sanar y levantar a la humanidad herida por todas sus miserias.
Muchos de nosotros, todos nosotros, de una u otra forma, somos también heridos del camino. Y a un hermano nuestro, el P. Gabriel, le ha tocado ser herido por alguien a quien prestó ayuda. Pero a veces no hay mejor sanador que el sanador herido. Del corazón herido, del corazón traspasado de Jesús brotan el agua y la sangre del Bautismo y de la Eucaristía que dan vida a la Iglesia. Detrás del compromiso y de la entrega generosa de muchos fieles cristianos, de muchos de ustedes, hay una experiencia de dolor, de pérdida, en la que, sin embargo, no se quedaron encerrados, sino que les ensanchó el corazón y la capacidad de amar.
En esta Misa en la que recordamos la institución del sacerdocio, en la que los presbíteros y los diáconos permanentes renuevan sus respectivas promesas de ordenación y en la que son bendecidos los óleos de los catecúmenos y de la Unción de los Enfermos y es consagrado el Santo Crisma, es bueno que recordemos que hay dos sacramentos que son llamados “sacramentos de curación” o “sacramentos de sanación”: el sacramento de la Penitencia y de la Reconciliación y el sacramento de la Unción de los Enfermos.
Son sacramentos de curación, porque en ellos actúa Jesús como médico de nuestras almas y nuestros cuerpos. Jesús, que perdonó los pecados al paralítico y le devolvió la salud del cuerpo (3). En estos sacramentos el Señor continúa su obra de curación y de salvación, con la fuerza del Espíritu Santo y por medio de la Iglesia (4).
¿Por qué decimos que el sacramento de la Penitencia y la Reconciliación es un sacramento de sanación? El Papa Francisco lo explicaba hace muy poco (5), con palabras que podría decir cualquiera que se haya confesado:
“Cuando yo voy a confesarme, es para sanarme: sanarme el alma, sanarme el corazón por algo que hice que no está bien. (…) el perdón de nuestros pecados no es algo que podemos darnos nosotros mismos: yo no puedo decir: ‘Yo me perdono los pecados’; el perdón se pide, se pide a otro, y en la Confesión pedimos perdón a Jesús. (…) sólo si nos dejamos reconciliar en el Señor Jesús con el Padre y con los hermanos podemos estar verdaderamente en paz. Y esto lo hemos sentido todos, en el corazón, cuando vamos a confesarnos, con un peso en el alma, un poco de tristeza. Y cuando sentimos el perdón de Jesús ¡estamos en paz! Con aquella paz del alma tan bella, que sólo Jesús puede dar, ¡sólo Él!”.
Y sigue diciendo Francisco:
“En la celebración de este Sacramento, el sacerdote no representa solamente a Dios, sino a toda la comunidad, que se reconoce en la fragilidad de cada uno de sus miembros, que escucha conmovida su arrepentimiento, que se reconcilia con Él, que lo alienta y lo acompaña en el camino de conversión y de maduración humana y cristiana.”
Durante este tiempo de Cuaresma, en nuestras parroquias, en la peregrinación a la Cruz del Cerro Largo, muchos hemos podido celebrar el Sacramento de la Reconciliación… y si no lo hemos hecho, todavía hay otros momentos que podremos aprovechar. “¡Cada vez que nos confesamos, Dios nos abraza, Dios hace fiesta!”, dice Francisco. Dejémonos abrazar por el Padre Dios.
Pero vamos ahora al otro Sacramento al que nos queríamos referir hoy. La Unción de los Enfermos, en otro tiempo llamada la Extremaunción, porque se lo entendía como un consuelo espiritual ante la cercanía de la muerte. Hoy, el nombre de Unción de los Enfermos nos ayuda a ver mejor su relación con la enfermedad y el sufrimiento bajo la misericordia de Dios.
También a este sacramento se refirió recientemente el Papa Francisco en una de sus catequesis (6):
“Hay una imagen bíblica que expresa en toda su profundidad el misterio que trasluce en la Unción de los enfermos: es la parábola del «buen samaritano», en el Evangelio de Lucas (10, 30-35). Cada vez que celebramos ese sacramento, el Señor Jesús, en la persona del sacerdote, se hace cercano a quien sufre y está gravemente enfermo, o es anciano. Dice la parábola que el buen samaritano se hace cargo del hombre que sufre, derramando sobre sus heridas aceite y vino. El aceite nos hace pensar en el que bendice el obispo cada año, en la misa crismal del Jueves Santo, precisamente en vista de la Unción de los enfermos. El vino, en cambio, es signo del amor y de la gracia de Cristo que brotan del don de su vida por nosotros y se expresan en toda su riqueza en la vida sacramental de la Iglesia. Por último, se confía a la persona que sufre a un hotelero, a fin de que pueda seguir cuidando de ella, sin preocuparse por los gastos. Bien, ¿quién es este hotelero? Es la Iglesia, la comunidad cristiana, somos nosotros, a quienes el Señor Jesús, cada día, confía a quienes tienen aflicciones, en el cuerpo y en el espíritu, para que podamos seguir derramando sobre ellos, sin medida, toda su misericordia y la salvación.”
Hasta ahí las palabras del Papa Francisco. Quiero terminar con un testimonio. En Uruguay tuvimos un sacerdote que, allá por los años 70, se fue a vivir entre los pobres: el Padre Cacho. Ruben Isidro Alonso se llamaba, pero fue conocido así: “el Padre Cacho”. Vivió por los cantegriles de Bulevar Aparicio Saravia, en Montevideo, en una casilla de lata, igual a la de sus vecinos. Allí hizo presente el amor de Jesús por los más pobres y allí hay hoy un barrio de viviendas que reemplazaron aquellos ranchitos de lata. Cacho murió de cáncer el 4 de setiembre de 1992.
Ya en la etapa terminal de su enfermedad, recibió en el Hogar Sacerdotal la visita de una vecina del barrio, con la que había trabajado mucho. Viendo que la vida de él se estaba apagando, ella le preguntó, con mucho cariño: “¿Cómo estás, Cacho?”. Y el P. Cacho, que había aprendido a vivir en el espíritu de las bienaventuranzas le respondió: “estoy curado”. Pocos días después murió, pero él sabía bien lo que decía. Estaba curado. Había sido sanado de todas sus heridas. Podía entrar a la Casa del Padre.
Le damos gracias al Señor porque sigue dispuesto a curarnos, a sanarnos, a perdonarnos. Le damos gracias porque nos llama a todos a ser testigos y portadores de su misericordia  y le pedimos poder siempre celebrar sus Sacramentos confiados en que allí, Él se hace presente con todo su amor. Así sea.
1. Discurso al Comité de Coordinación del CELAM, Río de Janeiro, 28 de julio de 2013.
2. Entrevista en La Civiltà Cattolica, Nº 3918, 19 de setiembre de 2013.
3. Cf. Mc 2,1-12.
4. Cf. CIC 1421.
5. Catequesis del miércoles 19 de febrero de 2014.
6. Catequesis del miércoles 26 de febrero de 2014.

