jueves, 13 de noviembre de 2014
Declaración de la Conferencia Episcopal del Uruguay: No a la discriminación, sí al respeto.
1. Desde hace algunos años se ha incrementado a escala mundial la justa condena de cualquier clase de discriminación.
2. La viva conciencia del derecho al respeto debido a cada persona y a no ser discriminado por la raza, el sexo o la religión es aún más sensible en el caso de personas de diversa orientación sexual.
3. Este justo empeño se ve desfigurado, sin embargo, por quienes quieren imponer la “ideología de género” y no toleran otras concepciones de la sexualidad, del matrimonio y de la familia, en particular la visión judeo-cristiana de la que somos dichosos herederos.
4. La expresión más reciente de esta actitud se encuentra en dos documentos: la guía “Educación y Diversidad Sexual” y “Transforma 2014”.
5. Sería excesivo comentar todas las afirmaciones y propuestas contenidas en estos materiales. La finalidad declarada de deconstruir estereotipos impone una concepción del cuerpo humano, de la persona, del matrimonio y la familia y de la moral en total oposición a lo que sostienen tanto el cristianismo como otras religiones y filosofías, en conformidad con la ciencia.
6. Este propósito pasa por alto el derecho humano fundamental de los padres a elegir libremente la educación de sus hijos (artículo 41 de nuestra Constitución) y, por eso, está limitada la ingerencia estatal: queda garantida la libertad de enseñanza. La ley reglamentará la intervención del Estado al solo objeto de mantener la higiene, la moralidad, la seguridad y el orden públicos (art. 68).
7. Según esto, al Estado laico no le compete promover ninguna concepción filosófica de la persona y de la sexualidad y, aún menos, una ideología que, justificándose en la no discriminación, pretende “encerrar en el armario” la educación según las ideas cristianas.
8. En estas circunstancias, vemos necesario recordar que todos los cultos religiosos son libres en el Uruguay (art. 5). En consecuencia, en las instituciones de la Iglesia Católica se seguirá enseñando libremente el precioso patrimonio de su doctrina. De ella forma parte esencial el respeto a todas las personas, sin ninguna clase de discriminación.
9. Queremos manifestar, además de los motivos enunciados, que levantamos nuestra voz también en nombre de las familias católicas que envían a sus hijos a las escuelas de gestión estatal. Los padres, a su vez, tienen el derecho y el deber de oponerse a lo que consideran un abuso en la educación de sus hijos. De difundirse los textos referidos, en lugar de ser formados en la no discriminación de las personas, los hijos sufrirán la violencia de una educación sexual ideologizada y desnaturalizada.
10. La Iglesia quiere reafirmar su deseo de trabajar en favor de todos los ciudadanos de nuestra patria, sin distinción alguna, ofreciendo dialogar con respeto sobre las diversas ideas y proponiendo su propio modo de encarar la existencia.
Los Obispos del Uruguay
Florida, 10 de noviembre de 2014.
domingo, 9 de noviembre de 2014
Homilía de Mons. Daniel Sturla en la Peregrinación Nacional a la Virgen de los Treinta y Tres.
Nada hay más nuestro que nuestra Madre, y aún los que nos hemos criado entre varios hermanos sentimos que la madre es de cada uno… Aún más los que no han tenido la alegría de esta relación tan especial la sienten en el corazón como una realidad llena de nostalgia …. Por eso estar aquí junto a María nos pone en esta sintonía de hijos con la madre. María es nuestra, es mía… venimos de distintas partes representando a todo el Pueblo de Dios que peregrina en nuestra tierra… Todo el Pueblo de Dios, obispos, sacerdotes, laicos, consagrados,,, venimos con nuestras “cuitas” a la Virgen, yo trato siempre de poner una intención pero se me cuelan dos, tres, cuatro, le digo a María te las presento todas, vos sabrás!!!!! Claro que traemos nuestros pedidos pero que bueno que piropeemos a la Virgen con las palabras de la Escritura, con ésas de la primera lectura dirigidas a Judith: Tú eres la gloria de Jerusalén. El orgullo de Israel, el insigne honor de nuestra raza. Y las completamos con el evangelio, con esas hermosas palabras que Isabel dirigió a su prima que la visita: “Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre…”
La Virgen de los Treinta y Tres
Entre tantas advocaciones marianas
queridas, hoy celebramos a la Virgen de los Treinta y Tres, a esta Madre
la sabemos bien nuestra… Imagencita de madera americana, manos de
indios que la tallaron, gauchos y chinas que la veneraron… nombre
hermoso: Virgen del Pintado, fundadora de la entonces villa de san
Fernando de la Florida, y luego protagonista de la gesta patria… porque
aquí dimos un paso de gigante en esa lucha por la libertad que tanto nos
costó… Y aquellos próceres no dudaron en poner la patria naciente bajo
la protección de María. Fue así que por clamor popular la imagencita del
Pintado pasó a ser, en la voz del pueblo. la Virgencita de los Treinta y
Tres… Junto a ella, podemos dejar por un rato nuestras peticiones
particulares y si hacemos silencio, podemos escuchar un murmullo que nos
viene del centro de esta plaza con ecos más que centenarios…
“Es la voz de la patria... Pide gloria...
Yo obedezco esa voz. A su llamado,
Siento en el alma abiertos
Los sepulcros que pueblan mi memoria,
Y, en el sudario envueltos de la historia,
Levantarse sus muertos.”
Así comienza La Leyenda Patria de Don Juan
Zorrilla de San Martín Por primera vez fue recitada aquí en esta plaza
de Florida el 19 de mayo de 1879 cuando se inauguró el monumento a la
independencia del centro de la plaza. La historia nos dice que este
poema había quedado fuera del concurso que se había convocado porque era
más largo de lo estipulado, pero se le pidió a Zorrilla que lo
recitara. Cuando terminó con aquella estrofa solemne… Protege oh Dios la
tumba de los libres, protege a nuestra patria independiente que inclina
a Ti tan sólo, sólo ante ti la coronada frente. Todos vibraban y
vitoreaban al poeta. En medio de la emoción general, el ganador del
concurso literario se quitó la medalla de su pecho y se la colocó a
Zorrilla… Magnanimidad
Recordar hoy aquí esta noble actitud con
el trasfondo de la Leyenda Patria nos habla de una virtud esencial en
los momentos que vivimos en nuestra patria y que queremos pedir ala
Santísima Virgen: Se trata de la magnanimidad… ¿Que quiere decir esta
palabra? Grandeza de alma… alma grande como la que tienen los hombres de
todas las latitudes que no se dejan envolver en lo mezquino, lo
pequeño, el enredo de las cosas, la turbiedad del río revuelto… sino que
miran a lo lejos, apuntan hacia lo que vale la pena, apuestan por la
limpidez del azul del cielo. ¡Las cosas de arriba!
Celebramos esta
fiesta de la Virgen entre dos instancias electorales. Hemos dado al
mundo como otras veces un testimonio de ejemplar conducta cívica.
Públicamente se discrepa con altura y la clase política uruguaya con sus
más y sus menos demuestra espíritu de diálogo. Pero es natural que en
estas épocas se dé la polarización. Sin duda es un llamado de atención.
