viernes, 13 de diciembre de 2013

Fragante Memoria


El ojo humano es la cámara fotográfica. El obturador es un instante de nuestra atención y la emoción es la que imprime para siempre una imagen en algún lugar de la memoria.

Yo tendría unos 12 años cuando mi madre me enviaba al Centro de Salud de Young a unas clases de Puericultura que dictaba la única Nurse del Hospital, la señora María del Carmen Fernández de Bodeant. Era española, más bien, gallega, y ya les voy a decir la razón de escribir su nombre. Si tengo una pasión, es la de ir a los remates y la vida quiso que yo me encontrara un día rematando una muñeca antigua, de porcelana, vestida con su traje típico español que perteneció a esta ilustre señora y que hoy guardo con amor sobre la cómoda de mi dormitorio.

Me parece verla con su uniforme almidonado y la toca con borde azul, prendida con horquillas a su ondulada cabellera. Calzaba unos zapatones blancos acordonados, de suela alta, algo chuecos y gastados con aquel trajinar infatigable que le imprimían sus actividades.

Aquella tarde, fuimos entrando todas las alumnas, porque el curso estaba dirigido solo a adolescentes del sexo femenino, una a una al salón con la curiosidad y el asombro que despierta todo elemento nuevo en aquel recinto que conocíamos de memoria.

Imaginen un blanco salón de Hospital con cortinados, pisos, techos y ventanas del mismo color.

Sillas de caños cromados y blancos tapizados frente a níveas mesas de caballete. La volatilidad de los alcoholes se esparcía y se misturaba con los penetrantes desinfectantes que usaban en la limpieza. Todo era aséptico. Los elementos y el aroma respondían a una lógica predominante. Hasta que el momento en que apareció aquel ingrediente que sorteó la monotonía.

Ella lo había dejado a propósito posado cuan largo era sobre su mesa de trabajo. Era un hermoso pimpollo escarlata con un largo tallo y un par de hojas erizadas. Nadie podía quitar los ojos de allí hasta que comenzó la clase.

“Toda niña es una flor y como ella debe perfumar a los que se le acerquen” dijo con dulzura y con su acento inconfundible. Luego tomó la rosa y la hizo circular por cada alumna para que le sintiéramos el perfume.

Inolvidable. Era la madre del hoy obispo Heriberto “Beto” Bodeant, un younguense de pura cepa, orgullo de un pueblo que no olvida a sus hijos que han rendido culto a la humildad. Como los grandes. Como su madre.

Marta Estigarribia.
(El Pregonero, Young, 24/10/2013)

jueves, 12 de diciembre de 2013

Adiós Nurse, adiós María del Carmen, adiós Mamá…

1º de diciembre de 1945: graduada en la Escuela Dr. Carlos Nery,
recibiendo el anillo de Nurse.
En 1920, la Estación Young del Ferrocarril Midland (en el departamento de Río Negro, Uruguay) se convirtió en Pueblo Young.
Ese mismo año, el 20 de octubre, en el “pueblín” de Loredo, cerca de Mieres, Asturias, España, nació María del Carmen Fernández Alonso.
En 1932, a los 12 años, llegó a Uruguay con su madre y hermanos.
Ya nunca volvería a su tierra natal.
Ganó (y ejerció en todo sentido) su ciudadanía uruguaya.
En 1945 egresó con su título de la Escuela de Nurses Dr. Carlos Nery y, con mucha libertad, aceptó cargos allí donde hubiera una vacante: Piriápolis, Las Piedras, el Hospital Pereira Rossell, Sarandí del Yi, Artigas, Treinta y Tres, Fray Bentos… hasta que en 1953 encontró su querencia: llegó a Young para trabajar en el Centro de Salud. En 1954 se casó con Heriberto Simón Bodeant, de Estación Piñera, Paysandú, comerciante, bicicletero. Con él le regaló a esta hoy ciudad cuatro hijos: Tina, Pablo, Mario y quien escribe, Beto. Y aunque recuerdo como el Canilla Hassan Amir nos saludó una vez como “los chicos de Bodeant…” (y agregó, pícaramente “…son unos sinvergüenzas”), éramos por todos lados “los hijos de la Nurse”.

Young estaba en pleno desarrollo. La posguerra había traído al joven pueblo una ola de inmigrantes, muchos de ellos de Europa del Este. En el Cementerio de la ciudad no es necesario buscar mucho para encontrar apellidos rusos, polacos, búlgaros, rumanos, croatas, ucranianos, etc. de aquellos pioneros. Pero había otros orígenes. Recuerdo a nuestros vecinos: de un lado los Safir y del otro los Princisgh y, en el medio, María del Carmen, “la Gallega” (aunque era asturiana).

El pueblo creció rápidamente. El 5 de agosto de 1958 fue declarado villa. El 10 de octubre de 1963 ya es ciudad. El censo de ese año registra 8.249 habitantes.

Desde el Centro de Salud y el Hospital María del Carmen fue desarrollando su profesión.
Su sordera la alejó de las salas, donde el trato con el paciente le exigía una capacidad de audición con la que no contaba: pero se desplegó en la prevención, la vacunación… fue radióloga, anestesista, administradora, jefe de personal… y sobre todo docente, formando auxiliares de servicio y de enfermería, dando recordadas charlas en las escuelas y, desde 1969, enseñando Ciencias Biológicas en el Liceo.
Durante mucho tiempo fue “la” Nurse, sin ninguna colega, con una dedicación y una entrega a su trabajo que a veces nos hacía sentir su ausencia de casa.

El 11 de diciembre, a los 93 años, su vida entre nosotros culminó. Venía apagándose lentamente. Perdió totalmente su audición, el mal de Parkinson le quitó la articulación necesaria para el habla y luego la posibilidad de escribir; le costaba mucho abrir los ojos y el deterioro de su cuerpo avanzaba día a día.
El último tramo de su camino se hacía cada vez más penoso, de modo que la Llamada final fue su alivio y su descanso.
La acompañamos al lugar donde ahora duermen sus restos, en la espera del Despertar, pasando por el Hospital, donde su féretro fue cubierto con la bandera blanca con la cruz verde: un derecho bien ganado    con sus 44 años de servicio en Salud Pública.

Se ha cerrado una historia de vida y, aun consciente de que me comprenden “las generales de la ley”, me animo a poner sobre la mesa lo que considero son algunos tesoros que María del Carmen le deja a la ciudad donde eligió echar raíces y vivir la mayor parte de su vida.

Asumir y enfrentar las adversidades. Su sordera comenzó desde niña, como complicación de una enfermedad infantil mal cuidada. El Parkinson la acompañó durante muchos años, agravándose hasta dejarla casi imposibilitada. Peleó contra cada una de las dificultades con todos los recursos que pudo, sin quejas ni lamentos. Miraba como su coétano, Juan Pablo II, también paciente de Parkinson, cerraba con fuerza su mano sobre el pie del cáliz al celebrar la Misa: “lo hace para que no le tiemble la mano”, acotaba, y se sentía bien acompañada por ese otro luchador.

