sábado, 7 de mayo de 2022

Canonizaciones: María Francisca Rubatto, primera santa del Uruguay. 15 de mayo de 2022.

El próximo domingo, 15 de mayo de 2022, en la Plaza de San Pedro, en la Ciudad del Vaticano, se celebrará la canonización de varios santos.

Entre ellos está la que será la primera santa del Uruguay: María Francisca Rubatto, fundadora de las Hermanas Capuchinas de la Madre Rubatto, que estuvieron presentes en la Diócesis de Canelones, en el Colegio de Tala. En la comunidad educativa se sigue recordando la presencia de las Hermanas y a su fundadora.

Francisca Rubatto nació en Italia, donde fundó su congregación. Más tarde la misión la trajo a América y decidió quedarse en Uruguay en los últimos años de su vida. Pidió ser sepultada en nuestra tierra. Se hizo uruguaya por propia decisión.

 

María Domenica Mantovani fue también fundadora. En cooperación con su párroco, el beato Giuseppe Nascimbeni, fundó las Pequeñas Hermanas de la Sagrada Familia, en Castelletto di Brenzone, a orillas del lago de Garda, en la provincia de Verona, Italia.

Las Hermanas están presentes en nuestra diócesis, en la capilla San José, en Progreso. Son, precisamente, hermanas de esa comunidad quienes presentan en forma testimonial a su fundadora, alternándose con los datos biográficos que ofrece nuestro Obispo Heriberto.

   

La figura y la espiritualidad de Carlos de Foucauld, el hermanito Carlos, el "hermano universal" ha sido inspiradora para muchos miembros del Pueblo de Dios. Fieles laicos y laicas, personas consagradas, sacerdotes se sintieron llamados por su legado espiritual y se agruparon en diversas asociaciones o congregaciones, que configuran la "familia Carlos de Foucauld". Varias de las entidades de la Familia están presentes en el Uruguay.

“Yo les doy Vida eterna” (Juan 10, 27-30). IV Domingo de Pascua, Jesús Buen Pastor.

“Se me hizo eterno”, “parecía que no terminaba nunca”, son expresiones que utilizamos cuando un momento de nuestra vida se nos hizo particularmente pesado o, también, doloroso y nuestro deseo era que terminara de una buena vez.

Por otra parte, hay otras instancias de la vida, momentos felices, que no quisiéramos que llegaran a su fin. Sin embargo, aún cuando terminan, nos dejan un recuerdo grato que nos sigue acompañando, que se hace parte de nosotros, que conforma algo así como un sedimento, un fondo de felicidad sobre el que se apoya nuestra vida.

Las lecturas de este domingo tienen como eje la vida eterna. El evangelio, breve, está tomado del capítulo 10 de san Juan, donde Jesús se presenta como el Buen Pastor. Allí aparece esta promesa de Jesús en referencia a sus ovejas:

Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos. (Juan 10, 27-30)
Vida eterna. Para nosotros, que vivimos en el tiempo, que estamos acostumbrados al flujo de los acontecimientos que van pasando uno tras otro, se nos hace difícil imaginar una vida eterna. Más de un buen cristiano se ha preguntado si eso no será aburrido; algo como lo que decíamos al principio…
Si volvemos un poco más atrás en este mismo capítulo 10 de Juan, encontramos otra expresión de Jesús sobre la vida que Él quiere dar a sus ovejas:
yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia. (Juan 10,10)
“Vida abundante”, “vida en plenitud”; una vida colmada, en la que no falta nada. Una vida feliz, una felicidad que no pasa, que no se desvanece.
En la palabra de Dios, esa vida se nos presenta como una visión.
Así leemos en la primera carta de Juan:
lo que seremos no se ha manifestado todavía. Sabemos que cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. (1 Juan 3,2)  
Y también nos dice san Pablo:
Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara. Ahora conozco todo imperfectamente; después conoceré como Dios me conoce a mí. (1 Corintios 13,12)
Lo veremos tal cual es, veremos cara a cara; pero no todo se queda en la “visión”. Pablo dice “conoceré como Dios me conoce a mí” y Juan va más lejos: “seremos semejantes a él”.
El catecismo de la Iglesia Católica nos habla así de la vida eterna:
Esta vida perfecta con la Santísima Trinidad, esta comunión de vida y de amor con ella, con la Virgen María, los ángeles y todos los bienaventurados se llama "el cielo".
El cielo es el fin último y la realización de las aspiraciones más profundas del hombre, el estado supremo y definitivo de dicha. (Catecismo de la Iglesia Católica, 1024)
La segunda lectura de hoy nos ofrece, con el lenguaje del libro del Apocalipsis, una visión del Cielo habitado por los redimidos por Cristo:

