Hoy de mañana se realizó el desfile de maquinarias y la bendición de las mismas. Allí estuvo, como suele hacerlo, el Padre Thomas, párroco de Cristo Rey de Aceguá, parroquia a la que pertenece la capilla de Noblía, para el momento de la oración.
lunes, 9 de agosto de 2010
7ª Fiesta del Arroz en Isidoro Noblía
Este fin de semana tuvo lugar en Noblía, Cerro Largo, la ya tradicional Fiesta del Arroz, en su séptima edición. Ayer hubo desfile, baile y elección de la Reina.
domingo, 8 de agosto de 2010
Celebración del aniversario de la Fazenda de la Esperanza
Presencia de la Diócesis
Nelson, uno de los fundadores, evoca los comienzos. Detrás, Fray Hans, el otro fundador, escucha atento.
Fray Hans comparte sus vivencias al final de la Misa
Los cuatro jóvenes que egresaron brindaron su testimonio y agradecimiento.
La Fazenda de la Esperanza de Cerro Chato vivió la celebración de su primer aniversario. Todos los que estuvimos el 1º de agosto del año pasado recordamos el intenso frío de aquel día, las expectativas, las esperanzas (y también los temores). Un año después, la Fazenda muestra sus primeros frutos. En una casa totalmente renovada, cuatro de los jóvenes que iniciaron hace un año su camino recibieron el diploma de reconocimiento por haber cumplido su compromiso. "Es la primera vez en mi vida que termino algo", dijo uno de los jóvenes al recibir su diploma. Unas palabras muy sencillas para expresar una experiencia que reconstruye, que reconstituye la vida, a partir de la vida en comunidad, el trabajo y la fundamental experiencia del amor de Dios.
La presencia de Nelson y Fray Hans, los fundadores, nos conecta a esta gran Familia de la Esperanza que sostiene el trabajo de las ya 71 Fazendas que se han creado en el mundo.
El Nuncio Apostólico, que presidió la Eucaristía y nos entregó en su homilía (publicada más abajo) un mensaje preparado con dedicación y cariño hacia los jóvenes, nos hizo sentir muy unidos y en comunión con el Santo Padre Benedicto XVI y la Iglesia toda en el mundo, que quiere mirar con los ojos de Jesús, Buen Samaritano, a los hermanos heridos al costado del camino y detener su marcha para sanar sus heridas.
No podemos menos que dar gracias al Padre por este don precioso de su amor, que nos inunda de Esperanza.
+ Heriberto
Homilía en el aniversario de la Fazenda de la Esperanza,
Cerro Chato, Diócesis de Melo, Domingo 8 de agosto de 2010.
Muy apreciados Mons. Heriberto Bodeant, Obispo de Melo, y Mons. Roberto Cáceres, Obispo emérito de Melo; apreciados fundadores de la Fazenda de la Esperanza, Honorables Autoridades civiles, municipales y de la Junta Nacional de Drogas, queridos fieles cristianos de la comunidad de Cerro Chato.
Nos hemos reunido en este lugar, que es símbolo de solidaridad, de ayuda, de recuperación de las personas y de auténtica caridad cristiana. Lo hemos hecho en este domingo, día del Señor, para celebrar la Santa Eucaristía, en la que queremos dar gracias a Dios por todo lo que continuamente nos regala, y hoy muy especialmente por el primer aniversario de la inauguración de esta Fazenda de la Esperanza “Quo Vadis?”, que tiene una dimensión internacional, pues se encuentra en varios países, especialmente de América Latina, y que ahora también está presente en Cerro Chato, comunidad que integra la diócesis de Melo.
Hemos escuchado la Palabra de Dios. El Evangelio de hoy se inicia con una actitud de confianza: “No temas, pequeño Rebaño, porque el Padre de ustedes ha querido darles el Reino”. Esta exhortación a la confianza expresa la ternura y la protección que Dios ofrece a su pueblo, a sus hijos. Pero expresa también la autoconciencia que tenían las primeras comunidades cristianas: aunque conocían bien su pequeñez y su impotencia, vivían, sin embargo, la seguridad de la victoria. Esa seguridad estaba fundada en la bondad de Dios que, en su amor desmedido, nos ha regalado su cercanía, su Reino. Y si hemos recibido ese regalo, todo lo demás –incluso los bienes materiales– está sobrando, es superfluo. Nosotros somos el pequeño rebaño, en una sociedad que a menudo parece alejarse de Dios. Pero Dios Padre no está lejos de nosotros: se nos ha hecho cercano mediante Jesucristo, el Buen Pastor. Él nos guía y nos conduce por los caminos del mundo, aunque no lo veamos con nuestros ojos, sino desde el interior de nuestra conciencia.