En las redes sociales se cuelan muchas veces expresiones duras,
intolerantes, hasta crueles… y esto mismo a veces se refleja en palabras
de algunos cuando la mirada sobre el otro no es de adversarios sino de
enemigos…. Saber ganar, saber perder, mirar más allá del propio color,
los colores de la patria… ser magnánimos.
¡Cuidado! sabemos lo que es el
enfrentamiento de hermanos… Los tuvimos con dureza durante os primeros
70 años de vida independiente, y luego en los años 60 y 70 vivimos
también enfrentamiento con armas entre orientales… Hoy vivimos en paz,
pero la paz se construye día a día, en el respeto al otro, al que piensa
distinto, al que es distinto…
Respeto a la dignidad de toda persona
No se trata de esa vaga tolerancia que
pretende que todas las ideas valen igual, no… Lo que vale es la persona
humana, la dignidad de cada uno… en el terreno de lo que pensamos,
discrepemos con libertad… No se trata para nosotros cristianos de
palabras “buenitas” o ingenuas, de acuerdo fácil. Creemos con toda el
alma en Dios y queremos que nuestra cultura se impregne de evangelio
sabiendo que el aroma de Jesús de Nazaret es el mejor perfume que pueden
tener nuestra patria, nuestras leyes, nuestros hogares,,,, Pero en la
defensa de nuestras convicciones no queremos destruir a nadie, queremos
construir entre todos un país de hermanos, con libertad y justicia, con
respeto a una verdad que nos trasciende. Una falsa tolerancia hacia la
diversidad se ha transformado en intolerancia agresiva hacia
convicciones profundas de nuestro ser cristianos…En esta sociedad plural
también la Iglesia, forjadora de este Uruguay desde su cuna, tiene una
palabra que decir… Ella amamantó a la patria naciente en la leche pura
del evangelio, y tiene el derecho y el deber de seguir haciéndolo.
Nuestras convicciones de cristianos
Con
sencillez y sin agravios pero con la firmeza más grande creemos – que la
vida es un don del Creador y que nadie es enteramente dueño de su vida,
por ello defendemos la vida humana desde la concepción hasta su muerte
natural – Creemos que la diferencia sexual es querida por Dios y
responde a un designio amoroso del Creador, que se hace patente en
nuestra naturaleza. – Creemos que separando lo que Dios ha unido
terminamos no en la diversidad armoniosa sino en la uniformidad
totalitaria… La sexualidad humana está unida al amor, al compromiso, a
la transmisión de la vida, y Dios le ha dado el gozo del placer para
hacer mayor nuestra alegría de vivir. Cuando se le van separando uno a
uno estos elementos no crecemos en humanidad. Multiplicamos placeres
pero no engendramos alegría… Los hijos dejan de ser un don recibido con
gozo y pasan a ser una carga para algunos o un derecho a adquirir para
otros. – Por eso respetando las situaciones diversas vividas muchas
veces con dolor y respetando a cada persona más allá de su orientación,
creemos en la familia formada por un matrimonio entre varón y mujer
abierto al don de la vida.
- Creemos también en la libertad de
enseñanza garantizada por un estado que debe cumplir la constitución que
da a los padres el derecho a elegir la educación que desean para sus
hijos. -La Iglesia tiene experiencia educativa en nuestra tierra, desde
antes que naciera la república. Hoy somos más conscientes que en la
educación se juega un elemento clave de nuestro presente y futuro… Sobre
todo en los ambientes más pobres donde solo desde la educación se logra
que sea cada uno, con la ayuda de otros, artífice de su propia dignidad
y no deudor de fáciles favores. La Iglesia ha demostrado a través de
diversas instituciones que cuando se quiere se puede. – Creemos que
sobre toda propiedad grava una hipoteca social, que no somos dueños
absolutos de lo que legítimamente poseemos sino que somos
administradores a los que Dios nos pedirá cuenta. – Creemos que “la
religión pura y sin mancha delante de Dios es atender al huérfano y a la
viuda” es decir poner en el centro a los que más necesitan… como lo
tenemos en nuestra tradición nacional, es esa frase cargada de
sensibilidad evangélica de Artigas: “que los más infelices sean los más
privilegiados”.
La belleza de la vida cristiana
La belleza de la vida cristiana
Queridos Hermanos: cuando en el evangelio
de hoy se nos narra la visita de María a su prima Isabel vemos plasmado
en este misterio de gozo el servicio y la alegría que son el testimonio
más patente del evangelio. María va a servir y se encuentra envuelta en
el gozo de la presencia del Dios hecho pequeño en su seno y reconocido
por la acción del Espíritu Santo: “¿Quién soy yo para que la Madre de mi
Señor venga a visitarme?” María responde en el colmo de la humildad y
la alegría: “Mi alma canta la grandeza del Señor”. La vida cristiana
está aquí en una síntesis maravillosa… La presencia del Señor en nuestro
interior nos empuja al servicio. Sirvo y vivo la grandeza de la
vocación… sirvo y experimento el gozo de Dios… La vida es servicio y el
servicio es la verdadera alegría… Gracias María, Madre y Maestra,
enséñanos a servir a nuestra patria.
Virgen de los Treinta y Tres – 9 noviembre 2014
sábado, 8 de noviembre de 2014
También en Roma: los uruguayos celebraron la fiesta de la Virgen de los Treinta y Tres
Ayer, 7 de noviembre, en las primeras vísperas
de la Solemnidad de la Virgen de los Treinta y Tres, se reunió en Roma la colectividad uruguaya para dar gracias a Dios por el «rinconcito uruguayo» en Roma en el
que mes a mes se reúne para celebrar la fe desde hace 20 años: la
Basílica dei Santi XII Apostoli, donde se encuentra la tumba de los Santos
Apóstoles Felipe y Santiago, patronos del Uruguay.
La Santa Misa en la Basilica dei Santi Apostoli
La Celebración Eucarística fue presidida por Mons. Piero Marini,
actualmente Presidente del Comité para los Congresos Eucarísticos
Internacionales, que en su momento, siendo ceremoniero de san Juan Pablo II le
acompañara en sus visitas a Uruguay. En efecto, en un momento de su homilía expresó: «Estoy muy contento de celebrar esta Eucaristía junto a la comunidad uruguaya en Roma... en cierto modo, yo también me siento hoy un poco uruguayo... la imagen de la Virgen de los Treinta y Tres, es para mí como un memorial de la visita de san Juan Pablo II al Uruguay en abril de 1987. Recuerdo que en aquella ocasión, en “Tres Cruces”, pude ver por primera vez la imagen de la Patrona del Uruguay y rezar ante ella».
Participaron de la concelebración: Fra Agnello Stoia (párroco de la basílica) y el Padre Guardián de la Comunidad de los Padres Conventuales; los sacerdotes uruguayos residentes en Roma: Guillermo Buzzo, Francisco Lezama, Arturo Bellocq, Gonzalo Aemilius, Raúl González e Ignacio Muñoz; dos sacerdotes ocasionalmente presentes en Roma: Juan Silveira y Marco Bottoni; además de un nutrido número de fieles uruguayos que viven en Roma o están de paso por ella así como muchos italianos amigos del Uruguay que colmaban la cripta en la que se encuentra el altar de la Virgen.