Yo, Juan, vi una enorme muchedumbre, imposible de contar, formada por gente de todas las naciones, familias, pueblos y lenguas. Estaban de pie ante el trono y delante del Cordero, vestidos con túnicas blancas; llevaban palmas en la mano. (Apocalipsis 7, 9. 14b-17)
Si bien la vida eterna es una promesa y está más allá de esta vida, aquí se nos ofrece un anticipo, un anticipo nada menor. Leyendo el Evangelio de Juan, varias veces encontramos expresiones en las que se nos dice que el que cree en Jesucristo ya tiene vida eterna (3,36; 5,24; 6,47; 6,54).
Todo lo que Jesús nos da aquí abajo, todo lo que es una forma de unión con Él a través de la pertenencia a la Iglesia y de la celebración de los sacramentos, es ya vida eterna.

Podríamos seguir profundizado en esta felicidad eterna que Dios ofrece a toda persona humana que viene a este mundo, pero hay dos cosas que no podemos olvidar.

La primera es que esta dicha eterna se nos ofrece a partir de lo que venimos de celebrar: la pasión, muerte y resurrección del Hijo de Dios.
A fin de que las ovejas lleguen a alcanzar la vida eterna, la vida abundante, el Pastor entrega su propia vida. Tres veces, en el capítulo 10 del evangelio de Juan, Jesús habla de dar la vida:

El buen Pastor da su vida por las ovejas. (10,11)
… doy mi vida por las ovejas (10,15)
… doy mi vida para recobrarla. (10,17)
En otros términos, podríamos decir: la felicidad que Dios nos ofrece no es gratuita ni de bajo costo. Hay un precio que se ha pagado y es la vida de Jesucristo. Se ha pagado con la preciosa sangre del Hijo de Dios.

Por eso, también, y es la segunda cosa que debemos tener presente, el cielo no se promete, sin más, para todo el mundo. Jesús dice que esa vida eterna se les da a aquellos que escuchan su voz y «siguen» al pastor. La lectura de los Hechos de los Apóstoles nos dice algo de eso, en las palabras que Pablo y Bernabé dirigen a quienes los insultaban y contradecían:
«A ustedes debíamos anunciar en primer lugar la Palabra de Dios, pero ya que la rechazan y no se consideran dignos de la Vida eterna, nos dirigimos ahora a los paganos.
Así nos ha ordenado el Señor: Yo te he establecido para ser la luz de las naciones, para llevar la salvación hasta los confines de la tierra.» (Hechos de los Apóstoles 13, 14. 43-52)
Como dice el salmo: “ojalá escuchemos hoy la voz del Señor y no endurezcamos el corazón”; más aún, si el Señor es el Buen Pastor, que llama a cada uno por su nombre, que ha dado su vida por cada uno de nosotros para darnos Vida Eterna.

El buen pastor se hace presente a través de los pastores a quienes confía su rebaño. Por eso no dejemos, en este domingo, de orar por las vocaciones de especial consagración para el servicio del Pueblo de Dios, en especial por las vocaciones al sacerdocio y al diaconado permanente.

En este día recordamos a Nuestra Señora del Luján, en nuestra Diócesis patrona de la capilla de Parque del Plata. Nuestro saludo a esa comunidad que celebra su fiesta patronal el sábado 7 a las 17 horas.

Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

“Señor, ¿A quién iremos?” (Juan 6,60-69). Sábado de la III semana de Pascua.

El Sábado 12 de mayo de 2007, en el marco de su viaje apostólico a Brasil, con motivo de la inauguración, en el santuario de Nuestra Señora Aparecida, de la V Conferencia General del Episcopado de América Latina y el Caribe, el Papa Benedicto XVI visitó la Fazenda de la Esperanza en Guaratinguetá, Estado de San Pablo.

Allí pronunció un discurso que puede leerse haciendo click aquí.

