jueves, 23 de febrero de 2012

Reencuentros en Brescia

En el Centro Pastoral Pablo VI de Brescia.
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Misa a las 7 de la mañana, ya no en la gran Iglesia de Orzivecchi, sino en una pequeña, restaurada recientemente (y con buena calefacción). Cuando vamos llegando al templo con toda la familia, veo escrito el nombre de la calle en que se encuentra la Iglesia: “Via Disciplina”. Eso es lo que decían los anuncios del día anterior: que la Misa sería en la Iglesia de esa calle…
Serafino me conduce a la ciudad de Brescia, donde me espera Don Cesare, pro vicario de la Diócesis, Padre César para la Diócesis de Melo. El P. César me ha preparado una prolija agenda, como lo hiciera en la visita anterior.
Empezamos por el Centro Misionero de la Diócesis, donde saludo al todavía director, P. Rafael y conozco al que quedará luego a cargo, P. Carlo. Me anuncian una visita a Uruguay para noviembre de este año, cuando tendrán en Maldonado una reunión de todos los sacerdotes Fidei Donum (sacerdotes diocesanos “prestados” a otras diócesis) de Brescia que están en América Latina. El final de su reunión coincide con nuestra peregrinación nacional a la Virgen de los Treinta y Tres, de modo que no pierdo la ocasión para dejarles hecha la invitación.
Del Centro Misionero vamos a la Casa de las Hermanas de Santa Dorotea de Cemmo, donde encuentro de nuevo a la Superiora General, Madre Lucia Moratti, con quien recientemente nos habíamos visto en Melo. También saludo a la Hna. Aussilia, que guarda un fuerte recuerdo de sus pocos años en Treinta y Tres, desde donde debió partir para cuidar su salud.
De allí al Centro Pastoral Pablo VI, donde tendremos un almuerzo con otros sacerdotes que han estado en Melo. En esta ocasión nos acompañarán el P. Claudio Delpero, que estuvo en Uruguay dos años y el P. Renato Soregaroli, que estuvo en Treinta y Tres entre 1973 y 1984 y actualmente volvió a ser “Fidei Donum” pero en Brasil. También llegó otro sacerdote que estuvo en Uruguay, aunque no en nuestra diócesis, el P. Flavio Salieri, con quien nos conocimos a través de la Pastoral Juvenil. El almuerzo transcurrió con gratos recuerdos que ayudan a mantener esa comunión entre las dos diócesis.
Después del almuerzo, y antes de mi encuentro con Mons. Luciano Monari, el obispo de Brescia, el P. Claudio me lleva a conocer, a pie, lugares históricos de Brescia. Subimos hasta el castillo, allí donde comenzó a poblarse Brescia y desde donde se ve toda la ciudad. El P. Claudio es un hombre sumamente ilustrado y su conversación me hace recorrer, con gran gusto de mi parte, varios siglos de historia, mientras miramos el entrelazamiento de presente y pasado que se nos ofrece a los ojos.
Mons. Monari me recibe con mucha calidez. Tal como lo hice en el Centro Misionero, en un momento de la conversación recuerdo nuestro pedido de sacerdotes, sin apuro y sin angustias, pero siempre presente. Conversamos de la situación de su Diócesis, actualmente realizando un Sínodo para organizar agrupamientos de parroquias, “Unidades pastorales”. Hablamos de la catequesis y de sus dificultades. Me comenta del proyecto diocesano que busca trabajar más tiempo con los padres, incluso comenzando con ellos antes que con los niños.
Para llevarme de nuevo a Orzivecchi, me espera Denisse una olimareña que vino siendo una jovencita (hace no tantos años) a Brescia, donde conoció a Mario, su esposo. Después de un regreso de ella y un viaje de él a Uruguay se casaron. Tienen dos hijos que pasamos a buscar: Natalia y Alessandro. Ella vive en Orzinuovi, cerca de Orzivecchi, y su casa ha sido un lugar de referencia para Mons. Cáceres. En este viaje, en alguna medida sigo los pasos de nuestro emérito… pero en algunos casos, como éste, son sus huellas las que me encuentran a mí.
Cenamos con la familia de Chiara y Serafino, ahora también con los padres de ella, que viven cerca de Milán. De allí vamos a la sala parroquial, para una presentación sobre Uruguay. Tengo un Power Point sobre la Diócesis de Melo, con varias fotos, que hice por primera vez en 2010 y que voy actualizando cada vez. Lo proyectamos, con apoyo de Denisse en la traducción y luego respondo a algunas preguntas. Mucha gente ha venido. Están presentes hermanos de la Hermana Fiorángela, Dorotea de la comunidad de Treinta y Tres. Una guitarra aparece, y la velada termina con algunas canciones de Uruguay.

+ Heriberto


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miércoles, 22 de febrero de 2012

Miércoles de Ceniza en Polaveno y Orzivecchi (Brescia)