Saber reírse de sí misma. En este tiempo en que vemos frecuentemente a supuestos “humoristas” tratar de arrancarnos risas burlándose de los demás, ella tuvo ese fino humor que es saber no tomarse a sí mismo en serio y narrar en familia (ante las miradas horrorizadas de algunas hermanas un poco acartonadas) o ante compañeros de trabajo, anécdotas en las que ella no quedaba muy bien parada, pero de las que sabía reírse y hacernos reír.

Respetar y ganarse respeto. Su relación con las personas con las que trabajaba estaba construida sobre el respeto, unida a un fuerte sentido de su lugar en un orden jerárquico. Respeto, muy lejos de la sumisión, a sus superiores (incluso médicos que antes habían sido sus alumnos en el liceo) y respeto hacia sus colegas y subordinados. Recuerdo haberla escuchado muchas veces, en la mesa familiar de los domingos, contar la compleja ingeniería de la distribución de turnos y guardias, buscando considerar situaciones particulares y explicando con autoridad a quienes pedía algo no habitual, las razones por las que lo hacía.

Un gran amor por su profesión, vivido no sólo en el trabajo de cada día, sino también en la actualización profesional y la formación permanente. Treinta y cinco años después de recibir su título de la “Carlos Nery”, en 1980 revalidó su título como Enfermera Universitaria. En 1992, a los 72 años, obtuvo la nueva reválida, como Licenciada en Enfermería.

Hacer las cosas bien, completar la tarea. Permítanme dos anécdotas, con las que, entre los centros de salud de Fray Bentos y Young, cumplieron un año al 100% una campaña de vacunación. Llegada a una escuela para una segunda dosis de una vacuna, un niño falta. ¿Por qué? “Es un niño gitano, y su gente se fue. Pidieron un pase.” ¿Para dónde? “No sabemos”. Finalmente, en aquellos tiempos sin Internet ni telefonía móvil, sino de llamadas “de larga distancia”, el niño fue ubicado en una escuela de Salto y la vacunación fue completada.
La otra fue en Merinos, en la frontera de Paysandú y Río Negro. Las vacunadoras encuentran al Pastor de una Iglesia Pentecostal, padre de una familia numerosa que les declara: “mis hijos no necesitan ser vacunados porque el Señor los protege”. Antes de que las vacunadoras, paralizadas por la respuesta, comiencen a buscar algún argumento, el Pastor agrega: “pero nosotros cumplimos con las leyes”.
Una vez me pidió que le hiciera un cartel para colocar en su oficina: “Si te encomiendan una tarea, hazla. Si te resulta imposible, hazla igual. Si realmente te resulta imposible, pide ayuda. Si aún así no puedes realizarla, comunícalo inmediatamente a quien te la ordenó. Carlos Vaz Ferreira”.

Construir la vida sobre la Fe. Bautizada de niña en la pequeña iglesia de San Pedro de Loredo, su fe católica fue para ella mucho más que una tradición. Su fe creció con ella, impregnando su vida, sin temor a la confrontación con la ciencia y, más aún, sabiendo encontrar las armonías no siempre evidentes entre la razón humana y el Dios creador de esa razón. Como creyente, hoy Obispo, me siento muy enraizado en esa fe de mi madre. Y si mi condición de sacerdote hizo que, en algún momento ella pasara a ser “la Mamá del Padre Beto” como solían llamarme mis otrora feligreses sanduceros, y luego “la madre de Monseñor Bodeant”, hoy, como hijo que soy de este Young que mi Madre contribuyó a formar, quiero volver a firmar, con mucho orgullo, como

“el hijo de la Nurse”.
Young, 12 de diciembre de 2013

sábado, 7 de diciembre de 2013

María, mujer de Fe, acompaña a las Comunidades. Retiro de las Comunidades Eclesiales de Base de Cerro Largo.



Con participantes de Río Branco, Fraile Muerto, Noblía y de la ciudad de Melo se realizó un retiro de CEBs y Pequeñas Comunidades. Mons. Heriberto explicó de esta forma el lema:

En este día, víspera de la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María y muy cerca de la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, hemos sido invitados a un tiempo de retiro, para contemplar a María, mujer de Fe, que acompaña a las Comunidades.

María Mujer de fe


Recogiendo la enseñanza del Concilio Vaticano II y del Papa Juan Pablo II, Francisco nos dice de María:
“Ella es la mujer de fe, que vive y camina en la fe (cf. LG 52-59), y
«su excepcional peregrinación de la fe representa un punto de referencia constante para la Iglesia» (RM 6).
Ella se dejó conducir por el Espíritu, en un itinerario de fe, hacia un destino de servicio y fecundidad.” (EG 287)
Lo primero que me viene a la mente al pensar en María como mujer de fe, son las palabras que le dirige Isabel al recibirla:
“¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!” (Lc 1,45).
“Feliz la que ha creído” es una bienaventuranza. Es la misma palabra que usa Jesús cuando dice “Felices los pobres, los que tienen hambre, los que lloran…” Y aunque no es Jesús quien proclama aquí a María feliz o bienaventurada (no olvidemos  que, en este momento, Jesús está en el seno de María) Isabel dice esas palabras “llena del Espíritu Santo”.
Esta expresión “feliz la que ha creído” es como una certificación de la fe de María, si eso fuera necesario. Un reconocimiento de que la fe de ella es auténtica, y por eso es “feliz”.

Isabel también nos dice algo de lo que ha creído María: “ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor”. Eso se refiere al anuncio del ángel:
«El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios». (Lc 1,35-37)
María ha creído en todo el contenido del anuncio, y por eso está en la casa de Isabel. La fe tiene consecuencias prácticas. No sólo provoca movimientos en el interior de la persona, sino que la moviliza en todo sentido. Recientemente el Papa Francisco le agregó a María otro título:
“…es nuestra Señora de la prontitud, la que sale de su pueblo para auxiliar a los demás «sin demora» (Lc 1,39)” (EG 288).
Ahora, mirando todo esto, podríamos quedarnos en la fe de María como una experiencia personal, muy de ella. Dios le hace un anuncio que no tiene otros testigos, ni siquiera José, que va a conocer la voluntad de Dios por otros caminos. Ella es la que ha creído, pero la fe de María no es ajena a la fe su pueblo. La fe de María tiene una profunda dimensión comunitaria. Cuando Isabel le dice “feliz la que ha creído…”, María responde con su canto (Lc 1,46-55): “engrandece mi alma al Señor…”

Todos conocemos ese pasaje del Evangelio. Lo tenemos en muchos de nuestros cantos. Pero vamos a mirar como María expresa allí su fe.
María empieza hablando de su propia experiencia, aunque no dice “yo”. Ella habla de sí misma en tercera persona: “mi alma”, “mi espíritu”. “Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador”. Inmediatamente pasa a hablar de la acción de Dios hacia ella: “[Dios] ha puesto los ojos en la humildad de su esclava” y de lo que eso va a significar para ella de ahí en adelante: “desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso”.

