jueves, 11 de mayo de 2017
miércoles, 10 de mayo de 2017
Mons. Gregorio Rosa Chávez: Mons. Romero es un ícono del pastor.
Mons. Heriberto Bodeant entrevista para Radio María Uruguay al Obispo auxiliar de San Salvador, Mons. Gregorio Rosa Chávez, que fue un cercano colaborador del Beato Óscar Romero.
Entrevista realizada el 10 de mayo de 2017, en el marco de la XXXVI Asamblea del CELAM, en San Salvador.
En esa asamblea se celebraron los cien años del nacimiento de Mons. Romero, que se cumplirán el 15 de agosto de este año.
jueves, 4 de mayo de 2017
miércoles, 3 de mayo de 2017
Bagé recibirá próximamente el 32° Encuentro de Diócesis de Frontera
"Cuidar la Casa Común es nuestra misión". Con esa lema, obispos, sacerdotes, religiosas y agentes pastorales de las Diócesis que comparten fronteras internacionales en Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, se encontrarán en Bagé, Río Grande do Sul, desde el lunes 15 al miércoles 17 de mayo.
De Uruguay suelen participar habitualmente en estos encuentros las Diócesis de Salto, Tacuarembó y Melo.
El tema general a tratar es "Los vecinos se encuentran para reflexionar y compartir sobre modelos alternativos de desarrollo sustentable que garanticen el cuidado de la «Casa Común» para la vida digna de nuestros pueblos". Como iluminación se toman dos textos libros, del libro del Génesis (2,15) y del libro de la Sabiduría (11,22 - 12,2).
Dos ponencias de expertos versarán sobre “As características do Bioma Pampa” e as iniciativas das Igrejas e da Sociedade na preservação do mesmo”, por Frei Luis Carlos Susin, Franciscano y “Modelos de Desarrollo Sustentable” a cargo de un miembro de RAAD (Red Argentina de Ambiente y Desarrollo).
Los participantes tendrán también la posibilidad de conocer sobre el terreno experiencias de desarrollo sustentable, visitando los municipios de Candiota y Hulha Negra.
Como es característico de estos encuentros, distintas celebraciones irán marcando su desarrollo. El lunes, la Misa inaugural en la Catedral San Sebastián, presidida por el Obispo anfitrión, Dom Gilio Felicio; el martes, Misa preparada por los participantes de Uruguay, en la Capilla San José, contigua al salón de reunión. La Misa de clausura, en el Santuario Diocesano de Nuestra Señora Conquistadora, preparada por los participantes de Argentina y Paraguay.
De Uruguay suelen participar habitualmente en estos encuentros las Diócesis de Salto, Tacuarembó y Melo.
El tema general a tratar es "Los vecinos se encuentran para reflexionar y compartir sobre modelos alternativos de desarrollo sustentable que garanticen el cuidado de la «Casa Común» para la vida digna de nuestros pueblos". Como iluminación se toman dos textos libros, del libro del Génesis (2,15) y del libro de la Sabiduría (11,22 - 12,2).
Dos ponencias de expertos versarán sobre “As características do Bioma Pampa” e as iniciativas das Igrejas e da Sociedade na preservação do mesmo”, por Frei Luis Carlos Susin, Franciscano y “Modelos de Desarrollo Sustentable” a cargo de un miembro de RAAD (Red Argentina de Ambiente y Desarrollo).
Los participantes tendrán también la posibilidad de conocer sobre el terreno experiencias de desarrollo sustentable, visitando los municipios de Candiota y Hulha Negra.
Como es característico de estos encuentros, distintas celebraciones irán marcando su desarrollo. El lunes, la Misa inaugural en la Catedral San Sebastián, presidida por el Obispo anfitrión, Dom Gilio Felicio; el martes, Misa preparada por los participantes de Uruguay, en la Capilla San José, contigua al salón de reunión. La Misa de clausura, en el Santuario Diocesano de Nuestra Señora Conquistadora, preparada por los participantes de Argentina y Paraguay.
martes, 2 de mayo de 2017
Empujados por el Espíritu para la Misión. Mensaje del Papa Francisco en la Jornada Mundial de oración por las Vocaciones.
MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA 54 JORNADA MUNDIAL
DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES
PARA LA 54 JORNADA MUNDIAL
DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES
Empujados por el Espíritu para la Misión
Queridos hermanos y hermanas
En los años anteriores, hemos tenido la oportunidad de reflexionar sobre dos aspectos de la vocación cristiana: la invitación a «salir de sí mismo», para escuchar la voz del Señor, y la importancia de la comunidad eclesial como lugar privilegiado en el que la llamada de Dios nace, se alimenta y se manifiesta
Ahora, con ocasión de la 54 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, quisiera centrarme en la dimensión misionera de la llamada cristiana. Quien se deja atraer por la voz de Dios y se pone en camino para seguir a Jesús, descubre enseguida, dentro de él, un deseo incontenible de llevar la Buena Noticia a los hermanos, a través de la evangelización y el servicio movido por la caridad. Todos los cristianos han sido constituidos misioneros del Evangelio. El discípulo, en efecto, no recibe el don del amor de Dios como un consuelo privado, y no está llamado a anunciarse a sí mismo, ni a velar los intereses de un negocio; simplemente ha sido tocado y trasformado por la alegría de sentirse amado por Dios y no puede guardar esta experiencia solo para sí: «La alegría del Evangelio que llena la vida de la comunidad de los discípulos es una alegría misionera» (Exht. Ap. Evangelium gaudium, 21).
Por eso, el compromiso misionero no es algo que se añade a la vida cristiana, como si fuese un adorno, sino que, por el contrario, está en el corazón mismo de la fe: la relación con el Señor implica ser enviado al mundo como profeta de su palabra y testigo de su amor.
Aunque experimentemos en nosotros muchas fragilidades y tal vez podamos sentirnos desanimados, debemos alzar la cabeza a Dios, sin dejarnos aplastar por la sensación de incapacidad o ceder al pesimismo, que nos convierte en espectadores pasivos de una vida cansada y rutinaria. No hay lugar para el temor: es Dios mismo el que viene a purificar nuestros «labios impuros», haciéndonos idóneos para la misión: «Ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado. Entonces escuché la voz del Señor, que decía: “¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por nosotros?”. Contesté: “Aquí estoy, mándame”» (Is 6,7-8).
Todo discípulo misionero siente en su corazón esta voz divina que lo invita a «pasar» en medio de la gente, como Jesús, «curando y haciendo el bien» a todos (cf. Hch 10,38). En efecto, como ya he recordado en otras ocasiones, todo cristiano, en virtud de su Bautismo, es un «cristóforo», es decir, «portador de Cristo» para los hermanos (cf. Catequesis, 30 enero 2016). Esto vale especialmente para los que han sido llamados a una vida de especial consagración y también para los sacerdotes, que con generosidad han respondido «aquí estoy, mándame». Con renovado entusiasmo misionero, están llamados a salir de los recintos sacros del templo, para dejar que la ternura de Dios se desborde en favor de los hombres (cf. Homilía durante la Santa Misa Crismal, 24 marzo 2016). La Iglesia tiene necesidad de sacerdotes así: confiados y serenos por haber descubierto el verdadero tesoro, ansiosos de ir a darlo a conocer con alegría a todos (cf. Mt 13,44).
Ciertamente, son muchas las preguntas que se plantean cuando hablamos de la misión cristiana: ¿Qué significa ser misionero del Evangelio? ¿Quién nos da la fuerza y el valor para anunciar? ¿Cuál es la lógica evangélica que inspira la misión? A estos interrogantes podemos responder contemplando tres escenas evangélicas: el comienzo de la misión de Jesús en la sinagoga de Nazaret (cf. Lc 4,16-30), el camino que él hace, ya resucitado, junto a los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-35), y por último la parábola de la semilla (cf. Mc 4,26-27).