Miembros del Cuerpo Diplomático de distintos países, entre los que se encontraban casi todos los países de América Latina y la Secretaría de Estado de la Santa Sede, quisieron mostrar con su presencia el afecto hacia nuestro país y la amistad hacia las representaciones diplomáticas de Uruguay ante la Santa Sede y ante el gobierno de Italia.
Al concluir la sentida celebración, que estuvo marcada por la sencillez
y la dignidad litúrgica, toda la asamblea rezó a los pies de la imagen de la
Virgen la oración con que san Juan Pablo II consagrara el Uruguay a la Madre
del Redentor en la Celebración Eucarística y ordenaciones sacerdotales en la
ciudad de Florida, el Domingo 8 de mayo de 1988. Finalizada la Misa se
compartió un brindis en el claustro del Convento en un ambiente de fraterna
cordialidad.
De este modo, entonces, la comunidad uruguaya en Roma celebró la fiesta
de la Patrona del Uruguay y los 20 años de la presencia de la imagen de la
Virgen de los Treinta y Tres en el corazón de Roma junto a la tumba de los Santos
Apóstoles Felipe y Santiago.
La Virgen de los Treinta y Tres en Roma
Mons. Alberto Sanguinetti en el mensaje enviado para esta ocasión
señala: «Un día entré a esa basilica y bajé a rezarles a los Santos
Apóstoles Felipe y Santiago, vicepatronos del Uruguay y patronos de Montevideo.
Al hacer el giro de la cripta me encontré con el altar vacío en la pequeña
capilla y me dije: "Aqui Nuestra Señora tiene preparado su lugar"».
Tiempo después, contando con el apoyo de la CEU, la Embajada de Uruguay ante la
Santa Sede y la cálida acogida de la comunidad de los Padres Conventuales a
cuyo cargo está la basílica, el 25 de octubre de 1994, Mons. Daniel Gil
Zorrilla presidió la Misa y el Cardenal Agostino Casaroli presidió la procesión
y entronización de la imagen, que habia sido anteriormente bendecida por San
Juan Pablo II. Desde ese momento, ha sido el punto de encuentro para los uruguayos que viven en Roma o los que están de paso. De ahí que se considerara oportuno celebrar este aniversario al que los Obispos de Uruguay reunidos en Conferencia en Florida se unieron mediante un mensaje en el que expresan su saludo «a los miembros de la comunidad que han sabido llegar allí mes a mes, honrando a la Patrona y orando por la Patria lejana en el espacio, pero siempre presente y cercana en el recuerdo y el afecto» a la vez que agradecen «a la comunidad conventual su fraterna hospitalidad y auguran que siga siempre encendida esta llama de devoción mariana que contribuye a mantener vivos los lazos entre los uruguayos presentes en Roma y los que peregrinan a Florida».
El saludo de la CEU
Florida, 5 de noviembre de 2014Al Sr. Cura Párroco de la Basílica de los Doce Santos Apóstoles
P. Aniello Stoia O.F.M. Conv.
A la Comunidad uruguaya en Roma
Llegue a todos Uds. nuestro cordial saludo desde el Santuario Nacional de la Virgen de los Treinta y Tres en la ciudad de Florida, Uruguay, donde se encuentra reunida nuestra Conferencia Episcopal en su asamblea plenaria ordinaria.
Hace ya veinte años, en una celebración presidida por el recordado Obispo de Salto, Mons. Daniel Gil Zorrilla S.J., con el beneplácito de la Conferencia Episcopal, la cálida acogida de la comunidad conventual de la Basílica y la fervorosa adhesión de la comunidad uruguaya en Roma fue entronizada la imagen de la Purísima Virgen de los Treinta y Tres, patrona del Uruguay.
Desde entonces, miembros de la comunidad han sabido llegar allí mes a mes, honrando a la Patrona y orando por la Patria lejana en el espacio, pero siempre presente y cercana en el recuerdo y el afecto.
Celebramos este aniversario, agradecemos a la comunidad conventual su fraterna hospitalidad y auguramos que siga siempre encendida esta llama de devoción mariana que contribuye a mantener vivos los lazos entre los uruguayos presentes en Roma y los que peregrinaremos el próximo domingo a Florida.
Con todo afecto, nuestra bendición:
+ Rodolfo Wirz, Obispo de Maldonado-Punta del Este, Presidente
+ Arturo Fajardo, Obispo de San José de mayo, Vice-presidente
+ Heriberto Bodeant, Obispo de Melo, Secretario
Purísima Virgen de los Treinta y Tres, patrona del Uruguay
Historia
Su figura, nombre e historia, forman
parte del imaginario del pueblo uruguayo, su Santuario integra nuestro
Patrimonio Nacional. Es la Patrona de nuestro país y un símbolo qué, en
su permanencia, solidifica los orígenes culturales, raciales e
históricos del Uruguay.
Su talla data del siglo XVIII por los
guaraníes y fue confiada a Antonio Díaz, indio de Santo Domingo de
Soriano, de quién recibió su primera capilla en el Pintado.
Fundadora de la Villa de San Fernando de
la Florida en 1825, vio a pie a los Treinta y Tres Orientales con la
bandera tricolor, al gobierno provisorio y a la asamblea que declara
nuestra independencia.
Fue honrada a lo largo del tiempo con
distintas coronas, una obsequiada por Manuel Oribe y otra con alhajas de
las mujeres orientales.
Declarada Patrona de la República
Oriental del Uruguay por el Papa Juan XXIII, fue coronada solemnemente
en la Piedra Alta en 1961. El Papa Juan Pablo II la honró en Tres Cruces
y peregrinó hasta ella en Florida.
Su Santuario – Catedral, que se levanta
ante la Plaza de la Asamblea, está enriquecido con delicadas pinturas
que representan el nacimiento de Jesús, Pentecostés y la Asunción y
Coronación de María. Se destacan sus puertas de bronce, obra de Belloni.
Origen de la devoción
El origen de esta advocación de la Virgen
de los Treinta y Tres está ligado a la gesta libertadora de los
próceres Uruguayos. La devoción no tuvo en su origen ningún
acontecimiento extraordinario, ninguna señal que va más allá del orden
natural de las cosas. Está sí originada en un consenso popular, en un
sentido de fe. En efecto, en el primer cuarto del siglo pasado, se había
extendido por todo el territorio de la Banda Oriental un ansia de
libertad, recogido por José Artigas quien, al encararlo en su ideario,
en su acción de caudillo rural y en la primera organización política que
dio a estas provincias, se convirtió en el “Protector de los Pueblos
Libres”. Se pueden señalar tres aspectos de la gesta artiguista, que
recogen esta ansia de libertad existente y le da base doctrinaria y
organizativa.
a. El Éxodo de 1811, donde todo el
pueblo, frustrado en sus expectativas de libertad, prefiere dejar sus
casas y campos y marchar detrás de su jefe para realizar con él una
experiencia de independencia única en América: “ellos se creyeron un
pueblo libre, con la soberanía consiguiente”, diría Artigas explicando
este fenómeno.
b. El Congreso de 1913, donde los
diputados de cada departamento van a echar las bases de la independencia
de estas provincias. Artigas da su célebres “instrucciones” asentando
su doctrina de libertad y federación.
c. El corto (1815), pero efectivo
gobierno de Artigas, que no descuida ningún aspecto importante para la
vida libre y digna de un pueblo: reforma agraria, comercio, navegación,
instrucción, salud pública, atención religiosa.