En la página que terminamos de escuchar, San Lucas nos invita a la vigilancia, en la espera del retorno del Señor. La historia presente, nuestra historia, es tiempo de vigilancia. Y es justamente el retorno del Señor el que relativiza el valor de los bienes terrenos y permite ir poniendo el corazón en el verdadero y único tesoro de esta vida, que es la presencia de Dios Padre, de Dios Amor. Tener a Dios en el corazón y en la vida significa amar quien ama, posee una riqueza más grande que cualquier otra riqueza material. Se trata del amor a Dios y del amor a los hermanos. Amor que, como decía San Pablo, nunca pasará, porque tiene la marca de lo eterno. El punto clave reside en la invitación del Señor: “Estén preparados”. O, dicho de otra manera, lo importante es el hoy. A la luz de esta certeza sobre el futuro, se iluminan las opciones del presente. Estar unidos a Dios, vivir el amor con Él, constituye un signo fundamental de pertenencia al Reino de Dios.
El Reino es, al mismo tiempo, una realidad presente y algo todavía por venir. De aquí la doble actitud que se exige al cristiano: desprendimiento y vigilancia. Es necesario no dejarse atrapar por los cuidados y los bienes de este mundo, dando así testimonio de que se buscan las cosas del cielo, es decir, las definitivas. Porque no vale la pena jugarse toda la vida por cosas que se terminan, que duran sólo algún tiempo: como negocio, resulta muy poco conveniente. La vida del cristiano es toda ella una vida de unión con Dios y una preparación para el encuentro final con el Señor. La muerte, que provoca tanta angustia en quien no cree, es para el cristiano una meditación: marca el fin de la prueba, el nacimiento a la vida inmortal, el encuentro con Cristo que lo conduce a la Casa del Padre, a la morada definitiva, a la paz sin más sombras de guerra, al amor que lleva a plenitud toda la existencia.
Resulta providencial que el mensaje que hoy nos propone la Palabra de Dios que se proclama en todas las comunidades católicas extendidas por los cinco continentes, apunte precisamente a esta dimensión de la fe y de la esperanza cristiana, y a ese sentimiento de confianza que vive quien se siente amado y protegido por Dios. Porque el aniversario que hoy venimos a celebrar y a agradecer está referido a una institución que lleva la esperanza en su propio nombre y la vive como uno de sus valores constitutivos.
Desde aquel ya lejano 1983 en que la localidad de Guaratinguetá, de la región de San Pablo, en Brasil, vio nacer la Fazenda de la Esperanza en su rama masculina, ampliada en 1988 por la creación de la rama femenina, y confirmada en mayo de 2007 por la visita del Santo Padre Benedicto XVI –quien manifestó en esa ocasión su apoyo y su cercanía– la Institución ha crecido a pasos agigantados, impulsada por el viento del Espíritu. La presencia en esta celebración de los fundadores de la rama masculina, Nelson Giovanelli y Fray Hans Stappel ofm, expresa con elocuencia la fuerza que ha adquirido este movimiento eclesial en el ámbito de la Iglesia latinoamericana. Y también el lugar que ha encontrado en esta diócesis de Melo, donde ha sido cordialmente acogido no sólo por el Obispo Emérito S. E. Mons. Luis del Castillo SI, sino también por el Obispo actual, S. E. Mons. Heriberto Bodeant, así como por los sacerdotes y las diversas comunidades parroquiales de la diócesis, que han hecho sentir su cercanía a través de signos muy concretos de solidaridad.
Las raíces espirituales que Fazenda de la Esperanza reconoce en el movimiento de los Focolares, y particularmente en Chiara Lubich, su fundadora, aseguran un vínculo muy fuerte con la Palabra de Dios –que encuentra su síntesis en la Ley Suprema del Amor– y una apertura a la acción silenciosa del Espíritu, que es capaz de estimular a cambios radicales en la vida. Y la cercanía con la espiritualidad de San Francisco de Asís alimenta aquel espíritu de trabajo que apunta al auto sustento, como el único modo de vivir dignamente, en una austeridad que constituye también fuente de verdadera alegría. Estos valores encuentran su espacio natural de crecimiento en una convivencia que hace de la Fazenda, más allá de su identidad de centro terapéutico, una verdadera familia, en la que cada uno siente que no es tan pobre que no tenga algo para dar; que es amado y que puede amar; que puede esperar un futuro mejor, construido con la ayuda del Señor y de los hermanos. Es una semilla de bien, de fe y de amor, que se siembra en esta nuestra amada sociedad del Uruguay.