sábado, 12 de abril de 2014

Semana Santa: celebraciones presididas por Mons. Heriberto


Sábado 12 de abril, celebraciones correspondientes al Domingo de Ramos
  • 16 hs. Capilla San Miguel, Valentines
  • 19 hs. Parroquia Sagrado Corazón de Jesús, Cerro Chato
Domingo 13 de abril, Domingo de Ramos
  • 9:30 hs. Capilla Santa Cruz, Melo: bendición de Ramos y procesión hasta el templo de Santo Domingo Savio. Allí, Misa de Ramos.
  • 17 hs. Parroquia Santìsimo Sacramento, Vergara
Lunes 14 de abril
  • 18 hs. Parroquia Santo Domingo Savio, Melo. Misa y celebración penitencial
Martes 15 de abril
  • 17 hs. Capilla San Juan Bautista, Barrio Feder, Melo. Misa.
Miércoles 16 de abril
  • 18:30 Misa Crismal, Catedral de Melo
Jueves 17 de abril, Jueves Santo
  • 19 hs. Parroquia Santo Domingo Savio, Melo. Misa de la cena del Señor.
  • Al finalizar la Misa: Hora Santa
Viernes 18 de abril, Viernes Santo
  • 17 hs. Capilla Santa Cruz, Melo, Celebración de la muerte del Señor.
  • 19 hs, Vía Crucis interparroquial. Sale de la Parroquia Ntra. Sra. del Carmen y finaliza en Catedral.
Sábado 19 de abril, Sábado Santo
  • 20 hs. Parroquia Santo Domingo Savio, Melo. Vigilia Pascual
Domingo 20 de abril, Pascua de Resurrección
  • 10 hs. Parroquia Santo Domingo Savio, Melo. Misa.
  • 19:30 Parroquia San José Obrero, Treinta y Tres, Misa.

domingo, 6 de abril de 2014

¡La cruz se ha vuelto luz! ¡Qué hermosura!


¡Solo aceptando y cargando las cruces de la vida llegamos a la luz de la resurrección!
Con Richard Espel habíamos hablado un día, por correo electrónico, del proyecto “Iluminación de la Cruz del Cerro Largo”
No creía que se iba a hacer realidad tan pronto… ¡Le doy Gracias a Dios!
Dios va a bendecir abundantemente el departamento de Cerro Largo desde lo alto del mismo Cerro donde la Cruz de Cristo se ha revestido del “Sol” del resucitado que, hasta en las noches de la vida, regala su luz a quienes desean recibirla.
El símbolo del departamento que representa el Cerro dominado por el sol ahora asume un significado más profundo: la luz del sol que alumbra de día es la misma que se almacena para alumbrar también la noche. Esta imagen vale para lo material, pero, sobre todo, para lo que se refiere a la experiencia espiritual.
El diario “El País”, que me leí desde aquí, decía que este es “un lugar que parece sagrado”. ¡No parece, sino que es sagrado! Es un lugar de peregrinaciones, de contemplación y de oración.
Desde aquel día que, en clima de oración, Biblia en las manos, sentado en la cumbre del Cerro, mirando hacia Arbolito, empecé a soñar la CRUZ, no dejé de visitarla espiritualmente y desde allí pedirle a Dios la más abundante bendición por aquella tierra y población que ha puesto hondas raíces en mi corazón de “cura”.
El Papa Juan Pablo II motivó la construcción de la Cruz en el Cerro ¡Ahora en Roma está latiendo, en el Papa Francisco, un corazón latinoamericano! ¡Qué bueno!
Y mis padres, obreros los dos, que ofrecieron lo que se gastó para levantar la Cruz, gozarán al ver desde el cielo los frutos espirituales de su sacrificio.
Recordando a Mons. Roberto que me estimuló a realizar el proyecto; a Mons. Heriberto que está acompañando estas nuevas etapas; a los viejos constructores y a los nuevos restauradores; a Richard Espel; al intendente Botana que asumió esta maravillosa iniciativa y a todo el pueblo…. a todos les doy GRACIAS. ¡Y que Dios los Bendiga a todos!
Aunque lejos, estoy con ustedes, espiritualmente muy presente.
¡Hasta el próximo mes de Agosto, si Dios Quiere!
Padre Javier Mori
San Giovanni di Polaveno, Provincia de Brescia, 6 de abril de 2014

martes, 1 de abril de 2014

Hace 26 años se levantó la Cruz del Cerro Largo




26 de marzo de 1988, revista COMUNIÓN

Una obra admirable realizada en tiempo récord.


La Cruz del Cerro Largo

Este 17 de marzo de 1988, desde tempranas horas, los tractores repechaban las laderas del Cerro Largo, llevando los sectores de la Cruz que, al mediodía ya lucía hermosa en la cumbre, con sus brazos abiertos, bendiciendo a nuestro Departamento y al cercano Departamento de Treinta y Tres.
Eran 25 hombres que gustosos colaboraron: Albín Silva y su equipo prepararon las estructuras, acamparon 10 días en el Cerro, Delbair Bittencourt y equipo; Canal 8 filmó el levantamiento de la Cruz; Familia Viñoles, donantes del terreno en memoria de Gilberto y Walter Viñoles; Roberto Segrero se responsabilizó del acarreo de materiales. Y demás voluntarios. Roberto Segrero quedó encargado de coordinar una Comisión de mantenimiento, que surgió espontánea durante el asado del mediodía. Ya se piensa iluminarla.

Lo que se logró en diez días


  • La Cruz en hierro soldado con chapas galvanizadas al frente y afirmada con cables, de 13 m de altura, 6 m brazos y 90 x 50 cm de cuerpo.
  • La imagen de la Virgen del Pilar sobre una base de piedras
  • Un amplio altar sobre una del lugar con el grabado “Melo – Juan Pablo II – 8.5.88”
  • Mástiles para banderas
  • 14 cruces de madera distribuidas a lo largo del camino para el “Vía Crucis”
  • Carteles con las “Bienaventuranzas” rodeando el lugar de recogimiento.

El conjunto luce bonito sin desentonar con el ambiente natural.
Gracias a la colaboración conjunta de Vialidad e Intendencia se pudo maquinar el camino de acceso casi hasta la cumbre.

Jornada inolvidable

Fue la de ese 20 de marzo. Gracias al ambiente de entusiasmo que se creó con la noticia, ese día se realizó la “Caminata penitencial” con gran participación popular. Entre ómnibus y camiones fueron 12 vehículos, además de muchos transportes particulares y los peregrinos a pie y a caballo desde Arbolito, Guazunambí, Bañado de Morales, etc.

Vía Crucis

A la mañana y a la tarde, subiendo el camino del Cerro: devotos y numerosos. Los de la mañana pasaron en convivencia al mediodía, atendidos por los Pioneros Scouts que acamparon desde el día anterior.

Santa Misa

A las 16:30 presidida por el Obispo y concelebrada. Las fotos y tomas del Canal 12 TV conservarán para el recuerdo esta celebración en el atardecer del Cerro, con un mundo de gente cubriendo la explanada, participando devotamente del sacrificio eucarístico.

Santuario

Al aire libre es ahora. Recuerda no solo la visita papal, sino por su ubicación frente a los campos de antiguas batallas en Arbolito, recuerda también a los caídos en luchas entre hermanos, de ayer y de hoy, para que el amor y la unidad nacional triunfen sobre el odio y la violencia.
A todos, y muy en especial al Padre Javier: ¡Felicitaciones!

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9 de junio de 1988, Revista COMUNIÓN

Pasó el amigo

Bendición al Cerro Largo

Luego de una emotiva despedida, emprendió el regreso a Montevideo pasando sobre el Guazunambí. Al comienzo, las nubes impidieron que el Santo Padre, ubicado sobre el lado izquierdo del avión, pudiera divisar la Cruz, que iba dispuesto a localizar y bendecir. Sin embargo, pasando ya sobre el Guazunambí se disiparon las nubes y pudo localizar el Cerro Largo en sus últimas estribaciones y bendecirlo junto a su Cruz.

