martes, 25 de febrero de 2025

Palabra de Vida: “Sé paciente en las vicisitudes” (Eclesiástico 2,1-13)



Martes de la VII semana durante el año, 25 de febrero de 2025. 
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

sábado, 22 de febrero de 2025

22 de febrero: La Cátedra de San Pedro, Apóstol


Palabra de Vida: Reconocer los signos de Esperanza. Mateo 16,13-19
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

“Amen a sus enemigos” (Lucas 6,27-38). VII domingo durante el año.

En el programa anterior hablamos de las bienaventuranzas en el evangelio según san Lucas: felices los pobres, felices los que tienen hambre, felices los que lloran, son las tres primeras, ya bastante difíciles de comprender. Vamos a recordar lo que dice la cuarta:

¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y proscriban el nombre de ustedes, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre! (Lucas 6,22)

“A causa del Hijo del hombre”, es decir, no por cualquier razón: a causa de Jesús, a causa de ser discípulos de Jesús que buscan cada día vivir su Palabra, vivir el Evangelio. Jesús está anunciando a sus discípulos que serán perseguidos a causa de su nombre, por aquellos que lo rechazan. De hecho, repetidamente Jesús advierte a quienes quieren seguirlo, que no pueden pensar en tener un destino diferente al suyo:

“Si el mundo los odia, sepan que antes me ha odiado a mí… Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes” (cf. Juan 15,19-20)

Sentir que somos perseguidos “a causa de Cristo” puede ser muy consolador; pero tengo que discernirlo con cuidado. Si yo digo que soy cristiano, pero, en realidad, en mi vida de todos los días no actúo como tal, sino de manera egoísta, tratando de forma desconsiderada y grosera a los demás y mostrando muy poco amor… pues es posible que mucha gente no me quiera y me rechace, pero no por ser cristiano sino por esa forma de conducirme en la vida…

Después del evangelio que escuchamos el domingo pasado, Jesús nos pone hoy ante cuatro mandamientos muy exigentes, que pueden resumirse en el primero: “amen a sus enemigos”. Si el amor a Dios y al prójimo son los dos grandes mandamientos que ponen a prueba la autenticidad o no de nuestra vida cristiana, aquí Jesús nos está diciendo hasta dónde tiene que llegar ese amor… pero, en definitiva, recordemos que él no se limitó a decirlo, sino que fue el primero en vivirlo.

Amen a sus enemigos, 
hagan el bien a los que los odian. 
Bendigan a los que los maldicen, 
rueguen por los que los difaman.
(Lucas 6,27-28)

Amar a los enemigos. No se trata solamente de no devolver mal por mal, que ya es algo bueno. Se trata de devolver bien por mal. 

Pero necesitamos detenernos en el verbo “amar”. Recordemos que los evangelios fueron escritos en griego y en esa lengua hay tres verbos que nosotros traducimos como “amar”: eraô, que se refiere al amor entre hombre y mujer; phileô, el amor de amistad y agapáo, que es el verbo que en el Nuevo Testamento se utiliza para expresar el amor cristiano, como un amor que se ocupa y se preocupa por el otro, que quiere el bien de las personas amadas y que está dispuesto a la renuncia y al sacrificio.

Al decirnos “amen a sus enemigos”, Jesús no emplea el verbo phileô, el del amor de amistad. No nos está mandando “hacernos amigos” de los enemigos. Jesús era amigo de publicanos y pecadores, pero no era amigo de Herodes, de Anás o Caifás, que fueron sus enemigos. Los amaba, los quería salvar, pero no eran sus amigos.

El verbo que emplea Jesús para decirnos “amen a sus enemigos” es agapáo. Este amor no viene de nuestra naturaleza biológica o psicológica. Es el amor de Dios. Es un amor que viene de Dios, que solo es posible vivir como un don de Dios. Cuando leemos en la primera carta de Juan, que dice “Dios es amor” tenemos que comprender que el amor no es algo que pueda quedar encerrado en sí mismo. 

Dios es amor y por eso Dios ama. El amor que viene de Dios lleva a hacer el bien y solo el bien, en modo gratuito, es decir, sin esperar nada a cambio, ni siquiera el agradecimiento. No es que esté mal que nos den las gracias, no es que esté mal que lo que hacemos sea reconocido por los demás… pero no es eso lo que busca el agapáo, el amor que viene de Dios. Ese es el amor con el que Jesús hace de toda su vida una vida de entrega, que culmina en la cruz. La cruz es el rechazo de ese amor; pero Jesús no dejó de darlo, de ofrecerlo. Un amor incondicionado que buscará hacer todo lo posible para que el otro conozca y llegue a la verdadera felicidad, al encuentro de Dios. Un amor capaz de vencer a la muerte, de volver a la vida y de abrir un camino hacia la eternidad.