A continuación María describe como se manifiesta Dios, subrayando su misericordia, especialmente para los humildes y hambrientos:
“Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación
a los que le temen.
Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón.
Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes.
A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada.”
El canto finaliza con la referencia directa a su pueblo y, nuevamente, a la misericordia de Dios:
“Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia - como había anunciado a nuestros padres - en favor de Abraham y de su linaje por los siglos”.
La fe de María está enraizada en la fe de su pueblo. Todo eso comprende y desborda la fe que ha compartido en familia o con aquellos con los que pueda sentirse parte de una pequeña comunidad, los vecinos de Nazaret. Más todavía, la fe de María no está enraizada en el presente de su pueblo, sino en la experiencia de Dios acumulada de generación en generación, a partir de Abraham, padre de los creyentes y de su nieto Israel, cuyos doce hijos son cabeza de las doce tribus del pueblo de Israel.

Con esa fe, que hunde sus raíces en la fe de su pueblo y que, a la vez, la pone en un camino de servicio y fecundidad, María acompaña a las comunidades.

María acompaña las comunidades


Volvemos a otro texto de Lucas, en este caso de los Hechos de los Apóstoles. Allí se nos cuenta de la primera comunidad cristiana y se dice que:
“Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos.” (Hch 1,14)
Es una referencia muy sencilla. “María, la madre de Jesús”, participando de la vida de comunidad, en la oración, acompañando.
En cada Avemaría seguimos pidiendo que la Virgen nos acompañe con su oración, con su intercesión por nosotrs: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores…”

Es algo muy lindo, y podríamos quedarnos simplemente con esto, pero hay más, y eso nos lo trae el Evangelio de Juan.
“Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.” (Jn 19,26-27)
En su exhortación Evangelii Gaudium, el Papa Francisco comenta este pasaje. Ya el título nos dice mucho: “El regalo de Jesús a su pueblo”. Dice Francisco:
“En la cruz, cuando Cristo sufría en su carne el dramático encuentro entre el pecado del mundo y la misericordia divina, pudo ver a sus pies la consoladora presencia de la Madre y del amigo. En ese crucial instante, antes de dar por consumada la obra que el Padre le había encargado, Jesús le dijo a María: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego le dijo al amigo amado: «Ahí tienes a tu madre» (Jn 19,26-27).
Estas palabras de Jesús al borde de la muerte no expresan primeramente una preocupación piadosa hacia su madre, sino que son más bien una fórmula de revelación que manifiesta el misterio de una especial misión salvífica. Jesús nos dejaba a su madre como madre nuestra. Sólo después de hacer esto Jesús pudo sentir que «todo está cumplido» (Jn 19,28).
Al pie de la cruz, en la hora suprema de la nueva creación, Cristo nos lleva a María. Él nos lleva a ella, porque no quiere que caminemos sin una madre, y el pueblo lee en esa imagen materna todos los misterios del Evangelio. Al Señor no le agrada que falte a su Iglesia el icono femenino. Ella, que lo engendró con tanta fe, también acompaña «al resto de sus hijos, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús» (Ap 12,17).” (EG 285)
Francisco sigue hablándonos de lo que significa esa presencia y compañía de María como madre:
“María es la que sabe transformar una cueva de animales en la casa de Jesús, con unos pobres pañales y una montaña de ternura.
Ella es la esclavita del Padre que se estremece en la alabanza.
Ella es la amiga siempre atenta para que no falte el vino en nuestras vidas.
Ella es la del corazón abierto por la espada, que comprende todas las penas.
Como madre de todos, es signo de esperanza para los pueblos que sufren dolores de parto hasta que brote la justicia.
Ella es la misionera que se acerca a nosotros para acompañarnos por la vida, abriendo los corazones a la fe con su cariño materno.
Como una verdadera madre, ella camina con nosotros, lucha con nosotros, y derrama incesantemente la cercanía del amor de Dios.” (EG 286)
Así, María no es sólo la madre que espera y recibe al que se acerca, sino que también es la madre que sale al encuentro del que se aleja. Así sucede en el relato del acontecimiento de Guadalupe. Allí tenemos a Juan Diego complicado con la salud de su tío Juan Bernardino, que se siente morir y le ha pedido que le consiga un sacerdote. Cuando Juan Diego va a pasar por el cerro del Tepeyac, donde fueron las apariciones, decide candorosamente ir por el otro lado, para no encontrarse con la Virgen.
Entonces ella le sale al encuentro, le pregunta a dónde va, le escucha sus razones y le dice:

“Escucha, ponlo en tu corazón, hijo mío el menor, que no es nada lo que te espantó, lo que te afligió, que no se perturbe tu rostro, tu corazón; no temas esta enfermedad ni ninguna otra enfermedad, ni cosa punzante, aflictiva.
¿No estoy aquí, yo, que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy, yo la fuente de tu alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? ¿Tienes necesidad de alguna otra cosa?
Que ninguna otra cosa te aflija, te perturbe; que note apriete con pena la enfermedad de tu tío, porque de ella no morirá por ahora. Ten por cierto que ya está bueno.”
La madre que recibe, la madre que sale al encuentro, la madre que guía a la comunidad misionera, a la comunidad que emprende la peregrinación evangelizadora.
“Nosotros hoy fijamos en ella la mirada, para que nos ayude a anunciar a todos el mensaje de salvación, y para que los nuevos discípulos se conviertan en agentes evangelizadores.” (EG 287)
En las nuevas Orientaciones Pastorales de la CEU, uno de los criterios para la acción pastoral y evangelizadora nos pide:
“Hacer resplandecer la Maternidad de la Iglesia, con la vivencia y testimonio de la misericordia, buscando la forma de atender a los heridos del camino, promoviendo la pastoral de la escucha, repensando los lenguajes para el diálogo.
Y termina diciendo:
“La Virgen María es ejemplo del afecto materno, con el que es necesario estén animados todos los que participan en la misión de la Iglesia (cfr. LG 65).”
Con Francisco, la invocamos y le pedimos:

Virgen y Madre María, tú que, movida por el Espíritu,
acogiste al Verbo de la vida en la profundidad de tu humilde fe,
totalmente entregada al Eterno,
ayúdanos a decir nuestro «sí» ante la urgencia, más imperiosa que nunca,
de hacer resonar la Buena Noticia de Jesús.

Tú, llena de la presencia de Cristo,
llevaste la alegría a Juan el Bautista,
haciéndolo exultar en el seno de su madre.
Tú, estremecida de gozo, cantaste las maravillas del Señor.
Tú, que estuviste plantada ante la cruz con una fe inquebrantable
y recibiste el alegre consuelo de la resurrección,
recogiste a los discípulos en la espera del Espíritu
para que naciera la Iglesia evangelizadora.

Consíguenos ahora un nuevo ardor de resucitados
para llevar a todos el Evangelio de la vida que vence a la muerte.
Danos la santa audacia de buscar nuevos caminos para que llegue a todos
el don de la belleza que no se apaga.

Tú, Virgen de la escucha y la contemplación,
madre del amor, esposa de las bodas eternas,
intercede por la Iglesia, de la cual eres el icono purísimo,
para que ella nunca se encierre ni se detenga
en su pasión por instaurar el Reino.

Estrella de la nueva evangelización,
ayúdanos a resplandecer en el testimonio de la comunión,
del servicio, de la fe ardiente y generosa,
de la justicia y el amor a los pobres,
para que la alegría del Evangelio
llegue hasta los confines de la tierra
y ninguna periferia se prive de su luz.