El pueblo vivió esa experiencia exaltante
que sería truncada por la traición “de los malos españoles y peores
americanos”, como dirá el mismo Artigas. Artigas se retiró a la patria
hermana del Paraguay, donde pasó en el silencio 30 años. Pero sus ideas
quedaron.
En 1825 son retomadas en la Cruzada
Libertadora, por los Treinta y Tres Orientales. Estos se reúnen en
Florida, donde realizan la Asamblea de la Independencia Nacional. En la
Piedra Alta, convertida en Altar de la Patria, proclaman, el 25 de
agosto, la Declaratoria de la Independencia Nacional. Fue entonces que
llevaron ante la pequeña imagen de la Virgen María, que se veneraba en
la capilla del pueblo, sus ansias de libertad.
Reseña histórica
Dentro de la historia de la Iglesia en Florida, cabe señalar tres hechos importantes:
1. Con antelación a la fundación de la
ciudad la presencia de la Compañía de Jesús con la obra de las famosas
Misiones Jesuíticas. En ellas se dio a los pueblos que las comprendían
(Norte actual Uruguay) una conformación social de tipo corporativista
donde se atendían los distintos aspectos de la cultura y vida del
pueblo: educación, trabajo, música, y aún escultura; precisamente la
imagen de la Virgen de los Treinta y Tres está hecha en cedro paraguayo,
y de acuerdo al estilo y características de la misma se cree haya sido
tallada en las Misiones Jesuíticas. A 20 kms de la ciudad de Florida se
conserva la estancia de la Calera, donde los jesuitas tuvieron un gran
establecimiento rural de cría y faena de ganado y saladero, en la
rinconada del río Santa Lucía y el arroyo Arias.
2. El segundo hecho es la fundación de
Florida. Dadas las peripecias en que vivía el antiguo poblado del
Pintado, en una sierra pedregosa, el cura Santiago Figueredo logra del
superior gobierno se le ceda un lugar más seguro y fecundo en las costas
del río Santa Lucía, y allí funda la actual ciudad de Florida.
3. Y el tercer hecho es en 1825, cuando
se reúne la Asamblea de la Florida que redacta el Acta de la
Declaratoria de la Independencia Nacional, presidida por el Pbro. Juan
Francisco Larrobla. En ese contexto cultural e histórico resultó
espontánea la visita de los asambleistas de Florida a la Virgen María
venerada en un rancho contiguo al rancho de la Asamblea. Desde entonces
aquella imagen de María, comienza a llamarse popularmente la “VIRGEN DE
LOS TREINTA Y TRES”.
Señalar algunos DOCUMENTOS que afianzan esta devoción a lo largo de la historia del pueblo uruguayo.
1. La corona de oro regalada por el general Manuel Oribe, segundo jefe de los Treinta y Tres.
En 1857, el general don Manuel Oribe,
regaló a la Virgen de Florida una corona de oro, en acción de gracias
por haberse salvado, él y su familia, en un naufragio. Él decía que a la
Virgen de los Treinta y Tres debía esta gracia, y que siempre se
encomendaba a ella.
El Gral. Oribe vivía en la Unión
(Montevideo), y pidió a Don Felipe Irurreta de Florida, de quien era
amigo, la medida de la cabezita de la Virgencita de los Treinta y Tres.
La corona fue entregada más tarde al Cura Vicario Pbro. Majesté.
2. La placa colocada por mons. Mariano Soler.
En 1894 mons. Soler, primer Arzobispo de
Montevideo, ordenó colocar ante el nicho que guardaba la imagen de la
Virgen de los Treinta y Tres en la Catedral de Florida, una placa de
mármol que dice textualmente refiriéndose a la imagen de la Virgencita:
“Ante ella los Treinta y Tres inclinaron su bandera e invocáronla
también los convencionales de la independencia”.
3. La Coronación. Mons. Humberto Tonna
solicitó al Papa el privilegio de la coronación para la imagen de la
Virgencita de los Treinta y Tres. El Papa Juan XXIII concedió esa gracia
el 8 de marzo de 1961. Motivo por el cual la celebración de noviembre
de ese año tuvo un carácter único: en solemne Misa, con la presencia del
Nuncio Apostólico y de todos los Obispos del Uruguay, de autoridades de
gobierno y peregrinos de todos los puntos del país, se realizó la
coronación de la imagen de la Virgen de los Treinta y Tres. Al año
siguiente, el 21 de noviembre de 1962 el Papa nombró a la Virgen María
bajo esta advocación como “PATRONA DEL URUGUAY”. Así la fiesta de la
Virgen ha adquirido un carácter nacional.
4. Monumento histórico
El Poder Ejecutivo del Uruguay al
conmemorarse el 25 de agosto de 1975 el sesquicentenario de la
Declaración de la Independencia Nacional declaró Monumento Histórico a
la Santa Iglesia Catedral y a la Imagen de la Virgen de los Treinta y
Tres.
5. Las visitas del Papa Juan Pablo II
La Virgen de los Treinta y Tres presidió
la Celebración de la Eucaristía, oficiada por Juan Pablo II en Tres
Cruces (Montevideo) con ocasión de la primera visita del Papa al Uruguay
en Abril de 1987. Presidió también la Celebración en Florida en la que
el Papa ordenó Sacerdotes a 13 Diáconos, el 8 de mayo de 1988. En todos
los discursos y homilías realizados con ocasión de sus dos visitas, el
Papa hizo alusión a la Virgen de los Treinta y Tres.
Devociones y celebraciones
Como en todos los países, sobre todo en
América, el santuario fue centro de reunión, tanto en las fiestas como
en las desgracias del pueblo.
Según testimonios muy antiguos, siempre
que había pestes y secas se hacían procesiones de rogativas con la
Virgen de los Treinta y Tres. Luego de obtenida la gracia, se rezaba la
misa de acción de gracias y se daba la bendición con el Santísimo.
Ocasiones especiales de rogativas fueron las desgracias colectivas, como
el cólera en 1866, o epidemias como el tifus y la viruela. La primera
peregrinación nacional se realiza el 15 de agosto de 1908, organizada
por la Congregación Mariana Mayor de Montevideo. Entre las principales
peregrinaciones, enumeramos las siguientes: Gran peregrinación de las
Damas Católicas e Hijas de María, el 6 de octubre de 1912. Dos
peregrinaciones de las Hijas de María de la Medalla Milagrosa de la
Unión el 13 de setiembre de 1914, y el 12 de setiembre de 1915. La Liga
de Damas Católicas de San José el 13 de octubre de 1912. Los católicos
de Mercedes el 12 de octubre de 1913. Los católicos y Ligas de Durazno y
Sarandí Grande, efectuaron varias peregrinaciones, dejando la bandera
de los Treinta y Tres y los dos faroles del Comulgatorio como recuerdo.