En primer plano, Antonio
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En la mañana del Miércoles de Ceniza tomamos un frugal desayuno con el Sr. Piero y fuimos hasta la parroquia de Borghetto Santo Spirito. Me despedí del P. Francesco y de Piero, y salimos con Marina y Lino hacia la provincia de Brescia. Fuimos bordeando el mar en un día muy soleado. Liguria es una región de montañas que van bajando hasta meterse en el mar, sin llanuras intermedias. A lo lejos, los montes más altos se veían nevados. Los días de mayor frío habían pasado, afortunadamente para mí. En un momento Marina me advierte “ahora dejamos el borde del mar y tomamos una ruta hacia dentro”.
Nuestro destino era Clusane, una pequeña ciudad de la provincia de Brescia, donde me esperaban Serafino y Chiara, un matrimonio al que conocí en Uruguay en diciembre pasado, cuando ellos estaban de vacaciones con su familia. Clara es un poco uruguaya y ambos son veterinarios. Tienen cuatro hijos, y me ofrecieron su casa y su ayuda durante mi visita a Brescia.
Viven en un pueblo llamado Orzivecchi, pero la razón de encontrarnos en Clusane era presentarme una obra verdaderamente extraordinaria. En ese lugar fue párroco un sacerdote llamado Pierino Ferrari, fallecido el año pasado. Don Pierino dejó tras de sí varias obras dedicadas a los discapacitados, la salud y la ancianidad, sostenidas hoy por ocho asociaciones fundadas por él: laicos consagrados, voluntarios, cooperativas. En su obra recibió siempre un muy cercano aliento de la Madre Giovanna Ferrara, fundadora de las Misioneras Franciscanas del Verbo Encarnado.
En Clusane visito un hogar de ancianos al que puede llamarse con verdad hogar, de pequeñas dimensiones, cercanía y familiaridad. Después de un cuaresmal almuerzo, con Don Dario, sacerdote diocesano sucesor de Don Pierino y otros miembros de la obra, pasamos a un hogar para discapacitados, donde conozco a Antonio, inspirador de la obra de Don Pierino.
En una foto de fines de los 70 veo a un joven sacerdote, vestido para la Misa, sosteniendo en sus brazos ante el altar a un niño delgadito que parece dormido. Son Don Pierino y Antonio. Antonio tiene una discapacidad profunda. Los médicos han dicho que no vivirá más que unos meses. Sus padres lo han entregado al sacerdote.
Pero ahora no se trata de una foto. Frente a mí está Antonio, en su silla de ruedas especial. Uno de sus cuidadores, un verdadero Ángel de la Guarda, me dice: “Antonio tiene dos expresiones: sonríe si está contento, llora si algo está mal: si tiene hambre o necesita atención” (como un bebé, pienso yo). El Ángel prosigue: “Antonio vive porque se siente amado, y amarlo es la razón por la que estamos aquí: él nos enseña a amar”.
Chiara y Serafino con colaboradores de la obra de Don Pierino. Él bautizó a una de sus hijas. Todavía me harán conocer algo más, pero eso será el próximo viernes.
De Clusane comenzamos a subir montaña arriba, por rutas empinadas y de muchas curvas (de alguna manera me sirve el entrenamiento adquirido en la Ruta 8, aunque la pendiente no sea tanta). Llegamos hasta un pueblito de la montaña, donde es párroco Don Saverio Mori, para los melenses, el Padre Javier, que fue párroco de la Catedral de Melo.
Llegamos cinco minutos antes del comienzo de la Misa de Miércoles de Ceniza. Con la advertencia habitual (“necesito leer todo lo que tenga que decir”) acepto presidir la Eucaristía. La pequeña Iglesia está llena. Nos acompañan numerosos monaguillos. Muchas niñas están sentadas en los primeros bancos (me parece que casi todos los niños están con nosotros, como monaguillos). Hay gente de todas las edades, inclusive matrimonios jóvenes.
Yo me había encontrado con el P. Javier en mi anterior visita a Brescia, en agosto de 2010. Allí, él todavía no había asumido esta parroquia y estaba recuperándose de una enfermedad.
No es precisamente un jovencito, pero me encontré con un hombre lleno de energía. La pequeña comunidad parece llena de vida. Él hace la homilía, presentando al visitante y yendo luego al espíritu del tiempo de Cuaresma que estábamos iniciando. Invita a participar en las diferentes actividades que ofrecerá la parroquia en el tiempo y luego traduce mis breves palabras de saludo.
Conversamos un rato después de la Misa y lo veo realmente animado. Recorremos a pie los alrededores de la parroquia y nos vamos antes de que el frío nos agarre.
Chiara y Serafino me conducen hasta su casa en Orzivecchi. Viven en las afueras del pueblo. Serafino tiene un criadero de cerdos. Al llegar destaca una fila de silos, en el primero de los cuales se leen las primeras palabras del Ave María. Más abajo, una imagen de la Virgen. La casa es grande, dividida en dos, y en una parte viven los padres de Serafino. Con ellos han quedado los niños: Domenico, … Cecilia, que reciben a sus padres con mucho cariño. A las 19 de nuevo presido la Misa, ahora en la gran Iglesia de Orzivecchi. Con Don Franco, el párroco, imponemos las cenizas a numerosos feligreses. En los avisos para el día siguiente, oigo varias veces la palabra “disciplina” y pienso “aquí la Cuaresma va en serio”.
Después del encuentro con la familia llega el descanso reparador… y necesario, porque el día empezará temprano.

+ Heriberto
Con Don Franco imponiendo las Cenizas

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Mensaje de Benedicto XVI para la Cuaresma

 