Jesús es ungido por el Espíritu y enviado. Ser discípulo misionero significa participar activamente en la misión de Cristo, que Jesús mismo ha descrito en la sinagoga de Nazaret: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor» (Lc 4,18). Esta es también nuestra misión: ser ungidos por el Espíritu e ir hacia los hermanos para anunciar la Palabra, siendo para ellos un instrumento de salvación.
Jesús camina con nosotros. Ante los interrogantes que brotan del corazón del hombre y ante los retos que plantea la realidad, podemos sentir una sensación de extravío y percibir que nos faltan energías y esperanza. Existe el peligro de que veamos la misión cristiana como una mera utopía irrealizable o, en cualquier caso, como una realidad que supera nuestras fuerzas. Pero si contemplamos a Jesús Resucitado, que camina junto a los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-15), nuestra confianza puede reavivarse; en esta escena evangélica tenemos una auténtica y propia «liturgia del camino», que precede a la de la Palabra y a la del Pan partido y nos comunica que, en cada uno de nuestros pasos, Jesús está a nuestro lado. Los dos discípulos, golpeados por el escándalo de la Cruz, están volviendo a su casa recorriendo la vía de la derrota: llevan en el corazón una esperanza rota y un sueño que no se ha realizado. En ellos la alegría del Evangelio ha dejado espacio a la tristeza. ¿Qué hace Jesús? No los juzga, camina con ellos y, en vez de levantar un muro, abre una nueva brecha. Lentamente comienza a trasformar su desánimo, hace que arda su corazón y les abre sus ojos, anunciándoles la Palabra y partiendo el Pan. Del mismo modo, el cristiano no lleva adelante él solo la tarea de la misión, sino que experimenta, también en las fatigas y en las incomprensiones, «que Jesús camina con él, habla con él, respira con él, trabaja con él. Percibe a Jesús vivo con él en medio de la tarea misionera» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 266).
Jesús hace germinar la semilla. Por último, es importante aprender del Evangelio el estilo del anuncio. Muchas veces sucede que, también con la mejor intención, se acabe cediendo a un cierto afán de poder, al proselitismo o al fanatismo intolerante. Sin embargo, el Evangelio nos invita a rechazar la idolatría del éxito y del poder, la preocupación excesiva por las estructuras, y una cierta ansia que responde más a un espíritu de conquista que de servicio. La semilla del Reino, aunque pequeña, invisible y tal vez insignificante, crece silenciosamente gracias a la obra incesante de Dios: «El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo» (Mc 4,26-27). Esta es nuestra principal confianza: Dios supera nuestras expectativas y nos sorprende con su generosidad, haciendo germinar los frutos de nuestro trabajo más allá de lo que se puede esperar de la eficiencia humana.
Con esta confianza evangélica, nos abrimos a la acción silenciosa del Espíritu, que es el fundamento de la misión. Nunca podrá haber pastoral vocacional, ni misión cristiana, sin la oración asidua y contemplativa. En este sentido, es necesario alimentar la vida cristiana con la escucha de la Palabra de Dios y, sobre todo, cuidar la relación personal con el Señor en la adoración eucarística, «lugar» privilegiado del encuentro con Dios.
Animo con fuerza a vivir esta profunda amistad con el Señor, sobre todo para implorar de Dios nuevas vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. El Pueblo de Dios necesita ser guiado por pastores que gasten su vida al servicio del Evangelio. Por eso, pido a las comunidades parroquiales, a las asociaciones y a los numerosos grupos de oración presentes en la Iglesia que, frente a la tentación del desánimo, sigan pidiendo al Señor que mande obreros a su mies y nos dé sacerdotes enamorados del Evangelio, que sepan hacerse prójimos de los hermanos y ser, así, signo vivo del amor misericordioso de Dios.