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4 de marzo de 1989, Revista COMUNIÓN

Peregrinación a la Cruz del Cerro Largo [invitación]

El próximo domingo 12 de marzo, en horas de la tarde, en el marco de la Cuaresma y en las puertas de una nueva Semana Santa, se llevará a cabo la Peregrinación a la Cruz del Cerro Largo. A partir de las 15 horas y desde el camino que sale frente a la Escuela de Arbolito, partirá el Vía Crucis que, ascendiendo el Carro Largo, nos llevará al pie de la Cruz donde, culminando el acto, tendrá lugar la concelebración que presidirá el Obispo.
Se espera repetir la inolvidable jornada inaugural del año pasado, en que tantos fieles, ya desde la mañana, se dieron cita en la cumbre del Cerro Largo, luego de espontáneos Vía Crucis. Será esta una espléndida forma de prepararnos a vivir una fervorosa Semana Santa y como el sol, cada mañana, antes de iluminar la Patria se apoya en el Cerro Largo y besa la Cruz, también nosotros pediremos por la felicidad de nuestro querido suelo, en vísperas de acontecimientos tan decisivos como son los comicios que tenemos en puertas.
No nos olvidaremos, por supuesto, de rezar por que fue alma mater de esta Cruz, el P. Javier. Él también, a la distancia, reza por nosotros, como lo asegura en cada carta que escribe.
La Comisión pro conservación de la Cruz y embellecimiento del Parque se ha tomado muy a pecho este cometido, mereciendo por ello el mejor de los plácemes.
La concentración está prevista para las tres de la tarde. Luego se iniciará el camino penitencial.

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18 de marzo de 1989, revista COMUNIÓN

Peregrinación a la Cruz del Cerro Largo [crónica]

El pueblo tiene un particular “olfato” y en esto de la “religiosidad popular” nadie lo aventaja. El pasado domingo, quinto de Cuaresma, se congregó este Pueblo en el camino que, desde la ruta 8, frente a la Escuela de Arbolito, lleva a la Cruz que corona la cima del Cerro Largo.
A las tres y media de la tarde comenzó la caminata penitencial, rezando el Vía Crucis a lo largo del camino. La tarde “acompañó” aunque lamentamos haya sido a despecho de la lluvia que todos ansiamos. Como el camino, ancho y transitable porque falta agua. Se vieron “caras nuevas” (volvemos a lo del “olfato” de la gente) hombres y mujeres, ancianos (¡parece mentira! muchos octogenarios), niños y jóvenes padres y madres con chicos en brazos, una señora con una pierna ortopédica. Nos quedamos asombrados ante la fe, hecha sacrificio, de nuestro Pueblo. Muchos habían subido por la mañana y vuelto a bajar para sumarse a la columna multicolor y larga, muy larga, que subía y bajaba hasta llegar a la cumbre.
Fue ostensible la presencia de los “locatarios”, la gente de Arbolito, orgullosa de ser anfitriones en esta circunstancia. También hubo representación de Treinta y Tres, con las Hermanas Dominicas de Albí. Lindo sería que esta “caminata penitencial” en las puertas de la Semana Santa, vaya poco a poco adquiriendo ribetes de diocesana, simbolizando la voluntad de que la Cruz de Cristo, como Él lo profetizó, atraiga cada vez más, a todos, sin distinción.
Al llegar al pie de la Cruz se concelebró la Eucaristía que presidió el obispo en una ambientación de “Tabor” o “Sermón de la montaña”. Luego, los grupos que se congregan y disfrutando del aire fresco y puro, de la pradera y de la imponente visión de la Cruz que, para tranquilidad del P. Javier, los responsables la cuidan y conservan, aspirando, si acaso, a mejorarla con el tiempo. Entre paréntesis: se rogó especialmente para que Dios dé abundante lluvia, y también, por “el alma” de esta Cruz, el P. Javier, en un acto de estricta justicia.

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viernes, 28 de marzo de 2014

Asamblea de la CEU - Comunicado de Prensa


La Conferencia Episcopal del Uruguay se reunió esta semana en la Casa Buen Pastor, de Florida, en su primera asamblea de este año.

Los Obispos iniciaron su encuentro con un retiro predicado por el P. Francisco Arrondo SJ sobre la exhortación La alegría del Evangelio del Papa Francisco. Compartieron luego algunas de sus alegrías y preocupaciones pastorales. Se dio también lectura a un mensaje dejado por el Sr. Nuncio Apostólico, quien no se encuentra en este momento en el país.

Se dedicó una jornada al encuentro con los Vicarios Pastorales de las Diócesis y los Secretarios Ejecutivos de los organismos de la CEU, para programar las actividades de este año en el marco de las nuevas Orientaciones Pastorales 2014-2019. Las Orientaciones recogen los desafíos señalados por el Papa Francisco a los Obispos latinoamericanos: la conversión pastoral de la Iglesia hacia la misión y el diálogo con el mundo. Las Orientaciones señalan como prioridades transversales para todo el quehacer pastoral de la Iglesia la familia y la educación.

El Departamento de Laicos está preparando el 33er. Encuentro nacional de Laicos, con el tema “El laico en misión: salir a la periferia” que se realizará el sábado 17 de mayo en Montevideo.
Cáritas Uruguay presentó su programa para este año, en el marco de la campaña mundial “Una sola familia humana, alimentos para todos” y otras actividades: pastoral de prevención y rehabilitación de adicciones, pastoral de la infancia y “Escuelas de convivencia sin violencia”.
Otros de los temas tratados por los Obispos fueron las Comunidades Eclesiales de Base, el Diaconado Permanente, acompañamiento pastoral a los Sacerdotes en las diferentes etapas de su vida.
El Departamento de Educación Católica presentó los nuevos textos para formación religiosa en los centros católicos de enseñanza. Los mismos, de la editorial SM, han sido elaborados especialmente para Uruguay. Su título: “Hablemos de Dios. Enseñanza religiosa escolar”.
Se inició la elaboración de un documento sobre la cremación y disposición de restos mortales que se dará a conocer más adelante.

Los Obispos recibieron a miembros del Movimiento pro-plebiscito nacional Uruguay libre de minería metalífera a cielo abierto (Uruguay Libre).

La Diócesis de Minas anuncia que el Santuario de la Virgen del Verdún se prepara para recibir el próximo 19 a los peregrinos que acudan, inaugurando las mejoras que se han realizado en la cumbre del cerro, en torno al templete de la Virgen. El programa tendrá características diferentes a las habituales por coincidir con el Sábado Santo.

La asamblea aprobó un mensaje que ofrece algunos elementos de reflexión con relación al tiempo electoral en que el país se encuentra.

Finalmente, los Obispos comunican su alegría por la canonización de los Papas Juan XXIII y Juan Pablo II que tendrá lugar en Roma el domingo 27 de abril. Está vivo el recuerdo de las dos visitas de Juan Pablo II al Uruguay; Juan XXIII, el Papa que convocó el Concilio Vaticano II, creó las Diócesis de Minas, Tacuarembó, Mercedes (1960), Canelones (1961) y proclamó a la Virgen de los Treinta y Tres como patrona del Uruguay (1962). Una peregrinación a Roma con ese motivo es organizada por la Arquidiócesis de Montevideo y será encabezada por Mons. Milton Tróccoli, Obispo auxiliar de Montevideo.