Las peregrinaciones de Mercedes y San José, dejaron como recuerdo de su
venida las dos lámparas que están en el nicho de la Virgen. En 1913 vino
una peregrinación de los alumnos seminaristas del Colegio-Seminario de
Montevideo. En 1942 comienzan a tomar una forma distinta las
peregrinaciones a la Virgencita, dando participación a toda la diócesis
de Florida y Melo. En 1945 el Obispo Diocesano mons. Miguel Paternain
tuvo la feliz y original idea de hacer un recorrido llevando la imagen
de la Virgen de los Treinta y Tres por toda la diócesis, casi medio
Uruguay.
El recorrido que duró del 6 al 28 de
octubre de 1945 dio lugar a pequeñas misiones populares en las grandes
ciudades por donde pasó: Minas, Treinta y Tres, Melo, Tacuarembó, Paso
de los Toros, Durazno, Sarandí y Florida. En los pequeños pueblos y a lo
largo del camino -en largos trechos no existía aún la carretera- se
congregaba la gente con inusitado entusiasmo. En todas partes fue
hermosa ocasión para unir la devoción a la tradición patria, con
homenajes típicos de caballadas, desfiles de carretas y carros.
Desde entonces la peregrinación ha
constituido una celebración clásica en toda la diócesis, y se realiza el
segundo domingo de noviembre. El esquema tradicional de Misa solemne
por la mañana y procesión por la tarde por las calles de la ciudad, ha
ido evolucionando. Ahora se realiza una gran Concelebración al aire
libre, en el parque donde se leyera el acta de la Declaratoria de la
Independencia Nacional en 1825. Las largas caminatas han sido
sustituidas por celebraciones más reposadas, en base a la lectura y
meditación de la Palabra. Desde hace algunos años se realiza,
fundamentalmente para jóvenes, una caminata de 13 kms de recorrido
llevando la Imagen de la Virgen, rezando, cantando y reflexionan do
sobre la temática del año.
Oración a la Virgen de los Treinta y Tres
“Santísima Virgen María, ante cuya imagen
inclinaron su bandera y doblaron
reverentes su rodilla
los fundadores de nuestra Patria
Protege siempre a este pueblo
nacido a tu sombra bienhechora.
Haz ¡Oh Madre!
que en nuestros hogares florezcan la religión y
todas las virtudes cristianas.
Haz que veamos el reinado de Cristo,
que es el de la verdad y la justicia.
Alcánzanos estas gracias y la de la eterna salvación,
de tu hijo Jesucristo que con el Padre y el Espíritu Santo
vive y reina por los siglos
de los siglos.
Amén”
miércoles, 22 de octubre de 2014
En camino hacia el 30° Encuentro de Diócesis de Frontera, Encarnación (Paraguay) 2015
En
la ciudad de Uruguaiana, Río Grande do Sul, se reunió hoy un equipo formado por 14 personas
de las Diócesis de Encarnación, Santo Ângelo, Concordia, Salto,
Melo y la iglesia anfitriona, para preparar el 30° encuentro de Diócesis de Frontera que será
en Encarnación, Paraguay del 18 al 19 de mayo de 2015. La ciudad
paraguaya estará celebrando los 400 años de su fundación por San Roque
González, el mártir de las Misiones Jesuiticas que abarcaron parte de
los territorios de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Los 50 años de
la clausura del Concilio Vaticano II serán motivo de celebración y
reflexión, en especial en lo que concierne a la vocación y misión del
laico, con testimonios laicales de los cuatro países.
Se trata de un acontecimiento siempre muy esperado por todos, teniendo en perspectiva la importancia del encuentro cordial y fraternal de hermanos y hermanas que integran nuestras Iglesias particulares, en el cual se reflexiona sobre temas de relevancia para nuestras acciones pastorales y misioneras.
Pretendemos estrechar los lazos de amistad de nuestros pueblos y compartir problemas y desafíos que nos envuelven y nos afectan. En nombre de la fe cristiana, movimos y sostenidos por el Espíritu Santo, habremos de encontrar caminos viables para nuestras urgencias.
El Concilio Vaticano II continúa desafiándonos a ser una Iglesia auténticamente misionera, que responda positivamente a los anhelos y necesidades de las poblaciones que viven clamando por más vida, libertad, colegialidad, corresponsabilidad, participación y comunión. El Documento de Aparecida, contextualizando aún mejor los desafíos del mismo Concilio, en su número 370, habla con mucho énfasis de tener una conversión pastoral, cuando afirma textualmente:
La conversión pastoral de nuestras comunidades exige que se pase de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera. Así será posible que “el único programa del Evangelio siga introduciéndose en la historia de cada comunidad eclesial” (NMI 12) con nuevo ardor misionero, haciendo que la Iglesia se manifieste como una madre que sale al encuentro, una casa acogedora, una escuela permanente de comunión misionera.Desde estas consideraciones, en la presencia del Señor, fuimos buscando fuerza y luz para encaminarnos, de la mejor manera posible al encuentro del próximo año, a fin de que sea fructuoso para todos nosotros, que buscamos caminar juntos en este rincón del mundo.
Así hemos definido como tema:
Los vecinos se encuentran para compartir, reflexionar y celebrarComo texto inspirador hemos tomado el pasaje de Mateo 5,13-16: Sal y Luz de la Tierra:
la vocación y misión del laico
a partir de la eclesiología del Vaticano II
en tiempos de conversión pastoral
por una vida más plena y digna de nuestros pueblos
Ustedes son la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres.También enmarcarán nuestra reflexión dos textos del Magisterio:
Ustedes son la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo de la mesa, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa.
Brille así su luz delante de los hombres, para que vean sus buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.
Los seglares, cuya vocación específica los coloca en el corazón del mundo y a la guía de las más variadas tareas temporales, deben ejercer por lo mismo una forma singular de evangelización.
Su tarea primera e inmediata no es la institución y el desarrollo de la comunidad eclesial —esa es la función específica de los Pastores—, sino el poner en práctica todas las posibilidades cristianas y evangélicas escondidas, pero a su vez ya presentes y activas en las cosas del mundo. El campo propio de su actividad evangelizadora, es el mundo vasto y complejo de la política, de lo social, de la economía, y también de la cultura, de las ciencias y de las artes, de la vida internacional, de los medios de comunicación de masas, así como otras realidades abiertas a la evangelización como el amor, la familia, la educación de los niños y jóvenes, el trabajo profesional, el sufrimiento, etc. Cuantos más seglares hayan impregnados del Evangelio, responsables de estas realidades y claramente comprometidos en ellas, competentes para promoverlas y conscientes de que es necesario desplegar su plena capacidad cristianas, tantas veces oculta y asfixiada, tanto más estas realidades —sin perder o sacrificar nada de su coeficiente humano, al contrario, manifestando una dimensión trascendente frecuentemente desconocida— estarán al servicio de la edificación del reino de Dios y, por consiguiente, de la salvación en Cristo Jesús. (Evangelii Nuntiandi, 70)
Los fieles laicos son “los cristianos que están incorporados a Cristo por el bautismo, que forman el pueblo de Dios y participan de las funciones de Cristo: sacerdote, profeta y rey. Ellos realizan, según su condición, la misión de todo el pueblo cristiano en la Iglesia y en el mundo”. Son “hombres de la Iglesia en el corazón del mundo, y hombres del mundo en el corazón de la Iglesia”.