MENSAJE DEL SANTO PADRE
BENEDICTO XVI
PARA LA CUARESMA 201
2
«Fijémonos los unos en los otros
para estímulo de la caridad y las buenas obras»
(Hb 10, 24)
Queridos hermanos y hermanas
La Cuaresma nos ofrece una vez más la oportunidad de reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana: la caridad. En efecto, este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de Dios y de los Sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitario. Se trata de un itinerario marcado por la oración y el compartir, por el silencio y el ayuno, en espera de vivir la alegría pascual.
Este año deseo proponer algunas reflexiones a la luz de un breve texto bíblico tomado de la Carta a los Hebreos: «Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (10,24). Esta frase forma parte de una perícopa en la que el escritor sagrado exhorta a confiar en Jesucristo como sumo sacerdote, que nos obtuvo el perdón y el acceso a Dios. El fruto de acoger a Cristo es una vida que se despliega según las tres virtudes teologales: se trata de acercarse al Señor «con corazón sincero y llenos de fe» (v. 22), de mantenernos firmes «en la esperanza que profesamos» (v. 23), con una atención constante para realizar junto con los hermanos «la caridad y las buenas obras» (v. 24). Asimismo, se afirma que para sostener esta conducta evangélica es importante participar en los encuentros litúrgicos y de oración de la comunidad, mirando a la meta escatológica: la comunión plena en Dios (v. 25). Me detengo en el versículo 24, que, en pocas palabras, ofrece una enseñanza preciosa y siempre actual sobre tres aspectos de la vida cristiana: la atención al otro, la reciprocidad y la santidad personal.
1. “Fijémonos”: la responsabilidad para con el hermano.
El primer elemento es la invitación a «fijarse»: el verbo griego usado es katanoein, que significa observar bien, estar atentos, mirar conscientemente, darse cuenta de una realidad. Lo encontramos en el Evangelio, cuando Jesús invita a los discípulos a «fijarse» en los pájaros del cielo, que no se afanan y son objeto de la solícita y atenta providencia divina (cf. Lc 12,24), y a «reparar» en la viga que hay en nuestro propio ojo antes de mirar la brizna en el ojo del hermano (cf. Lc 6,41). Lo encontramos también en otro pasaje de la misma Carta a los Hebreos, como invitación a «fijarse en Jesús» (cf. 3,1), el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe. Por tanto, el verbo que abre nuestra exhortación invita a fijar la mirada en el otro, ante todo en Jesús, y a estar atentos los unos a los otros, a no mostrarse extraños, indiferentes a la suerte de los hermanos. Sin embargo, con frecuencia prevalece la actitud contraria: la indiferencia o el desinterés, que nacen del egoísmo, encubierto bajo la apariencia del respeto por la «esfera privada». También hoy resuena con fuerza la voz del Señor que nos llama a cada uno de nosotros a hacernos cargo del otro. Hoy Dios nos sigue pidiendo que seamos «guardianes» de nuestros hermanos (cf. Gn 4,9), que entablemos relaciones caracterizadas por el cuidado reciproco, por la atención al bien del otro y a todo su bien. El gran mandamiento del amor al prójimo exige y urge a tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad respecto a quien, como yo, es criatura e hijo de Dios: el hecho de ser hermanos en humanidad y, en muchos casos, también en la fe, debe llevarnos a ver en el otro a un verdadero alter ego, a quien el Señor ama infinitamente. Si cultivamos esta mirada de fraternidad, la solidaridad, la justicia, así como la misericordia y la compasión, brotarán naturalmente de nuestro corazón. El Siervo de Dios Pablo VI afirmaba que el mundo actual sufre especialmente de una falta de fraternidad: «El mundo está enfermo. Su mal está menos en la dilapidación de los recursos y en el acaparamiento por parte de algunos que en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos» (Carta. enc. Populorum progressio [26 de marzo de 1967], n. 66).
La atención al otro conlleva desear el bien para él o para ella en todos los aspectos: físico, moral y espiritual. La cultura contemporánea parece haber perdido el sentido del bien y del mal, por lo que es necesario reafirmar con fuerza que el bien existe y vence, porque Dios es «bueno y hace el bien» (Sal 119,68). El bien es lo que suscita, protege y promueve la vida, la fraternidad y la comunión. La responsabilidad para con el prójimo significa, por tanto, querer y hacer el bien del otro, deseando que también él se abra a la lógica del bien; interesarse por el hermano significa abrir los ojos a sus necesidades. La Sagrada Escritura nos pone en guardia ante el peligro de tener el corazón endurecido por una especie de «anestesia espiritual» que nos deja ciegos ante los sufrimientos de los demás. El evangelista Lucas refiere dos parábolas de Jesús, en las cuales se indican dos ejemplos de esta situación que puede crearse en el corazón del hombre. En la parábola del buen Samaritano, el sacerdote y el levita «dieron un rodeo», con indiferencia, delante del hombre al cual los salteadores habían despojado y dado una paliza (cf. Lc 10,30-32), y en la del rico epulón, ese hombre saturado de bienes no se percata de la condición del pobre Lázaro, que muere de hambre delante de su puerta (cf. Lc 16,19). En ambos casos se trata de lo contrario de «fijarse», de mirar con amor y compasión. ¿Qué es lo que impide esta mirada humana y amorosa hacia el hermano? Con frecuencia son la riqueza material y la saciedad, pero también el anteponer los propios intereses y las propias preocupaciones a todo lo demás. Nunca debemos ser incapaces de «tener misericordia» para con quien sufre; nuestras cosas y nuestros problemas nunca deben absorber nuestro corazón hasta el punto de hacernos sordos al grito del pobre. En cambio, precisamente la humildad de corazón y la experiencia personal del sufrimiento pueden ser la fuente de un despertar interior a la compasión y a la empatía: «El justo reconoce los derechos del pobre, el malvado es incapaz de conocerlos» (Pr 29,7). Se comprende así la bienaventuranza de «los que lloran» (Mt 5,4), es decir, de quienes son capaces de salir de sí mismos para conmoverse por el dolor de los demás. El encuentro con el otro y el hecho de abrir el corazón a su necesidad son ocasión de salvación y de bienaventuranza.
El «fijarse» en el hermano comprende además la solicitud por su bien espiritual. Y aquí deseo recordar un aspecto de la vida cristiana que a mi parecer ha caído en el olvido: la corrección fraterna con vistas a la salvación eterna. Hoy somos generalmente muy sensibles al aspecto del cuidado y la caridad en relación al bien físico y material de los demás, pero callamos casi por completo respecto a la responsabilidad espiritual para con los hermanos. No era así en la Iglesia de los primeros tiempos y en las comunidades verdaderamente maduras en la fe, en las que las personas no sólo se interesaban por la salud corporal del hermano, sino también por la de su alma, por su destino último. En la Sagrada Escritura leemos: «Reprende al sabio y te amará. Da consejos al sabio y se hará más sabio todavía; enseña al justo y crecerá su doctrina» (Pr 9,8ss). Cristo mismo nos manda reprender al hermano que está cometiendo un pecado (cf. Mt 18,15). El verbo usado para definir la corrección fraterna —elenchein—es el mismo que indica la misión profética, propia de los cristianos, que denuncian una generación que se entrega al mal (cf. Ef 5,11). La tradición de la Iglesia enumera entre las obras de misericordia espiritual la de «corregir al que se equivoca». Es importante recuperar esta dimensión de la caridad cristiana. Frente al mal no hay que callar. Pienso aquí en la actitud de aquellos cristianos que, por respeto humano o por simple comodidad, se adecúan a la mentalidad común, en lugar de poner en guardia a sus hermanos acerca de los modos de pensar y de actuar que contradicen la verdad y no siguen el camino del bien. Sin embargo, lo que anima la reprensión cristiana nunca es un espíritu de condena o recriminación; lo que la mueve es siempre el amor y la misericordia, y brota de la verdadera solicitud por el bien del hermano. El apóstol Pablo afirma: «Si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado» (Ga 6,1). En nuestro mundo impregnado de individualismo, es necesario que se redescubra la importancia de la corrección fraterna, para caminar juntos hacia la santidad. Incluso «el justo cae siete veces» (Pr 24,16), dice la Escritura, y todos somos débiles y caemos (cf. 1 Jn 1,8). Por lo tanto, es un gran servicio ayudar y dejarse ayudar a leer con verdad dentro de uno mismo, para mejorar nuestra vida y caminar cada vez más rectamente por los caminos del Señor. Siempre es necesaria una mirada que ame y corrija, que conozca y reconozca, que discierna y perdone (cf. Lc 22,61), como ha hecho y hace Dios con cada uno de nosotros.
2. “Los unos en los otros”: el don de la reciprocidad.
Este ser «guardianes» de los demás contrasta con una mentalidad que, al reducir la vida sólo a la dimensión terrena, no la considera en perspectiva escatológica y acepta cualquier decisión moral en nombre de la libertad individual. Una sociedad como la actual puede llegar a ser sorda, tanto ante los sufrimientos físicos, como ante las exigencias espirituales y morales de la vida. En la comunidad cristiana no debe ser así. El apóstol Pablo invita a buscar lo que «fomente la paz y la mutua edificación» (Rm 14,19), tratando de «agradar a su prójimo para el bien, buscando su edificación» (ib. 15,2), sin buscar el propio beneficio «sino el de la mayoría, para que se salven» (1 Co 10,33). Esta corrección y exhortación mutua, con espíritu de humildad y de caridad, debe formar parte de la vida de la comunidad cristiana.
Los discípulos del Señor, unidos a Cristo mediante la Eucaristía, viven en una comunión que los vincula los unos a los otros como miembros de un solo cuerpo. Esto significa que el otro me pertenece, su vida, su salvación, tienen que ver con mi vida y mi salvación. Aquí tocamos un elemento muy profundo de la comunión: nuestra existencia está relacionada con la de los demás, tanto en el bien como en el mal; tanto el pecado como las obras de caridad tienen también una dimensión social. En la Iglesia, cuerpo místico de Cristo, se verifica esta reciprocidad: la comunidad no cesa de hacer penitencia y de invocar perdón por los pecados de sus hijos, pero al mismo tiempo se alegra, y continuamente se llena de júbilo por los testimonios de virtud y de caridad, que se multiplican. «Que todos los miembros se preocupen los unos de los otros» (1 Co 12,25), afirma san Pablo, porque formamos un solo cuerpo. La caridad para con los hermanos, una de cuyas expresiones es la limosna —una típica práctica cuaresmal junto con la oración y el ayuno—, radica en esta pertenencia común. Todo cristiano puede expresar en la preocupación concreta por los más pobres su participación del único cuerpo que es la Iglesia. La atención a los demás en la reciprocidad es también reconocer el bien que el Señor realiza en ellos y agradecer con ellos los prodigios de gracia que el Dios bueno y todopoderoso sigue realizando en sus hijos. Cuando un cristiano se percata de la acción del Espíritu Santo en el otro, no puede por menos que alegrarse y glorificar al Padre que está en los cielos (cf. Mt 5,16).
3. “Para estímulo de la caridad y las buenas obras”: caminar juntos en la santidad.
Esta expresión de la Carta a los Hebreos (10, 24) nos lleva a considerar la llamada universal a la santidad, el camino constante en la vida espiritual, a aspirar a los carismas superiores y a una caridad cada vez más alta y fecunda (cf. 1 Co 12,31-13,13). La atención recíproca tiene como finalidad animarse mutuamente a un amor efectivo cada vez mayor, «como la luz del alba, que va en aumento hasta llegar a pleno día» (Pr 4,18), en espera de vivir el día sin ocaso en Dios. El tiempo que se nos ha dado en nuestra vida es precioso para descubrir y realizar buenas obras en el amor de Dios. Así la Iglesia misma crece y se desarrolla para llegar a la madurez de la plenitud de Cristo (cf. Ef 4,13). En esta perspectiva dinámica de crecimiento se sitúa nuestra exhortación a animarnos recíprocamente para alcanzar la plenitud del amor y de las buenas obras.
Lamentablemente, siempre está presente la tentación de la tibieza, de sofocar el Espíritu, de negarse a «comerciar con los talentos» que se nos ha dado para nuestro bien y el de los demás (cf. Mt 25,25ss). Todos hemos recibido riquezas espirituales o materiales útiles para el cumplimiento del plan divino, para el bien de la Iglesia y la salvación personal (cf. Lc 12,21b; 1 Tm 6,18). Los maestros de espiritualidad recuerdan que, en la vida de fe, quien no avanza, retrocede. Queridos hermanos y hermanas, aceptemos la invitación, siempre actual, de aspirar a un «alto grado de la vida cristiana» (Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte [6 de enero de 2001], n. 31). Al reconocer y proclamar beatos y santos a algunos cristianos ejemplares, la sabiduría de la Iglesia tiene también por objeto suscitar el deseo de imitar sus virtudes. San Pablo exhorta: «Que cada cual estime a los otros más que a sí mismo» (Rm 12,10).
Ante un mundo que exige de los cristianos un testimonio renovado de amor y fidelidad al Señor, todos han de sentir la urgencia de ponerse a competir en la caridad, en el servicio y en las buenas obras (cf. Hb 6,10). Esta llamada es especialmente intensa en el tiempo santo de preparación a la Pascua. Con mis mejores deseos de una santa y fecunda Cuaresma, os encomiendo a la intercesión de la Santísima Virgen María y de corazón imparto a todos la Bendición Apostólica.
Vaticano, 3 de noviembre de 2011
BENEDICTUS PP. XVI

