viernes, 12 de junio de 2026

Cosecha abundante (y urgente); pocos trabajadores. Mateo 9,35–10,8. XI Domingo durante el año.

Se va terminando el otoño, se acerca el invierno y en estas semanas pasadas y las que vienen, muchos campos del Uruguay, sobre todo en el litoral oeste, han recibido o recibirán la siembra del trigo y otros cultivos. Lejos estamos todavía del verano, cuando los campos blanquean y las rutas se llenan de maquinaria que va pasando por los distintos establecimientos para realizar la trilla. 

La siembra tiene su momento, pero la cosecha tiene su urgencia. El trigo maduro es extremadamente sensible a las lluvias y vientos fuertes. La humedad ideal del grano está alrededor del 12,5 %. Si la humedad es mayor, hay que evaluar la posibilidad de que el tiempo se mantenga seco y se llegue al punto correcto o, aun así, cosechar y hacer luego un secado artificial, con los costos que eso tiene.

Cuando Jesús habla de “cosecha abundante” y pide más trabajadores, podemos pensar que el problema está en la cantidad, en la abundancia de gente y de trabajo: hay mucho qué hacer. Ése puede ser un aspecto, pero hay otro no menos importante: se necesitan muchos trabajadores porque hay una urgencia. Si la cosecha no se levanta cuando está en su punto, arriesga perderse. Y Jesús no quiere que nadie se pierda. De eso nos hablan las parábolas de la Misericordia que encontramos en el evangelio de Lucas: la oveja perdida, la dracma perdida, el hijo… también perdido (Lucas 15,1-32) y el episodio de Zaqueo, a quien Jesús le dice:

«Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también este hombre es un hijo de Abraham, porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido». (Lucas 19,9-10)

Estos episodios nos muestran una mirada atenta de Jesús, que ve, más allá de las apariencias, lo profundo del corazón del hombre y reconoce allí el germen de lo que Dios ha sembrado en él. En medio de una vida desordenada y desfigurada por el pecado, puede aún brillar en los ojos el deseo de felicidad que pasa por el reencuentro, la reconciliación y la paz que solo en Dios se puede encontrar, como fruto de una auténtica conversión.

El evangelio de Mateo nos presenta a Jesús hablando largamente, a lo largo de los capítulos 5, 6 y 7, en el llamado “sermón de la montaña”. Comenzando por las bienaventuranzas, presenta a sus discípulos y a todos los que lo escuchan un exigente programa de vida. Luego Jesús baja y llevan a su encuentro toda una humanidad doliente: el leproso, el centurión con su sirviente paralizado, la suegra de Pedro con fiebre, muchos endemoniados, el paralítico llevado en su camilla. Más adelante encuentra al publicano Mateo en su mesa de recaudación… A los que le señalan que se sienta con pecadores y come con ellos, Jesús les responde:

«No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos (…) yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores». (Mateo 9,12-13)

El médico Jesús no ofrece una curación superficial, sino sanar lo profundo del corazón, para que el hombre pueda volver al encuentro de Dios y del prójimo.

En la muchedumbre que lo sigue, Jesús ve reunidos a quienes fueron llegando hasta él agobiados por sus cargas y su mirada se llena de misericordia:

Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. (Mateo 9,36)

Considerar esa mirada misericordiosa de Jesús nos permite entender estas palabras que, en un momento dado, él dirige a sus discípulos y que parecen tan enigmáticas:

Ustedes dicen que aún faltan cuatro meses para la cosecha. Pero yo les digo: Levanten los ojos y miren los campos: ya están madurando para la siega. (Juan 4,35)

Cuatro meses para aquel trigo que observa Jesús… pero todo se ha adelantado en el campo donde los discípulos están llamados a cosechar. Los tiempos de Dios y la respuesta humana no están atados a un calendario, ni siquiera al calendario litúrgico, que no deja de ser útil y necesario, con toda su riqueza. Pero cuando Dios toca de alguna forma tu corazón, llamándote a un cambio en tu vida que te haga volverte hacia Él… ¡qué bueno que encuentres a los trabajadores llamados y enviados por Jesús!  

Para que se pueda dar esa presencia se hace necesario realizar lo que Jesús nos pide particularmente hoy al decirnos:

«La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha». (Mateo 9,37-38)

A lo largo de los siglos, la Iglesia ha orado y sigue orando para que no falten esos servidores. Normalmente pensamos en la necesidad de sacerdotes, y es una necesidad muy real; pero también necesitamos más diáconos permanentes, más personas consagradas, más ministros laicos; más fieles que asuman servicios en los diferentes movimientos de apostolado, en las áreas pastorales, en las misiones, en los quehaceres de la comunidad, poniendo en obra ante Dios y los hermanos los dones que han recibido del Espíritu Santo para la edificación de la Iglesia (cf. 1 Corintios 14,12).

La comunidad de los discípulos de Jesús, en su peregrinación hacia la Casa del Padre, no se cierra sobre sí misma. La comunión entre los miembros, la participación hacia el interior de la Iglesia encuentra su sentido abriéndose, saliendo en misión. La Iglesia existe para evangelizar, para anunciar el Reino de Dios, para ayudar a los hombres y mujeres de nuestro tiempo a encontrar a Jesucristo.

El Papa León ha señalado que la Iglesia y el mundo necesitan mucho más que personas que apenas cumplen exteriormente sus deberes religiosos o “cristianos de ocasión” que de vez en cuando dan cabida a algún buen sentimiento o participan en algún evento. Aquellos que se necesita son

“... los que están dispuestos a trabajar cada día en el campo de Dios, cultivando en su corazón la semilla del Evangelio para luego llevarla a la vida cotidiana, a la familia, a los lugares de trabajo y de estudio, a los diversos entornos sociales y a quienes se encuentran en necesidad”. (Ángelus, 6 de julio de 2025)

Junio es, en toda la Iglesia Católica, el mes del Sagrado Corazón de Jesús.

En Uruguay es también el Mes Vocacional. Escuchando al Señor, animémonos a seguir atendiendo su llamado para pedir al Padre que envíe los trabajadores que la Iglesia y el mundo necesitan para la urgencia de hoy.

En esta semana

El Viernes 19 en el Uruguay recordamos el nacimiento de nuestro héroe nacional José Artigas y celebramos el día del abuelo.

Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

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