A fin de ese año, el 21 de diciembre, en un discurso a la Curia Romana, el Papa se refirió a aquella visita y a la Fazenda. De ese discurso está tomada la reflexión de hoy.

Estos son los párrafos que el Papa Benedicto dedicó a recordar su vista a Guaratinguetá:

Recuerdo muy vivamente el día que visité la Fazenda de la Esperanza, en la que personas caídas en la esclavitud de la droga recuperan libertad y esperanza. Al llegar a ella, percibí inmediatamente de un modo nuevo la fuerza sanadora de la creación de Dios. Las montañas verdes que rodean el amplio valle nos hacen elevar la mirada hacia las alturas y, al mismo tiempo, nos dan un sentido de protección. Del sagrario de la iglesita de las Carmelitas mana una fuente de agua límpida, que recuerda la profecía de Ezequiel sobre el agua que, saliendo del Templo, desintoxica la tierra salada y hace crecer árboles que proporcionan la vida. Debemos defender la creación no sólo para nuestra utilidad, sino por sí misma, como mensaje del Creador, como don de belleza, que es promesa y esperanza.

Sí, el hombre necesita la trascendencia. Sólo Dios basta, dijo santa Teresa de Ávila. Cuando él falta, entonces el hombre debe tratar de superar por sí mismo los confines del mundo, de abrir ante sí el espacio infinito para el que ha sido creado. Entonces, la droga se convierte para él en una necesidad. Pero pronto descubre que se trata sólo de una infinitud ilusoria, —podríamos decir— una burla que el diablo hace al hombre.

En la Fazenda de la Esperanza los confines del mundo quedan realmente superados, la mirada se abre hacia Dios, hacia la amplitud de nuestra vida; así se produce una curación. A todos los que allí trabajan les manifiesto sinceramente mi gratitud; y a todos los que allí buscan la curación, les expreso mi cordial deseo de bendición.

viernes, 6 de mayo de 2022

“El que come de este pan vivirá eternamente” (Juan 6,52-59). Viernes de la III semana de Pascua.

La Iglesia y, en especial, la familia salesiana, recuerda hoy a Santo Domingo Savio.
Siguiendo una inclinación presente desde muy niño, en la adolescencia entró con paso firme en el camino de la santidad. Murió en Mondonio, en el Piamonte, el 9 de marzo de 1857, a los 14 años.

En Uruguay conmemoramos el fallecimiento, en misión, del venerable Jacinto Vera, en la localidad de Pan de Azúcar, 1881.

miércoles, 4 de mayo de 2022

Canonizaciones. María Doménica Mantovani: "Toda para Todos". Fundadora de las Pequeñas Hermanas de la Sagrada Familia.

El 15 de mayo próximo el Papa Francisco celebrará la canonización de varios beatos. Entre ellos se encuentra la que será la primera santa uruguaya, María Francisca Rubatto y el hermanito Carlos de Foucauld.

También será canonizada ese día María Doménica Mantovani, fundadora de las Pequeñas Hermanas de la Sagrada Familia de Castelletto (Verona, Italia). En nuestra diócesis hay una comunidad de estas hermanitas, en la capilla San José de Progreso.

En este video se puede conocer los grandes trazos de la vida de la nueva santa, intercalado con los testimonios de las hermanitas Vanesa, Carina y María.

“Al que venga a mí Yo no lo rechazaré” (Juan 6,35-40). Miércoles de la III semana de Pascua.

 

martes, 3 de mayo de 2022

“El que me ha visto ha visto al Padre”. Juan 14,6-14. Santos Felipe y Santiago, apóstoles.

Fiesta de los santos Felipe y Santiago, apóstoles. Junto con Nuestra Señora de los Treinta y Tres, son patronos del Uruguay.

Felipe, que, al igual que Pedro y Andrés, había nacido en Betsaida y era discípulo de Juan Bautista, fue llamado por el Señor para que lo siguiera. 

Santiago, por su parte, era hijo de Alfeo, de sobrenombre “Justo”, considerado en Occidente como el pariente del Señor, fue el primero que rigió la Iglesia de Jerusalén, y cuando se suscitó la controversia sobre la circuncisión, se adhirió al parecer de Pedro, para que no fuera impuesto a los discípulos venidos de la gentilidad aquel antiguo yugo. Muy pronto coronó su apostolado con el martirio (s. I).

lunes, 2 de mayo de 2022

«Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros» (Jn 13, 34). Palabra de Vida, mayo 2022.