domingo, 19 de febrero de 2012

Desde España

Casa Cristo Rey, Cooperadores Parroquiales, Pozuelo de Alarcón, Madrid

Madrid

El miércoles 15, Madrid me recibió con la mañana de un invierno muy frío, pero con cielo azul y sol radiante. También con la sonrisa del P. Enrique, Cooperador Parroquial de Cristo Rey (CPCR), con quien nos conocimos hace años en Salto y allí volvimos a vernos en una de sus visitas.
Enrique me condujo a la Casa Cristo Rey, en Pozuelo, muy cerca del aeropuerto, donde está su comunidad. Es una casa grande, preparada para retiros y encuentros. Allí estuvo alojada la delegación de Pastoral Juvenil del Uruguay que participó en la Jornada Mundial de la Juventud. Los jóvenes y los CPCR guardan gratos recuerdos de esos días.
Después del desayuno con la comunidad, pude descansar un poco antes que Nacho, un joven colaborador del P. Enrique, viniera a buscarme para llevarme hasta la Universidad San Pablo, donde el Padre es capellán en las facultades de Derecho y Ciencias Económicas. Celebramos allí la Misa en una pequeña capilla y compartí luego el almuerzo con Enrique y profesores de la Universidad que han participado en el proyecto misionero que el sacerdote ha impulsado.
El proyecto ha sido ambicioso: un grupo de 30 estudiantes y profesores, algunos en calidad de misioneros, otros como voluntarios, en períodos de un mes en las diócesis de Concordia y de Rosario (Argentina), donde los CPCR tienen comunidades, La misión tiene una doble faceta: el anuncio cristiano y la colaboración en el desarrollo (de ahí lo de misioneros y voluntarios). Pero quienes participaron han regresado profundamente marcados por la experiencia. Ha habido realmente un antes y un después. Lo comprobé todavía al día siguiente, cuando me entrevisté, por menos tiempo del que me habría gustado, con la decana de la Facultad de Humanidades (también experta en el castellano de los inmigrantes hispanos en los EE.UU.).
De todo este encuentro quedó planteada, de mi parte, la posibilidad de una misión en Melo. Habrá que hacer una propuesta más formal y conversar despacio.
Después de la breve entrevista con la Decana, el jueves continuó con la visita a la Casa de las Misioneras de la Doctrina Cristiana, de quienes tenemos una comunidad en Río Branco.
La Hna. Maru, coordinadora general, uruguaya, me recibe con mucho afecto. Conversamos horas sobre el Uruguay, la Iglesia, la Diócesis, la Congregación, las Hermanas de Río Branco... Compartí el almuerzo con la comunidad, apareció una guitarra y canté algunas canciones de Uruguay y luego me llevaron a la Estación para que tomara mi tren a Bilbao.