Su misión propia y específica se realiza en el mundo, de tal modo que, con su testimonio y su actividad, contribuyan a la transformación de las realidades y la creación de estructuras justas según los criterios del Evangelio. “El ámbito propio de su actividad evangelizadora es el mismo mundo vasto y complejo de la política, de realidad social y de la economía, como también el de la cultura, de las ciencias y de las artes, de la vida internacional, de los ‘mass media’, y otras realidades abiertas a la evangelización, como son el amor, la familia, la educación de los niños y adolescentes, el trabajo profesional y el sufrimiento”. Además, tienen el deber de hacer creíble la fe que profesan, mostrando autenticidad y coherencia en su conducta.
(Documento de Aparecida, 209-210).
lunes, 20 de octubre de 2014
En el cumpleaños de María del Carmen
Hoy, 20 de octubre, mi madre, María del Carmen Fernández de Bodeant, estaría cumpliendo sus 94 años. Falleció con 93, el 11 de diciembre del año pasado. Quiero compartir con Uds. este relato que ella escribió y llegó a publicar en un periódico de Young. Son recuerdos de los tiempos en que era "la" Nurse en el Hospital y Centro de Salud del entonces Pueblo Young, que al año siguiente (1958) pasaría a ser Villa Young.
En aquella tarde de verano del año 57,
los parlantes callejeros anunciaban la proyección de la película Arroz Amargo con Sofía Loren (*) y Silvana
Mangano, como oportunidad única, para esa noche.
Pese al sistema de “refrigeración” de
Doña Margarita, el calor era sofocante y por los mal ajustados cierres de las
banderolas comenzaron a ingresar a la sala miríadas de pequeños insectos
verdes, atraídos por la intensa luz de la lámpara que pendía sobre la mesa de
operaciones.
+ Heriberto
La oportunidad perdida
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Hay tres cosas que no vuelven:
la flecha lanzada, la palabra dicha,
y la oportunidad perdida. |
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W. Barclay
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En aquella tarde de verano del año 57,
los parlantes callejeros anunciaban la proyección de la película Arroz Amargo con Sofía Loren (*) y Silvana
Mangano, como oportunidad única, para esa noche.
En el mismo día, el camión de la Junta
Municipal había regado las entoscadas calles, aplacando el polvo y paliando
algo el agobiante calor, así que con mi esposo resolvimos concurrir al Cine al
aire libre en la calle Montevideo, disfrutar el espectáculo y la frescura que
suponíamos traería la noche..
A poco de iniciada la acción, se acercó
el acomodador para informarnos que me llamaban del Hospital para una
emergencia. Dejando que mi esposo siguiera solo con el “Arroz”, acudí al
llamado.
La vieja sala de operaciones en el actual
pasillo del teléfono estaba pronta. Doña Margarita (Margarita Damasco de
García) se afanaba en los mínimos detalles. Sobre una vitrina había colocado un
ventilador y bajo él una fuente con hielo, buscando refrescar el pesado y
tormentoso ambiente.
En la salita contigua los dos cirujanos
se preparaban, ofreciendo vivo contraste.. El Dr. José Levín con el torso
desnudo y el Dr. Carlos Fischer con camiseta afelpada, cuyas mangas lucía
arrolladas por encima de los codos, procedían al enérgico cepillado de manos y
antebrazos, mientras a través de los respectivos tapabocas hacían breves
comentarios.
El paciente con un cuadro de apendicitis
aguda, estaba sujeto de manos y piernas a la mesa y mientras Doña Margarita
ayudaba a los médicos a vestir la túnica estéril, atársela en la espalda y
ofrecerles los guantes, preparé la anestesia consistente en una inyección de
Pentotal seguida de la careta con éter, como era el uso de la época.
Pese al sistema de “refrigeración” de
Doña Margarita, el calor era sofocante y por los mal ajustados cierres de las
banderolas comenzaron a ingresar a la sala miríadas de pequeños insectos
verdes, atraídos por la intensa luz de la lámpara que pendía sobre la mesa de
operaciones.
En aquella época las lamparillas
utilizadas para esa gran lámpara eran comunes, por lo que, además de luz
irradiaban calor. Los insectos que hacían contacto caían abrasados sobre las
cabezas de los cirujanos, inclinados sobre el paciente, y sobre sus espaldas.
El Dr. Fischer con su camiseta afelpada no se daba por enterado, en cambio el
Dr. Levín se estremecía cada vez que uno o varios insectos caían en las
aberturas que quedaban entre uno y otro lazo de la túnica atada en la espalda.
Bastaba ese gesto para que Doña Margarita corriera con una compresa mojada a
solucionar el problema.
Localizado tras laboriosa búsqueda el muy
escondido apéndice y resuelto satisfactoriamente el motivo de la intervención,
ambos cirujanos levantaron sus cabezas y los insectos caían en la aún abierta
cavidad abdominal.
El Dr. Fischer emitía un shhhhh tratando
de espantarlos acompañándose de un gesto de la mano.
El Dr. Levín se limitó a pedir suero a
Doña Margarita; suero que ella misma preparaba en la antigua farmacia y
esterilizaba en un autoclave calentado con dos primus de doble boquilla, y que
durante la operación mantenía tibio al baño María. Mientras Doña Margarita
regaba abundante suero, el aspirador manejado por el Dr. Levín se llevaba el suero
del lavado y los insectos que habían caído Entonces el Dr. Levín nos dio “su
clase”.
“Supongamos -dijo- que tuviéramos aquí
millones de bacterias. Con el lavado las hemos reducido a cientos de miles
primero, a miles después y con otro litro de suero las llevamos a sólo unos
pocos cientos. Pero sigamos lavando y tal vez quede solo una decena o ninguna,
pero por las dudas espolvoreamos abundante polvo antibiótico y no necesitamos
dejar tubos de drenaje porque ya no quedan rastros de infección”.
A su vez el Dr. Fischer también nos dio
su clase. “Mire Nurse -me dijo- Ud. se habrá asombrado de que en este día de
calor yo use camiseta. Pues sí, la uso invierno y verano. En invierno me evita
el frío y en verano absorbe la transpiración. Yo no sufrí las molestias por el
calor y los insectos que sufrió nuestro joven cirujano y tampoco suelo
resfriarme”.
La operación había terminado y salí a
sala de espera. Allí estaba mi esposo y compañero de toda una vida y juntos
emprendimos el regreso a casa acompañados por la luz de las estrellas y los
zumbidos de los numerosos insectos de todo tipo que parecían presagiar la
lluvia refrescante que anhelábamos.
Nunca más tuve oportunidad de ver “Arroz
Amargo”, que no fue más que ficción. En cambio, sí tuve oportunidad real de formar
parte de un equipo de trabajo, con la invalorable e incansable Doña Margarita y
con dos grandes médicos cirujanos, cada uno en un extremo opuesto de su carrera
profesional, pero ambos responsables y prestos a cualquier hora si se trataba
de salvar una vida.
Años más tarde regresaba una fría madrugada a
mi casa en el auto del Dr. Zeballos. Había administrado anestesia ligera para
solucionar un parto de mellizos que “venían de pie”, atendido por el Dr.
Zeballos. Se llaman Jesús y David...
A pesar de la hora, el Doctor me manifestó
que no estaba cansado, porque cuando las cosas salen bien, no importa lo que se
haya luchado: el cuerpo siente el optimismo del ánimo y descansa sin necesidad
de ayuda, por la sola satisfacción de haber contribuido a que alguien sea
feliz. Y así era, en efecto.