Queridos hermanos y hermanas, también hoy podemos volver a encontrar el ardor del anuncio y proponer, sobre todo a los jóvenes, el seguimiento de Cristo. Ante la sensación generalizada de una fe cansada o reducida a meros «deberes que cumplir», nuestros jóvenes tienen el deseo de descubrir el atractivo, siempre actual, de la figura de Jesús, de dejarse interrogar y provocar por sus palabras y por sus gestos y, finalmente, de soñar, gracias a él, con una vida plenamente humana, dichosa de gastarse amando.
María Santísima, Madre de nuestro Salvador, tuvo la audacia de abrazar este sueño de Dios, poniendo su juventud y su entusiasmo en sus manos. Que su intercesión nos obtenga su misma apertura de corazón, la disponibilidad para decir nuestro «aquí estoy» a la llamada del Señor y la alegría de ponernos en camino, como ella (cf. Lc 1,39), para anunciarlo al mundo entero.
Vaticano, 27 de noviembre de 2016
Primer Domingo de Adviento
Francisco
domingo, 30 de abril de 2017
Un peregrino iba conmigo (Lc 24,13-35). III Domingo de Pascua.
Algunas veces, cuando celebro Misa, me doy cuenta de que hay un grupo de personas que no viene habitualmente. Me doy cuenta porque no cantan, no responden, no saben cuándo sentarse o pararse. En esas ocasiones, o cuando celebro Misas para niños, me pregunto cómo sonarán para ellos las palabras que repetimos ritualmente o las mismas lecturas bíblicas de ese día.
Para mí, sacerdote, y para muchos fieles tiene una gran carga de significado decir, por ejemplo:
“Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del Mundo”…Pero, me pregunto: ¿cómo sonarán estas palabras para los niños… “cordero de Dios”… “pecado del mundo”… o para ese grupo de gente que vino para rezar por una persona querida que ha fallecido? Más todavía, me pregunto: ¿entienden qué es lo que estamos haciendo? ¿Entienden qué es una Misa?
El Evangelio de este III domingo de Pascua, el de “los discípulos de Emaús” nos puede ayudar a entender mejor qué es la Misa; porque aquí Jesús nos lleva a una Misa, aunque no lo parezca. Es una Misa muy especial. Se empieza a preparar en la vida, en el camino, con el mismo Jesús que va guiando… pero vayamos de a poco.
Este pasaje del Evangelio nos ubica en la tarde del día de la resurrección de Jesús. Esa tarde, dos miembros de la comunidad de discípulos, que no han visto a Jesús resucitado, se dicen uno al otro “esto se terminó”.
Jesús había muerto, estaba enterrado. Punto final.
Dejan Jerusalén y empiezan a recorrer los diez kilómetros de camino que llevan hasta el pueblo de Emaús.
Los dos caminantes van concentrados en su conversación, cuando otro peregrino se acerca a ellos. Es Jesús, pero ellos, envueltos en su desilusión, no pueden reconocerlo. Jesús les pregunta de qué venían conversando.
Los dos discípulos se sorprenden por la pregunta y le dicen:
“¿Acaso eres el único peregrino en Jerusalén que no sabe lo que pasó estos días?”.
El desconocido les responde con otra pregunta: “¿Qué pasó?”
“Todo esto de Jesús de Nazaret”, responden ellos; “fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo. Nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron”.
“Nosotros esperábamos que él fuera el liberador de Israel, pero ya van tres días que sucedieron estas cosas. Algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron.”
Hasta aquí, Jesús ha escuchado. Se ha hecho cargo del dolor y de la pena que abruma a sus compañeros de camino.Así estamos llegando a la Misa. Venimos con toda nuestra vida, con nuestras penas y alegrías, nuestras angustias y esperanzas. Y, lo sepamos o no, Jesús ha estado a nuestro lado, acompañándonos en el camino de la vida.