Bilbao
P. Manuel Guadilla y Hermanas Trinitarias
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Puntualmente, a las nueve de la noche, después de un cómodo viaje, llegué a la estación de Bilbao desde donde caminé al Hogar Sacerdotal donde vive el P. Manuel Guadilla. Lo encontré en la puerta. Había ido a esperarme a la estación, pero nos habíamos desencontrado. Cené con él y me fui a dormir.
Pasé todo el viernes en Bilbao. De mañana acompañé al P. Manuel a su misa como capellán de las Hermanas Trinitarias, que llevan adelante una residencia universitaria. Después de la Misa con quedamos conversando largamente con las hermanas y volvimos a almorzar al Hogar. En la tarde, una sobrina del P. Manuel y su esposa nos llevaron a recorrer Bilbao. Yo recordé que, más de 20 atrás, había pasado por la ciudad. Era imposible reconocerla, y con razón. Bilbao se había transformado. De ciudad industrial, permanentemente ensuciada por el polvo del carbón, se había transformado en una ciudad orientada hacia los servicios y había alcanzado un importante desarrollo turístico, algo impensable antes. La encontré tan limpia como una ciudad alemana, que ya es decir. Me mostraban los edificios de fines del S. XIX y comienzos del XX, de interesante construcción, todos espléndidos, y me decían: todo esto estuvo tapado por el carbón...
Con todo, España vive su crisis. Las altas cifras de desempleo, "el paro", como dicen los españoles, se repiten por todas partes. No hay trabajo. Muchos inmigrantes se vuelven. El gobierno anuncia recortes y medidas drásticas, al tiempo que trata de que la crisis no se haga catástrofe.
Me preguntan como está Uruguay, y casi da vergûenza decir que estamos bien... Al mismo tiempo, se me enciende una luz amarilla: ¿cuánto podrá durar?

Barcelona

Cornellá de Llobregat, Barcelona. P. Toni, P. Juan Masnou

El sábado 18 vuelo a Barcelona en una empresa de bajo costo. El P. Juan Masnou, un sacerdote que estuvo más de 30 años en Uruguay, en la Diócesis de Salto y en el Seminario Interdiocesano, me espera en el aeropuerto y me lleva a la parroquia San Ildefonso, en Cornellá de Llobregat, donde es vicario. Es mi tercera visita. Estuve por primera vez en enero de 2002, hace diez años. Luego, en octubre de 2004, al año de mi ordenación episcopal. Encuentro al P. Juan en sus 80, pero activo y fiel a todos sus rasgos: sus rezongos por la manera en que va el mundo y (en algunas cosas) la Iglesia, y su fidelidad a la meditación de la Palabra de Dios, que sigue haciendo de él un predicador que capta la atención de la gente y mueve los corazones. En San Ildefonso está también el P. Toni, el párroco, catalán con 32 años de cura, ya conocido de las dos anteriores visitas. Entre los dos atienden dos parroquias. La otra es Nuestra Señora del Pilar, a cinco minutos de camino a pie desde San Ildefonso.
En Nuestra Señora del Pilar celebré el sábado de noche. El Carnaval restó un poco de concurrencia, pero había un buen grupo de gente, más bien mayor.
En la mañana del domingo, al mediodía, celebré Misa en San Ildefonso, acompañado por el P. Toni. Estas parroquias están en barrios de inmigrantes, incluso de quienes llegaron de otros lugares de España. Aquí se celebra en castellano, cabe aclararlo, porque en Catalunya, naturalmente, se celebra en catalán. La iglesia está rebosante, el coro canta sencillos y conocidos cantos a capela, pero bien entonados (ensayan los martes). A la salida, me saluda la gente. Hay más jóvenes que anoche, o tal vez deba decir, simplemente, hay jóvenes. Una panameña, una colombiana de Bogotá, un matrimonio de Medellín, me hicieron presente que también la presencia de los emigrantes revitaliza aquí las comunidades.

De nuevo en Madrid

De tarde, Juan me arrima hasta el aeropuerto. En Madrid, de nuevo el P. Enrique y la casa Cristo Rey. Mañana me espera la salida a Milán, hacia el mediodía, y el comienzo de otra etapa, más larga, de este viaje.

+ Heriberto

sábado, 18 de febrero de 2012

El nuevo embajador del Uruguay le regaló un mate al Papa


Ciudad del Vaticano , 17 Feb. 12 (AICA)

En el Palacio Apostólico, Benedicto XVI recibió, ayer, en audiencia a Daniel Edgardo Ramada Piendibene, embajador del Uruguay ante la Santa Sede, con motivo de la presentación de sus cartas credenciales.

Durante su visita, el nuevo embajador regaló a Benedicto XVI el tradicional mate, realizado con la calabaza tradicional uruguaya.

Daniel Edgardo Ramada Piendibene nació en 1950, está casado y tiene tres hijos.

Tras estudiar secundaria en el colegio del Sagrado Corazón (ex seminario) de los padres jesuitas en Montevideo (1962-1965), entró en el Instituto de Estudios Humanísticos y Clásicos de la Compañía de Jesús, dependiente de la Universidad Católica Argentina, en calidad de novicio y junior (1966-1968).

Profesor de Historia humanística y de Derecho (1968-1969) y profesor asistente de Ciencias Políticas, Filosofía Social y Sociología en la Universidad Estatal (1970-1973).

