lunes, 7 de febrero de 2011

70 años del P. Javier Mori

El P. Javier en Brescia, 2010
El 7 de febrero de 1941 nació en Italia Saverio (Javier) Mori.
Siguiendo el llamado de Jesús, el 03 de julio de 1966 fue ordenado sacerdote en la Diócesis de Brescia.

Luego de un tiempo como vicario parroquial en S. Stefano (1966-1968), vino como misionero a Uruguay (1968-1988), donde Mons. Roberto le abrió las puertas de Melo. En nuestra Diócesis dejó 20 generosos años de entrega que han quedado para muchos como un recuerdo imborrable.

De regreso en Italia fue vicario parroquial en Gardone Riviera (1988-1990); luego párroco en Prevalle S. Zenone (1990-1999); en Gottolengo (1999-2010). Actualmente, ya retirado, es sacerdote colaborador en Brione, Gombio, Polaveno y en S. Giovanni di Polaveno desde el año pasado.

Ayer, en la Catedral, se leyó su saludo, se recordó este 70º cumpleaños, y la asamblea prorrumpió en un fuerte y cálido aplauso, una expresión más de gratitud de esta comunidad a la que sirvió con tanto cariño y donde siempre se le recuerda.
San Giovanni di Polaveno

El P. Javier en 1988
La despedida de la Diócesis

El Padre Javier Mori llegó a la diócesis allá por setiembre de 1968. Ahora retornará a Brescia, su diócesis de origen, para reencontrarse con los suyos, pero también para reinsertarse en el medio que lo vio nacer y formarse como misionero y al que consagró las primicias de su sacerdocio.
Vuelve con las alforjas llenas de experiencia, pero más que nada, lleno de la gratitud de un pueblo, de una diócesis y de un presbiterio que, como como dice él: "¡a la maula!", va a sentir, y mucho, su ausencia.
Pero no nos es lícito ser egoístas. Agradecemos en esta hora a Dios, a la diócesis de Brescia y al P. Javier, estos densos y por momentos dramáticos años, en los que la presencia misionera de este formidable apóstol se hundió en las mismas raíces de nuestra gente. Sobre todo las de nuestros barrios y la de la campaña. Entre éstas, Javier se sintió como pez en el agua, consagrándoles lo mejor de sí.
Nuestro quincenario [COMUNIÓN] lo va a echar de menos, lo mismo que la radio y los fogones, en donde sus cualidades histriónicas y de narrador vivo y ocurrente, fueron las delicias de chicos y grandes.
Encerrar cuanto ha sembrado el P. Javier en estos veinte años es imposible en estas hojas destinadas a la comunicación casi telegráfica. ¡Tendríamos que hacer un libro! El deseo de que ésta no sea una despedida definitiva nos hace tener la esperanza de que puede volver a esta diócesis que siempre será suya, por derecho de conquista, como lo es de todos los brescianos que trabajan entre nosotros.
Partirá definitivamente de Carrasco el domingo 25 [de setiembre de 1988], pero dejará la diócesis varios días antes. Será despedido con una Concelebración y Acción de gracias en la Catedral, el domingo 18. Será un lleno completo. ¡Adios, querido P. Javier!

(Publicado en COMUNIÓN, Nº 246, 10 de setiembre de 1988. 
Aunque no está firmado, el estilo y la calidez 
dejan adivinar la mano de Mons. Roberto Cáceres...)