Florida, 28 de marzo de 2014

miércoles, 26 de marzo de 2014

Reunión del Secretariado de la CEU. Homilía de Mons. Heriberto



En el día de hoy, la asamblea de los Obispos, reunida en la Casa Buen Pastor, en Florida, recibió a los Vicarios Pastorales de las Diócesis y a los Secretarios Ejecutivos de los Departamentos y Comisiones de la CEU. En la jornada Mons. Heriberto Bodeant, Coordinador Pastoral de la CEU presentó las nuevas Orientaciones Pastorales 2014-2019 y los Obispos y colaboradores trabajaron en la programación de las actividades para este año en el marco de las mismas. Mons. Heriberto presidió a mediodía la Eucaristía, y ésta fue su homilía.

Homilía


“Presta atención y ten cuidado, para no olvidar las cosas que has visto con tus propios ojos, ni dejar que se aparten de tu corazón un solo instante. Enséñalas a tus hijos y a tus nietos.”

Así termina la primera lectura que hemos escuchado, tomada del libro del Deuteronomio (4,1.5-9).  Es el discurso de despedida de Moisés al Pueblo de Dios. El Pueblo entrará en la Tierra Prometida. En cambio, Moisés no cruzará el Jordán, aunque Dios le concede contemplar la Tierra hacia la cual se dirigirá el pueblo.

Las palabras de Moisés hablan de preceptos y leyes; es la ley que surge de la Alianza, del pacto de Dios con su Pueblo. Pero en su discurso van apareciendo otros elementos: un Dios cercano; “nuestro Dios está cerca de nosotros siempre que lo invocamos”, dice Moisés. Y al final de nuestro pasaje, estas palabras que aluden a la experiencia que ha vivido el Pueblo de Dios en el desierto, invitándolos a atesorar la memoria de ese tiempo de Gracia. El discurso continúa, recordando algunos de los momentos de esa experiencia de encuentro con Dios en el Horeb: “El Señor les habló desde el fuego, y ustedes escuchaban el sonido de sus palabras, pero no percibían ninguna figura: sólo se oía la voz” (4,12).

El Pueblo no está solo llamado a guardar ese recuerdo en el corazón, sino también a transmitirlo. Enseña estas cosas a tus hijos y a tus nietos.

Nuestro camino para llegar a estas Orientaciones no fue de 40 años, ni siquiera de 40 meses. Tampoco hemos llegado a un conjunto de normas y leyes como para que se diga “¿Y qué gran nación [o qué otra conferencia episcopal] tiene preceptos y costumbres tan justas como esta Ley que hoy promulgo [o promulgamos]?

Sin embargo, Moisés señala a sus oyentes que “serán sabios y prudentes a los ojos de los pueblos” si realmente observan y ponen en práctica esos preceptos.

Y de aquí podemos sacar tres puntos que pueden animarnos a nosotros en el camino de este quinquenio.
- La entrada en un tiempo nuevo
- La memoria de lo vivido
- Unas Orientaciones para llevar a la práctica

La entrada en un tiempo nuevo. No estamos entrando en una tierra, sino en un tiempo, pero el Papa Francisco nos dice que “el tiempo es superior al espacio”, porque el tiempo es el horizonte que nos abre hacia la plenitud, que nos abre “al futuro como causa final que atrae”. Y nos dice también que “este principio permite trabajar a largo plazo, sin obsesionarse por resultados inmediatos. Ayuda a soportar con paciencia situaciones difíciles y adversas, o los cambios de planes que impone el dinamismo de la realidad. (…) Darle prioridad al tiempo es ocuparse de iniciar procesos más que de poseer espacios. (…) Generar procesos que construyan pueblo (…) Este criterio también es muy propio de la evangelización, que requiere tener presente el horizonte, asumir los procesos posibles y el camino largo” (EG 222-225). ¡Entremos con alegría y esperanza en este tiempo nuevo!

La memoria de lo vivido. Estas Orientaciones son resultado de un camino de más o menos un año, desde noviembre de 2012, con algún trabajo previo, a noviembre de 2013, cuando la asamblea de la CEU las aprobó. A lo largo de este camino nos fuimos encontrando -en distintas formas y momentos- secretarios ejecutivos, delegados de CONFRU, vicarías pastorales y obispos, compartiendo momentos de oración, de lectura orante y de mucho trabajo. Es verdad, no nos planteamos una forma de mayor participación del Pueblo de Dios, más allá de lo que cada diócesis haya podido hacer por su lado en sus reuniones de clero o sus diferentes instancias diocesanas; pero creo que hemos recorrido un buen camino entre quienes hemos sido llamados a diferentes responsabilidades de servicio y animación pastoral, como obispos o como colaboradores muy cercanos de los pastores. ¡No dejemos que se aparten de nuestros corazones los muchos momentos de comunión, de sentir al Señor “cerca de nosotros siempre que lo invocamos”, porque ese espíritu de unidad en Él es lo único que puede darnos las fuerzas necesarias para seguir adelante!

Es que necesitamos todas las fuerzas, porque se trata de, tercero: Unas Orientaciones para llevar a la práctica. En la introducción que hemos firmado todos los Obispos, decimos que las Orientaciones “no se identifican con un Plan Nacional de Pastoral, ni tratan de serlo”. Así, “Más que un programa de acciones o actividades, las orientaciones pastorales presentan actitudes, criterios, modalidades, para que toda la vida de la Iglesia, sus mismas acciones cotidianas, se realicen empapadas del espíritu misionero: «poner en clave misionera la actividad habitual de las Iglesias particulares» como decía Francisco a los Obispos del CELAM en Río. Pero sabemos que los criterios pueden ser muy bonitos, pero de nada sirven si no los ponemos en práctica. Y eso es lo que estamos intentando implementar hoy: ver cómo convertir estas “orientaciones” en programas, en acciones, en los diferentes departamentos de la CEU; y cómo impregnar de ellas la vida pastoral de nuestras iglesias locales, respetando el camino que es propio a cada diócesis. ¡Dejémonos empapar por el Agua Viva, de modo que se convierta en cada uno de nosotros en manantial que brote hasta la Vida eterna!

María, Virgen de los Treinta y Tres, guardiana de la memoria y madre de nuestro pueblo, nos ayude a imitar su actitud de primera evangelizada y primera evangelizadora, de primera discípula misionera, para que, con su ayuda, hagamos resplandecer la maternalidad de la Iglesia, “con la vivencia y testimonio de la misericordia, buscando la forma de atender a los heridos del camino, promoviendo la pastoral de la escucha, repensando los lenguajes para el diálogo”. Así sea.

domingo, 16 de marzo de 2014

"Alegres caminamos con Cristo" - Mensaje para la Cuaresma 2014


“Alegres caminamos con Cristo”
Mensaje para la Cuaresma 2014


¡Peregrinemos juntos a la Cruz del Cerro Largo!


Como es tradición en nuestra Diócesis, el V Domingo de Cuaresma, este año el 6 de abril, peregrinamos a la Cruz del Cerro Largo.

La peregrinación de este año tiene un carácter especial, ya que será nuestro único gran encuentro diocesano. Estamos en un año electoral, en el que todos los ciudadanos deberemos tomar nuestra decisión a conciencia y depositar nuestros votos procurando el Bien común. El penúltimo domingo de octubre, donde hubiera sido nuestra fiesta diocesana, será un día de cierre de campañas electorales. Un momento poco oportuno para que todos nos desplacemos para nuestra fiesta.

El domingo 12 de octubre, en cambio, celebraremos en Melo un envío de la imagen de Nuestra Señora del Pilar que saldrá durante el año a visitar la Diócesis, como lo hizo la Cruz del Año de la Fe. En ese día también, en todas nuestras celebraciones, los Obispos del Uruguay convocamos a rezar especialmente por la Patria, frente a las decisiones que todos los ciudadanos tenemos que tomar.