Madre del Evangelio viviente,
manantial de alegría para los pequeños,
ruega por nosotros.
Amén. Aleluya.


lunes, 2 de diciembre de 2013

"Una sola familia humana, alimentos para todos". Campaña global de Cáritas Internacional.


Las 164 organizaciones miembros de Caritas Internationalis (entre las cuales está Cáritas Uruguay), que trabajan en más de 200 países y territorios han acordado lanzar una Campaña mundial contra el Hambre, con el lema "una sola familia humana, alimentos para todos".

La campaña nace de una convicción: en el mundo existen alimentos para todos y, a pesar de ello, una persona de cada ocho no come todos los días lo necesario.

Esta campaña se inicia el próximo martes 10 de diciembre, aniversario de la Declaración de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, con un gesto del Papa Francisco y la invitación a que todos nos unamos al mediodía de esa jornada en un momento de oración.

El presidente de Caritas Internationalis, Cardenal Óscar Rodríguez Madariaga, se hace de la
exhortación del Beato Juan Pablo II con ocasión del Jubileo del año dos mil : “Es, dijo, la hora de una nueva imaginación de la caridad’ que se pondría de manifiesto no sólo mediante los auxilios repartidos con la mayor eficacia sino también en la capacidad de volverse prójimo, de solidarizarse con quienes sufren de forma que el gesto se sienta no como una limosna sino como un reparto fraterno. Para ello debe mos obrar de suerte que, en todas las comunidades, los pobres se sientan ‘en su casa’. ¿No sería este estilo sino la presentación más grande y eficaz de la buena nueva del Reino?” (Novo Millenio Ineunte, n.50)

Compartir nuestro pan con el hambriento es un llamado del mismo Señor, que nos dice "tuve hambre y me diste de comer", indicándonos que es a él mismo a quien entregamos el alimento cuando se lo damos a uno de sus "hermanos más pequeños".

Compartir nuestro pan, dar de nuestros bienes, pasa muchas veces por un camino de conversión: abrir los ojos, mirar a nuestro alrededor, descubrir a Cristo en el hermano pobre y auxiliarlo.

El Cardenal Madariaga nos recuerda la fuerza de la oración para suscitar la necesaria conversión, empezando por la oración en la que Jesús nos enseñó a pedir el pan cotidiano: "El Señor nos ha enseñado a orar para pedir nuestro pan de cada día. Esta oración, si es verdadera, debe impulsarnos a compartir nuestro pan y a no seguir tolerando más que las personas que nos rodean se vean privadas de alimento. La oración cristiana no es una forma ordinaria de evasión. Orar no es repetir palabras, no es necesariamente quedarse en éxtasis, tener visiones o revelaciones extraordinarias. Orar es ponerse a la altura de Dios, es acostumbrarse a hacer su voluntad pidiéndole que “haga fructífero el trabajo de nuestras manos” cf. Sal. 90. La oración cristiana no soporta la ociosidad, al contrario: “el que no trabaje que no coma” (2 Tesalon. 3,10). En verdad, rogar a Dios es prestar atención al hambre de todos los hombres y todas las mujeres de nuestro tiempo: hambre de pan, pero también hambre de justicia y dignidad para todos."

Esta es la oración propuesta para que recemos el martes 10 de diciembre, día de lanzamiento de la campaña... y recordemos que es sólo el comienzo.

Señor, que nos confiaste los frutos de la creación
para que cuidáramos la tierra y nos nutriéramos de tu generosidad.

Nos enviaste a tu Hijo para compartir con nosotros su vida,
su propia carne y sangre y a enseñarnos tu mandamiento de Amor.
A través de su muerte y resurrección nos has formado en una sola familia humana.

Jesús mostró una gran preocupación por aquellos que no tenían qué comer.
Incluso transformó cinco hogazas de pan y dos pescados
en un banquete que alimentó a cinco mil y más.

Venimos ante ti, conscientes de nuestros errores y fracasos,
pero llenos de esperanza, a compartir el alimento
con todos los miembros de esta familia mundial.

A través de tu sabiduría, te pedimos que inspires
a los líderes de los gobiernos y a los empresarios,
así como a todos los ciudadanos del mundo,
a encontrar soluciones de caridad para finalizar la hambruna mundial
y asegurar el derecho de todo ser humano al alimento.

Así oramos, para que en el momento de presentarnos ante Ti,
podamos proclamarnos como parte de 
"Una sola Familia Humana" con "Alimentos para Todos".
 

Amén.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Cerrando el Primer Domingo de Adviento: para seguir meditando en la primera semana.

El Monte de Sión, Jerusalén, en el presente.
Con este primer domingo de Adviento comenzamos un nuevo año litúrgico, que corresponde al Ciclo A, el primero de los tres ciclos litúrgicos.
Eso hace que la primera lectura de hoy sea como una puerta que se abre al camino que la Iglesia nos invita a recorrer, meditando la Palabra de Dios a lo largo de tres años: primera lectura, primer domingo, primer ciclo.
Aquí está:

Lectura del libro de Isaías 2, 1-5
Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y de Jerusalén:
Al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas.
Hacia él confluirán los gentiles, caminarán pueblos numerosos.
Dirán:
«Vengan, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob: él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén, la palabra del Señor.» Será el árbitro de las naciones, el juez de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas.  No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra. Casa de Jacob, ven, caminemos a la luz del Señor.
Palabra de Dios.


Les anoto algunas reflexiones que me han ido surgiendo en estos días, y que he compartido en reuniones de grupos y homilías.

Al final de los días. La visión de Isaías se refiere al final de la historia. Nos invita a mirar al horizonte más lejano, no porque pueda estar muy lejos en el tiempo (en realidad no lo sabemos: puede estar muy cerca o muy lejos) sino porque nos saca completamente de nuestra realidad cotidiana, nuestra realidad histórica, sumergida en el tiempo, para hacernos contemplar el final de la historia, la entrada de la humanidad en la eternidad, es decir en interminabilis vitae tota simul et perfecta possessio (o sea: la posesión total, simultánea y perfecta de una vida interminable) (1). Perdonen el "latinajo", pero noten lo bonito de esta definición: aquí no falta nada. Ya no hay historia, porque Dios es todo en todos, y el llena todo: "Yo he venido para que tengan vida en plenitud" (Juan 10,10), una vida colmada, completa.


Estará firme el monte de la casa del Señor en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas. El "monte de la casa del Señor" es el monte Sión, donde se encontraba edificado el templo de Jerusalén. Si bien su altura supera la del mayor cerro uruguayo (se levanta a 765 m sobre el nivel del mar) Isaías nos dice que esta colina de Jerusalén se alzará por encima de montes y montañas. Es decir, se hará visible desde lejos. Pero lo que importa no es el cerro en sí, sino lo que está construido sobre él: "la casa del Señor", el templo, el lugar de la presencia de Dios en medio de su pueblo. A partir del anuncio de Isaías uno podría pensar en una fuerza tectónica (las fuerzas que modifican la superficie de la tierra) como la que produjo los grandes plegamientos que nos han dado las montañas más altas del planeta: cordillera de los Andes, macizo del Himalaya... pero creo que, sobre todo, el profeta quiere hacer ver que la presencia de Dios será visible desde todas partes. Pero ¿cuál será esa presencia? "Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré... Él hablaba del templo su cuerpo" (Juan 2,19-21). Jesús es la presencia de Dios entre los hombres, el nuevo Santuario, no hecho por manos humanas (Hebreos 9,24).