Más adelante, en su explicación sobre estos mandamientos, Jesús vuelve a hablar del amor a los enemigos:

Si aman a aquellos que los aman, ¿qué mérito tienen? Porque hasta los pecadores aman a aquellos que los aman. (Lucas 6,32).

“¿Qué mérito tienen?” Muchos biblistas discuten esta traducción. La palabra que aquí suele traducirse como “mérito” es, en griego, charis, que significa “gracia”. La Gracia es lo que define el amor de Dios; como decíamos antes, un amor que se entrega sin esperar nada a cambio, que se da “gratuitamente”. 

Dios no es un ídolo. Un ídolo es un falso dios, que nos llena de exigencias y siempre está insatisfecho. Siempre pide más y más. Un ídolo es todo aquello que se transforma en el centro de nuestra vida y nos hace sacrificar todo para mantenerlo a él. Pensemos en todo lo que provoca una adicción: a una droga o al dinero… siempre pidiéndonos más y haciéndose cada vez más destructiva, rompiendo nuestros vínculos de familia y amistad, hasta terminar desquiciando nuestra propia vida.

Dios es el Dios de la vida. Dios es amor, amor que se entrega. El llamado de Jesús a amar a los enemigos no es una exigencia imposible, para que nos desesperemos por cumplirla porque si no nos echará fuera. Dios no pide: Dios da. Dios no pide nada que Él mismo no nos haya dado, no nos haga posible realizar. Amar como Dios ama, es posible porque Él nos comunica su amor. No solo nos ama. Nos da su amor para que podamos amar como Él nos amó.

Para esto el Hijo de Dios se hizo hombre: para transformarnos en hombres y mujeres capaces de un amor más grande, el amor que recibimos de su Padre. Este es el amor que Jesús da a quienes quieren seguirlo de corazón, a quienes lo escuchan como discípulos. Con Él, gracias a su amor, gracias al Espíritu Santo que Él nos entrega, podemos amar y hacer el bien a quienes no nos aman e incluso a quienes nos hacen daño.

Culmina la Misión San Francisco Javier

Este domingo, a las 11:15, en la parroquia San Isidro culmina la Misión San Francisco Javier. 140 jóvenes, distribuidos en unas doce capillas de barrio y de campo, han vivido junto a quienes los recibieron una intensa semana de encuentro, escucha de la Palabra, celebración y oración. El año próximo culmina este ciclo. Los despedimos, agradecidos, y los esperamos en 2026.

1 de marzo: asume en Uruguay el nuevo presidente

Dice san Pablo a Timoteo: 

“te recomiendo que se hagan peticiones, oraciones, súplicas (…) por todas las autoridades, para que podamos disfrutar de paz y de tranquilidad, y llevar una vida piadosa y digna.” (1 Timoteo 2,1-2)

En ese espíritu rezamos por las nuevas autoridades de nuestro país: por el parlamento que inició sus tareas el sábado 15 y el nuevo presidente que asumirá el primero de marzo.

Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

viernes, 21 de febrero de 2025

Palabra de Vida: Reconocer a Jesús. Marcos 8,27-33.



Jueves de la VI semana durante el año, 20 de febrero de 2025. 
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

miércoles, 19 de febrero de 2025

Palabra de Vida: Ver la vida con claridad. Marcos 8,22-26.



Miércoles de la VI semana durante el año, 19 de febrero de 2025. 
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

martes, 18 de febrero de 2025

CEU - PEDIDO DE ORACIONES POR LA SALUD DEL PAPA

Los obispos del Uruguay invitamos a todas las comunidades a orar por la salud del Papa Francisco, uniéndonos a la oración de toda la Iglesia por su pronta recuperación. 

Lo encomendamos a la intercesión de la Virgen de los Treinta y Tres, patrona de nuestra patria, salud y consuelo de los enfermos.

+ Mons. Milton Tróccoli, obispo de Maldonado-Punta del Este-Minas, presidente de la CEU
+ Card. Daniel Sturla, arzobispo de Montevideo, vicepresidente de la CEU
+ Mons. Heriberto Bodeant, obispo de Canelones, secretario general de la CEU 

Palabra de Vida: Comprender el bien. Marcos 8,14-21.



Martes de la VI semana durante el año, 18 de febrero de 2025. 
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.

domingo, 16 de febrero de 2025

Misión San Francisco Javier 2024-2026 en Canelones

El equipo misionero que visita la Parroquia
San Antonio de Padua, Pueblo Nuevo, Las Piedras.