Por todo esto, les invito muy especialmente a participar en nuestra Peregrinación Cuaresmal de este año a la Cruz del Cerro Largo.

Lo hacemos con el lema “Alegres, caminamos con Cristo”, haciéndonos eco de las palabras del Papa Francisco en el comienzo de su exhortación Evangelii Gaudium, La alegría del Evangelio: “Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría”.

En nuestra vida cotidiana, todos experimentamos dolores, problemas, sucesos desafortunados, contratiempos… pero la fe hace posible que no quedemos encerrados en el sufrimiento. En él nos unimos a Jesús crucificado. Nos unimos a Jesús que experimenta la soledad en el dolor, hasta gritar “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”

Pero en esa unión con el Señor sufriente, participamos también de su obra redentora, como testimonia San Pablo: “completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia”.

Porque recibiendo el dolor bajo esta luz, amando al Señor crucificado en cada hermano sufriente o abandonado, o en nosotros mismos que somos pecadores, encontramos una profunda alegría que brota del corazón.

En el crucificado está, misteriosamente, la llave de la alegría. Por su entrega libre, fruto de su Amor Mayor, dar la vida por los amigos, Jesús vence al pecado, al demonio, a la muerte y a todas las fuerzas destructoras y opresoras. Resucitando abre para todos las puertas de la Vida. Su cruz es el lugar de encuentro entre nuestra miseria y su obra redentora, su gloria, su luz, su resurrección.

Por eso, “alegres, caminamos con Cristo” hacia la Cruz, hacia el signo de su Amor. No es un camino de un solo día: es el camino de toda nuestra vida; pero el domingo 6 de abril, al encontrarnos, al caminar juntos, sentiremos, una vez más, que “quien cree nunca está solo”, que nos acompañamos, que nos ayudamos “a llevar las cargas, unos a otros” (Gálatas 6,2).

Tu Padre te busca.
¿Buscas tú a tu Padre?


El tiempo de Cuaresma es un tiempo de Gracia, en que el Amor de Dios sale a buscarnos, sale a nuestro encuentro…

Como el padre misericordioso de la conocida parábola (Lucas 15,1-32), Dios Padre sale al camino, escudriñando en la distancia, buscando a cada uno de sus hijos e hijas que vuelve a la Casa. Y vuelve a salir para invitar al que se ha quedado a la puerta y no ha querido entrar, porque le molesta la fiesta con motivo del regreso del pecador a la comunidad. “La Iglesia está llamada a ser siempre la casa abierta del Padre”, nos dice el Papa Francisco (EG 47).

Tu Padre te busca. ¿Buscas tú a tu Padre? Búscalo en la oración, en la escucha de la Palabra, en la celebración de la Misa con tu comunidad, en el Sacramento de la Reconciliación, en el encuentro con los hermanos, en el rostro del pobre…

“No apartes el rostro de ningún pobre y Dios no lo apartará de ti”


Ese es el consejo del anciano Tobit a su hijo Tobías (Libro de Tobías 4,7), animándolo a ser generoso con sus bienes ante el hermano necesitado.

El Papa Francisco en su Mensaje de Cuaresma para este año, nos recuerda que “A imitación de nuestro Maestro, los cristianos estamos llamados a mirar las miserias de los hermanos, a tocarlas, a hacernos cargo de ellas y a realizar obras concretas a fin de aliviarlas” y luego nos señala tres tipos de miseria: material, moral y espiritual.

“La miseria material es la que habitualmente llamamos pobreza y toca a cuantos viven en una condición que no es digna de la persona humana: privados de sus derechos fundamentales y de los bienes de primera necesidad como la comida, el agua, las condiciones higiénicas, el trabajo, la posibilidad de desarrollo y de crecimiento cultural. Frente a esta miseria la Iglesia ofrece su servicio, su diakonia, para responder a las necesidades y curar estas heridas que desfiguran el rostro de la humanidad. En los pobres y en los últimos vemos el rostro de Cristo; amando y ayudando a los pobres amamos y servimos a Cristo.”

“No es menos preocupante la miseria moral, que consiste en convertirse en es-clavos del vicio y del pecado. ¡Cuántas familias viven angustiadas porque alguno de sus miembros —a menudo joven— tiene dependencia del alcohol, las drogas, el juego o la pornografía! ¡Cuántas personas han perdido el sentido de la vida, están privadas de perspectivas para el futuro y han perdido la esperanza! Y cuántas personas se ven obligadas a vivir esta miseria por condiciones sociales injustas, por falta de un trabajo, lo cual les priva de la dignidad que da llevar el pan a casa, por falta de igualdad respecto de los derechos a la educación y la salud.”

“Esta forma de miseria, que también es causa de ruina económica, siempre va unida a la miseria espiritual, que nos golpea cuando nos alejamos de Dios y rechazamos su amor.”

“El Evangelio es el verdadero antídoto contra la miseria espiritual: en cada ambiente el cristiano está llamado a llevar el anuncio liberador de que existe el perdón del mal cometido, que Dios es más grande que nuestro pecado y nos ama gratuitamente, siempre, y que estamos hechos para la comunión y para la vida eterna.”

Limosna, oración y ayuno:
tres pilares para nuestra Cuaresma


El Mensaje del Papa Francisco nos asegura que “nos hará bien preguntarnos de qué podemos privarnos a fin de ayudar y enriquecer a otros con nuestra pobreza”.

De este modo nos acerca a los tres pilares que Jesús nos propone para vivir este tiempo: la limosna, la oración y el ayuno (Mateo 6,24-34).

En nuestro tiempo, a menudo esas tres palabras aparecen vaciadas de su sentido profundo. La limosna aparece reducida a la moneda que se entrega a quien mendiga; la oración, a la repetición mecánica de una fórmula; el ayuno, a algo que podría venir bien para mejorar la figura… Sin embargo, para nosotros son palabras del mismo Jesús, el Señor. Y sólo es en relación a él que esas tres acciones pueden recuperar su sentido más profundo y constituirse en tres verdaderos pilares para nuestra Cuaresma.

Limosna. La palabra castellana “limosna” viene del griego eleemosyne, que en la traducción griega del Antiguo Testamento se usa para expresar tanto la misericordia de Dios como la misericordia del hombre hacia sus semejantes. Ese origen de la palabra importa, porque nos ayuda, antes de que lleguemos a dar un poco, a descubrir que ya hemos recibido mucho. Y lo que hemos recibido es nada menos que la misericordia de Dios, es decir, su amor entrañable, su amor que nos dice: “¿Se olvida una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque ella se olvide, yo no te olvidaré!” (Isaías 49,14-15).

Ese amor entrañable de Dios lo lleva a darnos a su propio hijo, el cual se hace uno de nosotros despojándose, empobreciéndose: “Pues ustedes conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por ustedes para enriquecerlos con su pobreza” (2 Corintios 8, 9). La misericordia con el hermano sólo es auténtica si se traduce en actos, entre los cuales tiene un puesto importante la ayuda material a los que se hallan en necesidad.