Hacia él confluirán los gentiles, caminarán pueblos numerosos. Los gentiles: son los demás pueblos de la tierra, los no judíos. Toda la humanidad es convocada a entrar en la vida divina, porque toda la humanidad ha salido de las manos del Creador.

Dirán: «Vengan, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob: él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén, la palabra del Señor.» Isaías ve una gran procesión, donde los peregrinos se van animando unos a otros. Es que se trata de una subida, que supone siempre esfuerzo y el monte Sión está ahora por encima de los más altos de la tierra. Hay también una expectativa: ser instruidos por Dios. Volvemos al evangelio de Juan: "Está escrito en los profetas: Serán todos enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí." (Juan 6,45).

Será el árbitro de las naciones, el juez de pueblos numerosos. El juicio, otro tema relacionado con el fin de los tiempos y la segunda venida de Cristo. "He venido a este mundo para un juicio" (Juan 9,39).

De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas.  No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra. Bonitas imágenes de la paz que trae el Mesías. Las espadas, transformadas en el instrumento con el que se rotura la tierra y se la prepara para la siembra. Las lanzas, convertidas en herramientas para la cosecha. Implementos de muerte, transformados en utensilios de trabajo al servicio de la vida: siembra y cosecha, imágenes de vida y de abundancia. No aparece aquí la palabra "paz" (shalom), pero ella sobrevuela todo el texto. Shalom es un don de Dios. No es la paz armada y tensa de quienes no han resuelto sus conflictos y donde la confrontación puede volver a estallar en cualquier momento. La Paz que regala Dios es la plenitud, donde nada falta, donde "solo Dios basta", como decía Santa Teresa. La que nos hace cantar con el Salmista: "El Señor es mi pastor, nada me puede faltar". Es también el restablecimiento de lo que se había roto, pero no como un vaso cuyos pedazos han quedado unidos por el pegamento, pero se nota que ya no es una pieza entera, sino la total restauración, la vuelta al estado original, la perfecta reconciliación de la humanidad. Como nota curiosa, agreguemos que en la sede de las Naciones Unidas se encuentra una estatua que ilustra este pasaje de Isaías: la misma fue regalo a la sede de parte de la Unión Soviética, en aquellos tiempos de amenaza de guerra atómica.

Casa de Jacob, ven, caminemos a la luz del Señor. Isaías concluye invitando a su propio pueblo a iniciar esa marcha. "Casa de Jacob" es el Pueblo de Israel (=Jacob), el Pueblo de Dios. Hoy, nosotros, Pueblo de Dios, recogemos esa invitación para caminar, para ascender espiritualmente en este tiempo de Adviento. Necesitamos alivianarnos, descargarnos, para poder emprender la subida. Pero ya no miramos hacia un monte o un templo en lo alto: nosotros caminamos "los ojos fijos en Jesús, el que inicia y consuma la fe" (Hebreos 12,2).

"Cambiemos nuestras espadas en arados", escultura de Evgeniy Vuchetich,
donada por la U.R.S.S. a la O.N.U. en 1959

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(1) Esta definición de eternidad nos llega del filósofo cristiano Boecio. Santo Tomás de Aquino la recoge y le da valor en S. Th. I, q. 10 a. 1 obi. 1.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Sacerdotes santos, sabios y apostólicos: homilía en el Seminario de Aguascalientes

El Padre Pro, momentos antes de ser fusilado.
Sus últimas palabras fueron el grito "Viva Cristo Rey"

Homilía en la memoria del Beato Mártir Miguel Agustín Pro, SJ


Celebrando esta mañana la memoria de un gran sacerdote y mártir mexicano, el P. Miguel Agustín Pro, me despido de todos ustedes. Les agradezco las atenciones que me han brindado en estos días y, sobre todo, el haber visto juntos a tantos jóvenes que quieren servir al Señor y a sus hermanos en el camino del sacerdocio.

Y para que sigan siempre con alegría ese camino, quisiera dejarles una pequeña meditación sobre tres palabras. Son tres cualidades de los buenos sacerdotes: santos, sabios y apostólicos (1).

Sacerdotes Santos. Los sacerdotes estamos llamados a santificarnos en el ejercicio de nuestro ministerio pastoral, es decir, en nuestra entrega de cada día a la comunidad que se nos ha confiado. La predicación de la Palabra de Dios, la celebración de la Eucaristía y de los sacramentos, la presencia junto al pobre, el enfermo, el que ha perdido un ser querido; la formación de los laicos para ser discípulos misioneros en el mundo y también para prestar algunos servicios dentro de la comunidad, el acompañamiento a personas y a grupos en su camino de fe… en fin, los múltiples servicios y tareas que estamos llamados a desempeñar y para los que tenemos que aprender a organizarnos y a ser eficaces… pero todo esto animado por la caridad, por el amor que viene de Dios. “El amor de Cristo nos apremia” decía San Pablo, expresando lo que estaba en el centro de su vida apostólica. En la beatificación del P. Pro, Juan Pablo II dijo de él: “En circunstancias penosas y riesgosas, no solo no dejó que la alegría del amor de Dios fuera sofocada en su corazón, sino que la irradió a los demás”. Nos haremos santos y santificaremos a nuestra comunidad si nos dejamos llenar de la alegría del amor de Dios, de modo que ese amor desborde en todo lo que hagamos.

Sacerdotes Sabios: Cuando yo estaba en el Seminario y llegaba de visita un sacerdote, no faltaba un momento en que nos dijera a los seminaristas: “muchachos, aprovechen este tiempo precioso que tienen para estudiar, porque después en la parroquia lo echarán de menos”. Yo les digo lo mismo… pero también con la conciencia de que estamos en otro tiempo. Hoy tenemos acceso a la biblioteca hasta en nuestro celular, y podemos chequear rápidamente la cita de un documento del magisterio o un hecho al que queremos hacer referencia… sin embargo, esta facilidad inmensa de acceder a la información, hace aún más necesario ser sabios. Y el sabio es el que sabe reconocer y trasmitir lo esencial, lo que realmente importa. En el Papa Benedicto XVI hemos tenido un gran sabio: un hombre con una gran amplitud de conocimientos, un erudito… pero cuando leemos sus catequesis y sus homilías, encontramos un lenguaje sencillo a través del cual llegamos a verdades profundas: a lo esencial. Recientemente y en varias oportunidades, el Papa Francisco nos ha pedido a los Obispos que hagamos una catequesis sencilla y esencial. Entonces, estudiar, aprender, leer… pero siempre también reflexionar, meditar, sintetizar, buscar los grandes ejes alrededor de los cuales se ordena el conocimiento y la verdad.