Después de escuchar, el tercer peregrino cambia de actitud. Abandona su aire de despistado y comienza a explicar lo que había sucedido… más aún, a explicar por qué había sucedido. Jesús empieza a hablar:“Oh tardíos corazones… ¡cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?” Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él.”
Y aquí tenemos la primera parte de la Misa, de la que hablábamos. La Misa tiene muchos pasos y muchos detalles, pero tiene dos grandes partes clarísimas. A la primera la llamamos liturgia de la Palabra. Aquí se trata de escuchar la Palabra de Dios, tomada de los libros de la Biblia, de entender el mensaje de esa Palabra y dejar que esa palabra toque nuestro corazón y transforme nuestra vida. La vida, la pasión, la muerte y la resurrección de Jesucristo son la clave para entender toda la Biblia. Todo en ella tiene como centro ese acontecimiento, porque allí Dios actúa para la salvación de la humanidad.
Escuchando al peregrino que se les ha unido, aquellos dos hombres van sintiendo algo que todavía no pueden expresar, pero que, llegado el momento, encontrarán las palabras para decirlo: “¿no sentíamos arder nuestro corazón cuando nos explicaba las Escrituras…?”
Finalmente llegan al pueblo de Emaús. El todavía desconocido Jesús hace ademán de despedirse para continuar su marcha, pero los otros dos le insisten en que se quede:
«Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba»
Entonces, se sientan los tres para comer juntos.
Con mucha naturalidad, el desconocido caminante toma el pan, lo bendice, lo parte y lo entrega a los otros dos.
Entonces, dice el Evangelio “se abrieron sus ojos y lo reconocieron al partir el pan”.
Han reconocido a Jesús en la fracción del Pan.
Y aquí tenemos la segunda gran parte de la Misa: la liturgia de la Eucaristía. El momento en que, por la oración del sacerdote y la acción del Espíritu Santo, Jesús se hace presente en el pan y en el vino, con su cuerpo y con su sangre, para alimentar a sus hermanos.
Se puede decir que estas dos partes de la Misa son como dos “mesas”: la mesa de la Palabra y la Mesa del Pan de Vida. De las dos formas Jesús nos alimenta. De las dos formas Él está presente. La palabra es Su Palabra: Palabra del Señor. El pan es Su Cuerpo y el vino es Su Sangre: Cuerpo y Sangre de Cristo.
En este relato vemos como Jesús, el buen pastor, ha ido a buscar a la oveja perdida… bueno, dos ovejas perdidas que se alejaban de la comunidad.
Él desaparece, pero ellos quedan llenos de su presencia y, sin importar la noche ni la distancia, regresan de inmediato a Jerusalén y allí encuentran a los discípulos reunidos que les dicen:
«Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!».
Cada domingo, estamos invitados por Jesús a vivir “Nuestra Pascua Dominical”; volviendo a Él para escucharlo, para recibirlo, para encontrarlo junto a nuestros hermanos y hermanas, en comunidad.
Y después de la Misa, viene la Misión. Salir al encuentro de los demás. Compartir lo que hemos vivido.
Cada Misa es la oportunidad de vivir un encuentro con Jesús. Cada vez que hemos vivido un encuentro con Jesús que ha tocado nuestra vida, estamos llamados a compartirlo con los demás, a anunciar a Jesús, a dar testimonio de lo que ha hecho Él por nosotros, a anunciarlo como Vida nueva, Vida plena, para todos.
sábado, 29 de abril de 2017
Corresponsables en la construcción de la nueva humanidad. Saludo de los Obispos uruguayos en el Día de los Trabajadores.
El Consejo Permanente de la Conferencia Episcopal del Uruguay ha entregado este mensaje con motivo del 1° de mayo, Día de los trabajadores y fiesta de San José Obrero.
A los hombres y mujeres del trabajo:
Con motivo de un nuevo 1° de Mayo, reciban nuestros saludos.