Oración. La oración puede tener muchísimas formas. El mismo Jesús nos dijo “Ustedes, pues, oren así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre…” (Mateo 6,9) dándonos un modelo de oración. Aquí volvemos a la pregunta que nos hacíamos al principio: “¿Buscas tú a tu Padre?”. Porque la oración es un camino privilegiado para buscarlo, siempre que nos pongamos en la actitud adecuada: es levantar el corazón a Dios, ponernos en sintonía con la voluntad del Padre. Esa es la oración de Jesús: su comunicación con el Padre. El Padrenuestro no es una fórmula que alcanza con repetir para que ya sea oración. Se hace oración cuando lo decimos con el corazón puesto en el Padre, en su voluntad, en su Plan de salvación. Y levantando el corazón al Padre, más fácilmente podremos abrir el corazón al hermano.

Ayuno. A muchos les cuesta ver hoy el sentido del ayuno. Con esta práctica, la Iglesia nos propone un gesto a la vez personal y comunitario. Personal, porque necesariamente lo tiene que hacer cada uno de nosotros. Comunitario, porque nos unimos a todos los hermanos en la fe, en todo el mundo, en ese gesto común. La Iglesia nos señala un mínimo a realizar en determinados días: en el Miércoles de Ceniza y en el Viernes Santo, reducir la cantidad de alimentos, suprimiendo una de las comidas principales; en esos días y en los viernes de cuaresma, absteniéndonos del consumo de carnes rojas. Cada uno puede ver si quiere hacer algo más.

Pero volvamos al sentido del ayuno. Los humanos no somos seres únicamente espirituales: somos alma y cuerpo, y por eso no podemos imaginar una religión puramente espiritual. El alma, el “corazón” que quiere levantarse hacia Dios, tiene necesidad de los actos y de las actitudes del cuerpo. El ayuno, acompañado de la oración suplicante, sirve para presentarnos en humildad ante Dios. El que ayuna con ese sentido se vuelve hacia el Señor confiándose a su misericordia.

En nuestra sociedad de consumo, que nos hace pensar que la vida es una carrera para llenarse de cosas, el ayuno nos ayuda a descubrir cuántas cosas no necesitamos. Como decía aquel monje cuando le hicieron escuchar música en un reproductor de exquisita calidad de sonido: “¡Qué bueno! Me gusta muchísimo… ¡y lo que más me gusta es que no lo necesito!”. O como dice Jesús: “te preocupas y te agitas por muchas cosas; pero solo una cosa es necesaria” (Lucas 10,41-42).

“Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”


Cada una de las indicaciones de Jesús sobre el modo de dar limosna, orar y ayunar, apuntan a que estas acciones se realicen sin ningún tipo de exhibición:

•    “que tu limosna quede en secreto”
•    “ora a tu Padre en lo secreto”
•    “que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto”

A su vez, a cada una de estas acciones, realizadas en esta forma de total discreción, le acompaña una promesa de Jesús: “Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”.

Jesús no dice cuál es esa recompensa, pero el mayor don de Dios es Él mismo, que se nos da en Jesucristo. Nuestra recompensa es la vida en Cristo, la vida en Dios.

A todos deseo un fuerte Tiempo de Cuaresma, una buena peregrinación y les doy mi bendición.

Melo, 16 de marzo de 2014, II Domingo de Cuaresma



+ Heriberto, Obispo de Melo
(Cerro Largo y Treinta y Tres)

martes, 4 de marzo de 2014

Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2014


Se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (cfr. 2 Cor 8, 9)

Queridos hermanos y hermanas:

Con ocasión de la Cuaresma os propongo algunas reflexiones, a fin de que os sirvan para el camino personal y comunitario de conversión. Comienzo recordando las palabras de san Pablo: «Pues conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza» (2 Cor 8, 9). El Apóstol se dirige a los cristianos de Corinto para alentarlos a ser generosos y ayudar a los fieles de Jerusalén que pasan necesidad. ¿Qué nos dicen, a los cristianos de hoy, estas palabras de san Pablo? ¿Qué nos dice hoy, a nosotros, la invitación a la pobreza, a una vida pobre en sentido evangélico?

La gracia de Cristo

Ante todo, nos dicen cuál es el estilo de Dios. Dios no se revela mediante el poder y la riqueza del mundo, sino mediante la debilidad y la pobreza: «Siendo rico, se hizo pobre por vosotros…». Cristo, el Hijo eterno de Dios, igual al Padre en poder y gloria, se hizo pobre; descendió en medio de nosotros, se acercó a cada uno de nosotros; se desnudó, se “vació”, para ser en todo semejante a nosotros (cfr. Flp 2, 7; Heb 4, 15). ¡Qué gran misterio la encarnación de Dios! La razón de todo esto es el amor divino, un amor que es gracia, generosidad, deseo de proximidad, y que no duda en darse y sacrificarse por las criaturas a las que ama. La caridad, el amor es compartir en todo la suerte del amado. El amor nos hace semejantes, crea igualdad, derriba los muros y las distancias. Y Dios hizo esto con nosotros. Jesús, en efecto, «trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de nosotros, en todo semejante a nosotros excepto en el pecado» (Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 22).

La finalidad de Jesús al hacerse pobre no es la pobreza en sí misma, sino —dice san Pablo— «...para enriqueceros con su pobreza». No se trata de un juego de palabras ni de una expresión para causar sensación. Al contrario, es una síntesis de la lógica de Dios, la lógica del amor, la lógica de la Encarnación y la Cruz. Dios no hizo caer sobre nosotros la salvación desde lo alto, como la limosna de quien da parte de lo que para él es superfluo con aparente piedad filantrópica. ¡El amor de Cristo no es esto! Cuando Jesús entra en las aguas del Jordán y se hace bautizar por Juan el Bautista, no lo hace porque necesita penitencia, conversión; lo hace para estar en medio de la gente, necesitada de perdón, entre nosotros, pecadores, y cargar con el peso de nuestros pecados. Este es el camino que ha elegido para consolarnos, salvarnos, liberarnos de nuestra miseria. Nos sorprende que el Apóstol diga que fuimos liberados no por medio de la riqueza de Cristo, sino por medio de su pobreza. Y, sin embargo, san Pablo conoce bien la «riqueza insondable de Cristo» (Ef 3, 8), «heredero de todo» (Heb 1, 2).

¿Qué es, pues, esta pobreza con la que Jesús nos libera y nos enriquece? Es precisamente su modo de amarnos, de estar cerca de nosotros, como el buen samaritano que se acerca a ese hombre que todos habían abandonado medio muerto al borde del camino (cfr. Lc 10, 25ss). Lo que nos da verdadera libertad, verdadera salvación y verdadera felicidad es su amor lleno de compasión, de ternura, que quiere compartir con nosotros. La pobreza de Cristo que nos enriquece consiste en el hecho que se hizo carne, cargó con nuestras debilidades y nuestros pecados, comunicándonos la misericordia infinita de Dios. La pobreza de Cristo es la mayor riqueza: la riqueza de Jesús es su confianza ilimitada en Dios Padre, es encomendarse a Él en todo momento, buscando siempre y solamente su voluntad y su gloria. Es rico como lo es un niño que se siente amado por sus padres y los ama, sin dudar ni un instante de su amor y su ternura. La riqueza de Jesús radica en el hecho de ser el Hijo, su relación única con el Padre es la prerrogativa soberana de este Mesías pobre. Cuando Jesús nos invita a tomar su “yugo llevadero”, nos invita a enriquecernos con esta “rica pobreza” y “pobre riqueza” suyas, a compartir con Él su espíritu filial y fraterno, a convertirnos en hijos en el Hijo, hermanos en el Hermano Primogénito (cfr Rom 8, 29).

Se ha dicho que la única verdadera tristeza es no ser santos (L. Bloy); podríamos decir también que hay una única verdadera miseria: no vivir como hijos de Dios y hermanos de Cristo.