Finalmente, sacerdotes Apostólicos. ¿Qué queremos decir cuando decimos que un sacerdote es muy apostólico? La mayor parte de las veces lo que se quiere destacar es su iniciativa. La iniciativa, la creatividad, son buenas cualidades. Pero si vamos a la raíz de la palabra, encontramos que apóstol significa “enviado”. El apóstol no es un “francotirador”, un “free lance”, alguien que trabaja por su cuenta, y menos aún un empresario que se lanza con energía a luchar en un mundo altamente competitivo. Es alguien enviado por Cristo y su Iglesia. Un sacerdote apostólico tiene esa referencia constante al que lo envió: al Señor, que llamó y envió a sus apóstoles, y a los sucesores de los apóstoles, los Obispos. Pero también el apóstol forma parte de la comunidad apostólica. Cuando yo estaba en el Seminario, platicando con otros compañeros sobre lo diferentes que éramos todos nosotros por nuestra historia y nuestro origen, decíamos bromeando que éramos un “arca de Noé”. Cuando el Señor Jesús llama a sus discípulos, también elige a personas muy diferentes. Sin embargo, Él los llama a dejar sus proyectos del pasado, que los separan, para unirlos en el anuncio del Reino de Dios. Un sacerdote apostólico no olvida nunca que ha sido llamado, que ha sido enviado y que el Señor lo ha puesto junto a otros hermanos, llamados y enviados como él, para una misión común. Desde allí, desde esa vida en comunión, se hacen fecundas todas las iniciativas para la misión.
Que el Señor les conceda a ustedes llegar a ser esos sacerdotes: santos, sabios y apostólicos, para servir a esta porción del Pueblo de Dios. Y desde aquí, también, para quienes se sientan llamados, prestar ayuda allí donde hay otra Diócesis necesitada de pastores. Así sea.

(1) Tomé esas tres palabras de Mons. Jacinto Vera.

jueves, 14 de noviembre de 2013

“Ser Iglesia en estado de Misión Permanente”. Los temas tratados por los Obispos en su Asamblea Plenaria.


Desde el miércoles 6 al martes 12 de noviembre se reunió en Florida la asamblea general ordinaria de la Conferencia Episcopal del Uruguay.

Peregrinación a la Virgen de los Treinta y Tres. Los obispos participaron en la Peregrinación Nacional a la Virgen de los Treinta y Tres, patrona del Uruguay, en cuyo entorno se realizó el ya tradicional “Uruguay le canta a la Virgen de los Treinta y Tres” y un evento organizado por la Intendencia Municipal de Florida, “Mundo gaucho: tradición, arte y fe”, en su segunda edición.
La peregrinación se realizó el domingo 10. La lluvia de la mañana llevó a los numerosos peregrinos al interior de la Catedral de Florida, donde se celebró la Misa, presidida por el Arzobispo de Montevideo,Mons. Nicolás Cotugno. Esta peregrinación fue el cierre –como celebración nacional- del “Año de la Fe”, convocado en 2012 por Benedicto XVI. Ese fue el ángulo elegido por Mons. Cotugno para exaltar la figura de María: mujer de fe, modelo de creyente.

Orientaciones Pastorales para un quinquenio. El principal empeño de la asamblea estuvo en la formulación final y aprobación de las Orientaciones Pastorales 2014-2019, que serán promulgadas en la próxima asamblea, en marzo de 2014, con el título “Jesús, Fuente de Agua Viva”.
Las Orientaciones Pastorales marcan un rumbo para la Iglesia en el Uruguay, en continuidad con la V Conferencia del episcopado de América Latina y el Caribe (Aparecida, Brasil, 2007) que impulsa una Iglesia “en estado de misión permanente” y con el sostenido llamado del Papa Francisco de ir al encuentro de las personas que están en “las periferias existenciales: las del misterio del pecado, las del dolor, las de la injusticia, las de la ignorancia y prescindencia religiosa, las del pensamiento, las de toda miseria”.
Las Orientaciones, pues, son un marco de referencia común para la acción de la Iglesia y buscan ser inspiradoras y animadoras para que en cada una de las diez diócesis, las comunidades parroquiales, los movimientos eclesiales, los colegios, las obras sociales, etc. renueven su compromiso de servicio y misión, con especial atención hacia los heridos y los más pobres.
El Objetivo de estas orientaciones propone:

Ser Iglesia en estado de Misión Permanente:
Sacramento de Jesucristo vivo,
Quien nos revela el amor misericordioso del Padre;
Iglesia Madre que sale al encuentro,
recibe, escucha, reconcilia y sana.

Un saludo de Francisco a través del Nuncio Apostólico. Los Obispos recibieron la visita del Nuncio Apostólico en el Uruguay, Mons. Guido Pecorari, quien visitó Roma en setiembre, donde mantuvo una entrevista con el Papa Francisco. En las palabras que dirigió a los Obispos, Mons. Pecorari trasmitió “los saludos más cordiales del Santo Padre Francisco” y agregó “él los conoce muy bien y aprecia la vida pobre y simple que ustedes llevan, así como su compromiso pastoral en un País que él considera como único en América Latina”. El Papa, continuó diciendo el Nuncio, invita a los Obispos uruguayos a “continuar siendo verdaderos, auténticos y creíbles Pastores, que sepan estar con su propio pueblo (…) que hagan una catequesis que tenga como característica principal la simplicidad y la esencialidad”.

Sínodo sobre la Pastoral Familiar. En relación con la elaboración de las nuevas Orientaciones Pastorales, en las que los esfuerzos a favor de la familia fueron propuestos como “prioridad transversal” en todo el quehacer pastoral, los Obispos consideraron la forma de responder al extenso cuestionario de preparación a la III asamblea general extraordinaria del Sínodo de los Obispos, a realizarse el próximo año, del 5 al 19 de octubre. Dado que desde la organización del Sínodo se pide que haya una amplia consulta, se prevé que haya en cada Diócesis distintas instancias de consulta, de acuerdo a las actuales posibilidades. Las respuestas serán recogidas y sintetizadas por la Comisión Nacional de Pastoral de la Familia y de la Vida, formada por delegados de las diez diócesis y presidida por Mons. Jaime Fuentes, Obispo de Minas, la cual ha comenzado ya este trabajo. Esa síntesis será entregada al Consejo Permanente de la CEU, el cual hará la redacción final y envío de la respuesta a Roma. Por tratarse de una asamblea extraordinaria del sínodo, la participación en nombre de la CEU corresponde al presidente de la misma, Mons. Rodolfo Wirz, Obispo de Maldonado-Punta del Este.

Cáritas en campaña contra el hambre en el mundo. La directora ejecutiva de Cáritas Uruguay, Lic. Agustina Langwagen, presentó la campaña global de Cáritas Internacional para el próximo año con el lema “Una sola familia humana, alimentos para todos”, que será lanzada con un gesto del Papa Francisco el próximo 10 de diciembre, día internacional de los Derechos Humanos y que durará hasta mayo de 2015. Esta campaña de Cáritas Internacional se inscribe en los “Objetivos del Milenio” (ODM) de Naciones Unidas, en la lucha para la Erradicación del Hambre y la Malnutrición. Cáritas Uruguay tomará parte en esa campaña con una campaña de recolección de fondos y con acciones concientizadoras y educativas. Los fondos recogidos serán utilizados en programas de ayuda; una parte dentro de Uruguay y otra dirigida hacia un país que se determinará, posiblemente de África.