Desempeñó sucesivamente, entre otras, las siguientes actividades: miembro fundador del Centro de Investigaciones Sociales de Montevideo (1973), donde desempeñó diversos cargos; miembro fundador y redactor de la Revista Uruguaya de Ciencias Sociales (1973-1977); asesor permanente de la Conferencia Episcopal de Uruguay en estudios sociales(1978-1980); en la Universidad de Friburgo, obtuvo una licenciatura en Sociología y Cristianismo (1980-1986), profesor de la Universidad Católica de Paraná, Brasil; ha desempeñado diversos cargos en comisiones ministeriales relacionadas con el comercio exterior e industria farmacéutica; director general de una industria farmacéutica multinacional en Brasil(2010-2012).

Participó en simposios y conferencias sobre teología, sociología y patrología y es autor de numerosos escritos sobre la religión cristiana, pastoral, historia, fe, la Iglesia y la evangelización latinoamericana.

Bodas de Oro de Mons. Cáceres y Peregrinación a la Cruz del Cerro Largo


Melo, 12 de febrero de 2012

Queridos Diocesanos:

Al entrar al segundo año de nuestro Novenario en preparación al Centenario de la llegada a Melo del primer Obispo, Mons. José Marcos Semería, año dedicado a la Familia, dos acontecimientos diocesanos nos llaman a una participación numerosa y activa:
•    Bodas de Oro episcopales de nuestro Obispo Emérito
•    Peregrinación a la Cruz del Cerro Largo

Mons. Roberto Cáceres fue ordenado Obispo en la Solemnidad de San José, el 19 de marzo de 1962. Pocos meses después se inauguró el Concilio Vaticano II, en cuyas cuatro sesiones participó íntegramente. El es uno de los únicos tres Padres Conciliares que, habiendo participado en ese grado, quedan vivos en el mundo. Durante 36 años fue el Pastor de esta Diócesis, dejando ese servicio al cumplir sus 75 años, como disponen las normas de la Iglesia. No obstante, con disponibilidad y entrega, ha permanecido entre nosotros, brindando su alegre mensaje de esperanza cristiana con su testimonio personal y su infatigable presencia en la radio, llegando a casi todos los rincones de la Diócesis.

Mons. Roberto presidirá dos celebraciones para dar gracias por estos cincuenta años. El domingo 18 de marzo, a las 19:30 en la Parroquia San José Obrero de Treinta y Tres. El lunes 19 de marzo, a las 19 horas en la Catedral de Melo. El Sr. Nuncio Apostólico y los Obispos del Uruguay están invitados a participar indistintamente.

El Quinto Domingo de Cuaresma, 25 de marzo, como es ya tradición, nuestra Diócesis peregrina a la Cruz del Cerro Largo. Nos encontraremos a las 9 de la mañana para iniciar la marcha a las 9:30, rezando un Via Crucis en relación a la Familia. A las 15:30 celebraremos la Eucaristía bajo los árboles al costado de la ruta, como es habitual.

Como familia diocesana, hagamos el esfuerzo para estar presentes en ambos acontecimientos, haciendo viva y concreta nuestra comunión.

Aguardando verlos en estos dos encuentros, los bendice de corazón,

+ Heriberto, Obispo de Melo

domingo, 12 de febrero de 2012

Cambio de sacerdotes en Fraile Muerto, Cerro Largo

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Mons. Heriberto, Obispo de Melo, llegó hoy a la Parroquia de Fraile Muerto, sobre la ruta 7, en el departamento de Cerro Largo, para celebrar la Eucaristía y anunciar cambios que afectan a tres sacerdotes.
En primer lugar, el Obispo agradeció al P. Jairo, quien fue durante varios años párroco de esta localidad y que asumió el 1 de enero de 2011 como párroco de la Catedral y continuó como administrador parroquial de Fraile Muerto, sus servicios y su dedicación de estos años, relevándolo del último cargo, para que pueda dedicarse enteramente a la vasta parroquia Catedral.
A continuación, Mons. Bodeant anunció que el P. Luis Fernando, quien venía concurriendo a Fraile Muerto durante el año pasado, primero como seminarista, luego diácono, y finalmente sacerdote, quedaba a cargo de la comunidad, como Vicario Parroquial.
El Obispo se refirió finalmente al P. Freddy, vicario general y párroco de Nuestra Señora del Carmen a quien nombra administrador parroquial de Fraile Muerto, con la finalidad de dar apoyo y respaldo al P. Luis Fernando en estos inicios de su ministerio presbiteral.
Ambos sacerdotes, a su tiempo, agradecieron al Obispo y a la comunidad y expresaron sus buenos deseos. El P. Luis Fernando inició en cierta forma su nuevo servicio, consultando a la comunidad sobre los cambios de horarios de Misa, al poder asegurar la celebración diaria de la Eucaristía residiendo en la casa parroquial.


Reunión de la Vicaría Pastoral: preparando el año 2012

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Ayer y hoy se reunió la Vicaría Pastoral de la Diócesis de Melo, con su integración renovada con el agregado de nuevos integrantes, después de la Asamblea Diocesana de octubre.
El equipo, acompañado por nuestro Obispo, Mons. Heriberto y orientado por el Vicario Pastoral, P. Luis Arturo, trabajo intensamente en estos días con miras a la asamblea diocesana que avanzará en la formulación del proyecto diocesano en julio, y a las actividades en torno al Año de la Familia, segundo año del novenario previo al Centenario de la llegada del primer Obispo a Melo.
Un matrimonio de la Diócesis, integrante de la Vicaría, se prepara para representar a Melo en el Encuentro Mundial de las Familias con el Papa. Se marcó un Consejo Diocesano de las Familias para el mes de agosto, en preparación al Congreso Nacional de la Familia que se realizará en octubre en Montevideo.
Se prepararon los dos grandes eventos diocesanos: la peregrinación a la Cruz del Cerro Largo en marzo y la Fiesta Diocesana en Octubre. Esta última será ocasión del lanzamiento en la Diócesis del Año de la Fe.

sábado, 11 de febrero de 2012

Nuestra Señora de Lourdes: fiesta patronal de la Capilla de Barrio Sóñora, Melo


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En el mismo día de Nuestra Señora de Lourdes, XX Jornada Mundial del Enfermo, Mons. Heriberto presidió la Eucaristía en la capilla de Barrio Sóñora, Melo, acompañado por el Párroco de Ntra. Sra. del Carmen, P. Freddy, el P. Michael y el Diácono Mario.

viernes, 10 de febrero de 2012

Tras las huellas de Fray Junípero Serra: viajando por el sur de California


Entre 1767 y 1784, Fray Junípero Serra con sus hermanos franciscanos evangelizó el sur de California. A la muerte de Fray Junípero, el 28 de agosto de 1784, quedaron establecidas nueve misiones, algunas de las cuales son hoy importantes ciudades: Los Ángeles, San Francisco, San Diego, Sacramento, etc.
Por alguno de estos lugares pasé a fines de enero y comienzos de febrero. Comparto con Uds. algo de la experiencia de esos días.