Nuestro testimonio

Podríamos pensar que este “camino” de la pobreza fue el de Jesús, mientras que nosotros, que venimos después de Él, podemos salvar el mundo con los medios humanos adecuados. No es así. En toda época y en todo lugar, Dios sigue salvando a los hombres y salvando el mundo mediante la pobreza de Cristo, el cual se hace pobre en los Sacramentos, en la Palabra y en su Iglesia, que es un pueblo de pobres. La riqueza de Dios no puede pasar a través de nuestra riqueza, sino siempre y solamente a través de nuestra pobreza, personal y comunitaria, animada por el Espíritu de Cristo.

A imitación de nuestro Maestro, los cristianos estamos llamados a mirar las miserias de los hermanos, a tocarlas, a hacernos cargo de ellas y a realizar obras concretas a fin de aliviarlas. La miseria no coincide con la pobreza; la miseria es la pobreza sin confianza, sin solidaridad, sin esperanza. Podemos distinguir tres tipos de miseria: la miseria material, la miseria moral y la miseria espiritual.

La miseria material es la que habitualmente llamamos pobreza y toca a cuantos viven en una condición que no es digna de la persona humana: privados de sus derechos fundamentales y de los bienes de primera necesidad como la comida, el agua, las condiciones higiénicas, el trabajo, la posibilidad de desarrollo y de crecimiento cultural. Frente a esta miseria la Iglesia ofrece su servicio, su diakonia, para responder a las necesidades y curar estas heridas que desfiguran el rostro de la humanidad. En los pobres y en los últimos vemos el rostro de Cristo; amando y ayudando a los pobres amamos y servimos a Cristo. Nuestros esfuerzos se orientan asimismo a encontrar el modo de que cesen en el mundo las violaciones de la dignidad humana, las discriminaciones y los abusos, que, en tantos casos, son el origen de la miseria. Cuando el poder, el lujo y el dinero se convierten en ídolos, se anteponen a la exigencia de una distribución justa de las riquezas. Por tanto, es necesario que las conciencias se conviertan a la justicia, a la igualdad, a la sobriedad y al compartir.

No es menos preocupante la miseria moral, que consiste en convertirse en esclavos del vicio y del pecado. ¡Cuántas familias viven angustiadas porque alguno de sus miembros —a menudo joven— tiene dependencia del alcohol, las drogas, el juego o la pornografía! ¡Cuántas personas han perdido el sentido de la vida, están privadas de perspectivas para el futuro y han perdido la esperanza! Y cuántas personas se ven obligadas a vivir esta miseria por condiciones sociales injustas, por falta de un trabajo, lo cual les priva de la dignidad que da llevar el pan a casa, por falta de igualdad respecto de los derechos a la educación y la salud. En estos casos la miseria moral bien podría llamarse casi suicidio incipiente. Esta forma de miseria, que también es causa de ruina económica, siempre va unida a la miseria espiritual, que nos golpea cuando nos alejamos de Dios y rechazamos su amor. Si consideramos que no necesitamos a Dios, que en Cristo nos tiende la mano, porque pensamos que nos bastamos a nosotros mismos, nos encaminamos por un camino de fracaso. Dios es el único que verdaderamente salva y libera.

El Evangelio es el verdadero antídoto contra la miseria espiritual: en cada ambiente el cristiano está llamado a llevar el anuncio liberador de que existe el perdón del mal cometido, que Dios es más grande que nuestro pecado y nos ama gratuitamente, siempre, y que estamos hechos para la comunión y para la vida eterna. ¡El Señor nos invita a anunciar con gozo este mensaje de misericordia y de esperanza! Es hermoso experimentar la alegría de extender esta buena nueva, de compartir el tesoro que se nos ha confiado, para consolar los corazones afligidos y dar esperanza a tantos hermanos y hermanas sumidos en el vacío. Se trata de seguir e imitar a Jesús, que fue en busca de los pobres y los pecadores como el pastor con la oveja perdida, y lo hizo lleno de amor. Unidos a Él, podemos abrir con valentía nuevos caminos de evangelización y promoción humana.

Queridos hermanos y hermanas, que este tiempo de Cuaresma encuentre a toda la Iglesia dispuesta y solícita a la hora de testimoniar a cuantos viven en la miseria material, moral y espiritual el mensaje evangélico, que se resume en el anuncio del amor del Padre misericordioso, listo para abrazar en Cristo a cada persona. Podremos hacerlo en la medida en que nos conformemos a Cristo, que se hizo pobre y nos enriqueció con su pobreza. La Cuaresma es un tiempo adecuado para despojarse; y nos hará bien preguntarnos de qué podemos privarnos a fin de ayudar y enriquecer a otros con nuestra pobreza. No olvidemos que la verdadera pobreza duele: no sería válido un despojo sin esta dimensión penitencial. Desconfío de la limosna que no cuesta y no duele.

Que el Espíritu Santo, gracias al cual «[somos] como pobres, pero que enriquecen a muchos; como necesitados, pero poseyéndolo todo» (2 Cor 6, 10), sostenga nuestros propósitos y fortalezca en nosotros la atención y la responsabilidad ante la miseria humana, para que seamos misericordiosos y agentes de misericordia. Con este deseo, aseguro mi oración por todos los creyentes. Que cada comunidad eclesial recorra provechosamente el camino cuaresmal. Os pido que recéis por mí. Que el Señor os bendiga y la Virgen os guarde.

Vaticano, 26 de diciembre de 2013

Fiesta de San Esteban, diácono y protomártir

FRANCISCO

jueves, 27 de febrero de 2014

El Papa Francisco recibió a los participantes del Congreso de Obispos amigos de los Focolares, en el que está participando Mons. Bodeant.

La Iglesia sea casa y escuela de comunión, con el mandamiento nuevo de Jesús en el mundo de hoy, pide el Papa

(RV).En su cordial bienvenida a los Obispos amigos del Movimiento de los Focolares - reunidos sobre el tema «La reciprocidad del amor entre los discípulos de Cristo» - el Papa Francisco recordó la Carta Apostólica Novo millennio ineunte del Beato Juan Pablo II e hizo hincapié en la importancia de testimoniar el carisma de la unidad, también en el camino ecuménico y el diálogo interreligioso. Y alentándolos a atesorar la experiencia de esos encuentros, señaló la gran actualidad de este anhelo:

«La sociedad de hoy tiene una gran necesidad del testimonio de un estilo de vida que transparente la novedad que nos donó el Señor Jesús: hermanos que se quieren a pesar de las diferencias de carácter, proveniencia, edad... Este testimonio hace nacer el deseo de quedar envueltos en la gran parábola de comunión que es la Iglesia. Cuando una persona percibe que «la reciprocidad del amor entre los discípulos de Cristo» es posible y es capaz de transformar la cualidad de las relaciones interpersonales, se siente llamada a descubrir o a redescubrir a Cristo, se abre al encuentro con Él vivo y operante, se siente impulsada a salir de sí misma para ir al encuentro con los demás y difundir la esperanza que recibió como don».