María
del Carmen F. de Bodeant
(*) En realidad, en esa película no actuaba Sofía Loren; sí Silvana Mangano.
domingo, 19 de octubre de 2014
Beatificación del Papa Pablo VI - homilìa del Papa Francisco
HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO
Plaza de San Pedro
Domingo 19 de octubre de 2014
Domingo 19 de octubre de 2014
Acabamos de escuchar una de las frases más famosas de todo el Evangelio: «Dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios» (Mt 22,21).
Jesús responde con esta frase irónica y genial a la provocación de los fariseos que, por decirlo de alguna manera, querían hacerle el examen de religión y ponerlo a prueba. Es una respuesta inmediata que el Señor da a todos aquellos que tienen problemas de conciencia, sobre todo cuando están en juego su conveniencia, sus riquezas, su prestigio, su poder y su fama. Y esto ha sucedido siempre.
Evidentemente, Jesús pone el acento en la segunda parte de la frase: «Y [dar] a Dios lo que es de Dios». Lo cual quiere decir reconocer y creer firmemente –frente a cualquier tipo de poder– que sólo Dios es el Señor del hombre, y no hay ningún otro. Ésta es la novedad perenne que hemos de redescubrir cada día, superando el temor que a menudo nos atenaza ante las sorpresas de Dios.
¡Él no tiene miedo de las novedades! Por eso, continuamente nos sorprende, mostrándonos y llevándonos por caminos imprevistos. Nos renueva, es decir, nos hace siempre “nuevos”. Un cristiano que vive el Evangelio es “la novedad de Dios” en la Iglesia y en el mundo. Y a Dios le gusta mucho esta “novedad”.
«Dar a Dios lo que es de Dios» significa estar dispuesto a hacer su voluntad y dedicarle nuestra vida y colaborar con su Reino de misericordia, de amor y de paz.
En eso reside nuestra verdadera fuerza, la levadura que fermenta y la sal que da sabor a todo esfuerzo humano contra el pesimismo generalizado que nos ofrece el mundo. En eso reside nuestra esperanza, porque la esperanza en Dios no es una huida de la realidad, no es un alibi: es ponerse manos a la obra para devolver a Dios lo que le pertenece. Por eso, el cristiano mira a la realidad futura, a la realidad de Dios, para vivir plenamente la vida –con los pies bien puestos en la tierra– y responder, con valentía, a los incesantes retos nuevos.
Lo hemos visto en estos días durante el Sínodo extraordinario de los Obispos –“sínodo” quiere decir “caminar juntos”–. Y, de hecho, pastores y laicos de todas las partes del mundo han traído aquí a Roma la voz de sus Iglesias particulares para ayudar a las familias de hoy a seguir el camino del Evangelio, con la mirada fija en Jesús. Ha sido una gran experiencia, en la que hemos vivido la sinodalidad y la colegialidad, y hemos sentido la fuerza del Espíritu Santo que guía y renueva sin cesar a la Iglesia, llamada, con premura, a hacerse cargo de las heridas abiertas y a devolver la esperanza a tantas personas que la han perdido.
Por el don de este Sínodo y por el espíritu constructivo con que todos han colaborado, con el Apóstol Pablo, «damos gracias a Dios por todos ustedes y los tenemos presentes en nuestras oraciones» (1 Ts 1,2). Y que el Espíritu Santo que, en estos días intensos, nos ha concedido trabajar generosamente con verdadera libertad y humilde creatividad, acompañe ahora, en las Iglesias de toda la tierra, el camino de preparación del Sínodo Ordinario de los Obispos del próximo mes de octubre de 2015. Hemos sembrado y seguiremos sembrando con paciencia y perseverancia, con la certeza de que es el Señor quien da el crecimiento (cf. 1 Co 3,6).
En este día de la beatificación del Papa Pablo VI, me vienen a la mente las palabras con que instituyó el Sínodo de los Obispos: «Después de haber observado atentamente los signos de los tiempos, nos esforzamos por adaptar los métodos de apostolado a las múltiples necesidades de nuestro tiempo y a las nuevas condiciones de la sociedad» (Carta ap. Motu proprio Apostolica sollicitudo).
Contemplando a este gran Papa, a este cristiano comprometido, a este apóstol incansable, ante Dios hoy no podemos más que decir una palabra tan sencilla como sincera e importante: Gracias. Gracias a nuestro querido y amado Papa Pablo VI. Gracias por tu humilde y profético testimonio de amor a Cristo y a su Iglesia.
El que fuera gran timonel del Concilio, al día siguiente de su clausura, anotaba en su diario personal: «Quizás el Señor me ha llamado y me ha puesto en este servicio no tanto porque yo tenga algunas aptitudes, o para que gobierne y salve la Iglesia de sus dificultades actuales, sino para que sufra algo por la Iglesia, y quede claro que Él, y no otros, es quien la guía y la salva» (P. Macchi, Paolo VI nella sua parola, Brescia 2001, 120-121). En esta humildad resplandece la grandeza del Beato Pablo VI que, en el momento en que estaba surgiendo una sociedad secularizada y hostil, supo conducir con sabiduría y con visión de futuro –y quizás en solitario– el timón de la barca de Pedro sin perder nunca la alegría y la fe en el Señor.
Pablo VI supo de verdad dar a Dios lo que es de Dios dedicando toda su vida a la «sagrada, solemne y grave tarea de continuar en el tiempo y extender en la tierra la misión de Cristo» (Homilía en el inicio del ministerio petrino, 30 junio 1963: AAS 55 [1963], 620), amando a la Iglesia y guiando a la Iglesia para que sea «al mismo tiempo madre amorosa de todos los hombres y dispensadora de salvación» (Carta enc. Ecclesiam Suam, Prólogo).
viernes, 17 de octubre de 2014
Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de las Misiones
MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES 2014
PARA LA JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES 2014
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy en día todavía hay mucha gente que no conoce a Jesucristo. Por eso es tan urgente la misión ad gentes, en la que todos los miembros de la iglesia están llamados a participar, ya que la iglesia es misionera por naturaleza: la iglesia ha nacido “en salida”. La Jornada Mundial de las Misiones es un momento privilegiado en el que los fieles de los diferentes continentes se comprometen con oraciones y gestos concretos de solidaridad para ayudar a las iglesias jóvenes en los territorios de misión. Se trata de una celebración de gracia y de alegría. De gracia, porque el Espíritu Santo, mandado por el Padre, ofrece sabiduría y fortaleza a aquellos que son dóciles a su acción. De alegría, porque Jesucristo, Hijo del Padre, enviado para evangelizar al mundo, sostiene y acompaña nuestra obra misionera. Precisamente sobre la alegría de Jesús y de los discípulos misioneros quisiera ofrecer una imagen bíblica, que encontramos en el Evangelio de Lucas (cf.10,21-23).