Pastoral de la Salud. Luego de una reflexión sobre la atención a las personas enfermas y a quienes las cuidan, se decidió establecer la “Jornada Nacional de la Salud”, que se celebrará cada año el tercer domingo de noviembre. Esto entraña también el deseo y el compromiso de incentivar la Pastoral de la Salud y formar a las personas que la están llevando adelante, así como nuevos agentes pastorales de esta área sensible.

Desarrollo de la Universidad Católica “Dámaso Antonio Larrañaga”. El rector de la Universidad Católica del Uruguay, P. Eduardo Cassarotti SJ, acompañado del Vicerrector P. Álvaro Pacheco SJ, presentó un detallado informe de la vida de la Universidad, en el que destaca el crecimiento de su alumnado: un total de 11.476, de los cuales 7.191 se distribuyen entre 35 carreras de grado. Las autoridades de la UCUDAL subrayaron la continuidad en el compromiso por la excelencia, la construcción de una sociedad más justa y humana y la evangelización de nuestra cultura, desde la identidad católica. La Universidad, que pertenece a la Conferencia Episcopal, está confiada desde su fundación a la Compañía de Jesús (Padres Jesuitas).

Información sobre UPM. Se recibió la visita de tres representantes de la empresa UPM: Juan Otegui, accionista minoritario; Dr. Alberto Brause, gerente de RR.PP. e Ing. Bruno Vuan, gerente técnico de la planta. Los visitantes brindaron a los Obispos información sobre el actual funcionamiento de la planta, en el marco del desarrollo forestal del Uruguay y sus perspectivas de futuro.

La formación de los futuros sacerdotes ocupó gran parte de una de las jornadas, en conversación con el equipo de formadores del Seminario Interdiocesano “Cristo Rey”, integrado por el rector, Mons. Milton Tróccoli, Obispo auxiliar de Montevideo y los Pbros. Fredy Pérez yLuis Eduardo González. Hay actualmente 33 seminaristas, con perspectiva de ingreso de unos diez el próximo año. La formación de los futuros sacerdotes se construye sobre cuatro pilares: la vida espiritual, cuya médula es maduración vocacional; la vida en comunidad, dentro del mismo Seminario; la práctica pastoral, en parroquias y con sacerdotes referentes y la formación académica (dos años de filosofía y cuatro de teología) en laFacultad de Teología del Uruguay “Mons. Mariano Soler”.
Precisamente, el ámbito académico fue el tema tratado con el Rector P.Antonio Bonzaniy Secretario Académico, P. Daniel Martínez, de la Facultad de Teología. La Facultad, además de su reconocimiento como centro de estudios eclesiásticos, tiene en camino su reconocimiento civil como Instituto Universitario por el MEC, logrado el cual sus egresados tendrán el título de Licenciado en Ciencias Teológicas, que a su vez habilita a continuar hasta el grado de Maestría (y eventualmente doctorado) en el mismo campo. La armonización del estudio con los otros pilares de la formación supone un atento diálogo entre los distintos responsables de la formación de los seminaristas.

Los sacerdotes enfermos y ancianos. De la preparación previa al sacerdocio, los Obispos pasaron a la consideración de la situación de los sacerdotes enfermos y ancianos, con la directiva del Hogar Sacerdotal, en el que actualmente hay 27 sacerdotes mayores residentes. Su atención sanitaria y espiritual, así como su bienestar en esta última etapa de la vida fue el tema tratado con los responsables del Hogar.

Las congregaciones religiosas en el Uruguay. Finalmente, con el vice presidente de la Conferencia de Religiosos del Uruguay, P. Néstor Castell SDB los Obispos dialogaron sobre la situación actual de la vida religiosa en el Uruguay.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Misa de envío de Líderes de la Pastoral de la Infancia para Noblía y Aceguá


Lo que en Uruguay llamamos hoy "Pastoral de la Infancia" nació en Brasil, con el nombre de "Pastoral da Criança". Fue fundada en 1983, en Florestópolis, Estado de Paraná, por la Doctora Zilda Arns Neumann, médica pediatra y especialista en Salud Pública, y Dom Geraldo Majella Agnelo, actualmente cardenal emérito. La obra está hoy presente en todos los Estados de Brasil y en 21 países de América Latina, Asia, Africa y Caribe.

La misión de la Pastoral de la Infancia es promover el desarrollo de los niños, a la luz de la evangélica opción preferencial por los pobres, desde el vientre materno hasta los 6 años, contribuyendo a que sus familias y comunidades realicen su propia transformación, por medio de  orientaciones básicas de salud, nutrición, educación y ciudadanía, fundamentadas en la mística cristiana que une fe y vida.

En el año 2008, al extenderse en varios países y convertirse en una organización internacional, la Pastoral de la Infancia instaló su sede en Uruguay. Mons. Luis del Castillo sj, entonces Obispo de Melo y Secretario General de la Conferencia Episcopal del Uruguay tuvo cierta participación en esta decisión. Uruguay fue elegido como sede por su legislación adecuada acerca de proporcionar apoyo financiero a otros países.

En febrero de este año se reunió en Montevideo el Consejo de Administración de la Pastoral Internacional. Uno de los uruguayos presentes señaló que, más allá de las razones por la que Uruguay hubiera sido elegido como sede, resultaba una ironía que aquí la Pastoral de la Infancia no estuviera realmente implantada.

No es que faltaran algunos intentos. La Conferencia de Religiosos del Uruguay (CONFRU) la impulsó entre las congregaciones que, por su carisma, pudieran llevarle adelante dentro de sus obras. Algunas Diócesis, incluso la Diócesis de Melo tuvieron algunas iniciativas. Muy cerca de nosotros, en Rivera -también porque se contaba con apoyo de la Pastoral da Criança de Sant'Anna do Livramento- la Pastoral se fue afirmando.

Cuando a comienzos de este año se planteó la posibilidad de retomar un camino que se habia comenzado en Villa Isidoro Noblía, de inmediato se contó con el apoyo del párroco, el P. Luis Reinaldo y las Hermanas Carmelitas de Vedruna. Se realizó una reunión en la que participó un grupo de personas interesadas. Allí Mons. Heriberto animó con decisión al grupo a iniciar un camino de formación en una Pastoral que nos ayuda a realizar acciones concretas en favor de la vida desde su inicio mismo en el seno materno.

Hoy ha culminado ese primer tiempo de preparación. 10 voluntarias de Noblía y 1 de Aceguá han recibido su envío como Líderes de la Pastoral de la Infancia, en una Misa presidida por el Obispo, en la que estuvieron presentes las formadoras que vinieron desde Rivera y Sant'Anna en varias jornadas en las que, aún con lluvia y frío, las hoy líderes respondieron con toda asiduidad. No es el momento del trabajo: el servicio ya comenzó, junto con la formación. Ahora se trata de continuar el camino recorrido, seguir sirviendo y seguirse formando, “Para que todos los niños tengan vida en abundancia” (cf. Juan 10,10).

sábado, 2 de noviembre de 2013

Conmemoración de los Fieles Difuntos - Homilía


Queridas hermanas, queridos hermanos; todos los que están aquí presentes y también quienes están siguiendo esta celebración a través de Radio María.