Con palabras del Beato Juan Pablo II, en la Novo millennio ineunte, el Papa Bergoglio señaló que «Hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión: éste es el gran desafío que tenemos ante nosotros en el milenio que comienza, si queremos ser fieles al designio de Dios y responder también a las profundas esperanzas del mundo». y que «antes de programar iniciativas concretas, hace falta promover una espiritualidad de la comunión, proponiéndola como principio educativo en todos los lugares donde se forma el hombre y el cristiano, donde se educan los ministros del altar, las personas consagradas y los agentes pastorales, donde se construyen las familias y las comunidades». (n.43)

«’Hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión’ es verdaderamente fundamental para la eficacia de todo compromiso en la evangelización, puesto que revela el anhelo profundo del Padre: que todos sus hijos vivan como hermanos; revela la voluntad del corazón de Cristo: que todos sean uno (Jn 17,21); revela el dinamismo del Espíritu Santo, su fuerza de atracción libre y liberadora. Cultivar la espiritualidad de comunión contribuye además a hacernos más capaces de vivir el camino ecuménico y el diálogo interreligioso».

El Santo Padre concluyó sus palabras deseando que el encuentro de los Obispos amigos del Movimiento de los Focolares sea ocasión propicia para crecer en el espíritu de la colegialidad y para que el amor recíproco sea motivo de aliento y esperanza renovada. Con el anhelo de que la Virgen María los acompañe siempre y los sostenga en su ministerio, el Papa aseguró sus oraciones, confiando en las de ellos. (CdM - RV)

Para ver el video o escuchar el audio pulsa aquí: Radio Vaticano.

miércoles, 26 de febrero de 2014

"Reafirmemos que somos hermanos". Comunicado de la presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana ante los últimos sucesos del país.

 
 
COMUNICADO DE LA PRESIDENCIA DE LA CEV ANTE LOS ULTIMOS SUCESOS EN EL PAIS.
 
1.
Con seria preocupación, estamos observando los últimos eventos acontecidos en el país. Sobre todo, por la carga de violencia que han supuesto, con sus lamentables consecuencias de muertes, heridos y destrozos de patrimonios familiares e institucionales. Los fallecidos o los heridos no pertenecen ni al gobierno ni a la oposición, sino a sus familias y al pueblo de Venezuela, sin distinciones ni colores. Oramos por los que han fallecido y por quienes han resultado heridos. A esto se unen los saqueos que en diversas partes del país se han venido promoviendo y que causan miedo e indefensión.
 
2.
Los estudiantes y el pueblo mismo tienen el derecho a la protesta acorde a lo establecido en la Constitución Al ejercerlo, no sólo se pueden expresar inconformidades o desacuerdos, sino que también se puede llamar la atención tanto a las diversas autoridades como a la misma ciudadanía para que, en un clima de concertación, de escucha y de diálogo se puedan superar las dificultades, resolver los problemas y corregir rumbos si fuera necesario. Lo que siempre se ha de evitar es que la protesta degenere en actos de violencia.
 
3.
En el cumplimiento de su función de preservar el orden público las autoridades policiales y militares están obligadas a respetar los Derechos Humanos, ante todo el derecho a la vida. Al confrontar protestas están obligadas a mantenerse estrictamente dentro del marco de la Constitución, las leyes y los acuerdos internacionales. Por eso, rechazamos rotundamente el empleo de la fuerza ejercida en algunas manifestaciones por parte de organismos de seguridad del Estado, que se han extralimitado y han producido consecuencias lamentables e irreparables; el Poder Moral, especialmente la Fiscalía, debe investigar estos casos y poner en manos de la justicia a miembros de estos organismos que hayan abusado de su autoridad. Asimismo, comprobamos la indefensión de la ciudadanía ante la irrupción de grupos armados no policiales ni militares que han arremetido contra la población. Grupos de esta naturaleza están al margen de la ley, no poseen autoridad alguna y atentan contra las bases de la convivencia. Pedimos que se actúe  y se impida que sigan realizando sus fechorías, y se investigue seriamente su proceder, sea de la tendencia política que sea.
 
4.
Si bien la protesta es un derecho, tampoco se puede aceptar que ésta se torne violenta y, como desafortunadamente se ha visto en algunos casos, se convierta en vandalismo o propicie la ocasión para actos delictivos por parte de grupos que nada tienen que ver con quienes protestan. La violencia, venga de donde venga, es inaceptable y nunca producirá frutos de sana convivencia.
 
5.
En nuestro país existen visiones plurales con grandes diferencias entre ellas. Ningún modelo social o político tiene el derecho a imponerse a los demás. La Constitución venezolana garantiza las condiciones de una sociedad pluralista en sus visiones. Desde hace bastante tiempo venimos alertando sobre la importancia de preservar unas relaciones sociales y políticas en la que puedan convivir las diferencias y hemos promovido el necesario proceso de reconciliación. Esta pasa por una apertura de mente y de corazón que reconozca que todos somos iguales y tenemos la misma dignidad humana. Por ello, como también lo hemos afirmado, urge un diálogo nacional. Este no consiste sólo en encontrarse para una escucha obsequiosa del otro, sino para buscar los puntos de coincidencia, atender al bien común por encima de los intereses de alguna parcialidad, a fin de conseguir así compromisos que permitan resolver todos juntos, con responsabilidad y decisión, los graves problemas que aquejan al país y que han generado protestas de distintos grupos de ciudadanos.
 
6.
Por eso, volvemos a insistir en la necesidad de un encuentro sincero, abierto y fraterno que permita el diálogo de todos los factores que componen la sociedad venezolana. El Presidente, junto con las demás autoridades nacionales, regionales y municipales han de encontrarse con representantes de todos los sectores: agricultores, obreros, personas de la cultura, empresarios, comerciantes, académicos, profesores, estudiantes, miembros de los consejos comunales, representantes de las diversas religiones que hacen vida en el país… Si logramos, con una dinámica de participación, escucharnos todos con respeto, entonces, podremos dar importantes pasos para solucionar las dificultades y la crisis que atraviesa el país.
 
7.
Como en otras oportunidades hemos expresado, el diálogo tiene sus propias características. La primera es el respeto y reconocimiento de los otros que son distintos, que piensan diversamente. Pedir diálogo y paz con un verbo encendido o incendiando la calle, no produce el efecto esperado. La segunda es la búsqueda de la verdad. Este es un valor que se ha perdido en Venezuela. Las diatribas políticas han logrado opacar este fundamental valor. Nadie es dueño de la verdad, a ésta la construimos entre todos: Nadie puede pretender la posesión exclusiva y total interpretación de los hechos. Es necesario llegar a la verdad de los acontecimientos y sucesos de estos días con el concurso de todos. Se ha  propuesto una “Comisión de la Verdad”: ésta no es para favorecer a un sector en detrimento del otro, sino para buscar la verdad de acontecimientos dolorosos que han enlutado a familias venezolanas. Es necesario que Venezuela conozca a quienes han delinquido y paguen su condena, sea quien sea. De allí el pluralismo que debe existir en esa futura comisión. 
 
8.
La Palabra de Dios nos recuerda que todos somos hermanos y que podremos ser reconocidos como hijos de Dios y discípulos de Jesús en la medida que lo hagamos con el mismo amor con el que nos ha amado Jesús de Nazaret (cf. Jn13, 34-35). Reafirmemos que somos hermanos. Ello requiere un cambio radical en el lenguaje: que no sea ni descalificador ni ofensivo. Se puede disentir del otro, pero sin ofender. La Iglesia en Venezuela, a través de sus Obispos, a fin de ser fiel a su misión al Evangelio de liberación y de vida, propicia todo tipo de encuentro para el diálogo y el compromiso de todos. Así pues, invita a todos los hombres y mujeres de Venezuela a que todos juntos hagamos sentir al mundo que la enseñanza de Jesús, el Señor, nos guía para impulsarnos a ser constructores de una paz auténtica (Cf. Mt 5,9).
 
Caracas 25 de febrero del año 2014.
 
PRESIDENCIA DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL VENEZOLANA