1. El evangelista cuenta que el Señor envió a los setenta discípulos, de dos en dos, a las ciudades y pueblos, a proclamar que el Reino de Dios había llegado, y a preparar a los hombres al encuentro con Jesús. Después de cumplir con esta misión de anuncio, los discípulos volvieron llenos de alegría: la alegría es un tema dominante de esta primera e inolvidable experiencia misionera. El Maestro Divino les dijo: «No estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo. En aquella hora, Jesús se llenó de alegría en el Espíritu Santo y dijo: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra...” (…) Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: “¡Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis!”» (Lc 10,20-21.23).
Son tres las escenas que presenta san Lucas. Primero, Jesús habla a sus discípulos, y luego se vuelve hacia el Padre, y de nuevo comienza a hablar con ellos. De esta forma Jesús quiere hacer partícipes de su alegría a los discípulos, que es diferente y superior a la que ellos habían experimentado.
2. Los discípulos estaban llenos de alegría, entusiasmados con el poder de liberar de los demonios a las personas. Sin embargo, Jesús les advierte que no se alegren por el poder que se les ha dado, sino por el amor recibido: «porque vuestros nombres están inscritos en el cielo» (Lc 10,20). A ellos se le ha concedido experimentar el amor de Dios, e incluso la posibilidad de compartirlo. Y esta experiencia de los discípulos es motivo de gozosa gratitud para el corazón de Jesús. Lucas entiende este júbilo en una perspectiva de comunión trinitaria: «Jesús se llenó de alegría en el Espíritu Santo», dirigiéndose al Padre y glorificándolo. Este momento de profunda alegría brota del amor profundo de Jesús en cuanto Hijo hacia su Padre, Señor del cielo y de la tierra, el cual ha ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las ha revelado a los pequeños (cf. Lc 10,21). Dios ha escondido y ha revelado, y en esta oración de alabanza se destaca sobre todo el revelar. ¿Qué es lo que Dios ha revelado y ocultado? Los misterios de su Reino, el afirmarse del señorío divino en Jesús y la victoria sobre Satanás.
Dios ha escondido todo a aquellos que están demasiado llenos de sí mismos y pretenden saberlo ya todo. Están cegados por su propia presunción y no dejan espacio a Dios. Uno puede pensar fácilmente en algunos de los contemporáneos de Jesús, que Él mismo amonestó en varias ocasiones, pero se trata de un peligro que siempre ha existido, y que nos afecta también a nosotros. En cambio, los “pequeños” son los humildes, los sencillos, los pobres, los marginados, los sin voz, los que están cansados y oprimidos, a los que Jesús ha llamado “benditos”. Se puede pensar fácilmente en María, en José, en los pescadores de Galilea, y en los discípulos llamados a lo largo del camino, en el curso de su predicación.
3. «Sí, Padre, porque así te ha parecido bien» (Lc 10,21). Las palabras de Jesús deben entenderse con referencia a su júbilo interior, donde la benevolencia indica un plan salvífico y benevolente del Padre hacia los hombres. En el contexto de esta bondad divina Jesús se regocija, porque el Padre ha decidido amar a los hombres con el mismo amor que Él tiene para el Hijo. Además, Lucas nos recuerda el júbilo similar de María: «Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador » (Lc 1,47). Se trata de la Buena Noticia que conduce a la salvación. María, llevando en su vientre a Jesús, el Evangelizador por excelencia, encuentra a Isabel y cantando el Magnificat exulta de gozo en el Espíritu Santo. Jesús, al ver el éxito de la misión de sus discípulos y por tanto su alegría, se regocija en el Espíritu Santo y se dirige a su Padre en oración. En ambos casos, se trata de una alegría por la salvación que se realiza, porque el amor con el que el Padre ama al Hijo llega hasta nosotros, y por obra del Espíritu Santo, nos envuelve, nos hace entrar en la vida de la Trinidad.
El Padre es la fuente de la alegría. El Hijo es su manifestación, y el Espíritu Santo, el animador. Inmediatamente después de alabar al Padre, como dice el evangelista Mateo, Jesús nos invita: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera» (11,28-30). «La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 1).
De este encuentro con Jesús, la Virgen María ha tenido una experiencia singular y se ha convertido en “causa nostrae laetitiae”. Y los discípulos a su vez han recibido la llamada a estar con Jesús y a ser enviados por Él para predicar el Evangelio (cf. Mc 3,14), y así se ven colmados de alegría. ¿Por qué no entramos también nosotros en este torrente de alegría?
4. «El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 2). Por lo tanto, la humanidad tiene una gran necesidad de aprovechar la salvación que nos ha traído Cristo. Los discípulos son los que se dejan aferrar cada vez más por el amor de Jesús y marcar por el fuego de la pasión por el Reino de Dios, para ser portadores de la alegría del Evangelio. Todos los discípulos del Señor están llamados a cultivar la alegría de la evangelización. Los obispos, como principales responsables del anuncio, tienen la tarea de promover la unidad de la Iglesia local en el compromiso misionero, teniendo en cuenta que la alegría de comunicar a Jesucristo se expresa tanto en la preocupación de anunciarlo en los lugares más distantes, como en una salida constante hacia las periferias del propio territorio, donde hay más personas pobres que esperan.
En muchas regiones escasean las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. A menudo esto se debe a que en las comunidades no hay un fervor apostólico contagioso, por lo que les falta entusiasmo y no despiertan ningún atractivo. La alegría del Evangelio nace del encuentro con Cristo y del compartir con los pobres. Por tanto, animo a las comunidades parroquiales, asociaciones y grupos a vivir una vida fraterna intensa, basada en el amor a Jesús y atenta a las necesidades de los más desfavorecidos. Donde hay alegría, fervor, deseo de llevar a Cristo a los demás, surgen las verdaderas vocaciones. Entre éstas no deben olvidarse las vocaciones laicales a la misión. Hace tiempo que se ha tomado conciencia de la identidad y de la misión de los fieles laicos en la Iglesia, así como del papel cada vez más importante que ellos están llamados a desempeñar en la difusión del Evangelio. Por esta razón, es importante proporcionarles la formación adecuada, con vistas a una acción apostólica eficaz.
5. «Dios ama al que da con alegría» (2 Co 9,7). La Jornada Mundial de las Misiones es también un momento para reavivar el deseo y el deber moral de la participación gozosa en la misión ad gentes. La contribución económica personal es el signo de una oblación de sí mismos, en primer lugar al Señor y luego a los hermanos, porque la propia ofrenda material se convierte en un instrumento de evangelización de la humanidad que se construye sobre el amor.
Queridos hermanos y hermanas, en esta Jornada Mundial de las Misiones mi pensamiento se dirige a todas las Iglesias locales. ¡No dejemos que nos roben la alegría de la evangelización! Os invito a sumergiros en la alegría del Evangelio y a nutrir un amor que ilumine vuestra vocación y misión. Os exhorto a recordar, como en una peregrinación interior, el “primer amor” con el que el Señor Jesucristo ha encendido los corazones de cada uno, no por un sentimiento de nostalgia, sino para perseverar en la alegría. El discípulo del Señor persevera con alegría cuando está con Él, cuando hace su voluntad, cuando comparte la fe, la esperanza y la caridad evangélica.
Dirigimos nuestra oración a María, modelo de evangelización humilde y alegre, para que la Iglesia sea el hogar de muchos, una madre para todos los pueblos y haga posible el nacimiento de un nuevo mundo.
Vaticano, 8 de junio de 2014, Solemnidad de Pentecostés
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