Hoy teníamos programado celebrar esta Eucaristía en el lugar donde descansan los restos de nuestros seres queridos. La lluvia no lo ha permitido. Aquí, pues, desde la Catedral de Melo, haremos este momento de memoria, gratitud y esperanza.

Un momento de memoria. O, mejor, de conmemoración, porque así llama la liturgia a la celebración de este día: conmemoración de todos los fieles difuntos. Decimos que hacemos una con-memoración porque no estamos recordando a una persona en particular, o a los difuntos de una familia; estamos recordando a todos. Tampoco estamos cada uno por su lado, con sus recuerdos, sino que nos reunimos, nos congregamos alrededor del altar para hacer juntos este acto de memoria. Por eso también es con-memoración.
Más todavía, la Misa nos permite hacer algo que está más allá de nuestras posibilidades humanas. Nosotros, que nos olvidamos, o que no hemos podido recoger de nuestros mayores todos los recuerdos, entramos en comunión con Dios, para quien no hay olvido. No hay anónimos. Para Dios no hay tumbas “N.N.”, esas dos letras que se escribían cuando no se sabía quién era la persona fallecida. Para Dios cada criatura humana, cada una de sus criaturas tiene un nombre, y ese nombre está en la memoria de Dios, que nos ha creado, que nos ha dado esta vida, y que quiere rescatarnos de todo olvido y llevarnos a una vida plena, una vida eterna, en Su presencia.
Recordamos a nuestros familiares, amigos, vecinos fallecidos; y pedimos a Dios que los reciba con misericordia y puedan estar ya, definitivamente, con Él.

Y decíamos, también, un momento de gratitud. En el Cementerio de Melo descansan los restos de quienes trabajaron para que pudiéramos disfrutar hoy de mucho de lo que tenemos. Allí están quienes fueron formando nuestra ciudad a través de sus muchas actividades: desde el obrero que colocó los adoquines de otros tiempos al arquitecto que diseñó hermosos edificios. La enfermera que curó con cuidado las heridas y el médico que buscó el tratamiento eficaz pero también las mejores palabras para ayudar a su paciente a enfrentar la enfermedad. Están quienes nos enseñaron las primeras letras, guiando nuestra mano inhábil en la escritura y están quienes nos abrieron las fuentes del conocimiento avanzado. Están aquellos que cultivaron el sueño y el ideal de una sociedad mejor y bregaron arduamente para realizarla, junto a quienes sencillamente fundaron una familia y lucharon para sacarla adelante, para que sus hijos crecieran con amor, con salud y con escuela. Aunque hoy veamos algunas personas que se destacan por su esfuerzo y empuje, cada uno de nosotros está muy lejos de haberse “hecho a sí mismo”. Todos tenemos una deuda de gratitud con quienes nos precedieron. Por eso, también este momento es de acción de gracias.

Finalmente, un momento de Esperanza. La palabra Cementerio es una palabra muy antigua. Llega a nosotros desde el viejo idioma latino, una de las raíces más hondas de nuestra lengua. Pero ya el latín la había recibido del griego. “Cementerio” significa originalmente “dormitorio”.
Y es la esperanza cristiana la que da ese nombre al lugar donde sepultamos a nuestros muertos. Allí “duermen” en espera de un despertar. Un despertar diferente al de cada día, porque tampoco es el mismo tipo de sueño. El sueño de la muerte es espera de la resurrección.
“Creo en la resurrección de la carne y en la vida perdurable”. Así concluye el credo de nuestra fe. Creemos que Jesucristo, el hijo de Dios hecho hombre, murió verdaderamente y verdaderamente resucitó, en su carne, en su cuerpo, en esa condición humana, la nuestra, que Él hizo suya.
“Tu hermano resucitará” le dice hoy Jesús a Marta, y nos lo dice también a nosotros. Despedimos a nuestros seres queridos con esa esperanza. Y sabemos que también nosotros seremos despedidos de ese modo. Pero un día, esa esperanza se hará realidad, y nos reencontraremos con nuestros hermanos, al encontrarnos con aquel que es la resurrección y la vida.
Dejémonos guiar por Él. Como decía el poeta:
“Este mundo es el camino para el otro, que es morada sin pesar;
mas cumple tener buen tino para andar esta jornada sin errar.”
Para tener buen tino, para no errar, para no perdernos, dejemos que el Señor Jesucristo sea para nosotros, Camino, Verdad y Vida. Dejemos que Él guíe nuestra vida, para recibir de Él, un día, la vida para siempre. Así sea.

+ Heriberto, Obispo de Melo

viernes, 1 de noviembre de 2013

2 de noviembre, 10 hs, Misa en el Cementerio de Melo


Memoria, Gratitud, Esperanza…


… Y podríamos agregar: amor, dolor, consuelo… ¡y cuánto más! El “día de los difuntos”, en nuestro calendario civil; “conmemoración de los fieles difuntos”, en el calendario litúrgico católico, remueve el corazón y despierta muchos sentimientos.

El poeta de la Patria, Juan Zorrilla de San Martín, tenía en su escudo familiar el lema “Velar se debe la vida de tal suerte / que viva quede en la muerte”. Velar: vigilar, vivir la vida atentamente; empeñosamente haciendo el bien, hace que la vida de una persona, a su término, le valga la memoria y la gratitud de los suyos. Puede ser el recuerdo del ámbito familiar, el de una comunidad, de una ciudad, de un país.

Hay vidas que se proyectan con una presencia enorme y son despedidas por multitudes. No valen menos quienes, calladamente, viven una entrega diaria sencilla y generosa. Con ocasión de los 25 años del Plan CAIF, el pasado viernes 25, el CAIF Sagrada Familia homenajeó a Bonifacio Díaz. Educadores, madres y adolescentes dieron testimonio de la vida de amor y trabajo por el prójimo de este cristiano, también activo miembro de la Capilla Sagrada Familia. Memoria y gratitud allí fueron expresadas. Una vida que queda viva en la muerte.

Pero, aun siendo eso mucho ¿es todo? La vida de quienes se han ido, después de pasar haciendo el bien ¿queda sólo en el recuerdo y agradecimiento de quienes un día también partiremos? La Esperanza cristiana nos dice más. Nos abre a otro horizonte: la vida eterna, una vida para siempre en Dios. El Hijo de Dios, hecho hombre como nosotros, pasó por la cruz y la muerte y resucitó para abrirnos las puertas de la Casa del Padre. En esa Esperanza caminamos, confiando nuestros hermanos difuntos a la Misericordia de Dios y buscando nosotros seguir las huellas que nos ha dejado Aquél que es “el Camino, la Verdad y la Vida” para que un día todos nos reencontremos en Él.

En esa Esperanza y recordando con gratitud a todos nuestros difuntos, celebraremos la Santa Misa en el Cementerio de Melo, el sábado 2 de noviembre a las 10 de la mañana. Les invitamos cordialmente.

+ Heriberto Bodeant, Obispo de Melo

NOTA: EN CASO DE LLUVIA, LA MISA SE CELEBRARÁ A LA MISMA HORA EN LA CATEDRAL DE MELO.