Desde tiempos de su fundadora, Chiara Lubich, el Movimiento de los Focolares propone mensualmente un versículo bíblico para meditar y llevar a la práctica: "Palabra de Vida". Este es el versículo propuesto para el mes de mayo de 2022, con una meditación preparada por Letizia Magri.

Estamos en el momento de la última cena. Jesús, sentado a la mesa con sus discípulos, acaba de lavarles los pies. Dentro de unas horas será arrestado, condenado a muerte y crucificado. Cuando el tiempo se acorta y la meta se acerca, se dicen las cosas más importantes: el «testamento». En este contexto, en lugar de la institución de la Eucaristía, el Evangelio de Juan relata el lavatorio de los pies. Y a la luz de esta acción hay que entender el mandamiento nuevo. Jesús actúa primero y enseña después, y por eso su palabra tiene autoridad.

El mandamiento de amar al prójimo ya estaba presente en el Antiguo Testamento: 

«Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Lv 19, 18). 

Pero Jesús ilumina un aspecto nuevo de éste: la reciprocidad. Es el amor mutuo lo que crea y distingue a la comunidad de sus discípulos.

Este mandamiento tiene su raíz en la misma vida divina, en la dinámica trinitaria que el ser humano está habilitado a compartir gracias al Hijo. Lo ejemplifica Chiara Lubich con una imagen que nos puede iluminar: 

«Jesús, cuando vino a la tierra, no vino de la nada, como cada uno de nosotros, sino que vino del Cielo. E igual que un emigrante, cuando va a un país lejano, se adapta al nuevo entorno, pero lleva consigo sus usos y costumbres y sigue hablando su lengua, también Jesús se adaptó en la tierra a la vida de los hombres, pero, por ser Dios, trajo el modo de vivir del Cielo, de la Trinidad, que es amor, amor recíproco». (1)

«Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros».

Aquí entramos en el núcleo del mensaje de Jesús, que nos lleva a la lozanía de las primeras comunidades cristianas y que al día de hoy puede seguir siendo el distintivo de todos nuestros grupos y asociaciones. En un ambiente en que la reciprocidad es una realidad viva, experimentamos el sentido de nuestra existencia, encontramos la fuerza para seguir adelante en los momentos de dolor y de sufrimiento, nos sentimos sostenidos en las inevitables dificultades y saboreamos la alegría.

Cada día nos enfrentamos a muchos desafíos: la pandemia, la polarización, la pobreza, los conflictos. Imaginemos por un instante lo que sucedería si consiguiésemos poner en práctica esta Palabra en el día a día: nos encontraríamos ante nuevas perspectivas, se abriría ante nuestros ojos el proyecto de la humanidad, motivo de esperanza. Pero ¿quién nos impide reavivar esta Vida en nosotros y reactivar a nuestro alrededor relaciones de fraternidad que se extiendan hasta llenar el mundo?

«Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros».

Marta es una joven voluntaria que ayuda a las personas detenidas a preparar los exámenes universitarios. 

«La primera vez que entré en la cárcel me encontré con personas llenas de miedos y fragilidades. Intenté entablar una relación ante todo profesional y luego de amistad, basada en el respeto y la escucha. Pronto comprendí que no era yo la única que ayudaba a los presos, sino que también ellos me sostenían a mí. Una vez, mientras ayudaba a un estudiante para un examen, perdí a una persona de mi familia, y a él le confirmaron la condena en el tribunal de apelación. Los dos estábamos en muy malas condiciones. Durante la clase me daba cuenta de que él incubaba un gran dolor, que fue capaz de contarme. Llevar juntos el peso de aquel dolor nos ayudó a seguir adelante. Al final del examen vino a darme las gracias, y me dijo que sin mí no lo habría conseguido. Por un lado yo había perdido a alguien de mi familia, pero por otro lado sentía que había salvado una vida. Comprendí que la reciprocidad permite crear relaciones verdaderas, de amistad y de respeto».

LETIZIA MAGRI

 (1) C. LUBICH, María, transparencia de Dios, Ciudad Nueva, Madrid 2003, pp. 83-84.Mayo 2022