En febrero del año pasado comenzó el proyecto trienal de la Misión San Francisco Javier en la Diócesis de Canelones.

140 jóvenes de Uruguay y Argentina, vinculados a la Compañía de Jesús (ex alumnos de colegios, etc.) así como sacerdotes y formandos jesuitas realizan durante una semana esta misión distribuyéndose en parroquias y capillas del Decanato Piedras y también del Decanato Centro.

La totalidad de los misioneros estuvo presente en la Misa de inauguración de la Misión, celebrada el sábado pasado en la parroquia San Isidro de Las Piedras. Fue presidida por Mons. Heriberto y concelebrada por el párroco salesiano, el P. Andrés y los sacerdotes jesuitas que acompañan la misión.

Luego de la Misa, los jóvenes se distribuyeron en los diferentes centros de misión:

- En la capilla Santo Domingo, perteneciente a la parroquia San Isidro, en Las Piedras.
- En la parroquia San Antonio (Las Piedras) en la sede parroquial, en las capillas Virgen de los Treinta y Tres de El Colorado e Inmaculada Concepción de Rincón del Colorado.
- En la parroquia Nuestra Señora de la Paz (La Paz) en la sede parroquial
- En la parroquia San Antonio María Claret (Progreso) en la sede parroquial, en la capilla de Villa Felicidad y en la capilla San José
- En la parroquia San Adolfo, (18 de Mayo) en la sede parroquial
- En la parroquia Medalla Milagrosa (18 de Mayo) en la sede parroquial 
- En la parroquia de Sauce, en la capilla Nuestra Señora del Carmen de Cuchilla de Rocha.

El Obispo celebrará Misa en esta semana en algunos de esos centros, de acuerdo al siguiente programa:

Lunes 17. 19 horas. Parroquia Nuestra Señora de la Paz
Martes 18. 19 horas. Parroquia San Antonio María Claret
Miércoles 19. 19 horas. Capilla Nuestra Señora del Carmen, Cuchilla de Rocha (Sauce)
Viernes 21. 19 horas. Parroquia San Adolfo.
Domingo 23. 11:15. Parroquia San Isidro, Misa de acción de gracias y cierre de la Misión.

sábado, 15 de febrero de 2025

Hambrientos y satisfechos (Lucas 6,12-13.17.20-26). VI Domingo durante el año.

Hambrientos y satisfechos es uno de los contrastes que nos presenta el evangelio de este domingo. Nos encontramos hoy con una de las versiones de los dichos de Jesús conocidos como “las bienaventuranzas”, la que encontramos en el evangelio de Lucas. La otra versión la presenta el evangelio de Mateo, al inicio del discurso conocido como “sermón de la montaña”.

“Bienaventuranza” es una palabra castellana muy expresiva, pero cuyo uso fue quedando acotado a estos dichos de Jesús. En las traducciones del evangelio de otra época, estos dichos comienzan diciendo “bienaventurados los…” y ahí seguían distintas situaciones de personas “bienaventuradas”.

Una palabra bonita, porque en su significado está el bien que comienza a realizarse en el presente y se irá completando en el futuro. Una persona bienaventurada es alguien que está recibiendo en su vida el bien y ese bien se irá haciendo aún mayor. Un sinónimo de bienaventurado es “beato”, que es el título que la iglesia da a una persona de la que se ha llegado a la convicción de que está junto a Dios, como el beato Jacinto Vera o las beatas Dolores y Consuelo Aguiar. Un bienaventurado es alguien cuya vida está encaminada hacia la eternidad, hacia la vida eterna en la Casa del Padre.

La palabra con la que hoy se traduce “bienaventurado” es “feliz”. Tal vez pueda parecernos como algo menos… pero hablamos de la felicidad eterna, de la pertenencia al Reino de Dios desde ahora, desde esta vida y para siempre.

San Mateo nos presenta ocho bienaventuranzas. Lucas, en cambio, cuatro. Pero es aquí donde aparece el contraste, porque a esas cuatro bienaventuranzas, Lucas contrapone cuatro “ayes”, cuatro frases que comienzan con un “¡Ay de ustedes…!” Escuchemos ese pasaje del evangelio:

Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo:
    «¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!
    ¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados!
    ¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán!
    ¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y proscriban el nombre de ustedes, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre!
    ¡Alégrense y llénense de gozo en ese día, porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los profetas!
    Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo!
    ¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre!
    ¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas!
    ¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas!»