He intentado expresar las razones por las que me siento muy contento de participar en esta Eucaristía, celebrada con motivo del primer año de la fundación de la Fazenda de la Esperanza en esta diócesis de Melo, y de asistir al egreso de los primeros cuatro jóvenes uruguayos que se han recuperado en esta Institución: ellos forman parte de aquellos “hijos predilectos del Señor” –como decía en Guataringuetá el Santo Padre Benedicto XVI– que han encontrado en la Palabra de Dios, vivida con sencillez, con entrega, con humildad, la fuerza para vivir una vida digna, en libertad. Ellos comparten la experiencia que tantos y tantos han vivido en los 26 años de vida de la Fazenda de la Esperanza, extendida ya en 10 países a través de 71 centros terapéuticos que reciben a 2.000 internos, atendidos por 200 voluntarios.
Al aceptar la invitación que gentilmente me hiciera S. E. Mons. Heriberto Bodeant, Obispo de esta diócesis, siento que de alguna manera soy portador, como representante del Santo Padre en el Uruguay, de los sentimientos de cercanía que Su Santidad Benedicto XVI expresara hacia este movimiento, cargado de esperanza para los jóvenes, para la Sociedad y para la Iglesia. Celebrando la Eucaristía hemos reafirmado la esperanza: una esperanza que es regalo de Dios, sostén de los necesitados; una esperanza que se vive personalmente; que crece en la comunidad y luego se siembra y esparce, contagiando a otros. Ruego al Señor para que, como una semilla, esta Fazenda de la Esperanza Quo Vadis? crezca en esta diócesis y en todo el Uruguay, como un faro que guíe a muchos jóvenes que aún caminan en las tinieblas de la adicción y les permita encontrar su propio camino, según el proyecto de Dios.
+ Anselmo Pecorari,
Nuncio Apostólico en el Uruguay
Fiesta Patronal en Santa Clara de Olimar
La Parroquia de Santa Clara, en la Diócesis de Melo, celebró esta mañana -anticipadamente- su fiesta patronal. A las 11 horas se inició una procesión en la que participaron el Obispo de Melo, Mons. Heriberto Bodeant y el Obispo Emérito Mons. Roberto Cáceres, invitados por las responsables de la comunidad, Madre Misioneras de Jesús Verbo y Víctima. A continuación se celebró la Eucaristía, con concurrencia de numerosos fieles.
El mensaje de Santa Clara de Asís
Resulta difícil meditar sobre el mensaje de Santa Clara para nuestro tiempo sin considerarlo junto al de San Francisco de Asís, y en el marco donde éste surgió.
El mundo de Francisco y Clara, la Italia y la Asís del siglo XIII es un mundo en transformación. La Edad Media, la época de castillos, señores y siervos, va lentamente dejando paso a un nuevo tiempo. Junto a aquellos señores y siervos, se abren camino los comerciantes, como el padre de Francisco, adelantados de un cambio de época. Se embarcan en el comercio, en los negocios, amasando grandes fortunas.
En ese ambiente surgen Francisco y Clara, quienes, profundamente unidos espiritualmente, eligen seguir a Jesús radicalmente, renunciando a las riquezas que a cada uno de ellos les ofrecen sus familias.
Junto a su opción por la pobreza, Clara elige permanecer virgen, renunciando a formar una familia, a ser esposa y madre. Se consagra enteramente al Señor, lo tomará como su Divino Esposo.
Elige también vivir en su vida la obediencia plena a la voluntad de Dios.
Las opciones de Clara, como las de Francisco, interpelan a nuestro tiempo.
Nos invitan a considerar dónde está nuestro corazón, es decir, en qué tesoro lo hemos puesto, como nos señala el Evangelio de hoy.
Ciertamente, no todos los cristianos estamos llamados a seguir a Jesús en la forma que lo hicieron Clara y Francisco. El camino del matrimonio, la unión de un hombre y una mujer para formar una familia es también una vocación, un llamado de Dios que nos conduce a la vida. También necesitamos de muchos bienes materiales, y también hemos recibido de Dios el don de la libertad, para ser capaces de decidir sobre nuestra propia vida.
Sin embargo, al contemplar a Clara podemos descubrir que lo que la mueve a todas esas renuncias es, en definitiva, el amor a Dios y al prójimo, y esa elección le da una profunda unidad a su persona y a su vida.
Desde nuestras diferentes condiciones de vida, nosotros podemos también seguir a Jesús, sabiendo relativizar nuestros bienes, nuestra sexualidad, nuestra voluntad, buscando también unificar todo nuestro ser, toda nuestra vida, en nuestra relación con el Señor.
Clara se recluyó en un convento, pero no se aisló. Intercambió cartas con personas de muchos lugares de la Europa de aquellos tiempos.