Carta de despedida del P. Javier

Queridos amigos de la Parroquia Ntra. Sra. del Pilar y San Rafael:
Me pareció buena cosa resumir en estas hojas lo que juntos hemos venido construyendo en ocho años de vida parroquial, siguiendo las orientaciones del Espíritu Santo.
Todos nosotros al caminar juntos en el nombre de Cristo hemos hecho posible su acción salvadora en nuestra parroquia a lo largo de este tiempo que hemos compartido. No tenemos que olvidar que nuestro caminar se hizo sobre las bases que otros apóstoles y misioneros (sacerdotes, religiosos y religiosas, laicos y laicas habían puesto. Cosechamos lo que otros sembramos, sembramos lo que otros cosecharán y todos en el nombre de Cristo Jesús, “Camino, Verdad y Vida” nuestra.
Al dejar la parroquia, después de ocho años de servicio, y al dejar Melo después de 20 años de feliz residencia que me permitió integrarme en la vida arachana como un melense más, siento lo que puede sentir una persona que realmente ha amado esta tierra, su gente, su cultura… y que realmente quiso compartir la vida del pueblo, en las buenas y en las malas, en sus logros y en sus sufrimientos, pero sobre todo en sus esperanzas.
Una cosa quiero decirles: me entregué a la Iglesia y al pueblo con todo lo que pude, con mis dones y limitaciones. Sólo Dios sabe lo que existe en el corazón de cada uno y Él sabe que mi deseo de entrega total fue sincero aunque a veces mi debilidad humana no me ha permitido ser la transparencia de Dios que yo anhelaba. Confío en Él que es misericordia y que Él ayude a los que por mi causa se han sentido frenados en su camino hacia la Vida. ¡Y le doy gracias a Dios por todo! La larga experiencia melense, los 12 años de servicio pastoral en la parroquia de San José y los 8 años en la Catedral, ha enriquecido mucho mi vida sacerdotal y la ha marcado. Esté donde esté, mi actuación pastoral tendrá sabor arachán.
Loes pido, en el nombre de Dios, que no condicionen su respuesta a Cristo a las simpatías por las personas. Sigan con firmeza el camino de comunión y participación eclesial que juntos hemos emprendido y miren a metas aún más altas. Confío que nada de lo bueno que hicimos caerá con mi ida, sino que irá creciendo con el enriquecimiento de nuevas modalidades.
Lo que más les pido es el amor recíproco, no fingido; el amor que se vuelve respetuoso, solidaridad recíproca, amor que crea en nuestras comunidades un clima cálido, familiar. Si le erramos al AMOR, le erramos al cristianismo, le erramos a la Vida.
¡Ámense profundamente, en Cristo, como Él nos enseñó y lograrán la unidad por la cual Él tanto ha pedido al Padre. Que nadie actúe aisladamente en la Comunidad: ¡sería piedra de tropiezo! En cada Misa, ojalá sea para todos cada domingo, al comulgar ustedes en Cristo, pan de vida, estarán en mí y yo en ustedes. Seguiremos animándonos, ayudándonos, queriéndonos, a pesar de la distancia, porque Cristo domina la distancia, Él es eterna cercanía.
Con mi oración seguiré alentando el camino de las comunidades, las que se reúnen en la ciudad y las que están esparcidas en la campaña, para que sigan creciendo en vida y en presencia evangelizadora.
Seguiré respaldando también, en mi diálogo orante con Cristo, el camino progresivo hacia la fe de los niños de catequesis, de los scouts, de los jóvenes de manera especial, para que se preparen a enfrentar la vida sintiendo cantar en sus corazones los ideales del Evangelio; así se prepararán a vivir el año 2000 con nueva esperanza: ojalá que de ellos nazcan vocaciones sacerdotales y religiosas. Y por las familias... es una espina que me queda: la pastoral familiar, tan necesaria en nuestras comunidades y en la cual poco hicimos. Pediré a Dios por la unidad, la estabilidad, la felicidad y la paz de las familias, para que sean verdaderas Iglesias domésticas.
Que Dios bendiga esta nuestra parroquia y María, la Virgen del Pilar, los acompañe siempre.
Esta relación cómo es y cómo vive ahora nuestra parroquia es un punto de llegada de nuestros anteriores esfuerzos y ahora se vuelve para ustedes un punto de partida hacia nuevas metas.
Tengan siempre ánimo entusiasta y decidido; luchen contra los pesimismos, miren hacia delante, porque Cristo los precede y porque el Espíritu Santo es fuerza inagotable de progresión espiritual.
La última Misa que celebraré en la parroquia será en la Cruz del Cerro Largo para todos cuantos he conocido y querido en estos años: por el pueblo todo hacia el cual Dios orientó el servicio de mi sacerdocio joven; por los religiosos; por mis compañeros sacerdotes; por Mons. Cáceres. En mi espíritu estaré a menudo orando en la Cruz del Cerro Largo por todos ustedes. Y si Dios quiere un día volveremos a vernos.
¡Reciban todos un fuerte y personal abrazo!
Con mucho cariño me despido,
Saverio (padre Javier)
(COMUNIÓN, Nº 248, 1 de octubre de 1988)


2 comentarios:

Graban dijo...

Este artículo me ha dejado inmensamente feliz .Soy de Melo ,quiero muchísimo a monseñor Roberto Cáceres y al PADRE JAVIER lo admiro y quiero con todo mi corazón .
GRACIELA .

Raquel dijo...

El padre Javier siempre nos inspirò a ver la vida de una firma positiva, el me casó y me apoyò en mi separaciòn, me mostrò las cosas buenas que hay que ver y no hay que mirar sòlo las negativas,¡GRACIAS PADRE JAVIER!