Las ocho expresiones son fuertes, incisivas. Con ellas, Jesús nos abre los ojos y nos llama a revisar toda nuestra vida, a vernos con su mirada, no con la mirada del mundo. Los pobres, los hambrientos, los que lloran, los odiados y perseguidos no pueden ser considerados felices… No es que Jesús considere que esas situaciones están bien. La bienaventuranza, la felicidad, está en la promesa de Jesús: entrar en el Reino de Dios, ser saciados por Dios, reír y alegrarse por la recompensa en el Cielo. Mateo desarrolla más el sentido de las bienaventuranzas y las abre como un programa de vida para todo el que quiera seguir a Jesús.

Aquí, en el evangelio de Lucas, Jesús está mirando y hablando a sus discípulos, a los que él llamó después de una noche de oración. Ellos son pobres porque lo dejaron todo para seguir a Jesús. Recordemos lo que habían hecho Pedro y sus compañeros:

Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron. (Lucas 5,11)

Y Leví, sentado junto a la mesa de la recaudación de impuestos:

Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. (Lucas 5,28)

La renuncia a los bienes va siempre incluida en el llamado de Jesús:

«… cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.» (Lucas 14,33)

No se trata de convertirse en mendigos. Los bienes de este mundo son preciosos, esenciales para la vida, pero deben mantenerse en su lugar. No pueden convertirse en un obstáculo insuperable para aquellos que quieren entrar en el Reino de Dios. Eso sucede cuando hacemos de la riqueza un ídolo, colocado en el centro de nuestra vida, en un lugar que solo corresponde a Dios. 

El desapego de los bienes, el desprendimiento, lleva a las privaciones. El hambre es la principal de todas ellas. El hambre de los discípulos expresa también una insatisfacción con lo que ofrece el mundo. La promesa de Jesús es “serán saciados”. Detrás de esa expresión misteriosa se esconde la acción de Dios.

Recordemos las palabras de Jesús:

El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed. (Juan 6,35)

“Ustedes, los que ahora lloran”… El llanto, la lamentación de los discípulos viene de su dolor ante la presencia del mal en el mundo, ante el fracaso de sus acciones mejor intencionadas. Hay ejemplos de esas lamentaciones en el mismo Jesús.

La siembra del evangelio se hace muchas veces acompañada del llanto; pero ninguna tierra vale más que la que se ha regado con las propias lágrimas. La promesa de Jesús “ustedes reirán” es la de un gozo desbordante. Es como un eco del salmo 126:

Los que siembran entre lágrimas cosecharán entre cantares. (Salmo 126,5)

La última bienaventuranza, extensa, detallada, anuncia las persecuciones que sufrirán los discípulos. Pero eso confirmará que el discípulo está siguiendo al maestro, está tomando su cruz. Esa confirmación dará sentido a su sufrimiento y confianza en la recompensa final.

Los cuatro ayes que cierran este pasaje evangélico son como la contraposición a las bienaventuranzas, los contrastes de los que hablamos al principio: los ricos, los satisfechos, los que ahora ríen, los que son elogiados por los hombres… Todo lo opuesto a los bienaventurados. Quienes así viven no han puesto su confianza en Dios y son como el hombre que describe el profeta Jeremías en la primera lectura:

¡Maldito el hombre que confía en el hombre
y busca su apoyo en la carne,
mientras su corazón se aparta del Señor! (Jeremías 17,5)

Jesús no los maldice… Jesús se lamenta por ello y su lamentación es todavía un llamado de esperanza de un cambio.

El evangelio de hoy nos sacude y nos llama a reconocer lo que realmente nos enriquece y satisface y nos da una alegría verdadera. Aquello que realmente da sentido y plenitud a nuestras vidas. Estamos llamados a la felicidad, a ser bienaventurados. Esto lo alcanzaremos solo poniendo en el centro de nuestra vida el Reino de Dios que Jesús vino a inaugurar, a encarnar y a realizar en su persona misma, en su vida, en sus palabras y en sus obras.

Misión San Francisco Javier

En distintas zonas del decanato Piedras y decanato Centro se realiza esta semana la Misión San Francisco Javier, con jóvenes uruguayos y argentinos acompañados por sacerdotes jesuitas. El próximo domingo, a las 11:15, en la parroquia San Isidro, celebraremos la Misa de acción de gracias y cierre. 

Gracias, amigas y amigos por su atención. Que los bendiga Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Palabra de Vida: Multiplicar la Esperanza. Marcos 8,1-10.



Sábado de la V semana durante el año, 15 de febrero de 2025. 
Estas breves reflexiones han sido preparadas para los internos de la comunidad terapéutica Fazenda de la Esperanza y son una invitación a vivir cada día la Palabra de Dios, invitación que todos podemos recoger y realizar.