Podemos pensar también qué le escribiría Santa Clara a esta comunidad de Santa Clara de Olimar. Sin temor a equivocarnos, pensemos que en este momento, Clara nos mira, mira a cada uno de nosotros, y nos invita, de diferentes maneras, de acuerdo a nuestros estados de vida, a seguir a Jesús con todo nuestro corazón. Así sea.
+ Heriberto
sábado, 7 de agosto de 2010
Visita a Capilla de los Mártires Latinoamericanos
En el día de hoy Mons. Heriberto se trasladó a Río Branco para visitar a la comunidad de la capilla "Mártires Latinoamericanos", perteneciente a la parroquia de esa ciudad.
En la Eucaristía participaron el P. Nacho, sacerdote encargado de la parroquia, el P. Filippo y los jóvenes de la diócesis de Fiesole que están realizando una misión en Río Branco y estuvieron también dos religiosas y una laica catalanas que visitaban en estos días la ciudad, alojadas por las Hermanas Misioneras de la Doctrina Cristiana.
En esta capilla se encuentra sepultado el P. Miguel García Caba, figura muy querida y recordada tanto en Río Branco como en Cerro Chato, donde estuvo previamente.
En la Eucaristía participaron el P. Nacho, sacerdote encargado de la parroquia, el P. Filippo y los jóvenes de la diócesis de Fiesole que están realizando una misión en Río Branco y estuvieron también dos religiosas y una laica catalanas que visitaban en estos días la ciudad, alojadas por las Hermanas Misioneras de la Doctrina Cristiana.
En esta capilla se encuentra sepultado el P. Miguel García Caba, figura muy querida y recordada tanto en Río Branco como en Cerro Chato, donde estuvo previamente.
jueves, 5 de agosto de 2010
La pertenencia a una comunidad concreta es una dimensión constitutiva del cristiano
Reunión de Vicarios Pastorales en la CEU
La dimensión comunitaria de la fe fue el principal tema abordado por la reunión de los Vicarios Pastorales de las diócesis del Uruguay realizada hoy en la nueva sede de la Conferencia Episcopal Uruguaya (CEU).Efectivamente, ya las Orientaciones Pastorales de la CEU establecidas para el quinquenio 2008-2013 señalan como uno de los grandes desafíos a la acción evangelizadora la "fragmentación de los espacios sociales y humanos", entendiendo por esto "disgregación del tejido social, confrontación sistemática de los grupos y sectores de la sociedad; el vivir para satisfacer los intereses y deseos propios o de grupos (corporativismo); despersonalización e irreligiosidad". Estos aspectos visualizados en el campo social no se percibieron como ajenos a la propia realidad interna de la Iglesia, puesto que se señala que "también nosotros, como Iglesia, nos vemos afectados por la pérdida del sentido comunitario, compartimentación pastoral, clericalismo, deterioro de la comunión y la participación; significativo número de 'cristianos sin Iglesia'."
En ese sentido, los vicarios señalaron la importancia de buscar los medios para fortalecer las propuestas que permitan una vivencia comunitaria de la fe. Se trata de revitalizar, o aún, de volver a proponer, en forma renovada, las pequeñas comunidades, las comunidades eclesiales de base, los grupos de lectura orante de la Biblia, en fin, las diversas expresiones de vida comunitaria que pueden hacer de la parroquia "comunidad de comunidades".
Los animadores de la vida pastoral de las distintas diócesis recordaron los espacios de comunión de los discípulos misioneros (es decir, de los cristianos) propuestos por la Conferencia de Aparecida: las diócesis, las parroquias, las comunidades eclesiales de base y pequeñas comunidades, y decidieron preparar un subsidio que contribuya a una adecuada reflexión sobre el tema, destinado a sacerdotes, religiosas y agentes pastorales.
Aparecida
La vocación al discipulado misionero es con-vocación a la comunión en su Iglesia. No hay discipulado sin comunión. Ante la tentación, muy presente en la cultura actual, de ser cristianos sin Iglesia y las nuevas búsquedas espirituales individualistas, afirmamos que la fe en Jesucristo nos llegó a través de la comunidad eclesial y ella “nos da una familia, la familia universal de Dios en la Iglesia Católica. La fe nos libera del aislamiento del yo, porque nos lleva a la comunión” . Esto significa que una dimensión constitutiva del acontecimiento cristiano es la pertenencia a una comunidad concreta, en la que podamos vivir una experiencia permanente de discipulado y de comunión con los sucesores de los Apóstoles y con el Papa. (V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Aparecida, 2007, Nº 156)
Celebración del Santo Cura de Ars
El Seminario Intediocesano "Cristo Rey" recibió ayer a los Obispos de la Conferencia Episcopal Uruguaya y a numerosos sacerdotes que se congregaron para celebrar la memoria del "Santo Cura de Ars", San Juan Bautista María Vianney.