Mi viaje fue motivado por la generosa invitación a un encuentro de Obispos que organiza Acton Institute, una institución católica de los EE.UU. que ofrece esta instancia de formación y encuentro a Obispos mayormente latinoamericanos, pero también de otros continentes. Eso da ocasión para otros encuentros: un primo y su familia que viven en Los Angeles desde hace muchos años, algunos amigos que están también allí, y parroquias de Los Angeles y, sobre todo, la Diócesis de San Bernardino, con la que se ha ido consolidando una amistad.

Primero fue el encuentro con mis familiares, con los que ya estuve el año pasado en una instancia similar. A pesar de que ellos tienen contacto frecuente con Uruguay, apreciaron la yerba, el vino, los caramelos y los hongos que llevé recordando gustos de cada uno de los integrantes… ah… y una toalla de Forlán para Rafaelito, el más chico.
Parroquia Saint Patrick, North Hollywood
Esos días, tranquilos, en familia, incluyendo la celebración de la Misa a la que suelen ir el domingo en la parroquia de St. Patrick, me ayudaron también a ir superando el jet lag, el trastorno de la diferencia de horas. Cuando en Uruguay es el mediodía, allá son las 6 de la mañana. Seis horas, hacen una real diferencia. Las primeras noches el cuerpo parece creer que está sesteando, y uno se despierta a las tres y media o cuatro de la mañana… por suerte, esta vez pude seguir durmiendo.

De allí, al encuentro de Obispos. El Acton Institute se ocupa sobre todo de temas económicos, y yo lo definiría como un serio esfuerzo por aplicar la doctrina social de la Iglesia en el marco del capitalismo o de la economía de libre empresa. Siempre hay una figura destacada del ámbito eclesial, cuya conferencia resulta de especial interés para los obispos. Este año fue el Cardenal George Pell, arzobispo de Sydney, quien nos compartió su pensamiento y su propia vivencia pastoral sobre el rol del Obispo en la sociedad secularizada. Los ponentes sobre temas económicos se manejaron con buenos criterios pedagógicos y no dejaron de presentarnos algunas consideraciones bastante interesantes sobre el desarrollo y el rol de la empresa en él. Fue particularmente agudo un asesor de PYMES con experiencia en África. África recibe la mayor parte de la ayuda mundial, pero su participación en el comercio internacional es escasísima. A la uruguaya diríamos “no existe”. De alguna manera, la ayuda tiene un efecto perverso, que se podría resumir en una expresión cruda: “si tu negocio es ser pobre, lo mejor es seguir siendo pobre”. Es decir, si por ser pobre te ayudan, lo mejor es… saquen Uds. la conclusión. Si, además, en el círculo entra la corrupción, no parece haber salida.

Del encuentro, realizado en San Diego, me recogió Humberto, un laico mexicano que es Coordinador Parroquial de San Marcelino, en la pequeña ciudad de Commerce, Arquidiócesis de Los Ángeles. El año pasado y de pasada yo había celebrado Misa en su Parroquia, y esta vez le ofrecí ir un poco más. Acordamos en un fin de semana. De San Diego me llevó a una casa donde tenía un retiro de 90 jóvenes de su parroquia, animado por el movimiento “2KM”. Afortunadamente, además de esa enigmática fórmula, en las camisetas se leía también Kairós Kai Metanoia – Tiempo de Gracia y Conversión. Llegué para ponerme a disposición de los jóvenes que quisieran confesarse, todos ellos hispanos, aunque muchos ya hablan el español como segunda lengua. Pasaron muchos por el improvisado confesionario, pero las confesiones no fueron nada improvisadas. Tocados por el retiro, muchos manifestaron volver a confesarse después de por lo menos un año y a menudo comenzaba diciendo “ahora caí en la cuenta de que…”. Un bienvenido despertar de la conciencia. Noté que las jóvenes se expresaban con más fluidez. No les daba vergüenza no recordar una palabra en español, y mi inglés ayudaba algo. En cambio, los jóvenes llegaban como hechos un ovillito, hablando casi para dentro… pero salimos adelante.
De allí, a la Parroquia. Nueve de la noche. Los adoradores nocturnos me estaban esperando, pero no sólo para exponer el Santísimo, como estaba previsto, sino para que celebrara la Eucaristía, ya que por un error de coordinación el Señor había sido llevado al retiro y no estaba en el Sagrario. Tuvimos, pues, la Misa. Noté que algunos de los adoradores se acercaban en el momento de la comunión con los brazos cruzados sobre el pecho, señal de que no pueden comulgar y que desean recibir una bendición. Pensé – y luego compartí con alguien – como la Adoración del Santísimo está abierta a todos, aunque no puedan recibir a Jesús Eucaristía.

A la mañana siguiente, temprano, Misa con la comunidad mayor. A las 12:30, otra misa de horario y a las 16:00, en la parroquia la Misa final del retiro, con los jóvenes y sus padres y muchos testimonios, muy emotivos. San Marcelino es una Iglesia pequeña y eso es un problema, pero de los que me gustaría tener: está siempre llena y queda gente fuera. Muchas parroquias tienen ese dichoso problema, y lo solucionan con más misas: en más de una había nueve, con la Iglesia siempre colmada. A veces siete Misas en español, dos en inglés, o alguna bilingüe. En la Arquidiócesis de Los Angeles se celebra Misa en más de 40 idiomas, incluyendo español, italiano, polaco, pero también tagalog de Filipinas, vietnamita, coreano, lo que sea que hablen en las Islas Fiji… y un largo etcétera. Pero la colectividad de habla hispana es la más numerosa y esta gran Arquidiócesis, que comenzó con obispos irlandeses tiene ahora su primer arzobispo hispano, Mons. José Gómez, nacido en México.

En San Marcelino, el reencuentro con viejos amigos de Young que hace años viven cerca de Los Angeles y con los que almorzamos tras la Misa de 12:30 junto con gente de la comunidad y amigos mexicanos de ellos.