Lo hacemos con alegría y esperanza, puesto que con el trabajo contribuimos en la Obra creadora, salvadora y santificadora de Dios: “Mi Padre trabaja siempre, y yo también trabajo”, dice Jesús (Jn. 5, 17).
Es un día especial en todos los países y pueblos, vivido a diferentes niveles de posibilidades y conciencia. Como cristianos lo vivimos como un día de celebración, reflexión, oración confiada invocando la protección de San José, patrono de los Trabajadores; a la vez que en unión solidaria y fraterna con todos los hombres y mujeres de buena voluntad.
Precisamente el trabajo es un medio fundamental para avanzar en el proceso de crecimiento y humanización. Por tal motivo, nos alegramos especialmente con aquellas personas que trabajan en condiciones dignas y dignificantes, y en este día las invitamos a valorar y ofrecer su trabajo a Dios.
A la vez compartimos la angustia y preocupación con la situación que viven tantas mujeres y hombres que no tienen trabajo, o que no pueden acceder a un trabajo digno y/o reconocido con una remuneración necesaria y justa. Esto por diferentes razones, sea la falta de formación, capacidades diferentes o discriminación de cualquier tipo. También expresamos nuestro dolor y denuncia por quienes son víctimas de cualquier forma de esclavitud, explotación o trata de personas; así como por los que ejercen estas prácticas indignas sometiendo a otros que son sus hermanos, imagen y semejanza del Creador.
Invitamos a todos en este 1° de Mayo a realizar el trabajo cotidiano sintiéndonos corresponsables en la construcción de la nueva humanidad más acorde al sueño de Dios, que verá la plenitud en el tiempo futuro, pero que estamos convocados a gestar aquí y ahora (Cf. GS 38-39).
Y a todos los que bregan y sueñan en este hermoso país, los animamos a continuar empeñándose con manos, inteligencia y corazón en la construcción de nuestra sociedad, viviendo su misión específica para el bien de todos (Cf. LG 30-38).
+ Carlos Collazzi sdb, Obispo de Mercedes, presidente de la CEU
+ Arturo Fajardo, Obispo de San José de Mayo, vicepresidente de la CEU
+ Milton Tróccoli, Obispo auxiliar de Montevideo, secretario general de la CEU
jueves, 27 de abril de 2017
Jornada de oración por la Paz en Venezuela
COMUNICADO DEL CONSEJO PERMANENTE
DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DEL URUGUAY
DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DEL URUGUAY
Ante la penosa
situación
que vive Venezuela, los Obispos integrantes del Consejo Permanente de la
Conferencia Episcopal del Uruguay invitamos a todos a rezar por la República
hermana.
Nos adherimos a la
jornada de oración que
se realizará mañana, 27 de abril, para pedir por la paz en ese país.
Al mismo tiempo,
expresamos nuestra solidaridad con el pueblo y
nuestra estrecha cercanía con la Iglesia venezolana.
+ Carlos
Collazzi
Obispo de Mercedes
Presidente de la
CEU
+ Arturo
Fajardo
Obispo de San José de
Mayo
Vicepresidente de
la CEU
+ Milton
Tróccoli
Obispo Auxiliar de
Montevideo
Secretario General
de la CEU
viernes, 21 de abril de 2017
viernes, 14 de abril de 2017
Vigilia Pascual y Domingo de Pascua en Melo. Horarios.
![]() |
| La Resurrección de Cristo. Rafael Sanzio. |
Sábado. Vigilia Pascual.
18:30 Santo Domingo Savio19:00 San José Obrero
20:00 Catedral
20:00 Buen Pastor.
21:00 Nuestra Señora del Carmen
Domingo de Pascua. Misas.
08:00 Capilla Sagrada Familia10:00 Buen Pastor
10:00 Parroquia San José Obrero
10:00 Capilla Santo Antonio
11:00 Catedral
18:00 Parroquia San José Obrero
19:00 Santo Domingo Savio
19:30 Catedral
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