El año pasado se cumplieron 150 años de la muerte de este párroco de un humilde pueblo de la campiña francesa, que configuró una figura sacerdotal inspiradora para los sacerdotes católicos, especialmente aquellos dedicados al servicio de las parroquias.
Con las palabras de bienvenida del rector del seminario, Pbro. Gonzalo Estévez, se inició la Eucaristía presidida por el arzobispo de Montevideo Mons. Nicolás Cotugno. El obispo de Canelones, Mons. Alberto Sanguinetti entregó una homilía en la que evocó algunos rasgos de San Juan Bautista María Vianney, para luego retomar algunos aspectos relacionados con el sacerdocio en el Uruguay, en la figura de Mons. Jacinto Vera.
Luego de la Misa, obispos, sacerdotes y seminaristas compartieron un fraterno almuerzo, con la alegría y calidez de los reencuentros.
El año pasado se cumplieron 150 años de la muerte de este párroco de un humilde pueblo de la campiña francesa, que configuró una figura sacerdotal inspiradora para los sacerdotes católicos, especialmente aquellos dedicados al servicio de las parroquias.
Con las palabras de bienvenida del rector del seminario, Pbro. Gonzalo Estévez, se inició la Eucaristía presidida por el arzobispo de Montevideo Mons. Nicolás Cotugno. El obispo de Canelones, Mons. Alberto Sanguinetti entregó una homilía en la que evocó algunos rasgos de San Juan Bautista María Vianney, para luego retomar algunos aspectos relacionados con el sacerdocio en el Uruguay, en la figura de Mons. Jacinto Vera.
Luego de la Misa, obispos, sacerdotes y seminaristas compartieron un fraterno almuerzo, con la alegría y calidez de los reencuentros.
miércoles, 4 de agosto de 2010
Don Jacinto Vera, el misionero santo
El 16 de julio de 1865, Jacinto Vera fue consagrado Obispo, con el título de Megara, convirtiéndose en el primer obispo del Uruguay y cabeza de su Iglesia, en calidad de administrador apostólico. El 13 de julio de 1878 se crea la diócesis de Montevideo (que abarcaba todo el Uruguay) y es nombrado su primer obispo, asumiendo como tal el 15 de julio de ese año.
En su primera gira pastoral visita en febrero de 1867 Melo, y el mes siguiente Río Branco y Treinta y Tres. En setiembre y octubre de 1876, en su segunda gira pastoral, volverá a visitar estos tres lugares de nuestra actual diócesis.
Con el título de "Don Jacinto Vera, el misionero santo", la escritora Laura Álvarez Goyoaga (montevideana, escribana y abogada, casada, cinco hijos) acaba de publicar una novela histórica que recoge en forma muy completa los datos históricos compilados en el documento presentado para la causa de canonización del primer obispo uruguayo.
Ayer por la noche, el libro fue presentado en el Museo Zorrilla. Un lugar significativo, por cierto, sorprendentemente cálido en la gélida noche montevideana. Cálido, no sólo por estar adecuadamente calefaccionado, sino porque nos envolvía el calor de la veneración y el cariño que profesó el antiguo dueño de casa, Don Juan Zorrilla de San Martín, al primer Obispo del Uruguay. Calidez que se brindó también en las palabras de quienes presentaron el libro, en la gratitud expresada por la autora, y en la escucha atenta y el aplauso de una numerosa concurrencia, que desbordó la sala.
El escritor Tomás de Mattos inició la presentación con una declaración que marcó el tono de sus palabras "voy a hablar como católico". Entre los muchos aspectos que evocó, se detuvo particularmente en la modestia y sencillez de Don Jacinto, recordando sus guantes de ceremonial, que pueden verse en el museo de la Catedral Metropolitana, zurcidos, remendados más de una vez.
La profesora María Emilia Pérez Santarcieri evocó el entorno histórico que rodeó a Jacinto Vera, marcando la necesidad de una lectura de la historia que no distorsione los hechos, ocultándolos, negándolos o tergiversando su sentido. Un principio necesario para entender la figura de Vera.
Sobre ese terreno, Mons. Alberto Sanguinetti, redactor del documento que fue fuente e inspiración de la obra de Laura Álvarez Goyoaga, nos ayudó a visualizar la grandeza de una figura que la historiografía nacional no destaca adecuadamente. Jacinto Vera fue el único hombre de su tiempo que recorrió varias veces todo el país, en forma detenida, superando el intento del presidente Giró. Conocido en todo el Uruguay, querido por su grey, respetado y valorado por sus adversarios, recibe a su muerte una impresionante muestra de ese afecto y respeto. Con visible emoción, Mons. Sanguinetti evoca el traslado de sus restos desde Pan de Azúcar hasta Montevideo. La noticia de su paso circula de boca en boca, de modo que las multitudes se congregan a su paso para darle el último adiós.