De San Marcelino a la Diócesis de San Bernardino. Petra, una mexicana que es responsable del ministerio hispano en San Bernardino fue quien armó mi agenda. A mi pedido, comenzamos por una visita a la Oficina de Ambiente Seguro para los Niños. No se trata precisamente del ambiente ecológico, sino de la prevención del abuso de menores. La dolorosa experiencia vivida por la Iglesia en los EE.UU., que luego saltó también en muchos lugares del mundo, los ha llevado a crear un importante sistema preventivo, que pasa por estrictas normas de procedimiento en todo lo que es el trabajo catequético y pastoral con niños. Para hacer conocer esas normas y, más aún, para crear conciencia y una mentalidad asertiva sobre el tema, la Diócesis hace regularmente cursos, obligatorios para todas las personas que tienen alguna responsabilidad, desde los ministros ordenados hasta los catequistas, y todas las personas que trabajan en forma paga o voluntaria en los organismos de la Iglesia.

Petra me había anunciado ya que mi presencia en esos días era providencial, pues los sacerdotes hispanos tenían un retiro. Al principio se me pidió un tema, pero luego quedé prácticamente con todo el desarrollo del retiro, que comenzaba un lunes de noche, con una charla de Mons. Gerald Barnes, el Obispo de San Bernardino y terminaría el viernes de noche, con una evaluación con Mons. Rutilio, el Obispo auxiliar. Entre medio, un servidor. Me había pedido hablar sobre Porta Fidei y la Nueva Evangelización, de modo que preparé material sobre esos temas. Estando allí, y con la perspectiva del lugar y del encuentro, fui reformulando cada día mis reflexiones y armamos una dinámica que incluyó tiempo de oración personal en la mañana, trabajos grupales en la tarde y cine foro en la noche (allí no los acompañé…).

Los sacerdotes eran “hispanos”, pero ahí uno se da cuenta de que eso no borra mucha diversidad. Algunos religiosos, otros diocesanos, ya de San Bernardino o prestados. “Nosotros también somos emigrantes” dijo uno de ellos. Y es verdad. Viven muchos de los problemas de inculturación y de adaptación a una realidad diferente que viven los demás inmigrantes. No tienen, claro, mucho de los problemas de éstos; pero tienen otras dificultades. Impresiona la vida en una sociedad tan regulada, donde hay que informarse bien antes de hacer algo o de dejarlo de hacer. Mis primos me contaron desde mi llegada el tema del estacionamiento de su camioneta. No olvidarse que tal día se hace el barrido de las calles y hay que dejar esa vereda libre, o encontrarse después con un ticket, es decir, una multa de unos US$ 50. No sólo están las normas federales, estatales y municipales, sino que también están las normas eclesiales, en gran parte exigidas por ese marco legal civil. Algunos de los sacerdotes decían “yo no me hice sacerdote para pasar una mañana llenando planillas”, pero los que tienen más experiencia daban ánimo y buenos consejos para poder manejarse en un espacio tan regulado.

En fin, fueron cinco días de oración, estudio y convivencia pastoral, que no vienen mal, al tiempo que uno se da cuenta de que junto a esas Iglesia llenas, el problema que quisiéramos, hay otras cosas que no tenemos ningún apuro porque nos lleguen…

El jueves de esa semana de retiro, que era el 2 de febrero, fui en la noche al Centro Pastoral de la Diócesis para celebrar la Misa y dar una charla sobre María a los Grupos Guadalupanos. Un impresionante movimiento de laicos, hombres y mujeres, mayormente mexicanos. Una procesión y Misa muy fervorosa, con bendición – al final – de imágenes del Niño Jesús primorosamente vestidas. Cena con tamales (pasta de maíz con relleno de carne o pollo, envueltas en hojas de maíz, muy parecidos a la humita de Argentina y Chile). Durante la cena, una dinámica: conversar sobre la frase que estaba escrita en cada uno de los mantelitos individuales. Después de la cena, la charla sobre María en el Nuevo Testamento, que fue seguida con mucho interés y atención.

El viernes, luego del retiro, comencé un intenso fin de semana, con visita a varias parroquias, entrevistando a responsables del ministerio hispano. El sábado, esas visitas tuvieron un marco especial: el llamado “Desierto Bajo” (obviamente, hay un “Desierto Alto”) que está hacia el sureste de California. La zona ofrece enormes contrastes: desde las lujosas mansiones, canchas de golf y malls de Palm Springs, una ciudad construida por el jet set de Hollywood para pasar al calor los días de invierno, hay apenas 20 millas (32 km) hasta llegar a los miserables parqueaderos o estacionamientos de casas rodantes (traillers) en los que se amontonan las familias de los braceros que plantan y cosechan lo que abundantemente se cultiva en el desierto, todos en situación de inmigrantes ilegales, que muchas veces las mismas empresas se encargan de traer.

Ver video sobre situación de emigrantes ilegales.

El domingo, despedida con dos misas. La primera en la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, pedida por uno de los sacerdotes “hispanos” que estuvo en el retiro. El P. Pavol, del Verbo Divino, es en realidad eslovaco. Estuvo algunos años en Colombia (donde vivió la incertidumbre de los secuestrados, por cinco días “que me alcanzaron” como dijo él). Ahora está en esta parroquia mayormente mexicana, junto a un sacerdote vietnamita de su congregación… que estuvo en Posadas, Misiones, Argentina y desde allí sigue tomando mate. Con mucha entrega celebran las nueve Misas del domingo, siempre a Iglesia llena, y salen luego a bendecir personalmente a quien lo pida, y son muchos que lo hacen, como pude experimentar. Sus feligreses, sin embargo, no están del todo contentos, y reclaman alguien que hable mejor castellano. En otras parroquias, los angloamericanos reclaman de los curas hispanos un mejor inglés… Agradezco que los uruguayos seamos más comprensivos con tantos sacerdotes que nos han llegado desde diferentes países, con sus acentos o sus dificultades en el español.

Llegando a Uruguay, desde el aire, Montevideo se veía hermosamente iluminada ya cerca del amanecer, sin que éste se insinuara todavía. Mi vecino de asiento, un uruguayo que hace cerca de 40 años – la mitad de su vida – vive en Venezuela y que viene cada cierto tiempo a Uruguay decía “está más grande, esto se ha poblado mucho”. Yo no sabía como decirle que seguimos siendo los poquitos más de tres millones de siempre.

+ Heriberto