La autora cerró las exposiciones con una lista de delicados agradecimientos, tras lo cual un trío vocal integrado por Alice Méndez, Ana María Baraibar y Leonardo Fiorelli declamó y cantó las inolvidables palabras de Zorrilla, musicalizadas por Martín García:
En su primera gira pastoral visita en febrero de 1867 Melo, y el mes siguiente Río Branco y Treinta y Tres. En setiembre y octubre de 1876, en su segunda gira pastoral, volverá a visitar estos tres lugares de nuestra actual diócesis.
Con el título de "Don Jacinto Vera, el misionero santo", la escritora Laura Álvarez Goyoaga (montevideana, escribana y abogada, casada, cinco hijos) acaba de publicar una novela histórica que recoge en forma muy completa los datos históricos compilados en el documento presentado para la causa de canonización del primer obispo uruguayo.
Ayer por la noche, el libro fue presentado en el Museo Zorrilla. Un lugar significativo, por cierto, sorprendentemente cálido en la gélida noche montevideana. Cálido, no sólo por estar adecuadamente calefaccionado, sino porque nos envolvía el calor de la veneración y el cariño que profesó el antiguo dueño de casa, Don Juan Zorrilla de San Martín, al primer Obispo del Uruguay. Calidez que se brindó también en las palabras de quienes presentaron el libro, en la gratitud expresada por la autora, y en la escucha atenta y el aplauso de una numerosa concurrencia, que desbordó la sala.
El escritor Tomás de Mattos inició la presentación con una declaración que marcó el tono de sus palabras "voy a hablar como católico". Entre los muchos aspectos que evocó, se detuvo particularmente en la modestia y sencillez de Don Jacinto, recordando sus guantes de ceremonial, que pueden verse en el museo de la Catedral Metropolitana, zurcidos, remendados más de una vez.
La profesora María Emilia Pérez Santarcieri evocó el entorno histórico que rodeó a Jacinto Vera, marcando la necesidad de una lectura de la historia que no distorsione los hechos, ocultándolos, negándolos o tergiversando su sentido. Un principio necesario para entender la figura de Vera.
Sobre ese terreno, Mons. Alberto Sanguinetti, redactor del documento que fue fuente e inspiración de la obra de Laura Álvarez Goyoaga, nos ayudó a visualizar la grandeza de una figura que la historiografía nacional no destaca adecuadamente. Jacinto Vera fue el único hombre de su tiempo que recorrió varias veces todo el país, en forma detenida, superando el intento del presidente Giró. Conocido en todo el Uruguay, querido por su grey, respetado y valorado por sus adversarios, recibe a su muerte una impresionante muestra de ese afecto y respeto. Con visible emoción, Mons. Sanguinetti evoca el traslado de sus restos desde Pan de Azúcar hasta Montevideo. La noticia de su paso circula de boca en boca, de modo que las multitudes se congregan a su paso para darle el último adiós.
La autora cerró las exposiciones con una lista de delicados agradecimientos, tras lo cual un trío vocal integrado por Alice Méndez, Ana María Baraibar y Leonardo Fiorelli declamó y cantó las inolvidables palabras de Zorrilla, musicalizadas por Martín García:
¡Padre! ¡Maestro! ¡Amigo! ¡providencia!... ¿dónde estás?
dínoslo una vez siquiera, para que sintamos un momento más el contacto de tu vida, para que podamos decir a nuestros hijos, a las generaciones a quienes trasmitiremos tu memoria querida, cual fue la última vez que escuchamos tu voz, esa voz, fuente inexhausta de consuelo y de amor.
o0o0o
No, no recuerdo una sola imperfección en aquel hombre.
o0o0o
Señores, hermanos, pueblo uruguayo: ¡el santo ha muerto!
Su espíritu invisible vaga en torno nuestro y recoge nuestras lágrimas: las lágrimas de su pueblo, a quien amó hasta el sacrificio con infinita ternura.
Era sacerdote de Dios, era apóstol, era patriota, y ha caído como él lo presentía, como él lo anhelaba ardientemente: abrazado a su cruz; mártir de su deber sublime.
Él tenía derecho, él tiene derecho a arrastranos como nos arrastró en el dolor de su muerte, porque siempre nos envolvió en las bendiciones de la vida.
El panegírico de sus virtudes lo ha meditado mi llanto; perdonadme la insuficiencia de mi palabra, porque ella sólo encarna el pensamiento de las lágrimas.
Su espíritu invisible vaga en torno nuestro y recoge nuestras lágrimas: las lágrimas de su pueblo, a quien amó hasta el sacrificio con infinita ternura.
Era sacerdote de Dios, era apóstol, era patriota, y ha caído como él lo presentía, como él lo anhelaba ardientemente: abrazado a su cruz; mártir de su deber sublime.
Él tenía derecho, él tiene derecho a arrastranos como nos arrastró en el dolor de su muerte, porque siempre nos envolvió en las bendiciones de la vida.
El panegírico de sus virtudes lo ha meditado mi llanto; perdonadme la insuficiencia de mi palabra, porque ella sólo encarna el pensamiento de las lágrimas.
o0o0o
El santo ha muerto
o0o0o
Su sombra es todo pureza, todo luz
o0o0o
Nació predestinado a hacer la felicidad del pueblo uruguayo y ha cumplido la voluntad de Dios.
Fue la fuente de la verdad, el consuelo del afligido: fue el árbitro de la paz; fue el ejemplo de la virtud.
Su sonrisa afable y serena ahuyentaba los rencores: él conciliaba a las familias y desarmaba a los enemigos con la misma suave ternura que usaba para bendecir a los niños: su presencia consolaba, su voz alentaba y su plegaria redimía.
Fue la fuente de la verdad, el consuelo del afligido: fue el árbitro de la paz; fue el ejemplo de la virtud.
Su sonrisa afable y serena ahuyentaba los rencores: él conciliaba a las familias y desarmaba a los enemigos con la misma suave ternura que usaba para bendecir a los niños: su presencia consolaba, su voz alentaba y su plegaria redimía.
o0o0o
Sólo será eterna la memoria del justo.
o0o0o
martes, 3 de agosto de 2010
Conferencia Episcopal inauguró nueva sede
"Que el Señor nos construya la casa..." (Salmo 126)
La Conferencia Episcopal durante su reunión de la mañana
El Nuncio Apostólico bendice la nueva sede
Rosa y María Luisa, funcionarias que cumplieron 25 años de trabajo en la CEU, fueron homenajeadas. Asimismo lo fue el Esc. Guillermo Pérez del Castillo, gestor de la CEU.
La jornada culminó con un ágape fraterno
La Conferencia Episcopal Uruguaya inauguró su nueva sede, sita en Bulevar Artigas 2154, esq. Nueva Palmira. Luego de una breve sesión de la asamblea de los obispos, a mediodía se hizo presente el Nuncio Apostólico en el Uruguay, Mons. Anselmo Pecorari, acompañado del nuevo secretario de la Nunciatura, el P. Claudìu-Cãtãlin Cartes, de nacionalidad rumana.
Invitado por el presidente de la CEU, Mons. Carlos Collazzi, el Nuncio Apostólico bendijo la nueva sede, con la oración inspirada en el salmo 126: "Que el Señor nos bendiga la casa / que el Señor nos guarde la ciudad..."
En su breve alocución, Mons. Pecorari destacó el valor de la nueva casa como lugar de encuentro y expresión de comunión entre los Obispos del Uruguay y con el Santo Padre, a quien él representa en el Uruguay.
Un "cordón católico"
La ubicación de la nueva sede de la CEU continúa afianzando lo que podría llamarse el "cordón católico" de Montevideo, sobre Bulevar Artigas. Efectivamente, viniendo desde el mar, poco antes de Avda. Rivera, se encuentra la Nunciatura Apostólica. Al otro lado, en esquina Chaná, la sede de la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicos. Viniendo hacia el monumento a Luis Batlle Berres, se encuentra la Cruz levantada con motivo de la Misa celebrada por Juan Pablo II en el histórico lugar denominado Tres Cruces (posiblemente evocando las tres cruces del Calvario) y la estatua del Papa polaco colocada más recientemente. Inmediatamente después, junto a la Terminal de ómnibus, el Santuario de Cristo Resucitado. Más adelante, el Sanatorio Juan Pablo II, del Círculo Católico de Obreros. Al lado, la nueva sede de la CEU. Sólo dos cuadras más adelante, el Hogar Sacerdotal Mons. Jacinto Vera. Después de los estudios de Televisión Nacional, el Hotel Escuela Kolping, de la Asociación de fieles católicos que sigue las huellas del P. Adolfo Kolping, llamado "el Don Bosco alemán", por su preocupación por la formación profesional, humana y cristiana de los jóvenes trabajadores. También se puede relacionar a esta línea las transversales, destacando principalmente a la Avda. 8 de Octubre, donde se encuentran la Universidad Católica y la Parroquia Ntra. Sra. de los Dolores (más conocida como "Tierra Santa").
lunes, 2 de agosto de 2010
Aplauso episcopal a la suspensión parcial a la ley de Arizona
Apoyo de los obispos de Arizona a la jueza Susan Bolten
Frontera USA - México
Disposiciones de la nueva ley, que había sido aprobada por el gobernadora Jan Brewer en abril, han sido bloqueadas este miércoles por la jueza Susan Bolton y quedarán en suspenso hasta que los tribunales federales se pronuncien sobre su contenido.
Los obispos católicos de Arizona han aplaudido (es el verbo literal que han utilizado) la sentencia de la jueza y esperan que "la reacción a su decisión se exprese solamente en formas pacificas y legales".
"Como obispos de nuestras respectivas diócesis, sabemos que prácticamente en todas las parroquias hay familias que han estado viviendo con miedo y ansiedad creado por la SB 1070 y que dicha ley iba a separar las familias", explican los obispos en una nota.
"La situación de estas familias puede ser que, un padre sea ciudadano y el otro no se encuentra en nuestro país legalmente --añaden--. O puede ser que la situación sea, que algunos hijos sean ciudadanos y que un hermano o hermana no tenga los documentos necesarios".
Los obispos "se unen a estas familias. Sabemos que son buenas personas, que trabajan duro y que contribuyen a la economía y a la calidad de vida de sus comunidades".
Los obispos anuncian que continuarán manifestándose contra las provisiones de la SB 1070 y que vigilarán "la implementación de las provisiones permitidas de acuerdo a la decisión".
Asimismo aseguran que continuarán promoviendo "una reforma comprensiva de las leyes de inmigración de nuestro país".
La posición de los obispos se basa en cuatro principios.
En primer lugar, señalan, "la inmigración ilegal no es buena para nuestro país. No es bueno no saber quien está entrando a nuestro país".
En segundo lugar, aclaran, "nuestras fronteras internacionales deben ser aseguradas y debemos ser protegidos del narcotráfico, el tráfico de armas y de personas, y de la violencia".
En tercer lugar exigen "un proceso para alcanzar un estatus legal - pero no una amnistía - para las personas que han entrado a nuestro país ilegalmente. Este proceso deberá tener consecuencias en proporción al acto de entrar sin documentos, esto incluye multas, aprender inglés, y ponerse en línea desde el comienzo para hacerse ciudadano".
En cuarto lugar, consideran, "nuestra nación necesita un programa que permitirá que los trabajadores entren legalmente a este país. Este programa deberá incluir la protección de los derechos de los trabajadores".
Según los prelados, "la consecuencia fatal del fracaso del liderazgo de los políticos de nuestra nación para implementar una reforma de nuestro sistema de inmigración ha incluido la muerte de miles de personas".
"Los migrantes - mujeres, hombres, niños en circunstancias desesperadas - han muerto intentando entrar a nuestro país. Ciudadanos norteamericanos han muerto debido a los crímenes cometidos por los narcotraficantes, las personas que trafican a seres humanos, y las personas que trafican las armas".
Los obispos concluyen asegurando sus oraciones a sus senadores y representantes para que "dejen a un lado sus divisiones de partido y pronto trabajen para componer el quebrantado sistema de inmigración".
Otros obispos de Estados Unidos y de América Latina han manifestado también aprobación pública ante la decisión judicial.
domingo, 1 de agosto de 2010
Hoy cumple un año
Fazenda de la Esperanza se prepara
a celebrar su primer aniversario
en Uruguay
Este primer aniversario significa también para algunos de los jóvenes de la Fazenda, haber llevado a feliz término el compromiso que asumieran de permanecer un año en la Fazenda para realizar un camino de recuperación de sus adicciones, basado en el trípode Espiritualidad, Trabajo y Convivencia, nutrido de la espiritualidad franciscana y de la del Movimiento de los Focolares.
En esta celebración estará presente el Sr. Nuncio Apostólico, Mons. Anselmo Guido Pecorari (foto), quien presidirá la Eucaristía y con ese gesto manifestará el apoyo y afecto del Santo Padre por esta obra y por los jóvenes que toman la decisión de emprender un camino de liberación de la esclavitud de la droga o de otras adicciones. También estará presente el Obispo Diocesano, Mons. Heriberto y autoridades municipales y de la Junta Nacional de Drogas.
También estarán los fundadores
La primera Fazenda da Esperança fue fundada en 1983, en Guaratinguetá (San Pablo, Brasil) y en 1988 se creó la rama femenina. La primera casa fue visitada por el Santo Padre el 12 de mayo de 2007, en ocasión de su viaje a Brasil con motivo de la Conferencia de Aparecida. Los fundadores de la rama masculina, Nelson Giovanelli y Fray Hans Stapel ofm, han comprometido su presencia en Cerro Chato el 8 de agosto.
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